Detrás del instante La 2

Detrás del instante

MIércoles a las 20.00 horas

www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5496509
Para todos los públicos Detrás del instante - Manel Armengol - ver ahora
Transcripción completa

Hay fotografías icónicas

que tienen la capacidad de resumir una época entera.

Manel Armengol no sólo es autor de una de esas imágenes

sino que, además, aquella instantánea,

tomada cuando era un joven periodista,

acabaría convirtiéndolo en fotógrafo profesional.

Yo en aquel momento, yo no me dedicaba a la fotografía,

como profesión.

Yo estaba haciendo prácticas de periodismo en la Hoja del Lunes.

Justo hacía un mes y medio me había apuntado a un curso

que daba un fotógrafo en Barcelona

porque yo tenía interés en acompañar mis fotografías a mis reportajes.

(GRITOS) ¡Dimisión! ¡Amnistía! ¡Libertad!

(RADIO POLICIAL) Va un grupo voceando,

llevan pancartas pidiendo amnistía; van voceando, amnistía, amnistía...

(Disparos)

Si hay que cargar, cargad con todos...

Todo transcurrió muy rápido, fueron unos instantes muy intensos.

Estaban golpeando a gente que estaba sentada en el suelo, indefensa.

Subtitulado por Accesibilidad-TVE.

El 1 de febrero de 1976,

Barcelona vivió la manifestación más importante contra el Régimen

desde el final de la Guerra Civil

con decenas de miles de personas en la calle.

La multitud se congregó bajo el lema:

Llibertat, Amnistia i Estatut d’Autonomia.

Aquel día, Manel Armengol, que tenía 26 años,

decidió tomar fotos del acto

sin imaginarse que su trayectoria profesional

estaba a punto de dar un vuelco.

El día 1 de febrero del 76 estaba yo en Badalona.

Me había casado recientemente, estaba con mi pareja

y sabía que aquel día iba a haber una gran manifestación.

Para pedir la amnistía.

Hacía poco que se había muerto Franco

y era un sentimiento bastante explosivo.

Cogimos la Vespa hacia las diez de la mañana creo que era.

No sé por qué yo presentía que era un día que iba a ocurrir

algo especial.

Desde diciembre del año anterior había un cura que se llama Xirinachs

que estaba delante de la cárcel Modelo

para pedir la amnistía de los presos políticos.

Y yo era una de las personas que iba todos los días.

Y desde allí, ya fui a la manifestación.

Dejé la moto y ya estaban llegando las furgonas de la policía,

de los grises.

Se notaba en el aire un poco de tensión

a ver qué pasará, a ver qué pasará.

Y ya estaba llegando la cabecera de la manifestación

al nivel de Provenza en Paseo de San Juan.

Ya se decía cuando venga la policía todo el mundo sentado,

cuando venga la policía todo el mundo sentado.

Se empezaron ya a lanzar botes de humo para dispersar

y ya avanzaron hacia el frente de la manifestación.

-No puedo ni recordar si vi coches si no vi coches

si está claro es que vinieron un montón de policías.

Las primeras fotografías que hice en aquel momento fueron la sentada,

todavía tomada desde lejos.

-Entonces en cuanto vi que ya venían los primeros golpes

yo me agaché me tapé la cabeza,

porque solían dar bastante en la cabeza.

Cuando arreaban, arreaban fuerte y con mucha rabia.

Disparé la cámara con mucha rapidez, con un sentimiento

de que cada vez que disparaba estaba revelando una violencia

que me parecía injusta.

Yo sé que salgo en esta foto

porque yo estaba en la segunda fila de la manifestación.

Y estaba yo, una mujer al lado, y este hombre que se llamaba Ferrán

delante mío.

Entonces yo me tapé y él se cayó.

Cuando se disolvió la manifestación el rollo lo saqué de la cámara

y lo di a mi compañera para que lo llevara a casa corriendo

antes de que me pudieran intervenir la policía.

En aquellos años todavía lo que predominaba era

una generación de fotógrafos muy oficialistas.

Entonces claro, tuvo que llegar una generación nueva de fotógrafos

que no tuvieran digamos, esas ataduras.

