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Conversatorios en Casa de América

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Conversatorios en Casa de América - Santiago Muñoz Machado - ver ahora
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580 millones de personas hablan español en todo el mundo.

Hoy tenemos con nosotros al director de la Real Academia.

Hola, ¿qué tal?

Bienvenidos a los "Conversatorios en Casa de América".

(Música)

Hoy hablamos con Santiago Muñoz Machado,

director de la Real Academia,

catedrático de la Universidad Complutense,

miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Premio Nacional de Ensayo,

Premio Nacional de Historia de España.

Autor de 60 obras...

Va bien, ¿no?

Bueno, eso lo que significa, nada más es que soy muy trabajador.

Trabajador.

Y muy tozudo.

Mis inclinaciones como escritor y como estudioso.

También algo brillante para conseguir todo esto, suponemos.

Bienvenido a los "Conversatorios en Casa de América".

Bienvenido, en primer lugar.

¿Con qué letra empezaría usted esta entrevista?

Me da igual.

¿Una "r" minúscula, por ejemplo? ¿Qué le dice a la "r" minúscula?

La "r" minúscula es la letra de mi sillón de la Academia.

Antes que lo ocupara yo, solo ha habido un habitante,

un ocupante de ese sillón en los 300 años,

porque es una silla de nueva fundación,

es la "r" minúscula que ocupó Antonio Mingote

y en su muerte me eligieron a mí.

No tenemos nada que ver uno con otro,

somos personajes completamente distintos.

Es un hombre con una capacidad, una inteligencia,

y una imaginación extraordinaria.

Y yo soy más bien seco, y tirando a serio.

De modo que no soy un sucesor desde el punto de vista del carácter

muy idóneo.

Pero, en fin,

muy orgulloso de ocupar un sitio que estuvo...

En el que estuvo antes un genio.

Algo se me pegará, espero.

Usted es catedrático de Derecho Administrativo,

¿cuándo empezó a pensar un catedrático

en Derecho Administrativo que podía presidir,

que podía dirigir la Real Academia?

A dirigir nunca, a poder ser académico tampoco.

La verdad es que estas cosas ocurren un poco por casualidad,

pues un buen día,

algunos amigos de la Academia forjados en otras lides,

pues me dijeron que por qué no me presentaban,

porque la Academia no se presenta el interesado,

lo presentan algunos académicos.

Tres académicos me lo sugirieron,

me resultó un grandísimo honor que se les hubiera ocurrido

mi persona,

lo hicieron y aquí me tiene.

Salí elegido.

Al poco tiempo, me eligieron secretario de la Academia,

estuve tres años ejerciendo ese papel,

me aprendí la Academia por dentro, sus problemas y demás,

cesé un año y al siguiente me eligieron director.

Ya va a hacer dos años y estoy muy orgulloso de serlo.

Yo creo que no se puede ser director

de nada más importante en este mundo que de la Academia Española.

Ese es el cogollo de nuestra cultura,

lo más importante que tenemos.

Por lo tanto, servirla es un honor realmente inmenso.

Ha sido, de hecho,

el primer director de la Real Academia

no lingüista después de Laín Entralgo en los años 80.

Bueno,

esto de que los directores de la Academia no lingüistas

llamemos tanto la atención,

es una cosa que no es del todo justa.

Realmente, la Real Academia Española

se fundó 1713 y participaron durante muchos años del siglo VXIII

en ella gentes de los consejos, de los consejos de la monarquía,

normalmente personas con formación jurídica.

Nuestras primeras obras,

como el diccionario llamado De Autoridades,

que se hizo entre 1713 1739,

está plagado de fuentes jurídicas.

Se utilizaron mucho las leyes como recursos, como nidos,

como almacenes de palabras para desarrollarlas.

Y juristas ha habido siempre, luego, algunos como directores...

En el siglo XX ha habido dos directores juristas muy notables.

El primero, don Antonio Maura, que lo fue entre 1913 y 1926.

