Dos vidas La 1

Dos vidas

De lunes a viernes a las 16:30 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5800402
No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 23 - Ver ahora
Transcripción completa

Tengo problemas económicos, debo dinero.

Tenemos que irnos esta misma noche.

Tiene que haber alguna forma de resolverlo.

La hay.

-No te voy a dar ni un céntimo.

Ya, ya sé que soy tu última esperanza, que sin mí te hundirías.

-Porque es así.

-Pues eso es exactamente lo que espero que ocurra.

-No le daré ese gusto, padre.

¿Me estás pidiendo el divorcio?

¿Y qué sentido tiene seguir casados si cada uno va a hacer su vida?

Pon tú algo de tu parte. ¿Qué puedo hacer yo?

Para empezar, no pagar más jornales esta semana.

¿Me vas a ayudar o no? Pues claro.

Pero creo que no necesitas ni mi ayuda ni la de nadie.

"No sé si serás capaz de hacerlo por ti misma

o tendrás que llamar a un mecánico, un experto en esa maquinaría,

pero ahora tienes la necesidad de intentarlo por ti misma".

-"¿Qué vas a hacer?".

No me queda otra, Elena.

El baúl de Kiros, el que me llevé de tu casa.

Bueno, no hubo dama que lo viera que no se quedara prendada de él.

Quiero ofrecerte un trato.

No hago muebles para los blancos.

Ay, no sabes la ilusión que me hace abrir el taller cuanto antes.

Y a mí ayudarte a conseguirlo.

No puedo más con todo esto.

Creo que lo mejor es que dejemos de vernos, por un tiempo.

Menudo farsante. ¿Cómo?

"Pues que no me creo nada, Julia".

Ni lo de que quiera divorciarse de verdad

ni que esté arreglando las máquinas. Y, si no, al tiempo.

Dios, ¿qué ha pasado aquí?

Nos besamos.

Linda, por favor...

Linda, prométeme que no vas a decir nada.

Linda...

¿Y si nos han robado,

y si han entrado y le han visto aquí...?

Él se habrá defendido. Ay, Tirso, no quiero ni pensarlo.

Salta el buzón.

Vamos a tranquilizarnos.

Parece que han desmontado las máquinas,

pero no sé qué se han podido llevar. ¡Lo han dejado todo del revés!

Veamos si hay algo raro y llamamos a la policía.

¿A la policía? ¿Por qué?

¿Qué pasa? ¿Dónde estabas?

He ido a la gasolinera a por algo de comer.

Pues nos han robado, mira, mientras estabas fuera.

Habrán aprovechado y han abierto...

¿No te habrás dejado la puerta abierta?

Julia, que las máquinas las he desmontado yo.

Tengo que ir pieza por pieza para limpiarlas a fondo.

¿Y lo dejas todo así?

Tenía hambre.

¿Sabes el susto que me he llevado? ¿Y yo?

Que salgo y te encuentro a punto de llamar a la policía.

Es que has dejado todo...

Sé perfectamente cómo he dejado todo.

Mira.

¿Veis? No es solo la suciedad,

es que la mayoría tienen mucho óxido.

Y algunas están podridas. He tenido que desmontarlas todas.

Este es el tornillo de gusano y, está como nuevo.

Vaya, tenemos un manitas en la sala.

Pues no te cortes, todo tuyo.

Ya, lo que quieres es que te ayude a arreglar este estropicio.

Que tendrás mucho máster y serás muy ingeniero,

pero la única grasa con la que te has manchado

ha sido con la del cruasán.

¿Y cuál es la solución? Piezas nuevas.

¿Qué? Mañana mismo compro los repuestos.

Parece que la cosa se alarga.

Un día más.

Por ahora.

Sergio, yo esperaba mejores noticias, la verdad.

Necesito abrir el taller cuanto antes.

Mañana tendrás las máquinas a punto.

Pero tendré que ponerme a primera hora.

¿Tienes una habitación libre?

Me iría a Madrid, pero prefiero no darme la paliza.

¿La tienes o no?

Sí, tengo libre la mejor del hotel,

vas a dormir como un marqués. -Pues vamos, que estoy roto.

Buenas noches.

Y duerme tranquila, que este taller va a salir adelante.

Eso espero.

(Sintonía de "Dos vidas")

Le ruego que lo reconsidere.

Esta librería siempre ha gozado de una clientela amplia y estable,

y los beneficios que usted obtendría serían sus...

Gracias igualmente, don Lorenzo, que tenga un buen día.

¿Tampoco ha habido suerte esta vez?

Es el tercer proveedor que me rechaza.

Va a ser muy complicado sustituir a Miguel.

Será una cuestión de tiempo. -¿Tiempo?

¿Qué tiempo, Alicia?

Nos quedaremos sin novedades; pero a nadie le va a importar,

porque desde hace días no entran clientes.

¿Sabes las pérdidas que podría suponer si la situación se mantiene?

Discúlpame, te lo ruego. No te mereces mis palabras.

Pero estoy superada.

Y no puedo quitarme de la cabeza la agresión que ha sufrido Miguel.

No se preocupe, doña Inés.

Entiendo su nerviosismo.

Cada vez que pienso lo que le ha pasado a don Miguel,

se me revuelve el estómago.

¿Has oído algo sobre lo ocurrido?

No, lo que he leído en la prensa. -¿Nada más?

Buenos días.

Buenos días. -Buenos días.

-Hace un día muy agradable para el paseo.

Eso debe pensar media ciudad. La plaza está muy animada.

¿Qué puedo hacer por vosotras?

Creo recordar que se llevaron seis libros la última vez.

Un ritmo de lectura feroz.

Entre el calor y la humedad, yo no puedo pegar ojo.

