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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1441 - Ver ahora
Transcripción completa

Tranquila, que el tal Mañas no va a volver por aquí.

No sé qué interés tiene en nuestro local para ofrecer tanto dinero.

Me da igual, lo que no está en venta, no tiene precio,

y menos, con amenazas.

¡Tenemos que hacer justicia a nuestros muertos!

Ahora tiene la oportunidad.

No pienso pensarlo más. Cuente conmigo para lo que sea.

Quería hacer una conferencia internacional.

Universidad de Budapest, Hungría.

podríamos ir a cualquier lugar de EE. UU., Valeria,

a cualquier lugar.

¿Y quedarnos allí para siempre?

Sé dónde tendríamos que ir para falsificar los papeles

que dirían que somos marido y mujer.

Y hablando de negocios,

he decidido volver a dedicarme a ellos.

Creo que he localizado a Rodrigo.

Pronto tendremos noticias suyas.

¿Qué quiere? -Negociar.

No tiene nada que me interese.

Claro que tengo algo que le interesa.

Influencia sobre Valeria.

El doctor no entiende de prioridades de la vida.

Prefiero estar cojo y feliz que dando saltos y amargado.

-"Aunque solo nos quedara" un minuto de vida, valdría la pena.

No puedes negarte a empezar de nuevo.

Contéstame.

¿Acaso no deseas que rehagamos nuestras vidas?

No insistas, David, no puede ser.

No te he preguntado lo que puede o no puede ser,

te pregunto por lo que anhelas.

Claro que sí, claro que deseo coger un barco,

irme contigo y empezar una nueva vida.

Allí nadie nos conoce, podemos empezar desde cero.

David, me siento culpable por lo que le estamos haciendo a Rodrigo.

Sé que te resulta muy duro traicionarle,

pero... tienes que tomar una decisión,

y tu felicidad está por encima de todo.

Esperemos un poco a que regrese,

y si no, nos vamos juntos a América.

No sé si podre aguantar tanta incertidumbre.

Por favor, te pido que tengas un poco de paciencia,

es lo único que te pido.

Está bien.

Está bien.

Pero cada día que pasamos en Acacias corremos un grave peligro.

Lo sé, pero no podemos hacer otra cosa.

Entonces, tendré que acatar tu voluntad.

Pase lo que pase.

¿Crees que Aurelio sería capaz de irrumpir aquí para atacarnos?

No creo, sería demasiado osado hasta para él.

No sé si creerte.

Ese hombre no tiene medida cuando se le mete algo entre ceja y ceja.

Pero tú eres la mujer del doctor Lluch,

a ti no te hará nada, de momento.

¿Y si regresa? ¿Y si Rodrigo regresa?

Entonces...,

daré la vida por ti.

Daré la vida por ti para mantenerte a salvo.

Te amo tanto, Valeria.

(Sintonía de "Acacias 38")

No le busques pelo al huevo,

Fidel y yo hemos pasado por la misma situación,

y eso, y no otra cosa, es lo que nos une.

¿Está seguro?

Han estado muy separados desde que se enteró que le mentía.

Es cierto que me disgusté sobremanera con él,

cuando me enteré que trabajaba para la policía.

Cosa que tuvo mucho cuidado en ocultarle.

Y él ya se ha disculpado sobradamente estos últimos días.

Me cuesta entender cómo mantiene esos lazos tan fuertes con él.

Es muy fácil.

El atentado sesgo las vidas de nuestros seres queridos,

y la carga que cargamos sobre nuestras espaldas

es la razón para nuestra amistad.

Yo también estoy muy unida a él.

Los dos perdimos a nuestras parejas.

Tú al menos conservaste a tu hijo, él lo perdió todo.

Si me llegan a quitar también a Moncho,

le digo que no vuelvo a respirar.

No hay nada peor que perder a un hijo, lo sé bien.

Es curioso,

el atentado nos ha separado a nosotros

como si fuéramos extraños,

y sin embargo, les ha unido a Fidel y a usted.

No sé qué razones tienes para decir eso,

pero nunca te he considerado una extraña.

Tiene que admitir que no nos llevamos tan bien

como antes del atentado.

Las cosas no son como antes, hija,

pero jamás he perdido el afecto que siento hacia ti.

Yo también le quiero, suegro.

Pero algunas veces me lo pone muy cuesta arriba.

Vamos a cambiar de conversación, no sea que terminemos discutiendo

y, no es momento este de tirarnos los trastos a la cabeza.

¿Qué te parece lo de Felipe? ¿A qué se refiere?

A que haya decidido desobedecer a don Ignacio

y le haga caso a Dori respecto a la medicación.

Sí eso le ayuda a salir adelante, bienvenido sea.

Lo que no sé es si es un acierto

seguir los consejos de una enfermera y no de un médico.

Si fuera un constipado o el reuma,

le diría que hace mal y que es mejor confiar en un doctor,

pero tratándose de asuntos de la sesera,

me parece que ninguno de los dos sabe por dónde se anda.

Pronto lo sabremos, y espero que sea para bien.

Yo creo que con la decisión de querer salir adelante,

eso es todo un avance.

Felipe ha pasado por unos días muy negros,

y sí, su voluntad de salir del pozo es lo único que le puede ayudar.

