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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1437 - Ver ahora
Transcripción completa

Primero quiero eliminar a Genoveva.

¿Ha pensado ya cómo quiere hacerlo?

-"Con veneno2.

"Será usted quien se encargue de administrarle algo

que vaya acabando poco a poco con su vida

y que no deje ningún rastro.

Explícanos eso de que ha desaparecido el administrador.

Según me han contado, ha estafado a más familias

que como nosotros, eran clientes suyos

y se ha fugado con todo el dinero.

¿Con el nuestro también?

-"Esta mañana" me encontré con tu suegro

y le vi mu mustio,

por eso, he pensao que podíamos hacer una merienda en tu casa

pa despedir a Moncho en familia, como Dios manda.

Lo mejor que podemos hacer es vender este piso al tal Mañas

por lo que quiera darnos por él.

El señor Quesada te tiene retenida porque eres un señuelo.

para forzar el regreso de Rodrigo y así poder capturarlo.

¿Me has engañado para servir a tu amo?

¿Eres consciente del daño que me has hecho, lo sabes?

Durante todo este tiempo sabías la verdad...

y has fingido compadecerte de mi situación.

Nunca te oculté que trabajaba para Quesada.

¡Hemos convivido en esta casa,

te portabas como un marido amoroso de puertas afuera

y como un amigo comprensivo de puertas adentro!

¡Hasta has hecho que me enamore de ti!

Eso no entraba en los planes. -¿Y pretendes que te crea?

¿Qué entraba en tus planes y en los de tu jefe?

Yo me enamoré de ti,

no pude evitarlo,

yo mismo me sorprendí cuando me vi pensando en ti a cada día.

¡Pero seguías de parte de Aurelio!

El mero hecho de estar enamorado de ti, ya me ponía en contra de él.

¿"En contra de él"?

¿Mantenerme engañada es estar de mi parte?

¡Quise marcharme!

¡Eres patético con tus justificaciones!

¡Pero te quedaste y me sedujiste!

¡Hasta que no te has acostado conmigo, no me has dicho la verdad!

No, eso no es así.

Te quiero, Valeria.

Y acostarnos fue...

una decisión compartida, lo sabes. -No.

Me acosté con alguien a quien yo creía cercano,

comprensivo, valiente, y tú eres todo lo contrario.

Si mientras me besabas,

mantenías la mentira con el que Aurelio me ha intoxicado

todo este tiempo.

Ahora ya sabes la verdad.

Lo que no sé, es quién eres tú.

¿Qué clase de hombre juega así con los sentimientos de una mujer,

con su inocencia? Estarás orgulloso.

Nunca te dije que fuera un caballero.

Y no, contestando a tu pregunta, no, no estoy orgulloso Valeria.

Perdóname. -Qué fácil es pedir perdón.

Los hombres más miserables terminan pidiendo perdón.

He trabajado muchos años para don Aurelio.

Solo me limitaba a cumplir órdenes.

Y yo solo era una misión más.

-Sí,

eras una más, Valeria.

Pero no entraba en mis planes enamorarme de ti.

Al menos, hay algo que no haces por dinero.

Don Aurelio ya me lo advirtió,

nada de intimidades.

Por eso me mostré tan distante al principio de nuestra convivencia.

Pero sucedió.

Me enamoré de ti.

Y a partir de ahí,

el desastre. -Márchate.

Valeria... -¡Márchate!

No te quiero aquí.

Te quedarás sola.

Pero no escucharé tus mentiras.

Eres un miserable

y un mercenario.

Te quiero fuera de mi vida.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lo siento.

Con sentirlo no vale.

¿Dónde está?

Se ha ido a dar un paseo con Fabiana y Servando.

Quiere que sean sus abuelos de ciudad.

Nada me gustaría más

que mimarle, abrazarle, darle cariño...,

pero no puedo, créeme, que no puedo.

Tampoco lo ha intentao.

Tengo miedo de hacerle daño,

de que note que me fuerzo...,

de que note que veo en él a su padre.

Sin hacerle ni puñetero caso, le hace daño a él y a mí.

Y esto ya dura demasiao.

Me paralizo cuando pienso en él,

me siento un ser despreciable,

Inténtelo.

Se lo ruego.

Hágalo por él, por su nieto.

¿No se da cuenta que le necesita?

Me pregunta por su abuelo, y yo... ¿Y tú...,

tú qué le dices?

