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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

¿Crees que alguien como él se habría casado contigo sin ser obligado?

Nunca estuvo enamorado de ti. Jamás.

-Cuando venga Pedrito le dices que lea delante tuyo.

-¿Por qué? -Porque no ve tres en un burro.

Y es de tocarse.

-Haz una adenda en tu testamento

¡para que esa bastarda no toque una peseta!

¡Quiero que lo hagas!

No voy a cambiar una sola letra de mi testamento.

-Me recuerdas a mi hermana.

Creo que es la persona a la que más he querido nunca.

-Me voy a ir contigo a Guinea tal como me pediste.

-¿En serio?

-Dime que no ha pasado nada con mi madre.

Te equivocas. No ha pasado nada con tu madre.

Entonces ayuda a mi hermana, por favor.

Jaime, en este momento, lo que necesita Almudena

es tiempo para hacerse a la idea de que está enferma.

-¿Te has fijado bien? -Claro, mi teniente.

-Ese es. Te puede dar guerra, mis padres, no. Son pan comido.

-Todo saldrá bien si yo tengo mi dinero.

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar

la razón de cada día

para amar en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir

sorprendida mi tormento y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar.

Música suave

-Almudena, ¿duermes? -Eso es lo que me gustaría.

-¿Qué pasa, cariño? ¿No te encuentras bien?

Fiebre no tienes, quizá alguna décima.

-Qué más da que tenga fiebre o no.

-Si no sube la temperatura significa que la infección está remitiendo.

-¿Ah, sí? ¿Y ese dolor de piernas?

¿Que no pueda ni ponerme en pie?

-Ay, deja de darle vueltas a eso.

¿Por qué no piensas en cosas que te animen?

-¿Como en qué?

¿Sobre en qué estarán discutiendo mis padres ahora?

-No seas descarada, hija. -¿La descarada soy yo?

Por si no tuviera bastante os oigo discutir todo el santo día.

-(SUSPIRA) No pienses eso.

-¿Y en qué voy a pensar?

Antes discutíais, pero solo a veces.

Y sobre todo por Jaime y sus cosas.

Pero ahora no paráis.

Tiene que ser por mí o sobre mí. -No, no es por ti, hija.

-¿Ya no os queréis?

-¿Qué tontería dices? Claro que nos queremos.

Como siempre.

-Pero si os insultáis y todo.

Si me oyeras decirle eso a Jaime me acusarías de no quererle.

¿Papá ya no nos quiere a ninguno? -¿Por qué dices esa tontería?

-Estoy enferma, pero aún no me ha afectado al oído.

¿Quién es esa bastarda?

Música dramática

-¡No quiero volver a oír esa palabra en esta casa!

¿Cómo estás?

-Sorprendida.

Me imagino.

¿Quieres que te ayude con la maleta?

Me da igual. Así seguro que no te dejas nada.

No me importa.

Por favor, no lo hagas más difícil.

¿Difícil para ti? Lo que me faltaba por oír.

Comprendo que estés decepcionada, yo también lo estoy, de verdad.

Pero es lo mejor.

Además tu padre no habría podido sostener más la situación.

Contéstame solo a una pregunta.

¿Por qué tengo que desaparecer yo cuando la situación es incómoda?

No, contéstame primero.

¿Qué he hecho para tener que pagar el pato?

Nada, ¿qué mal vas a hacer tú?

¿Y entonces?

Tenemos que ceder, ¿qué quieres que te diga?

Que tengo derecho a estar aquí, a hablar con mi padre

y a que me trate como a sus otros hijos.

Tienes mucha razón pero el mundo es así de hipócrita, hija mía.

Y te ha tocado vivir la peor parte.

Es injusto que haya diferencias entre hermanos y entre hijos.

Diferencias entre seres humanos. Lo que tú quieras, cariño.

Pero esto es lo que hay. Al menos por ahora.

-No digas, no pienses... ¿Qué hago entonces? Morirme.

-¡Almudena!

-Lo pienso muchas veces, ¡estaría mejor muerta!

-¡No digas eso! ¿Me oyes? ¡No lo digas ni en broma!

No quiero volverlo a oír, ¿de acuerdo?

-Mamá. -Perdóname.

Perdóname, cariño.

No digas eso. Si el Señor te oyera, te podría castigar.

-¿Más?

-Ven aquí.

Música siniestra

-Mamá, yo nunca le he hecho daño a nadie.

¿Por qué Dios me castiga a mí? -No lo sé, cielo.

-¿Por qué? -(SUSPIRA)

-¿Tú crees que va a cambiar?

Claro que sí. De hecho, ya ha empezado a cambiar.

Has conocido a tu padre y él ha admitido que existes.

Y hay que entender a su esposa.

No sabía nada de ti, ha sido muy duro para ella.

(RÍE) ¿Y para que ella lo asimile yo tengo que marcharme?

(SUSPIRA) Solo por esta vez.

No voy a permitir que nos humillen.

Y menos que nos desprecien. ¿Qué más me da a mí eso?

