Presentado por: Alexandra Alévêque Dirigido por: Christophe Castagne | Jérôme Mignard | Stéphane Jacques | Mikaël Lefrançois | Alexandra Alévêque

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan.

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Durante varias semanas vive, come, se mueve, a -52 °C en la ciudad más fría del mundo, empapada hasta los huesos en la más húmeda o sin aliento a cada paso, en la ciudad más alta de nuestro planeta. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan, tanto conductuales como organizativas. ¿Cómo son estas inusuales ciudades? ¿Cómo viven sus habitantes? ¿Qué tenemos que aprender de ellos?

Y es que mañana todos seremos urbanos ... El hombre, inexorablemente, quiere vivir en la ciudad. Dos tercios de la población mundial estarán hacinados en 2030, y esta cifra seguirá aumentando. El resultado está ahí: Ciudades que crecen, en cualquier lugar, de todos modos. Y hombres para vivir en ellos, adaptarse a ellos y encontrar la manera de convertirlos en su 'hogar, dulce hogar'.

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Para todos los públicos Bienvenidos a mi extraña ciudad - Las Vegas - Ver ahora
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Siempre he odiado los tiovivos,

y hoy nada más ver uno me han entrado náuseas:

la música,

el ruido,

lo "kitsch",

las luces.

¡Y todo para dar vueltas en círculos!

Sinceramente no le termino de ver la gracia.

A saber qué se me habrá pasado por la cabeza

para viajar a la ciudad más estridente

y más superficial del mundo,

un parque de atracciones gigantesco a más de 8.000 kilómetros

de mi vida entre algodones: Las Vegas.

¿Por qué cada año viven en Las Vegas 60.000 personas más

que el año anterior?

¿Qué les puede atraer hasta aquí?

Y sobre todo,

¿cómo es posible llevar una vida normal

en la ciudad más loca del mundo?

BIENVENIDOS A MI EXTRAÑA CIUDAD.

El viaje en avión es un aperitivo de lo que me espera.

Mis compañeros de fila juegan al Black Jack

y una novia radiante se dispone a enterrar su vida de soltera

en la capital del vicio.

Desde el avión no veo más que un inmenso desierto.

Y de repente, de la nada, aparecen las afueras de Las Vegas.

En el mismo momento de recoger la maleta

uno empieza a meterse en el ambiente.

¿Habéis visto eso? Increíble.

Nada más aterrizar te encuentras con máquinas tragaperras.

¡Me da la bienvenida!

¡Esa soy yo! ¡Sí!

¡Sí! ¡Bien! Bienvenida.

Viviré en casa de Matt durante 15 días.

Me alegro de verte.

¡Hola! Qué alegría conocerte.

¡Igualmente! Bienvenida a Las Vegas. Es hora de irse de fiesta.

¿Qué, ya? Pues vamos.

Matt es 100% de Las Vegas.

En inglés, alguien de aquí es un "Las Vegan",

y algo me dice que no tiene nada que ver con el veganismo.

¿Y tú eres feliz viviendo en Las Vegas?

Cuando creces en un sitio siempre quieres irte a vivir a otro.

Yo lo he intentado.

En 2009 nos marchamos al campo, a Oregón.

Intentamos una nueva vida.

Al final no salió como esperábamos y regresamos a Las Vegas.

¿Y por qué has vuelto? Por el trabajo.

Soy cantante profesional y tengo una agencia de espectáculos,

así que me resulta más fácil trabajar aquí.

Trabajar en el mundo del espectáculo en Las Vegas

en principio no tiene nada de sorprendente.

Lo más sorprendente es que Matt sea capaz de llevar una vida

como buen padre de familia a pocos cientos de metros del centro

de esta bulliciosa ciudad.

¡Hola! Hola.

Y por fin conozco a la familia al completo.

Mónica. Hola.

¡Hola, Mónica! Soy Alex.

Maze, algo intimidado a sus tres años.

Sí, ¿qué tal?

Y su hermana, Maya,

sorprendida por el saludo con un beso.

¿Sabes? Los franceses nos damos un beso para saludarnos.

¡Qué chulo!

¡El salón es inmenso!

En comparación con mi piso en París, aquí todo es talla King size.

Esta es la habitación de mi hermano.

La habitación de tu hermano. Muy bien.

Maze, ¿Es tu habitación? ¿Sí? ¡Tu cama es muy grande!

Esta es mi habitación. Y tú vas a dormir aquí, en mi cama.

¿Yo? Sí.

¿Sí? ¿En esta habitación tan bonita?

¿En tu cama? Gracias, Maya.

Si ves que te falta espacio puedes quitar algún peluche.

No, así está perfecto. Muy amable por tu parte.

Mónica conoció a Matt aquí, en Las Vegas,

y ahora es la gerente de su agencia de espectáculos.

¿Por qué viniste aquí, a Las Vegas?

Viene aquí para ir a la universidad.

Me apetecía marcharme de Nueva York e ir a otro sitio.

