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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1440 - Ver ahora
Transcripción completa

Tú eres Genoveva, la reina de la manipulación.

Estoy seguro de que encontrarás alguna manera para volver

a recobrar los favores de la dulce pianista.

Podríamos estar hablando ahora mismo de una cantidad

como de 50 o 100 kilos de naranjas.

Lo siento, mi empresa solo hace envíos a partir de 1000 kilos.

-Nos hemos asustado, la hemos visto en el suelo.

Estoy bien, estoy bien.

-Entienda nuestra preocupación. No lo comenten con nadie.

-La próxima vez vendré con unos amigos

y no son tan amables como yo. ¡Fuera!

¡Y ni se le ocurra volver, ni solo ni acompañado!

Usted es una gran enfermera. Y una mejor persona.

Ambas virtudes

me están haciendo mucho bien. Gracias.

La operación alternativa destinada

a limpiar este país de indeseables.

¿Qué quiere saber de ella?

Participaré en ella.

No sé si quiero que reaparezca. Te amo, Valeria.

Pasaría toda la vida así,

recibiendo tus besos y tus caricias.

A mí me ocurre lo mismo,

pero no es posible.

Si nos hubiéramos conocido de otra manera...

Quizá ni nos habríamos fijado el uno en el otro.

Aunque cuando hay amor, tarde o temprano termina desapareciendo.

Me encantaría pasar a tu lado el resto de mi vida,

pero tenemos que hacer que sea una vida duradera.

¿Has pensado en mi propuesta, Valeria?

¿Fugarnos?

Sí. Es imprescindible.

Mi vida corre peligro, y quizá la tuya también.

Te olvidas de Rodrigo, David,

es mi esposo ante Dios y ante la ley.

Lo sé, Valeria. Y le buscaremos.

¿Y si aparece?

No lo sé.

Me aterra tener que decidir.

Él es mi esposo, sí, pero....

tú eres el hombre con el que quiero estar.

Creo que es algo que no debes decidir ahora.

Ahora, lo que corre prisa es

marcharnos de aquí antes de que aparezca Aurelio.

¿Sabes lo que me gustaría?

Irme contigo,

coger un barco y empezar una nueva vida.

Lejos de aquí y de todos:

de Rodrigo, de Aurelio, de Genoveva...

¿No te sentirías culpable?

Creo que sí.

No podría vivir en paz.

Entonces, lo descartamos.

Necesito tiempo, que es lo que no tenemos.

Valeria, no quiero perderte,

así que habrá que conseguir ese tiempo.

¿Y si Aurelio te hace algo?

Algún día te contaré hasta el último detalle de mi vida.

No es la primera vez que ponen precio a mi cabeza.

Sobreviviré.

¿Seguro?

Ahora, tú me das la fuerza.

Sabré cuidarme y cuidar de ti.

(Sintonía de "Acacias 38")

No tiene ningún derecho a tratar a don Pascual como le ha tratado.

¿Ahora es don?

Ya me dirá qué títulos tiene.

Ah sí, el de productor de naranjas.

A usted le da igual qué títulos tenga,

es un vecino de Acacias y como tal, le debe tratar.

Que yo sepa no es un vecino, es un comerciante naranjero.

Que ni sé dónde vive,

aunque no me extrañaría que durmiera en el almacén del restaurante,

entre naranjas y sacos de arroz.

Le repito que trate a Pascual como debe, con educación y respeto.

No es más que un campesino. Ni que le debiera algo.

Un campesino con tierras que dan sus frutos,

no como su finca familiar, que solo da quebraderos de cabeza.

No le consiento que hable así de la finca de los Rubio,

la misma en la que durmió el Cid. -Ah, ¿que ahora durmió?

La última vez que lo contó, solo pasó por allí.

Durmió, pasó por allí, ¿qué más da?

Historia de España, muchacho.

¿Qué le pasa a mi hermana? ¿Has discutido con ella?

Es imposible no hacerlo, Rosina, sí, he discutido con...

Mejor dicho, es ella la que ha discutido conmigo.

Como no me lo expliques. -Se empeña en llamarme "muchacho".

No se lo tengas en cuenta.

Y no trata a Pascual con el respeto que merece.

Y escúchame bien, o se lo dices tú o vamos a tener problemas,

más problemas de los que ya tenemos.

Liberto, ya sabes cómo es Hortensia.

Me da igual cómo sea.

Ha sido siempre así y no va a cambiar ahora.

Solo pido que le trate con educación, nada más.

¿Es que prefieres que don Pascual le eche en cara

que si no llega a ser por él pierde la finca?

¡No! Que no haga eso, por Dios.

Pues hazte a la idea.

Si no fuera por el productor de naranjas, como ella le llama,

ni finca, ni recuerdos, ni apellidos,

ni Cid ni nada, ¿me oyes? -Sí.

Bien.

Y de paso, dile que no me llame muchacho,

no lo soporto.

