Presentado por: Alexandra Alévêque Dirigido por: Christophe Castagne | Jérôme Mignard | Stéphane Jacques | Mikaël Lefrançois | Alexandra Alévêque

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan.

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Durante varias semanas vive, come, se mueve, a -52 °C en la ciudad más fría del mundo, empapada hasta los huesos en la más húmeda o sin aliento a cada paso, en la ciudad más alta de nuestro planeta. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan, tanto conductuales como organizativas. ¿Cómo son estas inusuales ciudades? ¿Cómo viven sus habitantes? ¿Qué tenemos que aprender de ellos?

Y es que mañana todos seremos urbanos ... El hombre, inexorablemente, quiere vivir en la ciudad. Dos tercios de la población mundial estarán hacinados en 2030, y esta cifra seguirá aumentando. El resultado está ahí: Ciudades que crecen, en cualquier lugar, de todos modos. Y hombres para vivir en ellos, adaptarse a ellos y encontrar la manera de convertirlos en su 'hogar, dulce hogar'.

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Para todos los públicos Bienvenidos a mi extraña ciudad - Ganvié - Ver ahora
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Las cosas claras: soy más de tierra firme que de agua,

y a pocos minutos de iniciar mi próximo viaje

me pregunto qué cable se me ha cruzado:

viviré dos semanas con Paul y su familia,

que son pescadores en Benín.

(Música)

Soy tan de tierra adentro

que me mareo hasta cuando cruzo un canal,

así que sinceramente esto promete.

Especialmente porque me dirijo a una ciudad

totalmente construida sobre el agua.

Me dirijo a Benín, en África Occidental.

Me sumergiré en Ganvié, una ciudad erigida sobre el lago Nokoué.

Ganvié es una ciudad increíble rodeada de pantanos.

Aquí viven 35.000 personas

sobre viviendas que se sustentan en pilares.

Aquí no se camina, aquí se va remando a todas partes.

No hay aceras, carreteras, agua potable o electricidad,

pero sí hordas de mosquitos.

¿Cómo puede alguien vivir, trabajar y criar a sus hijos

en un lugar tan singular?

Tengo dos semanas para descubrirlo.

(Música)

"Bienvenidos a mi extraña ciudad".

Nos zambullimos en esta gran aventura.

El lago Nokoué es un pequeño mar interior.

En una de sus orillas se encuentra Ganvié.

Me acompaña un amigo de la familia de Paul.

Bienvenida a tu casa.

¡Gracias!

Aquí empieza Ganvié, ya veo las primeras casas..

Sí.

Uno podría pensar que está en el pueblo de Astérix,

solo que inundado.

Los habitantes de Ganvié son una etnia especial: los tofinú,

que significa "las personas del agua".

No tardaré en descubrir que estos irreductibles vecinos

lo hacen todo a su manera.

Qué locura. Nunca había visto nada igual.

¿No?

¡Qué va! ¿Tú lo ves?

Es increíble.

¡Hola, bonita!, ¡hola, peque!

Y aquí es donde pasaré los próximos días.

¿Son las casas familiares?

Sí.

Genial.

Mi llegada se celebra con un comité de bienvenida,

ya que una blanca que duerme en casa de un habitante de Ganvié

es todo un acontecimiento.

Los anfitriones están en primera línea.

Para empezar, Paul, el patriarca de esta familia.

Alex. ¿Tú eres Paul?

Bienvenida.

Mikavo.

Mikavo, "Bienvenido" en el idioma de tofinú.

Sossie es la abuela de esta dinastía.

Hola a todos. ¿Y estos pequeñines?

¡Hola, bonitos!

Jesús.

Ah, son gemelos. ¿Qué edad tienen estos gemelos?

Cinco años.

¿Cinco?

Y tú eres Emilienne, ¿verdad?

Sí.

Hola, Emilienne.

¿Etienne?

Sí. Buenos días.

Buenos días, Etienne. Tú eres el mayor de los jóvenes, ¿verdad?

Tengo 22 años.

¡Veintidós! Muy bien. Y hablas francés.

Bueno, me defiendo.

Lo hablas muy bien. Me serás de ayuda.

¡Cuántos niños!

Pero ¿cuántos son? Admito que me cuesta contarlos.

Por suerte han colgado en la pared un árbol genealógico con fotos.

Esta es una foto de mi madre.

Veo que ha fallecido hace poco.

Iba a dar a luz a un niño...

¡Qué lástima!

...y lamentablemente falleció.

Sí, está muy reciente. Mi más sentido pésame.

Es Madeleine.

Madeleine, su segunda esposa.

La segunda esposa.

Muy bien.

Y a continuación me presentan a la tercera esposa de Paul,

que lleva en sus brazos al último integrante del clan.

Tiene tres mujeres.

