Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 31 - Ver ahora
Transcripción completa

Resulta que ha aparecido el dueño del cobertizo, por fin,

y es... Mario.

Lo siento, pero es mi cobertizo ¡y hago con él lo que me da la gana!

¡Me ha robado! Patricia me ha robado la idea.

¿Cómo iba a hacer Patricia algo así?

¿Te parece que Ventura y los demás empresarios

habrían acogido igual de bien ese plan si llevara la firma de Carmen?

Si queremos que alquile el cobertizo,

hay que convencerle, no obligarle.

¿A Mario? ¿Convencerle?

Dejadme a mí, hablo yo con él.

Ya, pero ojalá pudiera liberarme de esta culpa que tengo,

pero he sido yo la que ha puesto un muro entre los dos.

Los amores pasan por momentos mejores y peores.

Pero si tienen buenas raíces, resisten.

¡Hielo! -Le ruego que baje el tono.

¿O qué? ¿Eh?

¡Que me sueltes! ¡Que me sueltes!

-Ángel, ¿quién te ha hecho esto?

No me cuentes nada si no quieres.

Pero deja de hacerte esto, te lo suplico,

deja de destruirte, hijo, antes de que sea demasiado tarde.

Para romper una amistad de toda la vida, debe de ser importante.

Me besó.

Y no en plan amiga. Me besó en plan... que le gusto.

Piensa qué quieres a cambio del cobertizo.

-"Nada. No hay nada que quiera".

"Nada". ¿Cómo no vas a querer nada? Todo el mundo quiere algo.

-"Te lo alquilo".

La condición es que vendré a desayunar una vez a la semana.

Llueva o truene.

"Llueva o truene".

"No te imaginas la angustia de estos días".

"No he sabido lo que era el verdadero miedo

hasta que he visto la posibilidad de perderte".

¿Qué, estás bien?

No.

¡Tata, tata, eh, aguanta! ¡Aguanta, mírame!

Tata, mírame.

Tata.

Tata.

Me gustaría reconfortarla, pero no veo la manera.

No te angusties.

Aún no. Esperemos a ver qué dice el doctor.

Eso es lo único que podemos hacer ahora, esperar.

Pero debería decirle algo, no sé, que...

todo va a ir bien...

Pero qué sé yo... No sé lo que ha pasado.

Solo podemos esperar.

¿Y tú hijo?

Habrá que tomar medidas contra esos delincuentes.

Quien le haya hecho eso tiene que pagar, debemos denunciar.

No serviría de mucho. Dice que apenas los vio.

Lamento comunicarles que doña Agustina...

ha fallecido.

Dios mío. Pero si estaba bien.

Ayer estaba perfectamente, usted la vio.

Lo sé. Pero no tengo respuesta.

Lo siento. Estoy tan desconcertado como ustedes.

Lo lamento mucho. No es posible, no es normal

que se recuperara y hoy...

Tiene que haber una explicación.

Si la hay, ahora mismo la desconozco.

Ayer estaba perfectamente, pero cuando he llegado hoy...

No he podido hacer nada.

No puede ser.

Carmen, lo siento muchísimo. ¡No, no es verdad!

No puede ser verdad.

Mi tata no ha muerto.

Mi tata no ha muerto.

Dígame la verdad.

Doctor, por favor, dígame que no se ha muerto, dígamelo.

¡Dígame que no se ha muerto!

¡Dígame que no ha muerto, por favor!

¡Hija, ya está, ya está!

¡No es verdad! No es verdad. Ya está, siéntate.

No es verdad. Ya está, ya está.

Ya está, hija, ya está.

(LLORA)

Ya está.

(Sintonía de "Dos vidas")

(SOLLOZA)

(Puerta)

Hala, qué guapo ha quedado esto, ¿no?

Sí. ¿Y dónde están las máquinas?

Las tiene Juan Carlos en su almacén.

Así puede cortar las maderas allí y traer los muebles ya montados.

Qué notición lo de que Mario haya pasado por el aro.

Cuando me lo contó María, me puse como loca, ¿verdad, hija?

Quítate los cascos, que estás en el trabajo.

¿Qué hacéis?

Es nuestro primer día. ¿Qué crees que estamos haciendo?

Ribero, vete a ver a Juan Carlos

y asegúrate de que lo tenga todo a punto.

No, no, quédate aquí.

María, ponte con las webs.

María, ¿sigues con los cascos?

Elena... ¿Qué te he dicho?

Yo siempre trabajo con música. -Si no has trabajado en tu vida.

Ponte con las webs, date vidilla. -La web, una web, mamá.

Tú sabrás. Y yo voy... Elena... ¡Tú no vas a nada!

¡Cálmate y escúchame, que vas como las motos!

Sí, perdón, que quería estar tan enfocada,

que me he tomado una cafetera entera.

Es que tengo una cosa importante que deciros.

¿Qué pasa?

No me digas que no hemos ni fichado y ya hay movida.

Lo siento mucho equipo, pero hoy no podemos empezar a trabajar.

¿En serio? -¿Qué?

Julia, ¿en serio? ¿Otra vez?

Tiene que ser una broma.

Sin puñetera gracia, pero una broma, ¿no?

Lo siento mucho.

Pero aunque Mario me haya alquilado el espacio,

hay que volver a tramitar la licencia, y tardará.

