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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1443 - Ver ahora
Transcripción completa

Si Rodrigo quiere recuperar su libertad

y la convivencia con su esposa,

deberá entregar la fórmula

y recuperar el cargo de investigador jefe para mis empresas.

Está embarazá.

Esta criatura no va a nacer.

¿Qué médico puede hacerse cargo de este asunto?

¿De verdad cree que irán a más, una vez que la policía este informada?

No lo dude, don Liberto.

Pero no sé por dónde irán los tiros.

y espero que no tenga que poner en danza su patrimonio.

Además, la operación lo merece.

No sé de otro destino mejor para mi dinero.

Valeria, no pienso esconderme ni vivir con miedo.

Si nos quedamos, nos enfrentaremos a Aurelio.

Hay que golpear primero. O escapamos...

o nos enfrentamos a Quesada.

Léalo y pregúnteme lo que no entienda.

Confío en usted.

¿Por qué arrancó las últimas páginas de su diario?

¿Estaban ya arrancadas o las arrancó cuando supo que yo iba a leerlas?

(Piano)

"Querido Rodrigo:

estos meses han sido un infierno".

"Escapaste de Barcelona sin avisarme, sin llevarme contigo".

"No te culpo, no lo creas,

sé que tus razones tendrías".

"Tu jefe, el engreído, fatuo y muy poderoso don Aurelio Quesada,

me convenció de que él mismo te tenía a buen recaudo

por tu propia seguridad".

"Solo recientemente he sabido que habías huido de él,

tanto como de mí".

"Perdona, soy injusta, vuelvo a ser injusta".

"Seguramente, no me llevaste pensando en mí,

en no arrastrarme a tus zozobras".

"Y eso te lo agradezco".

"Tengo que hacerlo, tengo que decírselo, se lo debo".

" Voy a ser sincera contigo".

"He sufrido mucho tu ausencia".

"Me engañaron para que te esperara lejos de Barcelona".

"Y me pusieron a un hombre como protector o guardián,

depende como se mire".

"Sin quererlo, sin ni siquiera pensarlo,

ha ido naciendo en mí el amor por mi guardián".

"¿Absurdo?".

"¿Estúpido? Quizá".

"Pero es la verdad".

"Perdóname".

"No te será fácil, pero te lo ruego de corazón, perdóname".

¡Soy estúpida!

¡Ni siquiera sé dónde enviarla!

(Puerta)

Buenas, Valeria.

¿Llego en mal momento?

No, no.

Dime, ¿qué has hecho hoy? ¿Has salido de paseo?

No, no he salido de casa. ¿Y tú qué has hecho?

Poca cosa.

Trato de matar el tiempo ayudando a nuestros vecinos.

Hay alguien que quiere comprar sus locales

y lo está haciendo con muy malas artes.

Esa actitud dice mucho de ti.

¿Qué puedes hacer tú al respecto? -Sencillo.

No me cabe duda de quién está detrás de tales amenazas.

Es fácil adivinar la mano de Aurelio Quesada.

Estoy dispuesto a demostrarlo y señalarlo ante los vecinos.

Diría que estás dispuesto a más,

quieres desenmascararle en todos los sentidos.

Cueste lo que cueste.

Si quieres quedarte en Acacias, yo permaneceré a tu lado.

Pero no pienso ocultarme ni seguirle el juego a Aurelio

ni un minuto más.

(Sintonía de "Acacias 38")

Contésteme. ¿Por qué arrancó las últimas páginas?

¿Quería ocultarme algo?

Está bien, le diré la verdad.

Arranqué las páginas del diario por una sencilla razón:

son las que escribí tras tu llegada.

¿No quería que leyera lo que había escrito en ellas?

Exactamente.

¿Tan mal hablaba de mí, Felipe?

No.

Era exactamente al contrario.

Has removido muchas cosas dentro mí, Dori.

Más de las que imaginas.

-"¿Estás seguro de lo que te propones?".

Aurelio puede ser un duro enemigo.

Eso y no otra cosa somos ya.

Por muy poderoso que se crea,

no pienso permitir que arruine la vida de los vecinos.

No te reconozco.

¿Qué ha sido del mercenario que se vendía al mejor postor?

¿Adónde ha ido?

¿De verdad precisas preguntarlo?

Ay, David...

Ese amor que a mí también me devora por dentro, no es lícito.

Lícito o no,

es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Yo lo siento de igual forma,

pero quizás no deberías tomar decisiones basándote

en lo que yo siento... -No, Valeria,

por favor, no continúes.

Ahora solo hay algo que importe.

¿El qué?

Esto.

Marcelo, el guiso de la cena está listo.

Justo a tiempo.

Vaya a terminar de servir la mesa.

