Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 27 - Ver ahora
Transcripción completa

Sergio siempre ha sido el hombre de mi vida.

Lo que tienes que hacer es despejar la mente

para tomar la decisión acertada.

"Estoy valorando comenzar en la Escuela Diplomática".

-Pero dejarías de ser el pupilo de Ventura.

-Creo que ya he aprendido todo lo que tenía que aprender de él.

Llegó el momento de caminar solo.

De un tiempo a esta parte, estaba muy olvidadizo.

Seguro que es un tema de faldas. -Siempre son temas de faldas.

-¿Y qué otra cosa puede ser?

¿Todo este numerito es por Cloe,

porque ella también va a estar trabajando en el taller?

No quiero trabajar con ella, ¿vale?

Y mucho menos, estar ocho horas currando a su lado.

Una cosa es que tú y yo vayamos a trabajar juntas

y otra muy diferente es que tú y yo volvamos a ser amigas.

Tienes capacidad de trabajo

y de liderazgo más que suficientes para esta empresa.

Yo... confío plenamente en ti.

Pero para que esto salga bien,

tú también tienes que confiar en mí.

Entonces ¿hay trato? Hay trato.

Vais a realizar un trabajo menos exigente

y a cobrar mucho más salario. Pero ¿qué pasa con los demás?

Mira, Kiros, quizá tus intenciones sean buenas,

pero todo esto traerá problemas tarde o temprano.

¿Qué quieres? ¿Por qué me has citado aquí a solas, Víctor?

Para charlar y para tener algo más de intimidad.

Tú no me conoces. Tú a mí tampoco.

Pero veo en tu mirada que deseas hacerlo.

Pues deberías revisarte la vista. Carmen, ¿adónde vas?

Creo que estás demasiado acostumbrado

a salirte siempre con la tuya y no entiendes una negativa.

Así que te lo digo mucho más claro: no.

¿Cuándo empezamos? No me ha llegado la licencia.

Y, sin licencia, no podemos producir legalmente.

-Está todo en orden, ¿no?

Sí, me va a llegar a lo largo del día.

Me la han denegado.

No puedo abrir el taller.

Pero ¿por qué?

Porque el taller no es mío.

¿Cómo que el taller no es tuyo?

Me han denegado la licencia de actividad

porque dicen que no soy propietaria del cobertizo

en el que está el taller. Venga, hombre, no digas tonterías.

Si tú eres la dueña de esta casa. Anda, trae.

No, por favor; más problemas, no.

Según esto... Según esto,

el espacio del taller no está incluido

en las escrituras de la casa, es una edificación independiente.

Vamos, que soy una pringada,

y la Agencia de Actividades tiene que venir a decírmelo.

Pero, Julia, vamos a ver, tú firmaste las escrituras, ¿no?

Sí.

Y antes, comprobaste lo que decía, ¿no?

Claro que sí.

Pero también es verdad que fueron unos días complicados.

No, si ya estamos como siempre.

¡Dime que lo leíste bien!

Que sí, mamá,

pero tenía mucho que gestionar de repente.

Resulta que mi padre biológico no era mi padre,

además, mi novio me dice que nos mudamos a Canadá.

Y, no sé...

¿Qué no sabes, no sabes qué?

Que las leí, pero no sé si bien o mal.

Además, ¿qué más da, si ya está firmado?

¿Me estás diciendo que he invertido un dinero

en un negocio que no es tuyo?

Eso parece.

Mira, Julia, eres un auténtico desastre.

¡No puedes hacer una cosa a derechas!

¿Sabes los quebraderos de cabeza

que me has dado por culpa del taller?

¿Qué haces?

Nos vamos al cajero.

Me vas a devolver hasta el último céntimo que te he prestado.

No. Ni hablar. ¿Cómo que ni hablar?

Te voy a devolver el dinero, mamá, sí,

pero cuando se cumpla el plazo. Tres meses. ¿Te acuerdas?

Me dijiste: "Me devolverás el dinero con intereses

a los tres meses".

Y esos meses aún no han pasado. Estoy en plazo.

Tengo tiempo de arreglar todo esto.

¿Y cómo? A ver, sorpréndeme.

Pues..., pues...

Voy a encontrar al dueño del cobertizo

y voy a pedirle permiso.

Y si me dejas sola para pensar cómo voy a hacer esto, mejor.

Recuérdame todo este desastre la próxima vez que me pidas ayuda.

(Sintonía de "Dos vidas")

Tata, ¿qué haces aquí a estas horas?

Estaba con los maitines y he visto luz debajo de tu puerta.

Y menos mal que he entrado, hija, que no son horas de trabajar.

Es que no puedo pegar ojo.

Chocolate caliente, para relajarte y que puedas conciliar el sueño.

Te lo agradezco, pero trabajar me ayuda a mantener la mente ocupada

y llevar mejor el desvelo. ¿Qué tal la cena con Víctor?

¡Ni lo menciones!

Ese galán de tres al cuarto siempre se sale con la suya, siempre.

Es, es...

(RESOPLA) Oye,

¿dónde se ha visto que una señorita de buena cuna gruña como un mandril,

por mucha rabia que tengas?

No sabes lo que ha hecho, no lo sabes.

Esa cena no era de negocios, era una encerrona para conquistarme.

Bueno, al muchacho le atraes, y como hombre que es,

utiliza todas sus artimañas para conquistarte.

Yo no lo veo grave.

¿Que no lo ves grave? No.

Tata, que ha cerrado el Río Club

para tener una velada romántica conmigo,

allí, solos, los dos.