Flipo. ¿Una semana?

Pero ¿de dónde viene la licencia esa, de Estrasburgo?

Equipo, de verdad que lo siento,

pero es mejor que nos vayamos a casa.

Hoy no podemos empezar a hacer muebles.

No habremos empezado,

pero yo tengo un estrés, como si llevara un año cotizando.

Bueno, pero a lo mejor podemos ver el lado bueno,

tomároslo como... una semana de vacaciones.

No pagadas, pero vacaciones.

Ya, pero es que yo llevo 18 años de vacaciones.

Y yo que casi no he dormido de la ilusión que tenía.

Aunque, bien mirado, ahora me puedo echar una buena siesta.

Esto me va a cambiar todo el sueño.

Ay, Ribe, lo siento.

Bueno ya está, es lo que hay.

Lo importante es que esa licencia llegue cuanto antes.

Sí, porque mi madre está contando las horas

para que le devuelva el dinero,

y el contador corre que se las pela.

Venía con la esperanza de que fuera un equívoco...

o habladurías que se van de las manos.

Estamos todos desolados, Víctor.

Ha sido tan inesperado, que cuesta creerlo.

¿Y Carmen?

¿Cómo está?

Carmen se ha llevado la peor parte.

El doctor le ha dado un tranquilizante

y Francisco no se separa de ella.

Es terrible... Debe de estar rota de dolor.

Toma, anda.

Gracias, madre, estoy bien.

Ya he llorado todo lo que podía llorar.

No es para tus lágrimas,

es para esa herida en el labio que no deja de sangrarte.

Ángel, ¿qué te ha pasado?

Sí que acabó mal la noche, sí.

Quizá habría acabado mejor si no le hubieras dejado solo.

A esas horas solo hay gentuza por las calles.

Y ya ves, no se conformaron con intentar atracarle.

¿Ah, te atracaron?

Disculpa, pensé que ya era lo bastante hombre

como para apañárselas solo.

¿Y cuántos eran? Bueno, en cierta parte lo entiendo,

hay ciertas bebidas que provoquen amnesia.

Estaba oscuro.

Y pese a tener muchas cualidades que otros quisieran,

entre ellas no está la de ver en la oscuridad.

Víctor, sería de mucha ayuda que te pasases a ver a Carmen.

Aunque está inconsolable, no le hará mal saber que has venido.

¿Cuántas veces tengo que decirte que te cures esa herida, Ángel?

Estoy bien, apenas me duele.

A mí sí me duele.

Que mi hijo me deje en evidencia en un día como hoy

es algo que no voy a soportar.

Vamos a recibir un sinfín de visitas y no quiero que te vean marcado.

A ver qué podemos hacer con esa cara

para que no sea el centro de todas las miradas.

No hace falta, madre, no hace falta.

No es un corte muy profundo, pero hay que curarlo.

Ya ha bajado la hinchazón.

No sabes el dolor que me dio cuando te vi anoche con la cara así.

Sin exagerar.

¿Sin exagerar?

Salí a divertirme, me excedí

y tuve la mala suerte de cruzarme con quien no debía.

¿Tan difícil es de entender?

No busco entenderlo, Ángel,

busco que no vuelva a repetirse, hijo.

Muy bien. Muy bien, no volverá a suceder.

Claro que no volverá a suceder.

A partir de ahora, se acabaron las salidas nocturnas.

Vas a dejarme salir de casa.

No hasta que no sepas cuidar de ti mismo.

O hasta que me cuentes qué es lo que sucede.

¿Ya has terminado?

Cúrate esa herida antes de que lleguen los invitados.

Toma.

Bueno, pues toma.

Yo mismo me acercaré a la oficina para dar respuesta.

En Madrid ya saben la noticia.

No se iba a hacer esperar, claro.

¿Todo bien?

La muerte de Agustina ha sido un duro golpe para todos.

Ya.

¿Es la madre de Carmen la que ha escrito el telegrama?

No, su tía Angelines,

se ha erigido como portavoz familiar, afortunadamente.

Sabes que por mí no habría ningún problema.

Y te lo agradezco.

Pero en estas circunstancias... todo es tan abrumador.

Ya es bastante duro ponerme en el lugar de mi hija,

no necesito ponerme también en el de sus allegados de Madrid.

Claro, nadie está preparado para una desgracia así.

Pero, Francisco, no estás solo.

Haces bien en aislarte de todos, menos de mí.

Y de Carmen, por supuesto.

¿Cómo está ella?

Ya ves... No hay consuelo que valga.

Afortunadamente, el agotamiento le ha vencido y se ha quedado dormida.

Eso es bueno, necesita descansar.

Sí. Y tú también, por cierto.

¿Por qué no te echas un rato e intentas dormir un poco?

No, no, queda todo por hacer y no sé ni por dónde empezar.

Solo puedo pensar en Carmen

y en cómo volverá derrumbarse en cuanto despierte.

Poco podemos hacer por templarla nosotros.

Solo queda que el tiempo haga su trabajo, Francisco,

lento pero seguro.

Cuesta creer que hace unas horas,

Agustina nos animaba a todos con sus chascarrillos.

Ya.

Nos alivió tanto verla mejorar y ahora esto...

Hace que el golpe sea aún más fuerte.