Si soy la bastarda. No vuelvas a repetir eso.

No me dan miedo las palabras.

Ahora es imposible de comprender, pero ya lo entenderás.

Y en seguida estarás aquí en Navidad como siempre.

¡Está a la vuelta de la esquina!

Pronto estarás aquí, ya lo verás. Dame un abrazo ahora mismo.

Ven aquí. Mi niña.

-¿Cuca? Hola, Cuca, soy yo. No, no, Eulalia.

Hola. No, en otro momento, Cuca, por favor.

Sí... No. Cuca, me gustaría hablar con tu marido, por favor.

Música suave

¿Lo tienes todo?

-Sí, mamá. ¿Seguro?

¿Y esta pulsera? Mi favorita, ¿dónde estaba?

Te la habías dejado en el lavabo. Gracias.

Menos mal que es algo pequeño, porque ya no cabe un alfiler.

¿Lo ves?

(RÍE) Anda, déjame a mí.

-¿Sigues aquí? Creí que te habías ido.

Hay algo que quiero contarte.

¿Sobre el testamento? No.

Sobre Almudena.

He llamado a las mejores clínicas de Madrid y Barcelona.

Y he conseguido el teléfono de algunas clínicas extranjeras.

Estoy dispuesto a contactar con los mejores médicos,

ingleses, franceses, de donde sean.

No voy a escatimar en gastos hasta encontrar un tratamiento.

¿Ahora qué esperas, Andrés? ¿Que aplauda?

Solo quería que lo supieses. ¿Cómo puedes ser tan cínico?

¿De repente te has vuelto un padre ejemplar?

Estoy cumpliendo con mi obligación. A buenas horas.

Has modificado el testamento para mejorar

la situación de una hija ilegítima nacida de una soltera sin moral.

¿Pretendes que crea que quieres ocuparte de Almudena?

Tienes la misma figura que yo cuando era joven.

Pero los años no perdonan.

-No digas eso, Lina Guzmán sigue siendo una mujer de bandera.

Y tú eres más bonita que un ángel, ven aquí. (RÍE)

Ay, mi niña, ¡qué visita más corta!

Cuánto te voy a echar de menos. Y yo a ti.

Nos resarciremos en Navidad, te lo prometo.

Lo sé.

Mi niña, estoy muy orgullosa de ti.

Te estás convirtiendo en una mujer estupenda, seria, responsable...

Estudia mucho, cariño.

Hoy en día las mujeres tenemos que valernos solas.

Haré lo que pueda, lo prometo. Lo sé.

Música suave

-Lo que debería hacer un padre es defender a sus hijos legítimos

y no aligerar su conciencia de desgraciadas aventuras pasadas.

Timbre

Pero no te preocupes, si mis hijos no tienen el padre que merecen,

te aseguro que su madre estará para velar por sus intereses.

-Buenos días. Buenos días.

-Buenos días.

Siento presentarme sin avisar pero tenemos que hablar urgentemente.

¿Negocios? -Sí, negocios.

-Menos mal. Matías ha venido a hablarte de negocios.

Así que ya puedes librarte de mí.

Os dejo hablando de negocios que es lo único que sabes hacer.

Voy a arreglarme para ir a misa.

Cualquier día me lío la manta a la cabeza y lo dejo todo.

¿Qué coño pasa?

-Tenemos un problema grave con las obras.

Música dramática

-He preparado unos bocadillos.

Gracias, Benita, se me había olvidado. Dame hija.

-¿Llevas el billete? -Sí, lo he puesto con el dinero.

-No, sepáralo.

Imagínate que sacas el billete y un delincuente ve el dinero.

Ahí está mejor.

-Tía, ¿no vas a despedirte de mí?

-Buen viaje, hija.

Es que se nos ha ido la luz y tengo que hacer la comida.

Adiós.

Música melancólica

-Adiós, tía.

No le hagas caso, ya sabes cómo es Benita.

Te acompaño a las cocheras y así me cuentas por el camino.

Te lo iba a pedir ahora mismo.

-Siento traer malas noticias ahora pero estoy muy preocupado.

No me jodas. Tú naciste preocupado.

¿De qué se trata esta vez?

Las obras. Han surgido rumores de que no cumplimos la normativa.

Menuda novedad. Pensé que el tema de la inspección estaba arreglado.

Me temo que no. Según las últimas informaciones

la inspección no va a ser tan corta y simple como pensábamos.

Tonterías, estamos cubiertos, solo hay que salvar el expediente.

No, es un tema muy delicado.

No te adaptas a lo que propone Juan Carlos porque eres un antiguo.

¡La seguridad ni es antigua ni es moderna!

Los materiales son seguros.

Los dos sabemos que no están bien comprobados

y que siempre vamos a mínimos y, a veces, por debajo.

Otra cosa es que miremos para otro lado

esperando ayuda de la Providencia.

Pero ¿qué coño, Matías? Esto son negocios.

¡Negocios! Y los negocios conllevan riesgos.

Puede ser, pero no quiero que seamos responsables de lo que pueda pasar.