Y sin una buena novela,

yo estaría mirando al techo con los ojos como lunas,

como un mochuelo. Además, me interesa mucho

la información que pone de la imprenta.

No estáis aquí por los libros.

Estáis aquí por los rumores, ¿verdad?

Estaba preocupada.

Sí. Y yo también, doña Inés, yo también.

Miguel era cercano a mí, es cierto,

pero yo no he tenido nada que ver en lo que le ha sucedido.

Ni que decir tiene que esos rumores son absolutamente falsos.

Lo sé.

De mí misma han dicho todo tipo de falsedades desde que llegué.

Y por eso estoy aquí, para prestarle mi apoyo.

Gracias.

La librería no pasa por su mejor momento.

Lo siento mucho.

Por eso, nos llevaremos algunos libros, ¿verdad, tata?

Sí. Aunque sea para leerlos después.

Nos llevamos para todo el año si hace falta.

Alicia, atiende a Agustina, por favor.

-Sí.

¿Y cómo se encuentra?

¿No cree que ha llegado la hora de tutearnos?

¿Cómo te sientes?

Aunque tengas la conciencia tranquila,

a nadie le gusta estar en boca de todos.

Bien, bien.

Todo pasará en unos días. Río Muni es así.

¿Y tú, qué tal estás? Te noto apagada.

Cosas de la fábrica.

Parece que se avecinan nuevos cambios,

pero no te quiero aburrir, no es importante.

Por favor, Carmen, no me molestas. Puedes contarme lo que quieras.

(Ruido)

Pero ¿qué ha sido eso? -¡Madre del amor hermoso!

-Habrá sido un pájaro contra la ventana.

-Pues serán gallinas, porque vaya topetazos.

Gallinas no, pero huevos... Nos están ahueveando.

Quédese quieta, Inés, no salga. -No podemos estar aquí eternamente.

Si no salgo, romperán un cristal.

Un cristal tiene arreglo, pero no su cabeza.

¡Eh!

Cómo han puesto esto.

Esta colonia, sus habladurías,

sus juicios ¡y sus malditos castigos morales!

No entiendo el ataque. ¿Por qué este castigo severo?

Porque soy una mujer,

una mujer independiente que lidera su propio negocio

y que nunca se ha doblegado ante las voces más conservadoras.

¿Qué están mirando?

¿No tienen asuntos más importantes que atender?

No va a servir de nada, créeme.

Será mejor que limpiemos esto antes de que se seque.

Niña, trae un paño y algo de agua y jabón para fregar esta trastada.

No podemos seguir así.

Nos pasamos el día trabajando aquí para que...

Claro.

¿Qué hacéis parados? ¡A trabajar, vamos!

Señor, queremos... ¿Qué pasa? ¿No me has oído?

Sí, le he oído.

Pero si no es molestia,

nos gustaría saber cuándo recibiremos nuestro jornal.

Ayer nos fuimos sin él

y nos preguntábamos si lo cobraríamos hoy.

¿Queréis saber cuándo?

Sí, señor.

Cuando el patrón lo considere oportuno.

¿Y quién es el patrón aquí?

Usted, señor.

Yo, exacto.

Así que, venga, a trabajar, vamos.

Señor, nuestras familias dependen de nuestro trabajo.

Esto no es lo que pactó con nosotros.

Dijo que cobraríamos nuestro salario puntualmente.

¿Cómo te atreves?

Señor,

algunos no podemos llevarles comida hasta que no...

Vuestras familias dependen de mí.

Llevan años comiendo del trabajo que os doy.

Y en vez de agradecimiento y respeto, ¿qué recibo?

Exigencias.

Muy bien.

Esta semana no recibiréis el jornal.

¿Cuál es tu nombre?

Mabale.

Mabale.

Y si queréis recibir el jornal de la semana siguiente,

decidle a vuestro amigo Mabale

que no vuelva a exigirle nada a vuestro patrón.

¿Entendido?

(GRITA) ¿Entendido?

Pues venga, a trabajar.

Vamos. ¡Vamos!

¿Estás bien? -Estoy bien.

El que se ha hecho daño en la mano es él.

¿La señorita? ¿Y ya se ha besado con él?

¿La hora de los chismes?

Pues parece que hemos llegado a tiempo de enterarnos

de las últimas novedades de la colonia.

¿Sobre quién versan los rumores?

Sobre nadie.

No me engañas, Enoa.

Conozco a la protagonista de vuestros cotilleos, ¿o me equivoco?

Lo siento mucho, señorita.

Nunca más dejaré que en esta casa entren rumores sobre usted.

¿Sobre mí?

Pensaba que hablabais de doña Inés.

Virgen santa, aquí hay más dimes y diretes que en una portería.

Olvídelo, ha sido un malentendido.

Y ahora, si me disculpan... Enoa.

¿Necesita algo, señorita?

¿Tú qué crees?

Ainhoa, chiquita, que nos tienes en ascuas.

Es que se dice que la señorita ha ennoviado.

¿Yo? Con Víctor Vélez de Guevara.

Eso por ir el otro día a la sesión de cine.

Yo me lo olía.

¿Puedo retirarme? No.

Enoa, necesito que me cuentes todo lo que sabes.

Sé poco.

Pues con ese poco me basta.

Se dice que... ya se han besado.

Carmencita, ¿no será eso verdad?

Claro que no, ¿eh? Bueno, a ver, beso hubo.

¡Sí y no!

¿En qué quedamos, niña?

En que él es un miserable y yo una ingenua.

Pero hasta aquí hemos llegado.

¿Es que no podemos tener un poquito de paz en esta casa?

Y tú, ven aquí, ven aquí.

Dile a tus amigas

que en boquita cerrada no entran moscas.

A ver si vamos a convertir esta casa en una radionovela.

Sí, señora. -Vale.

Por Dios santo.

