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No recomendado para menores de 7 años Amar en tiempos revueltos - Cap.  210
Transcripción completa

No te planteas la posibilidad de trabajar sin permiso de tu marido.

¿Por qué una mujer no puede tener un trabajo...

...o abrir una cuenta sin permiso de su marido?

Ellos pueden hacerlo sin permiso de su mujer.

Claro que sí, doña Estela, perdóneme.

Pediré perdón. -No te canses.

Ya se ha ido. ¿Cuánto tiempo te iba a esperar?

No me llaméis de usted.

Menos mal, nos quitas un peso de encima.

Estábamos preocupadísimas Clementina y yo.

Y Mariana también. No sabíamos cómo dirigirnos a ti.

-Yo, si me lo permite, me dirigiré a usted como es debido, doña Teresa.

Mauricio...

No.

Otro asesinato en el barrio.

-Sí.

Y el que lo hizo no era un aficionado.

Sabía como matar a un hombre.

-Lo siento, no tengo excusa, pero he fallado por una causa mayor.

-¿Sí, qué ha pasado?

-Murió la madre de un amigo.

-El día que murió mi madre solo bajé del escenario...

...tras la segunda función.

Eso es lo que hace un actor profesional.

Porque, pase lo que pase, Rosa,...

...el espectáculo debe continuar.

Dígale a Simón que la felicite. Va a ser abuela.

Sí, madre.

Puede creerme. Ana está en estado.

No puedo aceptarlo.

La verdad es que...

...siempre he estado enamorada de Teresa.

Despertar...

...con la luz de la mañana...

...y renovar otro día más la fuerza...

...para amar...

...en tiempos revueltos.

No es sencillo...

...avanzar olvidando lo vivido...

...cuando tanto se ha dado por perdido...

...y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento...

...por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar...

...por todo aquel que tuvo que olvidar...

...para empezar.

Llaman a la puerta

¿Quién es? -El lobo.

-Un minuto. -Llegas tarde.

-Ya, déjame acabar. -No lo pagues conmigo.

-Perdona.

No he dormido bien. Lo siento.

-Es lo que tienen los entierros, que afectan.

¿Mauricio cómo está, muy tocado? -Está hecho polvo.

Después del entierro, me pasé por la consulta.

-Y su tristeza te hundió. -No, lista.

No me dejó entrar. Me puso en la calle.

-No se lo tengas en cuenta. No sabría ni lo que decía.

-Me salté la clase.

-No.

-No sabes cómo se puso Estela. -Claro.

Te pone un director para ti y no vas. Es como si se lo hicieras a ella.

-Era la madre de... -¿De quién?

-De Mauricio.

Un entierro no le pareció una excusa suficiente.

-Mística teatral.

-Exacto, sí.

Dijo que para ser una gran actriz no me dejara por vaivenes terrenales.

-Ella no lo hace.

-Ya, se puso de ejemplo.

Cuando murió su madre, hizo la doble función.

-¡Qué dices! ¡Qué tipa!

-Sí.

Para ser actriz debo renunciar a los sentimientos.

-Solo necesitas los que has de transmitir.

Y te lo enseñará en esas clases a las que no haces ni caso.

-¿Y debo renunciar al amor?

-No serías la primera.

Ya estás tardando, vamos. -Ya estoy.

Hola. Llegaron las fotos de las alfombras.

-Nuestro amigo de Crevillente se ha portado.

-Soy un poco cansino.

-Ojalá den algo de luz.

El caso ha pasado a ser un monstruo.

Un robo en un gran almacén...

...ha pasado a ser un asunto de trascendencia internacional.

Se nos va de las manos. -Podemos con eso y más.

-No lo dudo, pero nuestra cliente no quiere...

...verse metida en un asunto así.

Quiere proteger su negocio, no entrar en los asuntos del protectorado.

¿Se da cuenta?

Este caso no solo puede tener trascendencia a nivel nacional,...

...sino a nivel internacional.

-Ven a ver estas fotos.

-Lo difícil va a ser analizarlas una a una.

-Al menos,...

...tenemos una pauta.

Tenemos que buscar una clave semejante a la de la primera foto.

-Si estoy en lo cierto, y creo que lo estoy,...

...deberían ser movimientos de ajedrez.

-¡Mira!

¡Aquí está!

Mira. -Son idénticas.

Iguales a la primera alfombra.

-Estamos en el buen camino.

Tenga, ya verá como se encuentra mejor.

No me gusta nada cómo suenan esos pulmones.

Que le apunten para hacerle rayos X.

-Buenas.

Siguiente.

-Tenga, vaya a esta dirección pasado mañana a las cuatro.

¿Qué, seguimos con la anemia?

Pues nada, dígale a la señorita que le dé hierro.

Siguiente, por favor.