Nunca me había imaginado viviendo en Las Vegas. Nunca.

¿Por qué?

Crecí en Nueva York y nunca había vivido en otro sitio,

pero ya llevo aquí veinte años.

Me encanta Las Vegas y que todo sea tan reluciente, y tan nuevo.

Matt y Mónica parecen llevar una vida perfectamente normal

en una ciudad de todo menos normal.

¿Cuál será su secreto?

Gracias.

Muchas gracias.

No hay carne. ¿Nunca coméis carne?

No. -No.

Comemos pescado de vez en cuando en algún restaurante,

pero en casa no cocinamos carne.

¡Qué suerte la mía! He ido a dar con una familia de vegetarianos.

Pero no tardaré en darme cuenta de que llevar una vida sana

en la ciudad del pecado es la regla de oro para Matt y Mónica.

He venido a Las Vegas para ver la ciudad más loca,

la más extravagante.

¿Creéis que he venido al lugar más adecuado?

Yo creo que sí. ¿Sí?

Sí, creo que sí.

Nosotros llevamos una vida normal y familiar,

pero si queremos también podemos optar por hacer algo chulo y muy loco

en cualquier momento.

Los habitantes de Las Vegas se refieren a la ciudad

como "El agujero negro",

porque por más que intenten alejarse terminan volviendo,

como si esto fuera un agujero negro que te succiona.

Pero si quieres llevar una vida normal en Las Vegas,

tienes que aprender cinco mandamientos.

Eso te lo diré en 15 días.

(RÍEN)

Cinco mandamientos. Sí, pero ¿cuáles son?

No tardaré en conocerlos en primera persona.

Es hora de que me vaya a dormir, y con nueve horas de jet lag,

noto cómo me llama mi agujero negro.

Empieza la aventura.

Aquí estoy, en Las Vegas.

Mi primera noche en la ciudad más loca del mundo.

Por ahora tengo una habitación de lo más recargada a mi edad.

Las Vegas también es sinónimo de peluches y de florecillas,

porque en Las Vegas también hay niñas, sí.

Niñas a las que les gustan los peluches y las flores.

Venga, Pikachu y compañía. ¡A dormir!

(Algo cae y se rompe)

¡Mierda!

¡Adiós, Matt! Adiós, cariño. Hasta luego.

-¿Has cogido mi comida?

-Sí, mira, aquí la tengo.

Venga, todos al cole. ¡Al colegio, sí!

De camino al colegio,

decenas de carteles anunciando clubes de estriptis de la ciudad.

¿No es incómodo ver todos esos carteles con mujeres desnudas

cuando vas en el coche con los niños?

Ya es que ni me fijo en ellos,

pero los niños sí que los ven,

y un día Maya me preguntó:

"¿Por qué esas mujeres están desnudas?"

Madre mía.

¿Y qué le respondiste?

Que algunas chicas

no fueron al colegio

y no tomaron las decisiones correctas,

y al final decidieron salir con hombres a cambio de dinero.

Y me respondió: "¿En serio?, ¿les dan dinero por acompañarlos?",

yo le dije:

"Sí, pero son viejos

y no muy agraciados".

No sé, intenté explicárselo de la mejor manera posible,

pero no es fácil, porque tampoco les puedes contar todo.

No, no les puedes contar todo.

¡Adiós! ¡Adiós, bonito!

¿Es difícil ser mujer en Las Vegas?

Sí, fue difícil cuando era más joven.

Trabajaba en un restaurante, el "New York, New York",

y solo ganaba cien dólares al día.

Si hubiera trabajado en un hotel, en un casino,

o incluso en un club de estriptis sirviendo cócteles

habría sacado 500 dólares al día,

pero habría tenido que ir vestida con un bañador muy escueto

y muy sexy.

Era muy tentador.

En Las Vegas tienes que tener mucho cuidado

y no puedes olvidarte de adónde quieres llegar en tu vida.

Matt me espera en un barrio muy chic de la ciudad.

Ha organizado el lanzamiento de una revista de decoración

en esta casa de lujo.

¡Hola, Matt! ¿Cómo estás? Bienvenida.

Gracias. ¡Qué barbaridad!

Aquí estamos en la primera planta. Ahí tienes una bodega preciosa.

¡Cómo no! Abajo están pinchando música.

Alucinante. Sí.

Y este es un marco para hacer unas fotos bonitas.

Muy "kitsch".

Aquí sale una foto muy sofisticada. Sí. Toca sesión de fotos.

Matt ha contratado a dos artistas para animar la velada,

un payaso algo chiflado

y una bailarina.

¿Puede respirar en la burbuja? Sí, sin problema.

Pero no puede estar dentro de la burbuja más de veinte minutos

porque el aire se vicia y empieza a hacer mucho calor.

A ti te pedirán de todo: n Papá Noel en julio,

un hombre con serpientes o con un elefante.

¿Y si te pido un hombre con un elefante?

Se podría, pero un elefante es muy caro, unos 10 mil o 20 mil dólares.