Simultaneando, incluso,

esa función con la del presidente del Gobierno.

Y luego lo fue Rodríguez Marín,

que ha sido uno de los grandes cervantistas de toda la historia,

pero al mismo tiempo jurista y con despacho abierto en Sevilla.

Y un jurista que ha llegado a la dirección de la Academia,

¿y qué es lo que se ha encontrado en la dirección de la RAE?

¿Qué problemas ha encontrado? Por ejemplo,

Darío Villanueva, su antecesor, estuvo también...

Dio su última entrevista como director,

estuvo en los "Conversatorios en Casa de América", decía:

"Tenemos un problema grave de financiación".

¿Lo seguimos teniendo?

Desde el punto de vista material,

ese era el problema cuando yo llegué,

un problema de financiación

porque teníamos pocos recursos, tenemos mucha gente en la Academia,

más de 80 personas que colaboran con nosotros de modo fijo.

Los académicos también participan y tenemos a América,

a la que tenemos que atender

algunas veces también financiando algunos proyectos comunes.

Esto es muy importante y los recursos

vienen fundamentalmente del presupuesto del Estado

y tenemos una asignación muy pequeña que, afortunadamente,

yo conseguí que el presidente del Gobierno

comprendiera y ayudara mucho a la Academia a fijar

una nueva cantidad más acorde con los gastos que tenemos.

Ahora tenemos recursos presupuestarios públicos suficientes

para nuestros gastos corrientes.

No tenemos, sin embargo,

dinero suficiente para tantos proyectos como tenemos entre manos.

Eso lo tenemos que conseguir

y lo conseguimos de los patrocinios privados, de ayudas de empresas

y de benefactores particulares.

¿Cuál es el proyecto que tiene entre manos

de los muchos de los que habla, que más le ilusiona?

Bueno, tenemos muchos proyectos.

La verdad es que sería difícil jerarquizarlos, pero diré,

el más antiguo

y más característico de la Academia es el Diccionario de la Lengua

y estamos en el trabajo de hacer la 24 edición,

contando desde 1780 la 24,

que va a ser absolutamente digital, nativa digital.

Por tanto,

va a ser revolucionario y va a transformar

los 23 diccionarios anteriores.

Y va a ser otra cosa que no se va a parecer mucho,

en las apariencias procuraremos no asustar a los usuarios

y mantenerlos fieles al libro.

Pero también va a cambiar mucho.

Este es un proyecto que me ilusiona terminar lo antes posible.

Tenemos entre manos ediciones nuevas de algunas obras clásicas,

la gramática tan importante que hizo

la Academia hace más de diez años,

el nuevo Diccionario Panhispánico de dudas.

Tenemos proyectos Panhispánicos

como el Diccionario del Español Jurídico.

Para mí, es una obra muy significativa

porque me he ocupado yo de la dirección

y está teniendo una penetración en América extraordinaria.

Y esto es fundamental

para el mantenimiento de nuestra cultura común.

Tenemos un proyecto de...

intervenir más directamente

en la lengua de la inteligencia artificial.

No sé si ha oído enunciar este proyecto,

pero yo creo que es bonito.

Nos hemos dado cuenta de que las máquinas

que utilizan en inteligencia artificial cada vez hablan más.

Decimos que somos 580 millones de hablantes,

pero hombres, personas,

máquinas son muchas más las que hablan.

Y cada día ese número crece y esas máquinas hablan

como Dios les da a entender,

o mejor, su Dios particular, que es el fabricante.

Hace cada uno...

Uno puede utilizar un idioma diversificado,

necesitamos que no se nos rompa la lengua por esa vía y, por tanto,

convencer a los fabricantes, a las empresas globales,

que se atengan a las reglas, que se vengan ateniendo

a los humanos desde hace 300 años de la mano de la Academia.

Entonces estamos firmando convenios

con casi todas las empresas globales

para que utilicen el español según la doctrina de la Academia.