¿Yo?

Sí, yo tendré que limpiar de nuevo estas copas.

No me queda más remedio que hacerlo yo mismo

si quiero que queden como deben.

Creí que estaban suficientemente limpias.

¿Desde cuándo nos conformamos con suficiente en esta casa?

Vaya a preparar la mesa.

¿Antes podría pedirle algo?

Mientras sea rápido.

¿Qué es lo que quiere?

Me preguntaba si sería posible que se me concedieran unos días libres.

¿Con qué motivo?

Debo marchar a mi pueblo a atender a mi madre, ha enfermado.

Eso lo cambia todo. No sabía nada.

Ha sido algo repentino.

¿Es grave?

Me temo que sí. Los médicos temen lo peor.

Lamento escucharlo.

No me perdonaría que mi madre pudiera morir sin verme antes.

Descuide. Eso no va a pasar.

Puede contar con el permiso. Yo hablaré con la señora.

Se lo agradezco de corazón. Así podré despedirme.

Espero que no sea una despedida, que su madre mejore.

Ahora, vaya a poner a la mesa.

Señora, la cena se servirá en unos minutos.

No tenga prisa, Marcelo. No creo que pueda probar bocado.

¿Sigue con su malestar?

Apenas he podido reposar durante la siesta.

Y todo por su culpa.

Apresúrate, no tenemos toda la noche.

Ya veremos cómo les sienta despertarse

con sus negocios nuevamente amenazados.

Muy bien. Es esta puerta y la ventana de enfrente.

¡Mañas!

David.

¿Qué sucede? -Nada.

Tú y yo tenemos que hablar.

¿Y... ese revolver?

Por si no quisieras escucharme.

Sigues siendo... muy convincente.

Soy todo oídos.

Dile a tu hombre que se marche. Esto es entre tú y yo.

Largo.

No te preocupes, David y yo nos conocemos de hace mucho tiempo.

Ya estamos solos.

¿Seguro que me tienes que estar apuntando con ese revolver?

Lo creas o no, me resulta algo incómodo,

y que yo recuerde, nunca hemos sido enemigos.

No.

No lo somos.

De hecho, deberías estarme agradecido.

¿Por qué?

¿Porque interrumpas mi trabajo,

o porque me hayas amenazado con un revólver?

No, por salvarte de la cárcel.

David,

esta noche pareces dispuesto a sorprenderme continuamente.

¿De la "cárcel" dices? -Sí.

¿Aurelio te encargó hacer esas pintadas

y presionar a los comerciantes de la zona?

Para él trabajo. Lo sabes de sobra.

-Ya.

Lo que ignoro es por qué tanto interés en estos negocios.

Muy curioso resultas.

Pero aún no me has explicado por qué, al parecer,

te tengo que agradecer que me hayas salvado de ser detenido.

Contéstame y lo sabrás de inmediato.

¿Qué pretende el Quesada?

Poco sé, no creas.

Mañas...

Al parecer,

va a poner en marcha un nuevo laboratorio

y, precisa de locales donde almacenar sus productos químicos.

Ya.

Yo ya he cumplido con mi parte.

Ahora, explícame qué es lo que debo de temer.

Muy fácil.

A nuestro patrón no le marchan los planes como le gustaría.

¿Crees que la policía está detrás suyo?

Exacto, no me cabe la menor duda.

Y si no, pregúntaselo a Óscar Peña.

Él ya ha dado con sus huesos en el calabozo.

Aurelio no me había contado nada.

El motivo no puede ser más sencillo, Mañas.

Necesita más cabezas de turco.

No es la primera vez que hace que otros paguen por él,

y tú, deberías saberlo.

Así que, ¿nuestro jefe me ha echado a los lobos?

Sabe que le somos leales,

que nunca confesaríamos la verdad. -Por la cuenta que nos trae.

Sabe cómo tratar a los chivatos.

Yo de ti, me cuidaría, Mañas.

No vengas más por Acacias,

ponte a resguardo por un tiempo.

Sí, al parecer, no me queda otro remedio.

Gracias por el aviso.

Eres un buen compañero.

Descuida, hoy por ti y mañana por mí.

Además,

no soporto que siempre pierdan los mismos.

¿Mi "culpa" dice?

¿Acaso he hecho demasiado ruido con mis labores en la casa?

No son sus labores las que me han desvelado,

sino sus indiscreciones.

No la comprendo.

Sin embargo, creo que me comprende perfectamente.

Mi esposo parece seguro de que me encuentro en estado

y no tengo duda de quién le ha inducido a pensarlo.

Yo solo le informé de su estado durante estos días.

No era necesario,

solo se trataba de una indisposición pasajera.

