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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1467 - Ver ahora
Transcripción completa

No he sabido amarle como se merece.

Algo malo habrá hecho él.

Que no, toda la culpa es mía,

por eso, me tengo que ir sin darle más explicación.

¡Cálmese, don Aurelio!

Si da muerte a su esposa, nadie le librará del patíbulo,

aquí no tiene la protección que podría tener en su tierra.

No merece la pena que lo pierda todo por ella.

Te voy a echar mucho de menos. -Gracias.

Pero sería un asesinato a sangre fría.

Como los que han perpetrado.

Mi prioridad es acabar con la vida de David Expósito

y, no hay nada más que hablar. ¿Lo ha entendido?

He conocido a una mujer,

me atrae su fuerte carácter y su franqueza, me recuerda a ti

en ciertos aspectos. Tal vez, debería...

de dar el paso y lanzarme, pero...

no quiero dejar de honrar tu memoria.

¡David!

¡Que se lo llevan a punta de pistola! ¡David!

¿Qué sucede? -Se llevan a David.

¿Por dónde? -Por favor, Jacinto.

¡David!

Fabiana, le voy a poner un trozo de tocinillo murciano,

Eso es gloria.

Eso sí, lo tiene que cortar muy fino,

se le va a deshacer en la boca.

Ya. Dile tú a Servando que se coma el tocino fino.

A él lo único que le gusta fino es el papel de liar,

lo demás, cuanto más gordo, mejor.

Pa eso está usté, Fabiana, pa ilustrarle.

Señora, por Dios, ¿qué le pasa? -Fabiana, que se ahoga.

Eso es un ataque de asma, ya verás.

Está mu sofocá. -Mira, marcho a escape a la pensión,

ahora mismo le traigo una tisana.

Lolita. -Espera.

Dime qué ha pasao. ¿Don Aurelio?

No. -No.

¿Quién entonces, David? ¿No se ha presentao?

Se lo han llevado. -¿Cómo?

¿Adónde? -¡Se lo han llevado!

No puede ser. Sosiégate. -Se lo han llevado a la fuerza.

-¿Pa qué? -No lo sé.

Le han puesto una pistola en el costado y se lo han llevado.

Eso es un secuestro, Valeria.

Eso es cosa de don Aurelio, por lo de los locales.

Don Aurelio se lo quiere hacer pagar.

No. -Si no es Aurelio, entonces ¿quién?

No lo sé. Ha sido todo muy rápido,

pero he visto a alguien vigilando.

El jefe. Ese era el jefe, te lo digo yo.

Lolita, era Fidel.

¿Quién? ¿Fidel Soria?

Te lo juro, lo he visto.

Imposible, te has tenido que confundir.

No. Te juro que Fidel estaba con esos hombres.

No puede ser.

Te has puesto nerviosa viendo cómo se llevaban a David.

No. (RESPIRA AGITADA)

Está bien, está bien.

Yo trataré de enterarme.

Por favor, pregúntalo, verás cómo no me he confundido.

-Tranquila, lo aclararemos.

Ya está.

Tome, hija, bébaselo todo.

¿Te has enterao de lo que le ha pasao?

(BALBUCEA)

-(VALERIA RESPIRA AGITADA)

(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Don Felipe, según su currículo,

este enfermero está curtido en mil batallas.

Sí, así es.

Parece que tiene mucha experiencia con todo tipo de pacientes.

Y algunos más complicados que otros.

Algo así como yo.

Yo no he dicho que usted sea un paciente conflictivo.

Doctor, puede que ahora no, pero lo he sido.

No voy a negar que ha tenido sus momentos de zozobra

y ha estado a punto de llevarse por delante a algún enfermero.

Debo reconocer el mérito de todos aquellos

que han tenido que aguantar mis manías, que han sido muchas.

Aunque sea parte de su trabajo,

agradecerían este reconocimiento.

¿Cuándo se incorporaría el nuevo enfermero?

Si es que nos decidimos por él. Pues cuanto antes.

Me parece una buena elección. Creo que se llevarán estupendamente.

No van a tener ningún problema.

Si usted está seguro con la elección,

me quedo tranquilo. Sí, le conozco personalmente,

ha hecho guardias en el hospital...

Es un profesional serio, ¿entiende?

Veo que son todo virtudes.

Se lleva perfectamente con los enfermos.

Va a terminar siendo más su amigo que su cuidador.

Doctor, gracias por preocuparse por mí,

pero creo que debo pedirle disculpas

por lo que le voy a decir.

Verá,

necesito unos días antes de decirle a este enfermero

que puede empezar.

Pero ahora mismo, está sin atención.

Lo sé, doctor,

lo sé, pero...

quiero darle un margen de tiempo a Dori,

aún guardo esperanzas de que todo se pueda arreglar.

No quiero meter presión,

pero un enfermero con estas características

le pueden contratar de un momento a otro.

Doctor, lo sé. Correré ese riesgo.

Tomaré la decisión lo antes posible.

Tómese el tiempo que necesite.