Le tapo a usté, no sufra.

Pero se me parte el corazón verle mendigar afecto a otros,

a Servando, a Fidel... Necesita a su abuelo.

Quizá...,

quizá la próxima vez.

Moncho se va mañana.

Cuando vuelva.

De eso nada.

Le quiero presente en su despedida.

Marita vendrá a media tarde y saldrán en auto a Cabrahígo.

Si por un milagro es aparece usté,

recuerde que se llama Moncho,

y no Antonio,

que los críos son muy sentidos pa esas cosas.

¡Operadora!

¡Operadora!

Sí, la oigo, de milagro, pero la escucho.

Al que no escucho es a mi cliente. Imposible hablar con Cuenca.

No lo creo, pero, si es mi teléfono,

ya están mandando a alguien para que lo apañe.

Sí, que pase una buena tarde.

Un mal día. -No será peor que el mío.

Un café, por favor.

Sí, claro.

Esta mañana se le veía a usted bastante atribulado.

Sí, lo estaba.

Los problemas de dinero, don Pascual.

La falta de dinero no se soluciona de un día para otro.

Más bien, empeora de un día para otro.

Al perro flaco, todo se le vuelven pulgas, ya se sabe.

Cuente, si quiere. Tengo experiencia en esos asuntos.

Y dos cabezas piensan más que una.

Está en peligro uno de los activos

que tenemos para no quedarnos con lo puesto.

¿Qué tipo de activo?

La finca familiar de mi esposa en Burgos.

De su esposa y se desprende que de su cuñada también, ¿no?

Esa es otra.

El administrador se ha fugado con el dinero

que con tanto esfuerzo habíamos entregado para saldar las deudas.

Ya. Y ahora siguen ustedes con la obligación de satisfacerlas,

¿no es así? -A riesgo de perderla.

¿Ha dado usted con alguna solución rápida?

La única solución que se me ocurre es usar parte de la hipoteca

para saldar las deudas.

Pero eso nos obligaría a vivir para pagar las cuotas al banco.

"A vivir"... A no vivir, más bien.

Eso, a no vivir.

Tenemos un local en el centro,

pero esas rentas no nos cubren ni los gastos ordinarios

de la familia.

Precisamente, no estarán muy contentas su señora y cuñada.

No. Están muy apegadas a esa finca,

su herencia de castellanos viejos.

Eso lo entiendo muy bien.

Las tierras familiares valen más por el sentimiento

que por el dinero.

Por una vez, coincide con ellas.

Yo también heredé los naranjos que mi padre se pasó una vida cuidando.

No me desprendería de ellos por nada del mundo.

Lo comprendo, pero vivir es tan importante o más.

Son formas de verlo.

Vamos a hacer una cosa,

¿qué me diría si yo me comprometiera a prestarle el dinero

para hacer frente a esas deudas?

No. Se lo agradezco, pero de ninguna manera, don Pascual,

no puedo permitirlo.

Intentaré enredar al banco.

¿"Enredar al banco", dice?

El banco no le va a prestar nada, y si lo hace, le sajará después,

eso es pan para hoy y hambre para mañana.

No es una cifra despreciable la que necesitamos.

Por fortuna, el dinero no es problema para mí en estos momentos.

Liberto,

le ruego que lo acepte.

De acuerdo.

No sabe cuánto le agradezco esto. Don Pascual, me salva de una buena.

Esto no lo olvidaré.

(Suenan las campanas de la iglesia)

Señoras.

Alodia, me he llevado una sorpresa viéndola a usted en misa.

Pensé que se había trasladado a su lujosa mansión.

Pero ha vuelto. Ha sido un visto y no visto.

Los obreros no han hecho la reforma a mi gusto.

¿Que soy refinada hasta el extremo? Puede que sí,

pero nací así, qué le voy a hacer.

No tenga cargo de conciencia, querida.

Es lo que tienen las señoras de tronío,

que pueden elegir su residencia porque son apreciadas.

Eso mismo pienso yo.

Una señora no tiene que conformarse

con lo que estaría bien para la chusma.

Dicen que ahora vive en casa de Felipe, vamos, que duerme allí.

¿De veras?

Felipe, siempre tiene una mujer que le saca las castañas del fuego.

Y nunca la misma.

Esa fresca... Como no consiguió a mi marido,

ha cogido lo que tenía más cerca.

