Dirigido por: Manuel Sánchez Pereira

El espacio ''Documentos TV'' es uno de los programas más prestigiosos de TVE. Estrenado en 1986, se ha caracterizado durante todo este tiempo por tratar en profundidad tanto temas de actualidad como procesos sociales e históricos de mayor duración temporal.

Documentos TV se estreno en Televisión Española el 29 de abril de 1986 con un reportaje sobre el Rey Juan Carlos. Hoy, casi 25 años después, los cambios experimentados por el periodismo no han impedido que el programa siga siendo un espacio privilegiado donde disfrutar de lo mejor del mercado documental.

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No recomendado para menores de 12 años Documentos TV - Otra justicia - ver ahora
Transcripción completa

“Se negaba a perdonarse a sí mismo.

Se reconcilió con la vida cumpliendo condena a cadena perpetua.

A la violencia y a la brutalidad siguieron años de dudas.

¿Ella le importaba?”.

“La nada.

Esto no puede explicarse con palabras.

Pero quiero que sepas

que estoy aquí para lo que me pidas

y para responder a todas tus preguntas”.

Agnès y Leonard se comunican pese a los muros de la cárcel.

Florida, uno de los estados más represivos del país,

en el que la ley prohíbe el encuentro

entre víctimas y culpables.

Estados Unidos posee la tasa de encarcelamiento

más alta del mundo,

sin embargo la dureza del sistema judicial que se centra,

únicamente en un enfoque punitivo,

no ha conseguido reducir la criminalidad.

Ante este fracaso, algunas voces se alzan proponiendo otra justicia.

Una justicia denominada restaurativa,

en la que víctimas y culpables intentan superar el trauma juntos.

Es el camino inesperado que Agnès ha escogido compartir

con Léonard Scovens.

A los 19 años me enganché al crack.

Dos años después asesiné a mi exnovia y a su hijo Christopher Reed.

Hoy, estoy cumpliendo cadena perpetua sin posibilidad de apelación

por los dos asesinatos.

Tras los asesinatos de mi hija y de mi nieto,

al principio estaba como anestesiada,

luego me sumí en una depresión durante meses.

La escritura me ayudó a salir de ella.

También participé en un programa con personas

que promueven la justicia restaurativa.

Con el tiempo sentí el deseo y la necesidad

de hablar con ese hombre.

Quería entender, saber quién era.

Descubrí que me sería imposible verlo mientras siguiese en la cárcel,

porque no me permitían visitarlo.

Entonces le escribí

y entablamos una correspondencia

que dura ya más de once años.

Agnès se puso en contacto conmigo en 2005.

Yo estaba bajo vigilancia permanente, en una celda de aislamiento

en la cárcel de Florida.

Es donde están los presos que han cometido delitos graves.

Llevaba tres o cuatro años en aislamiento.

Intentaba aferrarme a la poca humanidad que me quedaba.

En un entorno como este, no resulta fácil aferrarse a algo

porque hay personas muy enfermas.

Sentía que tenía que sacar algo positivo

de lo que había sucedido.

Sé que mi hija trataba de ayudar a un joven que sufría,

así que quería intentar romper la espiral de violencia.

Ella estaba convencida de que él valía la pena y se arriesgó.

Para mí era un mensaje

de que debía conocerlo.

En vez de investigar qué ley se ha infringido,

por quién y qué acción hay que aplicar,

la justicia restaurativa investiga quién ha sufrido daños,

qué necesitan esas personas y quién debe responder

a dichas necesidades.

Tomó un decisión muy difícil

y nadie la apoyó cuando eligió este camino.

Su familia

habría preferido que ella quisiera la pena de muerte para mí.

Para condenar a muerte a Leonard

habrían sido necesarios años de juicios.

Y aunque lo hubiesen ejecutado rápidamente,

eso no me habría curado,

me habría convertido en responsable de la muerte de una persona.

No quiero vivir con eso.

Cómo iba a explicar a los otros hijos de Pat,

que el crimen que había cometido ese hombre era espantoso,

pero que matarle a él era bueno.

No tiene sentido,

no estoy dispuesta a transmitir ese mensaje.

En Tallahassee, Florida, dos familias:

Los Grosmaire y los McBride han elegido afrontar juntos el drama

que se cierne sobre ellos.

Cuando Conor McBride asesinó a su novia, Ann Grosmaire,

los padres de la joven lucharon para establecer,

por primera vez en Estados Unidos, un círculo de justicia restaurativa

antes del juicio.

Gracias a esta acción Conor cumple una pena de veinte años,

en vez de pasar toda la vida detrás de los barrotes.

Teníamos

una relación apasionada, pero también muy tóxica.

Yo era muy irascible.

Un día estallé, le disparé y la maté.

Siempre me he considerado un tipo normal.

Lo que me pasó a mí podía haberle pasado a cualquiera.

Al final, todo se resume a una mala elección,

hice una terrible elección.

Soy incapaz de explicar por qué lo hice.

Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino,

hágase tu voluntad.

Como todo padre puede imaginar, piensas mil cosas.

Yo no podía concebir cómo había podido pasar,

ni siquiera podía concebir lo que había pasado.

La policía nos dijo que estaban discutiendo

delante de nuestra casa.

Conor entró en casa y cargó mi arma con la idea de suicidarse.

Pero la que recibió el disparo fue ella.

Fui al hospital, a la zona de cuidados intensivos.

La sala de espera estaba llena de gente.

Kate y Andy Grosmaire estaban allí, en medio de toda esa gente.

Me sentía como un personaje de dibujos animados,

que se hace pequeño porque no puede hacer nada.

Fui hacia Mickael, le abracé y le dije:

“Me alegro de que estés aquí pero quizás dentro de unos días

te odie”.