Por lo menos, ha dormido aquí,

podía haberse quedado en casa de Julia.

Decía que el arreglo le llevaría un día, y ya van dos.

Algo me dice que serán tres y cuatro...

Buenos días. -Buenos días.

¿Cómo tú por aquí?

Un café, Tirso, por favor.

Venga. -Con que esté caliente me conformo.

Me he tenido que quedar a pasar la noche.

¿No decías que te ibas a poner a primera hora?

Como te entretengas más, te pones a primera hora de la tarde.

Se me han pegado las sábanas, pero es que estaba agotado.

Ayer me peleé con cada tornillo de ese taller.

Todo es viejo y no es fácil ponerlo a punto.

-Debe ser difícil, sí.

Toma. Puedes ir haciendo el "check out."

¿No te quedas esta noche?

Mucho se tiene que torcer la cosa para que no termine hoy.

Ya.

De todas formas, y como sugerencia,

no he pasado muy buena noche,

creo que deberías echarle un ojo a la habitación Pino.

¿Por qué exactamente?

El radiador gotea, no he pegado ojo.

Es lo que pasa si lo pones a tope para dormir en manga corta.

Las sábanas rascan.

Y luego está la alfombra, que tiene una mancha enorme.

¿Una mancha?

Ayer no había ninguna mancha.

¿Se te cayó la cena? -¿A mí?

Si esa mancha tiene pinta de llevar ahí desde los años 90.

¿Estás insinuando que no limpio?

Eso lo acabas de decir tú,

yo solo digo que podría estar mejor.

Es una opinión.

El desayuno iba incluido, ¿no?

Pues que mis tostadas se las tome Elena, que tengo prisa.

Estás invitada. -Gracias.

Oye, pero te dejas medio café.

Es que hoy la leche está caliente, pero sabe un poco fuerte.

Yo creo que está cortada.

¿"Cortada" dice?

Este no sabe cómo es la leche de verdad.

Anda, que tú también,

darle la habitación Pino teniendo otras libres...

Que esa mancha lleva ahí desde la prehistoria, tío.

Bueno, ¿te pongo esas tostadas?

No, no, todas para ti, que te invita tu amigo Sergio.

Qué bien, voy a desayunar.

(Pasos)

Cloe, ¿por qué estás llorando?

No estoy llorando. -Venga, dime qué ha pasado.

No ha pasado nada.

Ya. -No ha pasado nada.

¿Tus padres están bien, has discutido con ellos?

Con mis padres casi no hablo, como para discutir con ellos.

¿Es por Ribero?

Te lo ha contado, ¿no? -¿El qué?

Ya lo sabes. -No.

-Sí, y vienes aquí haciéndote la tonta.

Qué va, tía, no me ha contado nada.

Me gustaría saberlo para poder ayudarte.

Que me ha dejado.

Pero eres la última persona a la que quiero contárselo.

¡Cloe, tía, espera!

María, que quiero estar sola, a ver si lo entiendes.

Tengo que hablar contigo.

¿Y qué quieres que te diga?

Lo hemos dejado.

Bueno, la he dejado yo.

Pero ¿por qué? Si estás pilladísimo por ella.

Ya.

¿Entonces?

Pues que estaba harto de malos rollos, de caras largas,

discusiones...

O peor, no saber qué le pasaba.

Cloe, a veces, intenta hacerse la dura,

pero cuando le tiras de la lengua, habla que no veas.

Pues será contigo.

Y de vuestras movidas también estoy harto,

que siempre me pilla en medio y lo paso fatal.

No sabía que te sintieras así. -Pues sí.

Y por no deciros cuatro cosas a vosotras,

me lo guardo y luego tengo un runrún...

Parecéis mis padres en vacaciones, Mery.

Todo el día a la gresca.

Lo siento, tío. Si quieres...

hablo con ella y le digo algo para que podáis volver.

(Puerta)

(Puerta)

¿Julia?

¿Julia?

Julia.

Qué susto, Sergio.

Lo siento, no quería asustarte.

Era para contarte que ya estoy colocando las piezas nuevas.

Creo que en unas horitas estará todo en marcha.

Hoy, sí que sí. Qué bien. Muchas gracias.

Esto es muy importante para mí.

Lo sé, por eso te prometí que lo tendría.

Oye, ¿y de los papeles del divorcio sabes algo,

tu amigo te ha dicho algo nuevo...?

Está bastante liado. Ya sabes, es lo que tiene pedir favores,

no te puedes poner muy exigente.

Pero creo que podremos leer el borrador esta tarde.

Cuanto antes, mejor, ¿no?

Sí, supongo.

Oye, ¿son diseños de muebles?

Sí. Estoy intentando incluir en mis diseños los motivos de Carmen,

pero no me está resultando fácil.

Jamás había visto nada como esto.

¿Puedo echar un vistazo?

Claro.

Cloe me vuelve loco, pero en todos los sentidos,

y yo quiero vivir tranquilo.

¿Y crees que estás más tranquilo sin ella?

Yo que sé. Somos muy diferentes.

Esto iba a pasar tarde o temprano.

Aunque yo pensaba que me dejaría ella.

¿A que tú también?

Todo el mundo.

Pues mira, Ribero dejando a Cloe.

El chico de las chapuzas dejando a la chica más increíble del mundo.

No pareces muy convencido.

Es lo mejor, estoy seguro.

Y aun así, estoy partido en dos.

Porque me duele estar sin ella.

Y sobre todo, saber que lo está pasando mal por mi culpa.

Ya. A mí también me duele verla así y no poder hacer nada.

Cloe es una tía muy fuerte.

Sí, lo sé.

Ella tiene ese carácter de poder con todo.

Pero yo no.

Venga, que si necesitas algo, aquí me tienes, ¿eh?

Gracias.