¿Qué es lo más extravagante que te ha pedido un cliente?

Una vez me pidieron enanas que hicieran estriptis.

Fue curioso, pero difícil de encontrar.

Lo dicho: en Las Vegas no hay nada imposible.

Aquí se dice que el límite lo marca el cielo.

Lo que nosotros tardamos meses en preparar,

en Las Vegas se soluciona en minutos.

Las Vegas es la ciudad por excelencia

de los matrimonios en cadena.

Estas capillas, que de religiosas no tienen nada,

sirven como atrezo para los turistas

que han venido a casarse a contrarreloj.

Y como el amor no puede esperar,

algunos incluso se casan sin bajarse del coche.

Llegamos en plena ceremonia

y admito que me parece surrealista.

(Habla en inglés)

(Canta en inglés)

Aquí Dios se llama Rock and Roll

y Elvis es quien casa a esta pareja inglesa.

Si los caminos del señor son inescrutables,

los caminos de lo kitsch lo son incluso más.

¡Eso es!

¡Enhorabuena! Hola, soy Alex.

Alex. Soy francesa.

Enchanté. Lo mismo digo.

¿En serio eres pastor?

Sí, claro que soy pastor.

Oficio bodas vestido de Elvis

y también las oficio como pastor tradicional.

Y también en español.

Y, sin embargo, cuando te miro, no veo a un pastor.

En las Vegas te pueden casar distintos personajes,

tanto Elvis

como alguien de Piratas del Caribe,

el Grinch o el Fantasma de la Ópera.

Cualquiera de esos personajes que te case

tiene haber sido ordenado pastor.

Yo, en el fondo, soy pastor.

No has hablado de Dios durante la boda.

No, porque mucha gente

viene buscando lo que llamamos una "ceremonia civil",

así que no tiene nada de religiosa,

es un matrimonio reconocido por el Estado, una ceremonia legal.

Mucha gente viene a Las Vegas porque no quiere oír hablar de Dios

o de la Iglesia durante la ceremonia.

Yo solo hablo de amor.

Alex, me gustaría proponerte algo.

¿Te quieres casar conmigo?

No, aún no. Acabamos de conocernos. Pero nunca se sabe.

El caso es que oficio ahora una boda con dos franceses

que no hablan nada de inglés

y los casa Elvis.

¿Me ayudas a casarlos?

Sí, ¡genial!

¡Voy a ayudar a Elvis!

Encantado de conocerte, Roland.

Bueno, pues me quedo contigo.

Tengo la impresión de que te lo vas a pasar muy bien.

Yo vuelvo al trabajo.

Nos vemos luego y me cuentas tu aventura. ¡Hasta luego!

¡Adiós, Matt!

¡Suerte! Madre mía, madre mía. ¡Qué miedito!

No. Lo pasaremos bien.

Está claro que tenía que haber desconfiado.

¿Que Elvis está muerto?

No está muerto, ¡está aquí!

Tengo el privilegio de acompañar a Laurent hasta el altar

para reunirse allí con Cathy.

Tras treinta años de matrimonio,

esta pareja francesa ha venido a confirmar su amor

con sus dos hijas como testigos.

(Música)

¡Bravo!

¿Cómo se os ocurrió la idea de casaros de nuevo aquí?

Siempre hemos dicho que los treinta años los celebraríamos en Las Vegas.

¿Y por qué tenía que ser con Elvis? Porque es mítico.

-¡Es un mito!

-Vegas es Elvis.

Adelante.

¡Vivan Laurent y Cathy! ¡Bravo!

¡Bravo!

¡Adiós, gracias! ¡Adiós!

¡Nos vemos en Francia! Yes, oui. Merci.

Qué cochazo. ¡Un beso!

¡Adiós!

¿Para ti qué significa ser pastor en la ciudad del pecado?

¿Qué significa?

Es lo mismo que ser pastor en cualquier otro sitio.

A veces te llega gente que ha bebido de más,

que se droga o que se obsesiona con el sexo,

y yo no estoy ahí para juzgarlos;

mi trabajo es recordar a la gente que es maravillosa.

¿Puedo hacer una cosa contigo? Vale, ponte las gafas.

Con un pastor como Roland

entiendo mejor por qué Las Vegas es la capital del pecado.

Aquí, incluso los pastores se vienen arriba.

Oh, yes. Oh, yes.

Muchas gracias.

Mi día llega a su fin en el barrio histórico de la ciudad.

El infatigable Matt trabaja aquí tres días a la semana

de 8 de la tarde a 11 de la noche.

A pesar del jet lag me muero de ganas

de vivir mi primera noche en Las Vegas.

Hace muchos años pasaban coches por esta calle,

pero luego la cerraron al tráfico

e instalaron un techo luminoso.

Fíjate, es como una cubierta por encima de nuestras cabezas,

y la gente viene a pasear por aquí.

Es increíble.

Hay bares y casinos por todas partes.

Sí. Es una especie de discoteca a cielo abierto.

¡Sí! ¿Y tú juegas al casino? No.

