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Para todos los públicos Cine en TVE - Mi querida cofradía - ver ahora
Transcripción completa

(Música de procesión)

Hasta luego, Carmen. Hasta luego.

Encarna, ¿cómo está tu madre? Ya sabes... Delicadilla, la pobre.

Dale recuerdos de mi parte. Gracias.

Qué arreglada va siempre esta mujer.

-Yo no sé cómo tiene tiempo

para su casa, la iglesia y para estar en todos los meneos.

(Móvil)

Beatriz, hija. ¿Cómo estás?

¿Cómo que habíamos quedado?

Pero si hoy son las elecciones.

¿De verdad dijimos hoy?

Chica, pues no sé.

No, no. Hoy imposible.

Bueno, pues si no pasa nada, lo hablamos otro día.

Ay, Carmen.

Contigo quería yo hablar.

Que al niño se le ha antojado salir en la procesión.

¿Habría algún problema? No, mujer.

Tú llévamelo temprano y ya me apaño yo

para hacerle un hueco. Gracias. Pues nos vemos luego.

Hasta luego.

No, que te digo... Qué apañada es esta mujer.

Y una devota de toda la vida.

-Hombre, claro.

Por eso llegó a ser vicepresidenta de la hermandad.

-Que he oído que la van a hacer presidenta.

-Anda ya. ¿Una mujer presidenta de una hermandad?

¿Eso cuándo se ha visto?

Beatriz, que te dejo.

Que tengo a Adolfo revolucionado.

¡Ay, hija, qué pesada estás!

Venga, hasta luego. Un beso.

Están todos esperándote. ¿Cómo vas con esa pachorra?

Mira, Adolfo, por favor.

No me pongas más nerviosa de lo que estoy.

Si eso es buena señal.

Estoy deseando llamarte "señora presidenta".

Anda, calla. Tú dime cómo estoy.

Impecable. ¿Cómo vas a estar, si lo elegí yo?

Toma, ponte la medalla y para adentro.

Venga, va.

(Murmullos)

Eh.

¿Dónde se habrá metido esta mujer? -Ignacio, serenidad.

Yo estoy muy sereno, padre. Mucho.

Pero ¿y si gana ella?

Los horquilleros están dispuestos a votarla, y las mantillas.

Ignacio, ¿tú me ves nervioso a mí?

Si no fuera porque todo está atado, ¿yo estaría así?

Estate tranquilo.

¡Eh! ¿Nervioso, hijo?

(NERVIOSO) ¿Yo? ¿Nervioso? No. ¿Por qué? Estoy bien.

Bien. Que se note, hombre.

Y alegra esa cara, que pareces un alma en pena.

(Puerta abriéndose)

(Murmullos)

Bien. Pues como ya estamos todos,

vamos a dar comienzo

a la elección del nuevo hermano mayor

de la Hermandad de Nuestra Señora de la Santa Cruz,

la Caridad y la Esperanza,

tras la renuncia de don Jesús Gómez, que ha decidido

no renovar el cargo por motivos de salud.

Don Jesús. Bien.

Pues el elegido para presidir

la Hermandad de Nuestra Señora

de la Santa Cruz, la Caridad y la Esperanza

es... don Ignacio de Herrera Becerra.

(Aplausos)

Muchas gracias.

Gracias.

Tienes que ir a felicitarlo.

Gracias. Gracias.

Luego hablamos.

Hijo. -Ignacio, enhorabuena.

Muchas gracias.

Enhorabuena, Ignacio.

Gracias, Carmen.

Bien jugado, ¿eh?

Lo único es que unas veces se gana... y otras se pierde.

Vamos, Pablete.

Hoy las cervezas corren de mi parte.

Muchas gracias. Gracias.

Venga, no perdáis esta oportunidad,

que no voy a pagar siempre.

Qué increíble, Carmen.

Qué increíble.

Bueno, la próxima vez será, hija.

No habrá próxima vez, Adolfo.

Y lo sabe.

Déjame sola, por favor.

Bueno, señores... Salud. Venga.

Será mamarracho el tío.

Carmen toda la vida dejándose la piel y eligen al que acaba de llegar.

Mira cómo se ríe el mamarracho.

-Es que no me lo explico. ¡No me lo explico!

-A mí no me salen las cuentas. Lo pienso y no me salen las cuentas.

Todas las mantillas votamos, y... -Es una injusticia.

Se mire por donde se mire. -Una muy grande.

Y yo que convencí a las niñas de que con Carmen todo cambiaría.

Para ellos, el largo de la falda es la Biblia.

Ay, Carmen, hija. Cuánto lo siento, de verdad.

Las mantillas estamos contigo.

Muchas gracias, Isi. Carmen.

Ven a tomar una cervecita, que pago yo.

Será mamarracho. De verdad.

Yo me voy, que no quiero verle la cara.

-Vámonos nosotros también, Carmen.

Yo no tengo que esconderme de nadie.

Esta es mi hermandad.

Y si mi hermandad ha elegido a su nuevo hermano mayor,

yo voy a celebrarlo.

Qué bien puestos los tiene esta mujer.

-No sé qué decirte. Cuando se pone así...

-Ya. Pues yo la admiro mucho. Mucho.

Eso tenedlo claro. Siempre.

Carmen.

Adolfo.

Bueno, vamos a brindar.

Por nuestro hermano mayor. Por Ignacio.

-Y por Nuestra Señora de la Santa Cruz,

la Caridad y la Esperanza. Sí.

Por Nuestra Señora lo primero. -También.

-Perdonen que les moleste. Carmen, menos mal

que te encuentro. Necesito hablar contigo.

¿Qué es lo que pasa, Asun?

Es que estoy muy nerviosa,

y mi madre no te puedes imaginar. ¿Qué ha pasado?

Esta mañana ha escuchado en la radio

que la procesión no va a pasar este año por nuestra calle,

y está que no hay quien la aguante.

Ya sabes que ella está segura

de que el año que no le cante la saeta se muere.

Tú dile que no debe preocuparse. Bueno, señora.

Permítame presentarme.

Ignacio de Herrera, hermano mayor de la hermandad.

Sintiéndolo mucho, su madre tiene razón.

Tuvimos que recortar el recorrido... Ignacio, creo que te confundes.

En la última junta se decidió mantener el recorrido.

¿A que sí? -Por supuesto que sí.

¿Cómo que sí? Pues sí.

¿Y por qué no estoy al tanto?

Igual porque no viniste a la última junta.

Ni a la penúltima. Es que Ignacio

es un hombre muy ocupado

y no es muy asiduo a las reuniones de la hermandad.

Asun, ¿sabe lo que pasa realmente?

Carmen se presentó conmigo a las elecciones a presidente,

y como perdió, está un poquito... Que estoy un poquito ¿qué?

-Bueno, eso está muy bien.

Pero entonces ¿la procesión pasa o no pasa?

Claro que pasa. Si eso ya está decidido.

Carmen, a ver si te queda claro. A partir de ahora decido yo.

¿Tú qué vas a decidir?

Si no sabes ni por dónde viene el aire.

-Vámonos, Carmen. Tienes que ir a las reuniones.

Y a misa. ¿Desde cuándo no vienes a misa?

¿Tú me vas a decir lo que debo hacer?

¡Deja de meterte donde no te llaman!

¡Esto se va a acabar! ¡Aquí no pintas nada!

Ah, ¿no? ¿Y dónde pinto yo, si puede saberse?

En la junta de gobierno no. A ver qué haces ahí.

Lo mejor será que vuelvas con tus mantillas

a organizar las cenas de navidad, que es lo que mejor se os da.

Las cenas de navidad. ¡Sí!

(GRITANDO) ¿Tú qué te has creído?

¡Carmen! ¡Sujétame, Adolfo!

¡Sujétame, porque como me sueltes, lo mato!

¡Eso es una amenaza!

(SUSURRA) Uy, uy, uy.

(Móvil)

Lo has visto ya, ¿no?

Sí, Adolfo. Acabo de ver el vídeo.

Ya, ya.

Sí.

Pues no sé qué decirte.

Ya. Se me fue un poco de las manos.

Bueno, mucho.

¿Que lo ha visto quién?

¡Anda ya! ¿Eso cómo va a ser?