Querido, que sí, que sí, yo hablo con ella, tranquilo.

Este muchacho...

(GRITA) Perdón. De tanto oírlo...

No me gusta nada esta sopa, no sé cómo te la puedes comer.

A mí me parece que está muy rica.

Estoy segura de que tiene algo descompuesto.

Por lo que sé, últimamente nada te gusta.

¿Ha hablado Marcelo contigo?

(ASIENTE)

Él piensa lo mismo que yo,

que dentro de poco, habrá que habilitar una habitación

para el nuevo Quesada que llegue a este mundo.

Te lo diré muy claramente para que no te hagas ilusiones.

No, no estoy embarazada.

¿Ah, no?

Pues tus mareos, tus náuseas,

tu repentino asco por algunas comidas,

la verdad es que da sospechas de ello.

Habrá que buscar otras causas.

Si no estás embarazada,

te recomendaría que hagas todo lo posible

para darme el heredero que tanto deseo.

Con tu costumbre de forzar a las mujeres,

tal vez tengas muchos herederos por el mundo.

Si me dieras un hijo, sería tu seguro de vida.

Aurelio, tengo que repetirte

que tengo una fotografía tuya que no te gustaría que se viera?

Empiezo a estar harto de ese chantaje.

Si esa fotografía saliera a la luz, sería tu fin, no te sirve.

Después del tuyo.

Y tú no estarías viva para verlo,

no creo que esa venganza te llenase demasiado.

Todas lo hacen, querido.

Recuerda nuestros votos:

estamos juntos en la salud y la enfermedad,

en la riqueza y en la pobreza.

Somos un matrimonio y, si uno cae, el otro también.

Has olvidado cómo seguía la fórmula:

hasta que la muerte nos separe.

Dejemos esa parte como algo que ninguno de los dos desea.

Al menos, de momento.

Estamos unidos en nuestros crímenes,

lo mejor es que olvidemos las rencillas

y formemos una familia.

Una familia feliz.

Con hijos que nos cuiden en la vejez.

Eso nunca va a pasar, ¿sabes por qué?

No, pero estoy seguro de que me lo vas a decir.

Un padre como tú sería un castigo para mis hijos.

Yo nunca les haría eso.

Ya te dije que no volveríamos a yacer juntos.

Soy tu marido.

Al que cada día pierdo un poco más de aprecio, si es que queda algo.

Hasta el día que necesites algo de mí.

Ese día, esa falta de amor se convertirá en pasión desatada.

Me divierte que eso sea lo que crees.

Qué poco conoces a las mujeres.

Sin embargo, tú misma te quejas de que conozco a demasiadas.

¿Y sabes qué?

Tienes razón, conozco a muchas mujeres,

mejores que tú.

(Motor de coche)

Don Felipe ya sale,

ha llegado tan temprano, que todavía se estaba arreglando.

No se preocupe usted, puedo esperar.

Tengo para entretenerme. ¿Quiere un café?

No, gracias, acabo de tomar.

Lo que sí me gustaría pedirle es que cuando Felipe salga,

nos deje a solas.

Contaba con ello.

Supongo que el doctor Quiroga le ha hablado mal de mí

y viene a recomendar a don Felipe que siga sus instrucciones.

Lo que tenga que hablar con don Felipe,

solo nos concierte a nosotros.

Claro, perdone mi atrevimiento.

(Puerta)

Ramón. Felipe.

Qué agradable sorpresa.

¿Ha desayunado ya? Ahora, antes de salir de casa.

Yo no. Y tengo mucho apetito.

Dori, ¿le importa servirme aquí?

Donde quiera. Ahora mismo.

Siéntese, por favor.

¿Qué le trae por aquí tan temprano? Me ha cogido a medio arreglar.

Disculpe, peor a mi edad,

uno se despierta cada vez más temprano.

Veo que se ha levantado de buen humor.

He dormido bien, hacía tiempo que no lo podía decir.

Verá, Felipe,

don Ignacio está preocupado con la decisión de la enfermera

de reducir su medicación.

Don Ramón, no es una decisión de la enfermera, sino mía.

Agradezco a don Ignacio su preocupación,

pero yo tomo mis decisiones.

Él cree que están demasiado influenciadas por Dori.

Que deje de preocuparse.

El doctor cree que esa mujer no tiene ni la titulación

ni los conocimientos necesarios para tomar ciertas decisiones.

¿Sabe qué, don Ramón?

Me da igual.

Yo sé el bien que me está haciendo Dori al darme fuerzas.

Y no son las medicinas que me receta el doctor.

Si lo tiene usted tan claro...

Mire,

esta tarde iremos a dar un paseo por el río,

merendaremos, y quién sabe si montaremos en una barca.

¿Sabe cuánto tiempo hacía

que no sonreía ante la perspectiva de una tarde así?

Desde luego, suena maravilloso,

pero el doctor solo quiere asegurarse de que su pierna

se cura por completo.

