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No recomendado para menores de 7 años
Transcripción completa

-Yo estoy dispuesta a ayudarla y apoyaros en lo que necesitéis.

Aunque nuestras madres intenten impedirlo.

-Eso hacen las buenas amigas.

-No le preguntes por Almudena. -¿Y por qué no?

-Porque está muy enferma.

Y a tu padre no le gusta nada hablar del tema.

-¿Está enferma? Pero ¿qué le pasa? ¿Es grave?

-¡Ay, hija! Parece ser que sí.

Sus primos murieron allí.

Por eso Irene tiene cargo de conciencia.

Y desde entonces, no ve a su tía.

El reencuentro con su sobrina puede ser algo muy peliagudo.

Es una alegría

abrazar a un ser querido después de tanto.

-Entonces, está decidido.

Vas a incluir a la hija de Adelina en tu testamento.

Es lo mejor que puedo hacer

si quiero que se mantengan lejos de mi familia.

-¿Dónde está Gloria?

En tu cuarto, lleva toda la tarde. En su cuarto no está.

No sabía que Adelina tuviera una hija.

Pues, sí. De la misma quinta que Almudena.

Y me ha confesado que Joaquín no es su padre.

Me ha dado a entender que salían del bar.

¿Crees que Andrés puede ser el padre?

-¿Por qué ha estado Matías, recopilando nuestras escrituras?

-¿Qué pretende saber, Andrés?

Buscar el mejor tratamiento para curar a mi hija.

Aunque eso suponga costearle una clínica en el extranjero.

Eso pretendo. ¿Te parece bien?

Era un sacerdote preguntando por ti.

Dice que mi tía Úrsula está dispuesta a quedar conmigo.

¿No tienes nada que contarme?

-Buenas noches. He venido a traerle este pastel a Almudena.

De parte de mi madre. Para endulzarle un poco la cena.

Despertar abrazada a la ironía

de ocultar

la razón de cada día

para amar en tiempos revueltos.

Asumir la alegría y el lamento

y descubrir

sorprendida mi tormento y mi dolor

con tu amor envuelto.

No es sencillo

avanzar olvidando lo vivido

cuando tanto se ha dado por perdido

y el camino es volver a comenzar.

Le canto al viento

por todo el que venció su desaliento.

Le canto al mar

por todo aquel que tuvo que olvidar

para empezar.

Cinematógrafo

-Pasa, pasa.

Entonces, eres una amiga del colegio.

-Sí. Sí. Eso es. -(RÍE)

Ven mañana con las demás, hemos organizado una merienda.

-Lo sé. Precisamente, por eso. Es que...

Mañana no voy a poder.

Tengo que quedarme cuidando de mi abuelo.

¿Tu abuelo está enfermo, también? ¡Vaya por Dios!

¿Qué tal se encuentra Almudena?

Mi madre le ha hecho este pastel con toda su ilusión.

Espero que la enfermedad no le impida comer algún dulce.

-No, por supuesto que no. Yo misma se lo llevaré.

-Si no le importa, me gustaría dárselo yo misma.

Hace mucho que no la veo y quisiera saludarla y charlar.

-Pues...

Sí, a Almudena le haría mucha ilusión.

Me temo que no va a poder ser.

-¿Por qué, se encuentra peor?

¿Qué tiene en realidad? Necesita reposo, eso es todo.

-Pero, Andrés.

Sus amigas van a venir a verla mañana y la señorita...

¿Cómo te llamabas? -Me llamo Gloria.

Gloria no va a poder venir. Podríamos hacer una excepción.

No serán más de cinco minutos. Prometo no fatigarla.

Me temo que no.

No le des la espalda a tu vida. Ya lo hemos hablado.

Precisamente, por eso.

Creí que había quedado claro que aún no estoy preparada.

Irene, los años pasan.

Tu tía Úrsula morirá y habrás perdido la oportunidad

de reencontrarte con ella. Eso es asunto mío.

Pues yo no lo veo así.

Sé que lo haces con la mejor de las intenciones

pero no tienes derecho a... También es mi problema.

Sí tengo derecho. Lo estás haciendo otra vez.

Estás volviendo a ser paternalista. Eso no es paternalismo.

¿Ah, no? ¿Y cómo lo llamarías tú?

Es lo mismo que hacías cuando me prevenías contra Andrés.

Son decisiones que tengo que tomar yo.

Esto no es lo mismo, Irene. Tu tía quiere verte, lo necesita.

¡Cómo te lo tengo que explicar! No es cuestión de querer o no.

Me duele mucho. No tengo fuerzas para volver a pasar por todo eso.

¿Crees que te vas a librar del recuerdo dándole la espalda?

Cuando uno entierra un mal recuerdo acaba saliendo a la luz.

Lo veo todas las noches cuando te despiertas entre gritos

cubierta de sudor, llorando.

Necesitas hablar con tía. Contarle todo lo que pasó.

¡No! Me odiará por lo que pasó. Eras una niña. ¿Qué podías hacer?

Mira, no pienso hablar con ella. No pienso abrirle la puerta

y te pido que no hablemos de esto nunca más.

Tu tía no vendrá si no quieres, pero déjame explicártelo.

Me voy a la cama. Me estalla la cabeza.

Te pido que me dejes descansar. ¡Cariño!

Los médicos han insistido en que Almudena descanse.

Estoy pensando en cancelar la merienda de mañana.

-Lo tengo todo organizado.

Si se levanta con fuerzas ya veremos.

No me parece bien despertarla cuando ya lleva rato durmiendo

y mucho menos para cinco minutos.

-¡Qué lástima! Me hacía tanta ilusión verla

Estoy seguro de ello. Pero, no puede ser.