Lo que necesito ahora son colegas.

¿Entiendes?

Claro, tío. Y aquí me tienes, un colega más.

Gracias.

¿Te gustan? Son muy originales.

Son únicos.

Algunos parecen muy difíciles de hacer.

Mira este armario.

Quiero darle un aire más moderno,

pero respetando la esencia y estas grecas tan bonitas.

¿Y estos otros? Esto son versiones.

Todavía estoy dándole vueltas. No me he decidido por cuál.

Este me gusta más, pero es algo recargado.

¿Un poco demasiado Art Nouveau, no crees?

Exacto.

"Art Nouveau". ¿Desde cuándo te interesa a ti el arte?

Me pasé una mañana entera contigo

en el Museo de las Artes Decorativas de París.

Sí. Tú querías ir al Museo de Cera.

Menos mal que cambiaste de idea por mí.

¿Y quién querría hacer un recorrido por la historia de Francia

a través de sus personajes, pudiendo ver muebles y más muebles?

Te quedaste con las ganas, ¿eh?

Quería ver a Napoleón, lo reconozco.

Pero aprendí un montón sobre estilos decorativos.

Y si hubiera sabido que en el futuro ibas a dedicarte a esto,

no me habría puesto tan pesado.

Debí haberlo adivinado.

Siempre has tenido una vena artística.

Pues no he podido explotarla tanto como que me hubiese gustado.

Bueno, yo recuerdo alguna que otra vez que, madre mía.

¿Cuándo?

Cuando me pediste ayuda para teñir toda tu ropa.

¿Qué tendríamos, trece años?

¿Te acuerdas de mi madre cuando vio el armario a lo hippie?

¿Yo te hice una camiseta, ¿no?

Sí. Los colores del arco iris, me encantaba.

Es verdad, no te la quitabas nunca, ni cuando estuvo desgastada.

¿Por qué te gustaba tanto?

Porque la habíamos hecho juntos.

Bueno, tengo que seguir con esto.

Claro, claro.

Yo también.

Nada, cuando termines con las máquinas, me avisas.

Sí, claro.

Es una pena verlo todo así, ¿verdad?

Son solo máquinas desmontadas.

No me produce ningún tipo de sentimiento.

Entonces ¿no te interesa la mecánica?

Ni lo más mínimo.

Como te he visto mirar todo con tanto interés.

Trastos viejos, sin ninguna utilidad.

Si los miro es porque tengo mucho en común con ellos.

Pero tú no puedes entenderlo, todavía eres joven.

Pues es una pena que no disfrutes con la mecánica,

porque lo que estoy haciendo aquí es un trabajo muy fino.

Se te ve mejor cara.

Estoy orgulloso.

Y muy feliz de haber aportado mi granito de arena

para que Julia pueda poner esto en marcha cuanto antes.

Así que, vete pensando qué mueble vas a comprar primero.

Hay que fomentar el comercio de proximidad.

Y más proximidad que la tuya...

Vaya, si nos ha salido gracioso el chaval.

Escucha una cosa.

Olvida todo lo que te dije.

Una retirada a tiempo es una victoria,

pero nunca sí se trata del amor.

Porque cuando quieres a alguien,

una retirada es solo una espina que no podrás sacarte en la vida.

Que nunca sientas que no lo intentaste.

¿Entendido?

¿Lo dices por experiencia?

¿Yo? Experiencias las justas.

Seguro que fuiste un galán.

Buah.

Casi todo lo que sé del amor, lo aprendí en las novelas.

El otro día fui

al cine a ver la última de...

¿Cómo se llamaba? Casablanca, creo que era.

Eres un sinvergüenza.

Yo también me alegro de verte, Carmen.

Estaba con mis amigos hablando de la velada del cine.

¿Podemos hablar? En privado.

Tan en privado como desees.

¿Cómo se te ocurre ir contando por ahí que nos besamos?

Lo sabe media colonia. Nos habrá visto alguien.

Víctor, he hablado con Linda.

¿De todas las personas, la has elegido a ella?

Puede que Linda me presionase y le contara lo del beso,

pero te prometo que mi intención no era presumir de ello.

Permíteme que no te crea. Carmen, se lo conté a una amiga.

Que lo ha pregonado a los cuatro vientos.

Mal por su parte. Le dije que no contara nada.

¡Es que no había nada que contar! Ahí discrepo, discrepo,

porque besarnos, nos besamos.

No, Víctor. Me besaste tú a mí.

Entonces hubo beso.

Tenía que haberte retirado la palabra.

Si es que, no sé qué hago aquí. Yo sí.

Y es que, a pesar de mi descaro,

te lo pasas bien conmigo, ¿o no?

Ahora mismo, les dices a todos que lo del beso nunca sucedió.

Si tienen que señalarme por cualquier cosa que haga o diga,

que no sea una verdad a medias. De acuerdo, Carmen.

Haré todo lo que pueda para acallar este rumor.

Acepta mis disculpas. No, no.

Vas a tener que esforzarte mucho más.

Y un beso, digamos, no es el camino, ¿no?

Me alegro de que te diviertas tanto con tus propios comentarios.

A este paso, serás el único que te ría las gracias.

Como siempre, ha ido divino.

-Hola.

-Hola.

Entra, no te quedes ahí.

¿Buscabas a Julia? -No.

He oído que estabas por aquí liado

y he pensado que querrías un poquito de descanso.

He traído chuches. -¿Y tu amiga?

-Ni idea.

-Gracias.

Me vendrá bien un poco de azúcar.

-Parece todo sacado de una película antigua.

-Es que son antiguas.

-Pues hubiese sido mejor comprarlas nuevas, menos lío.

-Bueno, para eso hace falta bastante dinero.

-Pues fijo que por estas en Internet se saca un pico.