Bueno, solos no, estaban los camareros y un pianista.

¿Un pianista? Sí.

Sí que ha hecho alarde el muchacho.

Se ve dónde hay poderío.

Tata, lo ha hecho todo sin mi permiso.

Cualquier chica estaría halagada de que Víctor le rondara,

pero tú... que si quieres arroz Catalina... (TOSE)

Mira, no quiero hablar más de Víctor.

Prefiero centrarme en asuntos más importantes.

¿Y entre esos asuntos no está el de irte a dormir?

Cuando anote unas ideas.

Estoy preparando un plan de negocio.

Creo que debemos ser más ambiciosos con la fabricación de muebles,

y pensar en nuevas formas de distribución.

(TOSE)

¿Qué te pasa, tata? No paras de toser.

No sé, la verdad, debe de ser una flor de esas raras

que hay por ahí que me da alergia, hija.

Bueno, veta a la cama, que te vas a resfriar.

De eso nada.

A ver, dime qué trajina tu cabecita.

Creo que el negocio podría crecer

si vendemos también los muebles fuera de la colonia.

He pensado que los podríamos exportar a la metrópoli,

usando los canales de distribución de la fábrica.

Tata, ¿qué piensas?

Nada, hija.

Es que yo de estas cosas no entiendo mucho, pero me suena bien.

Sí. Yo creo que es buena idea,

pero mi padre no me lo va a permitir,

y Patricia, mucho menos.

Ellos han conseguido labrar sus caminos con años de esfuerzo

y dedicación, y yo..., aún tengo mucho que demostrar.

Ay, muchacha,

no te pongas tú solita piedras en el camino,

que ya vendrán otros a ponértelas

y tendrás que encargarte tú de sortearlas.

¿Qué sería de mi vida sin ti?

Pues igualita, porque con el caso que me haces.

(TOSE) Mira, se acabó.

Tú ahora mismito te vas a la cama,

que no quiero que te enfríes más. No, no, no.

Una cogestión no me va a separar de ti.

Si vas a estar toda la noche en vela,

yo me quedo aquí como un clavo.

¿Quién es ahora la obstinada?

Venga, a tu dormitorio, que te acompaño.

Chitón, tata.

Y este chocolatito caliente va a ser para ti,

que te va a venir muy bien para templarte.

Hija, si soy yo la que tiene que cuidar de ti.

Bueno, tú llevas años haciéndolo.

Venga, a la cama.

(TOSE)

Enhorabuena, Linda.

Si pretendías que yo fuera el hazmerreír de la colonia,

lo has conseguido. ¡Bravo!

Víctor, es de muy mala educación

interrumpir de esa manera a una señorita.

Y más, cuando no sabe de lo que le estás hablando.

Sí, sí que tienes idea de lo que estoy hablando, sí.

Tu velada íntima con Carmen.

Tienes que contármelo todo con pelos y señales,

¿la volviste a besar?

No, Linda, no, no me dio tiempo ni a llegar a los postres.

Ay, pobre Víctor.

Parece que el cometido de Carmen sea mandarte a hacer calcetas.

Pues sí. ¿Y sabes por qué? Porque seguí tus consejos.

Ah, no, no, no, eso es imposible.

Yo soy la reina del romanticismo. Algo debiste hacer mal.

A ver, dame detalles.

¿Para qué, para que vayas por ahí contándoselo a todo el mundo?

Ay, Víctor, tienes mi palabra de que no lo airearé.

Además, yo te di algunos consejos, soy parte implicada.

Cuenta de una vez.

Pues... preparé una velada y contraté a un pianista para que...

Un momento.

¿Fuiste tú el que cerró el Río Club?

Sí, Linda, sí, fui yo, sí.

¿No querías que sacara mi lado romántico?

Pues es lo que intenté hacer.

¿Y también apuntaste a Carmen con una pistola para sacarla a bailar?

No fastidies, Linda.

Anoche solo hice el ridículo, y todo por hacerte caso.

No, de eso nada, tú malinterpretaste mis palabras,

y luego, hiciste el mastuerzo.

¿Qué tiene de romántico que alguien te prepare una encerrona?

Yo solo quería impresionarla

y... no funcionó.

Bueno, yo te puedo prometer

que voy a hacer todo lo que esté en mi mano

para que no se corra la voz de que esa cita fue un fracaso.

Solo faltaba, Linda.

Patricia, qué gusto verla. ¿Quiere tomar algo con nosotros?

No, muchas gracias, solo vengo de paso, ya me voy.

Juan de la Cuesta me he preguntado por ti.

¿Juan? -Está en la terraza.

Si no recuerdo mal,

creo que acaba de romper con su prometida.

Sí. -Voy a ver qué quiere.

Adiós. -Mucha suerte, Linda.

Hasta luego.

Levamos un tiempo sin hablar de Carmen y de tus progresos con ella.

No te andas nunca por las ramas, ¿verdad?

Soy una mujer que aprecia muchísimo su tiempo.

Ya veo, ya.

Respecto a ese tema, no ha habido ninguna novedad.

Así que, si me disculpas...

Se supone que le ibas a demostrar a tu padre que estabas madurando.

Sí, se suponía, pero mi ego y mi paciencia tienen un límite.

Con esa mujer es imposible.

¿Qué ha hecho esta vez?

Al parecer, ni el factor sorpresa ni el romántico son de su agrado.

Tienes que tener paciencia, Víctor, no desesperes.

