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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1439 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Ha descubierto algo sobre el paradero de Rodrigo?

Aún no, pero no tardaré. Me he propuesto dar con él.

He hecho la transferencia, nuestras deudas están saldadas.

Otto Hanh, Universidad de Marburgo.

Dígame si tiene la documentación para salir del país.

Necesito que viaje al extranjero. Debe encontrar a una persona.

Así como Rosina está al tanto de la ayuda que nos ha prestado,

no le hemos dicho nada a Hortensia.

-¿No le han dicho que yo les he prestado el dinero?

Quiero que sepa que hemos decidido rebajar la medicación que tomo.

Que yo sepa, ninguno de los dos es médico.

A don David le han atacado.

Un canalla le ha intentado disparar por la espalda.

(LLORANDO) No puedo más.

Fidel, necesito hablar con usted de aquello que me propuso.

No exageraba al hablar de su belleza.

Es digna hija su madre y sobrina de su tía.

He llamado a todos los hospitales.

-He creído oportuno no acudir a ninguno,

no fuese que el matón de Aurelio me estuviera esperando

para rematar la faena.

(Campanadas)

¿Qué me has hecho, Valeria?

(VALERIA RÍE)

Lo mismo podría preguntarte yo a ti.

-Podría estar así toda mi vida.

-Hablas como un recién casado.

-Es mi corazón el que habla.

Será por eso.

Eres muy bella.

¡Mm!

-Perdona.

Perdona, perdona. -¡Ah!

-Se me había olvidado el navajazo.

Perdona.

Creo que debería bajar a la botica a por vendas

y a por ungüentos para que no se ponga peor.

-No, podemos aguantar hasta mañana.

Hace pocas horas que me han vendado.

-Aurelio no se va quedar quieto después de este fracaso.

-No me apetece hablar de esto ahora.

-¿Te vas a levantar?

-Un baño me vendría bien.

Es una pena que tenga la ropa limpia en la pensión.

-Qué lástima.

Tendrás que quedarte aquí.

A no ser que quieras salir a la calle desnudo.

(RÍE)

Solo esta noche.

-Así que me ofreces la más paradisíaca de las condenas.

Pues no podré resistirme.

(RÍEN)

Dígame la verdad. ¿Me la está jugando?

Disculpe, pero no... ¡Acabo de verla con Genoveva!

¿No tendrá la desfachatez de negármelo?

Coincidimos en la calle.

Está claro que no puedo confiar en nadie.

Le aseguro que le soy leal.

No hay razones para que dude de mí.

Es su palabra contra mi intuición.

Esa mujer me ha hecho la vida imposible.

¿Por qué iba a cambiar ahora? Ella vino a hablar conmigo.

Y le aseguro que la conversación fue corta y distante.

Cuando vino ofreciéndome sus servicios,

pensé que venía de la mano de Genoveva.

Por favor, don Felipe. Yo nunca le traicionaría.

Y muchísimo menos, con una mujer que le ha causado tanto dolor.

Sus juegos con mi medicación son sospechosos.

Por no hablar de su afán por adentrarse en mi mente.

Imaginarla trabajando a las órdenes de esa bruja

me pone los pelos de punta. Vamos a ver, don Felipe.

Por lo que he escuchado en el altillo,

la relación con esa mujer es una cosa cerrada.

Créame.

No hay nada que desee más que esa mujer se olvide de mí.

¿Por qué sigue pensando en ella?

No lo sé.

¿No será cosa suya este exceso de desconfianza hacia su exmujer?

En estos cinco años apenas he pensado en ella.

Pero ha sido verla y...

despertarse todos mis demonios.

Quizá ha llegado el momento de pasar página.

¿No cree?

La precaución hacia esa bruja

siempre estará presente en mi vida.

Además, estoy convencido

de que está detrás de la muerte de Natalia.

Quién sabe si la manipuló para seducirme.

No, por favor.

Esas acusaciones son terribles.

No puede vivir con esa sospecha continua, es insano.

La culpa la tiene el pasado odioso que vivimos.

Me puedo hacer una idea viendo su estado.

Hágame caso.

Manténgase alejada de esa mujer.

Y no lo digo por mí, sino por usted.

Si es por eso, puede estar tranquilo.

¿De acuerdo?

No es el primero que me predispone contra ella.

No soportaría que la manipulara en mi contra.

Mucho menos, que...

Que usted no fuera sincera conmigo.

Don Felipe, ya le dije que no le defraudaré.

Puede confiar en mí.

¿Lo hará?

(SUSPIRA)

Qué detalle tan bonito ha tenido el joven López Saldaña.

-Sí, es el pretendiente idóneo para la niña.

-Es guapo, atento y posicionado.

No has podido tener mejor ojo, hermana.

