Dos vidas La 1

Dos vidas

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No recomendado para menores de 7 años Dos vidas - Capítulo 22 - Ver ahora
Transcripción completa

Vale, esto sí que no me lo esperaba.

¿Esto te funciona con otras mujeres?

Pensaba que estábamos bailando al mismo ritmo.

Sí, el que tú marcabas. ¿Desde cuándo se piden los besos?

No sé los tuyos, pero los míos, siempre.

Si en esos tres meses no has levantado el negocio,

tendrás que renunciar a él, a la casa y a este pueblo.

Trato hecho.

-"Estaba buscándote el chiquito". "Kiros. ¿Y qué quería?".

Decía que estaba muy arrepentido de cómo se había comportado contigo.

¿Y me lo dices ahora? -"Sé lo que piensas sobre ella".

Te trata bien, te sonríe al hablar,

y te ha hecho creer que sois iguales.

¿Y no lo somos?

Algún día podremos vivir como iguales,

pero nunca podremos mezclarnos.

-"No me gusta que estés a la gresca con tu amiga".

Cuando no es una chorrada, es otra.

Es que me gustaría explicártelo...

¡Ya está, paso! -Voy contigo.

No. Voy yo solo.

-Le conté una mentirijilla,

para no hacer daño.

Pues, para no querer hacerle daño, está dolido.

Por tu culpa lo han apaleado.

Una madre siempre debe velar por el bien de su hijo.

Siempre.

Nada. nada, de nada.

Estos aparatos tienen casi 70 años.

¿Dónde encuentro a alguien que arregle máquinas?

No sé.

He venido aquí con la esperanza de recuperar nuestra amistad,

pero noto algo raro en ti.

La verdad es que vivimos en mundos diferentes,

mundos que no se pueden mezclar.

Espero que llegue el día en el que cambies de opinión.

Ha llegado el momento de ser generoso contigo.

-¿Qué es?

Es mi forma de agradecerte la información sobre el librero.

Ese hombre ya no volverá a molestar.

"Ventura nos ha pedido que le adelantemos

el primer pago de la deuda a este sábado".

"Pero no tenemos con qué pagarle. Estamos arruinados".

¿Qué ocurre? Nada, no ocurre nada.

Nos vamos de Guinea.

Esta misma noche.

¿Qué haces aquí? ¿No dijiste que no ibas a molestarme más?

Que he estado pensado, en fin, ¿qué te parece si nos divorciamos?

¿Qué?

Pero, padre, ¿por qué tenemos que irnos?

¿Qué ha sucedido?

Dímelo, por favor.

Tengo problemas económicos, debo dinero.

Si nos quedamos, corremos peligro.

¿Por qué? ¿A quién le debes ese dinero?

Eso es irrelevante.

Tenemos que irnos esta misma noche.

¿Y qué va a pasar con la fábrica, con los trabajadores,

con el servicio, con esta casa?

Por desgracia, ahora debemos pensar en nosotros. Ya está.

Tiene que haber alguna forma de resolverlo.

Lo último que nos hace falta es que tú, precisamente tú,

intentes arreglar nada de lo que está pasando aquí.

¡Déjala, por favor! ¿Es que no escarmientas, niña?

¿No te das cuenta de que esta desgracia tiene que ver contigo

y con tu afán de entrometerte en todo lo que no te concierne?

¡El único culpable soy yo!

¡Claro que eres tú, nadie lo discute! Yo digo que esta niña...

¡Sí, sabemos todos lo que quieres decir, sí!

No es hora de discutir.

Debemos organizar el viaje y olvidarnos de todo.

Padre, tiene que haber otra posibilidad.

La hay.

Pero no está en tus manos, sino en las mías.

Solo necesito un poco de tiempo. El sábado acaba el plazo.

Tenemos que salir de Guinea ahora. Es mi tierra, Francisco.

¡Patricia! El viernes tendrás el dinero.

Hasta entonces, es imperativo que todos,

absolutamente todos, seamos discretos.

Nadie dirá nada a los trabajadores de la fábrica ni al servicio,

y muchísimo menos, a mi hijo Ángel.

¿Está claro?

(ASIENTE)

Sí.

¿Estás segura de que lo que vas a hacer es lo mejor?

Tan segura como de que, cuando todo esto haya pasado,

las cosas van a cambiar muchísimo en este negocio.

(Sintonía de "Dos vidas")

No entiendo. ¿Me estás pidiendo el divorcio?

Yo creo que es lo mejor.

Pero si solo llevamos una semana casados.

¿Y qué sentido tiene seguir casados si cada uno va a hacer su vida?

No, si visto así...

¿Qué pasa? ¿No te parece bien?

Sí, sí, es que me ha pillado de sorpresa.

Escucha...

Yo no te he dejado de querer, eso lo sabes.

Porque lo sabes, ¿verdad?

Pero tampoco voy a engañarme,

las cosas están como están entre nosotros.

Yo te decepcioné, y tú no quieres seguir a mi lado.

No depende de mí.

Así que, creo que el divorcio es la mejor solución.

Tienes razón.

¿Te acuerdas de mi amigo Jon,

el que vino a vernos desde Londres con su novia?

El abogado. El abogado.

Se volvió a España hace año y medio.

Puedo pedirle que nos prepare un documento,

un borrador, si tú quieres.

Claro, sí. Habla con él.

¿De verdad te parece bien?

Sí. Y cuanto antes mejor.

Gracias.

¿Gracias, por qué?

Porque podamos hablar así de lo nuestro.

Oye, antes has dicho que te dolía la cabeza,

¿seguro que no quieres que vaya a por algo?

No, no te preocupes, supongo que se me pasará cuando se arregle

lo que me da dolor de cabeza.

¿Los ves? Pues son cadáveres.