Desde aquel día en el hospital hasta hoy, Andy Grosmaire

nunca me ha odiado.

Los Grosmaire y los McBride somos unos padres

que han perdido a sus hijos.

Se ha establecido un vínculo entre dos familias devastadas

por la misma tragedia.

A Conor le permitieron poner a cuatro personas en su lista

de visitas y los McBride nos dijeron que yo era una de ellas.

Al acércame a ella empecé a temblar y a llorar.

Solo podía repetirle cuánto lo sentía.

No tenía palabras suficientemente fuertes para decirle

cuánto lo sentía.

Entonces ella me dijo: “Conor, da igual lo que ha pasado,

nosotros te queremos y te perdonamos.

Fue

muy emotivo.

Lo primero que pensé cuando ocurrió

es que yo sabía el significado del perdón.

El perdón significa la paz.

El perdón significa la libertad.

No puedo definir a Conor por un sólo instante.

Porque si defino a Conor como un asesino,

entonces estoy definiendo a mi hija como una víctima de asesinato.

Sé que murió asesinada, pero no quiero recordarla así.

No es la vida que vivió.

De repente, mi hijo de 18 años se había convertido

en un adulto encerrado que iba a ir a la cárcel.

Nosotros siempre nos habíamos ocupado de él, pero ahora pertenecía

al sistema judicial de Florida

y nosotros no podíamos hacer nada.

Nosotros no contábamos.

Nosotros no contábamos para nada, tan sólo éramos un daño colateral

de la tragedia.

Pero la justicia restaurativa nos dio voz

y la posibilidad de participar

al mismo nivel con las demás personas implicadas.

Parecía impensable que víctimas y culpables pudieran trabajar juntos

para arreglar las cosas

y que nosotros pudiéramos desempeñar un papel en lo que estaba pasando.

El fiscal nos había dicho todo lo contrario,

que víctimas y culpables

debían mantenerse lo más alejados posible unos de otros,

que no debíamos ver a Conor ni prestar testimonio en el tribunal.

Sin embargo, en este proceso estuvimos mucho más implicados.

Recuerdo a Jack Campbell diciéndonos que se ocuparía de todo,

que protegería los derechos de Ann

y nosotros no tendríamos que hacer nada.

Recuerdo haber pensado: “Eso no está bien, soy su padre

y tendría que poder opinar en lo relativo a ella”.

La primera vez que oí hablar de justicia restaurativa

fui bastante escéptico, porque era algo poco convencional,

me sorprendió mucho que los Grosmaire

estuvieran interesados en ella.

Las personas que adoptan esta práctica

tienen que ser conscientes de que puede haber abusos,

que pueden ser criticados,

deben ser conscientes de donde se están metiendo.

Yo no pensaba que en la capital del Estado más punitivo

en el tratamiento de la violencia, especialmente de la violencia armada,

fuera posible un juicio de justicia restaurativa.

Se trataba de un homicidio con arma.

Durante seis meses trabajé estrechamente con Conor,

los McBride y los Grosmaire.

Hablamos mucho de lo que esperaban del juicio de justicia restaurativa.

Consultamos a algunos abogados para saber lo que se podía hacer

desde el punto de vista legal.

Los Grosmaire hablaron con el fiscal para comunicarle su voluntad

de llevar a cabo este procedimiento judicial.

Cuando se adopta este tipo de sistema hay que tener cuidado

en no juzgar a quienes puedan oponerse.

Desgraciadamente en mi carrera he visto decenas de familias,

en las que un miembro ha sido asesinado

y no existe una sola y única manera de tratar el asunto;

cada cual tiene un modo de hacerlo.

El fiscal Jack Campbell leyó los cargos contra Conor

y entonces pudimos decirle a Conor lo que Ann significaba para nosotros,

lo que su muerte y el hecho de perderla

representaba en nuestras vidas.

Fue muy difícil sentarme tan cerca de ellos y escucharles,

el desgarro, el dolor que había causado,

verlo reflejado en sus rostros, escucharlo en sus voces.

Todo se volvió mucho más real.

No podía esconderme detrás de los muros de la cárcel,

no podía sacarlos de mi mente y dejar de verlos y de pensar

en ellos.

No, tenía que enfrentarme a ello.

Para mí, uno de los objetivos de la justicia restaurativa

era responder a esta pregunta:

¿Qué sucedió entre la última vez que vi a mi hija con vida

el sábado por la tarde y el día siguiente

cuando fue asesinada?

Obtuve respuestas

y aunque no tuviera sentido,

comprendí que yo no podría haber hecho nada para evitarlo

y eso me dio mucha paz.

Durante el círculo de justicia restaurativa

tuve la oportunidad de expresarme.

Mi hermano murió con 44 años, 6 meses después de morir mi padre

y yo me convertí en alguien muy irascible.

Mi hijo tenía 10 años

y creció junto a alguien

lleno de ira.

Le dije a Conor

Le dije a Conor que él podría aceptar la responsabilidad

de su acto, pero no podría asumir toda la culpa.

Creo que su padre enfadado, le empujó a ese camino.

Comprenderlo, asumirlo,

ser capaz de decirlo ante un grupo de personas

me ayudó a sentirme un poco mejor.

Estoy menos enfadado de lo que estuve durante años,

después de la muerte de mi hermano Billy.

El círculo de justicia restaurativa puede aliviar a más personas,

además del culpable y de las víctimas.

Creo que si a Conor le hubiera juzgado un tribunal,

habría pasado el resto de su vida en la cárcel.

Tenía 18 o 19 años cuando se produjeron los hechos,

cuando termine la condena tendrá 38 o 39.

Con esa edad todavía le quedarán muchos años por delante.