Mi obligación es velar por el bien de mi familia

y no me parece bien que reciba, ahora, tu visita.

Espero que lo entiendas. Lo entiendo pero...

No hay ningún pero que valga.

Gracias por tu visita y el pastel, pero te tienes que marchar.

-Lamento haberles molestado. -No te preocupes.

Es una pena que no puedas venir mañana.

Ya te lo ha dicho, tiene que cuidar a su abuelo.

Tranquila, le diré a Almudena que has estado aquí

y has preguntado por ella.

Tus amigas ya te contarán cómo está.

-Buenas noches. Y perdón por la molestia.

-Te acompaño. Buenas noches.

Música de tensión

Ya te ayudo yo. -Sí.

Dale a tu madre las gracias por el pastel.

-Gracias.

Buenas noches. -Buenas noches.

Has sido muy duro con esa chica. ¿Muy duro?

Demasiado blando, eso es lo que soy.

Si fuese duro debería echar a Marina y a los porteros.

Ellos son los culpables.

Pero, Andrés, no te entiendo. Esta es la consecuencia

de que se haya corrido la voz en este barrio de cotillas.

¿Tú crees? No seas ingenua. Claro que sí.

Nos envidian, Eulalia. Nos envidian.

Y se alegran de nuestras desgracias.

(BAJITO) Por Dios.

Son casi las diez. Van a cerrar los portales.

-Gloria es responsable. Seguro que llega a tiempo.

¿A la gente responsable no le pasan cosas?

Gloria no es más que una niña. No conoce Madrid.

¿Y si se ha encontrado con un desaprensivo?

Llaves

Ya está aquí.

¿De dónde vienes a estas horas? Pasa.

¡Que de dónde vienes, he dicho! -Son las nueve y media.

¡Son las diez menos veinte! No me has contestado. Siéntate.

¡Que te sientes!

Quería dar una vuelta. Muy bonito.

Te traigo para que estés conmigo y para que te distraigas

¿y así me lo pagas?

Escapándote de casa y mintiéndome en mi cara.

Me equivoqué al confiar en ti.

Lo siento. Tienes razón. No debería haberte mentido.

Y tampoco haberte ido de casa.

¿De dónde vienes?

He ido a visitar a mis hermanos. -¿Qué?

¿A casa de los Hernández Salvatierra?

-A casa de mi padre y mis hermanos. -¡Ay!

¿Cómo se te ocurre?

Quería conocerlos.

Tú querías que conociera a mi padre.

¿Qué ha pasado, a quién has visto?

A mi padre y a su mujer. ¿Y qué les has dicho?

Palabra por palabra, ¿eh, Gloria?

-Entonces, hemos llegado a un acuerdo.

-A su servicio, mi Teniente.

-Sabía que podía confiar en ti. Celso, de mis amigos, el más fiel.

-¿Cómo quiere que lo haga?

-Pues, primero, mi hermano.

Es el más peligroso. El que se puede oler algo.

No te preocupes que te lo voy a poner en bandeja.

Cuando acabas con él, mis padres.

No te van a dar ningún problema. Y, entonces,

ya nadie me podrá negar lo que es mío.

-Muy bien. En cuanto me pague, me pongo en marcha.

-Ya te he dicho que voy a heredar una cantidad considerable.

-(RÍE) -Celso.

Discúlpeme, mi Teniente. Yo no puedo trabajar a cuenta.

Mi señora me sacaría la piel si se entera que no he cobrado.

-Celso. Tu mujer sabe quién soy yo.

-Para mi mujer, en el mundo no existe nadie más que ella.

Y yo, mientras le sirva de algo...

-Estoy hasta los cojones de todas las mujeres.

Con las tripas de la mejor, tendrían que colgar a las demás.

(RÍE) Celso.

¿No vas a hacer una excepción, por la amistad que nos une?

-Mi Teniente, yo le tengo mucho aprecio.

Pero aprecio también mis partes y no quiero perderlas.

Tendrá que pagarme primero.

-Te pagaré. Te pagaré, me cago en todo.

Tú dame tiempo para reunir el dinero. Eso sí,

las copas de hoy, las pagas tú.

¡Niño! Otra ronda, aquí.

-¡El lío que ha montado! Cállate, Benita.

¿Qué les has dicho? -Nada.

Que era compañera de clase de Almudena

y que le llevaba un pastel pero no me han dejado verla.

Estaba dormida. ¿Tu padre qué ha dicho?

Él ha sido quien se ha negado. Hombre, ¡claro!

Dña. Eulalia estaba dispuesta. ¿Y si te hubiesen dejado pasar?

¿Qué pensabas decirle a Almudena? No lo sé.

-(SUSPIRA) No puedes ir contando que eres su hermana.

Pero ¿en qué mundo vives? -No iba a decir eso. No soy idiota.

Solo quería verles. ¿Tan difícil es entenderlo?

¿Cómo que entenderlo, Gloria?

Has dicho a su madre que eres su compañera.

¿Tú te has parado a pensar lo que hubiese pasado

cuando dijese que no te conoce de nada?

Y tú, ¿cómo sabías dónde vivían? Se lo has dicho tú, ¿verdad?

No puedo confiar en nadie. -No ha pasado nada.

No la han dejado pasar y se ha ido, sin más.

-No he montado ningún escándalo. ¿Has sido tú? Muy bonito.

-(SUSPIRA) -No fue la tía Benita.

Vi la dirección en una agenda. Ella te calentó la cabeza.

(SUSPIRA) Tú, a tu cuarto.

Sin salir hasta que yo te lo diga. ¡Muévete!

-Adelina, por favor... ¡Que te calles!

No quiero oír a nadie más esta noche.

Cinematógrafo

¿Qué hora es?

Son casi las nueve.

