Presentado por: Alexandra Alévêque Dirigido por: Christophe Castagne | Jérôme Mignard | Stéphane Jacques | Mikaël Lefrançois | Alexandra Alévêque

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan.

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Durante varias semanas vive, come, se mueve, a -52 °C en la ciudad más fría del mundo, empapada hasta los huesos en la más húmeda o sin aliento a cada paso, en la ciudad más alta de nuestro planeta. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan, tanto conductuales como organizativas. ¿Cómo son estas inusuales ciudades? ¿Cómo viven sus habitantes? ¿Qué tenemos que aprender de ellos?

Y es que mañana todos seremos urbanos ... El hombre, inexorablemente, quiere vivir en la ciudad. Dos tercios de la población mundial estarán hacinados en 2030, y esta cifra seguirá aumentando. El resultado está ahí: Ciudades que crecen, en cualquier lugar, de todos modos. Y hombres para vivir en ellos, adaptarse a ellos y encontrar la manera de convertirlos en su 'hogar, dulce hogar'.

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Para todos los públicos Bienvenidos a mi extraña ciudad - Episodio 4: La Paz - ver ahora
Transcripción completa

¡Buenos días!

Hoy empiezo un gran viaje.

Durante las próximas semanas,

mi maleta descansará a 4000 metros de altitud,

y no precisamente en un refugio de montaña.

No, en una ciudad de 800.000 habitantes.

Me cuesta imaginármelo.

Según mis cálculos,

4000 metros es el equivalente de 12 torres Eiffel,

unas sobre otras.

Me parece asombroso

que se haya podido construir una ciudad a esa altura.

Me esperan 12 horas de avión hasta llegar a La Paz, en Bolivia,

la capital más elevada del mundo.

La Paz es una ciudad única

que roza con los dedos el techo de América Latina.

Escala hasta los 4000 metros de altitud sobre la falda de un cañón.

Allí hay dos veces menos oxígeno que a nivel del mar.

Me pregunto cómo hacen los habitantes de La Paz

para no sufrir vértigos.

Es como si vivieran continuamente al borde del vacío.

Pero, sobre todo, me pregunto:

¿cómo voy a reaccionar yo a esas condiciones extremas?

Esto es, en resumen, lo que me espera:

náuseas, migrañas, problemas cardíacos y respiratorios.

¡Qué ganas!

Subtitulado por Accesibilidad TVE.

"Bienvenidos a mi extraña ciudad".

Esto es La Paz.

Aquí, la falta de oxígeno se deja notar desde que te bajas del avión.

No soy muy deportista,

pero, quedarme sin aliento por tirar de la maleta,

es algo que nunca me había pasado.

A ver..., la 517.

¡Y no augura nada bueno! Es aquí.

(Jadeando). ¡Hola!...

¿Cómo está? Buenas.

Soy Alexandra. ¿Cómo está, señorita?

Eres Frank, ¿sí? Sí.

Viviré en casa de Franz y de su familia

durante toda mi estancia en Bolivia.

(Jadeos). ¿Y es su perro?

Sí.

¿Cómo se llama?

Lita.

¿Lita? ¡Vamos, grandota!

Vamos, suba.

Madre mía, ¿aún más?

Ufff. (Ríe).

¿Es toda la familia?

Mi familia. ¡Oh...!

¡Hola...! ¿Es Julia?

Sí, yo soy Julia. ¿Sí?

(Riendo) Soy Alexandra, la francesa.

¿Cómo estás? Bienvenida.

Bien... Muchas gracias.

Estoy muy contenta... Estar aquí, en su casa.

En su bella casa.

¡Ay, gracias!

¡Hola! Hola, ¿cómo estás?

¿Cómo te llamas?

Franco Miranda.

¿Franco? Miranda.

¿Miranda?

Y tú, ¿cómo te llamas?

Esteban Miranda.

Esteban Miranda.

¡Hola!

¿Y tú...? ¡Hola!

Hola. ¿Qué tal?

¿Cómo te llamas? Nayeli, Nayeli Miranda.

¿Nayeli Miranda?

¡Bien! Muy bien.

¿Qué es esta vista?

Muéstrame... muéstrame. Linda la vista, sí.

Pase, señora...

¡Oh...! Esta es la vista.

¿Es La Paz? Sí, es La Paz.

Oh... Sí.Vista de La Paz.

¿Sabes que es un vista increíble?

Buena vista tenemos, sí. Buena vista.

Su casa es increíble... para mí. Muchas gracias.

Para vosotros es normal, pero para mí... Oh...

Este será mi patio de juegos durante las próximas semanas.

¡Vaya... Es enorme!

Aquí va a descansar muy...

¿Es para mí? Sí, para usted.

-Para usted, sí. Para que descanse aquí...

¡Esto es súper lujo!

Esta es la vista que vas a ver desde ahí.

¡Una habitación con vistas!