Lo que haga cuando salga de la cárcel será mi regalo

o mi perjuicio a la comunidad.

Tengo la esperanza de que Conor no sea una excepción.

Que nadie pueda decir, que lo que ha sucedido con él

es un caso excepcional.

A mí me gustaría que nos ayudase a tender puentes

hacia todas las personas

a las que querríamos poner la etiqueta de “asesinos”.

Si hemos podido abrir nuestro corazón a Conor quizás podamos hacerlo

con todas las personas que metemos en esa categoría.

No hay ninguna diferencia entre lo que Conor siente

en su corazón y lo que sienten los demás a los que consideramos

como “los malos”,

estoy segura de que lo aprenderá en prisión.

Todos pueden redimirse, todo el mundo tiene una historia.

“Nunca,

nunca,

nunca me habría atrevido a pedirte perdón.

Y considero la fortaleza que has demostrado,

la actitud que has adoptado como una bendición que no merezco,

en el sentido de que nuestra correspondencia es un regalo,

no una carga para mí”.

“Me encuentro a mí misma en el papel, mi bolígrafo es mi brújula.

Cuando me siento perdida, el bolígrafo toca el papel

y me muestra la dirección, el mapa de mi ser.

Mi bolígrafo es mi cartógrafo y el papel mi topografía”.

Los dos encontramos una especie de terapia en nuestra correspondencia

y decidimos compartirla con quienes estuvieran pasando

por una experiencia similar.

Y para ello decidimos escribir un libro.

Agnès, hemos venido a saludarla.

¡Buenos días, me alegro de verles!

Conocemos a los McBride.

Nuestro hijo también está en la prisión de Wakulla.

Fue un golpe muy duro para nosotros.

Recibimos una llamada a cobro revertido

de la cárcel del condado y yo pensé:

“Oh no, lo han detenido por conducir borracho, por una multa

o por algo así”.

No llegamos a tiempo a coger el teléfono,

así que miramos en Internet para saber por qué lo habían apresado

y ponía: “homicidio, no relacionado con un vehículo”.

Estábamos confusos.

Se trataba de un tiroteo accidental.

Las cosas pueden pasar muy deprisa.

Soy abogado y nos centramos sobre todo en lo que debíamos hacer,

desde el punto de vista legal.

Buscamos a toda prisa un abogado.

Nos centramos en eso,

no tuvimos ocasión de parar un segundo para respirar

y pensar en la otra familia.

Los abogados te dicen enseguida que no hables con la otra familia.

Creo que ahí empiezan los daños.

Gracias por compartir su historia y gracias por todo lo que hace

por los que nos encontramos en esta situación.

Agnès es una mujer extraordinaria,

una militante y un ejemplo para todos.

La conocí en la comunidad.

Yo trato con muchos homicidios,

para mí es un ejemplo de cómo las personas pueden salir adelante.

La mayoría de las veces acuden a nosotros,

creen que no podrán continuar sin las personas que han perdido.

La historia de Agnès demuestra que no sólo se puede sobrevivir

sino que además se puede ser feliz, tener éxito y ayudar a los demás,

incluso después de haberlo perdido todo.

La justicia restaurativa

todavía está en pañales en Estados Unidos

pero su aplicación puede tener una influencia extraordinaria.

Renée Napier perdió a su hija en un accidente de tráfico

provocado por Eric Smallridge.

Gracias a la justicia restaurativa y a todos los esfuerzos de Renée,

Eric ya está en libertad.

El 11 de mayo de 2002, mi hija Megan y su amiga Lisa Dickson

murieron en un accidente,

provocado por un hombre que conducía en estado de embriaguez.

Al principio fue horrible,

mi peor pesadilla se había hecho realidad.

Sinceramente, nunca pensé que podría recuperarme

y volver a ser feliz.

Después del accidente, mi alma estaba como vacía.

Muchas personas me habían advertido del peligro del alcohol al volante

y desgraciadamente no me lo tomé en serio.

Sólo pensaba en las víctimas, cuando me enteré de que dos chicas

habían muerto por culpa de la decisión que había tomado,

perdí el control de mi vida, no le encontraba ningún sentido.

Debo ser castigado.

Lo siento mucho por las familias,

siento mucho lo que he hecho.

He causado tanto dolor

y no puedo hacer nada.

Si pudiera, daría mi vida por que estuvieran aquí.

El día del veredicto, el juez le condenó a 11 años

por Megan y a 11 años por Lisa,

Eric debía cumplir las dos penas íntegras una después de la otra,

durante 22 años.

Aquella tarde salí del tribunal satisfecha.

Pensaba que se había hecho justicia.

Pero mi corazón seguía mal, llevaba una dura carga

y tenía que analizar ese sentimiento.

Cuanto más lo pensaba, más convencida estaba

de que la duración de la pena de Eric no tenía importancia.

Todavía me dolía el corazón y la sentencia

no me devolvería a Megan ni a Lisa.

Lo único que habría hecho que me sintiera mejor

sería que hubieran vuelto.

Al final comprendí que odiar, el deseo de venganza,

desear que se pudriera en la cárcel, no era bueno para nadie.

Porque no me las devolvería.

Pensaba, que para él sería nefasto pasar 22 años en prisión.

Así que pedimos al juez que revisara la sentencia.

Solicitamos que cumpliera las dos penas a la vez,

para que pudiera salir de la cárcel al cabo de 11 años.

Mi familia está muy agradecida a Renée, a su familia

y a la familia Dickson por el esfuerzo que realizaron,

para que redujeran mi condena.

Mi padre, por ejemplo, no sabía si seguiría vivo

cuando yo saliese de la cárcel.

Quería hacer algo positivo que pudiera ser útil a otros.