-Por dios, Alodia, con tu marido se limitaba a trabajar,

y lo de que vive con don Felipe,

es algo que cuentan las muchachas del altillo.

Nada firme, en definitiva. -¿Ah, no?

¿Y su incompetencia profesional?

Hija, es la única enfermera que le ha durado a Felipe

más de una semana. -Mi marido es tajante.

Si fuera por él, estaría despedida y sin buenos informes.

Eso es que Felipe la defiende.

Es por lo que no pierde el empleo.

Pero, bueno, yo creo que don Felipe la mantiene por otras razones,

sí, algo más sucio...

Alodia, eso ni siquiera lo dicen las muchachas del altillo.

¿Y usted qué piensa de que su antiguo marido

se lleve tan bien con una empleada?

Ni me va ni me viene lo que haga Felipe.

Por fortuna, por mucha fortuna,

soy una mujer felizmente casada con otro.

Algo debe de doler. Ni el pinchazo de alfiler, querida.

No soy rencorosa, gracias a Dios.

Soy feliz y le deseo felicidad a todos mis semejantes,

Felipe incluido.

Pues hace usted pero que muy requetebién.

Todo el mal que me causó,

los pesares, las humillaciones...,

todo está olvidado.

Le deseo lo mejor.

"¿Doña Genoveva?".

Esa aguanta carros y carretas.

Mala hierba nunca muere.

Don Marcelo también parece preocupado,

y eso que la conoce bien.

Ahora es él quien le prepara las infusiones

para que se le asiente el cuerpo.

Don Marcelo la puede mimar cuanto quiera,

pero tu señora pasará por encima de sus vahídos,

como ha pasao por encima de to lo que se le ha puesto por delante.

¿Ha estado enferma muchas veces?

Más bien, ha hecho enfermar a todo el que se cruzaba en sus planes.

Hija, ni que fuera el Sacamantecas.

Por ahí, por ahí anda la cosa, Luzdivina.

Parece que es la peste, mucha gente muere a su alrededor.

Y de algunas de esas muertes le han acusado a ella también.

¿De verdad, o son chismes de la gente?

De verdá de la buena. Mira...

Pa ahorrarte tiempo y no ir más allá,

te diré que se apioló a una muy buena amiga mía,

a Marcia, y solo por ser el gran amor de don Felipe.

Ave María purísima.

Es una bruja,

es una sindiós, no siente cariño por nadie

ni compasión por los muertos.

Te digo más,

si se atraganta, que sea de verdá y la espiche bien espichá.

No me parece de recibo que aprovechen los ratos de ocio

para calumniar a los señores.

Agradecidas deberían de estar de que les den trabajo

y no les dejen morir de hambre en una esquina.

Yo ya me marchaba.

Y usted también,

a servir y a callar, que ese es su oficio y condición.

Luego reclamarán el jornal como si se lo hubieran ganao.

El jornal...

El jornal y el cielo me los tengo ganaos de largo.

Con Dios.

"Que la espiché bien espichá".

Pequeña pero matona, la buena de Casilda.

"¿Has comprado entradas para la zarzuela?".

Quería llevarte al ballet, pero no había ninguna función.

Prometo llevarte a un espectáculo de danza en cuanto allá uno.

De acuerdo.

Está en una cita con otro. -Ni lo pienses, peor para ella.

Azucena. Azucena.

Voy a preguntártelo sin rencores ni altanerías.

Solo quiero una respuesta sincera.

¿Por qué aceptaste mi invitación si tenías una cita con otro hombre?

¿Y por qué te crees tú con derecho de pedirme explicaciones?

No pido explicaciones sobre tu acompañante,

sino de por qué me humillaste aceptando una invitación

y luego dándome plantón.

Creo que al menos merezco saber eso.

Guillermo, vine aquí para darte explicaciones,

pero no te encontré esperándome, al contrario,

parecía que me habías olvidado mientras reías con Claudia.

¡Claudia, otra vez Claudia!

¡Eso digo yo!

No tengo nada con Claudia, ya te lo he dicho,

pero, sea como sea y creas lo que creas,

yo no te di plantón.

Estaba aquí, podrías haberme dicho algo.

¿Pelear con Claudia por ti? ¿Tú quién te has creído,

Felipe el Hermoso? -No te he pedido que...