¿Qué tal?

-Lucía.

¿Dónde pusiste el fardo con los tres abrigos?

-Dijo que no duraría mucho y lo puse a mano.

En el armario del almacén. -¿Me lo traes?

Por favor.

Lucía.

¿Qué está pasando? -Nada.

-Vamos a intentarlo otra vez.

¿Puedes explicarme qué está pasando?

-Nada, yo...

No sé, me siento un poco ahogada.

-Lo estás haciendo muy bien.

-Puede, pero no creo.

El caso es que no hago mis tareas con la misma ilusión.

-¿Y eso?

-No sé, es lo que siento.

-No digas tonterías, eso es mentira. Te encanta ayudar.

-Ya le he dicho que estoy agobiada.

Quizá llevo mucho tiempo aquí.

Y soy muy egoísta, claro.

-Ni lo uno ni lo otro.

Vaya, aquí no veo números.

-Quizá la clave esté en la primera alfombra y las demás solo confundan.

-En esta tampoco.

Deben de ser dos. ¿Por qué robarían dos alfombras?

-Pero usted no ve nada.

-Un momento.

¡Dos!

Mira, efectivamente.

Que me ahorquen si este arabesco no contiene números.

-Vamos a ver.

Sí, y corresponden...

...al movimiento del caballo de ajedrez.

Jefe, lo tenemos, es verdad.

-¿El qué tenemos?

Sigamos buscando. A lo mejor hay más indicios.

Se equivoca, padre. No me conoce.

A mí la rutina me agobia.

Aquí no sirvo de mucho.

Me marcharé pronto.

-¿Cómo que te marchas?

-Es lo mejor que puedo hacer.

-Aquí te necesitamos, no te puedes ir.

-No, tal y como me siento, aquí ya no sirvo de nada.

Ángel, hasta mañana.

¿Puedes hacer el favor de explicarme qué pasa?

-Yo solo puedo hablar por mí. Me marcharé pronto.

¿Qué?

¿Sales?

-Debo comprar alguna cosa y quiero hacerlo temprano.

El resto del día lo pasaré escribiendo.

-Escribir, escribir, escribir.

Solo piensas en escribir.

Ya nos ha traído bastantes problemas.

-Como dijo Larra: "Escribir en España es llorar".

-Cristina, no me vengas con frasecitas.

Escribes en España, pero lo haces en casa y eso lo sufro yo.

-Lo sufrimos ambos.

-Tú no te das cuenta de lo que has cambiado.

-Déjalo, por favor. -¡No, vamos a hablarlo!

¡Salvador terminará muy mal!

¡Vamos, peor!

Ni le aceptan sus novelas. ¿Tú seguirás su camino?

-Yo no soy una represaliada política.

-Lo serás si sigues así.

Si se estrena la obra en París. -Eso ya está hablado.

-Mira, como se estrene "El diablo bajo la cama" en París,...

...no te van a publicar ni una página.

-No discutiré, estoy cansada.

-Yo también estoy cansado, pero tengo que protegerte.

-Ya soy mayorcita. -Sí, pero también eres mi mujer.

Mi mujer.

Quizá tú olvides tus deberes conyugales, pero yo no.

-¿Qué deberes olvido yo?

-Pues mira, la obediencia, por ejemplo.

Pero no vamos a ir tan lejos.

Simplemente...

...hablar, discutir.

Incluso...

...ponernos de acuerdo, también es tu deber.

-¿Y eso es decir amén a lo que tú pienses?

Trata de ayudarme.

-¿Ayudarte a qué?

¿A acabar con nuestro matrimonio? Compréndeme tú.

-Te comprendo. Tú no te pones en mi lugar.

-Cristina.

Cristina, escucha. ¡Cristina!

¡Eso no es cierto!

-¿Ah, no?

Ahora puedes demostrarlo.

Fírmame una autorización para sacarme el pasaporte.

-¿Para qué?

-Voy a ir a París a hablar con el director y el traductor de la obra.

-Cristina, no puedo.

¡No puedo! ¡Escúchame, por favor!

¡Cristina, es una locura! ¡Escúchame!

No pretenderás que memorice todo esto para hoy.

-No, no tanto.

Pero podría hacerlo. Quiero que lo leas delante de mí.

-¿Ahora? Es castellano antiguo, necesito tiempo para prepararlo.

-Cuando acabe contigo, podrás darle intención a un texto a la primera.

Por ahora, lee tan solo.

-Pero advierta que no...

Advierta que no puede quedarse sin...

-Tienes un pequeño problema de lectura, no me digas que no.

No te avergüences.

Estoy aquí para ayudarte, no para avergonzarte.

Pero no puedes tener secretos conmigo.

El esfuerzo será inútil. -He mejorado mucho.

-Eso me dice Estela.

