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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T7 - Capítulo 5 - Ver ahora
Transcripción completa

-De Cecilia para Alejandro con amor.

Cecilia, yo... yo no puedo aceptar esto.

Naturalmente que puedes.

No me digas que no es precioso.

-Es precioso. Tenerlo en la muñeca será como tenerte a mi lado.

¿Dígame?

Sí, soy yo.

Pero, ¿con quién hablo, por favor?

¿Estefanía?

-Mañana voy al médico, lo prometo. -No prometas en vano,

porque si mañana vas al médico y te dicen que te van a coser...

-Pues aguantaré como un torero.

O me desmayaré como una señorita.

-Lo que pasa es que su padre es un poco rancio,

y creo que quiere que tenga un novio militar, como él.

-Chelo, solo te digo que no te metas en líos.

Con Miguel en paro y padre en la cárcel,

solo falta un vecino enfadado y que nos echen de la portería.

Eso no es verdad. Te recomendamos prudencia.

-¿Prudencia? Que haga como que me muevo, pero sin moverme.

Que busque donde no hay nada que encontrar.

¿Eso es prudencia o cobardía?

-¿Por qué no puedo tener un novio como Cecilia

y estuve con el más canalla?

Y todas las chicas de mi edad tienen una vida normal y son felices

y yo tengo que estar amargada.

-No, no tengo tanto dinero.

-Vaya por Dios.

Qué manera más tonta de perder 2.500 del ala.

-Pero...

Mira... es nuevo.

Vale lo menos dos mil pesetas.

Un par de días, nada más.

Dos días para encontrar pruebas de que, como tú dices,

las han secuestrado o asesinado.

Si las encuentras publicaremos un artículo de fondo, si no...

ya te puedes olvidar del asunto.

-Gracias, Rocío.

Despertar abrazado a la ironía

de ocultar la razón de cada día

para amar en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir sorprendida mi tormento

y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquél que tuvo que olvidar

para empezar.

(RESOPLA DOLORIDO)

-Ahí está, venga, vamos. Ya está.

Cura sana, culito de rana. -¿Qué?

¿Cómo va esa mano?

-Mucho mejor, Manuela, es un gusto cómo ha evolucionado esto.

En dos días está... ¡Ay, ay, ay!

¡Pero bueno! ¡¿Estás loca, qué haces?!

-Comprobar que me mientes.

Cuando llegue doña Gertrudis vamos a la casa de socorro.

Así nos quedamos más tranquilos.

-Te digo ya, por mis niñas, que no voy a la casa de socorro.

-¿Cómo eres tan cabezota? Me lo prometiste ayer, ¿o no?

-Si no mejoraba. Pero esto está mucho mejor, ¡coño!

-¡Enséñame la herida! -Es una heridita de nada.

-Pues más a mi favor.

Si es una herida de nada, nos vamos a la casa de socorro

y que la limpien con agua oxigenada y todo eso...

-Y que me claven una aguja con un hilo, sin anestesia ni nada.

¡Venga hombre! Que no voy y te digo una cosa,

los matasanos no me la dan, experimentan con el dolor ajeno.

-¿Qué crees que te van a cortar el brazo o qué?

-Pues ha pasado. -Sí, ¿sabes cuándo?

Cuando alguien deja pasar una herida así, tonta,

se hace una infección tremenda y luego se gangrena.

-¿Se qué? -Se gangrena.

-Lo dices para acojonarme. -Sí, es verdad.

Pero te puede pasar.

(BAJITO) -¡Au!

Esto lo voy a arreglar yo como Dios manda.

-¡Estate quieto, coño! Que así no acabamos nunca.

-Estoy muy nervioso, como va a venir mi madre.

-¡Que venga toda la parentela, leñe!

Quietecito estás más guapo. Tengo muchas greñas que cortar.

-Así me gusta, que seas laborioso, como las abejitas del cuento.

-A la fuerza ahorcan, Sr. director.

¡Hala, ya está, listo! ¡Venga!

-Pero en tu caso se nota que eres trabajador por naturaleza.

-¿Lo dice porque corto el pelo gratis para matar el rato?

-No, porque tu hijo ha salido a ti. -¿Miguel? ¿Ya le arregló el coche?

-En ello estaba esta mañana cuando he salido de casa.

Por lo que hablamos parecía que iba viento en popa.

Eso es que ya sabe lo que le pasa. Ese le arregla el coche en un plis.

Ya verá. Se lo va a dejar mejor que estaba.

-Se le veía al chaval tan dispuesto y diligente como a ti.

-Ese es un buen muchacho. Llegará lejos, ya lo verá.

-¿Se dedicará como tú a la mecánica?

-Todavía no lo sabemos como tiene que hacer la mili.

-¿Está ya en caja? -Sí, pero no le han dado destino.

-Hola, doña Gertrudis, pase. -Hola.

-Buenos días. -Buenos días. ¿Qué tal?

-¿Cómo se encuentra? -Ay, estupendamente.

¡Deja eso! Ahora lo quito yo. (RÍE) -Jeje.

-Ya se me ha pasado el dolor de cabeza, los mareos y el malestar.

Mira cómo estoy. -Como una rosa.

¿Fue al médico? -No. No me gustan los médicos.

Me da alergia. Me he curado yo solita. Hola, Marcelino.

-Hola.

-Un poco de reposo, infusiones, calditos del puchero y mira.

-Sí, si se la ve estupenda. -Está usted estupenda.

¿Para qué vamos a ir al médico? -No tiene nada que ver.

Ella tenía una gripe pasajera, tú un corte que se gangrenará.

-Que no se va a gangrenar. -Que se va a gangrenar.

-Se va a gangrenar. -¿Qué dice, doña Gertudris?

(DISCUTEN ACALORADAMENTE)

-¡Un momento, no discutir!

Los niños, los bebés, ¿has desayunado ya?

-Sí y están durmiendo. Y a este paso les despertaremos.

-Voy a echarles un vistazo. -Venga, vamos al médico.

-Vosotros al médico. -Que no.

-Bueno, ¡venga! -Venga, valiente, al médico.

-Usted no va nunca, lo acaba de decir.