¡Tres mujeres!

Sí, es todo un polígamo.

¿Y todo bien?

Sí.

¿Sabes que en Francia solo puedes tener una? ¡Una!

¿Cuántos niños hay en la casa?

Mi madre tuvo ocho hijos.

¿Ocho?

Sí.

No está mal. ¿Y cuántos con la segunda mujer?

¿Seis?, ¿Siete?

Ocho.

Ocho.

¿Otros ocho?

Pero uno falleció.

Ocho más siete, 15 hijos. ¿Y tienes hijos con tu tercera mujer?

Dos.

¿Dos? ¡Menudo batallón de niños, Paul!

A ver, si no me equivoco son 17.

Sí.

¿Verdad? 17 hijos.

Lo pasaréis bien, ¿no? Jugaréis mucho.

Pero, ¿cómo pueden vivir tantas personas en un espacio tan reducido?

Me doy cuenta de que, por razones de estabilidad,

estas casas sobre pilares

difícilmente pueden superar los 60 metros cuadrados.

Es decir que en el día a día hay que apañárselas.

Aquí está la despensa, con las gallinas vivas

y la cocina alimentada con madera,

todo lo necesario para alimentar 20 bocas a diario.

Bienvenidos a Ganvié.

Por suerte, desde hace tres años

Paul tiene una segunda casa que está totalmente rodeada de agua.

Empiezan las adversidades: para ir de una casa a otra hay que remar.

Para ir de esta casa a aquella hay que coger la barca, sí o sí.

Es de locos.

¡Despacito!

Sí. Mejor me ando con ojo

o un día de estos termino en el agua.

Si es que no hay nada, apenas seis metros. ¡Hola!

Esta es la casa de Madeleine.

Vale. Ahí veo una habitación.

Madeleine, ¿tú duermes aquí con Paul?

Sí.

Es vuestra habitación, de Paul y Madeleine.

Sí.

Vale.

Luego descubro dónde dormiré yo.

¡Anda, se ve todo!

Se ve el lago, se ve el agua.

Mi habitación es espectacular y para mí sola.

Calculo que estos metros cuadrados son un lujo en Ganvié.

Eso sí, dormiré en el suelo.

Mira, Paul.

Había pensado en poner una mosquitera,

pero con este colchón lo veo difícil.

Es una mosquitera. Se abre sola.

Como en todas las regiones pantanosas,

aquí abundan los mosquitos.

Estos pueden transmitir el paludismo,

primera causa de mortalidad en Benín.

¡Es genial!

¡Es genial!

Y abres aquí...

Abro y me acuesto.

Listo. Adiós a los mosquitos.

Ya. Eso es.

Bien, ¿no?

Sí, muy bien.

¿Has visto qué bien, Sossie?

Muy bien.

¿Ese es el baño?

Sí, es el baño.

¿Y la ducha también?

Sí, también.

Es el servicio.

Vale, ahí es donde te tienes que poner.

¿Y va directamente al lago?

Sí, al agua.

Y esta es la puerta.

Sí, es la puerta.

Te ríes, Etienne.

Sí.

¡La puerta tiene un agujero!

(Risas)

Y cuando uno va al baño, todo termina en el lago.

Sí.

No queda otra.

Así es.

Pues... ¡muy bien!

Muy bien. Me las apañaré. Genial.

Creo que será divertido, Sossie.

Me doy cuenta de que en Ganvié

tendré que aprender a vivir de manera totalmente distinta,

y tendré que dejar de sorprenderme

al ver uno de estos agujeros a ras del agua.

¿Cómo vas a hacer tú para correr, pequeñín?

¿Cómo vas a correr?

¡Estás rodeado de agua!

¿Tienes que estar siempre ojo avizor

para controlar que el bebé o los pequeños

no están cerca del borde del agua?

Porque es peligroso.

¿Controlas ese peligro constante que te rodea?

No tenemos miedo.

Si nos caemos al agua, luego salimos. Es instintivo.

Y los pequeños no se acercan al borde.

¿Tú también sabes que no tienes que acercarte al embarcadero?

Por más que las palabras de Madeleine

parezcan tranquilizadoras, el peligro me parece muy real,

y no me cabe duda de que una madre occidental se pondría de los nervios

si tuviera que criar aquí a sus hijos.

Son las siete de la tarde y el sol empieza a ocultarse.

A falta de electricidad, en Ganvié los vecinos se acuestan temprano.

No hay televisión;

basta con admirar por la ventana este espectáculo sublime.

¡Menudas vistas tiene la habitación! ¡Increíbles!

Voy a estar a cuerpo de reina.

(Música)

(Sonido de un mosquito)

¡No, ha entrado uno!

(Palmada)

Alex uno, mosquito cero.

(Canta el gallo)

¡Amanece en Ganvié!