¿No? No.

Las probabilidades nunca juegan a tu favor.

Prefiero tener el dinero en el banco.

A ver si me contagio

de esa prudencia.

No sé si lo conseguiré.

Empiezan tres horas de concierto, tres horas de éxitos de los años 80.

(Música)

Esta noche descubro otra cara de mi familia perfecta.

Matt, vestido de playmobil, en medio de camareras sexis

y de artistas estrafalarios en busca de una propina.

Los niños ya están durmiendo y Mónica ha decidido venir,

como buena grupi.

Me faltan palabras para describirlo. Es una locura.

Me encanta ver a Matt cantar.

Me permite salir de fiesta y divertirme,

y seguir sintiéndome joven.

¡Claro! ¡Pues a divertirnos!

¡Sí!

(Suena un despertador)

¡La leche!

¡No! ¿Qué he hecho?

Buenos días, Matt. ¿Estás bien?

¡Estoy muerto! Yo también.

Son las siete de la mañana y a todos les cuesta despertarse.

Buenos días. Buenos días, Mónica.

Primera mañana en Las Vegas y ya tomando una aspirina.

Enhorabuena, Alex. Igual me conviene bajar el ritmo.

No aguantaría dos semanas así.

Esta mañana me doy de bruces con el primero de los cinco mandamientos

que hay que respetar en Las Vegas.

No beberás.

Tras la primera noche, Mónica y yo hemos elegido el plan ideal,

no hacer nada.

Aquí, en vuestro jardín, tengo la impresión de estar en la Costa Azul,

en el sur de Francia.

¿En serio? Con amigos.

Nos encanta. Es como estar de vacaciones.

Esta forma de vida no es habitual aquí.

Creo que es muy importante

tener unos cimientos familiares muy sólidos.

¿Crees que la gente que viene a vivir a Las Vegas

se puede imaginar el lado oscuro de la ciudad?

Yo creo que sí. Creo que no es ningún secreto.

De hecho, siempre se dice:

"Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas".

Creo que es muy obvio, es una frase que inunda la publicidad.

¡Venid a Las Vegas! ¡Aquí nada es imposible!

Y en cuanto a todas las tentaciones que ofrece la ciudad,

como el juego, ¿es una ciudad tan peligrosa?

Sí. Lo es si eres propenso a ello.

No es mi caso, porque yo siempre me he ganado mi dinero

con mucho esfuerzo.

Mi padre vivió eso cuando nos mudamos aquí.

Cuando llegamos a Las Vegas,

mi padre empezó a jugar a escondidas.

Ninguno lo sabíamos, hasta que tocó fondo.

Entonces empezamos a hablar con él, a intentar hacerle entrar en razón.

"¿Qué haces? Tienes que parar de gastar.

Ese dinero es para muebles y para vuestra jubilación".

Pero es una enfermedad. Él decía: "¿Qué me estás contando?

Eso es mentira, no estoy gastando el dinero".

Le decíamos: "El dinero no está en el banco, está aquí".

"No lo sé, a mí no me preguntes".

¿Se gastó mucho dinero?

Sí, mucho. Cientos de miles.

¿Qué? Cientos de miles.

¿Lo perdió todo? Sí.

¿Sí?

Gracias a Dios ya habían pagado la casa, así que por ese lado, bien.

Mi madre tuvo que volver a trabajar a los 66, y sigue trabajando.

No había pensado en lo peligrosa que podía llegar a ser la vida aquí

y en la voluntad férrea que deben tener Matt y Mónica

para llevar una vida normal.

A mitad de mi estancia,

ha llegado el momento de mirar de frente al demonio,

el responsable de que millones de turistas vengan a Las Vegas

año tras año.

Y allá vamos, al bulevar de los grandes casinos.

A lo largo de 5 kilómetros,

uno puede dar la vuelta al mundo en 80 segundos.

Cerca de treinta casinos ostentan decorados

a cada cual más estrafalario.

No termino de entender que la gente se pague un paseo en góndola

en Las Vegas, en medio del desierto de Nevada.

¡Incomprensible!

La geografía al garete: al lado de Venecia aparecen Nueva York,

Roma

y, cómo no, París.

¡Oh, París!

Pues aquí estamos, en el París de Las Vegas,

con el Arco del Triunfo junto a la Ópera Garnier,

que a su vez está delante de la torre Eiffel,

y todo al lado de un edificio estilo Haussmann

que habrá comido espinacas porque tiene más de 30 plantas.

Estoy en shock, extremadamente en shock.

Para entender a fondo Las Vegas y sus demonios

nada mejor que entrar en uno de los casinos de este boulevard.

Hola, Lawren.

Lawren, amiga de Matt y Mónica,

es la directora de marketing de este casino.

Hay máquinas tragaperras por todas partes.

Sí, hay un montón, y de todo tipo.

Aquí, la de Britney Spears, que es una de las más populares.

Luego hay otra que es el juego del búfalo, también muy popular.

La gente regresa aquí para jugar en su máquina favorita.

