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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1442 - Ver ahora
Transcripción completa

No, si no no puedo negar que sea un buen chico,

pero no puedo ir contra mi corazón, y no siento ni frío ni calor.

Verá, tengo unos terrenos en la provincia de Huelva

que he decidido vender.

Tengo un primo por esas tierras que es un lince para los negocios.

Tienen que ser muy discretos,

no quiero que Lolita se entere de esto.

-"Se trata de un telegrama".

"Localizado profesor Lluch en Marburgo".

Es una suerte que haya topao con Dori.

Ojalá tengas razón y sea más limpia que el agua del manantial,

"pero yo ya tengo mis años, y me barrunto que algo esconde".

Todos los vecinos de Acacias se niegan a vender.

Si no venden por las buenas, lo harán por las malas.

¿Quién ha sido capaz de cometer este tropelía?

-Se han empleado a fondo.

Señor Cuevas...,

tráigalo...

inmediatamente.

Según ese telegrama que le digo, Rodrigo Lluch está en Marburgo,

en casa de un condiscípulo que le oculta y protege.

Con el debido respeto, señor,

no parece usted muy impresionado por la noticia.

Impresionado no, contento sí.

Recordará que puse a unos hombres a seguir a Cuevas,

el detective que mi mujer envió en busca de Rodrigo Lluch.

Cierto. Entonces ¿ya conocía la noticia?

Estuve tentado de ordenar a mis hombres que secuestraran a Rodrigo

y lo trajesen.

¿Qué le hizo cambiar de opinión?

Me pareció más eficaz y menos comprometido,

dejar que Genoveva le engatuse y lo atraiga pacíficamente

con la promesa de reunirse con su amada esposa.

Es una postura inteligente, si me permite que lo diga, señor,

pero también tiene algunas dificultades:

al profesor Lluch le podrían pasar muchas cosas entre Alemania

y esta ciudad. -Mis hombres le seguirán de cerca.

Actuaremos cuando llegue

y se arriesgue

para ir a abrazar a su bella esposa.

Una cosa será atraparlo, y otra, hacerse con su fórmula.

Ninguna de las dos cosas supondrá un escollo insuperable.

Si Rodrigo quiere recuperar su libertad

y la convivencia con su esposa,

deberá entregar la fórmula

y recuperar el cargo de investigador jefe para mis empresas.

Y entonces ¿usted inaugurará y pondrá en marcha este laboratorio?

Así es. Fácil, ¿no?

¿Y si el profesor se niega a la, digamos, transacción?

Entonces, yo mismo le denunciaría por haber quemado

y destruido los anteriores laboratorios.

Pero la empresa se vendría abajo.

No habría forma de recomponerla y que volviera a dar dividendos.

Sí, sería una lástima, una pérdida lamentable.

Pero yo reclamaría mi premio de consolación:

su bella esposa Valeria.

caería en mis brazos, por las buenas o por las malas.

Ha pensado usted en todo.

¿Y qué esperaba, Marcelo?

(Sintonía de "Acacias 38")

Creo que he sabido tocar los palos oportunos.

Conseguiremos la suma que necesitamos.

Con absoluta discreción, supongo, ¿no?

Por supuesto que sí.

Todos los que aportarán dinero son miembros del Ateneo.

Ya. Conocidos suyos, claro.

Muchos sí, otros menos, pero todos vinieron a felicitarme

tras la publicación de mi artículo en "El Noticiero Español".

Son hombres comprometidos.

¿Confía incluso en los que no conocía de antes?

Algunos me sorprendieron,

pero puedo poner la mano en el fuego por todos ellos:

son gente de absoluta confianza.

Y perdóneme, pero ¿conseguiremos la totalidad de la suma?

No se preocupe por eso.

Contamos también con mi propio peculio.

He puesto en venta unas tierras que tengo en Andalucía.

Las voy a vender por debajo del precio de mercado,

me las quitarán de las manos.

Le admiro mucho, don Ramón,

y espero que no tenga que poner en danza su patrimonio.

No me arruinaría.

Además, la operación lo merece.

No sé de otro destino mejor para mi dinero.

Me ha alegrado usted la noche, don Ramón.

Esperemos que la operación nos alegre la vida.

(Puerta)

Buenas noches. -Muy buenas.

Me alegro de verle.

Yo también.

Había pensao llamarle

para comentarle un problema que hemos tenido los tenderos.

Ya, estoy al tanto.

Les embadurnaron los muros con palabras ofensivas.

Los insultos son lo de menos.

Puede que necesitemos a la policía para espantar a algún moscardón.

Vaya, me está preocupando. -¿Por qué?

Si no es indiscreción, ¿por qué no se queda a cenar?

Así se lo contaría todo.

-No quiero molestar.

Aunque, si don Ramón no tiene inconveniente...

Quédese. Lolita cocina muy bien.

No necesito más para aceptar.

La cena no tardará en estar lista.

Bueno, hija, cuéntanos lo mucho que disfrutaste ayer en la ópera.

Y en tan espléndida compañía.