Hay mucho friki de lo viejo. -Creo que pueden dar mucha guerra.

Ya verás lo contenta que se pone Julia

cuando esté todo en marcha.

-Quédatelas.

No tengo mucha hambre.

Oye, ¿y con todo esto qué ha pasado?

¿Cómo lo lleváis?

Porque no estáis juntos, ¿no?

¿O sí?

-Ni estamos juntos ni creo que vayamos a estarlo.

-Romper es muy difícil.

Yo no lo sabía porque hasta ahora nunca me había pasado.

-¿Lo has dejado con tu novio?

-Sí. Bueno, me ha dejado él.

-Vaya.

Lo siento.

-Yo era la que menos clara tenía relación...

Que sí, que estábamos bien, pero sabía que no era para siempre.

Si aún sientes algo por él,

si crees que hay una esperanza de arreglar las cosas,

creo que tendrías que intentarlo.

-Por ¿eso estás haciendo tú esto, lo de limpiar las máquinas?

-Sí, supongo que sí.

-Yo pensaba que era tu modo de pedir perdón, por lo del monte,

como la liaste bien...

-Todo el mundo tiene derecho a equivocarse.

-Ya. Pero es que lo tuyo es la reina de las cagadas.

Es que no me extraña que Julia no te quiera perdonar.

Que no eres mal tío, pero que...

Vamos que yo tampoco te perdonaría.

-Venga, ¿qué haces aquí

comiendo gominolas con el rey de las cagadas?

Vete a hablar con ese chico.

-Tienes razón.

Gracias.

Para el camino.

No. Es inútil que sigas intentándolo.

Pero debe haber algo que podamos hacer.

Sabes que nuestra única alternativa es abandonar Río Muni.

Francisco, no soporto ni un segundo más

esa actitud de derrota, es lamentable.

Soy un hombre realista.

Eres una plañidera.

Dios santo, pero mírate.

Deberíais estar moviendo cielo y tierra

para defender tu negocio, tu reputación, tu familia.

En vez de sacar pecho, bajas la mirada.

Esta semana, los trabajadores no recibirán su salario.

Con eso podemos cubrir parte del primer pago.

Sabes perfectamente como yo que eso no es suficiente.

Debemos aplazar más tiempo sus pagas.

Ni hablar. Están muy nerviosos.

He intentado acallar sus inquietudes,

Sé que estoy jugando con fuego. Tranquilo.

Saben que pueden aparecer apaleados en mitad de la plaza

si se atreven a levantarse contra ti.

Es lo único que has hecho bien últimamente, por cierto.

Me estoy mareando con tanto bamboleo.

¿Puedes parar ya?

¿Cómo puede ser tan descarado?

¿Aún tienes a Víctor en la cabeza?

Ha estado a punto de aceptar sus disculpas, tata.

Vaya boquita que tiene el donjuán.

Y buena percha también, le quedan las camisas mejor que a un figurín.

Sí, pero detrás de toda esa imagen, de toda esa palabrería,

esa sonrisa de donjuán, ¿qué hay? ¿Eh? ¿Qué hay?

No sé, niña. ¿Un buen apellido?

Un granuja de medio pelo, tata, nada más.

Pues, niña, ese granuja

ya te está robando muchos pensamientos últimamente.

Bueno...

¿No será que te hace tilín ese chico?

Claro que no.

Tata, ¿tú estás prestando atención a algo de lo que digo?

Pues sí, hija, pero te veo tan alterada.

Agua estancada no mueve molino.

Y yo, no sé, tal vez esa agua corra un poquito, claro.

Que no hay nada que mover, nada.

Pues entonces estate tranquilita ya.

Coge ese cuaderno que tienes y escribe,

que eso te hace templar muchos nervios.

Podemos salir de noche por carretera,

dirección al noroeste, y cruzar la frontera por Camerún.

por Río Campo. Ya te lo he dicho.

Bajo ningún concepto voy a abandonar mi casa,

mi familia, mi país,

huyendo de noche,

cruzando una carretera como una fugitiva.

Bueno, ¿es que no lo ves?

¿Eh?

Cada día que pasa, es una oportunidad perdida.

Tampoco quiero renunciar a nuestras vidas aquí.

Pero es que no tenemos otra opción.

Además...

no puedo permitir que nada os pase.

Y nada nos va a pasar.

Porque voy a conseguir ese dinero.

Espera, ¿qué vas a hacer?

Echarle el valor que a ti te falta, Francisco.

Mientras, encárgate de la fábrica y no nos metas en más líos.

Aún debo aguantar que me señalen en la plaza y en Río Club

por negociar con los trabajadores,

¿y ahora también he de lidiar con esto?

Bueno, tal vez, dentro de poco estemos muy lejos de aquí.

No digas eso.

Si es verdad. Si tu padre y doña Patricia

no consiguen el dinero que necesitamos,

tendremos que volver a Madrid.

Es que, a pesar de todos estos asuntos,

sigo queriendo quedarme aquí.

Si pudiera hacer algo para ayudar.

Algo.

Oye, Carmencita,

¿y el asunto de los muebles del chiquito?

¿Hablaste con él?

Sí, sí, no quiso venderme ninguna pieza.

Aún rabia el saber que el mueble que hizo para sus compañeros

está en manos de Linda.

No quiere sus muebles en manos de los colonos.

¿Y si le ofreces algo mejor?

Pues tú me dirás, Tata, si no quiere hablar conmigo.

Dinero.

Tata, que eso es precisamente lo que no tenemos.

Claro, Virgen de Guadalupe,

si es que tienes una cabecita tan loca y tan llena de cosas

que no te deja pensar con claridad.

Mira, en esta colonia hay muchas pesetillas.

Solo tienes que salir una tarde a la plaza

a ver pasear la abundancia.