Está claro que está hablando más con el corazón que con la cabeza.

¿Me equivoco? No, no se equivoca.

Mis sentimientos por Dori son tan intensos,

que ni yo mismo soy capaz de expresarlos.

Desde un punto de vista humano,

le digo que eso es amor

y, desde un punto de vista médico, también.

Supongo que es la mejor forma de llamarlo.

Ay, las mujeres...

Poco o nada puedo decirle o criticarle al respecto.

En fin, doctor, gracias por su preocupación.

Esperemos que el enfermero acepte la prórroga.

Y usted, aligérese, don Felipe.

Ya más que por el enfermero, por su salud.

Tomaré una decisión lo antes posible.

Con Dios. Y cuídese.

Con Dios, doctor.

No debería salir todavía. Necesita usted más reposo.

Ahora descanso en el sillón.

El esfuerzo ya está hecho y le puede costar la salud.

Preferiría que no me des consejos, está fuera de lugar.

Lo hago con toda mi buena voluntad.

Es lo que le diría a mi madre.

O a mi hermana.

Estoy harta de yacer tumbada en la alcoba.

Siento que no me entero de nada,

como si estuviera perdiendo el control.

No tiene usted nada que controlar. Todo marcha bien por aquí.

Es suficiente.

Necesito salir al menos al salón, y en el salón estoy.

Guárdate tus observaciones para ti.

Pero a lo mejor me la cargo con el señor...

Deja de atosigarme.

Daré la cara por ti si es necesario.

Lo será.

¿Quiere que le traiga un caldito o algo?

No, ya te diré si necesito alguna cosa.

¿Está usted bien?

Me duele el cuello, aquí, como en el nuca.

Le pondré un cojín.

Despacio, que sigo teniendo mareos.

Menos, pero ahí siguen.

Y el dolor de vientre no cede.

Si le dice eso a Marcelo, sí que me la cargo.

¿Qué es lo que no debo saber?

¿Y qué hace la señora aquí? -Ya le he dicho yo...

Le he pedido que me levantara, no soporto más la cama.

Con todos los respetos, señora,

al señor no le gustará lo que está haciendo.

Sabemos que es usted fuerte, pero no puede tentar a la suerte.

Luzdivina, llévala de vuelta.

No es usted quién para ordenarme nada.

Creo que no se ha mirado al espejo, señora,

su aspecto no indica que mejore.

Si insiste en poner en riesgo su salud,

me veré obligado a llamar al doctor Quiroga.

No, olvídese del doctor.

Ya tengo bastante con usted y sus prescripciones.

Mientras usted llega, le mulliré el colchón.

Luzdivina,

cuando me acuestes, ves al despacho y me traes el libro

y un álbum de retratos que está en los anaqueles acristalados.

Esos anaqueles están cerrados con llave, señora.

Te la daré. Está en el cuarto.

(Puerta)

Casilda, gracias por echarme una mano.

No hay de qué, señor.

El guiso ya está humeando.

Huele de maravilla. Mejor sabrá.

No lo dudo.

¿Sabes?

A veces, me avergüenza no tener ni idea

de los quehaceres domésticos.

Suerte que no ha tenido necesidá de aprenderlos.

Los tiempos cambian.

Debería adquirir nociones domésticas, al menos, de cocina.

Perdería empaque si se pusiera un delantal.

¿Tú crees?

Cada un vale pa lo que vale.

Usté es un abogao reconocío que no sabe freír un huevo.

Y yo soy una criada que borda el guiso de bacalao

pa chuparse los dedos,

pero luego, me encerrarían a to los defendidos.

Cada uno a lo suyo.

Casilda,

¿has sabido algo de Dori?

Nones, por eso estoy aquí.

Gracias.

(Puerta abriéndose)

Casilda, ya te puedes marchar.

Te lo agradezco de corazón.

-Me ha salvao la campana. Si me retraso una miaja más,

menuda la bronca de doña Rosina, bueno, o de la hermana.

O de las dos.

En fin, me marcho.

Con Dios. -Con Dios.

Perdona por haber tenido que enviarte a Casilda de nuevo.

Dori..., he hablado con don Ignacio.

Me ha recomendado a un enfermero de fundado saber

podría incorporarse en breve.

¿Está especializado o entrenado en el mal que tú padeces?

Supongo.

Don Ignacio pone la mano en el fuego por él.

¿Cuándo vendría este enfermero?

Le he pedido unos días para pensarlo.

Por bueno que sea, no será como tú.

Dori...,

tienes unos días para recapacitar.

Si no lo haces, pensaré que nunca me has querido.

O que yo me engañé con respecto a tu amor.

Don Ramón, ¿se ha enterao?

¿De qué? ¿Del secuestro?

¿Qué? Han secuestrado a David Expósito

a punta de pistola y delante de Valeria, en la calle.

Tranquilízate y explícate, Lolita.

Han secuestrado a David, y uno de esos hombres era Fidel.

Explicao.