Creía que vendrías a almorzar para ponernos al día,

pero no te has dignado.

¿No me digas que te ha invitado también a almorzar?

¡Lo tienes en el bote! -No, no.

No. He picado algo con una compañera de la academia de baile.

No sé qué manía os ha entrado a los jóvenes

con ir a almorzar fuera,

como si no tuvierais casa.

Y si lo hicieran con un representante del sexo opuesto...

Una madre siempre quiere estar al tanto

de los éxitos de sus vástagos.

No fue ni éxito ni no éxito, fue una función de ópera.

¡Hija, que desabrida eres!

Una función de ópera

del brazo de uno de los mejores partidos de la ciudad.

Tampoco le cogí del brazo. -¡Ay, Azucena, qué remilgada eres!

Solo digo la verdad.

La función, en cambio, me gustó.

Y el palco de los López-Saldaña es un privilegio.

¡Os miraría todo el mundo!

No lo sé. Yo miraba al escenario.

¿Y él? ¿Te miraba él de reojillo?

Tampoco puedo responder, por la misma razón.

Con esa contestación, es inútil preguntar

si intentó cogerte la mano.

No, madre, no lo intentó.

Un poco falto de audacia el muchacho.

Gracias a Dios.

¡Qué inocente eres, hija!

No es pecado dejarse coger la mano.

Ni aunque te tomen el pie.

Ya sé que no es pecado,

pero tampoco hubiera sido de mi gusto.

Pero hija...

Ay, qué torpe.

Es que, llevaba la bandeja hasta arriba, señora.

Deja que te ayude.

-¡No! -Gracias.

Se te van a estropear las manos, niña.

Así no la casamos. -Bueno...

Gracias, señorita, gracias. Venga, que tengo que...

Tienes que esforzarte más

para que la niña se tome en serio a su pretendiente.

Tú déjame a mí.

Conozco bien a Azucena, sé cómo manejarla.

Siempre se resiste al principio, pero termina cediendo.

Sí, o dejaremos escapar a la gallina de los huevos de oro.

Descuida, que me emplearé a fondo.

No todos los días una tiene la oportunidad

de emparentar con la "crème de la crème".

Ese heredero no se nos escapa.

(RIENDO) Sí.

Uy, querido, ¿ya te has tomado el café en el restaurante?

¿Qué desplante le ha hecho usted a don Pascual?

(RÍE) ¡"Don Pascual"!

Pascual el de la Azada y va que arde.

Me han dicho que tuvieron un altercado.

Pues también te habrán contado que la cosa no fue a más.

No le des más vueltas.

Deja que yo decida las vueltas que le doy.

Me insultó, Liberto. El zafio ese me insultó.

No fue exactamente así.

¡Me llamó delincuente!

Dijo que te ponías de parte de los delincuentes

al regocijarte por los pasquines y los escritos en las fachadas.

¿Y no es lo mismo? -Mujer, no, no es lo mismo.

Me dan igual los motivos y la ofensa.

Le exijo que no vuelva a discutir con don Pascual.

Si no le soporta, limítese a no tener tratos con él.

¡Sabía yo que eras un descastado!

Vivir para ver.

Un hombre de mi propia familia, mi cuñado para más señas,

el marido de mi querida hermana,

poniéndose a favor de un desconocido

y poniéndose en contra de su propia sangre.

Cría cuervos.

¡Ni me ha criado usted, ni soy de su sangre!

¿Me ha oído?

Claro que te ha oído. -Pues eso.

Buenos días.

Buenos días, Luzdivina. -Buenos días, Lolita.

Sí que has madrugado hoy.

Así llego al tercer desayuno de mi señora.

¿Al tercer desayuno? -Como lo oye.

Le ha dado por desayunarse poquito a poco y en varias veces.

¿Y cómo se desayuna en varias veces? -¿Con chacha?

Muy fácil.

Se pide primero un té con tostadas,

al rato, un huevo pasado por agua con una pizca de sal

y un poco de pimienta,

y, cuando le retiro la cáscara del huevo,

me pide un chocolate con mucho sabor,

pero que no esté muy espeso.

Y una, pues a aguantar.

Qué caprichosa.

Unos caprichos un tanto sospechosos.

¿Sospechosos de qué?

Hija, parece que has nacido ayer.

¡No me digas!

Como lo oyes.

Si no tenemos un heredero pronto en casa,

será porque Dios no quiera.

No sería la primera vez que Dios no lo ha querido.

¿Ha tenido otros embarazos?

Cuando estuvo casá con don Felipe.

Parece que lo perdió en una pelea con él.

¿Llegaron a las manos?

Eso es lo que tu señora declaró ante el juez.

Espera, que me dejas pasmá.

¿Fueron a juicio?

Y por el asesinato de Marcia.

Tu señora era la acusada, claro.

yo no sé mucho de doña Genoveva, y menos de su pasado.

Igual es mejor así, Luzdivina.

¡No, no, ni mejor ni nada! ¡Cuenta, anda!