Da igual. No has contestado a mi pregunta.

¿Por qué aceptaste mi invitación si no pensabas venir?

¡Sí que quería ir!

¡Mi madre y mi tía me obligaron a pasear con el plomo ese que viste!

¿Más plomo que yo, verdad? -Por ahí andáis.

Pero no hay mal que por bien no venga.

Con este malentendido sé quién eres de verdad,

un picaflor con la cara más dura que el acueducto de Segovia.

El típico tarambana que corteja a dos muchachas a la vez.

¡No es verdad! -Cuéntaselo al cura,

que tiene la obligación de escucharte.

Y mucha suerte con Claudia.

Te vas mañana, cariño.

Y sin que el abuelo te haya hecho cuatro cucamonas.

(EXHALA)

Te quiere, ¿sabes?

Te quiere y mucho.

Quiero que te quedes un poco más conmigo,

Yo sé que te estás criando feliz en Cabrahígo, ¿y quién no?

Un poco asalvajao, pero feliz.

Seguro que ya has subío al campanario

pa tirarle caca de paloma al cura cuando pasa por debajo.

Cómo te echo de menos, cariño.

Cuánto te voy a echar de menos.

Pero sabes que nos tienes aquí al abuelo y a mí,

y que te queremos mucho.

Volveremos a ser una familia.

¿Cómo?

Pues como hacen todas las familias.

Hoy me aguanto yo, mañana te aguantas tú,

(Puerta cerrándose)

Te llamas como tu abuelo por algo,

y debes sentirte muy orgulloso de ello.

No te ha estrujao como quería,

pero es tu abuelo..., es el padre de tu padre.

Y el hombre más bueno del mundo.

Se agarrota cuando te ve porque le recuerdas a Antoñito,

a su hijo,

a tu padre, cariño.

Se lo arrancaron muy pronto. Y eso puede con él.

Pero se le pasará, ya verás.

Y volverá a abrazarte como cuando eras pequeño, más pequeño.

Tenías que ver los achuchones que te daba.

Cuando se le quite ese odio,

volveremos a ser una familia, los tres.

Y nos querremos mucho.

Ya verás, cariño. Algún día.

(Suenan las campanas)

Te estarás preguntando por qué me he empeñado

en que tú y yo desayunáramos fuera de casa.

Sí, sí que me lo pregunto, sí.

Tenemos que hablar de cosas importantes,

en privado, de hombre a hombre.

Hay comportamientos que no se pueden consentir,

que, aunque privadas, muy privadas, privadísimas,

pero afectan al honor de la familia entera.

Yo pensaba callar porque Alodia y tú os marchasteis,

pero como habéis vuelto, no tengo más remedio que decírtelo.

Mira, Ignacio... -Tito, un segundo.

Está David. David, ¿le gustaría tomarse algo con nosotros?

Buenos días, señores.

Si me lo pide así, cómo no, aunque llevo prisa.

Y yo. En breve tendré que ir al hospital.

Póngale un cafelito, haga el favor.

Espero que pronto puedan arreglarse los problemas

por los que atraviesa su matrimonio.

No entiendo cómo está usted enterado del asunto.

En este barrio no se pueden tener secretos.

Perdone si le he parecido impertinente y metomentodo,

pero sé por experiencia propia lo que es pasar la noche en la pensión

de manera obligada, y le ofrezco la posibilidad

de aliviar su conciencia con los amigos.

-"Me preguntaba adónde habría ido usted".

¿Quiere más café? No.

Le traigo la lista de las personas que sobrevivieron al atentando

y que yo más estimo. Ah, ¿ya la ha terminado usted?

Sí.

La lista de las personas que más estimo

por orden de importancia.

En primer lugar, don Ramón.

Luego, Lolita, Liberto, Casilda...

La mayoría llevan toda la vida en Acacias,

o al menos desde que yo llegué.

Muy bien.

Luego siguen, Jose y Rosina.

Rosina también es de las más antiguos en el barrio.

Y después, Bellita, Jacinto...

Al resto, quizá ni los conoce usted.

Muy bien. Gracias por cumplimentar la lista.

Ahora, dígame,

¿cuándo fue la última vez que les manifestó su aprecio

a estas personas?

No lo puedo recuerdo.

Creo que alguna vez le he dado las gracias a don Ramón

por estar siempre a mi lado.