Me dijeron que me harían fotos durante el juicio

y las utilizarían para crear una campaña impactante

contra el consumo de alcohol al volante.

Y en efecto era impactante.

Podría haber sentido una vergüenza terrible pero, sinceramente

cuando vi las fotos por primera vez estaba contento

de que fueran tan terribles, porque impactaban

y me daban la esperanza de participar en algo positivo.

Entonces supe que iba a dedicar mi vida a sensibilizar a la gente

sobre los peligros del alcohol al volante.

Empecé a hacer intervenciones en 2004.

Eric estaba en prisión y no podía acompañarme,

pero al cabo de un tiempo pude utilizar videos suyos.

En 2010 por fin pudimos intervenir juntos por primera vez.

Todavía estaba en prisión, así que iba esposado.

Desde que empezamos, varios cientos de miles de personas

han escuchado nuestra historia

y muchos más aún lo han hecho a través Internet.

Lo primero que debéis comprender es que perdonar a alguien,

no significa decirle

que lo que ha hecho es aceptable porque.

¿Sabéis qué?

No lo es.

El perdón no borra lo que ha hecho

y no significa que no deba ser castigado.

El perdón no es eso.

Pero si no perdonáis es como tomar veneno

y esperar que la otra persona muera.

Eric Smallridge era alguien bueno, que no tenía previsto salir

aquel día.

No había pensado:

“Voy a ir a la playa a tomar unas cervezas y a matar dos chicas

a la vuelta”.

No era su intención.

Pero es lo que sucedió.

Cada día, la gente de bien mata a inocentes en la carretera.

Cuando salgáis con amigos y toméis alcohol o drogas,

sabed que no deberíais conducir.

Aunque sólo sea una cerveza o un solo canuto, da igual.

¿Ya no le llamáis así?

¡En los setenta lo llamábamos así!

Sea como sea, os animo a que otra persona os lleve a casa.

Vuestras vidas merecen la pena.

Si queréis venir a mi lado a decirme:

“Prometo que voy a valorar mi vida y a tomar la decisión correcta

cuando esté en el coche”

para mí tendrá más valor, que si me regalaseis un diamante.

Os prometo que es lo que siento en lo más profundo del corazón.

No hace mucho, yo ocupaba vuestro lugar.

Lo tenía todo para triunfar, como vosotros ahora.

No olvidéis que sólo se vive una vez, permitidme que os diga una cosa:

¿Veis la vida que tenía por delante?

¿Creéis que quería vivir encerrado como un animal?

¿Habéis visto el coche que hay delante del colegio?

El accidente ocurrió en cuatro segundos.

¿No os dais por aludidos?

Pues bien, si hacéis lo mismo

¿Sabéis qué?

¡Os podría pasar a vosotros!

Un día salís, tomáis unas cervezas.

Seguro que alguna vez habéis escuchado a alguien decir:

“Yo conozco mis límites, no me pasaré bebiendo”.

¿Pero qué es lo primero que afectan el alcohol y las drogas?

Vuestro cerebro.

Si sales una noche y no sabes cómo vas a volver,

el alcohol penetra en el cerebro, crees que tienes el control.

Lo único que os pedimos hoy es que digáis que os vais a asegurar

de que eso no os sucederá, porque no correréis el riesgo.

No quiero ni imaginar lo que habría sido de mí

si no me hubiera beneficiado de la justicia restaurativa

y del perdón.

Seguiría en prisión.

La cárcel es un lugar terrible

y me habría convertido en otra persona.

La justicia restaurativa me ha permitido creer en el futuro.

Sin el círculo de justicia restaurativa,

si no se hubiera producido esa conversación,

probablemente me habrían condenado a cadena perpetua.

Habría sido un desperdicio.

Para mí la justicia restaurativa es un modo de decir

a las personas encarceladas:

“Sí, vais a estar separados de los demás por algún tiempo,

porque habéis cometido un error y debéis comprender

por qué lo habéis hecho.

Pero sabemos que volveréis a estar con nosotros.

Queremos que sepáis, que cuando volváis seréis bienvenidos

y seréis miembros activos de nuestra comunidad”.

Estoy trabajando en una biblioteca jurídica,

así que cuando salga de la cárcel me gustaría dedicarme

a algo relacionado con el derecho, como asistente legal o algo así.

Estoy estudiando, hago cursos en la Universidad,

espero tener un título universitario cuando salga.

pienso en una carrera profesional.

Aunque me he encontrado con algunos obstáculos

al reincorporarme a la sociedad,

he podido recuperar el control de mi vida.

Trabajo como gerente de ventas en Goodwill

Se preguntarán cómo es la vida social de alguien,

que acaba de salir de la cárcel, honestamente yo no tengo.

Todos sabemos que el alcohol al volante

es un peligro de graves consecuencias,

pero quienes no lo han sufrido en carne propia se creen más astutos.

Por supuesto lo saben y cuando se encuentran

con un viejo amigo que lo ha vivido de verdad

y que ha matado a dos personas, su conciencia se multiplica por diez

Es sólo mi opinión,

pero creo que te ven como un error viviente

y no quieren estar cerca de ti.

No te invitan a fiestas, ni quieren salir contigo,

porque no quieren sentirse culpables de su comportamiento.

Nunca es fácil la reinserción social, volverse a instalar.

En mi caso, el haber sido perdonado y haber salido antes de la cárcel

hace que cada día sea bueno.

Por supuesto he tenido que empezar desde abajo.

Al principio, estuve embalando cables,

aunque tengo un título universitario.

Pero estaba agradecido por tener un trabajo.

¡Poder venir al trabajo cada día,

ser un miembro productivo de la sociedad,

pagar impuestos en vez de estar sentado en una celda

de la prisión, es una auténtica bendición!