Tengo derecho si me estoy jugando los cuartos con ella.

Fueron tiempos difíciles.

Incluso pa las del altillo.

Marcia era muy amiga de Casilda. Bueno, y mía también.

Te acompaño en el sentimiento. -Gracias.

Ya está recogido el desayuno.

¿Qué tal, cómo va esa lista?

Yo creo que está terminada.

Llevo un rato rompiéndome la cabeza

buscando recuerdos más placenteros.

Con referencia a la naturaleza, ¿no?

Recuerdos placenteros en general tendrá más.

No se crea, tampoco hay tantos.

Vamos, que la nostalgia se puede convertir en un vicio.

A ver, ¿me deja ver la lista?

"Mirar el cielo y buscar formas en las nubes".

Sí, ya sabe:

barcos,

caras, animales...

Me lo enseñó mi padre, tenía mucha imaginación.

Me gustaba hacerlo con las mujeres que he querido.

"Olvidarme de todo lo demás y pensar historias".

¿Y esto?

Lo relaciono con lo anterior, con las nubes.

¿Pensar historias? Sí.

Quizá sea una tontería, pero lo hacía.

Buscaba en las nubes una jirafa, por decir algo,

y construía o trataba de construir,

un cuento protagonizado por esa jirafa.

Cosas de críos.

Algunos chicos se dedican a tirarle piedras a las ardillas.

Quizá eso sea más normal.

Yo no.

Cuando tenía la historia con la jirafa,

buscaba en las nubes más animales que pudieran hacerle compañía.

¿Cree usted que hoy, ahora, con su edad,

sería capaz de inventar historias como aquellas?

No.

No lo creo.

Antes no tenía recuerdos que me interrumpieran.

Podría ser un recurso contra esos recuerdos no deseados.

¿Pensar en jirafas? No, inventar historias bonitas.

Podríamos hacerlo ahora mismo, entre los dos.

A ver.

Mire, desde aquí se ven nubes.

Escribir una historia con usted sería muy gratificante.

¿Alguna jirafa?

La Casa de Fieras entera.

-"No le deseo ningún mal a nadie"

y menos a una criatura que entoavía no ha visto la luz,

pero no va a tener una vida fácil con esos padres.

Contado así, sí que parecen dos buenos piezas, sí.

¿Todavía está con la cesta vacía, Luzdivina?

Le tengo dicho que no me gusta que se quede de cháchara por la calle

o en el mercado cuando todavía tiene faena por hacer.

Ha sido culpa mía, don Marcelo. La he parao pa pedirle una receta.

Le agradezco su confianza en Luzdivina, señora,

pero no la puede entretener cuando aún tiene faena.

Sí, claro, por supuesto.

Me voy a la mantequería, que lo tengo todo manga por hombro.

Buen día. -Buen día.

¿Qué te ha dicho?

No sé por dónde empezar. Me ha contado muchas cosas.

¿Qué tipo de "cosas"?

Trapos sucios de la señora. Sobre todo, de don Felipe.

Parece que la señora estuvo perdidita por él.

Lolita cree que, desde entonces, todo lo que hace, lo hace por él.

Interesante. Cuéntame más.

¡No! Tengo un final mucho mejor.

El caballero se marcha hacia el sol poniente.

¿Así?

Es un buen final. Clásico.

Como es un final clásico, tenemos que innovar.

No es fácil innovar en las historias de caballeros y doncellas,

y menos, si está hecho de nubes. Escuche.

El caballero se marcha hacia el sol poniente,

y cuando el sol se pone de verdad,

va al castillo de la doncella, la rapta,

y juntos van hacia el sol naciente.

Muy bien.

El conde se enfadaría e iría tras ellos hasta alcanzarlos,

pero de acuerdo.

¿Usted ha visto alguna nube con forma de conde?

No, creo que no.

Lo ha conseguido.

Ha conseguido que me ría sin pensar en más.

¿Cómo lo hace?

¿Dónde aprendió esas técnicas?

Van mucho más allá

de los conocimientos que se le suponen a una enfermera.

Sí.

Cuando Braulio se suicidó,

quise comprender por qué lo había hecho,

quise comprenderle, vamos.

Y la única forma de comprender a los demás es estudiando la mente humana.

En la mente están todos los secretos que todavía no conocemos:

la guerra y la paz, el amor y el dolor,

la felicidad y la desdicha, está todo.

Yo puedo estar de acuerdo con eso,

pero no he aprendido tanto como usted.

Leí mucho sobre psicología,

y luego empecé a interesarme por el psicoanálisis.

¿Lo del doctor... Freud? El doctor Freud, sí.

He leído todos sus textos.

Después, cuando consideré

que ya sabía algo sobre la materia,

conseguí trabajar con un psiquiatra muy reconocido.

Trato de aplicar algunas de las técnicas que aprendí.

He estado pensando en eso que me propuso,

lo de leer mi diario.

¿Me lo permitirá?

Es algo muy íntimo.

Ahí está su interés.

Se lo dejaré.

Mal no me puede hacer.