Nadie podía esperar un desenlace así.

Aunque Agustina ya tuviera una edad...

Y seguro tendría más de un achaque que solo ella sabía.

Ver a mi hija sufrir así...

El dolor por ella me invade de tal forma,

que no sé distinguir entre mi dolor y el suyo.

Cariño, esto sobrepasa a cualquiera, Francisco.

Yo también creo que podemos estar viviendo un mal sueño.

Sí, un mal sueño.

Un sueño que se está volviendo realidad.

Es que tengo muchas cosas que gestionar.

Esto es...

Francisco, ¿por qué no dejas que me encargue de todo?

Tú estás muy preocupado por Carmen, y así debe ser.

Y yo me siento capaz de mantener la cabeza fría.

Sobre todo, si sé que te estoy quitando una pesada carga.

¿Crees...

que podrías encargarte?

Claro que sí.

Organizaré el velatorio y el entierro,

decretaré un par de días de luto en la fábrica

y, por supuesto, estaré a tu disposición

y a la de Carmen para lo que necesitéis.

A veces me pregunto de dónde sacas fuerzas.

Me maravilla ver cómo te sobrepones a todo, por duro que sea.

Bueno...

Quizá, esas fuerzas me las da saber que tú estás ahí, mirándome...

maravillado.

Anda, vamos a recibir a las visitas.

(Timbre)

Doña Inés.

¿Está usted bien?

Lamento mucho lo de Agustina.

En cuanto...

me he enterado, he salido a toda prisa.

No se preocupe.

Usted y su hijo han sido los primeros en presentar sus respetos.

Y la señorita Linda, por supuesto.

No me lo puedo creer.

Ayer estuvimos hablando como si nada,

y prometí que hoy la visitaría.

Perdóname, Enoa.

No puedo creer que... Pobre Agustina.

No se preocupe.

La familia está en el salón, si quiere, la puedo acompañar.

O si lo prefiere, podemos esperar unos minutos.

No creo sea la única vez que me desmorone hoy.

¿Y cómo está Carmen?

La señorita está deshecha y consumida por los nervios.

Doña Agustina prácticamente murió en sus brazos.

Qué espanto.

Soy incapaz de imaginar su dolor.

Era como una madre para ella.

Ángel... ¿Qué te ha pasado?

Parece que has tenido un percance.

No es nada.

¡Espera!

Enoa, ¿te importa anunciar mi llegada?

Yo iré en un par de minutos.

Ángel, ¿qué te ha pasado? ¿Quién te ha hecho esto?

Por favor...

Los dos sabemos que no importo lo más mínimo.

¿Cómo puedes decir eso?

Por supuesto que me importas.

Me dijiste que no sentías nada por mí.

Te trae sin cuidado si me apalean o si me tiro por un barranco.

No me hables así.

No me castigues por no poder...

¿Quererme?

No, no es culpa tuya.

Soy yo el responsable, no he sido digno de ti.

Eso no es verdad.

Soy yo la que no...

Ángel,

me importa y mucho lo que te pase.

Inés, agradezco tu interés.

Pero al dejarme, perdiste todo derecho a saber de mí

y de mis problemas. -Espera.

Disculpadme.

Había conseguido mantenerme entera, pero al llegar aquí,

no he podido contenerme.

Francisco, cuánto lo siento.

Gracias, Inés. Sé lo mucho que la apreciabas.

Y ella también te tenía un enorme cariño.

Os acompaño en el sentimiento.

Gracias, Inés.

Gracias.

Siéntate, por favor.

Imagino que Carmen seguirá tratando de descansar.

Sí.

Solo los calmantes que le ha dado el doctor Garrido

consiguen que deje de llorar.

Pobre, Carmencita.

Si hubiera alguna manera de consolarla...

Ojalá la hubiera.

Siento que os habéis tomado la molestia y el tiempo de venir

y ni acierto a deciros cuándo estará en condiciones.

Por Dios, no es molestia.

No te preocupes lo más mínimo.

Carmen. Hija.

Ay, mi queridísima Carmen. Cuánto lo siento.

Gracias, Inés.

Muchas gracias, por venir.

Le acompaño en el sentimiento, señorita.

Gracias, Kiros.

Sé cuánto la apreciabas.

Carmen, ¿quieres tomar algo que te asiente un poco el estomago?

Una infusión te vendría bien para calmar los nervios.

¿Sí? Kiros, por favor.

Pero pasa. Siéntate.

Siéntate, hija.

Odio sacar este tema, pero...

quizá sea el momento de empezar a discutir los detalles

de las exequias.

No sé si ahora...

Así, Carmen puede retirarse cuánto antes a descansar.

Y al fin y al cabo, es algo que tenemos que hablar tarde o temprano.

Sí, sí, es...

un tema que hay que hablar.

La tata...

siempre hablaba con mucho cariño de su pueblo.

Es tan triste que haya fallecido tan lejos de allí...

Carmen...,

no te quepa duda de que tu tata...

pasó sus últimos días en el único lugar en el que deseaba estar,

que era a tu lado.

Si quieres, podemos intentar repatriar su cuerpo a Madrid.

¿Eso sería posible?

No lo sé con certeza.

Pero...

si hay una posibilidad entre mil, ten por seguro que se hará.

Y con la mayor rapidez, Carmen.