¿En esto ha quedado su promesa de ser mi fiel servidor,

en defraudarme a las primeras de cambio?

Señora, le aseguro que esa no era mi intención.

Pero no puede pedirme que no me preocupe por usted.

Le digo que no es necesario.

Permítame que disienta, señora.

Uno ya tiene unos años para comprender qué es lo que le sucede.

De nada vale negar que se encuentra en estado de buena esperanza.

Debe cuidarse.

Sé que perdió a un niño en el pasado.

¿Cómo lo sabe? ¿Quién se lo ha contado?

No veo necesario decir su nombre. El caso...

Escúcheme bien, Marcelo.

Le prohíbo que rebusque en mi pasado.

¿O acaso se lo ha pedido Aurelio?

De ninguna manera.

Si he estado indagando

era con la intención de poder protegerla.

No necesito su protección.

Hasta ahora, me ha ido bien sin su ayuda.

Un servidor leal es el que trata de adelantarse

a los inconvenientes que puedan surgirle...

No trate de justificarse. No vuelva a preguntar por mí.

Sé bien cuál es su posición en esta casa.

No puedo despedirle, pero puedo ser una terrible enemiga.

No se lo aconsejo.

Lamento haberme excedido en mi cometido,

no volverá a suceder.

Por su bien, eso espero.

Disculpe, señora,

en otro orden de cosas, hay algo que debo comentarle.

Usted dirá.

Luzdivina me ha solicitado unos días

para poder visitar a su madre enferma.

No he visto inconveniente en concedérselos.

De acuerdo, pero no le busque suplente.

Durante esos días, cocinará usted mismo.

Espero que eso sirva para recordarle cuál es su sitio.

Se me rompió el corazón al escuchar al desdichado Pascual.

Eres demasiado sensible, mi amor.

No, cariño, tendría que haber sido de piedra para no emocionarme.

Ese hombre vive solo para añorar a su difunta esposa.

Mejor hubiese hecho amándola en vida.

No deja de aconsejarme que cuide de mi matrimonio.

En eso estoy de acuerdo con él,

aunque no deberías precisar que te lo aconsejara.

Es tu deber cuidarme, soy tu esposa.

Que no lo olvido, amor mío.

Pero ya sabes lo que dice el refrán:

uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde.

A mí ya puedes cuidarme antes,

que no tengo intención de marcharme a ningún lado.

Eso espero.

¿Sabes qué?

Noto algo de culpa en Pascual cuando habla del pasado.

Creo que fue eso lo que le pasó,

que no valoró a su esposa en vida.

Por eso la echa tanto de menos.

¿Y no te contó qué fue lo que le ocurrió a la desdichada?

No me atreví a preguntárselo, le vi muy afectado.

Con tus reparos, nos quedamos con la intriga.

Ya veo que no me habéis esperado para desayunar.

No queríamos despertarte, querida.

No estaba durmiendo, sino haciendo mis oraciones matutinas.

¿Ah, sí? Pues debe rezar a base de ronquidos,

porque retumbaban en toda la casa.

¿De qué estabais hablando? -De Pascual.

Le estuvo hablando a Liberto de su esposa.

Es hombre muy sensible.

No ha sido capaz de superar su fallecimiento.

Hace mal, no debería sufrir por ella,

que piense que la pobre ha salido ganando,

así no tiene que soportarlo.

-No debería hablar así.

Le pido que no vuelva a discutir con él.

Llegas tarde, hemos tenido unas cuantas.

Yo creo que deberías disculparte con él, querida.

¿Cómo dices? ¿Tú has perdido el juicio?

Es él el que debería disculparse.

Hazlo por nosotros.

De verdad, no sé qué capricho más tonto os ha entrado.

Ya que os ponéis tan pesados,

como mucho, podría evitar su presencia.

Si lo evito, no habrá ocasión de discutir con él.

Aquí tienen sus cafelitos. Que les aproveche.

Gracias, Fabiana.

Y bien, ¿cómo han ido sus gestiones?

¿Hay novedades?

Sí, don Ramón, le traigo noticias.

Pero, como todo, las hay buenas y malas.

La dicha nunca es completa.

Empecemos, en tal caso, por las buenas.

Muy bien.

Hay varios interesados en adquirir sus tierras de Huelva.

¿Cómo de interesados?

Plenamente. De hecho, ya hay una oferta.

Eso es maravilloso.

Bueno, tranquilícese, se olvida de las malas noticias.

Poco me ha durado la alegría.

Dígamelas entonces.

La oferta que le han hecho es muy baja.

¿Cuánto?

Un 20 % menos del precio que me marcó para el lote de los terrenos.

Un disparate, el precio que usted marcó ya era bastante ajustado.