Y algunas de las decisiones de Juan Carlos

me parecen temerarias.

-Vamos a ver.

240 letras, oséase, 12 letras al año durante 20 años.

-Oséase, toda la vida amarrado al banco de esa galera turquesa.

-Así vemos cuánto nos quitamos cada mes.

Cada mes se descuenta una letra.

-Claro, en el mes de enero la N, en febrero la F,

en el mes de marzo la M y así sucesivamente.

-Qué gracioso está usted. Que también lo hacemos por usted.

¡Que va a estar más ancho en la casa nueva!

-Si yo ya estoy más ancho que alto

y lo tenemos cerca del establecimiento.

-¿Qué es cerca? Es lo que hay preguntarse.

Porque Madrid va a crecer

y, cuando lo haga, el nuevo piso que es enorme,

estará en el centro y con el metro enfrente.

-Ahora entiendo por qué el Chaparro quiere dejar El Pardo

para irse a vivir a tu edificio.

-Déjese de bromas sin gracia y que se ríe usted solo.

-Quiero que mi familia esté más cómoda,

un piso más grande con ascensor,

con baños en varios lugares que estemos más a gusto, coño.

¡Preocuparme por mi familia!

-Sabes que valoro mucho el esfuerzo que estás haciendo

para comprar un piso de cinco dormitorios.

Sobre todo porque has dado la señal y no puedes volverte atrás.

-¿Va a seguir con la broma?

Que esto le beneficia mucho, podrá estirarse en el salón

y cuando pasen las niñas no se va a tener que encoger.

Y todo lo que tengamos en la casa va a ser nuevo.

-Vecinos nuevos, ratones coloraos en los armarios nuevos.

-Estaba yo pensando, analizando el plano que aquí veo,

es muy posible que usted acabe durmiendo en el rellano.

Música dramática

Tenemos amigos en las altas esferas

que pararán los pies de cualquier inspector que se pase de listo.

Estamos asegurados.

Hay mucho dinero en juego y todos quieren una tajada.

Tenemos buenos padrinos, fin del problema.

-Andrés... (SUSPIRA)

Puede que esta vez tus padrinos no te sirvan de nada.

(RÍE)

¿Dices que mi amistad con Zalba, no sirve de nada?

Está todo hablado. ¿En qué mundo vives?

Si un inspector pone problemas con los m², o con lo que sea,

llamas a Zalba y asunto arreglado.

¿Y si no se pone al teléfono? ¿Por qué no se iba a poner?

Según he oído, si hay problemas con la inspección,

no va a mover ni un dedo.

¿Y por qué iba a hacer eso?

Porque es el marido de Cuca, y ella la mejor amiga de Eulalia.

¿Qué me quieres decir? ¿Qué tiene que ver Eulalia en esto?

Por desgracia tu mujer y tú no pasáis por el mejor momento

y eso empieza a afectar a los negocios.

¿Qué más sabes?

Tengo un amigo que trabaja en el despacho de Zalba,

oyó una conversación de este con su mujer

al parecer Eulalia llamó indignada por lo del testamento

y Cuca ha decidido poner a su marido en tu contra.

Música dramática

-¿Y tu hermano? -Acabando de vestirse.

Pero ya viene para acá.

-Cuando venga, sacas el tema y me lo dejas a mí.

Vamos a acabar con esto de cuajo.

-Buenos días, padre. -Buenos días, Pedro.

¿Y qué dices que le pasaba a tu compañero de trabajo?

-Que el pobre ha perdido la vista poco a poco

hasta quedarse casi ciego, pues de eso...

-¿De qué se ha quedado ciego?

-De eso. No me haga ser más claro que está él aquí.

-¿De qué? -Tú calla, que no te importa.

-No, tu hermano ya tiene edad para oír ciertas cosas.

-El compañero se ha quedado ciego de...

-¿De qué?

-Pues de mirar tanto a las mujeres, ¿de qué va a ser?

-Hay cosas que no se pueden hacer hasta que eres mayor y estás casado.

Porque si las haces antes, el hombre corre ciertos riesgos.

-¿Te quedas ciego?

-Al final, antes empieza con unos temblores

y granos por todo el cuerpo, las uñas se te arrugan,

el pelo empieza a caérsete y te quedas como una bombilla.

-¿Te has enterado? -Sí.

-¿Por qué me miras así? -Porque se le está cayendo el pelo.

-Pero eso no tiene nada que ver, además tengo la vista perfecta.

Y se me empezó a caer el pelo una vez casado.

Pero lo otro, lo de las uñas, los granos y todo lo demás

es un castigo divino, ¿me oyes?

-¿Adónde vas tan rápido? -A mi cuarto.

Se me han olvidado las oraciones de la mañana, con su permiso.

-Este no vuelve a tocar la zambomba, te lo digo.

Música suave

-Buenos días. -Buenos días.

-Necesitaría pedirles un favor, si no es mucha molestia.

-Si está en nuestra mano, cuente con ello.