Y vamos a procurar que así se haga en los diccionarios,

en las traducciones,

las máquinas parlantes

con las que se educan nuestros hijos.

Y va a ser un idioma, el idioma más hablado en casa,

el de tu interlocutor nevera, tu interlocutor horno,

tu interlocutor máquina de juegos, etcétera.

Tú, traductor.

Tenemos que procurar que acepten certificaciones de la Academia

de que su español es correcto.

No nos fragmenten la lengua,

mantengan la unidad que hemos conseguido sostener

desde la Academia a lo largo de 300 años.

"No nos fragmenten la lengua",

dice, claro, 580 millones de hispanohablantes

más las máquinas.

¿Hasta qué punto es fácil que no se fragmente la lengua?

Pues esto ha sido muy fácil hasta ahora,

gracias a una...

prerrogativa de la Academia que es absolutamente insustituible

y única.

A la Academia Española, se le hace caso por su autoridad.

No tenemos ningún poder público, no podemos imponer nada,

pero la autoridad ganada por la Academia en 300 años de vida

es tal, que cuando se pronuncia, todo el mundo dice:

"De acuerdo".

Convencer a los humanos

ha sido bastante fácil porque los humanos son sensibles

y nos otorgan esa autoridad, son ellos.

Con las máquinas es un poco más complicado

porque no nos entienden.

¿Cómo hacerlo con las máquinas?

Pues, hablando con los fabricantes de las máquinas,

hablando con Google,

Microsoft, Amazon, con todos estos, con Telefónica en España,

para que se atenga a nuestras instrucciones y para que acepten

que lo que nosotros decimos

que es un español de calidad, es español de calidad.

Y, en fin, no nos ha hecho mucha necesidad,

mucho esfuerzo para persuadirlos están de acuerdo en que esto es así.

Me gustaría preguntarle un segundo

por la Asociación de Academias de la Lengua Española,

en este programa que está dirigido a América

y también, bueno, centrado en el ámbito americano,

supongo que es predominante

y tenemos que hacer una referencia a ese papel

de la Asociación de Academias.

Es muy importante ese papel.

El idioma español no es de España, nació en España.

España lo expandió por el mundo, pero no es de España.

Es el idioma también de tantos otros países

que lo tienen como lengua nacional.

Por tanto,

tenemos que tratar el español como lengua colectiva

de un conjunto de naciones y tenemos que trabajar en él,

Por tanto, también, cooperativamente.

La Asociación de Academias se creó en 1952

para agrupar a todas las academias y hacerlos trabajar en común.

Ahora hacemos con ellos proyectos que llamamos panhispánicos,

cuya característica es: primero, es una manera de trabajar,

tenemos que hacerlo en común;

segundo, empleamos un método cooperativo,

de modo que todas las grandes decisiones de regulación

de la lengua están consensuadas,

consensuadas por todas y cada una de las academias.

Las modificaciones del diccionario, por ejemplo,

que llaman mucho la atención,

¿cómo entra una palabra nueva en el diccionario?

¿Quién decide eso?

"La Academia es caprichosa porque ha incorporado", se dice a veces

que, en fin, no debería, que son políticamente incorrectas.

Ahora, incluso con la pandemia, nos han acusado de aceptar palabras,

palabras que son efímeras.

Bueno, pues es muy complicado el procedimiento.

Alguien nos tiene que sugerir que hace falta

en el diccionario una palabra nueva o cambiar alguna que ya tenemos.

Podemos ser cualquiera de los académicos,

pero también cualquier ciudadano que la ha visto

y nos avisa, nos advierte que tal palabra está en desuso,

hay que cambiarla, está incorrectamente definida.

La estudiamos, vemos cómo está,

qué dice la gente,

cómo la utiliza la gente en la práctica,

tenemos series documentales, estudios ordinarios,

capacidad de volumen donde podemos saber cómo se usa la palabra,

en la realidad y en cada parte del territorio hispanohablante.

