Conversatorios en Casa de América Canal 24H

Conversatorios en Casa de América

Miércoles a las 00:00h y Sábados a las 07:30h

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Conversatorios en Casa de América - Daniel Mordzinski (El fotógrafo de los escritores) - ver ahora
Transcripción completa

Érase un hombre pegado a una cámara fotográfica.

Érase un hombre que se llamaba Daniel Mordzinski, argentino.

¿Qué tal? ¿Cómo estás?

Hola, buenos días, tardes, noches.

Una pequeña corrección: "Es un hombre".

Sigue siendo, ¿no?

Pues sigue siendo vital, vivo más que nunca.

Como el ave fénix: renaciendo.

Y un hombre al que todo el mundo llama

"El fotógrafo de los escritores".

¿Te gusta a ti ese título?

La verdad es que la primera vez que lo escuché me pareció cursi,

reductor,

hasta que estaba en la Feria del Libro de Guadalajara,

me estaban haciendo una entrevista de las que te hacen en cadena

que cada 15 minutos pasa otro invitado a la Feria.

Y me di cuenta que mi interlocutor, el periodista,

muy diferente a ti, Julio,

no tenía ni idea si yo era cantante de pop

o bailarina clásica.

Entonces le dije: "No...

soy "El fotógrafo de los escritores",

y desde entonces, no me lo quita nadie.

"El fotógrafo de los escritores"

con él hablaremos en los próximos minutos.

Bienvenidos a los "Conversatorios en Casa de América".

(Música)

"Objetivo Mordzinski",

exposición que tienes en la Casa de América de Madrid

que ya ha viajado por varios países iberoamericanos.

En ella recoges más de cuatro décadas de fotografía,

220 imágenes.

Pues sí, han pasado más de 40 años

y estoy muy feliz de celebrarlo en esta casa,

que siento mía, que es la casa de los latinoamericanos de Madrid,

con esta exposición organizada y producida por AC/E,

Acción Cultural Española.

Toda selección es arbitraria, incompleta,

parcial, poco exhaustiva...

Pero yo creo que he venido a Madrid para traerles lo mejor que tengo,

Es una muestra muy ambiciosa en el único sentido

que yo entiendo la palabra ambición:

que comparto lo mejor que tengo.

220 fotografías de 220 escritores.

Dice Vargas Llosa que no hay una reunión,

no hay un encuentro, no hay un foro

en el que estén más de dos escritores

y no aparezcas tú por ahí.

Pues soy un gran viajero,

tengo el don de la ubicuidad y soy un apasionado.

Soy un gran afortunado

porque la verdad es que yo nunca me imaginé

que algún día podría vivir,

y viajar gracias al retrato fotográfico.

Susan Sontag...

la gran escritora, entre otras cosas,

reescribió la gramática fotográfica.

Decía que la fotografía es un pasaporte,

y yo creo que es una frase muy acertada.

Y ese pasaporte a mí me permitió viajar

y me permitió conocer muchas culturas

y tantísimos escritores.

A veces me pregunto si en estos viajes

el mundo no es como un jardín de juegos

donde yo pongo a hacer travesuras a esos escritores

que hicieron de mí quién soy de verdad, un lector.

Todo comienza un día en el que te invitan a ir

a la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

¿Qué sucede ese día?

Pues todo comienza un día...

Toda historia contiene un relato

y el relato de esta primera fotografía

comienza, como muchos relatos, antes.

En 1976.

Golpe de Estado.

Yo estoy cursando el tercer año del colegio secundario

y una profesora de literatura o de castellano,

con apellido francés, Nilda,

nos propone que los que queremos quedarnos después de clase,

ella quiere hacer unos cursos gratuitos,

hacer una escuela pública, laica, por supuesto, de cine.

Y la "Finster", como la llamábamos cariñosamente,

era una profesora muy rigurosa como tal,

pero terriblemente generosa

en sus cursos extraoficiales, digamos.

Y ella me enseñó a leer, ella me enseñó a ver,

nosotros hacíamos un cine en Super-8,

y comienzo de los años 70 y...

El grupo se llamaba "Cine Nomine" porque nos pasamos seis días

luchando para conseguir un buen nombre al grupo.

Como no lo encontrábamos, le pusimos en latín "sin nombre".

