Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 3 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Quién te ha tirado una piedra?

No sé. Habrá sido una broma de bienvenida.

Julia, esto no es una broma. Esto es una amenaza de manual.

¿Podemos detenernos para hacer una fotografía?

Siento decirle que nos hemos quedado atascados.

¡Arranca! ¿Por qué sabe tanto de esta tierra?

Llevo años soñando con ella.

¿Y todo eso? La brigada de limpieza.

No pensarías que te íbamos a dejar sola con todo este desastre.

Para su pelo.

Es hermoso.

¿Me dejarías ducharme en una habitación?

Hasta que venga el técnico y me arregle la caldera.

¿Te has desviado del camino?

Padre, he sido yo la que ha insistido.

No pienso pagarte el jornal.

Y la próxima vez, no seré tan generoso. ¡Vete!

¿Quién es toda esta gente?

¿Has invitado a toda la empresa? Y a nuestros mejores clientes.

¡Una boda con quinientos invitados! ¡¿Tú conoces a 500 personas?!

¡Yo no las tengo ni en mis redes sociales!

No veo a muchos negros aquí,

y los pocos que hay pertenecen al servicio del club.

Aquí solo se permite la entrada a los emancipados.

¿Qué quiere decir "emancipados"? -La élite de los salvajes.

¿Y el resto?

El resto trabajan en las fábricas, sirven en las casas

o viven en la selva...

(Cristales rotos)

Si Carmen descubre lo nuestro, si se enterara que vives aquí...

Descuida, voy a estar solo un rato, Francisco.

(Ruido)

Felipe, perdona que te moleste a estas horas.

¿Recuerdas lo que hemos hablado esta tarde?

Sí, lo que te he comentado de la casa del pueblo.

Perfecto, ponlo en marcha.

¡La niña, don Francisco!

¿Y si fue ella la que nos vio?

Soy Francisco Villanueva. Mi hija ha desaparecido.

Si continúa así, se va a quedar sin respiración.

Dos rosarios, doña Patricia.

Dos rosarios lleva la niña perdida.

Dos rosarios.

Estás haciendo una montaña de un grano de arena.

Tienes que mantener la calma.

¿Cómo tú?

Parece mentira que estés tan tranquila después de todo.

¿Sigues dándole vueltas a eso?

Francisco, tu hija no pudo vernos, nadie lo hizo.

¿Quieres deambule de un lado a otro, que me ponga a rezar el rosario?

No.

Que parezca que te importe dónde está mi hija.

(Pasos)

¡Ha aparecido, señor!

¡La señorita está aquí! ¡Dios!

¡Gracias, san Antonio Bendito!

Puedo caminar sola. Gracias.

¿Dónde estabas? Dando un paseo.

En el puente del norte. A punto de adentrarse en la selva.

Quería conocer la otra orilla, tomar algunas fotografías...

¿Por qué estáis tan inquietos? ¿Que por qué?

Señor, dame paciencia, porque si me das coraje...

No sabíamos si ibas a volver.

¿Y por qué no iba a hacerlo?

No entiendo a qué responde tanta preocupación.

¿Pueden dejarnos a solas, por favor?

Gracias.

Acompáñales.

Padre, no sé por qué...

¿Tú te has vuelto loca?

¿Eh?

¿Qué ha de pasar para que entiendas que la selva es peligrosa?

¿Qué hay fuera de esta colonia que tenga que darme tanto miedo?

¡¿Qué?!

Porque en este momento, el único que me asusta eres tú.

No puedes hacer y deshacer a tu antojo ¡como una niña caprichosa!

No soy una niña.

A partir de ahora,

tienes prohibido dar un paso por la colonia sin mi permiso.

¿Me has entendido?

¡¿Me has entendido?!

Sí padre, te he entendido. Perfectamente.

Muy bien. Pero no mandas tú, manda tu miedo.

Voy a enseñarte la fábrica.

Quítate esos pantalones y ponte algo más apropiado.

Eres la hija del dueño, no un conductor.

Has hecho lo correcto.

Ahora no, Patricia, por favor.

Ahora no.

(Sintonía de "Dos vidas")

Y por ahí. Buenos días.

Buenos días. -Buenos días.

¿Qué tal la noche?

¿Algún ruido que haya perturbado el sueño de la princesa?

¿Un guisante en el colchón? Ja, ja, ja, muy gracioso.

No, he dormido de un tirón.

Sin sobresaltos, sin ruidos...

Bueno...

Exceptuando tus ronquidos.