Paso de peinarme. Total, ¿para qué?

La humedad... estará rondando... el 80%.

Estamos rodeados de agua, y es precioso.

Son las siete menos cuarto.

¿Todo bien, corazón?

Sí.

¿Sí?

¿Todo bien?

Qué linda eres. ¡Hola, Emilienne!

Allá donde uno vaya, un niño recién levantado es un mundo.

Buenos días.

Buenos días, Alex.

¿Todo bien?

Sí ¿Y tú?

Sí.

¿Tú bien?

Muy bien.

¿Has dormido bien?

¡Qué elegante!

¡Sí!

Sí. ¡Él mismo se lo dice!

Estás genial, muy guapo.

Me gusta tu ropa.

Es la camiseta para dormir. Ahora me cambiaré.

Tendrás frío.

¿Cómo podría tener frío?

Acaba de amanecer y ya hace 25 grados.

(Música)

Es el primer día

y decido asearme rápidamente en este baño improvisado.

Todavía no me he lanzado a probar la ducha a cielo abierto.

Aquí no se lava uno con el agua salada del lago,

y pronto comprendo que si quiero agua dulce tendré que arremangarme.

Vamos a buscar agua, en buena compañía.

Voy con los pequeños.

Es algo que hacen casi a diario,

porque en Ganvié no hay agua potable.

En esta ciudad no hay red de canalización:

instalarla en este pantano resultaría demasiado difícil

y demasiado caro.

Esta bomba es uno de los dos puntos de abastecimiento de la ciudad.

Y como es habitual, están muy concurridos.

El agua potable se extrae de las capas freáticas,

a varias decenas de metros bajo el lago.

Qué irónico: vivir sobre el agua

y tener que remar tanto para disfrutarla.

Donde yo vivo, si quieres un vaso de agua,

abres el grifo, pones el vaso, cierras el grifo y bebes.

Aquí, para beber un vaso de agua, remas 15 minutos, haces cola,

vuelves a remar 15 minutos y llegas a casa.

Una vida totalmente distinta.

¿Dónde me pongo yo?

¡Me voy a dar una ducha!

¡Adiós!

¡Adiós!

A la vuelta notas que pesa más.

Qué vida. ¡Qué vida!

Ganvié no es muy práctico.

En total hace falta al menos una hora y media

para ir a buscar el agua que necesita una familia.

Y huelga decir que mañana habrá que repetirlo.

(Música)

Nada más llegar, vuelvo a subirme a la piragua

acompañada de Paul y de Etienne, su hijo mayor.

Quieren presentarme al resto de la familia,

que vive en la otra punta de la ciudad.

Nos espera media hora remando.

Y yo, que tengo un historial deportivo casi inmaculado,

empiezo a notarlo en los tríceps.

Etienne, ¿a qué edad aprenden los pequeños?

A los cinco años.

¿A los cinco?

Qué pequeños para hacer tanto esfuerzo.

¡Yo los cumplí hace mucho y me cuesta!

En cualquier caso, no tengo elección.

Nada de metro, toca piragua.

De camino, aprovecho para conocer algo más de esta original ciudad.

Estas son las casas originales de Ganvié.

Sí, las casas originales.

Pero están algo torcidas, Etienne.

Sí, porque son las casas más antiguas.

Mirad aquella de allí. Está un poco...

Estas casas descansan en sencillos postes de madera

clavados en el lodo.

Algunas hay que reconstruirlas, es decir,

fortalecerlas para que se mantengan a flote.

Los habitantes de Ganvié están habituados

a esta lucha contra la naturaleza

desde la fundación de la ciudad, en 1717.

¡Cuánta gente!

Sí.

¿Es el centro de la ciudad?

Sí, es el mercado.

Aquí hay más amplitud, el canal se abre.

Sí.

Se da un aire a Venecia, pero es el gran canal de Ganvié.

Sí.

Ganvié hace honor a su apelativo de "la Venecia africana".

Hasta los movimientos al remar recuerdan a los de los gondoleros.

Vivir aquí hace que me sienta al margen del tiempo.

En el canal, cientos de mujeres venden sus mercancías.

Las transacciones se realizan de una piragua a otra.

Está la tienda de bricolaje de la esquina,

la frutería ecológica,

con sus frutas y verduras procedentes de la tierra firme

e incluso el H&M local.

En Ganvié, el mercado funciona sobre ruedas.

O sobre piraguas, mejor dicho.

(Música)

¡Alex!

¿Sí?

Vamos a pasar por la casa de tu abuelo.

¿De mi abuelo?, ¡si yo no tengo abuelo en Ganvié!

Sí. Eres la hija número 18 de Paul.

(Ríe)

¿O sea que soy hija de Paul?

Sí, de Paul.

¿Adoptada?