Eso pensaba al decírselo.

Tan solo le he transmitido la oferta para que viera que en solo un día,

ya tenemos un ofrecimiento de compra.

Ha hecho muy bien en comunicarme la oferta.

Tanto es así, que voy a aceptarla.

¿Acaso no me ha escuchado

que sus tierras han despertado mucho interés?

Podríamos venderlas rápido y a un precio más justo.

No quiero esperar.

Don Ramón, una operación de ese calibre requiere de su tiempo.

No va a vender las tierras en un día.

¿Por qué, si hay una oferta? Porque esa oferta no es suficiente.

Hágame caso, sea paciente. Lo lamento, don José,

pero la paciencia es un lujo que no me puedo permitir.

Pero no lo comprendo, de verdad. Tengo mis motivos.

¿Por qué correr tanto?

Tengo mis motivos, créame.

Veo que no puedo hacer nada para convencerle.

Por supuesto, la comisión que le prometí como intermediario

no se verá afectada. Eso es lo de menos,

puede creerme.

Lo que me disgusta es que no haga un buen negocio.

¿Tratamos con gente seria, de fiar? Sin ninguna duda.

Son empresarios de mucho nombre y con solvencia.

Cerrarán la operación con agilidad.

En tal caso, proceda.

Comuníqueles mi respuesta hoy mismo.

¿Está seguro?

Arrea,

¿a cuento de qué le han entrao tantas urgencias a este hombre?

No sea agorero, si no se han repetido las pintadas,

es porque la policía está haciendo bien su trabajo.

No las tengo todas conmigo.

Además, en comisaría se han negado a soltar prenda

sobre cómo va el asunto.

Las cosas de palacio van despacio.

Y ya sabe la confidencialidad que se gasta la policía.

Menos secretismo y más eficacia, eso pediría yo.

No se pueden dejar las cosas a manos de vecinos que deciden patrullar.

El caso es que no se han repetido las pintadas, ¿no?

De momento.

De momento, sí.

¿Ha podido hablar con David?

¿Por qué lo pregunta?

Me pareció que quería comentarnos algo al respecto, pero no lo hizo.

Pensé que quizás habría hablado a solas con usted.

No, no me dijo nada más hasta esta mañana.

Pasó por el restaurante para citarme a una reunión después de comer.

¿Y no le ha dicho nada más?

No.

Por cierto, le agradará saber que Hortensia no le molestará más.

¿Acaso va a mudarse a otra ciudad?

No, ya me gustaría a mí, pero no creo que tenga esa suerte.

Pero me ha prometido que no volverá a discutir con usted.

No quiero contradecirle, pero eso es como pedirle a un escorpión

que deje de picar.

Ya. No crea, algo me dice que por fin habrá paz.

Tanto ella como mi esposa están más tranquilas

una vez superadas nuestra dificultades.

Y están muy entretenidas con el pretendiente de Azucena.

Siendo así, queda una ligera esperanza.

De todos modos, me sorprende que Hortensia firme el armisticio,

se ve a la legua que es una mujer muy fiera.

Sí, doy fe de ello.

Pero quiero creer en su palabra.

En fin, no le molesto más.

Tengo cosas que hacer,

y con la conversación, se me ha ido el santo al cielo.

Yo convido. -Gracias.

Con Dios.

Buenos días.

Buenos días, señoras.

Hortensia, ¿nos tomamos un chocolate aquí?

¿Has perdido el oremus? Yo no frecuento este antro.

Temo que se me pegue la ordinariez de cierta persona.

-Hortensia...

-Esto es el colmo, la gota que colma el vaso.

Me va usted a oír. -¿Habla conmigo?

Claro que no, ¿qué cosas tienes?

Rosina, por favor, permítame.

Si hay alguien en estas calles ordinaria y maleducada, es usted,

que no le quepa la menor duda.

Ya no nos tomamos el chocolate, ¿no?

¡Rosina! Vamos.

(AURELIO SILBA)

Le encuentro extremadamente satisfecho, señor.

No me faltan motivos, Marcelo.

Mis planes van viento en popa.

Me gustaría creerlo.

¿Qué le hace dudarlo?

Los dueños de los locales de Acacias accederán a mis ofertas.

¿Y si no lo hacen? -Redoblaré la presión sobre ellos.

Acabarán firmando, téngalo por seguro.

Lo que no tengo claro es que Mañas sea el hombre adecuado

para lograrlo.

Veremos si tiene cuajo para realizar la tarea que le he encomendado,

y si no, lo sustituiré sin pensarlo.

Además, todo indica que Rodrigo no tardará en aparecer.

Se acabó la espera de tantos meses.

Cómo ve, todo va viento en popa.