En ese grupo estaba tu amigo Juan José Campanella.

Absolutamente.

Director de cine, que estuvo hace unas semanas aquí.

Sí, solo que a él le fue bien.

Bueno, no... Le fue bien con el cine,

y a ti en la fotografía.

Tú querías ser tres cosas, ¿no?

Que era cineasta, fotógrafo y escritor.

Bueno, yo dudaba, ¿no?

Yo imaginaba lo mío como una cinta sin fin en donde la fotografía,

la literatura y el cine dialogaran.

Pero muchos años después, me digo si,

y mirando la fotografía si en realidad no lo logré,

porque en mis fotografías yo pongo mucho en escena

a los autores, de ahí el cine.

Retrato escritores, claramente literatura

y en imágenes fotográficas.

Entonces, de alguna manera, lo pude poner,

llevar a cabo ese "Objetivo Mordzinski".

Lo de Campanella es divertido, nosotros competíamos

todos los sábados en un cineclub

que se llamaba o se llama UNCIPAR, Unión Cineasta de Pasos Reducidos.

Nuestro grupo era el más joven de todos los que iban a ese cineclub

y, después de proyectar nuestros pequeños cortos en Super-8,

teníamos que pasar al frente

y defender nuestros cortometrajes.

Y éramos jóvenes

y poco...

Hacíamos un cine muy experimental,

muy inspirado en el buen cine ruso, pero teníamos 15 o 16 años.

En esos debates nos destruían.

Y, claro, era interesante porque ahí me confronté con la realidad,

con las envidias, con la crudeza,

con las...

preguntas que no tenían respuesta,

y todo eso, insisto, en medio de una dictadura militar atroz.

Cuando termino el colegio secundario

y me despido de mis compañeros del colegio nacional

y también del grupo "Cine Nomine",

me inscribo en una universidad de cine

que quedaba en La Plata,

y la dictadura militar cierra la Universidad de La Plata.

Afortunadamente, en esta cinta sin fin,

también estaba la literatura.

Entonces, me inscribo en la Universidad de Letras

y la dictadura militar cierra la Universidad de Filosofía y Letras.

Y, si algo funciona bajo las dictaduras militares

es la ciencia de los rumores.

"Rumología", pongámoslo. "Rumología".

Y esos rumores indicaban que en una escuela privada,

la Escuela Panamericana de Arte,

muy buenos profesores,

tanto de Letras, como de Cine,

estaban enseñando.

La EPA los había acogido para que puedan vivir de lo suyo.

Y ahí conocí a Ricardo Wullicher, un gran director de cine,

que ya en el 74 había dirigido una película militante,

comprometida: "Quebracho",

sobre la explotación de las grandes compañías de madera

en el norte de Argentina,

y Ricardo me abrió la cabeza;

era un gran lector.

Continuábamos los cursos

en algunos de los cafés de la Calle Corriente,

y ahí mi compañero de banco era Campanella

y, entonces, con Juanjo

yo trabajé de actor en cortos de él,

él trabajó de actor en cortos míos.

Todos en Super-8.

Y teníamos como un lema,

o como un grito de batalla.

Decíamos: "¡Cine hay uno solo!".

Y no importa si lo haces en Super-8, en 16...

El vídeo recién empezaba.

Pero lo importante es si tienes una historia para contar

y si tienes algo para contar y si tu corazoncito

te lleva a contarlo bien,

no importa si lo haces en Super-8, en 16 o en 35.

Y eso es algo que rescato.

Termino el colegio secundario

y, en esta escuela,

Ricardo un día en uno de los cafés de la Calle Corriente,

La Paz, me dice: "Daniel, logré burlar a la censura",

porque él estaba totalmente prohibido,

"gracias a que propuse un documental que es menos sospechoso.

Me gustaría contar contigo en el equipo".

Entonces yo le digo a todo sí, "claro que sí".

Y le empiezo a hacer preguntas sobre qué va el documental.

Y Ricardo, muy pícaro él, me dice:

"Por cuestiones de seguridad, no te puedo contar".

Y claro, en esa época, es un tema que primaba.

No hice más preguntas.

