Presentado por: Alexandra Alévêque Dirigido por: Christophe Castagne | Jérôme Mignard | Stéphane Jacques | Mikaël Lefrançois | Alexandra Alévêque

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan.

Alexandra Alévêque, periodista, vivirá la vida en las ciudades más extremas del mundo. Durante varias semanas vive, come, se mueve, a -52 °C en la ciudad más fría del mundo, empapada hasta los huesos en la más húmeda o sin aliento a cada paso, en la ciudad más alta de nuestro planeta. Cada episodio nos ofrece una reflexión sobre la increíble adaptabilidad de las personas y las soluciones que aportan, tanto conductuales como organizativas. ¿Cómo son estas inusuales ciudades? ¿Cómo viven sus habitantes? ¿Qué tenemos que aprender de ellos?

Y es que mañana todos seremos urbanos ... El hombre, inexorablemente, quiere vivir en la ciudad. Dos tercios de la población mundial estarán hacinados en 2030, y esta cifra seguirá aumentando. El resultado está ahí: Ciudades que crecen, en cualquier lugar, de todos modos. Y hombres para vivir en ellos, adaptarse a ellos y encontrar la manera de convertirlos en su 'hogar, dulce hogar'.

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Para todos los públicos Bienvenidos a mi extraña ciudad - Episodio 3: Yakutsk - ver ahora
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Soy una francesa típica:

eternamente insatisfecha,

para mí siempre hace mal tiempo,

el cielo está demasiado gris o hace demasiado frío...

Así que

para corregirme

he decidido viajar a un lugar donde de verdad sea así.

He cogido un avión con dirección a Iakoutsk,

al este de Rusia.

Es la capital de la provincia de Yakutia,

oficialmente Sajá,

que tiene seis veces el tamaño de Francia.

Pero Iakoutsk es conocida principalmente

por ser la ciudad más fría del planeta.

Una ciudad construida en mitad de las estepas siberianas,

cuyo desarrollo fomentaron

los campos de trabajos forzados en la región.

Allí la temperatura media en invierno es de menos 42 grados,

y según los registros

incluso se han superado los 60 grados negativos.

Mi deseo es comprender

cómo es posible llevar una vida normal

en un clima tan extremo.

¿Cómo es el día a día de los 300 mil habitantes de Iakoutsk?

Para saberlo,

viviré con ellos durante varias semanas,

rodeada por unas temperaturas

que solamente han podido sentir

los verdaderos alpinistas del Everest

o los exploradores de los polos.

Me mimetizaré con el entorno

y convertiré esta ciudad en la mía.

Bienvenidos a mi extraña ciudad. Capítulo 3

Damas y caballeros,

este avión acaba de efectuar su aterrizaje en Iakoutsk.

Son las siete horas y treinta minutos.

La diferencia horaria entre Moscú y Iakoutsk

es de seis horas.

La temperatura del aire

es de 37 grados bajo cero.

En Iakoutsk más que en cualquier otro sitio,

uno reza

para que sus maletas lleguen a buen puerto,

porque a nadie se le ocurre salir al exterior

sin antes ponerse varias capas de ropa encima.

Al menos es lo que me han aconsejado,

ya que a decir verdad,

nunca he experimentado una temperatura tan baja.

¡Qué frío!

¡Caray!

Es alucinante

lo rápido que empieza uno a sentir el frío.

Madre mía, está todo helado.

Increíble.

¿Es usted Valeri?

Valeri es el taxista

que me levará a la casa de mis anfitriones yakutas.

¿Será él?

Buenos días.

¿Valeri?

Me llamo Alexandra.

¿Alexandra?

¿Todo bien?

Bien.

¡Qué frío hace en su ciudad! Valeri.

¡En marcha!

Creo que en el avión han dicho

que la temperatura era

de menos 37 o menos 38 grados ahora.

Da.

¿Da?

Sí, hoy ha subido un poco.

Ayer por la mañana tuvimos menos 41

y esta mañana, menos 38.

Hace más calor.

Ah, que menos 38 es calor.

Pues vale...

Menos 35 o menos 40 es una temperatura habitual.

Menos 50 ya es un poco fresco para nosotros.

Y menos 60 es claramente frío.

Madre mía, menos 60, ¡ni me lo imagino!

¿No es muy difícil

conducir por aquí, con las carreteras congeladas?

Sí.

Lo complicado en invierno es que cuanto más frío hace,

más niebla hay en la ciudad.

Lo peligroso es la niebla.

Cuando hay niebla no se ve un coche a diez metros

y es como avanzar rodeado de leche.