Supongo que hace 50 años hacían un montón de cosas, pero ahora, nada.

¿Quieres que les eche un vistazo?

¿Tú?

A ver, Sergio, que eres ingeniero, pero más de traje y corbata,

nunca te he visto apretar un tornillo.

Parece que fuese tu especialidad. No.

Mi especialidad es dibujar ballenas, como un niño, ya lo sabes.

El experto en mecánica del automóvil es mi padre,

¿o es que no te acuerdas de su colección de coches antiguos?

Cómo para no acordarme,

si es lo primero que hizo cuando llegue a su casa,

llevarme al garaje.

Pero, vamos, no querrá venir hasta aquí.

No te quiere ver ni en pintura.

Pero estoy yo.

Yo le ayudaba, era su mano derecha.

Bueno, digamos que era la única mano que tenía disponible,

pero, eso sí, aprendí un montón.

Esto no son coches, Sergio.

Las máquinas son máquinas; todas se parecen.

¿Qué me dices?

Que gracias, pero no.

¿No? No.

Si vamos a divorciarnos, es mejor no complicar las cosas, ¿no crees?

Mira, cuanto menos tiempo pasemos juntos,

más fácil para los dos.

La señora de la casa ha decidido engalanarse.

¿Puedo saber el motivo?

El collar de tu madre.

¿Cuántos años llevabas sin ponértelo?

A ver, déjame. No.

Ahora mismo, preferiría no verte, si no es mucho pedir.

Ya.

¿Tan enfadada estás conmigo?

No confundas mi decepción con un vulgar enfado.

Así que es eso.

Pues sí, Francisco, claro que es eso.

Te miro y me cuesta reconocer al hombre del que me enamoré,

el hombre que admiraba tanto.

¿Eso quiere decir que ya no sientes amor por mí?

Ojalá fuera el caso.

Mi vida sería más fácil si no te quisiera.

No tienes por qué hacer nada que no quieras hacer,

aún tenemos la opción de irnos.

No me hables como un colono habla con otro.

Yo sería una extranjera en Madrid, así es como me sentiría.

La querida de Francisco Villanueva,

el hombre que volvió de la colonia con los mismos caudales

con los que se fue.

Eh, estás preciosa.

¿No vas a decirme cómo piensas conseguir el dinero?

Lo único que tienes que saber es que este sacrificio lo hago por ti,

por mi hijo...,

por mi familia.

Pon tú algo de tu parte. ¿Qué puedo hacer yo?

Para empezar, no pagar más jornales esta semana.

Así no seguiremos perdiendo dinero si yo no consigo mi propósito.

Eso es inviable.

Podríamos provocar sabotajes en la fábrica, quién sabe si otra huelga.

¿Te tengo que recordar cómo hacer tu trabajo?

Si hay otra huelga, seguro que encuentras el modo de sofocarla.

Está bien.

Don José, cuánto tiempo. ¿Te vas ya?

Bueno, a ver si nos vemos otro día.

Adiós.

Uy.

Esto sí que es extraordinario,

el joven más prometedor de la colonia

malgastando su valioso tiempo en el Río Club.

Tenía un rato libre y decidí tomar algo.

Ya. No te hagas el mojigato conmigo,

que he oído que últimamente frecuentas mucho el club,

tanto como yo, si no más. -Vengo de vez en cuando, solo eso.

Ya. Bueno, bien que haces.

En algo tienes que gastar el dinero que ganas con Ventura.

Que, según he oído, ha sido muy generoso contigo últimamente.

No sé a qué viene eso.

¿Aún no te has enterado de que Río Muni es el paraíso del rumor?

El infierno del rumor, más bien.

Pero no sé a cuál te refieres esta vez.

Al menos, habrás oído hablar del mal encuentro que tuvo ese pobre librero

de Bata, que por cierto, era un hombre guapísimo.

¿Es que ha muerto? -No, no, no,

pero dudo mucho que vuelva a destacar por su apostura.

Al pobre le golpearon...

Sí, sí, de esa parte sí que estoy enterado.

Pues dicen que Inés, la mujer de Vélez de Guevara

y ese librero, pues que...

En fin, ya me entiendes.

No.

Dios mío, Ángel, que hacían algo más que pasar páginas

y discutir de encuadernaciones.

Que cuando se veían, no siempre llevaban la ropa puesta,

¿me entiendes ahora? -Qué poco cuesta difamar, Linda.

Pues no solo dicen eso.

También dicen que fuiste tú quien tuvo a bien

ponerlo en conocimiento de Ventura.

¡Eso es mentira! -Bueno, cálmate.

Yo no soy ningún correveidile, jamás haría algo así.

Y tampoco entiendo que se dude de la honra de doña Inés,

ha sido una esposa intachable. -Entonces, lo del librero...

A ese hombre lo habrán apaleado por otro motivo.

Ay, mi pequeñín, que parece que se ha hecho un hombre.

No vuelvas a llamarme así. -Tienes mi palabra.

Y te agradecería que, no alimentes las habladurías sobre mí.

De acuerdo, pero cuida de no hacerlo tú mismo.

¿Y eso, a qué viene?

Mira qué hora es y se disiparán tus dudas.

El reloj tiene nada que ver. No es lo que crees.

Si no es nada, ¿por qué te empeñas en ocultarlo?

Es tu vida, Ángel;

no seré yo quien te diga cómo vivirla.

pero a los dos nos gustaría que fuera una vida larga, ¿verdad?

Ten mucho cuidado.

Chicas. Hola.

Hola.

-Hola.

Ay, me encanta.

Niño, o dormimos o desayunamos, todo a la vez, mira lo que pasa:

que el bizcocho va por su lado y el café se derrama,

¿y quién limpia? El menda. -Perdona, Tirso,

es que me he quedado un poquillo fuera pensando en mis cosas.