-Lo sé. Confiemos en que él y Azucena hagan buenas migas

y la relación salga adelante.

-¿Qué te parece dónde hemos puesto las flores?

-Muy bonitas.

-Podrías mostrar un poquito más de entusiasmo.

-Cualquiera diría que vienes de un funeral.

-Es aburrimiento y nada más.

-¿No será por la velada de esta tarde?

No podría resultar mejor.

-¿No negarás que el muchacho tiene conversación?

-Cuando se trata de hablar de sí mismo.

-Pero si era encantador.

-¿Qué culpa tiene si su vida es tan interesante?

-Todas sus anécdotas eran para dejarse bien a sí mismo.

-¡Desde luego, Azucena, qué ganas de sacar punta a todo!

-Tendríamos que volver a concertar una cita con él.

Estoy convencida de que terminaréis congeniando.

-Bueno, si usted lo dice.

-Mañana mando una nota a los López Saldaña

y organizamos otro encuentro. -Sería estupendo.

¿A que sí, hija?

-Lo que ustedes quieran.

(ROSINA SUSPIRA)

De verdad, qué ciega es la juventud.

-Menos mal que nos tiene a nosotras para velar por su futuro.

-¿De qué futuro habláis?

-Del futuro de Azucena. -Podría ser del nuestro.

Ahora que hemos saldado las deudas, podemos respirar tranquilos.

-Sí, mi amor, vaya carga nos hemos quitado de encima.

-Ahora solo falta que Azucena acepte a este pretendiente.

-Tiempo al tiempo, hermana, no seas agonías.

-¿Y si salimos a un restaurante al centro a celebrarlo?

-¡Ay, sí, qué ganas, buena idea!

-No, no, no volvamos a las andadas.

-Que no, que solo es una comida, nada más.

-¿Una comida? Sé lo que os gusta gastar sin ton ni son.

-No, ahora ya no, cuñado.

-Ya no soy el muchacho.

(ROSINA RÍE)

-Hemos cambiado y mucho, ¿verdad?

-Sí, sí, ahora somos comedidas.

Vamos a gastar el dinero de la hipoteca

y pagaremos las letras poco a poco.

-A ver si es verdad y hemos aprendido la lección.

-Oye, a propósito.

Me encantaría conocer a tu amigo, el que nos ha prestado el dinero.

Podríamos matar dos pájaros de un tiro

si le invitas a comer con nosotros.

-Sí, sí, pero no creo que pueda ser.

Está fuera de la ciudad, no creo que pueda.

-Bueno, otra vez entonces. -Sí, sí.

Vamos a llevar las flores a las habitaciones.

Las mías, a la mía.

-Claro, Rosa.

-Venga. -Bueno, una a una.

(Puerta abriéndose)

Me acabo de enterar de que han atacado a David.

Vaya por Dios.

Estas calles cada día son más peligrosas.

No soy estúpida, Aurelio.

Y no hace falta ser muy avezado para saber que estás detrás.

¿Acaso no te importa que haya salido con vida?

Eres el principal sospechoso, pronto vendrán a por ti.

David no dirá nada.

¿Cómo puedes estar tan seguro?

Este susto le servirá para reflexionar

sobre los riesgos que corre si traiciona a los Quesada.

Además, nadie conoce nuestra relación laboral ni están al tanto

del pequeño enfrentamiento que hemos tenido.

¿Tu repugnante intento de violación a Valeria?

Has perdido el norte. ¿Qué va a ser lo próximo?

David no podrá ninguna denuncia.

Tiene asuntos pendientes con la justicia.

No pondrá en peligro su cuello por mí.

Te da igual que haya salido de rositas.

Te equivocas.

Soy el primero en lamentar que siga con vida.

Lo disimulas muy bien.

De nada sirve lamentarse. Prefiero mirar las cosas

desde un prisma más acorde con mis intereses.

Tus intereses.

Eres un inútil.

Lo has arruinado todo.

¿Qué es lo que he arruinado?

Todo. Tenía a Valeria sola y a punto de comer de mi mano.

¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra?

Tú puedes continuar con tu amistad con Valeria.

Cuando David vuelva y le cuente todo, mi plan se irá a la basura.

Muy segura estás de que David va a volver.

No agonices por lo que todavía no ha pasado.

Además, tú eres Genoveva, la reina de la manipulación.

Estoy seguro de que encontrarás alguna manera para volver

a recobrar los favores de la dulce pianista.

Y ahora, si no te importa...

Tengo asuntos que resolver antes de irme a acostar.

(Campanadas)

Buenos días.

¿Has dormido bien?

No he descansado en toda la noche.

¿Vas a ir a la mantequería?

Pues no tengo cuerpo. Ya veré si abro esta tarde.

¿Por qué no te quedas descansando? Te vendrá bien.

Como si fuera tan fácil.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Sí?