Además,

tenemos que preparar los coches para el invierno,

los transformamos especialmente.

Por ejemplo,

esta luna es doble, tiene doble cristal.

Y en las ventanas ponemos un cristal adicional

para que no se cubra de escarcha.

Eso ayuda a conservar el calor en el interior del coche.

Quince horas después de salir de París,

por fin llego a mi destino.

Spasíba.

Adiós, hasta pronto.

¡Adiós, Valeri!

Gracias.

Tengo muchísimas ganas de conocer a Tamara y a Nikolai

mi pareja anfitriona.

Viven en esta isba, una casa tradicional de madera.

Viviré aquí con ellos durante varias semanas,

como una verdadera yakuta.

Hola.

Me llamo Alexandra.

¿Está bien dicho?

¿Sí?

Buenos días.

Saina, Tamara.

Es mi hija.

¿Tu hija?

Es mi madre.

Entiendo, sí.

¡Ruso nivel pro!

Buenos días.

Mi cuñada.

Buenos días.

Mi marido.

Papá.

Muy bien.

Estarás congelada.

Pero has tenido mucha suerte.

Hoy hace bastante calor.

Normalmente tenemos menos 45 o menos 50 grados.

No puedes decir que hoy hace calor,

¡no puede ser!

Fijaos, tengo los dedos heladitos.

¿me lo quito todo?

A ver...

Llevo mucha ropa.

Vaya locura.

Venga, enseñadme la casa.

En casa hace calor.

¡Qué chulo!

Esa es tu cama.

¿Es para mí?

¡Es una habitación enorme!

Esta es la habitación de matrimonio.

Vale, esta es la otra,

la de la madre.

Hay algo que no me habéis enseñado,

el baño.

Nosotros tenemos el baño fuera.

Allí.

¿Dónde está el baño?

¿fuera?

Sí, allí fuera.

Pero ¿por qué?

¿por qué?

Es lo normal.

¿En casa no tenéis?

No tenemos instalación, no tenemos canalización.

Claro. No lo había pensado.

Malas noticias:

el baño está al fondo del jardín, al lado de la caseta del perro.

La idea de salir

a menos cuarenta grados, en mitad de la noche,

no me hace mucha gracia.

Pero tiene su lógica,

ya que es imposible

tener agua corriente

cuando las canalizaciones

se congelan siete de los doce meses del año.

Por suerte

Tamara tiene la solución

para las pequeñas urgencias nocturnas.

Ya veo, un cubo.

Para mí es el morado.

Sí, ese es el tuyo.

Lo vaciamos fuera todas las mañanas y lo lavamos.

Yo ayudaré.

Yo ayudaré, en serio,

lo prometo.

Una nueva realidad

que contribuye a que estrechemos lazos.

La falta de agua corriente en el centro de la ciudad,

es algo habitual.

Para paliar esta carencia,

Nikolai almacena bloques de hielo en su jardín,

como quien almacena troncos de madera.

Los cortó en otoño en un río helado,

y guarda los necesarios para pasar el invierno.

Y cuando el hielo se funde,

sirve para el inodoro o para lavar los platos.

Ah, bien.

Aquí tenéis un pequeño lavabo. Ah, vale y cae en el cubo.

O sea que no hay evacuación.

Muy bien.

Y ahí tenéis el depósito.

Vale, ¿y ahora?

Muy bien, hago un poco de presión.

Ya está.

Y también tenemos un banya.

¿Qué es un banya?,

¿una especie de sauna?

Sí.

¿Y la usáis todos los días?

No, una vez a la semana.

La madre se ríe,

¡se parte de risa!

Acabo de enterarme

de que tendré derecho a una única ducha a la semana.

En pocas horas compruebo

que el frío condiciona los gestos más sencillos,

y algo me dice

que todavía me quedan muchas sorpresas por delante.

Bien,

a ver la temperatura.

Hoy hace más frío.

Está bajando.

Tengo la impresión de que me gotea continuamente la nariz.

Hay que tener las fosas nasales siempre húmedas,

pero siento como si tuviera congelada la nariz por dentro,

una sensación muy poco agradable.

Aun así,

hay que respirar por la nariz,

porque respirar por la boca

no es muy agradable para la garganta

y además

se hace raro, notas los dientes.

Si respiras por la boca no los sientes,

así que a respirar por la nariz.

Aquí uno descubre partes de su cuerpo.

Bueno, está marcando menos 42.

Con este frío,

treinta minutos caminando por la nieve bastan

para tener los pies congelados.

Vamos, que, con mis zapatitos de parisina,

corro el peligro de dejarme aquí los dedos.

Saina, la hija de Tamara,

me acompaña a la ciudad

donde podré comprar un par de buenas botas yakutas.

¿Qué te parecen estas?

¿te gustan o no?

Sí, te quedan muy bien.

¿Me las llevo?

¿Sí?

¿Y de qué animal son?

¿qué tipo de piel es?

Son de patas de reno,

de la parte inferior de la pata,

la más cálida y la más resistente.

El reno es el animal

que mejor conserva el calor en sus patas.

Muy bien.

Conservan el calor incluso a menos 50 y menos 60 grados.

No está mal, ¿eh?

¡No está nada mal!

Pero aparte de los renos, procedentes de cría,

me aseguran que las pieles que se venden aquí,

proceden de la caza de animales salvajes,

una actividad todavía clave en Sajá.

La piel más cotizada es la de marta cibelina de Barguzin,

una especie de garduña.

Su pelo es el más sedoso

y, por lo tanto, el más caro.

El precio de un gorro de marta cibelina

puede llegar a los 700 euros.

La búsqueda de pieles

atrajo en el siglo XVII a los rusos a estas tierras siberianas,

que los llevaría posteriormente a colonizar el territorio yakuta.

¡Ay mi madre! Este es muy chic y femenino.

Es el chic yakuta.

Me viene un poco grande.

No, no, es perfecto,

es casi de mi talla, solo un pelín grande.

Finalmente caigo en la tentación de probar un abrigo de piel.

No es algo que se pueda hacer todos los días.

Madre mía,

no había visto la espalda.

¿Ya soy toda una yakuta?

¿Cuánto cuesta? ¿cuánto cuesta el abrigo?

Vale dos mil euros.

Ya.

¿Y esto?

Y el gorro, 450 euros.

Ya, claro.

¿Sabe que en Francia

más de uno me lincharía

por comprar este abrigo de pieles?

Aquí, en Siberia,

las pieles forman parte de nuestra cultura.

Nosotros mantenemos otra relación con la naturaleza.

No hay ninguna piel artificial

ni ningún material tecnológico que proteja tan bien contra el frío.

Nuestra filosofía dice que

el animal fue creado por las fuerzas superiores,

para que el hombre pudiera vivir y sobrevivir en estas condiciones,

para que pudiera criar a sus hijos y asegurar su futuro

y que por eso el animal está a su servicio.

En Iakoutsk,

las pieles no tienen la mala fama de la que gozan en Europa

y ocho de cada diez personas las utilizan.

Por mi parte,

he terminado entendiendo

que a pesar de mis botas y de mi gorro o chapka,

los paseos tampoco pueden durar mucho.

No seré yo

quien saque la nariz a pasear en Iakoutsk.

Entraremos un segundo al cine.

Tengo las yemas de los dedos totalmente congeladas.

Madre mía,

¡Totalmente congeladas!

Vaya.

Venga, ¡rápido! Vamos.

Caray.

No las siento, no siento las yemas de los dedos.

Es una manera de medir el riesgo de congelación.

Va muy rápido.

Bien,

en marcha.

Es increíble.

La gente sale del coche pero no lo apagan del todo,

porque, si lo hacen,

luego no podrán arrancar, por el frío.

Por eso hay tantos coches aparcados y funcionando.

Alucinante.

¿Y esto qué es?

¿Qué está haciendo?

Buenas tardes. ¿Qué hace?

Estoy calentando este coche.

Se ha estropeado

porque se le ha congelado el tubo de escape.

El combustible no tenía por dónde salir

y por eso se ha estropeado el coche.

Entiendo.

Le pasa a muchos coches.

Habrá visto usted

las estalactitas en los tubos de escape.

Lo que hacemos es enviar calor desde abajo.

Ya veo.

¿Puedo verlo?

Ha puesto usted una manta.

Usted está en la ciudad,

pero si yo me quedo tirada

fuera de Iakoutsk, en medio del campo,

¿qué hago?

Es muerte segura.

Es muy peligroso.

Sí, una catástrofe.

Da.

¡Da, claro!

Puede ser letal.

Ay mi madre...

Yo voy ahora al campo, por el río Lena.

Vivimos en condiciones difíciles.

Si no hace usted nada,

aguantará unas horas

y si consigue encender una hoguera,

sobrevivirá más tiempo.

¡Vaya!

Pero con este frío es fácil congelarse en muy poco tiempo.

Y entonces si en alguna ocasión tienes una avería muy lejos,

¿qué debes hacer para sobrevivir?

Hay que quemar la rueda de repuesto,

elementos del interior del coche,

como los asientos o la tapicería...

Son de caucho,

así que arden fácilmente y dan calor.

Y para calentarse,

también puede quemar las cuatro ruedas.

Puede quemar todo lo que arde.

Y al final,

lo único que le queda es quemar el coche.

¡Arranca!

En Iakoutsk

muren al año entre 150 y 200 personas

por culpa del frío.

Olvidarnos los guantes puede enviarnos al hospital.

Me pregunto

cómo puede uno acostumbrarse a una vida

en la que está expuesto al peligro en cuanto pisa la calle.

¡Buenos días, pequeño!

¡Buenos días!

Ay, ay, ay...

A este perro los cumplidos le resbalan.

Hoy ayudaré a la nuera de Tamara,

que trabaja en el mercado de la ciudad.

Un mercado al aire libre, por supuesto.

Al parecer

es uno de los oficios más complicados de Iakoutsk,

pero me gustaría comprender

cómo es posible trabajar al aire libre

durante toda una jornada.

Tamara, me he puesto varias capas,

pero no sé si bastarán.

Tengo una malla y dos pares de calcetines.

Y por encima, este pantalón.

¿Bastará?

Niet.

¿Niet?

Fuera hace frío, así te congelarás.

Es muy ligero.

Esto también es muy ligero.

Te prestaré ropa.

¿Me prestas ropa? ¿Esta no vale?

Vaya.

¡Ay, mi madre!

¡Vaya!

Durante quince años,

Tamara también trabajó como vendedora

y ha guardado todo su material.

¿Qué es eso?

¿Es tuyo?

¿Esto tiene una parte de delante y una de atrás?

¿Sabes?

Hacía mucho que no me vestía una madre.

¡Pero mucho!

Acabo de volver a mi infancia.

Una hora al aire libre ya es muy duro,

así que imagínate un día entero.

Hay que vestirse rápido.

Si no,

sudarás y cogerás frío en cuanto salgas.

Todo muy rápido.

¡Alucino!

Y la chapka.

Y la chapka.

Si tienes frío hay tiendecitas.

No te lo pienses dos veces en ir a una a calentarte.

Y no te quedes fuera mucho tiempo.

Muy bien. Adiós.

¡Adiós, Tamara!

¡Paka, paka! ¡Vamos allá!

¿Lo cojo?

¡Es la primera vez en la vida que hago esto!

Cuanta grasa tiene.

Para ser carnicero en Iakoutsk,

también hay que tener dotes de ebanista.

¿Más?

Porque se corta la carne congelada

como si fuera un tronco de madera.

¡Fíjate! Este trozo está más seco.

Sarguylana es la nuera de Tamara.

Nos llevamos todo el muslo.

Tiene un puesto de carne en el mercado.

¡Pero bueno, si pesa un montón!

¿Así?

¿Y luego hay que tirar del trineo?

Usaremos porteadores.

Solas no podríamos.

Utilizaremos porteadores.

De acuerdo.

Me encanta.

¡Me encanta!

Tengo la extraña sensación

de estar caminando por un congelador a cielo abierto

en el que se disponen los pescados como si fueran barras de pan.

Aquí no te filetean el pescado, sino que compras la unidad.

Bueno, casi en metros cúbicos.

Al menos nadie puede quejarse de que los productos no sean frescos.

¿Qué es eso?

Ah, es conejo.

¡No me lo creo!

Está congelado y más duro que una piedra.

Ahí te quedas, conejito.

Qué locura.

Increíble.

Acérquense, damas y caballeros.

Miren qué carne más buena.

Una carne muy buena.

Dos kilos cuatrocientos.

920.

Aquí la gente toca la carne.

Eso es inimaginable en nuestras carnicerías.

Sarguy por favor, explícame qué es esto.

Estas son chuletas de potro, esto es filete de potro.

¿Y esto qué es?

Esto es hígado de potro.

Vuestro potro es un poco como el cerdo para nosotros.

Como yo diga en Francia que he vendido potro ...

me rajan en dos.

¡Que sí!

¡Que sí!

Aquí, no.

Entonces no saldrá de aquí.

Pero la carne de potro es buena. La comemos incluso cruda.

¿La señora se lleva eso?

Lo pongo en la báscula...

Dos kilos y medio.

Es carne de calidad, señora.

¿Y qué hará con todo eso?

¿Cuánto llevas tú trabajando aquí?

Unos seis años.

¿Y no es demasiado difícil?

Un poco.

Ibas a decir que no,

pero...

¡Hay que ganarse la vida!

Claro que es difícil.

Llegamos aquí por la mañana

y nos quedamos hasta las seis de la tarde.

Antes nos ganábamos bien la vida, pero ahora estamos en crisis.

No es nada terrible,

a veces vendemos bien,

pero otros días no vendemos nada.

Sin embargo

estamos obligados a estar aquí al aire libre.

¿Y cómo lo haces?

Porque esta mañana

Tamara me ha puesto una capa encima de otra,

y de otra, y de otra.

Estoy acostumbrada.

Si tengo frío, pongo una capa más.

Pero ahora se está bien, hoy se puede estar aquí.

Ya.

Hoy hace calor.

Los comerciantes permanecen hasta diez horas expuestos al frío,

pero también a enfermedades respiratorias crónicas

y reumatismos.

Yo envidio la alfombra

que tiene la vendedora que está enfrente,

porque como buena francesa,

al cabo de dos horas

dejo de sentir los dedos de los pies.

Me meto un rato en la tienda de ultramarinos.

Seguiré el consejo de Tamara

y me calentaré un poco antes de que sea demasiado tarde.

He aguantado apenas media jornada.

No está mal para un primer intento,

pero no soy digna de ser una yakuta.

¿Te ha gustado el mercado?

¡Sí, me ha gustado!

He vendido potro, en todas sus formas...,

he visto a los conejitos,

los conejitos...

Los conejitos congelados, que están más duros que la madera.

¡Es horrible, con esta cara!

Estoy contenta.

¿Estamos de celebración? ¿Qué se celebra?,

¿Hay fiesta?

¡Ay madre!

¡Se os va la pinza!

¿Toda esta comida?

Tamara y su hija, Sayina,

me han preparado una sorpresa:

han organizado un banquete con especialidades yakutas.

Hay suficiente comida como para alimentar a un ejército.

Aquí con la comida no se juega, porque es cuestión de supervivencia,

el cuerpo quema más calorías para soportar el frío.

Lista.

Y la última.

¿Me siento aquí?

A ver. ¿Es para mí?

¿Vienes?

Viene con la mami,

con su mamita.

Hoy se reúne toda la familia:

Ala, la hija pequeña de Saina,

su hijo Yann y su sobrina.

El manjar más importante de la cocina yakuta

es el stroganina,

pescado crudo congelado.

¡Ay, perdona! No lo había visto.

¡Qué rápido lo corta!

Esta mañana, en el mercado,

me ha impresionado ver el pescado congelado.

No me esperaba que esta noche me lo comería tal cual.

¡Y mucho menos el potro!

¿Y esto también está congelado?

Cold meat, ¿carne congelada?

Más en concreto, potro congelado.

¿Y se come así?

¡Qué duro está!

Una vez en la boca,

cualquiera diría que es helado de sangre.

Pero eso mejor no lo digo.

Está rico.

¿Y eso qué es?

Son lonchas de carne cruda congelada.

Sí sólo comiésemos fruta y verdura,

no sobreviviríamos al invierno.

Lo que nos mantiene fuertes es la carne.

Para nosotros,

la carne de potro es una medicina.

Su grasa no tiene colesterol, todo son beneficios,

como el omega tres.

Es una carne ...

con propiedades beneficiosas.

Los yakutas comen hígado crudo de potro,

porque es rico en vitamina D,

ideal para compensar el déficit de sol en invierno.

Cogeré un poco.

Los franceses solemos decir que comemos mucho,

que estamos mucho tiempo de sobremesa...

Pero creo que

los maestros de los franceses son los yakutas.

¿Sí?

Gracias, no lo sabíamos.

¡De nada!

¡Oh, la, la!

¡Oh, la, la!

¿Que si hace frío hoy?

Esta es la respuesta.

Por primera vez desde que he llegado,

me voy de la ciudad

para adentrarme en la taiga siberiana.

Voy con Paul,

un criador de caballos

que es el proveedor del mercado de Iakoutsk.

Me dice

que se conoce estos caminos de memoria.

Espero que sea verdad.

Aquí he vendido caballo y hasta lo he comido,

así que ya iba siendo hora de que los viera,

porque los caballos yakuta son únicos.

Junto con los renos,

son los animales que mejor resisten al frío.

Los yakutas y sus caballos

llegaron juntos a Siberia hace más de ocho siglos.

Con el paso del tiempo,

sus respectivos órganos se han adaptado al clima extremo,

pero ninguno habría podido sobrevivir

sin la ayuda del otro.

¿Puedo intentar tocarlo o mejor no?

No.

Son salvajes, medio salvajes.

A estos potros se les da de comer en invierno,

pero cuando cumplan los tres años quedarán en libertad.

Entonces podrán ir a la taiga, como los caballos adultos,

y los traeremos aquí solamente una vez al año.

Paul tiene 70 caballos pero no tiene establos.

Los caballos yakuta no las necesitan.

Viven en libertad, en el bosque.

Su morfología, tan única,

les permite soportar temperaturas de hasta 70 grados bajo cero.

Gracias a sus robustas pezuñas,

los caballos adultos

no necesitan herraduras para caminar por la nieve

y pueden alimentarse sin ayuda.

Escarban para comer la hierba que está bajo la nieve.

Increíble.

Si miramos aquí,

el lugar donde han escarbado...

Sí que escarban.

Está verde.

Está verde.

No está vivo, pero está verde.

La hierba está congelada.

Es como una legumbre congelada.

Ha conservado

todos los microelementos y vitaminas necesarios.

Aquí cae muchísima nieve,

así que se conserva todo bien,

y gracias a eso,

los caballos aguantan hasta la primavera.

Sin embargo Paul tiene que alimentar a los más jóvenes,

así como cuidar de los caballos enfermos o heridos.

Siempre hay que estar ojo avizor

para comprobar que no haya alguno que esté enfermo.

En otoño hay muchas complicaciones,

los lobos y los osos suponen un gran peligro.

La semana pasada los lobos atacaron a tres de mis caballos.

Para los yakutas, un caballo no es solo un caballo;

en nuestra cultura es como un Dios.

Están presentes en todos nuestros mitos,

en nuestras canciones,

en nuestros proverbios.

Nos gusta decir

que descendemos del Dios del caballo,

que somos los hijos del caballo.

Paul tiene razón,

los yakuta y sus caballos comparten esta flema siberiana,

que es sin duda,

su mejor arma frente a la rudeza del clima.

Muy buenos los gofres,

los gofres de Tamara.

Esta mañana,

Tamara y Nikolai me hablan de su infancia.

Me aseguran que los inviernos eran antes mucho más duros.

No me atrevo a preguntar hasta qué punto.

Y entonces me planteo

si el calentamiento global

afecta también a la ciudad más fría del mundo.

Tamara me ha sugerido que vaya al centro de la ciudad,

al Instituto del Permafrost.

El permafrost es la tierra

que se mantiene congelada todo el año

en las profundidades,

incluso cuando las temperaturas superan los 30 grados en verano.

Esta particularidad

explica la extraña fisionomía de esta ciudad.

Los tubos de gas van por encima de las calles,

porque no pueden ir enterrados.

Los inmuebles están construidos sobre pilotes,

porque el calor que emanan

podría fundir la tierra y desestabilizar las construcciones,

como estas isbas,

que están construidas directamente en el suelo

y tienen los días contados.

En este instituto,

los científicos vigilan de cerca la evolución de este fenómeno.

Será otra Alexandra

quien me acompañe

por este insólito mundo subterráneo de la ciudad.

Muy bien.

Allá vamos.

Bajaremos ocho metros.

Aquí podemos bajar hasta doce metros.

¡Vaya, a las entrañas de la tierra!

Y el último piso.

Es genial.

Increíble.

Caray, hace frío. ¡Hace frío!

Madre mía, es increíble.

Mira qué cristales.

¡Es precioso!

La profundidad del permafrost es de 300 metros.

Bajo nuestros pies hay 300 metros de suelo helado.

Entiendo.

Y pone que hace menos diez grados.

En verano,

¿qué temperatura hace aquí?

La misma temperatura.

Ese es el rasgo único del permafrost,

porque siempre hay hielo.

Estamos en el corazón del permafrost,

y la temperatura será la misma en verano.

Me imagino que arriba, en sus oficinas,

también estudian mucho acerca del cambio climático,

porque también afectará a Iakoutsk.

¿De qué manera afecta a su vida?

El calentamiento global existe.

En los años 80,

la temperatura media del permafrost era de menos 11 grados

y ahora es de menos ocho grados.

Es decir,

se nota el calentamiento global.

Nosotros somos investigadores optimistas,

así que no hacemos previsiones tremendistas

sobre cuándo se fundirá el hielo

o sobre la altura del nivel del mar.

Pero si la temperatura del permafrost

continúa aumentando a este rimo y este se sigue fundiendo,

¿cómo afectará a la ciudad de Iakoutsk,

que está sobre nuestras cabezas?

Si fuésemos pesimistas diríamos que

la ciudad se desmoronará como un castillo de naipes.

Todos los edificios se vendrán abajo

y toda la región sufrirá un calentamiento descomunal.

Debemos hacer todo lo posible para que no suceda.

Si echamos un vistazo al Iakoutsk actual,

cuesta imaginar ese peligro.

La ciudad no para de crecer,

no cesan de aparecer nuevos edificios,

construcciones modernas,

con calefacción central y agua corriente,

incluso en invierno.

El frío polar no ha hecho huir a nadie.

Al contrario,

la ciudad ha ganado cien mil habitantes

en apenas quince años.

No olvidemos que Sajá

es una tierra de petróleo, de gas, de oro y de diamante.

Además se dice

que cuando un día Dios estaba sobrevolando Sajá,

se le congelaron las manos

y se le cayeron todos sus tesoros.

Son las ocho y media.

¿Qué hace Tamara?

¡Preparar la cena!

Aquí la comida es muy importante.

Relleno de carne con arroz.

Quince días después de mi llegada, me doy mi segundo baño.

Será mi segunda palangana de agua caliente.

Entre el interior y el exterior,

100 grados de diferencia.

¡Mucho frío!

¿Corremos?

¿No es mejor ir corriendo?

Hoy, Sayina y su marido, Nikolai, me llevan a pescar.

Quieren que descubra

cuál es el ocio preferido de los yakuta.

Son las dos de la tarde

pero el sol se oculta muy pronto.

En invierno,

los días tan solo duran cinco horas.

Muy pronto el asfalto deja paso al hielo.

Ahora nos desplazamos sobre el río Lena.

En invierno,

el río está totalmente congelado

y se convierte

en el eje de circulación principal de Sajá.

Madre mía, qué bonito.

Es precioso,

¡magnífico!

Spasiba.

Nikolai, ¿cómo sabemos si aquí hay peces?

Siempre venimos a pescar aquí.

Creo que deberían picar.

¡Qué de hielo!

¿Qué estás haciendo?

Es una tradición.

Los yakutas somos cazadores.

Tenemos la costumbre de alimentar a la naturaleza

antes de cazar o de pescar.

Regalamos panes al río o al bosque.

Es importante, para que no se ofendan.

A lo mejor pescamos y a lo mejor no.

Es una lotería.

No siempre

cada vez que alimentamos al río, conseguimos peces.

Los yakutas han logrado conservar sus creencias,

que tienen sus raíces en el chamanismo,

a pesar de la influencia del cristianismo

y de los años soviéticos.

Siguen cultivando su singularidad en este extremo oriente ruso,

tan alejado de Moscú.

¿Te sientes más bien rusa, que lo eres,

o yakuta, que también lo eres?

¿Qué te sientes más?

Yo me considero más yakuta.

En casa hablamos sobre todo en yakuto

y con nuestros padres, también en yakuto.

¿Cómo voy a decir que vengo de Rusia si nunca he visto Moscú?

Nunca he estado allí.

Y te diré que los jóvenes moscovitas no saben nada de los yakutas.

Se creerán que vivimos en chozas,

que acogemos a osos polares

y que viven con nosotros en nuestra yurta,

que no nos desplazamos en coches, sino en renos.

Son tópicos,

pero no quita que vivir en Iakoutsk tenga sus dificultades

y sé de lo que hablo.

Pero también

hay que mostrar un orgullo por vivir aquí,

porque es duro.

En yakuto solemos decir que

«un yakuta es terco,

pero sus hijos lo son incluso más».

Es verdad que tenemos un carácter muy marcado.

Nuestros antepasados eran grandes guerreros

y creo que eso se ha quedado en nuestro espíritu.

¿Un pescado?

¡Madre mía!

¡Con este daremos de comer a toda la ciudad!

Enhorabuena, primer pez.

Sayina, bien hecho.

Yo, ni uno.

¿Qué es eso?

¿Alguien haciendo de batería de coche?

¡No me fastidies!

Madre mía, ¿en serio?

¿Cuántas horas estará ahí?

Entre Don Batería y los vendedores del mercado,

creía haber visto ya los peores trabajos de esta ciudad,

pero Iakoutsk no deja de sorprenderme.

En invierno,

el puerto fluvial parece un cementerio de chatarra.

Bloqueados por la nieve desde septiembre,

cientos de barcos se encuentran en descanso forzoso.

Es increíble.

¿Se oye el ruido?

Me ha parecido

ver a un hombre trabajando, ahí detrás

y que está excavando.

¡Mirad!

Son dos.

¡Buenos días!

¡Buenos días!

¿Qué hacen?

Estamos despejando la nieve

para acceder a la hélice y repararla.