Como si a tus años tuvieras muchas cosas en las que pensar.

Me has liado.

¿Cloe, verdad? -Ahí le has dado.

¿Qué le pasa ahora?

No, si ella está bien. -Pues ¿qué te pasa a ti?

Que yo soy un tipo que, tú me conoces, Tirso,

que vengo de buenas, me pones mi bizcocho, mi café

y este es mi desayuno.

Chico, eres como un libro abierto.

Que no me gustan las complicaciones, Tirso.

Y toda esta bronca que tienen Mery y Cloe, pues...

¿Siguen enfadadas? -No solo están enfadadas,

es que, Cloe me mete en medio de sus movidas.

¿Y cuál es el problema?

No lo sé, ninguna suelta prenda;

y, si te digo la verdad, cada vez me importa menos.

Hombre, tampoco es eso, Ribero.

Es lo que hay.

Cloe está... imposible.

Cuantas más vueltas le doy,

más claro tengo que... no podemos seguir juntos.

No, hombre. Con lo que os queréis, Ribero.

Ya. Pero a lo mejor no basta solo con querer, ¿sabes?

Que puedes querer mazo a una persona

pero hacerle infeliz.

Anda,

no le des vueltas y tómate este café, que se te va a quedar helado.

Bueno, ya hablamos otro día. -Venga, anda.

Hola. Hola, Julia.

Buenos días. Cada día vienes más pronto.

¿Qué te pongo? Nada.

Entre nada y nada, al final quiebro. Muy bien.

Vengo a pedirte un favor.

No puedo arreglar las máquinas del taller sin herramientas.

Eso está claro. ¿Tú tienes?

Debería.

Cuando tenga un rato, las busco y te las llevo a casa.

Me corre un poco de prisa, Tirso, la verdad.

Vale.

Hola. Hola.

Gracias.

Por cierto,

¿tú sabes de engranajes y esas cosas?

Algo. ¿Y arreglar motores?

Lo que aprendí en el taller de un amigo.

Bueno, la mitad, la otra la he olvidado.

Te lo digo porque, lo que es yo...

Yo no sé nada.

No me he visto en una así en mi vida;

es como si mirara una pintura abstracta, pero muy abstracta.

¿Me estás pidiendo ayuda?

A ver, ayuda, ayuda...

Porque te la ofrecí ayer, ¿te acuerdas?

Y te pusiste un poco borde. No exageres.

¿Exagero? ¿Cómo fue exactamente la palabra que me dijiste?

¿"Condescendiente"?

¿Es que no me vas a pasar ni una?

Y me reprochaste que no confiaba en ti,

que no creía que fueras capaz de hacerlo tú sola.

No fue un reproche.

Bueno, sí, fue un reproche, exactamente, sí.

Bueno, ¿has terminado ya?

Sí. Y no me pongas esa cara, que me lo cascaste ayer mismo, aquí.

Te quedaste tan ancha.

¡Bueno, vale, está bien!

¿Qué está bien?

Que lo siento.

Lo siento.

Eso me viene valiendo más.

Y ahora que tienes lo que querías, ¿me vas a ayudar o no?

Pues claro.

Pero creo que no necesitas ni mi ayuda ni la de nadie.

A ver, Tirso, cada día te entiendo menos.

Una cosa es que me molestara lo que me dijiste ayer,

que sí, pero otra es que no considerara que tenías razón.

Espera, ¿ahora tengo razón yo?

Pues sí. Lo que quiero decir...

No sé si serás capaz de hacerlo por ti misma

o tendrás que llamar a un mecánico, un experto en esa maquinaría,

pero ahora tienes la necesidad de intentarlo por ti misma.

No pierdes nada por hacerlo. ¿Y quién sabe?

Quizás aprendas mucho metiendo mano a esos engranajes.

Eso que te llevas.

Pues sí, eso que me llevo.

"Y es justo ahora,

si hemos comprobado con cuidado el estado de toda la resistencia,

cuando el alternador debería funcionar correctamente".

-Bendito tutorial.

Pues sí, porque si no,

no tendríamos ni idea de lo que hacer.

Yo tampoco tengo tan claro

que hayamos hecho lo que dice el tutorial.

¿Tú crees?

Hombre, no, si esto ya está.

¿Sí? Bueno, ¿mejor hacemos un repaso por si acaso?

Vale.

A ver, engrasar las bobinas. Eso está hecho.

Sí. Si es que eso eran las bobinas.

Que sí, Elena, que sí, que yo sé cómo es una bobina.

Sí.

No sin antes, proteger el motor y las conexiones.

Eso también lo hemos hecho. Vale.

El motor está claro que era lo gordo.

Pero las conexiones no sé si las...

Elena, hazme caso, que yo sé lo que hago, de verdad.

Además, que así terminamos antes.

Vale. Venga, ¿qué más?

Ajustar los rotores, las resistencias y el alternador.

También hecho.

Voy a por más agua.

Ah, muy bonito que te lo tomes a guasa.

¿Cómo quieres que me lo tome?

A ver, lista, ¿dónde están las resistencias esas?

Pues las resistencias es eso...

que he estado trasteando antes.

Que sí. Ahora vengo.

(RESOPLA)

Vaya mierda.

He oído de que la hija de Villanueva te tiene encandilado.

Y si fuera cierto, supongo que usted tendría que reprocharme algo.

Muy al contrario, Víctor, esa joven me gusta.

Pero mucho me temo que echarás todo a perder,

en eso, has salido a tu madre.

No has tocado la comida. -No tengo hambre.

Me preocupa que no te alimentes;

diré que te preparen algo más de tu gusto.

Madre, no seas cínica.