Bueno, es que tenemos ese estudio hecho,

la definimos en la Academia

o cambiamos la definición en la Academia,

cuando hemos hecho esto en comisiones del Pleno,

las mandamos a América para que la vean

nuestros colegas americanos y las enmienden,

nos corrijan o nos aplaudan si es el caso,

o estén conformes con nosotros.

Y al término de todo ese período,

se aprueba y se incorpora al diccionario.

O sea, que el periplo

es el que sigue cualquier modificación,

muy largo y muy importante, muy serio, por tanto.

No es una frivolidad ni es un capricho.

Sí. Es un proceso largo

y en el que se va sedimentando el significado de la palabra.

Tal vez, la mayor piedra en el zapato

que tiene ahora la Real Academia es el lenguaje inclusivo.

Bueno, a la Academia siempre dice que no es,

no es instancia que enseñe cómo deben hablar los ciudadanos,

sino más bien una institución que está atenta

a cómo hablan los ciudadanos

y recoge los datos de la calle, de las prácticas y los acumula,

los codifica,

los estudia y, al final, certifica con sus obras

que esto se dice de una determinada manera,

esta palabra tiene tal significado,

porque la mayor parte de los hispanohablantes

una parte muy significativa de los hispanohablantes,

la usa así o tal criterio.

Bueno, lo mismo pasa con el lenguaje inclusivo.

La Academia no tiene ni que aprobar ni que denunciar

o prohibir determinadas formas de hablar.

Lo que dice es que la mayoría no habla así.

Y no vale ninguno, ningún argumento,

ninguno en absoluto para imponer formas de hablar

que no sean las que la gente emplea por su propia iniciativa.

Ni el Gobierno, ni la Academia, ni nadie puede decir cómo

tienen los ciudadanos que hablar.

Como usted quiera, señor mío.

Y si usted habla de una manera distinta de los demás,

no se le entenderá.

Nosotros decimos cómo hablan los demás

para que quien quiera seguir esas reglas

pues lo haga, lo haga, pero sin imposiciones.

Bueno, usted ha publicado...

Lo del lenguaje inclusivo es que es particularmente polémico.

Claro, cada vez que la Academia dice algo,

pues suele ser criticado o aplaudido.

Depende de los casos.

El informe que hemos hecho este año

sobre lenguaje inclusivo ha sido general muy aplaudido.

Ustedes en los informes los hacen porque se los piden.

O sea, tampoco es que se pongan...

Sí, eso quizá no lo hubiéramos hecho

de no ser porque nos lo pidió

la señora vicepresidenta del Gobierno,

no lo hubiéramos hecho porque, en fin,

es un asunto muy polémico,

la Academia no quiere estar en el centro de las polémicas,

no tenemos por qué, pero en fin.

La autoridad pública no lo pidió. El asunto es importante.

Lo hemos hecho con el mayor afecto,

con el mayor cuidado...

Donde aportar a la sociedad.

Es que, claro, supongo,

es el objetivo de la Real Academia.

Decíamos que usted ha publicado, yo he calculado que unos 60 libros.

Antes de la entrevista,

le he preguntado y seguro que no los tiene...

No tiene en la cabeza el número, seguro.

No los tengo contados. No me extraña.

Por ahí. Le llevaría un día y medio.

Libros que muchos hacen reflexionar.

Por ejemplo,

"Hablamos la misma lengua",

que es la historia política del español en América.

La historia política bien contada, bien documentada.

¿A qué conclusión llegó al terminar ese libro?

Bueno, ese es un libro que hace un recorrido sobre por qué,

sobre la pregunta: por qué hablan español los americanos.

Por tanto, arranca de cómo se entendían

nuestros colonizadores, nuestros conquistadores,

cómo se entendían,

y qué hubo de aquello que se ha generalizado

y que los españoles impusieron el habla española,

la lengua española a martillazos,

obligaron a todo el mundo a hablar español,

bueno, esa es una aseveración absolutamente falsa,

la reina Isabel, el rey Fernando,

fueron los primeros que estuvieron muy lejos de imponer

obligatoriamente que se hablara español.