“La mirada de los demás no puede esconderme de mí mismo.

Aquí no hay música que pueda apaciguar la bestia

que hay en mí.

Mis ilusiones se desmigajan como la hojarasca en invierno.”

“Aspirante a marcar la diferencia, a tender puentes y abrir puertas,

él se ha convertido en una parte de la solución.

Palabras, frases, momentos de meditación cuyo resplandor

baila en la oscuridad.”

La mayoría de la sociedad considera la justicia penal

como punitiva y sin esperanza.

Él está condenado a dos penas de cadena perpetua

a las que añadieron 34 años.

¡Siempre he pensado que era absurdo!

¡Todavía estoy esperando conocer a alguien

que empiece su segunda condena de cadena perpetua!

Agnès fue la primera persona que me dijo:

“Tú no eres un asesino,

eres una persona que ha matado que no es lo mismo”.

Antes de que me lo dijera,

yo no lo veía así

y vivía como un asesino.

¿Qué implica definirse a sí mismo como un asesino?

Yo no lo soy.

Cometí un terrible error.

Durante mucho tiempo acepté que dicho error me definiese.

Agnès terminó con eso.

Y cuando lo hizo,

pude empezar a verme como un hombre,

como un ser humano

y eso supuso el principio de un cambio.

Cuando me lanzó el reto diciendo que podía cambiar las cosas

en la cárcel me dio esperanza y una razón para vivir.

Dejamos una parte de nosotros en cada persona con la que hablamos

y salimos cambiados de cada encuentro.

Aunque Leonard esté en prisión,

vive en el seno de una comunidad con otros hombres

y tiene la oportunidad de cambiar las cosas para ellos.

Se ha comprometido a intentarlo.

La idea de poder elegir una ideología

y una filosofía pacifista

y aplicarlas en un entorno en el que prácticamente cada día,

los hombres son apuñalados o atacados con maquinillas de afeitar

te da fuerza y poder.

La decisión de los Grosmaire de perdonarme

y utilizar la justicia restaurativa

me ha dado ganas de hacer algo por ellos.

Ahora puedo decirles y demostrárselo con hechos,

que estoy mejorando,

estoy creciendo y madurando

y ya no soy la persona

que mató a su hija.

Queríamos que hiciera todo lo que pudiera,

no podía remplazar la vida de Ann, pero en el círculo le dije,

que tenía que portarse bien por los dos.

Y no lo ha olvidado.

En esta prisión hay un programa llamado “Quest”

y tengo el privilegio de ser moderador.

Tratamos temas como la elección del estilo de vida,

la toma de responsabilidad y las heridas de la vida:

violencia de género, ira, toxicomanía

Temas que afectan a la vida de cada uno,

de sus familias,

las razones por las que han tomado ciertas decisiones

y lo que les ha sucedido.

¡Empecemos!

¿Alguien quiere compartir lo que piensa de la lectura

del capítulo 10 sobre la justicia restaurativa?

Existe un gran malentendido sobre los reclusos,

la idea de que somos criaturas monstruosas,

cuando no somos más que unos pobres tíos,

maltratados por la vida, que temen mirarse al espejo,

que se niegan a aceptar la realidad,

todo el mal que se han hecho a sí mismos y a los demás.

Yo estoy aquí por homicidio.

Durante diez años, no quise pensar en ello.

Una de las mayores frustraciones para nosotros es que legalmente

no podemos mantener contacto, no podemos pedir perdón,

ni decir lo que sentimos.

Estamos aquí para aprender, para mejorar,

aprender de nuestros errores, tratar de comprender

por qué han sucedido los hechos y mejorar.

Las familias de las víctimas no son conscientes de ello.

Lo más importante es trabajar sobre nosotros mismos.

Es muy importante porque

¿Qué sucede si no sabemos por qué hemos actuado de ese modo?

Que lo vuelves a hacer.

Lo vuelves a hacer.

Exactamente.

Todos sabemos que las personas heridas, hieren a los demás.

Pero las personas curadas, curan a los demás.

Durante 18 años, reprimí toda respuesta emocional.

Los últimos diez años he tratado de desbloquearme.

No es fácil abrirse.

¿Por qué lo hice?

Cuando me lo preguntaron en el juicio

fui incapaz de responder a esa pregunta.

“No lo sé, simplemente lo hice”.

No sé por qué lo hice.

Ahora estoy llegando a un punto

en el que puedo descubrir influencias, no causas.

No le estoy echando la culpa a otra cosa.

La culpa es mía.

La responsabilidad es mía.

Pero puedo ver influencias.

A los doce años me violó mi primo de 18 años.

¿Estoy trasladando la responsabilidad de mis actos a ese hecho?

En absoluto.

Pero sé que ese acontecimiento ha influido mucho.

He escrito a mi primo en varias ocasiones.

He escrito a mi víctima en varias ocasiones.

Pero no tengo su dirección.

La mitad de las cartas son para mí.

Hasta que no haya expulsado mis propios demonios

no podré ayudar a nadie.

“Parado al borde del acantilado, en la barandilla del puente,

invita al terror.

Antepasados, hermanos y hermanas, descendientes,

caminan por la delgada línea.

¿Por qué yo sigo vivo?

Porque el universo tiene planes para mí”.

“La sangre que discurría por los valles

y los surcos de mi piel olía a dinero mojado.

Me deslicé por debajo de tu cuerpo,

corrí y salté dos tramos de escalera pensado:

“Tengo que escapar, tengo que correr, tengo que largarme de aquí,

no puedo dejar que me sigan golpeando”.

Yo no sabía nada sobre el amor

porque, quienes supuestamente tenían que haberme querido,

abusaron de mí,

me destruyeron,

así que pensaba que el amor implicaba mucho dolor.