Por el amor de Dios, no digas barbaridades.

¿Qué tiene que ver Fidel con David Expósito?

Y yo qué sé, don Ramón.

Pero Valeria le ha visto, como le veo yo a usté.

Tranquilízate y cuéntame las cosas con más sosiego.

¿Valeria dice que ha visto a Fidel secuestrando a David?

Sí, cuando se lo llevaba a punta de pistola.

Esa mujer estaría muy nerviosa,

sería incapaz de identificar a nadie.

Eso le he dicho yo.

Pero ella está muy convencía.

Y hay algo más que he averiguado.

He intentado dar con Fidel y no está en ningún sitio.

Ni en el despacho, ni en su casa, ha desaparecido.

Pues no sé.

Puede que esté en una reunión o inmerso en un caso,

o que haya tenido que salir de viaje.

Ahora que lo recuerdo, eso me dijo, que tenía que salir de la ciudad.

¿Adónde?

No sé, no me dijo a dónde. Pero tenía que salir de la ciudad.

Lolita, por el amor de Dios,

¿cómo va a estar Fidel inmerso en un secuestro? Qué locura.

Pues Valeria no se va a apear del burro.

Parece tranquilita, pero es muy cabezona.

Piensa un poco, mujer,

¿qué podría tener Fidel contra David?

Puede que ni se conozcan.

No sé, don Ramón, yo ya no sé na.

Voy a la mantequería, que con suerte me entero de algo más.

(Puerta cerrándose)

(GRITANDO) ¿Por qué? ¿Por qué?

Al jurado le gusté.

Eso estaba claro, pero ¿cómo lo sabes?

Mi tío Liberto ha hablado con el secretario del jurado,

y le ha dicho que quedó encantado con mi forma de bailar.

Y eso no es todo, el resto de miembros también estaba de acuerdo.

Eso es fantástico. ¿Ves como tenía razón?

Díselo, Azucena, todos menos uno.

Sí, es cierto.

El secretario le dijo a mi tío que se quedó muy extrañado

cuando uno de los miembros me dio una nota muy baja.

Tan baja, que la dejó fuera de la selección.

Esto es un tongo y una estafa, lo supe desde el principio.

Bueno, no pierdas la compostura.

Ven.

Uy, uy, uy, dispérsense.

Casilda.

-Lo de las manitas lo he pasao,

pero un abrazo así, me condenaría si entra por la puerta tu madre.

¿No crees que harías más falta en la cocina?

Depende de lo que se queme.

Anda, ve.

Azucena,

tu madre me ha dejado de carabina

y ustedes dos tienen demasiá tendencia a la zalamería.

Me comportaré, te lo prometo, Casilda.

Me abro pa los fogones,

pero si veis que se caldea el ambiente como en la cocina,

acordaos de mí, que soy quien se llevará la bronca.

Estaremos atentos de la puerta.

¿Quieres que haga algo?

¿Hablar con el jurado o preguntar por ahí?

No valdría de nada.

He llamado al secretario del jurado

y me ha dicho que para la selección tiene que haber unanimidad,

o sea, que todos los ojeadores tienen que estar de acuerdo

con las seleccionadas.

Pero el que puso la nota baja iba contra corriente.

Lo hizo adrede, sin preocuparse si bailabas bien o mal.

Ya. Don Nicanor dice que ha debido haber algún error o equivocación.

O alguien falsificó las actas.

Sí, supongo que contemplarán todas las posibilidades.

¿Van a estudiar el caso?

El secretario del jurado se ha comprometido.

Pero si es cosa de los López-Saldaña,

no me salva ni la caridad.

Ellos impondrán su criterio y ya está.

No te pongas en lo peor. Anímate.

Mi abuela me ha dicho que sea optimista.

Algo me dice que se hará justicia y llegaremos al final de todo esto.

Uy...

¿No notan ustedes algo raro en el ambiente?

Mucho silencio, si acaso.

-Cierto. Además, va la gente como encogía,

como si hubiera pasado una catástrofe.

Este barrio ya no es lo que era.

Yo lo que noto es cierto tufillo en el ambiente.

Como a gasolina y neumático quemado.

Tienes tú el olfato muy fino. -Como todo lo demás.

Soy muy sensible, a la vista está.

No han terminado ustedes de contar cómo le ha ido a Azucena

la prueba para el Teatro Real.

Calle, un ardid, un engaño. -(HERMANAS RUBIO) Un pastel.

Mi pobre niña ha sido víctima de un complot muy bien urdido.

¿Qué le vamos a contar a usted, Bellita?

Usted sabe cómo va el mundo del arte y los artistas.

Por suerte o desgracia, lo conozco mejor que bien.

Cuando estás en la cima,

todo son días de vino y rosas, pero pa llegar...

Uy, pa llegar, una carrera de obstáculos y zancadillas.

La envidia, que es muy mala.

Buenos días, señoras.

Me alegra encontrarlas en mi establecimiento.

Muchas gracias y buenos días.

Un chocolate buenísimo.