Quizá a Lolita, pero...

al resto,

no sé si lo he hecho alguna vez.

¿Y cuándo fue la última vez que discutió con ellos?

Con la mayoría he discutido recientemente.

¿Comprende?

Empezaré por darle las gracias a usted.

Gracias por intentar sanarme.

No hay de qué.

¿Quién será el siguiente o la siguiente?

Iré a la despedida de Moncho

y hablaré con Lolita. ¡Una gran idea!

Podría aprovechar y hablar con el abuelo del muchacho.

No sé si Ramón acudirá, pero...

pero si lo hace, hablaré con él.

¿Lo ve? Es usted un hombre bueno.

Y valiente.

Voy a arreglarme.

(Puerta)

Adelante. -Buenos días.

-Traigo esta nota. -Muchas gracias.

A las buenas. Hace una mañana estupenda, deberíais salir.

Luego, quizá.

¿Qué le pasa? -No lo sé.

Creía que estaba mustia por nuestra situación,

pero no le interesa lo que tengas que contar.

Cosas de jovencitas, supongo.

Pero a mí sí que me interesa. ¿Hay novedades?

Sí, traigo novedades, sí.

¿Alguna solución?

Ayer estuve hablando con Pascual Sacristán.

¿El naranjero?

No le pedí nada, no tuve la suficiente confianza para hacerlo,

pero él mismo se ofreció.

Aunque no te lo creas, fue él.

¿Que no me crea el qué? Si no me has dicho nada.

Me ofreció dinero, en metálico,

para pagar las deudas de la finca de Burgos.

¡No! ¿De veras?

Sí. Pascual es un hombre muy generoso.

No podemos aceptar el dinero de ese hortelano.

¿Ya estamos otra vez?

No lo digo porque sea un destripaterrones.

Esa gente rural es muy astuta.

Seguro que te ha pedido intereses.

¿A que sí? -Te equivocas.

Han sido todo facilidades.

Te lo creas o no, ese hombre es un caballero.

Que no, Liberto, seguro que cuando estemos confiados

nos sale con alguna barrabasada, seguro.

Con esa actitud, no solo estás desconfiando de Pascual,

también de mí, que he sido quien ha tratado con él.

No, no, no.

¿No ves que es la única solución que tenemos?

Piénsalo,

es lo único que podemos hacer para conservar este piso.

Aquí tienen sus vinitos, señores.

Buenas. Atiza, la competencia.

No se me amostace, Servando, que no vengo a tratar asuntos del gremio.

Quiero usar su teléfono, ¿puedo? Sí, claro.

Que yo sepa tiene usted uno muy hermoso en el restaurante.

Hace más ruidos que una feria.

Estoy esperando que vengan a arreglarlo.

¿Ha probado a hablar con su hijo de usted? Es un manitas.

Me arregló la electricidad. ¿Puedo o no puedo?

Sí, por favor, todo suyo. Agradecido.

¿Saoret? Soy yo.

Me ha llamado el cliente de Cuenca preguntando por el pedido.

¡Ah, molt be!

Si ya ha llegado, me quedo tranquilo.

Era muy importante que ese cliente quedara satisfecho.

Porque él será la llave que nos traiga más pedidos de allí.

Sí, muchos más, es un empresario de categoría.

Claro, hombre, claro.

Contrataremos más peones, muchos más,

en cuanto el negocio se expanda

y lleguemos a la mayoría de las provincias.

Pronto, Saoret, muy pronto.

Venga, adiós.

Diles a todos que estoy muy contento con su faena.

Hasta luego.

¿Qué se debe?

¡Nada, por Dios! Como usted dice, somos del gremio.

Gracias.

No sabía yo que su negocio repartiera por toda España.

En ello estamos.

Me había hecho yo la falsa idea de que era

una explotación comarcal, como mucho provincial.

Así era, hasta que empezamos a abrir mercado.

Fue con mucho esfuerzo,

pero ahora, nuestras naranjas gozan de merecida fama

en parte del país. Y es solo el principio.

¿Vende también en esta ciudad?

Esperamos hacerlo muy pronto.

¿Y se le puede hacer un pedido, rápido, ahora mismo,

no digo para ahora, pero para pocos días?

Podría, ya lo creo que podría, claro,

pero tendría que ser un pedido muy grande, si no, no merece la pena.

"Grande". "Muy grande"

¿Por qué lo pregunta?