Me llaman de la producción,

me dan cita en la Biblioteca Nacional,

la vieja Biblioteca Nacional de Buenos Aires,

y cuando entro en la sala principal,

lo veo sentado en una silla muy parecida a esta,

un sillón tipo Voltaire de terciopelo rojo,

al gran poeta ciego.

A Jorge Luis Borges sentado.

Y, claro, el puzle se me hizo completo,

entendí que el documental era sobre Jorge Luis Borges

y que Ricardo Wullicher no me había contado nada

porque sabía la fascinación que yo tenía por el poeta.

Era mi primer día de rodaje,

mi primer día de trabajo en el cine,

yo le había pedido prestada a mi papá una cámara,

porque yo no tenía cámara fotográfica,

y mi papá solo me la prestaba en ocasiones importantes.

Afortunadamente, era una,

y, entonces, yo llegué al rodaje con la vieja Nikkormat

pero no hice inmediatamente fotos.

Yo era consciente que había ido a aprender,

y aprender es mirar,

es escuchar,

y entonces me pareció que era un poco soberbio llegar

y empezar a hacer fotos.

Pero llegó la primera pausa,

fui a recoger mi vieja Nikkormat,

y en lugar de hacer fotos, me acerqué a Borges.

Lo saludé,

me presenté, le dije mi nombre

y le dije que me gustaría fotografiarlo,

y entonces, él asintió y me dijo:

"¿Y por qué me quiere fotografiar, joven?".

Yo le dije: "Porque lo admiro,

porque lo he leído.

-¿Y qué ha leído de mí?

-Pues he leído cuentos, he leído poemas...

-¿Y qué le gusta de mis cuentitos?".

Y entonces, claro, 18 años

y el gran Borges te está tomando un examen.

Hoy en día es difícil responder por qué te gusta un poema de Borges,

pero imagínate en esa época.

Lo que fue increíble es que Borges festejaba mis respuestas

y me hacía sentir como que el gran erudito era yo

y él, un pibe de 18 años.

Y esa tarde,

mientras revelaba los rollitos blancos y negros

con las fotos que había hecho,

sentí que había aprendido mi primera lección,

más allá de haber retratado a mi primer escritor;

y es que la humildad

es un rasgo fundamental en el artista

y eso lo aprendí de Borges.

Ese fue el "aleph" de tu geografía, ¿no?

Tu primera fotografía. A partir de ahí seguiste.

Llevamos un cuarto de hora hablando, o sea,

nos quedan otros 15 minutos y hay muchos más autores

y muchas más historias por las que te quiero preguntar

porque ya teniendo a Borges,

lo siguiente era Cortázar sí o sí.

Pues suena a tango malo, ¿no es cierto?

Claro. Es una linda milonga.

Pues pocos meses después de ese rodaje,

la situación en Argentina era insostenible

y, un día, mis maletas aparecen en Ezeiza

y era la clara señal que yo me tenía que ir.

Detesto los héroes, mejor dicho,

los falsos héroes de toda la guerra.

Yo no era uno,

era simplemente un joven curioso con ganas de mejorar

y cambiar la sociedad y, de repente, estaba en peligro.

Y, entonces, la única manera era escaparme, irme,

y me fui a París.

La patria de los que no teníamos otra,

y llegué a París con 18 años, sin visa, ni de estudiante,

ni de trabajo, sin dinero, sin papeles, sin hablar francés,

pero con unas ganas de aprender,

de comerme el mundo, de sobrevivir,

claro, y en esa búsqueda,

me hospedo unos días en un hotel.

Estamos hablando, Julio,

y qué nombre, revelador, "Julio",

estamos hablando de una época donde no había Internet,

no había teléfonos móviles,

yo tardé 48 horas en dar señales de vida

y decirle a mi "amá" que había aterrizado

y que estaba en un hotelito sin estrellas de la Rue Couillard.

Hoy "tenés" Wi-Fi en el avión

y tu hijo que viaja por primera vez a Europa te va diciendo:

"Hay turbulencias, me acaban de dar de comer...".

No sé. Pero, claro...

es paradigma totalmente distinto, es otra época.

Yo estaba en ese...

estaba hospedado, como te contaba, después de la Rue Couillard,

me alquilé una pequeña "chambre de bonne",

un pequeño cuarto en un sexto piso sin ascensor

porque así vivían los artistas, yo lo había leído así,

y entonces yo quería vivir como vivían los artista,

pero, además, porque mis condiciones no me permitían otra cosa.