He visto a gente jugar horas y horas, sin descanso.

¿Y pueden beber mientras juegan?

Sí. En la mayoría de los casinos,

las camareras se pasan ofreciendo bebidas gratis.

¿Gratis? Sí, gratis.

El objetivo es que la gente no se mueva,

y por eso se regala la bebida.

Hay algo que me resulta curioso.

Nada más entrar me he dado cuenta de que no hay ventanas.

Es mediodía y aquí no se nota.

Podría ser tranquilamente medianoche.

Es algo buscado.

Podría ser medianoche.

Es lo que se busca.

El objetivo es que la gente no sepa qué hora es

y cuánto tiempo pasa delante de la máquina.

Al perder la noción del tiempo juegan mucho más.

¡Bueno, ahora me toca a mí! ¡Claro!

Que para algo estoy en Las Vegas.

Voy a empezar con un dólar.

Vamos allá. Venga.

¡Has ganado!

¿He ganado un dólar? Sí.

Dale a uno. Vale, le doy.

Mis cincuenta céntimos restantes. ¿Qué ha pasado? Fin de la partida.

Has ganado un dólar, luego has perdido 50 céntimos

y luego otros 50.

Has perdido todo el dinero.

Cada máquina está configurada de una manera distinta,

pero el principio no cambia:

metes un poco de dinero,

empiezas ganando un poco y eso te anima a seguir.

¡Voy a seguir! ¡Venga, tú puedes!

He metido 20 dólares y ya voy por 54.

Está claro que ha llegado el momento de parar de jugar.

A ver. ¡Fijo que lo pierdo todo!

¡Se acabó!

Cómo perder 20 dólares en cinco minutos.

Segundo mandamiento para sobrevivir en Las Vegas: no jugarás.

¿Y quién gana?

Algunos jugadores han ganado botes de 10, 20 y hasta 30 mil dólares.

Pero al final, ¿quién gana de verdad?

El casino, claro.

Ya me imaginaba yo que la respuesta era el casino.

Las Vegas no se ha construido a partir de los ganadores, claro.

Las Vegas no se ha construido a partir de los ganadores.

No, Las Vegas siempre se ha enriquecido

con el dinero de los perdedores.

Lamentablemente para ellos.

Y para conocer a los que lo han perdido todo

hay que bajar hasta las entrañas de la ciudad.

Lo haré acompañada de Jesse,

uno de los voluntarios que ayuda a los sintecho.

Nadie diría que estamos en Las Vegas.

¿Lo veis?, ¿veis el túnel?

Esto también es Las Vegas. Aquí vive gente.

No tengo palabras para describirlo. Me parece aberrante.

Como ratas, o peor que ratas.

Y justo aquí arriba están los hoteles.

¡Hola! ¿Qué tal?

Me llamo Jesse.

-Yo, Joan. -Encantado, Joan.

-Hola. -¿Necesitáis algo?

-Un champú me vendría bien.

-Tomad, aquí tenéis productos de aseo.

-Tomad unos calcetines y unos bocadillos.

¿Necesitáis algo más?

Entre estos sintecho se encuentran personas que lo han perdido todo

en el casino.

Lamentablemente están condenados a vivir en la oscuridad.

Esta es mi amiga Álex.

-¡Álex! Hola. Hola.

¿Me puedo sentar aquí?

Claro, estás en tu casa.

Tommy vivía en Hawái.

Vino aquí de vacaciones con su mujer hace cuatro años,

con el sueño de hacer fortuna.

Nunca han podido volver a su hogar.

Nada más salir del avión, empecé a jugar.

Al principio iba bien y tenía dinero.

Llegué aquí con 80.000 dólares.

Y lo perdí todo.

80.000 dólares en un año.

Estoy sin blanca y tengo hambre.

Ayer cogí los cinco o diez dólares que me dio mi mujer

para ir a lavar la ropa y yo me los quemé jugando.

El juego es un veneno, ¿verdad?

Y muy letal.

Y lo peor es que ellos saben perfectamente lo que hacen.

Todo esto no es fruto de la casualidad:

los olores, los sonidos, las luces.

Todo te invita a entrar.

Es un espejismo.

Todo está diseñado para quedarse con tu dinero.

Año tras año, cientos de jugadores como Tommy encuentran refugio aquí.

Se arruinan y se esconden bajo tierra.

Apago la linterna.

¿Quién es?

Mariah Carey. ¿Mariah Carey?

Ahora sé dónde estamos.

Bajo tierra, estos sintecho no empañan la imagen resplandeciente

que quiere proyectar la ciudad.

"Las Vegas no se ha construido a partir de los ganadores".

Esta frase adquiere ahora pleno significado.

Toca tofu.

Es ideal como sustituto de los huevos.

¿A qué sabe? ¿A nada?

Por eso hay que echarle especias.

Ya está.

No me gusta echarlo sobre tostadas; prefiero tomarlo con una ensalada.

Así evito comer pan, para guardar la línea.