Seguramente, todo lo contrario.

Tengo la esperanza de que al leerlo,

pueda aplicar esas técnicas

que han conseguido... que vuelva a reír.

Gracias por la confianza.

Come algo, por favor, Valeria.

Las pastas son de ese obrador que tanto te gusta...

y las naranjas son recién traídas

de la huerta de don Pascual Sacristán.

No pasa nada porque esté inapetente un día.

No es solo hoy.

Me siento culpable, David.

Culpable sin mí y feliz cuando estás conmigo, ya me lo dijiste.

Soy una mujer tradicional. Nunca...

Lo sé.

Lo sé.

Sin embargo, yo estoy contento.

Y decidido.

¿Decidido, a qué?

He hablado con Aurelio.

Seguiré vivo si te retengo aquí.

Eh...

Supongo que has optado por seguir viviendo.

¡No digas sandeces, Valeria!

Es un dato.

No va a hacer nada, no nos hará nada,

mientras tu marido siga ausente.

En cuanto aparezca... -Y aparecerá.

Por eso tenemos que marcharnos. ¡Ya!

Cuanto antes.

Ya te lo he dicho, quiero esperar a Rodrigo.

¡Y si Aurelio se cansa de esperar, Valeria!

¿Y si empieza a pensar que Rodrigo jamás volverá?

Dice mucho de ti que quieras esperarle,

pero no a costa de tu vida, de nuestra vida.

Solo un poco más.

Tendremos que vigilar muy bien nuestras espaldas.

Nos quedaremos en casa. -¡No!

¡No quiero vivir escondido y con miedo!

Si nos quedamos,

nos enfrentaremos a Aurelio. Hay que golpear primero.

David, por favor, eso es chantaje.

Sabes que me siento culpable. Ponte en mi lugar.

No podemos seguir así, perderíamos.

O escapamos

o nos enfrentamos a Quesada.

Ocurra lo que ocurra.

Señá Fabiana.

Señorita, ¿qué haces tú aquí?

Ya ves, leyendo, o mejor dicho, refugiándome para leer,

que es el único sitio donde estoy tranquila.

He intentado refugiarme en la cocina y no me han dejado en paz.

¿Siguen erre que erre?

No hablan de otra cosa que del heredero López-Saldaña.

Ya me he fijao, ya.

Cuando el diablo no tiene nada qué hacer, mata moscas con el rabo.

Ellas se aburren y me brean a preguntas.

Y te empujan hacia el muchacho.

Como si no hubiera otro en el mundo.

Señorita, no quiero molestarte,

pero hay algo que te quiero preguntar.

Ese caballerete no te hace demasiado tilín, ¿verdad?

No, ni mucho ni poco.

Es atento,

puede que me agrade y todo,

pero hay cosas de él que no terminan de convencerme;

que no me gustan.

¿Tiene las manos largas? -No, Casilda, qué va, qué va.

Todavía no ha habido nada de eso.

Es que siempre está presumiendo de lo que tiene él y su familia.

Siempre con el dinero y las propiedades en la boca.

Arrea, de ahí que le haga tanta ilusión a tu señora madre.

Pero mi señora madre no tiene que aguantarle.

Siempre hablando de sus propiedades,

y cuando yo hablo de música o de literatura,

él no me hace ni caso.

To lo contrario que Guillermo,

que es capaz de aprenderse de mollera un libro entero

solo por contentarte.

Bueno, perdona, tampoco quería yo incordiarte.

No, si no...

No es eso, Casilda.

Pero prefiero no hablar de Guillermo.

A veces me gustaría tener tu edad

para poder dejar la cabeza a pájaros como la tienes tú ahora.

No creo que le gustara estar en mi pellejo.

Tampoco será tan grave. -A mí sí me lo parece.

¿Quería usted algo? -¿Está tu padre?

No, está en la comisaría tratando el asunto

de los insultos en las paredes.

A ver si las autoridades toman cartas en el asunto.

¿Quiere un café?

Acabo de desayunar, pero sí,

esperaré a tu padre dentro y charlamos.

Lo que me comentabas antes que te traía a mal traer,

¿son problemas de amores? -Algo de eso puede haber,

pero he decidido centrarme en los estudios

y dejar que pase la tormenta. -Es una buena decisión.

Mire, por ahí viene.

Dichoso de verle, Liberto.

Venía buscándole.

Yo me voy a atender las mesas.

¿Me buscaba, dice?

Sí, don Pascual, y con algo de vergüenza, no se crea.

Me he enterado del rifirrafe que tuvo con mi cuñada Hortensia

y quería disculparme. Lo siento en el alma.

Para serle sincero, me sentí muy dolido.

Está en su derecho.

Se pudo como un basilisco.

Puedo imaginármelo, sí.

Aun así, no tiene disculparse en su nombre.

Al contrario, la sufre más que yo. -A todas horas.

Le compadezco.

Esa mujer saca de quicio al más pintado.

Tiemblo solo de pensar en tener que convivir con ella.

Y aguantarla no es lo peor.

Ya ha podido comprobar que Rosina y ella no se separan.

Temo que la estancia de ella en casa afecté a mi matrimonio.

No lo permita usted.

Si quiere a su esposa, no lo permita.

La quiero.

Entonces, cuídela, con paciencia,

por encima de su cuñada o del papa de Roma, pero cuídela.

O se arrepentirá si la pierde.

Yo perdí a Amelia en un fatídico accidente,

y desde entonces, no hay un solo día que me retuerza por su pérdida.

¿Quiere un café? -Sí, por favor.

¿Está usted seguro, doctor?

No me cabe ninguna duda, señora Quesada,

está usted embarazada.

Confieso que ya me lo esperaba.

¿Quiere beber algo?

No, muchas gracias.

Su marido se pondrá muy contento.

Y tengo entendido que perpetuar el apellido es su prioridad.

No sé lo que pensará mi marido y, probablemente, nunca lo sepa.

Este embarazo no ha sido deseado...

ni buscado.

Bueno, un día u otro tenía que suceder.

Voy a tener la delicadeza de no pedírselo a usted personalmente,

pero le agradecería que me diera las señas de un doctor

que pueda hacerse cargo del asunto.

Yo puedo darle seguimiento, nada mejor que tener a su médico cerca.

No me ha entendido bien.

La criatura no va a nacer.

¿Sigue queriendo dándome "seguimiento"?

Desde luego que no. Qué seguimiento ni qué seguimiento.

¡Es un hijo de un matrimonio bien avenido!...

No hay ninguna razón para que no llegue a su fin.

¡He tratado de evitar que me diga que no!

¡Pero no se puede negar a darme una dirección donde me lo puedan hacer!

¡Me niego rotundamente! ¿De veras?

¿Porque es un matrimonio bien avenido?

Parece saber mucho de matrimonios bien avenidos.

Señora Quesada, creo que esta conversación ha terminado.

Siéntese, o su esposa tendrá noticias

de lo poco avenido que es su matrimonio.

Desvelaré todos sus amoríos.

O los que yo sé, que no son pocos.

¿Me está chantajeando?

Si quiere verlo así. Siéntese, por favor.

Dígame qué doctor podría hacerse cargo de esto.

No conozco a ninguno.

Bueno, tendría que...

Tendría que preguntar. Pues pregunte.

Y hágalo con la máxima discreción.

Estoy sola en casa y nadie sabe que usted me ha visitado.

Si se supiera, no revele los motivo.

Y no tarde en darme los datos.

Nadie mejor que usted sabe la prisa que corre este asunto.

Ya sabe dónde está la puerta.

(Puerta cerrándose)

"Cuando vi los cuerpos retorcidos sobre los adoquines,

supe que nunca podría olvidarlos,

y que poblarían mis pesadillas".

Esta frase es muy indicativa.

"Y cuando me dijeron que Natalia había muerto,

me cegué, literalmente".

"No veía, no sentía".

"O sí, odio, odio y pena, por los asesinos y las víctimas,

pero también, y sobre todo, por mí mismo".

El paciente...

tiene...

recurrentes pesadillas...

con el rostro de su agresor.

No menciona mucho...

a los responsables del atentado...,

y es incapaz...

de adjetivarlos.

El paciente avanza y retrocede

por su propio texto

con una lógica difícil de desentrañar.

Tacha muchas frases,

son tachones profundos,

como provocados por la ira.

La culpa que siente es tremenda...,

y guía sus pensamientos

y sus pasos.

Hoy me encuentro a todos leyendo. ¿Qué lee usted?

Repaso algunos apuntes de enfermería.

¿Aquí? -Sí.

Yo no me concentraría leyendo aquí.

Bueno, no me concentraría ni en un convento de clausura.

Si algo te interesa, la concentración no es difícil.

¿Vuelve a dormir aquí con nosotras? -No.

Seguiré abajo, por si don Felipe me necesita.

Pero subiré de vez en cuando para estudiar.

¿No me diga que va a usar el altillo como oficina?

No creo que fuera un problema si lo hiciera.

Me voy a mi habitación a seguir estudiando.

¿Va a volver a usar...

su habitación otra vez?

-"Ha hecho usted muy bien".

Que los guardias indaguen y den con esos malhechores.

Es un ataque al libre comercio

y a los pequeños comerciantes del barrio.

Tiene que caer sobre ellos el peso de la ley.

Don Pascual, ¿qué le han dicho en comisaría?

Han registrado la denuncia, nada más.

No podía ser de otra forma.

¿No le han informado sobre los pasos que piensan seguir?

Ya sabe cómo son.

Muy suyos.

Como si los demás fuéramos tontos y no supiéramos sumar dos más dos.

Si de mí dependiera, ya sé por dónde empezaría a indagar.

El Mañas. -Exacto.

No me cabe la menor duda de que es el autor o inductor de la tropelía.

¿El Mañas?

No, hombre, no, el Mañas es un pez chico.

Sí, pero no me atrevo a decir en nombre de quién está actuando.

Él dice que representa a una compañía.

¿Ha comentado usted sus sospechas al comisario?

No quiero arriesgarme a acusar sin pruebas.

Y no las tengo. Ni contra el Mañas ni contra nadie.

Es decir, que esa compañía podrá seguir ejerciendo sus presiones.

-No lo dude.

Y si es una compañía poderosa,

no parará hasta hacerse con los locales que tanto desea.

No hay derecho.

-Tenían ustedes que haber visto

las barrabasadas que hicieron en Andalucía

con los propietarios de tierras.

No podemos permitirlo. -Ya me dirá usted qué podemos hacer.

Organizarnos para impedirlo.

Están en su derecho de vender, pero no con malas artes.

Servando y Jacinto se han ofrecido para montar patrullas nocturnas

que eviten más basura e insultos en las calles.

Cuenten conmigo también. -Yo también me comprometo.

-Y yo.

Yo también patrullaré si la propuesta llega a buen término.

De todos modos, si alguien se ha empeñado en perjudicarles,

no necesita nocturnidad.

Hay muchos modos de ponerles entre la espada y la pared.

¿De verdad cree que irán a más una vez que la policía este informada?

No lo dude,

pero desconozco por dónde irán los tiros.

¿Y no se le ocurre ninguna forma de atajar

lo que sea que piensen hacer?

Quizás.

Quizás.

Deje de darme consejos sobre Casilda,

que no está el horno pa bollos.

¿No me digas que le tienes miedo a Casilda?

Menudo cabreo tiene.

Se ha encontrao a Dori disponiendo de él como Pedro por su casa.

Leyendo estaba, como si fuera su oficina.

¿Y de la habitación? Levanta.

Eso es lo peor,

que como donde estamos todos no se puede concentrar,

se ha ido a leer a su habitación.

Ha oído usted bien: su habitación.

Levanta la taza.

Pobrecilla. Ella quería esa habitación para sus labores.

Y yo la quería pa hacer mis quesos.

¡Qué quesos ni qué quesos! Los quesos no tienen futuro.

El futuro y el progreso está en la naranja.

Si yo soy muy de progreso,

pero en tanto que conseguimos parné pa las naranjas,

está bien que me saque unas perras con los frutos de la oveja.

Haremos lo que sea para conseguir ese capital

que nos exige como entrada en el negocio.

Hasta llamar "taronchas" a las naranjas, como hace don Pascual.

Si decimos "taronchas", no las vendemos.

Confundiremos a la parroquia.

Llamaremos taronchas a las naranjas delante de don Pascual,

como lo hace él.

Así creerá que somos casi de su tierra.

Y eso une mucho.

Que no es tonto, Servando, que sabe que usted y yo

de valencianos no tenemos ni la boina.

¿Los valencianos llevan boina? Muy buenas, señores.

¿Se puede tomar un café? Y dos, si son pequeños.

Esta mañana han venido unos viajantes

y me han dejado casi sin café, pero tengo para uno cortito.

Esta mañana le he visto a usted reunido con don Pascual.

Y don José y don Liberto.

Hablaban de las amenazas

que sufrimos los comerciantes del barrio, ¿verdad?

Don Pascual ha interpuesto una denuncia con toda su buena fe,

pero a mí me da que esa denuncia caerá en saco roto.

Pues mal empezamos. No hay pruebas para acusar a nadie.

Bueno, pues no sé, que hagan una cábala,

¿quién se interesa en comprar todos los bajos del barrio?

Una compañía, dicen.

La que representa el tal Mañas.

Pues que busquen la compañía.

Me da que esa empresa es una tapadera

que encubre a algún personaje importante de la ciudad.

¿Un pez gordo?

Eso es, Jacinto, un pez gordo o gordísimo.

Vaya, vaya, no se le escapa a usted una, ¿eh, don David?

Me lo ha quitao de la boca. Eso mismo iba a decir yo.

¿Se acuerda usted que el otro día

nos ofreció usted ayuda a Fabiana y a mí?

Sí. Puede tener muchos defectos, Servando,

pero no me olvido de mis promesas.

Ya. Pues me gustaría que intentara averiguar

quién es ese personaje.

Como que será fácil. Si se esconde, por algo será.

Don David, es agente de Cambio y Bolsa,

tiene muchos contactos con gente de negocios, ¿verdad?

No es fácil, no es fácil, Servando,

tratar con estos personajes tan adinerados,

pero haré todo lo posible,

todo lo que esté en mi mano para identificar a ese personaje.

-"Tendré que cerrarlo todo,"

no vaya a ser que los gamberros no se conformen con las pintadas.

¿Usted cree que se atreverán a entrar?

Depende de la ralea que sea.

Los hay muy atrevidos, sí.

Para eso está la policía, ¿no? -He hecho todo lo que he podido.

Le he pedido al comisario que se tome interés en el caso,

pero poco más puedo hacer.

Pues si usté no puede, ya me dirá quién.

