Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 25 - Ver ahora
Transcripción completa

Perdón, perdón, perdón.

Me he dejado llevar por los recuerdos, por Italia.

Lo siento mucho, Sergio.

¿Y por qué tiene que ser algo malo dejarse llevar?

Esos recuerdos no son falsos, Julia. Son nuestra historia.

Pero ya no somos esas personas.

Yo no soy la Julia que se perdió en Roma.

No, pero eres la Julia con la que he compartido la última semana

y no puedes negar que hemos estado genial,

nos hemos reído, nos hemos reencontrado.

Dentro de unos años,

nos reiremos recordando cómo arreglamos

las máquinas de tu taller.

Les contaremos a nuestros amigos cómo nos quedamos encerrados.

O que estábamos tramitando nuestro divorcio y, de repente,

surgió de nuevo la chispa en este sofá.

Después de tanto bandazo, podemos tener el final que nos merecemos.

Como si... estuviera escrito que tuviéramos que acabar así.

Estaba escrito.

Escrito por ti.

¿Qué?

Eres un mentiroso, un manipulador sin escrúpulos, Sergio.

Julia, ¿a qué viene esto? Y yo soy una idiota,

soy tonta, soy una confiada, una alelada y muy idiota.

¡Ya lo he dicho, pero soy muy muy idiota!

Deberías calmarte...

¡Lo que debería hacer es partirte la cara!

Has estado fingiendo

que me ayudabas, pero en realidad, has estado boicoteándome.

¿Tú te estás escuchando? Te he escuchado a ti.

"Recordaremos cómo arreglamos las máquinas juntos,

cómo nos quedamos encerrados,

cómo estábamos tramitando el divorcio y surgió la chispa".

¿Y qué pasa con eso?

Pues pasa que es mentira, que no has arreglado nada,

siempre pasa algo con las piezas o los cables y no las arreglas.

Y tampoco "nos quedamos encerrados", alguien nos encerró.

Y, por supuesto, no nos estamos divorciando, porque, oh, sorpresa,

tu amigo lo está retrasando.

Julia, ¿de verdad me crees capaz de hacer algo así?

No lo sé. Dímelo tú.

Si me quieres, no me mientas.

¿Habías planeado todo esto?

Puede que estirase el proceso de reparación.

Lo del divorcio fue un órdago. No pensé que querrías firmarlo.

Pero yo no nos encerré en el taller ni pelé los cables. Te lo juro.

Ah, bueno, si me lo juras. ¿Y qué iba a hacer, Julia?

Te estaba perdiendo otra vez.

Estoy desesperado.

No soy nada sin ti, Julia.

Por favor.

Si crees que la mejor manera de recuperar a alguien

es mentir y manipular,

es que no eres el Sergio que conocía.

Los dos hemos cambiado.

Y esta Julia de ahora es incapaz de mirarte a la cara.

Espero que todo esto te salga bien.

(Sintonía de "Dos vidas")

Agustina, ya no queda polvo en esos muebles.

Ay, disculpa, pero es que a mí los nervios me dan por rezar

o por limpiar.

Y después de 20 rosarios, pues ya solo me queda el trapo.

Pero como sigas así,

en vez de limpiarlos, vas a empezar a lijarlos.

Ay, chiquito, discúlpame.

A lo mejor estoy corrompiendo tu arte.

No se preocupe. Siga, si eso le tranquiliza.

En cuanto se venda el primer mueble,

se me quita este tembleque y paro.

Pero es que no entiendo por qué no entran los clientes.

Creo que no quieren adquirir nada que les ofrezca yo.

Fijaos en sus miradas, me siguen despreciando.

Da igual el tiempo que pase.

Traigo noticias fabulosas.

Linda, no necesitamos cotilleos, sino clientes.

Y eso es lo que traigo.

Si miráis allí, veréis al matrimonio Herranz Larrañeta.

Son los que el otro día,

en la encantadora velada que celebramos en casa,

se quedaron prendados del baúl de Kiros.

¿Quieren adquirir alguna de las piezas?

Absolutamente. Cuando les hablé del evento,

se mostraron muy entusiasmados con la idea.

Seguro que entran y compran algo. Voy a seguir con la promoción.

Ay, sí, sí.

Ahí se acercan.

Bueno, si es el matrimonio Herranz Larrañeta.

¿Cómo se encuentran? -Muy bien, gracias.

Pueden pasar y disfrutar de la exuberancia de la selva

en estas delicadas pinturas en los muebles.

Tener una de estas piezas,

sería como ver crecer la selva en su propio salón.

Él es Kiros, el artista.

Quién, si no un indígena, podría traer con tanta precisión

toda la esencia de Río Muni.

¿Qué tipo de madera ha utilizado? -Iroko.

Eso hace que el mueble sea tremendamente fresco,

con un aroma único y embriagador.

Gracias, pero no nos interesa.

Bueno, les puedo acompañar en su paseo de vuelta.

Seguro que llegamos a un acuerdo. Perdona.

Sé cómo se siente.

¿De verdad?

Como si no perteneciera a este lugar.