Los reyes estuvieron preocupados siempre

porque se enseñara en América la doctrina cristiana

y para hacerlo mandaron allí muchos frailes, muchas ordenes,

ordenes mendicantes,

para que explicaran la doctrina de la Iglesia.

Esa fue la misión principal.

Y, para desarrollarla,

a los religiosos les pareció que más que utilizar el español,

lo que tenían que utilizar son las lenguas propias

de los indios.

Por tanto... Y eso hicieron.

Por tanto,

no solo no impusieron el español, sino que hicieron posible

la conservación de lenguas que no eran lenguas escritas

ni tenían reglas establecidas,

que hicieron nuestros misioneros, los franciscanos, los dominicos,

los jesuitas, de una manera realmente portentosa.

Aprendieron ellos a hablar las diferentes lenguas que eran,

que eran muchísimas, y el español quedaba un poco arreado, digamos,

fuera de las políticas educativas.

No es que no se quisiera enseñar español,

sino que, preferentemente,

las políticas que se desarrollaron fueron las que digo.

Ya en el siglo XVIII,

con la Ilustración

y con los roles más preocupados por la cultura,

se hizo una reflexión y se empezó

a constatar que América no hablaba español o hablaba muy poco español,

tan es así que en la época de las independencias, es decir,

a primeros del siglo XIX, hablaban español en América

solo tres millones de personas de una población

de los 13 millones que tenía entonces América

y quienes se aplicaron a utilizar la lengua española,

no fueron realmente los conquistadores,

sino los criollos que tomaron el poder con las independencias,

los gobiernos, los gobiernos independientes,

que se dieron cuenta de que una nación necesita

una lengua y pensaron qué lengua iban a imponer.

Acababan de ganar la batalla política

y muchos de aquellos decidieron que no era posible

utilizar el español,

la lengua de la nación vencida de la nación imperial

que había sometido a los pobres americanos,

no se podía utilizar esa lengua, sino otras.

Algunos en Argentina, por ejemplo,

pensaron en utilizar el francés porque era

una nación independiente nueva,

donde había habido mucha mezcla de culturas europeas.

Pero se consiguió.

Al final, cayeron en la cuenta de que no era posible desplazar

el español y con la ayuda vigorosísima

de la Real Academia Española,

la unidad del español se mantuvo en América

y desarrollada por los gobiernos independientes,

curiosamente, los gobiernos independientes,

que también aceptaron la "Auctoritas", la autoridad,

no el poder, la autoridad de la Academia Española.

Es un relato este,

no sé si yo he conseguido expresarlo bien,

pero es prodigioso realmente lo que hicimos

en América con la cultura española,

sobre todo, con la implantación y desarrollo del español.

Sin pretenderlo mucho, con una generosidad extraordinaria,

dando primacía a las lenguas locales sin destruirlas.

En fin, ejemplar desde el punto de vista.

Ahora el español se sigue extendiendo, pero por ejemplo,

en Estados Unidos.

Pero sucede al revés.

Es decir, no es la administración

la que de verdad facilita que el español se extienda,

sino que se extienda a pesar de la administración.

Narraba el Premio Don Quijote 2019, Francisco Moreno, se entregó aquí,

contaba en un artículo en The New York Times,

"La represión lingüística del español en Estados Unidos",

y contaba cómo el español se va extendiendo

a pesar de que la administración lo va frenando.

¿Qué opinión tienen al respecto?

No hay quien pare realmente la expansión de una lengua

cuando hay gente que la cultiva como lengua materna,

no hay políticas que se puedan oponer a esto.

Podemos...

La Academia no hace política de expansión de la lengua.

Lo nuestro es cuidar de ella, cuidar de su buena utilización,

de que se cumpla con unas determinadas reglas,

de la unidad nos ocupamos.

La expansión no es cosa nuestra,

pero se produce también en nuestro ámbito de un modo,

de un modo natural, de un modo natural.