Dios quiera que salga adelante.

Supongo que no habrá notado los efectos

de haber dejado la medicación.

Esperemos que se encuentre bien.

Eso lo podemos averiguar rápidamente.

¿Quieres que vaya a visitarle? No, iré yo,

que hace tiempo que no paso por su casa.

A ver qué me encuentro. Bien, así lo sabremos cuanto antes.

Ea, voy pa'ya.

Esto es una locura.

Menos mal que me han pedido que me sentara antes de dármelo.

Azucena, ¿no te gusta nuestro regalo?

Con la ilusión que lo hemos comprado...

No es que no me guste, es que me encanta.

Pero...

Entonces ¿cuál es el problema?

A ver.

Esto es un dispendio. No podemos permitirnos estos lujos.

-Bueno,

puede ser...,

pero te sienta divinamente.

Sí. Lo teníamos comprado desde hace un tiempo,

pero estábamos esperando la ocasión oportuna para dártela.

Y qué mejor momento que para ir a la ópera con Ángel López Saldaña.

Sí. Todo el mundo debe darse cuenta de lo buena pareja que hacéis.

Vais a ser la sensación de la temporada.

Bueno, no se apuren,

que Ángel solo es un pretendiente al que estoy conociendo.

Y que está muy interesado en ti.

Sí, es posible, pero queda mucho para que puedan hablar de noviazgo.

Sí, sí, tú tómate el tiempo que precises,

pero si te propone iniciar una relación, dile que sí.

No puedes negar que es un partido impresionante.

Tienes que darle una oportunidad.

No, si no no puedo negar que sea un buen chico,

pero yo no puedo ir en contra de mi corazón,

y no siento ni frío ni calor. -Bueno, pero...

No sé, algunas veces, el cariño va surgiendo poco a poco.

-Ya.

Bueno, pero no les puedo asegurar nada.

Bueno, pasará lo que tenga que pasar.

Azucena, yo solo quiero lo mejor para ti.

Lo hemos pasado muy mal estos últimos años,

y ahora me gustaría verte levantar la cabeza,

que tuvieras un futuro, y al lado de ese muchacho,

lo conseguirás.

Ya lo sé, madre, sé lo mucho que ha sufrido.

Y por eso acepto alternar con Ángel,

pero voy a estar siempre para usted, se lo aseguro.

Lo sé, hija mía.

Anda, ve a arreglarte,

no sea que se te eche la hora encima.

Hortensia, tengo que decirte algo,

me parece muy raro que hayas dejado que la niña vaya sola

a la ópera.

Ya. Y no me termina de agradar,

sobre todo, después de lo que me pasó a mí de joven.

Sí, sí, vaya.

No me lo recuerdes, eso fue de traca, Hortensia.

Pero he tenido que aceptar para ver si estando a solas con él,

Azucena empieza a interesarse.

No parece muy animada.

Salta a la vista.

Ángel no le hace tilín,

pero ese chico es una mina, y no hay que dejarle escapar.

Ya. Y el que algo quiere ganar, algo tiene que arriesgar.

Y es mucho lo que tenemos en juego.

¿Habéis visto la tiara que llevaba Azucena?

Sí, se la hemos regalado nosotras. ¿A que es bonita?

¿Cómo he de decir que no podemos permitirnos ningún dispendio?

No es un dispendio, es una inversión,

Azucena tiene que resultar atractiva para su pretendiente.

¡Qué vergüenza, Rosina! Parece que estáis vendiendo ganado.

¡No digas enormidades!

Además,

esa tiara da el pego, han sido cuatro duros, una bagatela.

No ha llegado a unos cientos.

Sí.

¿De duros? -Sí.

-No.

¿No vais a cambiar nunca? -Sí.

Bueno, adiós. Vamos a ver a...

Por lo que veo, está muy bien equipado.

Así es, no he reparado en gastos.

Son los mejores instrumentos y materiales que hay en el mercado.

Sin duda, se ha gastado una fortuna en ellos.

Es lo que preciso para los experimentos que quiero hacer.

Espero que recupere pronto una inversión tan grande.

Estoy seguro de ello.

Ya gané una fortuna con los laboratorios de Barcelona.

Pero fue durante la gran guerra, ahora la situación es distinta.

Vamos, Marcelo.

¿Piensa que ya no va a haber más guerras en Europa?

Estoy convencido que en menos de una década

todos los estados vuelvan a estar a la gresca.

No le tenía por un idealista.

Y no lo soy.

Supongo que el incendio de la fábrica de Barcelona

que provocó Rodrigo Lluch, supuso un buen descalabro a sus finanzas.

Ni lo noté.

Es cierto que el incendio no dejó piedra sobre piedra,

pero hice creer al seguro y a la policía

de que se trataba de un incendio accidental.

Y le devolvieron su dinero.

Efectivamente.

Fue una suerte aquel accidente,

rentabilicé aun más mis inversiones.

Pero perdió a Lluch.

Bueno, eso es cosa del pasado,

ahora debemos centrarnos en este nuevo proyecto.

Que también le va a dar mucho dinero,

si consigue localizar a ese hombre.

Sí, es la pieza que nos falta.

¿Cómo va su búsqueda?

Confío en que Genoveva de con él, y lo haga pronto.