Cualquiera que te oiga, va a pensar que te desvives por nosotros.

¿Por qué dices eso?

¿Por qué me tratas así?

De que estás en boca de todos, de eso estoy hablando, madre.

-¿Y puedo saber qué dicen de mí?

-No me apetece hablar del tema.

-No, no, adelante.

-Dicen que tú eras la mujer casada que se veía con el librero.

-¿Dónde has escuchado eso? -Dónde no lo he escuchado, más bien.

-¿Y tú, precisamente, que los has padecido tantas veces,

das crédito a los rumores?

-No siempre son infundados.

-Lo son demasiado a menudo como para atenderlos.

¿Qué harás si empiezan a decir que no eres hijo de tu padre?

¿O que nuestra fortuna no es legítima?

¿O cualquier otra invención que quieran difundir?

¿También les creerás? -Has sido muy elocuente.

Y, entre toda esta palabrería, no has desmentido que sea cierto.

-Lo niego ahora, hijo.

Todo es una mentira repugnante.

Y lo peor es que han podido matar a ese hombre.

-¿Lo conocías? -Claro que lo conocía.

¿Cuántos libreros crees que hay en la colonia?

No solo lo conocía, sino que le tenía aprecio.

Le tengo aprecio.

Alguien con el que me encantaba discutir de literatura.

Pero esa era la única pasión que compartíamos, hijo,

la pasión por los libros.

Espero que lo sucedido no tenga que ver con ese infundio horrible.

-¿Por qué la gente se esforzaría en decir algo así?

-No seas ingenuo, no es propio de ti:

hay personas más que deseosas en hacer daño a esta familia.

Tu padre es un hombre poderoso,

y eso significa que tiene muchos enemigos.

-Alguno se lo habrá ganado a pulso.

-Seguramente.

Y habrá otros que pasen por ser amigos suyos.

Hay donde elegir.

-Te pido que aceptes mis disculpas, madre.

No debía haber dudar de ti.

-Anda, dime qué quieres que te preparen.

No tengo más hambre.

Voy a echarme.

Tata, ¿te das cuenta?

Padre lo dijo como si fuese algo irremediable.

No he podido dormir en toda la noche.

¿Tú entiendes lo que te acabo de decir?

Quiere que nos vayamos de Guinea para siempre.

Sí, sí, lo he entendido.

Y no se te ve muy disgustada.

Hija, si es que este no es lugar para nosotras,

y nunca lo ha sido.

Además, algún día teníamos que volver a casa.

Pero no todavía. No ahora, tata. Yo no quiero marcharme.

Siento que apenas acabo de descubrir

lo que esta tierra tiene para ofrecerme.

Tendrás que aceptar la voluntad de tu padre.

Además, él sabrá lo que es mejor para nosotras.

No, tata, no es eso lo que mueve a mi padre, sino el miedo.

Anoche lo vi tan..., tan vulnerable, tan débil...

Y lo peor es que no sé cómo puedo ayudarlo.

Ni se te ocurra mencionar la palabra ayudar,

bastante escarmiento hemos tenido ya.

Carmencita, ¿me oyes?

Necesito encontrar la manera de conseguir el dinero.

¡Ay, Cristo de Medinaceli!

No hagas nada a espaldas de tu padre.

Linda viene por ahí. Ni se te ocurra contarle nada.

No lo puede saber nadie.

-Uy, ¿y esas caras?

¿Algo que deba saber? -(AMBAS) No.

-No sé yo...

Y eso que tú deberías estar radiante.

¿Yo? Sí. Tienes un buen motivo.

Al menos eso creo yo.

No sé a qué te refieres.

Ay, Carmen, no te hagas la cándida conmigo.

tu velada con Víctor, ¿cómo fue?

Estoy deseando saberlo. Así que es eso.

Pues claro que es eso. Si es que no tengo nada que contar.

Ay, Carmen, que no te pido "Las mil y una noches"...

pero, no sé, algún detallito jugoso...

Si te llevó a la orilla del río, a ver las estrellas...

Si bailasteis en mitad de la selva a la luz de la luna...

Si... Si paseasteis hasta el amanecer.

No sé, esas cositas.

(SUSPIRA)

Así que es verdad lo que vi en la proyección de la película.

Mira, Linda, si te digo que sí, imaginarás cosas donde no las hay.

Nunca te había visto tan radiante.

La cita fue bien.

Fue divertida, pero, después de la película,

me acompañó a casa..., y eso fue todo.

(LINDA SUSPIRA)

¿Qué? ¿Probamos a ver?

Ya he probado ya.

¿Y qué tal?

Nada, Elena.

¡Nada, de nada!

(Máquina en marcha)

¡Toma!

¡Que funciona!

Oye, oye, ¿no hueles algo raro?

No, ¿raro? ¿Cómo qué?

Como a quemado.

(La máquina deja de funcionar)

¿Y ahora qué?

¿Qué vas a hacer?

No me queda otra, Elena.

Oh, Julia, no te precipites.

Es lo que hay.

Si no pongo el taller en marcha,

no le puedo devolver el dinero a mi madre,

y, si no le devuelvo el dinero a mi madre,

no hay taller, ni pueblo, ni casa, ni nada.

Además, tú y yo ya lo hemos intentado.

Ya, mujer, pero... No.

Por favor, no me lo pongas más difícil

que ya me está costando la vida hacer esto.

Un café con leche.

En taza y con la leche bien caliente, por favor.

Si tienes semidesnatada, la prefiero.

-Se me ha terminado.

-Pues entera.

-¿Tú no te ibas para no volver? -Me ha llamado Julia.

-¿Julia? Lo dudo.

Me ha pedido que la ayude

a poner en marcha las máquinas del taller.

-¿A ti también?