Sí, muy bueno.

Que lo pasen ustedes muy bien. Las cuatro.

¿Está enfadada con él

o es que hay problemas entre Azucena y Guillermo?

Entre Azucena y Guillermo va todo como la seda.

El muchacho es encantador y está enamoradísimo de la niña.

Entonces, usted es como yo, que no traga al valenciano.

¿Tragarle?

Me daría erisipela si se me acercara a menos de un metro.

Es un soberbio, que no sé qué se ha creído.

Como todos los nuevos ricos, son así.

Exacto. Un palurdo.

Un palurdo venido a más,

un destripaterrones que no sabe cómo caminar sobre el asfalto,

un huertano con casaca de señorito.

No los soporto, de verdad.

Como suelen decir, no sirvas a quien ha servido.

¿Te estás escuchando?

¿No puedo decir lo que pienso o qué?

Lo que pienso es que tenía razón, este barrio no es lo que era.

Ahí. Todo, todo.

Todo, todo.

¿Qué tal, cómo estás? ¿Bien?

Sí, sí, Jacinto, estoy bien,

igual que hace un minuto que me lo preguntó.

Quiero que no te falte de nada.

Y no me falta.

¿Te he contao lo que ha pasao con don David y Valeria?

Yo no me he enterao muy bien,

pero según ella, se han llevado a don David a punta de pistola.

¿Adónde se lo han llevado?

Como pa saberlo. No se sabe quién, como pa saber dónde.

¿Quieres otro vaso leche?

No, no se preocupe,

que este es el segundo vaso. Estoy un poco harta de leche.

Pues... ¿Te pongo en la ventana pa que te dé el sol?

No, de verdad, Jacinto.

Que me está tratando usté como a una señora.

Quiero que te sientas bien.

No se preocupe,

me trata usté mejor que en el hotel de San Sebastián

y eso que allí no escatimaban en atenciones.

¿No sería mejor que volviera usted a sus obligaciones?

No, mujer, que el portal está atendío, no te preocupes por eso.

Es más importante tu salud y tu comodidad

que todos los portales de Acacias juntos.

Bueno... Pero luego no se enfade conmigo

si le llaman la atención por estar aquí.

Que no, mujer, que no.

¿Quieres que traiga la tabla y jugamos a las tres en raya?

¡Al 4! -¡Jacinto!

Menos mal que te encuentro.

Menuda tienes montá ahí abajo.

Están los vecinos que trinan contigo porque llevas horas ausentao

de la portería. -Lo mismito le estaba diciendo yo.

¿Y también don Ignacio? -Hombre, ese es el más mosqueao.

Dice que si desatiendes tus obligaciones,

eso es como no tener portero.

¡Baja, que te estás jugando el jornal!

¡Es que no tienen compasión!

No lo digo por mí, sino por la pobre Maruxiña.

Los señores, de boquita, mucho buen samaritano,

pero cuando se encuentran con uno, no lo saben reconocer.

Muy bien. Ahora bajas y les cuentas tus "paránbolas",

ya verás cómo te lo agradecen.

No, no, ya bajo. Bajar, bajo.

Ahora, te voy a decir una cosa,

como le pase algo a Maruxiña, no se lo perdonaré.

A los señores, digo, no a ti,

que eres más dulce que el azúcar de caña.

Anda, que bajes ya.

Voy. -Me voy a quedar sin primos.

(SUSPIRA)

Es todo corazón, el pobre.

Sí, quizás un poco demasiado.

Me tiene como a una reina. No me deja ni a sol ni a sombra.

Tiene sus rarezas.

Bueno, ¿qué tal ha ido tu viaje?

-Un deleite, de verdad.

San Sebastián me recordó mucho a mi tierra,

por eso de que llueve mucho.

Pero en Galicia lo llamamos orballo,

en San Sebastián lo llaman "chirimiri".

Chimirrichirri.

Eso, sí.

Ay, cómo me gustaría hacer un viaje, aunque fuera un viaje cortito.

Del último ya ni me acuerdo.

La próxima vez que tengamos ocasión, podemos ir juntas.

Mira, pues sí.

O los tres, porque si Jacinto está así de meloso contigo.

Sí, sí, demasiado.

Y cada vez que entra, me pregunta por don Ignacio,

por si ha subido a verme el pie.

Está tan preocupado, como si yo fuera algo suyo.

Sí que es raro, sí, que desde que le abandonó la Marcelina,

no había mostrao interés por ninguna moza.

¿Cómo, cómo, cómo? ¿Estás insinuando que él conmigo?

Pues claro, Maruxiña, no sería de extrañar,

lleva mucho tiempo sin arrimarse a una hembra.

Ay, Jesús, María y José.

¡No, Fidel, no hay excusa posible!

¿Cómo pudo dejarse ver por una testigo?

¡Y no cualquier testigo,

sino la testigo principal, la testigo de cargo!

Le ruego que contenga el tono. ¿Le preocupa mi tono?

¿No se da cuenta de que el cerco se estrecha a nuestro alrededor?