Cuando tengamos a ese magnífico químico aquí entre nosotros,

y nos dé su fórmula, ganaremos millones.

(Ruido)

Muchas gracias.

Muy buenas, señorita. -Buenas tardes.

¿Qué son? ¿Malas noticias?

No, todo va de perlas, no sé por qué piensa que algo va mal.

Me ha parecido que abría el sobre con mucho nervio.

Simplemente tenía que recibir cierta información.

¿De su familia? Como nunca cuenta usté na de ella.

No hay mucho que contar, son de lo más normal.

Si son de aquí, ¿pa qué le escriben?

Está muy preguntona hoy, ¿no?

Le ruego me disculpe, señorita.

La carta es de una tía mía que vive en Barcelona.

Con su permiso, voy a contestarla.

Buenas. Un segundo, Dori. A las buenas, Fabiana.

Tengo que felicitarla. -¿Sí? Gracias. ¿Por qué?

Vengo de ver a don Felipe y le he visto muy mejorado,

sin duda, es obra suya.

Yo no diría tanto, el mérito es de mi paciente,

se está esforzando mucho por recuperarse.

No sea modesta, desde que usté llegó,

don Felipe ha cambiado, está muchísimo mejor.

Puede que haya sido de ayuda,

pero mi labor sería inútil si él no estuviera por la labor.

Las dejo, que tengo tarea. Hasta luego.

Fabiana, es una suerte que don Felipe haya topao con Dori.

¿Tú crees? -Sí, mujer.

Le ha convencido para que baje su medicación,

y desde entonces, está de mejor humor y se puede tratar con él.

Ya veremos cuánto le dura.

Pues esperemos que mucho.

Igual que mi suegro, que está cambiando, Fabiana.

Ha decidido retomar sus negocios.

¿No me digas?

Mira, eso sí que es una buena noticia,

que llevaba tiempo dejándose llevar sin ocuparse de nada.

A mí me lo va a decir, que me ocupaba yo de to.

Ya lo sé, Lolita.

De eso sí que me alegro.

Ahora, con lo de don Felipe tengo mis dudas.

¿Qué es lo que le inquieta?

Me inquieta Dori.

Estoy viendo cosas en ella que a mí no me terminan de cuadrar.

A mí me parece un encanto de muchacha, qué quiere que le diga.

No, si simpatía tiene por arrobas,

pero pa mí que oculta algo muy gordo.

La he visto llamando por teléfono al extranjero.

Fabiana, eso no tiene nada de raro, no tiene que desconfiar,

hoy en día, la ciencia avanza que da gusto.

¿Y qué me dices de que haya recibido una carta

y se haya puesto azorada cuando le he preguntao?

Y cuando le he preguntado por su familia,

se ha ido por los cerros de Úbeda.

Y me ha contao algo de su tía de Barcelona,

que a mí me ha sonao a embuste.

Fabiana, reconozco que usté tiene mucho ojo pa estas cosas,

pero esta vez, me da que se equivoca de medio a medio.

Yo no veo motivos pa desconfiar de Dori.

Ve fantasmas donde no los hay.

Ojalá tengas razón y sea más limpia que el agua del manantial,

pero yo ya tengo mis años, y me barrunto que algo esconde.

Es... un hecho incuestionable,

todos los vecinos de Acacias se niegan a vender.

Estoy muy decepcionado con usted,

esperaba resultados.

He intentado convencerles de todas las formas posibles,

pero no me escuchan.

Tal vez ha pecado de pusilánime.

Tal vez usted lo hiciera mejor. -No es ese mi trabajo.

¡Ya basta!

No estoy aquí para ver cómo discuten.

Tiene que creerme,

he hecho todo lo posible para que vendieran.

Les he apretado las tuercas a conciencia,

incluso he dejado caer alguna amenaza.

¿Y aun así siguen negándose?

La situación se ha ido poniendo cada vez más tensa.

Especialmente con...

Pascual, el hijo de la dueña del restaurante.

Necesitamos esos locales para guardar nuestros materiales,

es fundamental y, usted me ha fallado.

He hecho todo lo que he podido...

dentro de lo que marca la ley.

Quizás haya llegado el momento de saltársela.

Si no venden por las buenas, lo harán por las malas.

Si me da su permiso,

sé bien lo que tengo que hacer para que en unos días

me supliquen que les compre sus propiedades.

Eso espero.

Se acabaron las palabras, hay que pasar a la acción.

Buenas, querida. Por favor, sube.

-Qué maravilla de automóvil.

Qué guapos estáis y qué buena pareja hacéis.

Es impresionante lo hermosa que está, Azucena,

aunque no me resulta extraño viendo a su madre y a su tía.

La belleza de las Rubio es proverbial.

Sí. Yo era igual que Azucena a su edad,

menuda cinturita de avispa que me marcaba.

-Sí, a base de apretar el corsé, no podías ni respirar.

A Ángel no le interesan esas interioridades.

Estoy seguro que las dos eran las mayores bellezas de su ciudad.

-Es cierto,

pero no hace falta que sea tan zalamero con nosotras,

queremos que cuide de la niña, le confiamos nuestro mayor tesoro.

Mucho cuidado con lo que hacemos cuando bajen las luces de la platea,

que los palcos son muy golosos.