Y Manel era uno de ellos.

Yo trabajaba en la Hoja del Lunes y recuerdo que el señor Aliaga,

que era el director, se puso un poco rojo y me dijo:

Armengol estas fotografías si las pongo

nos cierran la Hoja del Lunes.

Después fui a Destino, tampoco, fui al Correo Catalán, tampoco.

Nadie quería aquellas fotografías.

Manel en el momento en que hizo esa fotografía,

tuvo muchas precauciones, tuvo muchas precauciones

para salvaguardarla

y para distribuirla, internacionalmente

para que esa fotografía reflejara

lo que estaba pasando todavía en España.

Entonces bueno, ya con tanta advertencia me fui a Ramblas,

a los kioscos de Ramblas,

a comprar toda la prensa extranjera que encontré.

Allí obtuve las direcciones, hice sobres,

que yo ponía una tarjetita mía, de aquellas de la época

que se ponían el nombre y los dos apellidos

y ponía algo así como "por favor, no citen mi nombre"

porque tenía miedo de represalias.

Opté en varias ocasiones acercarme hasta el aeropuerto,

ir a la cola de viajeros que iban a Nueva York

y entregarles unos sobres diciéndoles que eran fotografías de prensa,

me presentaba, enseñaba el carnet de periodista.

Les pedía que las depositaran en el correo al llegar a Nueva York.

Unos 15 días más tarde recibo una carta del New York Times

y había un cheque con 150 que me pagaban por la fotografía,

bueno, yo estaba entusiasmado.

Finalmente aquella fotografía se publicó en The New York Times,

Newsweek, Washington Post, L'Express en Francia,

Nouvelle Observateur, Paris Match, Der Spiegel y Stern en Alemania.

La fotografía esta del Paseo de San Juan

en la cual no tenemos muchos elementos

que podamos reconocer dónde está tomada,

la han hecho que devenga internacional

porque finalmente de lo que habla es de la represión.

Y lo pueden conectar

pues finalmente con esas visiones de las manifestaciones

que podían haber en Estados Unidos o que después se darán en Chile.

Para mí esta fotografía simboliza muy claramente

lo que los dos bandos que hay en esta sociedad.

Por un lado, la gente que está queriendo decir algo

y por otro lado,

la gente que no quiere que digamos nada.

La fotografía ha pervivido y pervive todavía hoy

en portadas de libros, en publicaciones diversas,

etcétera, etcétera.

Aquella foto la primera vez que la vi

fue en un espectáculo del Tricicle,

que la usaban maqueada con una silla y tal y cual.

Y entonces cuando la vi dije, ostras si yo estaba aquí.

Pero esto lo vi igual al cabo de 30 años más tarde.

Y todavía, ahora me ocurre,

cada dos tres meses pues me piden esta fotografía.

Sí pero la de la manifestación del viejecito que está en el suelo.

Muchos otros trabajos que yo he realizado en mi vida,

muy distintos al fotorreportaje

han quedado siempre digamos, detrás de esta fotografía.

En resumen, yo hice periodismo, quería escribir, contar la verdad

y bueno la verdad la contó la fotografía.

Aquel día me convertí en fotógrafo.

En plena Transición, Manel Armengol usaría el poder de la imagen

para denunciar las injusticias que veía a su alrededor,

sobre todo en su Badalona natal.

Eran años de numerosas protestas populares

por las condiciones, a menudo infrahumanas,

de muchos barrios.

Lo que más me atrajo de la fotografía

era este valor de a modo de notario,

como si tuviera que reflejar en una imagen

cosas que yo veía que ocurrían.

En una fotografía podía explicar muchas cosas,

para lo cual no necesitaba tantas palabras.

A esa generación de fotógrafos que asumen

que han de ser los testigos de esa transformación de la sociedad

y de esa implicación política, corresponde también

una parte de las nuevas generaciones de periodistas.

Me hizo descubrir el valor de la fotografía un día

en que enviando crónicas de Badalona a TeleXpres,

el alcalde de Badalona, que era un franquista muy significado

protestó por una crónica que yo envié

sobre un barrio de Sistrells.