Lo que sucede es que, últimamente,

Carmen tiene la cabeza en otros asuntos

y no está a lo que tiene que estar. Pasa mucho tiempo en la fábrica

y, es evidente que necesita un respiro,

salir por ahí y divertirse un poco.

Es lo que intento, Patricia, es lo que intento, pero...

Insístele.

¿Para qué, para que me vuelva a dar calabazas?

No, gracias.

No voy a entrar en los detalles del fracaso de tu velada.

Si el plan de anoche hizo aguas,

demuéstrale que sabes enmendar tus errores.

Discúlpate

y deja claro que puedes convertirte en el hombre que Carmen desea.

"El hombre que Carmen desea".

Tadjou, ¿podrías dejarme el cincel?

Tadjou, el cincel.

No puedo detenerme, llevo prisa.

Algunos seguimos trabajando sin descanso, no como otros.

¿Hablas de mí?

No les mires, y dímelo a la cara. ¿Hablas de mí?

Lo que has dicho está fuera de lugar.

Aunque hagamos cosas diferentes, trabajamos como vosotros.

Cobrando más.

No somos enemigos.

Veo que quieres pelea, pero me niego a daros el gusto.

Aunque cueste entenderlo,

aquí todos somos iguales.

¡Eh, eh, eh!

¡Eh, dejadlo ya!

¡Dejadlo ya!

¡Cada uno a su sitio! ¡No tenemos tiempo para peleas!

Y tú, baja eso. Os habéis vuelto locos, ¿eh?

¿Eh? ¿Qué pasa?

¿Queréis que nos echen a todos del trabajo?

¿Eh?

Tú, Tadjou, tienes mujer e hijos,

¿cómo vas a alimentarlos si te quedas sin trabajo?

¿Eh?

Y todos vosotros igual.

¡Venga, a trabajar!

¿En qué estabais pensando?

Y vosotros dos,

ya es suficiente.

Gracias.

Ese es mi ordenador.

Porque tú lo digas. Eso lo dirá Julia, que es la jefa.

A lo mejor lo quiere ella.

Ella tendrá el suyo propio.

Además, este será el de administración,

y creo que eso lo llevo yo. -¿Y cómo quieres que haga trabajo?

Pues con tu móvil. Total, siempre estás pegada a él.

Oye, guapa, que una cosa es subir fotos, y otra, hacer una web.

Necesito este ordenador mucho más que tú.

Tú vas a necesitar esto.

¿Qué haces? -Darte las libretas.

Es lo que vas a necesitar para apuntar los pedidos.

Que no lo toques.

-Me voy a hinchar a tocarlo, y si en algún momento necesitas

me lo puedes pedir, total, vamos a compartir mesa.

Yo contigo no comparto ni el wifi. -Eso no es lo que dijo Julia.

Vale, compartiremos mesa,

pero que sepas que te voy a molestar,

cogiendo el teléfono, respondiendo a las llamadas..

Me da igual.

Y usaré el ordenador más de lo que piensas;

que administración es también llevar cuentas,

y eso ya no se hace con los dedos.

¡Pues cómprate una calculadora! -¿Sabes lo que te digo?

Que esto te lo quedas tú. -¿Qué haces?

Mery, que tú no vas a utilizar el ordenador.

Tienes un portátil y no lo usas porque no tienes ni idea.

Pero eso a ti te da igual, ¿verdad? Claro.

-¿Qué pasa?

Cloe, que como siempre, se quiere salir con la suya.

¿Ya estáis otra vez de uñas? ¿Qué te dije, Cloe?

Te prometo que lo he intentado, Ribero.

He intentado ser profesional, pero nada.

Tu carácter es superamable.

¿Lo ves? Provocándome.

Parece que estás en el cole.

"Éste es mi ordenador porque he llegado primero"...

María, para.

-¡No le voy a dar la razón a este loca!

Perdona, ¿qué me has llamado? -Cloe, cálmate.

Que me lo digas a la cara. -¡María, no respondas!

¡Tía loca! Por favor,

¿qué está pasando? Se os oye desde dentro.

Nada, no pasa nada.

Es una riña tonta, pero está todo arreglado, ¿verdad?

Menos mal, porque no es tiempo de riñas,

es más bien, tiempo de estar unidos.

¿Por qué? ¿Va todo bien?

Más bien regular.

Necesito hablar con vosotros. ¿Dónde está el resto?

Estarán al caer.

Julia, cuéntanos qué pasa, que tienes un careto...

¿Me acompañas un momentito dentro?

Vosotros quedaros aquí.

¿Cuánto te apuestas a que adivino lo que toca hoy de comer?

Veinte euros. Dispara.

Lentejas con chistorra. -No.

Huevos con chistorra. -No.

Me estás tomando el pelo. -Tampoco.

Pero si tú no sabes cocinar otra cosa que no sea chistorra.

Lo tuyo es don de gentes, es maravilloso,

y lo demás es tontería.

Estoy haciendo unos platos ligeros para llevarlos al taller.

Y te preguntarás: ¿por qué? -No, no me lo pregunto,

pero me lo vas a contar, aunque no quiera.

Porque hoy es el primer día de trabajo y quiero echar una mano.

Ni te molestes.

Perdona, ¿qué has dicho?

Se ha suspendido la actividad en el taller,

no hace falta que hagas platos ni nada.

Ponme un café, por favor.

Pero, ¿qué ha pasado? ¿Las máquinas han vuelto a fallar?

No. Mi hija es la que ha vuelto a fallar.

Le han denegado la licencia.

