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Conversatorios en Casa de América - Nobel de la Paz: Ican con Setsu Thurlow  y Carlos Umaña - ver ahora
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¿Ven esto? ¿Ven esta medalla?

No la tiene en casa todo el mundo.

Es el Premio Nobel de la Paz.

Bienvenidos a "Conversatorios en Casa de América".

Hoy tenemos con nosotros, nada más y nada menos,

que a dos Premios Nobel de la Paz.

A Carlos Umaña, costarricense.

Miembro de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares.

ICAN es el acrónimo en inglés. Gracias por estar aquí.

Es un placer estar acá.

Y a Setsuko Thurlow, que es portavoz

de esa Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares

y superviviente también del ataque de Hiroshima.

Muchas gracias por estar aquí.

Ahora, en unos minutos, le preguntaré,

Setsuko, por su historia.

Una historia que nos debe hacer reflexionar a todos

sobre el mundo en el que queremos vivir.

Pero antes sí que me gustaría

hacer un análisis de situación, una primera fotografía.

Porque han pasado dos años y medio

desde que la Conferencia de Naciones Unidas aprobó

el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares.

Lo primero, Carlos, ¿en qué consiste ese tratado?

Bueno, es un tratado que tiene una prohibición

sobre las armas nucleares, así como dice,

es una prohibición bastante completa

en todos los procesos relacionados con las armas nucleares.

La tenencia, la producción.

El almacenamiento, la transferencia.

La asistencia en las armas nucleares tiene un apartado, inicialmente,

que habla sobre las consecuencias humanitarias

y tiene también una parte sobre obligaciones positivas.

La prohibición es una obligación negativa.

Las obligaciones positivas serían la asistencia a víctimas

y las de mediación ambiental.

Es decir, todos los Estados tienen la obligación

de velar por el mejor interés de la gente de su ciudad.

Eso lo recalca el Estado y establece

posibles mecanismos para la cooperación internacional

en ese sentido, y a la vez, las de mediación ambiental

de donde se hayan utilizado armas nucleares.

Han pasado dos años y medio desde ese tratado.

¿Cuál es la situación a día de hoy?

Bueno, el tratado se aprobó el 7 de julio de 2017,

se abrió para la firma el 20 de septiembre del mismo año.

Actualmente, lo han firmado 81 países.

Y, de esos 81 países, 35 ya son Estados parte,

es decir, lo han ratificado.

Y el Estado entra en vigor, se convierte en ley internacional

cuando 50 países se hayan convertido en Estados miembro.

Cuando 50 países lo hayan ratificado.

Llevamos 35. Llevamos 35.

Esperamos que el número 50 llegue este año.

Quizá a mediados de año, estamos calculando.

Pero sí, vamos avanzando.

Estamos avanzando también, todos nuestros activistas

están trabajando duramente para que los países firmen

y los países que han firmado, que lo ratifiquen.

Si hay una cara, alguien que encarne de verdad

la necesidad de acabar con las armas nucleares,

esa podría ser perfectamente Setsuko.

Setsuko, usted nunca va a olvidar ese 6 de agosto de 1945.

En Hiroshima, en su ciudad.

No.

Tal vez sea duro recordarlo, pero yo le voy a pedir

que le cuente a nuestros telespectadores

qué fue lo que sucedió ese día

y cómo lo vivió usted en primera persona.

Yo tenía 13 años, estaba en octavo curso, en el instituto,

y en lugar de estar en el colegio, en el instituto,

me movilizaron para trabajar en el Cuartel General del Ejército.

Era lunes por la mañana, 8:15.

Estábamos celebrando una reunión, la primera reunión de la mañana.

Éramos 30 niñas.

Y nos estaban dando una charla diciendo:

"Este es el día en que vais a demostrar

vuestra lealtad al emperador. Hacedlo lo mejor que podáis".

Y dijimos: "Sí, señor".

Y en ese mismo momento, vi ese fogonazo azul y blanco

que cubrió todo.

Tuve la sensación de volar por los aires.

Iba flotando por el aire.

Recuerdo esa sensación de ir flotando en el aire,

de volar por los aires, y luego perdí la conciencia.

Cuando la recobré, vi que estaba en una situación

de oscuridad total; estaba muy triste también.

Porque estaba bajo un edificio que se había venido abajo.