El doctor no entiende de prioridades de la vida.

Prefiero estar cojo y feliz que dando saltos y amargado.

Y es Dori

y no los medicamentos quien está provocando un cambio en mí.

Me ha convencido usted.

Y también convenceré al doctor,

o me veré obligado a cambiar de médico.

Le he traído un café, para que no tenga que ver a don Felipe desayunar

sin nada que tomar.

Se lo agradezco, porque la verdad es que me apetece.

No hace falta que me hables bien de él, ese joven es un caradura.

Con todos mis respetos, señorita, estás siendo muy injusta con él.

No, si a mí me parece bien que ande enredando con otras mujeres,

pero que no quiera seguir haciéndome la corte.

Pero por lo que yo sé, él te vio con el pretendiente

que te buscaron tu madre y tu tía,

el Tierrasinregar o como se llamara.

Tenía que haberse enterado de que si salí con él,

fue porque no tuve otro remedio.

Arrea, no te imaginaba tan terca.

Pues ya sabes.

No, si tienes el carácter como tu tía, Rosina.

Como se le meta una idea en la cabeza

no se la sacan ni con un berbiquí.

Honra merece quien a lo suyo se parece.

Y, para que se entere Guillermo, tengo otro pretendiente.

Y bien guapo que es.

A mí me parece más guapo Guillermo.

Si tanto te gusta, te casas con él.

¿Qué está diciendo, señorita?

Que yo digo que pa ti, que hacéis muy buena pareja.

Desde luego, como Celestina no tienes precio.

Pero has pinchado en hueso. -Ya veremos,

muy enfadada estás tú para que no te importe.

Es que no sé por qué tengo que ser más educada con él.

Porque hay que serlo con los vecinos.

Con los que son de nuestra clase social.

Pascual, me niego a llamarle don Pascual,

es un campesino que cultiva naranjas.

Y que tiene dinero.

Como si el dinero le convirtiera en marqués.

Casilda, deja de mirarnos y sírvenos el café.

Madre, yo creo que hay que ser correcto con todo el mundo.

Ni que fuéramos bolcheviques.

A ver si vienen pronto los bolcheviques.

¡Casilda!

Como no hagas nada,

vamos a tener que llamarla doña Casilda, como al Pascualín.

¡A ver, Hortensia,

mi esposo te ha pedido que trates con educación a Pascual, y se acabó!

Como no, si tenía que estar detrás de todo esto el muchachito.

(Puerta)

Ni un fallo más. No quiero más errores.

Vaya, vaya.

No voy a decir que me sorprenda

que estuviera usted detrás del ataque,

pero me llama la atención que paseen juntos por la calle.

Déjanos solos, pero no te vayas muy lejos.

¿Me teme?

Siempre hay que cuidarse de los desesperados,

generalmente, tienen poco que perder.

Creo que tiene un recuerdo de su encuentro en el costado.

No fue tan grave como parecía en un principio.

Lo celebro,

así, mi sicario podrá hacer el trabajo completo

cuando yo se lo pida.

¿Qué quiere? -Negociar.

No tiene nada que me interese.

Y le recuerdo que tiene muchas cuentas pendientes con la policía,

no puede acudir a ellos en busca de protección.

Claro que tengo algo que le puede interesar.

¿Ah, sí? ¿Qué?

Influencia...,

influencia sobre Valeria.

No abráis los paquetes hasta saber quién es el remitente.

Señora, ¿qué le digo al mensajero?

¿Qué le vas a decir? Que adiós muy buenas.

¿Y no le doy una propina?

Está haciendo su trabajo. Ya tendrá un sueldo.

Casilda tiene razón, la costumbre es darles propina.

Y después nos llaman derrochadoras a nosotras.

Dale las gracias y que se vaya.

Lo que usté diga,

pero va a decir que en esta casa somos unos agarrados.

Qué mujer más levantisca, no sé cómo le has consentido tanto.

Tía, ¿puede decir ya de quién son?

Sí, sí. "Queridas y respetadas Azucena, Hortensia y Rosina".

"Estas cajas de bombones"... ¡Ay, bombones!

"...no reflejan ni la mitad de la dulzura que hay en su casa".

"Recíbanlas con el mayor de mis cariños y de mis respetos".

"Si no tienen inconveniente, esta tarde volveré a visitarlas".

"Cuento los minutos hasta entrar de nuevo en su hogar".

"Atentamente, Ángel López Saldaña".

(RÍEN)

Un caballero de los que ya no quedan.

Esta tarde había pensado dedicarla...

¡Azucena!, ya está bien.

-Los hay de avellana, mis favoritos.

Creo que es demasiado pronto.

Va a venir esta tarde, y se acabó. Ya está bien.

Toma, tus bombones.

(RÍE) -Si tienes tú los tuyos.

-Otro.

Vayamos a algún lugar más apartado.

No, no voy a ir con usted a ningún sitio.