Les aseguro que me portaré como el caballero que soy.

De eso no tenemos ninguna duda.

¿Podemos irnos ya o van a seguir avergonzándonos?

Marchad ya, no os retraséis por nuestra culpa.

Divertiros mucho en el teatro.

-Pero dentro de un orden. (RÍE)

La madre del cordero, un Talbot. Menuda máquina.

Esto alcanza los 100 km por hora.

Ten cuidado, mozo, no lo arañes.

Mucho ruido y pocas nueces.

(Suenan las campanas)

Mi señora está como un niño con zapatos nuevos

con el pretendiente que le han buscao a Azucena.

Como que tiene buena planta.

Eso les importa poco a las hermanas Rubio,

a ellas les importa la fortuna que pueda tener el pollo.

Y que no es poca, que menudo automóvil se trajo

para recoger a Azucena, eso parecía un barco.

Bueno, y que la ha llevao a un palco en la ópera.

¿Te figuras lo que será eso?

No, la verdad es que no.

Como que no está hecha la miel pa la boca del asno.

No.

Ojalá que un mozo de buena familia

me hiciese la corte y me retirase de ser sirvienta.

Lo mismo que le pasó a Alodia,

de criada a señora en un santiamén al casarse con don Ignacio.

Pero ¿a ver dónde encuentro yo a un médico?

Bueno, y no te arriendo mucha ganancia.

Mira Alodia, lo mismo te casas con un señor

y se te agría el carácter. -No.

Y eso que el marido de doña Alodia no anda muy contento.

Ya. No me extraña.

Es que Alodia se ha vuelto un petardo de mujer.

Sí, sí. Pero no es por eso, que también, la verdad.

Es por don Felipe, que ha dejado los medicamentos

que le recetó don Ignacio y se ha puesto en manos de Dori.

Y a Alodia se le llevan los demonios con eso.

Ya.

Yo siempre he defendido a don Felipe,

pero pa mí que se equivoca,

un doctor siempre va a saber más que una enfermera.

Además, dicen que don Ignacio es un buen galeno.

Sí, eso es verdad.

Pero lo cierto es que don Felipe está de mejor humor.

Yo hasta le he visto reírse cuando venía del río con Dori.

Va a ser que el amor tiene más poder que todas las medicinas juntas.

No sé si será eso.

Pero, bueno, es la única de sus enfermeros

que ha sabido hacerse con él.

No sé, será que ella tiene cualidades que los demás no tenían,

y no me refiero precisamente a sus conocimientos sobre medicina.

No sé si será eso,

pero me contento con que don Felipe deje de hacernos la vida imposible.

¿Sabes qué se me ocurre?

Que como Dori no duerme en el altillo,

nos podíamos quedar nosotras con su habitación,

total no se le da ningún uso.

¿Y para qué?

Pues pa coser, pa nuestras cosas.

¿No tiene don Marcelo una habitación pa sus aficiones?

Pues nosotras no vamos a ser menos. -No, no.

Tienes razón.

Y podría hacer mis collares de conchas

y vendérselos a las señoras de postín.

¿"Conchas"? ¿Y de que playa vas a sacar tú las conchas?

Ah, claro.

Pues hago que me las envíen desde mi tierra.

Caras te van a salir las conchas si tienes que pagar el envío.

¡Casilda, tienes que bajar a escape a la calle!

¡Ha sucedido algo terrible!

¡Venga, vamos, vamos!

¡Corre, corre, corre!

¡Virgen Santa!

¿Quién ha sido capaz de cometer este tropelía?

Se han empleado a fondo,

da miedo ver cómo han dejado la calle.

No sé a qué vendrá esto, pero me da muy mala espina.

Pero ¿qué clase de persona es capaz de hacer una cosa así?

Sin duda, un cobarde que no se atreve a dar la cara

ni a venir de frente y decir qué quiere de nosotros.

Alguien como Luis Mañas, por ejemplo.

Esta debe de ser su forma de negociar

cuando se le acaban los argumentos.

-Yo no sé, no podemos acusar a nadie sin pruebas.

aunque mi hijo Pascual piensa lo mismo.

Se ha ido a la comisaria a poner una denuncia.

Eso tendremos que hacer los perjudicaos, recurrir a la ley.

A ver si le hacen caso, que Pascual tiene un pronto muy malo,

y como no le tomen en serio,

es capaz de buscar al tal Mañas y medirle las costillas.

No, eso es lo último que se tiene que hacer,

entrar al trapo de sus provocaciones.

Se lo diré a Fidel

pa que tomen interés y cojan al culpable cuanto antes.

¿Fidel? -Sí.

De algo tiene que servir conocer a un policía.

No nos podemos creer lo que ha pasao en el barrio.

Vamos a hablar con Maruxiña y con el resto de criadas,

nos pondremos de acuerdo para limpiar este desastre.

Se agradece, que esto no se quita en un rato.

Las manos que quieran ayudar, serán bienvenidas.

Eso, que se enteren esos sinvergüenzas que en Acacias,

somos como los de las ovejunas esas, todos a una.

Ahí le has dao, Jacinto.

Y cuando demos con la persona que ha hecho esto,

le vamos a echar a puntapiés.

(GRITANDO) ¿Dónde está el tal Mañas ese?