Resulta que el cobertizo donde está el taller no es de su propiedad

y claro, como era de esperar, ella no lo sabía.

Vamos a ver, vamos a ver...

Siempre he pensado que el cobertizo era de Carmen y Carlos.

Lo que yo decía, ese taller no va a abrir nunca.

¿Cómo pretendes levantar un negocio

sin prestar atención a algo tan básico?

Es como lijar sin lija, clavar sin clavos...

No puedo estar más de acuerdo contigo.

La de veces que le he dicho que se la iba a pegar.

Pero nada. Si se la ve venir de lejos,

actúa y luego piensa.

Hombre, por fin, alguien en este pueblo que me entiende.

Deberías confiar un poco más en Julia.

Con todos los reveses que ha tenido, nunca se rinde.

Pues debería rendirse.

Todo esto demuestra que tendría que quedarse en Madrid,

en su trabajo, con su madre y con Sergio.

Lejos de este pueblo y de su sueño.

(EXHALA) Veo que captas lo que digo.

Sí, te voy captando.

Y a diferencia de ti, confío plenamente en Julia,

tiene cualidades que no ves.

Es entusiasta, emprendedora, trabajadora...

Vamos, que estoy seguro de que saldrá adelante.

Pues yo estoy con Diana.

Desde que Julia pisó este pueblo, no ha dado pie con bola,

y si sigue esa suerte, mal vamos.

¿Por "suerte" te refieres a un mal de ojo

o a creencias de esas aldeanas?

No.

A que Julia no está hecha para lo rural,

por no hablar de que es un desastre con piernas.

Oye, desde el respeto, eh.

Es la pura realidad.

Mario, lo dices porque nunca la has tragado.

Oye, que mala chica no es.

Oye, que no tengo nada contra ella. Si nos está dando mucha vidilla.

Aunque solo por las porras.

¿"Porras"?

La de la "casi boda", la de "se queda o no se queda,

la de... Mira, no quiero escuchar más.

Solo quiero que se acabe de una vez por todas este circo.

Bueno, pues ya estamos todos.

Quería reuniros aquí para deciros que aunque teníamos previsto

arrancar la producción hoy, no va a poder ser.

¿Cómo? ¿Estás de coña?

Vaya, qué bajón.

Pero ¿qué ha pasado?

Tengo un problema con la licencia, y hasta que no lo resuelva,

no puedo abrir el taller.

(Murmullos)

Bueno, por favor, vamos a calmarnos.

Dejemos que Julia nos explique mejor.

A ver, resulta que ese cobertizo donde está el taller

no es de mi propiedad,

y hasta que no encuentre al dueño, no me darán la licencia.

Pero ¿eso cómo es posible? Y, entonces ¿de quién es?

Pues me encantaría saberlo,

porque hasta que no lo sepa, no vamos a poder trabajar.

Vale, fijo que hoy no se curra, pero ¿cuándo lo vamos a hacer?

Ojalá tuviera una respuesta, Cloe, pero no lo sé.

Yo os prometo que haré todo lo posible

por saber quién es el dueño.

Y si tenéis alguna pista, ya sabéis.

Pregunta a los viejos del pueblo,

tienen más información que la CIA.

¿Y no podemos hacer como que esto no ha pasado?

¿Trabajar de extranjis?

Juan Carlos, le estás pidiendo una ilegalidad.

Necesito trabajar, yo estaba en paro.

Y yo he dejado mi trabajo por esto.

Lo siento muchísimo, de verdad. Entiendo que estéis molestos.

Solo os pido un poco de tiempo para solucionarlo.

A ver si es verdad.

Muchas gracias por todo,

por la paciencia, por el entusiasmo

y por la confianza. Espero que no la perdáis.

Oye, a estos ni caso, ¿eh?

Son unos cuadriculados, tenían en la cabeza empezar hoy,

pero en realidad, lo mismo les da hoy que dentro de tres días.

Si es que tienen razón, Elena.

Les he fallado a ellos,

a mí madre, a mí misma y hasta a Carmen.

Ay, no. No seas tonta, qué dices.

No te agobies. Estás a tiempo de resolverlo.

Por lo menos, lo voy a intentar. Claro.

Eso sí, el apodo no me lo quita nadie,

voy a ser "La casi" toda la vida.

Venga, que te acompaño a hablar con los vecinos.

No, no hace falta.

Prefiero que te quedes aquí calmando los ánimos.

De los demás, me encargo yo.

Vale. ¿Vas a ir sola?

No, había pensado en pedírselo a Tirso,

como conoce a mucha gente...

Sí, es buena idea, pero llámame en cuanto sepas algo.

Serás la primera en saberlo. Venga.

Chicos, que esto se va a resolver.

Señorita..., me gustaría hablar con usted

sobre un asunto que afecta a los trabajadores de la fábrica.

Lo siento mucho, pero ya no estoy vinculada a la fábrica como antes.

Me dedico a la producción de muebles.

Es preferible que te dirijas a mi padre

o a doña Patricia para tratar esos asuntos.

A no ser que pueda ayudarte de otro modo.

Lo que tengo que decirle le afecta a usted

y a su equipo directamente.

¿A mi equipo? ¿Ha sucedido algo?

Algunos trabajadores no están contentos

con la fabricación de los muebles.

Pero ¿por qué?

No lo entiendo.

La nueva línea del negocio es buena para todos.

La fabricación de muebles pretende fortalecer

las finanzas de la fábrica.

Y si la fábrica va bien, todos tendréis trabajo.

De eso no tengo duda. Y no solo es eso.