Y dale. Son respiraciones profundas.

Ponme un cortado. Dos, por favor.

Y rápido, que viene Ribero para arreglarme la luz y tengo prisa.

Ya. Pero los cortados no son rápidos, necesitan su tiempo.

¿Pues ser en un tiempo corto?

Es que no me puedo pasar aquí toda la mañana.

Con todo el respeto.

Pensaba que volvíamos a Madrid.

¿Por qué? ¿Porque nos casamos el viernes?

Lo siento, Sergio, pero tengo muchas cosas que hacer aquí.

No puedo irme.

Pues espero y nos vamos por la tarde.

Puedo reservar en el japonés.

Un bol de ramen, sashimi de atún... -¡Dos cortado!

Gracias.

A partir del viernes, tú y yo nos vamos a hartar de japonés.

Julia, no quiero ser pesado pero viniste aquí para desconectar,

para averiguar cosas de tu padre, pero no cuentas nada.

No sé cómo estás. ¿Qué quieres saber?

Pues eso, si tienes alguna respuesta.

Si necesitas algo.

Necesito que dejes de preocuparte.

He decidido pasar aquí la semana y aquí me voy a quedar.

Quiero saber más cosas sobre Carlos,

hablar con los vecinos... Pero todo está bien, de verdad.

¿Te veo el viernes en la iglesia?

Allí estaré.

Me voy.

¡Ah! Pídete unos huevos con chistorra,

que están de restaurante de lujo.

¿Pasa algo?

Sí.

Estoy preocupado por la imagen que puedas llevarte del pueblo.

Desde que has llegado, suceden cosas raras:

ventanas rotas a pedradas,

cortes de luz en mitad de la noche, ruidos extraños...

¿Qué me intentas decir?

Que siento la coincidencia. Y para que veas que somos hospitalarios,

te invito a unos huevos que están de lujo,

pero aquí no te quedas con hambre. -No, gracias. Me tengo que ir.

Si meto esto en la cerradura poco a poco y tiro...

No, ¿verdad?

Yo no puedo seguir así, sin saber qué hay detrás de esa puerta.

Podrías ayudarme un poco y enviarme una señal.

O la llave directamente.

Gracias.

Pero lo de las señales, si puede ser solo cuando yo te lo pida...

Lo siento.

Allá vamos.

No hagas eso, que me dejas marca.

Podíais esperar a estar solos, ¿no? -¿Qué haces?

-¿El 28 de este mes o del siguiente?

-De este. -Se irá en cuanto apriete el frío.

Si no sabe usar una aspiradora, imagínate la chimenea.

¿Qué hacéis?

Una porra para ver cuánto dura la de Madrid.

Dos semanas. Y estoy siendo generoso.

La apuesta son dos euros.

Yo creo que se quedará más tiempo.

A mi madre no le gustaba el pueblo y mira ahora.

No pasa del viernes.

¿Tienes botiquín?

Mira la herida. ¿Es profundo el corte?

¡Vale, vale, no me lo digas!

Bueno, sí, sí, dímelo. Es horrible, ¿verdad?

Es probable que pierdas la mano.

(RÍEN)

¡No tiene gracia! Me he cortado con un cuchillo del paleolítico.

Seguro que tengo salmonela o el tifus...

Tranquila, es como un pellizco.

Podías haberte quedado para ayudarme.

-Tampoco era tan urgente.

Bueno, ahora sí.

¿Qué, os traigo una bolsa de pipas?

Desinféctalo y ya está.

Anda, trae.

¡Ah!

¿Qué pasa? ¿Te la regalan?

Por favor... ¿Cómo te lo has hecho?

Abriendo una puerta.

(RÍE)

¿Con un cuchillo?

Sí, ¿qué pasa?

He seguido punto por punto lo que ponía en Internet.

Con un poquitito de maña se abre cualquier puerta.

¿Te estás riendo de mí? A ver, tiene su gracia.

Pues yo no se la encuentro. Pero ¿has abierto la puerta o no?

No. Debía estar mal el tutorial ese.

Va a ser eso, sí.

Una casa vieja tiene mucho trabajo.

No creo que puedas hacerlo todo a base de tutoriales.

Ah, ya entiendo.

Si no se hacen las cosas como vosotros pensáis que se hacen,

entonces no valen, ¿no?

Pues hay millones de formas de abrir una puerta.

Millones. Y de cortarse la mano también.

¿Crees que no soy capaz de encargarme de mi propia casa?

¿Me ayudas?