Esa potente explosión causada por la bomba

había arrasado con todos los edificios.

Y, evidentemente, mi cuerpo cayó

a la vez que el edificio en el que estaba.

Intenté moverme, pero no podía.

Sabía que iba a morir.

Y en ese momento, empecé a escuchar voces muy flojitas

de las niñas que me rodeaban: "Dios, ayúdame. Mamá, ayúdame".

Y de repente, una voz fuerte de hombre

escuché que decía: "No te rindas, sigue moviéndote".

Intenté ver ese rayo de sol

que entraba por una rendija y fui gateando hacia él

lo más rápido que pude; eso es lo que hice.

Y conseguí salir de ahí.

De ese edificio.

La mayoría de niñas de ese grupo, 30 niñas aproximadamente,

murieron quemadas vivas.

Era por la mañana, pero cuando salí, estaba muy oscuro.

Parecía de noche.

Quizá por las partículas de humo que estaban flotando en el aire.

Y empecé a ver objetos negros que se movían.

Resultaba que era una procesión de figuras

que parecían fantasmas, y digo fantasmas

porque parecían fantasmas.

Con la cara quemada, abrasada, la piel colgando de sus manos.

De todas las partes de sus cuerpos.

Con los ojos que los llevaban en sus manos y se venían abajo.

Cuando se venían abajo, se les abrían las tripas.

Y salían los intestinos.

Se iban arrastrando desde el centro de la ciudad hasta las afueras.

Un soldado nos dijo que intentáramos escapar

hacia la colina que había cerca de ahí.

Lo hicimos.

Al pie de la colina había

un campo de entrenamiento del ejército

que tenía un tamaño en torno a dos campos de fútbol.

Cuando llegamos ahí, el lugar estaba lleno de cadáveres.

Y de gente que estaba muriendo.

Teníamos que ir pisando por encima, con mucho cuidado.

Había un silencio total.

Nadie gritaba.

Nadie pedía ayuda.

Simplemente rogaban, susurrando prácticamente.

"Agua, por favor, agua, por favor".

Era todo lo que pedían.

Es lo que intentamos hacer, pero no teníamos ningún tipo de cubo

para llevar el agua hasta ellos.

Así que fuimos a un río que había cerca.

Nos quitamos la sangre que llevábamos en la ropa.

Estrujamos nuestra ropa, las hundimos en el agua.

Y se las llevamos, y ellos se la llevaban a la boca.

Esta gente que estaba muriendo para intentar absorber

esa poquita agua.

Ese es el nivel de operación de rescate que pudimos hacer.

Decenas de miles de personas.

Y no había ni un solo médico, ni un solo enfermero.

Porque el 80 % de los médicos

y enfermeros de la ciudad murieron también.

La mayoría de la gente ni siquiera consiguió agua.

Nada de medicinas ni ningún tipo de atención profesional en absoluto.

Es noche, cuando cayó la noche, nos sentamos en la montaña.

Y de noche, vimos cómo toda la ciudad ardía.

Sintiendo esa muerte masiva y ese sufrimiento humano

del que habíamos sido testigos.

Ese fue mi primer día.

Bien, podría seguir y seguir.

La mayoría de mis compañeros de clase,

351, estaban en el centro de la ciudad, juntos.

Con otros alumnos de séptimo y octavo de otros institutos.

Unos 7.000, 8.000 alumnos.

Y justo ahí, en el centro de la ciudad, y encima de ellos,

fue donde se detonó la bomba nuclear.

Sencillamente, quedaron incinerados.

Evaporados, carbonizados.

Eso es lo que ocurrió con mis amigos del colegio.

Yo perdí a nueve miembros cercanos de mi familia.

Dos tíos, dos tías, dos primos.

Mi hermana, mi sobrino, mi cuñada.

Todo mi entorno familiar desapareció de la noche a la mañana.

Al final de ese año, habían muerto 140.000 personas.

Pero hoy, cerca de 250.000 personas han muerto.

Quizá suene extraño el hecho de decir "a fecha de hoy".

Pero el problema no acabó ese día.

El problema continuó desde entonces.

Porque un aspecto singular de las armas nucleares

es el efecto del envenenamiento radioactivo

sobre el cuerpo humano.

Aunque tengas un buen aspecto, ningún corte, ninguna herida,

si eso entra en tu cuerpo, algo le ocurre.