En América nos estamos excediendo mucho, ya hay más de 40 millones

de hispanohablantes en Estados Unidos,

quiero decir, es una cifra portentosa.

A pesar de que, en fin, el inglés tiene una fuerza expansiva

también extraordinaria, que procuramos no combatir,

combatir es una palabra bélica excesivamente fuerte.

Procuramos hacerle competencia enseñando las virtudes

y los valores que tiene la nuestra.

Que no son menores.

Al final, una sociedad será más rica

cuanto más domine estos dos idiomas.

El penúltimo libro que escribió:

"Civilizar o exterminar a los bárbaros",

que defendían la colonización americana

llevada por España frente a la que hizo Inglaterra.

Sí, a mí me ha fastidiado siempre bastante

y ya atendí ese ese problema en un libro

que escribí sobre Juan Ginés de Sepúlveda,

quizá nuestros televidentes

no tengan todos buena idea de quién es Juan Ginés de Sepúlveda,

pero fue un clérigo filósofo humanista muy muy criticado

en general.

Porque nosotros,

las cosas que tenemos importantes solemos criticarlas muy severamente

por sus posiciones en relación con la colonización de América.

Juan Ginés de Sepúlveda representa el criterio

del Imperio frente a Bartolomé de las Casas,

mucho más conocido, que representa la posición de los indígenas,

de los indígenas americanos.

Bien, ese personaje,

Ginés de Sepúlveda, no hizo otra cosa que establecer,

aclarar que realmente los españoles no se comportaban como salvajes,

utilizaban una doctrina que procedía nada menos

que de Aristóteles respecto de qué debe hacerse con los pueblos,

con los pueblos que a los que se llega mediante

una colonización.

Con ocasión de aquello,

ya se le hacía algunas comparaciones sobre la colonización británica

y la colonización española.

Siempre se ha dicho que nosotros hemos sido los bárbaros

que matábamos a mansalva,

que hemos producido no sé cuántos millones de muertes sin ninguna,

sin ninguna... Sin ningún matiz.

Bueno, hay que aclarar todo eso un poco.

Pensé,

los millones de muertes fueron en general muertes por enfermedad,

por las grandes pandemias que el contacto

con los europeos produjeron en América.

Hay que descontar esto.

Hay que descontar también mucha gente que murió,

muchos indios que murieron,

indígenas que murieron como consecuencia

del cambio de régimen de vida,

absolutamente libres

y pasar a unas economías de subsistencia sirviendo a otros

o trabajando en minas, produjo también mucha cantidad de muertes.

La barbarie de los conquistadores también produjo las suyas.

Claro, se hicieron cosas muy...

muy poco ajustadas y muy crueles, ciertamente.

Pero más allá de esto,

España se empeñó en culturizar, llevar nuestra cultura,

empezando por la cultura religiosa

que ahora le damos menos importancia,

pero entonces era la más importante.

Llevar la cultura española,

llevar los principios de europeos y trasladarlos a América

y esforzarse en una educación que fue ejemplar

porque allí se crearon las primeras universidades,

antes que en muchos lugares de Europa

y las órdenes religiosas se empeñaron en una educación

que consiguió una transformación importante de toda aquella zona.

Con más o menos éxito.

Yo no digo que aquello fuera absolutamente ejemplar,

siempre, lo que digo,

es que España se esforzó en esto,

en llevar una cultura y atender

a las necesidades de los indígenas desde ese punto de vista.

Comparativamente con la civilización,

con la colonización anglosajona o con cualquier otra colonización,

pues hay una diferencia de entrada bastante importante,

que es que los demás no se preocuparon de mixtificar,

de establecer, de transportar ninguna clase de cultura,

sino que a las poblaciones que les molestaban,

donde ocupaban tierras que antes eran de los amerindios,

los mataban, sencillamente los eliminaban matándolos.

Esto es así de sencillo.

Y mataron a muchísimos, muchísimos cientos de miles de personas.