A ver.

Así.

Pon el dedito este ahí. Vale.

¿Hoy duermes con el chico de los ronquidos? ¿Cómo se llamaba?

Se llama Sergio. Y un respeto, que va a ser mi marido.

Entonces ¿al final te casas?

No parecía que lo tuvieras tan claro.

Estoy harta.

No tengo que darte explicaciones ni a ti ni a nadie.

Vamos a ver,

con quién duerma o no, si me caso o no me caso,

¡o cómo narices abra las puertas, es asunto mío y solo mío, ¿vale?!

¿Que si estamos? Estamos.

Apunta mejor un mes. -(RÍEN)

Chist.

¿También trabajas en la fábrica?

A veces tengo la sensación de que sigues disgustado conmigo.

Por mi culpa, estuvimos lejos de comenzar con buen pie,

que merecías tu jornal y yo me equivoqué.

Pero sería mejor para los dos que me dieras una tregua.

Señorita, le ruego no me lo tenga a mal,

pero no podemos hablar durante la jornada.

La reunión con don Emilio se ha cancelado, Francisco.

Lo siento.

En ese caso, me armaré de paciencia y esperaré a que termines.

Dice que una inversión de ese calado le genera ciertas dudas.

No sé qué más necesita este hombre para confiar en nosotros.

Bueno, tú tranquilo.

Si logramos sacar esta fábrica adelante

con los palos que nos han puesto, no vamos a claudicar ahora.

Sí.

Deja de darle vueltas, Francisco.

Si le has marcado límites, es por su bienestar.

Le he dado una bofetada.

Así se lo pensará dos veces antes de jugar a los exploradores.

He sido muy severo. No.

Piensas demasiado.

Estará apenas una semana,

¿ese es el recuerdo que se va a llevar de su padre?

Toda su vida soñando con este viaje, con África...

Creo que merece algo mejor.

¿Y si organizamos una fiesta en su honor?

Una presentación en sociedad.

No podemos acometer semejante gasto.

No, no. Será un evento discreto, en casa.

Podemos invitar a Ventura y a su mujer.

Y a don Emilio.

Con tu labia y su inclinación por un buen champán,

seguro que conseguimos que reconsidere el trato.

¿Qué te parece?

Carmen se va a divertir.

Todos lo haremos.

No sé.

Quizá sea una buena idea.

Es una buena idea.

Y te lo voy a demostrar.

Déjame a mí, yo me encargo de todo.

Disculpe, señora, ¿ha llegado ya el libro que encargué?

Esta misma mañana, joven.

Cada día te levantas más temprano.

Y a ti, cada día se te pegan más las sábanas.

¿Recuerdas el pedido del que te hablé anoche?

Pues aquí está.

Debería de ordenarlo antes de abrir, que se me echa el tiempo encima.

Déjalo.

Vas a llegar tarde y a Ventura no le gusta que te retrases.

Calma, lo tengo controlado.

Cuánta seguridad.

La que reclama el mundo de los negocios.

Parece que te va bien trabajando a sus órdenes.

A las órdenes del gran Ventura Vélez de Guevara.

Por el momento, soy aprendiz,

pero con los años, tal vez termine siendo tan poderoso como él.

No, por favor.

Seríamos el matrimonio más notable de todo el país.

¿Y para qué? Lo mejor es ser un matrimonio común.

Tienes razón.

Dudo que exista nada que se le pueda comparar.

Ayer conocí a la hija de Francisco,

aunque apenas pude charlar con ella.

Es guapa. Y parece de lo más interesante.

He oído rumores sobre ella. Me mata la curiosidad.

¿Debería preocuparme?

Deberías saber que solo tengo ojos para ti.

Si tengo curiosidad es porque dicen que no es una mujer muy normal.

¿Y qué es "normal" para ti?

Dicen que tiene muchas ideas propias

y que se atreve a manifestarlas en público.

Lo que yo decía, una mujer interesante.

Aligera y déjame sola, que así no hay quién trabaje.

Nos vemos luego.

¿Hoy trabajarás hasta muy tarde?

Eh... Con Ventura nunca se sabe.

Pero intentaré escaparme en cuanto se presente la oportunidad.

Si sigues deteniéndote en cada detalle,

conocerás la fábrica mejor que yo.

Recuerdo...

el día que cortaste una de las ramas del olivo del patio.

La arrastraste ante mí y me dijiste:

"Padre, ya puede usted contratarme".

Eras una cría.

Aún me pregunto de dónde sacaste fuerza para hacerlo.