Igual que yo.

No sé si esto ha sido buena idea.

Claro que ha sido buena idea.

Mira lo que has logrado en solo una mañana.

Lo único que tienes que hacer

es dejar salir tu carácter arrollador

y sacarás esto adelante.

Y recuerda por qué estás haciendo esto.

Tome asiento, por favor, señor Caamaño.

Le agradezco que haya venido hasta aquí tan temprano.

Mi marido y yo estamos muy ocupados para desplazarnos hasta Mongo.

Por supuesto.

Las damas de cierta clase siempre están demasiado ocupadas

para dejarse ver en una casa de empeños.

¿Vamos al grano? -Sí.

Estoy seguro de que quiere terminar cuanto antes.

Y yo tengo más asuntos que tratar.

Le aseguro que será el viaje más rentable

que haya hecho usted en su vida.

Aquí tiene.

Es la joya más preciada de mi colección.

Una pieza clave de mi vestuario,

reservada solo para las ocasiones más distinguidas.

Siempre atrae la mirada de los más entendidos.

Porque no solo es la piedra, es el talle,

los ensamblajes.

Lo cierto es que tengo dudas sobre la autenticidad de la pieza.

Pero ¿qué está diciendo? -Ya me ha oído.

Es imposible.

Este collar ha pertenecido a mi familia

y ha pasado de generación en generación.

Es imposible que sea falso.

Solo hay una prueba que podamos realizar

para determinar si el collar es auténtico.

Debo examinarlo en unas condiciones específicas.

¿Cuáles?

¿Necesita usted más luz? ¿Es eso?

Necesito verlo sobre un cuerpo desnudo.

Reconozco que me ha sorprendido, señor Caamaño.

Había oído muchas cosas sobre usted,

pero nadie me había advertido de que era usted cómico.

Yo nunca bromeo con mi trabajo.

Seguro que podemos encontrar otras condiciones para confirmar

la autenticidad del collar.

No, no las hay.

Los diamantes brillan de una forma muy específica

sin el reflejo de las telas.

Solo dejando pasar la luz proyectada por la piel,

puede realmente captarse el valor de una joya como esta.

Es posible.

Pero una mujer de mi condición podría ofrecerle otra clase de...

incentivos.

Contactos en altas esferas, por ejemplo,

que seguro que le serían más útiles

a la hora de "concluir la autenticidad del collar".

Cuando una mujer de su condición acude a mí,

es porque ya tiene poco que ofrecer.

Le aseguro que esta pieza es auténtica.

Este collar perteneció a mi madre.

Falleció en un accidente cuando yo tenía trece años,

y es lo único que tengo de ella.

Pues confirmemos que su madre le dejó algo

que merezca la pena comprar,

o regresaré a Mongo.

Yo habré perdido una mañana de trabajo,

pero la pregunta es, ¿qué habrá perdido usted?

Espere.

(SOLLOZA)

¿No tenías otro sitio donde quedar? Es lo único que estaba abierto.

Necesitaba tomar un café caliente, que estoy helado.

No entiendo nada,

se supone que tenías que estar desayunando con mi hija,

pero estás solo.

Temo que nuestras expectativas eran muy optimistas.

Sergio, ¿qué estás haciendo? No lo sé, Diana.

La verdad es que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo.

¿No habrás dormido en el coche? Al final, he dormido aquí.

¿Por qué estás tan destemplado?

Tirso solo accedió a hospedarme en un desván sin calefacción.

Unos ornitólogos le reservaron todas las habitaciones,

y me he enterado, que al final no se presentaron.

Ya lo sé.

¿Qué, fuiste tú?

¡Chist! Baja la voz.

Pues claro que fui yo, obviamente.

¿Te creíste que una asociación de locos de los pájaros iba a venir?

¿A qué?

¿A ver al gallo cantar a las cinco de la mañana?

Eres increíble. Increíble y manirrota.

¿Sabes lo que me he gastado en reservas

para que pudieras pasar la noche con mi hija?

Yo no te lo he pedido.

No sé si me gusta verme envuelto en algo así,

ya me he equivocado muchas veces.

Pues algo habrá que hacer.

¿Fuiste tú la que nos encerró en el taller?

No. Pero habría sido una gran idea.

Ahora necesitamos otro plan.

No.

Esta vez es la definitiva.

(Televisión)

Me rindo.

No. ¿qué dices?

Si me has ganado 20 partidos seguidos. Paso.

Ya soy bastante perdedor en la vida real.

¿Lo dices por lo que dijiste de Cloe?

Lo digo porque me pilló diciéndolo.

Si es que es normal que se cabreara, que no pienso las cosas.

Es como si mi cerebro no filtrara las movidas.

Así me va.

Eso le puede pasar a cualquiera.

Yo también estaba allí partiéndome el culo.

Ya, pero tú no hubieras dicho esas cosas de Cloe.

Porque tú piensas, tú filtras las cosas.

Desde que lo dejé con ella estoy atontado, y no tiene sentido, ¿no?

¿Por qué?

La que tiene que estar tocada es ella.