Ahora es un equipo reducido, pero en el futuro espero poder ampliarlo

y así, extender esta oportunidad a otros trabajadores.

El problema, señorita,

es que sus trabajadores tienen unas condiciones distintas

a las nuestras.

Los obreros ven cómo el equipo de Kiros hace menos horas,

en un trabajo menos exigente,

y se han enterado de que esas horas están mejor pagadas.

La fabricación de muebles requiere un mayor conocimiento técnico

y creo que es justo que se vea recompensado en el jornal.

Si lo que queréis es aumentar vuestros jornales,

pedídselo a mi padre, pero no vengáis a mí.

Pero, señorita...

La última vez que intenté ayudar en vuestras mejoras laborales,

salí mal parada.

Yo no le digo nada,

solo le estoy advirtiendo.

Tengo miedo de que esto pueda acabar mal.

¿Crees que habrá una huelga o...?

No es la palabra que yo elegiría para expresarlo.

Esta mañana he evitado una pelea,

y no sé si podré evitar la próxima.

¿Quiénes estaban implicados en esa pelea?

Comprenda que no señale a mis compañeros.

Lo entiendo. Lo entiendo.

Te doy mi palabra de que intentaré encontrar una solución.

Pero tú debes intentar aplacar los ánimos.

Así lo haré.

Te agradezco que hayas confiado en mí.

Hola. -Buenos días.

-Vengo a entregar este ramo.

-Son preciosas. ¿A nombre de quién?

-Solo me han pedido que las deje en la librería.

-De acuerdo, yo me encargo. Gracias.

-Buenos días. -Buenos días.

Doña Inés.

-¿Qué sucede?

-Ha llegado este ramo misterioso.

El mozo no ha sabido decirme a nombre de quién está.

Solo que son para la librería.

-¿Espera usted flores de alguien? -No.

¿Seguro que no vienen con tarjeta?

-Quizás sean de un admirador secreto.

¿Se imagina, señora?

Es que esto podría estar en los libros de Jane Austen.

O de Conan Doyle.

Y el título sería: "El misterio de las rosas del Japón".

Sin duda, son de mi marido.

Siempre me regala rosas del Japón. Sabe que son mis favoritas.

-Qué bonito.

Y qué romántico.

Es usted muy afortunada.

¿Quiere que las ponga en agua? -Gracias.

¿Deseabas que fueran para ti?

-No, no, no.

Bueno, me hubiera hecho ilusión porque nadie me ha regalado unas.

-¿Nadie?

-Bueno, mis padres, por mi cumpleaños.

Pero no es lo mismo, ya me entiende.

-¿Seguro que no hay ningún muchacho que te interese?

¿O que le intereses?

-No, señora, no, qué va,

-¿De verdad?

-Bueno, le reconozco que me da algo de vergüenza

hablar de estos asuntos con usted.

Es mi jefa, no sé si todavía hay esa confianza.

-Alicia, puedes contarme todo lo que quieras.

Para mí, eres mucho más que una empleada.

-Gracias.

Doña Inés...

Y...

¿Estar enamorada es como cuentan los libros?

-Es mejor.

Es lo más precioso del mundo.

Lo que da sentido a todo,

lo que te permite seguir cada día, a pesar de los golpes de la vida.

-Está usted muy enamorada de su marido.

Bueno, lo noto en sus ojos.

-Sí, lo estoy, sí.

Y pronto tú también conocerás el amor

y recibirás ramos mucho más grandes que este.

Kiros.

¿Venías a verme?

¿Son los diseños de los nuevos muebles?

Porque estoy deseando verlos.

Sí, es solo que...

He hecho el dibujo de un mueble que no termino de ver.

Pues muéstramelo y te digo qué me parece.

Es una mesita de café.

No le gusta, ¿verdad?

Kiros, es... Es una preciosidad.

¿Seguro?

¡Claro! ¿A qué vienen esas dudas?

No sé, había pensado hacerle unos detalles,

una decoración.

¿Qué le parece?

Yo le pondría unos diseños florales.

Sí, al ser una mesa de café, podría tener unas hojas de...

Perdóname.

No necesitas saber cómo lo haría yo.

Es tu diseño.

¿Qué sucede?

Nada. No sucede nada.

Kiros, quiero que seas capaz de inventar

los muebles que tú desees,

No tienes que buscar mi aprobación ni la de los demás.

¿A ti te gusta?

Pues adelante.

Aquí puedes expresar tu arte como quieras, aquí eres libre.

¿Libre?

Libre para crear sin más límites que los de tu imaginación.

Estoy deseando ver cómo cobran vida todos tus diseños.

Se lo agradezco muchísimo, señorita.

Su confianza es muy importante para nosotros.

Mis compañeros estarán encantados de contar con su apoyo.

A propósito de los compañeros,

¿cómo van las cosas con el resto de trabajadores de la fábrica?

¿A qué se refiere, señorita?

Mabale me ha contado que los ánimos están alterados

y que ha habido conflictos.

No se preocupe.

No ha sido nada, pronto se calmarán.

tenemos que adaptarnos.

Se me olvidaba.

Ya lo he terminado.

Kiros, es precioso.

(Aplausos)

-¡Enhorabuena, Carmen! ¡Enhorabuena!

Muy poca gente es capaz de liderar un equipo así

y hacerlo así de bien.

Dentro de poco vas a ser una gran empresaria en la colonia.

Gracias.

¿Nos dejas unos minutos?

¿Se puede saber qué estás haciendo aquí?

He venido a disculparme.

