Lunes a viernes a las 18.15 horas
Primero quiero eliminar a Genoveva.
¿Ha pensado ya cómo quiere hacerlo?
-"Con veneno2.
"Será usted quien se encargue de administrarle algo
que vaya acabando poco a poco con su vida
y que no deje ningún rastro.
Explícanos eso de que ha desaparecido el administrador.
Según me han contado, ha estafado a más familias
que como nosotros, eran clientes suyos
y se ha fugado con todo el dinero.
¿Con el nuestro también?
-"Esta mañana" me encontré con tu suegro
y le vi mu mustio,
por eso, he pensao que podíamos hacer una merienda en tu casa
pa despedir a Moncho en familia, como Dios manda.
Lo mejor que podemos hacer es vender este piso al tal Mañas
por lo que quiera darnos por él.
El señor Quesada te tiene retenida porque eres un señuelo.
para forzar el regreso de Rodrigo y así poder capturarlo.
¿Me has engañado para servir a tu amo?
¿Eres consciente del daño que me has hecho, lo sabes?
Durante todo este tiempo sabías la verdad...
y has fingido compadecerte de mi situación.
Nunca te oculté que trabajaba para Quesada.
¡Hemos convivido en esta casa,
te portabas como un marido amoroso de puertas afuera
y como un amigo comprensivo de puertas adentro!
¡Hasta has hecho que me enamore de ti!
Eso no entraba en los planes. -¿Y pretendes que te crea?
¿Qué entraba en tus planes y en los de tu jefe?
Yo me enamoré de ti,
no pude evitarlo,
yo mismo me sorprendí cuando me vi pensando en ti a cada día.
¡Pero seguías de parte de Aurelio!
El mero hecho de estar enamorado de ti, ya me ponía en contra de él.
¿"En contra de él"?
¿Mantenerme engañada es estar de mi parte?
¡Quise marcharme!
¡Eres patético con tus justificaciones!
¡Pero te quedaste y me sedujiste!
¡Hasta que no te has acostado conmigo, no me has dicho la verdad!
No, eso no es así.
Te quiero, Valeria.
Y acostarnos fue...
una decisión compartida, lo sabes. -No.
Me acosté con alguien a quien yo creía cercano,
comprensivo, valiente, y tú eres todo lo contrario.
Si mientras me besabas,
mantenías la mentira con el que Aurelio me ha intoxicado
todo este tiempo.
Ahora ya sabes la verdad.
Lo que no sé, es quién eres tú.
¿Qué clase de hombre juega así con los sentimientos de una mujer,
con su inocencia? Estarás orgulloso.
Nunca te dije que fuera un caballero.
Y no, contestando a tu pregunta, no, no estoy orgulloso Valeria.
Perdóname. -Qué fácil es pedir perdón.
Los hombres más miserables terminan pidiendo perdón.
He trabajado muchos años para don Aurelio.
Solo me limitaba a cumplir órdenes.
Y yo solo era una misión más.
-Sí,
eras una más, Valeria.
Pero no entraba en mis planes enamorarme de ti.
Al menos, hay algo que no haces por dinero.
Don Aurelio ya me lo advirtió,
nada de intimidades.
Por eso me mostré tan distante al principio de nuestra convivencia.
Pero sucedió.
Me enamoré de ti.
Y a partir de ahí,
el desastre. -Márchate.
Valeria... -¡Márchate!
No te quiero aquí.
Te quedarás sola.
Pero no escucharé tus mentiras.
Eres un miserable
y un mercenario.
Te quiero fuera de mi vida.
(Sintonía de "Acacias 38")
Con sentirlo no vale.
Se ha ido a dar un paseo con Fabiana y Servando.
Quiere que sean sus abuelos de ciudad.
Tampoco lo ha intentao.
Sin hacerle ni puñetero caso, le hace daño a él y a mí.
Y esto ya dura demasiao.
Inténtelo.
Se lo ruego.