(SUSPIRA) No he pegado ojo en toda la noche.

Perdóname, cariño. Lo siento por lo de ayer.

No. Lo siento yo. La culpa ha sido mía.

No.

Lo hiciste con buena intención y yo me cerré en banda.

No es justo. Debí escucharte antes de ponerme así.

Pero... Me sentí acorralada. No me dejaste hablar.

Yo nunca la hubiera hecho venir sin consultártelo.

Solo hablé con el sacerdote para que concertara la cita.

Al parecer, tu tía quiere verte. Lo demás, son suposiciones tuyas.

Perdóname. ¡Qué vergüenza! No tienes por qué avergonzarte.

Lo que hay en tu pasado es muy difícil superar.

Nadie te pide que lo hagas, solo que lo intentes.

No puedo seguir viéndote sufrir así.

Ya lo sé, cariño. Sé que estás conmigo como en todo pero...

No sé si voy a poder enfrentarme a mi tía Úrsula.

No pude acercarme a ella en el cementerio.

No sé, no es fácil. ¿Qué le digo?

No puedo contarle todo lo de Rusia, me odiaría.

Solo puedes hacer una cosa: sacar a la luz la verdad.

Por muy cruda que sea, tú y tu tía lo necesitáis.

Te tiene para saber qué fue de sus hijos.

(RESOPLA) No sé, Ubaldo, yo...

Yo necesito tiempo,

pensar qué le voy a decir. Bueno, tranquila.

Nadie te obliga. Puedo decirle que necesitas más tiempo.

Ella lo entenderá.

Ahora, me voy a la tienda.

Toma tu decisión con calma, ¿de acuerdo?

Te quiero. Gracias.

-(SUSPIRA)

¿Se ha despertado ya? Pues, no lo sé.

Se oían ruidos en su cuarto.

¡Ay, Lina! Yo no creo que haya sido para tanto.

No, tú no. No es tu hija la que se juega su herencia.

Dijo la niña que no montó ningún escándalo, ¿no?

Con escándalo o sin escándalo, Benita.

Andrés lo va a tomar como una amenaza.

Esta niña... Ahora que estaba arreglado.

¿Para qué le hablas de sus hermanos?

Tenía curiosidad y ya sabes lo espabilada que es.

Se hubiera enterado. Era inevitable lo que ha pasado.

Andrés no tiene por qué tomarla contigo.

Ha sido una chiquillada.

No ha tenido nada que ver. Lo vamos a echar todo a perder.

No si le explicamos a Andrés... ¡Cállate!

Que le conozco mejor que tú.

Y Andrés no acepta explicaciones ni excusas.

O se está con él o se está contra él.

Si toma esto como una provocación, habremos perdido todo.

¡Ay, no!

-Buenos días.

Buenos días. -Ah, llego para el desayuno.

¿Y esa cara? Nada. No te esperaba tan temprano.

Ayer me mandaste recado que ya podía volver.

Sí. Me he sobresaltado con la puerta.

Tengo mis llaves. Sigue siendo mi casa, ¿no?

No te pongas susceptible, ¿eh?

Lo que me faltaba ya.

-Buenos días, Joaquín. -Hola.

-Te puedes sentar a desayunar. La niña se ha levantado.

-¿Qué ha pasado?, ¿Ha salido algo mal?

-(SUSPIRA) Anoche la niña... Buenos días, Gloria.

-Buenos días.

¡Joaquín!

-¡Qué ganas tenía de verte! -Yo también, pequeña.

Tienes que disculparme que no haya estado para recibirte.

Pero tuve que salir. Por unos asuntos de la academia.

-Bueno, no importa. ¿Y dónde has estado?

-Sí, sí. Más o menos.

-Qué bien que ya estemos todos juntos.

Siéntate a desayunar. Se te van a enfriar los churros.

¿No tenías cosas que hacer en el banco?

-Eh... Sí, sí. Es verdad. Tengo que ir al banco.

-¿No te quedas a desayunar? -No. El deber me llama.

Bueno... Ya hablaremos.

Pásame el pan, Benita, anda.

Cinematógrafo

¿Esas inyecciones duelen? -Sí, pero te acostumbras.

Lo peor es esa sensación de no poder andar.

No sé. No me había pasado nunca.

Y el otro día no podía respirar. Me atraganté.

¿Segura de que no prefieres descansar en vez de darme cháchara?

(RIENDO) No, ¡por favor!

Si los dolores y la flojera todavía puedo aguantarlos.

Lo que es matador es estar todo el día en la cama y...

Y solo poder hablar con mis padres y mi hermano.

Ay. Es horrible.

Un aburrimiento.

Ya que estás aburrida y que da la casualidad que yo estoy aquí,

¿qué tal si hacemos un repaso de tus conocimientos de francés?

No me irá a preguntar los verbos irregulares.

¿Y por qué no? A ver, ¿qué quieres que repasemos?

Ya me he aprendido el poema que me dio para estudiar.

Ah, eso está muy bien. A ver, ¿cómo es?

Ay, no, qué vergüenza. ¿Cómo que qué vergüenza?

¿Y cómo voy a saber si te lo sabes si te da vergüenza recitarlo?

Bueno, créame, me lo sé muy bien.

-¿Te ayudo? -Bah.

Buena gana de perder el tiempo, una señorita como tú.

-¿Y tú? -Yo ya no tengo arreglo.

Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?

-Por eso. Lo hacemos entre las dos y acabamos antes.

-A ver, ¿qué quieres? Que te veo venir.

-Solo quiero ayudar a mi tía. ¿Qué tiene eso de raro?

-(SUSPIRA)

Tu madre se ha ido a trabajar, ¿no? No eres tú espabilada ni nada.