Paul, tienes que dejar de encargar bebés. Soy la 18, ¡ni una más!

Ya tengo 17 hijos.

Es una bendición.

¿Por qué no una más?, ¿por qué no?

Es mi hija número 18, que acaba de llegar de Francia.

¿Cómo?

Es mi hija blanca.

¡Un milagro!

Es extraordinario.

¡Hola!

¡Hola!

¡Hola!

Vamos a bajar.

Es el hermano de Paul. Vamos, mi tío.

En su terreno, llama la atención una estancia hecha de cemento,

un lujo con un uso sorprendente.

Entonces aquí vive el abuelo, ¿no?

Sí. El abuelo.

O sea vuestro padre, el de los dos.

Sí.

Entiendo. ¿Habéis nacido aquí?

Sí.

¿En este terreno?, ¿en esta casa?

Sí.

¿Y aquí qué hay?

¿Aquí?

Sí.

Aquí está enterrado tu abuelo y tu bisabuelo.

¡Ah, es una tumba!

Sí.

Y es el salón.

-Sí. -Sí.

Nada que ver con lo que hacemos nosotros. Adelante, yo te sigo.

O sea que tienes la tumba en casa.

¿Y dónde dices que está? Aquí no, ¿ahí?

Aquí.

¿Aquí quién?, ¿vuestro padre?

Sí.

Muy bien.

El abuelo, aquí.

Aquí debajo el abuelo.

Sí.

Cuando hay una ceremonia, nos reunimos aquí para hablar.

Entiendo. Es una manera de no separarse de los muertos.

Es increíble, porque nosotros solamente tenemos cementerios.

Digamos que a los muertos les dejamos "tranquilos",

pero no los enterramos en casa.

Nosotros hemos enterrado a nuestro padre en casa,

así lo tenemos siempre cerca. Es nuestra tradición.

Es una gran fuerza.

Una gran fuerza.

Entiendo. Entonces es por eso.

Para toda la familia. Muy bien.

Ahora lo entiendo mejor.

En Ganvié, las casas firmes son de hecho una tumba.

Al final, los muertos son los únicos

que están en contacto con la tierra firme.

Los vivos están unidos visceralmente al agua, y con razón.

La tierra les salvó la vida hace 300 años.

Y en esa historia, los blancos no salen nada bien parados.

¿Qué dicen?

Cuando pasamos por delante, dicen "Yovo, yovo". ¿Qué quiere decir?

Los blancos. Están diciendo: "La blanca", en nuestro dialecto.

Yovo, yovo es "blanco".

Nunca me habían dicho tantas veces que era blanca.

Niños, un poco de respeto.

Sed educados con ella. Dejad esos palos.

Viene conmigo.

Me doy cuenta de que los blancos no siempre son bienvenidos aquí.

Y es comprensible.

Nuestros mayores vinieron huyendo de la trata de esclavos

que los llevaba a América.

¿Para escapar de las razias?

Sí.

¿Y vinieron aquí?

Vinieron al lago para esconderse.

Y se quedaron.

Sí, se quedaron.

Increíble.

¿Y a ti te gusta vivir aquí?

Sí. Estoy orgulloso.

¿Orgulloso?

Sí.

De tu ciudad.

De mi ciudad.

¿Por qué?

Si mis antepasados no se hubieran instalado aquí,

quizá yo habría ido...

Al otro mundo. Al nuevo mundo.

Al nuevo mundo. Aquísomos libres.

Esta libertad está incrustada en el ADN de Ganvié.

Sus fundadores huyeron de la esclavitud.

Al contrario que los diez millones de africanos

que fueron arrancados de esta parte del continente

y deportados a América,

los habitantes de Ganvié son libres.

(Música)

Ahora entiendo por qué los hombres y mujeres de esta ciudad

se empeñan en vivir en el agua.

Es como si su libertad siguiera dependiendo de ella.

De hecho, Ganvié quiere decir "estar salvado".

Etienne, sus hermanos y sus hermanas

descienden de miembros de la resistencia, de insumisos.

Cada día siento más apego hacia esta familia extraterrestre.

(Sonido de aves)

En Ganvié no suena el tráfico ni los cláxones.

Duermo como un bebé.

(Llanto de un bebé)

La próxima vez mejor me callo.

(Llora)

Está claro que Jesús, el bebé de Madeleine, tiene fiebre,

y su madre intenta que le baje.

No es muy normal. Iremos al médico.

En Ganvié, cuando uno necesita ir al médico,

no hay más que un dispensario al que acudir.

Todo irá bien.

Fíjese, aquí tiene unas ronchas.

Y alguna por detrás, ¿no?

Sí, y aquí. Y en los muslos.

Eso es por la fiebre, seguro. Le tomaremos la temperatura.

¿En la axila?