Quiero que hablemos aquí, donde todo el mundo pueda vernos.

Muy bien, yo en su lugar exigiría lo mismo.

Reconozco que acaba de ofrecerme lo único que me interesa,

su influencia sobre Valeria.

Si quiere seguir usando a Valeria de señuelo

para que aparezca Rodrigo Lluch, no tiene otra opción.

Pero hay un problema,

nadie que haya traicionado a los Quesada vive para contarlo.

Que yo sepa, su familia solo tiene un principio,

terminar lo que ha empezado y aprovechar las oportunidades.

Veo que se ha preparado bien lo que decirme.

Lástima que no reflexionase igual

cuando decidió no cumplir mis órdenes.

Vamos a darle otra oportunidad al muchacho.

De momento, no le hagas nada.

Pero no lo pierdas de vista,

quizá cambie de opinión en cualquier momento.

Sí, señor.

Es una pena que ya no pueda volver confiar en usted.

Y todo por culpa de una pianista licenciosa de costumbres.

Tiene una última oportunidad,

pero una sola vez que incumpla mis órdenes

o un ataque de rebeldía por parte de Valeria,

un intento de fuga, lo que sea,

estará condenado a muerte.

¿Entendido?

Buenos días, Fabiana. -Buenos días, señorita.

¿Qué tal está hoy don Felipe? -Muy bien.

Se ha levantado de un humor radiante.

Eso es una novedad.

Ha aceptado que merendemos en el parque.

Luego iré a comprar algo donde Lolita.

Creo que a don Felipe le volvía loco la tortilla de patatas.

¿Ah, sí, y con cebolla o sin cebolla?

Eso ya no sé. A lo mejor, Lolita lo sabe.

Luego le pregunto. ¿Podría usar su teléfono?

Por supuesto que sí.

¿Se ha estropeado el de casa de don Felipe?

No, no. Es una llamada personal

y prefiero pagársela a usted y no que la tenga que pagar don Felipe.

Claro que sí. Ahí tiene el teléfono.

¿Uno más discreto no tiene?

Es el único que tenemos, lo siento.

Pero usted puede hablar tranquila,

que ya voy yo a fregar unos cacharros.

De acuerdo.

Sí, ¿operadora? Quería hacer una conferencia internacional.

Sí, espero.

Universidad de Budapest, Hungría.

(Música de piano)

(Música de piano)

¡Bravo!

Hay días en los que a una le apetece tocar, pero la alumna eres tú.

Yo también aprendo al verla interpretar así.

Tu turno.

A ver qué tal me sale.

(Música de piano)

Eh...

Creo que me deprimo al compararme.

No ibas mal, te falta un poco de soltura,

nada que no se consiga con más práctica.

Tendrías que practicar más en casa. -No.

Es que el ambiente no está para que me ponga a aporrear el piano.

Ya vendrán tiempos mejores.

Tienes este piano para cuando quieras.

No, si ya bastante molesto con mis clases.

No molestas, en absoluto.

Lo que sí puedes hacer un día es enseñarme a bailar.

Cuando quiera.

Eh... ¿Tango?

Tango, charlestón, de todo.

Hoy la veo muy animada.

He hecho las paces con David.

Y eso me pone de buen humor.

Lo celebro.

Se ve que se adoran, y era raro verles peleados.

Cosas del matrimonio.

Por cierto, mi tía y mi madre...

me han buscado un nuevo pretendiente, Ángel López Saldaña.

Me suena el nombre.

Sí. Buena familia, con prestigio...

Pero feo como un demonio.

No, de verdad, no es especialmente feo,

si hasta tiene su atractivo. -¿Entonces?

Tan altivo, tan pagado de sí mismo...

No me gusta nada.

Azucena, lo único que no te va a faltar en la vida son pretendientes.

Ya encontrarás a alguien que te guste.

La vida es muy larga para pasarla al lado de alguien que no te llene.

Ya, pero es que, Ángel López Saldaña tiene prestigio.

Y lo más importante, dinero, que es lo que le falta a mi familia.

Así que, mi madre no me lo perdonaría.

Pues rebélate, no eres una mercancía.

Tu madre, con acierto o sin él, hizo su vida.

No dejes que haga la tuya también.

Mejor toco el piano.

(Música de piano)

"Vielen Dank, doktor." "Auf Wiedersehen."

¿Qué idioma era ese, señorita?

Alemán, pero no se crea que lo hablo muy bien.

Lo aprendí cuando estudiaba, lo justo para entenderme.

Mejor que yo, que hablo español y ni medio bien.

No diga eso, que se hace entender como nadie.

Tenga, le dejo dinero por la llamada,

cuando le llegue el precio exacto, hacemos cuentas.

Esto es mucho dinero.

ha sido llamada internacional y larga.

Si sobra, ya me lo devolverá.

De acuerdo, de acuerdo.

A las buenas. -Buenos días.