Alegre esa cara, hombre de Dios.

¿Se ha levantado con el pie izquierdo?

Nada parece contentarle.

No es eso, señor. Estoy inquieto por doña Genoveva.

No está siendo nada sencillo manipularla.

Ya le dije que era un poderoso rival.

Aun así, todo enemigo tiene un punto débil,

y yo creo haber encontrado el suyo.

Ahora es a mí al que le cuesta creerlo.

Hágalo.

Si no me equivoco, creo que he dado con la manera

de obtener los negativos con los que le chantajea su esposa.

Querido, Marcelo, soy todo oídos.

¡Eh!

¡Si es que vais como locos!

No se puede ni cruzar.

Jacinto, deja lo que estés haciendo.

Tenemos tarea. ¿Ande va cargao con eso maderos?

Estos maderos son nuestro futuro, y nuestro éxito.

Si nuestro porvenir son estas maderas, no vamos a nadar en oro.

Que no, esto es para montar el tenderete

y vender el zumo de naranja.

¿Y no deberíamos probarlas antes? Pa saber lo que vendemos.

Lo que vendemos es ambrosía pura, no hace falta gastar naranjas.

Así que, arreando que es gerundio, a clavar clavos.

Vaya usté avanzando, tengo faena.

Que uno ya lo tiene todo preparado, y pensado,

algo tendrás que hacer tú. Disimula, que viene Fabiana.

¿Qué haces, Servando, que no estás atendiendo la pensión?

¿Y esas maderas?

Nada, las...

Una sorpresa.

Aquí el Servando, que le va hacer un regalo.

¿Eh?

¿Y qué presente me vas a hacer con cuatro tablones, un cadalso?

Calle, Fabiana, no le dé ideas.

Mirad, por ahí aparece la señorita Azucena.

Menudo "haiga" se gasta su novio.

De novio na, dejémoslo en pretendiente.

Bueno, por algo se empieza.

Y hay que reconocer que es buen partido.

El heredero de los López-Saldaña na menos.

Así piensan las hermanas Rubio,

están más ilusionadas con el muchacho que la señorita.

A las buenas, señorita.

¿Ha disfrutao usté de su paseo?

Sí, Fabiana, hace un día precioso.

Azucena, no debería ser tan efusiva con el servicio.

Hay que enseñarles cuál es su lugar.

Ya, no. Es que son vecinos.

Se rebaja usted considerándolos así.

Ángel, tenemos que subir,

mi madre y mi tía nos aguardan para tomar el té.

Seña Fabiana,

mejor será que me adelante por la escalera de servicio.

Es a mí a quién me toca servirles el té.

Ve, hija, ve, anda.

Esperemos que Casilda tenga razón y ese noviazgo quede en nada.

Por mucho parné que tenga, ella no se merece semejante lechuguino.

Y menudos aires se pega el pollo, unos aires que resfrían.

Ni nos ha mirao.

Con lo alegre y simpática que es la señorita.

Y a to esto,

¿saben dónde está Lolita? No está en la mantequería.

Hace un rato que la vi entrar en el restaurante.

Gracias, Jacinto. Voy a ver si la encuentro.

Y... Bueno, bueno, hala.

Basta ya de palique. Pongámonos a la faena.

Trae un martillo. Ahí, venga. Voy a por las herramientas.

Más salero, hombre, hombre.

Dios, qué poco nervio tiene este hombre.

Oye,

nos ha quedado niquelado. El esfuerzo ha merecido la pena.

Si usté no ha hecho na, ha venido usté de miranda.

De miranda nada, que yo he estado supervisando.

Tú no sabes lo agotador que es verte clavar clavos.

Y todavía no hemos ni empezao. Ponte a exprimir naranjas.

Deje que me tome un zumo pa recuperar el resuello.

Si tienes sed, ahí tienes la fuente,

que el zumo es pa venderlo.

Caballero, señora, prueben nuestro exquisito zumo de naranja.

¡Recién traídas de la huerta valenciana!

¡Zumo y alegría, eso es lo que tenemos!

¡Zumo y alegría! Caballero, no se vaya.

¡Zumito recién exprimido! ¡Alegría y zumo para sus vida!

Doña Bellita, le convido a un zumo. Coja usté.

Te lo agradezco, Servando, la verdad es que tengo algo de sed.

Claro.

Eh.

Uy, qué cosa.

Tenías razón, es delicioso, Servando.

Pues nada, muchas gracias.

¿Adónde va usté?

Ya que te interesa tanto, hijo, a mi casa.

Pero alguien tendrá que pagar el zumo.

¿No me habías convidado a probarlo? Ahí le ha dao.

Le he convidao a probarlo, pero se ha bebido el vaso entero.