Sí.

La primera prueba que hacen aquí a todos los niños

es la de la "gota gruesa", para comprobar si tiene malaria.

¿Y ese resultado sale muy rápido?

Sí, en 15 minutos.

Qué bien.

Qué valiente es. No se queja.

¿Las pruebas de malaria para niños tan pequeños son inmediatas?

Sí.

¿Se dan muchos casos?

Sí. Aquí la malaria es habitual.

Estas pruebas las hacemos sistemáticamente.

¿Y un bebé tan pequeño puede curarse de malaria?

¡Sí!

¿Sí? Si se coge muy rápido, entiendo.

Eso es. Si ya es una malaria grave, lo enviamos al hospital de Calavi.

En Benín, el índice de mortalidad infantil

es casi 20 veces más alto que en Francia.

Aquí sale una C y solo hay un trazo rojo.

¿Eso quiere decir negativo?

Quiere decir negativo.

Si hubiera dos sería positivo, sería malaria.

Esta vez la suerte sonríe a Jesús: no tiene malaria,

solo una infección que se le pasará con antibióticos.

Hacia el final de la tarde me uno a Paul y a Etienne,

que son los encargados de traer la cena.

Aquí no hay terrenos,

por lo tanto no hay ni cría de ganado ni agricultura.

La única manera de alimentar a los 20 miembros de la familia

es la pesca,

y en Ganvié es prácticamente un arte.

Estos sublimes arabescos son trampas para pescar;

presas de hierba en las cuales se han escondido nasas,

y si todo va bien, deberían contener nuestra cena de hoy.

Reconozco que el agua del lago no me inspira mucha confianza.

Basta recordar que los baños no están muy lejos de aquí.

¡Un pez!

¡Sí! Es una carpa.

Una carpa.

Sí, eso es.

No se mueve. Muy viva no está.

¿Recojo yo la siguiente nasa? ¿Lo intento?

A ver, cómo la cojo.

¡Aquí está! ¡Ay! Qué miedo.

Aquí hay algo.

La tengo.

Pero no tiene pescado. Nada, ha salido vacía.

Más bien estás removiendo el lodo.

Esto supone mucho trabajo, a cambio de muy pocos peces.

No es la pesca industrial.

¡Una pesca milagrosa!

¡Sí! ¡Uno grande que se mueve!

¡Sí! ¡Qué alegría!

Esto lo metemos en la piragua.

Al menos este sigue vivo.

(Música)

Sujeto así la cola, ¿verdad?

No soy ni pescadora ni pescadera. Es obvio, ¿no?

¿Así?

Sí.

No está bien hecho.

Ella arregla mi desaguisado.

¿Y se poner a hervir? ¿Se hierve y se come?

Es un circuito extremadamente corto.

El comercio local, de proximidad.

(Música)

Un pescado bien pescado es un buen pescado.

¿Está rico?

Sí, está rico. Está rico. ¡Estoy orgullosa!

Estoy a mitad de mi estancia y ya no siento los brazos.

Hoy tocará remar para acompañar a los niños al colegio.

Como buena adolescente, Julienne hace su tarea en el último momento.

¿Qué haces?

Mis deberes.

¿Qué es, francés?

Geografía.

¿Geografía de Benín, con las ciudades?

"Los lugares de..." ¿Qué pone aquí?,

¿qué es Fullidatér?

No sé. Una palabra que copié, pero creo que no existe.

En Ganvié, todo recuerda al viaje de un guerrero.

Incluso ir al colegio.

Julienne, si no tienes piragua, ¿cómo vas al colegio?

No puedes ir.

¿No vas?

¿Conoces a algún niño que no pueda ir al colegio

porque no tiene piragua?

¿Sí?

Si no te puedes desplazar, no vas al cole.

No.

Sin barca no recibes educación.

A falta de barca para todos,

tan solo la mitad de los hijo de Paul puede ir a clase.

Emilienne y Julienne, con sus uniformes,

forman parte del grupo de los privilegiados.

Pero a falta de piraguas siempre hay ideas.

La voluntad de estos pequeños es digna de admiración.

(Música)

Cabe señalar que los edificios escolares

están construidos sobre tierra firme, al borde del lago.

Es decir, un mundo quimérico para todos estos pequeños;

extensiones de tierra, una rareza en Ganvié.

Compruebo que vienen al colegio para aprender, por supuesto,

pero también para desentumecer las piernas.

Su clase preferida, la que no se perderían por nada del mundo,

es la de Educación Física.

Y por hacer deporte se atreven a desafiar temperaturas de 40 grados.

¿Y no es muy difícil?

No.

Pero hace calor.

Sí.

¡Mucho!

Sí.

Yo tengo muchísimo calor. Yo no correré detrás del balón.