-Si te ha llamado a ti y después a mí,

saca tus propias conclusiones.

-Sácalas tú, que se te ve muy espabilado.

-Se ve que no le serviste de mucho, ¿no?

-Se ve que yo, en vez de sacarle del apuro,

le presté mis herramientas

y la animé a que lo hiciera ella misma, ¿estamos?

-Tampoco las hubieras arreglado. ¿O es que eres ingeniero?

-Ni falta que me hace.

-Yo sí. Ingeniero en Tecnologías Industriales

de la Politécnica de Madrid.

Con un máster en el Imperial College, de Londres.

-Felicidades. ¿Quieres otro diplomita?

-Con el café me doy por satisfecho, tengo algo de prisa.

-Julia puede con eso y con mucho más.

No me cuentes cómo es Julia: la conozco desde los 11 años.

-Entonces, sabrás que lo único que quiere arreglar es ese taller.

-Y es a lo que he venido, a nada más.

-Tu café...

(CARRASPEA)

-¡Está frío! ¡Por Dios, qué asco! -Ay, perdona.

Es que, como tenías prisa, para que no esperaras.

¿Te hago otro calentito? Paga la casa.

Yo sí que tengo algo que celebrar. -¿Sí?

-Anoche di una fiesta para lo más selecto de Río Muni.

Ah, lo que explica que no me invitaras.

Ay, no digas bobadas.

No te invité para que no acapararas a todos los solteros de la colonia.

Además, tú tienes a Víctor.

Bueno, lo importante es que, pese a tu ausencia,

mi fiesta fue, simplemente, maravillosa.

¿Y sabes quién fue la sensación de la noche?

¿Cómo lo voy a saber si no me invitaste?

¡Kiros! -Uy.

Qué imaginación tienes, hija, fuera de lo corriente.

Pero Kiros no pudo ir a tu fiesta.

No, no, Kiros no fue.

Pero estaba su baúl, el baúl que hizo Kiros,

el que me llevé de tu casa.

Bueno, no hubo dama que lo viera que no se quedara prendada de él.

Que si "qué bonito", "qué exótico", "qué calidad en la madera"...

Bueno, y lo de la originalidad...

Todas decían que no habían visto nunca

nada ni parecido.

-Si es que ese chiquito tiene un don.

-Sabes de qué baúl te hablo, ¿no, Carmen?

Bueno, alguna incluso me ofreció comprármelo.

Y ofrecía un buen dinero,

pero, vamos, ni loca me deshago yo de una pieza tan especial.

-Pero, bueno...

¿Qué te pasa, Carmencita?

Si me disculpáis...

-Pero, bueno, ¿qué le pasa?

¿He dicho algo que pueda molestarle?

-No, niña, no creo.

-¿Entonces?

-Como mi abuelo decía, que en gloria esté:

"Si tienes una rana y no te gusta que salte,

cómprate una tortuga, hija".

-Ah, vale... No lo había oído nunca.

No te preocupes,

lo último que quiero es importunarte.

No vengo por nada personal.

Es un asunto de negocios.

Quiero ofrecerte un trato.

Esos muebles que haces por tu cuenta,

como el baúl de Linda...

Ese baúl no era para ella. Era para mis compañeros.

Lo sé, lo sé,

pero es que tiene fascinado a todo el mundo.

Hay muchas personas interesadas en comprar uno.

Podríamos organizar un mercadillo con los que tienes.

Estoy convencida de que los venderíamos todos.

¿Qué me dices?

Lo que le dije una vez: no hago muebles para los blancos.

Yo no te lo pediría si tuviera otra salida, Kiros.

Pero necesito el dinero.

No puedo decirte por qué,

pero, si me vendieras algunas de tus piezas,

eso podría sacarme del apuro.

No puedo pagarte mucho, apenas tengo nada,

pero te compensaré más adelante, cuando las cosas vayan mejor.

Kiros, lo último que quiero es aprovecharme de ti.

Yo me encargaré de todo:

de la organización del mercadillo y de conseguir compradores.

Estoy segura de que será un éxito.

¿Qué me dices?

Que no, señorita.

Kiros, dime qué quieres, qué necesitas.

Pídeme lo que sea, te lo ruego.

Ya le he dicho que no, señorita.

Pero ¿por qué?

¿Tanto rencor me tienes

como para no querer echarme una mano?

Lo siento.

Uf... Madre mía... ¿Qué?

(SUSPIRA)

Madre mía.

¿Tan mal está?

Peor. Faltan piezas...

A saber dónde vas a poderlas conseguir

y para cuándo. Esto es un desastre.

Buah, está rota la macuca.

¿Y tiene arreglo?

¿De qué te ríes, Sergio? Estaba de broma.

Creo que bastará con una buena limpieza

y grasa en abundancia.

No veo nada grave.

Me habías asustado de verdad. ¡La macuca!

Tendrías que haberte visto la cara.

Bueno, ¿y cuándo crees que lo puedes tener arreglado?

Si no hay sorpresas, hoy mismo lo tengo.

¿De verdad?

Ay, no sabes la ilusión que me hace abrir el taller cuanto antes.

Y a mí ayudarte a conseguirlo.

Gracias.

Tengo otra buena noticia para ti.

Pues hoy es mi día de suerte.

He hablado con John.

Dice que mañana mismo puede tener listo

un borrador del convenio de divorcio.

¿Mañana?

Era lo que querías, ¿no?

Cuanto antes, mejor.

Sí.

Sí, sí, es que..., así, de repente, me ha sonado raro.

Es algo nuevo... para los dos.

Vamos a ser el matrimonio más corto de la historia.

(RÍE)

Es un poco triste, ¿verdad?

(SUSPIRA)

No deja de ser un fracaso.

No, lo mires así.