Lleváis mucho tiempo juntos, es normal que la eches de menos.

Hemos recordado un momento muy especial que vivimos juntos.

Nos hemos besado.

Pero ella se ha echado atrás.

Ahí fue donde...

supe que ya no tenía nada que hacer.

¿Y sabes lo que hice, en vez de comportarme y dejarlo pasar?

Le he suplicado una segunda oportunidad. Desesperado.

Desde luego, te veo con una actitud muy constructiva.

Es que tiene razón, Diana.

Después de lo que sucedió

cuando les hice creer que me perdí en el monte...

Aun así, no soy capaz de ir con la verdad por delante.

Entiendo que no quiera volver a verme jamás.

Eso es una exageración. No piensas con claridad, y Julia tampoco.

Eso es este pueblucho, este pueblucho y este frío,

que se le congelan las neuronas a cualquiera.

Diana, no me reconoce.

Julia dice que no me reconoce...

y, la verdad es que ni yo sé quién soy ahora mismo.

A ver, tú eres Sergio Cuevas Guzmán.

Un hombre formado, educado, sociable,

inteligente y de éxito.

Un caballero de los que no quedan.

Un hombre que cualquier madre querría para su hija.

Y que cualquier mujer querría tener a su lado.

Menos Julia.

He dicho cualquiera.

Y si Julia no se da cuenta,

es porque ahora mismo está sufriendo una crisis.

¿Y qué es lo que haces

cuando alguien que quieres tiene una crisis?

Dejarle su espacio... No.

No dejarla sola, estar a su lado.

¿Tú dejarías sola a una persona que tiene una crisis epiléptica?

Julia no tiene epilepsia.

Sí. Tiene epilepsia emocional.

Y ahora mismo, tiene convulsiones de las gordas.

Ni tú ni yo vamos a dejar sola ni un minuto.

Aquí nadie se rinde con ella, ¿me oyes?

¡Aquí no se rinde ni Dios!

Ella nos hubiera apagado la tele hace dos horas.

Y nos habría convencido para hacerle unas fotos y colgarlas.

Como aquellas en el puente del río.

Qué guantazo se pegó.

Dos horas posando para luego acabar en el agua.

Y fingió que se había hecho daño para que nos tiráramos a por ella.

Qué tía. Lo pasamos bien esa tarde.

Es una lianta.

Como cuando no puede dormir.

Una vez, me llamó a las tres de la mañana.

Casi me da algo.

Lo cojo nerviosísimo y, va la tía y me pregunta que "¿qué tal?".

A las tres de la mañana.

Pero luego nos quedamos hablando de chorradas hasta que se hizo de día.

Bueno, ¿qué, me ganas otra vez?

No.

Quiero que intentes recuperarla. -Tú flipas.

En serio.

¿Cómo me va a perdonar después de la cagada de ayer?

Tienes que decirle lo que sientes, abrirle u corazón.

¿Como lo del bote con papeles de la otra vez?

Eso funcionó porque tú me echaste un cable.

Que esto no da, Mery, que no me filtra.

¿Y tú quieres que me ponga a hablar de sentimientos?

Pues escríbelo primero.

Ya. Bueno, vale, lo escribo y luego lo filtras tú.

Déjate de filtros, tú lo escribes.

Lo reescribes las veces que necesites, lo lees, lo ajustas,

y, cuando lo tengas claro, se lo dices.

Ya. -Venga, escribe.

Buenos días, queridos vecinos.

Toñi, ¿qué tal estás?

Buenos días.

Hola. ¿Me pones un café?

Del fuerte, el que te ayuda a no volver a equivocarte.

Creo que te lo has acabado tú solita.

Y parece que no te hace mucho efecto.

Ya te has enterado, ¿verdad? ¿De qué?

¿De que no vas a contratar a nadie del pueblo para el taller?

No, no me he enterado.

Eso no es exactamente así.

Ah, ¿no? Bueno, un poco.

No pensaba hacerlo, pero estoy dispuesta a reconsiderarlo.

He traído esto.

Son los currículums de la gente del pueblo

que quiere trabajar en el taller.

Voy a contratar a los que sean válidos para el puesto.

Entonces, te vamos a tener que estar muy agradecidos.

Tirso, dame un respiro, por favor.

Ya me siento yo bastante mal sin ayuda.

Además, tú habrás hecho lo mismo. No, señora.

¿Ah, no? ¿Dejarías tu negocio a cualquiera?

Si lo conozco del pueblo, por supuesto, sí.

Vale. Yo vivo en el pueblo,

¿me dejarías llevar la cafetería durante un día?

Ni una hora. ¿Ves?

No es lo mismo, lo sabes.

No sé por qué no.

Pero voy a encontrar a alguien

que esté lo suficientemente cualificado

para trabajar el taller. Y cuando lo contrate,

recuperaré la confianza del pueblo.

Seguro que lo acaban entendiendo.

Todo el mundo la ha cagado alguna vez, ¿no?

A ver, que levante la mano el que la haya cagado alguna vez en la vida.

Vaya..., pues parece que no.