A ver... ¡Madre mía, qué grande es!

Es el cuarto de mi hijo, del Franco.

Ahí esta mi... Buenos días.

¡Buenos días!

La mamá de mi... ¿Es su mamá?

Sí. ¡Oh...!

¡Buenos..., buenos días!

Me llamo Alexandra y voy a vivir aquí,

en la casa de su hija...

Gracias.

Soy en Bolivia... Después de tres horas, sí.

Soy un poquito... La cabeza que baila un poquito

porque la altura... Sí.

Es mi nueva amiga, OK?

¿De acuerdo? Sí.

(Trueno)

Esta noche, Julia me ha preparado una infusión de hojas de coca,

una planta que en Francia es calificada como estupefaciente

porque sirve para fabricar cocaína.

Mate de coca. Muchas gracias.

En Bolivia, sin embargo,

se consume desde hace siglos en su estado natural

por sus beneficios medicinales.

Es caliente...

¿Por qué es buena la coca?

Para la altura,

para muchas personas que vienen de exteriores,

vienen, digamos, de Francia, de Inglaterra...

gente... los turistas, por decir,

siempre se toman "matecito" de coca.

Así, también, para nosotros mismos es una medicina.

OK. ¿Es bueno contra el mal de altura?

Sí. Mal de altura.

Si tengo mal la cabeza, mañana... Sí. Toda esa cosita, sí.

-Cuando estas mal de la vista, por ejemplo, corto de vista,

lo masticas y te pones aquí... y te calma el dolor.

¿Es por eso que tu mamá tiene hojas al lado de los ojos?

¿Por la vista? Por la vista.

Mamita, enséñale, a ver... como se prepara.

(Ininteligible).

¿Qué dice? No comprendo.

No hay dientes, no hay muelas. ¡Ah...!

No puede masticarlo bien, como debe.

-(Ininteligible).

¡Toma ya!

Pero, no lo come... -No, no hay que comerlo.

-Solo hay que absorber el jugo.

OK. Vale.

¿Así? Aja.

La abuela...

Mira cómo se ríe.

Le hace gracia.

¿Así..., en la boca?

Como masticando chicle.

-Como algún... mastica.

¿Como un chicle? Sí.

No es muy bueno...

¿Me lo puedo sacar de la boca?

Te lo puedes sacar.

Sacarlo y ponerlo ahí.

¿Lo meto en el agua?

¿Qué lo meta en el agua?, ¿no?

Ah..., vale, al lado.

¿Y si le echo agua caliente?

No ¡¿No?!

¿Las saco?

Porque ya no me queda agua...

No queda. ¿No es bueno?

Espero que la coca surta efecto,

porque necesito encajar los 4000 metros de diferencia

con mi cama de París.

Y ya me habían avisado: el choque puede ser fuerte.

Esta noche, mientras espero, no sé si será por la altitud,

pero, tengo la impresión

de acostarme sobre una alfombra de estrellas.

Tengo algunas náuseas, desde mitad de la noche...,

como si había bebido mucho alcohol...,

pero, no.

Ah... El mal de cabeza y las náuseas...

Ya. Es muy habitual.

La falta de oxígeno me ha alterado el sueño,

porque mi cuerpo todavía no ha producido

suficientes glóbulos rojos para soportar la altitud.

Si al cabo de tres días me sigo sintiendo tan mal,

tendré que bajar a la ciudad,

porque, si lo he entendido bien, un mal de altura podría ser letal.

Ahora, sí.

-Buenos días, mami. Buenos días, Alexandra.

Hola. ¡Qué guapo! Oh...

¿Es tu ropa para ir a la escuela?

Sí...

A ver, que te vea. Acércate. ¡Madre mía!

Primero, tomas esto.

¡Ay, qué tocada estoy!

¿Sabes, Esteban? En Francia se dice "soy al lado de mis zapatos".

¿Comprendes lo que dice... o no?

Soy... bufff... perdida.

(Ríe).

Nos vamos.

¡Vaya! Hay niebla, hoy día. Sí.

Mucho frío. ¡Oh... sí, mucho frío!

Aunque no estoy muy entera,

acompaño a Julia a su trabajo.

Limpia casas en los barrios del sur de La Paz.

Del teleférico vamos a bajar hasta "Los Brajes"

hasta "Corba de Hullín"...

De "Hullín" nos vamos a ir a "Chuman".

¿Cuanto tiempo en el teleférico?

20... 15 minutos.

Me siento como si estuviera en una estación de esquí.

¡Me encanta!

El teleférico es el medio de transporte

más novedoso de La Paz.

Fue inaugurado hace, tan solo, cuatro años.

Consta de 20 paradas y seis líneas,

y es la red de teleféricos más grande y más alta del mundo.

El relieve de La Paz es tan accidentado

que es imposible construir un metro.