Tienes que conseguir un socio para tu negocio,

que te preste un poquito de capital

para poder invertir en el chiquito.

Es una buena idea.

Pero ¿quién?

No sé.

Tal vez alguien con boquita de donjuán,

sonrisa de galán y mucha palabrería.

No.

No, no, tata.

Ni hablar, no.

(SUSPIRA) No.

Carmencita, el que algo quiere, algo le cuesta.

¡Buah! Pero esa no la he visto venir.

¿Cómo eres tan rápida? -Es que tú eres idiota.

¡Toma, toma! -¡Jo, otra vez!

¿Cuántas veces me ha ganado ya?

-Con esta, van cinco.

-Deberías buscarte un curro de videojuegos o algo,

y no sacas de pobres a todos.

-Ojalá tuviera tanto nivel. -A mí me ganas siempre.

-Porque eres un paquete, tío.

-¿Sí? -¡No, no!

-Oye, ¿te han llamado de entrevistas?

-Qué va, tío, nada.

-Estaba pensando que igual Julia necesita ayuda en el taller

y que igual nos contrata.

-¿"Nos"?

Si tú ya tienes trabajo.

-Estoy harto de currar con mi padre.

Me como todos los marrones.

Y, como no estoy fino,

estoy todo el rato pensando en lo de Cloe, me echa cada bronca...

Necesita un cambio de aires.

-Pues no sé si es un cambio de aires,

pero no tengo pareja para el torneo de futbolín.

-¿Yo?

-Sí, venga. Es que me encanta jugar, y eso sí que se me da bien.

-Pero ¿y Cloe no se va a enfadar si voy contigo?

Que siempre ibais juntas...

-Ni te imaginas la de veces que me ha dejado tirada.

Además, creo que eso no le interesaba.

-Vale, venga, pues me apunto.

-Pero no hagas el molinillo.

-Es lo de darle a lo loco y que dé mazo de vueltas, ¿no?

-Sí, pero está prohibido. -¿En serio?

Pero si es superdivertido. He jugado siempre así.

-Menudo fichaje acabo de hacer. No se te da bien ningún juego.

-Mira, tengo muy buena puntería.

Abre la boca. -Venga, a ver.

Tío, eres un manco.

-Te has movido. -Eres un banco.

-Venga, ahí.

No se puede ser más mala que tú.

Mira, toma... -¡No!

-Te has movido.

-¡Eres un manta! -Ahora tú.

-Eres un manco, tío.

¡Buah! ¡Qué mala eres!

-¡Toma! -¡No!

Tío, mira cómo pones todo. -Abre la boca.

Me mata la curiosidad. Hace un rato no querías verme ni en pintura,

y ahora he tenido que dejar asuntos de vital importancia para venir.

¿A qué se debe este cambio de planes?

Asuntos de vital importancia para Víctor Vélez de Guevara.

Espera, no me lo digas, tenías cita con el sastre.

No, con el barbero.

Le he dejado plantado para acudir a esta cita contigo.

Y te aseguro que dejar plantado a una persona

que te pone una navaja en el cuello...

Víctor, esto no es una cita.

Entonces ¿por qué me has llamado con tanta premura?

Por negocios. Negocios.

Bueno, pues aquí, en Río Club, no son negocios

si no hay un trago de por medio.

¿Qué quieres? Yo no quiero nada.

Para mí un Jerez, y para la señorita... nada.

De momento.

Soy todo oídos. Quiero proponerte una inversión.

No sé si has oído que Kiros fabrica unos muebles

que están llamando la atención

entre la alta sociedad de la colonia.

Yo mismo he pensado en adquirir uno de esos baúles.

Pues creo que, si compro algunas de sus piezas

y las vendo en la plaza, podría sacarme un dinero extra.

Un dinero extra... ¿Para qué?

Eres muy insolente, eso no es de tu incumbencia.

Vaya.

Don Francisco te ha cortado el grifo

y quieres un caprichito.

Yo te puedo dar ese dinero.

No hace falta que te metas en líos.

¿Cuánto necesitas?

Estoy hablando en serio.

Necesito un socio para poder pagar a Kiros un precio justo

por su trabajo, no un valentón que me pague los caprichos.

Pero ya veo que tú no eres esa persona.

Siento habernos hecho perder el tiempo.

Carmen, espera.

Yo te presto el dinero,

pero, a cambio, hay una contrapartida.

¿Qué se supone que debo darte a cambio?

Lo que más deseo en este preciso momento.

Pues la verdad es que sí que encontré información

del taller de Carmen.

Mira, facturas, registros....

Hay listas de empleados, pero falta mucha documentación aún.

¿Hay algo interesante?

Sí, mira.

Ganó un premio en el año 63.

Ay, sí.

Sí, sí.

El famoso premio.

Carlos me lo contó.

Se ve que Carmen, al ir a recibirlo,

se lo dedicó a todo su equipo.

Pero con nombres y apellidos, y alabando alguna de sus habilidades.

El discurso fue tan bonito que lo publicaron entero.

¿Y te suena alguno de los nombres?

Bueno, es que yo llegué aquí muchísimos años después.

Pero, bueno, algún nombre sí me suena.

Sí, sí. Son bastantes.

Sí. Bueno, en el taller debían de ser cuatro.

Porque Carmen diseñaba los muebles aquí

y también hacía algunos pequeños arreglos,

pero muchos de los procesos

se lo se encargaba a otra gente del pueblo.

Es que era un negocio precioso. Sí.

Mira, mira lo que dijo, no me acordaba yo de esto.

"Gracias por tu ayuda inestimable, querida Reme,

como los perfumes exquisitos y distinguidos,

tú vienes en frasco pequeño".

¿Conocías a la Reme? Sí, era muy chiquitita

pero con un carácter...

Trabajaba en el taller con Carmen, mano a mano.

