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Cañas y barro - Capítulo 2 - ver ahora
Transcripción completa

No está mal.

Vamos a casa.

Lo siento, padre, pero seguimos.

El dinero que yo guardaba se me acabó ya y,

desde hace unos meses, somos tres en la casa.

Tienes razón.

A lo mejor, en breve, seremos cuatro.

Vamos al "patpudrid".

(Hachazo)

(Hachazos)

Hola, Tono.

No quiero que vuelvas a hacer eso.

La leña no se corta sola.

Que la corte otro, pero tú no.

Otro cuesta dinero.

Rosa, la cena.

¿Qué te pasa?

Nada.

Ponme un poco más.

No hay más.

Acuéstate.

Vamos a tener un hijo.

¿Un hijo?

¿Un hijo, Rosa?

¿Seguro?

Un hijo nuestro, Rosa.

Un hijo.

¿Te alegra, Tono?

¿De veras? ¿Y me lo preguntas?

Sí,

porque vas a tener que pescar mucho.

Es otra boca,

el parto...

y la ropita de lo que venga.

Sí,

es todo eso, sí, pero...

que venga, Rosa.

¿Adónde vas?

A eso.

Quiero arreglar lo de la otra boca,

lo del parto y...

y la ropita de lo que venga.

Hasta luego.

¿Estáis en la siega? Sí.

¿En qué campo?

Cerca de donde tú pescas, en el recodo de Cullera.

Debe de ser muy duro.

Muy duro, pero se gana dinero.

Y harán falta hombres fuertes. Hacen falta. Si tú quieres...

Aunque eres un Paloma.

Sí, soy un Paloma,

pero quiero.

Hasta mañana. Adiós.

¿Pasa algo, Tono?

No, no pasa nada, gracias.

Pues adiós. Adiós.

Arrastro. -El seis.

Quieto.

Es mi padre.

Vamos.

¿No me has oído?

Debería romperte la cabeza.

¡Labrador!

¡A casa, rompeterrones! ¡Toma!

¡Percha!

Has manchado la historia de los Paloma...

viniendo a trabajar en este cochino arroz que nos arruina.

Te has alquilado a un amo, como se alquilan las mulas.

A un amo que te paga con perras...

la honra y el sudor.

A un amo, Tono,

porque ya no eres libre.

Ya no eres un Paloma, ni siquiera, un pescador con barca.

Ahora eres un esclavo,

un miserable pisador de sapos,

con la espalda quemada por el sol...

y las piernas llenas de sanguijuelas.

Y eres más que eso.

Eres un maldito hereje.

Has olvidado que Dios nos puso junto a estas aguas...

porque están llenas de peces.

Y, con el agua, nos daba la comida,

no con el barro y el arroz,

rompeterrones.

Y eso lo has hecho tú, Tono.

Parece mentira.

Un hijo mío, un Paloma,

un hombre que, cuando yo muera,

será el primer pescador de la laguna,

lo mismo que lo fui yo cuando murió mi padre.

Hola.

¿Y qué ganó su padre con serlo?

Honra. 80 años pescando

y, al morir, solo pudo dejarle esta barraca,

una barca vieja y hambre.

Y, cuando usted se muera,

me dejará esta barraca ya podrida y dos barcas remendadas.

¡Y honra! ¡Y hambre!

No, padre.

A usted se le murió la mujer,

pero yo tengo a Rosa...

y voy a tener un hijo.

¿Que vais a tener un hijo?

Sí.

Y no quiero que se muera como los que se le murieron a Ud.

de fiebres o tragados por la laguna...

porque mi madre solo tenía dos manos para cuidarlos.

Dos manos y hambre.

No, padre.

Vuelvo allí...

y seré pescador cuando no haya faena en el arroz...

y labrador cuando la haya.

No tendré...

No tendré honra, pero tendré pan.

Tono.

Mire, madre.

Azul, hija.

¿Y si es niña?

Pues que lo sea. ¿No se acuerda de esto?

# Tengo una muñeca vestida de azul. #

Una muñeca, madre,

y el vestidito era azul.

Ahora está sembrando.

Es un asco.

Apesta a tierra y a porquería porque también abonan.

Y la nuera, que todo lo guisa con arroz.

Las anguilas con arroz, la carne con arroz...

La carne es cara, tío Paloma.

Yo nunca pude comprarla,

pero ahora Tono, con esto de la tierra...