¡Que dé la cara si tiene redaños,

que le voy a meter una perdigón en la tripa

que se va a acordar de mí si vive!

Espérese, que voy a por mi garrota,

que si sirve pa espantar al lobo, también para ese malnacido.

¡Quietos los dos!

A ver, trae pa acá, Servando. Dame, Servando, dame.

Cuidado, cuidado.

Yo no voy a permitir que ninguno de los dos hagáis una barbaridad.

Lo que no podemos consentir es que se marche de rositas.

Por supuesto que no,

pero de esto ya se encargará a quien le corresponda.

Ahora, lo primero es arrimar el hombro

y limpiar esta afrenta.

Ya habrá tiempo de saldar las cuentas con los culpables.

-Eso es.

La seña Fabiana tiene razón, como siempre.

Hale, a limpiar, que pa luego es tarde, vamos.

Bueno, bueno, bueno.

A ver por dónde empezamos.

Pues ya estaría, Marcelo.

¿Cómo se encuentra la señora?

Le he llevado el desayuno, pero no tiene apetito.

¿No ha probado bocado?

Dice que tiene náuseas y que ha vomitado.

No sé lo que le puede ocurrir, pero parece algo serio.

ah, y me ha echado de su cuarto con muy malos modos.

Será mejor...

que se arme de paciencia para tratar con ella.

Me da que el mal de la señora no va a mejorar en nueve meses.

¿Piensa que está en estado de buena esperanza?

Eso explicaría los vómitos y el malestar.

Sea por la causa que sea, deberíamos de avisar a un médico.

No podemos hacer nada si ella no quiere.

Tal vez, usted podría hablar con el señor

y comentarle nuestras preocupaciones.

De ninguna forma, yo no voy a tratar este tema con don Aurelio.

¿Y puedo preguntarle por qué?

Lo que sucede en esa alcoba

son asuntos íntimos que solo conciernen al señor Quesada

y a su esposa. -¿Aunque sea algo de tanta enjundia?

Nuestro deber es no entrometernos.

¿Y si a la señora le ocurre algo por no haber avisado al señor

de lo que está pasando? -No se apure.

Tarde o temprano, doña Genoveva aceptará

que está esperando un retoño.

Llevar en su vientre

al heredero de los Quesada es un inmenso honor.

Si usted dice que no debemos hacer nada,

no seré yo la que le lleve la contraria.

Eso es lo que tiene que hacer,

cumplir mis indicaciones al pie de la letra.

Si me disculpa, voy a la cocina a seguir con mis tareas.

Espere, aún no he terminado.

Quiero que esté pendiente de la señora.

Por lo que he podido escuchar en el altillo,

doña Genoveva tiene muchos enemigos en el barrio.

No lo sabía.

Todo indica que es así.

Por eso, nuestra obligación como fieles sirvientes es,

protegerla de cualquier amenaza.

¿Cree que pueden hacerle algo malo?

En su estado es más vulnerable,

tenemos que estar atentos.

Pondré todo mi empeño en intentar protegerla,

pero no sé qué voy a hacer.

No se apure, ya le iré yo indicando.

(Timbre)

Don Jose, gracias por venir. Quería hablar con usted a solas.

Ya sabe que me tiene dispuesto para lo que precise.

Pase. Pase usted y Siéntese.

¿Ha visto la que han liado en la calle con los carteles?

Bueno, ¿ha visto la que han liado en la calle con las pintadas?

Es una vergüenza.

No, no sabía nada. ¿Qué ha ocurrido?

La calle ha amanecido llena de basura y pintadas

en contra de los comerciantes del barrio,

amenazas pidiéndoles que se marchen.

Hasta la mantequería de su nuera.

Algo habrá que hacer algo ante semejante despropósito.

De momento, están limpiando esas mamarrachadas,

y luego, se pondrán las denuncias.

¿Han detenido a los culpables?

No, no creo que tengan la menor idea de quién puede haber sido.

Aunque se rumorea que Luis Mañas puede estar detrás

de este disparate.

¿No serán lo anarquistas que vuelven al ataque contra el barrio?

No creo que haya razones políticas detrás de este suceso.

Todo es política, don Jose,

siempre hay elementos dispuestos a perturbar nuestra convivencia.

Bueno, es muy temprano para hablar de estos temas tan complicados,

yo solo los toco a partir de la hora del aperitivo.

Tiene razón, dejemos esto para más tarde.

Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?

Verá, tengo unos terrenos en la provincia de Huelva

que he decidido vender.

Necesito cierto dinero en efectivo cuanto antes.

Tengo entendido que ahora es un buen momento para vender,

las tierras están subiendo de precio.

El caso es que yo no puedo desplazarme hasta allí,

y he pensado que tal vez usted conozca a alguien de confianza

para que me lleve este asunto.

Tengo un primo por esas tierras que es un lince para los negocios.

Le puedo poner en contacto con él. Me alegra oír eso.

Desde luego, tanto su primo como usted se llevarán una comisión.

Lo importante es que la operación se haga con premura y discreción.

Necesito ese efectivo.

¿A qué tanta prisa por vender? ¿Ha sucedido algo malo?

No, no ha ocurrido nada malo.

Que las prisas no son buenas pa vender un terreno,

no va a conseguir el mejor precio.