Y así es como la gente ha ido muriendo, fue muriendo

una semana después, un mes después un año después, diez años después.

Incluso hoy.

Gente que sufrió

esa radiación retardada, muere.

Mucha gente tiene cáncer, leucemia, etc.

El problema no ocurrió y terminó hace 75 años.

Siguió y siguió.

Esa es la parte terrorífica de las armas nucleares.

Cuando hablamos de armas nucleares, las armas nucleares de hoy

son mucho más potentes y más destructivas

que esa bomba nuclear pequeña, bebé,

que explotó sobre nosotros.

La situación es mucho peor hoy.

Espero que la gente se dé cuenta de ello.

Porque no tenemos una o dos, tenemos 14.000 armas nucleares.

Distribuidas entre nueve naciones.

La mayoría de ellas están en manos de los estadounidenses y los rusos.

Pero el hecho es que existen.

Y mientras existan en este planeta,

nadie está a salvo.

No hay ninguna garantía de seguridad.

Por eso, lo que tenemos que hacer es acabar con ellas.

Con todas ellas, lo antes posible.

Usted se ha propuesto que se lleve a cabo ese desarme nuclear.

Ha empleado buena parte de su vida en concienciar

sobre los riesgos de las armas nucleares.

Ha viajado por todo el planeta.

Ha contado su historia en todo el planeta.

¿Qué siente cuando vuelve a recordar la historia?

Una historia de la que ya hace décadas y décadas.

Pero vuelve a revivirla desde el primer segundo.

Cada vez que me tengo que parar para pensar en esa historia

y hablar sobre ella, me hace daño.

Es difícil, pero creo que es importante

que comparta mi experiencia personal.

Porque hay que entender qué hacen las armas nucleares

con los cuerpos de las personas.

Puede parecer como algo abstracto.

Por eso, yo intento poner una cara humana.

A esas herramientas terribles, horribles,

que sirven para masacrar a la gente.

No es sencillo.

A lo largo de todos estos años, lo he intentado.

Pero ¿cómo me siento?

Bueno, en ocasiones siento gran alegría

porque la gente me escucha y aceptan mis ideas

o entienden al menos lo que les estoy contando.

Pero otras veces, la gente dice:

"Eso no tiene sentido, no va a volver a ocurrir.

Nuestros líderes son inteligentes.

Saben qué tienen que hacer para protegernos".

Y digo: "No, en absoluto, eso no es verdad".

No creo

que nuestros líderes sepan mejor

que la gente de a pie.

Nosotros lo hemos estudiado, tenemos que hablar de ello.

También utilizar un poquito la imaginación.

Y así es como sabremos de qué trata esto.

Porque si no hacemos nada con esta acumulación

de armas nucleares sobre la Tierra, al final...

Vamos a acabar con los seres humanos sobre el planeta

y no podemos permitirnos hacer eso, no.

Eso no tendría que ocurrir nunca de nuevo.

Ese es nuestro deseo, el deseo de los supervivientes.

Que ningún otro ser humano tenga que sufrir nunca

lo que nosotros tuvimos que sufrir.

Eso no era humano, era una locura.

Muchas gracias, Setsuko, por contarnos su historia.

Me decía Carlos que hay 35 países

que están en primera fila para acabar con armas nucleares.

¿Cuál es la situación de España?

¿Qué está haciendo nuestro país?

Bueno, por lo pronto nada.

España es un país de la OTAN y se ha alineado

junto con los otros países de la OTAN; no han apoyado

el Tratado de Prohibición en ninguna de sus fases políticas

y no lo han firmado todavía.

Y digo todavía porque en 2018

hubo un convenio entre Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

donde acordó firmar el tratado,

pero esa firma no se llegó a concretar.

Ahora, la OTAN, el pertenecer a la OTAN

no es ningún impedimento contractual sobre España

para que no firme el tratado.

Puede hacerlo perfectamente.

Incluso España en el Referéndum de 1986

para pertenecer a la OTAN, puso como condición

la prohibición de las armas nucleares

en el territorio español.

Y, por otro lado, España también tiene,

están prohibidas en el Código Penal español

las armas de destrucción masiva, incluidas las armas nucleares.

Así que ya tenemos unas condiciones bastante favorables

en las que, si firman el tratado,

prácticamente la ratificación la pueden hacer bastante rápido

porque ya tienen las condiciones de prohibición legal

dentro del territorio español.