Es que la plata sale de ella.

En los arrozales, está la fortuna de Valencia.

Hasta que no dejen ni una gota de agua...

y la última anguila se escape al mar pegando coletazos en el barro.

¡Y yo con ella, maldita sea mi sangre!

Espere, padre.

¿Ya se acabó el arroz? Sí.

Y vuelves a lo tuyo, que es el agua.

Las dos cosas. Habíamos quedado en eso.

Ayer, en el sorteo, esperaba el milagro como toda mi vida,

pero nada.

La Sequiota le tocó al tío Fidel.

La Sequiota, Tono.

¿Te das cuenta?

En un año, ricos.

1 000 000 de reales, por lo menos.

Pero, nada, le tocó al tío Fidel.

La necesitaba.

¡Y nosotros, recordones, y nos tocaron los peores puestos!

No tenemos suerte. Yo sí.

¿Tú,

sembrador en verano, pescador en invierno y con la mujer enferma?

Enferma no, a punto de parirme un hijo.

Ya ve si tengo suerte.

Hay que calmar esos nervios.

Sí.

11 hijos he tenido, 11,

y ya no me queda más que uno, Tono.

¿Otra copa?

Bueno.

No vi nacer a ninguno.

Cuando volvía de la pesca, ya estaban guerreando.

Y ahora, esperando a que Sangonera me avise,

porque no puedo estar allí ni aquí ni pescando

¡porque estoy nervioso, recordones!

¡Tío Paloma!

¡Ya nació!

¡Tío Paloma! ¿Ha nacido ya?

¡Sí!

¿Macho o hembra? Un macho.

¡Otro Paloma!

(Llanto de bebé)

¿Dónde está?

(Llanto de bebé)

Aquí.

Gracias, hija,

y a ti.

¿Puedo...?

¿Puedo sacarlo...

ahí fuera?

Tenga cuidado.

He cargado 11, Rosa.

Sí, eres un Paloma.

Este es el canal, hijo.

Desemboca en un lago muy grande...

que se llama Albufera.

Allí el agua es muy clara...

y está llena de tencas, de lubinas, de anguilas.

Y, cuando seas mayor, irás a pescarlas,

porque eres un Paloma...

y los Paloma somos pescadores.

Y tú serás el mejor pescador de la laguna.

Ya le he enseñado el agua del canal,

que es lo primero que tiene que ver un pescador.

Un pescador, no un parteterrones.

¿Cómo vais a llamarle?

Como su padre,

pero le llamaremos Tonet.

Me gusta el nombre.

Tonet.

"A los cinco años, se sabrá de memoria la laguna...

y todos sus carrizales,

y dónde están los 'redolins' y los 'mornells'".

Y yo digo que son ya diez años los que tienes...

y ni perchas...

ni trabajas la tierra...

ni tan siquiera estudias,

mientras tu padre dobla el lomo en los arrozales sudando tu pan.

No quiero estar todo el día en el barro como los sapos.

Los Paloma no somos labradores.

Tampoco vas a pescar con el abuelo.

Porque, al entrar en la barca, se me tumba panza arriba

y yo, dale que dale a la percha. Pues que perche él si quiere.

Además, no seré pescador.

No me gusta y me dan asco las anguilas.

Y la escuela también, ¿verdad? ¿No piensas ir?

Usted no me deja con tanta reprimenda.

¡Vamos, al colegio, a estudiar!

¡Ay!

¡Oh!

¡Tonet!

No las maltrates, que son para vender.

Mejor estarían en la cazuela.

Eso es manjar de ricos.

Anoche, soñé contigo.

¿Qué soñaste?

Ya sabes, cosas.

¿Qué cosas?

¿Qué cosas pueden ser? Pareces bobo.

¡No sigas, que me enfado!

Me das tantos azotes que esta mañana me lo vio mi madre

y dijo que lo tengo morado. A ver.

¡No!

¡Espera! ¡Neleta, espera!

Enséñamelo.

No puede ser, Tonet.

Te lo enseñaría si estuviéramos casados.

Pues nos casamos. ¿Cuándo?

Cuando sea.

¡Buf! Para entonces, ya no estará morado.

Repite eso. ¿Qué?

Lo de ¡buf!

Huele rico tu aliento.

¿Te gusta? Sí.

(NIÑOS) 2 por 1 es 2.

2 por 2, 4.