Ya iré. Venga, que no sea nada.

-Yo es que... Quería comentarle una cosa del destino del chico.

-¿A mí?

-Es que es una lástima. Un chico que vale tanto, tan mañoso,

que acabe tragando más guardias que el palo de una bandera.

Lo suyo sería cuidar los coches del gobierno militar

o en una compañía de transportes.

-¿Tiene los carnés?

-No, pero precisamente.

Ahí podría sacárselos, igual ahí está su futuro.

Imagínese que lo mandan lejos y yo aquí metido.

¿Y la familia?

(SUSPIRA) -No te quejes, que aquí dentro vives como un marajá.

Lo que pasa que tenéis el vicio de pedir.

Ya sabes que contra eso está la virtud de no dar.

-Yo para mí no pido, me conformo con cualquier cosa,

pero a mi familia le hace falta.

-Que sí, hombre, que sí.

Me hago cargo. ¿No ves que soy un buenazo?

Anótame el nombre y la dirección de tu hijo y veré que puedo hacer.

-Vamos, muchas gracias, Sr. director.

Le vamos a comprar...

la caja de puros mejor que encontremos.

Aquí tiene. -A ver.

"Plaza Santo Tomé".

-Sí, donde tenemos la portería, ¿sabe? En Chamberí.

Un buen barrio. -Bueno...

Hablaré con un amigo coronel,

a ver donde podemos enchufar a tu hijo que se quede en Madrid.

Y si necesitas ayuda para alguna de las niñas, haría lo que pueda.

Si son tan amables y mañosas como tú y como su hermano,

seguro que puedo hacer algo. -Ellas están bien.

El único que me preocupa es Miguel.

-Yo lo dejo caer por si alguna vez consideras necesario recurrir a mí.

Estaría encantado de ayudarlas. -Muchas gracias, no hará falta.

-Pero bueno, Miguel.

¡Madre mía! ¿Has visto cómo vienes de grasa?

-No empiece, madre.

Bastante llevo ya con la mañanita en casa del señor director,

para que encima me regañe ahora.

-¡Y cómo traes la camisa, por Dios!

-No pretenderá que esté limpio tras arreglar el motor de un coche.

-No pretendo que salga de debajo del coche hecho un pincel, pero...

hijo, podías haber tenido cuidado,

que eso no son manchas de tomate ni de huevo,

hay que frotar mucho para quitarlas. -Ya lo lavaré yo, no se moleste.

-A mí no me hables así. -Lo que me faltaba, madre.

-Pues sí.

Lo que te faltaba, una madre que se preocupa

de que vayas por la calle como Dios manda

y no hecho un Adán.

A ver, ¿qué te ha pasado para que llegues con ese humor?

-Que en casa del señor director

hasta la criada me ha tomado por un esclavo.

No me han dado ni un vaso de agua, claro, para que no lo manchara.

Y para colmo, ¿sabe quien ha pagado la correa del ventilador?

-¿Tu padre? -¿Cómo, si está en la cárcel? Yo.

Y cuando se lo he dicho a la criada

me ha dicho que el señor estaría encantado de mi generosidad

y que lo tendría en cuenta. Vamos, que me han tomado el pelo otra vez.

-Me parece un abuso que hayas tenido que poner de tu dinero.

-Bueno hijo, piensa que lo has hecho por tu padre.

Que solo por eso, merece la pena.

-Hola, suegro.

-Hola, padre. -Hola, ¿qué ha dicho el médico?

-Dile Marcelino lo que ha dicho el médico.

-Bueno, pues ha dicho, nada, lo que tenía que decir.

Lo ha arreglado un poquillo y... -¿Cómo eres tan mentiroso?

Lo primero, que es un animal.

-Pero de bellota, lo sabré yo que soy su padre.

Bueno, ¿qué ha dicho de la herida?

-De la herida no me hables, porque me pongo frenética.

Su hijo ha sido un irresponsable no yendo al médico cuando debía.

-Pero al final he ido. -Sí, a rastras y obligado por mí.

Pero si hubiera ido cuando se lo dije, ahora no estaríamos así.

-¿Pero qué ha dicho, que me estáis asustando?

-¡Que no se puede curar de forma normal, suegro!

Ni se puede coser, ni nada, ni limpieza, ni nada...

-Tampoco... -Porque está inflamada e infectada.

-Con respeto, no faltemos a la verdad.

-Se puede curar. -Sí, con penicilina.

Porque resulta que ha estado a punto de la septi... cemia esa,

¿sabe lo que significa eso? -Sí, sí.

-La puerta del patatal significa. -Por eso me subo por las paredes,

porque su hijo, por cabezón, casi me deja viuda,

con todos los niños que tenemos, y a eso, suegro, no hay derecho.

-A ver, madre.

¿Usted cree, de verdad, que padre recibirá algún beneficio por esto?

Que no, madre, desengáñese, que es lo mismo de siempre.

Los fuertes, que abusan de los débiles,

Y a aguantar con lo que hay. -Pues ya está, Miguel.

Se aguanta uno y se conforma y date con un canto en los dientes

de que hayas podido demostrar lo buen mecánico que eres.

-Que yo no soy tan buen mecánico como dice padre.

Se lo ha inventado para ver si me dan trabajo.

Además, ¿sabe qué? Que la mecánica me toca las narices, no me gusta.

¡No quiero ganarme la vida llenándome de grasa todos los días!

-Madre, no se lo tenga en cuenta, voy a hablar con él.

(RESPIRA HONDO)

-Mi nuera tiene toda la razón del mundo.

Ahora me negarás que eres un belloto irresponsable.

-No, padre, pero ya sabe que los matasanos me dan pánico,

y el cloroformo y las camillas y...

y que yo tenía miedo, de que pudiesen coserme.

-Pues déjate, que todavía no ha venido lo peor.

Cuando te pongan la banderilla al fuego vas a berrear

mas que un ciervo en celo. -Calle, que me pone mal cuerpo.

-No te irás a echar ahora atrás.

-No, pero que no me acojone antes de tiempo, ¿no?

-Marcelino, ¿no te das cuenta de que si te decimos las cosas,

es por tu bien?