Sabía que para estar aquí hay que tener los nervios templados.

¡Quizá tendría los nervios más templados,

si hubiera actuado como un profesional,

como me prometió!

¡Lo que ha hecho es una auténtica chapuza!

Estoy haciendo un esfuerzo por mantener la calma ante sus insultos,

y no le tolero que me trate como a un principiante.

¿Por qué tuvo usted que implicarse en la operación?

Para garantizar el éxito de la misma y que no hubiera problemas.

¡Y el problema ha resultado ser usted!

No se adelante a los acontecimientos.

La ansiedad solo provoca el fracaso. ¿Qué problema hay?

¿Le parece poco haber sido identificado?

Valeria puede decir misa.

Mientras que no presente pruebas, es como si lanzara trinos al aire.

Debo reconocer que tiene usted agallas.

Me habría equivocado de oficio si no fuera así.

Pero hay que reconocer cuando uno se ha equivocado.

Si así fuera, lo solucionaremos.

¿Le he dicho ya que Lolita sospecha de usted?

Ha estado tratando de localizarle y no lo ha conseguido.

Debería de hablar con ella y neutralizarla.

Siga contándome.

Ella estima a Valeria, y cree en ella.

Yo le he dicho que usted me había contado

que tenía que cumplir con una misión

y que estaría fuera de la ciudad.

Bien, una misión... Buena idea.

Y también sería conveniente que hablara con Valeria.

Puede que le denuncie, si no lo ha hecho ya.

Cálmese. Lo haremos todo a su tiempo.

Hablaré con Valeria y con Lolita.

No hay nada como una buena explicación dicha con calma.

Ojala lo consiga usted.

No habría llegado hasta aquí de no saber lidiar con los imprevistos.

Una última cosa quiero pedirle:

cuando traigan a David,

no debería verlo aquí, le podría reconocer.

En eso estoy de acuerdo.

Yo me encargaré de custodiarlo.

¿Seguro? ¿Podrá hacerlo solo?

A mi pesar.

Salga, salga. ¡Suéltame!

-¡Venga! -¿Dónde estamos?

¿A qué huele?

¡Quítame la capucha! -¡Cállate!

¡Quítame la capucha!

Señor Palacios...

No debería haber hablado así de Pascual.

Lo ha puesto a caer de un burro.

Y delante de Bellita y Alodia.

Hasta yo me he sentido avergonzada, imagínate.

Ha dicho de él auténticas barbaridades, Liberto.

Como si no le importara que fueran a ser futuros consuegros.

No sé por qué se enfada tanto con Pascual.

Tiene su genio, como todos, pero es una bellísima persona.

Hortensia dice que quien no le conozca, que le compre.

Mira que es cabezona.

Y yo que creía que iban a congeniar.

No lo descartes.

Liberto, tú no sabes una cosa.

Desde pequeña... Había que fijarse.

Con quien peor se llevaba Hortensia,

ese era quien le gustaba.

¿En serio? -Sí.

Enfadarse con él, hacerle la vida imposible...

Era su forma de demostrar que estaba enamorada.

Mira que eso me cuadra.

Hortensia tiene tendencia a hacer todo lo contrario

a lo que haría el resto del género humano.

Deberías contener tu lengua.

¿Me vas a negar que Hortensia es un poco, solo un poquito excéntrica?

Un poco.

Lo suficiente para darle comer aparte.

Contente, Liberto,

que yo puedo estar escandalizada con ella,

pero sigue siendo mi hermana. -No me olvido.

Pero tienes que hablar con ella,

de mujer a mujer, de hermana a hermana.

Si sigue tratando así a Pascual,

vamos a sufrir, y en especial, los chicos.

Ojalá supiera cómo hacerlo.

Se pone histérica de oír el nombre de Pascual.

Solo con eso... -Busca el modo.

(Pasos)

¿Tomando el aperitivo? No me habíais dicho nada.

No se preocupe, siéntese, tengo que ir a atender unos asuntos.

Ahora que tu marido se ha ido, puedo decirlo.

Pascual me ha alterado los nervios para todo el día.

Con lo que has dicho de él, ya me lo podía imaginar.

Me he quedado corta.

(Puerta)

¿No crees que has sido en extremo inclemente?

¿"Inclemente"?

(RÍE) Me quedado corta.

Es lo que tiene una, que no es rencorosa.

Mirad, es la repuesta del señor Abelló sobre el mango limpiador.

¿Qué dice?

Ha aceptado pagar el dineral que le pidió Hortensia por la patente.

(RÍEN DE ALEGRÍA)

¡Lo sabía, lo sabía!

Nos vamos a llevar un dineral.

¿Ves cómo conozco a los hombres?

¡Nunca te pillan un farol!

Señor, tiene usted que ir impecable.

Nadie tendrá tiempo de fijarse en mi aspecto.

¿Cómo dice eso, señor?

Los momentos trascendentales nos deben pillar

siempre con nuestro mejor aspecto.