¿Me pone un café, Fabiana?

Claro que sí, hija, encantada de la vida.

¿Usté quiere uno, señorita? -No, gracias.

Ay, una pregunta, Lolita,

¿a don Felipe le gusta la tortilla de patatas con o sin cebolla?

Con cebolla. Le vuelve loco.

Pues ya sé qué voy a llevar. Gracias.

Que todas las preguntas sean así.

Me voy a prepararla. Muchísimas gracias.

Buen día.

¿Has visto? Dori ha logrado que don Felipe

acepte ir a merendar al río.

Claro.

Lo que me parece es que don Ignacio es un poco obtuso,

se ve que Dori está siendo de gran ayuda para don Felipe.

Y que lo digas.

A los hombres se le conquista por el estómago,

pero se les cura por el corazón.

Qué suerte tienen los hombres de ser tan simples.

Vamos a hablar de cosas alegres.

¿Qué tal Fidel?

¿Fidel, qué, Fabiana?

Lolita, ya sabes que no me gustan los cotilleos,

pero la verdad es que se os ve bien.

Entre Fidel y yo no hay nada, me dan igual esos cotilleos.

Yo soy la viuda de Antoñito Palacios, y lo seré siempre.

No hay hueco para otros hombres.

Nunca digas de este agua no beberé.

Fabiana, soy de Cabrahígo, y somos muy cabezotas.

Y tanto que sí.

Mira, escúchame.

Ayer me encontré con Fidel y le dije que no habías abierto la tienda

porque no te encontrabas bien.

Y él me dijo a mí, que en realidad,

había venido al barrio para ver a don Ramón.

Pues no lo sabía.

Me comentó que tenían intereses comunes.

Vale.

¿Y su hermana, Rosina?

Siempre las veo tan juntas, que se me hace raro verla sin ella.

Si veníamos juntas cuando se dio cuenta

de que había olvidado el broche. Hortensia siempre tan elegante.

Sí. Desde pequeñas nos enseñaron

que teníamos que salir a la calle impecables.

-Habría que recordárselo más a menudo a las jóvenes.

Por cierto, me ha comentado Casilda

que el esposo de Valeria sufrió un ataque misterioso.

No me diga. -Sí, le digo, le digo.

Por lo que le he oído a Casilda,

David hizo la del humo en cuanto se deshizo de su atracador.

Menuda cosa más rara.

Aunque si ha salido por su propio pie, es que no ha sido grave.

Las calles de este barrio son cada vez menos seguras.

Pero hablemos de algo meanos escabroso.

Les quería preguntar qué opinan sobre Dori,

la enfermera que cuida a Felipe.

Aunque ya no tengamos buena relación, ha sido mi esposo,

y no me gustaría que estuviera desatendido.

Mi sobrino Ignacio no está muy contento con su trabajo.

Cree que se toma demasiadas libertades.

Y tanto que sí, como que ha dejado el altillo

para irse a vivir al piso de Felipe con él.

¿Quiere eso decir que están juntos?

No, Dios me libre, no he dicho eso, solo que duerme en la casa.

Con el historial de Felipe...

Mujer, es su enfermera, no creo que vaya a faltar

a los principios de una relación profesional con él

iniciando otra más íntima.

Cualquiera sabe, yo el otro día le pregunté a ella por él

y me contestó de mala gana.

Ellos dos sabrán lo que hacen, ya no es asunto mío.

Siempre queda algo.

No, no. Pueden hacer lo que consideren,

solo me preocupa que no sigan las indicaciones del doctor.

Hablando del rey de Roma, allí salen.

Paciente y enfermera no parecen. -La verdad es que no.

Ahí están las vecinas tomando nota de todo.

Descuide, deje que rabien.

Vamos.

Pasa. Cierra la puerta.

Siéntate.

Si me ven lo señores sentados, se van a enfadar.

¿Por qué?

Soy el portero. Y me he dejado un apaño a medias.

Hazte a la idea de que no estás aquí como portero,

sino como posible socio en un negocio de campanillas.

Vale, pero soy el portero.

Da igual, yo me voy a sentar.

Me siento. Pero si me despiden, me contrata usté.

Que sí. ¿Qué te ha dicho don David?

Si ya se lo he dicho, que después de la agresión desapareció.

Eso me lo dijo a mí también.

Y ha aparecido hoy como si nada,

diciendo que salió tras el agresor para identificarlo,

pero que no lo consiguió. Turbio asunto es ese.

Buenas. ¡Jacinto, en pie!

Sentado, en pie, ¿en qué quedamos? -Deja, anda.

Estoy intrigada. ¿Pa qué quería hablar conmigo?

Por favor, doña Alodia, tome asiento antes que nada. Aquí.

Ahí está.

Tira pa'llá, tira pa'llá.

Quería yo proponerle a usted un negocio

para ganar mucho dinero.

Yo no necesito dinero, Servando. Ignacio gana mucho y muy bien.