Ya están en Aritmética. Ya llegamos tarde.

-Tonet. -2 por 4, 8.

-¿Entráis en la escuela? No.

-2 por 5, 10. -¿Jugamos al burro?

Sí. -2 por 6, 12.

2 por 7, 14. Venga, vamos.

-Venga. Quita, yo voy.

Déjame.

A la una, canta el cuclillo.

Mete la cabeza y saca el fondillo.

A las dos, la de cada.

El rey mata al pájaro de una patada.

A las tres, será Andrés.

Y pone la luna al revés.

¡Rosa!

¡Rosa!

Estoy aquí, Tono.

¿Qué pasa?

No es nada. No te preocupes.

Este dichoso dolor de siempre.

¿Y Tonet?

Jugando por ahí con Neleta y los chicos.

¿Y por qué no ha ido a pescar con el abuelo?

Porque le trata mal y le hace perchar solo.

Es su costumbre.

El uno por el juego...

y el otro por la pesca,

tú siempre sola.

Por eso te pedí lo de la niña,

para que me acompañe...

y para que me ayude.

Hace un rato, cuando repasaba las redes,

volvieron los chiquillos del colegio.

Y los chicos se fueron con los chicos,

pero las niñas no,

las niñas se quedaron con las madres.

Bueno,

me dieron unas ganas de llorar...

Yo sé que ya no puedo tener más hijos,

pero en Valencia hay muchas niñas en la inclusa.

Lo hemos hablado cientos de veces, Tono.

Debíamos traer una...

y, en poco tiempo, sería como nuestra.

Y me ayudaría y jugaría con ella.

(RÍE)

¿Por qué te ríes?

Porque ya la tienes.

¡Tono!

(RÍE)

¡Tono!

Sí, Rosa, la tienes. ¿Sí?

¿Fuiste a la inclusa?

Bueno, verás, hay unos campos abandonados

cerca de El Saler que son de una señora de Valencia.

Y, como se me ocurrió arrendarlos, esta mañana, fui a verla.

Y, hablando hablando,

salió a relucir lo de la niña.

Le gustó la idea.

Me acompañó a la inclusa y, como ella tiene títulos,

me la dieron las monjas.

¡Tono!

Sí, Rosa, esta mañana, han ocurrido dos cosas importantes.

Una, la niña,

y la otra... ¿Cómo es la niña?

¿Alta, baja?

Pues... una cosa así.

Y la otra cosa es que... ¿Es guapa?

Yo diría que no. ¿Morena?

No, pelirroja.

¡Pelirroja!

¡La niña es pelirroja!

Sí, es pelirroja.

Y la otra cosa es que... ¿Cómo se llama?

Vicenteta, se llama Vicenteta.

Y la otra cosa es...

que he arrendado los campos de la señora...

y ya no soy un pobre labriego.

Ahora soy un labrador, pero con tierra propia.

¡Con tierra propia, Tono!

Bueno, todavía no, a medias con la señora,

pero, en cuanto termine de pagárselas, serán mías.

Anda, ponme la cena.

Enseguida.

(SUSPIRA)

Cuando quieras, Tono.

Voy.

¿Qué es eso que has traído?

Un arado.

Llevo toda la mañana sin meter nada en la barriga, ni agua.

Padre, ¿qué es ese chisme?

Es un arado. Anda, siéntate.

Y tú y yo ya hablaremos al terminar, ¿eh?

Sí, padre.

Hola. ¿Qué?

Tu madre está en Valencia, ¿no? Como todos los días,

a vender las anguilas.

Siéntate.

¿Qué es ese cacharro?

¿Eh? Un arado.

¿Quién ha traído ese trasto?

Es un arado.

Ya sé que es un arado.

Y sé más cosas que te callas.

Sé que esta mañana arrendaste a una tía zorra de Valencia

unos campos de arroz abandonados, y eso no, Tono.

Ahora perchas a Valencia,

rompes el contrato con esa lechuguina...

y le dices que los Paloma...

no serviremos a nadie mientras haya algo que comer en el lago,

aunque sean ranas.

No romperé nada.

Lo romperás.

En esta casa, no cabe un labrador.

Con tierra propia, padre. Peor.

Con tierra propia es decir para siempre...

y no quiero en mi casa la vergüenza de un labrador.

Yo sí.