No seas exagerado.

Sí. Si ya sé que tengo que disculparme. Pero hoy no.

(Timbre)

Hoy no quiero ni verle.

Te dejo, que llaman a la puerta.

¡Voy! Pues claro que voy a evitarlo.

Es que es pensar en su cara y se me llevan los dem...

Hola, Carmen.

Oye, te dejo. Luego te llamo.

¿Puedo pasar?

Sí, claro. Pasa.

Siento haberme presentado así aquí, pero es que debo hablar contigo.

Verás: no dejo de pensar en lo que pasó ayer.

No puedo quitármelo de la cabeza.

Sí, yo también quería hablar contigo y disculparme.

No, por favor, Carmen.

Tú no debes disculparte por nada.

Bueno, lo que pasó ayer está completamente fuera de lugar.

Sí, sí. Eso fue una cagada.

Sí, admitámoslo.

Sí. Mira, yo sé que piensas que no me merezco este puesto.

Que no me he esforzado tanto como tú.

Y tienes razón, ¿eh?

Yo te he visto a ti darlo todo por esta hermandad.

Tienes que comprender que yo llevo toda la vida en esto

y sé cómo funciona todo. Si yo

hubiera sido tú, cuando le dan el mando a alguien como yo,

es que... De verdad

que no sé qué habría hecho. A ver, no es eso, Ignacio.

Pero el hermano mayor debe estar presente.

Todo esto es un poco injusto, la verdad.

Injusto. Totalmente. Eso es verdad. Eso es como para cabrearse.

Además, que sé que no hay una mujer

con más cojones que tú en esta hermandad.

Y también sé que serías una hermana mayor como Dios manda.

Muchas gracias, Ignacio.

Te lo digo de corazón.

Pero ¿sabes lo que pasa aquí, Carmen?

Nada, esto no es nada nuevo.

Lo que pasa aquí es que por mucha experiencia que tú tengas,

por mucho que te esfuerces,

por más talento, tiempo y ganas que dediques a esta hermandad,

tú eres una mujer... y yo soy un hombre.

Y mientras haya un solo hombre en este puñetero pueblo

dispuesto a llevar el bastón dorado,

tú en tu vida

presidirás esta cofradía.

Bueno. Y ahora que ya está todo claro,

mira a ver si puedes servirme un buchito de coñac,

que de tanto hablar tengo seca la garganta,

y aún hay alguna cosilla

que tengo que decirte.

(SUSURRA) Un buchito de coñac.

Un buchito de coñac.

Yo a este tío lo mato.

Lo mato.

(LEE) "Ante la ira por un daño practica la paciencia

sufriendo con paz y serenidad".

¿Todo bien, Carmen?

Sí, Ignacio. Perfectamente.

Tranquila, Carmen. Este tío no puede contigo.

Por lo pronto, el coñac va a ser del de cocinar.

De a euro la botella.

A ver si puede ser que le dé un cólico.

(SUSPIRA) ¿Dónde tengo yo los Diazepam?

Este se va a cagar.

Muchas gracias.

Excelente paladar.

Verás, Carmen.

Como ahora el hermano mayor soy yo, y nosotros no es que seamos

muy buenos amigos... No. La verdad es que no.

...pues eso es un problema, Carmen.

Un hermano mayor y su mano derecha deben ser uña y carne.

¿Dices que me quieres quitar

del puesto en el que llevo casi 10 años?

No, no es eso.

Quiero decir que llevas toda tu vida en la hermandad,

y necesitas unas vacaciones.

Esto es lo que me faltaba por oír. ¿Tú qué te has creído?

Te juro que como intentes quitarme de en medio,

te vas a acordar de mí. ¡Que ni se te pase por la cabeza!

¿Me estás escuchando? ¿Y el baño?

Pero ¿qué dices? ¡Que dónde está el baño!

Ah...

En... el pasillo. La puerta de la izquierda.

No tiene pérdida. Voy.

(Puerta abriéndose y cerrándose)

Pero bueno, este hombre...

(Campanadas)

Ignacio. ¿Estás bien?

Dime algo, que me estás preocupando.

Ignacio, si no me dices nada, tendré que entrar.

Ignacio, voy a entrar.

(SUSURRA) ¡Virgen santísima!

¡Virgen santísima!

Ignacio.

Ignacio...

Ignacio. Ignacio, despierta.

Ignacio...

Esto no puede ser.

¡Virgen santísima!

Virgen santísima...

Aquí está.

Aquí está.

Ignacio.

Ignacio, despierta.

¡Despierta ya, que tienes pulso!

Adolfo, necesito hablar contigo ahora mismo.

(Timbre)

(Timbre)

Sí, Adolfo. Luego te llamo.

Sí, sí, todo bien.

¿Qué haces, mamá? ¡Que soy yo!

Beatriz, hija. ¿Qué haces aquí?

¿Se puede saber qué te pasa? Ábreme, anda.

No seas antipática. No, que...

acabo de fregar y no quiero que pises.

Déjate de tonterías.

Mira cómo vengo. No, anda, anda...

¡Mamá! ¿Me quieres abrir de una vez? No.

¡Que me pones nerviosa!

¡Coño! Hay que ver cómo eres.

¿No habías fregado? Pues ya se ha secado.

Con este calor... ¿Y esa maleta?

Que se ha acabado para siempre.

¿Qué dices? ¿Qué se ha acabado?

Mi matrimonio, mamá. Anda...

¿Qué pasa? Julián. ¡Ni me lo nombres!

¡No lo aguanto!

No le importo, mamá. Así de triste es.

Mira, Beatriz. Yo ahora mismo no puedo.

Si supieras la mañana que llevo.

Dando vueltas por ahí con la maleta, con el calor que hace.

¿Cuándo se ha visto este calor en Semana Santa?

¿Por qué no dejas aquí la maleta, te bajas al bar,

que tiene aire acondicionado,

y te tomas un cafelito, y luego ya vienes más tarde?

¿Tú también, mamá? Pero bueno, ¿qué pasa aquí?

Mi marido me tiene abandonada y mi madre me echa.

No es eso. Seguro que no es para tanto. Eres muy exagerada.

Que te conozco. Claro. Es que soy muy exagerada.

Siempre lo he sido.

Pero ¿qué haces?

¿Qué haces? ¿Has perdido la cabeza?

¡Sí, estoy loca! ¿No lo ves? Para, Beatriz.

Haz el favor de parar, que ya está bien. Tranquila.

Vamos a tranquilizarnos las dos. Venga.

Vamos a hablar.

Mamá, ¿a estas horas?

De buena mañana, ¿coñac del malo?

Que no, mujer. Que esto es... de anoche.

Y no te desvíes, que ese no es el asunto ahora mismo.

Pues que no me quiere, mamá. Que este hombre no me quiere ya.

No digas tonterías. Siempre estáis igual.

Pues esta vez no. Esta vez se acabó.

¡Está insoportable!

Que no me ve, mamá. Últimamente me mira y no me ve.

Como si me da por raparme al cero. Él no se da cuenta.

Solo le importa le trabajo.

Ya ni hablamos, ni estando solos.

¿Qué tienes ahí?

¿Dónde?

Chiquilla, ahí.

Ah, ¿esto? Lo has traído tú. Será de Julián.

Esto de Julián no es. Esto no le cabe.

Pero será del otro pesado que tengo siempre ahí.

Ya no tenemos intimidad con el tonto de Miguel Ángel

todo el día en mi casa.

¿Miguel Ángel? Sí. El escolta de las narices.

¿Escolta?

¿Por la alcaldía? No me digas que está amenazado.

¿Qué va a estar amenazado, si solo ha puesto dos estatuas?

Sí. Que por cierto, la del parque

es de un feo que no se puede ni ver.

Espantosa. No será que no se lo dije.

Pero es un cabezón. Desde luego,

si le han amenazado, será por eso. Esa estatua es criminal.

Que te digo que no está amenazado. No seas pesada.

Entonces ¿por qué lleva escolta?

Pues eso digo yo, que para qué.

Están todo el día de bares, con las tapitas, las cervecitas,

que ya tiene al tonto de turno que le dice que sí a todo.

Porque esa es otra: el escolta es tonto, mamá...

Pero tonto...

Que vuelvo yo de la compra

y el muy imbécil se pone en plan Kevin Costner

a revisarme las bolsas del súper, como si llevara una bomba,

y a mi propia casa.

Lo que estoy aguantando con él no tiene nombre.

¿Y Julián qué dice? ¿Qué va a decir Julián?

Él está encantado. A él todo esto le hace sentirse importante.

¿Es que no lo conoces ya?

Y yo me siento muy sola, mamá. Muy sola.

Beatriz.

Es que yo tengo un problema muy grande.

¿Tú?

¿Qué problema tienes tú?

Es Ignacio. Ay, calla.

No me digas más. No te lo pensaba decir.

Mira el vídeo que me han mandado hoy.

"¡Sujétame, Adolfo! ¡Sujétame, porque como me sueltes...!".

Que no es que no tuvieras razón.

Pero te pasaste siete pueblos. A ti se te calienta el pico

y una cosa es una cosa y otra es amenazarlo de muerte.

¿Que le amenacé de muerte yo? Sí, tú.

No te hagas la tonta. Lo ha visto todo el mundo.

¿Cómo todo el mundo?

Todo el mundo, mamá. Estos vídeos corren como la pólvora.

Voy un momento al baño, que no me encuentro bien.

A ver, mamá. Que te perdieron las formas.

Pero no te pongas mala por eso. Te disculpas y ya.

(Timbre)

Abro yo. (SUSURRA) No...

Hombre, Juana.

¿Qué pasa? Ay, no sabía que estabas aquí.

Me voy, que no quiero molestar. No. ¿Qué pasa?

Tienes cara de agobiada. Carmen, estoy muy apurada.

No me digas. Yo no.

¿Qué traes ahí? Torrijas.

Por favor. Ahora no es el momento. ¡Mamá!

Probad una, por favor. ¿Qué les pasa?

¡Probad una! ¡Déjate de misterios!

¿Qué te pasa con las torrijas?

¡Que no me salen!

¡Es la cuarta tanda y las puñeteras no me salen!

Como tú tienes tan buena mano con la cocina...

Dios. Sí que están asquerosas, Juana.

Esto yo ahora para ponerme a hacer torrijas.

Mamá, ¿tú te estás oyendo?

Anda, Juana, pasa. Que no. Me voy.

Que no quiero importunar. Por Dios.

¡Ven aquí! (SUSURRA) ¡Mamá! Con lo fáciles que son.

Yo te ayudo. Yo tengo buena mano. ¡Pero Beatriz!

Es que tengo cena hoy, y están asquerosas.

Bien lo puedes decir. Pasa. Y a mi madre, ni caso.

Que está hoy de un impertinente...

Tú no te vayas a agobiar.

Esto no me puede estar pasando.

Echamos leche...

(SUSURRA) Adolfo. ¡Adolfo!

Necesito que me ayudes, que estoy muy agobiada.

¿Qué flores? ¿Qué dices?

Pero... ¡Que no, escúchame tú a mí!

Te voy a decir una cosa, pero no vayas a ponerte a gritar.

Tengo a Ignacio en mi casa completamente inconsciente.

¡Ese uniforme con tanto calor es un crimen!

-¿Qué os habéis creído?

Tenemos un contrato, y la procesión sale en unas horas.

¿Esto cómo va a ser?

-¿...las flores ahí con este calor?

-Esto no puede ser. Es un desastre. Estas flores están chuchurridas.

Hay que comprar otras. -¿E Ignacio?

Necesitamos su aprobación para proceder.

Alguna se podrá salvar.

Pero ¿qué ha pasado aquí?

¿Tu madre?

Venga, manos a la obra.

Que... se me ha roto esta mañana

limpiando el polvo. No, mujer.

No tienes que explicarlo.

Faltaría más.

Es que esto es una urgencia. Nos va a venir muy bien.

Porque yo también estoy nerviosa y solo me relaja la cocina.

Es que cenamos con la familia, y se ha apuntado mi cuñada.

La de mi hermano mayor, la estirada.

Ya sabes cómo es. ¿Y cómo es, hija?

Muy buena, pero una petarda con la comida.

Ella siempre hace más y mejor que nadie.

Es que a ti la cocina tampoco se te da...

Ya lo sé, pero me lo restriega delante de todos, y eso está feo.

Eso está feísimo. Me dijo mi cuñada

que iba a hacer merluza con reducción de algas de...

¡yo qué sé! Y yo pensé: "Pues hago torrijas".

Les gustan a todos y son fáciles. Claro que sí.

Y que es Semana Santa.

Pero no me salen. No sé qué leches pasa.

No sé para qué te metes en esto. Bueno,

pues esto se acabó.

Esta noche se le caen las bragas a tu cuñada.

¿Dónde tienes un plato hondo, mamá?

Pues en el escurridor hay uno. ¿No lo ves?

Hija mía. Qué susceptible está hoy. Pues sí.

Mucho, porque yo también tengo muchos problemas

ahora mismo. Pero ¿qué te pasa, Carmen?

Qué le va a pasar.

Lo de Ignacio. Calla.

No he dicho nada porque me daba no sé qué,

pero mejor que lo sepas por mí.

Mira lo que me han enviado.

A ver. Uy, pero este es otro.

"¡Sujétame!". Desde este ángulo se ve mejor.

No me lo puedo creer.

"¡Me estás amenazando!".

(Móvil)

(Continúa la llamada)

¿Lo vas a coger o no? No es el mío.

(Continúa la llamada)

No. El mío lo tengo aquí.

(SUSURRA) ¡Ay, quita, que...! Es mío.

Es mío, que ayer le cambié la musiquita.

Cómo tiene la cabeza hoy.

(Continúa la llamada)

(Notificación sonora)

"Ignacio, ¿dónde estás?

No sabes el lío que hay aquí montado.

Que no salimos hoy. O coge alguien el timón o nada.

Espero que seas tú, porque como venga la urraca esa de Carmen,

la vamos a tener. ¡Ven para acá echando leches!".

Adolfo, cógelo. Por Dios, cógelo.

¡Adolfo, por fin! ¿Has escuchado lo que te he dicho?

Que no. La cosa no puede seguir así.

O vienes tú o voy yo y te traigo como sea.

"Que no".

Que te quedes ahí.

Y estate muy atento a todo lo que pase,

que ya voy yo para allá. "Pero ya, ¿eh?. Vuela".

"Carmen.

¿Carmen?".

"Empapuchas" así, bien, con cuidado de no romperlas.

Y una vez las tienes, a la sartén.

¿Ves qué fácil?

¿Por qué me salían tan mal?

Juana, porque para todo hay que tener arte.

Y otra cosa no, pero con la cocina tengo mano.

No es por echarme flores.

¿A que tengo mano? Sí, sí.

Lo mismo hago torrijas que callos.

Y el rabo de toro. ¿Cómo me sale? ¿Te vas?

Sí. Tengo que ir un momento a la iglesia.

Ah. Pues tranquila, que yo me ocupo de esto.

Y una cosita:

no me entréis en el baño, que lo tengo roto

y echa una peste horrorosa.

Bueno, pues si tenemos una urgencia,

vamos donde Juana, ¿no? Sí.

Me tiene preocupada tu madre.

¿Tú crees que está bien? ¿Cómo va a estar bien? ¿No la ves?

Me juego el cuello a que está ahí.

Como me haga quedar mal con el delegado provincial, me va a oír.

-¿Y qué le importa si está su mujer,

señor alcalde?

-De verdad, a veces pareces tonto.

¿Qué quieres, que parezca un solterón?

Un alcalde debe ir con su mujer, y punto.

¿Mamá? ¿Eres tú?

Sí. Sí, soy yo.

¿Y cómo has vuelto tan pronto?

(Timbre)

Carmen, soy Julián.

Que se vaya. No quiero verlo. Beatriz, te escucho.

¡Ábreme la puerta ya! ¡Vete por donde has venido!

No te pienso abrir. ¡Ábreme y hablamos! ¡No seas así!

¡Que no quiero verte, Julián!

Julián, no es buen momento. Vuelve más tarde.

Dígale a su hija que me abra ya,

o Miguel Ángel echa la puer...

(Golpe a la puerta)

¿Te lo has traído?

¿Te has traído al tonto ese? ¿Quién es ese?

El escolta. ¿El escolta? ¿Le han amenazado?

No. Todavía no, pero dame tiempo y verás.

¡Cuento tres! ¡Una, dos y tres! ¿A qué huele aquí?

Sí que huele raro, sí. Nada, que no abre.

¡Las torrijas!

¡Ay, Dios mío!

¡Ay! ¡Fuego!

¡Julia, no te vayas a quemar! ¿Qué hago?

¡Coge un trapo!

Pero ¿qué haces? Me he puesto muy nerviosa, Carmen.

Ay, Juana, ¡qué medieval!

Pero ¿y si llega a haber alguien abajo?

Mamá. Pero ¿qué ha pasado aquí?

Ha sido un accidente, señor Alcalde.

Al final has abierto.

Pensaba que se te quemaba la casa.

Pero vaya, que ya te puedes ir. ¿Qué habéis hecho?

Nada. Torrijas.

Qué lástima. Las únicas supervivientes.

Vamos a probar una.

Perdonadme, pero ahora que estáis todos desayunados,

os agradecería que fuéramos despejando esto un poco,

que estoy muy liada.

Tu madre tiene razón.

¿No sería mejor que nos fuéramos a casa y lo hablásemos a solas?

Que no, Julián. Que siempre me haces lo mismo.

Me camelas y luego siempre es igual.

Todo el día sola en casa esperándote y luego nada.

Eso está muy feo, alcalde. Si lo sé.

Pero es que tengo mucho trabajo. Pero esto va a cambiar ahora, ¿no?

Claro. Claro que va a cambiar.

Vamos, por supuesto que va a cambiar. Esta noche.

A ver, Beatriz.

¿Qué te parece si después de la procesión

nos vamos tú y yo solos a cenar a Casa Mateo?

Cenita romántica. Anda, no seas rencorosa.

Pon un poco de tu parte, hija. Ya nos apañamos las dos

con las torrijas.

Mira, me voy a ir...

por no montarla aquí, pero esta conversación no ha terminado.

Por supuesto.

No me convences con una cenita de "chichimosca".

Claro que sí, cariño.

Ahora nos vamos a casa y lo hablamos tranquilamente.

Pues hala, circulando.

Venga, vamos.

Voy a entrar al baño, que me meo. ¿Cómo al baño?

Al baño, que me meo vivo.

No. No, no. Que lo tengo roto,

y no se puede entrar. Es verdad.

Pero eso lo mira Julián ahora mismo.

Bueno, que tampoco me meo tanto. Que no. De eso nada.

No seas antipático, que no te cuesta.

Pero ¿cómo voy a arreglarlo ahora? Claro, Beatriz.

Que se va a manchar el traje el hombre por mi culpa. Ya llamo yo

a un fontanero. ¿Se va a quedar con el baño roto

estando tú aquí?

¡Julián, por favor! ¡Ea, no se hable más!

Vamos.

Está bien. Pero... dame un minuto, que...

Es el baño de una mujer, y...

Voy a recoger un poco. Sí, claro, claro.

Está un poquito rara tu madre, ¿no? Calla, calla.

No me hables.

Llevamos un diíta... Será la edad.

¿Por qué tiene que pasarme esto a mí?

Pero en cuanto lo arregle nos vamos. Que sí.

Qué prisa te ha entrado. (SUSURRA) Hay que ver.

¿Cómo me haces esto?

Con lo mucho que yo te quiero.

No sabes lo que es entrar en casa y que tú no estés.

Se me coge aquí un pellizco... Menos lobos, Caperucita.

Que tú mucho darle al pico y luego nada. Que nos conocemos.

Ya hablaremos tú y yo bien luego.

¿Te quieres ir para allá, cansino?

¿Otra torrijita?

Eres José Miguel, ¿no?

Miguel Ángel.

Tu trabajo debe ser muy peligroso, ¿no?

Yo nunca he conocido a un escolta.

Mi primo es policía, pero de los de poner multas por ahí.

Qué le gusta comer al tonto.

(SUSURRA) Por favor...

Pero ¿tú lo ves normal? Míralo, cómo come.

¿Quieres dejarlo ya? ¿No ves qué fuerte está? Tendrá que comer.

¿Tú también, con el colesterol por las nubes?

(BALBUCEA)

(SUSURRA) Ay, Dios...

Hala, todo vuestro.

Juana, por Dios. No hace falta.

Anda, vete tranquila a casa.

Te crees que te voy a dejar esto así. No.

Esto es culpa mía, así que yo apechugo.

Mamá, es Adolfo.

Quiere hablar contigo.

Adolfo, no me digas nada. Voy para allá ahora mismo.

Carmen. Carmen... -Adolfo.

-Pablo, qué susto me has dado, coño. -¿Hablabas con Carmen?

¿Te ha dicho algo de mi padre? -¿Y por qué iba a hablarme ella

de tu padre? -Es que no sé dónde se habrá metido.

Con el follón que hay montado. -Tranquilo, que ya aparecerá.

Estará tomándose unas cañas.

Todo el mundo me pregunta a mí, como si supiera dónde está.

No está preparado para tener tanta responsabilidad.

Como al final aparezca y haya estado de cachondeo, me va a oír.

-Hombre, tanto como de cachondeo no sé, hijo. Si se retrasa,

tendrá sus razones. -Sí, sí, sus razones.

Me voy a buscarlo. -¿A buscarlo? ¿Dónde?

-Pues yo qué sé, donde sea.

Al menos me voy un rato.

Aquí se está liando, y al final cobro yo.

Tú, cualquier cosa que sepas, me dices.

-Claro. No te preocupes.

Vete tranquilo.

-Muchas gracias, Adolfo. -De nada.

(Campanadas)

Menos mal.

Pablo me acaba de preguntar por su padre.

¿Y tú qué le has dicho? Nada, Carmen. Que ya aparecerá.

Ay, por Dios.

Adolfo, qué follón más grande. No sé qué voy a hacer.

Follón el que tenemos ahí. Oye,

¿qué pasó con lo de Ignacio? Pues un accidente.

Un accidente que yo no quería. Te lo juro por lo más grande.

Luego te lo cuento.

¿Qué pasa ahí dentro? De todo, Carmen.

Pero entra y compruébalo tú. Vale.

(Alboroto)

¿Qué te dije?

¿Has visto qué liada?

¿Qué hacéis vosotras aquí?

¿Ha pasado algo con la mantilla?

No, pero como representante de ellas, debemos estar cuando hay crisis.

Y esto es una crisis en toda regla, Carmen.

Ya, ya veo.

(Continúa el alboroto)

¡No, hombre! ¡Por Dios!

¡He dicho que no!

De esta hermandad no sale un duro más hasta que esté el hermano mayor.

-¡Que estás manchando el manto! -A mí me han dicho que arregle esto.

-¡Bájate de ahí!

-Hay que soltar dinero... para las flores.

Y dicen que no sueltan dinero. -¿Cómo no?

¡Silencio!

-¡Chis! Esto no puede seguir así.

La procesión sale en menos de cinco horas y mira cómo estamos.

Pero ¿dónde está Ignacio?

Yo qué sé dónde está Ignacio. Pero hay que organizarse ya.

-¿Y qué hacemos? Estos desgraciados no salen.

-¿Desgraciados? ¡Yo me voy a cagar en...!

Bueno, ya está bien.

Vosotros vais a salir sí o sí. Idos haciendo a la idea.

Miguel, las flores.

-Las flores están sequitas.

Llama a la floristería La Rosa

y dile a Salva que me devuelva el favor.

-Pero Carmen, ¿sabes cuántas flores necesitamos

para llenar el trono? No llegarán a tiempo.

300 claveles blancos,

200 rosas y 150 gladiolos.

Ese fue el primer pedido del año pasado.

En el segundo se añadieron 200 rosas y 150 lirios.

-Dios mío, qué cabeza tiene esta mujer.

Increíble. -Yo lo siento mucho, Carmen,

pero no doy mi aprobación a ningún gasto más

sin que lo diga Ignacio.

-Eso es. Debemos respetar

las competencias de nuestro hermano mayor.

-¿Y dónde está el hermano mayor? Con todo este follón, ni la vergüenza

de presentarse. -Eso es.

-Pues le habrá pasado algo. -Padre, Isi tiene razón.

Que después de haber sido elegido, ha tenido que venir Carmen

a dar la cara. -Es una falta de respeto total.

Yo voté por Carmen, y no me equivoqué.

La propongo como hermana mayor.

-Muy de acuerdo. -Y yo.

-Que las cosas no se pueden hacer así.

Hemos hecho un acto oficial, una votación,

y no podemos dar marcha atrás. -Pero si estamos todos de acuerdo,

aquí tenemos al fiscal, que puede darle carácter oficial

a lo que decidamos. (ISI) Sí.

¿Estamos de acuerdo? Pues no perdamos más tiempo.

(Alboroto)

-En ese caso, como fiscal de esta hermandad, doy fe de lo ocurrido.

Y debido a esta situación excepcional, queda nombrada

doña Carmen Ruano nueva hermana mayor de la hermandad

por abandono de sus funciones

por parte de Ignacio de Herrera.

¿Todos de acuerdo? -Totalmente.

(AMBOS) De acuerdo.

-¡Viva Carmen! -¡Viva!

-¡Grande! -No todos estamos de acuerdo.

Como párroco... (MIGUEL) Don Fermín.

Lo siento muchísimo,

pero una votación es una votación.

(Murmullos)

Bueno, pues... no sé qué decir.

Será para mí todo un honor

continuar sirviendo a la hermandad

como he hecho todos estos años.

Pero vamos a lo que vamos, que no tenemos tiempo.

¿Podemos aprobar el gasto de las flores?

Por supuesto. Pues venga.

Cada uno a lo suyo.

Bueno, pues esto ya está.

A ver si nos vamos de una santa vez.

(Cisterna)

-Pero... ¿qué hacemos con esto?

-Trae "p'acá", leche.

Vamos.

Carmen. Perdona, hija.

Lo siento, pero ¿qué hago con lo del manto?

No te preocupes. Vete a ver a Milagros, la del Pipi,

y le dices que vas de mi parte. No hay mancha que se le resista.

Voy volando.

Ay, María Auxiliadora.

Si no fuera por mujeres como tú y como yo,

yo no sé qué sería de todo esto.

Niña, recoge, que nos vamos.

Vete tú. Me quedo con Juana a ayudarle a terminar.

Pero ¿cómo que te quedas? Beatriz...

Es que entre las quemadas y las que se han comido, tengo dos torrijas.

Que yo necesito que te vengas conmigo ahora.

Quítate de encima, que estamos muy liadas.

Esto es increíble.

Vengo a pedirte perdón, arreglo el baño de tu madre

y ahora te quedas aquí.

-Señor alcalde. -¿Qué?

-Vamos tarde, y el delegado...

-¡Chis!

¿Qué has dicho?

¡Que qué has dicho, Miguel Ángel!

Beatriz, que llegamos tarde. Y es verdad.

¿Adónde llegamos tarde, Julián?

Joder, que tenemos que recibir al delegado provincial.

¿Dónde tienes la cabeza?

Te lo vengo diciendo toda la semana.

Debo causar buena impresión.

Mi futuro en la subdelegación depende de él.

Pero tú a lo tuyo, ¿eh?

Ya.

O sea, que yo pensando que habías venido

porque me querías... y resulta

que me necesitas ¡para tus chanchullos políticos!

A ver, Beatriz. No saquemos los pies del tiesto.

¿Los pies del tiesto? ¡Sinvergüenza!

¡Que tengo que dar la cara! Pues dala.

Y dile al delegado

que la primera dama está haciendo torrijas.

¿Te has vuelto loca? ¿Cómo le voy a decir eso?

Soy el alcalde, y tengo obligaciones. Y tú eres mi mujer.

Y tú eres mi marido. Y hace mucho que no cumples

tus obligaciones. ¡Mucho tiempo! ¡Pobrecilla!

Por favor... Porque trabajo demasiado.

Me sacrifico por mis ciudadanos, y eso estresa mucho.

No me vengas con discursos, que nos conocemos.

Os pasáis la vida de cañas. Me lo dice la gente.

¿La gente? Sí.

¿Qué gente?

Pues tus ciudadanos. Esto es increíble.

Como llegue el delegado provincial y no esté allí por ti,

me voy a cagar... ¡Silencio!

¡Silencio todo el mundo!

Hombre, ya está bien.

Juana, pon otra vez la sartén al fuego.

A ver si puede ser que acabemos con las torrijas

de una puñetera vez. Y tú, Julián,

está claro que así no podéis hablar.

Haz el favor de marcharte, y ya hablaréis más tranquilos.

¿Y qué le digo yo al delegado provincial?

Que tienes una mujer maravillosa que está muy ocupada.

Un alcalde sin mujer. ¿Dónde se ha visto eso?

Pero...

¿Podéis sentaros un momento?

Mamá, ¿tú estás bien? Porque yo te noto

un poco así... No, Beatriz. No estoy bien.

Hay algo que no os he contado.

Sabía que le pasaba algo. ¿Te lo he dicho?

Que le pasa algo, porque ella no... Beatriz, por favor.

Quizá la culpa es nuestra, por no preguntarle antes.

Y también por enseñar el vídeo otra vez. Qué cansina...

¡Calla ya, por Dios!

Oye, que nosotras también tenemos nuestros problemas.

Que mi matrimonio está por fracasar, si no lo ha hecho ya.

Y Juana tiene lo suyo, que es una inútil cocinando.

No sé hacer torrijas, pero otras cosas sí.

Que sí. Por eso. Que nosotras también tenemos lo nuestro.

Anda, tráeme una torrija.

Me hace falta azúcar. Me está dando un bajón...

Juana, trae torrijas para todas, que nos van a hacer falta.

Qué buenas me han salido.

Tengo a Ignacio completamente inconsciente

debajo de mi cama.

Pero qué chapuzas

que es Julián.

Ahora la que necesita una copa soy yo.

Pero ¿qué ha pasado, Carmen?

Ya os lo he dicho: un accidente.

Estábamos discutiendo,

y en un calentón le puse un Diazepam en el coñac.

¿Y lo amordazaste

también por accidente, mamá?

¿Cuándo ha pasado, y cómo no lo dices antes?

¿Tú has visto el día que llevo?

Si no me has dejado. No he encontrado el momento.

Yo me voy a casa, que tengo torrijas para dos meses.

¿Cómo te vas a ir ahora, mujer? Las vecinas estamos para ayudarnos.

Ya. Una cosa es pedirte que me riegues los geranios

y otra esto, que es un delito. Oye,

de delito nada. No te confundas. Todo ha sido un accidente.

Además, que nadie ha ido a la cárcel por unos Diazepam.

¿Unos? Uno.

Mamá, ¿cuántos? Dos.

Ay, Dios mío. La Virgen. Vale, tres.

Pero solo tres. Os lo juro.

¿En qué pensabas, Carmen? ¿Cómo has podido hacerlo?

No me entra en la cabeza.

Me amenazó con echarme de la cofradía.

A mí, después de tantos años

de esfuerzo y de sacrificio.

Me ofusqué, y luego no sabía qué hacer.

Entonces, lo de ayer...

La amenaza.

Lo amenazaste, literal.

Juana, por Dios, no digas tonterías.

Que mi madre tiene mala leche, pero no es una asesina.

No está muerto, está dormido.

Juana, aquí pasa lo de siempre: que mi madre tiene un problema

por culpa de un hombre, como nosotras. Relájate.

Pero si mi Paco es un santo. Es mi cuñada...

Bueno, tampoco te tomes las cosas al pie de la letra.

¿Tú tienes un problema o no?

¿Y a quién le has pedido ayuda?

A mi madre, ¿no?

Pues ya está.

A ver, mamá. ¿Tú qué quieres hacer?

Digo yo que algo habrás pensado, ¿no?

(DUBITATIVA) Bueno,... sí.

Algo. Bueno... Pues si quieres ayuda,

tendrás que contárnoslo. No me gusta nada por dónde vamos.

Pero ¿os dais cuenta de lo que va a pasar

si este hombre se despierta aquí?

¿Qué va a decir la gente?

Habéis dicho que todos nos vieron discutir.

Amenazarle. Bueno, lo que sea.

Al final me echan de la cofradía. Y no es justo.

Y menos ahora que soy la hermana mayor.

¿Eres la hermana mayor? Hay muchas cosas injustas

y no por eso vamos intoxicando a la gente.

¡Pero que ha sido un accidente!

Pues llama a la ambulancia.

No, Juana. Es el momento de hacer justicia.

Es mi única oportunidad de salir en la procesión como hermana mayor.

Es ahora o nunca. ¿Desde cuándo

has querido ser la hermana mayor?

Te digo una cosa, Juana.

Es difícil querer ser algo que nunca has visto.

Di que sí, mamá.

Y yo te voy a ayudar.

Porque eres mi madre, y punto. Lo que me faltaba.

Esto es una locura.

No quiero escuchar ni una palabra más.

Me voy, ¿vale?

Me voy ahora mismo. Pues vete, Juana.

Vete. Pero ¿qué dices, mamá?

Tú eres mi hija, pero Juana... Juana es solo una vecina.

No le puedo pedir que haga algo así.

Pues me voy.

(Puerta cerrándose)

(Puerta abriéndose)

¿Solo una vecina? ¿Eso soy, solo una vecina?

Llevo media vida en este edificio.

Te conozco de hace más de 30 años y ahora soy solo una vecina.

Como si solo nos pidiéramos sal.

Yo no he dicho eso. No me voy.

Ahora me quedo. Parece mentira.

Y si hay que ocultar un cuerpo, se oculta.

A ver, ¿cuál es el plan?

A este ritmo llegamos mañana.

Encima con exigencias. (SUSURRA) ¡Parad!

¿Qué pasa? Ay, Dios. Que si es mi Paco,

nos quedamos sin plan. ¿No decías que volvía a las 18:00?

Así es, pero hoy puede pasar cualquier cosa.

Es que he escuchado algo.

Ay, mamá. No nos des esos sustos.

A mí hoy me da un infarto. ¿Y si viene alguien?

¿No ves que nos falta para llegar? En tu casa no hay nadie, ¿no?

No. Pero una cosa te digo:

cuando se despierte en mi casa, le da algo.

Lo básico es que no se despierte aquí.

Ya, pero de aquí al piso de arriba, sospecharán.

A ver. Entre lo desorientado

que él estará y lo que nosotras nos inventemos...

¿Qué quieres, que le paseemos por todo el pueblo?

No, gracias. Pues ya está. Venga.

Hay que ver lo que pesa que una mujer llegue al poder.

(SUSURRA) Venga, venga.

Ay, cuidado. Espera. Yo te coloco.

Empuja de ahí.

Dale otra vez, mamá.

Ahí, ahí. Ahí.

(Telefonillo)

¿Esperas a alguien?

No. ¿Entonces?

¡Y yo qué sé! Tampoco esperaba a nadie esta mañana y mira.

Mira a ver quién es.

¿Sí?

¡Ay, María!

¿María? Ay, Dios mío... Hija.

¿Cómo estás? ¿Qué haces, Beatriz?

¡Que es mi hija María! Ah...

¡Que no nos puede ver aquí! ¿Y el trabajo?

¡Que no! ¡"P'adentro"!

Ya, hija. Es que ya sabes cómo están las cosas ahora.

¿Eh? Hombre, claro que lo podemos hablar ahora.

¿Aquí? Claro que sí.

¿Tu madre? Sí, está aquí. (SUSURRA) ¡Joder, mamá!

Que dice que si te prepara un cafelito.

Claro que te voy a abrir.

Es que tengo las manos sucias... ¡Que se vaya!

...y no quiero manchar el cacharro este.

Sí.

Que estamos haciendo torrijas.

¿Mal? No, no va nada mal. Espera, espera.

Estupendamente. Ponte con las torrijas.

¿Cómo? ¡Yo no quiero más torrijas! ¡Que te pongas!

Pero Juana, ¿es momento de ponerse otra vez con eso?

¡Que yo no quiero más torrijas! ¡Callaos y disimulad!

¡Hola! ¡Ay, María!

¡María, qué guapa!

¡Qué guapa estás y qué luz tienes! Gracias, abuela.

Oye, mamá, ¿qué pasa?

Llevo todo el día llamándote y no contestas.

Pues es que estamos muy liadas,

que Juana necesitaba ayuda. Tiene cena hoy.

No, si eso ya lo veo.

Pero ¿vais a hacer cena o enterraros con las torrijas?

Con un plato me apañaba,

pero ya sabes cómo son de exageradas.

Qué me vas a contar. Si está bien,

pero podías haberme contestado.

No podía dar contigo, y con papá ya...

Menos todavía. En otro momento hablamos,

que ahora me es totalmente imposible.

Mamá, es que tengo que hablar contigo ahora.

¿Ahora?

Pero ¿ahora, ahora? Ajá.

La madre que te parió.

Pero ¿qué os pasa?

¿A nosotras? ¿Qué nos va a pasar?

Déjalo. En algún momento tendrá que enterarse.

Pero no tiene que ser ahora, que no está bien. No es el momento.

Vamos a sentarnos un poquito.

¿De qué habláis?

De nada. No, de nada no.

Abuela, es que es importante. Tampoco es para tanto.

Es más exagerada... Me estáis poniendo muy nerviosa.

(Rechinar)

¿Qué pasa? Que esto parece un culebrón.

Abuela, Pablo y yo estamos juntos. ¿Pablo?

¿Qué Pablo? Pablo, el hijo de Ignacio.

¿Tú lo sabías?

Mamá, tampoco pasa nada. Míralo por el lado bueno.

La niña no está embarazada. Bueno, "la niña".

Que tengo casi 30 años. 26.

Además, hay otra cosa que tengo que contaros.

No. No me lo digas. Ay, por Dios.

No me lo digas.

Que yo lo decía de broma.

Ay, Virgen santísima. Un momento,

que yo ya tengo una edad. Os ponéis como si fuera un drama.

Dime que es una broma, María. Ahora sí es un culebrón.

¿Me dejáis explicarlo? Y mamá, ¿podrías escucharme

antes de ponerte como loca?

¿Estás... embarazada... de Pablo?

A ver, si no me equivoco con esto,

yo creo que sí.

Coño, el abuelo. ¡Que Ignacio es el abuelo!

¡La madre que me parió! Abuela, por favor.

No te lo tomes así. Sé que Ignacio y tú no os soportáis,

pero Pablo es diferente. Me quiere, y... Abuela.

Abuela, por... María, déjala.

Ahora no es el momento.

Déjala un ratito.

La rayita roja es que sí, ¿no?

Ahora resulta que tú y yo vamos a ser familia.

No vayas a creer que esto cambia algo.

Esto no cambia nada.

Esto es una cosa entre tú y yo y nadie más.

(Móvil)

Adolfo. No te puedes imaginar lo que me ha contado María.

¿Que si me lo imagino?

A la perfección. "No".

No te lo puedes imaginar.

He hablado con Pablo y me lo ha dicho.

Pero ¿qué más puede pasar hoy?

Aquí la cosa se está poniendo muchísimo peor.

Pero ¿qué...? No. No me digas nada.

Es que tenía que estar yo allí.

Voy para allá.

Ahora soy la hermana mayor y tengo una responsabilidad.

(Música instrumental)

Chiquillo, ponte recto. -¿Más, señor alcalde?

-Como si fueras un palo.

Debemos dar buena imagen al delegado provincial.

-Señor alcalde, me informan de que ya está aquí.

-Pero ¿cómo...? ¿Cómo va a estar aquí?

Si no hemos visto ningún coche oficial.

¿Tú has visto algo? -Negativo, señor alcalde.

(Moto)

Eh... ¿Julián?

-¿Y usted es?

-Javi. Encantado. -¿Javi?

-El delegado provincial. Me esperaban.

Cómete una torrijita. No, no.

Me da asco solo de olerlas. No puedo.

Siempre te han encantado mis torrijas.

Pues será por... Pues hija, están buenísimas.

Mamá, ¿te vas?

Sí, me tengo que ir a la iglesia.

¿Ahora? Sí.

Ha debido pasar algo grave.