¿Conoce a algún empresario interesado en comprar naranjas?

No. Eh, puede ser, puede ser.

Cuando usted disponga, me lo presenta y hablamos.

Ya.

Podría ser, sí, señor.

En fin, si se decide usted, ya sabe dónde estoy.

Que tenga un día. Y gracias por lo del teléfono.

No hay de qué. con Dios.

"Grande, muy grande".

Servando, que no ha salido a barrer la acera.

Se le echa de menos.

Jacinto, amigo.

¿Me acompañas con un poco de anís?

Uy, ¿y a qué tal dispendio?

Nada.

¿Qué te parecería ser mi socio en un negocio?

¿Un negocio, de qué?

De naranjas. -"Naranjas".

Sí. Pero no un negocio cualquiera,

un negocio de naranjas al por mayor.

Un negocio al por mayor,

o sea, un negocio por todo lo alto, la misma palabra lo dice.

Por mayor, to lo alto.

¿Eh?

Maldita sea.

Qué apagón más inoportuno.

Muy oportuno aquel corte de luz.

Le permitió robar esa carta.

¿No irá a denunciarme por violación de la correspondencia?

Es un delito muy serio.

La correspondencia es sagrada.

También lo es su falsificación.

Se llevaría usted más años de cárcel

por haber suplantado la identidad de Rodrigo Lluch.

Ya sé que ha sido el perro fiel de los Quesada durante toda su vida

y sé lo que eso significa,

pero a veces, no puedo dejar de reírme de lo ingenuo que es usted.

Me limito a cumplir con mi deber.

Un deber que le convierte en culpable de muchos delitos,

mientras mi marido, y antes su padre,

quedan limpios ante la ley.

No podría hacer otra cosa aunque quisiera.

No sé hacer nada más.

Vaya, es la primera vez que no le veo saltar

en defensa de los Quesada.

Quizá es que nunca habíamos hablado con tanta franqueza.

Es posible.

Parece usted bastante harto de secundar sus barbaridades.

No puede tratar igual al padre que al hijo.

Don Aurelio es mucho más moderado que don Salustiano.

Quizás, pero don Aurelio, como usted dice,

es la persona con menos escrúpulos que conozco.

Es voluble, caprichoso,

pero no es tan salvaje como su padre.

Eso sí, es mucho más negligente en los negocios.

Bueno, consiguió la fortuna de los Bacigalupe.

Eso es verdad.

Lo que le decía, Marcelo, muy ingenuo.

Fui yo quien preparó la operación,

y quien le puso en bandeja a los Bacigalupe,

por tanto, soy yo la responsable del éxito de don Aurelio.

¿Me permite decirle que lo sospechaba?

Ya veo que es usted un hombre experimentado

y que sabe doblarse como un junco cuando cambia el viento.

Soy un superviviente, señora.

Hace bien.

Obedecerle ahora a usted es algo que nos beneficiará a todos.

Quizá de usted dependa la prosperidad

de lo que queda de la familia Quesada.

¿Y cómo saber que puedo fiarme de usted?

Esta es la nueva llave del mueble que hubo que reparar

después de que usted hurtara la correspondencia por primera vez.

Y esta es toda la correspondencia que fue robada

de la casa de Rodrigo Lluch en Barcelona.

¿Cree ahora la señora que podría confiar en mi lealtad?

Podremos entendernos.

(Teléfono)

¿Diga?

Sí, he recibido la nota.

Estoy bien, pero preferiría que fuéramos más precavidas.

Estoy bien, no tiene de qué preocuparte.

Sí, él confía en mí y hará lo que yo le diga, no se preocupe.

¿Con quién habla?

Es... una vieja amiga.

Espero que no le moleste que reciba aquí llamadas personales.

No, en absoluto.

Hablaba como si su vieja amiga estuviera preocupada por usted.

¿Preocupada? No, ni mucho menos.

Es solo que llevábamos mucho sin hablar.

¿Quiere merendar?

No.

Por fin vamos a poder hablar con un poco de tranquilidad.

Creía que ya habíamos hablado esta mañana en el desayuno.

Tú mismo has impedido esa charla

cuando has llamado a David para que se uniera a nosotros.

Siempre ve usted intenciones ocultas.

Siempre no, solo cuando las hay.

Es usted un desconfiado, pero aquí me tiene, a su entera disposición,

como siempre. -Y no voy a perder la oportunidad.