Edelmira.

Bah, cuatro cosas de nada

para agradeceros lo que estáis haciendo por mí.

Me alegro que os hayan gustado los regalos.

Sí, por favor, pásame con Moncho.

Moncho, lucero mío, ¿cómo estás?

¿Ya estás recuperado?

¿Cómo que os encontrasteis un toro y os quería atacar?

Vaya susto, ¿no?

¡Pero no te comas los caramelos tú solo!

Comparte con los otros chiquillos.

Pórtate bien con tus tíos.

No te preocupes, vete a jugar.

Moncho, que mamá te quiere.

Te quiere mucho.

¿Qué tal Moncho? Supongo que ha llegado bien.

No ha pasado ni un día y ya le echo de menos.

Anda, siéntate conmigo y toma algo caliente.

Te entonará el cuerpo.

Me voy a acostar.

No me moleste en todo el día.

¿En qué piensas, Jacinto?

El asunto de don David, que me tiene trastocado.

No te preocupes, a nadie se le traga la tierra si uno no quiere.

Con lo malherido que estaba no pudo ir muy lejos.

Don David es un tipo duro de pelar.

Aparecerá, si quiere.

Yo que tú, me centraba en el negocio naranjil.

Sin los dineros de don José no creo que haya mucho negocio.

Si es que achicarse no sirve de nada.

Hay que tirar para delante.

Como los valientes.

El camino lo hacen los valientes, como un servidor.

Pues sin monís, no hay mucho camino.

Pues...

Pues fíjate, ahora estoy pensando

que me alegro que se haya echado para atrás.

Pues sí que cambia de parecer muy rápido.

Vamos a ver, es que necesitamos

alguien con visión emprendedora del negocio,

no a un guitarrista retirado.

Que ha gestionado la carrera de su esposa

y le ha hecho ganar dinero. Ahí le has dado.

Los dineros de su esposa, no los suyos.

No sé si un servidor tiene esa visión de negocio.

Para eso estoy yo aquí, para solventar las carencias.

Más que carencias, un agujero muy negro veo yo.

Tú déjate de quejas.

Se me ha ocurrido una idea que tenemos que poner en práctica.

Pue...

-Servando hablando y Jacinto escuchando.

Miedo me da.

¿A qué viene ese comentario ahora?

Viene a que me huele a otro de tus embrollos.

¿Tengo o no tengo razón? -Ya que pregunta...

No, no, déjalo, Jacinto.

Que a la Fabiana no le gustan ni le interesan nuestros embrollos.

No diga nuestros, diga suyos.

-Mejor no me digas nada.

Vámonos, Jacinto.

Vámonos, que aquí no nos entiende nadie.

Encima, siempre terminas dando explicaciones.

Usted hable y yo le sigo. Si yo hablo de mi esposa.

A ver si tiene un ratito para nosotros don Pascual.

Aquí tiene.

Casilda.

Aguarda.

¿Sabes algo de Azucena?

-Sí, algo sé.

Pero no creo que le vaya a gustar.

-Por Dios, Casilda, no juegues conmigo.

-Mi señora y su hermana le han buscado otro pretendiente.

-¿Otro?

-Sí, otro. Y los que haga falta.

Las dos están empeñadas en casar a Azucena

y no van a parar hasta conseguirlo.

-Vamos, que cada vez lo tengo más complicado.

-Bueno, eso tampoco es.

A la señorita Azucena no le ha convencido ninguno.

-Entonces, hay esperanza.

-Guillermo.

¿Es verdad que anda usted en tratos con una tal Claudia?

-Claudia no me gusta.

Mi interés no va más allá de la mera amistad.

-Una amiga.

-Sí, de verdad que no me interesa.

Sí, me cae bien, pero...

No es lo mismo.

-Usted y la señorita Azucena hacían una pareja la mar de bonita.

Es una lástima que se hayan distanciado.

Con Dios.

Sí, no se preocupe.

La semana que viene tendrá el pedido.

El placer es todo mío. Adiós.

Don Pascual, ¿tiene un momentito para nosotros?

Sí, claro, por supuesto. ¿En qué puedo ayudarles?

Pues mira, que aquí, mi amigo Jacinto y yo

queríamos proponerle un negocio.

Un negocio. Sí.

¿Y de qué se trata?

Bueno, pues se trataría de adquirirle

algunas naranjas de esas que usted vende.

Quieren comprarme naranjas.

Usted nos las proporciona, nosotros las vendemos

y después se las pagamos. Le parece bien, ¿verdad?

Un momento, creo que he entendido algo mal.

Quieren que les dé naranjas gratis. ¡No, no, no, por favor!

No, no, gratis no.

Sería un adelanto a cuenta de los beneficios, no es lo mismo.

(RÍE)

Me están tomando el pelo. No, señor.