-Otra penitencia quiero darte...

¿Cuándo vamos a empezar a hacer ejercicios de interpretación?

-Todo a su momento.

Antes, debo enseñarte a analizar las frases en el contexto de la obra.

Ahora, lee.

-Nos va a llevar mucho tiempo.

-¿Tienes algo mejor que hacer?

-Pues...

...quería ir a visitar...

¿Puedo hacer una llamada?

Por favor.

Marcos, que es un minuto.

-¿Es importante?

-Sí, un amigo lo está pasando mal. Un minuto.

-Venga.

-Gracias.

Hola, Estela. -Rosa.

-Estoy dando clase.

Voy a llamar.

-Parecía que huías.

-No, estoy encantada.

-Ya, te aplicarás. Date prisa.

-Sí.

-Creí que no llegabas nunca. -Eso es la euforia.

Te noté nervioso. Cuenta.

-Siéntate.

No hay más mensajes en clave, ¿de acuerdo?

-A lo mejor no supimos interpretarlos, jefe.

-Bonilla, si queremos avanzar, no podemos darle vueltas a lo mismo.

Supongamos que las únicas claves son las que ya hemos encontrado.

-Es otra conclusión negativa, solo tenemos el movimiento del caballo.

-Concluyamos que las únicas claves...

...son las de las dos alfombras robadas.

-De acuerdo. -Muy bien.

¿Dónde se mueven los caballos de ajedrez?

-En un tablero. -Exacto.

Tablero de ajedrez.

-Sí, pero para ese viaje no necesitábamos alforjas.

-Es una conclusión. ¿No te das cuenta?

Nuestro caballo...

...se movería en un tablero, pero no de ajedrez.

-En otro tipo de tablero.

-Sí. Se me ocurren varias opciones.

Imagínate un crucigrama.

El caballo va dos casillas adelante, una a la derecha, una a la izquierda.

Eso indicaría una letra. Otro movimiento, otra letra.

Podría ser un mensaje.

-Pero necesitamos el crucigrama en el que ellos se basaron.

Jefe, eso es imposible.

-Ya. Se me ocurre otra alternativa.

-¿Cuál? -Un mapa.

¡Un mapa!

Un mapa se divide en cuadros por meridianos y paralelos.

Nuestro caballo se movería hasta indicar un punto exacto.

-El Ritz. -Puede ser.

-Eso es buena idea.

-No te adelantes.

Me han llamado para ver si estoy disponible para dirigir una obra.

-Estupendo, me alegro mucho.

¿Dónde, cuándo y de quién?

-Solo me han tanteado. No hay nada confirmado.

-Siempre hago preguntas inoportunas. Lo siento.

-No, me pones los pies en el suelo.

Es mucho. Creí que no se acordarían más de mí.

-Tu talento es muy difícil de olvidar, cariño.

-Gracias.

La obra sería de Buero Vallejo.

Moderna, bien escrita, con chicha. No pido más.

-Te va a salir. -Y tú que lo veas.

-¿Tendrás tiempo para las clases con Rosa?

-Supongo. Al menos, te prometo intentarlo.

-Por favor, es importante.

-Por ti, lo que sea, pero...

...no sé si vale la pena.

Esa chica tiene cosas más importantes en que pensar que el teatro.

-¿Estás bien?

Mauricio, por favor, no me digas...

Vale, ya está.

Nada, quería ir a verte un rato.

No te preocupes, que estoy ocupada.

No te entretengo más.

Bueno, pues adiós.

Un beso, adiós.

Ya está.

-Rosa.

Ven sin preocupaciones a clase, su tiempo es oro.

-Sí. -Déjalo, no volverá a pasar.

¿A que no? -No.

Prometido.

-Recuperemos el tiempo.

-Yo os dejo. Suerte.

-Gracias.

-¿Dónde lo dejaste? -Aquí, ¿no?

Ya mi crueldad se truncó en lástima.

A ver, el protectorado español está en esta cuadrícula, jefe.

-Este mapa no vale.

Según la escala, varían los movimientos del caballo.

-¿Guarda lo de la zona acotada?

-Está aquí.

-¿Y qué zona es?

-Una zona pequeña, de 12 km2.

-12 km2,...

...12 alfombras.

-12 alfombras.

¿Crees en las coincidencias? Yo no. -Ni yo.

-Necesitamos un mapa de uso militar.

Topográfico, más minucioso.

-Un amigo mío pide mapas de esos...

-Vale, consíguelo.

-En un momento estoy aquí.

Lo vamos a conseguir.

Te darán convulsiones de tanto leer.

No, ya están leídos.

Y no son precisamente los libros los que me provocan convulsiones.

¿Puedo sentarme?

Claro que sí.

¿Qué haces entonces?

Voy a venderlos.

