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Cañas y barro - Capítulo 3 - ver ahora
Transcripción completa

40 capachos..., Están.

...2 palas...

Están.

...y 2 picos.

También.

¿No piensas acostarte? -Luego.

¿No puedes hacer las cuentas antes de cenar?

Yo sí, pero el cliente, por lo visto, no.

Desorden se llama eso.

Y bruja te llamas tú.

¿Algo más?

No. Bueno,

las 200 estacas que te pedí el otro día

y no te dije para qué eran. También están.

Bien.

Ya está.

Me temo que voy a tardar mucho en pagarte.

Años, y bastantes, Tono,

pero, si ahora le fío al pescador más pobre de la Albufera,

ya le cobraré en su día al labrador más rico de Valencia.

Si no me da un patatús antes de terminar.

Pues, si te da,

te compro la mejor corona y te la pongo en cuenta.

Así y todo,

siempre valdría más para mí el muerto que la deuda.

Por cierto,

has pedido dos picos y dos palas.

¿Piensas en que Tonet te ayude?

Me gustaría, porque Tonet es de mi sangre,

aunque me ha salido torcido.

Pero, si me ayuda, la finca será para él.

Y, si no, también.

No, Cañamel,

ni Dios entrega el cielo sin condiciones.

(Banda sonora original)

¿Cuándo clavaron las estacas?

Hoy.

Son muchas.

200.

¿Le ayudó alguien, padre?

No, nadie.

Las clavé yo solo.

Ya te dije que para jornales no tenía ni un duro.

El otro día, te parecieron agua porque no estaban deslindadas

y se confundían con la laguna.

Pero, con las estacas, se ve que es la tierra de alguien.

La mía.

Hace años, soñé con esta tierra para tu madre y para ti,

pensando que, con el tiempo, sería solo para ti porque...

yo, por ley de vida,

debía irme el primero y tu madre, después.

Pero...

la muerte es así.

No elige mirando el calendario...

y se llevó a tu madre la primera.

Tonet, aunque me duela, te he hecho venir para decirte que...

que no sabes trabajar ni quieres,

que es lo peor,

pero necesito que me ayudes.

Hay que trabajar, Tonet,

sin pensar para nada en las horas,

en el día o en la noche,

en el frío...

o en el sol,

solo con un deber, echarle tierra al agua,

y un plazo, terminar.

Si me ayudas, será para ti.

Si no, me basto solo, aunque vomite el alma en el esfuerzo.

Pero recuerda, Tonet, que, si lo hago yo solo,

ni mientras viva...

ni después de muerto serán tuyas estas tierras.

Piensa en lo que te he dicho, Tonet,

y decide lo que quieras,

pero pronto.

Esta madrugada, empiezo.

Neleta.

¿Dónde has estado? Con mi padre.

Dos días sin verte, Tonet.

A veces, estás en la taberna... Y ahora, con mi padre.

Pero, si no nos vemos, es por tu culpa,

porque todas las noches... Eh, Tonet.

Deja en paz a la hija y ayuda a la madre, que vamos con retraso.

Venga.

Deje, tía Nela.

Bien nos vendrías aquí todos los días.

Mejor me vendría a mí que no se llevase a Neleta todas las noches.

¿Hasta cuándo va a durar esto?

Hasta muy pronto por mi desgracia,

porque ya ni las piernas me aguantan ni yo aguanto el dolor.

Ya lo ves, un día de estos, tendré que quedarme en casa para siempre.

¿Y Neleta? No. Neleta ocupará mi puesto...

y cargará las cestas todas las noches

y llevarlas al mercado allí, a Valencia,

y pregonar las anguilas hasta que cierren

y otra vez en la barca hasta aquí.

Y así hasta que yo me muera...

o encuentre quien se case con ella,

si no le importa el sambenito de que dormisteis juntos.

¡Oh! Eso fue hace mucho tiempo, tía Nela.

El sambenito no tiene fecha.

Sí, sí,

pero Neleta y yo nos casaremos.

Bueno, eso es lo que tú dices,

pero cuando ganes para mantenerla.

Vamos, tía Nela.

Hasta mañana. Adiós.

Adiós, Tonet.

¡Uy!

Adiós.

Padre.

La comida.

¿No ha venido?

No, Borda.

Sin serlo, eres tú más hija que él.