Vienes a congraciarte conmigo porque sabes que con tu madre no hay manera.

-Ay, tía Benita... Tú sí que me entiendes, ¿verdad?

Mi madre está muy enfadada conmigo, pero no he hecho nada malo.

-(SUSPIRA)

Mira, Gloria, tu madre puede ser muy cabezota.

Demasiado bien lo sé yo, que llevo con ella la intemerata.

Pero en esto tienes que hacerle caso.

La situación con tu padre es muy delicada,

mucho más de lo que te puedes imaginar.

Y mejor si no sabes nada.

Tú limítate a hacer lo que tu madre te pida.

¿Me lo prometes?

-Te lo prometo, tía Benita. -Bien.

-Oye...

Cuéntame más sobre mi padrastro. ¿Cómo es la relación con mi madre?

-Se la voy a recitar a Juan Carlos en cuanto venga a verme otra vez.

Ah, o sea que ha venido Juan Carlos. (RIENDO) Sí.

Vaya, vaya. Qué suerte tienen algunas.

Y me trajo un regalo. Hm. Esa muñeca.

¿A que es preciosa?

¡Ah! No, no se preocupe, si...

Se me rompió a mí al sacarla de la caja.

Ah... Pero llevaré a arreglarla.

Conozco un taller donde lo hacen muy bien.

Qué ganas tengo de salir de aquí.

¿Cuándo se me va a pasar este maldito resfriado?

"Solo puedes hacer una cosa y es sacar a la luz toda la verdad".

Srta. Irene, ¿me está escuchando?

Eh... Sí, perdóname. Perdona.

Decía que esta tarde van a venir mis amigas a merendar.

Ah... Ya que yo no puedo salir de casa.

¿Le gustaría acompañarnos? Pues...

No sé, mejor que no.

No me conocen de nada y se sentirían incómodas, ¿no?

Bueno. Entonces, cuando esté curada iremos Ud. y yo solas a merendar.

Ah, eso me parece muy bien. (RÍE)

Y... ¿Adónde quiere la señorita que vayamos?

Bueno, pues... Nos pondremos nuestro mejor vestido.

Iremos a un sitio elegante y tendremos que hablar en francés.

Así la gente se pensará que somos dos señoritas de París. (RÍE)

-Tu madre y Joaquín no tienen muchas cosas en común, hija.

Vamos, que no es como un matrimonio de novela.

-Y si no se quieren, ¿por qué se casaron?

Mi madre tendría que haberse casado con mi padre.

-Pero no pudo ser por la guerra, ya te lo conté.

La guerra es muy complicada.

Unas personas se separan, otras se juntan...

-¿Joaquín qué tiene que ver en todo esto?

-Cuando tu padre se casó con Eulalia, tu madre se quedó sola.

Y una madre soltera, en este país, es algo... intolerable.

Y Joaquín, por otro lado, también estaba solo.

Era un refugiado de los campos nazis.

Pero, al ser judío, temía que Franco le acabara echando de España.

Necesitaba protección. -¡Ah! Ya entiendo.

Mamá y Joaquín hicieron un pacto.

-Bueno, sí, algo parecido. -Sí. Así ella ganaba respetabilidad

y él se aseguraba no ser deportado casándose con una española.

¿Ves como tengo edad suficiente para entender estas cosas?

-(RÍE) Lo que yo te digo, hija, que eres muy espabilada.

Demasiado, me parece a mí.

A tu madre no le vayas con el cuento. Yo no te he dicho nada.

-Descuida. Seré una tumba.

-Si quieres, me puedes ayudar a fregar el suelo.

-Tengo un montón de cosas que hacer, pero esta noche te ayudo, ¿eh?

-Espabilada, espabilada...

Puerta

-Hola, mamá. -Hola, cariño.

¿Ya has venido de clase? -Sí.

¿Qué se celebra aquí? ¿Tienes otra velada literaria?

-Hijo, pero qué cosas dices.

¿Cómo voy a organizar eso con lo que le pasa a tu hermana?

Es para sus compañeras de colegio, que vienen esta tarde a merendar.

Y Almudena está muy ilusionada. -Y tú también, por lo que veo.

-Sí, hijo. ¿Para qué te voy a engañar?

Todo lo que haga que tu hermana esté contenta es una bendición.

-¿Una bendición? Y un espejismo, mamá.

-No empieces, otra vez. Tengamos la fiesta en paz.

-Pero ¿qué fiesta, madre?

Almudena está muy enferma y disimular no va a curarla.

-Almudena está muy contenta porque vengan sus amigas.

¿Qué tiene eso de malo? -Nada. Nada, mamá.

Pero tarde o temprano se dará cuenta de lo que le pasa.

-Sí, pero hoy no.

Hoy quiero que disfrute de una tarde agradable

como si fuera una niña completamente sana.

-¿Cuándo le vas a decir la verdad? -Cuando llegue el momento.

Y ahora, por favor, Jaime, estoy muy ocupada.

Vete a tu cuarto a estudiar o lo que tengas que hacer.

-Mamá, seamos realistas. Hay que decirle la verdad cuanto antes.

Música de tensión

-Así que ahora te vas a las clases de baile.

-En cuanto me cambie y me quite este olor a leche.

-Ya, oye, y en las clases de baile, ¿qué os enseñan exactamente?

-Uf, de todo. Ritmos modernos, más clásicos...

No sé, la idea es que salgamos preparadas para actuar en revistas.

Y quién sabe, a lo mejor, dentro de un par de años,

veo mi nombre en la Gran Vía.

-Hombre, pues no iba a presumir yo de sobrina ni nada.

Pero prepararse para eso debe ser complicado, ¿no?