Ya. Pero el mundo moderno cambia, en el mundo moderno,

las mujeres no están supeditadas al dinero del marido.

Él tiene su dinero, usted el suyo, y sin rendir cuentas a nadie.

Eso es verdad, lo dicen en las revistas.

¿Y en las revistas esas no dicen que hay que invertir en naranjas?

¿"Naranjas"?

Materias primas.

Materias primas que se exprimen y dan zumo.

Sí.

El mejor zumo de España, no le digo más.

Y está en camino una tonelada de naranjas.

¿Una "tonelada"? ¿Cuánto es una tonelada?

¿Mil kilos?

Sí, por ahí, mil kilos.

¿Y qué vamos a hacer con tantas naranjas?

Venderlas, vamos a llenar la ciudad de naranjas.

Y solo necesitamos una inversión de dos mil pesetas.

Dos mil pesetas es un dineral, Servando.

Es mucho menos de lo que se están gastando en reformar su piso.

Debería de entrar en este negocio,

si no entra, se va a arrepentir toda la vida, no le digo más.

No se preocupe, que el tal Mañas no va a volver por aquí.

No sé qué interés tiene en nuestro local para ofrecer tanto dinero.

Me da igual, lo que no está en venta, no tiene precio.

Y menos aún con amenazas. -No creo que se vaya a conformar.

Lo recibiremos con un trabuco,

como el abuelo Vicent a los ladrones de naranjas.

Ten cuidado, hijo. -Que tenga cuidado él conmigo.

Voy a leer el periódico.

Si llamara Saoret, me avisa corriendo.

De acuerdo.

¿Qué?

¿Alguna novedad con Claudia?

Abuela...

¿Qué? Guillermo, es guapa, simpática y divertida.

¿Qué más quieres?

Ya lo sé, pero es que no me acaba de gustar.

Hijo, el roce hace el cariño.

Que no, abuela, que hay cosas que no se pueden forzar.

También es verdad, porque no hay que dejar que la moza

se haga ilusiones, si no estás dispuesto a cumplir con ella.

Lo mismo que yo pienso. -Ya.

Pero Azucena no parece dispuesta cambiar de opinión.

Ya lo sé.

Es todo un lío.

Escúchame, tú deja que el tiempo pase.

El tiempo lo pone todo en su lugar.

Ojalá.

Guillermo.

A ver qué quiere.

¿Sí, padre? -Siéntate.

El otro día vi pasar a Azucena,

miró para la otra acera como si le cobraran por mirar a ésta.

Sí, ya me he dado cuenta.

Pues deberías agradecérselo,

ya conocerás a una mujer que te guste de verdad

cuando acabes los estudios.

Ya sabe lo que pienso de eso.

Te lo repito, mejor para ti.

Imagínate que la hija sale como la madre.

¿La hay más insoportable en el barrio que Hortensia?

Ni Azucena es como su madre ni yo soy como usted.

Con su permiso.

Supongo que tu hijo se marcha molesto

porque te has metido en su vida.

Es un inocente, solo trato de hacerle entrar en razón.

Tú no eres el más adecuado para aconsejar a un joven

que se abre a la vida, con lo cerrado que estás.

¿Yo estoy cerrado? -Sí.

Sí, estás cerrado.

¿Hasta cuándo vas a mantener esa pena?

Deja que la pena se vaya ya.

La verdad es que no soy buena cocinera, no sé si sabré hacerlo.

Si sigues la receta, las lentejas te van a quedar de toma pan y moja.

¿Seguro? ¿No es muy difícil?

Si sabes encender el fuego, sabes hacer lentejas.

Y si no sabes, voy yo y te lo enciendo.

Bien, lo haré. -A ver.

Las lentejas, el chorizo de Cabrahígo, un hueso de jamón...

Da gusto contigo,

lo mismo le vendes a una clienta una libra de mantequilla,

que le enseñas a otra cocinar el plato favorito de su esposo.

No le hagas caso a ese que te quiere comprar el negocio.

Buah. Valiente mamarracho el tal Mañas.

Como vuelva con las amenazas, le atizo con la pata del jamón.

Le dejarías en su sitio. -Eso sería una muerte sabrosa.

Creo que don Pascual, el hijo de la señora Inma,

lo echó con cajas destempladas. ¿Quién se habrá creído que es?

Bien hecho.

Te voy a poner también un trozo de tocino,

verás que regusto le da a las lentejas.

Por cierto, me contó Fabiana lo de David con el atracador.

¿Está mejor? -Sí, quedó en un susto.

¿Podrías ponerme también pimentón?

Se me ha terminado el que tenía aquí.

Tengo más en la trastienda. Espérame un momento.

Buenas.

¿Y Lolita? Ha ido al almacén.

Perfecto, así aprovecho para ponerla al día.

Creo que he localizado a Rodrigo,

pronto tendremos noticias suyas.

¿Cómo "localizado"?