¿Por qué le diste a Jacinto una propina tan abultada

cuando os fuisteis de Acacias?

Lo que me faltaba,

que ahora me recrimine mi generosidad

con los subalternos.

Mira, he tenido unas parrafadas con el portero y con Servando

sobre el asunto,

y la única conclusión posible

es que hay algo raro en tanta largueza por tu parte.

¿Y qué puede haber de raro?

¿Eso qué era, una recompensa por un favor secreto?

Y cuando digo secreto, sabes muy bien a qué me estoy refiriendo.

No se le escapa una.

Ya he visto mucho.

Le di una propina a Jacinto...

Por un favor de faldas, ¿no?

Un favor...

Como que ha salvado mi matrimonio.

Claro. Una mujer te amenazaba, como si lo viera.

Fueron solo unas semanas, nada permanente.

Pero ella se volvió agobiante, cansina...

Sí, algo así.

Te voy a hablar muy clarito.

No soy quién para meterme en tu vida

ni en cómo gobiernas tu matrimonio.

Allá tú.

Pero me vas a asegurar que no habrá más infidelidades

mientras sigáis viviendo en casa de tu tía.

Se lo prometo.

Fue un desliz.

Y se terminó. No volverá a suceder.

Mira, no voy a decir que no te crea, te creo.

Sé que ahora estás hablando con el corazón en la mano.

Pero, por mi conocimiento de la naturaleza humana,

sé también que esos deslices suelen convertirse en hábito, en costumbre.

Nunca más. Ya he salido bien escaldado de esta.

Espero que esa quemazón te dure.

Así será.

Ignacio, acompañemos a Bellita a ver cómo van las obras de la mansión.

No es una mansión, mi vida.

Tú me entiendes.

Venga. -¿Vienes tú, torero?

¿Yo? Donde haga falta

con tal de hacer el paseíllo a tu vera.

Y a vosotros, os invito a merendar por el centro

en cuanto supervisemos las dichosas obras.

Vámonos.

¿No meriendas?

No sé por qué preguntas si tú tampoco tienes apetito,

con lo que eres.

Saldremos de esta, Hortensia.

¿Sin perder la finca de los abuelos?

Yo también puedo perder este piso.

Y sería una pena,

pero debes reconocer que sería por culpa de tu marido,

no ha estado a la altura.

No digas eso, Hortensia, ha hecho todo lo que ha podido.

Lo digo sin ánimo de discutir,

solo constatando una verdad como un templo.

Te olvidas del administrador,

que es quien se ha fugado y nos ha hecho el agujero.

Llovía sobre mojado.

No discutamos entre nosotras, Hortensia.

Los abuelos, padre y madre no nos lo perdonarían.

Tampoco nos perdonarán que perdamos la finca.

Con lo que nos encomendaron que protegiéramos

y defendiéramos el patrimonio familiar...

No, Hortensia, no.

¿Y así se lo vamos a pagar?

Que...

O la finca o el piso.

La finca o el piso.

Hola, Liberto. Os dejo solos.

No me ha llamado "muchacho". -(RÍE)

Parece que se está haciendo cargo de la gravedad del asunto.

¿No le has dicho nada de la oferta de Pascual?

Vaya.

Eso quiere decir que no estás por la labor, ¿no?

Es la única salida que tenemos.

De perdidos al río.

Dile que sí a Pascual.

No te tortures, cariño.

Es lo mejor que podemos hacer.

Solo tengo una condición.

Mi hermana no debe saber de dónde viene el dinero.

¿Y qué le vamos a decir?,

que nos ha crecido en los árboles de los jardines?

Ya se nos ocurrirá algo.

Hazme caso.

Si se entera que el dinero viene del huertano, jamás lo aceptaría.

¿Cómo van sus desarreglos estomacales, señora?

Mejor. Me alegro.

Aun así, me atrevo a ofrecerle una tisana,

que viene bien para esas dolencias.

Gracias, Marcelo.

¿Va a venir usted a visitarme a Cabrahígo?

Lo podríamos pasar muy bien.

Aquí o allí, qué más da,

lo importante es que muy pronto volveremos a vivir juntos.

¿Me lo promete?

Te lo prometo, cariño.

Acuérdate que en el talego del coche llevas dos bocadillos,

uno de chorizo y otro de chocolate.