Estos y esos que están en la maleta.

Los estoy anotando...

...para que el librero no me escamotee ninguno.

Te dolerá mucho separarte de ellos.

Claro que me duele.

Estos meses me han hecho mucha compañía.

Pero bueno, al fin y al cabo, ya han cumplido su función.

Su primera función.

Y espero que ahora...

...cumplan la segunda y me den de comer durante algún tiempo.

Anímate, Salvador.

Las malas rachas pasan.

No serás el primer escritor que tiene que vivir de otra cosa por un tiempo.

No, somos legión.

Sabes lo que quiero decir.

Que no te hagas más daño del necesario.

Las rachas vienen y van.

La mía ya dura demasiado. No es verdad.

Hace nada estabas en esa mesa escribiendo, tan feliz.

Cualquier tiempo pasado fue mejor.

Sí, supongo que sí.

Además,...

...quién soy yo para decirte cómo debes vivir.

Te aprecio mucho.

Esto ya está.

Estás estupenda de la tensión.

¿De veras? Sí.

No hay problemas, parece que el embarazo te ha sanado.

Sanado no sé, pero no lo estoy pasando tan mal...

...como me habían dicho.

Aún tengo que revisar los análisis.

Porque no tienes molestias, ¿no?

No.

Esto está bien.

¿Y la dieta cómo la llevas?

Rigurosamente. No me la salto ni un día.

Eso tienes que hacer.

Está todo muy bien. Está todo estupendo.

Te recetaré unas vitaminas por si hubiera alguna carencia.

No te harán daño.

Oye, Mauricio.

¿Llevas bien lo de tu madre?

Bueno...

Sí, más o menos. Gracias.

Mauricio, somos amigos.

¿Sabes lo que pasa?

Me acuerdo de ella a todas horas, me levanto y ya la tengo en la cabeza.

Te voy a echar mucho de menos.

¿Te vas?

¿Qué otra cosa puedo hacer?

Volver a intentarlo.

No. No es cuestión de voluntad.

Sí que lo es.

Puedes pedir ayuda a tu primo.

Tirarías un tiempo y quién sabe qué pasaría mientras.

No.

A mi primo no.

En cuanto pueda, me voy.

Por lo que sea, ninguna relación de las que intento, llega a cuajar.

Es normal que me encuentre solo.

Te entiendo.

Yo también perdí a mis padres.

A los dos a la vez.

Creí que nunca volvería a ser la misma.

Y en cierto modo, así es.

Nadie es el mismo tras la muerte de sus padres.

Pero pasa el tiempo...

...y vuelves a sonreír y a tener proyectos.

Es que ella no me dijo que estaba enferma.

Me lo ocultó.

Deberías estar orgulloso de ella.

Te protegió hasta el final. Deberías verlo por el lado bueno.

Es igual, da igual.

Lo que sí que te agradezco es que me escuches...

...y me hagas hablar, lo necesitaba.

Puedes contar conmigo para lo que sea.

Pero bueno, también tienes a Lucía.

Eso es una suerte.

Ojalá hubiera tenido yo a alguien como Lucía.

Ella no está aquí.

¿Y eso?

Pues mira...

Llaman a la puerta

Sí.

Son los historiales de ayer.

¿Los puede archivar?

Gracias.

Pues sí, Lucía ya no va a volver.

Bueno...

Tu receta. Si necesitas algo, ya sabes.

Gracias.

Pediré cita a tu nueva enfermera.

Te acompaño.

Hasta la vista.

¿Cuánto piensas sacar por todos?

Depende de lo hábil que me muestre en el regateo.

Insuficiente, en todo caso, para marcharte.

Para eso debería vender una biblioteca entera.

Y muy grande.

Entonces...

Seré frugal.

Dejaré de venir por aquí, no gastaré...

...y espero que mientras me salga algo para juntar lo que necesito.

Cualquier cosa.

¿Por qué te cuesta tanto pedir ayuda?

No conozco a nadie que le sobre.

Pero conoces a gente que te quiere.

Ya te he dicho que a mi primo no le voy a pedir...

El mundo no acaba en la familia.

Solo me falta tu compasión.

¿Mi compasión?

Tú estás ciego.

Has escrito tantas novelas que no sabes lo que siente la gente real.

Calma, no quería ofenderte. Pues me has ofendido.

¿Crees que a mí no me duele que te vayas?

Perdona.

Claro que me duele.

No es compasión lo que me mueve a ayudarte.

Lo sé.

No, no lo sabes.

No sabes quién soy ni cómo soy.

Ni siquiera te preocupa si existo.

No es verdad. Sí, sí lo es.

No te pido amor.

Nunca te lo he pedido.

Pero pensé...

...que me tenías el suficiente cariño para pedirme ayuda si lo necesitabas.