Yo no puedo. "Yovo" no puede. ¡Imposible!

Encontrar a un profesor de Educación Física ha sido harto complicado.

Todos vienen de tierra adentro, y como es habitual en África,

pocos saben nadar.

Es el caso de Hervé, este profesor.

¿Hay muchos profesores que no quieren venir a Ganvié?

Sí, muchos no quieren porque les da miedo el agua.

Yo llegué aquí en 2003,

y al principio me daba mucho miedo el agua.

Incluso me negaba a subirme a la piragua para venir a Ganvié.

¿En serio?

Sí, porque yo soy de Savalou, y allí no estamos acostumbrados al agua.

No hay tanta agua.

Para mí fue un suplicio.

A la salida del colegio, cada alumno recoge su remo,

como haríamos nosotros con nuestro patinete o nuestra bicicleta.

El problema es que una piragua, como una bicicleta,

es un objeto de valor muy codiciado.

¿No encuentras tu piragua?

No.

¿Dónde la habías dejado?

Allí.

¿Allí?

¿Crees que alguien se la ha llevado?

No sé quién se la habrá llevado.

¿La has conseguido?

Al parecer es bastante habitual.

Se usan casi como un autoservicio

y luego la dejan en cualquier esquina.

Pero aquí hay un colegio, ¡es increíble!

¡Adiós!

Tras una semana en Ganvié,

me he terminado acostumbrando a una ducha a cielo abierto.

No tanto a la higiene dental al estilo tofinú.

¿Es para mí?

Sí.

¿Un bastoncillo para los dientes?

¿Lo mastico? ¿Sí?

Está duro.

Terminas con la boca destrozada. ¿Luego escupes?

Tres horas para lavarse los dientes.

Pero los deja blancos.

Estoy lista para viajar a la capital.

Poco me podría imaginar lo que me esperaba.

Una vez más, no hay manera de evitar la piragua.

Nos marchamos a Cotonú.

¡Hasta luego!

Vamos a la ciudad.

La única manera de ganar dinero es vendiendo pescado.

Acompaño a Madeleine y a su bebé, bien sujeto a la espalda.

Allá vamos, Cotonú.

Una hora y media remando.

A la una del mediodía, la hora ideal.

No hace nada de calor.

Venga, que hay que sacarse un dinerito.

Madeleine, ¿nos sacamos un dinero?

No entiendo nada, pero te digo que sí.

¡Buenos días!

¿Te llevas a tu amiga?

La gente pensará que Madeleine es una mujer dura

porque hace trabajar a una yovo, a una blanca.

¡Genial!

(Música)

Remamos diez minutos simplemente para salir de Ganvié.

Nos falta una hora y veinte hasta el embarcadero y ya estoy agotada.

¡Vamos!, ¡vamos, Madeleine!

No sé cuántas veces lo hace ella por semana.

Vuelvo a pisar tierra firme.

Eso sí, con la sensación de caminar como un pato.

¿Sabes que hace una semana que no camino sobre suelo firme?

La semana que llevo en tu casa sobre el agua.

Se hace raro.

El puesto de venta de Madeleine está a media hora delembarcadero.

Nos subimos a un zem,

el nombre local para las motos-taxis.

Una epopeya fantástica, ¡nunca lo había visto!

Tenemos el pescado, tenemos al bebé...

¿Qué, lo tenemos todo?

No vayan muy rápidos, señores. ¡En marcha!

(Música)

En Cotonú viven cerca de un millón de personas.

Tenemos que atravesar esta jungla urbana para llegar.

Por extraño que parezca, no esperaba sentirme tan feliz

por volver a la ciudad y a su caos.

Qué caos. ¡Qué caos!

Venimos de Ganvié, y en Ganvié hay menos gente.

Para empezar no hay carretera.

Desde que estoy en Ganvié

se me había olvidado el ruido de los cláxones.

Madeleine no solo acaba de venir remando a 45 grados,

sino que también debe cruzar los atascos

junto con su inseparable bebé.

Aunque para Jesús no parece ser ningún calvario.

¿Es aquí?

Aquí estamos, en la periferia.

Venderemos pescado al borde de la carretera.

Y he aquí nuestro punto de venta,

por el que nunca habría apostado ni un franco africano.

Después de media hora de trayecto sigue respirando. Mira.

Ni un gramo de hielo. Nada de nada.

¡Hola! Venid a comprar pescadito.

¡Hola!

Yo vendo, no compro.

Madeleine y yo esperamos a nuestros clientes en medio de la calma.

Buenos días.

Buenos días.

A ver... ¿qué pescado tienes?

Esto es carpa. También tengo tilapia.

Adiós. Que vaya bien.

Gracias. Adiós, señor.

¿Por cuánto lo has vendido al final?

Por cinco mil francos.