(Banda sonora original)

(Grito de ave)

Tonet.

Me dormí, padre.

Hiciste bien.

Me decidí a venir porque...

Has venido.

Eso es lo que importa.

Vamos, a trabajar.

Retira los capachos.

Hay que dejar libre la pastera.

Sí, padre.

Coge la azada larga.

Empieza a sacar tierra.

Luego la llevaremos al calvero para que se seque.

No vaya a ser que Dios se nos enfade por enmendarle la obra.

Vamos, hijo.

(Banda sonora original)

¿Cansado?

No, padre.

Cansado. Hay que dormir.

¿Quién percha hasta casa?

Ninguno. Dormiremos aquí.

Descansa.

¡Borda!

¡Borda!

¿No han vuelto?

No, abuelo. ¡Yo no soy tu abuelo!

Y ya hace una semana que se fueron.

Hace tres días.

¿Y qué puñeta importa día más o día menos?

¡El caso es que se fueron

y se fueron como lo que son, como ladrones!

No, abuelo.

¡No me contradigas!

(Rotura)

Le falté, abuelo,

pero no son ladrones.

¡Yo soy un Paloma y tú eres una inclusera...

y mi hijo y mi nieto serán lo que yo diga!

Lo que usted diga,

pero no son ladrones. ¡Oh!

¡Ladrones!

¡A ti te digo, Tono!

Sigue, Tonet.

¡A ti y a ese esqueje torcido de ladrón que te ayuda!

Tu fuiste pescador...

y honraste a los Paloma,

labrador después y no los deshonraste,

porque en labrar la tierra no hay más vergüenza

que pisar ese barro lo mismo que las bestias.

Pero ahora es otra cosa.

Has ido a comprar 20 hanegadas de agua,

pero no para pescar en ellas tú solo como un rey,

sino para llenarlas de tierra.

Y has robado el agua a la Albufera,

a nosotros, la pesca y a Dios, su obra.

Por eso he venido a deciros lo que sois:

¡Ladrones!

¿No le contesta, padre?

Con callar, no le ofendo.

¡Ladrones!

Habrá que traer más capachos.

En la barca caben más y...

así ahorramos viajes.

Tonet, vete al pueblo mientras yo descargo.

Sí.

(Grito de ave)

Le dices a Cañamel que te dé más capachos.

Otros tantos, por lo menos.

Sí, padre.

Y al abuelo,

a todo lo que diga le das la razón.

Sí, padre.

¿Quieres algo? No.

Tengo colonia. Dámela.

Estás muy guapo.

Bueno...

¿Qué quieres que te haga de comida?

Lo que tú sabes que me gusta.

Entonces, carne frita blanco y negro y tocino con magro.

Y vino.

Vino poco, Tonet.

Estás como un pincel.

Y tú, como una cabra.

¡Bienvenido, Paloma! -Toma, bebe.

-Hay que celebrarlo.

-Bebe un poco del mío. -Mira al chaval.

Trae, que echo un trago.

Mezclar es malo, pregonero.

No si el que lo mezcla es hombre.

Pues lo soy a percha y vela. Tonet.

Este trago y te largas.

No. Debo darle un recado de mi padre.

Ah, eso es otra cosa.

¡Paso, paso, señores!

¡Educación, caballeros!

¡Paso, por favor!

¡Paso, pedazo de bestias! ¡Qué...!

¡La madre que los parió!

¿Qué quiere tu padre?

Otros 40 capachos.

¿Tú estás con él? Sí, señor.

¡Así me gusta!

Si llegas hasta el final, te veré rico.

(Risa)

¿Qué le pasa a esta gente? Nada,

que ayer terminaron de segar y se están bebiendo

el arroz y la hoz.

No te escondas. Ven conmigo.

Dejadlo, hombre.

Toma, échate otro trago, hombre.

(Voces indistintas)

Tonet, déjalos ya.

¡Vosotros, dejadnos, que tenemos que hablar de negocios!

-Pásame una. -Venga.

Y tú, ni un trago más y no te muevas de aquí.

Dentro de diez minutos, tienes los capachos en la barca.

Gracias, Cañamel.

¡Quitad! ¡Dejad pasar, hombre!

¡Mira que sois burros!, ¿eh?

(Voces indistintas)

¡A Sollana!