Es una prueba en el laboratorio, Marcelo,

no una negociación con un embajador.

Da igual. La ocasión lo merece.

Puede que tenga usted razón.

Es un día trascendental.

Y yo lo voy a observar todo desde la cubre.

Por fin va usted a ver cumplido su sueño.

Al menos, uno de ellos,

y hoy por hoy, el más decisivo. Hoy mismo,

el profesor Rodrigo Lluch...

hará la demostración de la sintetización del gas

en presencia de mis otros químicos

y, por fin, lo podré comercializar.

Lo que proporcionará pingües beneficios.

Sí, mientras los hombres sigan matándose unos a otros.

No debería ser tan crudo.

No cuesta nada y es de mejor tono.

Hoy no estoy para andarme con medias verdades.

A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

Ganaremos millones con un gas,

de nada vale fingir que no sabemos para que se utilizará.

Veo que se ha puesto el anillo de los Quesada.

Sí. Ojalá mi padre estuviese aquí.

Él también se lo ponía siempre que se jugaba algo importante.

Pensaba que era su anillo de la suerte.

No únicamente lo pensaba, Marcelo, estaba seguro de que lo era,

y yo también.

Y por si hubiera alguna duda, solo tenemos que echar un vistazo

al pasado de la familia,

y ver que no ha habido obstáculo que no pudiéramos superar.

Esa es la actitud, señor. Le deseo la mejor de las fortunas.

Todo saldrá a pedir de boca, no lo dude.

Ni se me pasa por la cabeza, señor.

Eh, ¿cómo está la señora?

Bien, señor.

¿Mejora?

Mejora lentamente.

¿Me oculta usted algo?

No, señor.

Doña Genoveva se recuperará del todo, lo dicen los médicos.

¿Pero? -Pero más despacio

de lo que cabría esperar.

Bueno, tampoco tenemos prisa.

Me arrepiento de lo que estuve a punto de hacer.

Fue un arrebato imperdonable.

Una cosa impropia de un hombre sosegado y reflexivo como yo.

Gracias a Dios, no llegamos a males peores.

Sí, lo hubiera lamentado mucho.

La criatura que Genoveva lleva en su vientre

es mi heredero.

Mi heredero, Marcelo,

el que garantizará que la sangre de los Quesada

continúe en el mundo. -Así es, señor.

Hay que proteger ese legado.

No le quite ojo a mi esposa.

Esa loca puede dar al traste con mi estirpe.

Así lo haré, señor, descuide.

Jacinto. Abre la puerta, Jacinto.

Jacinto.

(SUSURRANDO) Abre la puerta o la tiro abajo.

Abre, perillán, que eres un perillán.

-(JACINTO) Ya va, ya va.

-Ya va, ya va.

¿Llamaba usted, señor?

¿Que si llamaba me vas a preguntar?

Un poco más y te asalto tu cuchitril.

Disculpe, estaba limando unos tubos de cañería

y no le había escuchado.

No sé si un hombre tan sordo

es capaz de llevar una portería.

No es sordera, señor, es que limo con mucho brío.

O quizá no le quieres prestar tus servicios a los señores.

Eso es motivo de despido, Jacinto. -Oiga.

Nunca he desobedecido a ningún vecino.

Te escondes de mí como una rata.

No sé mentir, señor, se me cae el mundo encima con sus encargos.

Lo de esta mañana me lo vas a pagar. Me dejó con el culo al aire.

Y eso no es lo peor.

Lo peor es que tuve que ir de compras con Alodia.

Es bueno tener a la mujer contenta. -¿De qué hablas, maldito?

En primer lugar, no pude ir adonde yo quería,

y en segundo lugar, he pasado la tarde con Alodia.

Solo yo sé lo que significa eso.

¡Que me va a volver loco, me consume los nervios!

Lo siento, señor.

Menos sentirlo y más hacer favores.

Hoy mismo me vas a ayudar.

¿Hoy?

Puf... Lo intentaré, señor, pero no va a ser fácil.

¿Sabe qué pasa?

Maruxiña, usted ya sabe cómo tiene el pie, pobrecita mía, y claro,

seguramente tendré que estar cuidándola.

Y lo mismo, cuando usté me necesite,

no esté en la portería.

Y eso es una lástima, ¿verdad?

Claro.

¿Acaso son las criadas las que pagan tu jornal?

No, señor, pero entre nosotros nos cuidamos, caiga quien caiga.

Y tú vas a caer de morros. -Ah.

¿Qué es lo que quieres? ¿Dinero?

Yo te doy dinero, hombre.

No, no, señor. ¿Acaso le he pedío yo a usté algo?

Yo solo quiero cuidar de mi compañera.

-A las buenas.

Hombre, Casilda.

Muchas gracias, Jacinto.

Es usted la alegría de esta nuestra comunidad.

Pero siga atento, no baje la guardia.

No, señor. -Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

¿Qué ha comido este de postre, miel?

Y demasiada, que lo mismo se le indigesta.