¿No le hace ilusión?

Sí, sí, sí, mucha.

Le dije que pondría a los mejores hombres a buscarlo.

-Aquí está el pimentón.

Buenos días, Genoveva. Hola, Lolita.

Apúntamelo todo.

Pero, bueno, qué prisas le han entrado.

Creo que se moría de ganas de estar junto a su amado esposo.

Bueno, dígame cositas, Genoveva.

Tengo un género para hacer unas lentejas...

Venga.

Si lo que quieren es que prescinda de Dori,

les respondo ya que no y nos ahorramos la discusión.

Felipe, sea razonable y escuche al doctor.

Ramón, lo soy.

Dori me hace la vida más fácil

y consigue que tenga ganas de curarme,

lo que las medicinas no habían logrado.

Yo no tengo ningún problema personal con Dori,

pero tanto yo como mis compañeros médicos,

hemos hecho el juramento hipocrático

y eso me obliga a velar por su tratamiento,

y darle los mejores cuidados.

Le aseguro que tengo el mejor de los cuidados.

En lo personal, no lo dudo, pero en lo clínico,

no creo que Dori tenga conocimientos

ni autoridad para cambiar mis instrucciones.

Confío en ella y me lo está demostrando.

Siendo así, renuncio a ser su médico,

y su salud será su responsabilidad.

Por favor, señores, no tomemos decisiones drásticas.

Yo no tengo ningún enfrentamiento.

Le aprecio, don Felipe, y seguiré haciéndolo,

independientemente de que sea o no su médico.

Lo mismo le digo, doctor.

Pero confío en ella.

A partir de hoy, seré el único responsable de mi estado de salud.

Me he permitido traer unas pastas para ustedes.

Muchas gracias.

No todos los jóvenes se acuerdan de la madre de su pretendida.

Ni de su tía.

Esta mañana, bombones, ahora pastas...

Nos va a mal acostumbrar. -Para mí es un honor.

Mi agradecimiento por haber traído al mundo a tan bella dama.

A ver si llega Casilda con el servicio de té

y damos buena cuenta de las pastas.

Estará de camino, calentando el agua.

Bueno, vamos a ver. -Sí, vamos.

Vamos, vamos.

Siéntese.

Quería aprovechar...

Me dijo usted el otro día que le apasionaba la música.

Sí, mucho.

Supongo que conoce la ópera de Verdi Rigoletto.

Sí, junto con La Traviata, es una de mis favoritas.

Se va a representar en el Teatro Real,

con Mary Chase, Rina Gallo y Enrico Molinari.

Y Vicenzo Bettoni.

Pero solo habrá dos representaciones,

será imposible conseguir entradas.

No crea. Mi familia tiene un palco permanente.

Si usted lo desea,

y sus distinguidas madre y tía lo consienten,

me encantaría invitarla,

así le presentaría a mi familia y amigos.

Qué maravilla, qué maravilla. -Chist.

¿Y cuántas plazas tiene ese palco?

(RÍEN)

Un maleducado el tal Mañas.

Me amenazó a mí, a la señora Inma, y anda todo el día tras Fabiana.

Dudo entonces que su estrategia para comprar locales dé resultado.

Conmigo no, desde luego.

Solo me faltaba que un pelagatos me amenace por no vender.

Lo que me intriga es el motivo de su interés

y de dónde conseguirá el capital.

Ni idea.

Me temo que algún día nos enteraremos

y será una gran sorpresa.

Desde que usted no se ocupa personalmente de los negocios,

todo ha cambiado mucho.

Pocas cosas me sorprenden ya.

Y hablando de negocios,

he decidido volver a dedicarme de ellos.

Eso es una maravillosa idea.

A no ser que crea que yo lo he hecho mal.

No, mujer, bastante haces tú con llevar todo

y sacar adelante la mantequería.

Muchas gracias.

Me ha costado mucho tiempo,

pero por fin vuelvo a sentirme con ganas.

Me alegra mucho oírle.

Es un primer paso en la recuperación.

Un primer paso, y será un camino largo.

¡Esto hay que celebrarlo!

¿No me digas que vas a abrir una botella de champán?

No, ya sabe que no hay bebidas en casa,

pero hay bombones. Voy a por ellos.

(Música de piano)

(Puerta)

(Música de piano)

(Música de piano)

Qué maravilla, Valeria.

No sabía que apreciaba tanto la música hasta convivir contigo.

David, te he echado tanto de menos.

Y yo a ti. -(SE QUEJA)

¿Estás bien? -Sí. Tengo que hablar contigo.

Vamos a sentarnos.

¿Te acuerdas que ayer me dijiste

que soñabas con coger un trasatlántico y no mirar atrás?

Sí.

Me he estado informando sobre pasajes de Lisboa a Nueva York

a muy buen precio, Valeria. Salen dos veces por semana.

Nueva York. -Sí. ¿A que es perfecto?