-Resulta que se nos ha ido la luz

y había venido mi sobrina a pasar unos días

y teníamos muchas comida y se va a estropear.

Si la pueden guardar en la cámara...

-Faltaría más, démelo. A ver.

-Muchas gracias, son muy amables.

-No como los vecinos que tenía antes que eran un horror.

No había nadie a quien pedirle un favor.

Pero aquí, qué alivio. -Para eso estamos los vecinos.

¿Quiere usted tomar algo? -No, gracias, ya me voy.

-Oiga, por curiosidad, ¿cómo piensa arreglar la avería?

-Iba a ir a la lampistería a que me recomendasen un electricista.

-No sé yo. Igual es una tontería y le van a cobrar un dineral.

-Ya, pero para eso hay que saber.

-¿Le ha preguntado a Joaquín a ver si van a ser los plomos?

-No, Don Joaquín no entiende de eso, lo suyo son las cuentas.

Y no le quiero molestar, está en la academia.

(SUSPIRA)

-¿Quiere que vaya yo y lo arreglo en un momento?

Así se ahorra un dineral.

-Marcelino, si usted me pudiera hacer ese favor...

Uy, no están los tiempos para andar derrochando.

-Calvo, ciego y arrugado, eso le dije.

-(RÍE) Y ¿se lo creyó?

Se fue corriendo a rezar un rosario para quitarse la penitencia.

¿Te lo puedes creer? -Sí, de él me creo cualquier cosa.

Es muy especial. -Siempre lo he dicho.

-Y yo también. -No.

-No, no. -Anda que no.

-Si me llamabas exagerado, cada vez que decía que era raro,

"que era muy normal, estaba sacando los pies del tiesto"

y normal no ha sido nunca.

-Es que parecía que decías que el chiquillo era faltuco.

Y anda que no es listo. -Eso es lo malo, para lo que quiere.

-Para lo que le interesa, ¿eso qué tiene de malo?

-Pues que en la vida no podemos hacer solo lo que nos guste.

A mí me lo que me da miedo que se mal acostumbre.

-Déjalo, es muy chico, tiene que crecer.

Cuando sea mayor será responsable como su hermano o más.

-Ojalá que siga con los estudios.

¿Tú te imaginas? ¿De médico o de abogado?

-No te hagas ilusiones, es demasiado para un hijo nuestro.

Cuando crezca, tendrá que trabajar para ayudar y olvidar los estudios.

No le metas ideas en la cabeza que haya que sacarle.

-Él vale mucho más que eso. -Sí.

Se abre la puerta

-Hola. -Hola.

-¿Qué haces aquí tan pronto?

-Traigo un sobre de la escuela. -¿Un sobre?

-¿Y qué es? -No sé.

Me lo dio el Sr. maestro y ha dicho que era para ustedes.

-Ah. Pues vete a jugar un rato y luego haces los deberes.

-¿Qué pone? ¿Se han dado cuenta de eso?

Música de tensión

-¡Sagrado Corazón de Jesús! -¿Qué ha hecho esta vez?

¡Ay, Virgen del Carmen!

-Ay, Trino, el niño, el niño, Trino. -¿Qué?

-¡Ay, Dios santo!

Y vamos a hacer una tarta de almendra para la merienda.

-¿Te parece bien? -Sí.

-¿Y bollitos de leche de esos que hacías antes?

-Ay, es verdad, te gustaban mucho.

No entiendo por qué hace tanto que no los hago.

-A mí me encantan y a mis compañeras seguro que también.

¿Sabes qué me gustaría?

Ir a la tienda de Irene a comprar algún disco nuevo.

Hace siglos que no tengo uno. -Qué exagerada eres.

Tienes tantos que muchos ni los has escuchado.

-No tengo tantos y la mayoría ya están viejos.

Lo divertido es estar al día. Me gustaría sorprender a mis amigas.

-Si es tan importante,

¿por qué no le haces una lista a Jaime para que vaya él?

-¿De verdad? ¿Le darías dinero? -Claro que sí.

También quiero que la merienda sea un éxito.

-La voy a hacer ahora mismo. Ah, y otra cosa.

No sé qué vestido ponerme, ¿tú qué opinas?

Me gustaría estar guapa, aunque sea una reunión de chicas.

Así no me verán como una enferma. -Almudena, tú eres guapísima.

-Tengo un aspecto horrible. Deberíamos llamar a un peluquero.

A un peluquero a domicilio. -(RÍE)

-Ese era todo el misterio. -Que necesita gafas nuevas.

-El maestro le ha observado y ve menos que un gato de escayola.

Y por eso nos mandó la nota, para que le cambiáramos las gafas.

-Qué mal lo habrá pasado con lo que le gusta leer.

Mal lo paso yo por el dineral que vamos a gastar en las gafas.

-Eso sí, Felisa.

-Ven aquí. -¿Qué?

-Que solo tengo cinco manos en cada dedo.

-Ya lo sé, tire para dentro que ya voy.

-Qué pesado. -¿Y Marcelino no está?