Eran puras barracas, había ratas, esta era la denuncia de los vecinos

y al día siguiente,

el alcalde había llamado al director de TeleXpres,

con lo cual le forzaba a decir que en Badalona no esto no ocurría.

Entonces el director, Ibáñez Escofet, me llamó y me dijo:

si tienes fotografías de esto y me las traes

yo las voy a publicar.

Y se publicaron,

y efectivamente, ya no hubo contrarréplica por parte del alcalde

porque había quedado denunciado de una forma objetiva.

Manel Armengol también trabaja desde una perspectiva poética

posiblemente ya desde un posicionamiento mucho más crítico,

mucho más implicado y podemos ver por ejemplo,

una fotografía como la de la kiosquera

con todos los elementos de la Falange

o unas vistas de una ropa tendida en la cual se ve toda Barcelona.

(Música)

En general, había que cubrir todas las informaciones posibles

de todos los partidos políticos,

justo fue la época en que se legalizó el Partido Comunista,

el Partido Socialista, Comisiones Obreras, los sindicatos.

Por otro lado, tuve que estar también en un mitin de Fuerza Nueva,

los grupos más ultraderechistas del país y claro, muy enardecidos.

Despaché el tema en ocho o diez fotografías.

(Música)

En 1977, a Manel Armengol le llega la ocasión de irse a Nueva York

durante un año como corresponsal para la revista Interviú.

Y acepta el reto.

De repente te encuentras

ante un mundo sorprendente y desmesurado

en el cual te sientes ínfimo.

Fue para mí una etapa muy interesante,

viajando con el redactor desde Nueva York hasta Los Ángeles

cruzando por el sur de Estados Unidos.

Compramos una camioneta de segunda mano

que se estropeó cuatro o cinco veces durante el viaje,

llevábamos un par de colchones, dormíamos dentro de la camioneta.

(Música)

Hicimos una serie de reportajes muy interesantes.

Uno que es un día en la vida de David Duke,

el jefe del Ku Klux Klan.

Para mí fue otro choque también, ¿no?

Ver que un señor que se ponen capuchas blancas y tal

y que queman negros en la calle o que los acribillan,

en fin, todo esto para mí era impresionante.

La revista Interviú nos dice

que mejor terminemos con la corresponsalía

y yo me dije que no,

que yo la única vez que tenía un contrato

yo quería que se cumpliera el contrato.

Llamaba cada cada semana proponiendo dos o tres temas

pero me decían que no, que yo seguiría cobrando

pero que no podría publicar nada, pues bueno, pues nada.

Pues se ha acabado, ahora me voy a hacer yo mis fotos

me compro una bici y me voy a pasear por Nueva York.

Sus fotografías de Nueva York se escapan de los rascacielos,

de las imágenes típicas de la Quinta Avenida

y se va al Bronx, se va a buscar elementos de la ciudad

que finalmente son los que más les interesan.

Si comparamos las fotografías de Barcelona a las de Nueva York,

temáticamente pueden estar próximas,

evidentemente estéticamente son muy diferentes.

En 1979, un año después de su regreso de Nueva York,

la revista Playboy le brinda la oportunidad de viajar a China

junto al escritor Baltasar Porcel.

Durante un mes fotografía un país

en el que encuentra una realidad completamente distinta

a la que había vivido en Estados Unidos.

Todo el mundo iba en bicicleta

tan solo de vez en cuando pasaba un coche oficial

pero también la ausencia del ruido del motor

era algo que me dejó impresionado.

A ver tanta gente en movimiento

sin que hubiera el ruido típico de la gran urbe.

No podíamos salir del hotel solos.

Teníamos que llevar siempre un guía.

Y con Baltasar Porcel,

a mí me resultó una persona muy cómoda

porque en ningún momento se puso en mi trabajo,

no me indicó qué fotografías tenía que hacer ni nada,

iba simplemente ahí al lado y mirando lo que me interesaba.

Lo que más me atrajo era cómo se movían, qué hacían

o cómo se comportaban esta gente.

Yo estaba asombrado de ver

la curiosidad que tenían aquella gente

y cómo te miraban,

te estaban haciendo como una radiografía.