Ya. ¿Y el pianista, lo has dejado en casa?

¿O está esperando tu señal para entrar

cuando menos me lo espere?

Lo siento de corazón, Carmen, Lo siento.

Estuve fuera de lugar.

Y te aseguro que no se volverá a repetir.

Bien, disculpas aceptadas.

Ahora, si me disculpas, tengo trabajo que hacer.

A lo mejor no ha sonado muy sincero.

¿El qué?

¿Tus disculpas o mi perdón?

De acuerdo, Carmen.

Quise impresionarte para que me vieras con tus mejores ojos,

pero olvidé lo más importante: tú.

Lo cierto es que contigo nada me sirve.

Eres nada convencional, totalmente impredecible...

Y no sé qué más hacer. No sé qué más hacer.

¿Me estás culpando de tus meteduras de pata?

No, no, por supuesto que no.

¿Ves? Hasta disculparme resulta imposible.

Pues quizás debas hacer lo contrario

de lo que haces siempre.

Es decir: nada.

¿Cómo?

Prefiero que dejes los engaños,

los pasos adelantados, los besos robados,

las palabras vacías...

Carmen, esto es matar a mi corazón...

Sin palabrería, el que está vacío soy yo.

También deberías dejar los comentarios graciosos

cuando estamos hablando en serio.

Estoy dispuesto a hacer lo que sea para empezar de cero contigo.

Ahora podría hacer un chiste ingenioso,

y no lo he hecho, ¿eh?

Carmen, te juro que bailaremos al mismo ritmo.

Al ritmo que tú quieras marcar.

Eh... Debo volver al trabajo.

¿Me vas a dejar así? Al menos, dime que te lo pensarás.

Se lo están pensando mucho, ¿no crees?

Habíamos quedado a las cinco.

Bueno, ya sabes que en los pueblos vamos a otro ritmo.

¡Mira!

Que viene la primera.

Y una segunda pregunta,

¿usted sabe si Carmen tenía algún socio, o amigo,

alguien que le prestaba el cobertizo?

Uh, qué va, dudo que esa tuviera amigos.

-Tomábamos juntas, todos los domingos, pacharán.

Ah, ¿sí? Entonces ¿Carmen les contaba sus cosas?

Una vez me dijo que se le rompió la caldera.

-¿Qué se le rompió la cadera? ¿Cuándo?

-¡La caldera! No, la cadera.

Lo que quiero saber..., ¿nunca les habló del taller?

¿Ustedes no saben quién puede ser el dueño del cobertizo?

Entonces, esa vez que me dijiste que limpiaste el taller,

¿viste algo que pudiese indicar quién era el propietario?

-No.

¿Nada sospechoso o fuera de lugar?

¿Algo que no fuese de Carmen, una camisa o alguna prenda...?

¿Cómo?

Eso que insinúas es muy feo.

¿Qué he insinuado?

¿Algún amigo, algún socio, alguien del pueblo...?

¿O de fuera?

¿Así que conocía mucho a Carmen?

Sí, sí, mucho, de toda la vida.

Era una veterinaria buenísima.

Venga, se tienen que acordar de algo de Carmen.

Cualquier cosa.

¿Y no sabrá de alguien que fuera de vez en cuando al taller...?

Aparte de los trabajadores habituales, claro.

-Sí. Sé de uno que la ayudaba de vez en cuando.

A lo mejor él sabe algo.

¿Quién?

¿Se puede saber por qué no me contestas?

Te he llamado por lo menos 20 veces.

-No estoy pendiente del móvil.

-Si lo tienes en las manos. -Bueno, ¿Y?

-Ya ni disimulas. Pasas de mí.

-¿Para qué cogerlo? Sé lo que me vas a decir.

-A ver, ¿qué te voy a decir, lista?

-Pues vienes a darme la "charlita".

-No, la "charlita" no.

Una conversación, que es lo que te hace falta.

¿A ti se te va la olla? ¿Qué hablamos el otro día?

No me has hecho caso.

-Ha sido María la que ha montado el pollo.

-No sé quién ha montado el pollo ni por qué...

¿Quieres ese curro? ¿Sí o no?

-Sí, claro. -Pues no lo parece.

Tía, tienes que ser profesional.

No lo estás siendo. ¿No quedamos en eso?

Deja el telefonito, que te estoy hablando.

-Pues deja de darme el sermón.

Lo único que quiero es que no pierdas el curro.

Si sigues así con Mary, a la que salta, mal vas...

-Que ya lo sé. Lo sé todo.

-¿Lo sabes?

-Sí.

Sé que no puedo saltar a la mínima y que necesito el curro.

Y que lo he hecho mal...

Pero no necesito que estés en modo padre plasta

dándome el sermón. Necesito a mi novio.

Así que, cuando le veas, le dices que vuelva.

-Cloe, tía. Cloe...

Sí.

No, sí, estoy bien, estoy bien.

Oye, ¿podemos tomar algo ahora?

No, no pasa... Bueno, sí que pasa, sí.

Vale, gracias.

Chao.

Venga, Mario, abre la puerta, por favor.

Venga, vamos,

¡Ya voy, ya voy!

¿Qué?

Hola. Solo quiero preguntarte una cosa muy rápido.

Ahora no, estoy ocupado.

Será solo un momento.

Tengo cosas que hacer.

Ah, me haces daño. Pues quita el pie de mi puerta.

Deja de ser un crío. Es una cosa rápida sobre Carmen.

¡Ah!

No seas tan teatrera, tampoco ha sido para tanto.