Me encantan mis anfitriones, pero llevo diez días comiendo tofu.

Bueno, ¡en marcha!

Por suerte, Matt me ayudará a romper este ayuno culinario.

¿Sabes?

Desde que estoy con vosotros, echo de menos la carne.

¿En serio? Sí.

Pues eso hay que arreglarlo. Conozco el lugar perfecto para ti.

¿Sí? Sí.

¿No quieres venir conmigo?

No, creo que te dejaré a tu aire. Es allí, en la esquina.

Se llama "El restaurante del ataque al corazón".

¿El restaurante del ataque al corazón?

Sí.

A ver, ¿qué pone?

"Si pesa más de 350 libras le sale gratis".

¿Cuánto son 350 libras? Casi 160 kilos.

A ver, ¿esta es la báscula?

¡139! ¡Me toca pagar!

Vamos allá.

¡Ataque al corazón!

¡Hola! Soy Ruby, tu enfermera, y me ocuparé de ti.

¡Sígueme!

Nada más entrar me obligan a ponerme esta bata de hospital.

Pues nada, ¡empieza el espectáculo!

En el interior,

varios camareros van vestidos de médicos y enfermeras.

Para beber tenemos Seven Up y Coca Cola, pero nada Light.

Soy francesa, así que para beber me gustaría vino.

Perfecto.

Y para no irnos del tema, te lo sirven en un gotero.

¡Qué sacrilegio!

Espero que no sea un gran reserva.

Me entran ganas de gritar.

Con estas tonterías al final me van a desheredar.

Yo que soy de Borgoña, voy a cometer un sacrilegio.

Acabo de cometer mi primer error.

Para la hamburguesa confío en ti.

¿Quieres que te sorprenda?

Y he aquí mi segundo error, que llega sobre un plato.

Muy bien. ¡Sorpresa!

Sabía que era mala idea fiarme de ti,

lo sabía.

Me dijiste que querías carne y yo te he traído carne.

Ocho filetes, 20 lonchas de queso y 40 de beicon.

Un total de 20.000 calorías,

que equivale a mis necesidades energéticas durante diez días.

Y ojito: si no te lo comes todo, te doy un azote.

¿Un azote? Sí.

Está grasiento.

Muy rico.

¡Vamos!

Segundo piso.

Empiezo

a hundirme en la silla.

En este restaurante, el riesgo de un ataque cardíaco

no es ninguna leyenda.

Desde que abrió sus puertas, en 2005,

la ambulancia ha tenido que venir cinco veces

para reanimar a sendos clientes, y dos de ellos no lo pueden contar.

¿No te lo has terminado?

¿Recuerdas qué te dije que haría si no te lo terminabas?

¿Lista?

Está claro que mi error más grave ha sido venir aquí.

Pon las manos así, saca el trasero y prepárate para dos azotes.

Esto me va a doler.

¿Lista? Pues vamos allá.

Esto va a doler.

Y el último.

¡Ayyyy!

¡Qué daño!

Mandamiento número tres: no te atiborrarás.

Ven, que te doy unos mimos.

Ahora la americana intenta arreglarlo.

¡Que venga el jefe!

¡Quiero hablar ya con el responsable!

Vigila las mesas.

¿Es usted el jefe? Sí, el mismo.

¿El famoso doctor Jon?

Sí. ¿Le han gustado los azotes?

¿No? No. Para nada.

El doctor Jon es el inventor de un concepto totalmente descabellado.

Este gurú, amante de la grasa y de la comida basura,

ha trabajado curiosamente como nutricionista en una clínica

durante doce años.

¿Y es usted médico de verdad?

Durante muchos años estuve atendiendo a muchos pacientes

que venían a verme para adelgazar, pero cuanto más peso perdían,

más infelices eran.

Y llegaba el momento en el que eran tan infelices

que empezaban a engordar de nuevo.

Yo lo que digo ahora a la gente es:

comed mucho, bebed mucho, fumad mucho, haced mucho el amor.

Disfrutad de la vida porque es lo único que cuenta.

Está usted un poco loco, ¿no? No creo.

Yo creo que sí.

Mi filosofía se adapta a Las Vegas.

Soy simplemente un espejo que refleja el mundo que me rodea,

y ese mundo está un poco loco.

Sí.

Vivo en la ciudad en la que todo el mundo se deja ir.

La gente viene de todas partes para hacer eso.

Mi filosofía se adapta perfectamente a la filosofía de Las Vegas.

Después de esta ofensa, sueño con ponerme a remojo en agua fresca.

Pero, ¿es razonable en mitad del desierto?

Curiosamente el agua está por todas partes.

Tanto, que uno llega a olvidar que aquí llueve casi dos veces menos

que en Tombuctú.

Estados Unidos es el mayor consumidor de agua del planeta,

y Las Vegas utiliza dos veces más que la media estadounidense.

Si nada lo remedia, se prevé una escasez de agua

para los próximos años.

Hasta entonces,

aquí la gente actúa como si nada.

Te hago trabajar.