Aunque quizá sea necesario que alguien acompañe sus restos.

Si es necesario, iré yo.

Después de todo lo que nos dio,

creo que es mi responsabilidad entregar su cuerpo a su familia.

Gracias, padre,

pero iré yo.

Pero hija, es un viaje muy largo, ¿no?

Estoy de acuerdo.

Son muchas horas hasta la metrópoli para pasarlas sola.

Ella me acompañó a mí.

Así que, yo la acompañaré a ella.

Entiendo tu deseo

y me parece un gesto encomiable, pero hija,

no sé si ahora es...

Seguro que ella sabe cuál habría sido el deseo de Agustina.

¿Quiénes somos nosotros para negárselo?

Tenéis razón.

Si es lo que ella hubiera querido, no seré yo quien se oponga.

Entonces, empezaré ya con los trámites.

Y espero que, dado lo excepcional del viaje,

pueda conseguir un pasaje para mañana mismo.

Y les he tenido que mandar otra vez para casa, porque sin licencia

no podemos empezar a trabajar. Una faena...

Tiene que ser un poco desesperante no terminar nunca de arrancar, ¿no?

Un rollo.

Te veo tranquila. No te veo muy estresada.

Yo que me alegro.

Qué remedio.

Viendo que es cuestión de días, hasta que se arregle el papeleo,

he decidido tomármelo con la mayor calma posible.

Ajá...

El que está muy estresado eres tú. ¿Qué es esto?

Me da dolor de cabeza solo de verlo.

De la mitad ni me acuerdo y, de la otra, no entiendo la letra.

Pero tengo que poner un poco de orden

porque espero una inspección de trabajo.

¿Tú? ¿Aquí? Sí, claro.

Es un hotel, aunque sea un hotel de pueblo,

pero es un negocio, está todo al día y legal.

Claro, perdona.

Es que lo de "inspección" suena tan importante...

Ya. No creo que pase nada.

Ya conozco al inspector, es un poco pesado, pero buen tío.

Además, lo tengo todo en regla, no sé dónde, pero todo en regla.

Estoy pensando que creo que voy a hacer una fiesta de inauguración

aprovechando que no podemos trabajar aún,

así empezamos con buen pie.

Sé que vas a decir que es una idea infantil,

que no gaste el tiempo ni el dinero,

que con la que se me viene encima...

Que no, que no, me parece una idea estupenda.

¿Sí? Sí. Yo te ayudo en lo que seas.

¿En serio?

Claro. Será un honor levantar el entusiasmo de las tropas.

Vale.

¿Te pasas esta noche por el taller y empezamos a organizar la fiesta?

Y de paso, te enseño la mesita de café, que está casi lista.

Perfecto.

A lo mejor, la fiesta te viene bien

para celebrar que te quitas de encima tanto papeleo.

Pues sí, porque no sabes la pereza que me da lo de la inspección.

-Perdone.

Disculpe, ¿el señor Noguera es usted?

Sí, soy yo. ¿Tiene alguna reserva?

Soy la inspectora de trabajo, Felisa.

¿Y Miguel Ángel, dónde está?

Se prejubiló hace seis meses. Ahora llevo yo sus expedientes.

Ya.

¿Le supone un contratiempo?

No, pero como suele venir Miguel Ángel y somos amigos...

¿Le supone un contratiempo

que un amigo suyo no le haga la inspección?

No, hombre, no, no me malinterprete.

Porque nos ponemos al día y le invito a un café.

El invito a un café sin ninguna pretensión

de recibir un trato de favor.

Es una deferencia, una cortesía, una cosa de amigos.

Pues si quiere saber algo de su amigo, llámele,

ahora tiene mucho tiempo libre, no como otras,

que tenemos que llevar nuestros expedientes más los suyos.

Ahora que hablamos de Miguel Ángel, amigo amigo, más conocido.

Pero como me daba mucho palique...

Menudo pájaro que es Miguel Ángel, ¿eh?

Menos mal que ha dado con un tipo honrado como yo

que tiene todo en regla.

Bueno, enseguida veremos si es así.

Necesito toda la documentación del hotel de los últimos tres años.

¿Tres?

-Sí. -¿Ahora? ¿Tres?

Claro, ahora. ¿Cuándo si no?

Hola, Mario. -Buenas...

Muchas gracias por venir.

De gracias, nada.

Hacerme salir de casa te va a costar un buen café y unas pastas.

Y a estas horas, debería cobrarte también un suplemento

por trastocarme la siesta. -Anda, siéntate.

Que por suerte ya contaba yo con tus ganas de merendar.

Bueno, al turrón.

¿Qué es lo que quieres?

¿Cómo que qué es lo que quiero?

¿Por qué iba a querer algo?

¿Es que no puede una invitar a su casa a un vecino,

y además, amigo,

por el mero gusto de invitarle?

Claro que puede.

Pero si ese vecino soy yo, vendrá con la mosca detrás de la oreja.

Vale, tienes razón.

Te he llamado, Mario, porque...

quería darte las gracias...

por haber cedido con el tema de tu cobertizo.

Ya ves.

Bien mirado, no lo usaba para nada.

Mejor que lo aproveche alguien, a que se lo coma el polvo.

Ya.

Eso, y que imagino que habréis llegado a un buen acuerdo.