Alguien tendrá que pagarlo.

Anda, anda y toma, que tienes más cara que espalda.

Muchas gracias.

¡Caballeros, señoras, acérquense a probar un rico zumo...!

Doña Bellita, ¿qué hace aquí? ¿Acaso quiere otro vaso?

No, lo que quiero son mis vueltas, gracioso.

Ah, no, me ha dao el dinero justo.

¿Me estás diciendo que el vaso de zumo cuesta semejante dineral?

Oiga, doña Bellita, ¿usté me está diciendo que va a poner precio

a los rayos de sol que caen en la huerta valenciana?

Mira, por ese dinero me podría haber llevado el sol entero

y me Albufera.

Será gracioso. Ni que yo fuera Alodia con el piano.

Digo. Vamos...

Caballero, pruebe el verdadero jugo de Valencia.

Rico zumo de naranja fresquito. Ese zumo que no podrán olvidar.

¡Salud en estado puro!

Ahí lo tiene. Pruebe, señora, pruebe, pruebe.

Perdonen.

Perdón.

-Arrea, pero si están vendiendo zumo.

¿Quiere un zumito? Le hare precio especial.

No, Servando, lo que quiero es una explicación.

Les regalé las naranjas para ustedes,

no para que hiciesen negocio.

Ahora entiendo por qué mi hijo no quería darles ni un saco.

-Pero ¿es que no tienes vergüenza?

Te has aprovechao de la generosidá de nuestra vecina.

Mujer, tampoco es eso. ¿Cómo que no?

Vamos a ver, teníamos pensado darle parte de las ganancias.

¿Ah, sí? Sí.

Si yo no quiero nada. Ah, pues mejor, asunto zanjado.

¡De zanjado na de na!

Ahora mismo vas a recoger el tenderete.

¿Y qué hacemos con este zumo?

Lo que saques, lo donas a la iglesia, pa los pobres.

¿Y no podemos quedárnoslo nosotros?

Que pobres, lo que se dice pobres, no somos,

pero tampoco estamos muy boyantes.

Nada, nada, nada, se lo damos a los pobres.

Jacinto, recoge el tenderete, anda.

Es que esto es un no parar, de verdad.

Esta fotografía es de mi boda con Celia.

Sin duda, fue...

uno de los días más maravillosos de mi vida.

Celia era una mujer muy hermosa.

Sí.

Fue una esposa excelente.

Y una madre maravillosa para Tano.

Si me hubiesen dicho aquel día

las penurias que nos reservaba el destino, no lo hubiese creído.

Lo rápido que iba a perderla.

Pero seguro que antes de eso vivió días muy felices a su lado.

No, los suficientes, Dori.

Mi matrimonio no fue todo lo dichoso que pudo ser...,

y todo, por mi mala cabeza.

Cuando murió, todo fue dolor.

Se me han brindado muy pocos días de paz.

Quizás debería pensarlo al revés.

¿Al revés? Sí.

No te comprendo.

Asegura que fue feliz porque ignoraba la desdicha

que le aguardaba. Sí, así es.

Y ahora no puede serlo, porque está a la espera de más amargura.

¿Y si fuese al revés...

y en su futuro tan solo le esperaran alegrías?

Ojalá pudiera pensar así.

¿Qué se lo impide?

La experiencia que me han dado los años.

Si algo he aprendido es que, por mal que estés,

siempre puedes empeorar.

Ya no creo en cuentos de hadas.

Felipe, puede ser muy real.

Tiene que darse la oportunidad de volver a ser feliz.

Se lo merece.

Todos lo merecemos.

¿Puedo hacerte una pregunta?

Claro.

¿Qué soy yo para ti?

¿Cómo dice?

¿Por qué haces todo esto por mí?

Porque es mi trabajo.

Y lo aprecio.

Y, además...,

usted mismo lo ha dicho,

no supo aprovechar la felicidad,

y quizás, ahora la tenga frente a sí.

Bueno,

creo que por hoy ya basta.

Le dejaré la comida preparada y subiré al altillo a descansar.

A las buenas, Fabiana. ¿Qué hace sola? ¿Y el resto?

Supongo que estarán al caer.

Anda, siéntate conmigo, hija.

¿Has podido hablar ya con tu suegro?

No, aún no.

¿Y esa tila?

Pa los nervios.

Menuda me ha liado Servando.

¿Te puedes creer que se ha puesto a vender las naranjas

que le regaló la señora Inma con su buena voluntad?

Ay, de Servando me lo creo todo.

Pero ahora me cuesta creer que haya podido hacer una cosa así.

No debería sorprenderse tanto, después de tantos años...

Tienes más razón que un santo,

que ya debería saber que es capaz de hacer cualquier barrabasada.