Jacinto,

¿en qué le has ayudao para que esté contigo a partir un piñón?

Eh...

Nada, mujer, poca cosa. Que le he entregado una carta.

Mucha alharaca por una carta.

En fin, una nunca deja de sorprenderse

con las rarezas de los señores. -Sí.

Si no quieres nada más, me voy pa dentro,

que estoy lijando unas tuberías.

Tú no te vas a ninguna parte, Jacinto.

Me vas a contar ahora,

qué trajín te traes con tu compañera,

con Maruxiña?

Otra igual.

A ver, si nosotros no nos ayudamos, ¿quién nos va a ayudar?

¿Te estás enamoriscando?

¿Yo?

Sí. La verdad es que no sería de extrañar.

A falta de Marcelina,

la Maruxiña es una buena moza.

Mira que eres mal pensada, Casilda.

Mire, Servando, el amor es una cosa,

y la lujuria otra.

Pero ¿qué dices?

Pero mira qué carita.

Si es un santo, más bonito que un san Luis.

Mira qué cara.

Vamos a tomar un vino, que te convido.

Y ponte a trabajar, que alguien tiene que levantar el país.

Te he salvado como la campana. Muchas gracias.

De nada, hijo.

Sí, claro que me gusta.

Solo que podría haberlo traído usted en persona.

En Toledo. ¿Y qué hace allí?

Ah, trabajo. Natural.

¿Y piensa estar fuera mucho tiempo?

¿Se fue ayer y piensa volver mañana?

Bueno, pues en ese caso,

podría haber esperado para traerlo mañana usted mismo.

Ya.

Eh... Bueno, Fidel, espero que cuando vuelva de Toledo,

se pase por aquí.

Valeria, ¿qué haces?

En Toledo, ¿no? Es usted un mentiroso.

Le he visto esta mañana junto a los secuestradores de mi marido.

Sosiéguese. -¿Dónde está?

¿Adónde se lo han llevado y por cuenta de quién?

¿Me está tachando de loca? Sé perfectamente...

¿Oiga?

Me ha colgado.

Natural, Valeria.

Fidel está trabajando en Toledo y tú le has andado con gritos.

Es de entender que no sabes nada de David.

¿Ni una nota, ni una llamada de teléfono?

Si fuera un secuestro... -Es un secuestro, Lolita.

Y de eso vengo, de denunciar en comisaría.

¿Qué te han dicho? -Que lo investigarán.

He denunciado a Fidel como uno de los secuestradores.

¿Les has hablao de Fidel? -¿Qué querías que hiciera?

Le vi con mis propios ojos.

Creo que te has precipitado.

¡Que no! Estoy segura de que era él quien estaba con esos hombres.

Valeria, ya ves que Fidel está en Toledo, trabajando.

Me ha llamado para eso, me ha mandado un dulce de allí.

No puede ser verdad. Que no es una impresión,

es una certeza. Le vi.

Está bien, sosiégate. Todo se aclarará.

Si Fidel me dice que está en Toledo, yo le creo.

Lo mismo viste otra cosa.

¿Crees que estoy loca? -No.

¿Que veo visiones? No estoy ciega, Lolita,

eres tú la que está ciega.

Este hombre nos está engañando a las dos.

Podría preparar unas codornices escabechadas,

¿qué le parece? -Lo que usted me diga.

¿Tiene de todo?

Me falta pimienta y más vinagre.

Vamos a echar una ojeada en la despensa.

Si le falta algo, está a tiempo de ir al mercado.

De acuerdo.

(SE QUEJA)

(GRITA)

Marcelo...

Adoración Navarro Bellido. Pero prefiero que me llame Dori.

No soy partidario de tales confianzas con el servicio.

Mientras esté en mi casa, la llamaré Adoración.

Como usted prefiera.

Déjese de rodeos y dígame si piensa prescindir de mis servicios o no.

He decidido...

aceptar... eso que lleva tiempo proponiéndome.

Siempre que su oferta siga en pie y quiera seguir conmigo.

Mi implicación con usted siempre ha sido firme.

"Dori, ¿por qué me amas?".

No lo sé.

No lo sé, pero te amo.

Y yo a ti.

"Estimado Profesor Ferenzi:

"Espero que al recibo de esta se encuentre usted bien".

"Me imagino la carga de trabajo que tendrá

cuando no me ha remitido aún

las correcciones a la tesina que le envié".

"Pero no le estoy urgiendo, profesor".

"De hecho...,

le escribo por una decisión que he tomado por esa tesina".

¿Todo dispuesto?

Así es. Empezaremos cuando usted quiera.

No tenga prisa.

Déjeme saborear este momento, llevo mucho tiempo esperándolo.

Debe usted mostrarse didáctico con sus colegas.

Yo les he puesto en antecedentes,

pero sobre usted cae la responsabilidad de la demostración.

Lo haré como usted desea.

Tienen que comprender el proceso de síntesis al completo

y ser capaces de replicarlo cuando usted falte.

Aprenderán, descuide. -Más le vale.