Quería que me trajeras aquí contigo.

Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa.

Perdóname, Carmen.

Padre, no es necesario.

Sí, sí lo es.

Tenías razón.

Tengo miedo.

Me da pánico que pueda sucederte algo.

Se oyen tantas historias...

Hace unas semanas, un sirviente agredió a la esposa de un guardia.

Si hacen eso dentro de nuestros límites,

¿qué no harán en la selva?

Sé que he sido demasiado duro,

pero me preocupa que te pase algo.

Cuando...

emprendí mi viaje a África,

solo pensaba en daros lo mejor.

A ti. A todos vosotros.

Siempre habéis sido lo más importante para mí.

Lo sé, padre.

Por eso,...

te propongo comenzar de nuevo.

¿Qué te parece una pequeña velada en casa?

Una presentación en sociedad.

Sería un orgullo que mis amigos pudieran conocerte.

¿Otra reunión de gente importante de la colonia?

Carmen, por favor,

te divertirás.

Nos divertiremos.

Está bien.

Prometo ponerme mi mejor sonrisa.

(RÍE)

¿Qué llevas en el pelo? A ver.

¿Qué es, un palo? ¿Te gusta?

Es de aquí, de Guinea.

A este paso, seré yo quien te enseñe los secretos de esta tierra.

(Golpes de martillo)

(EXHALA)

Ndongo dice que van a comer y a bailar hasta la madrugada.

Pensaba ir, pero el señor no me ha dado permiso.

¿Adónde? A ningún lado, señorita.

¿Se le ofrece algo?

Solo quiero agua, ya me sirvo yo.

Se lo llevamos a su habitación. No es necesario, de verdad.

No soy mi padre.

¿Lleváis mucho tiempo trabajando a su servicio?

¿Enoa?

Yo, señorita, llevo siete años sirviendo en esta casa.

Y antes estuve con otras familias.

¿Carmencita, qué haces aquí?

Tu padre te está buscando para darte las buenas noches.

Enseguida voy, que estoy hablando con Enoa.

Aquí no es bien recibido que los blancos hablen con los negros

porque sí, ya lo sabes.

Me estaba contando que comenzó a trabajar joven.

Así es, llegué a la ciudad cuando era una niña.

¿Y tu familia? ¿Viven aquí?

No, la ciudad no es para ellos. Viven en la selva.

¿No serán los que hacen magia negra y comen carne cruda?

No, señora, eso son habladurías, con perdón.

Gracias a Dios.

¿De eso hablabas cuando he entrado?

¿De ir a visitarles?

Mañana se celebra una fiesta en la selva.

Habrá comida, música, danza...

Es habitual entre los pamues, como ustedes nos llaman.

¿Y... cómo debería de llamaros?

Eh... Fang, señorita.

¿Y esa fiesta será muy lejos de aquí, en un poblado...?

Que te veo venir, echa el freno.

No, señorita, no es en el poblado, es al otro lado del río,

en una zona especial para nosotros.

Pero yo no puedo acudir,

su padre me quiere aquí para su presentación.

Y ahora, si nos disculpan...

Carmencita, que te conozco como si te hubiera parido,

y tú no estás pensando nada bueno.

Que tú tienes que ir a una fiesta, sí, pero a la tuya.

A la de la gente de bien.

Te preocupas demasiado, tata.

Demasiado es poco contigo.

(Cacareo)

¡Julia! Cuánto tiempo.

Es la propietaria.

Si me permiten unos minutos.

Pueden ir dando una vuelta si quieren. Julia.

Bueno, ya me ha puesto al corriente tu madre.

¿De qué?

De que esta casa te queda grande.

¿Eso te ha dicho?

Con esas palabras. Y ojo, que yo le veo potencial.

Ahora se lleva tanto lo rural, abrazar vacas,

que nos la quitan de las manos. Felipe, la casa no está a la venta.

Tu madre me dijo que sí.

Habrá sido un malentendido.

Sí, eso habrá sido.

Uy, pues a ver cómo se lo digo ahora a los tortolitos,

porque les he prometido que el gallo entraba en la venta.

No te preocupes, nos marchamos ya.

¡Perdonen!

Mamá, ¿por qué nunca me coges el teléfono cuando más lo necesito?

Quiero dejarte dos cosas claras.

La primera es que esta es mi casa y no se vende.

Me puedo encargar de ella por muy grande y vieja que sea.