¿Qué importa eso? Queríais el cobertizo, ¿no?

Pues ya tenéis cobertizo. ¡Fin de la historia!

Y si ha mediado algo o no, eso se queda entre Julia y yo.

Sí. Que sepas que creo que has hecho muy bien.

No solo por la parte que me toca, sino...

por lo bien que le va a venir al pueblo ese taller.

Todos los trabajadores te estamos muy agradecidos.

No te confundas.

He cambiado de idea en lo del cobertizo,

pero sigo teniendo serias dudas de que ese taller traiga algo bueno.

Qué manía tienes con que todo se quede tal cual está.

Porque los cambios no siempre son buenos.

Y ojalá sea yo el que se equivoque.

Aunque no te lo parezca,

yo me preocupo mucho por este pueblo.

Ya lo sé.

Y siento mucho haber sido tan dura contigo.

En realidad, no pienso todo eso que te dije

de que no te importábamos...

y todo eso. -Para tu información,

cuando llegaste a este pueblo, yo ya llevaba aquí 30 años.

Así que, he visto más cosas que tú.

Y no todas fueron buenas.

Sí, si te entiendo.

Y sé que igual peco de ingenua,

pero es que necesito creer en ese taller.

Porque si no, imagínate el panorama para María.

Ella insiste en quedarse aquí, pero...

¿qué le espera a una chiquilla como ella en este pueblo?

¿De qué va a vivir? -De lo que se proponga.

Y entiendo que te preocupes.

Y entiendo que una madre preocupada pierda los papeles de vez en cuando.

Así que, por mi parte, todo olvidado.

Muchas gracias, Mario.

Todo lo que tienes de cascarrabias,

lo tienes también de buena gente. -Buah.

No puedo con tanta ñoñería.

Flipa, el equipo de mataos que entrena tu primo

le metió cinco goles a uno de Tercera División.

Menudo baño, chaval.

Ya ves, vaya tela.

¿Y qué me dices del equipo de chicas?

Están que lo petan.

Lo que no entiendo es lo del baloncesto.

¿Qué les pasa este año?

¿Que qué les pasa? Pues les pasa lo que les pasa...

Ya. Ya te digo yo lo que les pasa. Qué estas a por uvas, Ribero.

Que ni estás conmigo, ni estabas ayer ni estás a nada.

Perdona, Lolo, tengo tantas movidas en la cabeza, que se me va.

Qué movidas ni qué movidas.

La única movida que tienes en la cabeza se llama Cloe.

¿Habéis discutido otra vez?

Qué va, lo mío con Cloe va de lujo.

Si el otro día os vio Chema

y me dijo que te llegaba el careto al suelo.

Te digo que no es nada de eso. -A ver, Ribero,

yo entiendo que te dé palo reconocerlo,

porque tus idas y venidas con Cloe aburren.

Pero tú verás, tío, yo no soy el único que lo dice.

Que la peña dice que lo vuestro huele a caducado.

Ya quisierais vosotros tener una relación como la nuestra,

que es acero para los barcos.

Si no es eso, ya me dirás qué es.

Porque la rayada que llevas no es pequeña.

La rayada que tengo es porque...

A ver, tú imagina que eres muy forofo de un equipo, ¿vale?

Sí. -Y un colega muy colega tuyo,

resulta que te dice que es forofo del mismo equipo,

pero tú no lo sabías.

¿Te vas a hacer de mi equipo? Oye, que por mí genial.

Te van a tachar de chaquetero,

pero te vamos a recibir con los brazos abiertos.

Que no, Lolo, que era un ejemplo.

Digo que si tú sabes ese secreto,

¿qué haces,

le dices que lo sabes o te haces el loco?

Vamos a ver, ¿cómo que secreto?

¿Te avergüenzas ser del equipo del pueblo?

A ver si me voy a ofender.

Necesito que imagines, Lolo,

no que te lo tomes al pie de la letra.

¿Cómo qué imaginar? Que parece esto un examen.

O me pones un ejemplo más fácil o me lo dices claro, tío.

Que a María le gusta Cloe.

¿Eh?

Que le gusta... ¿Cómo? -¿Pues cómo va a ser?

Como me gusta a mí, pues igual le gusta a ella.

¿Qué María es bollo? -Que te calles.

De esto, ni una palabra a nadie,

que me buscas la ruina. -Vale.

Pero ¿y cómo lo sabes?

Porque me lo dijo Cloe, que la besó.

María, bollera...

Me dejas loco.

Lolo, por tu madre, de esto ni mu a nadie.

Y céntrate, que tengo un cacao en la cabeza.

Sí, sí. Te prometo que no digo nada.

Es más, no ha pasado. Ya está borrado.

"C'est fini".

Bueno, esto ya está.

Me marcho.

Está todo en orden como le dije, ¿verdad?

Bueno...

Pues nada, Feli, un placer. Hasta la próxima.

Es Felisa.

Ni una sílaba más, ni una sílaba menos.

Y no me he terminado de explicar. Esto ya está por hoy.

Seguiré mañana por la mañana.

Vale. Bueno, pues...

Hasta mañana.

(SE QUEJA)

Vaya tinglado tienes aquí. ¿Qué haces con tanto papel?

La inspectora,

que me está pidiendo papeles de la época de Maricastaña.