Pero ni eso.

Pues...

...si no es a mí,...

...al menos quiérete un poco más a ti mismo.

Señora de Gutiérrez.

Gutiérrez, Gutiérrez...

¿Qué ha pasado aquí?

¿Qué ha hecho, esto qué es? ¡Enfermera, por favor!

¿Por qué cambia el orden de los archivos?

Puedo pasarme la mañana buscando algo y no encontrarlo.

No tengo tiempo que perder.

¡El orden de los archivos es por el apellido, no por el nombre!

Disculpe, enseguida lo arreglo. Tenga.

Disculpe.

Perdone que me haya puesto así, no tengo derecho.

Lo siento, estoy pasando...

Tengo problemas personales y estoy nervioso.

¿Me disculpas, Lucía?

Perdón, Lucía era mi anterior ayudante.

En fin, no volverá a ocurrir, ¿de acuerdo?

No se preocupe, doctor.

¿Antes había jabón?

Ya sabes cómo está el país. El jabón es lo de menos.

¿Cómo estás? Hola.

¿Me acompañas?

¿Qué tal te va, curilla?

Bien, aquí, poniendo orden.

Higiénico orden.

No todos tienen la misma educación.

¿Te sientas un rato?

Bueno, ¿a qué se debe esta visita? Llevo mucho tiempo sin verte.

Sí, hacía mucho tiempo que no hablábamos.

A veces, en la pensión, veo tu luz.

Pero llego cansado y pienso que estarás leyendo, me da cosa llamar.

Pues llama, hombre.

En esa sórdida pensión, se agradece un amigo.

¿Y qué, cómo te va la vida?

Una cosa puedo asegurarte.

Ya no volverás a encontrarme leyendo.

¿Y eso?

Tienes mucho trabajo en la editorial.

Todo el día con la pluma. Ya no trabajo allí.

Te has animado a escribir por tu cuenta.

Quizá en algún momento escriba algo que valga la pena.

Cuando lo que me rodee valga la pena.

¡Huy, huy, huy!

Te noto un poco desanimado.

Como si lo diera el ambiente.

¿Quieres que hablemos más tranquilos?

Otro día.

Te he traído un libro.

¿A mí? ¿Y eso?

Un regalo.

He vendido todos los que tenía.

¿Cómo que los has vendido?

Me marcho.

¿Te marchas, adónde?

Todavía no lo sé.

Necesito cambiar de aires por un tiempo.

Muy galante, gracias.

-Es un placer para mí.

¿Me permite usted que me siente?

-¿No cree que deberían presentarnos antes?

-Me hubiera encantado.

Pero me temo que no hay nadie por aquí para hacerlo.

Me llamo Lawrence Fisher.

Soy promotor de espectáculos.

Y en estos momentos, empresario del Teatro Cervantes de Tánger.

-Encantada, señor Fisher. Siéntese.

-Gracias.

Puede llamarme Larry.

-Qué casualidad, ¿verdad, Larry?

Además de actriz, yo fui empresaria de este teatro, el Cervantes.

-Estaba enterado.

Sí, sí.

Su fama trasciende fronteras.

Conozco al dedillo su carrera.

-¿De veras? -Sí.

Incluida su última gira por Argentina.

Insuperable.

-¿Y está usted aquí por motivos profesionales?

-Claro. Negocios, siempre negocios.

Pero no me quejo.

Escogí esta profesión...

...porque me permite mezclar los negocios con el placer.

-Tánger.

Ciudad abierta. ¡Qué maravilla!

¡Cuántas emociones suscita ese nombre en estos tiempos!

Cafés de columnas doradas y altos techos artesonados.

Bellas mujeres europeas de vuelta de todo.

Negocios turbios, espías.

Charlas hasta la madrugada con champán.

Teatro.

Dígame, Larry, ¿tiene cerrada la programación de la próxima temporada?

-Precisamente estoy en Madrid por eso.

-Nada me gustaría más que ofrecer a la ciudad de Tánger...

...la presencia de mi compañía.

-Y a mí subir al escenario a presentarla.

Toda la ciudad se agolparía a las puertas del teatro.

-Es usted muy amable. Cuando quiera.

"Diario de un cura rural". Oí hablar del libro en el seminario.

No tenía muy buena prensa.

Ya me imagino.

Te gustará.

Habla de la fuerza interior que algunos tenéis.

¿Qué pasa, que tú no la tienes? No me pillarás en ese renuncio.

Puede que todos tengamos fuerza interior, yo también.

Pero las fuerzas a las que tengo que enfrentarme son exteriores,...

...terrenales y muy poderosas.

Tanto que se ríen de mi fuerza interior, se carcajean.

Salvador, no digas eso. Tú eres muy fuerte, podrás superarlo.

No.