Cuando hablo de negocios, soy una persona muy seria.

Y mi amigo Jacinto también. -Sí, sí.

-Solo por curiosidad.

¿De qué cantidad estaríamos hablando?

Bueno, pues...

Podríamos estar hablando ahora mismo de una cantidad

como de 50 o 100 kilos de naranjas.

Lo siento, mi empresa solo hace envíos a partir de 1000 kilos.

Por menos cantidad no nos sale rentable.

-¿1000 kilos?

Pero es casi una tonelada. Ahí, ahí.

-Piensen si pueden pagar 1000 kilos de naranjas

entre los dos. -¿Podemos pagarlos?

Bueno, pensaremos un nuevo plan,

un nuevo plan de negocio y ya se lo comunicaremos.

¿Qué plan de negocio?

Ahora te lo explico.

Venga. Con Dios. -Adiós.

-¿Qué querían estos dos, hijo?

-¿Estos dos? Nada, marear la perdiz.

-Ay.

¿Te vas? -Sí.

Tengo que tratar con un proveedor. Estaré fuera toda la mañana.

-Que vaya muy bien, hijo. -Gracias.

Buenos días. -Buenos días.

Buenos días, Fabiana. -Buenos días.

Preocupada me tenía usted.

No lo he sentido esta mañana en su habitación.

Hasta he llegado a pensar que no ha dormido aquí.

-En realidad, vengo a buscar mis maletas.

Regreso a casa con mi esposa. -Ay.

Sepa usted que me alegro de corazón.

Que ahí es donde tiene que estar,

en su casa y arropado por su señora.

-Le agradezco muchísimo la atención que me han dispuesto.

Pero ya es hora de volver.

Ah. -Pues está usted de suerte.

No solo por la reconciliación.

Que ya me han contado que ayer por poquito salva la pelleja.

-Jacinto le ha puesto al día. -Nos contó el ataque

con pelos y señales.

Qué susto se tuvo que llevar.

-Y aún más al comprobar que ni siquiera intentó robarme.

-Que le ataquen a uno por nada...

Eso da hasta repelús.

-Podría ser un rival en la Bolsa

o cualquier empresario perjudicado, quién sabe.

-La gente fina tiene tan mala leche como cualquier desarrapado.

-O más, Fabiana.

Cuanto más dinero, menos escrúpulos.

Tienen mucho que perder. Mejor no cruzarse con ellos.

-Dios no lo quiera.

Aunque yo ayer tuve un amago que me dejó muy mal cuerpo.

-¿Qué pasó?

-Estuvo por aquí el mismo hombre.

El que nos quiere comprar la pensión, ya sabe usted.

-Agente inmobiliario.

-Y qué manera.

Como que nos amenazó por no vender.

-¿Les amenazó?

-Nos dijo que saldríamos muy perjudicados

por rechazar su oferta.

Ya ve usted, como para fiarse de él.

-Usted no se amedrante, Fabiana.

Y si ese individuo insiste en sus amenazas,

avíseme, habrá que pararle los pies.

-Espero que no se dé la ocasión.

De todas formas, gracias de corazón.

-Gracias a usted, Fabiana.

Voy a buscar las maletas y me prepara la cuenta.

-Termino lo que estoy haciendo y enseguida se la preparo.

-Muchas gracias. -A usted.

Azucena.

-Buenos días.

-Azucena, espera.

-Dime.

-Tengo entendido que tienes un nuevo pretendiente.

-¿Quién te ha dicho eso?

-Eso da igual.

Lo que importa es que deberías estar radiante de alegría

y no te veo muy contenta.

-Pues te equivocas, estoy muy feliz.

Siempre es mejor estar con un pretendiente joven y sincero

que con otro que juega a dos barajas.

-¿Qué quieres decir?

-¿Es necesario que te lo explique?

Te tenía por alguien con más entendederas.

-Azucena, ¿de qué me estás acusando?

-De querer pretenderme a mí y a Claudia.

-Eso no es verdad.

¿De verdad te gusta ese pretendiente?

-Ese pretendiente se llama Ángel López Saldaña

y pertenece a una de las familias más distinguidas.

-No te estoy preguntando por él.

Te estoy preguntando si te gusta.

-No tengo tiempo para discutir con alguien tan desahogado.

¿Ha visto a mi padre?

-Acaba de salir, tenía que hablar con un proveedor.

¿No te has cruzado con él?

A ti te pasa algo.

-No es nada, abuela.

-Eh, eh.

A mí no me engañas.

¿Qué ha pasado?

-Acabo de discutir con Azucena. -¿Otra vez?

-Y va a ser la última. -¿Por qué?

-Porque tiene un nuevo pretendiente.

Rico, para más señas. -Ay, Guillermo.