El teleférico ha supuesto una pequeña revolución

para los miles de trabajadores que, como Julia,

recorren cada día los 700 metros de desnivel de la ciudad.

Julia vive a 4000 metros y trabaja a 3300 metros de altitud.

¿Por qué no vives en la zona sur?

Quiero ir a vivir...

quiero comprar, pero... ¿Es más caro o no?

Es más caro. ¡Ah...!

En la zona sur viven los que tienen plata, dicen, más o menos.

Los que tienen plata...

¡Los que tienen dinero!,

¿Por qué? Es más caliente que la zona sur.

¡Ah, ¿sí?!

Es más caliente. No me digas...

Cuando viene el frío es tres o cuatro grados.

¿Más caliente que...? Que aquí... Sí.

Donde se vive. Ajá.

La Paz es una de las contadas ciudades del mundo

en la que los pobres viven en la parte alta

y los ricos, en la baja.

Para los ricos, el clima suave del valle,

y para los pobres, el viento, el frío y tener que desplazarse.

¡Hemos avanzado mucho ya!

¿Dónde vives? Muéstrame.

Yo vivo en... ¡Oh! (Ríe).

¿Allí arriba, al fondo del todo?

Por el cerro, donde está tapado con el... (Ríe).

Oh... ¡Es muy lejos!

Es muy lejos.

Increíble.

Una hora más tarde,

y tras dos líneas de teleférico y un minibús,

llegamos al barrio en el que trabaja Julia dos veces por semana.

Me voy a cambiar la "pollera".

¡Oh... qué falda! Me encanta.

Me gusta mucho. ¿Esta falda?

Sí, esa falda.

Y eso es... la... Para trabajar.

¿La falda del trabajo? (Ríe).

¡Que bien!

Me gusta mucho, mucho, mucho...

La escoba es pequeña...

porque... hay que... (Ríe).

¡Soy alta! La tuya es más grande.

¡Ahora, sí...!

¡Bien!

Así no. Tiene ruedas.

# Trabajar es muy duro...,

y robar no está bien #

¿Qué trabajo hacía tu padre?

Agricultura. Ah...

Sí. Él traía a vender aquí.

Y tu madre, ¿trabajaba?

Ella no. En la casa, cuidando... a nosotros.

¿Cuantos chicos? ¿Cuantos hijos?

4 varones y 4 mujeres.

¡No está mal!

8 somos. Sí...

Mucho trabajo para ella... Para mi mamá.

Oh... La mamá...

Mi amiga... Oh... sí...

Me gusta mucho tu madre. ¿Sí?

¡Oh... sí! Sí, es mi amiga.

Tras una mañana de duro trabajo,

me permito una escapadita al centro de la ciudad.

Pero, al cabo de cien metros, me siento ya exhausta.

(Jadea).

¡Estoy para el arrastre!

(Jadea) Bufff... ¡ah...!

¡Es como si tuviera cien años!

En cuanto camino un rato... (Ríe)

tengo que hacer... una pausa...,

como si fuera una abuela.

No me llega el aliento.

Digo dos frases ¡y ya no puedo ni respirar!

Me estoy dando cuenta de que,

por causa del relieve tan particular de La Paz,

aquí el tráfico es una locura.

Como el centro de la ciudad está encajonado

en el tramo final de un cañón,

se convierte en un verdadero cuello de botella en las horas punta.

Para el transporte de los ciudadanos destaca el minibús,

que es más barato que el teleférico.

Hay cerca de 25.000 minibuses en la ciudad.

¿A qué vienen todas estas cebras?

¿Qué pasa? ¿Por qué hay cebras en la ciudad?

Hay cebras en la ciudad porque tenemos que poner orden.

Tenemos que ayudar al...

a las personas, a que conozcan el semáforo...

¡Ah... ¿para atravesar?! Exacto.

Pero, también tenemos que hacer felices a las personas.

¡Ah...!

Pero, claro, tú puedes ser también cebra.

¿Yo? ¡Claro!

Aquí, con el traje... tú puedes ser cebra.

Con la ropa... (ríe) ¿con la ropa de cebra?

¡Claro! Tu puedes formar parte de nuestra familia.

Si tú tienes tiempo un día, tú puedes ser cebra por un día.

¡Ah...! ¿Un día? ¿Solo un día?

Ah... ¿Por qué no? Solo un día, ¿por qué no?

Para entrar en la familia de las cebras

tendré que recibir una pequeña formación,

sin reparar en que por el camino me dejaré la dignidad.

¡Muy bien... vamos!

Esto es imposible.

Quiero que decidan ser cebras.

¿Cómo va caminando...

cómo va a caminar?

¡Mucha soltura, sacando el pecho porque demuestra valentía!

¡Muy bien! Ahora les voy a dejar son Sol...

Vamos a pasar a una etapa

donde vamos a aprender a amar a los de ciudad.

-Ahora, cada uno de nosotros va a tomar su propio espacio.