-Sí. Pero bueno, con tal de salir de esa maldita vaquería

soy capaz de ponerme a fregar suelos.

-Chelito, que no será para tanto. -¿Que no?

No se lo puede imaginar, tío. Lo odio. Pero de verdad, ¿eh?

Es el peor trabajo del mundo.

-Algo bueno tendrá. Por lo menos, la paga de los fines de semana.

-Solo eso.

Y porque me permite pagarme las clases de baile, que si no...

-El trabajo es para ganarse la vida, no para disfrutar.

-Bueno, una cosa sí me hace gracia. -¿Ah, sí?

-Doña Clotilde.

-¿Quién es esa? -(SUSURRANDO) Una vecina que está...

Un poco loca. (RÍE)

Viene todos los días a por su escudilla de leche.

Tres cuartos de hora para elegir de qué vaca quiere la leche.

(RÍE) Con eso, la verdad es que me divierto un poco.

-Si quieres divertirte, chata, aquí estoy yo.

Música de tensión

-¿Qué ha dicho usted? -Que buenas tardes les dé Dios.

Y, señorita, que Dios la bendiga, que belleza como la suya escasean.

-Adiós muy buenas.

-Tabernero, no te pongas farruco que luego sabes lo que pasa.

Yo solo quería ser un caballero con la señorita.

-Escúchame bien, Chelo.

Ten mucho cuidado con ese hombre, ¿me oyes? Mucho cuidado.

-Ya lo sé. Cada vez que lo veo, se me pone la piel de gallina.

-Bueno, pues cuando lo veas, te cruzas de acera.

¿Te ha quedado claro? -Sí.

-Pues, venga, vamos para casa.

Ruido de papeles

-(ENFADADA) Ya sé lo que está pasando aquí.

Has estado hablando con Irene. -¿Con Irene?

-Te voy a decir lo mismo que le dije a ella.

En esta casa, quien toma las decisiones soy yo.

Crees que ocultarle la enfermedad a Almudena no la va a curar.

Pues yo creo que decirle la verdad, tampoco.

Demasiado va a sufrir, la pobre, en los años que vienen.

No entiendo por qué tenemos que privarle

de la felicidad de los últimos días que le quedan.

Que sea la última vez que vienes de mensajero.

-No he hablado con ella de este asunto.

-Tienes muchos pájaros en la cabeza. Demasiado bien lo sé.

Pero esto se va a acabar. -Que ella no me ha dicho nada.

-¿Tú te crees que me chupo el dedo?

Sabía que esta mujer iba a traer muchos problemas a nuestra familia.

-Mamá, ni se te ocurra echarla de esta casa.

Sus visitas le hacen mucha ilusión a Almudena.

-Sí, ya lo sé. Es una experta en engatusar a la gente.

Con esa cara de mosquita muerta... Pero la pienso poner en su sitio.

Porque no es quién para opinar sobre la enfermedad de mi hija.

Y menos para soplártelo a ti a la oreja.

-Mamá, que no me ha dicho nada.

¿No será que decimos lo mismo porque es lo más razonable?

¿Qué es más probable,

Timbre que se equivoque todo el mundo o tú?

-Tú no eres todo el mundo, Jaime. Y ella tampoco. Almudena es mi hija.

No quiero oír ni una palabra más.

Música de tensión

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Buenas tardes, doña Eulalia.

-Buenas tardes, niñas. -Buenas tardes.

-¡Pasad, por favor, pasad! Estoy tan contenta que estéis aquí.

Marina, por favor. Voy a buscar a la niña.

Recógeles los abrigos y vienes a ayudarme.

-Sí, señora. -Gracias por venir, chicas.

Puerta

¿Se puede? Andrés...

Mira, me pillas preparando la clase. Están a punto de llegar los alumnos.

Hoy vamos a hacer algo diferente, hoy vamos a...

Sabía que vendrías a verme.

Me preocupaba presentarme aquí sin avisar.

Lo último que querría es interrumpir la paz que aquí se respira

apareciendo de mala manera.

Comprendo que estés molesto conmigo por lo ocurrido.

Solo espero que sepas disculparme. ¿Sabes, Adelina?

Pensé que sabrías jugar mejor tus cartas.

Déjame que te explique. No hay nada que explicar.

Escúchame. Ya te dije una vez que conmigo

no valen las amenazas.

No lo entendiste, así que te lo voy a tener que explicar más claro.

Andrés... ¿Tendrás la desfachatez de excusarte?

Vamos a mi despacho, los alumnos están a punto de llegar.

Por favor.

Andrés, la niña se escapó de casa.

¿Por qué usarla en contra tuya ahora que habíamos llegado a un acuerdo?

Tú misma lo acabas de decir. "Habíamos llegado".

Andrés, la niña es tremendamente lista.

Empezó a hacer preguntas. Quería saberlo todo sobre su padre.

Benita le habló de Jaime y Almudena

y ella se llenó de ilusiones con tener hermanos.

No son sus hermanos. Y esa no es su casa.

Las cosas no funcionan así. Espero que se lo dejes bien claro.

Lo haré, Andrés. Lo haré.

Entiende que ha sido un accidente. ¿Ah, sí?

¿Como hacerte la encontradiza con mi mujer y mi hija en la calle?

Por Dios, estaba desesperada, necesitaba tu ayuda.

No era para mí, era para nuestra hija.

¿Por qué querría hacer algo así? Lo que siento hacia ti es gratitud.

Mhm... (IRÓNICO) Qué conmovedor.

¿Y cómo supo Gloria dónde vivo?

Vio la dirección aquí.

Te juro que no tengo nada que ver con lo ocurrido.

¡Por el amor de Dios, estas cosas pasan!

¡Muy bien! Venga, cariño.

Más...