Yo no tenía baño dentro del cuarto, estaba al fondo del pasillo.

No había cocina,

y hacía una fotografía,

ahí ya tenía mi propia cámara, que es la Nikkormat.

¿Una Kodak? No, no, es la Nikkormat

que me había prestado mi papá cuando me fui de Argentina.

Y hacía una fotografía muy inocente,

como era yo, muy directa, llena de contrastes fáciles.

Siempre me ha marcado la fotografía mexicana,

la buena fotografía mexicana.

Comprometida, social, documental...

Solo que yo lo hacía, bueno,

ya me parezco a un autor que reniega sus textos de juventud.

Pero no.

Muy pocos meses después de haber llegado a París,

me proponen hacer una primera exposición.

Y, claro, digo que sí, exponer en París, "imaginá".

Y un día antes de la inauguración me doy cuenta de lo solito

que me encuentro en la ciudad de la luz.

Apenas tengo amigos, o no tengo ningún amigo,

apenas conozco gente,

y una inauguración es un "vernissage",

es un momento de compartir

con la gente que uno admira, que uno quiere,

y entonces, se me ocurre intentar invitar

a la persona que más había contado para que yo llegara a París.

Bajo los seis pisos de mi buhardilla, entro al correo,

busco en la guía telefónica, el primer volumen, la letra A,

B, C...

Cortázar, Julio.

Y el gran "cronopio" figuraba en la guía.

Qué generoso, ¿no? Porque era tan fácil quitarte,

se llamaba "estar en lista roja".

Cualquier famoso se quitaba de la lista para que no lo joroben.

Insisto, no hay Internet, no hay...

una guía telefónica.

Veo su número, le marco,

y me atiende un contestador electrónico,

una maquinita con la voz de Julio, un mensaje en francés.

Y yo no sé qué decirle,

entonces corto y empiezo a...

a irme hacia mis seis pisos

y respirar hondo para subir a mi buhardilla,

y cuando estoy saliendo, digo:

"Lo voy a volver a intentar.

Para eso vine a París, tengo que luchar".

y vuelvo a poner una moneda

y la máquina electrónica insiste,

pero esta vez yo ya estaba preparado.

No me pilló por sorpresa.

Y recuerdo que cierro los ojos y le digo:

"Hola, Julio.

Me llamo Daniel,

no soy nadie, nunca hice nada,

pero mañana inauguro la primera exposición de mi vida

y sería el pibe más feliz del mundo

si pudieras acompañarme.

Te dejo la dirección, Julio".

Julio, y Julio vino.

Y así empezó.

Y claro, cuando a los 19 ya había retratado

a Borges en Buenos Aires, ya había conocido a Julio,

que luego se convierte en un amigo tuyo,

es como que, no sé, como que ese es tu camino.

Ese es tu camino y has retratado

a más de 20 premios Nobel de Literatura,

muchos de ellos en español,

Camilo José Cela, Octavio Paz,

García Márquez, Vargas Llosa...

Tienes una historia,

ahora que te destapas como un gran relator de historias,

la historia...

Lo mío es la fotografía, no te olvides.

La historia, bueno,

la fotografía no deja de ser también la escenificación

de la realidad a través de imágenes y no a través de palabras.

La historia en la que retratas en dos lugares diferentes

a dos premios Nobel de Literatura en español el mismo día.

Pues la historia es todavía más maravillosa.

Dos premios Nobel enfrentados. Pues te lo dejo decir a ti.

La historia es más maravillosa porque es en el mismo lugar.

O sea, 29 de enero del año 2010.

Yo llego a Cartagena de Indias para trabajar,

tengo la gran suerte, la fortuna, el privilegio de ser el fotógrafo

de la organización de todos los Hay Festival del Mundo.

En América Latina, hay en Arequipa, en Querétaro,

en Cartagena de Indias y hay uno en Segovia, en España.

Y llego a Cartagena de Indias,

noche de jet lag, mal dormidas,

me levanto por la mañana y, muy temprana, bajo a desayunar,

y hay un solo escritor, que es el único

que en todos los festivales me gana y ya está despierto.