Anda, vente con nosotros.

-¡Vamos! -¡A Sollana!

-Venga, hombre. -Vamos a Sollana.

-¡Vamos a la barca! -¡A Sollana!

Come.

Sí, padre.

¿No quiere saber nada?

Él no se fue. Se lo llevaron los labradores.

Nadie se lleva a un hombre si no quiere.

Pero a él se lo llevaron.

Estaban borrachos.

Eso es distinto.

Un borracho no es un hombre.

¿Tú sabes lo que pasa, Borda?

Que estamos solos. Sí.

Tú, Tonet, el abuelo...

y yo.

No nos damos cuenta, pero estamos solos.

Al aire se lo digo, Tono,

porque tú y yo no nos hablamos.

Al aire le digo...

que un tal Tonet

se juntó ayer con un rebaño de segadores locos

e hicieron tales tropelías...

que le andan a la busca los tricornios.

Y sé todo esto...

porque ese tal converso de Paloma en borracho...

me lo dijo al cruzarse su barca con la mía.

Y digo al aire,

por si por un casual le importa a alguno,

que el tal borracho iba a El Palmar.

Pues al aire le digo, por si alguno le importa,

que gracias por el soplo.

Ahí va, aprendan, un litro y sin descansar.

(HOMBRE) Pero ¿habéis visto?

(Voces indistintas)

¡Dejadme!

¡A mí no me pega ni mi padre!

(GRUÑE)

-¿Nadie los separa?

¡Basta, Tono!

¡Tono, por favor!

(Voces alteradas)

¡Ya! Vamos, Tono. -Tranquilo.

Tranquilízate..., -Venga, venga.

...que es tu hijo.

Un hijo que se atreve a levantarme la mano.

Discúlpale. No se ha dado cuenta de lo que hacía.

¿Dónde está? -Se ha marchado.

-Se fue, tío Tono. Dijo que nadie le ponía en vergüenza.

Olvídalo.

Sí, Cañamel.

Gracias a todos.

Perdona, Cañamel.

(Golpes)

¿Se sabe algo?

Ya van tres días, abuelo.

(ASIENTE)

Que no le haya pasado un contradiós.

(Trino)

Samaruca. -Voy.

¿Se sabe algo? -No.

Hace ya siete días, ¿verdad?

Siete días, sí.

No sé qué va a ser esto.

No te preocupes, mujer.

Volverá.

¿Que no me preocupe?

Tú no sabes lo que es tenerle aquí...

y, de golpe, no tenerle...

y no saber si se le va a volver a ver nunca más.

Borda, ven aquí.

Ponme pan y dos de vino.

Borda, quiero que hables con este amigo mío

que ha venido a ver al sargento.

(Banda sonora original)

Monteolivete, Monteolivete, Monteolivete.

Borda.

Toma, aquí lo tienes.

Monteolivete.

Monteolivete, Monteolivete, Monteolivete.

Monteolivete, Monteolivete.

¡Borda!

(RÍE)

¡Borda!

¿Por qué has venido?

¿Que por qué he venido?

¡Loco, más que loco! Para verte...

y para traerte esto, tu ropa...

y unos duros.

Todo cuanto tenía.

¿Y el padre? Como muerto.

¿Y el abuelo? No lo dice,

pero peor que el padre.

¿Y a Neleta la has visto?

No.

¿Cuándo te vas? Ahora.

Primero, al puerto y, luego, embarcamos para Cuba.

Salimos a las ocho.

¡Borda!

(Corneta)

Nos vamos.

Adiós y un beso para todos.

¡Tonet!

(Corneta)

Como has dicho "un beso para todos",

otro beso, Tonet,

para dárselo a Neleta.

(Corneta)

Pero lo mismo que se lo das a ella.

Adiós.

Este no se lo doy, Tonet.

Cuando lleguemos a Ruzafa, se habrá ido la barca correo.

No importa. He venido en la de casa.

(Sirena de barco)

Es un barco que sale, ¿verdad?

Sí, el María Cristina.

Se lleva a cerca de 700 mozos a Cuba.

Es posible que no vuelva ni uno.

(Sirena de barco)

Uno sí.

Uno sí.

Uno sí.

Mira, ahí está el tío Tono.

Sí, y siempre con la tierra.

Ahí viene la barca correo.