Y la segunda es que...

o vienes aquí para contarme la verdad sobre Carlos,

o soy capaz de mandarlo todo a tomar viento.

Y cuando digo todo, es todo.

¡Ah!

(GRITA)

(RÍE)

(Ruido)

(Suena la puerta al cerrarse)

(EXHALA)

Qué guapas estáis aquí.

Me encanta esa foto.

Cuando la veo, me dan ganas de llorar.

No por nada malo,

pero ver a María tan mayor, me da un no sé qué.

¿Cuántos años tiene? Dieciocho recién cumplidos.

Este año quería irse a Madrid a estudiar un curso de redes sociales

o algo así, cosas de Internet.

Pero no la han cogido.

Y yo... no es que me alegre, quiero lo mejor para ella,

pero me habría dado mucha pena tener que separarnos, la verdad.

Igualita que mi madre,

que a los catorce años me llevó al aeropuerto

me montó en un avión y me mandó a París a estudiar.

Así, de un día para otro.

Sería en un buen colegio, ¿no?

Sí, el colegio era bueno, pero...

no sé, me habría gustado más estar cerca de mis padres aquellos años.

A vosotras se os ve muy unidas.

(ASIENTE)

Lo que hay entre una madre y una hija es lo más poderoso del mundo.

Aunque a veces también sea complicado.

Y que lo digas...

Por cierto,...

¿has podido buscar lo que te dije, alguna foto de Carlos o de Carmen?

Sí, pero nada.

Cada vez que alguien sacaba una cámara o un móvil,

tu padre salía huyendo.

¿Y crees que Tirso o algún vecino tendrá alguna?

Uy, qué va, ni te molestes.

No te he sacado ni unas galletas, voy a ver qué tengo.

Elena, ¿qué pasa?

Que no haya fotos es raro, ¿no?

Pues no quería contártelo porque es algo bastante personal...

y todavía no nos conocemos tanto.

Sea lo que sea, me lo puedes contar.

Sí, lo sé.

Empiezo a ver que eres buena persona.

Solo que necesitaba tiempo para comprobarlo.

Perdona.

Bueno...

Tu padre,... cuando murió Carmen, lo pasó muy mal.

Su madre era lo más importante de su vida... y cayó en depresión.

La gente sabía que estaba mal, pero no se imaginaban cuánto.

Solo lo compartía conmigo.

El hombre dio un bajón enorme y empezó a hacer cosas raras.

No es que se le fuera la cabeza ni nada así.

Era el dolor.

No superó el luto.

Ya. Y quitó todas las fotos de la casa, ¿no?

Y no solo eso.

Me pidió que reuniera todas las fotos que cualquier vecino

o yo misma pudiéramos tener de él y de Carmen.

Tuve que hacerlo sin que nadie sospechara,

diciendo que era para escanearlas... ¿Y qué hizo con ellas?

No lo sé.

Tirarlas, quemarlas... No sé.

No soportaba vivir con el recuerdo de haber perdido a su madre.

Con los recuerdos de tiempos mejores.

Qué triste.

Sí.

Pero aquello ya pasó, Julia.

Ahora estás tú aquí, y con fotos o sin ellas, yo me alegro.

No te puedo ayudar con lo de las fotos,

pero a lo mejor tenga otra cosa.

No, aquí.

¿Qué buscas?

Las máquinas esas que has visto. Sí.

Son de Carmen.

Pensaba que Carlos también se habría deshecho de ellas, pero no.

¿Y para qué sirven?

Para fabricar muebles.

Carmen tenía un taller en el cobertizo del patio.

Se ganaba la vida con ello.

Y le fue muy bien durante años.

Así que era empresaria. Sí.

Tenía a gente contratada

y compraba la madera a proveedores.

Fueron buenos años, dio mucho trabajo al pueblo.

¿Y qué tipo de muebles hacía?

Esa mecedora, por ejemplo.

Mírala.

Tendrá por lo menos 30 años y, ahí sigue, como el primer día.

Me la regaló tu padre. Carlos.

Bueno, ya me entiendes.

Está tallada. Sí, es una flor preciosa.

No sé muy bien de qué árbol. Supongo que será africano.

Carmen tenía predilección por África,

pero Carlos nunca supo por qué.

¿Y levantó el negocio ella sola?

Sí. Imagínate en aquella época, una madre soltera.

Tu abuela era una mujer de armas tomar.

Cuanto más sé de ella, menos creo que nos parezcamos en nada.

Seguro que en más de lo que crees.

¡Aquí está! Sabía que lo tenía por alguna parte.