-Se ha ido a hacer reparaciones a casa de Benita, la de la academia.

-¿Marcelino? -Sí.

Que Dios la coja confesada porque tu marido para las chapuzas...

-Ya, es muy torpe ¿y qué?

-Acuérdate de cómo te quedaste preñada de Leonor...

-Arreglando una cañería. -Eso tú,

porque Marcelino no daba pie con bola.

-Oye, no daría pie con bola arreglando la cañería

pero en esto acertó a la primera, lo mismo que ahora.

¿Qué pasa, paisanos? Antoñico y Jesús. ¿Qué van a tomar?

-Dos cafés. -Muy bien.

Teléfono

-¿Sí? Ah, hola, querida.

Sí, la merienda de las niñas sigue en pie, ¿por qué?

-¿Quién es? -La madre de Lali.

-Dile que se ponga Lali luego.

-¿Cómo? No, querida, te han informado mal.

No es tan contagioso como dicen. -¿Qué pasa, mamá?

-Sí, serán solo un par de horas y para la niña sería muy importante.

¿Cómo? No he hablado con nadie más.

¿Cómo que tampoco van a venir?

Perdona, esto será un golpe muy duro y...

Te aseguro que los médicos... -¿No van a venir, mamá?

Claro que lo entiendo. Por supuesto. Sí, sí, gracias.

Gracias por llamar.

-¿Se ha suspendido la merienda? -No, claro que no.

Por una madre alarmista no vamos a dejar de pasarlo bien.

No te preocupes por nada, que mamá lo va a arreglar todo.

Voy a avisar a Jaime para que se quede contigo.

Sonríe, sonríe.

Música siniestra

-Muchas gracias.

Tienes razón, prima, mi marido no ha nacido para esas cosas.

Ha nacido para pensar, en las musarañas, quiero decir.

Pero yo no sé qué haría si algún día le faltara.

-No pienses eso, prima. -Te lo digo en serio, Felisa.

Que es muy buena persona pero tiene la sangre muy gorda.

Fíjate la que ha liado para dos días que he ido al pueblo.

No sé cómo criaría a cuatro niños o cinco.

-Si todas las mujeres pensaran así, no se casaría ninguna.

Y no te preocupes que no te va a pasar nada.

-Pero ¿y si me pasa?

-Si el médico ha dicho que estás bien...

-Ya sé qué me ha dicho, pero y si me pasa, ¿qué?

-Erre que erre con la burra.

-Yo por si las moscas tengo que buscar una solución.

-¿Una solución?

-¡Don Joaquín! Hola. -Hola, Chelo.

-He venido para volver a darle las gracias por el bote de crema.

Y para decirle que este está bien escondido,

así mi madre y mi hermana no me lo cogen más

y no tendré que molestarle tanto.

-No, tú no me molestas. Pero hoy no tenías clase, ¿no?

-No, pero le confieso que ayer me dejó muy intrigada

con lo que contó de su hermana

y con lo que me dijo de que le recuerdo mucho a ella.

-Sí, me la recuerdas mucho. Pasa, por favor.

-Gracias.

-Siéntate, por favor.

-¿Me puede contar más cosas sobre ella?

Si no le importa, claro. -Claro, claro que sí.

Verás,

mi hermana era más pequeña que yo en años

pero mucho más mayor en nobleza y personalidad.

La quería e intentaba protegerla en aquellos tiempos

tan complicados y dolorosos que nos tocó vivir.

Pero, en el último momento, no pude estar a su lado,

justo cuando era más necesario.

No pude evitar que mi hermana fuese víctima de la desgracia.

-¿La mataron?

¿Por ser judía como usted?

Me da mucha pena, Don Joaquín.

-Eso ya pasó hace mucho tiempo.

Ahora estoy contento porque te tengo cerca a ti.

Verte a ti es como recordar un poco a aquella hermana tan querida.

Música melancólica

-Ay, tenías que haber dejado que te curara ese dedo.

-Pero si solo ha sido un golpe de nada.

-Pues para ser un golpe de nada te has puesto a jurar en arameo.

-Es que... Hola, Don Matías.

En el momento duele pero me he echado alcohol y ya está.

-No tenía que haberte dicho nada del armario.

Con las luces tenías más que suficiente.

-Si ha sido una tontería, lo que yo pensaba, los plomos.

Y lo del armario con una puntilla, arreglar la pata y perfecto.

-Sí, pero te has machacado el dedo por mi culpa.

-Son gajes del oficio y no pasa nada,

yo estoy encantado de poder ayudarte.

-Si llego a saber que lo arreglas tan pronto,

no muevo la comida, que la he andado mareando.

Lo que pasa es que estaba un poco triste por lo de mi sobrina.

Se acaba de volver al internado y no podía pensar con claridad.

-Déjame ver ese dedo. -¿Qué miras?

-Ay, Marcelino por Dios. -¿Hay que amputar?

¿Amputar?

(RÍEN)

-Benita es buena mujer, ¿no te parece, prima?

-¿Benita?

No estarás pensando lo que creo que estás pensando.