Les voy a entregar este cubre ojos...

Tenemos una sorpresa preparada para ustedes...

(Ríe) ¡No me lo creo!

¡Estoy en el cielo de las cebras!

¡Estoy rodeada de cebras!

¡Bienvenidos!

Dicen que el ridículo no mata y hoy lo comprobaremos.

Dime, ¿por qué cebras?

¿Por qué no vacas o panteras?

Por el paso peatonal... que es rayado...

¡Ah, por los pasos de peatones!

¡Acción! TODOS: ¡Cebras!

¡Familia! TODOS: ¡Cebras!

A pesar de este folclore zoófilo,

el tráfico es una de las cuestiones más serias de La Paz,

ya que se cuentan por miles los accidentes de peatones

y hay más de 300 muertos en las carreteras cada año.

Estas cebras surgieron hace 15,

para llevar algo de civismo a las calles.

Dentro de nuestra filosofía cebra,

nosotros manejamos lo que es tocar...

la emoción de las personas.

Si esas personas son 10...

y les puedes educar de una manera más fácil..., más sencilla.

La cebra no realiza eso...

"Oiga, usted es malo ¿por qué está pasando un semáforo?".

La cebra no va a hacer eso. La cebra te va a educar con amor.

Enseguida se pone en rojo..., ¡atención!

A ver, ¡amor, amor, que fluya por la ciudad!

Eso es, que fluya el amor.

Buenos días...

¡Hola, chicos!, ¡hola!

¡Stop! Buen día.

¡Amor en La Paz! Amor, ¡amor para todos!

¡Buenos días, La Paz!

¡Cuidado! (Ríe).

Buenos días, peque.

¡Cucú, chiquitín!, ¡cucú...!

Madre mía, ¡y cruzan!

¡Madre mía! ¡Qué caos!, ¡qué caos!

No tardo en darme cuenta

de que las cebras no pueden solucionarlo todo.

Si el tráfico en La Paz es caótico,

también es porque la ciudad ha crecido de manera desmesurada

y completamente anárquica.

No ha dejado de crecer, ladera arriba,

haciendo caso omiso de la altitud y de la orografía.

Los más pobres se han instalado en las faldas de la montaña.

Franz, como muchos habitantes de su barrio,

me cuenta que ha construido su casa con sus propias manos.

Lo primero que he hecho, ya...

hacer en la planura de la tierra, el piso.

Primero...

Después, ese año, he construido hasta la primera losa, un año.

Un año paré porque no había dinero, no había plata.

Segundo año, otro año...

Tercero ya, así... De ahí he subido los dos pisos ya.

¿Y el último piso?

Recién acabado hace... dos semanas.

Dos semanas. ¡Es muy nuevo!

Nuevo ya, último piso, sí.

Construir en lo más alto de La Paz es todo un reto

porque la inclinación de las pendientes

puede alcanzar aquí los 45 grados.

Pero, las construcciones

parecen prestar poca atención a la orografía,

ya que aprovechan al máximo cualquier rincón de la montaña.

Esta zona tenía un nombre: "zona roja",

porque era lugar pendiente,

no está en tierra firme, que se diga.

Corremos un poco peligro, ¿no?

Como es pendiente...

puede haber un deslizamiento cuando puede llover.

Pero, ahora, lugares planos ya no hay.

Ya no hay planuras. No, ya no hay.

Solamente hay pendientes que quedan, por ejemplo...

Este terreno está en pendiente,

lo van a construir, yo creo que con el tiempo, ya.

He llegado a la conclusión

de que aquí no tenía que haber nacido ninguna ciudad.

La Paz es una anomalía que, a pesar de todo, empiezo a apreciar.

Pero lo menos que podemos decir es que no me lo pone fácil.

He dormido bien,

pero..., desde las dos o las tres,

llevo notando que el corazón me late en las sienes

y un malestar...,

más diría, una especie de... náusea.

Como ayer.

Espero que se me pase a lo largo del día.

Pero, es muy raro...

que en mitad de la noche...

la cabeza se te ponga como un bombo.

¡Pero claro, es por esto!

Aunque, vale la pena este dolor de cabeza.

¡Es muy raro!,

porque parecen los Alpes detrás de Nueva York o París.

En fin...

Qué bien estamos aquí los tres.

Estamos bien aquí, ¿no? Solos, los tres...

Los tres nuevos amigos.

Julia ha dicho a mi, que eres... 85 años.

Mami... ¿tienes 85 años, no ves? -85, sí.

(Ininteligible).

¿Quieres mis... lunetas?

¿No?

(Ininteligible).

Así, dales la vuelta.

¡Espera, que están al revés!

¡Perfecto!

Mira, mira, mira... Espera.

¡Así!

¿A que está mejor así?

Nos vamos a quedar aquí toda la vida. ¡Qué bien estamos!

(Murmullos de rezos).