Mi familia tenía problemas emocionales graves,

provocados por las adiciones, el alcoholismo, los abusos sexuales,

todos las disfunciones que se puedan imaginar.

Mi padrastro me golpeaba con cables y perchas.

Después me decía.

“Me ha dolido más a mí que a ti,

lo hago porque te quiero”.

Me transmitió el mensaje equivocado e hice daño a todos los que amaba.

En aquel momento, Baltimore empezaba a sufrir los estragos

del crack.

Se ganaba mucho dinero vendiendo drogas y crack

y quedaba “guay”.

Mi hermano y yo fumábamos y vendíamos crack.

Leonard vivió todo esto cuando era pequeño.

Yo siempre iba armado, Big Leonard también.

Nos movíamos por las calles, por el centro de la ciudad.

En aquella época, había mercados de droga al aire libre,

podías ir a cualquier hora del día y de la noche para comprar crack.

La gente hacía lo que fuese para tener más.

Es una droga muy fuerte, muy potente,

tiene muchos efectos secundarios.

El primero es que cuando te da el bajón

te entra una depresión intensa, estás tan desesperado

que tienes ganas de lesionarte.

El crack es muy destructivo.

No lo vi la primera vez que le sucedió a Leonard.

Creo que tal vez fuera, porque no quería verlo.

Cuando vi a Leonard así,

yo no sabía que estaba viviendo un drama,

esa es la diferencia.

No sabía que le pegaban, no sabía esa parte de su historia,

nunca hablaba de esos episodios.

Pero lo que había detrás de su rostro,

se reflejaba en lo que escribía.

Sus escritos eran sombríos, se desprendía mucho dolor de ellos.

“Es lo que pasa en Baltimore:

A veces puedes contemplar el cielo negro,

iluminado por el brillo de las estrellas

e imaginar por un momento, que la ciudad no se enfada

bajo tus pies,

pero esa sensación de paz no dura.

La ciudad no permitirá que olvides que le perteneces,

sus callejones son venas y tú eres la sangre vital

que corre por las calles que son sus arterias,

transportándote a través de su cuerpo en descomposición.

Es una muerte-viviente, podrida por la peste.

Si no estás enfermo cuando entras en ella,

te infectará antes de que te vayas.

Pero a mí me encantó esa enfermedad.

Incluso me hizo libre”.

Si lo hubieran visto cuando escribía.

La profundidad de sus palabras, cómo conmovía a la gente.

¡Cuando supe todo lo que había pasado!

¿Sabe?

Yo me fui enterando por partes

Oí lo de Pat pero nada más, luego me contaron lo de Chris,

cómo lo encontraron.

No sé.

No tengo palabras para esto.

No puedo, es muy doloroso.

Y luego,

no me gustó lo que dijeron los periódicos:

“Vino de Baltimore y mató a alguien”.

¡Eso era todo!

No decía nada más.

La mayoría de las veces

solo dicen lo que alguien ha hecho,

pero no sabes de quien se trata.

Nunca sabes la verdadera historia.

La justicia restaurativa

tal vez habría podido detectar los problemas de Leonard.

En Tallahassee, el programa “conexiones en la comunidad”

interviene en la prevención de la delincuencia juvenil.

Permite participar a 150 jóvenes en charlas con educadores,

miembros de sus familias y voluntarios

que representan a la comunidad.

Normalmente vienen, porque han cometido un delito

y el fiscal les ofrece asistir a “conexiones en la comunidad”

en vez de ser juzgados.

En algunos casos acuden después de haber sido declarados culpables

y condenados,

les conceden la libertad condicional si vienen al programa.

También acogemos a jóvenes, que nos envía la comunidad.

Estás aquí porque tu madre nos ha llamado,

para que participes en el programa.

Sé que estás preocupado por algo.

Me gustaría que habláramos de ello, no para atacarte,

sino para comprender cómo podemos ayudarte

durante los próximos tres meses.

Recientemente se han realizado algunas investigaciones en Florida

sobre jóvenes que están en centros de detención juvenil,

muestran que en la gran mayoría de los casos los problemas

están relacionados con traumas vividos en la infancia.

No hacen sino repetir el mismo patrón una y otra vez.

Cuando tenemos una población,

que ha vivido una situación traumática,

no hay que castigarla, porque lo único que haríamos

sería añadir otro trauma.

Es mejor construir espacios seguros.

¿He leído en el informe que te detuvieron directamente

en tu clase y te esposaron?

Sí, me detuvieron unos 30 ó 40 minutos después de la pelea.

El sheriff me llevó a la cárcel

en donde estuve unos 45 minutos.

El año pasado un 5% de jóvenes reincidieron a lo largo del año.

Comparado con un entorno judicial tradicional,

creo que nuestros resultados son mucho mejores.

Tenemos la costumbre de encarcelar.

Tenemos la costumbre de sancionar, atribuyendo culpa o causando dolor

a quienes han hecho daño, en vez de pensar

en cómo solucionar el problema, ayudando a las víctimas.

Es una costumbre que está muy arraigada

en Estados Unidos.

Se han construido muchos sistemas a su alrededor

con muchos puestos de trabajo vinculados.

“Los barrotes cortan el sol en tiras negras de sombra,

que arañan los muros, rasgando el alma,

golpeando repetidamente la mente hasta reventar.

Cojo mi pluma y esculpo lágrimas en las páginas blancas,

huyendo de las sombras, explorando mis pensamientos,

vomitando mis pecados a la luz del día.

Cojo mi pluma y grito”.

“Una parte de nosotros necesita enfadarse.

Dios, bendice mi ira y mi dolor.

Llena mis ojos de lágrimas de rabia sanadora.