Ahora mismo te tengo delante y a mí no me pareces una fracasada.

¿Una mujer con la cara sucia? Eso sí.

Pero no una fracasada.

Qué tonto eres...

Perdona que esté tan rara últimamente.

Tú tienes razón, lo del divorcio es una buena noticia.

Pero es que me cuesta ver esto,

verte así.

¿Así cómo?

Pues como un amigo, Sergio. Tú y yo nunca hemos sido amigos.

Para eso no es tarde, ¿no?

No, claro que no.

(SUSPIRA)

(CLOE) "Es que es muy fuerte, tío".

Que yo estaba superconcentrada, a lo mío,

que me había visto vídeos

de cómo no cagarla en una entrevista,

y estoy esperando y, de repente, aparece María.

¿Cómo lo ves?

-Pues ni lo veo ni lo dejo de ver.

-El caso es que ella se fue en cuanto me vio,

Fijo que vio las "stories" y fue para fastidiarme.

-Pero ¿cómo va a hacer eso?

Iría para lo mismo que tú, para ver si le daban el curro.

-Que no, Ribe, que yo te tengo a ti,

pero ella, desde que no me tiene, está sola.

Oye, Ribe, que es muy importante lo que te estoy contando.

-Lo siento, no puedo más.

-Si quieres, cambiamos de tema. -No.

No puedo más con todo esto.

Tú sabes lo que siento por ti,

pero es que estás todo el día de mal humor,

y encima discutes por tonterías.

Y no vas a salir de esta mierda

hasta que no hagas las paces con María.

-¿Y por qué te pones así? Solo estábamos hablando.

-No. Estabas hablando tú.

A mí ni me escuchabas, como siempre.

-Eso no es verdad.

-Lo que tú digas.

Creo que lo mejor es que dejemos de vernos,

por un tiempo.

-¿Me estás dejando?

-Yo no he dicho eso.

-Sí, Ribe, lo has dicho.

Por lo menos eso es lo que has dado a entender.

Dime claro si me estás dejando.

-Sí.

Un día queréis vender la casa para iros a recorrer el mundo...

y al siguiente decidís poner un negocio.

No hay quien os entienda.

-Bueno, este negocio es de Julia.

Y la casa y todo lo que quiera hacer con ella a partir de ahora.

-Qué oportunidad perdiste. Ahora podrías estar en las Bahamas.

-Si buscas a Julia, prueba en su casa.

-No, solo he venido para saber cuándo vas a dejar de dar golpes.

Así no hay quien pueda echar una cabezadita.

-Pues será mejor que te empieces a acostumbrar,

esto será un taller dentro de nada.

-(RÍE) Eso lo veremos.

Por lo poco que conozco a Julia,

no aguantará con el taller abierto ni dos días.

Es una chica un poco dispersa, ¿no?

-Cuando se propone algo, lo termina consiguiendo,

así que será mejor que te hagas a la idea.

Y mejor que dejes de llamarla mi mujer.

Vamos a divorciarnos. -Ah.

Ahora vais a ser los "casi" divorciados.

Lo que os gusta un título, ¿eh?

-¿Puedo hacer algo por ti? -Sí.

Por más golpes que des, no vas a conseguir conquistarla.

-Es que no quiero nada a cambio.

Necesita mi ayuda.

Antes que su pareja, soy su amigo.

-¿Tú crees que soy idiota? A mí no me engañas.

Salta a la vista que no hay amistad, sino conquista.

Y creo que Julia, tarde o temprano,

se va a dar cuenta de esas patitas de lobo.

Piensa que una retirada a tiempo es una victoria, chaval.

Padre.

Sigue usted teniendo un porte admirable.

¿Ha hecho un buen viaje?

Hay 150 kilómetros desde Río Benito.

Ahórrame las trivialidades.

Si estoy aquí es porque tu urgencia era extrema,

o eso me has dado a entender.

-Tan severo como siempre.

¿Por qué no se permite disfrutar de nuestro encuentro, padre?

Han pasado muchos años.

-Los que tenga tu hijo.

-Su nieto.

Está a punto de cumplir los 19, se llama Ángel.

Y es un joven con un futuro espléndido.

Mire...

Esta foto es de hace dos años.

Ahora ha cambiado mucho, está hecho un hombre.

Dicen que se parece a mí, pero creo que se parece más a usted.

Tiene su misma sonrisa.

Creo que si usted lo conociera...

se enorgullecería de él.

Y también me acuerdo mucho de las tardes en el porche,

en la casa vieja.

Bueno, y también me he acordado mucho

de cuando era niña, padre, y no podía dormir.

Y bajaba corriendo a su despacho

y usted lo interrumpía todo para contarme cosas maravillosas.

Que yo nunca supe...

si eran verdad o usted se las inventaba para mí,

pero qué más da.

Y...

Y, luego, usted...

me cantaba bajito hasta que me dormía.

-Entonces no sabía lo que ibas a hacerme.

La nostalgia es el patrimonio de los fracasados.

Tú la sientes porque tu vida ha ido de mal en peor.

Que, bien mirado, es lo que te mereces.

Mi único consuelo es que tu madre no alcanzó a vivir suficiente

para verte preñada de no se sabe quién...

y amancebándote con un hombre casado.

De haber vivido,

habría muerto entonces de la vergüenza.

Bueno, y ahora dime de una vez qué quieres de mí.

Hola.

-¿Se puede saber por qué te pavoneas aún más que de costumbre?

-Sabes que me encanta que me vean contigo.

-Muchas gracias.

-Aunque esta vez... -¿Esta vez qué?

-Que ni por un instante pensarán que te he conquistado.

-¿Y eso por qué?

-Porque, el que más o el que menos, sabe que tu corazón tiene dueña.