Y, si bien habrá presiones políticas dentro de la OTAN,

la OTAN es una alianza entre varios países,

no es una cuestión de Estados Unidos hacia abajo,

sino que son varios países los que son parte de esa alianza.

No hay obligaciones contractuales.

La presión política puede ir de los dos lados también.

Entonces, podría definitivamente la firma de España

contribuir bastante en traer hacia abajo esta hegemonía nuclear.

De lo que trata la prohibición, justamente,

es de la estigmatización.

Porque la prohibición lo que hace, por existir ese tratado,

confronta a los países ante una realidad.

O las armas nucleares son aceptables o no lo son.

Y a través de la prohibición,

a través de esta estigmatización que ha logrado eliminar

las otras armas de destrucción masiva;

las químicas, las biológicas,

las minas terrestres, las municiones en racimo,

todas fueron prohibidas antes de ser eliminadas.

Lo mismo pasó, por ejemplo, con la esclavitud.

Fue prohibida en un momento

en el que era una actividad comercialmente muy viable

en todo el mundo.

Hubo mucha resistencia y mucha oposición.

Pero a través de mecanismos morales, legales,

se crea una condena global

y así es como se elimina esa práctica.

Esa promoción les ha llevado al ICAN.

O sea, esa Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares,

nada más y nada menos que a obtener un Premio Nobel de la Paz.

Esta medalla de Alfred Nobel.

Usted, Setsuko, como portavoz del ICAN,

subió a recoger el premio.

Le voy a pedir ahora que recuerde otro momento.

Este es un momento, bueno, es un momento supongo que emocionante.

Momento alegre, el de 2017,

el momento en el que recoge este Premio Nobel de la Paz.

¿Cómo lo vivió? ¿Qué sintió?

¿Qué recuerda de ese momento?

Estaba sin palabras.

Prácticamente no podía decir nada.

Pero tenía una alegría inmensa

por recibir un reconocimiento tan grande.

Del mundo, en definitiva,

porque el mundo estaba reconociendo nuestros esfuerzos.

Por lo tanto, mucha gratitud, mucha alegría también.

Y sigo estando totalmente agradecida.

Lo estaré para siempre.

¿Tú qué recuerdas, Carlos?

Bueno, fue el día en que nos avisaron,

justamente me llamó una amiga sueca,

creo que fue como a las 3:00 de la mañana,

y bueno, estaba pendiente del teléfono,

mi papá estaba enfermo, entonces yo pensé

que iban a ser tal vez malas noticias,

y fueron noticias bastante buenas y fue un día movidísimo.

Y el día propiamente de la ceremonia fue un día muy solemne.

Muy bonito

ver a todos los activistas reunidos

con ese reconocimiento porque pasamos varias etapas.

Nosotros hemos estado tocando muchas puertas

que nos las cerraban en la cara y, de repente,

estamos recibiendo lo que podría ser indiscutiblemente

el premio más prestigioso del mundo.

Esto, obviamente, nos generó muchísimo orgullo,

y nos pusimos muy contentos porque también el Premio Nobel

es una plataforma que nos sirve

para lo que estamos haciendo, que nos sirve para promover

el Tratado de Prohibición y un mundo libre de armas nucleares.

Entonces, ha sido como una excelente noticia,

algo muy bienvenido

de forma que lo hemos acogido bastante bien de varios sentidos.

Hace unos meses, estuvo en este programa,

en estos "Conversatorios en Casa de América",

Juan Manuel Santos, el expresidente colombiano,

que también recibió el Premio Nobel de la Paz

por el acuerdo con las FARC

y el final de la violencia en su país.

Y él decía que el Premio Nobel

le había ayudado muchísimo a internacionalizar,

de alguna manera, su causa, movimiento por la paz en Colombia.

Usted, Setsuko, ¿ha notado un antes y un después?

Sin duda. Esto ha creado una mayor atención

por parte del público, mayor cobertura

por parte de los medios de comunicación.

Y la gente quiere formar parte también

de esa emoción y quiere también aprender.

Y eso es maravilloso. Ver tanta gente joven

mostrando interés y querer aprender más

y formar parte de esa campaña.

Sin duda, ayuda. Sin duda, ayuda.