Ya no me hago ilusiones.

Se acabó.

Han ganado.

Algún día podré olvidarlas, no digo que no.

Pero vencerlas, nunca.

Algún día, este régimen acabará.

Y el pueblo, por fin, tendrá voz.

Todos tendremos voz.

Mi abuelo siempre me lo decía.

La pena es que él ya no podrá verlo.

Pero un día las injusticias acabarán. Ojalá.

No quiero que nadie más pase por lo que yo he pasado.

Pero ya no es mi guerra.

Me rindo. Para ellos.

Hasta nunca.

¿Y las personas que te quieren?

-Perdón, vi entrar a mi primo.

Tenía que hablar con él.

-Hola.

Dime. Ya habíamos terminado.

Nos vamos.

Yo voy a leer el libro.

Ya te contaré.

Disfrútalo, eso es suficiente.

Gracias.

-Hasta otra. -Hasta luego.

"Diario de un cura rural".

Hablaremos y no tardará mucho.

Pero, en espera de su arte,...

...tengo que llenar la platea todos los días.

-¡Qué me va a contar! -Con vulgaridades.

La vida del empresario. Una de cal, otra de arena.

-Es así.

-Y ahí me tienes, en busca de algo vulgar...

...en los meses bajos.

-¿Y qué necesita exactamente?

-Algo de color local.

Los hombres de negocios y las mujeres sofisticadas...

...de las que habla usted vienen a Tánger...

...en invierno y yo estoy obligado...

...a mantener la taquilla abierta.

Busco en concreto a una morita.

Me dicen que no está del todo mal y trabaja aquí.

-Sí.

Sí, es verdad.

La he oído cantar.

-Fátima, ¿no?

Fátima Al Kalai.

-No le puedo ayudar, lo siento, No la conozco, pregunte en la barra.

-Hace días que no saben nada de ella.

-¿Qué más se podía esperar?

-Bueno, gracias de todos modos.

En fin, seguiré buscando.

La taquilla, esclavo de la taquilla.

Un placer.

Un honor conocerla.

Y un rayo de esperanza si está usted dispuesta a trabajar en mi ciudad.

Concretaremos.

-El placer es mío, Larry.

¿Estaba siendo pesado?

-No seas así, es un caballero encantador.

-No digo que no.

Aunque uno imagina a un empresario de minas como un tipo rudo.

-¿Empresario de minas?

No, te confundes.

Ese tipo es el que corta el bacalao en el Teatro Cervantes de Tánger.

Ni más ni menos.

-Te confundes tú.

O mucho me equivoco,...

...o es este empresario minero.

Ayer fue recibido en audiencia por el caudillo.

-No puede ser.

Claro que no tiene razón y él lo sabe, créeme.

Recapacitará.

Y se emocionará cuando se estrene la obra en París.

Pero recapacita tú también.

No vale la pena que discutáis y os enfadéis por eso.

Estando como está, discutir era inevitable.

Ya se le pasará, me quité un peso contándole mis intenciones.

Iré a París y ayudaré a que se estrene la obra.

Haré lo que deba hacer. Te sacrificas por mí.

No, Salvador.

Yo no me sacrifico por ti.

Me necesitas y aquí estoy.

Ya.

Pero arriesgas tu matrimonio ayudándome.

No, mi matrimonio no está en riesgo.

De esto saldrá reforzado.

Un matrimonio no puede ser feliz...

...basándose en el ordeno y mando.

Se acostumbrará a que tenga voz.

Créeme.

Si no me estuviera ahogando aquí, no te pediría que fueras a París.

Lo sé.

De verdad, señorita, le reitero mis disculpas por la regañina.

Estoy un poco alterado últimamente.

No suelo comportarme con tanta brusquedad.

No se preocupe. Si necesita algo, estoy fuera.

Gracias, muy amable.

Por tus disculpas, debiste ponerte hecho una fiera.

No te pega estar tan enfadado.

Es que es muy torpe.

Perdona, pero a mí no me da esa impresión.

Me ha parecido todo lo contrario, una chica muy eficiente.

Puede que me precipite, pero no creo que cuaje.

Mauricio, no seas injusto.

Dale tiempo.

No la prejuzgues.

Quizá es que estás acostumbrado a Lucía.

Estaba acostumbrado a mi madre y cuando vino Lucía, todo fue bien.

Tranquilo, no me meteré donde no debo.

Ángel, perdona. Perdona, hombre, perdona.

Estoy un poco irascible.

¿Un poco?

Un poco, sí. Demasiados cambios en poco tiempo.

Cambios que tú has propiciado.

Lucía y yo no soportábamos la situación.

Me ocultó la enfermedad de mi madre. ¿No puedo enfadarme?

Palabras y más palabras.

¿Es mejor que traicionara a tu madre? Dejemos el tema.