Esa es su parte del trato.

En otras circunstancias,

ni usted ni sus químicos conocerían el procedimiento.

Este gas es una abominación.

(RÍE) Por favor.

Es usted un moralista,

lo que para mí viene a ser un cobarde.

Si la humanidad tuviera sus escrúpulos, no hubiéramos avanzado.

Está bien, olvidemos eso y pasemos a la acción.

Durante la demostración, me ayudará.

Claro, ¿qué hago?

Llegado el momento, tendrá que coger esas probetas,

comenzando por el de la derecha. Es una sustancia muy sensible.

Se puede apreciar una pequeña reacción química

en ocasiones de evaporación,

por eso, debe manipularlo con sumo cuidado, fíjese.

Marcelo...

Marcelo... (GRITA)

Ave María purísima.

-¿Qué le ha pasado?

Ha sido como si me clavaran un puñal.

Ayúdame, Luzdivina.

Señora, señora... (LLORA)

¿Puede usted levantarse?

Señora, cuidado.

(LLORA)

¡Corra a llamar al médico, corra!

Siento que se me escapa la vida.

Tranquila, señora. El médico la sanará.

Tranquila, cálmese.

¿Qué...?

¿Qué está...?

¿Qué...?

¿Qué está pasando aquí, qué está haciendo?

¡Suélteme, suélteme o se arrepentirá!

¿Arrepentirme? ¿De qué?

¿De haberle evitado a la humanidad una masacre?

No lo verán sus ojos.

Le mataré, imbécil.

¿Sabe una cosa?

El cloroformo puede resultar letal según la dosis.

Muy interesante. Lo leeré cuando esté usted bajo tierra.

Es usted un impertinente, señor Quesada.

No me costaría nada volver a aplicarle una dosis letal.

Está usted en mis manos.

¿Sabe? El cloroformo que le he administrado

me ha permitido valorar su resistencia a la intoxicación,

y alégrese, ha sacado usted notable.

Pensaba que seguiría dormido algunos minutos más.

¿Para qué quiere saber eso?

Por Dios, usted me decepciona, don Aurelio.

Le creía más sagaz.

Pero tranquilo,

si quiere que se lo explique, yo se lo explico.

Usted va a tener el privilegio de ser el primer ser humano

en disfrutar de los efectos del gas.

¿No quería verlo en acción?

Los sufrirá en su propia persona.

Y hablando de tratos, casi se me olvida,

su esposa Genoveva le manda un saludo de despedida.

Lo cortés no quita lo valiente.

Espero que disfrute de ese gas que tanto ansiaba.

(AURELIO TOSE)

"Le escribo la presente para informarle que renuncio a la beca".

Dígame la verdad, por favor.

¿Quiere saber la verdad? -Sí.

Aquí la tiene.

Lo que asegura su amiga no es más que una locura.

¿Acaso la señora ha perdido la criatura que llevaba en su vientre?

Así es.

Hay mucho que celebrar.

Sí, tenemos que brindar por el éxito de las negociones

con el señor Abelló. -Sí.

"Nueva pastelería El Dulcete".

"Especialidades de Toledo en calle Acacias 88".

¿Por qué me mentiría Fidel sobre el viaje a Toledo?

¿Qué sucede? Entre poco y na podemos contar.

Que cerca hay fuego.

-Jacinto, ¿has averiguado algo?

Sí, el incendio viene de los laboratorios Quesada.

¿Vamos o no? -Venga, vamos.

Madre mía con la María Luisa.

Estaba pensando si tanta tirria que le procesas a Pascual,

no querrá decir que realmente te gusta más que el arroz con leche.

Tienes razón. -¡Lo admites!

Pienso que debe ser usted quien lleve a cabo la ejecución.

¿Yo? Sí.

Ya que con ello, salvará la vida de su familia y la suya propia.

Pero... Arrojo, Ramón.

Piense que David

es una víctima necesaria.

Pero es inocente.

También lo es su familia, y no pueden pagar su indecisión.

Lo único que quiero saber es qué has decidido.

Se me parte el alma, Felipe.

Pero es que, la respuesta no es la que te gustaría.

Nunca lo había visto.

Ni usted ni nadie.

Al parecer, solo la señora sabía de su existencia.

¿Se ha fijado que hay una niña? ¿Quién cree que es está criatura?

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Acacias 38 - Capítulo 1467

12 abr 2021

Valeria va al encuentro de Lolita y le dice que David ha sido secuestrado por unos hombres entre los que se encontraba Fidel. Lolita no sabe muy bien qué pensar al respecto.
Por otra parte, Azucena ha interpuesto una reclamación en su valoración de la prueba que realizó, pero no sabe si servirá para algo.
Mientras tanto, Liberto y las hermanas Rubio se congratulan ante la noticia de que han aceptado su oferta por el mango limpiador.
A su vez, Aurelio acude a los laboratorios para que Rodrigo le haga una demostración del gas tóxico, sin saber que va a caer en una trampa.

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