(SUSPIRA) Y que no soy yo.

-¿Y cómo es que mi corazón aún no lo sabe?

-Sí que lo sabe, sí, pero se resiste.

El pobre no deja de ser el corazón de un crápula.

-Ya ¿Y quién es el nombre de la dueña?

-Carmen Villanueva, naturalmente. -¿Carmen Villanueva?

Linda, la realidad se ve desbordada por tu imaginación.

-No me vengas con esas.

Todo Río Muni sabe que tu cita con ella fue muy bien.

Los mismos que se preguntaban si existiría la mujer

capaz de domar al indómito donjuán,

coinciden en que esa mujer no es otra que Carmen.

-Sois todos libres de creer lo que más os guste.

-¿Y ya está? ¿No tienes nada más que decir?

-Eso es todo, señoría.

-Hay algo que no me encaja.

Tú sueles alardear mucho de tus conquistas.

¿Qué ha tenido de especial esta cita

para que te hayas convertido en un modelo de discreción?

-A mí no me mires, sueles ser tú

la que respondes a tus propias preguntas.

No fuiste a la velada de los Ruiz Garrido

ni apareciste por mi fiesta.

Está claro que has cambiado.

Pero ¿por qué por Carmen sí y por todas las demás no?

¿Puede que sea porque viene de la metrópoli?

Sí... Pero no, teniendo en cuenta tus antecedentes...

¿Será por su indiferencia hacia las reglas del trato social?

-Linda, Linda...

Carmen es distinta en todo.

No hay más.

-¡Ay, que ya sé lo que es! ¡Ya sé lo que es!

Pero ¿cómo no he caído antes si es una obviedad?

-Ilumíname, Linda.

-Lo que te cautiva es un hecho sin precedentes

en tu larguísimo historial de conquistas;

por eso te cautiva.

Has encontrado la horma de tu zapato, Víctor.

Carmen Villanueva es la primera mujer

que te ha dicho que no.

Eso es lo que ocurre, que Carmen te ha rechazado.

Por eso, por eso estás tan callado.

No hablas para no reconocer tu derrota.

De nuevo, tu imaginación, Linda. Menuda es tu imaginación.

-Ay... Si es que tenía que ocurrir antes o después.

Nadie es infalible, Víctor,

ni siquiera tú. Pero, bueno, ya está.

No le des más importancia.

-Es cierto que por una vez quería ser algo más "caballeroso",

pero es que me lo pones tan difícil, Linda, tanto...

O, sea, que sí tienes algo que contar.

-(SUSPIRA)

Cuando acabó la velada de cine, acompañé a Carmen a su casa.

Y allí..., pues...

Nos besamos.

-¡Ay, pero eso es maravilloso! ¡Eso es maravilloso!

-No debería haberte dicho nada.

-Has hecho bien, no te tortures.

-Uy, que se me hace tardísimo. -Linda...

Linda, por favor...

Linda, prométeme que no vas a decir nada.

Linda...

Linda, de corazón...

-De corazón. De corazón. (RÍE) -¡Linda!

(RÍE) Dinero.

Dinero, eso es lo que quieres de mí.

-Ahora sé que eso es lo único que usted puede darme.

-Ni siquiera te queda orgullo.

-Estamos desesperados; por eso le he llamado a usted.

Es mi última esperanza.

-¿Desesperados?

Hasta donde yo sé, vuestra empresa tiene cierto renombre.

-Ahora solo tenemos deudas.

Y acreedores que no están dispuestos a esperar más.

-¿Y a qué obedecen esas deudas?

-No puedo contárselo,

por el bien de mi familia. -(RÍE) Ya.

Ha sido cosa de ese mequetrefe de Villanueva, claro.

Dios, en qué mala hora te juntaste con él.

-Padre, si en algo aprecia

que aún mantenga el apellido familiar,

sea indulgente, se lo ruego.

-¿El apellido familiar?

¿Y qué interés puedo tener yo en que lo mantengas?

Al contrario, ojalá no lo llevaras,

no has hecho más que embarrarlo durante 20 años.

-Mir, si no consigo ese dinero, todo se habrá acabado.

No se lo pido por mí, se lo pido por su nieto...

Él tiene un corazón noble y bueno,

y él no merece sufrir.

-Quizá sea oportuno que vuelvas a mostrarme su retrato;

para conmoverme.

No me hagas responsable de la suerte de ese pequeño bastardo.

Tú dictaste su destino cuando decidiste tenerlo en pecado.

¿Sabes que, en Río Benito,

hace tiempo que dejé de ser el coronel Godoy

para convertirme en el padre de la golfa?

-¿Me está diciendo que no nos va a ayudar?

-No te voy a dar ni un céntimo.

Ni a prestártelo tampoco.

Ya, ya sé que soy tu última esperanza,

que sin mí te hundirías.

-Porque es así.

-Pues eso es exactamente lo que espero que ocurra.

-No le daré ese gusto, padre.

Saldré adelante... sola.

Como he hecho siempre.

¿Me pones otro poleo, por favor?

¿Qué? ¿Todo bien?

Sí. Sí, sí.

Y cruzo dedos, ¿eh?

Porque siento que, por fin,

las cosas están empezando a marchar.

¿Y la cara de tanatorio? ¿Qué?

No, boba.

Será que estoy cansada.

No estoy acostumbrada a que las cosas cuesten tanto.

Ya.

-¿Y Sergio, ha terminado ya?

Está a punto.

Dice que, para esta noche, estará listo.

¿Qué pasa? ¿Me he perdido algo?

Pues... que sigo pensando

que te las podías haber apañado tú sola.

Ah, ya, te molesta que haya llamado a Sergio, ¿no?

No. (RÍE)

Pero, vamos, que... Pero ¿vamos qué?