Y no tendríamos que quedarnos aquí,

podríamos viajar a cualquier lugar de EE. UU., Valeria,

cualquier lugar.

¿Y quedarnos allí para siempre?

Sé dónde tendríamos que ir

para falsificar los papeles que dirían que somos marido y mujer.

Entraríamos como esposos en EE. UU..

Estoy seguro de que, trabajando duro,

nos podremos labrar un futuro para nosotros y nuestros hijos.

Ea.

Ese es de licor. Ah.

Y este también, desde luego.

Así que, supongo que ya podemos brindar.

Por el éxito de los negocios. ¡Salud!

Espero seguir teniendo ojo para los negocios.

Eso no se pierde, don Ramón.

Seguro que en dos años duplica los gananciales.

Ojalá.

Porque será el futuro que le quede a tu hijo Moncho.

Me alegra que piense en él.

Creo que se ha reunido con Fidel.

Ya iba siendo hora de poner fin al asunto del engaño,

y siempre le he considerado una buena persona.

Eso pienso yo también.

No quiero más malentendidos ni rencores injustificados.

Parece otra persona, don Ramón.

No hay mayor intriga,

hacer las paces con todo el mundo, es lo que pretendo.

Fabiana me dijo que Fidel le había dicho

que los dos tenían intereses en común.

Valeria, no te veo convencida.

David, yo...

Pienso en los dos, en estar en Nueva York,

en bajar de ese barco como esposos, y no puedo evitar sonreír.

¿Entonces?

Pues que tengo un esposo,

y aunque no me siento atada a ese hombre, es mi esposo.

Pienso en lo que viví con él

y lo que he vivido contigo, y es tan diferente...

Rodrigo siempre exhorto en...

su trabajo, y yo tan sola...

Contigo es tan distinto.

Te amo con locura.

Como yo a ti, Valeria. Yo a ti también.

Casarme con Rodrigo fue un error de juventud, pero lo hice.

No puedes ser prisionera de un error toda la vida.

Yo no soy una aventurera,

es demasiado tarde para mí para soltar amarras.

No. ¿Demasiado tarde para ser feliz?

Aunque solo nos quedara un minuto de vida,

valdría la pena.

No puedes negarte a empezar de nuevo.

No puedes negar que es un partido impresionante.

Tienes que darle una oportunidad.

No, si no puedo negar que es un buen chico,

pero yo no puedo ir en contra del corazón, y no siento nada.

-"¿Qué necesita?".

Tengo unos terrenos en Huelva que he decidido vender.

Necesito dinero en efectivo cuando antes.

¿Y por qué tanta prisa por vender? ¿Pasa algo malo?

Guillermo, yo sé que te empujé hacia Claudia,

pero igual que te dije aquello, te digo lo contrario.

Creo que te estás engañando y la puedes estar engañando a ella.

Se me hace extraño que hayas dejado a la niña ir sola a la ópera

con Ángel.

Ay, ya. Y no me termina de agradar.

Sobre todo, pasándome lo que me pasó a mí de joven.

Es una suerte que don Felipe haya topao con Dori.

¿Tú crees? -Sí, mujer.

A ver, ¿qué es lo que le inquieta?

Me inquieta Dori.

Estoy viendo cosas raras, cosas que a mí no me cuadran.

Todos los vecinos de Acacias se niegan a vender.

Estoy muy decepcionado con usted.

He hecho todo lo que he podido

dentro de lo que marca la ley.

Quizá haya llegado el momento de saltársela.

Toma una decisión. Tu felicidad está por encima de todo.

Esperemos un poco.

Esperamos a que regrese, y si no, nos vamos juntos.

No sé si voy a aguantar tanta incertidumbre.

Voy a hacerme socia capitalista de Jacinto y Servando.

Vamos a comercializar naranjas. -¿Con esos dos?

Yo no me acercaba a esos ni muerta.

Las conversaciones me dejan exhausto.

Señal de que la terapia funciona.

"Voy al baño a refrescarme".

No pienso soportar más sus salidas de tono.

Su estupidez solo es equiparable a su desvergüenza.

¡Me está insultando! -No, no,

le estoy diciendo lo que es, un ser despreciable.

Un telegrama.

Hay un mozo en la puerta que espera por si quiere dar respuesta.

(LEE) "Localizado profesor Lluch en Marburgo".

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Acacias 38 - Capítulo 1440

03 mar 2021

Aurelio insinúa a Genoveva que puede estar embarazada, pero ésta lo niega, a la vez que Liberto discute con Hortensia por la manera en la que ha tratado a Pascual.

Por su parte, Ángel quiere llevar a Azucena al palco que su familia tiene en el Teatro Real. Mientras, Dori hace una llamada al extranjero desde la pensión, lo que hace sospechar a Fabiana.

Lolita se interesa por la relación entre su suegro Ramón y Fidel. Y Servando convence a Alodia para que invierta en el negocio de las naranjas.

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