Algo tendré que hacer.

Me encantan las flores. Haces felices a mis plantas.

Sí. ¿No las oyes?

Supongo que tienes que regar a menudo, en mitad del desierto.

Sí. Tres veces al día.

¿Sí? Diez minutos cada vez.

Sí.

Está claro que hemos regado de más, y el agua ha llegado hasta la calle.

El riachuelo ha llamado la atención de una patrulla algo particular.

Cámara en mano,

graba la infracción antes de hablar con la propietaria.

Hola. Me llamo Robert

y soy de la brigada del agua.

¿Por qué está saliendo agua de su propiedad?

Se lo pregunto porque hay mucha agua bajando por la calle,

en lugar de quedarse en sus macetas.

¿Y cómo se han enterado de que había una fuga?

Estaba patrullando por el barrio y he visto agua delante de su casa.

-¿Me van a poner una multa?

-No, esta vez no, porque es la primera vez.

Pero tome medidas para que no se repita.

-Se lo agradezco.

Soy periodista francesa y vivo en casa de Mónica,

y me interesa mucho el trabajo que hacen.

Gracias. ¿Le gustaría acompañarme un par de horas para ver más?

Cuando digo que aquí todo es posible

es porque acompañaré a Robert Starsky

en busca de nuevas fugas de agua.

Robert, explíqueme su trabajo.

Soy inspector de la patrulla del agua.

Si alguien me informa de que se está malgastando agua,

mi misión es acudir e intentar solucionarlo.

El inspector acaba de encontrar una pista.

¿Ve el agua?

Sí, hay agua en la carretera.

¿No se detiene?

Todavía no, porque no he visto de dónde sale.

Mire, este es un ejemplo perfecto.

¡Una fuga!

Un delito flagrante ronda los 80 dólares.

Sí, tenemos una fuga.

¿Nota el viento? Sí, claro.

Por culpa del viento,

el agua del riego del césped está saliendo de la propiedad.

El viento hace que el agua baje por la calle. ¿Lo ve?

Es una pena.

Tendré que pasarme otro día por aquí.

Gracias a que hoy sopla el viento,

los propietarios se han librado de una multa.

Los niveles de las reservas de agua descienden cada año,

así que esto se ha convertido en un problema de salud pública.

Nuestro trabajo consiste en educar y concienciar, cada vez más.

Claro.

Y para seguir luchando contra el despilfarro de agua

se ha creado una nueva unidad.

Esto parece el desierto.

Estamos en mitad del desierto. Mire qué de plantas. No está mal.

La idea consiste en convencer a los propietarios

de que cambien su césped por arena, piedras y plantas

que necesitan poca agua para su mantenimiento.

Denis es el responsable de este programa llamado algo así

como "césped contra dólares".

Para animar a los propietarios a retirar su césped,

la ciudad ofrece ayudas de 300 dólares por metro cuadrado.

Dígame, ¿cuál es el objetivo de ese cambio?

La idea es ahorrar agua.

La gente debe saber que si retira su césped

ahorrará mucho en su factura del agua.

En verano, el 75% del consumo de los hogares se destina al césped.

¿Sabría decirme cuánto ahorrará esta familia al año?

La cantidad será enorme.

Hemos calculado que esta familia

ahorrará cerca de 800.000 litros de agua al año en este jardín.

Madre mía, ¡es muchísimo! ¡Increíble!

La cantidad de agua empleada para regar este jardín

equivale al consumo anual de agua de cinco familias en Francia.

¿Cree que algún día se resolverá el problema del consumo de agua?

Si llega a nevar mucho en las montañas rocosas,

como pasó hace 40 años, sí.

El problema es que hace décadas

que las precipitaciones apenas nos ayudan.

-Creo que estamos obligados a reflexionar

y darnos cuenta de que cada vez tendremos menos agua.

Si nos concienciamos ya,

avanzaremos mucho en la próxima década.

El pesimismo de ambos trabajadores me deja helada.

En casa de Matt y Mónica, hoy toca zafarrancho de combate.

¡Ya casi estamos!

Todo el mundo se prepara.

Incluso Maze prepara su mochila como un niño mayor.

Eso es. Todo bien dobladito.

¿Cierras la mochila?

¡Toma ya!

-¡Es enorme!

¡Qué chulo!

Arriba todo el mundo.

Es genial. ¡Increíble!

Antes de que termine mi estancia,

Matt quiere que conozca un lugar único.

Está a unos 50 kilómetros de la ciudad,

cerca de la frontera con Arizona.

Aquí delante vas a ver

ahora mismo la presa Hoover.

La presa Hoover.

¡Es enorme! Madre mía.

Cuando la construyeron se convirtió en la presa más grande del mundo.

Vamos a echar un ojo.

¡Es inmensa!

Sí, ¡gigantesca!

¿Qué se construyó primero, esta presa o Las Vegas?

La presa, sin duda.

A partir de su construcción, Las Vegas se convirtió en Las Vegas.

