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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 160 - La trágica y repentina muerte de Joachim ha dejado muchos cabos sueltos, entre otros dónde y cómo será enterrado - Ver ahora
Transcripción completa

-Toda la mentira que he construido a mi alrededor estos años.

-Eulalia, estás exagerando.

-No, Matías.

Si supieras todo lo que hice.

Se te helaría la sangre.

Ha sido horroroso. No veía el momento

de llegar a la tienda para que Almudena

no se dieran cuenta de todo.

¿Se sabe cómo ha sido? No.

Solamente que... que lo encontraron ahí, colgado.

Reconozco que me he quitado un peso de encima.

Últimamente estaba insoportable.

Con el tema de pedirme una identidad

o dinero para irse a América. Como si fuese fácil

conseguir a gente que se arriesgue en esas operaciones.

-Sobre todo con ese pasado.

-No seas tonto. Quiero saber qué pasa entre vosotros.

¿O te cansaste de la hija de los porteros?

-No creo que tenga que darte explicaciones.

-¿No?

No puedes tirar a la papelera toda la investigación.

Sobre todo tras los esfuerzos para encontrarlo.

-Además, en cierto modo, su muerte concentra

los acontecimientos y la mayor actualidad al artículo.

-Lo que pasa entre Asun y yo, no es asunto tuyo.

-Sí, si te metes con mi hermana. -No me metí con ella.

¡Déjame en paz! -¡Tranquilos!

-Porque no tengo una botella, si no, te la partiría.

-Haya paz. Vamos a llevarnos bien. -Vamos a la calle y lo arreglamos.

-¡No es asunto tuyo! -Tranquilo, hombre.

¡Ah! -¡Ah, Miguel!

-No creo que nadie pueda averiguar quién era Joachim.

Eso es exactamente lo que quería oír.

-Sin embargo... Vaya por Dios, Matías.

-No, tranquilo. Simplemente es que me sorprende

que haya elegido ahorcarse.

No tendría una pistola a mano. -Sí, sí que la tenía.

Yo mismo se la di.

-¡Quieto! ¿Qué pasa aquí? -¿Ves lo que has conseguido?

Vamos a la calle. -No lo provoques.

Y tú, cállate. -¿Tú no te querías ir? Vete.

-Vamos para la casa.

-Si lo hubieran juzgado y condenado,

lo más probable es que hubiera acabado en la horca.

Era su destino. No cabe duda.

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar la razón de cada día para amar...

En tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir, sorprendida,

mi tormento y mi dolor...

Con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido,

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar...

Para empezar.

(LLORA)

-Adelina. ¿Qué ha pasado en el depósito?

¿Han terminado ya la autopsia del pobre Joachim?

Benita, no me atosigues, por favor.

-Pero dime algo. ¿Cuándo nos lo entregan?

¿Te lo ha dicho la policía?

Déjame respirar. Por Dios.

Que me estás volviendo loca con tantas preguntas.

-Perdóname, hija. Pero es que necesito saber

lo que está pasando.

Dios mío de mi vida.

Dame un vaso de agua, que tengo la garganta seca.

Ay, por Dios.

-Toma. Gracias.

-¿Estás mejor?

¿Me puedes contar ya?

La autopsia aún no ha terminado.

-¿Pero por qué? Por Dios, no lo entiendo.

¿Es que no está clarísimo ya el motivo de su muerte?

¿Para qué le dan tantas vueltas? Pues no lo sé, Benita.

-Dios. Tienen que abrirle para hacer

sus comprobaciones. Cosas de médicos.

-¿Y qué ganan ellos con eso?

Lo único que tienen que hacer, es devolvernos el cuerpo

para que podamos darle sepultura.

Nosotras, su familia.

Y no abrirlo en canal, como si fuera un cerdo.

Benita, por Dios.

-¿Qué ha dicho la policía? Nada.

Ya me preguntaron ayer todo lo que me tenían que preguntar.

-¿Y hoy? ¿No han vuelto a hablar contigo?

Apenas.

Me he pasado las horas muertas sentada ahí,

en un pasillo frío y... solitario.

Sin que nadie me hiciese el menor caso.

Mientras el forense y sus ayudantes

practicaban la autopsia.

Total, para que al final me dijesen:

"Váyase a casa. Ya le avisaremos".

-Qué desconsideración. Además, de verdad.

Me podía haber ahorrado el viaje.

Total, ¿para qué? ¿Para fingir que soy

la viuda desconsolada?

(LLORA)

(RECUERDA) -¿Sabes qué deberíamos hacer?

Cuando me recupere del todo.

Un viaje. -¿Toda la familia?

-No.

Un viaje tú y yo solas.

-¿Dónde?

-A París. -¿A París?

Es una ciudad preciosa, Almudena. Preciosa.

Y me han dicho que ahora está mucho más bonita.

Y yo hace mucho tiempo que no voy.

¿Quieres que vayamos? -Sí.

(RECUERDA) Lo hecho tanto de menos, Felisa.

En ese cajón guardo todas sus cosas.

Es muy ordenada, ¿sabes?

Tiene juguetes.

Y muñecas desde que era muy pequeña.

Desde que tenía dos años.

Mira.

Esta se la trajo su padre de un viaje.

Siempre ha sido su muñeca favorita.

Hasta hace nada, dormía con ella.

Y cuando la lavábamos, había que esperar

a que se secase, porque si no,

no había manera de que se metiese en la cama.

-Mamá.

-Jaime, hijo.

Creí que ya te habías ido. -No. Salía ahora hacia la facultad.

Pero antes quería darte un beso de despedida.

-Ya sabes que me gusta mucho.

¿Y Marina? ¿Se ha ido a la compra?

-No, mamá. Marina no se encontraba bien.

Y papá y yo hemos pensado que se fuera a casa.

-Eso debe ser por el niño.

Le debe quedar muy poco. Semanas.

Los hijos son lo más importante.

-Tenías que haberme dejado ir a mí.

¿A ti, para qué?

-Ay, mujer. Para verle, para despedirme de él.

Ayer me prohibiste ir a la academia.

Y hoy tampoco me has dejado ir al depósito.

¿Así cómo quieres que me despida?

Que le diga el último adiós.

He elegido un traje para ponérselo y enterrarlo con él.

¿Una mortaja? -No, un traje.

El mejor que tenía.

Joachim era un hombre correcto.

No le gustaría que lo enterrásemos de cualquier manera.

Que está muerto.

¿Qué más da que lo enterremos desnudo que vestido?

Nadie le va a ver.

-Bueno, pero yo sabré que lo lleva puesto.