Una libra. -¿Una libra?

Por favor, buena coquita me va a vender.

Buena coquita... Sí.

Al final, al cabo de unos días, empiezo a sentirme mejor.

Muchas gracias, señora.

Mis migrañas han desaparecido, aunque me sigue costando respirar.

A pesar de todo, me arriesgo a jugar mi primer partido de fútbol

a 4000 metros de altitud.

Llevo 15 años sin jugar.

Lo mío no es el fútbol.

¡Cuidado!

¡Muy bien!

Ahí hay que correr...

¡Mierda!

¡Rápido!

Voy a morir... Voy a morir en La Paz.

No juego nunca... y vengo a jugar aquí.

Venga, vamos a machacarlos..., ¡a machacarlos!

Sí, rápido, Franz.

¡No, no! ¡Sí, sí! ¡Gol!

¡¡¡Gooolll...!!!

¡Es horrible!

(Jadeos).

¡Madre mía, qué fría está!

Y un mate de coca... para Don Franz. Muchas gracias.

Aquí tienes.

Yo he limpiado mis manos en la cocina.

El agua es muy, muy, muy fría. ¿Por qué?

El agua viene a la ciudad de la hoyada, ¿sí?

desde detrás de estos cerros, de estos cerros que están aquí, ¿ves?

De esos blancos... ¿Sí?

De ahí viene. Ahí hay unas 12 presas.

He visto que toda la familia tiene mucho cuidado con el agua.

¿Por qué? Porque en 2016 nos ha faltado agua

porque se han secado la represas. No ha llovido.

Ya no había... las montañas con hielo,

o sea, que se ha descongelado totalmente.

Cada persona, cada familia, teníamos que ir con nuestros bidones,

a recibir, haciendo fila, para agua.

¿Por las calles pendientes? Sí.

En las noches no tenemos agua, en ratos.

Entonces, ya tenemos unas reservas, nos hemos preparado de agua,

para que tengamos en la noche.

Resulta tentador subir a la terraza,

y observar estas montañas que me desafían,

pero, admito que todavía no me siento con fuerzas.

Lo que sí haré, ahora mismo,

será volver a descender a través de las nubes.

Franz quiere que conozca los Yungas,

la región en la que se cultiva la coca,

mi preciado remedio contra el mal de altura.

Para colmo de males, en Bolivia no solo te deja sin aliento la altitud,

sino también las carreteras.

Franz, el barranco...

¡Franz, cuidado, el barranco!

Creo que estas cuatro horas de trayecto se me harán eternas.

Más antes, así seguido, había muertes.

Por dar paso al otro, movilidad, por dar retro...

a veces, entraban...

Por eso se llama "camino de la muerte".

¿Camino de la muerte? Sí.

Genial, eso me tranquiliza.

Así, como ves, mira, tan pendientes que son...

Sí, muy pendientes, sí, sí...

Es el camino muy angosto, también. Así...

Estamos muy cerca de... Muy cerquita.

Sí. Sí, sí... Muy angostito el camino.

(Riendo) ¡Es horrible!

Y esta región a donde vamos...

¿la conoces bien?

Sí. A mis 9 años he vivido por ese lado hasta... 20 años.

En las minas, estaba.

¿En las minas? Minas, sí.

En las minas, ¿de qué? De oro.

¡¿En serio?! ¡Sí!

¿A los 9? Sí, 9 años.

¿Y qué es la cruz esa?

Eso es donde ... Que han fallecido aquí.

Después de contener la respiración durante varias horas,

llegamos a los Yungas y me puedo relajar.

El valle situado al lado de la árida La Paz es muy verde.

En estas tierras regadas por las lluvias tropicales

se cultiva la coca desde hace siglos.

Aquí abajo hay cocal.

¡Ah!, ¿empieza ahí?

¿Cocal? Sí.

¿Qué es cocal? La coca.

Donde se produce... La planta...

La planta de coca. ¡Ah...! Cocal.

Creo que hoy voy a aprender mucho.

Cocal.

¡Buenos días! Buenos días.

Venimos de visita. Buen día.

¡Buen día! Me llamo Alexandra.

¿Cómo estas, Nilo? Nilo, hola.

¡Buenos días, señora!

Pasen. Segundina, me llamo. ¿Segundina?

Sí... Perfecto.

Mas abajo...

Descendientes de los esclavos africanos,

Nilo y Segundina cultivan ahora su propia parcela de coca.

Para cosechar la hoja de coca, hay que tener mucho cuidado.

Hay que tener, principalmente, paciencia.

Esta es la técnica, ¿no? OK.

Tu vas hoja por hoja. Hoja... por hoja.

A romper esto... Sí.

Entonces, acá es como si fuera que estas podando.

¡Ah...! Para la próxima...,

en tres meses, ya no vas a tener la misma producción.

No hay que coger el tallo. Bien.

Yo le puedo prestar mi... -Por favor, está bien.