Los comisarios tienen mucha autonomía en sus decisiones

y, a la hora de imponer

las prioridades que consideran más impostergables.

Hay mucha delincuencia.

Ya.

Una gamberrada en unos locales modestos

no son para echar la casa por la ventana.

Estaré al tanto por si puedo presionar algo más.

De todas formas, le agradezco las molestias.

No creía que volviera a ver a mi suegro.

Tampoco yo las tenía todas conmigo.

Don Ramón impone.

Pero al final, me he decidido.

Ha tardao mucho en decidirse.

¿O ya sabía que mi suegro le había perdonao sus mentiras?

No. Probé fortuna.

Pues debe ser muy afortunao, porque mi suegro es de armas tomar.

No tiene que recordármelo. Pero al final,

no es tan fiero el león como lo pintan.

Puede que el león esté dormido.

Espero que no se despierte cuando esté de tertulia.

¿Vio la cara que puso cuando le dijimos que íbamos a comer juntos?

¿Mala? -Peor.

-Tampoco estamos haciendo nada malo.

Pero dejemos de hablar de él, si no le importa.

He reservado mesa en un restaurán que le va a gustar.

Tenemos que darnos prisa o pensarán que no vamos y nos quitarán la mesa.

Están muy solicitadas.

¡De eso na! Estoy canina y ya me he hecho a la idea de no cocinar.

Vamos.

Cuando sea bailarina, no me privaré de nada.

Coches, champán, noche, mucha noche.

¿Sabes que las bailarinas profesionales salen de picos pardos

cuando terminan sus funciones? Todas las noches,

todas las benditas noches.

Y vuelven a casa a las tantas, ya me entiendes.

¿Te pasa algo?

-"No te veo muy emocionado con tu cita".

No, no estoy emocionado,

pero ¿qué puedo hacer si Azucena no me hace caso?

Claudia es simpática y me hace reír.

¿Y eso es suficiente?

Para dar un paseo, vale.

Guillermo, sé que te empujé hacia Claudia,

pero igual que te dije aquello, te digo lo contrario.

Creo que te estás engañando y engañándola a ella.

No la harías ni caso si Azucena te prestara un poco de atención.

Verás, Claudia,

eres una chica muy simpática, alegre y entretenida.

Pero... -¡Azucena!

¡Qué bien encontraros de paseo!

Nosotros estamos en lo mismo.

Claudia, el señor López-Saldaña.

Puede llamarme Ángel, si no, parece que somos más de dos parejas.

¿Vamos a tomar algo?

Créame que sería un placer, pero hemos quedado con un grupo

más de mi círculo.

Hasta más ver. -Con Dios.

Es un petimetre.

"Con un grupo más de mi círculo".

Como si los humanos nos dividiéramos por círculos.

A mí me parece bien. ¿Qué quieres que haga?

Es millonario, y eso marca.

¿Qué ibas a decirme cuando han llegado?

Pues..., se me ha olvidado. Qué cabeza la mía.

¿Quieres tomar un café en el centro conmigo?

Claro, encantada.

Buenas tardes, Servando. Hola, Jacinto.

Estaba pensando, que a lo mejor he sido un poco ambicioso

con el negocio de las naranjas.

Usté es ambicioso en todos los negocios.

Ya, eso sí. Pero he querido empezar desde arriba,

¡hala, mil kilos!

Y no está mal, que no,

pero se me ocurre que hay formas de empezar menos a lo grande.

Ya, pero don Pascual solo vende de mil en mil.

Ya. Oye...,

vamos a demostrarle a don Pascual

que este negocio se puede empezar de manera más modesta.

Por ejemplo, con dos sacos de naranjas.

¿No vamos a tener dinero tú y yo pa comprar dos sacos de naranjas?

Vamos a...

Naranjas.

Vaya, al menos reconoce el producto.

Otros empezaron a comerciar sin conocerlo.

Esto tiene que ser cosa de brujas. Vaya, gracias por el piropo.

¿Son suyas? -Ahora son vuestras.

Mi hijo me dijo que le habíais pedido

y, como me acaba de llegar un camión para el restaurante,

pensé en dar un par de sacos a los vecinos. Jugosísimas.

Muchísimas gracias, señora.

Pues, aquí se las dejo, directas de mi tierra.

Me voy, que tengo jaleo. Habrá que probarlas, ¿no?

Qué probarlas, qué probarlas,

si se ve que tiene que tener un zumo que es néctar puro.

Hala, hala, tríncalas y pa dentro.

Venga, coge, coge. Si no pesa nada, por Dios.

¿Tú no vas a cenar?

No, estoy llena.

Fidel me ha llevao a un restaurante asturiano.

Se come como en Cabrahígo o más. Un vaso de leche y a la piltra.

Lolita, no te compliques.

Fidel, ya lo sabes, tiene un cargo importante,

y una relación con él sería más que complicada.

¡Que hemos ido a comer, no a comprar las alianzas!

Piénsatelo.

Sigo queriendo a Antoñito.

Siempre le querré.

A ver si nos entendemos.