Me basta con que sea un precio justo.

Verá..., tengo un negocio en ciernes

que...

puede ser muy lucrativo y,

necesito ese efectivo para invertir en ello.

¿Y no puede sacarlo de otro sitio?

Me preocupa que se deshaga de sus bienes sin sacarle beneficio.

Me basta con recuperar lo que invertí.

Esas tierras hace mucho que han dejado de proporcionarme

una renta decente.

Siendo así, me pongo en marcha cuanto antes,

verá como se queda encantado con mi primo.

Si usted lo dice, no tengo ninguna duda.

Trato hecho entonces.

Eso sí,

tienen que ser muy discretos,

no quiero que Lolita se entere de esto.

Por eso no se apure, nadie va a saber de este acuerdo.

Eso espero, porque es muy importante para mí

que se mantenga en secreto.

¿Qué ha sucedido en el barrio?

Ha habido mucho revuelo esta mañana.

Sí, la calle ha amanecido llena de pintadas contra la pensión,

la mantequería y el restaurante.

¿A santo de qué?

No se saben los motivos,

pero puede ser para forzales a que vendan sus locales,

o eso me ha contado Jacinto. Esto es indignante.

No entiendo cómo les pueden hacer semejante faena a personas de bien.

Tranquilícese. De nada sirve perder los nervios por un asunto

en el que no puede intervenir.

Tiene razón.

No debo involucrarme en todo lo que sucede en el barrio,

al menos, de momento.

Eso es.

Sería una pena que pierda los progresos que ha hecho.

Estaba pensando...

en el paseo que dimos ayer por el río.

¿Le sentó bien?

Maravillosamente. He dormido como un niño.

Yo creo que el paseo y su compañía...

me han ayudado mucho.

Yo también disfruté mucho.

Es la hora de mi medicación.

¿Por qué no se salta esta toma?

¿No le parece un buen momento para seguir reduciendo los fármacos?

A cambio,

le propongo una nueva tarea.

Debe utilizar sus recuerdos placenteros

en contacto con la naturaleza y revivirlos cuando sea preciso.

No entiendo bien lo que me propone.

Necesito esas pastillas.

O no. Escúchame.

Cada vez que sienta la necesidad de tomar esa medicación,

recuerde esos momentos en los que ha estado en calma consigo mismo

y recupere esas sensaciones.

No lo sé.

No lo sé, Dori. No...

(EXHALA)

¿Cree que será efectivo? Estoy completamente segura.

¿Y si pierdo los nervios?

Eso no tiene por qué pasar, hágame caso.

Le aseguro que mi propuesta es mucho mas saludable

que tomar esas píldoras.

Su cerebro tiene más poder del que se cree, utilícelo, Felipe.

Está bien.

Supongo que no pierdo nada por intentarlo.

Ese es el espíritu que quiero ver en usted.

Le felicito, Felipe,

dentro de poco ya no dependerá de los fármacos.

Supongo que esto es gracias al trabajo que está haciendo conmigo.

Y a su esfuerzo también.

Se puede decir que no hacemos un mal equipo.

¿Ya ha colocado las mesas?

Por supuesto, no podemos retrasar el turno de comidas.

¿Habéis acabado con las pintadas?

Sí, hemos borrado todos los insultos que nos han dedicado a nosotros

al resto de establecimientos.

Muy bien.

Siento que hayas perdido las clases de mecánica para ponerte a limpiar.

Ya le pediré los apuntes a algún compañero,

no la iba a dejar sola con este embolado.

Tengo un nieto que es más majo que las pesetas.

Pero no le doy un besito.

(Teléfono)

¿Sí?

Sí, soy yo.

Ah, hola, Claudia.

¿Dar un paseo?

Sí, claro.

Perfecto, la veo más tarde.

Hasta luego.

No te veo muy contento con tu cita.

No, no me entusiasma,

pero ¿qué puedo hacer si Azucena no me hace ni caso?

Claudia es simpática y me hace reír.

¿Y eso es suficiente?

Sí, supongo que sí.

Para dar un paseo, vale.

Guillermo, mira, sé que te empujé hacía Claudia,

pero igual que te dije aquello, te digo lo contrario.

Creo que te estás engañando y la puedes estar engañando a ella.

Que tú no le harías ni caso, si Azucena te hiciera un poco de caso.

¿De qué hablabais con tanto interés?

Pues de las pintadas que nos han puesto en la calle.

Ya. Si, ya he visto que las habéis quitado.

Y no ha sido poco trabajo.

¿Cómo te ha ido por la comisaría?

Los guardias no me han hecho mucho caso.

Y dudo que poner la denuncia sirva para algo.

Te deberían hacer más caso,

que se empieza con pintadas y a saber cómo se termina.

Para nosotros es importante,

no podemos seguir con el negocio si nos hacen pintadas en la fachada,

nos van a espantar a los clientes.

Deberíamos buscar a Mañas

y dejarle claro qué nos parecen sus bravuconadas.

Una somanta de palos le iba a quitar las ganas de...

No, hijo, no te tomes la justicia por tu mano.

¿Y qué hago, madre? ¿Quedarme de brazos cruzados?

Tranquilo. -Lolita va a hablar Fidel,

que es amigo suyo y un alto cargo de la policía,

seguro que nos ayuda.