Yo te voy a prestar el mío.

Solo hojas... Hoja por hoja.

Exacto. Dejando los tallos.

Como eso... Así. Partido.

Ah..., a lo mejor si tratamos de manejar las dos manos a la vez.

¡Ah...! Las dos manos a la vez. Si no, será peor.

Nilo, ¿conoces la altura de aquí?

Sí. Estamos entre unos 1300, 1350, más o menos, sobre el nivel del mar.

¡Ah...!¡Qué buena noticia!

He perdido, de repente, 2000 metros de altitud.

Estoy haciendo un trabajo físico,

pero, me resulta algo más fácil.

2000 metros menos, ¡no está mal!

¡Ya estás "capísima"! Eh... ¿Sí?

Aunque la producción de coca es legal en Bolivia,

cuando está destinada a un uso tradicional,

hay que saber que gran parte de la cosecha del país

termina en las manos de los traficantes de droga.

Aquí, en Los Yungas, nosotros, además...

los campesinos que producimos la coca,

producimos la coca normal.

Nosotros no producimos para la droga...

Normal... Los que elaboran son otros.

Ah... otros. Exacto.

¿Donde?

Donde elaborarán, ya no sabemos eso...

¡Dime, donde! ¡Dime!

Tienes que secarlo bien, porque es mi producción.

Por favor, por favor...

Ahora, yo te voy a dar...

para que... tú puedas... secar tu propia coca...

Sí. Vamos a ver cuanto nos paga...

-¿Yo también puedo...? -Claro, sí...

-No hay ningún problema.

-Nosotros lo cosechamos... -¡Claro...!

Tenemos que pagar dinero, Franz... Si no, la Julia...

Si no, no vamos a llegar a la casa.

Si no, a Julia no le hará gracia.

Uno...

Dos, tres...

¿No te hace mal? No, está bien.

¿Voy bien? Sí...

¡Toma ya!

¡Increíble! Me encanta.

Espera, enséñame hasta dónde te llega.

Aquí... La media... Sí...

¡Increíble! ¡Hasta la mitad de la pierna!

Es muy femenino.

Sí, sí... muy, muy femenino.

Pelos grandes, ¿te gusta? Sí.

Ah... Sí, pero tu pelo es muy lindo.

Ay... gracias. Sí. Más bonito que el mío.

Las trenzas de Julia son más que una cuestión de coquetería.

Es como jugar con una muñeca gigante.

Es el rasgo que caracteriza a las cholitas,

las bolivianas de origen indígena.

¡Menuda trenza!

¡Es como mi brazo!

¡Es genial! Aquí tiene, señora.

Julia y su madre son de origen Aimara,

una etnia presente en Bolivia desde hace ocho siglos,

bastante antes que la colonización española.

De hecho, en casa de Julia,

las patatas se preparan como en los tiempos incas.

Esto, vamos a remojar.

"Tumta". ¿Qué es tumta?

Eso es de "papas". ¿Papas blancas?

Son blancas. Esta papa..., esta papa... lo ponemos en lata.

Eso lo congelas... Se vuelve esto.

Esto, tienes que llevar al agua. Un mes tienes que remojar esto.

Por eso es blanca, este... ¡Mira! Suavito, ya.

En un ratito, se moja esto.

¡Increíble!

¡Qué blandas! Patatas blandas.

Sí. Espero que va...

¿Te va a gustar? Sí.

Vas a probar y... ¿Sí?

Tal vez, no te va a gustar.

No se..., no se...

¿Aquí estoy bien?

Gracias Señor por estos alimentos que tú nos das, Señor, Padre amado,

y te damos gracias, Señor, en el nombre de ti, Señor.

Amén. TODOS: Amén.

¡Nos serviremos!

¿A ver...? Voy a probar la papa blanca.

No te gustó.

Bah..., sí.

¿Sí? Tienes que comer. (Ríe).

¡Buenos días!

Con el fin de conocer algo mejor la cultura aimara,

Julia me ha incitado a subir hasta El Alto,

a las afueras de La Paz,

situado a 500 metros por encima del centro de la ciudad.

A 4200 metros de altitud,

El Alto se extiende sobre el Altiplano,

la célebre llanura de los Andes.

Azotada por los fríos vientos,

la ciudad no resulta, en absoluto, acogedora

y sin embargo, cuenta con 900.000 habitantes.

Un día, estos vecinos dijeron:

"Vamos a vivir ahí.

Está a 4200 metros pero, vamos a vivir ahí".

¡Alucinante!

Eso significa que cualquier paseo que des,

cualquier escalera o arcén al que quieras subir,

hace que te sientas como...

si hicieras senderismo de alta montaña.

Prácticamente, todos los habitantes de El Alto

pertenecen a las etnias aimara y quechua.

Esta población campesina y pobre

se quedó a las puertas de una capital ya desbordada

y continuó expandiéndose por esta llanura hostil.