Además, pensaría que era un negocio de mucho éxito.

Espero que la señora Inma no se haya ido de la lengua con su hijo.

Si Pascual nos dice algo, me muero de la vergüenza.

Ay, tranquila, Fabiana.

Buenas tardes. ¿Desean tomar algo? -Buenas.

No, muchas gracias.

Por ahí vienen.

¿Qué querrá contarnos David con tamaña urgencia?

Pronto nos enteraremos.

-David, Valeria.

Aquí nos tiene. ¿Por qué quería vernos?

Verán, Servando me pidió que les ayudara

para descubrir quién estaba detrás del acoso que están sufriendo.

David ha averiguado quién trata en realidad de hacerse con sus locales.

Servando se otorgará el mérito cuando se entere.

Anoche, encontré a dos hombres a punto de hacer unas pintadas

en la pared de atrás del restaurante que da al callejón.

Llegué a tiempo de impedírselo.

¿Pudo ver quiénes eran? -Sí, sí.

Uno de ellos era Luis Mañas.

-No me sorprende nada.

Todos sospechábamos que tras las amenazas estaba ese truhán.

Quizás les sorprenda más que Mañas es solo un hombre de paja.

Hay alguien tras sus movimientos.

Sí, le presioné para que me confesara para quién trabaja.

¿Y pa quién trabaja?

Hable ya, que nos tiene con el alma en vilo con tanto misterio.

¿Es alguien que conozcamos? -Sí, Lolita, me temo que sí.

Se trata de Aurelio Quesada.

Es él el que quiere adquirir todos los locales.

Y el que ordenó que os presionaran hasta haceros vender.

Que no y que no, no sé cuántas veces tengo que volver a repetirlo.

Me aseguró que no iba a discutir con él, que iba a ignorarlo.

Y así lo intenté, el que no me ha ignorado es él.

Poco ha durado la paz. Ha vuelto a discutir en plena calle.

¡El que ha discutido es ese tabernero de tres al cuarto!

¿Quiere bajar la voz? -Yo me he limitado a defenderme.

Es cierto que Pascual no se quedó callado,

pero tú empezaste, Hortensia. -Era fácil de adivinar.

¿Tú de qué lado estás? -Del de la verdad, nada más.

No. Aquí la única verdad es que no entiendo

vuestro empeño en defender a ese maleducado.

¿A qué se debe este cambio de parecer?

No hace mucho opinabas como yo, ¡que el naranjero es un miserable!

Sí, pero luego,

pues la gente cambia, y él me ha demostrado que no es así.

¿Cómo? ¿Cómo te ha demostrado que no es así?

Pues...

Ya está bien.

Don Pascual no es ningún miserable, sino un amigo generoso y bueno.

Me asombra ¡tu incapacidad para juzgar a las personas,

muchacho!

¿Ah, sí?

¿Quiere saber por qué Rosina ha cambiado de opinión con Pascual?

No lo quiere saber. -Sí quiere.

-Sí, quiero. -¿Quiere saberlo?

-No. -Yo se lo voy a decir. Rosina.

Don pascual nos prestó desinteresadamente

el dinero para salvar su finca.

Por eso.

¿Es eso cierto, Rosina?

¡Quita!

Uy, Liberto. -Tenía que saberlo.

(RESOPLA)

Qué pesado este hombre.

Lolita. Don Ramón.

Quería comentarle una cosa.

Espera, yo también quería comentarte algo.

¿Es cierto que quien está detrás del intento de compras

y de las amenazas es Aurelio Quesada?

Sí. Así nos lo ha asegurado, David.

Y yo confío en el esposo de Valeria.

Es lamentable que un vecino nuestro pueda actuar de forma tan rastrera.

Pero la verdad es que no me sorprende.

Ese hombre y Genoveva son capaces de todo.

Don Ramón, quería comentarle algo.

Me ha llegao que anda negociando la venta de las tierras de Huelva.

¿Quién te lo ha dicho?

Esa no es la pregunta. La pregunta es si es cierto.

Así que, es verdad.

No lo comprendo,

pensaba que esas tierras tenían un valor sentimental para usted.

Hace tiempo que tales cosas han dejado de importarme, Lolita.

También me han dicho que parece tener mucha urgencia por venderlas.

¿A cuento de qué?

Te exijo que me cuentes quién te ha ido con esos chismorreos.

Que no voy a contestarle a eso.

Entonces, supongo que no esperarás que te conteste yo.

¿Acaso estamos pasando alguna dificultad económica

que le hace buscar efectivo con tanta celeridad?

En asuntos de negocios,

nunca he tenido que dar explicaciones de mis acciones.