Ya veremos si es un buen amigo o no. ¿Tú no tienes clase?

Sí, pero como he estado ayudando, me la he saltado.

Ya has terminado, no pierdas más tiempo y corre a tus estudios.

Yo voy a llamar a Saoret,

que bastante tiempo he perdido esta mañana.

Por cierto, me ha dicho Servando que le pregunte

si le puede vender naranjas a buen precio.

¡Qué plomo es ese hombre! Olvídate, ya he hablado con él.

Pero ¿qué hay de malo en venderle unos sacos?

He dicho que no me interesa, no insista más.

Maruja, escúchame.

¡Que sea la última vez que te pillo holgazaneando fuera de la casa!

No estaba holgazaneando, es que necesitaba laurel.

No quería hacer cola en la mantequería

y vine a la pensión a ver si Fabiana tenía.

¿Doña Bellita sabe que te has ausentado?

No, señora. Doña Bellita estaba en casa de Rosina cuando salí.

¿Y qué hace allí?

Las hermanas Rubio la han convidado a un chocolate,

se ve que quieren presumir de que Azucena fue a la ópera

con su pretendiente.

Menuda simpleza presumir de eso.

Yo fui con Ignacio una vez, y menudo tostón.

Una mujer entrada en carnes dando gritos en extranjero, qué pereza.

Demasiado complicado para alguien tan simple.

¿Cómo dices? Nada, que sí, que una pereza terrible.

Pero mire que pasa el tiempo y sigue teniendo clientela eso.

¿Y todo ese dinero? ¿Cómo vino con él?

Eso no es asunto tuyo.

No es asunto mío, pero con los vándalos que ahí,

no vaya a ser que le pillen los billetes.

A mí no hay quien me tosa, Maruja,

si sale un delincuente, ya daré buena cuenta de él.

Maruxiña.

Ya, sí, cualquiera que se le ponga delante debería salir corriendo,

pero lo digo porque no vaya a ser que tenga un percance.

De todos modos, lo tenía que traer.

Voy a ser socia capitalista de Servando y Jacinto,

vamos a comercializar naranjas. -¿Con esos dos?

¿Ya no se acuerda que quiso venderle un piano

y le dio un acordeón viejo?

Yo a esos no me arrimaba ni a dos metros, ni muerta.

Ya sé que es un liante de primera, pero es un negocio seguro.

No sé, yo me lo pensaría mejor antes de soltar las perras.

Ese es peor que el bandido Fendetestas.

Lo que me ha costado dar con el maldito hierbajo.

Doña Alodia.

Si llego a saber que está usted esperando aquí,

hubiera mandao a hacer puñetas al laurel este.

Veo que ha traído el dinero.

Sí, lo trajo.

¿Y cómo va a ser el negocio en el que se va a meter mi señora?

Bueno, es un negocio normal, de sacar dinero,

como todos los negocios.

¿Y todos van a poner la misma cantidad de parné?

No, Jacinto y yo no ponemos nada,

la socia capitalista es doña Alodia.

Entonces ¿ella se llevará mayor parte de los beneficios?

Claro. No, de lo que ganemos, todos nos llevamos lo mismo.

A ver si entiendo algo, que ando un poco tonta.

O sea, ¿si la cosa va bien los tres ganan dinero,

y si va mal, pierde ella?

Vamos a ver, nosotros ponemos los contactos,

la idea y la red comercial. ¿Te parece poco?

Pues sí. No haga caso al servicio,

esta no tiene más que pájaros en la cabeza, así le va.

¿Me da ya el dinero?

Me da que lo que ha dicho es de lo más sensato.

Mejor me quedo yo el dinero y lo uso para la reforma de mi casa.

Vámonos, Maruxiña. -Vámonos.

La puerta, leche.

Haga un esfuerzo, Felipe, solo sacando sus demonios sanará.

No puedo.

Es....

demasiado doloroso, voy a quebrarme.

Está bien, tranquilo.

Vamos a dejarlo por hoy.

Tampoco es bueno forzar mucho la situación.

Se lo agradezco.

No me siento muy bien.

Ahora trate de relajarse, pronto se sentirá mejor.

No entiendo qué pretende con estas conversaciones.

Trato de llegar hasta el foco del dolor para que entienda

de dónde viene sus temores y los pueda controlar.

¿No se ha dado cuenta de que cada vez tiene los nervios más templados?

Puede ser.

Estas conversaciones me dejan exhausto,

pero también me alivian.

Eso es señal de que la terapia funciona.

Al final va a resultar que es mejor médico que don Ignacio.

No me tome el pelo, por favor.

Voy al baño a refrescarme.

Fabiana, es tremendo lo que os han hecho.

No te puedes figurar la rabia que me ha dado.

Sí, doña Rosina, pero seguro que no tanta como a nosotros.

Menos mal que lo han limpiado todo en un tris y aquí no ha pasado nada.

Gracias a Casilda y a Jacinto entre otros.

No sé cómo agradecérselo.

A ella no, a mí, Fabiana.

El tiempo que os ha ayudado Casilda ha sido cedido por mí,

altruistamente y gratis.

-Mi hermana tiene un corazón de oro.

Qué se le va a hacer, generosa que ha nacido una.

¿Y creen que esto se puede volver a repetir?