35 países. El objetivo para este año es

llegar a los 50.

Carlos, ¿cuándo veremos el fin de las armas nucleares?

(RESOPLA) Qué buena pregunta.

Vale.

El Tratado de Prohibición es una herramienta

que estamos utilizando, es como la materialización

de esa estigmatización.

Pero las armas nucleares en sí son un símbolo.

Porque no son armas prácticas que se pueden usar.

Porque usarlas es un acto suicida.

Entonces, la tenencia está relacionada con ese concepto

de asociar el prestigio y el poder

a la fuerza destructiva, a las amenazas, a la imposición.

Entonces, estamos en este momento en un cambio de paradigma.

Bueno, por un lado estamos viendo

que cada vez más y más, el prestigio se asocia más bien

al diálogo, a la construcción, a generar puentes.

Pero por otro lado, también estamos estigmatizando

las armas nucleares y debilitando este símbolo.

El hecho de que las riendas las hayan tomado

los países no nucleares, eso es una gran cosa.

Porque este símbolo, que son las armas nucleares,

no está solamente en los nueve países,

esos nueve estados nucleares son un síntoma

de una histeria colectiva global.

Es un símbolo que ha sido perpetuado activa y pasivamente

por el resto del mundo.

Y actualmente, el resto de los países han dicho: "Basta".

Por eso es tan importante que los países no nucleares

hayan tomado la iniciativa acá.

Porque así es como empezamos a pelar esta cebolla,

así es como empezamos a atacar este problema.

Debilitando el símbolo que son las armas nucleares.

Debilitando la hegemonía nuclear.

Entonces, vamos a eliminar las armas nucleares

cuando ya no sean relevantes.

Cuando no nos refiramos a los países nuclearmente armados

como potencias nucleares, sino peligros o amenazas nucleares.

Porque es una amenaza enorme.

El Boletín de Científicos Atómicos sacó para este año

el reloj del apocalipsis del 2020.

Estamos a 100 segundos para la medianoche.

Ese es el riesgo más alto en toda historia

que tiene este reloj.

Si hablamos de la crisis de misiles de Cuba en 1963,

estábamos a siete minutos para la medianoche.

Carlos, estamos a seis segundos para la medianoche,

y como en este programa siempre nos gusta mirar al futuro,

pero mirar al futuro para ver algo de luz,

yo le pediría un último mensaje a Setsuko.

Un mensaje de esperanza de su experiencia

durante estas décadas contándonos esas historias

que nos ayudan a que no se repita la peor historia.

Nosotros, los supervivientes,

llevamos trabajando por esto desde hace 75 años.

Y por fin hemos dado un primer paso hacia el objetivo último.

Pero esto debería ser, esto tiene que ser una responsabilidad

compartida de todos nosotros, de todo el mundo.

Porque no es solo un problema regional.

Una vez que comience una guerra nuclear,

se puede extender a todo el mundo, puede llegar a todo el mundo.

Y hay unas fronteras nacionales en lo que se refiere

a las consecuencias de una guerra así.

Tenemos que reconocer que se trata de una responsabilidad compartida.

Todas las naciones, todas las personas

deberían trabajar para evitar algo así.

Y esto significa que todos y cada uno de nosotros

tenemos que estudiar a fondo el problema,

conocer de qué trata todo esto.

Y una vez que tengas una opinión formada,

compartirla, compartir tu opinión con los políticos,

porque ellos son los que toman las decisiones en nuestro nombre.

Por lo tanto, tenemos que hacer que nuestro Gobierno avance

hacia donde nosotros queremos que avance.

Yo pediría a todos los ciudadanos que asumieran su responsabilidad.

No se trata de la responsabilidad solo de Carlos, o yo,

o de otras personas,

todos juntos tenemos que acabar con esta cosa horrible.

Con este mensaje nos quedamos.

Setsuko Thurlow, Carlos Umaña,

miembros de Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares,

Premios Nobel de la Paz, muchísimas gracias

por estar en "Conversatorios en Casa de América".

Hasta una próxima ocasión. Muchas gracias a vos.

A ustedes, les esperamos aquí, en el mismo lugar,

el mismo día y misma hora, dentro de una semana

seguiremos conversando.

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Conversatorios en Casa de América - Nobel de la Paz: Ican con Setsu Thurlow y Carlos Umaña

05 mar 2020

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas.

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