¿Cuántos han quedado en una parte y en otra de América?

¿De qué manera se han integrado

las viejas poblaciones en la civilización nueva?

Pues esta es la comparación que quedaba por hacer

y que yo he hecho en ese libro

"Civilizar o exterminar a los bárbaros".

Comparo a los que se empeñaron de buena voluntad,

con muchos errores y con muchas crueldades,

en civilizar,

y los que liquidaron este problema exterminando.

Señor Muñoz Machado,

se nos ha pasado esta media hora volando.

Nos quedamos unos últimos minutos y sí que me gustaría dedicarlos

al último libro que acaba de publicar hace unas semanas.

"Vestigios", son 11 ensayos.

¿Qué es lo que tienen en común?

11 ensayos que recuerdan momentos esenciales de la formación

de algunas instituciones esenciales para el Estado

y que hoy solemos menospreciar o ningunear o vulgarizar.

E instituciones esenciales

que van desde porqué creemos en determinados ritos y mitos.

Tomemos como ejemplo por qué le dio a la civilización católica

en un determinado momento coleccionar reliquias.

Por ahí empieza el asunto.

¿Cuánto nos costó?

En segundo lugar,

es el segundo ensayo,

¿que no se torturara a la gente,

que no se le interrogarán en los juicios aplicando medios

absolutamente descomunales y crueles?

¿Cuánto nos costó que se proclamara

que el derecho a la felicidad o la felicidad es un derecho?

Y apareciera por primera vez

en una Constitución el derecho a la felicidad.

¿De dónde vienen las políticas medioambientales

que ahora los ocupan tanto, que nos preocupan tanto?

¿Cuándo nació la preocupación por la naturaleza, en qué consistió?

Para que no le demos tantos aires de novedad,

algo que lleva ya dos siglos en marcha, o tres.

Todas estas explicaciones son las que...

Los 11 ensayos, cada uno en lo suyo, procura hacer...

Vestigios de los momentos originarios

de cada una de las grandes instituciones

de que se vale el Estado.

Hay una...

Se refería usted a ella,

que me llama particularmente la atención, que es la felicidad.

Cómo hasta la Constitución norteamericana,

hasta hace 200 años, no estaban ni verbalizado ni puesto

negro sobre blanco

ese derecho que tenemos los humanos...

Sí, eso fue Jefferson.

En la Declaración de Independencia americana,

donde se hace la Declaración de Derechos:

"Todos los hombres tienen derecho a la igualdad,

a la libertad y a la búsqueda,

la fórmula de la búsqueda de la felicidad".

¿De dónde venía eso?

Venía de la filosofía europea del siglo XVIII,

pero no ha sido explicitado nunca en una Constitución,

el derecho a la felicidad.

Buscar el derecho a la felicidad.

Los americanos,

el Estado americano resolvió eso de una determinada manera,

protegiendo a los ciudadanos para que ellos

buscaran por sí mismos la felicidad

y los Estados europeos los montaron de otras.

El Estado se hace cargo de promover la felicidad mediante instituciones

que ayudan a la salud, al descanso, aseguran la vejez, etcétera.

Nosotros creamos el estado de bienestar,

a partir de ese enunciado,

y los americanos han sido un poco menos valientes.

Es una de las enseñanzas de "Vestigios",

del último libro de Santiago Muñoz Machado.

Director de la Real Academia,

catedrático de la Universidad Complutense, autor de 60 libros.

Muchísimas gracias por estar

en estos "Conversatorios en Casa de América"

y hasta una próxima ocasión. Muchas gracias.

Allí estamos en la Academia esperando cuando quieran.

Y a ustedes les emplazamos aquí en el mismo sitio,

el mismo día y a la misma hora.

Seguiremos conversando.

(Música)

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Conversatorios en Casa de América - Santiago Muñoz Machado

21 oct 2020

Entrevistamos a Santiago Muñoz Machado, director de la RAE. Este jurista y ensayista acaba de publicar su último libro, “Vestigios”.

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