No me voy a vivir a la barca porque estoy viejo,

seguiré aquí,

pero no te tomes la faena de hablarme

porque no pienso ni contestarte.

¿Qué quieres, Sangonereta? Nada.

¿Y tu padre? Borracho, como siempre.

¡Valiente sinvergüenza!

No, señor. Padre dice que Dios inventó el vino

para los que no tienen qué comer, porque, mientras están borrachos,

no saben que son pobres.

Bueno. Ven, Sangonereta, a comer.

Yo me voy a la taberna,

que habrá menos clientes que en mi casa.

No te preocupes.

¿Cuándo iremos a recoger a la niña?

El domingo.

(Banda sonora original)

¿Esto es el mar?

No.

Es la Albufera,

un lago.

-¿Y qué es el mar?

Un lago, pero mucho más grande.

¿Conociste a tu madre? -No, señora.

¿Y a tu padre? -Tampoco.

No importa.

Desde hoy, ya tienes padre y madre.

¿Ustedes?

Sí.

¿Puedo...? ¿Puedo besarla?

Sí.

¿Y al padre?

-Claro, acércate.

Es inclusera.

Las incluseras son hijas de mujeres malas.

¿Quién te lo ha dicho? Mi madre.

Y, como esa hermanita tuya que te traen sea guapa,

no le dejo ni un pelo.

¡Ay, no! ¡Te he dicho que me duele!

Es fea.

Ayúdame, Tonet.

Vamos.

Este es tu nuevo hermano.

Mira, ese es Sangonera...

y esa niña, Neleta, que será tu amiguita.

¿Ves a aquel señor? Tu abuelo.

¿Puedo besarlos? -Puedes.

Déjala que te bese.

Y vosotros también.

Y usted si quiere, padre. No hace falta.

Tu casa,

tu nueva casa.

¿Cómo se llama eso?

¿La niña? Vicenteta.

Borda,

se llamará Borda porque no nació bien.

Y los que nacen como ella... son bordes.

Entra, Vicenteta.

No, no, vosotros no.

Vosotros vais a ir a la dehesa para traerme leña.

Sangonera lo conoce bien.

Vamos. Yo os llevo.

¡Venga!

¡No corráis tanto!

¡Venga, date prisa, Neleta!

¿Soy fea, madre?

No.

¡Sangonera!

¡Tonet!

¡Venga!

¡Jo!

Neleta, no te separes nunca. Tenemos que ir juntos los tres.

Sangonera es el que conoce la dehesa.

Las mujeres son una lata.

Vamos.

¡Jo! ¡Uy!

Mirad, eso es el mar.

Si tuviéramos un barco, podríamos irnos hasta el fin del mundo.

(RÍE) Más allá de Valencia.

Mejor, en dos barcos,

tú en uno delante y nosotros detrás.

Hay que coger la leña y se va a hacer de noche.

Y, de noche, en la dehesa, todos se pierden.

Pues venid detrás de mí sin separaros, ¿eh?

Seguidme.

¡Sangonereta!

No tengas miedo. No.

¡El muy puerco!

Cuando le vea mañana, le parto los morros.

Seguiremos los dos.

Aquí se ve más.

(Ululato)

¿Y ahora?

Ya veremos.

¿No sabes el camino? No.

(Grito de animal)

(Grito de animal)

Estoy cansada. Hemos andado mucho.

Sí. Ven, Tonet.

Siéntate aquí.

Tengo frío.

Abrázate a mí.

Así estoy bien.

No seguiremos, ¿verdad? No.

Dormiremos aquí como si ya estuviésemos casados.

Sí.

Tengo sueño. Yo no.

Duérmete. Sí.

Madre.

Nos quedamos en la dehesa, no nos dimos cuenta y se hizo de noche.

Sangonereta se escapó y nos perdimos en el bosque

y, después, Neleta se durmió y yo también.

¡Toma, para que despiertes! ¡Ay!

¡Sinvergüenza! ¡Ay!

¡Tu padre toda la noche buscándote!

¡Vamos, adentro! ¡Métete en casa!

Tu madre me dijo que te dijera que prepares tus trapos.

Te vas con ella a Valencia para que no vuelvas a perderte.

¡Toma!

¡Ahí no, que me duele!

¡En las vergüenzas, te las dará tu madre!

¡Vamos, a casa!

Mis campos.

Son muy grandes.

(RÍE) No, ya no.