Es que...

Bueno...

Dime de una vez lo que quieres.

A ver, Tirso y yo hemos estado hablando con los vecinos del pueblo

y nos han dicho que Carmen y tú erais amigos.

Ya.

¿"Ya"? ¿Y por qué no me lo habías dicho antes?

Porque no me habías preguntado.

Vale. ¿Y sabes quién es el dueño del cobertizo de Carmen?

¿Por qué quieres saber eso?

Pues... es muy largo,

pero, básicamente, porque, si no, no voy a poder abrir el taller.

Porfi, porfi.

No, no lo sé.

Ya hemos hablado.

Hasta luego.

Pero ¿por qué me tratas tan mal? A ver, ¿yo qué te he hecho?

No te creas tan importante. No es nada personal contigo.

No me gusta la gente de fuera.

Pues Carmen era de fuera y erais amiguísimos.

¡Venga, hombre! ¡Leche!

Hola. Perdona si llego tarde, he venido lo antes posible.

-Tranquila, si todavía no he pedido.

-Ah, ¿no? ¿Y las almendritas y...?

-Es que estaban aquí.

Cuando estoy nervioso, me da por comer.

-Ya, bueno, da igual.

Que... me has llamado para hablar de las chicas, ¿no?

-Sí.

Estoy preocupado, y, bueno, veo que tú estás igual que yo.

-Sí.

Está claro que no pueden seguir así.

Y más ahora, que van a trabajar juntas

y pueden surgir tensiones en cualquier momento.

-Es como vivir en bucle:

cuando no es por una cosa es por otra.

Así que, por el bien de Cloe, todo se tiene que arreglar.

-Bueno, y por el bien de María también.

-Sí, bueno, claro, claro.

Aunque hay que reconocer que tu hija está un poquito...

-¿Un poquito qué?

-Sensible.

-A ver, María solo ha respondido a las borderías de Cloe.

Que mi hija tiene sus límites, como todo el mundo.

Todo el mundo... menos Cloe.

-Pero si María ha estado provocándola todo el rato.

Cloe solo ha estallado, como lo haría cualquiera.

-Cualquiera no, Ribero.

Todos sabemos que Cloe tiene un carácter de aúpa.

-¿Y María qué? ¿A ella quién la entiende?

Porque es un poco especialita.

-Oye, perdona, ¿y ese tonito?

Te recuerdo que vosotros dos sois amigos.

-Perdona, perdona, no quería faltar.

Se me está yendo la olla con este tema.

-(SUSPIRA)

No, si no eres el único.

A mí también me empieza a afectar ver a María todo el día de morros.

-Tendrías que haberme visto antes con Cloe.

Me ha dicho que parecía su padre, de la bronca que le he echado.

Y lo peor es que tenía razón: era clavado a su padre.

No sé, Elena, si seguimos así,

habrá una guerra mundial en el pueblo, una escabechina.

-No sé yo si vamos a llegar a tanto...

-¿Tú crees que no?

Mira lo que nos acaba de pasar a ti y a mí.

-Tenemos que pensar en algo por todos,

pero, principalmente, por ellas.

Con la pelotera, no se dan cuenta de que han conseguido un trabajo.

Y, hoy en día, como están las cosas...

-¿Y tú tienes alguna idea?

-No, ¿y tú?

-A mí se me han acabado ya.

Si no es solo por la gente que quiere trabajar aquí, sino...

No me digas más.

Por tu madre.

Sí, ¿cómo lo sabes?

No se puede obviar en la ecuación "taller y dinero prestado".

Eso, y que esta mañana ha estado en el hotel.

¿Y qué te ha dicho?

Oh... Se ha limitado a contarme lo del cobertizo.

Mientes fatal.

Además, te sale una arruguita en la nariz que te delata.

Que... Que...

Que no, de verdad. Nos ha contado eso a Mario y a mí,

el tema de la licencia.

Ojo con esos dos, que están haciendo buenas migas.

No me extraña, son igual de "simpáticos" cuando quieren.

Bueno, vamos a lo práctico:

¿cuánto tiempo te ha dado para devolverle el dinero?

Tres meses. Pero con el taller abierto.

Ahora... Oye,

¿y si te invito a cenar en el hotel?

Así te relajas un poco, te animas... Ya que estamos aquí, me quedo.

No, no, no.

Para así... Sí.

Y charlamos un rato... Tirso, es pronto para cenar.

Mira, abro un vinito de la zona, un poco de queso,

un poco de pan...

Tirso, hoy no me apetece. No, Julia, de verdad...

Creo que tenemos que hablar.

¿No vas a contestarme?

He recibido el ramo.

Es precioso, y te lo agradezco, pero no podemos seguir con esto.

-No sé de qué me hablas.

-El ramo de flores que me has enviado a la librería.

-Yo no te he enviado ningún ramo.

-Vaya.

Venían de forma anónima, y he pensado...

-¿Estás decepcionada?

No deberías, ya no somos nada

para que te mande flores a la librería.

Lo nuestro era solo un divertimento. ¿Recuerdas?

Pero me llama la atención tu vanidad.

No entraré en disputas, si es lo que buscas.

-En absoluto.

Tan solo comento lo que es cierto:

llega un ramo de flores y ni por un segundo

has podido pensar que pudieran ser para Alicia.

-Buenas, Valentina.

Sé que toda esta situación está siendo difícil para ambos...

-(RÍE) Para ambos, sí.

-Sí.

Que no te ame, no significa que no me importes.

Por eso tenemos que poner de nuestra parte.