-(RÍE) -Así. Venga. Venga, cariño.

Bueno, ya estamos aquí.

-Hola, chicas. -Hola.

-¿No os vais a dar ni unos besos ni nada? ¡Venga!

Sujétala bien, Marina. -Sí, señora.

-Pasad, pasad.

Ven a sentarte aquí, hija. Con cuidadito. Muy bien, así.

Almudena está muy contenta de que estéis aquí

porque lleva un par de semanas muy aburrida, ¿verdad?

Bueno... Marina y yo vamos a la cocina a por la merienda

para que podáis hablar de vuestras cosas.

Vamos.

-Muchas gracias por venir a verme. Me ahogaba aquí dentro tan sola.

Bueno, tendréis que contarme muchas cosas, ¿no?

-La Madre Superiora nos ha dado esto para ti. Y Violeta...

Ha vuelto a salir con "El Tirillas". -¡No! ¿En serio? (RÍE)

Bueno, eso está bien, hay que empezar por lo importante.

Uy, esto es muy grande, ¿no?

-Me parece que son los apuntes de todo el año.

-¿De todo el año?

Pero si no voy a estar enferma tanto tiempo.

Que solo tengo un resfriado.

-(RÍE) Estaréis hambrientas, ¿eh?

Tenéis que comer mucho, que aún estáis creciendo.

No quiero que quede ni uno de estos en las bandejas.

¡Almudena!

¡Pero, chicas, sentaos! Venga, a comer.

Tienes razón, sí.

Son cosas que pasan, no es culpa de nadie, no se pudo evitar.

Te agradezco tu comprensión.

Tú también vas a tener que ser muy comprensiva ahora que Gloria

tiene que marcharse. ¿Marcharse?

Tiene que volver al internado. Si acaba de llegar...

Mientras Gloria esté aquí, estas cosas pueden volver a ocurrir.

No. No te va a volver a molestar. Te lo garantizo.

¿Sabes? Ya no me basta con tu palabra.

Tú misma lo has dicho.

Gloria es lista y volverá a darte esquinazo en cuanto tenga ocasión.

No, he hablado con ella. No hay nada más que hablar, Adelina.

Por favor, déjame pasar la Navidad junto a ella.

Se lo había prometido. A mí también me hiciste promesas.

Como cuando me prometiste en el café del Cervantes

que no me harías jamás hacer el ridículo delante de mi familia.

¿Sabes, Adelina?

Si quieres que cumpla mi parte del trato,

tendrás que dejarme claro que tú

cumplirás tu parte.

Y mientras Gloria esté aquí, a mí eso no me queda claro.

Espero que esta vez

lo hayas entendido perfectamente.

Música de tensión

(LLORA)

Para Irene no ha sido nada fácil hacerse a la idea.

Le cuesta mucho enfrentarse a su pasado.

-Es muy comprensible.

Mucha gente, en este país, ha perdido a su familia en la guerra.

Yo, al menos, sé que me queda un familiar vivo.

Nunca hubiera imaginado que Irene estaba viva.

Ha debido de pasar un auténtico calvario.

Sí. Así es.

Y eso la ha llevado a cortar con su pasado.

Al principio se tomó como una traición que yo...

Déjeme que le interrumpa.

¿No sería mejor que todo esto me lo contase

Irene en persona?

Sí, tiene razón.

Estoy intentando explicarle por qué no podrá venir.

¿Cómo que no podrá venir?

Debe intentar comprenderla. Para ella no ha sido fácil.

No la he avisado porque estaba esperando

hasta el último momento para ver si...

Irene.

Bendito sea el Señor.

Bendito sea el Señor.

(LLORA)

La última vez que te vi tenías... Mírate.

Si estás hecha una mujer.

Gracias a Dios.

Gracias a Dios. Pensé que no te volvería a ver.

(SUSPIRA) Mírate.

Estás viva, Irene.

Estás viva. (LLORA)

-Hola, Chelo. -(ASUSTADA) ¡Ay!

Hola, don Joaquín. ¡Qué susto me ha dado! Perdón.

-¿Por qué?

-He pensado que podría haber entrado alguien.

Cosas mías. Perdón.

-Aquí no entra nadie sin que yo lo sepa, tranquila.

¿Puedes pasar? Tengo algo para ti.

-¿Para mí?

Es que voy a llegar tarde a clase.

-Solo será un momento. No te voy a entretener.

-Sí, sí. -Pasa, por favor.

-Gracias.

-Creo que esto te puede servir de ayuda.

-No sé qué decir.

-Nada, solo ábrelo. -¿Qué es?

(SORPRENDIDA) Una crema.

Huele muy bien.

Es vainilla, ¿verdad? -Sí.

Creo que esto te puede ayudar a solventar tu problema

que tienes con... Ya sabes a qué me refiero.

-Con la peste que traigo de la vaquería.

-No tienes por qué avergonzarte.

Es tu trabajo. Alguien tiene que hacerlo

si queremos tomar leche con el desayuno.

(RÍEN)

Date esa crema y ya verás como tapa el olor a leche.

Será como ponerte un perfume.

-Muchísimas gracias, don Joaquín.

No tenía que molestarse. Le habrá costado mucho.

-No, no. Nada de eso.

Lo he hecho yo mismo. -¿Ah, sí?

Me gusta experimentar con las esencias.

-(RÍE)

-Si no fuera por la guerra, quizá hoy sería perfumista.

-Huele muy bien. -Bien.

-No sé cómo agradecérselo, don Joaquín.

-Esa sonrisa es el pago de todo.

Ahora date prisa que la clase ya habrá empezado.

Adelina es una maniática de la puntualidad.

-Sí.

¡Ay! Mire, justo.

Gracias.

Lo siento, tía.