Quiero que se sienta a gusto para despedirse de este mundo.

Y que... y que pueda estar orgulloso de nosotras.

Veo que has pensado en todo, ¿eh? -Pues sí.

Qué remedio. He estado aquí sola todo el día.

Hija mía, pareces tú la viuda.

No, si tenías razón.

Al final Joachim y tú erais tal para cual.

-Pues claro que sí.

Claro que sí, Adelina.

-Estabas pensando en Almudena, ¿verdad?

¿Te gustaría que estuviera aquí con nosotros?

-Claro que me gustaría, hijo.

Es mi niña.

Y está enferma. -Mamá.

Deja de torturarte con eso.

Lo único que tienes, es agotamiento.

En cuanto consigas descansar y dejes de darle vueltas

a la cabeza, te recuperarás. Y tu niña volverá.

Y todo será como antes. Ya lo verás.

Qué digo, mejor que antes.

-Ojalá yo pudiese ver las cosas de forma tan sencillas.

Pero tú no lo entiendes, Jaime.

Siento que la estoy perdiendo.

-Pero, mamá, ¿por qué dices eso ahora?

-Yo no estoy con vosotros, Jaime.

Vosotros estáis en un lado.

Tú, Almudena, papá...

Y yo estoy sola en otro lado. -Eso no es verdad.

Estamos los cuatro juntos. Del mismo lado.

-No, Jaime. No.

Yo estoy sola. Sola.

Es el precio que tengo pagar por mis pecados.

-Mamá, por favor, no vuelvas a decir eso.

Creí que ya habías dejado atrás tus ideas.

-Tú no lo entiendes, Jaime.

Tú y papá pensáis que no tengo razón.

Pero no son imaginaciones mías.

La familia está lejos. Está lejos de mí.

Y no solo he perdido a Almudena.

También he perdido a tu padre.

Y a ti. -Mamá, por favor, te lo suplico.

Deja de mirar las cosas tan a la tremenda.

Si no lo haces, me enfadaré.

-Ojalá pudiera, Jaime.

Pero no puedo.

Ojalá pudiera borrar todos mis errores del pasado

y todas las locuras que cometí, pero no puedo.

Es inútil.

Esta familia tiene que sufrir lo que ya está escrito.

He intentado con todas mis fuerzas librar a esta familia

de la desgracia.

Pero todo ha sido inútil.

Y ahora os he perdido. A todos.

Y no os voy a poder recuperar nunca.

Ya nada va a volver a ser como antes.

-Chelo, ¿qué pasó en el bar?

-Pues que Miguel se puso hecho un energúmeno.

-Qué bochorno.

Ojalá hubiera estado ahí para impedirlo.

-No habría servido de nada. Ya lo intenté.

Y nada. Él iba dispuesto a armarla.

Y, claro, Pelayo se dio cuenta y me felicitó.

-¿De qué se dio cuenta?

-Pues que he descubierto que si voy a hablar

con los clientes cuando están terminando la consumición,

y les ofrezco otro vino, me suelen decir que sí

Y, claro, eso luego se nota.

-Es que Chelo está triunfando en El Asturiano.

Lo dice todo el mundo.

-¿Y vuestro padre? ¿Se ha ido ya?

-Ha dicho que se iba a arreglar una trampilla de la carbonera.

-Sí. -Bueno, pues eso.

Que si hubieras visto cómo se puso Miguel...

Hecho una fiera. Diciéndole a Jaime

que le diera explicaciones.

Como si fuera nuestro padre, no nuestro hermano.

¿A ti no te da rabia?

-Sí, Chelo, tengo que hablar con él. Y pronto.

Aunque no sé si va a servir de algo, con lo testarudo que es.

¿Y Jaime qué hacía?

-Nada. Él se comportó como un auténtico caballero.

Dijo que lo que pasara entre tú y él, era cosa vuestra.

-Y tiene mucha razón.

Lo malo es que entre nosotros ya no pasa nada de nada.

Simplemente, se acabó.

-Bueno, acabad de una vez de recoger.

Que nos van a dar las uvas.

Yo me marcho. Si veis a vuestro padre,

se lo decís. -Sí, madre.

-Lo mejor de todo fue el puñetazo que se llevó don Santos.

-¿Y eso? -Pues porque el pobre fue

a separar la pelea en plan Don Quijote

y no vio venir el golpe.

Y, claro, yo regañé a Miguel.

Va Fina y dice que por qué tengo que regañarle.

¿Qué te parece?

-Bueno, Chelo, pero eso es normal.

-A mí no me parece normal.

Yo no le digo lo que tiene que hacer, son cosas de familia.

-Pero es su novia.

Tiene derecho a defender a Miguel.

-¿Tú también te vas a poner de su lado?

-Esa trampilla tiene las bisagras oxidadas.

Por eso se ha debido atascar.

-Qué hay. Todo el invierno entrando

el carbón para la carbonería, pues quieras que no,

los residuos, la carbonilla...

Y mira que lo limpié cuando vino el buen tiempo

y apagamos la caldera. -No se preocupe.

Le traeré unas nuevas de la fábrica

y se las fijo a la trampilla.

Me voy. Tengo prisa. -Un momentito.

Entras y te lavas. No vas a ir así.

-Coño, pues es verdad.

-Padre, madre ya se ha ido. -Sí, ya la he visto.

Voy a lavarme yo también.

-Espera.

-Asun, tengo prisa. -Pues te esperas.

¿Qué pasó ayer en El Asturiano?

-Por el tono en que lo preguntas, parece que lo sabes.

-Pues sí, Miguel. Y no me ha hecho gracia.

Sé que no lo harías con mala intención,

defendiendo a tu hermana.

Pero te agradecería que no te volvieras a meter

en mi relación con Jaime.

-Soy tu hermano mayor. -¿Y qué, Miguel?

No tienes derecho de acusarle de ser canalla

ni de aprovecharse de mí. Es mentira.

-Te guste o no, mi obligación es protegerte de listos como ese.

-Jaime no es ningún listo. -Que sí lo es.

Si te quisiera de verdad, no te hubiera usado

para dejarte tirada después.

-Cuidado con las barbaridades que dices.

A mí no me ha usado nadie, ¿te enteras?

Así que no te quiero oír nada parecido.

Quien lo dejó fui yo.

Pero pasase lo que pasase, no tienes derecho a opinar.

La próxima vez te muerdes la lengua.

Y que no me entere que llegáis a las manos por tu culpa.

Que pareces un cavernícola. -¿Has terminado?

-No. -Pues yo sí.