Durante mi paseo, descubro, no obstante,

una ciudad en plena transformación.

Hace unos años, empezó a surgir una nueva burguesía

que plasma, de una manera patente,

su éxito y sus orígenes indígenas.

Este edificio es súper chulo... muy divertido.

Llama la atención su colorido,

al lado de todos los demás edificios de El Alto y de La Paz,

que son de ladrillo.

Se parece a los decorados pop de los años 80.

Muy divertido..., muy alegre.

He quedado en uno de estos edificios

con una de las figuras de esta burguesía aimara,

la estilista cholita, Glenda Yáñez.

¡Hola! ¡Alexandra!

Hola, Glenda. ¿Cómo estás?

Muy bien, ¿y tú? Bienvenida.

Ay, ay, ay... Este lugar... Sí, es muy lindo.

¡Huy... qué lindo este lugar! ¿Qué es?

Es un "cholet". Estos salones...

que tiene la arquitectura neo andina...

y que está inspirada, obviamente, en la ropa de la "chola paceña".

En los colores..., toda esta fusión que hay de colores.

Sí... ¡mucha fusión! Sí.

Los dueños de estos edificios, que son personas aimaras,

descendientes de aimaras también,

que es como una clase social nueva que emerge

para demostrar que nosotros también tenemos poder, ¿no?

Ahora, demostramos que realmente,

después de ser discriminados..., pisoteados...

durante muchos años,

ahora podemos demostrar que realmente,

nosotros tenemos poder económico en el país.

Glenda es una estilista muy reconocida

que ha actualizado la indumentaria de las mujeres cholitas,

con sus tradicionales vestidos y sus bombines.

Ha fundado una escuela de modelos para que estas mujeres,

denostadas durante tanto tiempo,

se sientan orgullosas de sí mismas.

Que antes, si tú entrabas a un café exclusivo,

en el centro, en la zona sur,

ellos podían sacarte del café, podían pedirte que te retires,

solo porque estabas vestida de pollera.

Buscamos invadir los espacios,

espacios públicos que ¡también nos pertenecen!

Eso es lo que buscamos, también, con el modelaje:

invadir estos espacios para que, realmente,

seamos todos iguales ante la ley.

Esta es la cintura con el aspecto de la pollera...

¿Sí? Sí.

(Ininteligible).

Yo lo sabía.

Es normal, ¿no?

Me falta el pelo, ¿no? Súper chulo...

Lo tengo muy corto, ¿verdad?

Pensará: ¿qué hace sin pelo?

¡Es un hombre, ¿no?! (Risas).

¿Qué piensan? Linda... Estás linda.

¿Sí... linda? Ah... ¿voy a mirar?

¡Madre mía! ¿Qué tal?

Chulita, un poco, ¿no? Sí.

¡Cholita, cholita! Cholita, chulita... curiosa...

Un poquito curiosa, ¿no? Más linda.

¿Más linda? Qué amable.

Más linda. ¿Coqueta?... ¿Sí?

¿Con glamour?... ¿Sexy?... (Rísas).

¿Vamos?

¡Bravo! ¡Bravo...!

Esta mañana,

frente a estas montañas que me siguen desafiando,

me digo a mí misma que tengo que subir hasta allí.

Desde que lo hablé con Franz, hay algo que me trae de cabeza:

¿cómo puede ser que una ciudad rodeada de nieve

tenga escasez de agua?

Acompaño a Marcos.

Es climatólogo y su trabajo consiste

en velar por los glaciares de la región de La Paz.

Subimos hasta los 4790 metros de altitud.

¡En mi vida había subido hasta tan arriba!

Tenía que haberme aclimatado un poco más.

Siento como si estuviera, de nuevo, en vilo.

¡Impresionante! Maravilloso paisaje.

¡Precioso!

Sí, con la nieve se ve espectacular.

Casi la cumbre de la montaña, ¿no? Casi la cumbre...

Sí, casi la cumbre... ¿Sabes?, se parece a...

la cumbre del Mont Blanc.

Solo que no puedes llegar tan fácil a la cumbre del Mont Blanc.

(Ríen). Sí, tal vez.

(Ahogándose) ¿Y el aire? Aquí no hay oxigeno en el aire...

No..., pero la presión es casi la mitad

de lo que sientes a nivel del mar.

Eso significa que tienes también menos oxígeno para respirar, ¿no?

Y se nota, ¿no? Sí, sí se nota.

Se nota más y más... (Jadeando). Vamos a caminar... lentamente.

El agua de la ciudad de La Paz, ¿viene de lagos como ese?

Sí. Estas represas o estos lagos se alimentan,

en época seca, sobre todo, de agua que viene de los glaciares.

Pero, estos glaciares se están perdiendo.

¿Se derriten?

Se derriten y por tanto el glaciar se hace más pequeño.