-Créeme, es lo que estoy intentando hacer.

Ahora, si me dejas, debo seguir estudiando.

-¿Vas a volver a trabajar con Ventura?

Lo último que querría es condicionar tu aprendizaje.

-¿Ahora me espías?

-Estaba delante cuando lo llamaste.

Sé que te has desvinculado de él por mí,

te pido que lo reconsideres.

-Otra vez tu vanidad.

Inés, no todo gira en torno a ti.

Esa ha sido una decisión exclusivamente mía.

Tú ya no tienes nada que ver con mi vida.

Buenas tardes.

Tu padre ha tenido que salir a ver una de las explotaciones.

¿Puedo ayudarte en algo?

No.

No, gracias.

He estado trabajando en nuevas ideas

para el negocio de muebles

que me gustaría presentaros a ti y a mi padre,

pero puedo volver en otro momento.

Carmen, admiro muchísimo tu energía.

Deberías tomarte las cosas con más calma.

¿Con más calma? Sí.

Deberías esperar a que el negocio de muebles se estabilice

para desear que crezca.

Porque, como diría tu tata: "Quien mucho abarca, poco aprieta".

Ya, pero creo que podremos tener más beneficios

con esta idea que he tenido.

Enséñame ese informe a mí.

Así, tal vez, pueda darte algún consejo

antes de mostrárselo a tu padre.

De acuerdo.

He estado estudiando los canales de distribución de la fábrica.

Y creo que el negocio de muebles podría beneficiarse de los mismos

para exportar la producción fuera de la colonia.

Estoy convencida de que estos muebles

pueden causar gran sensación en la metrópoli.

Y duplicaríamos los beneficios.

Está muy detallado este estudio.

(ASIENTE)

Me parece un plan demasiado arriesgado,

requiere mucha inversión inicial.

No creo que Francisco lo apruebe. Además...

Ya te digo que lo que haría sería esperar un poco más de tiempo

para mostrárselo a tu padre.

Pero, Patricia, cuando las cosas van bien,

es el momento de arriesgar.

-¡Señorita Carmen!

¿Qué? ¿Qué sucede?

Está muy enferma...

¿Quién? -¿Quién?

-La señora Agustina.

-Pero ¿qué ha pasado?

-Se desmayó, y no responde.

¿Y dónde está?

¿Has llamado a un médico? Sí, señorita.

Tengo que ir con ella. -Llévala a casa inmediatamente.

Yo iré en cuanto pueda.

Si has tenido el valor de hacerlo,

tienes el valor de dar la cara. -¿Qué sucede?

-Pregúntale a él, a ver si te responde.

-Dame ese punzón. -Te estás equivocando.

-Dámelo, y déjalo ya, Kiros.

Me encerraron con un candado. Sergio.

Pelaron los cables de las máquinas. Ratas.

Me cortaron la luz. La instalación.

Y me apedrearon las ventanas. Los chiquillos.

Si lo dices tan seguido,

parece que estás hablando... De un boicot.

Es un boicot en toda regla.

¿Quién ha sido el gracioso del cartel?

-A ver...

Están a punto de venir los Vélez de Guevara.

Quieren visitarla para animarla.

Entiendo la cortesía.

Pero es lo último que necesita la tata en estos momentos.

Lo sé.

Seguro que esto ha sido cosa de Víctor.

Está muy preocupado por ella.

Y por ti.

Si no te sientes segura en este lugar,

no entiendo por qué no instalas el taller en otra parte.

Mira, a lo mejor todo el lío ese de la licencia era una señal.

Aunque nos cueste adaptarnos, Ventura,

los tiempos cambian.

Y las mujeres de hoy en día

pueden cuidar sus intereses profesionales

sin descuidar los maritales.

Inés es valiente al regentar su propia librería.

Pero eso la convierte en objeto de las lenguas más afiladas.

¿O no estáis al corriente de los últimos rumores?

No le sale nada bien a esta mujer.

-Yo ya he preguntado a medio pueblo

quién es el propietario del dichoso cobertizo,

pero nadie sabe nada, es un misterio.

-¿Y en prensa?

-Una entrevista de una página,

con foto y todo. A ver.

¿De qué año es esto? Del 59.

Un año después de que abriera.

¿Qué tal está tu hijo?

Dice Ventura que está estudiando mucho

para entrar en la Escuela Diplomática.

-Mira, honestamente, estoy un poco preocupada, ¿sabes?

Hay algo diferente. No sé de qué puede tratarse.

¿Tú no tendrás idea de lo que le sucede?

-¿Por qué iba a saber algo?

¿María no tiene ovarios y pringa a su madre para que la salve?

-No, no te equivoques. Estoy aquí por iniciativa propia.

Sé que María te besó.

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Dos vidas - Capítulo 27

02 mar 2021

Los problemas continúan en la apertura del taller. Julia tiene que enfrentarse a un nuevo reto: buscar a contrarreloj al propietario del cobertizo en el que está el taller. Sobre ella recae el peso del futuro trabajo de los vecinos del pueblo y no puede fallarles. Pero una nueva amenaza despertará viejos fantasmas: alguien está intentando boicotearla. En Río Muni, Carmen también se abre camino en el reciente negocio de muebles que ha empezado con Kiros y un equipo de trabajadores. El negocio genera tensiones en la plantilla y Mabale advierte a Carmen: deben tener cuidado si quieren mantener la calma en la fábrica. Inés recibe un ramo de flores de un admirador secreto, y parece que Ángel no ha tenido que ver.

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