Tengo que ir a trabajar. -Miguel.

¡Miguel!

-Me da igual todo lo que pienses.

Me importa un bledo tu sarcasmo

y todo lo que puedas pensar de mí.

Pero, mira, no voy a negar que ese hombre,

Joachim, me importaba más de lo que nunca hubiera admitido

cuando estaba todavía con vida.

Eres patética, Benita.

-Sí, te puedes reír de mí lo que te dé la gana.

No puedes herirme más de lo que estoy.

Yo le quería mucho más que tú. Eso seguro.

-Bueno, de hecho, tú no lo querías. Tú...

Tú lo detestabas.

Lo acosabas. Le hiciste la vida imposible.

Sin embargo, yo...

Yo le di los únicos momentos dulces que tuvo

en sus últimos años.

Llegamos a tener días realmente felices.

A pesar de ti.

¿Pero quieres dejar de decir tonterías, Benita?

-Lo que te pasa es que tienes envidia porque a ti nunca

te ha querido nadie.

¿Y tú qué te crees, que a ti Joachim te quería?

-Pues sí, me quería. A su manera, pero me quería.

Sí, sí, claro. Por eso se largó con tu dinero.

-Por favor, Adelina, estaba desesperado.

No tenía otra salida.

Deja de soñar, Benita.

Mira, cada vez que pienso que fuiste capaz de mantener

una relación con ese indeseable,

bajo mi propio techo y a mis espaldas,

me muero del asco. -No hables así de él.

Está muerto. Merece un respeto.

Voy a prepararle el traje para que se lo pongan

cuando lo metan en la caja. ¿En qué caja, Benita?

¿En qué caja?

Llaman a la puerta. Adelante.

-¿Se puede? Sí, pasa.

-¿Puedo sentarme? Claro.

-Estoy preocupado por mamá.

Yo también, Jaime. -Lo sé.

Pero me refiero a lo de dejar que Almudena se fuera con Irene.

Mamá lo está pasando muy mal.

Está convencida de que nos está perdiendo.

Que nos está perdiendo. ¿Cómo que nos está perdiendo?

Nos tiene a nosotros. Estamos haciendo todo lo posible

por su recuperación. -Sí, pero ya sabes cómo se pone.

Y a mí me da mucha pena.

Quizás sería mejor traer a Almudena de vuelta a casa.

Eso aliviaría la tristeza en la que está sumida.

No, Jaime.

Almudena necesitaba salir de casa y respirar

un poco de aire puro.

Además, es algo que ya hemos hablado.

Tomamos una decisión.

-Sí, pero puede que nos equivocáramos.

Cuando decidimos que Almudena se fuera de casa,

lo hicimos pensando que sería lo mejor para las dos.

Y está claro que Almudena está mejor. Pero mamá en cambio...

¿Has llamado tú a la funeraria? ¿Has pensado en el entierro?

-No. En el traje, nada más.

Ah. Pues yo sí.

Me he pasado las horas muertas en el pasillo de ese depósito

dándole vueltas. ¿Y sabes qué?

Me he dado cuenta de que si Joachim en vida

era un foco de conflictos, su muerte no ha hecho más

que traernos problemas.

-Que no hables así de él.

Problemas y más problemas, Benita.

Que tenemos que solucionar nosotras.

¿O es que no te enteras?

-Pues no, no me entero. ¿Dónde lo vamos a enterrar?

¿Y cómo?

-En el cementerio, ¿no?

¿En qué cementerio, Benita?

Para empezar, hemos hecho creer a todo el mundo

que Joachim era judío.

Por lo tanto, no podemos enterrarlo

en un cementerio católico.

-Es verdad. Y por si esto fuera poco,

todo el mundo sabe que Joachim se quitó la vida.

Y la Iglesia prohíbe enterrar en sagrado

a los que se quitan la vida.

-Sí, tienes razón. Murió en pecado mortal.

¿Qué podemos hacer nosotras?

Nuestro deber es enterrarlo para que descanse en paz.

Que descanse en paz o no, es su problema. Me da lo mismo.

Yo con quitarme esto de encima tengo más que de sobra.

¿Sabes? Bastante he tenido que aguantar con Joachim

en vida, como para soportarlo muerto.

-¿Pero por qué no puedes dejar de hablar mal de él?

Porque no me da la gana.

Me tenía hasta la coronilla.

Desde que me lo endosaron en casa, no ha hecho más que traerme

problemas y más problemas.

Y después de muerto sigue haciendo honor a su condición.

-No te preocupes. Se solucionará todo.

Pero mientras solucionamos dónde puñetas lo vamos a enterrar

y busquemos la solución que busquemos, eso cuesta dinero.

¿O es que no te enteras?

Y te digo una cosa. No estoy dispuesta a gastarme

ni una sola peseta en ese impresentable.

-Por Dios, Adelina. Si por mí fuera,

ni reclamaría el cuerpo.

Lo dejaría que se pudriera ahí en el depósito.

-Eso. O en una fosa común.

Mira, como su mujer que soy, lo donaría a la ciencia

para que estudiasen la maldad.

Pero ese es un lujo que no me puedo permitir.

El de no reclamarlo.

Porque si no lo hago, voy a provocar muchas preguntas

que no nos conviene ni a ti ni a mí.

Lo mejor que podemos hacer, es recuperar el cuerpo

y buscar un hoyo donde meterlo. Sin levantar revuelo.

-Pues sí, tienes razón.

Hay que buscar una solución rápida.

Aunque tal vez...

¿Tal vez qué, Benita?

-Pues que si va a ser tan caro y va a resultar tan problemático,

quizás deberías pedir ayuda al único que puede echarte

una mano con esto.

Al fin y al cabo, fue él el que te trajo a Joachim aquí de la mano.

-Ya ni siquiera tiene amigas.

Las perdió casi todas por Bibiana.

Y las pocas que tiene, son incapaces de sacarla

de su melancolía. Nos tiene a nosotros.

-Ella cree que no.

Y de alguna manera, puede que tenga razón.

¿Por qué dices eso?

-Vamos a ver, papá. Almudena y su esfuerzo

por sacar adelante, era lo único que le mantenía viva.

Tenemos que hacerla volver para que mamá pueda ocuparse

de ella, sentirse útil. No, Jaime.

Tu madre lo ha pasado mal y ha llegado a un grado

de trastorno que no podíamos imaginarnos.

Hay que darle tiempo para que avance en su recuperación.

-¿Y qué? ¿Dejamos que se marchite? ¿Que se muera de pena, papá?

Lo que hay que tener, es paciencia. Y esperar un poco.

Y ahora, si no te importa, yo tengo cosas que hacer.

-Está bien. Solo quería compartir

mis preocupaciones contigo.

Solo busco lo mejor para mamá. Yo también, Jaime.

-Si te parece bien, voy a visitar a Almudena.

Claro que me parece bien.

-Ay, perdón, señorito.

¿Qué pasa? ¿Algún problema con el coche?

-No, don Andrés.

Quisiera hablarle un momento, si no es molestia.

Tengo un poco de prisa, pero adelante.

-Verá, es sobre el estado de buena esperanza

de mi esposa, de Marina.

Ya, no me digas más.

Toma. Espero que con esto tengáis suficiente.

Pero no os acostumbréis.

Lo hago porque me ayudó en el tema de Bibiana.

-No. No se trata de eso.

En realidad, es para decirle que deja la casa.

En su estado, no veo bien que trabaje.

Viviremos de lo que yo gane.

Aquí el que no corre, vuela.

Buenos días. -Doña Adelina, buenos días.

-Doña Adelina, le doy mi más sentido pésame,

en nombre mío y de toda mi familia.

Muchas gracias, Marcelino.

-¿Cómo van esos ánimos, dentro de las circunstancias?

Se lo puede usted imaginar.

No he pegado ojo en toda la noche.

He tenido que ir al depósito, donde todavía

siguen haciéndole la autopsia a mi marido.

Ha sido una impresión muy fuerte.

¿Cómo iba yo a suponer que él tenía pensando hacer algo así?

-La verdad es que a todos nos ha sorprendido mucho.

No lo podíamos esperar.

Si se le veía muy feliz en el barrio con todos nosotros.

-Y, además, todos le apreciábamos.

Era un hombre bueno y sencillo, que nunca se metía con nada

ni con nadie. Yo... Yo no me lo explico.

¿Cómo iba yo a sospechar que algo así

se le podía pasar por la cabeza?

Se ve que la procesión iba por dentro. No lo sé.

La verdad es que nunca una termina de conocer a las personas.

-Es posible que haya sido un momento de locura,

de enajenación.

-Ahora lo que tiene que hacer usted, es sobreponerse.

Y sobre todo, no culparse por lo que ha pasado.

Comprendan ustedes que en mis circunstancias

una llega a dudar de todo.

Pelayo.

Quería agradecerle profundamente el apoyo que usted me dio ayer.

-No tiene nada que agradecerme.

Es la labor de un buen vecino. No. Yo estaba muy sola.

Y usted fue tan amable al acompañarme a la academia

para que hablase con la policía y para...

para que descolgasen el cuerpo.

(LLORA) -Don Adelina.

-Siéntese. Siéntese.

Está usted agotada.

-Jaime. -Buenos días.

-Buenos días.

Acabo de ver salir a tu padre. Parecía preocupado.

¿Ha pasado algo? -No. Nada nuevo.

Las cosas en mi casa siguen igual. Ya lo sabes.

Pero gracias por preguntar.

-Me he enterado del numerito que te montó mi hermano.

-¿Te lo ha contado Chelo? -Debió de ser muy desagradable.

Y te pido disculpas.

Mi hermano no tiene derecho a pedirte explicaciones

sobre nuestra relación. -No es culpa tuya.

Se puso como se puso, pero no es para tanto.

-Sé que intentó pegarte. -Pero no lo consiguió.

-Y eso es lo que le ha salvado.

Porque si lo lleva a hacer, se la carga.

Su presencia para mí, don Pelayo, fue como un bálsamo

en medio de la tragedia.

-No diga eso. Usted aguantó bien el envite.

Se ve que es una mujer de raza.

-Usted ha sido muy fuerte para aguantar todo con dignidad.

Yo te aseguro que estoy destrozada.

Pero es... es ahora, en estas circunstancias,

cuando se ve de verdad el aprecio de las personas.

-¿Quiere que le prepare un café o una tila?

Nada, Marcelino. Gracias.

-Hágale caso a Marcelino.

Por eso de que las penas con pan, son menos.

Ya lo sé, pero es que tengo un nudo en el estómago

y no me entra nada.

Yo, en realidad... Yo solamente venía

a saldar la cuenta de mi marido.

Yo sé que ustedes le fiaban.

Y que él pagaba de cuando en cuando,

cuando la cuenta sabía mucho.

Como le gustaba tomarse su copita de coñac todos los días...

-Doña Adelina, tiene que intentar tranquilizarse.

Por la cuenta no se preocupe porque ya la saldó él.

¿Eh? -Sí, sí.

Vino el otro día y la liquidó.

¿Ah, sí? -Sí, claro.

Ah.

Buenos días. -Buenos días, don Andrés.

Buenos días, Adelina. Buenos días.

Siento muchísimo lo de su marido.

Le doy mi más sincero pésame.

Y si necesita cualquier cosa, no tiene más que pedirlo.

Muchas gracias, don Andrés.

-Don Andrés, ¿quiere que le sirva algo a usted?

Un café. -Ahora mismo.

-Quédese aquí tranquila. No hace falta que tome nada.

Descanse, ¿eh?

Muchas gracias, don Pelayo. Me iré enseguida.

-Mi hermano cree que tiene que defender el honor

de su familia y de sus hermanas.

Como si viviéramos en la Edad Media.

-Tampoco es tan extraño.

En la facultad pasan estas cosas a menudo.

-No quiero que nadie de mi familia sea así.

Ya le he explicado que lo nuestro se ha acabado

de la mejor manera y que ahora somos amigos.

Pero él insiste en defenderme a capa y espada.

Y no hay quien se lo quite de la cabeza.

-No sé, Asunción. Tampoco es tan malo tener

a una persona que te proteja de todos los peligros.

-¿Qué peligros?

Yo ya soy mayorcita y me sé cuidar sola.

No me gusta que tú también pienses así.

-Bueno, de todas formas

siento que lo nuestro no haya salido como esperábamos.

¿No te parece?

Valiente imbécil. ¿A quién se le ocurre colgarse?

Estoy sobrepasada con todo esto que está ocurriendo, Andrés.

Tienes que estar tranquila. Ya, claro.

Eso es fácil de decir. Pero yo soy la viuda.

He tenido que soportar el suicidio de Joachim,

el levantamiento del cadáver en la academia,

el depósito, el interrogatorio de la policía.

Lo estás haciendo muy bien.

De verdad, pareces una viuda compungida.

Supongo que después de pasar tanto tiempo con Joachim,

te resulta fácil fingir.

Andrés, las muestras de dolor no me suponen ningún problema.

He sido durante años la esposa de Joachim.

Y perfectamente puedo ser la viuda de Joachim.

Pero nuestro pacto no cubre unos problemas

que se me presentan. ¿Qué problemas? Si está muerto.

Efectivamente, Andrés. Está muerto.

Y cuando terminen la autopsia, me devolverán el cuerpo

y no sé dónde enterrarlo.

Joachim no es especial.

Murió con una identidad falsa y será enterrado con esa identidad.

No lo comprendes, ¿verdad? No.

Me niego a que lo entierren en la tumba de mis padres.

Y que cuando yo muera, lo entierren conmigo.

No quiero. No me puedes pedir

que permanezca unida a él durante la eternidad.

A él, que le odio.

Y, además, está el asunto del suicidio.

No le podemos enterrar en tierra sagrada.

Y por si fuera poco, se supone que es judío.

Otro problema más. Son problemas que suponen gastos.

Gastos que yo no estoy dispuesta a asumir.

Para. Para ya.

No podemos hablar de esto aquí.

Necesito una solución urgente, Andrés.

No es una cosa que se pueda aplazar.

Déjame pensar. Me van a entregar el cuerpo

de un momento a otro. Déjame pensar.

No tienes mucho que pensar. No soy una funeraria.

Necesito tiempo para saber qué hacer.

No te preocupes. Lo solucionaré como siempre.

-Siento no haber sido más atento contigo.

Siento no haberte cuidado como tú te mereces.

Pero hiciste bien en dejarme, porque yo no hubiera sido

capaz de hacerte feliz.

-No digas eso, que no es verdad. -Sí lo es.

Reconozco que he sido muy egoísta contigo.

Y tú no te mereces tener una persona así a tu lado.

-Tú no estabas bien. -No, estaba mal.

Las cosas que pasaban en mi casa me estaban afectando mucho.

Pero eso no justifica que te dejara de lado.

Y por eso te perdí.

-Yo tampoco te había ayudado mucho que digamos.

No era consciente de lo que sufrías,

con lo que pasaba en tu casa.

Tendría que haber sido más paciente y haberte apoyado.

Hasta que las cosas se arreglaran.

-No hubiera servido de nada.

Las cosas en mi casa siguen igual.

Mi madre ha entrado en una depresión,

que nada parece animarla.

Y que mi hermana esté fuera de casa, la entristece más aún.

-¿Sigue en casa de Irene? -Sí.

Precisamente iba a verla ahora.

A veces pienso que mi familia no tiene solución.

Hagamos lo que hagamos, todo acaba mal.

Por eso espero que tú y yo podamos seguir siendo amigos.

-Yo también lo deseo, Jaime.

Sales tan beneficiado como yo de este suicidio.

No hables como si me hicieses un favor.

Joachim fue un problema desde que llegó a España.

Y lo sigue siendo. No tanto como antes.

Que se suicide, te ha venido de perlas.

De momento, no tienes ni que pasarle la asignación mensual.

¿No estarás insinuando que tengo algo que ver con su muerte?

A mí me sorprendió tanto como a ti, Adelina.

Aunque si lo pienso fríamente,

quien realmente sale beneficiada de todo esto,

quien se ha librado de un problema, eres tú.

Oye, no se te ocurra ni bromear con este asunto,

que yo no tengo ninguna responsabilidad en este suicidio.

Pues ya somos dos.

Bueno, ¿qué piensas hacer? Pensar, ya te lo he dicho.

Pues date prisa.

Busca un sitio donde enterrarlo

y tú te encargas de todos los gastos.

Porque yo no voy a asumirlos. Ya me lo has dicho. Tranquilízate.

Lo solucionaré como siempre. Yo solito.

-Lo pasado, pasado está.

Tenemos que seguir viviendo y mirar hacia adelante.

-¿Y como amigos nos podremos apoyar siempre?

-Sin peleas ni discusiones.

-Solo con afecto y amistad. -Eso es.

-Me alegro mucho de haber hablado contigo.

-Sí. Yo también.

Lo necesitaba, Asunción.

-Y yo.

-Bueno, tengo que marcharme.

-Bueno, ya está. Limpias como una patena.

¿Te pasa algo, hija? -No, padre.

-¿Seguro? -Seguro.

Y este es el estante de los exploradores,

como a mí me gusta llamarlo. -¿Por qué lo llamas así?

Porque vienen directamente desde el África con los rifles

y a cazar tigres y leones.

-Mentira. Lo llamo así porque hay clientes

que vienen a la tienda buscando novedades.

Y tocan todos los discos. Hasta que llegan a este estante

y encuentran lo que buscan.

-¿Cómo sabes lo que buscan? Ni idea.

Lo pongo ahí y como es difícil de encontrar,

piensan que han hecho un descubrimiento y compran.

-O sea, que es un truco. Sí.

Para vender en estos tiempos hay que aguzar el ingenio.

-¿Y tienes más? Bueno, tengo uno,

que es muy común, que es coger una pila de discos

todos iguales e irlos envolviendo para regalo mientras atiendo.

Cuando voy por el tercer disco, me preguntan:

"¿Y estos discos qué son?" Esto es lo último de lo último.

Esto es lo exclusivo para regalo.

Pero están todos reservados.

Excepto uno, que me acuerdo que tengo por ahí atrás.

-Y lo compran. A veces compran hasta dos.

-¿Puedo probar yo? Sí, claro que sí.

Mira, ahí atrás tengo un disco y con este truco

nos lo quitan de las manos.

-O sea, que vino doña Adelina a pagar la cuenta

de don Joachim. -A los dos días de venir él

a saldar su cuenta, porque se iba de viaje.

-A las mismísimas puertas de la muerte, como quien dice.

-¿Sabéis qué significa eso? Cuando vino,

ya tenía pensado que se iba a ahorcar.

Por eso quiso quedar en paz con nosotros.

-Pues lo disimuló muy bien, porque estaba tan campante.

-A su manera, se estaba despidiendo de nosotros.

Fue todo un detalle por su parte.

-Vaya perra vida que tenía que llevar

para colgarse de una lámpara.

-Yo creo que se le juntó todo, Marcelino.

El participar en la Guerra Mundial. La persecución de su pueblo.

El exilio. -Y que por lo visto los nazis

mataron a toda su familia.

-Es que cuando la vida te pega una cornada trapera

de semejante naturaleza, uno no levanta cabeza.

Además, era un extranjero aquí.

No tenía amigos ni familia ni raíces.

-Eso no es vida.

-Yo creo que lo mató el desarraigo, la amargura y la soledad.

-Puede ser, pero las cosas como son, no se relacionaba mucho.

Iba de la academia a casa y de casa a la academia.

-No todo el mundo tiene el genio de las castañuelas.

-Aquí venía de vez en cuando a tomarse un coñac.

-Claro, por eso vino a despedirse de nosotros.

-La verdad es que pobre hombre, qué vida tuvo.

Yo es que pienso que nunca fue feliz tampoco con su matrimonio.

-¿Y con Benita? -¿Benita qué, Marcelino?

-Benita... -Eso son cosas de ella.

-Ella está convencida que don Joachim

bebía los vientos por ella. -¿Qué dices, Marcelino? Que no.

Esa mujer está trastornada. Se quedó trastornada cuando vio

que este hombre había muerto tan trágicamente.

-Claro que sí. Lo que está claro es

que ese hombre vivió un calvario.

Mira, a mí me da una pena... Porque era tan honrado,

tan buena persona... -Y muy cumplidor.

-En fin, es una gran pérdida.

Que en paz descanse.

-¿Aquí se venden discos? -Lo siento, están todos reservados.

-Ven aquí. ¿Cómo estás, pequeña?

-Pues estupendamente.

Ubaldo me está enseñando los trucos del oficio.

¡Chis! Pero no se lo digas, que son para profesionales.

-Ay. Bueno, ¿qué tal está mamá?

¿Se encuentra mejor?

¿Puedo volver ya a casa? -No, Almudena.

Aún es demasiado pronto. Necesita descansar.

Pero no te preocupes, que ya está mucho mejor.

-¿De verdad? -Sí, de verdad.

Se está mejorando.

-Voy a buscar un regalo que tengo para ella.

-Muy bien.

Se le ve muy feliz aquí en la tienda.

Sí, para ella es como un juego y para mí también.

-La noto más viva que cuando estaba en casa.

Muchas gracias por todo lo que estáis haciendo, Ubaldo

No pasa nada. Es un placer.

¿Es cierto que tu madre está mejor? -No.

No, Ubaldo, no. Realmente no.

Hoy la encontré en el cuarto de mi hermana llorando,

mirando su cama vacía.

Todavía la echa de menos.

¿Y no será bueno que Almudena le haga otra visita?

Ahora está muy alegre y vital. Y eso se nota.

-No. No creo que sea muy buena idea.

¿Y eso? -Porque me da miedo.

Ubaldo, me da miedo que cuando la vea,

se contagia de su tristeza.

En casa todo sigue igual.

Es como si la propia familia fuera la enfermedad y no cualquiera...

-Son caramelos de anís.

Se los compré con el dinero de papá.

¿Se los darás de mi parte? -Claro que sí.

-Por cierto, Jaime, han llegado unos discos nuevos

y la mayoría están reservados, pero creo que queda

alguno por ahí, ¿no?

Ven.

Teléfono. (EULALIA) Andrés, el teléfono

¿Lo coges tú?

Andrés.

Teléfono. Ya ha vuelto a irse

sin decirme nada.

¿Sí? -Ah, Eulalia. Eres tú.

Soy Matías. ¿Cómo te encuentras hoy?

-Ah. Hola, Matías. Mejor, mejor. Voy tirando.

¿Querías hablar con Andrés? -Sí.

Había quedado con él en el café,

pero no se ha presentado. ¿Está por ahí?

-No, no está. Ha debido salir.

De hecho, han salido todos. Estoy... estoy sola.

Se ha ido incluso la criada.

-¿Estás sola?

¿Quieres que me pase por ahí, a hacerte un poco de compañía?

-No, no, no. No es necesario, Matías. Gracias.

Ya vendrá alguien más tarde o más temprano.

-No, no. De verdad, podría pasarme y damos un paseo.

Te vendría bien respirar un poco de aire fresco, Eulalia.

-No, gracias. No necesito que nadie me saque

a la calle. Ni tú ni nadie.

Seguro que tienes cosas más importantes que hacer,

que hacerme a mí de enfermero.

-Bueno, perdona, Eulalia. No quería molestarte.

Pensé que te agradaba mi compañía.

-Y mi agrada, ya lo sabes.

Pero Andrés y tú estáis muy ocupados.

No me parece justo que perdáis vuestro tiempo

distrayéndome a mí.

-Muy bien. No insisto más, entonces.

De todas formas, creo que deberías salir un poco.

Podrías devolverle la visita a Almudena.

Seguro que te echa mucho de menos.

-Sí. Bueno, quizás en otro momento.

Matías, tengo que dejarte. Adiós.

(PIENSA) ¿Pero por qué no?

¿Por qué no voy a salir?

¿Qué hago en casa, aquí sola?

Claro, tengo que salir.

Voy a arreglarme y voy a ir a ver a Almudena.

Que vea que me encuentro mejor y que ya puede volver a casa.

Sí, voy a salir.

(HACE CARANTOÑAS)

-Don Santos, no sabía que se le dieran tan bien los niños.

-Me gustan mucho. Y aunque esté mal decirlo,

no se me dan nada mal. -No hace falta que lo diga.

Que tiene a Marisol aquí encantada, riéndose.

-La niña ayuda mucho, porque es muy salada.

-Sí. (RÍE)

-¿Y Chelo? ¿En la cocina? -No, hoy no ha venido.

-Qué pena. Quería que me viera la cara,

después del puñetazo que me dio ayer su hermano.

No me ha quedado señal ni nada. Mira.

-Fíjate, que es verdad.

Oye, Marcelino, que nuestra Chelito está hecha una experta enfermera.

¿Has visto? -Chelito tiene muchos dones.

(HACE CARANTOÑAS) -Don Santos.

¿La quiere coger? -No, no me atrevo.

-Cójala. -Cójala.

-Que no. Además, de ordeñar vacas, tengo las manos muy ásperas

para esa piel tan suave de los bebés.

-Qué más dará. Cójala. -Está mejor en su cochecito.

¿A que sí, Marisol? (HACE CARANTOÑAS)

Ay, los niños tienen que ser una bendición.

Y la compañía que tienen que dar.

-Díganoslo a nosotros, que tenemos cinco.

-Qué envidia.

Sana. Familia numerosa.

Lo que me hubiera gustado a mí. -¿Y por qué no ha tenido?

-Porque primero me habría tenido que casar.

Y a ver quién aguantaba a este trasto.

Además, no sé si puedo todavía, porque a mi edad...

-Eso es una tontería. Manolita, ¿cómo se llamaba

tu primo el del pueblo? Juanillo. A los 50 se puso

y como conejos, uno detrás de otro. -El Juanillo tiene cuatro hijos.

Y la mar de contento. Está jugando todo el día con ellos.

-Sí, eso tiene que ser estar en la gloria.

¿Verdad, Marisol? (HACE CARANTOÑAS)

¿Quieres que te ayude con ese paquete?

-No, por favor.

Ubaldo me lo ha pedido a mí.

Sí. Y ahora el lacito.

Lo haces muy bien.

Vamos a tener que pensar seriamente en contratarte.

-Por favor. Es lo que más me gustaría del mundo.

Oye, estoy pensando...

¿Te apetece que nos vayamos a tomar algo?

Hace un día estupendo y te mereces un descanso.

-¿Sabes lo que me apetece? ¿Qué?

-Una gaseosa con unas gotitas de limón.

Hum, vaya, qué sofisticación.

-Una alumna del colegio, que era mayor, lo tomaba.

Y decía que por eso tenía el cutis suave.

Ah, sí, claro. No creo que fuera por eso.

Hola. -Papá.

Hola. -Vaya, hoy todo el mundo

viene a verme.

¿Cómo que todo el mundo? ¿Quién más ha venido a visitarte?

¿Algún novio o qué? -¿Qué dices? Jaime.

Iba a preguntarte qué tal estabas, pero salta a la vista.

-Estoy muy atareada.

Estoy aprendiendo muchos trucos para vender.

A su hija se le da estupendamente atender al público.

Y, además, le gusta mucho la música.

Y la compañía, es de suponer.

-¿Por qué no vamos a tomar algo? Cuando quieras.

-¿Tú también vienes, papá? Me encantaría,

pero no quisiera molestar. -Si no molestas nunca.

Claro. Bueno, si insistís..

¿Nos vamos? -Vamos.

-Hola, Chelo. -Hola, don Santos.

-Si quieres, te ayudo a llevarla. Esa cesta debe pesar lo suyo.

-Se lo agradezco. Muchas gracias.

-Fui a buscarte al bar y como me han dicho

que no habías ido, he pasado para ver si todo iba bien.

-Bien. Solo iba a hacer unos recados para mi madre.

¿Cómo está usted?

Del golpe está bien, ¿no? -Mira, ni una marca.

-Me alegro mucho. Qué bien.

-Gracias a tus cuidados, por supuesto.

-Siento mucho lo de mi hermano. Le pido mil disculpas, don Santos.

-Ah, nada. Si yo de joven también me di

de bofetadas más de una vez.

-Miguel es muy buen chico, lo que pasa es que es pasional

y a veces llega a las manos. -Si no hubo mala intención.

El chico solo intentaba defender a su hermana.

No hay que juzgarlo por eso.

-¿De verdad no está enfadado? -Te aseguro que no, chiquilla.

-Fíjese, en vez de enfadarse con él, lo defiende.

Es que es usted... Tiene un corazón de oro, de verdad.

La mujer que se case con usted, va a ser muy afortunada.

-Si eso es lo que piensas... El puesto está disponible.

Quiero decir, que... sería aún más afortunado

si fuera el hombre que tú... Bueno.

Que el verdaderamente afortunado será el hombre que tú... elijas.

-Don Santos, perdón por haberme reído. Perdón.

Es que no me esperaba de usted una declaración tan galante.

Bueno, gracias.

-Chelo.

-Hum, ¿te estás dando limón? -Sí.

¿No te gusta? -Me encanta. ¿Qué dices?

¿Te acuerdas del limonero que teníamos?

-Claro. He estado dándole con betún

a los zapatos y se me ha pegado el olor.

-Déjame que te las huela.

-No te dejo que me las huelas. No.

-Ah, pues nada, hija. No te las huelo.

-Ay, Trino.

¿Qué haces? -¡Chis! Calla.

Murmullos.

Estoy intentando escuchar y entender lo que dicen

Chelo y Asun en su habitación.

-¿Pero está hablando? -Sí. ¿No las oye?

-Cuidao que eres cotilla. Déjalas, hombre.

Anda, luego dices que las mujeres.

-Que no es de cotilla. Cuando he llegado,

estaba Asun llorando en el portal.

No es como cotilla, es como padre.

-Bueno, pues habérselo preguntado. -Sí, que me lo iba a decir.

-Pobrecita mía, lo mal que lo está pasando.

Esas cosas duelen mucho, Trino. Y mira que se lo advertí.

A la que no veo muy contenta, es a Chelito.

Antes parecía un cascabel y ahora está más mustia

que un geranio en Navidad. -¿Cómo quieres que esté?

Si está en el paro. Ha perdido el trabajo.

Su pasión: el teatro. Y ahora ahí la tienes,

sirviendo mesas en El Asturiano.

-Qué edad más mala. Todo son problemas.

Menos mal que con los chicos nos va bien.

Miguel se ve muy contento en su trabajo y con la novia.

Y Pedrito está ilusionado con el concurso.

-Y te digo una cosa. Va a quedar muy bien.

-¿Tú sabes quién no se me cae del pensamiento? Doña Eulalia.

Yo creo que si esa mujer tuviera una familia más unido,

no pasaría por tantas angustias. -En eso hemos tenido suerte.

Por lo menos la familia está bien.

-Pues sí. Y que lo digas.

Porque no todo el mundo puede decir lo mismo.

-¡Chis! -Calla.

-Pues aquí estamos. Un vermut para don Andrés.

Una leche merengada para doña Irene.

Gracias. -Y una gaseosa con unas gotitas

de limón para doña Almudena. Gracias, Pelayo.

Se está bien aquí fuera.

-Pues sí, es que con el cambio de tiempo,

se está muy a gusto aquí. Eso será bueno para el negocio.

-Es bueno, pero hay que trabajar más.

Una pena lo de la academia, ¿verdad?

Quiero decir, lo de... las goteras, sí.

Les dejo, que tengo que atender el bar, que está Marcelino solo.

-¿No hablará de la academia de Adelina, verdad?

¿Qué ha pasado? Nada. Unas goteras.

Han tenido que cerrar unos días.

-En esta época no llueve. Es que no ha sido por la lluvia.

Eran unas cañerías que se les ha roto

al vecino de arriba. O algo así. Sí, algo así.

-Qué suerte que puedas pasar un rato con nosotras.

Últimamente no te veo. Hay que dejar el trabajo

de lado y estar con la gente a la que se quiere.

Vaya, qué lástima que hayan quedado sin criada

justo en un momento tan inoportuno. -Sí.

Su marido, que es el chófer de papá,

dice que Marina. tiene que guardar reposo.