Son las dos cosas que me sorprendió de los chinos,

la forma de mirar y el silencio, la gran quietud que había.

La etapa de Armengol en Interviú le permitió entrar en contacto

con personajes perseguidos,

refugiados en entornos con seguridad extrema.

En 1979, viajó a Argelia,

uno de los países que a finales de los años 70 e inicios de los 80,

acogía a líderes de movimientos clandestinos y grupos terroristas.

Había habido un aviso

de que miembros de ETA que estaban prisioneros en Francia

iban a ser deportados a Argel.

Supimos al día siguiente

que no iban a llegar los prisioneros de ETA

y que el gobierno argelino nos podía brindar contactos

para hacer varios reportajes

aprovechando que ya que estábamos allí.

En Argel se refugiaban

todos los grupos izquierdistas y revolucionarios del planeta.

Entonces la comunicación fue, podemos ofreceros Cubillo,

que es el líder del MPAIAC,

que era el partido de liberación de las Islas Canarias,

el señor Abú Daud que es el jefe del grupo Septiembre Negro,

que hicieron la matanza de Munich, de los Juegos Olímpicos de Munich.

Abú Daud lo visitamos en un pequeño piso,

debía pesar ciento y pico de kilos.

Era alto, unas gafas semioscuras, medio ahumadas, impenetrable.

Estas entrevistas siempre ocurrían

con dos o tres señores con gafas oscuras

que estaban ahí al fondo,

con las manos así y las gafas oscuras.

Después de habernos registrado todo, todo,

incluso las costuras de la ropa, los objetivos uno por uno mirado,

disparar la cámara sin objetivo

en fin, para que no fueran artefactos explosivos.

Las situaciones delicadas con las que tuvo que lidiar

se repitieron con Xavier Vinader,

todo un referente del periodismo de investigación,

experto en extrema derecha y con muchos contactos dentro de ETA

Xavier Vinader era muy curioso porque era un tipo

que estaba siempre en medio de unos jaleos muy peligrosos

y siempre estaba con los chistes, jajaja todo el rato riéndose,

era un personaje muy especial.

Un tiempo después que fuimos a un juicio

que tenía que haber en Aix en Provence

de Miguel Ángel Apalategui,

con el cual nos encontramos en las calles de Marsella.

Estuvimos en un bar hablando, tuvo el juicio al día siguiente,

lo dejaron en libertad y nunca, yo no tengo conocimiento

de que se haya sabido nunca nada más de Apalategui.

En la segunda mitad de los setenta

las imágenes de Manel Armengol muestran unos años convulsos

donde la clase política ponía los cimientos

de una joven democracia,

pero también reflejan una sociedad movilizada

en ámbitos más sociales y culturales.

El verano de 1980, en plena efervescencia laboral,

Manel Armengol sufre un grave accidente

que le obligará a dar un giro radical a su carrera.

Un coche me entró, el coche estuvo destrozado

y yo me sentí que me morí, que me iba, me iba, me iba,

hasta que me desperté con un agente que me zarandeaba en el suelo

y que eran la Policía Municipal, y las caras eran como grotescas.

Entonces, no sé cómo, como una pesadilla.

Permanecí una semana en cuidados intensivos porque estaba todo roto.

Tenía la pleura agujereada por una costilla,

una fisura en el riñón, cinco costillas rotas, la pelvis...

Estuve dos años con fobia a salir a la calle,

tenía un miedo, tenía miedo literal.

Y fuera de circulación en el terreno de la fotografía.

A partir de esa crisis grave,

cuando sale de su proceso de recuperación se da cuenta

que la prensa está empezando a dejar de ser aquella prensa,

que él había visto.

Empieza a ver que difícilmente podrá trabajar como había trabajado

en esa nueva prensa mucho más regulada,

mucho más domesticada.

Y además, me di cuenta

de las repercusiones que comportaba trabajar por libre,

porque no tuve ningún tipo de ayuda de nadie.

Acabas en la ruina económica y fue una etapa muy dura.

Y por otra parte, yo creo que descubre otra dimensión en él,

la inactividad en un hospital hace pensar mucho.