Todavía quedan dos metros hasta llegar a la hélice.

Tenemos que seguir picando.

Pero si está helado.

¿Por qué lo hacen en invierno?

¿Por qué no en verano?

El período de navegación en verano es corto,

solo dura cuatro meses.

Para no perder el tiempo en las reparaciones,

las dejamos para el invierno.

¿Puedo bajar ahí con usted?

¡Por favor!

Ay, mi madre.

A ver si lo consigo.

Estoy pisando el río Lena.

¿Y dónde está la hélice?,

¿ahí, al fondo?

Aquí hay un timón, y aquí, otro.

Y más atrás está la hélice.

Tenemos que despejarlo por completo.

Luego calentaremos la hélice y los ejes de las hélices

y los sacaremos.

Entiendo.

¿Y cuánto tardarán en llegar a la hélice?

Para llegar hasta la hélice necesitamos un mes.

Para quitar los ejes de la hélice, un mes y medio.

¿Y bajo mis pies, qué espesor de hielo hay?

Porque no paran de picar,

pero ¿cuánto queda?

Ahí, 15 centímetros.

¡Eso no es nada!

A André le hace gracia, pero a mí ninguna.

No es nada.

¿Puede romperse?

Intenta saltar, si quieres.

No, no quiero saltar.

No, no, no. No, no salte.

Nada de saltar.

¡Vaya!

Increíble.

Le ayudaré.

¡Sí!

Un trabajo típico carcelario.

Me parece extraño trabajar en el hielo.

Hay cosas peores,

aunque es verdad que es un trabajo físico.

Sin embargo,

es agradable trabajar al aire libre.

Lo más complicado,

no picar una burbuja de aire,

para no perder todo el trabajo.

Si Andrei diese con una burbuja de aire,

la fosa se llenaría de aire y esta se congelaría inmediatamente,

así que habría que volver a picar.

El mito de Sísifo ...

en versión siberiana.

Venga,

un tronquito de hielo cada uno.

De hielo,

no de madera.

Que explota.

¿Y ese vestidito?

Es la yakuta más guapa que conozco,

la yakuta más guapa que conozco.

¿Qué es?

Es mi última noche en casa de Tamara y Nikolai.

La familia se reúne de nuevo al completo.

Un detallito.

Esto es para vosotros.

Son cositas de comer.

Ahora me toca a mí

hacerles probar una especialidad francesa.

Es fuagrás,

fua de pato.

No dice nada. No dice nada.

Me vais a perdonar,

pero no es más raro que el fua de potro congelado.

Así solamente come la grasa.

¿Dónde hay pan?

Yo creo que hay que ser valiente para vivir aquí.

¿Estáis de acuerdo?

Dime.

No, al contrario.

Es interesante vivir aquí

porque tenemos un verano de verdad,

un otoño de verdad,

una primavera de verdad

y un invierno de verdad.

Es decir, cuatro estaciones en toda regla,

que esperamos impacientes.

Y eso nos gusta.

Incluso en verano echamos de menos el frío,

cuando se te congelan las manos y todo el cuerpo.

Spasiba.

Muchas gracias por vuestra amabilidad

durante estos días y estas noches.

Nos habíamos acostumbrado ya a tu presencia.

Te has aclimatado muy bien.

Ya eras una más de la casa;

salías y entrabas.

Ahora sabes vestirte adecuadamente.

Te has hecho a nuestro invierno.

Para mí

es como si no vinieras de Francia,

como si llevases mucho tiempo viviendo aquí.

Es lo que siento.

Te echaré de menos.

Yo también os echaré de menos.

Gracias a vosotros

he dejado a un lado mis prejuicios.

No,

la ciudad más fría

no es tan solo un gigantesco bloque de hielo,

poblado por supervivientes.

Los yakutas están bien vivos y orgullosos de su ciudad,

y cuando te acogen, se entregan por completo.

Qué bien.

¡Cómo huele!

¡A cerdo chamuscado!

Creo que me he quemado los calcetines.

Me lo probaré,

pero no sé yo si...

No,

va a ser que no.

Caray.

Caray.

Caray.

¡Oh, Dios!

Bienvenidos a mi extraña ciudad - Episodio 3: Yakutsk

53:25 25 mar 2021

Yakutsk es la ciudad más fría del mundo. Una ciudad construida en mitad de las estepas siberianas, sobre un antiguo territorio gulag. La temperatura media en invierno es de menos 42 grados. El deseo de Alex es comprender ¿cómo es posible llevar una vida normal en un clima tan extremo ?...

Contenido disponible hasta el 14 de diciembre de 2023.

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