A mí, que pierdo el DNI una vez al mes.

Al menos, te lo tomas con humor. -Sí.

Deja, que te ayudo a recoger.

Sí, por favor. -Y así me pones un montadito.

Mario come como una lima y no he merendado.

¿Le has invitado a casa? Espero que en son de paz.

Sí. -Bueno.

Quería agradecerle que haya cedido el cobertizo a Julia.

Aunque bien pensado, tendría que agradecértelo a ti primero.

No sé lo que hablarías con él, pero funcionó.

Un poco de mano izquierda, nada más. -Ya.

No como yo, que le dije unas cosas horribles.

Pero ya le he pedido perdón y está todo olvidado.

Así que... -Un momento, Elena.

¿Sí?

Sí, vale, sí.

¿Pasa algo?

Eh... Necesito que me cubras.

Solo serán un par de horas.

Pero ¿estás bien? ¿Pasa algo?

No te puedo decir. Pero tengo prisa. ¿Lo harías?

Sí, claro, cómo te voy a dejar tirado.

Vete, vete tranquilo. -Gracias. Te lo compensaré.

¿Vale?

Bueno, y de paso,

ordeno un poco esto, porque madre mía...

(LLORA)

"Ese pájaro era lo que más deseabas,

y aun así, renunciaste a él por no haberlo encerrado en una jaula".

"Y ahora, pienso que yo haría lo mismo contigo".

"Eres lo que más quiero en este mundo".

"Sería capaz de perderte con tal de verte volar".

"Alto, libre".

(Puerta)

Carmen.

Hija mía, quería hablar contigo.

Te espera... un viaje muy largo, ¿lo sabes?

Lo sé.

¿Crees que tendrás la entereza de aguantarlo?

Cualquiera entendería que no pudieras hacerlo.

Además, aún sigue en pie mi propuesta

de ir yo en tu lugar,

o si quieres, podemos ir los dos juntos, ¿qué te parece?

Gracias, padre,

pero sé de sobra que ese viaje no sería de tu agrado.

Y además, tu lugar ahora está aquí,

al igual que el mío está junto a la tata.

Tenemos que ser fuertes.

A Doña Agustina no le gustaría vernos así.

A ella le encantaba nuestra sonrisa.

Es verdad.

Nos lo decía a todas horas.

Hace apenas unas horas,

era ella la que me estrechaba entre sus brazos.

Me daba tantos abrazos,

que aún me parece tener su olor en mi ropa.

Era tan amable con nosotras, tan dulce...

La mujer más buena que he conocido nunca.

Doña Agustina era la luz de esta casa.

Y nunca nos faltará un rayo de ella para recordarla.

Tengo que contarte algo.

Estaré bien.

Solo me he dejado llevar un momento.

Cuando has entrado, estaba...

recogiendo sus cosas,

y es imposible no reavivar la memoria.

¿Te llevas tus cuadernos y todas tus cosas?

Pero piensas volver, ¿verdad?

Me gustaría, pero...

ahora mismo, ni siquiera puedo pensar en eso.

Espero que sepas que esta es tu casa.

Hija, siento...

si no he podido o no he sabido cuidarte como tú esperabas.

No te lamentes.

Sé que tengo un lugar aquí.

Pero en Madrid...

me esperan muchas cosas:

despedir a la tata,

acompañar a su familia...

Y no sé el tiempo que me va a llevar.

O cómo...

O cómo lo voy a encajar.

La señorita Carmen se va. Vuelve a España.

¿Cómo?

Quiere acompañar el cuerpo de doña Agustina para darle sepultura allí.

Pero volverá, ¿verdad?

Quiero pensar que sí.

Claro que sí.

La señorita no nos dejaría así sin más,

aún tiene mucho qué hacer aquí.

Yo también espero que vuelva.

Pero no podemos estar seguros de que lo haga.

Ahora que doña Agustina nos ha dejado,

si la señorita Carmen no regresa,

sería muy duro volver a la vida que teníamos antes de ellas.

Confiemos en que vuelva...

y guardemos su recuerdo solo para nosotros.

No nos conviene que nos vean así.

¿Qué está pasando aquí?

¿Es que se os ha olvidado el día que es?

Estaremos recibiendo invitados día y noche en esta casa,

así que quiero a todo el mundo trabajando, ¿de acuerdo?

No puede faltar el té ahí fuera.

Y sacar más dulces.

Y preparad consomé. Venga, vamos.

Vamos, a trabajar.

¿Has tenido alguna noticia de tu madre?

Sí.

Estaba hundida,

casi no podía creerlo.

No veo la hora de llegar para abrazarla.

Al menos, yo pude despedirme, pero ella...

Sin duda, es un golpe tremendo, sí.

Por eso, quería pedirte...

que no fueras demasiado explícita con mi vida aquí.

Solo puede...

añadir más dolor

entrar en según qué detalles, ¿entiendes?

Descuida.

No es mi intención descubrirle a mi madre nada que le haga daño,

y menos, en una situación como esta.

Muchas gracias.

No hay nada que agradecer.

Lo hago por el bien de toda la familia.

Además...

Yo también tengo algo que pedirte.

Dime, hija, ¿qué necesitas?

Quiero que ocupes mi lugar en el negocio de los muebles.