Cuánto me duele verte sufrir así.

-Han sido su madre y su tía.

Han buscado pretendientes entre las mejores familias.

-Cariño, escúchame, yo sé que Azucena te gusta mucho,

pero no se puede nadar contra corriente y menos con su familia.

-¿Y qué hago?

-De momento, dejar de perder el tiempo lamentándote.

Y después...

-¿Y después?

-A ver, cariño, eres muy joven.

Tienes todo el derecho del mundo a divertirte.

¿Por qué no quedas con Claudia? Ella bebe los vientos por ti.

-Pero a mí me gusta Azucena.

-Ya, pero hazme caso.

Que el amor es complicado para los varones Sacristán.

Escúchame.

Diviértete, hazle caso a tu abuela.

Venga.

-¡Ay, abuela! -¿Qué?

Perdona, que no he podido evitarlo.

¡Ay!

¡Señora!

Señora, ¿está bien? Señora, contésteme.

-¿Qué ha sido eso, qué ha pasado?

-La señora se ha caído. -Levántale la cabeza.

-Sí.

-Aflójele usted la ropa. -Claro.

Le voy a dar un poco de aire. -Sí, por favor.

Señora, ¿está bien?

Dele.

-¿No deberíamos llamar a un médico?

-Me da que no es el primer vahído que sufre.

-Con más razón para hacerle venir.

Puedo acercarme a ver si está don Ignacio.

-Vendría bien que la examinara,

pero intuyo que esto se debe a causas naturales.

-¿Cree usted que la señora está...?

-Señora.

-Ay, señora.

Señora, ¿está bien, se encuentra bien?

-Señora.

¿Qué ha ocurrido?

-Se ha caído al suelo y ha perdido el conocimiento.

-Nos hemos asustado, la hemos visto en el suelo.

Estoy bien, estoy bien.

-Habíamos pensado en llamar al doctor Quiroga.

No, no hace falta, estoy bien.

¿Está segura? No me cuesta... ¡He dicho que no!

-Entienda nuestra preocupación. No lo comenten con nadie.

Ayúdame, Marcela.

No ha sido nada, estoy perfectamente.

Mi salud es cosa mía.

Así que dice usted que la medicación de Felipe

estaba desparramada sobre la mesa.

Según él, dice que le ha dicho a la señorita Dori

que le reduzca las pastillas, pero es cosa de ella.

Pero antes tenía que haberlo consultado con usted.

A fin de cuentas, es su médico. Y les digo una cosa.

Espero que esto no acabe en problemas.

El pabellón de mi hospital está lleno

de casos de los que no son médicos. -¿Eso es cierto?

-Modificar la medicación no es un asunto baladí.

Y se lo digo con conocimiento de causa.

-Pero Dori es enfermera, algo sabrá, digo yo.

-Sí, no sé yo hasta qué punto.

Por lo que sé, Lolita había contrastado

las referencias profesionales de Dori con Marina.

-La labor de una enfermera no depende de un diploma,

sino de la confianza que tenga con el médico.

Supongo que deberíamos buscar a alguien que cuide de Felipe.

Si es por mí, la habría despedido hace tiempo.

Tiene usted sus buenas razones.

Agradezco su apoyo.

Pero es una pena que don Felipe

se tome mis consejos por el pito del sereno.

No diga eso, don Ignacio.

Aquí todos valoramos su profesionalidad, ¿verdad?

-Y tanto que sí, don Ignacio. Y tanto que sí.

Bueno, ¿qué?

¿Les apetece un trozo de bizcocho de limón recién acabado?

-Por mí, estupendo.

-Enseguida se lo traigo.

No sabe usted qué bizcochos de limón prepara Fabiana.

-¡Qué maravilla!

Ya le dije y le digo ahora

que no estoy dispuesta a vender el local.

-Señora, calibre al menos la cantidad que le ofrezco.

Está muy por encima del precio de mercado.

-Le repito que acabamos de abrir hace nada.

No voy a deshacerme del negocio

ahora que lo hemos sacado adelante.

-Con esta cantidad podría vivir mejor y no tendría que trabajar.

-Llevo trabajando toda mi vida.

Si no tuviera este restaurante, me buscaría otra cosa.

-Busque nuevos horizontes, pero con el bolsillo bien cubierto.

Seguro que tiene en mente un montón de cosas.

-Le repito: no voy a vender el restaurante.

Y le ruego que no siga, su insistencia me incomoda.

-¿Todo bien, abuela? -Sí.

¿Te acuerdas del señor Luis Mañas?

Ya estábamos acabando. No vendo.

-Ya le ha escuchado.

-Creo que no he sido lo suficientemente claro.

-Mi abuela ha dicho que no y es que no.

-Mi empresa tiene contactos en las altas esferas.

Podrían hacerles la vida imposible si persisten en su negativa.