Lo hubieran sido de no habernos casado,

de no tener un hijo,

de ser yo lo que era,

un hombre solo que quería escapar de los canales y del hambre,

y, sobre todo, que quería sentir bajo los pies la tierra...

y andarla palmo a palmo,

como la andan los hombres que van por el mundo.

Entonces, sí hubiera sido grande,

pero ya somos cuatro y para cuatro es poco mundo.

Para nosotros, es bastante. Quiero más para ti y para ellos.

Más que estas,

que, al terminar el trato, serán mías.

12 años me ha dado la señora para pagarlas y así lo haré.

Ni un minuto más tarde.

Pero no serán estas las que compre.

Ven, Rosa.

Serán estas.

Pero esto no es tierra, es agua.

Ahora, pero solamente a dos palmos está la tierra.

Una tierra que nunca pisó nadie y que es grande, muy grande.

Yo la cubriré, traeré la tierra en barca desde donde sea,

durante los días, los meses o los años que hagan falta.

No importa el tiempo.

Y la sembraré no solo de arroz.

Como tú eres la dueña, también plantaré rosas.

Ven.

(RÍE)

¿Te acuerdas?

Como aquel día en la dehesa.

Sí.

Rosa,

písala tú también,

que nadie lo hizo desde que el mundo es mundo.

Cuando pasen 12 años, vendremos juntos y te diré:

"Ya pasaron 12 años".

"Ya es nuestra, Rosa".

Y, aunque vengas tú solo,

aunque yo hubiera muerto,

me lo dirás.

No, Rosa.

Sí, Tono,

sí.

Me lo dirás igual.

Y no hace falta que grites ni que mires al cielo.

Mira una flor,

una espiga,

un pájaro que pase.

¿Lo harás?

En voz muy baja,

como si yo estuviera aquí,

tan cerca como ahora,

dirás...

Ya pasaron 12 años, Rosa.

Ya es nuestra.

¿Habla solo, padre?

No, Tonet.

Me lo pareció.

Pues no hablaba solo.

Hablaba con ese cañizal.

Cosas de viejo.

Más de 20 hanegadas, Tonet,

pagadas duro a duro hasta el último céntimo.

Estas tierras...

sí son grandes y mías por entero.

Pero ¿qué tierra, padre?

Porque esto... esto no son tierras, es agua.

Eso me dijeron aquí mismo hace 12 años.

Pero es tierra, Tonet,

la tierra que queremos los dos. ¿Yo?

Ella. ¿Quién es ella?

Tu madre.

Pero si madre murió.

Para ti sí.

Para mí no, hijo.

Hay que traer tierra y echársela al agua hasta cubrirla.

Así se formaron las fincas de arroz de la Albufera.

Las posesiones que han hecho ricos a sus dueños...

eran "tancats" iguales a este,

de agua, como tú dices,

pero a capachos los llenaron de tierra...

y ahora, en esos capachos, no les caben las monedas de oro.

Pero, padre,

es que hará falta mucha tierra para cubrir todo esto.

Harán falta cientos de barcas.

Miles, Tonet.

Además, tendrá que traer gente que le ayude.

Para pagar peones, no tengo un duro.

Esto es muy grande para un hombre solo, padre.

Tardará mucho en conseguirlo.

Más tardaría Dios en hacer este mundo...

y lo hizo él solo.

Solo tardó seis días.

¿Seis?

De esos, ya no quedan.

Borda,

hazme la trenza.

Bien pudo hacértela tu madre.

Está con los dolores de las piernas.

Cualquier día, no sale del ataque.

¿Qué harás entonces?

Menos ir a Valencia a vender anguilas como ella,

cualquier cosa.

Me casaré.

¿Con quién? Tú eres idiota.

¿Con quién va a ser?

¿No está? No.

Se fue con su padre.

¿A trabajar?

Con el tío Tono, ya me dirás.

Pues a Tonet lo de doblar el lomo no le va.

(GIME)

Es un golfo.

Se pasa las horas en la taberna jugando a la brisca y al truque.

¿Con qué dinero? Con el que gana.

¿Y nunca pierde?

Cuando pierde, no paga. Busca la bronca.

El que gana se lleva los golpes y él se queda el dinero.

Hasta que encuentre uno a su medida.

No lo hay, Borda.

Tonet es el más fuerte de la Albufera.

Sí.

Y el más guapo.

También.

Cuando nos casemos...