Y en "jogging" y acaba de hacer 2.000 pasos,

que es Mario Vargas Llosa.

Está sentado en una mesa, me acerco, lo saludo,

hablamos de qué bonito hotel, del tiempo...

y ahí, de entrada, le digo:

"Mario, nos conocemos de hace tantos años,

¿sabes que nunca te hice una 'fotinski'?"

Y Mario me dice: "¿Y qué es eso?".

Yo le digo: "Foto, Mordzinski, ¡'fotinski'!

Son esas fotos juguetonas, traviesas, que me gusta hacer".

Me mira así como con desconfianza.

Mario es muy riguroso con su intimidad

y le tiene mucho miedo al ridículo, y cuando tienes humor,

como es mi caso,

la frontera entre el humor y el ridículo, es cierto,

es muy fina, es invisible, pero, al mismo tiempo,

nunca he hecho trampas, nunca he traicionado a un escritor.

¿Sabes lo que dice Mario de ti?

Mario dice: "Daniel es endemoniadamente simpático,

generoso y leal, una de esas personas peligrosísimas

a las que uno quiere tanto

que es imposible negarse a sus pedidos".

¿Me lo pasas después? Sí, claro.

(RÍE) No, para hacer un cuadrito.

¿Qué sucedió entonces?

Pues entonces, lo que sucedió es que Mario me dice que sí,

él es muy generoso, dice a muchas personas que sí,

y entonces, lo que yo le dije: "Dime una hora y un lugar".

Entonces me dice: "Mira, tengo una charla a la 13:00

en el Teatro Heredia,

es con nuestro amigo Juan Cruz,

¿por qué no te vienes y me buscas al final de la charla

y vamos a hacer tu foto rara?".

Y entonces yo le digo:

"Genial, Mario. Ahí estaré".

Me estoy dando vuelta,

y escucho que Mario me dice:

"Daniel, esta noche inaugura una exposición, ¿no es cierto?".

Yo: "Sí, Mario".

Y me amenaza y me dice: "Voy a venir y voy a hablar".

Y le digo:

"Gracias por avisarme,

porque yo pensaba decir de memoria unas palabras,

pero ahora que sé que vas a estar,

me las voy a anotar

porque seguramente voy a estas muy nervioso".

Entonces subo al cuarto,

me cuesta poner la llave, se me cae,

abro la puerta,

y desde afuera ya escucho el teléfono sonando.

Y como al sexto ring, logró abrir la puerta,

corro a atender el teléfono,

y me dicen: "¿Hola?

Soy Mercedes Bacha, la esposa de García Márquez".

"Sí, sí, claro, te conozco".

No la tuteo: "Sí, sí, claro, me acuerdo de usted, la conozco".

Y me dice: "Me dijo Carmen Balcells que estás en Cartagena

y que te gustaría retratar nuevamente a Gabito.

¿Te parece hoy a las 13:00?".

Y yo le digo:

"¿Usted sabe que yo soy argentino y que antes de una cita importante

necesito hablar con mi psicoanalista?"

Y entonces ella me dice: "¿Prefiere hacerlo otro día?".

Y le digo: "No, no, es un chiste, disculpe, un chiste muy malo.

Pero en el lugar de las 13:00, ¿no puede ser a las 14:00?".

Claro, cómo le voy a decir que no puedo las 13:00

porque tengo cita con Mario Vargas Llosa.

Y entonces me dijo: "Lo esperamos a las 14:00".

Y yo corto y digo:

"Qué maravilloso este país

que me brinda la ocasión de retratar

a dos grandes de la literatura".

Mario no había ganado el Nobel, todavía, 2010, ese año lo ganó.

Esto es enero, y él lo gana al fin de año.

Y entonces empiezo a preparar mis cosas,

sin olvidar, con humildad,

que yo soy el fotógrafo de la organización

y que más allá de mis dos citas tengo que hacer un trabajo,

una cobertura del día a día, que es tremenda.

Entonces llega la hora, en lugar de ir a las 13:00,

al final de la charla, voy a escuchar la charla.