No es que yo pretenda que le seas fiel a mi hijo de por vida.

Podrías encontrar otro hombre que fuera un buen marido para ti

y un buen padre para Moncho.

Pero ese hombre no es Fidel.

Pues cuando están juntos, parece que se llevan a partir un piñón.

Fidel se debe a su cargo, ya te lo he dicho.

No es eso o no es solo eso.

Usté se trae algo entre manos con él.

Tantas idas y venidas, muchos cuchicheos.

Algo está pasando, me lo huelo.

No seas impertinente.

No hay nada.

Charlas de hombres tocados por la misma desgracia.

Muy bien. Se sirve usté, ¿no? Buenas noches.

Delirios inconexos de un hombre enfermo, ¿no es eso?

¿Su diario? ¡Todo lo contrario!

Me ha apasionado su lectura.

No sea condescendiente.

Estoy enfermo, pero sé valorar lo que escribo.

Me siento orgulloso de mis textos legales, pero

no de un diario escrito desde el dolor,

sin reflexión, como un vómito.

Eso precisamente es lo que lo hace más interesante para mí.

Y por qué no decirlo, me acerca más a usted.

Nunca pensé que fuera a ser leído por alguien.

Estoy de su lado, ¿recuerda?

Ahora pensará cualquier cosa de mí.

Pensaré en usted, claro, es mi obligación.

pero no cualquier cosa. Pensaré que le conozco

o que empiezo a conocerle.

Seguro que en el barrio le han contado mi biografía.

En eso lleva razón. Probablemente, exageran,

pero no mienten en exceso.

Suficiente para conocerme. No.

A ver cómo se lo explico...

No es lo mismo un relato sobre lo ocurrido

que tener un agujerito a través del cual poder mirar

sus sentimientos de alguna manera.

Siento mucho pudor ahora.

Si quiere se lo devuelvo.

No, quédeselo.

Pero me siento como...

si me desnudara ante usted,

pero quizá obtengamos resultados.

Eso se lo aseguro.

Lea y pregúnteme lo que no entienda.

Confío en usted.

Y aunque me da miedo llevar una vida sin medicación,

lo quiero intentar.

Quiero que lo sigamos intentando.

No sabe lo mucho que me alegra verle de ese ánimo

y con esa resolución.

Esa sencillez al aceptarse, esa voluntad

serán lo que le saque del pozo en el que está inmerso.

¿De verdad puedo hacerle cualquier pregunta?

Lo que usted quiera. Tengo muchas, se lo advierto.

Pregúnteme.

¿Por qué arrancó las últimas páginas del diario?

¿Estaban ya arrancadas o las arrancó cuando supo que yo las iba a leer?

¿En esto ha quedado su promesa de ser mi servidor?

¿En defraudarme?

Señora, le aseguro que no era mi intención.

No puedo despedirle,

pero puedo convertirme en una enemiga terrible.

¿A ver qué les parece despertarse

con sus negocios nuevamente amenazados?

¡Mañas!

David.

¿Qué sucede?

-"¿Ha disfrutado de su paseo?".

Sí, Fabiana. Hace un día precioso.

Azucena, no deberías ser tan efusiva con el servicio.

Hay que enseñarles su lugar.

-Hace poco opinabas como yo, ¡que el naranjero es un miserable!

La gente cambia, y él me ha demostrado que no es así.

¿Quieres saber por qué Rosina ha cambiado de parecer con Pascual?

¡No! -Sí quiere saberlo.

-Sí. -¿Quiere saberlo? Se lo voy a decir.

Ha llegado a mis oídos que está negociando la venta de las tierras.

¿Y a ti quién te ha dicho eso?

Esa no es la pregunta.

¿Es cierto o no?

-"¿Qué hace aquí?".

He venido a preguntarte

lo que antes no me he atrevido.

Dori, ¿por qué me amas?

-Ya le dije que era un rival poderoso.

Si no me equivoco, creo que...

he dado con la manera de conseguir las fotografías

con las que su esposa le chantajea.

Soy todo oídos.

Sé que cuando se entere, va a entrar en cólera.

Pero estoy preparado para enfrentarme a él,

no le tengo miedo.

-David...

Estoy tan orgullosa de ti...

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Acacias 38 - Capítulo 1442

05 mar 2021

Aurelio le cuenta a Marcelo que Genoveva ha recibido un telegrama con el paradero de Rodrigo. El señor Quesada le ordena a Marcelo que vigile escrupulosamente los pasos que dé su esposa.

Por otra parte, Liberto exige a Hortensia que no se enfrente a Pascual, pero ésta no le hace ningún caso.

Genoveva chantajea a Ignacio para que le consiga contactos para poder perder al hijo que espera de Aurelio. Mientras que, ordenada por Marcelo, Luzdivina pregunta a Casilda sobre el pasado de su señora.

Los vecinos de Acacias le piden ayuda a David para parar a Mañas, a la vez que Lolita y Fidel salen juntos a comer ante el descontento de Ramón, que no termina de ver con buenos ojos la relación de ambos.

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