A lo mejor, nos trae carta.

No se haga ilusiones, padre.

¿Traes alguna carta para mí?

No, ninguna, tío Tono.

Gracias, Rufino.

Adiós. Adiós.

Y así llevamos dos años, Borda.

Menos.

Salió el 7 de octubre.

Del otro año.

Sí, pero estamos a 4 de febrero.

Faltan ocho meses y tres días para que haga dos años que se fue Tonet.

Llevas bien la cuenta.

Hay fechas que no pueden olvidarse.

(Llaman a la puerta)

¿Quién es? Soy yo.

Tono, ¿quién demonios llama a estas horas?

Es Neleta, padre.

Neleta.

Pero ¿cómo vienes a estas horas?

Porque ¿qué hacía ya en Valencia?

¿Tu madre? Sí.

Se quedó allí.

¿Cómo fue?

Esta mañana,

estaba pregonando las anguilas.

Le subió el dolor,

dio un grito,

se la llevaron muerta.

Yo me quedé allí con ella.

Estuve a su lado,

hasta que ya, de noche,

¿qué hacía yo allí sola?

¿Has comido algo?

No, señor. Bien, pues tienes que comer.

Caliéntale un poco de sopa.

No, tío Tono.

¿Qué piensas hacer?

Menos seguir en el oficio de mi madre,

cualquier cosa.

Tu puesto está aquí.

Eres la novia de mi hijo...

y, si vuelve, te casarás con él.

¿Si vuelve?

Eso es lo que he dicho, "si vuelve".

Tu tía Patro tiene barraca propia,

pero no puede mantenerte.

Comerás aquí.

Te ocuparás de la limpieza y de la comida.

La Borda trabaja conmigo en la tierra.

Durante el día, estarás aquí,

pero, de noche, irás a la barraca de tu tía.

Yo soy hombre y, aunque viejo,

no quiero que duerma en mi casa una chica joven y bonita como tú.

Ya comentaron bastante cuando dormiste con Tonet en la dehesa.

Sí, señor.

Esta noche, dormiréis las dos en mi cama y yo, en la de Tonet.

Mañana, te llegas a casa de Cañamel y...

le compras los lutos, pero pocos.

Ya sabes que los lutos duran más que las penas.

Acuéstate.

Lo tuyo es el mal de los jóvenes,

que tienen que ver morir a los viejos.

Pero así lo hizo Dios.

Procura dormir.

Gracias.

Hala.

No llores más.

¿Te acuerdas mucho de Tonet?

Lo mismo que él de mí.

Bueno, pero, aunque todos digan que eres muy guapa,

tú tienes que esperar a Tonet.

¿Te dijo él cuando fuiste a despedirle que le esperara?

No.

A mí tampoco.

Hasta mañana.

Buenos días.

¡Ah! ¡Cuánto bueno por aquí, Neleta!

Gracias, señor Paco.

Así me gusta que me llamen, señor Paco,

y más todavía sin el señor,

que me hace más viejo de lo que soy.

Si te comparas con el tío Paloma, eres un niño,

pero, si te comparas con Neleta, el Miguelete, más o menos.

¡Muy graciosa, como siempre, la Samaruca!

Y resignación por lo de tu madre.

Gracias.

¡Uy, es verdad, lo de tu madre! Perdona.

Lo he sentido mucho, Neleta.

Gracias, señor Paco.

Paco.

Paco. Así, Paco. ¡Ay!

Si no fuera por cierto soldadito de ultramar...

¡Uy!

¿Querías algo, Neleta?

Los lutos, y que los cargue en su cuenta, dice el tío Tono.

Así se hará.

Pues lutos tenemos...

para vestir y para todo andar,

satén y percal.

Percal, dos batas.

Ya sabe usted, quita y pon.

Mejor quita que pon, ¿eh?

¡Uy!

Samaruca, dos cortes de bata para Neleta. Percal de lutos.

¿Quieres llevártelos ahora?

No, luego.

Ahora voy a pedir a Dios por mi madre.

Como debe ser. Yo iré más tarde.

Buenos días, señor Paco.

Hasta luego, pequeña.

"Adiós, señor Paco".

Y a mí que me parta un rayo.

¡Qué te va a partir!

Santa Bárbara no tiene puntería.