O sea, cubre todas las otras conferencias en paralelo,

y me quedo en la de Juan Cruz,

y en un momento Juan Cruz le hace una pregunta a Mario

sobre un libro maravilloso que se llama "El pez en el agua",

autobiográfico,

donde le pregunta a Juan Cruz

sobre esa escena donde Mario se queda por las noches leyendo,

y su mamá pasa y le dice: "Mario, apaga la luz".

Y Mario, ¿qué hace?

Se pone debajo de las sábanas y con una linterna si leyendo".

Y yo digo: "Gracias, Juan. Mordzinski total.

Esa es la foto que voy a hacer".

Entonces, me voy corriendo al hotel,

habló con el director del hotel,

le pido que me preste un cuarto por que si bien somos amigos,

yo no me puedo meter en el cuarto de Mario Vargas Llosa,

le digo que me tiene que conseguir una linterna,

"¿Qué?", me dice. -Una linterna".

Francés, un hotel francés...

Bueno, nada, y me vuelvo a la sala,

y entonces termina puntualmente,

hay festivales con un concepto inglés, se respetan los horarios.

Y cuando termina la charla,

Mario se va a firmar libros.

Y eso no estaba en mi guion, yo no sabía que él iba a firmar.

Y entonces hay una cola infinita,

y firmas, firmas, firmas,

yo miro el reloj y tengo mi próxima cita con García Márquez,

y en un momento muy pícaro me acerco a Mario y le digo:

"Te veo cansado, Mario, ¿no tendrías que parar?".

Y él me dice: "No, no, primero los lectores".

Bueno, yo digo, no sé cómo voy a hacer, yo lo organizo mucho,

tenía un taxi esperando fuera, me voy al hotel,

hago rapidísimo la foto...

El director del hotel me tenía el cuarto,

no había conseguido una linterna pero tenía una vela.

Hago la foto con la vela, y paso por mi cuarto,

cojo una caja de chocolatitos para no llegar

a la casa de García Márquez con las manos vacías,

y cuando llego a la casa de García Márquez

y estoy tocando el timbre,

la casa de García Márquez en Cartagena

queda a muy pocos metros de mi hotel,

me doy cuenta que la caja con el calor se había abierto,

que en mi guayabera blanca estaba marrón,

y que yo ya no estaba nervioso por qué foto iba a hacer,

sino por esa mancha que tenía en la guayabera blanca.

Bueno, me abren la puerta,

afortunadamente me abre una señora

y me deja pasar al sanitario a lavarme.

Y me quedo una hora y cuarto a solas con el gran Gabito,

le hago unas fotos que resultaron ser unas fotos de despedida,

y cuando me estoy yendo,

Mercedes me dice: "Daniel, ¿yo qué te hice?".

Y le digo: "¿Por qué, Mercedes?".

Y me dice: "Me gustaría que me hicieras una foto con Gabito".

Ella muy reservada, y yo no quería que se hiciera fotos,

entonces le hago fotos juntos,

y cuando me vuelvo a dar vuelta,

me vuelve a llamar y me dice:

"Daniel,

esta noche voy a llevar a Gabito a la inauguración de tu exposición".

Y ahí cierro la anécdota.

Tres historias sobre cuatro escritores

de los que ya forman parte de la historia,

y con las que tenemos que terminar ya,

porque se nos ha pasado esta media hora volando.

Empecemos otra vez y te cuento más.

Lo que necesitaríamos sería una serie de entrevistas,

una serie de Conversatorios, 10 o 15 al menos.

Daniel Mordzinski, argentino, el fotógrafo de los...

Franco argentino, soy francés también.

Francés, argentino y español de adopción.

Para ser cursi y cerrar con lo de...

Digamos mitad francés, mitad argentino,

y 100% español.

Daniel Mordzinski, el fotógrafo de los escritores.

Mucha suerte con "Objetivo Mordzinski"

y hasta la próxima ocasión. Hasta muy pronto, Julio.

Y a ustedes les emplazamos en el mismo lugar,

en el mismo día y a la misma hora, seguiremos conversando.

(Música)

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Conversatorios en Casa de América - Daniel Mordzinski (El fotógrafo de los escritores)

28 nov 2019

Un programa de entrevistas a personajes de reconocido prestigio que pretende profundizar en la riqueza y la diversidad de las sociedades latinoamericanas.

Entrevista a Daniel Mordzinski (El fotógrafo de los escritores).

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