Sabes que le he dedicado tanto empeño y cariño,

que siento que forma parte de mí.

No me cabe duda.

Ahora, solo puedo pensar en dar sepultura a la tata.

Pero hasta que regrese, si es que lo hago,

quiero que veles por él, como sabes que lo haría yo.

Descuida, que así lo haré.

Además, estoy convencido...

de que antes de lo que imaginamos estarás por aquí otra vez,

recorriendo la fábrica

y poniéndolo todo patas arriba.

Ven.

Ya era hora. ¿Dónde te habías metido?

Mujer, intento no venir a todas horas,

más que nada, porque no me dejas.

Pero si has cambiado de opinión

y quieres que venga más a menudo, yo tomo nota.

Y menos mal que has quitado la dichosa la alarma.

Pensaba que eras Tirso.

Habíamos quedado en que vendría, pero no aparece.

Pues mira, igual que tú, está tu amiga esa,

la que me tiene tirria.

¿Elena? Esa.

Acabo de pasar por el hotel y está plantada en la barra.

Se caía de sueño la mujer.

Tirso le ha dejado al cargo y lleva horas sin aparecer.

Si no está en el hotel, ¿dónde está a estas horas?

Vete tú a saber.

Ya te dije que ese chico me da mala espina.

Pero como mi opinión no cuenta.

Tu opinión cuenta, mamá, a veces,

pero no cuentan tus teorías conspiranóicas.

A ver, que no son teoría, Julia,

que Tirso desaparece durante horas sin decir a nadie donde está.

Y tú y tu amiga esperando como bobas. ¿Te parece eso normal?

Bueno, pues tendrá un buen motivo.

Un motivo que no ha querido decirle ni a su amiga del alma.

Ni a ti, que ha quedado contigo.

Yo, si voy a dejar plantado a alguien, se lo digo.

Bueno, no me ha dejado plantada. Se está retrasando.

¿Y cómo explicas que no te avise o que no te mande un mensaje?

Pues porque Tirso es... un poco hermético.

¿Sabes quienes son también muy herméticos?

Los mentirosos, los delincuentes, los psicópatas...

La gente que no es de fiar, en general.

Mamá, vale ya. No te consiento que le juzgues sin conocerle.

¿Y tú, qué, tú le conoces? ¿Desde cuándo?

¿Desde hace semanas, meses?

Le conozco como para saber que estás sacando las cosas de quicio.

Mira, Julia, tú verás lo que haces.

Pero por favor, te pido que no quedes con él,

y menos, a estas horas.

Y menos aquí, donde nadie puede oírte gritar.

¡Me está ayudando a hacer una fiesta, ya está!

¿Una fiesta?

¿Qué fiesta?

A ver, fiesta, fiesta, no.

Es más bien un picapica para el equipo.

¿Estás organizando una fiesta y no me llamas para avisarme?

Te he dicho que no es nada serio, una cosa para el equipo.

Claro, y yo no soy del equipo, ¿verdad?

Yo pongo el dinero y que me zurzan. Mamá, mira, ven si quieres,

pero pensaba que estas cosas no te iban.

Hombre, si lo organizas tú,

no es algo por lo que pagaría una entrada.

Pero no te preocupes, que se va a hacer en condiciones.

No, no, no, no, mamá,

tú no vas a organizas nada, me encargo yo.

Te dije que no es nada de empresa, de verdad,

es una cosa para divertirnos.

¿Insinúas que no sé divertirme? Perdona que te diga,

pero mis fiestas siempre han sido un éxito,

y alabadas por todos, además.

Sí, ya, por todos tus empleados.

No te van a decir que se aburrían como en una junta de vecinos.

No me cuestiones, y yo no haré sangre con los niños

que soborné para que fueran a tus cumpleaños.

Normal que nadie quisiera venir.

No nos dejabas ni correr, ni gritar, ni jugar a la pelota...

Además, sugerías hasta la vestimenta en las invitaciones,

por favor.

Se llama "dress coat", lo sabes perfectamente.

Además, eso iba muy bien y quitaba muchos problemas puntualizarlo.

Bueno, pues esto va a ser algo pequeño, íntimo, cálido...

Pero ¿algo pequeño, íntimo y cálido

tiene necesariamente que ser cutre?

¿Quién ha dicho que vaya a ser cutre?

Mi intuición, que nunca falla.

Pero no te preocupes, que como máxima accionista que soy,

yo me encargo.

¿Cuántos metros decías que tenía esto?

(Ruido)

Por mí puedes seguir durmiendo, no me importa.

Tirso, ¿cuándo has vuelto?

¿Y qué más da eso?

¿Estás bien?

Elena, vete a casa, llevas mucho a tiempo aquí.

¿Quieres que charlemos? -No.

Sabes que no me importa quedarme un poco más...

Pero a mí sí me importa. Por favor, vete a casa, ¿vale?

Anda, deja que cierre yo y vete a dormir...

(GRITA) ¿No me escuchas, Elena?

¿Quieres que acabemos discutiendo? Por favor.

Odio cuando te pones así de insoportable.

Pero odio aún más no saber el motivo.

El día que me cuentes tu pena podré ayudarte, hasta entonces...

Hasta entonces, es mejor que me dejes solo.

Ninguno de los dos nos merecemos que nos trates así.