Din, don, din, don, din, don.

En pecado vives, Paco.

Se te está muriendo la que Dios te dio...

y ya estás sorbiéndole los mocos a la que el diablo te envía.

(MURMURA)

Din, don, din...

(Bocina)

(Bocina)

¿Será a nosotros, padre?

Sí, creo que sí.

Tono, te he dejado una carta en la barraca.

¿De Cuba?

De la mismísima Cuba.

De Guantánamo, según reza el matasellos.

"Y entré en los bohíos como un príncipe".

"Es bueno mandar, padre, pero..."

Eso de mandar y no hacer nada...

se le debe de dar bien a Tonet.

Sigue, Borda.

"...pero más buenas todavía son las guajiras cubanas,

que, en cuanto me apeo del caballo,

ya me están sentando en la mejor mecedora del bohío...

y me están dando café recién molido en el pilón...

y lo que yo quiera,

que aquí el calor parece que no las deja en paz".

"Y me tomo el café...

y luego lo que..."

¡Sigue, recordones!

"...y luego lo que yo quiera, que siempre quiero,

porque por algo uno es hombre".

Muy bonito, porque por algo... es un hombre.

¿Y qué más, Borda? Venga, sigue.

"En lo tocante a la salud, como un roble".

"Los que nos hemos criado en la Albufera...

podemos bebernos los charcos sin temor a las fiebres".

"Y nada más".

"Perdone, querido padre, a este mal hijo

arrepentido de su comportamiento".

"Y, con un fuerte abrazo para usted

y otro para el abuelo y la Borda,

reciba usted el cariño de este que lo es,

Antonio Sirvent, Tonet".

"VIII Tercio de la Guardia Civil. Cuartel general de Guantánamo".

Pues mira qué bien.

Espera, esto es para ti.

"Se me olvidaba. Recuerdos a Neleta".

Pues menos mal que no se le olvidó.

Ah, y, cuando le escriban, le devuelven los recuerdos.

A lo mejor, los necesita para una de esas guajiras

que le ofrecen café y lo que quiera.

Anda, Borda, vuelve a leerla.

"Querido padre:

Después de tanto tiempo de no haber dado señales de vida...

y con la vergüenza de mi ingrato pago a su cariño,

tomo la pluma para decirle

que ahora soy guardia civil en Guantánamo...

y para desearle que esté bien en compañía de los nuestros".

"Yo bien, gracias a Dios".

"Padre, me va muy bien".

"Esto es muy hermoso...

y entro en los bohíos como un príncipe".

Vamos, Borda.

Ya está ahí la tierra.

¡Más tierra, Borda!

Baja, Borda.

¡Písala!

Ya todo esto,

todo hemos echado tierra,

más de dos hanegadas,

debe de estar a punto de asomar.

¡Es nuestra tierra, Borda,

nuestra tierra, que ya mira a Dios!

Vámonos.

¿Adónde vamos?

A El Palmar.

Quiero decirle a Cañamel...

lo de nuestra tierra.

Eso podemos hacerlo al volver.

No, ven conmigo.

Cuidado.

Es que también voy a que me diga dónde está Manzanillo.

Recuerda que Tonet nos dijo en su última carta que...

le habían trasladado allí.

(CAÑAMEL) "Ante lo inesperado de la rebelión,

el mando de las fuerzas españolas

no ha podido, hasta el momento, controlar la situación".

La guerra.

¡Esos malditos mambises!

Cañamel, ¿de cuándo es este periódico?

De hace tres días.

¿Dónde está Baire? ¿Baire?

En Oriente. Es un pueblo de nada. Yo he estado allí muchas veces.

¿Y Manzanillo?

Manzanillo, también en Oriente. Es un buen pueblo.

En la desembocadura del Cauto.

¿Está lejos de Baire?

No, es la misma provincia.

Allí está mi hijo.

Lo siento. Sí.

¿Querías algo?

No.

¿Ya para qué?

Anda, vamos.

Pobre.

Era demasiado que nos fueran bien las cosas,

que la tierra agarrara por fin y que mirara al cielo...

y que, además, tuviésemos noticias de Tonet.

Tenía que venir la guerra.

Vamos a casa. Hay que decírselo al abuelo.

(Pasos acercándose)

¿Nos hablamos, padre?

Bueno.