Pues pensaba que estabas harta

de que tu madre y Sergio te sacaran las castañas del fuego.

Pero tu madre te da el dinero para arrancar el taller,

que lo entiendo, no había otra,

y viene el otro a ponerte las máquinas a punto...

No sé, pensaba que eso de que decidieran por ti

ya se había acabado.

Nadie está decidiendo por mí, Tirso.

-Sí, Tirso, eh...

No, quiero saber por qué le pones pegas a todo y todo el tiempo.

A todo no, Julia, a lo de Sergio.

¿Y por qué si puede saberse?

Porque lo que tú quieres es una cosa

y lo que él quiere es otra.

A ver, viene diciendo que te va a echar una mano

y que será muy rápido,

pero encontrará la forma de no terminar ni hoy ni mañana.

-No se va, y menos sin ti.

Qué atrevida es la ignorancia, ¿eh?

Os voy a decir una cosa, me ha pedido el divorcio.

-¡Amiga!

Por eso estás así.

¡No digas tonterías!

Es verdad que me ha sorprendido, pero, ojo, para bien.

Cree que es mejor así.

Dice que, si vamos a seguir caminos distintos,

no tiene sentido que sigamos casados.

Y yo, el caso, es que creo que tiene razón.

¿Y no es raro que de pronto pase de un extremo a otro?

Es que es otra persona, Elena, todo esto le ha cambiado.

Y, fijaos, creo que hasta vamos a poder ser amigos.

-Menudo farsante. ¿Cómo?

Pues que no me creo nada, Julia.

Ni lo de que quiera divorciarse de verdad

ni que esté arreglando las máquinas. Y, si no, al tiempo.

No. Al tiempo, no.

Vamos ahora, que ya habrá terminado o estará a punto.

Y así lo ves y pides disculpas.

Disculpas yo no tengo que pedir a nadie por nada.

Yo creo que sí, pero tú verás.

¿Yo veré de qué?

-Julia...

¿Sergio?

Dios, ¿qué ha pasado aquí?

¿Sergio?

¡Sergio!

¡Sergio!

¡Sergio!

¿Sergio? No, soy yo, Tirso.

¡Qué susto!

¿Qué pasa, que parece que te han desvalijado el taller?

¿Qué? ¿Crees que me han robado?

No lo sé, es lo que parece.

Habrá una explicación. No, que me han robado, claro.

Veamos si te falta algo. No, me falta Sergio. ¡Sergio!

Se habrá ido a dar una vuelta y se habrá perdido otra vez.

Julia, tranquila. ¡Sergio!

¿Y si nos han robado,

y si han entrado y le han visto aquí...?

Él se habrá defendido.

Ay, Tirso, no quiero ni pensarlo.

Será complicado sustituir a Miguel.

-Será cuestión de tiempo.

-¿Qué tiempo? Nos quedaremos sin novedades.

Pero no va a importar, hace dos días que no entran clientes.

-Esto no es lo que pactó usted con nosotros.

Dijo que cobraríamos nuestro salario puntualmente.

¿Cómo te atreves?

Están muy nerviosos.

He intentado acallar sus inquietudes,

pero sé que estoy jugando con fuego.

Tranquilo.

Les ha quedado claro

que pueden aparecer apaleados en la plaza

si se atreven a levantarse contra ti.

-¿Qué ha sido eso?

-¡Nos están ahueveando!

-No podemos quedarnos aquí. Terminarán rompiendo un cristal.

-Menudo pieza; el arreglo le iba a llevar un día, y lleva dos.

-Algo me dice que serán cuatro, y cinco y seis.

-Buenos días. -Buenos días. ¿Cómo tú por aquí?

-Nunca más dejaré que en esta casa

entren este tipo de rumores sobre usted.

¿Sobre mí?

Creí que estabais hablando de doña Inés.

El chico de las chapuzas

dejando a la chica más increíble del mundo.

-Me pareces muy convencido.

-¿No será verdad eso, Carmencita?

Bueno, beso hubo, sí... y no.

¿En qué quedamos, niña?

Es un miserable y yo, una ingenua. Y hasta aquí hemos llegado.

No he pasado muy buena noche.

Creo que deberías echar un vistazo a la habitación Pino.

-Anda, que tú también...,

darle la habitación Pino teniendo otras libres...

Debería haberte retirado la palabra. No sé qué hago aquí.

Yo sí. Y es que, a pesar de mi descaro,

te lo pasas bien conmigo.

-Pensaba que era tu modo de pedir perdón, por lo del monte.

-Todo el mundo tiene derecho a equivocarse, ¿no?

-Pero es que lo tuyo es la reina de las cagadas.

Ganó un premio en el año 63.

El famoso premio.

Te presto el dinero,

pero, a cambio, hay una contrapartida.

¿Que se supone que debo darte a cambio?

Lo que más deseo en este preciso momento.

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Dos vidas - Capítulo 22

23 feb 2021

Motivada por Tirso y por las ganas de enfrentarse a los retos del negocio por sí misma, Julia decide arreglar las máquinas del taller. Pero pronto se da cuenta de que necesita algo más que voluntad y no le queda más remedio que aceptar la ayuda de Sergio. Pero Tirso y Elena la ponen sobre aviso, ¿y si Sergio tiene otras intenciones? En Río Muni, Patricia se resiste a abandonar sus raíces a pesar de que parece la única esperanza de salir del apuro económico. Cree que aún le queda una baza por jugar y está dispuesta a tragarse el orgullo si es necesario. Tampoco Carmen se resigna a marcharse y piensa en un plan para ganar dinero, un plan para el que necesita la ayuda de Kiros, ¿estará dispuesta a hablar con ella o aún le guardará rencor tras la muerte de Dayo?

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