Vale, soy consciente del daño que he hecho.

Sé que os he decepcionado. Y lo peor es que lo sabía.

Es por hacerle caso a mi madre.

A lo mejor deberías hacer lo contrario de lo que diga tu madre,

y a lo mejor aciertas alguna vez.

No sé si la cosa va de eso o de haceros más caso a vosotros.

¿A nosotros?

Sí.

A Elena y a ti.

Me advertisteis sobre Sergio y no quise escucharos.

Vale.

¿No ha arreglado las máquinas?

Todo era una treta para pasar más tiempo contigo

e intentar volver contigo.

Vale. Y te has dado cuenta ahora.

Por eso, durmió en el hotel.

¿Puedes hablar, por favor? No. No, no, no.

Si abro la boca, meto la pata.

Me voy a quedar aquí calladita, leyendo currículums

y dejando a la gente ser feliz.

Puede que en otra ocasión, caballero.

¿Ha habido fortuna? No. No solo no hemos vendido nada,

sino que el local parece más vacío que de costumbre.

Estamos ahuyentando a la clientela.

Ya.

Bueno, hemos estado muy cerca de vender cuatro piezas.

Pero no es suficiente.

Yo podría dar un paseo por la plaza.

Las señoras estarán saliendo de misa.

Es buen momento.

Podríamos rebajar el precio de los muebles.

Solo hay que romper la mala racha. No disimuléis.

Todos sabemos por qué no estamos realizando venta alguna.

El problema es mi presencia, así que,

es mejor que me vaya.

Carmencita.

Aquí no se rinde nadie todavía.

Disculpen que les moleste,

solo les robaré un par de minutitos.

Soy una recién llegada a la colonia

y no sé muy bien cómo funcionan las cosas aquí.

Pero una cosa sí sé: y es que todos tenemos prejuicios.

Yo la primera.

Creía, por pura ignorancia,

que en Río Muni había alimañas,

a cada cual más fea y contrahecha.

Y que había salvajes que comían carne humana.

Nunca había rezado tanto a san Agustín.

Pero todos ustedes me están haciendo ver,

que este puede ser un lugar precioso para vivir.

No un lugar que desprecia a una joven,

cuyo único pecado ha sido mostrarse tal y como es:

apasionada,

hambrienta de experiencias y terca como una mula.

Eso no lo niego.

Pero una joven...

que ama esta tierra.

Y muestra de ello, son los muebles que hoy les ha traído.

No les estoy pidiendo que tomen el aperitivo con ella,

que son muchos y nos arruinaríamos.

Pero sí les estoy pidiendo que le demuestren,

que esta colonia, es el lugar tan especial que ella cree que es.

Que está lleno de prejuicios,

pero también la fuerza para superarlos.

Gracias a todos por su atención.

Ay, Agustina, me has dejado sin palabras.

Y te aseguro que eso no es fácil. Ha sido impresionante.

Tengo el corazón que se me sale por la boca.

Virgen de Guadalupe, no sé ni lo que he dicho.

Ay, Carmencita. Estás disgustada, ¿verdad?

Disculpa, hija, yo no podía quedarme...

No me importa si al final nos tenemos que ir de África,

solo dime que te tendré siempre a mi lado.

Ni el mismísimo Lucifer podría apartarme nunca de ti.

Hola.

¿Qué quieres? Estoy muy ocupada. Ya te veo. ¿Qué es eso?

Una chaquetita. ¿Una chaquetita?

Sí. ¿Otra?

Sí, ¿qué pasa? ¿Quieres algo o no?

Sí. ¿Puedo pasar? Será solo un segundo.

Te quiero pedir perdón.

Ayer me equivoqué, no debí juzgarte así.

Pero es que no era yo.

Me poseyó el espíritu de mi madre.

Ya. ¿Y ya te han hecho el exorcismo?

Sí.

Bien.

Ya te has disculpado.

Ahora me disculpo yo por no poder aceptar tus disculpas.

Cierra la puerta al salir, por favor.

Elena.

De verdad, lo siento mucho, y para que veas que es verdad,

quiero ofrecerte un puesto en el taller.

Qué no quiero el puñetero trabajo. ¿Sabes por qué?

Porque en el fondo, tienes razón.

No tengo experiencia en la fabricación de muebles.

No tengo mucha experiencia en casi nada,

o más bien, poca en casi todo, que es lo mismo que no decir nada.

Eso es lo que dice tu currículum, sí.

Pues ya está. Pues vete a contratar a supertrabajadores

que hagan supermesas superprofesionales.

Es que está mal hecho, Elena. Ya, es verdad. Sí, también.

Siempre me quito un par de años en la fecha de nacimiento.

¿Me vas a echar eso en cara? No me refiero a eso.

Me refiero a que no has puesto lo más importante.

Eres una "coach" motivacional increíble,

y eso está muy de moda ahora mismo.

Eres capaz de ayudar, animar y hacer que cualquier persona

que esté perdida en la vida encuentre su camino.

¿Sabes lo que te pagarían en EE. UU. por eso?