Si se casa contigo. Somos novios.

Pues yo le veo con todas las de El Palmar.

¿Y qué?

Ya está.

Van con él porque es muy hombre y, además, porque les gusta.

Yo no tengo celos.

Ninguna vale lo que yo.

Además, todos saben que tiene que casarse conmigo

porque dormimos juntos la noche de la dehesa.

Por eso no.

Yo llevo 12 años en esta casa.

Por eso, con mucha más razón, la gente podía decir...

que Tonet y yo dormimos juntos.

No seas estúpida.

¿Dormir Tonet... contigo?

"¿Soy fea, madre?".

-"No". (RÍE)

Eh, Tonet.

Mira qué llisas.

Más de ocho arrobas hemos pescado.

Ya.

A ese de la pesca le gusta solo el "all i pebre".

Hola. Hola.

¿Qué haces?

¡Psch! Matar el tiempo.

Pero este pueblo es una porquería. No se puede hacer nada.

Toma agua.

¡Qué asco! Si fuera vino...

Claro.

Pero como está fresca...

Pues llévala a casa para que no se caliente.

¿No quieres ayudarme?

Ese trabajo es cosa de mujeres, Borda.

No deberías ni decírmelo.

¿De qué vas vestido, Sangonereta?

Un respeto al cargo.

El cura me ha nombrado sacristán. Ah.

¿Te paga bien?

La Iglesia es pobre, Tonet.

Al menos, eso dice el cura.

Pero no me paga mal, una peseta a la semana.

Además, la iglesia tiene techo...

y no llueve dentro, como en mi barraca,

y el cura siempre se deja sobras cuando come.

"Si por la ley del amor no es lícito delinquir,

no se permite escupir en la casa del Señor".

Ya lo dice el cura.

La Iglesia es sabia.

Oye, ¿por qué no te metes a cura?

Por la carne.

La carne es pecado y la mujer es la carne.

Por eso los curas no pueden casarse.

Y a mí eso no...

Aunque te advierto que la Iglesia es sabia, pero se equivoca.

Yo he pellizcado a muchas chicas...

y luego me he pellizcado yo para ver lo de la carne,

y es igual la de ellas que la nuestra.

Bueno, la de ellas es de un poco mejor calidad,

pero igual, carne.

Aquí está.

Supongo que querrás un vaso. Claro.

Claro no, es "lacrima Christi".

¿Sabes lo que pienso?

Que los judíos le martirizaron para hacerle llorar.

¡Anda!

¡Vaya escopeta!

Flor fina.

Si el cura no estuviera en Valencia, estaría cazando.

¿Cuándo vuelve? En la barca de la noche.

Pues nos da tiempo a cazar patos y comérnoslos en la taberna.

¡Bah!

Nos da tiempo, nos da la escopeta...

y nos da los cartuchos. ¿Qué más queremos?

Claro, que también es pecado.

El cura dice que los animales son hermanos nuestros,

incluso las avecillas del campo.

Claro, que el cura, cada vez que va a la dehesa, mata...

30 o 40 avecillas.

¿No será que las que mata el cura...

son de otra familia?

Que no es pecado.

¡Bah!

(IMITA A UN PATO)

¡Ahí va un "collvert"!

(Disparo)

Recógelo, Sangonera.

¡Un "ascla"!

(Disparo)

¿Cuándo la compraste?

Ayer. 20 hanegadas, Cañamel.

Eso es un mundo, Tono.

Fincas así no hay dos en la Albufera.

No, por eso quiero hablarte.

¡Samaruca! -¡Voy!

¿Tiene mucha agua arriba ese "tancat"?

Poca, dos palmos más o menos.

¿Cómo está Encarna?

Mal, muy mal.

Éramos tres hermanas...

y te has quedado con la peor.

La peor de salud.

Échale un ojo a esto. Tengo que hablar con Tono.

Te habrá costado mucho.

Mi trabajo de 12 años, pero menos de lo que vale.

La dueña me había regalado ya una hanegada de ese "tancat".

Total, que...

le he pagado 19 y a buen precio.

¿Y el vino que pedí?

Por el vino, son tres perras...

y por el condimento de los pájaros y el fuego, cuatro más.

Toma.

Y a ver si te acuerdas del padrenuestro,

de eso de "perdónanos nuestras deudas".

Tú mete la boca en el plato, sacristán.