Llámame si necesitas algo, ¿vale?

(LLORA)

(Puerta)

Un momento. Señorita, el coche está listo.

¿Kiros? Pasa...

Siento hacerte esperar,

pero esta maleta parece haber encogido.

Cuando le dije que la ayudaría con el equipaje,

no sabía que llevaría toneladas de carga.

Necesitaremos más hombres. Más hombres o más maletas.

No sé como mi tata se las apañó para meterlo todo aquí.

¿Cómo está?

Aunque imagino y temo la respuesta.

Más triste de lo que es posible imaginar.

Pero...

con una calma que no había sentido antes.

Y creo que es ella, que me sigue cuidando como siempre hizo.

Recuerdo su cara el día que llegaron.

Había ido a recoger a otras visitas antes,

pero nunca había visto a nadie tan asustado.

Y tampoco vi nunca a nadie abrazar tan rápido

y con tanta fuerza lo que somos y como vivimos.

Allá dónde esté, estará recogiendo todo el bien que hizo.

Y enseñando a alguien a hacer maletas.

Nada evita el dolor,

pero... ver el cariño y el respeto que le teníais,

lo hace más llevadero.

Kiros, le he rogado a mi padre que se encargue del negocio de muebles

en mi ausencia,

y espero que lo haga con buen criterio.

Descuide, estaré atento.

Me gustaría volver pronto, pero aún lo no sé con seguridad.

Pero no penséis que os abandono, porque no es así.

Nadie piensa eso.

Entiendo que debe irse.

Pero también me entristece.

A mí también me duele tener que marcharme.

Apenas lleva tiempo con nosotros,

pero me cuesta recordar cómo vivíamos antes de que llegara.

Para mí también es raro.

Aún no me he ido y ya echo de menos esto.

¿Cómo se puede extrañar algo

que casi no te ha dado tiempo a conocer?

No sé cómo es posible. Pero sí sé que lo es.

Perdone la intromisión.

Debemos reunir a su familia, tengo algo que comunicarles.

¿A qué viene tanta urgencia?

Sé que parte camino a Madrid,

y creo que debería saber algo antes de emprender ese viaje.

Me está asustando, doctor.

La muerte de doña Agustina...

no fue por causas naturales.

¿Qué apunta en la libreta?

Miguel Ángel no estaba todo el encima de mí.

Me lo imagino, por eso hay tantas irregularidades.

La medicación era correcta, el error estuvo a la hora de suministrarlo.

Tiene que haber alguna explicación.

Y la hay, don Francisco.

Me gustan los escándalos que te hacen acabar en boca de los demás,

pero a Ángel le gusta acabar en el hospital.

¿Has oído lo mismo que yo? Alguien cambió las medicinas.

La han matado.

Tirso, solo quiero saber cómo estás. Relájate.

Estoy muy relajado, Julia, pero no quiero un interrogatorio.

¿Qué dices?

¿A María le gustan las...? -¡Chist!

Un poco, ¿vale? Pero se me ha escapado.

No podía decir que la María le metió la boca a la Cloe.

¿Vas a invitar a prensa? No.

¿Y a influencers? No.

¿Y a Sergio? Claro que no, mamá.

Me siento impotente. -No te hagas de menos.

Tu presencia aquí ya dice mucho de ti,

y eso no va a pasar desapercibido para Carmen.

Una persona como tú, es lo que más necesita ella ahora mismo.

¿A qué te refieres?

Anoche, cuando volvió, no tenía buen aspecto.

Mi madre dice que a veces desaparece del pueblo,

así, de repente, sin decir a dónde va ni de dónde viene.

¿Sabes algo de eso? Nada más que eso.

¿No te preocupa no saber qué hace, qué oculta?

Estoy viendo cómo la gente me mira y luego comenta.

"Comenta". ¿Y qué comenta?

-"Estoy muy preocupada por ti".

"Me gustaría que nos viéramos a la hora y en el lugar de siempre".

No me enorgullece decirlo,

pero en este pueblo hay gente que no es muy abierta, la verdad.

¡Querrás decir que viven en la Edad Media!

Vale, Elena, vamos a calmarnos.

¿Sabéis si alguien más, además de nosotras y el doctor

pudo tener acceso a esos medicamentos?

¿Qué, qué sucede?

Si sabéis algo, deberíais decirlo.

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Dos vidas - Capítulo 31

08 mar 2021

Después de tantos obstáculos, los vecinos no ven la hora de ponerse a trabajar. Y es que esa hora aún no ha llegado, porque Julia les tiene preparada una nueva contingencia. El que tiene la cabeza lejos del taller es Ribero, que no deja de darle vueltas al secreto de María, lo que le hará estar tenso con ella, y con unas ganas “peligrosas” de desahogarse con sus colegas. Por su parte, Tirso debe superar una inspección de trabajo que se complica por momentos y un misterioso imprevisto, que le hace ausentarse del hotel demasiado tiempo, reavivando así las suspicacias de Diana. En Río Muni, la muerte de Agustina causa una gran conmoción. Y no solo por el afecto que todos le tenían, sino también por el efecto que su pérdida pueda tener en Carmen. Aprovechando el estado de shock en el que se encuentra Francisco, Patricia cogerá las riendas de la situación, para intentar que el desgraciado suceso le resulte ventajoso.

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