Me comeré primero el de chocolate.

Sería mejor al revés, pero como quieras.

No te olvides de compartir con Marita.

¿La mitad para cada uno?

La mitad para cada uno.

Que se me olvidaba.

¿Esta quién es?

La santa de los milagros.

¡Muy bien! La virgen de los Milagros.

Dile al cura que estoy muy contenta de cómo te enseña los santos.

¿Y a ti no se te olvida decirme nada?

No.

¿Seguro?

Madre, me gusta mucho su nuevo pelo.

Es que me tienes mucho cariño.

Venga, despídete de todos.

¿Y el abuelo?

Despídete de los amigos.

¿Van a venir a visitarme?

Cuidado que en Cabrahígo, a los forasteros los tiran al pilón.

Mejor venir en verano, que en invierno hace biruji.

En cuanto podamos, nos acercamos solo pa verte a ti.

Y nos llevamos el traje de baño.

Caballero.

¡Jacinto, iepaya!

Bueno, ya tendrás tiempo de aprenderlo, pero...

¡iepaya!

A ver. -¡Iepaya!

Ahí está.

Señor.

Moncho, quiero decirte algo.

Recuerda siempre lo mucho que te quieren tu madre y tu abuelo.

¡Abuelo!

Buen viaje.

Venga, Moncho, no se os vaya a echar la noche encima.

Marita, gracias por todo.

Llámame en cuanto lleguéis.

Te quiero, cariño. -Y yo.

Buen viaje.

La próxima vez, será diferente.

No quiero hablar con usted ahora.

Muchas gracias por todo.

Deje que se le pase.

Lo que no te mata, te hace más fuerte.

No sé qué te ha dicho, pero no la creas, intenta manipularte.

Genoveva es la última oportunidad de saber dónde está Rodrigo.

He hecho la transferencia, nuestras deudas están saldadas.

No vamos a perder la finca. -¿De dónde has sacado el dinero?

"¿Tan difícil es de entender que no quiero salir,

comer, ni respirar siquiera?".

"Lolita, no puedes rendirte, ya hemos pasado por esto".

"Regodearte en tu dolor no te puede traer nada bueno".

Otto Hant. Universidad de Marburgo.

Cuevas, soy Genoveva.

Dígame si tiene la documentación para salir del país.

Necesito que viaje al extranjero, tiene que encontrar a una persona.

"Le escuche hablar con una mujer sobre mí".

Le dije que era una vieja amiga.

Antes no se lo dije, pero...

no es muy correcto escuchar conversaciones ajenas.

Tampoco lo es hablar de uno a sus espaldas.

¿A quién rinde cuentas sobre mi estado?

Me temo, señor, que pueda estar encinta.

Pero esto no cambia nada.

Debemos seguir adelante con el plan.

Espero que pronto podamos tomarnos un café o un té,

ya que vamos a vernos por estas calles.

Fidel, necesito hablar con usted de aquello que me propuso.

Lo más importante es que tiene un hijo casadero.

Y si quieres, podríamos concretar un encuentro con él.

Si es su deseo, se lo concedo.

Así como Rosina sí está al tanto de la ayuda que nos ha prestado,

no le hemos dicho nada a Hortensia.

¿No le han dicho que he sido yo quién les ha prestado el dinero?

-"Ha llegado el momento".

Quiero a David Expósito muerto mañana mismo, a más tardar.

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Acacias 38 - Capítulo 1437

26 feb 2021

Valeria acusa a David de haberle manipulado desde el primer momento y le exige que se marche. Con la excusa de los problemas de David, Jose pontifica sobre el matrimonio delante de Ignacio. Marcelo le promete a Genoveva ser su leal servidor y esta encuentra un dato crucial para encontrar a Rodrigo Llunch.
Llega una nota inquietante a casa de Felipe y éste sigue las instrucciones de Dori. El abogado sorprende a la enfermera hablando sobre él con una mujer. ¿Quién será?
Lolita y Ramón discuten por las ausencias de él. Lolita espera que al menos esté para despedir al niño.
Tras notar los nervios de Liberto Pascual sale a su encuentro y le ofrece una ayuda económica, pero Rosina se niega a aceptar la ayuda de Pascual, aunque finalmente lo hace con la condición de que Hortensia no se entere. Guillermo pide explicaciones a Azucena y acaba en discusión.

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