Varios que son pequeños ya han desaparecido

y la preocupación es que el 30 % del agua que prevé a la ciudad

viene de estos glaciares. ¡Es mucho!

Es mucho, para 1.7 millones de habitantes,

es muy importante tener ese reservorio.

Los modelos climáticos con los que trabajamos

sugieren que va a haber menos lluvia

en los siguientes 50 años.

Y eso implica...

¡no tenemos muchos más lugares donde acudir!... como ciudad.

¡Y yo que creía

que la nieve de la cordillera de los Andes era eterna!

Me doy cuenta de que en esta ciudad tan extrema,

el cambio climático se deja notar de manera espectacular.

Esta tarde, Franz y Julia me sacan de paseo.

¿Dónde está? ¿Aquí?

Todos los domingos por la tarde,

el público se da cita en el evento más popular de la ciudad

y sin duda, el más delirante en el que he estado.

(Megafonía).

¡Ay, mi madre!

Una pelea de pressing catch femenino, pero eso no es todo:

entre cholitas.

(Megafonía).

¡Huy... huy...! ¡Ahhh!

¡Y ahora vemos...!

Con un sentido del espectáculo muy peculiar,

estas luchadoras con falda ponen de relieve

todos los rasgos de la sociedad boliviana:

el machismo y la violencia contra las mujeres.

(Abucheos).

El espectáculo es claramente cómico,

y a pesar de todo, el mensaje es claro.

¡Qué violencia!... ¡Madre mía!

¡Esa da miedito!

Tras siglos de discriminación social,

la cholita del siglo XXI es una mujer fuerte,

¡no hay más que verlo!,

y ojito con quien se ponga en su camino.

¡Si hasta le tiran comida!

¡Mira! ¡Mira la cholita...! (Risas).

Mañana será mi último día.

Está claro que Franz y Julia me han guardado una última sorpresa,

pero, en absoluto se podían imaginar

que iban a hacer realidad mi sueño de niña.

Siempre había querido verlo:

el Titicaca, el lago navegable más alto del mundo.

Un pequeño mar a 3800 metros de altitud

y tan grande como Córcega.

En estas orillas nació la cultura aimara,

y para los indígenas, estas aguas siguen siendo sagradas.

Cuando uno vive en La Paz, no hay nada más tradicional

que venir a merendar a la orilla del lago.

Hermoso, ¿no? Sí... Muy hermoso.

Me resulta increíble estar aquí.

Para mí, estar al lado del lago Titicaca es increíble.

¡Increible!

A ver, ¿quién tiene hambre?

Yo. ¡Yo...!

¡Yo también! ¿Y la Julia no tiene hambre?

Sí, voy...

Perfecto..., perfecto.

¿Y más "mote", no quieres probar? No, por el momento... Gracias.

¿Tienes tenedor, pequeñín? ¿Está rico?

Bueno, los amigos... El último día, ¿sabes?

Último... así. Mañana me voy...

Entonces, quisiera decirlos a todos: Muchas gracias.

Ahí está la casa. Llegas, no más.

Nosotros te vamos a esperar... brazos abiertos.

Muchas gracias. Entonces, si queréis venir a Francia,

mi casa es tu casa. Gracias.

Mira, ya debe ser... mucho dinero también para viajar,

entonces... esas son las razones que... un día, tal vez,

puede ser o puede no también...

Pero, mis hijos pueden llegar... con el estudio, tal vez, un día...

Hay buena comida en Francia:

Ternera estofada, salchicha de Toulouse...,

los quesos...

Va a venir ¿no? Vas a venir...

Por los quesos, nada más.

(Ríen todos).

Va a venir a Francia por los quesos...

Es una buena palabra ¡Bravo!

¡Bravo!(Risas) ¡Bravo!

¿Has comido quesos franceses? No, no...

¿Nunca? Nunca he comido.

¿Y Franz..., nunca? Tampoco, no...

Esto se llama "Saint-Nectaire". Hmmm...

El queso Boulette de Avesnes.

Cógelo y huélelo.

Es fuerte... Esto igual...

No es obligado, no eres obligada.

No, no me gusta. -Es fuerte.

Dime, ¿es bueno o no? Bueno.

Bienvenidos a mi extraña ciudad - Episodio 4: La Paz

52:23 29 mar 2021

Alexandra Alévêque viaja a La Paz, sede del gobierno boliviano, en América del Sur. Es la capital gubernamental más alta del mundo. La periodista vivirá a 4000 metros sobre el nivel del mar con Franz y Julia. Tan pronto como llega, Alexandra siente el mal de altura.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2023.

Alexandra Alévêque viaja a La Paz, sede del gobierno boliviano, en América del Sur. Es la capital gubernamental más alta del mundo. La periodista vivirá a 4000 metros sobre el nivel del mar con Franz y Julia. Tan pronto como llega, Alexandra siente el mal de altura.

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2023.

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