-¿Cómo dice?

-Quién sabe si en breve el negocio

podría dejar de ir bien y arruinarles.

-Guillermo.

-Creo que deberían reconsiderar mi ofrecimiento.

-No voy a tolerar que amenace a mi abuela.

-Solo intento ayudarla. Debería hacer lo mismo.

Un mozalbete inexperto no tiene derecho a poner en peligro

la estabilidad de su abuelita.

-¿Y ahora le falta al respeto? Le ruego que se marche.

-¿Qué está pasando aquí?

Está cerrado.

Perdone, ¿sabe por qué está cerrada la mantequería?

-Es que Lolita se ha quedado en casa, no se encuentra bien.

-Vaya, tendré que acercarme a preguntar por ella.

-Discúlpeme, pero mejor no molestarla hoy.

Tiene mucha pena por la ausencia de su niño.

-Ya, lo entiendo.

-Pobrecita, con la falta que le haría tenerlo cerca.

-En realidad, me acercaba a hablar con don Ramón.

(ASIENTE)

Pues no sabía que usted y don Ramón se frecuentaran.

-Bueno, tenemos intereses en común y nos hemos ido haciendo amigos.

Muy buenas.

Muy buenas.

-Servando, le estaba comentando a Fidel

que hoy Lolita no se encuentra bien.

Es cierto y no vea cómo se le echa en falta.

-Confiemos en que se recupere. Ojalá que sea así.

Que tengan un buen día. Vaya con Dios.

-Igualmente.

Mi madre le ha dejado clara su posición muy educadamente.

No sé a qué vienen estas formas de matón.

-Si mis maneras no le gustan, no sabe lo que se le viene encima.

-Deje de amenazarnos y salga de mi restaurante.

-¡No tienen ni idea de con quién se están jugando los cuartos!

-¡Lárguese de una maldita vez!

-La próxima vez vendré con unos amigos

y no son tan amables como yo.

-¡Fuera!

¡Y ni se le ocurra volver, ni solo ni acompañado!

-¡Quite sus manos de encima!

-¡A ver si tiene agallas de volver, aquí le espero!

Usted sí que no sabe con quién se está jugando los cuartos.

Dice Fidel que quería ver a don Ramón.

Pero ya te digo yo que lo que quería era rondar a Lolita.

Mucho se le ve a ese por el barrio últimamente.

¿Qué querrá el pollo este? Qué mala espina me da.

Calla, que si no es por mí, está la pensión vendida.

Bueno, lo que te decía.

Que Fidel, ese hombre, anda detrás de Lolita.

Si no, ¿a cuento de qué se iban a llevar a Moncho?

Si es cierto eso que dices, la cosa podría ser seria.

Como que ya he escuchado apuestas sobre el próximo compromiso.

Vamos a ver, el muchacho no es mal partido, hay que reconocerlo.

La verdad es que bien parecido sí que es.

Otra cosa es que Lolita no muestre mucho interés.

Deja, deja, que el que la sigue la consigue.

Es que Lolita se merece un buen hombre a su lado.

Y no será que no ha podido tener candidatos

desde que murió Antoñito.

Esa muchacha tiene mucha carga encima.

Solo alguien que ha pasado por lo mismo puede entenderlo.

Oye, pues puede ser la horma de su zapato.

Y ahora, además, se ha hecho amigo de don Ramón.

A ver si por fin él consigue acabar

con tanta guerra entre don Ramón y Lolita.

Dale tiempo al tiempo. Sí.

Espero haber aclarado ayer el malentendido con Genoveva.

Es necesario que confíe en mí para avanzar en su curación.

Y mucho más, ahora, en esta nueva etapa.

¿Me cree o no me cree?

Sí.

Le creo.

Usted es una gran enfermera.

Y una mejor persona.

Ambas virtudes me están haciendo mucho bien.

En todos los aspectos.

Gracias.

No pretendo halagarle.

Simplemente, le agradezco todo lo que está haciendo por mí.

Y puede estar tranquilo con mi lealtad.

No voy a fallarle.

La última mujer en la que pude confiar

ya no está entre nosotros.

Hay demasiados muertos a mi alrededor.

Vivir no es solo mirar hacia delante.

Hay que dejar cosas atrás.

De nosotros depende que esto juegue a nuestro favor.

No hay día que no recuerde a Natalia.

Ella consiguió lo que parecía realmente imposible.

Que recuperara la ilusión.

Y que me enamorara otra vez.

Así es la vida.

Cuando uno cree que todo está perdido,

algo nos permite recuperarnos.

Siéntese, por favor.

¿Y usted?

¿Ha estado enamorada alguna vez?

Sí.

De hecho, tuve un gran amor.

Braulio se llamaba.

¿Y por qué ya no están juntos?