Me tocó algo profundo,

y ahí ya se me abrió otro espacio... mental.

Desde que me instalo aquí después del accidente

en que estoy mucho más tranquilo, contemplo continuamente el techo

y empiezo a ver formas distintas,

motivos que me sugieren conceptos o ideas.

Observo estas ondulaciones que me recuerdan el agua,

el movimiento del agua que se va repitiendo en todo Gaudí.

Las secuelas físicas le impiden seguir el ritmo de fotoperiodista.

Poco antes del accidente,

Armengol había alquilado un apartamento en la Pedrera,

un edificio donde entonces vivían diferentes inquilinos

y no estaba valorado como ahora.

Por las noches subía a la azotea,

a la que solo tenían acceso los vecinos.

Allí, rodeado del arte de Gaudí, comienza a reinventarse.

Primero empecé con unos rollos caducados que tenía en la nevera

y allí hacía unas fotos con largas exposiciones.

Cambié el tiempo.

De tiempos inmediatos y rápidos que es el reportaje

a dejar la cámara en exposición durante dos minutos

para que registrara el movimiento de las estrellas,

captar luz que no se ve con la mirada.

Era una especie de relato de nacimiento a la muerte,

y una especie de camino iniciático,

a través de las figuras que aparecen en la noche

arriba en La Pedrera.

Una vez ya superado toda esta etapa larguísima

etapa que no termina nunca, dices bueno, por fin,

ahora, pues mira, se me da un regalo en la vida y hay que aprovecharlo.

Y poco a poco, fui retomando el ritmo de trabajo

a base de trabajar con las editoriales...

Y que le aparta, digamos, de esta de esta fotografía

de primera línea, de conflicto, de conflicto político

y lo lleva a otro territorio de relación personal con el mundo,

desde un punto de vista de una autoría más depurada

y desde un punto de vista mucho más sosegado, más artístico,

creativo, podríamos decir.

Y empieza a fotografiar pues sí, arquitectura

pero no solo arquitectura, plantas...

Empieza a utilizar la fotografía como medio de bienestar personal.

La atracción por la naturaleza me surge a partir de un libro que leo

de un filósofo iraní, que en los años 60 ya advertía

del error del hombre al haberse separado de la naturaleza.

Me interesa también mucho

sus trabajos sobre naturalezas muertas,

sobre todo el de las plantitas en el huerto de una amiga suya

en el Empordà, ¿no?

Él cogió un pedacito de terreno muy pequeño, un jardín,

y se dedicó a fotografiar plantas absolutamente vulgares,

ningún tipo, pues, plantas de campo.

Es un trabajo absolutamente zen.

Todo esto requiere una preparación

y una ambientación mental de uno mismo, ¿no?

para poder reflejar de una forma fidedigna

aquella admiración que sientes por un pedazo de la naturaleza.

A mí me gusta mucho Terra,

que es un trabajo sobre paisajes vacíos, ¿no?

Esa naturaleza casi previa

a cualquier tipo de desarrollo cultural humano

que hizo en Islandia.

Fui en dos ocasiones a Islandia

que era el lugar que yo había soñado ya desde pequeño,

lo del Viaje al Centro de la Tierra

porque está la entrada está situada en un lugar de Islandia.

Entonces esa capacidad de trabajar con amor los elementos naturales,

el agua, el fuego, la tierra, ¿no?

Un renacimiento después de ese gran accidente ¿no?

Es como apegarse a la cosa telúrica.

Creo que había muchos fotógrafos

capaces de hacer lo que hacía Manel Armengol,

en el terreno del periodismo

y creo que hay muy pocos capaces de llegar al nivel de profundización

de lo que es y puede ser la fotografía,

como expresión de sentimientos,

como expresión de la realidad más poética del mundo, que él.

Hay, muy pocos.

Armengol acabó adaptándose a una nueva situación laboral.

En cambio, la llegada años después de la fotografía digital

no le fue fácil de asimilar.

Nunca se ha sentido cómodo con esta nueva tecnología.

No he sido capaz de superar el tema analógico versus digital.