Y creo que ahora está en una residencia.

Sí, he hablado con ella hoy.

¿De verdad? ¿Sí? De verdad.

Me ha tenido una hora al teléfono.

Se me ha pasado el tiempo volando.

Me ha contado muchas cosas del taller, de Carmen...

Me ha dicho que era una jefa muy exigente,

pero que trataba a todos sus empleados

como si fueran de su familia.

Y que en los momentos de más éxito del taller era el centro del pueblo.

Bueno, muchas familias vivían de él de alguna manera, claro.

¿Vas a decirme de una vez cuál es esa contrapartida?

Participar en la venta de muebles contigo.

Eso es lo que más deseas en este preciso momento.

Soy un hombre sencillo.

¿Y por qué querrías algo así?

Eres muy insolente. No es de tu incumbencia.

Lo haces para pasar más tiempo conmigo, ¿verdad?

Como comprenderás, después de pregonar

lo del beso por todo Río Muni, no tengo ningún interés.

Pasaremos juntos solo el tiempo necesario.

Mi fama habla mal de mí.

Tu actitud no pone mucho de su parte.

Pero dentro tengo un caballero que desea salir.

Ni en un siglo conseguirías convencerme de eso.

No te pido un siglo,

te pido una tarde contigo, vendiendo muebles.

A mí me parece un buen plan.

A no ser que tengas otra persona a quien acudir.

Está bien.

Seremos socios, pero socios y nada más.

Me parece una idea espléndida.

Pero, si en algún momento de este negocio

vuelves a intentar besarme...

Carmen, Carmen, no suelo mezclar placer con negocios.

Por eso mismo no hago muchos negocios.

Pues he pensado...

que quiero que sean todos de aquí, del pueblo.

¿Qué te parece?

Pues que espero que me tengas en cuenta.

¿En serio? A ver, mucho de muebles no sé.

Pero, para mí, sería un placer trabajar a tu lado.

¿Para ti? Vamos, no me imagino yo mejor compañera.

Eso sí, me tienes que dar tu currículum,

que lo quiero tener todo en una carpeta.

Quiero hacer las cosas bien. Muy bien.

¿Pongo otro café? No, me tengo que ir.

Tengo que ir a ver cómo va Sergio con el taller.

Ya te digo yo cómo va:

va lento. Elena...

Sé lo que piensas, pero me ha dicho que hoy tenía las cosas listas.

Bueno, vale.

Si a ti no te preocupa que esté pululando por tu casa

con lo reciente que está todo...

Elena, que soy más fuerte de lo que crees.

Y menos fuerte de lo que te empeñas en aparentar.

Venga, va, dime la verdad.

¿Cómo estás tú?

Pues es un poco raro.

Tenerle tan cerca,

hablando de nosotros, sin discutir,

del divorcio, de que lo mejor es no estar juntos.

La verdad es que estoy cómoda a su lado.

Ay, madre... No, no, de verdad.

No, yo tengo muy claro

que quiero firmar los papeles del divorcio.

Es lo mejor, que tengamos caminos diferentes. Pero...

Lo sabía.

Elena, que los peros no son siempre malos.

Pero...

Pero...

no deja de ser mi mejor amigo...

y la persona que mejor me conoce

y con la que más complicidad tengo.

¿Y tú estás segura de que esta vez se acabó y se acabó?

Sí, además, yo no puedo perdonar lo que me hizo.

Tengo muy claro lo que quiero para mi nueva vida.

Y es que Sergio no entra en ella.

Bueno, pues no se hable más.

Ahora, a centrarse en el taller

y en todas las cosas buenas que están por venir.

Eso.

(Puerta)

Inés, ¿qué ocurre?

Agustina me ha hecho llegar tu mensaje.

-Estoy harta de esta colonia;

de sus normas, de mi marido, de vivir una mentira.

Necesito estar contigo, juntos.

Esta vez de verdad.

-Estás muy nerviosa.

-¿De qué sirve mantener las distancias

si ya sufrimos por nuestro amor?

De ti se dice que eres el chivato de Ventura.

Y de mí, la adúltera de la colonia. -Mantengamos la calma.

Odio que estés en boca de todos, pero todo esto pasará.

-Han tirado huevos contra la librería.

-¿Qué?

-¿Estás bien?

-Sí. Por fortuna, solo hemos tenido que limpiar los cristales.

Eran una panda de muchachos.

-Daré con quienes han sido. -No, no quiero saberlo.

No quiero saber nada de esta colonia.

Quiero irme lejos de aquí.

-¿Qué dices?

-Estaba equivocada.

No... No necesitamos estar separados en estos momentos.

Al contrario, necesitamos estar más cerca que nunca el uno del otro.

-¿Estás proponiendo que nos vayamos?

-Juntos.

A París, Londres, Nueva York...

A cualquier sitio en el que podamos ser nosotros mismos.

-¿Estás segura?

-Nunca he estado más segura de nada.

Debe ser esta misma semana.

Tengo un contacto que puede sacarnos del país.

Mañana cerraré antes la librería

y nos reuniremos aquí para ultimar los detalles.

Y, si todo va bien, este mismo viernes seremos libres.

¿Estás bien?

-Sí, sí, sí, completamente.

Es solo que he fantaseado tantas veces con este momento

que ahora me entra un extraño vértigo.

-Si no estás seguro, podemos pensar en otra cosa.

-Estoy completamente seguro.

-Tu madre te buscará.

Empezaremos de cero en otro lugar.

Tendremos que buscarnos la vida de cualquier manera.

Y quién sabe a qué dificultades tendremos que enfrentarnos.

-Quiero pasar el resto de mi vida contigo.

Quiero no mirar atrás

y despertar cada mañana junto a tu cuerpo desnudo.