-Yo solo te digo una cosa, que si a mí me pasara algo,

no se puede quedar solo con las niñas, el bar, la casa...

-Pero ¿a ti se te ha ido la cabeza o qué te pasa?

Ay, madre del amor hermoso.

(RÍEN)

-Hola, Andrés.

¿Qué te han dicho? Nada nuevo.

La inspección de obras públicas va a pasar sin ninguna distinción.

¡Maldita sea!

¡Esa mujer se ha vuelto definitivamente loca!

Por perjudicarme a mí, es capaz de perjudicarse ella y a sus hijos.

¿No ve que si nos paran las obras nos pone al borde de la quiebra?

No ha sabido medir las consecuencias.

No supondría que una llamada pudiera provocar esta catástrofe.

Pues me quitas un peso de encima. Vamos a ver,

nunca iría en contra de su familia, lo ha hecho sin pensar.

Pues peor me lo pones.

Si estás casada con Andrés Hernández Salvatierra

debes medir lo que haces.

Quizá solo llamó a Cuca para desahogarse

y fue ella la que puso a su marido en tu contra.

Da igual, el daño ya está hecho. Ya.

Si nos toca uno joven que quiere levantar España, estamos perdidos.

Por eso confío en ti,

porque quiero que, si aparece uno de esos ejemplares,

le des una lección de cómo realmente funciona la vida.

Lo he pensado mucho y lo mejor era ir al banco

y sacar una buena cantidad de dinero que nos proteja.

¿Cuánto hay?

Suficiente para que el más pintado pase por alto cualquier anomalía.

Espero que sepas administrarlo. Haré lo que pueda.

Adiós, Andrés.

Música de tensión

Música de tensión

-(LLORANDO) No van a venir.

Habrán cambiado de planes, no le des importancia.

-Creen que les voy a contagiar. -No es eso.

-He oído a mamá hablando con la madre de una amiga mía.

¡Creen que les voy a contagiar la polio!

-No te preocupes, seguro que mamá las convence para que vengan.

(GRITANDO) ¡No lo conseguirá!

¡Soy una apestada porque tengo la polio!

-Al final no será tan grave.

-Lo es, tengo la polio. Dios me está castigando.

-No has hecho nada para ser castigada.

-Dios me castiga porque he hecho algo muy grave.

Por favor, ¿hasta cuándo va a durar esto?

(GRITANDO) ¿Qué puedo hacer para que me cures?

¿Para que todo vuelva a ser normal?

-Te vas a poner bien, cálmate y ten un poco de...

-¡No quiero calmarme! ¡No quiero ser una inválida siempre!

¡No quiero estar aquí encerrada! -Por favor, tranquilízate.

(SOLLOZA)

-Jaime, no puedo respirar. -Cálmate y respira.

-No puedo. -Marina, ¡ven inmediatamente!

-No.

-Quédate con ella.

-¡No, Jaime! ¿Adónde vas? ¡No me dejes sola!

-Tranquila, se pondrá bien.

-He tenido una idea que hará que te sientas mejor.

-¡No! ¡No me dejes!

(LLORANDO) No me dejes, por favor.

Canción de caja musical

Se abre una puerta

Para la canción

-(BORRACHO) Hombre, Joaquín.

-Hola.

-Espero que mi presencia aquí no te moleste.

Aquí me siento como en casa. Puedo pasar, ¿no? (RÍE)

-Claro, adelante.

¿A qué debo el honor de esta visita?

-El otro día cuando estuvimos aquí, bebiendo juntos,

pensé que podrías llegar a ser un buen camarada.

No me resulta fácil encontrar gente tan abierta y tan generosa,

así que aquí me tienes, dispuesto a profundizar en nuestra amistad.

-Yo también me alegro de verle.

Lástima. Como puede ver, estoy cerrando

y no podré acompañarle a beber como el otro día.

Bueno, me esperan en casa.

-Supongo que la academia debe de ser un buen negocio.

Imagino. -No, no lo crea.

Da para ir tirando a duras penas.

Si estoy harto de ver alumnos salir y entrar todo el día.

Esto es un filón, una mina de oro.

Jóvenes con toda la ilusión del mundo por ser artistas

y dispuestos a pasar por taquilla todos los meses.

-Ya saben lo que dicen, no es oro todo lo que reluce.

En casa somos tres y apenas nos da para comer.

-¡No me engañes más, amigo mío!

Me he enterado de que eres judío, me lo han dicho por el barrio.

¿De dónde coño sacaste la cruz de hierro que me enseñaste?

Judío, ¿eh? (RÍE)

Supongo que guardarás tus ahorros en algún rincón.

Un montón de billetes metidos en un calcetín.

Es lo que hacéis los judíos, ¿no?

-Te digo que... -¿Que qué?

Va a resultar que me ha tocado el único judío pobre de la historia.

-Le digo la verdad, no le mentiría.

Y ¿por qué me cuesta tanto trabajo creerte, amigo mío?

¡Eh!

La he enmarcado, ¿te gusta? Muchas gracias.