¿Cinco mil? ¿Está bien? ¿Estás contenta?

Yo sí que lo estoy. Primer cliente.

Si vendiésemos todo en diez minutos volveríamos a Ganvié.

Esto es así. Hay que tener paciencia.

Me gusta vivir en Ganvié,

pero también me gustaría venirme a la ciudad.

Me gustaría vivir donde está el dinero.

Si Dios da dinero en un sitio en concreto, allí nos quedaremos.

Aquí vendo fácil mi pescado, y por eso vengo aquí.

Hacer fortuna en Cotonú son palabras mayores para Benín,

uno de los 20 países más pobres del mundo.

Tras ocho horas de remo, de calor y de dióxido de carbono,

Madeleine regresa con tan solo 10 euros en el bolsillo,

y todo eso con su bebé a la espalda.

No se puede decir que venda a un precio muy elevado.

La riqueza de los habitantes de Ganvié

se mide por estos pequeños terrenos.

Terrenos en los que criar algunas cabritas

pero sobre todo para ofrecer un imposible:

poder correr varios metros seguidos.

(Música)

El hecho de que estos pequeños puedan jugar como cualquier otro

es una suerte.

Sin embargo aquí no hay actividad placentera

que no esté precedida de un esfuerzo.

Este fin de semana,

todos los miembros de la familia de Paul, sin excepción,

se ponen en marcha para crear un jardín alrededor de la casa.

¡Aúpa!

¡Vamos!

La tierra procede de las orillas del lago

y han podido comprarla poco a poco, céntimo a céntimo.

¡Es tu remo!

Sí, es mi remo.

Aquí el remo se utiliza para todo. Es el remo-pala.

(Risas)

Dos herramientas en una. Dale arena a tu hija.

¡Qué bien lo pasamos en Ganvié!

A pesar del ambiente relajado,

se trata de un trabajo esforzado bajo un sol de justicia.

No sé si quiero seguir siendo hija de Paul.

Es agotador ser hija de Paul, y aquí no se libra nadie.

Es duro.

Paul, ¿te acuerdas de cuándo empezaste a agrandar el terreno?

¿Sabes? Empecé a recoger tierra hace 15 años.

Necesitamos el terreno.

Para ellos es un jardín enorme.

Necesitamos terreno.

Si queremos hacer alguna celebración,

tanto una fiesta como un funeral,

tendremos espacio para invitar a toda la familia.

Y si mi esposa fallece, si fallezco yo o el abuelo,

al menos tendremos un lugar para el enterramiento.

Etienne, ¿ya hay alguien enterrado aquí?

Sí. Mi madre.

¡Ah, Véronique!

La primera mujer de Paul. ¿Dónde?

Por allí.

Veamos, a ver dónde está enterrada Véronique.

Aquí.

¿Aquí?, ¿en el medio? ¡Vaya!

Eso significa... que se pasa por encima de Véronique.

Sí.

Y no lo marcáis de ninguna manera.

Nosotros encima de las tumbas ponemos una cruz, por la religión.

Así indicamos dónde está. Aquí no hay nada. ¿Está en un ataúd?

Sí, en un ataúd.

Muy bien. Habérmelo dicho.

He pasado por aquí cincuenta veces.

¿Cómo iba a saber que tu madre estaba aquí?

Haremos una casa aquí.

Muy bien.

Una casa en tierra firme, como para el abuelo.

Esta mañana se respira un aire especial.

El clan prepara las nasas y las redes

para una de las misiones de pesca más importantes del año,

y siento, con placer y temor a la vez, que no me lo quiero perder.

Paul y los suyos quieren asegurarse

de que cuentan con los dioses de su lado.

Benín es la cuna del vudú,

y por primera vez participaré en una ceremonia.

Bienvenidos. Bienvenidos.

Estas son las ofrendas para invocar a los espíritus:

unas nueces y un billetito.

Te lo ruego, dios mío.

Oh, tú, Sakpata, dios de la ciudad.

Te lo ruego, te lo ruego.

A todos los dioses de la ciudad, os lo rogamos.

Aquí se lee el futuro en las nueces de cola.

Te deseo mucha felicidad.

Ninguno de tus allegados será víctima de ningún accidente.

¡Uuuuuuh!

¿Todo bien?

Sí.

(Hablan en su idioma)

Todas están abiertas, y eso presagia que llegan cosas buenas.

Eso es positivo.

Sí.

Y una vez más.

¡Uuuuuuuuh!

Las ofrendas han traído sus frutos. No sucederá nada malo.

¿Me lo como?

Sí.

Y ahora que los espíritus nos acompañan,

estamos listos para la gran misión de pesca.

Los ingresos de la familia para los próximos meses

pasan por una de estas parcelas de lago.