Pero me da miedo enfadarme, porque la ira obstaculiza

la necesidad de aceptar lo sucedido”.

Al cabo de un tiempo decidí que quería hablar con él.

Como has dicho antes, quería que me escuchase,

comprender, conocerle.

Solicité una autorización en varias ocasiones,

pero siempre me la denegaron.

En cierto modo, creo que entiendo por qué te la denegaron.

Ya.

Porque no han sufrido lo que nosotras hemos vivido.

No comprenden lo importante que es para nuestra recuperación.

En la cárcel le pegaron varias veces.

¿De verdad?

Sí.

¿Crees que fue porque intentaste verlo?

Sí.

¿Fue porque os comunicasteis para poderos ver?

¿Os escribíais?

Sí.

¿Habíais hablado por teléfono?

Sí.

¿Sabes que escuchan las conversaciones?

Sí.

Y le denegaron el derecho a llamar por teléfono más de una vez.

Es muy triste que no sean capaces de ver la situación en conjunto.

No, sólo dicen:

¿Has visto sus caras?

Le miran a él y luego me miran a mí

como si fuera una anciana patética.

Sí, entiendo.

Sacan sus conclusiones.

Eso es lo que hacen.

No saben lo que siente tu corazón, no eres ninguna ingenua.

No vas a consentir que nadie intente engañarte.

Además, tú no puedes cambiar nada.

¿Está condenado a cadena perpetua, no?

Sí, dos veces.

Sí, así que no saldrá de la cárcel.

Desde 2011 me han transferido de una prisión a otra

unas seis o siete veces por la justicia restaurativa

y por mi relación con Agnès.

Nuestro objetivo es la recuperación, la transformación, la justicia,

la reconciliación, el amor.

A eso es a lo que aspiramos, es lo que practicamos

y es lo que enseñamos y comunicamos.

¿Entonces, por qué nos responden con violencia?

He intentado explicarles que me ayuda,

que forma parte del proceso de recuperación

y que como víctima debería poder elegir lo que me ayuda

Por desgracia, no lo entienden.

Es una mujer diminuta pero no conozco a un ser humano más grande.

Las personas que la aplauden,

las personas que la quieren

no son conscientes de cuánto le ha costado,

de todo lo que ha luchado.

Y lo repito,

la han criticado mucho por su postura.

Se ha pasado noches enteras dudando de sí misma,

de sus capacidades,

porque la gente ha intentado denigrarla

por su manera de pensar

Sin embargo, sigue avanzando pase lo que pase,

le da igual tener que alejarse de su zona de confort,

sigue adelante sin descanso.

No conozco a nadie que se le parezca.

Es un ser extraordinario

Y ni siquiera lo sabe.

Hace unos años, era voluntaria en una prisión

dentro del programa “Quest”.

Al principio, moderaba un programa dedicado al impacto en las víctimas.

Era una experiencia muy positiva.

Pero al cabo de un tiempo, el departamento de justicia

decidió que ya no era bienvenida y puso fin a mi colaboración.

¡Qué levanten la mano los que estaban la primera vez que vino Agnès!

Personalmente recuerdo, que la idea de interesarse

por el impacto que hemos tenido en los demás

me cambió por completo.

Lo único que podíamos hacer era esperar que Agnès

volviese la semana siguiente para continuar.

Tuvo un impacto enorme en el grupo de aquel momento.

Te estrechaba la mano con firmeza mirándote a los ojos.

No podías parar.

Aprendí mucho de ella,

sobre todo cuando nos contaba su historia.

No mostraba ninguna reacción notable cuando hablaba de su dolor

pero se mantenía firme y hablaba con una seguridad

que sacaba de todo el amor que tenía en su corazón.

Cuando hablaba

sabíamos que nos entendía.

Cuando trajo el concepto de “seguir hacia delante”

nos pareció revolucionario.

Cambió la forma de entender “Quest”.

Hay muchas cosas que ignoramos,

ocultas en los departamentos judiciales de todo el país,

que podrían explicar la oposición a algunas prácticas.

Creo que Agnès ha intentado hablar directamente con Leonard

y siguen denegándole el permiso.

En mi opinión,

si alguien quiere sentarse a hablar

con la persona que mató a su hija y a su nieto,

esta persona debería poder hacerlo.

Esto en primer lugar.

Lo segundo es que no me parece aceptable el secreto

que rodea a las razones por las que está prohibido.

Al no haber transparencia cabe preguntarse:

¿Es por el color de piel de las partes?

¿Es por la franqueza con la que Agnès manifiesta su descontento

con el sistema judicial

que no ha respondido a sus necesidades?

Esto hace que la gente dude en concederle lo que solicita.

Pero al final,

se trata de una madre y una abuela

que ha perdido a su hija y a su nieto.

La petición que hace al sistema judicial es sincera

y en mi opinión, debería ser satisfecha.

“Estimado Señor

El hombre que asesinó a mi hija y a mi nieto está encarcelado

en su departamento.

Tras varios años en proceso de recuperación,

he querido conocerle pero me han informado

de que en el Estado de Florida no se permite a las víctimas

visitar a los reclusos.

Como sé que se han hecho algunas excepciones a esta regla,

solicito de nuevo la autorización para poder visitarlo.

Le agradezco que considere mi solicitud.

Documentos TV - Otra justicia

53:09 22 jun 2020

El reportaje que emite esta semana ‘Documentos TV’, ‘Otra justicia’, aboga por el encuentro entre asesinos y sus víctimas, para que intenten superar juntos el trauma del crimen que ha sacudido sus vidas.
Los expertos están convencidos de que la justicia restaurativa contribuye de manera muy positiva a la reparación del dolor de las víctimas y en la transformación del comportamiento de los culpables.
Este tipo de justicia permite que culpables y víctimas se encuentren. La dureza del sistema judicial estadounidense, centrado en el aspecto punitivo, no ha conseguido reducir la criminalidad. Ante este fracaso, algunas voces se han alzado y proponen la justicia restaurativa.