Yo subí con la película, y esta textura, este manejo,

el copiarla para mí ya me implicaba esta relación mágica

digamos que se establece en el laboratorio con la imagen etc.

No me gusta mirarme las fotografías que acabo de hacer

porque yo nunca había podido antes revisar una fotografía

que acababa de hacer.

Y normalmente hacía una.

Si era una entrevista me fijaba

pues que a lo mejor el signo particular de este señor o señora

podía ser un movimiento con la mano, algo especial que hacía

y esperaba que se volviera a producir aquel instante para disparar

justo en aquel instante.

Cuando tuve una digital y empecé a hacer lo mismo

pues claro, empezaba a hacer

lo que hacemos todos los fotógrafos con una cámara digital,

que es empezar a disparar: pim pam, pim pam, pim pam, pim pam.

y alguna saldrá.

Aquella fuerza de concentración que has hecho

se diluye entre tantas fotografías.

A mí lo que me parece más fundamental

es que ha modificado la actitud del fotógrafo con la cámara.

En 2016, pocos días antes

de cumplirse cuarenta años de la famosa fotografía

de la policía cargando contra los manifestantes,

Manel Armengol fue desahuciado de su piso

y tuvo que trasladarse a una cabaña

que su familia tenía en las afueras de Barcelona.

La crisis y la popularización de la fotografía digital,

le habían dejado sin trabajo.

Me fui quedando sin clientes los que había tenido habituales,

porque el hijo del amo, el hijo de tal, o del presidente

ya tenía una cámara digital

y ahora se hacían las fotografías ya ellos

y todo quedaba en la familia.

Tuve que dejar el piso donde tenía todo,

las cajas con las fotografías, laboratorio montado

y venirme aquí a la cabaña

y teniendo que distribuir todos mis materiales

en sitios distintos, en el Archivo Nacional

que me hicieron el favor de venir a recogerlo.

El desahucio de Manel Armengol por problemas económicos

me lleva a la conclusión de que esta sociedad, en general,

los que en ella mandan

y determinan los patrones culturales de referencia,

están muy equivocados.

Y están desviando recursos,

están dejando que se pierdan enormes capacidades

y que estén infrautilizadas

y que mucha gente esté teniendo que dedicarse a otras cosas.

No me ha sido fácil

pasar los tres años hasta ahora aquí en la casita,

adaptándome a una nueva vida.

Pero finalmente, pues me ha logrado reposar

y tener una serenidad con la vida y decir bueno, al fin y al cabo,

como ya había experimentado cuando el accidente

a veces las peores cosas que te pasan en la vida

son para que te traigan lo mejor.

Pero, la verdad es que me doy cuenta

de que cuando asumes que puedes vivir con los mínimos

y renuncias a querer tener más te entra una especie de tranquilidad

porque sabes que ya, ahí ya me está bien.

La mente me ha ocurrido

que a pesar de que tengo la cámara aquí dentro,

decidí que iba a ensayar un mes no hacer fotos,

pasó el mes y otro, otro

y ya llevo tres años que no he hecho prácticamente ninguna fotografía.

Bueno, me siento muy bien porque veo las cosas más cercanas,

no sé por qué al encuadrarlas yo estaba haciendo como una selección

de lo que me interesaba y lo que no

y ahora lo tomo como un conjunto, como una vivencia sin marcos,

sin estar limitado por un marco

y disfrutar de las cosas habituales que uno puede hacer en el campo.

He enviudado de la fotografía.

Perfecto.

(Música)

Subtitulación realizada por: Rosa M. Romero Ayuso.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Manel Armengol

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Detrás del instante - Manel Armengol

29 ene 2020

El fotógrafo Manel Armengol es el autor de una de las imágenes icónicas de finales del franquismo, la de la policía reprimiendo violentamente una manifestación en el centro de Barcelona. Una instantánea que tomó el 1 de febrero de 1976 con tan solo 26 años y que provocaría un vuelco en su carrera.

ver más sobre "Detrás del instante - Manel Armengol" ver menos sobre "Detrás del instante - Manel Armengol"
Programas completos (13)

Los últimos 13 programas de Detrás del instante

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios