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Para todos los públicos Mañanas de cine - La pequeña rebelión - ver ahora
Transcripción completa

"16 años antes de la Guerra Revolucionaria, en Pensilvania,

unos colonos ingleses se armaron para defender su libertad".

"Es la historia de James Smith y sus Caras Negras".

"Y de un capítulo de la historia perdido en los montes de Allegheny".

"Un intercambio de prisioneros franceses y británicos

en la frontera canadiense. 1759".

En fila.

Manténganse en fila.

En fila.

Capitán Swanson, del Ejército de su Majestad.

-Teniente Fouchier.

15 prisioneros ingleses por 15 franceses.

Sargento, entregue los prisioneros al teniente Fouchier.

-Sí, señor. Por aquí, teniente.

-¡Un día le haré tragar un mosquete, francés del demonio!

¡Vuelva a su puesto!

Disculpe, teniente.

Es costumbre que los soldados de su majestad,

si puedo llamarlo así sin ofender a nuestra soberana,

se comportan como lo exige la guerra.

Sí, señor. ¡Tonterías!

¿Quién ha dicho eso?

Yo.

Peleamos con los indios y ellos no han oído hablar de caballerosidad.

Esperan a que no les vean y disparan.

¿Cómo se llama?

Es James Smith.

¿Por qué habla usted en su nombre?

El Profesor a veces habla por mí.

Cabo, se les juzgará militarmente.

¡Se meterá en un lío por juzgar militarmente a dos civiles!

¿Civiles ha dicho?

¡Desertores!

¡Civiles de Pensilvania!

Tardamos 3 años en huir de los indios. No capturó una tribu.

Dígalo en el juicio.

Nos atrapó una tribu de indios caughnawagas.

Escapamos y llegamos a Quebec.

Esperábamos contar con su ayuda.

Llévelos con los otros desertores. ¡Somos civiles!

¡No tiene derecho a retenernos aquí!

-Del coronel, capitán Swanson.

-¡Le juro que no se atrevería a hacer esto

si estuviera en Pensilvania!

-(RÍE)

¡Eh! ¡Hola!

-¡Jim!

¿Cómo estás? ¡Qué sorpresa, amigos!

¿Qué hacéis aquí?

-Nos detienen por orden del capitán. -No puede ser.

-Pregúntaselo.

¿Son amigos suyos?

-Se los presento: James Smith y el Profesor, de Pensilvania.

Los creía muertos. Desaparecieron.

Saben más de indios que nadie.

Cabo, déjelos en libertad.

¿Se portaron como patanes?

¡Caballeros, Quebec ya es nuestro!

(Vítores)

Quebec ya es inglés. Se van los franceses.

No alzarán más a los indios contra nosotros.

No habrá más matanzas.

-¡Gracias a Dios!

El general dijo que lo haría y lo hizo.

El general Wolfe murió durante la batalla, señor.

Podemos volver a casa, Mac.

PENSILVANIA TRES MESES DESPUÉS

(Cascos de caballos)

Mi barriga acaba de hallar un amigo.

Muchachos, ya habéis comido. Ahora, a trabajar.

Teagle, ayuda a Spode con ese eje.

Bien, señor.

¡MacDougall!

¡Hola, muchacho!

Me dijeron que estabas en Canadá luchando contra los franceses.

Fue a enseñarle al general a luchar contra los indios.

Acabé con 30 en un día.

¿Sí? ¡No! ¡Sí!

-Los indios, hasta muertos, se multiplican.

-Bueno, tal vez solo fueran 20.

Pero un MacDougall como yo podría matar más si quisiera.

Estos son mis mejores amigos: James Smith y el Profesor.

Encantado. ¿Son forasteros?

-Hola. Estuvimos lejos.

-Es el hijo de Gary Smith.

¿Sí? -¿Nos dais comida?

Comed cuanto deseéis. Aún queda bastante.

-Supongo que no tendrás un poco de whisky,

unas gotitas.

No se me despierta el apetito

si no bebo un tónico para mojarme el gaznate.

No, Mac, no traficamos con aguardiente.

Llevamos mercancía para cambiar con los indios.

-Creí que la frontera estaba cerrada.

Lo estuvo, pero los franceses entregaron Quebec.

Y el coronel Brady está en Ohio negociando con los indios.

Son pacíficos, te lo aseguro.

-El único indio pacífico es el que está muerto, Callendar.

Nosotros negociamos con ellos.

Los franceses los emborrachan y nos atacan.

Cumplimos con un deber patriótico.

¿Le hablaste a Tom Lowther de ese patriotismo?

-Los indios le aplastaron la cabeza a su hijo con un mosquete.

¿Te acuerdas?

-¡Ron!

Conque no llevabas de eso, ¿verdad?

TABERNA DE MACDOUGALL

¡No, no!

¡Socorro!

¡Detenedlos!

¡Malditos ladrones! ¡Faltan cinco cucharas y una jarra!

Se van ¿y qué haces para detenerlos?

¡Calla, Janie!

¡Mi hija no debe hablar así!

¡Ah, has vuelto!

No quise retrasarme tanto.

Yo venía a casa tan tranquilo y, ¡zas!,

sin dejarme elección,

una patrulla me alistó en el Ejército

en contra de mi voluntad.

Y eso que les dije que tenía una hija, una hija preciosa y buena.

No atenderé tu taberna si te vas a beber.

¿En el Ejército? ¡Si tengo el mejor ron aquí!

Pero yo no te lo daré.

¡Oh, Mac, no quiero te vayas! ¡Quiero ir contigo!

¡Oh!

¡Estas mujeres de la familia MacDougall

son maravillosas!

¡No!

Hola, Janie.

Bájame.

Él y el Profesor han vuelto de la mismísima tumba.

Todos me decían: "Está muerto. No le esperes".

Y yo respondía: "Ya le olvidé", pero no era verdad.

No quería pensarlo, no quería. ¡Por fin has vuelto!

Y ahora que lo pienso, ¿dónde has estado?

Pues... No me lo digas, no quiero saberlo.

Ya estás aquí.

¿Tienes que quedarte ahí para verme actuar como una tonta?

¡A beber ron y tú también, Profesor!

¡Qué chica esta!

(RÍEN)

-Vamos a calentar el gaznate.

Has crecido, Janie.

¿No es más agradable para los dos?

Sigues tan desvergonzada como siempre.

¿Tendría que avergonzarme?

Si tú me lo dices, fingiré falsa vergüenza.

Mi futuro esposo no me asusta. ¿Qué?

Sí, me diste tu palabra. Lo prometiste.

Hay otra, ¿no? Te has buscado otra novia, ¿verdad?

¡Se trata de un caso de bigamia!

¡Qué genio! ¡Te denunciaré!

¡Te castigarán por incumplir tu promesa!

Le prometí eso a una niña.

¿Una niña? ¿Una niña?

No hables más de matrimonio.

Estamos cansados y tenemos hambre.

Ven a comer, Jim.

Conque una niña, ¿eh? ¡Pues ya estoy bien crecidita!

(CANTAN EN INGLÉS)

Es verdad. Maté a 40 indios en un día.

(RÍEN)

El fusil se calentó tanto que lo usamos para hacer ponche.

¡Calentito!

¡Oh! Pues se acabó, Mac.

Ahora gánate el ron que estás bebiendo.

¡Qué desgracia!

Soy víctima del mal genio de los MacDougall.

(Risas)

-Janie.

¿Estás contenta?

¡Ocúpate de lo tuyo!

¿Qué voy a hacer?

Aquí todos piensan que vamos a casarnos y tú has cambiado.

Ponle freno a tu imaginación, muchacha.

¡Que hable él! ¡Tú cállate!

El Profesor contesta por mí.

Te has imaginado esa promesa.

Dirán que me abandonaste. Todos se burlarán.

Cásate para que no lo hagan.

¿Con quién después de que sepan que me has rechazado?

No digas eso.

No eras fea, Janie.

Yo te encuentro bonita.

Tal vez sea porque estuve con los indios.

¡Eres como ellos, cruel y malvado!

Janie.

Yo no soy hombre para ti.

No estaría nunca contigo, sino en el monte.

¿Qué importa eso? Solo pido ir contito para ayudarte.

Después de lo que sufrí cuando te creí muerto, no te dejaré ir.

Sería verte morir dos veces y no lo resistiría.

¡Jim, Jed!

-¡Tom!

-¡Los indios!

¡Los indios!

¡Rodearon el fuerte Pitt! ¡Han quemado el pueblo!

¡Chochones y delaware! ¡Mataron a los niños de El Molino!

-¡Vamos, muchachos! ¡El Molino está a 20 km!

¿Hay más armas? Hay dos rifles largos.

Yo sé dónde conseguir más.

¡No te irás de nuevo, Jim, no!

¡Mac, dile que no se vaya!

¡Tenemos que irnos!

Todos muertos.

¡No son más que unos salvajes carniceros!

-Yo me llevo a mi familia. Luego será tarde.

-¿De qué sirve que fuera una buena cosecha si la queman?

-No se puede trabajar por miedo a esos bárbaros.

Si los poblados de Conococheague se mantienen firmes,

el territorio tendrá seguridad.

-¿Con estas matanzas?

Seguiremos defendiendo las siembras.

-No podemos abandonar nuestras tierras.

-Las regaré con mi sangre antes de dejarlas.

(TODOS) Y yo.

¿Encontraron a todos?

-Menos a los niños. Se los llevarían vivos.

Señora Lewis, ¿sabe si se llevaron a los niños de Jacob Miller?

Señora Lewis.

(Galope)

-Encontré su rastro. Son unos 20 delawares.

Quizá se llevaron dos niños.

¿Falta alguno? Sí.

Necesitaré 20 hombres.

Calhoon, Stewart, M'Cammon...

¿Tienes bastante carbón, M'Cammon?

Sí, y manteca de oso.

-Iremos con la misma rapidez que ellos.

Los alcanzaremos porque los niños los retrasarán.

-Son solo 20. El número no me gusta.

Los mataré a todos como hice con los onondagas.

Vamos a ver esos rifles.

Este no creo que sirva. Está demasiado nuevo.

M'Common, no puedo llevarte.

-Si falla el rifle, uso el cuchillo.

Tendría que ser muy largo. ¡Esperad!

¡Mac!

-Janie, ¿cómo has venido sola?

Pudiste perder la piel desde el cogote hasta el entrecejo.

¡Vete a atender la taberna!

¡No me iré, Mac!

Iré con vosotros a luchar con los indios.

¡Te lo prohíbo! ¿Qué?

Esto no es para ti. ¿Me lo prohíbes?

No me quedaré sola en la taberna.

¿No viste las balas en las paredes? ¿Quién alejará a los indios?

Tú siempre andas en otro sitio defendiendo a los demás.

¿Y me prohíbes defender lo mío?

Vuelve a la taberna. Déjala venir.

¡Gracias, Jim! ¡Sabía que eras comprensivo!

Bien.

Quitaos las camisas y pintaos el cuerpo.

Somos indios, ¿no?

-Vamos, desnúdate.

Si vienes con nosotros, irás igual que todos.

¡Ah, qué listos!

¡Qué listos sois!

¡Eh!

Necesitamos tu rifle.

Toma, M'Common. -Gracias.

Que uno la acompañe a su casa.

No llegaron aquí.

Separémonos.

Delawares.

Van río arriba.

Mac, ve por la orilla derecha, yo iré por la izquierda.

(Disparos)

(Gritos)

¡Mac, lo quiero vivo!

Jim, lo menos que he matado en un día son 20 indios.

No me dejes en 19. No volvería a dormir tranquilo.

Saquémoslo.

Jim, déjame matarle.

-Son mosquetes y hachas traídos por los traficantes.

¿Estáis todos bien? -Sí, estamos bien.

-No hay heridos.

Recoged sus armas y los cuernos de pólvora.

Una caja de cartuchos ingleses.

¿De qué regimiento, Tom?

-Del coronel Brady, el que hace tratados con los indios.

(HABLA EN LENGUA DELAWARE)

-Dice que acabaron con Brady y su gente.

Les enseñamos de todo, ¿eh, Tom?

FILADELFIA

(Música)

El gobernador Penn les verá mañana.

Gracias.

¿Qué significa esta intromisión?

-No podemos esperar.

-Con la venia, somos hombres del valle de Conococheague.

-Ah, entiendo. Una tragedia. Fue algo horrible.

El general Gage está al mando de las fuerzas de su majestad.

-Venimos a pedir a su excelencia

que prohíba el comercio con los indios

y que conceda protección militar al valle.

-Comprendo.

Su situación es difícil, pero sirvo a los intereses de su majestad.

Y será mejor reunir fuerzas

para pelear contra los indios en su territorio.

-Vienen a atacarnos al nuestro.

-Se ha establecido una política

que garantiza la seguridad permanente en la frontera.

¿Están ciegos para no verlo?

Solo vemos a nuestros muertos.

El coronel Brady ha recibido a los jefes...

Brady ya no recibirá más jefes. -¿Qué?

Los muertos no firman tratados. ¿Qué dice?

Que Brady y sus hombres han muerto. ¿Qué?

Con las cabezas abiertas por las hachas fabricadas por los blancos.

"Simons y Poole. Traficantes en hierro".

"Edicto".

"Queda prohibido a toda persona, sea quien sea,

comerciar con los indios".

"Quien desobedezca será castigado".

"Cada colono del valle

pagará un impuesto de una libra para construir un fuerte

y mantener las tropas de su majestad

que permanecerán en él para proteger el valle".

"John Penn. Gobernador".

¡Vaya premio por ayudar al comercio de la patria!

Nos dejan sin mercado.

Y con mercancías que nos costó traer de Inglaterra.

-¿Vamos a consentirlo? ¿De qué sirve el Ejército si no nos protege?

-El Gobierno debe protegernos y no intervenir.

Bueno, podrán comerciar con el Ejército, ¿no?

¡Bah! El Ejército tardaría años

en comprarnos toda la mercancía.

Y con ellos se gana poco.

No me refería a eso.

Ustedes llevarán las provisiones del ejército a los fuertes, ¿no?

-Sí. Bien.

Si un empleado se equivoca y envía mercancías para los indios

en las carretas militares,

todo pasará inadvertido y con protección.

-¡Ah, más cerveza, más cerveza!

-¿Señor? -¡Sírvanos cerveza!

Muchachos, cargad eso.

Ponlo ahí.

50 barriles de balas de mosquete.

50 barriles de balas de mosquete para el cuerpo.

Pon las balas de mosquete encima de todo lo demás.

¡Mataré al que derrame una gota de ron!

(Música)

Es aquí, señor.

Dé la orden, sargento.

-¡Compañía! -¡Compañía!

-¡Alto! -¡Alto!

¿Una taberna?

¿Sus magistrados se reúnen en tabernas?

-En estos lugares apartados,

la taberna es como la alcaldía, el despacho del gobernador y...

Acompáñeme. Sí, señor.

Soy el capitán Swanson. ¿Quién manda aquí?

Los magistrados Duncan y Morris.

Encantado, señores. Sé que nos entenderemos.

-Nos alegramos de verle con sus hombres, capitán.

Le deben gratitud a la corona. Todos servimos a su majestad.

En cuanto a las provisiones, el sargento McGlashan

hará requisas semanales.

Se les darán certificados. Supongo que no se opondrán.

-Le serviremos con gusto.

Las provisiones para el fuerte serán las mejores.

Cualquier intento de entregarlas de calidad inferior se castigará.

Severamente. ¿Lo han oído bien?

No nos conoce, señor. De lo contrario, no diría eso.

Infórmenme cuando lleguen provisiones.

-Sí, señor. Lo inspeccionaré yo.

Adiós. -¡Qué absurda arrogancia!

Hagan preso a ese hombre.

¿De qué le acusa?

De desacato a la sala.

No está en un juicio militar

ni intercambiando prisioneros de guerra, capitán.

Me alegro de ello.

Los asuntos de su majestad se llevan a cabo con sumo respeto.

Este es un gobierno civil.

Le aconsejo que lo respete como se merece.

-¡Jim!

¡Esos malvados han vuelto a comerciar con los indios!

Pasaron tres carretas hoy.

¿Para ellos? Sí.

No creo que se atrevan.

-¡Con la proclama del rey! ¡Qué desvergüenza!

Serán para el Ejército. -No.

Llevaban ron, cuchillos, hachas y pólvora.

Hágalos regresar. ¿Está seguro de lo que dice?

¿Seguro?

Traté de razonar y dijeron que nos fuéramos si temíamos a los indios.

¿Por qué no los detuvieron en Carlisle?

¿Qué? Tienen un permiso militar

firmado por el comandante de Filadelfia.

Se equivocaron. Si tienen permiso militar,

son pertrechos nuestros. Yo sé que no me equivoco.

¿Sugiere que mi comandante engaña?

-Tenga cuidado. Él no sugiere nada.

Pero nosotros no podemos dejar pasar esas carretas.

Arrestaré a quien se oponga.

-Dejarán que pasen.

Mis órdenes son defender la frontera

e infundir respeto a la ley soberana

y las fuerzas de su majestad.

Cumpliré mi cometido

aunque tenga que imponer el código militar.

(Murmullos)

¡Y pensar que pedimos que vinieran!

-¡Cochinos ladrones! ¡Los detendremos nosotros!

-Si piensas usar la fuerza, olvídalo, Calhoon.

Solo lograrás ir a la horca.

-Iré a la horca, pero con mi cuero cabelludo.

Calhoon, tú necesitas un trago de ron.

-¿Qué? Igual que Mac.

Sí. Y el Profesor.

M'Cammon y el resto venid a mi cuarto.

-Janie, prepáranos ponches calientes.

La noche está fría y tendremos que salir.

¿Listos? Sí.

-Sí.

Quitaos las mantas y separaos unos de otros.

Disparad alto.

Quítate esa manta.

Pero ¿qué te pasa?

¿Estás borracho? Ay... ¿Quieres estrangularme?

¡Janie! ¿Qué clase de broma es esta?

Ninguna, Jim. Si vas a la horca, iré contigo.

No quiero quedarme sola.

Las hembras MacDougall son conocidas por su ternura.

¡Arre, arre!

¡Arre!

-La chica está loca por ti, Jim.

Vamos.

(Gritos)

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

Tranquilizad a los caballos.

Escuchadme.

Colocad la carga de todas las carretas en un montón.

Vamos, rápido.

Si traen algo propiedad del Gobierno,

llévenselo y lárguense.

Vámonos.

Amontonad todo lo que queda.

Haremos nuestra propia fogata.

Sacad todo lo que hay en las carretas.

Al Gobierno no le agradará enterarse

de que destruyeron su propiedad.

(Llaman a la puerta)

Pase.

Lamento molestarle, señor.

Soy Callendar, empleado de Poole y Simons.

Encantado.

Aprovisionamos al Ejército. Explíquese.

Unos colonos atacaron mi caravana y quemaron las provisiones.

¿Del Ejército?

Solo quedó esta caja de cartuchos. Lo demás se derritió.

McGlashan, prepare a los hombres. Bien, señor.

Casi nos matan.

¡Chusma! ¡Asesinos!

¡Criminales!

¿Conque desafían al Ejército?

Yo les enseñaré lo que significa la corona con un látigo.

¡Que no escape!

¡Que no huya! ¡Ay!

¡Que no escape!

¡Es uno de ellos!

¡Sujétenlo!

Tiene pintura tras las orejas.

¡Mentira! ¡Nunca me lavo tras las orejas! ¡Soltadme!

¡Es una mujer!

¡No la suelten!

(GRITA)

El que la suelte estará un mes a pan y agua.

¿Quiénes estaban contigo? ¿Cómo se llaman?

(RÍE) Cree que es tan fácil, ¿eh?

¡Váyase al infierno antes de que yo le diga nada!

-¡Janie!

¿Por qué la han prendido?

Por destruir propiedad del rey.

Ella no ha destruido nada.

McGlashan, disperse a esta chusma.

No se la llevarán sin una orden. -Le juro que le volaré las entrañas.

¿Cómo se atreven a hablarme de esta forma? ¡Traidores!

¡Desármenlos!

Bien. Continuemos hacia el fuerte.

-Sí, señor.

¡Compañía, alto!

¿Cómo se atreven a detenerme con una turba armada?

-Queremos los prisioneros, capitán. Los detuvo sin orden.

Aún existe aquí la ley británica.

-Ellos son ingleses y libres.

Si se les va a juzgar,

serán ante 12 civiles y no ante usted.

Los va a juzgar militarmente por traición.

¿Es eso cierto?

¿Y si lo fuera qué?

Si decido llevarlos ante un tribunal militar,

¿piensa impedírmelo?

Cuente con ello.

No los llevará a ningún sitio.

Jim, Mac, iremos con ellos.

Listos para atacar.

¡No! ¡Déjenme!

(SILBA)

Quizá comprenda por qué no se los llevará.

Los dejaré bajo la custodia de su majestad

si los juzgan por traidores.

-Yo haré que los juzguen.

Suéltenlos.

-Suelten a los prisioneros.

¿Promete parar a los traficantes?

Solo prometo una cosa: que los que utilicen nuestros permisos

se las verán con el verdugo.

-¡Armas al hombro!

¡Marchen!

Vigilaremos el valle día y noche

para que ni un grillo pase sin que lo veamos.

¡El valle está cerrado!

¡Volveos!

-¡Está cerrado!

¡Atrás!

-Atrás. -Volveos.

-Atrás.

"Hombres de Conococheague".

"Se os invita a la taberna para beber y blasfemar".

"Habrá botín para todos. Provisiones del Ejército".

"Y se planeará la muerte del capitán Swanson".

¿No es algo exagerado?

Hay que hablar claro. Esta gente es muy bruta.

"Haremos lo que nos plazca con el Gobierno en nuestras manos".

"Y el botín será para el pueblo".

"Se tolera la borrachera durante el sábado

y cualquier abuso que se nos ocurra".

Y lo firman James Smith y sus Caras Negras.

Eso convencerá al gobernador de que son delincuentes.

Han bloqueado el valle.

Nada que no les convenga llega al otro lado.

-No tratarían al Ejército tan indignamente si no fuera por...

-Los magistrados están de su parte.

-Que pase el magistrado Duncan.

Lo hice venir a Filadelfia.

-Magistrado Duncan.

-Este caballero me informa

que habéis protegido a los rebeldes del valle

y que los habéis animado en sus planes de rebelión

y en sus actuaciones ilegales.

-No ha habido actuaciones ilegales.

-¡Quemaron mi mercancía! ¡Quemaron mi mercancía!

-La caravana pasó ilegalmente haciendo caso omiso de la proclama.

-Esto quedó de las provisiones militares.

No había nada para los indios.

-Le han informado mal. No eran provisiones militares.

-¿No dispararon contra nuestras tropas?

-No es disparó contra la guarnición del rey, excelencia.

La mercancía era para los indios.

Es todo lo que puedo decir.

-Pues yo sí diré algo más.

Mi jefe de caravana logró evadirles.

Callendar.

¿Dónde está ese cartel?

Había carteles como este clavados en los árboles del valle.

Este estaba en la pared de la taberna de MacDougall.

Alegan tener la razón de su parte,

pero no son más unos asesinos.

-¿Me permite leerlo?

Este cartel es muy extraño, señoría.

Muy extraño.

Esto no lo escribió ningún hombre del valle.

-Pediré al general Gage que envía sus tropas para mantener el orden.

-Dentro de una semana, irán los refuerzos.

-La caravana necesita escolta.

-La tendrá.

-Redacte una orden para la aprehensión de James Smith.

Y ayudará a descubrir y a prender

a los culpables. -No, señoría.

No acusaré a Jim ni a ningún hombre del valle.

¿Dónde está Jim? -Ahí.

-¡Jim, han dado orden de detenerte!

¡Escóndete! ¡El propio gobernador lo ordenó!

Y el general Gage enviará refuerzos para aplastar la rebelión.

¡Huye, Jim! No.

¡Quieren matarte!

El general les prometió ayuda para sus caravanas.

Callendar querrá pasar una última caravana sola.

No querrá aguardar a que haya muchos soldados.

Lo hará si lleva cosas a los indios. Les dejaremos pasar.

-¿Que pase? ¿Estás loco?

-¿En qué estás pensando?

Callengar será el señuelo.

Si meten en el fuerte mercancía ilegal, su comandante se perderá.

Se probará su complicidad con los traficantes.

-¡Probaremos nuestra honradez!

Ya le tenemos. Mordió el anzuelo.

Avisad a todos para que vayan a la taberna.

¡Jim os espera en la taberna!

¡Jim os verá en la taberna!

¡Jim os espera en la taberna!

¡Id a la taberna! -¡A la taberna!

¡A la taberna!

James, traje la orden de registro que quería.

Acompáñeme a entregarla.

Esperad, muchachos.

Mac, Calhoon, Stewart, Lewis y Janie estáis bajo fianza.

Prometí juzgaros por traición.

No podéis presentar una demanda sin cumplir con vuestro deber.

-Si perjudico a la causa, no iré. -No te quedes. Os juzgaré enseguida.

Jim, tú serás la defensa.

Yo escogeré el jurado y si no te gusta, protesta.

Los presos, allí.

Y el jurado se pondrá aquí según los llame.

Burke, Callahan, Brown, Reynolds, Allison, Bouquet,

Forbes, Spears, Josephs, Owens, Pierry...

Jim, ¿alguna objeción?

No, ninguna.

¿Cuál es su veredicto sobre Calhoon? (TODOS) Inocente.

-¿M'Cammon? (TODOS) Inocente.

-¿Stewart? -Inocente.

-¿Lewis? -Inocente.

-¿Janie McDougall? -Culpable.

¿Qué? -Culpable.

¡No!

-Este tribunal le ordena encerrar a su hija

hasta que se dicte sentencia.

¡Oh! -Vamos.

En cuanto empezaron a hablarse al oído, supe que tramaban un truco.

Olvídate de él, Janie.

La verdad es que no te conviene.

Mac, ¿por qué?

¿Tan mala o tan fea soy?

¿Por qué me trata así?

Olvídalo, Janie.

Ya sabes cómo es, como un indio.

Cree que las mujeres no deben luchar.

¡Le odio!

Eres igual que tu madre.

Se te partirá el corazón.

No puedes negar que eres una MacDougall. ¡Vamos!

(GRITA)

(GRITAN)

Algo anda mal. Me dejaron pasar.

No dispararán contra la tropa.

Me dieron la impersión de que estaban muy satisfechos.

¡Hay 300 hombres armados alrededor del fuerte!

Cierren el portón. Ya lo hicimos.

Doblen la guardia. -A la orden.

¿Por qué ha traído aquí a esa chusma?

En nombre de la seguridad pública,

queremos inspeccionar la mercancía que tiene ahí.

¿Se atreve a hablar de seguridad pública?

¿Y esa turba que le acompaña?

Traigo una orden de registro para ver la mercancía.

No se lo permitiré.

Tengo órdenes del general Gage.

¿Ve esto?

Es la orden del general. ¿Qué más quiere?

-Pues mire esto. Es el edicto del rey.

Queremos ver la mercancía.

Así nos quedaremos satisfechos. Si no, nos iremos.

No la verán. Yo tengo que obedecer órdenes.

Es bueno que recuerde que este no es un camino militar.

-Y no se olvide que este fuerte lo hicimos nosotros.

Fuimos nosotros, no ustedes, y no lo usarán en contra nuestra.

¿Nos van a dejar entrar?

No lo permitiré.

-Ahí están almacenando mercancías ilegales.

Quebrantaron la ley.

Son delincuentes,

y como delincuentes los trataremos.

Vámonos.

(Disparo)

¡Atrás todos!

¡Cobardes!

¡Está muy mal!

-¡Los mataremos! ¡No quedará ni uno!

Vamos a llevarlo allí.

¿Ha visto? Venían bajo bandera blanca.

Arreste al que disparó. Sí, señor.

Llevadlo con cuidado.

-¡Incendiaré el fuerte aunque muera en el intento!

-No dispararon con un mosquete del Ejército.

Fue con un fusil largo.

-Es cierto. No pudo ser un soldado.

Fue un hombre de Callengar. -Sí.

-Ni a los indios se les dispara por la espalda.

¡Ay!

-Será mejor que te vea un médico.

No. Hay que entrar antes de que vengan los refuerzos.

Hay que conseguir las pruebas.

-¡Pues ataquemos!

No. Eso es lo que esperan.

Saben que ya no nos rendiremos.

Creen que atacaremos ahora.

Solo dispararemos desde esta posición.

Turnaos.

Que unos descansen mientras otros disparan.

No se atreverán a dormir esperando el asalto.

Pero no lo habrá.

Disparad únicamente.

-Está bien.

Dame ese rifle.

-Jim, ¿no podemos matar a unos cuantos?

No habrá muertes, Mac.

-¿No quieres ver al médico?

Da la orden de abrir fuego.

(GRITA)

¡Fuego!

(Disparos)

Doble guardia en la empalizada.

Que los hombres no disparen y esperen al asalto.

Sí, señor.

¡No disparen! ¡Esperen al asalto!

Sargento McGlashan.

(Disparos)

¿Señor?

Que se coloquen donde haya más protección.

Sí, señor.

Al que se duerma lo despertaremos a latigazos.

Bien, señor.

No se duerman. Ánimo.

Tendrán que atacar pronto. Ánimo.

No se dejen intimidar.

¿Qué le ocurre, soldado? ¡Levántese!

Lo siento, señor.

Está bien, no se duerma.

No, señor.

Los turnos serán de dos horas. -¿Y Jim?

-Está bien. Hoy los turnos serán de dos horas.

Hace falta más pólvora. En la taberna hay mucha.

Manda 20 hombres para traerla. Bien.

Buenos días, Janie. ¿Has dormido bien?

Os divierte atormentarme. ¿Creéis que no estaba preocupada?

Jim y el magistrado pensaron en tu seguridad.

La pólvora está allí.

¡Mac! ¿Estáis luchado? Sí, claro que sí.

Yo solo maté a 20.

Lástima que san tan pocos y que no se les pueda desollar.

Daos prisa, que Jim nos espera.

¡Jim Smith, ja!

¡Soltad esos barriles!

Pero ¿estás loca? Ya escasean las municiones.

Dile a Jim que busque pólvora en otro sitio. Esta es mía. Soltadlos.

¡Justo ahora cuando todo salía bien! Te van a echar del valle.

Sí, pero antes tendré el gusto de ver a Jim Smith

colgando de una cuerda.

Esa no es forma de hablar de un hombre

que está agonizando por el balazo que le dieron.

¡Oh!

¡No, Mac, no!

Sí, Janie, sí.

Si vive hasta mañana, será un milagro.

¡Si le dejáis morir, seréis vosotros los que no vais a durar!

¡Os mataré a todos!

¡Deprisa, muchachos, hay que darse prisa!

¡Jim!

Jim... ¿Dónde está Jim?

Ahí. Junto a la fogata.

¡Jim!

¡Cariño! ¿Qué te ha hecho?

¿Cómo has salido?

Tenía que venir a cuidarte.

No te dejaría agonizar solo.

¿Quién te dijo que yo estaba agonizando?

Me lo dijo Mac.

Un rasguño nada más, pero si quieres que me muera, te...

No te aprovecharías de mí si yo pudiera defenderme.

Tendría que ser tonta si no aprovechara la oportunidad.

A ver la herida.

¡Ay!

Lárgate, Janie.

Si tiene fiebre, será por el beso y no por el balazo.

¡Bandera blanca!

¡Alto el fuego!

¡Bandera blanca!

-¡Jim, Jim, se rinden!

(Gritos)

-¡Bandera blanca!

(Alboroto)

-¡Bandera blanca!

Primero, que te den la mercancía.

Y luego, que el capitán y su gente se vayan.

Ya no los queremos. -Sí.

-Que se queden sus armas.

-¡Arre!

¡Arre!

Lo han aceptado, Jim.

¡Ánimo, soldados, ánimo! ¡Caminen con la frente alta!

¡Abran el portón!

Dé la orden de marcha.

Sí, señor.

¡Compañía, de frente variación derecha, ar!

(Tambores)

Capitán Swanson.

-¡Compañía, alto!

-Jim Smith quiere hablarle.

Hemos dejado la mercancía.

Solo quiero que entienda una cosa.

Nosotros respetamos la ley.

Yo solo entiendo esto: que son una banda de traidores.

(BORRACHO) Ganamos otra vez.

¿Cómo estás, Jim?

(TARAREA)

¡Cállate, Mac!

¡Qué grandes somos los MacDougall! ¡Los vencimos!

¡Luchamos y los vencimos!

¡Y su pellejo, en nombre de la ley,

se lo voy a arrancar desde la frente hasta el pescuezo!

(GRITA)

¡Mac!

¡Apartaos!

¡Dejadme desollarlo! ¡Eso vale más de 20 onondagas!

¡Aaa! ¿Conque respetan la ley?

¿Conque son súbditos leales?

Diga, más bien, criminales, una chusma borracha.

Pero volveré y pagarán por lo que han hecho.

¡En marcha!

¡De frente! -¡De frente! ¡Ah!

(Música)

Alto ahí, Callengar.

Debemos irnos con Swanson.

Luego le alcanzarán. Vuelvan al fuerte.

¡Esperen!

¡Un momento!

Yo no di ninguna orden y no tuve que ver con nada.

(Gritos)

(Gritos)

Gracias.

¿Está mejor Jim? Él cree que lo está, pero no.

Nos quedaremos a pelear.

Si ganamos una vez, volveremos a ganar.

-Son 200 soldados y vendrán con cañones.

Magistrado Morris.

Cargue una carreta con la mercancía.

Llévesela al general Gage, en Filadelfia.

M'Cammon conoce las colinas del sur.

No se toparán con los soldados.

-El viaje durará semanas.

Nos esconderemos en las cuevas.

-Están a 10 kilómetros.

Y Swanson vuelve con refuerzos.

-Tendremos que atarte a tu caballo.

Si le esconden en la cueva, morirá. Tiene que ir a ver al médico.

-Vuelve a la taberna, Janie.

Vete y deja que los hombres hagan lo que tiene que hacer.

-Te llevaré con cuidado, Jim.

Cuando lleguéis a Filadelfia, hablad solo con el gobernador Penn.

Id con Dios. -Gracias.

¡Arre, arre!

¡Arre, Arre!

Seguid tirando, muchachos. Yo le llevaré por los pies.

¡So!

Subidle a la carreta.

-¡Janie! ¡Deja eso, Janie!

¡No!

¡No quiero enviudar sin haberme casado!

¡No hables así ante estos hombres! ¡No está bien en una MacDougall!

¿Creéis que ahora me importa lo que está feo o no?

¿Creéis que le dejaré morir porque no está bien dejaros sin el jefe?

A vosotros no os hace falta.

Lo llevaré al médico aunque para ello tenga que mataros.

-La verdad es que hay que curarle.

-Es una loca y no puede llevar un arma. Quítasela tú.

-Escucha, hija. Cálmate, cálmate.

No matarías a tu padre, ¿eh?

Soy el último hombre de la familia MacDougall.

¡Otro paso más y se morirá el apellido contigo!

-El médico vive a 15 kilómetros de aquí.

Llegaré como sea.

¿No comprendéis que quiero verle sano y salvo?

¿Por qué siempre pensáis que soy una tonta?

Subidle en la carreta. No.

Jim, ella tiene razón. Debes ir al médico.

Os habéis dejado convencer por una cara bonita.

Te quiere, Jim.

¿Vamos a ser víctimas de la fiebre de primavera de una loca?

-Yo voy contigo. -Y yo.

Iré sola. Si os ven con él, será peligroso.

Es cierto, Janie, es cierto.

Lamento no ser un padre más apropiado para ti.

Soy un tonto.

Si pudiera escoger otra vida,

te escogería como padre.

(RÍEN)

"Como he recibido informes

de que un grupo de hombres del valle

se ha reunido varias veces llevando armas de fuego

y que de un modo desordenado e ilegal

ha pretendido impedir el paso a las provisiones que van al fuerte,

ordeno a todos los súbditos de su majestad

que presten testimonio

contra todos los culpables de encabezar esta rebelión...

para que puedan ser juzgados como manda la ley".

"Firmado, el gobernador".

Dios guarde al rey.

Sigamos adelante, sargento.

El siguiente.

-Se negó a dar alojamiento a nuestras tropas.

-¿No es uno de los que me azotó? -Se parece.

-Encadénenlo.

Da la vuelta.

Otro más.

-¡En pie, te toca a ti!

¡Las de los pies primero!

-¡Arriba, vamos!

-¡Levántate, camina!

Ahora hablarán, caballeros.

Quiero a James Smith.

Quien me diga dónde está quedará en libertad.

Si fueran tan leales a su soberano como a ese cerdo,

no estarían aquí.

¡Jim, Jim Smith!

¡Jim, Jim! No está aquí.

Sé que está y tengo que hablarle. No está. ¿Verdad, doctor?

-No está.

-¡Jim, soy yo! ¡Cállate!

¡Tengo que hablarte! ¡No está!

¡No digas su nombre! ¿Qué pasa?

Han detenido a todos los nuestros. Los han detenido sin motivo.

Bastó la palabra de un traficante. Han condenado hasta a los inocentes.

También le acusa para vengarse. Le acusa hasta de asaltarle.

Ahora bajo, Bill.

¡Oh!

El médico dice que todavía no estás bien.

Tengo que irme.

Lo sabía.

Sabía que esto iba a pasar. Con lo bien que estábamos aquí.

Soñaba que tú y yo... Se llevarán una sorpresa.

Soñaba que tú y yo... No más negocios con los indios.

Oh.

Jim, no vayas, no vayas.

No quiero volver a quedarme sola preocupándome por ti.

No puedo dejar que maten a los colonos.

Tendremos que enseñarles que no podrán con nosotros.

Está bien. ¡Está bien, vete!

¡No me importa que te maten a tiros o con una soga!

Obedecimos la ley y nos hacen esto.

Siempre has creído que no tengo sentimientos.

No sé por qué te quiero. Jamás te he importado.

Pero ya no te querré más.

No me importará lo que hagas.

¡Imbécil!

Eso eres, un imbécil y un estúpido.

(CANTAN)

(RÍEN)

¡Amigo, bebe un trago!

(RÍE)

-¿Qué habéis pensado hacer?

-¡Vamos a asaltar el fuerte nosotros solos!

-Con nueve hombres, basta para eso.

Uno, dos.

¡Tres!

(RÍEN)

(CANTAN EN INGLÉS)

Se van a dar aviso al fuerte.

Les daremos media hora de ventaja.

Están borrachos en la taberna

jactándose de que atacarán el fuerte.

Traiga aquí a los hombres. Bien, señor.

¿Que nueve pueden asaltar el fuerte? (RÍE)

¡Nueve hombres van a asaltar y capturar el fuerte!

(RÍEN)

La guarnición está durmiendo. El portón está abierto.

Solo hay tres centinelas en este lado.

Los demás están junto a la cocina sirviéndose su ración de ron.

Oh... ¡Y qué buen ron!

Olía que daba gusto.

Las armas están juntas.

A 40 pasos más cerca del portón que de ellos.

Bien. Cuando corráis, hacedlo agachados.

(GRITAN)

¡Quedaos todos donde estáis!

¡Soltad esos mosquetes!

Venid, no os perdáis la fiesta.

Calhoon, ve a la puerta y que no salga nadie.

Mata al primero que se asome.

Dígale al comandante que venga o llenaré de agujeros a sus hombres.

Sí, señor. Mac, saca a los prisioneros.

Will, descarga esos mosquetes.

Ahoa, cabo, vaya a decirle al herrero que venga enseguida.

-Sí, señor.

-Ya estamos aquí, muchachos.

Es el último, Mac.

(TODOS) ¡Bien!

¡Déjamelo a mí, Jim, verás cómo no nos molesta más!

-¿Qué le impide matar después de lo que han hecho?

Nunca aprenderá.

Y tampoco nos conocerá.

Llevadlo a su cuarto. Le devolveremos el fuerte.

-Sería un error. Dije que se lo devolveremos.

Podéis volver a vuestras casas.

Y dejad los mosquetes aquí.

(RÍEN)

¡Y con nueve hombres!

-¡Con nueve!

-¡Con nueve!

Con nueve.

¡Rendíos!

¡Mucho cuidado o moriréis!

¡Qué valor tiene ese cerdo!

(Disparos)

-Está muerto.

No podrá escapar, Smith. Lo mató.

Por eso irá a la horca. Usted le mató, yo no disparé.

Cayó cuando usted disparó. Le mató.

Ajá.

Así que es eso.

Atadle al caballo, le llevaremos a la cárcel de Carlisle.

El muerto será nuestra prueba.

¡Yuju!

¡Está bien!

-¡Se lo llevan a la cárcel!

CÁRCEL DE CARLISLE

¿Qué voy a hacer? Van a destruir la cárcel.

Su deber es tranquilizarlos.

Pero son muchos. ¿No puede hacer algo?

Puedo hablar con ellos, pero no les gustará verme así.

¡Trae tus herramientas y quítale los grilletes!

Tengo mujer y niños. Dígales que estoy de su parte.

Vamos, quítaselos.

(Alboroto)

(GRITAN)

-¡Espera, que ahora vamos!

-¡Hola, Jim! ¡Vamos a sacarte de ahí!

¡Mac, gracias por venir con los muchachos!

Pero estaría mal que me fuera.

No creerían que soy inocente.

Me ayudaríais más si os fuerais.

Piensan juzgarte en el fuerte.

Y te ahorcarán.