Esperemos que no.

Fidel, que es un alto cargo de la policía

ha tomado cartas en el asunto.

Bueno, esperemos que ponga interés,

porque esto es un peligro para todos.

La pueden emprender contra nosotras o con los Quesada.

Dios no lo quiera.

Yo creo que se lo va a tomar muy en serio.

Se ha pasado por aquí cuando estábamos limpiando

y se ha indignado muchísimo con lo que nos habían hecho.

Muy buenas. -Buenas.

¿Qué tal, señoras?

Ya me ha contado mi tía que Azucena tiene un nuevo pretendiente.

Así es. Es un chico muy agradable y de muy buena familia.

Y guapo como una estatua griega, bueno, un adonis.

Anda, qué bien.

¿Y de dónde han sacado a ese príncipe?

De una de las mejores familias de la ciudad, los Lopez-Saldaña.

Ahí es nada.

Tienen palco propio en el Teatro Real.

Eso y que tiene un automóvil que se lo han traído de Inglaterra,

ya me lo ha contado unas cuantas de veces.

Porque Alodia no lo sabía,

porque una no es de presumir, no se vayan a pensar.

¿Cómo vamos a pensar eso de usted, doña Rosina?

Pero si usted no ha presumido nunca.

¿Por qué no tomamos un refrigerio en la terraza del restaurante?

Mejor no. No me gusta el local ni su propietario.

No seas picajosa,

¿qué más da un sitio que otro para tomarse un café?

Va. -No.

Señoras. -Pascual.

Don Pascual, quería decirle en nombre de todas

que sentimos muchísimo lo que le ha ocurrido.

Porque un acto así,

de esa forma tan anónima, es una felonía.

No se crean que ha sido tan anónimo,

todos sospechamos de la misma persona.

¿Y no se le ha ocurrido pensar que en su caso

pueda tratarse de un cliente insatisfecho

que exprese de esta forma

su queja por el trato que le han dispensado?

Es solo una posibilidad.

Tiene que reconocer que no siempre tienen el trato más apropiado

para los parroquianos de su local.

Mire, se acabó.

No voy a soportar ni un minuto más sus salidas de tono.

Su desconsideración no tiene límites.

¿Sabe usted el disgusto que tiene mi madre por esto?

Yo solo digo que si alguien se toma las molestias de hacer algo así,

tendrá sus razones.

Su estupidez solo es equiparable a su desvergüenza.

Es usted completamente insensible, desconoce la compasión y la empatía.

¡Caballero, me está insultando!

No, le estoy diciendo lo que es, un ser despreciable.

¡Es intolerable que se ponga de parte de unos delincuentes

y no de parte de sus vecinos!

Permiso.

¡No voy a consentir que me deje con la palabra en la boca!

¡Me niego a que un campesino venido a más me insulte de esta forma!

¿Qué está escribiendo? Nada, un simple diario.

Curioso,

yo también recojo mis pensamientos en un cuaderno

desde aquel fatídico día.

Perdone, pero son notas personales, prefiero que no las lea.

Ya. Discúlpeme, lo he hecho sin darme cuenta.

No tiene importancia.

Felipe,

¿usted me permitirá leer su diario?

¿Cómo se encuentra la señora?

Algo mejor, parece que la infusión me ha entonado.

Me alegro de que se encuentre recuperada.

Espero que su mal sea solo pasajero.

Yo también lo espero así,

no voy a poder estar postrada mucho tiempo.

Si trae algo de comer, puede llevárselo, no tengo apetito.

No es comida lo que le traigo, se trata de un telegrama.

Hay un mozo en la puerta esperando por si quiere dar respuesta.

"Localizado profesor Lluch en Marburgo".

"Se aloja en casa de un condiscípulo".

"No está muy protegido".

Dígale que espere, tengo una respuesta.

Señor Cuevas...,

tráigalo...

inmediatamente...,

por las buenas...

o por las malas.

¿Ya tiene la contestación la señora? Sí, yo misma se la daré.

Si Rodrigo quiere recuperar su libertad

y la convivencia con su bella esposa,

tiene que entregar la fórmula y volver a trabajar

como investigador jefe para mis empresas.

Conseguiremos la totalidad de la suma.

No se preocupe por eso.

Además, contamos con mi propio peculio.

La niña le tiene que hacer más caso al pretendiente.

Conozco bien a Azucena y sé cómo manejarla.

Siempre se resiste al principio, pero luego termina cediendo.

Rosina y Hortensia no se separan

y, temo que la estancia de ella en casa debilite mi matrimonio.

No lo permita.

No me cabe ninguna duda, señora Quesada,

está usted embarazada.

Valeria, no pienso esconderme ni vivir con miedo.

Si nos quedamos, nos enfrentaremos a Aurelio.

Hay que golpear primero.

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Acacias 38 - Capítulo 1441

04 mar 2021

Aurelio muestra a Marcelo los laboratorios que ha construido y ordena a Mañas que pase a la acción con los vecinos.

Por su otra parte, Ramón oculta a Lolita lo que trama con Fidel, mientras que Guillermo sufre cuando ve a Azucena marcharse a la ópera con Ángel.

Genoveva recibe un telegrama en el que Cuevas le comunica que Rodrigo ha sido localizado.

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