Quiero hacerte la mujer más feliz del mundo, Inés.

Quiero darte el mundo.

Sergio, es tardísimo. ¿cómo vas?

Ratas, resulta que tienes ratas. ¿Qué?

¿En el taller? Monté las máquinas,

revisadas de arriba abajo, pero no encendían.

Y las desmonté sin encontrar ningún problema.

Hasta que por fin di con esto.

La mayoría de los cables están pelados.

¿Y eso lo han hecho las ratas?

Te aseguro que ayer estaban intactos. ¿Qué más puede haber sido?

No sé, alguien que ha entrado y ha apelado a los cables.

Estás un poquito obsesionada, ¿no?

Primero, los ladrones donde no los hay, ahora pelacables...

¿Te acuerdas de mi ventana?

Podría ser la misma persona que me tiró la piedra.

Mira, por favor, que han marcado el diente.

¡Quítame eso de la cara, por favor!

Por las ratas, no debes preocuparte. He puesto trampas por todo el taller,

mañana podemos llamar a alguien que las fulmine.

El problema es el cableado. Debo cambiarlo.

Son dos días de trabajo por lo menos.

Sergio, me dijiste que ibas a acabar hoy.

Me hubiese encantado, tengo mucho que hacer en Madrid.

¿Y los papeles del divorcio, te ha dicho algo tu amigo?

Me ha llamado muy agobiado, que tiene mucho lío,

que le ha sido imposible, pero está con ello.

La semana que viene lo tenemos seguro.

No me estarás dando largas con los papeles, ¿no?

¿Crees que soy capaz de hacer algo así?

No me tires de la lengua...

Escucha, en menos de una semana tendrás el taller en marcha

y habremos firmado el divorcio.

Todo, en menos de una semana.

Son solo un par de imprevistos, nada más.

Sergio, tienes dos días para lo de los cables.

Dos días, ni uno más.

¿Vale?

Y ahora, vámonos, que es muy tarde.

Sí, tienes razón.

A esta hora ya no doy pie como bola.

No se abre.

Es que a veces se sale de su sitio.

Déjame a mí. Si haces así...

¿Qué? ¿Puedes?

No, está atascada.

Pues desatáscala, ¿o necesitas dos días también para eso?

Sergio, sabes perfectamente que no me gusta nada

estar en espacios cerrados.

Julia, que nos conocemos.

Tranquila, no me montes un número. Respira.

Respiro y no monto números

porque no hay razones para ponerse nerviosa.

Solo nos han encerrado. ¿Por qué dices eso?

Es solo la puerta.

No, no es solo eso.

Antes abría y ahora no. Ha sido alguien.

Julia, habrá sido el viento.

Sí, el viento ha cerrado y ha puesto la llave.

O han sido las ratas, a lo mejor.

Madre mía. ¿Qué?

Estamos encerrados con ratas.

¿De qué ratas hablas? No hay ninguna rata. Tranquila.

Debes calmarte. Sí.

Sí, tengo que calmarme.

Tengo que calmarme. Eso es, tranquila, respira.

No puedo...

Sergio, ¿no tienes la sensación de que falta el aire?

Julia, aquí hay aire de sobra.

Estoy aquí contigo. ¿Vale?

Respira. No puedo.

Me está dando mucha ansiedad.

Respiro, Julia. No puedo.

Tranquila... Sergio...

Respira.

Respira.

-Me marcho lejos de Río Muni.

-¿Cómo es eso? ¿Adónde va?

-Aún no lo sé.

Pero esto es algo que nadie debe saber.

-Te quiero.

-"¿Y si no hay un futuro

en el que vuelvas a abrazar a tu madre"

ni yo a Víctor?

¿Estás aseguro del paso que vamos a dar?

"¿Sergio?".

¡Sergio!

¡Lo conseguí! Alguien ha querido encerrarnos.

-¿Quién se iba a tomar tantas molestias para hacer algo así?

Tirso, no ha podido ser Sergio.

Entonces ¿quién? -Yo que tú andaría con mucho ojo.

"Tiene inventiva para acabar llevándote al altar otra vez".

"Cuando hay que lamentar una paliza o un cadáver cerca del río".

No es la obra de un prestamista resentido,

es la propia colonia restaurando su equilibrio.

-Si tanto necesitas mi ayuda,

estaría dispuesto a concedértela... con una única condición:

deja a Francisco.

Queda inaugurado el proceso de selección de personal.

Espero que quepan todos los candidatos aquí.

¿A ti esto te parece normal?

¿Tú te imaginas a toda esta gente cogiendo una sierra industrial?

¿Imaginas el caos que puede ser eso?

¿Y qué tiene de bueno que nos dejes sin trabajo a los del pueblo?

Pero si es que quiero que esto sea beneficioso para el pueblo,

pero entiéndeme, para eso necesito beneficios, precisamente.

Y eso es algo que este pueblo no te ha pedido nunca.

La venta está prevista para mañana.

¿Tendrás listos los muebles?

Venga esta noche, cuando esto esté más calmado.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 23

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Dos vidas - Capítulo 23

24 feb 2021

Julia, a pesar de los imprevistos, sigue muy motivada con sacar adelante el taller de Carmen e investiga sobre el pasado del negocio. Sergio tarda más de lo previsto en arreglar las máquinas, un tiempo muy propicio para intentar ganarse el perdón de Julia, y quién sabe si recuperar su relación. Carmen no quiere abandonar Río Muni y, animada por Agustina, tiene una idea para ganar un dinero y poder ayudar a su padre. Pero para llevar a cabo su plan, tiene que cerrar un trato con un socio muy particular.

ver más sobre "Dos vidas - Capítulo 23" ver menos sobre "Dos vidas - Capítulo 23"
Programas completos (63)
Clips

Los últimos 101 programas de Dos vidas

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos