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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Es que tengo mucha costura retrasada.

-¿Y vas a dejar a Jaime aquí solito pensando en ti?

-Bueno...

Yo me tengo que ir ya. -Pero, Jaime, ¿por qué

no acompañas a tu novia a la puerta?

-Que me tengo que presentar para hacer el examen.

-¿Adónde vas? -Pues dónde voy a ir,

a coger el código de la circulación.

Se me ha olvidado lo aprendido. Lo que yo siento por ti

no es amor.

Y mientras no lo entiendas haz el favor de mantenerte alejado.

Eres capaz de hacer daño a alguien con ese arrebato romántico

que se te ha metido en la cabeza. -Porque resulta que hay

un concurso de radio en unos días y el maestro ha decidido

que como es el mejor de su clase,

pues que represente a la escuela. -Mi niño.

En un concurso de la radio.

-Eres un campeón, chaval.

-Primero tenemos que fingir delante de tu hermana

y delante de todo el mundo de que nos llevamos mal.

Así que cuando nos vayamos nadie va a sospechar

de que hemos huido juntos, ¿comprendes?

-Comprendo.

-Pero, Marce, ¿cómo le habéis puesto Rosa si es un crío?

-No, no es un crío, hijo, otra más.

-¿Otra?

Despertar abrazada a la ironía...

...de ocultar la razón de cada día para amar...

En tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento...

...y descubrir, sorprendida, mi tormento y mi dolor...

Con tu amor envuelto.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido,...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar.

-¿Tú tampoco puedes dormir?

-Tenía sed, he salido a tomar un vaso de agua.

-Yo también. Es lo que se hace

cuando no se puede dormir.

Pero me imagino que tu caso y el mío son muy diferentes.

-Sí, extraña no estar en su casa, ¿verdad?

-Ah, no, no. No es eso.

Es que me he desvelado porque he estado meditando

hasta hace un rato y

ahora necesito reconducir mi mente hacia el sueño.

Me pasa muy a menudo.

Pero supongo que tu insomnio es por otro motivo.

-Ya le he dicho que tenía sed, nada más.

-Comprendo que no quieras hablar.

Los problemas sentimentales son algo muy íntimo.

A nadie le gusta confesar que tiene mal de amores.

Pero no tienes que preocuparte.

No tienes de nada de lo que avergonzarte,

es de lo más normal a tu edad.

La vida nos va llevando por distintas etapas, ciclos,

que hay que vivir inexorablemente.

-No entiendo a qué se refiere.

-Si quieres un consejo,

te diré que lo primero es ser sincero con uno mismo.

-Me voy a la cama. -¿De verdad no quieres oír

la sabiduría que dan los años?

-No necesito su ayuda, y menos en estos temas.

-En cualquier caso, quiero que sepas que puedes contar conmigo

para lo que quieras.

Es bueno abrir el corazón, dejar salir los sentimientos,

pero también es importante encontrar la persona adecuada

con quien hacerlo.

Supongo que con tu madre te resultará muy difícil

hablar de estos temas.

A una madre es difícil hablarle de sentimientos

que te van haciendo un hombre.

-¿Qué te pasa, Marcelino? Tienes cara de cencerro

sin badajo esta mañana. -Es que no he pegado ojo.

-Pero si la niña no ha llorado. -Anda que no ha llorado.

Pero me la llevé a la cocina para que usted no se enterara.

-Si duerme como un lirón. -No, dormía como un lirón,

el primer día, eso es lo que le ha durado.

-En eso se parece a ti, Marcelino. Tú al principio no dabas un ruido,

pero de pronto se te fundieron los plomos de la cabeza y

berreabas como un cérvido en celo. Cómo sería que una noche estuve

a punto de meterte en un cerillo y dejarte a la puerta de la inclusa.

-Pues sabe lo que le digo, que le entiendo perfectamente,

porque yo es que esta noche cogía a la niña por un lado y nada,

la cogía por el otro y lloraba más.

La subía, le cantaba el himno del Atleti y no se callaba.

Llegó un momento que le dije: "Pero, hija mía, tú qué quieres?".

-¿Cómo "hija mía"? ¿La llamas "hija mía"?

-¿Cómo la voy a llamar? -Por su nombre.

Habréis pensado ponerle algún nombre a la criatura.

-Como estábamos convencidos de que iba a ser chico

y que se iba a llamar Marcelino II, pues no lo hemos pensado.

-El hecho de que no haya venido con colilla a este mundo

no significa que la pobrecita no deba tener un nombre.

-Tiene usted razón.

Ya está. Marcelina.

Eh.

-Y en cuanto a tu padre, que debería ser quien te sirviese

de guía en estas circunstancias, es un modelo demasiado deslumbrante,

demasiado superior como para poder ayudarte.

-¿Superior?

-Tu padre es un hombre muy atractivo, un hombre de éxito,

con una masculinidad muy acusada,

que debería servirte de guía,

pero cuando esa superioridad es tan manifiesta...

-¿Qué demonios quiere decir?

-Que podría ocurrir que tuvieras que competir con él

por la conquista de algún corazón femenino.

Estoy hablando metafóricamente. -Mire, no sé de qué está hablando

y no sé a qué metáfora se refiere, pero le aseguro que mi padre

no es un problema para mí, cada uno ocupamos el lugar que

nos corresponde y no hay nada en lo que tenga que competir con él.

-¿Pero cómo le vas a llamar Marcelina, Marcelino?

-¿Qué pasa? -Pues que no me gusta.

-¿Cómo que no le gusta, coño, si a mí me puso Marcelino?

-Ya, pero nunca me gustó.

-Pero bueno, padre. -Vamos a ver, me gustara o

no me gustara o me dejara de gustar lo cierto es que no me gustó,

pero como a tu madre sí pues cedí, pero no me gusta y,

aunque me guste, la verdad es que ya con un Marcelino en casa sobra.

-Que no le gustaba el nombre. -Pero cómo no me va a gustar

si es el nombre de mi hijo bien amado en quien tengo

toda mi complacencia y aguante.

-¿Por qué no quiere que mi hija se llame Marcelina?

No me parece que Marcelina sea un nombre

apropiado para una chica. -¿Pero cómo que no?

España entera está trufada de Marcelinas.

-Ya, pero no es elegante. -Que no es elegante...

¡Pero hay que fastidiarse! ¿Qué nombre es elegante para usted?

-Pues, por ejemplo, Dolores, como la Pasionaria,

o Catalina, como Catalina de Rusia.

-¿Le quiere poner el nombre de una rusa a mi hija?

-Oye, ¿y Emma?

-¿Emma? -Sí, Emma, como Madame Bovary,

esa de la novela que luego hicieron una película.

Emma Bovary.

-¿Pero usted qué está diciendo de Emma?

¿Que le quiere poner el nombre de una señora

de una novela? ¿Pero mi hija qué le ha hecho?

-De algún sitio tienen que salir las cosas.

¿Qué tal Emma?

-No me gusta nada, eso suena muy raro.

-Pero, no me digas, a que suena elegante.

-Elegante no, suena a finolis, que tiene unas ideas a veces

que no puedo entender. -Si es que tienes que cultivar

un poquito más el caletre, hijo.

Por eso de que el saber no ocupa lugar, ¿entiendes?

Anda, vamos para adentro que hay que seguir sacando las cosas.

-Emma.

Emma.

Ah, por encima de mi cadáver se va a llamar Emma.

-Ay, discúlpame, por favor, Bibiana.

Parece que hoy se me han pegado un poco las sábanas.

Ah, he pasado una noche horrible, con pesadillas...

Me despertaba todo el tiempo.

-¿Y cómo no me lo dijiste?

Te podría haber preparado una tisana para dormir.

-Ah, sí, tienes razón, pero no lo pensé.

Quizás esta noche sí que te pida que me prepares una.

-No tienes más que decírmelo.

-Definitivamente creo que te la pediré.

A mí me gusta dormir bien y levantarme temprano,

si no, después paso el día con todas las cosas retrasadas.

-Y, hablando de retrasos,

creo que hay una cosa que se nos está quedando

un poco atrasada. -Ah...

-La minuta del doctor Robledo.

El otro día me dijo que todavía no se le había efectuado el pago.

-Hola, Jaime. -Hola, buenos días.

-¿Te pasa algo? No tienes buena cara.

-No, no me pasa nada.

-¿Seguro? -Sí, sí, seguro, es...

Me duele un poco el estómago, nada más.

-Está bien.

-Hola, buenos días, Jaime. -Buenos días, Felisa.

-¿Me ayudas a doblar las sábanas?

-Sí, madre. -Bueno, yo me tengo que ir.

Adiós, Felisa. -Adiós.

-Adiós.

-¿Pasa algo?

¿Habéis reñido?

¿Qué ocurre, hija? No te quiero ver así.

Que yo estoy aquí para ayudarte, para lo que quieras.

Para darte un consejo, que soy tu madre, Asun.

(LLORA)

-Ay, mi niña. (LLORA)

-Sí, es cierto.

Es imperdonable.

Pero no te preocupes, Bibiana, el doctor Robledo cobrará

todo lo que se le debe y

muy pronto.

Aunque no sabría decirte la fecha exacta.

-Ya, pero yo no puedo ir a decirle eso al doctor.

Entiende que fui yo la que fue a pedirle que viniera

a atender a Almudena y un doctor tan ocupado

y tan prestigioso...

No fue nada sencillo. -Lo sé, lo sé, Bibiana.

Y sabes que estoy muy agradecida a que el doctor viniese

tan rápidamente a atender a la niña.

-Ah, sé que es un tema de conversación muy poco elegante,

pero yo, no sé, me resulta muy violento decirle eso al doctor.

Ah, cómo le digo yo ahora que no sabemos cuándo

va a cobrar sus honorarios.

Sería una falta de respeto a su celo y dedicación.

-Sí, claro, claro. Lo entiendo perfectamente.

Pero tú mejor que nadie, Bibiana, conoces la situación económica por

la que está pasando esta familia transitoria, desde luego.

Sinceramente, ahora mismo no sabría de dónde sacar el dinero.

-Pues, qué contrariedad, yo te ayudaría si pudiera, pero

lamentablemente tengo casi todas mis rentas comprometidas

en acciones benéficas y en hermandades de ex combatientes.

-Lo entiendo. -La idea de tenerle que decir

al doctor que nos vamos a demorar

me resulta sonrojante.

Bueno, eso sin contar con que en qué situación estaríamos

si tenemos que volver a llamarle para que atienda a Almudena.

-Ay, no sé...

Quizás podría llamar al banco y

hablar personalmente con el director.

Es lo único que se me ocurre.

-Bueno, pues Emilia tampoco.

-Ah, vamos a ver, Marcelino, Tula.

Precioso. -¿Pero cómo que precioso, coño?

¿Cómo voy a llamar a mi hija Tula? Eso es un nombre de juego,

es como si llamo a mi hija Taba o si la llamo Pídola.

-Oye, mira, Marcelino, en el santoral clérigo

existe una Santa Tula, pero que yo sepa no existe una Santa Taba.

-Bueno, pues me da igual, Tula no se va a llamar y punto.

-¿Y Amalia? También es muy bonito, ¿eh?

-Bueno, Amalia es más bonito, pero de todas formas, que no,

¿sabe por qué? Me acuerdo perfectamente, cuando era pequeño,

de Amalia, una chica del barrio que siempre se reía de mí.

Amalia Sayaga. -Vaya, hombre, qué casualidad.

Pero esas cosas se olvidan, Marcelino, hijo.

-Yo no la he olvidado. -Vaya...

Bueno, pues, mira, ya está, Leocadia.

-¿Leocadia? -Sí.

-¿Pero usted qué está diciendo, hombre, cómo voy a llamar

a mi hija Leocadia? Eso es nombre de persona

que no está muy bien de la cabeza. -Oye, un respeto.

Que así se llamaba mi abuela. -Y su abuela no era,

según usted, un poco rarita. -Un poco rara sí era,

tenía sus cosas.

-¿Su abuela no pintó dos vacas de azul?

-Eso no se demostró nunca. -Ya.

-Entonces me ha respondido que no le pasaba nada.

Peor estoy segura de que algo le sucede, madre.

Últimamente está muy raro conmigo,

y le siento muy alejado de mí.

-Anda, siéntate, Asun, siéntate.

Ay, hija,

lo que os pasa es normal.

Les pasa a casi todas las parejas, son rachas en las que

se replantean las cosas, Asun.

Porque todavía os estáis conociendo.

-No sé si será eso, madre.

Pero lo que sí que le digo es que últimamente está como ausente.

El poco rato que nos vemos está distraído, como

deseando desaparecer.

Creo que ya no le importo, ya no le intereso.

-No, Asun, no digas eso.

Eso es lo que te parece a ti, pero no.

Una persona no cambia de sentimientos de la noche

a la mañana, y hasta hace nada Jaime estaba encantado contigo.

No es eso, lo que le pasa a Jaime es que está pasando

por un momento de aburrimiento.

Eso les pasa a muchos hombres.

-¿A padre también le pasó? -Sí, a padre también le pasó.

Cuando nos hicimos novios tu padre bebía los vientos por mí.

Me cuidaba, estaba pendiente, si yo me ponía seria

se le venía el mundo abajo...

Pero pasado un tiempo, empezó a comportarse como Jaime.

No sé, yo lo notaba distraído, como si se aburriera conmigo,

y me preocupé, claro que me preocupé, Asun.

¿Pero sabes cómo se solucionó la cosa?

Cambiando las rutinas.

Puerta.

-Buenas. -¿Qué pasa, Miguelillo?

-¿Qué es esto? -La lista de la compra.

-¿Que le estáis buscando un nombre a la pequeña?

-Sí. -Pues a ver si se te ocurre

a ti alguno, porque de aquí no salimos.

-Desde luego, alguna idea buena, Miguelillo.

-Venga, vamos, espabílate. -Tula no está mal.

-Claro. -Aunque yo tengo uno mejor.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Mi sobrina se tiene que llamar Miguela.

-¿Pero cómo se va a llamar una niña Miguela, berebere?

-¿Pero cómo se va a llamar Miguela una niña, berebere?

-Miguela es un nombre muy bonito. -No, no es bonito,

Miguel, todavía, si me apuras, sin acercarse a Marcelino,

es un nombre medianamente hermoso, pero Miguela, Miguela no.

Coño, Miguela no porque no pienso en una niña

que se llame Miguela que pueda ser guapa e inteligente.

-¿Por qué no va a ser guapa por haber nacido con ese nombre?

-¿Conoces a alguna? ¿Conoces a alguna?

-No, pero alguna tiene que haber. -O no.

-Al final, Marcelino, se va a llamar como yo te he dicho.

-Antes muerto. -Que no, no hay más remedio que...

-Antes muerto. -¿Cuál es?

-No se lo diga, padre. -Anda, dígamelo.

-No se lo diga, padre. -Tranquilo, Miguelito,

ya te lo diré, primero tengo que darle una larga cambiada

aquí al novillo para llevármelo a los medios.

Luego te lo cuento, que sí. -Que no.

-Que sí, hombre.

-Los hombres se aburren de hacer siempre lo mismo.

Necesitan cosas nuevas.

Así que yo me propuse hacer cosas diferente

y que fuéramos a otros sitios...

(SUSPIRA)

-¿Solo eso? -Sí, solo eso.

-¿Pero tú sabes lo que más le hizo reaccionar?

Una noche que fuimos a una verbena en un pueblo cercano.

Yo siempre me quedaba a su lado en las fiestas, pero esa noche

me puse a bailar con mis amigas, y en cuanto me vio bailando

y riéndome y se dio cuenta de que los hombres

nos estaban mirando,

fue como si le dieran dos cachetes en la cara.

Sí, hija, reaccionó.

Se me pegó como una lapa y estuvo bailando conmigo

toda la noche, y a partir de ese momento se acabaron

las tonterías, por eso te digo que son rachas.

Los hombres necesitan novedades, hija.

Pero en cuanto Jaime vea que eres una chica echada

para adelante, que tienes iniciativa, que tiene energía,

ya verás cómo reacciona.

(VOZ) ¿Hola? -¡Ya voy!

Será el de la carbonería. Voy para fuera, hija.

-Madre. -Dime.

Lo que le pasa a Jaime no es eso.

No sé lo que es, pero es mucho más serio que todo eso.

¿Jaime?

-¿Eh?

¿Se puede saber qué ocurre?

Pensé que ibas a entrar en la tienda y al final

te veo dudando y te quedas parado aquí como un muermo.

-Sí. ¿Pasa algo?

-No... bueno, sí.

Es...

Es solo... no sé qué hacer.

Es bastante complicado de explicar, pero supongo que

te lo puedo contar.

Se trata de Irene.

¿Ah, sí? -Sí.

Ella y yo

siempre hemos tenido una buena amistad.

Desde el principio hubo una buena...

Una buena sintonía.

Que podíais confiar el uno en el otro, lo que se dice

una buena amistad de toda la vida. -Sí, eso es.

Y el caso es que últimamente las cosas han cambiado mucho

entre nosotros, ya no noto esa sintonía.

Bueno, bueno, Jaime, tienes que entender que

nuestra situación nos ha cambiado mucho. Es difícil.

Mi enfermedad le ha hecho replantearse las cosas

de otra manera, es normal que no esté igual contigo ni con nadie.

-Si lo sé y lo entiendo.

Pero, no sé, siento como que se cierra ante mí.

Y me gustaría que las cosas fueran como antes, Ubaldo.

¿Por qué no pruebas a hablar con ella?

Díselo como me lo has dicho y estoy completamente seguro

de que te entenderá.

-Tienes razón.

Es lo que voy a hacer.

Gracias.

-Buenos días, Matías. Qué sorpresa.

-Buenos días, me ha hecho pasar Marina.

-Ah, ¿y no te ha dicho que Andrés no está?

Ha salido muy temprano esta mañana, no sé cuándo volverá.

-Ya, no vengo a hablar con Andrés,

vengo a hablar contigo.

-¿Conmigo? -Sí.

Me ha llamado el director del banco y me ha dicho que has intentado

sacar dinero de la cuenta personal de Andrés.

-Vaya.

Le pedí a ese señor que fuese discreto.

-Y lo ha sido, pero no puedes sacar dinero de la cuenta

de Andrés sin su permiso,

es ilegal. Y no solo es la cuenta de Andrés,

también es la cuenta de la empresa, por eso me ha llamado a mí.

Si no hubiese sido discreto hubiera llamado a Andrés y

lo tendrías cabreado y con razón. -Lo sé.

Lo sé, Matías, perdóname.

Siéntate, por favor, te lo explicaré, siéntate.

Sé que no debería haberlo hecho, pero no tuve más remedio.

-Pero, Eulalia, por favor, ¿qué es lo que sucede?

-Tenía que pagar los honorarios al doctor que está tratando

a Almudena, el doctor Robledo.

Y, sinceramente, no sé de dónde sacar el dinero

para afrontar los gastos de esta casa.

-Bueno, no quiero que te preocupes por eso.

-¿Pero cómo no voy a preocuparme, Matías?

Cada vez tenemos más gastos, las facturas se acumulan.

-Eh, ¿cuánto dinero necesitas?

-¿Cómo?

Mira,

te he preparado un sobre con la cantidad exacta

de dinero que has pedido al banco. -No, Matías.

No puedo aceptarlo. -Por favor, Eulalia, cógelo.

Si no lo coges me lo voy a tomar como un agravio.

Por favor... -Esto es muy embarazoso para mí.

Ah...

Gracias.

Te lo devolveré en cuanto pueda.

-No quiero que te preocupes por eso.

Quiero que estés tranquila.

-Gracias.

Eres un gran amigo.

-Ah, buenos días, don Andrés. Buenos días, Trino.

-Eh, mire, quería comentarle que, como sabe, que yo sigo

con lo del carné de conducir, que lo llevo adelantado y que

dentro de poco pensaba ya presentarme para sacármelo.

Pues vengo a darte una alegría.

Ya no hace falta que te preocupes, he contratado a Manuel, Manuel.

-Manuel Fuentes, el nuevo chófer de don Andrés.

Es el marido de Marina, aprendió a conducir en la mili

y también sabe algo de mecánica, así que no tienes que preocuparte

de estas tonterías, ¿qué te parece? -Muy bien.

Todo será más fácil, ¿verdad? -Sí, sí.

Tengo que subir a recoger unos papeles, vamos.

No me entretengas a Marina, será tu mujer, pero mi criada.

-Lo que usted ordene, don Andrés.

-¡Me cago en la leche!

-Pero, padre, ¿cómo la voy a llamar Manolita?

-El mejor nombre que puede llevar tu hija es el de la madre

que la parió, ¿no querías llamar Marcelino II a la criatura

si hubiese sido niño? Pues lo mejor que se le puede

poner a la niña es Manolita.

-Pero, no sé, ya hay una Manolita en casa y no paro de nombrarla

y está todo el día encima de todo, más todas las niñas que tengo

y yo pensaba que iba a ser chico, es chica y también Manolita.

¿Dónde me voy a meter? -No te preocupes,

por mucho que te escondas te acaban encontrando.

Vamos a ver, tienes cuatro niñas de las cuales 3 son naturales

y una adoptada, ¿esta quinta será mejor hija porque en lugar

de ser un meón ha sido una meona? ¿Qué culpa tiene ella?

-Ninguna. -¿La vas a querer menos?

-Por supuesto que no. -Entonces merece un buen nombre.

Un nombre de campanilla, de importancia.

¿Y qué mejor nombre puede llevar la niña que

el de su propia madre? Manolita.

¿No merece tu mujer un premio de ese tipo después del trabajo

que le ha costado traerla al mundo, después de lo que ha sufrido?

¿No merece ese premio?

-Hombre, pues visto así, sí, padre, la verdad.

Y donde hay una Manolita, pues hay dos.

Además, que Manuela se merece todo con lo generosa que es.

Pues nada, pues que se llame Manolita. Amén.

Manolita II.

Perdona el retraso. -Nada, no te preocupes.

He aprovechado para echar un vistazo a tus informes.

¿No te han puesto un café? -Me ha ofrecido Eulalia,

pero había tomado en casa. ¿Eulalia ha salido?

-Sí. Siéntate, por favor.

A ver, nuestras suposiciones eran ciertas,

Eulalia necesitaba dinero y ha intentado sacarlo

de tu cuenta. Sabía que terminaríamos así.

-No te preocupes, está todo controlado.

El director del banco me llamó como le pedimos.

Sólo por intentarlo podría terminar en la cárcel.

-No hace falta que dramatices, me lo ha contado todo.

-¿Qué haces aquí?

Trino, ¿por qué has dejado sola la portería?

Ahora te relevo cuando limpie las lentejas.

Bueno, no importa,

no pasa nada porque se cuele un pobre y pida por las puertas.

Cuéntame, ¿qué te pasa?

-Pues que ya no me voy a presentar al examen porque ya no voy a ser

ni conductor de segunda. -¿Pero qué dices, Trino?

No seas cagueta, hombre.

Si te lo sabes muy bien, que sí.

Bueno, perdona por lo de cagueta, no quise decirlo.

Ah, yo sé que hasta el más pintado se viene abajo con un examen,

acuérdate del hijo del boticario, que se presentaba para notario.

-Que no me da miedo el examen, bueno, sí, me da miedo el examen,

pero no es por eso.

-¿Entonces por qué? ¿Te han dicho algo en el bar?

-Don Andrés ya tiene chófer.

-No me digas. -Sí.

Más joven, que le queda el uniforme como un guante

y que aprendió a conducir en la mili.

¿Y para qué lo quiere? -Pues para Bibiana.

El método es ingeniosamente tortuoso, Eulalia se lo da

a Bibiana y Bibiana supuestamente le paga al doctor Robledo.

Ah, al doctor Robledo...

¿Lo tenemos? -Sí, creo que sí.

Si no me equivoco, Eulalia le debe estar dando el sobre

en estos momentos a Bibiana, y Bibiana después le dará

su parte al doctor Robledo. Tengo a gente que le sigue.

Pronto tendremos pruebas. -Muy pronto.

Matías, una vez más tengo que agradecerte que extiendas

tus servicios a algo que no es estrictamente laboral.

Espero que pronto podamos acabar con esa sombra que Bibiana

tiende sobre mi mujer y mi hija.

-Vamos a acabar con esas malas hierbas

y en muy poco tiempo.

A trabajar.

-¿Y te lo ha dicho así, de sopetón? -No, peor que eso.

Me lo ha presentado, subía con él a casa.

Es el marido de Marina.

-Yo no me lo puedo creer, vamos. Ese hombre no tiene palabra.

-Seguro que ni se acordaba que me había ofrecido el trabajo.

-Si no, no me explico tanta desfachatez.

¿Quieres que suba a hablar con él? -No, deja.

Tú aquí, sigue con las lentejas. Sólo faltaba eso, que

perdiéramos también la portería, además, que no es para tanto.

Ya se me ha pasado.

A partir de ahora a olvidarse de las señales de tráfico,

del adelantamiento y de las posturas del guardia

de la porra. Tu Trino a la portería

que es para lo único que sirve. -Bueno, tampoco es para tanto.

Nosotros estamos bien, Trino. -Sí, eso es verdad.

Oye, mira, y hasta me alegro de no tener que pasar

por el trago del examen. -Ah, no, eso sí que no,

al examen te presentas. -¿Pero por qué? Vamos a ver.

¿Y de lo que saquemos aquí vamos a comprar un Aiga.

-Hombre, no soy tan pava, yo sé que nunca vamos a tener

un coche, pero el saber no ocupa lugar.

Y si sabes conducir pues mejor tener un carné que lo demuestre.

-Que no, que me sentiría como un tonto.

¿No ves que es como si me hubieran timado?

-Al contrario, marido.

Estudiando para el carné de conducir has aprendido

a leer mejor, te has esforzado, has llegado mucho más allá

de lo que tú creías. Demuéstraselo a todo el mundo,

incluido a don Andrés. -¡Que no se acuerda!

-¿Y qué importa? Ya se acordará, hombre.

-No, si en eso tienes razón.

La verdad es que me ha servido, he mejorado y aprendido bastante.

-Entonces te presentas. -Que no, al contrario.

Antes me presentaba porque no tenía más remedio,

y ahora imagínate: me presento, suspendo y lo que he conseguido

se me viene abajo. No, yo no me arriesgo.

Oye, cuando puedas, por favor, ¿eh? Me sustituyes en la portería

que tengo ganas de ir un rato al Asturiano.

-Eso, tú a mandar.

Timbre.

Voy.

Ya.

-¿No me vas a decir que pase?

Preferiría que no, ¿qué quieres?

-Entrar.

Ah...

-¿Quieres aparentar que me dejas entrar solo por cortesía?

Podría ser una buena razón.

-¿De verdad crees que con decirme que entre tú y yo no hay nada

iba a quedarme tan tranquilo?

Yo no he dicho eso.

Lo que pasa es que tú te empeñas en entender lo que te da la gana.

-¿Y qué quieres decir? Que, como según tú,

soy demasiado joven, no es amor lo que siento.

Lo que quiero decir es que lo que tú sientes y lo que yo siento

son dos cosas distintas. -No.

Tú me quieres.

Yo no te quiero.

No te quiero como tú a mí.

Yo quiero a mi marido, ¿es tan difícil de entender?

-Para mí, que te he tenido entre mis brazos, sí, mucho.

Jaime, estuvo muy bien, pero se te olvidará.

-Te equivocas. Jamás olvidaré aquel día.

Lo siento, pero la vida no es como en las películas románticas.

-Irene, te respetaría si no supiera que me estás mintiendo.

Niega que no sientes algo por mí.

Niega que no quieres estar conmigo.

Niega esto.

¡Ah!

-He sentido cómo te estremeces.

Márchate, por favor, Jaime. -No me lo pedirías si supieras

cómo me siento. Márchate, Jaime.

-Dímelo mirándome a los ojos. Ah...

-¿Lo ves?

¿Por qué negarlo?

-Vamos a brindar, Marcelino por el mejor nombre que

se le puede poner a la última reina de la casa Gómez Sanabria,

por Manuelita la Chica. -Claro que sí, padre.

Y yo brindo, primero, por sus consejos, siempre sabios,

y luego por el nombre, porque me encanta.

-¿Pero cómo vas a brindar con café? No seas leño, hombre.

-¿Qué pasa? No he pegado ojo, y brindar con café no pasa nada,

lo que trae mala suerte es brindar con agua.

Esto excita, esto es como el vino. -Bueno, como quieras.

Oye, por cierto, yo anoche no escuché la berraquina

que se cogió la criatura. A ver si es que resulta

que me estoy quedando un poco sordo.

-De sordo nada, padre. Pero yo empecé con la niña

a mimarla: "Cuchi, cuchi...", a hacerle arrumacos.

(HACE ARRUMACOS) Y se ha quedado dormida enseguida.

El que luego no ha dormido he sido yo.

-Eh, ¿qué miras en los papeles? ¿Hay algo interesante?

-No, no, estoy buscando algún teatro, algún cine

para ir con Manolita y celebrar la buena nueva.

-¿Pero cómo vas a llevar a Manuela al cine recién parida?

Cada tres horas le tiene que dar la teta a la criatura.

-Todavía no, pero voy mirando ya y me hago la idea del cartel.

Ahí va, la leche.

¡Coño! Pero si esto es una crítica de la revista de Chelo.

-Ah, ¿y la mienta a ella?

-Pues no, no dice nada de Chelo,

pero casi mejor. -¿Por qué?

Porque dice burradas. -¿A ver?

-Fíjese: "una más entre miles de revistas innecesarias",

"no aporta nada nuevo",

"cansa", "el público está dejando de acudir".

-Casi será mejor que guardemos la noticia, no sea que venga Trino

y la descubra... ¡Por cierto, ahí viene!

-Un coñac de los que rascan.

-¿Qué pasa, te entró el moquillo o discutiste con

el cartero por pisaste el piso recién fregado?

-No una cosa ni la otra, y el piso me da igual.

-Claro, como vas a ser chófer el portal ya no te importa, ¿no?

-Marcelino, es que tú eres profeta.

-Ya era hora.

-Hombre de poca fe, aquí traigo el dinero.

-Mis dudas no se centran en ti, sino en ellos, en los paganos.

Por muy buena familia que sean los Hernández Salvatierra,

a la hora de soltar el óbolo todos se hacen los locos.

-Pues puedes estar tranquilo.

Aquí tengo tu dinero,

y no te lo gastes todo de golpe.

-¡Las iguales para hoy!

¡El 15, la niña bonita!

Llévense un cupón, llévense la suerte.

-No creemos en la suerte, nosotros trabajamos.

Déjenos tranquilos, por favor.

-¡Llévense la suerte! -No es mucho por el riesgo

que estoy corriendo.

Si descubrieran que ya no ejerzo como psiquiatra

las cosas se van a poner muy feas. -Oye, ahora no me vengas con esas,

o no haber aceptado tan solícito el puesto de Celso.

Así que no te quejes o no te llamaré para darte

más trabajo. -¿Y eso es bueno o es malo?

-Tú sabrás.

Me largo. Te llamaré cuando te necesite.

-De acuerdo.

-¡Llévense la suerte! ¡Llévense un cupón!

-Ya no voy a ser chófer. -¿Y eso?

-Si queréis enteraros, oídlo en la radio.

Yo ya no quiero contarlo más.

Yo venía aquí a pediros consejo.

-Eh, si se trata de tus hijas, mejor habla con este.

-No, se trata de mí.

Vito lo visto, que ya no voy a conducir en la vida,

yo quería que me aconsejarais si...

Si me presento o no al examen. -He ahí el dilema.

-¿Felisa qué dice? -Pues qué va a decir,

que sí, que me presente, que ya que he hecho todo

el esfuerzo, que va a ser mejor para mí,

que voy a ser mejor hombre... Qué quieres que diga.

-Mira, no sé si vas a ser mejor persona de lo que eres

presentándote o no, pero sí vas a ser es un hombre más tranquilo.

-No sé yo. -Yo lo que creo, Trino,

es que tú tienes miedo a presentarte.

Suspendes y haces el ridículo. -No te digo yo que eres profeta.

Mira, sí, Marcelino, tienes razón.

Yo, pues, a ver, ¿cómo me quedo si suspendo?

-Con cara de tonto. -De eso nada.

Se queda como un hombre de pueblo que se ha superado.

-Sí, pero con cara de tonto. -Lo importante es intentar

las cosas. -Y, de poder ser, conseguirlas.

-Si no lo intenta no lo consigue y se convierte en un cobarde.

-Si lo intentas y no lo consigues, la cara de tonto no se la quitan.

-Hay que dar en la herradura para dar en el clavo.

No lo olvides, pero eso no sabes porque nunca

te has presentado a un examen. -No me he presentado

porque no he querido, que si llego a querer me presento a todos.

Por otro lado: he ganado carreras de camareros con bandejas.

-A ti te descalificaron por hacer trampas.

-¿Por qué tiene que contarlo? -Si se presenta al examen

le darán el carné. -Eso habrá que...

-Anda, pero si se ha marchado. -Coño, se ha ido.

Pero, oiga, padre, yo estaba de broma

con lo de la cara de tonto.

-Si es que, hijo, somos de lo que no hay.

Este hombre vino a pedir consejo y ha salido tranquilado.

-Vaya por Dios. La hemos vuelto a fastidiar.

-¿Tienes hambre, Trino? -Menos de la que debiera.

-No me digas que sigues dándole vueltas a lo del carné de conducir.

-¿Y a qué si no?

-Espérame, voy a echarle la morcilla al cocido,

la he dejado para el final para que no se deshaga.

-¿Sabes qué te digo?

Que deberíamos desconfiar siempre de los ricos.

-No se trata de confianza, Trino, no.

Se trata de evitar que te hagan daño.

-¿A santo de qué me ofrece ese hombre nada?

A ver, ¿le he pedido yo algo?

¿Le he dicho: "Por favor, puede usted

contratarme de chófer"? No, ¿verdad? Pues entonces.

-Tienes que pensar en ti. -Sí, pues en eso pienso, en mí.

Me veo como un felpudo en el que puede limpiarse

los pies cualquier vecino.

-No exageres, Trino, que aquí el único que

ha faltado a su palabra ha sido don Andrés.

-De momento. -Y con eso tienes que vivir,

ahora se trata de ser digno y de presentarte al examen

y ponerle el carné de conducir encima del mostrador

de la portería. -Si ni se iba a fijar.

-Pero yo sí, marido, yo sí.

-Que no vale la pena, no me voy a presentar.

-No seas cabezón. No es una cuestión práctica,

es una cuestión de hombría, de tu hombría, entérate.

-¿Quieres decir que si no tengo el carné soy menos hombre?

-No quiero decir eso. -Pues lo parece.

-Pues no, lo has entendido mal.

Yo lo único que quiero decir es que has cambiado, Trino.

Si no te presentas es como si no te conociera.

No tienes nada que ver con el hombre con el que me casé.

El hombre con el que yo me casé no se acobardaba ante nada,

ni siquiera ante mi padre, que ya es mucho decir.

-Pues tú también has cambiado, no sé si lo sabes.

-Puede... Es más, seguro.

Pero he cambiado porque ahora conozco más el mundo,

te conozco más a ti y me conozco más a mí.

Y a ti parece ocurrirte al revés. -Entonces dime, ¿qué hago?

Dímelo tú.

Me presento, suspendo, entonces sí soy menos hombre.

-Que no, que para mí no.

Para mí serías el mismo solo con que te atrevieras

a presentarte.

Eso es ser valiente, Trino. Aprobar es solo ser hábil.

¿Te presentarás mañana?

-Que sea lo que Dios quiera. -¡Ese es mi Trino!

¡Muac, muac, muac!

-Ay. -Gracias, cariño. Hola.

-Hola, mi amor.

Ay.

Fíjate, te estaba preparando el desayuno que sabía que venías.

-Qué bien. -¿Cómo ha comido la niña?

-Pues como una pepa, ya sabes cómo es.

-Oh, fíjate. -Mira ven aquí.

Ven a ver a tu papá.

-Oh, oh. A ver, a ver... -Mira.

-Mírala, qué bonita está.

Uh, qué Leonor, ¿qué te parece tu hermanita?

-Preciosa, un poco pequeña, pero preciosa.

-Hombre, pequeña tiene que ver. -Bueno, me voy a

hacer los deberes. -Venga, ponte con los deberes.

Aparcamos y hablamos. Oye, Manuela, sabes qué...

-¿Mi café? -Ah, tu café, si te lo

estaba preparando, que estoy...

-Leonor, cariño, ¿tú quieres la magdalena que no

la voy a querer?

-No, no, tú te la vas a comer.

-Cariño, dásela a Leonor, que la quiere ella.

-Vale, Leonor, para ti.

Manuela, verás, que... -Cuéntame.

-Mírala. -Mira que...

-Tan lista como el padre.

Oye, que tengo una sorpresa para ti.

-Pues qué buen, cariño, porque yo tengo una sorpresa para ti.

-¿Ah, sí? -Sí.

-Pues empieza tú, que esto es como los barcos que van a pique,

las mujeres y los niños primero.

-Ya tengo nombre para la niña.

-Esa era mi sorpresa.

-¿No me digas, Marcelino? -Sí.

-Bueno, Marcelino, pues ahora te toca a ti,

¿en cuál has pensado? -Te va a encantar.

-Venga, siéntate. -Te va a encantar.

Había pensado, y mira que he pensado, que la niña...

(HACE UN REDOBLE EN LA MESA)

Se tiene que llamar Manolita.

-¿Dónde estaban?

-Ha entrado al servicio, su mesa es esa.

-Toma.

Desaparece.

-¡Llévense la suerte! ¡Los últimos cupones!

¡El 15, la niña bonita!

-Perdone, pero es que... -Menuda coincidencia,

doctor Robledo. No esperaba verle por aquí.

-Ah, ¿nos conocemos?

-Sí. Nos presentaron unos amigos comunes, los Sres. de Blázquez,

¿no se acuerda?

-No, la verdad es que no.

-Bueno, no importa. No se preocupe,

perdone el atrevimiento, pero es que le he visto

sentado aquí y me ha parecido una grata coincidencia,

sobre todo porque mi amiga Eulalia me dijo que trataba a su hija.

-Es una coincidencia, sí, la verdad.

-Bueno, siéntese, solo será un momento, por favor.

Me gustaría saber cómo ha encontrado a Almudena.

-Muy bien, pero comprenderá que mi juramento hipocrático

me impide hablar de mis pacientes con personas ajenas a la familia.

-Claro, claro.

¿Pero se recuperará? -Pronto, muy pronto,

con la ayuda de Dios. -Si Dios nos ayudara

no lo necesitaríamos a usted, ¿a que no?

-Bueno, es que yo me tengo que marchar, lo siento.

-No, por favor.

Será un momento.

-No sé, Marcelino, con todos los nombres que hay

tan bonitos de mujeres, no sé por qué se tiene

que llamar como yo. Manuela hay una y no tiene

que haber otra. -Como se iba a llamar Marcelino II.

-Pero es porque a ti te hacía ilusión, pero

se me ha ocurrido una idea muy buena.

-¿Cuál? -Que ya que ha sido una niña

la podríamos llamar Marcela.

¿Qué te parece? Mírala. -¡Hola, Marcela!

Hola, Marcela... -¡No la llames todavía

de ninguna manera porque no lo hemos puesto!

-Pero si es muy bonito el nombre. -Que no, en su momento lo pensé,

pero ahora lo descarto, porque Marcelino

iba a ser Marcelino, y como no es hay que buscar otra cosa.

-Ya me dirás, no podemos estar toda la vida

llamándola La Pequeña. ¿a que no?

(VOZ AGUDA) -¡Pequeñita, pequeñita! Pues pensemos un poco.

-Bueno, pensemos, como sigamos pensando, Marcelino...

-¿Pero por qué tardáis tanto? Si tampoco es tan difícil.

-Mira lo que dice tu hermana. -¿Has visto tu hermana?

¿Has visto tu hermana? Ven aquí ahora mismo, renacuaja.

A ver qué nombre se te ocurre a ti.

-A ver...

-Pues yo le pondría Marisol.

(AMBOS) ¡Marisol!

-¿Por qué le pondrías Marisol? -A mí me gusta.

-Un momento, Manuela, que puede que a mí también,

¿pero por qué Marisol? -Porque es un sol

y, además, ese nombre nos recuerda a Sole.

-Qué bonito, Leonor. -Ven aquí.

-¿A ver? ¡Hola, Marisol!

-Si es que... mira qué...

-¡Mira, que sonríe! -¿A ver cómo reacciona?

-Huy, le encanta, mira, sonríe. -¡Huy, mira!

-¿Marisol te gusta? -¿Te gusta?

Bueno, pues ya tenemos nombre. -Marisol.

(MARISOL BALBUCEA) -¡Huy! ¡Qué! ¡Ha dicho qué!

-Ha dicho que sí. ¡Ha dicho que sí!

-No me digas que no te ha gustado.

Ay, Jaime, por favor, esos comentarios

no son nada elegantes.

-Pero si es la verdad, ha sido maravilloso.

Esto es la felicidad. Ay...

Supongo que será la felicidad para ti y me alegro, pero...

Tienes que entender que, para mí, no es ni mucho menos eso.

-Pero...

Timbre.

¿Es Ubaldo?

No sé. Él suele abrir con su llave.

Tú quédate aquí, no te muevas.

No...

Era un vendedor.

(SUSPIRA)

-Por nada del mundo querría hacerle daño.

Por Ubaldo no tienes de qué preocuparte.

-No, claro.

Supongo que tú sabrás muy bien cuándo poder vernos

y cuándo no. No, no lo decía por eso.

-¿Ah, no?

¿Entonces por qué?

Ubaldo lo sabe, Jaime.

-¿Cómo?

Y no le disgusta, al contrario.

-¿Pero cómo puedes decir eso? Lo dices para tranquilizarme, ¿no?

Irene, Ubaldo es un hombre, le tiene que doler

y creo que soy uno de sus mejores amigos.

Sí, de hecho creo que eres su mejor candidato

para hacerme feliz.

Ubaldo me ha estado empujando... Bueno, creo que nos ha estado

empujando a los dos a esta situación.

-No es posible.

Sí, créeme. Ubaldo lleva mucho tiempo

preocupado por mí,

por cómo será mi vida cuando él ya no esté.

-Me gustaría tener una tarjeta suya para llamarle en caso de urgencia.

Si usted es la eminencia que dice Bibiana que es,

sería una tontería no tenerlo localizado.

-Bueno, es que resulta que como no he salido a hacer una visita,

me he olvidado las tarjetas en la consulta.

-Claro, se ha olvidado las tarjetas en la consulta.

Vaya, me viene fatal tener que acompañarle

porque tengo que hacer muchas cosas, pero todo sea

por tener una tarjeta suya. -Ah, mira...

Ahora que usted lo dice,

creo que sí, que tengo una tarjeta.

Aquí.

-Pues muy bien, muchas gracias. -¿Algo más?

-No, nada más, que tenga un buen día, Dr. Robledo.

-Eso es una atrocidad.

Es amor.

Lástima que se haya equivocado.

En cierto modo, él ha contribuido a que yo confundiera

mis sentimientos.

-¿Pero qué dices? Acabo de ver tus sentimientos.

Por última vez, Jaime

no se va a volver a repetir ahora, de verdad.

-¿Y en mí? ¿Nadie piensa en mí?

¿Qué tengo que ver yo en todo esto? Es humillante, Irene.

Perdóname, Jaime, lo siento.

Mira, estás en una edad en la que todo esto

se toma muy a pecho, pero se te pasará, ya lo verás.

Y si, como dices, has sido feliz, pues quédate con eso, Jaime,

vuelve con tu novia.

Sé un chico de tu edad.

-¿Un chico de mi edad?

No, si al final vas a tener razón y

todo el mundo decide por mí, como si fuera un niño.

(SUSPIRA)

-Pero no lo voy a volver a ser.

Lo nuestro se ha acabado, Irene.

Para siempre. Jaime...

¿Qué conversación habéis tenido?

-Pues sobre mi edad y el amor.

¿El amor?

¿Y sobre ese tema tiene algo que pueda usar contra ti?

-¿En qué me vas a ayudar? -Puedo utilizar mis armas de mujer.

Yo le acompaño y me encargo de distraer el ingeniero, solo eso.

-Deja que vengan Irene y Asunción.

Con ellas me siento muy bien. -Creo que Bibiana es la que

mejor te entiende, ella te ha salvado.

-Y yo le estoy muy agradecida.

Pero con mis amigas me siento más joven.

Ya se le pasará. Ay, no me importa que se le pase.

Si su odio o su desprecio son el precio que tengo que pagar

por mantener las distancias, lo pagaré.

-Sabemos que Jaime está triste.

¿No te acabamos de decir que es preocupación por el curso?

-A una madre no se le engaña fácilmente.

Lo que le pasa a nuestro hijo no tiene que ver con lo cotidiano.

Ambos sabemos que no es tonto, él sabe que si pone de manifiesto

sus sentimientos hacia ti, no sé, sus padres pueden reaccionar

mandándole al extranjero o a vivir a un colegio mayor.

Le conviene fingir más que a nadie. Ya.

¿Últimamente no te presta la atención debida?

-Yo no he dicho eso. Ah, Jaime es un estudiante.

Un estudiante, como todos los estudiantes y en esta

época del año, se debe a sus exámenes.

-Las niñas son más cariñosas con los padres que los niños

y son menos gamberras, bueno, usted ya me entiende que lo sabrá.

-¿Yo? -A ver, como usted ha tenido una.

-¿Yo una? -Ay, una hija, Gloria.

¿Y tú, Asun, estás cansada?

¿Prefieres que leamos un rato?

-¿Asun?

Asun, no llores. -¡Una vieja!

Eres una vieja insatisfecha, incapaz de gozar ni conmigo

ni con nadie. -No vuelvas a llamarme así.

-¿Qué vas a hacer? ¿Qué vas a hacer? ¿Pegarme?

Inténtalo, te advierto que aunque seas mujer

¡te cruzo la cara! ¿Queréis callaros los dos?

¡Silencio!

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 146

28 mar 2011

Bibiana se muestra amable con Jaime para sonsacarle y mete prisa a Eulalia para que pague la cuenta del doctor que ella misma ha llevado. 

Jaime no puede apartar el pensamiento de Irene y decide hablar con ella una vez más. Ambos acaban sucumbiendo y vuelven a hacer el amor.

 

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  1. A.Haffner

    NOS tiene repodri2 a mi sra y a mi BIBIANA con sus pelotudeces del maligno y la mar en coche. Que qyieren c irene si el marido esta pintado y jaimito le da todo?

    08 sep 2019
  2. nashira

    Pues a mi me pasa lo mismo y eso que vivo en Madrid, España. No tengo televisión, ni ganas de tenerla, pero para una serie que me hace dormir placidamente (amar en tiempos revueltos) van y me la cortan a la mitad, cuando se estaba poniendo algo interesante, nada más delicioso que un juego erótico entre jovencito y mujer madura, ¡¡vaya lo más atrevido en la época!!. A ver si lo solucionan, porque tanta modernidad no hace más que fastidiar al personal. Saludos cordiales Nashira

    05 abr 2011
  3. londonel

    Yo suelo ver la serie desde londres,.pero desde el pasado lunes me sale un mensaje en todos los capitulos de que el contenido no esta disponible,creo que el problema es de ellos por El clon si he podido verlo.A ver si lo arreglan y dan un servicio adecuado, y no a la penuria a la que nos tienen acostrumbrados a los del canal internacional.

    02 abr 2011
  4. Kristalux

    Lo que me da rabia es que Jaime no sea sincero con su novia y que la p... rofesora Irene sea tan ligera...

    31 mar 2011
  5. mamecdz

    Que pena con lo que me gustaba esta serie, y no la puedo ver, veo que aqui hay otras personas que tampoco lo ven bien, yo desde que cambiaron la web no la puedo ver bien, y no solo en un pc si no en el otro tampoco, es raro que los dos esten mal. uno para colmo esta acabadito de formatear, A ver si alguien sabe de otra pagina donde se pueda ver, no se si se podra decir en esta, pero es que si no dejare de ver la serie y eso es lo que no me gustaria para nada

    29 mar 2011
  6. Amarilis

    100% de acuerdo con Bilbao, Irene, Ubaldo y Jaime son unos personajes insufribles, no los soporto, cuando vienen las escenas de ellos le bajo el volumen o adelanto, no me los calo...

    29 mar 2011
  7. CACHITO

    Yo los veo sin ningun problema no creo que sea problema de la página. Por otra parte creo que debe finalizar el rollito entre Jaime e Irene, esta últma debería unirse al padre de quien debe enamorarse por lógica, por cierto mis felicitaciones a todos los actores.

    29 mar 2011
  8. bilbao

    no puedo con irene y ubaldo, son unos personajes imposibles, empalagosos y cursis, es más cuando salen ellos quito el sonido de la serie, les he cogido mucha manía y para colmo entra en escena el tonto de jaime engañando a la cielo de asunción... el mejor, con diferencia, es andrés que va ganando fuerza cada dia que pasa, es un actorazo de primera!

    29 mar 2011
  9. ARABELLA

    Quería dar las gracias por el personaje de Andrés, es el mejor de la temporada, cuídenlo mucho por favor. Es tan complejo e interesante, me tiene enamorada desde el primer día. Todo lo contrario de Jaime, que va de bueno y no puede ser más rastrero con Asun y Ubaldo, la mayoría de los espectadores no le soportamos. Ah, yo también tengo muchos problemas para ver los episodios, no se cargan correctamente, espero que lo solucionen pronto

    29 mar 2011
  10. nifistrfeno

    Que lastima que tengan problemas para ver la serie! yo tuve un poco de problemas cuando estaba viendo los capitulos de la 1era temporada hace como 2 meses, pero en general no he tenido problemas! Espero se resuelvan!

    29 mar 2011