Porque Braulio murió.

Lo siento. No, no, tranquilo.

Íbamos a casarnos.

Pero unos meses antes le llamaron a filas.

Luchó en la guerra del Rif.

Entiendo que murió en combate.

No, fue uno de los pocos de su batallón que se salvaron.

Aunque...

No sé si fue lo mejor.

¿Qué le ocurrió?

No pudo soportar todo el horror que vio en la guerra.

Por eso, decidió quitarse la vida.

Ni siquiera esperó a llegar a España.

(SUSPIRA)

La última vez que le vi fue en la estación,

cuando fui a despedirle.

Su pelo revuelto, su sonrisa.

Su olor.

Es curioso, pero...

No se me va, por mucho que pasen los años.

(Puerta)

Descuide.

Abro yo.

¿Le han traído una carta?

En realidad, es una nota de don Ramón.

Quiere hablar conmigo.

A solas.

Pensé que vendría a primera hora de la tarde.

Esa era mi intención, pero me reclamaron del trabajo.

Siéntese.

¿Ha ocurrido algo?

Llevamos tiempo con esto.

Se está preparando un nuevo atentado anarquista.

Más muertos.

¡Esa gentuza no tiene límites! Está visto que no.

Por eso estamos aunando las fuerzas civiles y militares

para intentar evitar este desastre.

Se equivocan.

La burocracia solo sirve para calmar conciencias,

no para evitar muertos.

Tiene razón, por eso no hay tiempo para indecisiones.

No, no lo hay.

Don Ramón.

¿Por qué me ha hecho venir?

¿Recuerda usted la operación alternativa

que me comentaba hace unas semanas?

Sí, la destinada a limpiar este país

de indeseables. Supongo que sabe de lo que le estoy hablando.

¿Qué quiere saber de ella?

Todo.

Quiero escuchar su propuesta.

Y si la encuentro coherente,

participaré en ella.

Cuando al comida es buena y cara, no hay digestión mala.

-Ya, ya, si tú lo dices, cariño...

-Hemos comido muy bien en ese restaurante del centro.

Yo no lo conocía. -Hemos ido muchas veces.

Lástima que tuvimos que dejar de frecuentarlo.

-No hace falta que te recuerde por qué.

-No seas agonías, las cosas se están encauzando.

-Poco a poco, Rosina.

Todavía no podemos hacer esos dispendios.

-Muy bien acompañado le veo.

-Pues mire, sí.

Venimos del centro, de celebrar

que las cosas tienen solución. -No hay mal que cien años dure.

Supongo que les ha llevado a un lugar digno de la ocasión.

-La verdad es que sí, don Pascual.

Hemos ido a uno de los mejores restaurantes.

-Uno de categoría, no como esta taberna de medio pelo.

-Hortensia. -Al pan, pan y al vino, vino.

Rosina, vamos, no se nos vaya a pegar algo del naranjero.

No se lo tenga en cuenta, ya sabe cómo es.

-Me da igual cómo sea.

No pienso tolerar que se me trate con esa altanería.

-Y tiene usted razón.

No hay día que no aguante sus desplantes.

Su forma de hablar es irritante.

-Ya, pero usted es familia y tiene que aguantarla.

Yo ya soy mayorcito para soportar cierto tipo de comentarios.

-Le pido mil perdones. Intentaré que no vuelva a ocurrir.

-Le voy a decir una cosa, Liberto.

La próxima vez no pienso morderme la lengua

y pondré a su cuñada en su sitio.

Don Ramón, entiendo sus reticencias.

Pero solo tiene que pensar que estamos intentando

salvar la vida de muchos inocentes.

No a cambio de nada.

No.

El coste será importante y doloroso.

Pero yo ya he sufrido el drama de perder a los míos

en un atentado, así que asumo mi parte

para intentar evitar ese dolor a otros.

Yo también.

Yo también estoy dispuesto a asumirla.

Por mi nuera, por mi nieto.

Yo ya he perdido todo en esta vida

con aquella maldita bomba.

Mi esposa, mi hijo, pero por ellos...

No tiene por qué explicármelo, pienso igual que usted.

Usted no ha visto la cara de pena que ponía Lolita

cuando tenía que despedirse de Moncho.

¿Y por qué tiene que estar separada de él?

Porque intenta evitar verle crecer en la misma calle

en que unos malnacidos asesinaron a su padre.

Lo sé, Ramón.

No podemos quedarnos de brazos cruzados.

Tenemos que hacerles justicia. Ahora tiene la oportunidad.

No lo pensaré más, cuente conmigo para lo que haga falta.

Siempre supe que estaría con nosotros.

¿Te hago daño?

-No mucho más que cuando me agarras entre tus brazos.

-Lo digo en serio.

No quiero apretar demasiado.

-Así está bien.