Contenido disponible hasta el 7 de julio de 2020.

El reportaje que emite esta semana ‘Documentos TV’, ‘Otra justicia’, aboga por el encuentro entre asesinos y sus víctimas, para que intenten superar juntos el trauma del crimen que ha sacudido sus vidas.
Los expertos están convencidos de que la justicia restaurativa contribuye de manera muy positiva a la reparación del dolor de las víctimas y en la transformación del comportamiento de los culpables.
Este tipo de justicia permite que culpables y víctimas se encuentren. La dureza del sistema judicial estadounidense, centrado en el aspecto punitivo, no ha conseguido reducir la criminalidad. Ante este fracaso, algunas voces se han alzado y proponen la justicia restaurativa.

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  • Homoterapia - Avance

    Homoterapia - Avance

    1:54 pasado martes

    1:54 pasado martes Según la Historia, el estilo de vida de los gays destruye la sociedad”. Con esta declaración de intenciones de un sacerdote católico de la iglesia polaca comienza “Homoterapia”, el controvertido y desconcertante documental que emitimos esta semana y que trae a la palestra el debate, para muchos movimientos religiosos aún hoy, de la homosexualidad como enfermedad y su curación posible.

  • 46:55 pasado lunes La Covid-19 se ha cobrado la vida de cientos de miles de personas en todo el mundo y ha puesto en jaque la salud, las relaciones personales y la economía. El reportaje expone con claridad, las consecuencias e incertidumbres generadas por esta pandemia. Millones de personas de un lado a otro del planeta sufrirán las consecuencias de las medidas tomadas por los gobiernos, ante la incertidumbre de que esta crisis tenga la capacidad de transformar la sociedad para siempre Han bastado unos pocos meses para que el mundo sufriera un cataclismo de magnitudes sin precedentes. Un microscópico virus ha sido capaz de acabar con la vida de cientos de miles de personas por todo el planeta, de cercenar los encuentros entre familiares y amigos y de dejar a la economía en punto muerto. Y lo peor: la pandemia ha venido para quedarse, al menos hasta que la esperanzadora vacuna se haga realidad. El coronavirus ha abierto más profundamente las diferentes brechas existentes en la sociedad: la económica, la social y la laboral. En definitiva, ha visibilizado el abismo que existía entre los ricos y los pobres y entre los mayores y los jóvenes. La epidemia ha hecho temblar los cimientos de las sociedades de todo el mundo, pero ha sacado a la luz, valores como la solidaridad y el compromiso con los más vulnerables. ¿Será capaz también el coronavirus de transformar el mundo? Contenido disponible hasta el 14 de julio de 2020.

  • 1:33 23 jun 2020 Han bastado unos pocos meses, para que el mundo tal y como lo conocíamos sufriera un cataclismo de magnitudes sin precedentes. Un microscópico virus ha sido capaz de acabar con la vida de cientos de miles de personas por todo el planeta, de cercenarnos los encuentros entre familiares y amigos y de dejar a la economía en punto muerto. Y lo peor, la pandemia ha venido para quedarse, al menos hasta que la esperanzadora vacuna se haga realidad.

  • 53:09 22 jun 2020 El reportaje que emite esta semana ‘Documentos TV’, ‘Otra justicia’, aboga por el encuentro entre asesinos y sus víctimas, para que intenten superar juntos el trauma del crimen que ha sacudido sus vidas. Los expertos están convencidos de que la justicia restaurativa contribuye de manera muy positiva a la reparación del dolor de las víctimas y en la transformación del comportamiento de los culpables. Este tipo de justicia permite que culpables y víctimas se encuentren. La dureza del sistema judicial estadounidense, centrado en el aspecto punitivo, no ha conseguido reducir la criminalidad. Ante este fracaso, algunas voces se han alzado y proponen la justicia restaurativa. Contenido disponible hasta el 7 de julio de 2020.

  • Otra justicia - Avance

    Otra justicia - Avance

    1:56 16 jun 2020

    1:56 16 jun 2020 “Asesiné a mi exnovia y a su hijo. Hoy estoy cumpliendo cadena perpetua, sin posibilidad de apelación por los dos asesinatos”, cuenta Leonard a cámara. Él es uno de los presos que mantiene contacto con Agnes, la madre de la mujer a la que mató. “Sentí el deseo y la necesidad de hablar con ese hombre. Quería entender”, explica con una serenidad pasmosa Agnes, en “Otra justicia”. El documental de esta semana, aborda la temática bastante desconocida aún, de la denominada justicia restaurativa.

  • Kalipay - Avance

    Kalipay - Avance

    2:15 09 jun 2020

    2:15 09 jun 2020 “Kalipay” es el sueño hecho realidad de Anna Balcells. Una empresaria de éxito, de padre barcelonés, que se apartó de la comodidad occidental, para combatir la explotación de menores en Filipinas. Las escasas cifras que ofrece el gobierno arrojan datos escalofriantes. Un millón y medio de menores viven en las calles y sesenta mil son agredidos sexualmente. “La gran mayoría los han sufrido”, admite Anna. Los abusos se producen en gran proporción dentro del ámbito familiar. Agresiones sexuales normalizadas en una sociedad, que perpetúa estas prácticas de generación en generación. “Para mí, lo peor que he pasado en todo lo que he hecho con Kalipay fue ver a una niña de ocho meses violada. Y los psicólogos dicen, que nunca se va a recuperar”, explica Anna en su español no materno.

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  • Fortaleza - Avance

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    1:08 19 feb 2020

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