Qué guapa está mi madre aquí. Gracias, es un detalle precioso.

Todo se va a arreglar, Irene.

-Irene, menos mal que te encuentro. ¿Qué pasa?

Mi hermana acaba de tener una crisis nerviosa.

¿Por qué? Mi madre ha invitado a sus amigas.

Las madres temen que se contagien y han dicho que no vendrían.

Pobre chiquilla.

Nunca la había visto tan mal, llorando y gritando desesperada.

Mi madre ha ido a intentar convencerlas de que no hay peligro.

Y ¿qué podemos hacer para ayudar?

Podrías venir a casa a ver si consigues que se calme.

Claro que sí. Seguro que verte le sienta bien.

Sí, dame un minuto. Gracias.

Tranquilo, Jaime. Ya.

Tranquilo. Vamos.

Adiós. Ahora vengo.

-Vamos a ver, tú eres judío y tienes que tener dinero

y yo necesito dinero, o sea, que un judío como tú me lo preste.

¿Tú me entiendes? -No tengo ningún dinero.

-Sí tienes, ¡mírame!

Sí tienes, no me engañes más, amigo.

No me obligues a recurrir a otras razones.

(GRITANDO) ¡No me obligues! -Basta ya.

Si dice que yo soy su amigo, ¿para qué necesita una pistola?

-¿Yo? Yo no la necesito, pero tú a lo mejor sí.

Para refrescar la memoria, dime dónde guardas el dinero.

O te pego un tiro. -No tengo ningún dinero.

(GRITANDO) ¡Mientes!

Música de suspense

-(LLORANDO) ¡Me quiero morir! ¡No quiero sufrir estos dolores!

¡Me quiero morir! Cariño, ¿cómo estás?

¡Nadie me quiere, soy una apestada!

-Tiene la fiebre muy alta, señorito Jaime.

Traiga paños mojados y agua fría, por favor.

-¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Por qué Dios me castiga así?

Shh. Dios no te castiga, Almudena. Tranquila bonita.

Cuéntame por qué te has puesto tan nerviosa, ¿eh?

Porque esta tarde iban a venir mis amigas a merendar conmigo

y a mí me hacía mucha ilusión.

Pero ha llamado una madre y ha dicho que no vendrían

porque les iba a contagiar.

¡Como si yo fuese una leprosa! No digas eso.

¡Nadie me quiere ni me querrá nunca!

Eso no es verdad, mira, yo estoy aquí contigo, a tu lado.

Te va a poner buena antes de que te des cuenta, ya verás.

-Aquí tiene. Gracias.

Esto te bajará un poco la fiebre.

Tranquila, a ver...

Así.

-¿Te encuentras mejor, pequeña? -No, no.

-¿Qué ocurre aquí?

-Almudena tiene un ataque de nervios y mucha fiebre.

Creo que le está sentando bien. -Avisé a Irene para...

-¿Cómo no has avisado a Don Gonzalo? -Llamé pero no estaba.

Puedo ir a buscarlo donde va a comer.

-¡Sí, vete corriendo! Dile que es urgente.

Ya está. -¡Soy una apestada, mamá!

-No, cariño. -Tengo que morirme para curarme.

Shh. Tranquila, ya está bien. Ya pasó, ya pasó.

Dame fuego. Hoy estoy de celebración.

Hola, Andrés.

He venido a decirte que tu hija Gloria ya se ha ido.

No tienes que preocuparte, no te va a causar ningún problema.

¿Por qué no me cuentas qué te pasa? Porque no me da la gana.

Vete de aquí. Sabes que te ayuda hablar conmigo.

Venga, Desahógate. ¿Sabes, Adelina?

Si hay una persona a la que no me apetezca ver, eres tú.

No te creo. Pues es verdad.

Todos mis problemas están relacionados contigo.

No sé por qué estás tan enfadado, pero lo que dices no tiene sentido.

Al contrario. Sabes que yo sé cómo consolarte, nunca fallo.

Reconoce que después de estar conmigo te sientes mejor.

Me alegro de que no te apetezca porque yo no estoy de humor.

Lo único que me apetece es beber,

pero si lo necesitas, puedo mandarte una chica que...

¿Por qué no te callas de una vez?

(GRITANDO) ¡Cállate!

¡No quiero estar contigo ni con ninguna otra mujer!

Y menos con una que me mandes tú,

intentará sacarme todo lo que pueda en una sola tarde.

Y por lo de tomarte algo, ¿por qué no te lo tomas en otro sitio?

O mejor, quédate.

Ya me voy yo.

-¿Dónde está el dinero?

-¡Ya le dije que no hay! La academia no da tanto beneficio como parece.

-Deja de decir sandeces y dime lo que quiero oír.

-Le dije la verdad. ¡No hay ningún dinero!

-(GRITANDO) ¡Mientes!

-Ya le he dado todo lo que tenía. Márchese.

-¿Esto? ¿Esto?

¡Es una mierda! Yo necesito dinero de verdad y tú me lo vas a dar.