Muy bien, como quieras.

Lo dejamos, pero piénsatelo.

Lucía estaría dispuesta a volver.

Prefiero que todo se quede así.

Eso es definitivo.

Sabemos que la brecha que hay entre vosotros se convertirá en un abismo.

No exageres tanto, Ángel.

Déjame tiempo para pensarlo.

Lo que no tienes es tiempo.

Tienes una venda en los ojos.

Lucía me ha dicho que se marcha.

Va a buscar otro lugar.

¿Cómo?

La he oído perfectamente, pero no entiendo cómo no me dan la obra.

Sí, le escucho.

Perdone, sigo sin entenderlo.

De todos modos, gracias y adiós.

-Malas noticias.

-Peores.

-¿Puedo ayudarte?

¿Por qué estás tan seguro?

-Nadie podría.

Este país no cambiará nunca.

Lo demuestra la historia con mayúsculas...

...y mi historia con minúsculas.

Vamos, la mía y la de otros muchos como yo.

-Otra vez has vuelto a sentirte humillado.

-¿Humillado?

Humillado me siento todos los días.

Desplazado, postergado, expulsado.

¡Siempre, siempre! ¿Hasta cuándo, joder?

-Marcos, por favor, cálmate.

-No voy a dirigir esa función.

-No se acaba el mundo, cariño.

Hay otras funciones y otras soluciones.

-No, Estela, no.

La función se va a hacer, pero no la voy a dirigir yo.

No me quieren por cómo soy.

-Eso es ridículo.

En este mundillo hay muchos como tú, debemos acostumbrarnos y no juzgar.

-El que financia la puesta en escena...

...va a meter a su amante en el reparto y quiere, por lo visto,...

...que todo sea moralmente intachable.

-¡Qué estúpido, por Dios!

-Sí, muy estúpido.

Pero yo sigo sin trabajo.

Ya no aguanto más, Estela.

No puedo más.

-Te he dicho que hay otras soluciones.

-Te lo agradezco.

Sé que quieres animarme.

Pero de la esperanza no se come.

-Te ofrezco algo más que esperanza.

No te lo dije para que no te sintieras obligado conmigo.

Te gustaba esa función.

Pero estoy pensando...

...en volver a formar compañía.

-¿Otra vez? ¿De verdad?

-De verdad.

-¿No es por darme un empujón?

Igual que subo, bajo hasta los infiernos.

-Le estaba dando vueltas.

Y me decidí al charlar con el empresario de minas.

-Te admiro.

Te admiro y siempre te admiraré.

¿Te la jugarás de nuevo tras el estacazo?

-Hemos nacido para esto, ¿no?

-Y moriremos en esto.

-Si nos quitan una función de cartel, pues buscamos otra.

-Por la siguiente.

-Por la siguiente.

¿Y cuándo te vas?

En cuanto reúna el dinero imprescindible.

He vendido mis libros para juntar algo más.

¿Tus libros?

Bueno...

Son un engorro para desplazarse.

No tardaré mucho.

En París, los trabajos no cuelgan de los árboles.

¿Has echado cuentas?

Necesitarás mantenerte hasta encontrar trabajo.

De eso no te preocupes.

Hay camaradas en todas partes.

Me ayudarán a establecerme y a conseguir empleo.

No quiero que pases calamidades.

No las pasaré.

Puedo hablar con Abel y te podemos dejar un dinero.

Ni se te ocurra. Un préstamo.

Olvídalo.

Está bien, pero yo tengo un dinero ahorrado.

¿No me has oído?

Soy yo, es mi dinero.

No lo quiero.

¿Por qué no?

Lo gané con mi novela, que es tan tuya como mía.

Si no hubiera sido por ti... ¿Quieres que me vaya?

No, por favor, no te vayas.

Con conseguirme el pasaporte, ya habrás hecho demasiado.

Te lo conseguiré.

Y podrás marcharte.

¿Tienes alguna idea en esa cabecita que a algunos les resulta tan sucia?

-¿Que si tengo? Mil y ciento.

Hay una obra que me encanta.

En dos días tendría listo el libreto.

-Para, para el carro.

Quiero decirte algo antes de elegir la función que vamos a hacer.

-Soy todo oídos, jefa.

-Esta vez, no voy a ser yo la primera actriz de la compañía.

-Por favor, Estela, eres nuestra garantía.

-Quiero que sea Rosa la protagonista. -¿Rosa?

¿Mónica Cortés? No tiene cartel.

¿Por qué renuncias a la cabeza de cartel?

¿Te ha embrujado?

-No es para tanto.

-No lo entiendo.

Perdóname, pero no lo entiendo.

-Quizá sea el momento de contarle a alguien la verdad.

El monte Tiguidin está aquí.