Siento no haberte... -Lo entiendo perfectamente.

El calvario que has pasado no se lo deseo a nadie.

Solo pensar lo que debió ser lo de Rusia.

(SUSPIRA)

Todos decían que cuando terminase la guerra,

volveríamos a casa.

Pobres.

Esperancita y Guzmán estaban convencidos

de que todo sería como antes.

Mis niños.

Eran tan pequeños.

Ella tenía ocho años, recién cumplidos

y él no llegaba a siete. Pero...

Cuando nos embarcaron para Rusia,

los más mayores vimos que no había marcha atrás.

Era un viaje demasiado largo.

(SUSPIRA)

Yo estaba preparada para cualquier cosa,

ya había perdido a mis padres.

Tu hijo mayor, Bernardo,

se daba cuenta de todo y se pasó la travesía llorando.

Mi Bernardo...

Me envió varias cartas nada más llegar a Rusia.

Luego ya no supe más. Él...

vivía esperando que terminase la guerra para volver a España.

Cuando...

te separaste de ellos, ¿cómo estaban?

¿Dónde fue?

¿De verdad quieres saberlo, tía?

Llevo años preparándome para esto.

-Venga, cariño.

Muy bien.

¿Ves? Así.

Hoy ha sido un día muy largo, ¿eh?

Muchas visitas, muchas emociones.

Ahora tienes que descansar.

-¿Descansar de qué, mamá?

Hace días que no salgo de casa.

Si lo único que hago es estar recostada en la cama

o sentada en el sillón. ¿Cómo me voy a cansar?

-Tienes que hacer caso de tu madre, hija.

Y de lo que han dicho los médicos.

Han dicho que debes reposar mucho y no hay más que hablar.

-Si me duermo ahora, luego estaré desvelada y no podré dormir.

Me aburriré como una ostra.

-Si tienes ganas de hablar, me llamas con la campanita.

-¿Qué dices, mamá?

¿Cómo te voy a despertar a medianoche para charlar?

¿Hasta cuándo estarás pendiente de mí las 24 horas?

-Hasta que haga falta, cariño.

Que para eso soy tu madre.

-¿Y si esta enfermedad dura mucho tiempo?

-¡Qué cosas dices!

Duerme un poco y te vienes a cenar con todos, ¿de acuerdo?

-¿Cuánto va a durar esto, mamá?

-Que no lo sé, hija. ¿Qué soy yo? ¿Adivina?

-¿De verdad que no lo sabes? -No, no lo sé.

Deja de darle vueltas que eso también fatiga mucho.

Dame un beso. Duerme.

-(ASUN) "Me parece que son los apuntes de todo el año.

-¿De todo el año? No estaré enferma tanto tiempo.

Solo tengo un resfriado.

-¿Te ayudo? -Que no sé qué me pasa

que no puedo mover las piernas.

-Abuelo, ven que Almudena se cayó

y no se puede levantar. -¿Qué te pasa, hija?

-No me puedo levantar. Llame a mi madre.

Si está mal de las piernas, ¿por qué tiene que levantarse?

-Porque hoy viene el Obispo a confirmar

y es necesario que vayamos sin falta.

¿Y no sería mejor esperar a otra ocasión?

Andrés, no podemos esperar ni un día más.

No entiendo a qué viene tanta urgencia.

Música dramática

-¿Cuándo vendrás a visitarme? -Hija, ¿te has vuelto loca?

-(RÍE) -¡Dios mío!

-¿Pasa algo? ¡Está ardiendo! ¡Delira!

-¿Puedo? -Sí, sí, por supuesto.

Si tú me prometes

que vas a confiar en mí

y que estarás tranquila,

yo te prometo que en cuanto te pongas buena,

tú elegirás

dónde quieres que vayamos de vacaciones.

Y también,

iremos a la mejor tienda de Madrid

para que compremos el vestido que tú quieras

y lo estrenemos en el primer baile al que vayamos.

Cuando terminó la guerra

y ya sabíamos que no íbamos a volver,

nos refugiaron en un centro de acogida, en Leningrado.

Era un sitio con todas las facilidades.

Con médicos, escuela.

Lo más parecido a una casa que habíamos tenido nunca.

Hasta que los nazis cercaron Leningrado

y volvieron a evacuarnos.

-He oído que fue una batalla terrible.

Sí, los soldados aparecieron de un día para otro

y no nos dio tiempo a nada.

No les importaba si éramos niños o no.

Si alguno se quedaba rezagado,

lo metían en los camiones a culatazos.

Y no paraban de caer obuses.

Antes de explotar, cuando caen,

sueltan como un silbido muy agudo.

Sabes que va a haber una explosión

pero, no sabes dónde.

No sabes si vas a vivir o vas a morir.

Cuando ya estábamos en el camión,

yo grité y pataleé

para que no me separasen de mis primos.

Me costó un par de culatazos, pero lo conseguí.

Cuando íbamos a salir,

Esperancita se dio cuenta de que se había dejado a Pepo.

¿Te acuerdas de Pepo?

El muñeco que le regaló el tío Ramiro.

No se había separado de él en estos esos años y...

Lloraba mucho y no tuve corazón para dejarla sin él.

Así que,

calculé que quedaban unos minutos para la salida del camión y...

me fui corriendo como una loca,

esquivando a los soldados hasta que llegué a la casa

y me hice con Pepo.

Cuando volví al camión,

ya había arrancado.

Salté al carro de unos campesinos que iban en la misma dirección

y desde allí vi cómo se alejaba.

Y fue entonces,

cuando oí ese maldito silbido.

No, no puede ser.

El camión saltó por los aires, tía.

Salté corriendo pero al llegar era un amasijo de hierros.