Los operarios se aburrían después del trabajo,

eso favoreció que apareciera el juego

y que la ciudad se convirtiera en un destino de vacaciones.

Entiendo.

Sí. Ven a ver el otro lado. Es lo que te quería mostrar.

¿Ves la marca blanca? Hasta ahí llegaba antes el agua.

Mira cuánto ha bajado. Ese fenómeno empezó hace 30 años.

¿Tan solo hace treinta años?

Más o menos.

El consumo excesivo de agua potable

y la reducción de las precipitaciones

ha hecho que el nivel de agua del lago haya bajado más de 40 metros.

Si no se hace nada,

el gobierno podría declarar pronto el estado de emergencia.

¡Pero eso es terrible! Lo sé.

Empezarán racionando el agua

en las zonas que dependen del agua del lago para vivir.

No sé qué significará,

quizá que no puedas poner tantas lavadoras

o lavar el coche solamente una vez al mes, ¡a saber!

En el fondo es más importante que si puedes lavar tu coche, ¿no?

Bueno, empezarán por ahí

y luego seguirán con los cortes de agua del grifo.

¿A ti, como vecino, te asusta esta situación?

Claro, nos preocupa.

Si llega el momento en que se vuelve algo peligroso

y empezamos a sufrir las restricciones de agua,

probablemente nos mudemos.

¿En serio?, ¿sopesas la opción de mudarte?

¡Sí, para sobrevivir!

Esta catástrofe anunciada me deja de piedra.

De ahí la importancia del cuarto mandamiento: no malgastarás.

Nos dirigimos ahora hacia el desierto.

Estamos a tan solo media hora en coche de Las Vegas

y sin embargo tengo la impresión de estar en la otra punta del mundo,

alejada de la locura de estas dos semanas.

¿Para ti es importante salir de la ciudad de vez en cuando?

Sí,

creo que todos los que viven en una ciudad

deberían ir al campo habitualmente,

para encontrarse y bajar las pulsaciones.

Impresionante.

Estoy sin palabras.

Entramos en el Valley of Fire, el Valle del Fuego.

Parece un decorado de cine. -Sí.

-¡De una peli de vaqueros!

Ya puestos, ¿te puedo llamar John Wayne?

¿Te parece? Claro.

Viendo este paisaje entiendo mejor por qué vivís en Las Vegas.

Porque es precioso. Sí.

Es la belleza del desierto. -¡Eso es!

-Hay mucha gente que no lo ve.

¡Vamos allá! ¡De camping!

Qué color tiene la roca.

¿No tenéis nada parecido en Francia? Creo que no.

Sí, tenemos montañas y zonas áridas,

pero no desiertos y montañas rojizas como estas.

Son muy especiales.

-Cada vez que vengo me doy cuenta de lo hermoso que es

y aún me asombro.

Me alegra oírlo.

Fuego. Solo necesitamos fuego.

Fuego y unas nubes en un palo.

¡Venga!

Me olvidaba de que aquí irse de camping

es sinónimo de comer nubes en la hoguera.

Pones la nube así, en un palo.

¿No se me caerá al fuego? No.

¿Seguro? Vale. ¿Y después qué hago?

La pones en el fuego y le vas dando vueltas hasta que se dore.

¿Se dora? Sí, se dora.

Caliente está riquísima, y cuando se dora, más aún.

Vale.

¿Está rica? Sí, eso parece.

¡Está caliente!

No se me ha ocurrido una manera mejor de daros las gracias.

Nada de discursos: champán.

Me encanta la idea. Merci.

Eso es. ¡Gracias!

Bueno, ¡todos juntos!

¡Chin! ¡Chin!

Y muchas, muchas gracias.

Nunca me olvidaré de mi viaje a Las Vegas.

¡Bien! Gracias, nosotros tampoco.

Gracias, muchas gracias.

De camping con champán. Primera vez que lo hacemos.

-¡Esto es irse de camping a la francesa!

Bien, ¿no? Un poco loco, como Las Vegas.

Para salir bien hay que decir "Feliz año, feliz, feliz", ¿vale?

(TODOS) "Feliz año, feliz, feliz".

Estamos todos de acuerdo,

lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas.

Hola, agentes de policía. Me han detenido.

Hola, cariño. Sí. ¿Qué vídeos? No, esa no soy yo.

¿La de las orejas de conejo? No, no soy yo.

¿Qué tal? Venga, otro, otro.

Ha sonado bien.

Supongo que la gente puede, podría perder...

Mierda, ¡se me ha ido!

Mami, me voy a hacer americana. Ni de coña. ¡Nunca!

Sí.

Bienvenidos a mi extraña ciudad - Las Vegas

52:25 01 abr 2021

Alexandra viaja a Las Vegas, la ciudad más estridente y más superficial del mundo. Vivirá durante 15 días en las con Matt, Mónica y sus dos hijos. Alcohol, sexo, juegos, fiestas extravagantes... Alexandra aprenderá por las malas que para vivir con normalidad en Las Vegas, hay reglas a seguir... 

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