Ha estallado la guerra en Cuba.

Ha empezado en Oriente y Tonet está en Oriente.

¿Y para eso nos hemos hablado, recordones?

¿Volvemos a las tierras, padre?

No, ahora no, Borda.

Hay que estar aquí y ver los periódicos

y saber cómo va la guerra.

Ahora me importa mi hijo.

La tierra no puede morir.

"...aunque se ignora todavía

el lugar donde pretenden realizar el desembarco".

En Oriente, ni dudarlo.

¿Por qué tiene que ser en Oriente?

Porque es el volcán revolucionario de la isla.

En Oriente, se dio el Grito de Yara,

que fue el que encendió la primera guerra.

Y el de La Demajagua después.

Y, ahora, el Baire.

Oriente es un infierno.

Bueno, pero Oriente es muy grande, ¿verdad, Cañamel?

Sí, señor, lo es, sí.

Y algo habrá hecho Cánovas para aplastar la insurrección.

Y, al margen de lo que haga Cánovas,

no olvidemos que nuestros soldados salieron para ultramar...

bajo la protección y el amparo de la Purísima Concepción.

Ajá. (FARFULLA)

Aquí se habla de las medidas que se han tomado.

"Ante los graves acontecimientos...".

"Me paso el día galopando a caballo con mi gran jipijapa,

mi traje de rayadillo y mis medias botas de charol,

mi machete al cinto, la carabina Mauser a la espalda

y una canana repleta de cartuchos".

"Estoy como en la gloria y solo se me ocurre decirle

que me dan ganas de gritar '¡Viva la guerra!'".

A ese bandido le protege el diablo.

¿Por qué el diablo, padre?

El diablo o el mismísimo Santiago,

por decir alguien que montaba a caballo.

Sigue, Borda.

"Y le dejo, padre. Muchos abrazos a todos...

y, si ve por ahí a Neleta, dele recuerdos".

"Su hijo, que le quiere y no le olvida, Tonet".

Pues ya lo sabe, tío Tono,

no lo olvide.

Si me ve por ahí, me da recuerdos.

¿Ya está tranquilo?

Sí. ¿Y contento?

Mucho.

Y siguen sin importarle las tierras, ¿verdad, padre?

No.

Mañana.

Aunque te parezca mentira, tengo miedo de llegar.

A lo mejor, el agua se ha tragado la tierra.

No. Yo he venido todos los días sin decirle a usted nada

y sigue igual.

Entonces, ¿crees que ya es tierra firme?

Sí, es firme.

He corrido por ella como hicimos nosotros aquel día...

y la sentí dura bajo mis pies.

(Campanada)

Yo creo que...

Tocan a muerto.

(Campanada)

Es en el pueblo.

¿Quién puede ser? No sé, Borda.

(Campanada)

Ahora soy yo quien cree que las tierras...

pueden esperar hasta mañana.

(Campanada)

Volvemos al pueblo.

(Voces indistintas)

Lo siento, Cañamel. -Gracias.

-Resignación.

-Como corresponde a un cristiano.

Tomen algo.

La Samaruca está con la muerta,

pero Neleta se ha ofrecido a echarme un mano.

Neleta, atiende a estos amigos.

Vamos, pasen.

-Siéntate, Paco.

-Tiene razón el alcalde. Siéntese. -¡Ay, qué pena tan grande, ay!

¡Vaya! Es la Samaruca,

que lo de llorar por fuera tiene usía.

-¡Ay, Dios!

(GIME)

Vamos. Pero Neleta, hija.

Tómeselo, señor Paco, que le hace falta.

Bueno.

Yo misma se lo daré.

Así,

como a los niños.

Ya está.

Otra santa, como la difunta,

aunque más guapa, justo es confesarlo.

Lo siento mucho, Cañamel.

Gracias, Tono. Siéntate a mi lado.

Lo que son las cosas...

Iba yo para el "tancat" cuando oí la campana y...

vine sin suponer que fuera por tu mujer.

¿Cuándo es el entierro? Mañana.

Y quiero que sea tu padre el que la lleve en su barca.

Él fue el que nos trajo a la difunta y a mí

cuando vinimos a El Palmar.

Y él nos lleva.

A la vuelta, vendrá Neleta con nosotros,

no sea que, con esta mala salud que tengo

y a costa del disgusto,

me dé un patatús.