Y no solo te quiero trabajando conmigo

por la precisión y la concentración que le pones a tejer.

Te quiero trabajando conmigo porque necesito una amiga a mi lado.

¿De verdad piensas eso de mí? (ASIENTE)

Y para demostrártelo, te he traído una cosa.

Es el primer uniforme de trabajo del taller.

Bueno, en realidad, es un delantal.

Ya veo que es un delantal.

Es muy bonito.

¿De verdad que es para mí? Pues claro.

Sin ti nunca me habría atrevido a reabrir el taller de Carmen.

Da igual si aceptas el puesto o no,

este delantal tenía que ser para ti.

Es precioso, ¿eh?

Entonces ¿qué? ¿Aceptas o no aceptas?

¿Te imaginas que después de todo el discurso te digo que no?

No, por favor.

Venga. ¡Bienvenida al equipo!

¿Cuándo empezamos?

No me lo puedo creer.

Hemos vendido muchos más muebles de los que esperaba.

Algo impensable si no fuera por tu tata.

Hay personas que no han comprado, pero lo harán.

Solo tendré que poner un poco de mi labia.

Tendrás labia, pero no abuela.

Aquí tienes. La inversión inicial y una paga

por tu labor como vendedor.

Una paga muy pequeña, porque al peso no la he notado.

¿Y cuánto, según tu preciso método matemático sería lo justo?

Considero que mi irresistible don de gentes

bien merece un... tres por ciento de las ganancias.

De acuerdo, pero solo porque yo te hubiera dado el diez.

¿Y para cuándo nuestro próximo negocio, esta noche?

Creo recordar que no mezclabas negocios con placer.

Y recuerdas bien, recuerdas bien,

por eso, esta vez, podemos centrarnos solo en el placer,

sí quieres.

Yo creo que te advertí que eso no lo aceptaría.

No deberías cerrarte así al amor.

Una cosa es el amor, y otra, los amoríos.

¿Crees que no conozco la diferencia?

Lo que creo es que se te da demasiado bien lo segundo,

como para pensar en lo primero.

Bueno, pues...

si cambias de opinión, ya sabes dónde encontrarnos a mí y a mi 3%.

Ya está todo recogido, señorita.

Gracias.

¿Y la tata y Linda?

Siguen dentro, hablando con los compradores.

Eh... Aquí tienes.

Aquí está todo lo correspondiente a la compra de los muebles.

Gracias.

Los has conseguido con tu trabajo.

Yo no he hecho nada. No sé vender.

Todo ha sido gracias a Agustina y a su novio.

¿Mi novio?

Víctor y yo no tenemos ninguna relación.

No hagas caso de lo que oigas, son rumores.

No hago caso de lo que oigo, sino de lo que veo, señorita.

El otro día fui a hablar con usted

y los encontré en la puerta de su casa. Se estaban besando.

No es lo que crees, Kiros.

Sé lo que vi, señorita.

Víctor malinterpretó la situación.

Y... Señorita.

Le dejé claro que no volviera a robarme un beso...

Señorita, no tiene que explicarme nada.

Pero quiero hacerlo. Pero yo no.

Nunca le pediría explicaciones de nada de lo que hiciera.

Ni yo ni nadie tiene derecho a hacerlo.

Eres la primera persona que no me pide que justifique mis actos.

¿Seguimos sin ser amigos?

Bueno, usted sabe que no hice esos muebles para colonos,

pero su tata tiene razón.

Todos tenemos prejuicios que que superar.

¿Y... en qué vas a emplear tus ganancias?

En algo bueno.

Ya ha visto usted todo lo que tenía que ver aquí hoy.

Deme mi dinero.

Por supuesto.

¿Qué hace, qué es eso?

Lo que vale su collar. Siendo generoso.

El diamante es falso.

¿No cree que ya ha jugado bastante?

Esta pieza es auténtica, ya se lo he dicho.

Si se fija bien,

verá una gran dispersión de la luz

y un resplandor anaranjado más propio de la zirconita,

no de los diamantes.

Usted ya sabía eso la primera vez que lo vio.

¿Por qué?

¿Por qué he querido realizar la última comprobación?

Porque no me gusta viajar en balde.

Y así, me llevo un recuerdo del lugar.

Es usted un gusano despreciable.

No, lo que soy es un caballero.

Porque después de ver "lo que tenía que ofrecerme",

me podría haber cobrado el viaje como Dios manda.

Salga de mi fábrica inmediatamente

u ordenaré a mis hombres que lo trituren como si fuera usted serrín.

No creo que haga eso.

Sospecho que usted tendría mucho que perder

si se descubriera mi presencia aquí.

Volveré a verle cuando no tenga nada que perder, nada,

y usted me suplicará que me olvide de este día, pero no lo haré.

Nunca.

Yo tampoco...,

se lo aseguro.

(SOLLOZA)

Los pasajes y el pasaporte. Ya está todo.

Madre. Qué bien que te encuentro.

Justo me dirigía a un recado.

¿Puede esperar?

Me gustaría hablar contigo sobre un tema que me atormenta.