Toma.

¿Es ella?

Carlos me pidió las fotos, pero no dijo nada de recortes de prensa.

¿Guapa, verdad?

Tiene algo en la mirada, como algo triste.

(ASIENTE)

Ya te he dicho que no lo tuvo fácil.

(Graznidos)

(LEE) "Y sopló la flauta de calabaza con fuerza.

(SOPLA)

Y con cada soplido, cada vez aparecía más y más comida:

carne curada de cocodrilo, guiso de pescado,

yuca cocida envuelta en hojas de plátano...".

Yuca.

¿Recuerdas la que probamos en Bata? En el puerto, al atardecer.

Estabas tan preciosa, que solo puedo recordar eso.

Sin desmerecer a la yuca, claro.

Sigue leyendo.

(LEE) "Y cuando el hombre se disponía a comérselo todo,

aparecieron los leones llamados por los habitantes del poblado...

y se lo comieron a él".

¿Cuál es la moraleja?

¿Ten cuidado con los envidiosos de tus vecinos?

Yo creo que habla sobre la importancia de compartir.

¿Me ayudas?

Sí, pero...

¿quién no querría tener un objeto mágico que saciase tu hambre

a todas horas?

¿De qué tipo de hambre estamos hablando?

¿Y si abres la librería un poco más tarde?

Quiero cerrar antes y prepararme para la fiesta.

¿No quieres estar conmigo?

Los dos solos, leyendo.

Desnudos.

Podríamos hacer eso en mitad del salón,

con todos los invitados mirando.

¿Te imaginas?

Ya es la hora. Debo abrir.

Alicia estará al llegar y a ti te espera Ventura.

El interesante mundo de la contabilidad.

No digas eso. Si te encanta.

Más me encantáis tú y los cuentos guineanos.

Pero el deber es el deber.

¿Una rosa de Japón?

Lisianthus.

He leído que su otro nombre, eustoma, significa cara bonita.

Harás honor a su nombre.

Me encanta.

Como la que llevabas cuando nos conocimos.

¿De eso sí te acuerdas?

Poseo una memoria muy selectiva.

Te veo luego.

Carmencita, ¿cómo vas?

Pero ¿todavía estás así?

Estoy escribiendo.

Todo el día pegada a ese cuaderno.

Ni en la escuela escriben tanto, señor.

Quiero que sea un cuaderno de viaje.

Con fotografías, dibujos... y vivencias personales.

Ya. Pues mira, escribe:

"Mi tata me manda vestirme ya,

y me va a pillar el toro".

¿Sabes qué joyas te vas a poner?

Eh... no.

¿Y a qué esperas? Que están preparando el comedor.

Y todavía me tengo que vestir.

Ya voy. Bueno,...

que por la calle del "ya voy", se va a la casa del nunca.

No te lo digo más.

¿A ti te parece normal hacerme venir?

Me ha dicho Sergio que piensas quedarte hasta el viernes.

Y estás de suerte, porque no pienso discutir.

¿Quieres salir de aquí a la iglesia?

Nos desplazaremos todos una vez más para darte la satisfacción.

Menos mal que no querías discutir.

Y pobre Felipe, echarle así, de malas maneras.

¡Encima que intento ayudarte a vender esta casa!

¿Intentas ayudarme o que haga lo que tú quieres?

Es que no entiendo qué interés tienes en quedarte aquí,

en este pueblucho que no tiene nada que ver contigo.

Y mira cómo lo tienes todo, hija.

Mamá, vine buscando respuestas

y no me iré hasta que las encuentre.

¿Quieres que venda la casa? Claro.

Pues quiero que me cuentes la verdad sobre Carlos.

Y esta vez, va en serio.

Está bien. ¿Qué quieres saber?

Todo.

¿Cómo os conocisteis?

¿Qué pasó cuando nací? ¿Por qué nunca supe nada de él?

Le conocí aquí, en este pueblo.

Mi amiga Olga tenía una casa de veraneo

y me vine a pasar unas semanas. Eran las fiestas.

¿Por qué no me habíais dicho que habías estado aquí antes?

¿Y qué más da, Julia?

Nunca me gustó este sitio y sigue sin gustarme.

¿Y dónde le conociste?

En la verbena.

Al principio me pareció otro aldeano más,

pero fueron pasando los días y coincidíamos por ahí.

Nos veíamos en la plaza, en el río...

La noche de las Perseidas fuimos al bosque.

Las estrellas, el momento...

Yo también fui joven una vez, aunque no te lo creas.