La voy a echar mucho de menos. Espero que todo salga bien.

-Me ha prometido que voy a ser la madrina de su hijo.

¿Sí? Bueno, que responsabilidad.

Si es tan responsable con su ahijado

como manteniendo su cuarto en orden, miedo me da.

-¡Papá! Si algo me aterroriza

de no tener criada, es que conviertas tu cuarto

en una leonera.

-Está bien. Voy a ser más ordenada.

Pero tú tienes que prometerme que vas a pasar más ratos

con Irene y conmigo.

Trato hecho. Será un placer.

Un brindis.

-Es que no me gusta verla sufrir.

-Hombre, sufrir, sufrir...

Lo de Asun, ya se sabe, que los males de amores

llevan su tiempo.

-A mí lo que me parece es que todavía sigue enamorada de Jaime.

-¿Y cómo ha pasado la noche?

Porque todavía no se ha levantado, ¿no?

¿Qué pasa? ¿Todavía sigues durmiendo en la habitación

de invitados? Sí, Jaime.

-Pero, papá...

-Tengo una información bastante interesante sobre Joachim.

-Te escucho. -Algunos compañeros

de la revista "Sucesos" están empezando a comentar

que hay sospechas de que la muerte de Joachim no fuera un suicidio.

-¿Sospechas fundadas? -Sí.

Es que hay indicios de que pueda ser un asesinato.

-Yo hago lo que ustedes digan, pero yo les digo

que no debería ir. Estoy muy malo.

-¿Muy malo? A ver.

Estás más bien fresco.

-¿Seguro que esa medida de no dormir juntos

se debe a la situación de mamá?

¿A qué viene esto? -Viene a que quizás suceda algo

entre mamá y tú que no me has contado.

Creo que soy lo suficientemente adulto para saberlo.

¿Pasa algo entre vosotros?

No pasa nada. Todo está como siempre.

¿Qué quieres que te diga? -No sé.

Tanto ocultamiento, me da qué pensar.

¿No me digas que lo vas a guardar de recuerdo?

-Lo quiero todo.

Joachim va a seguir vivo en mi recuerdo hasta que me muera.

Cada detalle me hace sentirme cerca de él.

-Por una parte, no hubo carta de despedida.

Que es habitual en estos casos.

Y por otra parte, el cuerpo presentaba marcas de...

como de haber sufrido una agresión o una pelea.

-Entiendo. Es muy interesante.

Y muy inquietante.

-Por eso quería que nos viésemos cuanto antes.

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 160

15 abr 2011

La trágica y repentina muerte de Joachim ha dejado muchos cabos sueltos, entre otros dónde y cómo será enterrado.

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  1. sandra Perez

    Teleserie extraordinaria en mi opiniòn personal,ya son varios años que no puedo dejar de verla todas las tardes,es trizte cada vez que finaliza cada temporada y comienza una nueva,pero al continuar viendola atrapa de nuevo,gracias y espero continúe por muchos años,Saludos y felicitaciones desde Indiana USA.

    29 jul 2011
  2. Ruthy

    GRAMMA: Grammatik .. allen Ehren chapeau!!! auf wiedersehen.. SHALOM SHALOM!!!

    19 abr 2011
  3. Ruthy

    GRAMMA: mira tu que bien tu buen humor.. tal como yo.. dime hay algo inexplicito aqui? EL ESPANOL NO ES MI LENGUA MADRE,OK? de que tildes me hablas?! jajaja me partes de risa.. escribo ñ.. sin encontrarla ni buscarlla.. jajajaja.. la he copiado de ti!!! jajajaja.. Glück.. ist besser als je zuvor jetzt und heute.. auf wiedersehen.

    19 abr 2011
  4. gramma

    ¡Bravo, Ruthy, has encontrado la eñe, enhorabuena!. Ahora busca las tildes e intenta relajarte. ¡Ah!, und sagt ja nicht mehr Auf Wiedersehen, besser ist Auf nie mehr

    19 abr 2011
  5. Ruthy

    GRAMMA: Ah gracias mil y una mas!!! sobre la ñ.. te equivocas en mi teclado hebreo latino no existe.. tampoco tu consejo es valido en mi teclado. A mi no me molesta.. ok?! pues eso. Gesundheit.. auf wiedesersehen.

    19 abr 2011
  6. Ruthy

    GRAMMA: Nicht für ungut, tschüss! A que tanto alboroto te has lanzado despues de lo leido?! el HOLOCAUSTO es el tema central de la serie en estos capitulos y hace varios meses.. encuentras lugar y tiempo a observarme?! Has perdido la rutina o el NORTE.. disculpa no pienso ni razono como rebano.. cuando atacan aqui GRATIS.. pretendiendo tapar el sol con un dedo?! Ya que corriges.. yo que tu corregia al foro en su integridad.. comenzando por los que han atacado friamente desde su obtuso angulo.. hace tiempo voy directo de frente.. no te gusta?! para eso se inventaron los colores.. mis comentarios desde siempre han tenido que ver con AETR.. disculpa hay censores profesionales y eficaces que cuelgan mis posts.. quieres tu observarles?! HABRASE VISTO UNA VERDAD HISTORICA COMO MOLESTA A ALGUNOS AQUI. auf wiedersehen!!!

    19 abr 2011
  7. gramma

    ¡Madre mía! Creo que Ruthy se ha perdido entre su propia rutina.No entiendo el por qué de sus comentarios, no tienen nada que ver con el tema. Ruthy, sos (léase eres, el sos, es de Argentina) retórica, y la disculpa de no tener teclado español, es eso: una disculpa. A más que la mayoría de los teclados son chinos, eh. La eñe, si no la encuentres en tu dichoso teclado, es porque no la buscas: Alt + 164= ñ / Alt+165=Ñ. Así de sencillo lo tienes. Nicht für ungut, Ruthy, tschüss!

    19 abr 2011
  8. Ruthy

    Aprendiz tan inteligente que siempre tiene el odiado de turno. Pena penita es mas fuerte que tu.

    18 abr 2011
  9. Luis S

    Tienes razón Diego, si al menos respondiera con algo inteligente todavía, pero ya ves como ella misma se pone en evidencia, es lo único que sabe decir. Salud.

    18 abr 2011
  10. Diego Luna Gimenez

    Para Luia S.: Luis no respondamos a los comentarios o como dice nuestra amiga {posts} sin comillas, claro esta quien es la que ocuoa ayuda, se ve que lleva mucho dolor por dentro y ahi no podemos hacer nada. no me despido en Aleman por que puedo equivocarme. saludos a Todos.

    18 abr 2011