¿De qué se trata?

Es sobre Carmen Villanueva.

Se trata de ella, pero en realidad, se trata de mí.

Algo... noto que me hace estar asustado.

¿"Asustado"?

No entiendo.

¿Puedes sentarte y hablamos unos minutos?

Claro.

Te escucho.

Carmen

me impactó desde el primer día, ¿sabes?

Y...

desde entonces, se ha convertido en una especie de obsesión para mí.

Quiero conocerla más.

¿Te refieres a conocerla más, como has conocido a otras mujeres?

No voy a ocultar que quiero conocerla hasta ese punto, pero...

No, con ella es distinto.

No llego a entender que te preocupe de semejante modo.

Madre, ¿y si soy un hombre hecho para los amoríos,

y no para el amor?

¿Y soy incapaz de enamorarme?

Pero ¿qué sinsentido es ese?

Claro que puedes enamorarte. -Yo no estoy tan convencido.

Puede que me precipite, pero...

cuando hablas de Carmen Villanueva,

no me suena a un amorío cualquiera.

Esa idea también ha pasado por mi cabeza,

pero... si Carmen no es como cualquiera,

¿por qué la trato como tal? -¿Adónde quieres llegar?

A qué si de verdad me gustara Carmen,

no la trataría como el mujeriego que siempre he sido.

Y sin embargo, mis métodos de acercamiento

siguen siendo los mismos.

Carmen me gusta, y no es como cualquier otra,

pero sin embargo, yo la sigo tratando como tal.

Y solo se me ocurre una respuesta para dicho comportamiento.

¿Y cuál es?

¿Y si soy igual que padre? Incapaz de amar.

Eso es una sandez. -¿Lo es?

Porque no recuerdo haber tenido

un comportamiento de amor verdadero con ella.

Igual que padre conmigo.

De hecho, me cuesta encontrar un momento

en el que padre lo haya tenido contigo.

¿Y si esa indiferencia, ese rechazo

me ha hecho actuar como actúo ahora, y si...?

(LLORANDO) ¿Y si me ha hecho no saber amar o...?

(LLORA)

No quiero ser como mi padre. -Eso no pasará.

Cuando lo dices tú, suena hasta sencillo,

pero, madre, cuando estoy solo, es muy difícil.

Y créeme que me siento solo constantemente,

aunque haya gente alrededor.

(LLORA)

20 de junio, ese fue el día que nos conocimos.

Desde entonces, contigo todo son prisas.

No, "prisas" no, risas.

Me va a dar un "chungo" de los nervios.

(EXHALA)

Cloe. Tengo que decirte una cosa. -¿No te quedaste a gusto ayer?

Por favor, escúchame, y luego, si quieres, me tiras el pincho.

Verás, Cloe,

necesito decirte lo que siento y abrirte mi corazón.

Sé que soy un tío simplón, pero te quiero y necesito tu perdón.

¿Ahora eres poeta?

Ya, no sé, me ha salido un pareado raro.

Pero lo que quería decirte es, Cloe,

te quiero desde el 20 de junio, el día que nos conocimos.

Desde entonces, contigo todo son misas.

¿"Misas"? ¿Tan aburrida soy para ti?

No, risas. Es que me está sudando la mano.

Como no te apartes, del pincho solo te voy a tirar el tenedor.

Haz lo que veas, esto te lo digo aunque sea sin filtrar.

Pero ¿qué dices de filtrar?

Que soy un imbécil, Cloe, eso es lo que digo.

Eres lo mejor que me ha pasado en la vida,

y no sé cómo lo hago, pero siempre la cago contigo.

Como lo que dije ayer, que no tiene perdón, lo sé,

pero aun así, espero que me perdones, siempre lo haces,

y aunque no me lo merezca, tú te lo mereces todo.

Y si estoy así de raro es porque no soporto haberte perdido.

Que todos estos días tengo

una cosa aquí en la garganta que me hace bola y no trago, me ahogo.

La vida sin ti se me hace bola, Cloe.

Jo, Ribe, es lo más bonito que me has dicho nunca.

Ah, ¿sí? -Sí.

A mí también se me hace bola. -¿De verdad?

Sí, estoy cabreada todo el día,

odio a todo el mundo,

pero en realidad, a quien odio es a mí,

porque sé que me gané a pulso que me dejaras.

Tú te mereces a alguien bueno, y yo no lo soy.

Sí que lo eres.

Porque tú me ves así, me ayudas

y porque eres paciente con mis idas de olla.

Y porque te pasas horas escuchándome

y haciéndome fotos.

¿Tú sabes lo difícil que es encontrar a alguien

que te haga 47 fotos en un puente hasta salir perfecta?

Entonces ¿me perdonas?

Solo si tú me perdonas a mí.

Cuando me dijiste que íbamos de compras

no pensé que te referías a esto.

Necesitaba material para el taller, mamá.

¡Ay, Dios!

Vaya, hija. Debo admitir que te lo estás tomando en serio.

No he sido yo.

Ha sido Sergio.

¿No te parecen las máquinas más preciosas de la historia?