Oye,

¿tenías las siete perras? Ni una.

Entonces, ¿por qué quemas esa falla de buscártelas?

Por las apariencias. Hay que cuidar el tipo.

Este muslo es de "ascla".

Y este mío, de "collvert".

Pero mejores muslos tiene la Samaruca.

Sí, pero eso es pecado.

Oye, ¿quién te dio esas perras?

Los santos. Son muy buena gente.

Mira, el otro día, para probar,

eché seis perras en el cepillo de san Lázaro.

Luego fui,

saqué las seis perras y cuatro más que había.

Entonces, me fui al cepillo de santa Lucía,

le eché tres perras y como si tal.

Ni san Lázaro se cabreó ni santa Lucía me dio las gracias.

Y es que los santos son buena gente.

¿Esos pájaros son de la taberna?

No, los cacé en la dehesa. ¿Quiere sentarse?

A los hijos los invitan los padres.

¿Tienes licencia para cazar? No.

Has cazado en furtivo.

¿De quién es la escopeta? Del reverendo.

¿Te la prestó?

No tuvo ocasión. Está en Valencia.

Y tú te vas de caza sin licencia y con una escopeta robada.

¿Y no piensas que puede aparecer un guardia y pararte

y tú escapar y él pegarte un tiro porque está en su deber?

O se lo doy yo a él porque está en mis agallas.

¡Imbécil!

No me humille delante de la gente, padre.

Cinco minutos para devolver esa escopeta.

Y tú otros cinco para estar en casa,

si no te humilla.

Un botarate.

No puede ser que haga lo que quiera.

Mírale.

¡Se acabaron las risitas!

¡Y el que no esté conforme que lo diga,

si tiene coraje!

-¡Tonet!

¡Ya está bien!

Hasta mañana, mozo.

¿Es que me echa?

Yo no, tu padre.

Hasta mañana.

¡Bah!

Aquí estoy. ¿Va usted a matarme, padre?

Acércate.

El padre de tu abuelo fue el primer Paloma,

el que fundó este pueblo...

y el que enseñó a pescar a los hambrientos que llegaron luego.

Le nombraron primer barquero

y nunca fue violento, haragán o borracho como tú.

Y tuvo un hijo, tu abuelo,

el segundo Paloma,

que ahora es el primer barquero del lago...

y que lleva ese título con la misma honra que lo llevó su padre.

Y nunca fue violento, haragán o borracho como tú.

Y ese hombre tuvo un hijo,

el tercer Paloma,

que, cuando muera su padre,

será también el primer barquero del lago.

¡Pero yo nunca fui violento, haragán o borracho como tú!

Esta es la historia de los tres Paloma.

Todavía no he terminado.

Habría sido la historia de los cuatro Paloma

porque yo tuve un hijo también,

pero ese hijo no merece ser Paloma porque ese hijo...

nació violento,

haragán...

¡y borracho!

Que descanses, hijo.

Dejadme.

Tono,

tú y yo no nos hablamos, pero...

¡Recordones!

No se levante.

(MUJER) Hola, Tono.

Así,

como yo lo esperaba para Rosa y para mí.

(ROSA) "Es mi pájaro".

"También sé hacer flores de papel".

Bueno, supongo que habrás venido a algo.

Sí.

Dentro de unos días, empiezo a echar tierra al "tancat"...

y ahora, para llevar la tierra, necesito una barca con pastera.

Usted ya no trabaja.

Pues a eso he venido,

a que, si puede, me la venda. No.

¿La ha vendido ya? Yo no puedo vender algo tuyo, hijo.

Gracias, padre.

Bueno,

pues... les dejo.

(ROSA) "Quiero que me hagas un regalo".

¿Saben...?

¿Saben ya cómo se va a llamar la finca?

Sí.

"Quieres que se llame Rosa".

(ROSA) "Sí, Tono".

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Cañas y barro - Capítulo 2

08 abr 2020

Rosa y Toni se casan en la iglesia de El Palmar. El joven se esfuerza inútilmente en su trabajo de la pesca y al fin decide convertirse en labrador, circunstancia que desata una fuerte discusión con su padre. Cañamel, el más rico del pueblo, intenta convencer al tío Paloma de que el arroz es mucho mejor negocio que la pesca. Por otra parte, tras el nacimiento de su hijo, la salud de Rosa se debilita.

Histórico de emisiones:
12/03/2009

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