-Has tenido suerte de que la herida fuera superficial.

-Estaba mi ángel de la guarda cerca aquel día.

-Querrás decir Jacinto.

Que dio la voz de alarma. -Sí.

Mi ángel de la guarda, personificado en un portero.

-Tendrías que ver lo asustado que estaba cuando vino.

-Supongo que no más que tú.

-Imagínate mi angustia.

Imaginarte desaparecido y malherido.

-Siento haberte preocupado.

Pero no quería que este asunto trascendiera

y busqué ayuda por mi cuenta.

-Siéntate.

-Ah.

-¿Qué va a ser de nosotros, David?

-De momento, protegernos de Aurelio.

Por lo menos, yo.

He herido su orgullo.

No va a tardar en aparecer para cobrarse su venganza.

-Es tan angustioso

saber que tarde o temprano va a venir.

-Sí, Valeria.

Esta casa puede convertirse en una ratonera.

En una tortura.

No olvides que esto es de su propiedad.

Tenemos que salir de aquí cuanto antes.

-¿Salir adónde?

-Cualquier lugar será más seguro que aquí.

Pero tenemos que huir antes de que aparezca.

-No sé, David, yo...

Tengo miedo.

-Tranquila, confía en mí.

Juntos escaparemos de las garras de los Quesada.

Y buscaremos a tu esposo... -No es tan fácil.

-Sí, solo tenemos que preparar las maletas

y poner tierra de por medio.

-Me refiero a Rodrigo.

No sé si quiero que reaparezca.

Ya lo sé, es terrible, soy una esposa indigna.

Ya lo sé, pero no puedo evitarlo.

Intento acordarme de su rostro,

de sus manos, de su voz.

Pero no puedo.

Solo te veo a ti.

-Valeria, a mí me pasa lo mismo.

Mi pasado se va difuminando.

Tú acaparas todos mis pensamientos.

-David.

-Te amo, Valeria.

Entre Fidel y yo no hay nada, me dan igual esos cotilleos.

Yo soy la viuda de Antoñito Palacios

y lo seré siempre.

-Nunca digas de este agua no beberé.

Lo único que pido es que le trate con educación.

¿O qué prefieres, que don Pascual le eche en cara que gracias a él

sigue conservando la finca? -Que no haga eso, por Dios.

-Pues hazte a la idea, Rosina.

Si no es por el productor de naranjas, como le llama,

ni finca, ni recuerdos, ni apellidos

ni nada, ¿me oyes? -Que sí.

Imagino que el doctor Quiroga le ha hablado mal de mí

y viene a recomendar a Felipe que siga sus instrucciones.

Lo que yo tenga que decirle a don Felipe

solo nos concierne a él y a mí.

No estoy embarazada.

¿Ah, no? Pues no sé, las náuseas, los mareos.

Tu repentino asco por algunas comidas.

Dan sospechas de ello.

Habrá que buscar otras causas.

Si me dieras un hijo, sería tu seguro de vida.

¿Tengo que volver a repetirte que tengo una fotografía

que no te gustaría que viera la luz?

Si esa fotografía saliera a la luz,

sería tu fin, no te sirve. Después del tuyo.

Y no estarías viva para verlo.

Quería hacer una conferencia internacional.

Sí, espero.

Universidad de Budapest, Hungría.

Podríamos ir a cualquier lugar de Estados Unidos.

Cualquier lugar.

-¿Y quedarnos allí para siempre?

-Sabría dónde ir para falsificar los papeles

que dirían que somos marido y mujer.

Entraríamos a Estados Unidos como esposos.

La van a representar en el Teatro Real.

-Pero solo habrá dos representaciones.

Será imposible conseguir entradas.

-Me encantaría invitarla y le presentaría a mi familia.

Hablando de negocios,

he decidido volver a dedicarme a ellos.

¿Qué quiere? -Negociar.

-No tiene absolutamente nada que me interese.

-Claro que tengo algo que le interesa.

Influencia sobre Valeria.

Creo que he localizado a Rodrigo.

Pronto tendremos noticias suyas.

¿Cómo localizado?

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Acacias 38 - Capítulo 1439

02 mar 2021

Felipe le pide explicaciones a Dori tras haberla visto hablando con Genoveva, pero la enfermera le asegura que no tiene ningún motivo para que desconfíe de ella.

Por otra parte, Casilda le cuenta a Guillermo que Azucena tiene a un nuevo pretendiente. Guillermo se siente fatal y su abuela Inma le anima a que no pierda el tiempo con Azucena y quede con Claudia.

Mientras, Genoveva reprocha a Aurelio su ataque fallido contra David; a la vez que Ramón se reúne con Fidel, dispuesto a valorar su propuesta de colaboración.

David y Valeria deciden llevar a cabo un plan de fuga de Acacias…

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