Hombre, yo preferiría un deportivo descapotable,

pero, bueno, sé a lo que te refieres.

¿Vas a hacer los honores o qué?

(Suenan las máquinas)

¡Funcionan!

¡Mamá, que todas funcionan!

Julia. Es maravilloso.

Julia, tienes que ver esto.

No, no, déjame disfrutar un poco de esto.

¿Qué haces?

Pero ¿qué haces?

Te las vas a cargar, con lo que ha tardado Sergio en arreglarlas.

A ver, Julia, no es lo único que ha hecho.

Son los papeles del divorcio.

Sí. Parece que hay algo más.

Es una postal de Roma.

¿Qué te dice?

Es privado, mamá.

Me has hecho cruzar el pueblo con 400 kilos de yo que sé

para este taller, creo que me merezco saber que te ha escrito.

Me desea suerte. Y me dice que...

siga adelante, pisando fuerte y confiando en mí.

Y que en este nuevo viaje no me voy a perder.

¿Sergio ha firmado los papeles del divorcio?

Sí.

¿Y tú, qué vas a hacer?

Cariño...

¿Tú te quieres divorciar de Sergio o no?

Doña Inés,

¿por qué no se va a casa y descansa?

Yo me puedo encargar del cierre.

Te lo agradezco, pero tengo asuntos.

Buenas tardes. -Buenas tardes, Ángel.

¿Qué puedo hacer por ti?

¿Me harías el favor de ir a conseguir cambio?

Siempre andamos escasas de monedas. -Sí.

¿Por qué no has venido?

Pensaba que Ventura podía haberte descubierto.

No es el momento de hablarlo, Ángel. Alicia volverá.

No me voy a mover hasta que me cuentes qué ha ocurrido

para que no aparecieras.

Porque no te amo, Ángel.

¿Qué estás diciendo?

Me pareció divertido.

No pensaba que fueras a enamorarte de mí.

Todo se me ha ido de las manos.

No puede ser. Nadie puede fingir lo que hemos vivido tú y yo.

Eres muy joven. No sabes nada de la vida,

ni de lo que la gente es capaz de fingir o no.

Vuelve a decirlo.

Mírame a los ojos y vuelve a decirme que no me amas.

No te amo.

¿Por qué aceptaste fugarte conmigo entonces?

Me pareció divertido y romántico.

Pero no imaginé que fueses a tomártelo tan en serio.

Suele pasar con los libros, las portadas suelen ser engañosas.

Es evidente que no buscamos lo mismo.

Doña Inés,

el estanco no tiene cambio y el quiosco está cerrado.

No te preocupes, Ángel me ha entregado el dinero justo.

Por fin ha llegado el libro que me encargaste.

¿El libro? Cierto.

"Luz de Agosto", de Faulkner.

Qué raro, Ángel nunca se va sin despedirse.

Alicia, ¿te importaría hacer el inventario

mientras yo voy haciendo la caja?

Sí, claro.

Si las he reunido aquí, es porque tengo algo importante que decirles.

Verán, en primer lugar,

quiero agradecerles la lealtad que durante todos estos años

han demostrado hacia esta casa.

Pero, aunque no lo crean,

quiero que sepan que les considero de la familia.

Pero los años cambian y... ¡Padre!

Por favor, hija, estoy en medio de algo importante.

Espérame. Esto no puede esperar.

Concédeme un instante. También es importante.

Don Francisco, escuche a su hija, por la virgen de los Milagros.

Está bien. Pueden retirarse, gracias.

A ver, ¿de qué se trata?

De esto.

Ha sido gracias a la venta de muebles.

Nuestras expectativas se han cumplido con creces.

¿Has logrado recaudar todo esto? Sí.

Por favor, diga que es suficiente, don Francisco.

Sí, creo que sí.

Creo que sí. Sí.

Sí, sí.

Contando con lo que hemos juntado de aquí y de allá, sí.

Entonces ¿no tendremos que irnos?

No. Nos quedamos en África. (RÍEN)

¡Nos quedamos en África!

Sí. ¡Enoa!

¡Enoa!

¿Qué se le ofrece, señor?

Saca el mejor champán que tengamos.

Tenemos que celebrar el éxito de mi hija.

En realidad, todo ha sido gracias a la tata.

No lo habría logrado sin ella. Yo no hice nada.

Un santo, que escuchó mis plegarias.

Bueno, en cualquier caso,

debo agradeceros lo que habéis hecho

y lamento no haberos apoyado en esta iniciativa.

Aún estás a tiempo.

¿Por qué? ¿A qué te refieres?

Porque he tenido una idea.

Podemos abrir una nueva línea de negocio:

la fabricación y venta de muebles.

En la fábrica ya disponemos de la madera y las herramientas.

Bastaría con que Kiros asumiera el diseño de los muebles,

Siempre con supervisión, claro. ¿Qué te parece?

¿Crees que puede ser un negocio exitoso?

Estoy segura.

La venta de hoy es la prueba de que hay demanda.

Gracias, Enoa.