¿Neleta? Sí, Tono.

¡Oh! Esa bendición de Dios.

Aquí se presentó cuando supo la desgracia y ahí está, sirviendo,

como si siempre lo hubiera hecho. Sí.

Y, dentro de un rato, se va a Catarroja

en la barca correo

a preparar las cosas con los de las pompas fúnebres.

Ella vale para todo.

Ya lo veo.

Está bien, le diré a mi padre lo del viaje.

Y vuelvo a decírtelo,

lo siento, Cañamel.

Lo sé, Tono.

Anda, pídele a Neleta lo que quieras.

Gracias.

(Voces indistintas)

Aquí me tiene, y fija en el establecimiento.

No creo que una taberna llena de borrachos,

que te pedirán algo más que vino, sea el mejor sitio para ti,

si sigues pensando en casarte con mi hijo.

Tampoco yo creo que un país como Cuba,

lleno de guajiras dispuestas a dar a su hijo

siempre algo más que café,

sea el mejor sitio para Tonet,

si es que sigue pensando en ser mi marido.

Cañamel me dijo que podía pedirte lo que quisiera,

pero no creo que lo tengas.

Aquí hay de todo. Pídame lo que quiera.

Vergüenza.

Tía.

Ya voy.

¿Has recogido todo? -Todo.

El colchón, las sábanas, las almohadas, todo.

Hasta las tablas del suelo, porque las he fregado tanto

que le he sacado hebras a la madera.

Puedes irte.

Tía.

Tía.

Mira eso.

-¡La madre de Cristo!

-¡Ni él tiene vergüenza ni ella la ha conocido nunca!

Ni a Dios le quedan pies para echarles a patadas al canal,

cuando todavía están calientes las sábanas de la pobre.

Mujer, si ya las hemos cambiado.

Eso se dice siempre, se hayan cambiado o no.

¡Ay!

Y eso es un pellizco, que yo me conozco el paño.

Vete ya y, si Cañamel te habla, tú ni una palabra.

¡Paco!

¡Paco!

Perdona, cuñada.

¿Es que no has visto nunca a una mujer...

en ropas íntimas?

Sí.

Pero te gustaban más que yo, por lo que se ve.

¿A qué viene esto, Samaruca?

A que todo ha cambiado de golpe.

Hasta hoy,

fui la hermana de la dueña,

que era como decir la dueña.

Pero, desde hoy, ya sé lo que puedo ser,

la que sirve en la taberna.

Y eso no, Paco.

Y por eso estoy así,

para que decidas si me visto...

o si me desnudo.

Si me visto,

recojo todas las cosas de mi hermana...

y aquí te las arreglas tú como puedas.

Y, si me desnudo,

todo sigue igual,

aunque mejor, supongo.

Y cuando pasen los lutos...

Lárgate.

¡Para quedarte a solas con esa zorra!, ¿verdad?

¡Para quedarme sin una zorra!

¡Toma!

¡Ahí lo tienes!

¡No quiero verte más!

¡Y mañana te llevas de la casa todo lo que huela a tu hermana!

¡Pero ahora te vas,

maldita sea tu sombra!

Mira lo que haces, Paco.

Sí, lo que debí hacer el mismo día que entraste aquí.

¡Te acordarás de mí!

¡Cuando tenga una pesadilla!

¡Recurriré a la curia!

¡Como si recurres al papa!

¡Apelaré hasta al rey por lo que me toca de herencia!

¡Apela a Satanás, que es tu padre!

¡Me voy por la fuerza, pero volveré con la ley!

¡Vete como quieras,

pero ponte algo para que no te vean en cueros!

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Cañas y barro - Capítulo 3

08 abr 2020

Han pasado doce años. Toni se llama ahora Tono, Rosa, su mujer, ha muerto y su hijo Tonet es ya un mozo. Tono muestra a Tonet la parte de la laguna que es suya y le cuenta ilusionado que, con el esfuerzo de los dos, podrán cubrirla de tierra y convertirla en finca pero Tonet odia el trabajo y prefiere tontear con Neleta o emborracharse con sus amigos. El joven se ve arrastrado en una espiral de alcohol y violencia que deriva en su alistamiento voluntario para ir a Cuba.

Histórico de emisiones:
12/03/2009

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