Todo lo hacemos según la ley.

-¡Es verdad!

-¿Con qué ley, la de ellos, la de las bayonetas?

¡Prendamos fuego a todo esto y al diablo con los ingleses!

(Alboroto)

¡Esperad!

¡Oídme!

¡Yo hablaré por Jim, sé lo que él piensa!

Quiere que nos vayamos por temor a que nos disparen.

Pero si nosotros estuviéramos ahí, él nos sacaría de la cárcel.

(TODOS) ¡Sí!

¡Janie, cállate!

-¡No nos iremos sin ti, Jim! -¡No nos iremos!

¡Háblales, profesor, háblales por mí!

-¡Escuchad!

-¡Sí!

¡Escuchad!

Luchamos y ganamos.

Pero al ganar, hay algo que se perdió.

Al defender una ley,

aprendimos a despreciar las otras.

Si esto continúa así,

van a destruir aquello por lo que hemos luchado.

Ahora marchaos,

dejadme para que me juzguen.

Que venga el prisionero. Bien, señor.

¡Traed al prisionero!

-¡Eh!

(RÍE)

Saquen a ese bárbaro de la sala.

-Es un testigo. Llévenselo.

-¡Vamos, fuera!

-Solo estaba aclarándome la garganta, nada más.

-¡Fuera!

-Todo escocés tiene derecho a aclararse la garganta.

Hago ruido, pero... ¡No me empuje!

-¡Fuera! -¡No me empuje!

A cualquier otro que repita groserías semejantes

amenazando el decoro del tribunal,

le pondré un mes a pan y agua.

Continúe.

¿Está seguro de que es el mismo hombre?

Él no ha negado que no lo fuera.

Su actitud en todo momento

fue sediciosa y de desprecio para la autoridad.

¡Protesto! Se le juzga por asesinato y no por traición.

Estableceré la conexión entre ambas cosas.

Disparó contra la tropa, destruyó sus provisiones.

Atacó las caravanas.

Liberó presos que estaban pendientes de juicio.

Que entre el jefe de la caravana.

-Ralf Callendar.

Levante la mano derecha.

¿Jura que el testimonio que va a prestar será la verdad,

toda la verdad y nada más que la verdad?

Sí, juro.

¿Oyó a Calhoon prestarse a testificar contra Jim Smith?

Sí, señor.

Cuando dijo que iría a ver al gobernador de Filadelfia

y a acusarle de traición, Smith le disparó.

Yo quise impedirlo, pero Jim disparó rápida e inesperadamente.

Y era el mejor amigo de Calhoon.

Su turno.

¿Puede identificar esto?

Es la camisa que llevaba Calhoon cuando le mató James Smith.

Por ahí entró la bala.

¿Puede identificar esto?

Es el rifle con que lo mató Jim.

¿A qué distancia podría estar Smith de su víctima, Tom Calhoon,

cuando le disparó?

Como a un metro. Lo encañonó de cerca y le disparó.

¡Como a un metro!

Está seguro de todo. ¿Por qué no lo está de esto?

Sí, estoy seguro. A un metro.

¿Me permite realizar un experimento? ¿Experimento?

Me parece que los hechos hablan por sí solos, magistrado.

¿Le interesa la justicia o solo ahorcarle?

Haga su experimento.

Acércate, Janie.

¿Está cargando el arma?

Tiene una gran puntería, no hay por qué alarmarse.

Me hago responsable.

Adelante.

(Disparo)

Esto es desagradable.

Y huele mal.

¿Cuántas detonaciones más sufriremos?

Solo una.

(Disparo)

Como ven, el balazo a 20 pasos dejó un agujero redondo y limpio.

El que se hizo a un metro dejó una gran quemadura de pólvora.

Como también podrán observar,

la camisa que llevaba Calhoon

tiene un agujero limpio, sin señal de quemadura.

El disparo homicida no lo hizo Jim Smith,

sino otra persona que se encontraba más lejos.

¡Orden! -¿Dejará libre a este bandido?

¿A un canalla que es culpable de desafiar a Inglaterra?

¡Quedará el hedor de la vergüenza!

-¡Protesto!

James Smith es... ¡Queda arrestado!

Por dar su parecer antes de la votación.

-Capitán Swanson.

Capitán Holmes.

Ponga a Pull, a Callender y a los conductores bajo custodia

por transportar mercancía ilegalmente.

Capitán Swanson, vaya a su despacho.

Después hablaremos. Sí, señor.

(Alboroto)

(CANTAN)

Soy militar.

Si hubieran asesinado a mi padre con un permiso de mis superiores,

les hubiera defendido con mi vida.

Es necesario ser razonable. Sí, pero...

Ya sé, no entrenamos a los militares para que razonen.

Y nos costará caro.

Bien. Ordene que se libere a James Smith.

Y, aunque lo lamento, capitán Swanson,

debo relevarle del mando.

Se presentará en Filadelfia antes de ir a Inglaterra.

Bien, señor.

Adiós, Jim. Te deseo que tengas mucha suerte.

¿De veras que no vienes?

Esas colinas son grandes.

Le permiten a uno alejarse de todo.

Estaríamos solos tú y yo, el profesor y el agrimensor.

Mac, ¿estás pensando en dejarme?

-Este es un buen lugar. Sé que regresarás algún día.

Ojalá sea pronto. Te esperamos. Gracias.

Bien, Janie.

Hasta los enemigos suelen despedirse.

No nos olvides nunca, Jim.

No nos olvides nunca, por favor.

-Escucha, niña... Ahora hablaré yo, profesor.

Un hombre tiene que hacer tantas cosas

que no le queda tiempo para otras.

Pero si lo tuviera,

si me gustara alguien,

me refiero a una mujer,

no me gustaría otra.

Solo tú.

Adiós, muchachos.

-¡Adiós! -¡Buena suerte!

-¡Adiós, Jim!

-¡Janie! ¿Adónde vas?

¡Con mi hombre!

¡Maldita chica, es peor que su padre!

¡Lo tiene en la sangre!

¡Está loca como los MacDougall!

Mañanas de cine - La pequeña rebelión

31 mar 2020

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