Ya es suficiente. (SOLLOZA)

Has sido muy valiente pero tengo que irme.

Tía, por favor.

(SOLLOZA)

-Bueno, ¿qué?

¿No me vas a decir nada?

-¿De qué?

-De mi olor.

(OLFATEA) -Si no huele a leche. ¿Has dejado el trabajo?

-No,

pero tengo una crema que se lleva el tufo.

-A ver. -Mira.

(HUELE)

-¡Uh! -¿No es maravilloso?

-¿De dónde lo has sacado? -Es un regalo.

Me la han hecho para mí.

-¿Quién?

-¡Ah! No te lo digo.

-¡Que Chelo tiene un admirador secreto!

(AMBAS RÍEN) -Que no. No digas tonterías.

Por cierto,

cuando volvía de la vaquería he vuelto a ver a ese hombre.

-¿Qué hombre?

-Ya sabes.

-¡Ay, Dios!

Y, ¿te ha hecho algo? -No, nada.

Iba con mi tío Marcelino y le ha parado los pies.

Ha empezado a soltar requiebros y no veas qué miedo.

-Debes tener muchísimo cuidado. -(ASIENTE)

-Si un día vas sola y lo ves, sal corriendo.

-¿Y tú?

¿Cómo estás?

-Bien.

Algo mejor.

Pero te pediría que ya no hablásemos más del tema.

-Lo siento. -No te preocupes.

Pero es que he decidido olvidarme de lo que pasó.

Quiero pasar página y si hablamos tanto del tema,

no me va a resultar nada fácil.

Te parecerá un poco raro pero...

Es lo que he decidido. -No.

Me parece admirable la fuerza que tienes, la verdad.

Te prometo que intentaré no volver a hablar de ello.

(CARIÑOSAMENTE) -Gracias.

Cinematógrafo

¿Estás cansada, Almudena?

-Estoy bien.

Al final tanta visita...

Mira a ver si tiene fiebre.

-Ven. -No, no tengo fiebre.

Deberías estar en la cama.

-Por favor, papá. ¿Puedes dejarla cenar tranquila?

-Ya queda poco para que pongan los puestos de Navidad.

-¿Podemos cambiar de tema, por favor?

-Si siempre te han encantado los puestos de la plaza mayor.

-Pues, por eso mismo, mamá.

Porque no voy poder ir a verlos, ¿no?

Prefiero no oírlos nombrar.

-Pero, ¡qué tontería! A ver si vas a tener fiebre.

-¡No estoy delirando, madre!

Estoy más lúcida que nunca.

¿Hasta cuándo pensabais seguir engañándome?

¿Engañándote? ¡Qué tonterías dices!

-No insistas, mamá. Es ridículo.

Cállate, Jaime.

-¿Un resfriado?

(ENFADADA) ¿Un resfriado te impide caminar?

¿Te produce estos dolores en las piernas,

estos ahogos? -No lo sabemos.

Nosotros no somos médicos, cariño.

Lo único que sabemos es que debes cuidarte.

-Quiero saber qué han dicho los médicos.

Quiero ver los resultados. Ya está bien.

Estás agotada. A la cama. -¡No!

Basta de mentiras y basta de historias ridículas.

Ya no es una niña. ¡Que te calles y te sientes!

Es su vida.

Música de tensión

Tiene todo el derecho a saber qué le pasa.

Si no se lo decís vosotros, se lo diré yo.

Pequeña, por favor, abre la puerta.

-No, no te pienso abrir.

¡Y si intentas abrir me tiro por la ventana!

-Le pido que nunca más ponga los pies en mi casa.

Doña Eulalia, yo... ¡Ni mi marido!

Ni mi marido conseguirá que vuelva a mi casa.

Ni con las clases de francés ni con nada.

-Es que tu Marcelino es un punto y aparte.

Si yo tuviera a alguien como él,

otro gallo me habría cantado.

Y te lo digo con todos mis respetos. -Sí, sí.

-Mira, aparte de bien parecido,

se le ve de otra pasta.

-Y te voy a decir más.

Un hombre capaz de hacer feliz a cualquier mujer.

-Asunción, baja a la portería.

-Deme una oportunidad. Solo voy a la puerta.

Si no quiere abrir, me marcho.

-He dicho que no.

-Igual...

Es mejor que no llegues al parto, prima.

Para no tener que comprobar si te mueres o no.

-Debería ir a hablar con nuestro notario.

Para que Andrés deje el tercio de mejora de la herencia a la niña.

Porque la niña necesitará mucho más dinero que Jaime

cuando no estemos. -Háblalo con Andrés.

-Andrés está muy ocupado.

Iré a hablar con él hoy mismo.

Amar en tiempos revueltos - T6 - Capítulo 56

24 nov 2010

Andrés consigue sacar a Gloria de su casa y obliga a Adelina a que la devuelva al internado antes de que empeore las cosas. Gloria sigue interesándose por el pasado de su madre. Le llama especialmente la atención la distante relación que mantiene con Joachim. Atenazada por el miedo a no tener una buena acogida de su tía, ya que encontrarse con ella significa revivir la muerte de sus hijos en Rusia, Irene no sabe si acudir a la cita. El estado de Almudena, ajena a la verdadera dimensión de su enfermedad, hará que Irene se replantee sus dudas produciéndose finalmente el emotivo encuentro final con su tía Úrsula. Almudena no es consciente de su verdadero estado hasta que unas amigas del colegio, que han ido a hacerle una visita, destapan la verdad. Almudena termina estallando son sus padres. Consuelo, asustada por la presencia de Carreño, estrecha lazos con Luci y con Joachim, que le ayuda a superar su problema. Carreño sigue rondando el barrio y planea un golpe para hacerse con los bienes de su familia.

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