¿Qué ha pasado? No lo sé.

Adolfo no ha podido contármelo bien. Abuela.

¿No podemos hablar? Quiero explicarte...

No, ahora no, María.

Después de la procesión hablamos de todo esto.

Pero ¿y qué hacemos con...?

El pollo tiene que ir al corral.

¿Qué dices, Carmen? Juana...

Que el abuelo pollo debe ir al corral. No es tan difícil.

Pero ¿de qué pollo habláis? Mira, déjalo. Mamá, vete tranquila.

Yo me ocupo de todo.

¿Seguro? Sí, seguro. Vete ya.

Gracias, hija.

¡Coño, el pollo! ¡Ahora lo entiendo!

Pero ¿qué pollo?

¿Qué pasa hoy aquí?

Pero ¿qué ha pasado? ¿Qué es esto?

Es... Ignacio.

Eso ya lo veo. ¿Por qué está aquí, y así?

Es que es largo de contar,

la verdad. Que se ha tomado algún Diazepam

de más. Pero por accidente. Un Diazepam ¿cómo?

Poco a poco, que Asustas a la niña. ¿La niña?

Si dice que ya no es una niña.

María, ya sé que todo esto es muy raro,

pero tu abuela necesita ayuda,

y para eso debemos subir a tu suegro a mi casa ahora mismo.

Pero... ¿está vivo?

Por Dios, claro. ¿Tú qué te has pensado?

Solo está dormido. Tiene pulso.

Mira, toca. Toca, sin miedo. Déjala en paz.

Tú confía en nosotras.

¡Ay, Pablo! ¡Que le está buscando!

¡Tengo que llamarlo! A ver.

María, entiendo que quieras ayudar a tu novio,

pero tampoco hay por qué darle un disgusto al muchacho.

Ya tiene el disgusto: no encuentra a su padre.

Mucho peor sería que lo encontrara así.

Claro. Y no querrás tú sembrar más odio entre las familias.

Y con ese niño en camino. Una cosa es que se lleven mal,

y otra, que tu futuro marido sepa que tu abuela envenenó a su padre

y aprovechando la situación

quiera quitarle su puesto en la hermandad.

¡Mamá! Pero ¿eso es lo que ha pasado?

Pues sí. A grandes rasgos, algo así.

Y no querrás que tu hijo nazca odiando a su bisabuela.

Mejor que nadie sepa nada

y que el niño nazca entre mucho amor e incienso.

Pues ya está.

(Alboroto)

¿Qué vais a hacer con lo de Ignacio? Nada. No vamos a hacer nada.

Hombre, la cosa ha cambiado. Es el abuelo de tu bisnieto.

Es un familiar, joder. Eso no lo dirás ni en broma.

Cuando nazca el niño ya se verá,

pero a día de hoy, de familia, nada.

(Continúa el alboroto)

-¡Sinvergüenza!

-Por fin ha llegado nuestra hermana mayor.

-Carmen, menos mal.

A ver si tú pones cordura, porque ellos llevan...

-¿Cordura? Pero mira cómo vienen. Mira cómo se han presentado.

Esto se ha discutido ya muchas veces.

Las reglas están en los estatutos. -Sí, pero los estatutos

pueden cambiar si ella lo pide.

-Claro. -Y solo pedimos algo de flexibilidad.

-Se trata de tener respeto y decoro a nuestras imágenes.

-La falda, por debajo de la rodilla, de siempre.

¿Qué es esto, una procesión o un carnaval?

-Oye, no nos vamos a faltar al respeto. Que estamos hablando

del dobladillo. No queremos insultar a nadie.

-Estáis insultando a nuestras tradiciones, y a todos nosotros.

-Y os presentáis aquí así, a pocas horas de la procesión, presionando.

-Estamos hartas de que nos digáis

cómo debemos vestir.

Somos tan hermanas de la hermandad como vosotros.

(ISI) Di que sí. Efectivamente.

Y más desde que Carmen es hermana mayor.

No queremos ofender a nadie, y ella lo sabe. ¿Verdad?

Es que no me puedo creer lo que hago. Esto es...

Muy pesado, sí. Es el segundo paseo que le doy hoy.

Dejaos de cháchara, que ya casi estamos.

Que no, mamá.

Yo no puedo seguir con esto. Que este hombre es mi suegro,

y lo transporto como si fuera... ¡Que no está bien!

María, deja de pensar eso,

que ya no queda nada. ¿Que no piense en eso?

¿En qué pensáis vosotras?

Porque no lo entiendo.

¿Y cómo voy a mirar Pablo a la cara? ¡Que es su padre!

Y mi madre, tu abuela.

¿Cuándo has visto tú a la abuela así?

Yo la llevo viendo toda mi vida en esa hermandad,

que lo es todo para ella.

Tú y yo no podemos entenderlo porque no lo sentimos como ella lo siente.

Pero tengo ojos, María.

Y sé que si ella fuera un hombre,

hace ya mucho que sería hermana mayor.

Cariño, yo...

Sé que quieres mucho a Pablo, y que esto es muy difícil para ti.

No tienes por qué hacer esto.

Mamá...

Y ahora que estamos toda de acuerdo, ¿seguimos con el viacrucis?

-¿Usted qué opina, padre?

-Esta es una decisión que debe tomar la hermana mayor.

Yo mejor que nadie sé lo que es salir de mantilla.

Pero Isi, tú mejor que nadie

sabes que la tradición es la tradición,

y que hay cosas que no pueden cambiar.

Esos labios están fuera de lugar.

(SUSURRA) ¿Qué está diciendo?

Y ese escote es excesivo.

-Pero ¿qué te crees que estás haciendo?

Isidora, sabes perfectamente que el vestido tiene que ir

por debajo de las rodillas.

Ir a vestiros como Dios manda,

o será la primera vez que nuestra Virgen salga sola,

sin sus damas de mantilla llorando su pena.

Qué pronto olvidan algunas, ¿eh?

Bueno, ¿y ahora qué hacemos?

Yo, bajar a por mis torrijas.

Pues sí. Solo faltaba que te quedases sin torrijas.

Yo te acompaño y cojo mi bolso.

¿Puedo coger la fuente de tu madre? Yo aquí sola no me quedo.

La buena, la grandota, ¿no? Esperad, que bajo con vosotras.

(Puerta cerrándose)

(Móvil)

¿Sí?

Ah. Ah, Fermín.

Sí.

¿Cómo?

No entiendo.

¿Cómo...? ¿Cómo que dónde estoy?

Pues... no sé dónde estoy.

Eh... No entiendo nada.

Yo estaba... esta misma mañana en casa de Carmen...

¿Qué hora es?

(CARRASPEA)

He hecho lo que tenía que hacer, Adolfo.

Si tú lo dices...

Lo digo.

Entonces ya está.

Lo que usted diga va a misa, señora presidenta.

¿Cómo no van a estar buenas? Son iguales que las de antes.

¿De la primera o de la segunda...? De la...

Ay, Dios. Hay que avisar a la abuela.

Ya me he quedado sin torrijas.

Por favor, a este paso no llegamos ni de broma.

Mi hija tiene razón, Juana.

Un poquito más de alegría. ¿Alegría?

A mí esta cuesta me tiene "humillaíta".

María, por favor,

llama a tu abuela y pásamela.

¿Qué estáis haciendo ahora? Pues avisar a mi madre.

Pues le va a dar un infarto.

No sé esta mujer para qué quiere el móvil.

(Puertas abriéndose)

¿Cómo vamos a llegar hasta la puerta?

Tiene razón. No podemos entrar.

¿Cómo que no? Eso vamos a verlo.

Perdón. Señora.

¡Por Dios! A ver, por favor.

-¡Eh! ¿Qué hace?

Por favor. A ver... -¡Paco!

-¿Qué pasa, que no ves bien?

¡Miguel Ángel!

¡Miguel Ángel!

Debes ayudarnos a entrar en la iglesia.

-Vigilo al señor alcalde.

Miguel Ángel, por Dios, que no llegamos.

A ver, ¿para qué sirve un escolta?

Para escoltar, ¿no? Pues demuestra que puedes hacerlo.

Seguidme. Por aquí.

¡Fuera! -¿Dónde va?