¿Y pasó allí, en el bosque?

Era joven, pero no una loca, Julia.

Fue aquí,

en esta casa.

Arriba.

Así que, técnicamente, tú también estuviste aquí antes.

El verano terminó y yo volví a Madrid.

Y días después conocí a tu padre.

Paseando por El Retiro. Sí.

Iba tan guapo y era tan interesante, tan leído...

Me enamoré de él al momento.

¿Y Carlos?

No supe nada de él.

Hasta que descubrí que estaba embarazada, claro.

Solo él podía ser el padre.

Y yo pude no haberle dicho nada, pero volví para contárselo.

¿Y qué te dijo?

Que le parecía una locura.

No tenía dinero, solo el negocio ese de su madre

que sacaba cuatro duros.

Los muebles.

Sí.

¿Conociste a Carmen? No.

Pero me habló de ella.

El caso es que Carlos no podía hacerse cargo.

Me dijo que no quería mudarse a Madrid,

que su vida estaba aquí.

Que no estaba enamorado de mí, ni yo de él.

Y llevaba razón.

No habría sido un buen padre. No quiso serlo.

Acordamos que Óscar fuera tu padre.

Los dos estaban de acuerdo.

Y quedamos en no volver a hablar de ello.

Y lo demás, ya lo sabes.

Lo siento mucho, Julia.

Sé que no es lo que esperabas, pero es lo que pasó.

Supongo que quería que hubiese otra explicación.

Pero ¿cuál podría ser?

Y aquí estoy yo.

Este no es mi sitio.

Esta no es mi vida.

¿Y si nos vamos a casa?

Ay, mi niña.

Se te pasará, de verdad.

Ya verás.

Nos olvidaremos de todo y seguiremos adelante, seguro.

No, solo los entrantes.

Y música, música.

Don Eugenio, doña María, bienvenidos.

Pasen, por favor.

Linda, siempre tan hermosa.

Gracias por el cumplido, don Francisco.

Ojalá los solteros de la colonia pensasen lo mismo.

Dígame, ¿ha invitado usted a alguno?

Casi todos son casados.

Pero te veo bien acompañada.

Con este ya lo intenté y no tuve éxito.

Con solteros o sin ellos pasaremos una gran velada.

Qué remedio. Pasad.

¿Y tu padre?

La mujer más inteligente y bella que conozco.

Y una invitada en su propia casa.

No empecemos, por favor.

Es momento de divertirnos, tú misma lo dijiste.

Nada me impide disfrutar de un baile con mi socia.

¿Ventura y don Emilio aceptaron la invitación?

Sí. Están deseando conocer a Carmen.

Hay mucha expectación sobre ella.

Esperemos no defraudarles.

Por cierto, ¿dónde está?

¡Agustina!

¿Sí, señor? Venga. ¿Y mi hija, dónde está?

No lo sé. Voy a ver.

Carmencita.

(LEE) "Lo siento, tata, te prometo que volveré a tiempo.

Carmen".

¡Ay, la madre que la parió!

¡Ay, mi niña! ¡Que se ha escapado!

Ay, virgencita, pero ¿por qué me haces esto?

¿Sucede algo, doña Agustina?

¡Que la niña se ha ido a la fiesta con los salvajes!

¡Que ha saltado por la ventana!

¡Y la culpa es tuya por contarle esas historias!

Yo solo le dije que había una fiesta.

Avisaré a don Francisco. -¡No!

¡A su padre no se le dice ni pío!

Como se entere, la deshereda.

¡O peor, me la mete en un convento de clausura!

¡Ay, Señor! ¡Ni un solo día sin un disgusto!

¿Y qué hacemos? ¿Esperar a que regrese?

No. Hay que ir en su busca.

¿Va a adentrarse usted en la selva?

Pero ¿cómo dices eso, hija?

Si yo me pierdo en el mercadillo de mi pueblo.

Ay, Kyrios,

no te lo pediría si hubiera otra forma,

pero tienes que ir a por ella, a buscarla y traerla aquí.

En volandas si hace falta, te lo ruego, por favor.

Ay, gracias, Señor.

Si al final van a ser buenas personas.

¿Y si don Francisco pregunta por ella?

Pues nos inventamos lo que sea. Pero como si no hubiera pasao nada.

¡Venga, Kyrios, que el tiempo es oro!

¿Tú sabes rezar un rosario, Ainhoa?

Me llamo Enoa, señora. Y no soy cristiana.