Se les conoce como acadja,

un sistema de piscicultura muy ingenioso

pero empleando los medios disponibles a mano:

las parcelas están separadas por hojas de palma,

que también se usan para la superficie interior.

Los peces se alimentan de su descomposición,

a continuación se resguardan ahí y se reproducen.

¡Buenos días!

¡Buenos días!

¡Hola, Paul!

¡Hola, Alex!

Esta acadja pertenece al tío de Paul.

¡Qué bien se llevan!

La acadja es tan grande que requiere el trabajo de unos 40 hombres

durante toda una semana.

Y todos los miembros de la familia ayudan cuando hace falta

en la acadja del primo, del tío...

¿Y tú cómo ganas dinero? ¿Compartís los peces?

Sí, los compartimos.

¿Cuánto durarán los beneficios que reporte esta acadja

para la familia?

Por ejemplo, si ganan un millón...

¿Cuánto tiempo le dura eso a una familia?

Dos meses o un mes y medio.

Primera fase.

¿Mucho trabajo?

Primero hay que rodear la acadja con una red de varios cientos de metros.

Los peces no se podrán escapar cuando llegue la fase 2,

aunque tengo mis reservas.

Ya no hay remedio.

Creo que se acerca a pasos agigantados

la hora de meterse en el agua.

Y entonces empieza la segunda fase de la operación:

armar barullo en la acadja

para que los peces se dirijan hacia las redes.

(Gritos y golpes)

Y para que los peces salgan huyendo,

lamentablemente para mí no hay nada más eficaz que saltar al agua.

¡Me tira hacia atrás!

Poco a poco, poco a poco.

¡Hay lodo!

¡Estoy pisando el lodo! Es horrible.

Les da igual, ¡venga, vamos!

¡Vamos, pececitos!

¡Vamos, peces!, ¡vamos!

Haz esto.

¡No!

Para que veáis cuánto me interesa la pesca.

¡Pero bueno, les faltan las palomitas!

¡Venga, a trabajar! ¡A trabajar!

Tras este baño en el lago,

ha llegado la hora del veredicto: ¿habrá peces en las redes?

Seguro que habrá peces.

Por allí hay algo.

Se adivina algo chapoteando en la superficie. Es buena señal.

¡Genial!

Venga, venga, pececitos.

Ya está.

¿Esta es una buena captura?

Sí. Una buena misión. En la pesca está nuestra riqueza.

¿Y está bien de cantidad?

¿Sacaréis mucho de ahí?

Sí, claro.

Mucho dinero.

Sí.

¡Me alegro!

A pocos metros de allí,

Madeleine y las demás mujeres de la ciudad

están ya en la parrilla de salida para ir a vender los peces a Cotonú.

Ha llegado el momento de marcharme de este imponente decorado.

Esta noche toca a su fin mi estancia en esta ciudad tan especial

al lado de esta acogedora familia,

que ha acogido a la hija número 18 de Paul,

a la yovó de la tierra firme.

No os olvidaré fácilmente.

Queremos darte las gracias

porque no es habitual que un blanco venga a vivir a casa de un pobre,

y ya no te digo a casa de un negro.

¡Un negro!

Y que se quede aquí dos semanas.

Ya, no es muy frecuente.

Y eso nos halaga, así que muchas gracias, Alex.

Estamos muy contentos.

Por eso nos hemos reunido toda la familia, para desearte un buen viaje.

Gracias a vosotros. Gracias.

Nadie se puede imaginar cómo es la vida en Ganvié.

Yo tampoco, antes de venir aquí.

Es una ciudad totalmente distinta a cualquier otra,

así que estad contentos de vivir aquí. ¡Es para estarlo!

Las palabras de Etienne me llegan al corazón,

tanto como esta canción entonada por el clan al completo.

(Cantan)

¡Adiós a todos!

Las divinidades del vudú han predicho que no os olvidaré,

y yo, que soy algo cuadriculada, os lo confirmo.

Vaya adonde vaya pensaré en vosotros,

mi querida e insumergible familia tofinú.

¿Quieres ser presidente de Benín?

Sí.

¡Genial! Ya me pasarás tu número de teléfono.

Soy una mujer. ¿Me enseñarías a pescar?

Bueno, como eres extranjera, no hay problema.

Y no se lo diremos a nadie.

Eso, a nadie.

Chitón.

(Música)

Bienvenidos a mi extraña ciudad - Ganvié

52:08 30 mar 2021

Alexandra viaja a Benín, en África Occidental, donde se sumergirá en Ganvié, una ciudad erigida sobre el lago Nokoué. Ganvié es una ciudad increíble rodeada de pantanos. Aquí viven 35.000 personas sobre viviendas que se sustentan en pilares. Aquí no se camina, aquí se va remando a todas partes.

Contenido disponible hasta 14 de abril de 2023-.

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