-¿No te das cuenta de que eres el timón de este barco?

Tienes que ser más precavido, hijo. -Ya.

Que tenéis razón, he sido un irresponsable Manuela.

Pero no te preocupes, que tú de esta no te quedas viuda.

-Venga, tira a la farmacia a por la penicilina, Marcelino,

que te la tienes que poner cuanto antes.

-Pues voy a...

a por las banderillas.

(SUSPIRA)

-¡Pero Cecilia!

(RÍE) Mira.

Mira lo que pone detrás.

-"De Cecilia para Alejandro, con amor".

-¿Ve usted?

Lleva toda la mañana con esa sonrisa de boba.

¿Te encuentras bien, hija?

¡De maravilla!

Debe ser el verano,

que como es mi estación preferida del año.

Además, el calor, me recuerda mucho a Tetuán, ¿a vosotros no?

-¿Qué tendrá que ver?

Mucho, el calor es agradable.

De pensar en el frío que hará aquí en invierno, me dan ganas de huir.

Mujer, el frío de Madrid es seco, pero...

muy bueno para la salud.

Bueno, si no coges una pulmonía sí.

Ah.

-¿Qué hacéis?

-Esperarte.

Que me ha contado Chelo lo de la reparación del coche.

Es indignante. -Queríamos decirte que...

puedes contar con nosotras para todo lo que quieras.

-Todos estamos pasando por momentos difíciles.

-Os agradezco vuestro apoyo, pero no creo que sepáis qué me pasa.

-¿Por qué no? -Porque sois mujeres, Asun.

-Lo dices como si fuera sinónimo de ser idiotas.

-Que no es eso. Lo que pasa es que ahora soy el hombre de la casa,

y veo las cosas de otra manera.

-¿De qué manera, Miguel? Si estamos todos igual.

Padre está en la cárcel por algo que no ha hecho.

Yo soy madre soltera y paso el día con la niña y doblando sobres.

Y Asun está de mecanógrafa, más de diez horas al día.

-¿Y qué, os felicito por esa porquería de trabajos?

-Yo no me he quejado.

Mis jefes son mucho más amables que en la fábrica

y muchas veces tengo que pasar a máquina cosas más interesantes.

-Me alegro, pero yo veo las cosas diferentes a vosotras.

-Pero ¿en qué? -Pues que soy el hombre

y gano menos que vosotras y lo poco que gano con chapuzas

se me va en la maldita reparación del coche del director. Eso pasa.

Papá, ¿no crees que hace un día precioso

como para estar encerrada tocando el piano?

-Smahli, yo no puedo salir a la calle, tengo mucho que hacer.

No me importaría que te saltaras la clase por un día,

pero tengo mucho trabajo en el laboratorio

y no podré acompañarte.

Y si bajo a ver a Chelo a la portería.

De paso le puedo llevar unas faldas a Asunción, para que las arregle

que están abandonadas en el armario.

¿Y Asunción tendrá tiempo?

Si no recuerdo mal, trabaja en el semanario "Sucesos".

Bueno, lo hará en sus ratos libres.

(RÍE) De acuerdo, termino de vestirme y bajamos juntos.

Gracias.

Eres un sol.

-¿Y las faldas?

¡Huy!

¡Qué cabeza la mía, je!

-Miguel, todos hemos tenido mala suerte.

Estamos pasando por una época difícil.

Pero no tenemos que perder la esperanza y permanecer unidos.

-Asun, no me vengas con esas.

Padre está en la cárcel y yo me voy dos años a hacer el idiota.

Y cuando acabe la mili no tendré ni oficio ni beneficio.

Así que no me digáis que todo va a salir bien.

-Ya verás como el tiempo pasa volando.

Si vas a estar 18 meses, que son...

como dos embarazos. -Chelo, que no estoy para bromas.

Al final tendrá razón Fina, me tenía que haber hecho Guardia Civil.

Por lo menos tendría un sueldo y una casa.

Y agradezco el apoyo, pero no me digáis que esté feliz, que no.

-¿Pero cuando le ha dado por creerse que debe ser el cabeza de familia?

-Todo esto le queda grande.

Como a todos.

Nos ha tocado madurar aprisa y corriendo.

La verdad es que no tengo ninguna novedad que comentarle.

-¿Seguro que no tiene ninguna primicia de esas borrascosas

que tanto aumentan la tirada?

No, seguro, si no, se lo diría.

En confianza.

-Don Adolfo, ya sabe que los taberneros somos

como la clerigalla vaticana en cuanto al secreto de confesión.

Lo que aquí diga, aquí se queda para los restos.

Si le soy sincero...

yo prefiero a los taberneros.

-Je, usted es de los míos.

Sabe que no se puede comparar a un tabernero ilustrado en terruño

con un sotana de sacristía.

Aunque si le digo la verdad me parece extraño.

¿Que no haya ninguna noticia especial?

No tanto.

A veces es solo cuestión de paciencia.

Se coge uno un buen libro, se sienta a leer,

y en cualquier momento salta la liebre.

Un hombre pierde la cabeza, mata a su patrón y ya hay noticia.

Nosotros nos ganamos la vida honradamente y lo contamos.

-¿Sabe una cosa?

Yo creo que han acertado trasladándose aquí al barrio.

Porque aquí pasan muchas cosas y alguna de ellas muy truculentas,

de las que gustan a su revista. Eso hay que matizarlo.

No es que nos gusten...

pero no somos una revista de ecos de sociedad precisamente.

Los crímenes preocupan mucho a la gente.

-Natural. Y si no acuérdese usted del calvario que pasó

doña Adelina Guzmán, cuando estuvo encerrada en aquel zulo.

En aquella noticia sacaron a Marcelino

al lado de la carretilla funesta para espanto de propios y extraños.

Lo recuerdo perfectamente.

"El crimen de la carretilla".

Se me ocurrió llamarle así y fue todo un éxito.

La edición se agotó inmediatamente.

-Ha habido más casos, ¿eh?

Como por ejemplo el de la mano de la pobre Casilda.

Sí... sí, sí, me suena.

-Hombre, si contar...

Pues el caso famoso de las apariciones de la virgen

y la santa compaña aquí abajo, en las paredes del sótano.

¿Apariciones, cómo es eso? -Sí, hombre. Vinieron unos expertos

que dijeron, bueno, que eran manchas en la pared.

Pero, fíjese, yo creo que no.

¿Qué tendrá esta plaza que atrae tantos sucesos y misterios?

-Eso digo yo, amigo. ¿Qué tendrá?

Ya voy.

Perdone.

Pasos en la escalera.

Hola, Felisa. -Buenos días.

Buenos días.

No tardes mucho en subir. Le explico los arreglos y ya.

Que pases un buen día.

-Lo mismo le digo, Don Eugenio.

Qué educado es tu padre, Cecilia.

Yo creo que el edificio ha ganado mucho con su presencia.

Nosotros también estamos muy contentos aquí.

Aunque hubiera preferido no volver de Tetuán,

pero es una historia muy larga. ¿Está Chelo?

-Sí, en casa, ¿la llamo?

¡Chelo!

Está aquí Cecilia.

-¡Voy!

(RÍE) Hola. -Hola.

¿Qué tal con Alejandro?

De maravilla, cada vez más enamorada.

-¿Sí? ¿Y él? Todavía más.

-Su chatito, señor Gerónimo.

Vaya, por fin. ¿A qué farmacia has ido, hijo?

¿A la de Vilanova i la Geltrú? ¿O tenías miedo de enfrentarte

con el boticario por lo de la penicilina?

-No, padre, ni una cosa ni otra,

pero he entrado en todas las farmacias que he visto

y no hay penicilina. -Fíjese, don Adolfo,

ya tenemos un misterio. "El caso de la penicilina desaparecida".

-Hola, don Adolfo. Hola.

-No se burle, padre, que es algo muy serio, ¿eh?

O encuentro pronto la penicilina o moriré por la septicemia esa.

Tranquilo, para eso deberías estar mucho peor de lo que estás,

salta a la vista.

Pero dime, ¿cómo es que se ha acabado en todas partes?

¿Te han dado algún motivo?

¿Es que hay alguna epidemia? -Pues no tengo ni idea.

Tengo que conseguirla pronto, que tengo que ponerme bueno.

-A ver si va a ser verdad que se ha terminado la penicilina.

Qué cosa más extraña.

Cuando le regalé el reloj, no quería ni aceptarlo, pero...

pero me terminó besando.

-¿Te besó?

¿En la calle? Sí.

¿Qué arriesgado, no? No, no nos vio nadie.

Y no he pegado ojo en toda la noche, pensando en él,

planificando la boda, pensando en nuestros hijos...

Y en... -Entonces, quieres que Asun te coja

el dobladillo de estas tres faldas. Sí, 3 o 4 dedos,

para que quede justo por la rodilla.

-A lo mejor deberías probártela y así ves que te queda bien,

ni largo, ni corto. De acuerdo.

-Por cierto, madre, que como la niña está dormida

podría aprovechar e ir a pasear con Cecilia si le parece bien.

-No entretengas a Cecilia, igual tiene algo que hacer.

No, qué va, si me han perdonado las clases de piano.

-Está bien, pero no tardes mucho, Chelo,

que la niña se puede despertar.

-Lo prometo. Dejo esto, echo un vistazo a la niña y vuelvo.

Vale, yo cojo mis cosas y bajo.

-Gracias, madre. Gracias.

Teniente coronel.

¿Cómo está, don Adolfo? Me alegra verle otra vez.

¿Qué le parece el barrio? Me gusta.

La gente parece simpática y abierta,

aunque me imagino que hay de todo.

Me alegro de haber trasladado aquí la redacción,

y el local es mucho más espacioso, antes estábamos muy apretados.

Sin embargo para mi hija y para mí ha sido al revés.

En Tetuán disfrutábamos de una casa con patio, limoneros,

plantas ornamentales y hasta una fuentecilla.

Aquí estamos en un piso, no es lo mismo.

Aunque, la verdad para nosotros dos y Amina es más que suficiente.

Es la vida de la ciudad, ahorro de espacio y de tiempo,

esa es la norma.

Sí, me va a costar acostumbrarme,

quizás he vuelto un tanto asilvestrado de África.

En fin, debo dejarle, me esperan en la redacción.

Sí, yo también voy con prisa al laboratorio.

Por cierto...

ahora que caigo,

usted es farmacéutico, ¿verdad?

Sí, teniente coronel de farmacia.

Ya, es que ha pasado una cosa extraña

relacionada con la penicilina, quizás pueda ayudarme.

Sí, ¿de qué se trata?

-¿Qué?

¿Qué te parece? Bañado en oro,

segundero aparte, cristal irrompible...

-Sí, es un reloj buenísimo

y estás encantado de haberlo ganado al póquer,

pero, por favor, deja de darme la tabarra.

(RÍE)

-Con permiso, señores. -Gracias.

-Gracias.

Así es la vida, Julio, el que puede, puede.

(RÍE) -Deberían meterte en la cárcel por vanidoso.

-Ya, pero hasta entonces no dejaré de presumir de mis hazañas.

¿Que qué hora es?

Las 17:07h con 28 segundos,

29, 30... -De acuerdo, me rindo.

¿Qué más hay sobre la partida?

Y rápido que quiero tomarme el café tranquilo.

-Pues que fue un momento indescriptible.

El tipo casi se echa a llorar

cuando vio que me llevaba el reloj y todo su dinero.

Y no solo por todo lo que acababa de perder,

sino por lo que aún me debe a mí y a otro de la mesa.

-¿Y le gustó el reloj? Le encantó.

Se pasó todo el día presumiendo de él.

-Por cierto, ¿qué hora es? -¿Qué hora es?

Las 17:08h con 20 segundos,

21, 22...

23... Gracias.

-De nada, señorita.

Falta penicilina en todas las farmacias,

me lo ha contado Marcelino, el del Asturiano,

que se ve que se la han recetado y no la encuentra en ningún sitio.

Y digo yo, que no puede tratarse de una casualidad.

No, no, eso es muy extraño.

Ya. ¿No le parece que ahí puede haber un buen artículo?

Pues... no lo sé.

La penicilina es muy necesaria y su escasez puede traer problemas,

pero de ahí a que pueda interesar a sus lectores,

usted de periodismo sabe mucho más que yo.

Creo que en las causas del desabastecimiento,

podría haber una historia interesante.

Si tiene algo concreto desde donde partir,

no lo dudo.

No, no tengo más que lo que le he dicho.

En realidad solo es una intuición.

Pero todos los periodistas nos fiamos mucho de ellas.

Sobre todo en época de sequía de noticias.

En fin, le agradezco su opinión. De nada.

Espero que el artículo sea un éxito.

Y si necesita algún asesoramiento científico no dude en consultarme.

Será un placer colaborar con la prensa.

Le tomo la palabra. Y espero que otro día, tengamos más tiempo.

(RÍEN AMBOS) Lo mismo digo.

(BAJITO) Chelo, creo que es el reloj de Alejandro.

-¿De verdad?

Disculpe.

Sería tan amable de enseñarme el reloj que lleva en la muñeca.

-De mil amores.

Es un reloj... impresionante.

Único.

Con cuidadito.

¿Se llama usted Alejandro?

-No.

¿Podría devolvérmelo?

¿Y usted podría decirme cómo lo ha conseguido?

-Con el debido respeto, no creo que sea de su incumbencia.

-Es el reloj, ¿verdad?

Chelo, tengo que ver a Alejandro urgentemente.

-Buenas tarde, mi teniente coronel, a sus órdenes.

Lo de buenos, será por decir algo.

-Perdone, mi teniente coronel.

¿Está usted molesto porque no haya podido recogerle en su casa?

No, hombre, eso no tiene ninguna importancia.

Sobre todo cuando hay algo que me preocupa de veras.

-¿Qué ha ocurrido?

Me temo que, o mucho me equivoco,

o han retirado de las farmacias de Chamberí

todas las partidas de penicilina.

-¿Y por qué harían algo así?

(SUSPIRA) Eso es lo que yo quisiera saber.

Soy el teniente coronel Armenteros.

Quisiera saber si ha habido algún problema

con las últimas partidas de penicilina de las farmacias.

Sí, claro de las civiles,

de las militares sé todo lo que pasa lógicamente.

¿Que por qué lo quiero saber?

Porque no hay, teniente, no hay ni un frasco en Chamberí.

¿Le parece suficiente motivo?

Está bien. Llámeme si se entera de algo.

(TARAREA)

Timbre de la casa.

(TARAREA MÁS FUERTE)

-¡Cecilia!

¿Qué te ha ocurrido?

Hace nada estabas más contenta que nunca.

¿Te has peleado con tu amiga Chelo?

No, que va, al contrario, es que...

(SOLLOZANDO) hemos estado hablando

y me ha contado todo sobre su vida y su embarazo y...

y es muy triste.

He intentado contenerme delante de ella, pero...

-Comprendo.

¿Tu amiga Chelo ha sufrido por su mala cabeza?

Y por un hombre que no se portó bien con ella, Amina.

Todos los hombres son unos mentirosos.

-Todos, no.

Ahí tienes a tu padre.

Él, que es recto y cabal, debe servirte de ejemplo y no otros.

(ESPIRA)

-¿Ya estás mejor?

Sí.

-Ahora que sabes toda la verdad sobre su historia,

espero que te sirva de lección...

para que nunca te dejes embaucar como ella,

por las promesas de ningún hombre.

Y menos antes de casarte.

Amina, ¿cómo puedes pensar que algo tan terrible me pueda pasar a mí?

-Porque ocurre hasta en las mejores familias.

Solo espero, que tú tengas cabeza,

para alejar a los hombres a la distancia suficiente

para no poner tu virtud en peligro.

Confía en mí.

¿Te puedo hacer una pregunta?

-Las que quieras, mi niña.

Tú...

¿tú por qué no te has casado?

-Una mujer que trabaja es una mujer libre.

Una mujer casada...

es esclava de su casa y de su marido.

Así es en nuestra cultura.

Así que yo elegí ser libre.

¿Quieres que te prepare una hierba luisa para esos nervios?

Me vendrá bien.

(RÍE) -Voy enseguida.

Amina... -¿Sí?

Chelo subirá enseguida a traerme una cosa que le he pedido.

No le comentes nada, por favor.

-Parece mentira que no me conozcas.

Toribio, soy Armenteros.

Bien. ¿Y la familia?

Me alegra. Oye, ¿tú sabes si ha habido algún problema

con la penicilina en las farmacias de Madrid?

No, es que me he enterado y me ha llamado la atención.

Además, debemos estar preparados para cualquier emergencia.

De acuerdo, llámame si oyes algo en el Ministerio.

Recuerdos a Mari.

Je, de tu parte.

(SUSPIRA)

Maldita sea, nadie sabe nada,

ni en capitanía, ni en gobernación ni en ningún sitio.

-No entiendo por qué le parece tan grave, mi teniente coronel.

Podría tratarse de una coincidencia.

¿Con la penicilina?

Lo dudo.

-¿Y un fallo en la distribución?

Al menos nosotros estamos bien cubiertos,

tenemos cajas de penicilina de sobra.

No sé si llamarle.

-Si me dice a quien, tal vez yo... ¡Calla de una vez, Raúl!

¡Estoy intentando pensar!

Teléfono.

Dígame.

Sí, soy yo.

Dígame, teniente, ¿qué le han dicho?

¿Una partida de penicilina adulterada?

¿Está seguro?

Muy bien. Muchas gracias, teniente.

Penicilina adulterada...

qué casualidad.

-¿Conoce a ese hombre, mi teniente coronel?

Sí.

Sí, lo conozco, aunque...

hacía mucho, muchísimo tiempo que no lo veía.

-No entiendo por qué sigue tan preocupado, señor.

A nosotros no nos afecta en absoluto.

Hola. -Hola.

Justo a tiempo, ¿me ayudas?

¿Dónde vas tan guapa?

-Al cine.

Te estaba esperando, ya pensé que no ibas a llegar.

¿Te apetece venir?

No lo sé, estoy un poco cansado.

-Anda, anímate.

Si te decides, mejor si te cambias la camisa,

huele a tabaco.

He estado casi todo el día en la redacción,

¿por qué no me has avisado?

-No sé, se me ocurrió así, de repente.

Ni siquiera sé qué película ponen y como...

no creí que estuvieras ocupado en ningún caso...

Tú lo has dicho.

Pero la tregua ha durado poco.

-¿Estás investigando un nuevo caso?

¿Un crimen?

No, en principio no hay ningún cadáver, ni ningún robo.

-¿Y aún así te ha interesado?

¿De qué se trata?

No es gran cosa, pero me tiene algo intrigado.

Oí un par de comentarios por ahí y pensé que había una historia,

y he estado preguntando a unos y otros

y he hecho algunas averiguaciones, eso es todo.

-¿Y a eso le llamas una historia apasionante?

Como se la cuentes con los mismos detalles a tus lectores,

no vas a vender ni un ejemplar de la revista.

Rocío, es tarde, estoy cansado,

no quiero traerme todas las noches el trabajo a casa.

-Si a mí me encanta hablar de tu trabajo.

La mayoría de las veces me divierte.

Y así te sirvo de pared para que aclares tus ideas.

Esta vez no, prefiero ir al cine contigo.

Necesito despejar la cabeza, descansar.

-¿Y crees que una película es la mejor solución?

Al menos dejaré de darle vueltas al caso.

-Hay otras formas de relajarse si es eso lo que necesitas.

¿Qué estás haciendo?

-¿A ti que te parece?

¿No querías ir al cine?

-Hum, no sé por qué se me han quitado las ganas,

tal vez otro día.

Supongo que sería inútil invocar a los hermanos Lumière.

-Completamente inútil.

Bésame.

-¡Cecilia! ¿Qué ha ocurrido?

Tu amiga me ha pedido que viniera corriendo sin explicaciones.

¿Se ha enterado tu padre de que estoy en Madrid

y de que nos estamos viendo? No.

-Entonces, cariño, ¿qué pasa?

¿Y tu reloj?

¿Por qué no lo llevas en la muñeca?

-Creo que ya lo has descubierto.

Como para no hacerlo, te lo regalé ayer y...

y hoy ya no lo llevas, ¿hay alguna explicación?

Dime la verdad, Alejandro.

-Mira, soy un imbécil.

¿Por qué dices eso? -Cecilia, tengo mis razones.

Y sé que te lo tenía que haber dicho.

Anoche...

me lo robaron dos ladrones.

¡¿Cómo?!

-Me atacaron justo cuando me dirigía a la pensión.

Debieron verme presumir de él y me siguieron.

Me exigieron el reloj y lo que llevaba encima.

Me pusieron una navaja en el cuello.

Cecilia yo... fui incapaz de reaccionar y...

y se lo di todo, lo siento. ¿De verdad?

-Cecilia, yo jamás te mentiría.

Lo que pasa es que me daba vergüenza decírtelo.

Temía decepcionarte por no ser tan hombre como para enfrentarme.

Claro que no, cariño, hiciste bien.

¿Cómo vas a enfrentarte a dos hombres con navajas?

No se debe comenzar una batalla si no se está seguro de ganar.

-¿Entonces no estás enfadada?

Con los ladrones y con el que lleva ahora el reloj en la muñeca.

Pero contigo no, al contrario, me alegro de que estés bien.

-No me perdonaré perder el reloj el día que me lo regalaste.

Tal vez lo podamos recuperar.

Sé quién lo tiene.

-¿Que lo sabes?

¿Cómo que lo sabes?

Pues... que lo he visto hace un momento presumir de reloj.

Le encontraremos y le exigiremos que te devuelva el reloj.

-Ya... ¿y si es uno de los ladrones?

¿Cómo eran?

-No sé... es que estaba oscuro.

No sé, no me acuerdo, lo que sí que sé es que parecían ladrones.

No, yo hablo de alguien que no tiene pinta de maleante.

Tendrá una explicación de por qué tiene el reloj.

-Ya claro seguro, sí.

Si lo aclaramos no se podrá negar.

-No, seguro que... conseguimos que entre razón y lo devuelva.

-Que no me lo creo, Marcelino, ¡que no me lo creo!

¿Cómo no va a haber penicilina en el barrio?

-Elías, vino y aceitunas, disfruta. Te lo estoy diciendo

he ido a todas las farmacias del barrio y no la hay.

-Marce, te digo una cosa,

como vaya a la farmacia y vea que esto es una estratagema...

-Que no es estratagema. Que no hay penicilina en todo Madrid.

¿Qué puedo hacer? -Es que eso es imposible.

(SUSPIRA)

Buenas tardes. -Buenas tardes, don Eugenio.

Manolita, me temo que dice la verdad.

Por desgracia hay una falta generalizada de existencias.

-¿Y ahora como te curamos a ti?

Precisamente a eso venía.

Me enteré por el dueño de la revista "Sucesos",

así que os he traído unas cuantas botellitas,

para que empieces con el tratamiento cuanto antes.

-¡Qué majo es usted, don Eugenio!

No sé cómo le agradeceremos esto... Nada, nada.

Antes que militar soy farmacéutico y como tal,

mi deber es que los medicamentos lleguen a quien los necesita.

-Ya, pero... ¡la repanocha!

Aquí hay muchísimas botellitas, ¿cuántas me pongo?

Las que haya dicho el médico.

-Ha dicho que te todas hasta que te baje la hinchazón.

Pues paciencia, estas cosas tardan.

Pero al final se curan.

Bueno, me marcho. -¡No! Usted no se va a ningún sitio.

Déjenos por lo menos invitarle a un aguardiente Manolita.

-Ala, tira. Gracias.

Alejandro, pasa, no te quedes ahí en la puerta.

¿Lo reconoces?

-Pues no lo he visto nunca, pero no tiene pinta de ladrón.

Disculpe.

-¡Usted otra vez!

Sí, aquí estoy de nuevo.

-¿Desea volver a inspeccionar mi reloj?

No me hace falta.

Preferiría que me dijera cómo ha conseguido el reloj de mi novio.

-¿Qué cómo he conseguido el reloj de su novio?

Sin problema.

Ayer... -Caballero, disculpe, anoche...

me atracaron.

Me quitaron el reloj que mi novia me acababa de regalar

y cuando lo ha sabido se ha llevado un disgusto enorme.

¿Le importaría decirnos, por favor, cómo lo ha conseguido?

-Lo compré esta mañana en una casa de empeño.

Por un elevado precio, créame.

Para mí es más importante el valor sentimental.

¿Ha leído la descripción que hay en el dorso?

-"De Cecilia para Alejandro con amor".

Son ustedes dos, Cecilia y Alejandro.

En efecto.

-Antibiótico de amplio espectro, la verdad es que...

Y don Eugenio, esto de las botellitas estas,

¿esto como se aplica si viene en polvo?

Para inyectarla se mezcla bien la penicilina con agua destilada,

pero eso lo hace el practicante. -¿Qué practicante?

Si le pinchará mi prima Felisa. -Eso no lo interesa.

Si os falta penicilina y sigue sin haber en las farmacias,

me lo decís y os traigo de la militar.

-Muchas gracias, don Eugenio.

La guardaremos como oro en paño. -Oiga...

¿Se sabe a qué se debe el desprovisionamiento?

Pues...

En realidad no, pero parece ser un error en la distribución

que seguramente se subsanará enseguida.

-Pues nosotros le agradecemos muchísimo lo que ha hecho.

De verdad, ya sabe que esta es su casa, para lo que quiera.

Muchas gracias, Manolita, y a curarse.

-Muchas gracias, don Eugenio.

Adiós.

-Es que lo ves ahí con el uniforme y acojona, pero luego...

-Marce a trabajar.

-No creo que haga falta toda la penicilina.

-Anda, calla.

-Debo felicitar a su novio.

Es un hombre afortunado por contar con una novia tan bonita.

Mejor podría devolverle lo que es suyo, ¿no cree?

-¿Devolvérselo?

Con mucho gusto.

Pero yo también he pagado por él.

Así que, en justicia, debo ser recompensado.

¿No le parece?

Alejandro...

Paga a este señor y vámonos.

-Espero que lleve dinero en efectivo.

-Casualmente sí.

-Esto no alcanza ni el valor sentimental.

-Todo lo que tengo.

-Está bien.

Seré generoso y comprensivo.

Su reloj, parejita.

Gracias.

Asunto arreglado.

Me tengo que marchar. No hace falta que me acompañes.

-Bien. ¿Cuándo será nuestra próxima cita?

Pronto. Enviaré a Chelo con el recado.

-Adiós, amor mío.

-Eh, tú, quieto ahí.

Me sigues debiendo el resto del dinero.

Y esta vez no aceptaré el reloj en prenda.

-Se lo acabo de recomprar con el dinero que le debía.

Así que tendrá que seguir esperando. -Las deudas de juego,

son deudas de honor. -Sí, desde luego.

Pero si no hay como pagarlas...

-Más te vale pagarme.

O tu preciosa novia se acabará enterando de toda la verdad.

-Usted no le daría ese disgusto.

-Sería una lástima, pero tendría que hacerlo, por su bien.

Además, disfrutaría viendo sufrir a un pollo como tú,

sin corazón ni sangre en las venas.

(SUSPIRA)

Perdóname.

-No pasa nada, tranquilo.

Sí que pasa.

Pero ya te advertí que estaba cansado.

-No te preocupes.

Además, he sido yo la que se ha empeñado.

Si quieres aún llegamos al cine. No.

La verdad es que metido en la cama, no me apetece vestirme otra vez.

-Está bien.

Nos quedamos.

Pero por favor, quita esa cara de culpabilidad que tienes, Adolfo.

Esto pasa hasta en las mejores familias.

No es por el hecho en sí, Rocío.

Es que tal vez no pueda estar ya a la altura.

-Pero qué tonterías estás diciendo.

En momentos como este me gustaría ser más joven.

-Pues a mí me gustas como eres.

O me vas a decir que con tu anterior mujer te sentías inseguro.

No, claro que no.

Con ella era muy diferente.

Estuvimos muchos años juntos hasta que murió,

pero teníamos la misma edad.

Pero tú estás en la flor de la vida y yo...

-Eres un viejo.

¿Eso es lo que piensas?

No soy joven. -No, no lo eres.

Por eso te amo.

Hay que tener tus años para alcanzar el grado de sabiduría

del que haces gala en todo momento.

Estás hablando de cosas que solo están en la cabeza.

Y yo no quiero limitar tu posibilidad de disfrutar la vida.

-Adolfo, si sigues por ahí me voy a enfadar.

No hay nada que tú no me des y que yo pueda echar de menos.

Contigo soy la mujer más feliz del mundo.

Todo lo demás está en tu cabeza.

(SUSPIRA)

Perdóname.

Te quiero.

Y sé lo mucho que me quieres.

-No lo sabes.

No tienes ni idea.

Timbre de casa.

-A sus órdenes, mi teniente coronel.

Gustavo, gracias por venir tan deprisa.

Pasa, por favor.

Siéntate, por favor.

-Gracias, señor.

En cuanto me informó de sus sospechas hice mis averiguaciones

y como usted se temía la situación es alarmante.

¿De primera magnitud? -Me temo que sí, señor.

Es muy grave que se registre un caso de penicilina adulterada en Madrid.

Y que además afecte a tantas farmacias.

Por si fuera poco, ha sido el director de la revista "Sucesos"

quien me ha informado del asunto.

-¿La prensa ya se ha enterado?

No lo sé.

No sé qué sabe exactamente la prensa,

pero espero que tome conciencia de la situación y no lo divulgue.

Causarían una alarma innecesaria y además...

perjudicarían a muchos farmacéuticos que ejercen su profesión

de manera honrada y rigurosa.

-Yo también espero que no publiquen nada por puro sensacionalismo.

Al fin y al cabo debe de tratarse de un simple error,

fácil de remediar. No estoy seguro que sea tan simple.