Es mi dinero y lo quiero reinvertir.

Eso te debería ser suficiente, tendrás que conformarte con ello.

Con Dios. Buen día.

Celebro tanto haberle dicho la verdad a nuestros vecinos.

Ha sido un alivio señalar a Aurelio. -En cierta forma,

es como si te hubieses desmarcado por completo de él.

Así es.

Sé que montará en cólera cuando se entere,

pero estoy preparado para enfrentarme a él,

no le tengo miedo, Valeria.

David...,

estoy tan orgullosa de ti.

Por fin se acabaron las mentiras y las simulaciones de antaño.

Sí, empezando por nosotros dos.

¿Te das cuenta? Por primera vez,

a ojos de los demás somos lo que queríamos aparentar.

Una pareja enamorada... y feliz.

Sí.

Y por primera vez, vamos a actuar como tales en plena calle.

(SOLLOZA)

(SUSPIRA)

yo tampoco supe aprovechar la felicidad que se me brindaba.

Una felicidad que ahora tienes frente a ti.

¿Qué hace aquí?

Está claro.

He venido a buscarte.

He venido a preguntarte...

lo que antes no me atreví.

Dori, ¿por qué me amas?

No lo sé.

No lo sé, pero le amo.

Y yo a ti.

(EXHALA)

Queridísimo profesor Lluch,

sea usted bienvenido.

Ya me ha informado Cuevas

de que su esposa ya le ha dado la bienvenida.

Celebro que tuviera en cuenta mis consejos,

y que antes de venir diera un rodeo por Acacias.

Habrá visto con sus propios ojos cuál es la situación.

No le engañaba cuando le aseguré que tenía que volver de inmediato.

El amor de su esposa peligra.

Me temo que ya es tarde para recuperarlo.

Dejé atrás a Valeria para... protegerla

de la persecución de Aurelio,

nunca pensé que la estaba arrojando a los brazos de otro hombre.

Me sorprende, profesor,

¿va a rendirse tan fácilmente?

No todo está perdido.

Parece olvidar que Valeria sigue siendo su esposa.

Mañana tendrá usted su dinero.

Iré al banco y le conseguiré la cantidad en efectivo.

Su dinero dará sus frutos.

Haremos una redada en la que esperamos trincar

a un par de elementos.

Le ofrezco comprar la voluntad de su rival

y devolver a Valeria a sus brazos.

Algo querrá a cambio.

Quiero la fórmula del gas tóxico que desea Aurelio.

En una de las revistas sortean un viaje a San Sebastián.

A Maruxiña le gustaría ir.

Sería un sueño para mí ir a un balneario de lujo.

Por suerte, yo no tengo que participar para ir a un balneario

con mi esposo.

Por no hablar del baile del casino.

Si alguien tiene que ir al baile, soy yo, con mi esposo.

No dejan pasar a cualquiera.

Hubiera utilizado una persuasión más pacífica

y no sus métodos de gánster.

Un error que has repetido con David y Valeria,

por no hablar del profesor Lluch.

Reconozco que me he equivocado.

Felipe, nuestra relación tiene que ser meramente profesional.

Ciñámonos a eso.

"¿Qué hace mi suegro por las calles?".

-"Creo que iba al banco". -"¿Al banco, pa qué?".

-"Pa sacar dinero".

Le he dicho que le devolveré hasta la última peseta.

A partir de ahora, voy a ponerme manos al asunto

para conseguir dinero

¡y devolvérselo todo a ese naranjero arrogante!

Tengo que interrumpir este embarazo.

Necesito las señas de un médico que se pueda hacer cargo.

Ahora mismo, yo no puedo ayudarla.

Si no accede a mi demanda le contaré a su esposa

sus infidelidades.

Ya se lo advertí, no pienso repetírselo.

¿Y para qué iba a querer Aurelio mi mantequería?

O la pensión Buena Noche.

-Aurelio Quesada,

no quiere montar un laboratorio, sino usar sus locales como almacén.

-No, ni laboratorio ni almacén, los dos son muy peligrosos.

Hay que impedir que este individuo campe a sus anchas.

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Acacias 38 - Capítulo 1443

08 mar 2021

David coge a Mañas por banda y le obliga a confesar. El esbirro de Quesada le revela que Aurelio está detrás de la operación inmobiliaria. David hace partícipes a los vecinos de esta información.

Mientras tanto, Hortensia decide evitar a Pascual para no pelear, pero al final para nada ya que el comerciante de naranjas y la hermana de Rosina vuelven a tener otro encontronazo.

Por otra parte, la tensión entre Dori y Felipe llega hasta tal punto en el que ambos se besan.

Genoveva recibe a Rodrigo tras su llegada a España.

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