-¿Hay más referencias de la zona acotada por el Ejército?

-Muy vagas: la zona se encuentra entre la ladera este del Tiguidin...

...y un "igadzram" que muere por la frontera argelina.

-¿Qué?

-El cauce de un río seco.

-La zona se amplía desde Chauen, por el sur,...

...hasta los límites de la cábila de Beni Urriaguel, que está aquí.

El nombre de una tribu bereber.

Pero la zona es demasiado amplia. No tienen ni idea.

-No les dejarán dar más información.

-Los datos son insuficientes para delimitar el área.

-Ya.

Hombre, hay una referencia más.

La mejor zona para la minería está a 5 grados oeste del meridiano cero.

-Lo marcaré.

Cinco grados oeste del meridiano cero...

Por aquí.

Pero esto y nada es lo mismo.

-En el papel que cogí de la sociedad...

...vienen unas coordenadas.

¿Los alfileres?

-No te pinches. -No.

Vamos a ver, dice:

34 grados, 55 minutos.

15.34 norte.

Aquí.

Y...

...4 grados, 3 minutos, 23.70 oeste.

Ahí.

En esta zona,...

...encontraron uranio.

-Está en la zona, pero como no hay uranio,...

...algo querrá decir, pero ¿qué?

Tú vete a casa.

Necesitas descansar.

Mañana lo veremos más claro con la cabeza fresca.

-Se lo agradezco, porque ya no puedo más.

-Márchate, anda.

-Recuerde también... -Vete.

Se llamaba Martina.

No sé si llegaste a conocerla.

-Una antigua criada tuya, me dijiste.

-Sí, trabajó como criada.

Pero no para mí, para otros.

Martina era mi hermana.

-¿Criada? ¿Una hermana tuya, criada?

-No pertenezco a una familia de alta alcurnia,...

...como he contado siempre a todos.

Mis padres no tenían donde caerse muertos.

Ni formación alguna.

Ni siquiera sabían escribir su nombre.

Solo espero...

...que no supieran nunca que me avergonzaba de ellos.

-No tenías elección.

Por desgracia, el teatro es muy clasista.

Habrías tenido menos oportunidades de triunfar...

...de haber contado la verdad.

Quizá ni hubieras llegado a subirte a un escenario.

-Marcos.

A Martina la escondí.

Le pedí que no dijera a nadie que era mi hermana.

Ella sí supo que me avergonzaba.

¡Qué horror! Ahora lo pienso y...

Dios mío, me porté como un monstruo.

¿Podrían ser las coordenadas del tablero de ajedrez?

-Podrían serlo.

Lo leí y me gustó y creo que a usted...

...le resultará muy interesante, se identificará con el protagonista.

-¿Porque es un cura?

Creía que se iba para no volver.

-Lo intenté, pero me di cuenta de que podían encontrarme.

Estoy aquí para que usted me ayude.

-¿Por qué debería hacerlo?

-¿Le...?

¿Le parece suficiente pago las coordenadas de los puntos...

...que está buscando?

Rosa es mi sobrina.

El jefe de mi hermana la dejó embarazada.

Y luego la puso de patitas en la calle.

Lo siento, es que necesitaba verte.

No te preocupes.

Pasa, mujer, pasa.

¿Qué tal? Bien, ¿ocurre algo?

No.

¿Tiene que pasar algo para que venga?

No, qué va.

Debes despedirte de Mauricio.

No es un consejo, es una petición.

Os lleváis muy bien. Es una pena.

No llegué al teatro por casualidad, como siempre cuento.

Ni mucho menos.

Lo tenía pensado y bien pensado.

Quería triunfar en los escenarios, como actor, como director.

-Triunfar. -A cualquier precio.

Risas

Amar en tiempos revueltos - T5 - Capítulo 210

29 jun 2010

Rosa aún aspira a hacerse con el cariño de Mauricio, pero debe cumplir con sus obligaciones con Marcos y no puede ir a verlo. Mauricio por su parte sigue enfadado con Lucía y se ha buscado otra enfermera. Héctor y Bonilla siguen deshojando la margarita sobre el caso de las alfombras y han llegado a la conclusión de que los movimientos del caballo de ajedrez los deben hacer sobre un mapa de la cordillera del Rif. Fátima aparece en el despacho y ayuda a Héctor a buscar las coordenadas que acotan el terreno. Cristina, convencida de que Abel, pese a su oposición, le facilitará las cosas para que pueda finalmente ir a París, se entera de la penuria económica de Salvador y le ofrece dinero. Salvador no lo acepta, aunque antes sí ha tomado el que le dio Diana. Marcos se da cuenta de que Estela se vuelca demasiado en Rosa y le pregunta la razón. Estela cuenta la verdad sobre su pasado: Rosa es sobrina suya.
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