Creo que somos nosotras las que debemos darle las gracias.

Gracias.

Aceptaré el proyecto, pero con una condición.

Que tú estés al frente de él.

¿Hablas en serio, padre?

Claro, hija, la idea ha sido tuya.

Quién mejor que tú para llevarla a cabo.

Va, ¿brindamos?

Patricia, qué alegría que estés aquí.

¿Qué sucede?

Chicos, ¿podéis escucharme todos un minuto?

¿Podéis venir?

¿Qué sucede, Kiros?

Todos hemos tenido una semana muy dura.

Hemos perdido a un hermano que luchó por una buena causa

Sé que esto no sustituye lo que nos debe el patrón,

pero sí ayudará con el hambre de nuestras casas.

Esta es mi manera de pediros perdón

y demostraros que estoy de vuestra parte.

Todos nos equivocamos.

Kiros está pidiendo perdón de una forma sincera.

Y yo le perdono.

Ha sido un gesto muy noble.

Es bueno saber que volvemos a tenerte de nuestro lado.

Hice caso a lo que me dijiste.

Blancos y negros no estamos en la misma orilla.

Me alegra saber que mi consejo te ayudara.

Pero podemos nadar de una a otra orilla y encontrarnos.

¿Qué se supone que estáis celebrando?

Que Carmen y Agustina

han conseguido el dinero que necesitábamos

con la venta de muebles. ¿No es increíble?

Enhorabuena a las dos.

En realidad, ha sido un trabajo en equipo.

Sin el arte de Kiros y la ayuda de Víctor y Linda,

no lo habríamos conseguido. Y gracias a la Virgen,

que algún milagrito ha hecho.

No debes quitarte mérito, hija, la idea es tuya.

Y sin tu arrojo y determinación,

ahora mismo estaríamos en un barco rumbo a la península,

abandonando nuestra vida aquí, ¿no es cierto?

Por supuesto.

Pero también quiero aprovechar la ocasión para darte las gracias.

Sé que has hecho lo imposible para que pudiéramos quedarnos

y siempre te estaré agradecido por ello.

Salud.

Por vosotras.

Si me disculpáis. Hoy ha sido una jornada agotadora.

Sí, claro, ve a descansar.

Han sido días muy difíciles para todos, cariño.

(Risas)

Sí. Vaya.

Exquisito.

Está exquisito.

(Cristales rotos)

(LLORA)

¿Vas a firmar los papeles del divorcio, sí o no?

¿Tú cómo lo vas a entender,

si tú siempre sabes lo que hay que hacer?

La venta de muebles fue un éxito.

Gracias a eso, he convencido a mi padre para fabricarlos aquí.

¿Qué tiene que ver eso conmigo? Tengo una propuesta.

Valoro comenzar los estudios por mi cuenta.

Pero dejarías de ser el pupilo de Ventura.

Así es, sí.

En primer lugar, quería daros la bienvenida a mi taller,

que es también el taller de Carmen. ¿Cuándo empezamos?

No me ha llegado la licencia, y sin licencia, no podemos producir.

-"Mira, María,"

una cosa es que vayamos a trabajar juntas,

y otra muy diferente, es que volvamos a ser amigas.

Son los papeles del divorcio.

¿Tienes dudas?

-"Que vas a llevar la página web" y las redes sociales del taller,

siempre te ha encantado todo eso. -No voy a aceptar.

Si me disculpáis, me debería ir a la librería.

-No. Eres una mujer de modales exquisitos,

y nuestro invitado está todavía en la mesa.

¿O acaso me he casado con una indígena?

Hasta el momento, si quería conquistar a una mujer,

le invitaba a bailar, le hacía regalos,

flores, pero con Carmen, eso no sirve.

Deberías cambiar tu manera de pensar.

Al principio, con cinco hombres creo que bastaría.

¿Te tengo que recordar los problemas que tuvimos

por tu empeño en contratar a más gente?

De negocios te quería hablar yo.

Pero no quiero interrumpir este momento dulce.

¿Y si nos vemos esta noche y te comento la propuesta?

Está bien, venga, vamos a hacerlo. No te arrepentirás.

-Esta fábrica es tan tuya como mía,

así que no habría estado de más que me hubieras consultado a mí.

Yo no pedí cobrar más.

¿Qué se supone que debería haber hecho?

Nuestros actos nos definen, Kiros, y los tuyos no son claros.

¿Cuáles son tus intenciones,

ganarte el favor del patrón

o solo el de su hija?

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Dos vidas - Capítulo 25

26 feb 2021

Carmen monta un mercadillo para vender los muebles de Kiros y así poder reunir el dinero que necesitan para quedarse en África. Sin embargo, su fama la precede y los colonos no tienen intención de hacer negocios con ella. Por su parte, Patricia intenta conseguir el dinero vendiendo el collar heredado de su madre a un peligroso prestamista. En la actualidad, Julia descubre que Sergio ha estado fingiendo que la ayudaba con el taller para poder recuperarla y rompe con él. Cuando DIANA se entera, acude a ayudar a Sergio. No lo da todo por perdido.

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