-Tengamos calma

Seguiré intentando averiguar los detalles.

Pero usted no debe preocuparse.

Deme algo de tiempo para tener una idea más exacta

de lo que ha ocurrido y despreocúpese mientras del asunto.

Ojalá fuera tan optimista y confiado como tú,

me lo impide la experiencia.

-Lo de Marruecos fue totalmente diferente señor.

Quizás, pero salí de allí como gato escaldado.

Temo que la situación me salpique otra vez

y eso es algo que no me puedo permitir.

Y no lo digo por mí.

Lo digo por el ejército español.

Por su honor y su prestigio.

-Ahora mismo bajo al archivo, pero no estoy de resaca.

Pero bueno, Julio, estás de luto.

¿Cómo es que no has dicho nada?

-Ha sido inesperado, un primo mío. Nos ha pillado a todos por sorpresa.

Mamá, la tía Estefanía y tú.

Pero ¿de dónde has sacado este álbum?

De Tetuán, me lo regaló Brasito cuando se enteró que nos volvíamos.

-¡Marce, por favor!

(SUSPIRA)

(FELISA RÍE) -No creo que tenga gracia.

Con el jaleo que hay en el bar quizás no es momento para esto.

-Déjate de tonterías, que mi prima tiene su faena.

-Eres cagueta, ¿eh, Marce?

-Mi primo era un hombre fuerte.

Nadie se explica que muera por una infección de garganta

que se fue complicando.

Lo cosieron a inyecciones de penicilina,

pero por algún motivo no le hicieron efecto.

¿Con penicilina has dicho?

Claro, papá, palabra.

Son fotos de mis amigos y... ¿Sí?

¿Entonces no te importará enseñármelas?

Este es el chico con el que salías en Tetuán, ¿verdad?

Antes de nada, debe prometerme que no dirá una palabra de esto.

Ni siquiera a su familia.

-Sí, don Adolfo.

-Vete por los sobres.

-No voy a ir que ya estoy harta.

-Pero bueno...

¿tú estás loca o qué? -Que no voy a hacer más sobres.

Y ya está. Que cuando huelo la goma arábiga esa,

me dan ganas de vomitar. No haré más sobres, se acabó.

Amar en tiempos revueltos - T7 - Capítulo 5

09 sep 2011

La herida de Marcelino se ha infectado y no tiene otra salida que ir al médico. A raíz de ello descubre algo muy extraño: no queda penicilina en el barrio. Consigue salir a la calle con Chelo, burlando el control de Amina, y descubre que Alejandro ha perdido su reloj.

 

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  1. Anonima

    Hola, no hace mucho que conocí al autentico marcelino, fué una pasada!!

    16 sep 2011
  2. Margarita

    rociomariñana (pasado domingo 21:53): (por la composición de su nick deduzco que es Vd. de Gijón) parece mentira en ese caso, habida cuenta del historial político de su región, que diga Vd. lo que dice respecto a la guerra civil y hable de ello como si el estar en uno u otro bando hubiese sido consecuencia de una tómbola. Naturalmente que hubo parte de la población que fué al frente de manera sobrevenida, pero no es ese el componente y el núcleo real de una guerra civil, provocada como es el caso de la guerra civil española, a partir de un golpe de estado dado por un general fascista a un gobierno legítimo, elegido legal y democráticamente, si precisamente hay algo en una guerra civil que la identifique de otros conflictos armados, es el convencimiento por parte de los ciudadanos de estar defendiendo sus ideales, sean del tenor que sean. ¿De verdad cree Vd. que los mineros de las cuencas asturianas actuaban llevados por la carambola del destino, o los falangistas que componían en Madrid la quinta columna lo hacían también empujados a la fuerza? Lo que tiene de cruento una guerra civil es precisamente el choque de posicionamientos incluso entre personas de una misma familia. Intentar dulcificar el tema con paños calientes en cuanto a la participación en la contienda es poco riguroso social e históricamente. Ingenuidades las justas. Salud.

    15 sep 2011
  3. Sandra

    Vaya pedazo de actores! Ole, ole y ole. Parece quebestemos en un teatro!

    14 sep 2011
  4. GEMA

    Per ¿qué porras sucede aquí?, ¿por qué no se publucan los post?. ¡Emitan una nota informativa por favor!.Un poco de respeto a los que escribimos aquí sobre la serie, se lo ruego.

    12 sep 2011
  5. yo opino

    A LA DESESPERADA SIN OPINAR.

    12 sep 2011
  6. Jacinto

    hay alguien ahi?

    12 sep 2011
  7. Jacinto

    lunes.

    12 sep 2011
  8. lujoma

    Hola, estoy segura que esta serie cuando arranque nos va a encantar como a sucedido siempre. GEMA no deberias de ponerle apodo a nadie por estar gordo, no lo veo justo ni correcto. Asi no te estas metiendo con el personaje si no con el actor. Que pena me dió el corte de pelo de Chelo, pero estoy segura de que lo habrá vendido como hacian muchas personas por aquella época, era una opción vender el pelo para ganar algun dinero. A ver si Chelo y Asun encuentran pronto el amor, que ya les toca, estaria muy bien . Un saludo .

    11 sep 2011
  9. rociomariñana

    Estar en contra de la dictadura o querer una España más abierta no significa ser de izquierdas, me parece a mí. Lo digo porque veo mucha afirmación en este sentido en los comentarios que leo y me parece que no responde a la verdad. Jaime estaba en contra de la dictadura y no veo en él nada de izquierdista, por ejemplo. Es una falsedad tremenda, igual que cuando se dice que todos los que combatieron en el bando republicano eran de izquiredas. El 80% de los que combatieron en la Guerra Civil lo hicieron forzados y en el bando que les tocó; sólo un porcentaje pequeño eligió el bando en el que quiso luchar y de ellos la mayoría no lo hizo por ideología sino por fidelidad a un gobierno legítimo, el republicano, o por estar de acuerdo conque España era un país que había caído en el desorden, en el nacional. Casi nadie se guió por ninguna ideología.

    11 sep 2011
  10. JUDY_

    en prueba a ver si no cojo alas de nuevo...

    11 sep 2011