Ay, Virgen de la Paloma, que Dios nos pille confesaos.

(Cantan)

(Cantan)

(Cantan)

(Murmullos)

(HABLA EN LENGUA NATIVA)

(Murmullos)

Julia, no te preocupes por la casa. Lo resolveremos después de la boda.

Termino de recoger y nos vamos, mamá.

¿Qué hago con esto?

¿Para qué quieres una lata? Déjala ahí.

Son las cenizas de Carlos.

¿Qué...?

¿Le has metido ahí dentro?

Me las dieron en una urna, pero se me cayó y se rompió.

Da igual, mamá, es una larga historia.

Ya veré qué hago con ellas.

Julia, qué bien que te pillo.

Te traigo manzanas, que tengo el árbol a reventar.

Ni dulces, ni ácidas, ya verás.

¿Te vas?

Sí. A Madrid.

Pero ¿no te quedabas hasta el viernes?

Mi madre me ha contado todo sobre Carlos.

No quiso hacerse cargo de mí.

Y yo tampoco quiero saber nada de él.

¿Y tú te lo has creído?

Perdona, pero ¿esta quién es?

Es... Me llamo Elena, señora.

Un gusto conocerla.

No puedo decir lo mismo. Julia, que llegamos tarde.

Vete, pero antes, creo que deberías escuchar la verdad.

El chico se fue hace media hora a por la niña,

¿no decías que ese lugar estaba cerca?

Virgencita, ¿les habrá pasado algo?

Tranquila, señora, Kyrios conoce bien la zona, dará con ella.

¡La fiesta!

¿Qué hora es? He perdido la noción del tiempo.

Debemos irnos o su padre se enterará.

Un baile y nos vamos.

Papá, no sé si debería quedarme aquí y seguir indagando

o dar carpetazo y olvidarme de todo.

(LEE) "¿Cuánto dura la de Madrid?".

¿Estáis haciendo una porra?

Sí.

No podemos meternos en un lío.

¿Y quién dice que esto vaya a ser un lío?

Es solo un baile, cinco minutos.

¿Qué es esto? Aguardiente casero.

Ponme otro.

¿No me has oído?

-"Julia, te casas mañana".

"¿No le estás dando muchas vueltas?".

¿Por qué dices eso?

"Porque mirar atrás, puede ser una excusa para no mirar adelante".

¡Tirso!

¡Bienvenido a mi fiesta!

Ventura, bienvenido. Bienhallado.

Inés.

Es una rosa del Japón, ¿no es cierto?

Sí. -Es una flor muy bella

y poco frecuente.

El falso testimonio es el hijo del demonio.

Y nos has mentido a todos.

¿Sabes por qué Carmen tenía dos pasaportes con nombres distintos?

Primera noticia.

¿La buscaría la justicia?

Y este joven que ha olvidado cómo ponerse la camisa...

Víctor de Guevara. Encantado.

Víctor es uno de los jóvenes más prometedores de toda la zona.

El joven más prometedor está justo ahí.

Mi hijo Ángel. -Mucho gusto.

¿Quién eres tú?

Una muy buena amiga de Carlos.

Julia, esta mujer no es nadie.

Por favor, vámonos. ¡No entiendo qué pudo ver en ti!

¡La clase que a ti te falta! ¡Vale ya!

Algunos dicen que soy implacable, peligroso incluso,

¿y sabes qué pienso yo de todo eso?

Pienso que tienen toda la razón.

Si quieres saber quién eres,

empieza por saber qué quieres y qué no quieres.

Cara, me caso; cruz, no me caso.

Detesto las fiestas.

Yo también.

Vayámonos.

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Dos vidas - Capítulo 3

27 ene 2021

Julia, que ha decidido quedarse en el pueblo hasta el día de la boda, descubre una habitación cerrada con llave. Llena de curiosidad, Julia no ceja en su empeño de descubrir qué se esconde tras esa puerta. En su deseo de conocer la verdad Julia continúa intentando recabar información sobre Carmen y Carlos, lo que hace que se arme de valor y le pida explicaciones a su madre de una vez por todas. Carmen regresa de la selva y se encuentra con una fuerte discusión: Francisco la prohíbe dar un paso en la colonia sin su permiso. Para reconciliar a padre e hija, Patricia propone hacer una fiesta de presentación en sociedad. Cuando todo el mundo espera la llegada de la joven, Carmen parece retrasarse. Y es que Carmen no está dispuesta a perder ninguna de las oportunidades que Guinea puede ofrecerle.

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