Dime dónde está. Dime dónde guardas el dinero de la academia.

Contaré hasta tres y si no me lo dices, mi amiga cantará.

Así que...

Una, dos... -Espera, espera.

-(RÍE)

(RIENDO) Pasa, hombre.

Ábrela. -Prométame que no me hará daño.

-Tú ábrela que yo ya sabré lo que tengo que hacer.

Música de tensión

(RÍE) Esto es otra cosa.

-Son los ahorros de toda una vida.

-De momento me conformo con esto.

No pongas esa cara, amigo.

Seguro que en el banco tienes mucho más.

Adiós, Joaquín. Adiós.

(GRITANDO) ¡Eh!

¿Qué hacéis? ¡Soltadme! -¡Está detenido!

-¡No he hecho nada! ¿No sabéis quién soy, hijos de puta?

¡Suéltame, perro!

(GIME)

Me marcho. Espero que mi presencia no le haya molestado.

-No, no, en absoluto. Me consta que ha venido a ayudar.

Le agradezco mucho que haya calmado a Almudena.

Está pasando un momento difícil. Sí.

Todos estamos pasando por un momento muy difícil.

Me gustaría aprovechar esta ocasión para pedirle disculpas.

Tiene un gran corazón viniendo a mi casa.

He hecho lo que cualquiera hubiera hecho en mi lugar.

No, sabe que eso no es cierto.

Ha demostrado una valentía inmensa.

Y yo quiero pedirle disculpas

porque la he tratado mal y ha sido involuntario.

Yo estoy pasando momentos muy difíciles, ¿comprende?

Y me siento tan sola...

No sé cómo afrontar todo esto.

Tranquila. (LLORANDO) Me siento agotada.

De verdad, lo siento.

Se abre la puerta

Debe ser mi hijo.

Creía que eras Jaime. ¿Te sorprende que esté en mi casa?

¿También estás maquinando algo para ponerme de patitas en la calle?

Dios, estás borracho. Sí.

Música de tensión.

Llaman a la puerta

-Adelante. -Don Joaquín...

-Chelo, pasa.

Ya ves en qué penosa situación me encuentras.

No puedes imaginarte lo que ha pasado.

-Sí que lo sé.

He sido yo quien ha avisado a la policía.

-Pero ¿cómo...? ¿Cómo sabías que ese criminal...?

-No sé, me crucé con Carreño cuando iba para casa

y al verle me imaginé que venía con malas intenciones y le seguí.

-¡Ay! Bendita Providencia.

-¿Quiere que le ayude a recoger este desbarajuste?

-(SUSPIRA) Gracias.

Música suave

¿Cómo se te ocurre hablar con Cuca para poner a su marido contra mí?

¡No te das cuenta! -Por favor.

¿No ves que te perjudicas a ti y a tus hijos?

Por favor, la niña está enferma y hay gente en esta...

¡Eres una zorra, una furcia con ropa cara!

¡Te vas a enterar de quién es Andrés...!

¡Por favor! ¡Esto no es asunto suyo!

Su hija lo está oyendo todo.

¡Pues que se entere de la familia que tiene!

¡Basta ya! Apártese.

(LLORANDO) ¡No! Andrés, por favor.

Basta ya.

En estos momentos tan duros para la familia,

a veces, se pierden los nervios, la conciencia de los propios actos.

-No nos quiere, Irene, no nos quiere.

Lorenzo Carreño...

Creo que ha estado aquí en una ocasión, ¿no?

-Sí, es un hombre muy educado y muy honesto.

Parece que es de muy buena familia.

Es Juan el que me atacó, la oveja negra.

Irene.

¿Qué quiere de mí? No sé cómo ha podido.

Déjeme explicarle. No es a mí a quien debe explicarse.

-Parece acostumbrado a solucionar las canalladas de su hermano.

¿Qué quieres decir?

Que me ofreció una buena cantidad a cambio de los desperfectos.

-Es normal que me interese por Almudena, ¡está enferma!

-Y lo que tiene es muy contagioso, por eso os prohíbo subir a su casa.

Sobre todo a ti. Con una enfermedad así en la finca tenemos bastante.

-Quiero poder salir de la cama, ir al colegio y correr.

Charlar con mis amigas sin que les de miedo contagiarse.

¿Cuándo volverá a ser todo como cuando éramos felices?

-Esta no quiere subir a casa de Don Andrés por Almudena.

-Ya lo sé, no me chupo el dedo.

-Hay que sacarla ese muchacho de la cabeza como sea.

-Hemos pensado cambiar de apellido para que no nos relacionen con él.

No sabemos cómo poner coto a su mata.

Entiendo. Entonces ustedes, como primeros perjudicados,

comprenderán la necesidad de compensar a sus víctimas.

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 60

30 nov 2010

Matías informa a Andrés de que Eulalia ha acudido al marido de Cuca para que le cree problemas en la inspección de las obras. Almudena sufre una fuerte crisis cuando se entera de que sus amigas no acudirán a la merienda prevista porque sus madres temen el

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