¿No es esto lo que queríamos?

¿No es lo que estábamos esperando?

¡Adolfo, mírame!

Si lo que quieres es que te mire, yo te miro.

Pero no te reconozco.

Es que una mujer no puede llegar y ponerlo todo patas arriba.

Una mujer puede hacer lo que quiera.

Todo el mundo confiaba en ti, Carmen.

Y ahora vas... y traicionas a todos los que estuvimos contigo siempre.

Se empieza por un dobladillo,

y después ¿qué? ¿Qué es lo que viene después?

Esto es lo último que yo me esperaba de ti, hija.

La verdad es que... para que las cosas sigan igual,

yo prefiero que las haga el otro. Las cosas como son.

Tengo que arreglar esto.

(Llaman a la puerta)

Adelante.

Ya era hora.

Padre, tengo mucho que contarle.

¿Y ahora por dónde empezamos? ¡Mira, ahí está papá!

A lo mejor él sabe dónde está la abuela.

-Señor Delegado. -Javi.

Javi. -Le presento a mi hija María.

-Encantado. -Ella es Juana, vecina de mi suegra.

Y Beatriz, mi esposa. No por mucho tiempo.

Perdone que no haya ido a recibirle.

Estaba con algo importante: haciendo torrijas.

-No me diga. Me encantan las torrijas.

Pero no sé cómo, siempre me quedan un poco secas.

Pues no se preocupe.

Yo le doy mi secreto para que quedan "empapuchaditas".

Por favor. Con lo que me gusta la cocina,

y a las torrijas no les cojo el punto.

-Juana, el mundo se ha vuelto completamente loco.

No lo sabe usted bien, señor alcalde.

Y lo que nos queda por ver.

¿Y a ti qué te pasa?

-No sé.

(Murmullos)

Isi.

Tengo que hablar contigo.

Tú y yo no tenemos nada de qué hablar.

Siento mucho lo que ha pasado, Isi.

Da una vergüenza...

Yo no quiero ningún cargo aquí si no es contigo a mi lado.

Si no es con todas vosotras

a mi lado.

Además, tenéis razón. Lo hemos hablado muchas veces.

Lo importante no es el largo de las faldas.

Lo importante es que seguimos normas impuestas por hombres,

y nosotras llevamos las faldas.

Nosotras siempre hemos estado contigo.

Por eso.

Estas normas van a cambiar ahora.

-Pero no tenemos nada aquí,

y necesitamos un costurero o algo para...

Adolfo va a traerlo todo. -Y un poquito

de maquillaje tampoco vendría mal.

-Ojú, qué alegría. Pues manos a la obra.

# Tengo una alegría que me corre por las venas,

# y no sé por qué motivo. Y no sé por qué razón.

# Será el amor.

# Será el amor.

# Será el amor.

# Amor.

# No es mejor el día ni llegó la primavera,

# pero escucho melodías dentro de mi corazón.

# Será el amor.

# Será el amor.

# Será el amor.

# Amor.

# Yo quisiera saber... #

Ay, mamá. ¿Qué hacéis vosotras aquí?

Tenemos que decirte algo.

No. Ahora no, que estoy muy ocupada con esto.

El pollo se despertó. Se ha escapado y está por aquí revoloteando.

Por fin lo has entendido.

En cuanto te fuiste. Que Juana tiene razón, abuela.

Por eso hemos venido a avisarte.

No sé cuándo se nos ocurrió dejarlo solo.

Pues no pasa nada. Mejor, así estamos todos.

¿Tú qué haces aquí? Con lo que tienes.

Ya, pero... Abuela, yo te ayudaré en todo lo que haga falta.

Mamá, te veo muy tranquila, y lo que te digo...

Beatriz, sé perfectamente lo que estoy haciendo.

Confía en mí. Ya que estáis aquí, ayudadnos con esto.

# ...ni tampoco yo me entero de lo poco, de lo mucho que me quieres.

# Pero cuando estoy contigo yo me olvido de mis penas

# y no sé por qué motivo. Y no sé por qué razón.

# Será el amor.

# Será el amor.

# Será, quizá,

# tu amor.

# Será...

# tu amor. #

Carmen, sabes que te juegas el puesto con esto, ¿no?

Isidora. Si me quitan el puesto, no va a ser precisamente por esto.

¿Qué me quieres decir?

Venid conmigo.

(Murmullos)

Hola, Carmen. No esperabas verme por aquí.

Pues la verdad es que ya me habían avisado.

Ya veis por dónde se pasa

nuestra hermana mayor los estatutos. -¿Qué ha pasado, Carmen?

Habías decidido... Un momento.

Un momento. Ella decidió porque yo no estaba aquí.

Pero he vuelto. -Exacto, no estabas.

Debías estar aquí y no estabas. -¿Qué pasa? ¿Se sale o no?

Tengo al delegado provincial esperando.

Y la gente de fuera se pone nerviosa.

Lo que Ignacio está deseando contaros...

es que yo lo he envenenado. -¿Que lo ha envenenado?

(Murmullos)

Esta mañana

Ignacio se presentó en mi casa para echarme de la cofradía.

Y yo, en un momento de arrebato, le puse laxantes en un coñac.

-No puede ser...

-¡Chis! ¿Unos laxantes?

¡Venga ya! Si casi me mata. Porque me equivoqué.

Suena estúpido, pero me equivoqué.

Y en vez de laxantes te eché Diazepam.

(Murmullos)

No puedo hacer otra cosa

que pedirte perdón por todo lo que ha pasado

y pediros perdón a todos por habéroslo ocultado.

Estoy muy avergonzada por traicionar a la gente que me quiere.

Y por haberme traicionado a mí misma.

(DON FERMÍN) Hay que ser sinvergüenza.

Y también me da vergüenza haber aceptado el cargo esta tarde.

Era como cumplir un sueño que nunca me atreví a tener.

Ser la hermana mayor... de la hermandad.

Ser la persona en la que confiéis para que la guíe.

Pero está claro que no confiáis en mí.

Así que lo mejor es que me vaya.

La procesión tiene que salir.

(Murmullos)

(ADOLFO) Carmen, yo sí que confío en ti.

-Yo también confío en ti, Carmen.

-Yo voté por ti. -Y yo.

-Yo confío en ella. -Y yo.

-Y yo, Carmen.

-Sí, claro, claro...

-Yo también, Carmen.

Y voté por ti. -Yo también

voté por ti. -Y yo, Carmen.

-Y yo.

Pero ¿estamos de broma o qué?

-¿Qué estáis diciendo? ¿Os dais cuenta de lo que ha dicho?

(MIGUEL) Lo hemos oído todos perfectamente.

Hemos oído a una mujer valiente

que ha confesado sus pecados.

Y yo la perdono.

-Yo también. -Y yo.

Y yo, Carmen.

¿Qué dices? Yo qué sé. Es todo tan bonito...

(MIGUEL) Bueno, vamos a ver.

¿Quién se opone a que Carmen siga siendo

nuestra hermana mayor? -Eso.

¿Quieres levantar la mano, Pablo? ¡Joder!

¿Tú eres tonto, niño? -Que no. Que yo no quiero votar.

Yo solo estoy aquí por ti. A mí no me gusta la Semana Santa.

-Carmen, yo creo que está claro. (DON FERMÍN) ¡Esto es inaudito!

¡Esto es una vergüenza!

-Lo que es una vergüenza es que habiendo votado todos por Carmen,

saliera elegido Ignacio. -Nos habéis mentido.

¡Mentirosos! (JULIÁN) Ya está bien.

A ver, Carmen. ¿Se sale o no se sale?

Se sale.

(Música de procesión)

...el Señor es contigo.

Bendito es el fruto...

Enhorabuena, señora presidenta.

Todos para arriba. ¡Ar!

(Campanada)

(Aplausos)

Cine en TVE - Mi querida cofradía

11 ene 2020

Carmen, convencida de que nunca será Hermana Mayor de su cofradía mientras exista un hombre dispuesto a llevar el bastón dorado, tiene la oportunidad de presidir la procesión si en lugar de pedir una ambulancia para el recién elegido presidente, inconsciente en su casa, hace justicia.

Contenido disponible hasta el 12 de diciembre de 2033.

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