Hágalo por él, por su nieto.
¿No se da cuenta que le necesita?
Me pregunta por su abuelo, y yo...
Le tapo a usté, no sufra.
Pero se me parte el corazón verle mendigar afecto a otros,
a Servando, a Fidel... Necesita a su abuelo.
Moncho se va mañana.
De eso nada.
Le quiero presente en su despedida.
Marita vendrá a media tarde y saldrán en auto a Cabrahígo.
Si por un milagro es aparece usté,
recuerde que se llama Moncho,
y no Antonio,
que los críos son muy sentidos pa esas cosas.
¡Operadora!
¡Operadora!
Sí, la oigo, de milagro, pero la escucho.
Al que no escucho es a mi cliente. Imposible hablar con Cuenca.
No lo creo, pero, si es mi teléfono,
ya están mandando a alguien para que lo apañe.
Sí, que pase una buena tarde.
Un mal día. -No será peor que el mío.
Un café, por favor.
Sí, claro.
Esta mañana se le veía a usted bastante atribulado.
Sí, lo estaba.
Los problemas de dinero, don Pascual.
La falta de dinero no se soluciona de un día para otro.
Más bien, empeora de un día para otro.
Al perro flaco, todo se le vuelven pulgas, ya se sabe.
Cuente, si quiere. Tengo experiencia en esos asuntos.
Y dos cabezas piensan más que una.
Está en peligro uno de los activos
que tenemos para no quedarnos con lo puesto.
¿Qué tipo de activo?
La finca familiar de mi esposa en Burgos.
De su esposa y se desprende que de su cuñada también, ¿no?
Esa es otra.
El administrador se ha fugado con el dinero
que con tanto esfuerzo habíamos entregado para saldar las deudas.
Ya. Y ahora siguen ustedes con la obligación de satisfacerlas,
¿no es así? -A riesgo de perderla.
¿Ha dado usted con alguna solución rápida?
La única solución que se me ocurre es usar parte de la hipoteca
para saldar las deudas.
Pero eso nos obligaría a vivir para pagar las cuotas al banco.
"A vivir"... A no vivir, más bien.
Eso, a no vivir.
Tenemos un local en el centro,
pero esas rentas no nos cubren ni los gastos ordinarios
de la familia.
Precisamente, no estarán muy contentas su señora y cuñada.
No. Están muy apegadas a esa finca,
su herencia de castellanos viejos.
Eso lo entiendo muy bien.
Las tierras familiares valen más por el sentimiento
que por el dinero.
Por una vez, coincide con ellas.
Yo también heredé los naranjos que mi padre se pasó una vida cuidando.
No me desprendería de ellos por nada del mundo.
Lo comprendo, pero vivir es tan importante o más.
Son formas de verlo.
Vamos a hacer una cosa,
¿qué me diría si yo me comprometiera a prestarle el dinero
para hacer frente a esas deudas?
No. Se lo agradezco, pero de ninguna manera, don Pascual,
no puedo permitirlo.
Intentaré enredar al banco.
¿"Enredar al banco", dice?
El banco no le va a prestar nada, y si lo hace, le sajará después,
eso es pan para hoy y hambre para mañana.
No es una cifra despreciable la que necesitamos.
Por fortuna, el dinero no es problema para mí en estos momentos.
Liberto,
le ruego que lo acepte.
De acuerdo.
No sabe cuánto le agradezco esto. Don Pascual, me salva de una buena.
Esto no lo olvidaré.
(Suenan las campanas de la iglesia)
Pero ha vuelto. Ha sido un visto y no visto.
Los obreros no han hecho la reforma a mi gusto.
¿Que soy refinada hasta el extremo? Puede que sí,
pero nací así, qué le voy a hacer.
Eso mismo pienso yo.
Una señora no tiene que conformarse
con lo que estaría bien para la chusma.
Dicen que ahora vive en casa de Felipe, vamos, que duerme allí.
Esa fresca... Como no consiguió a mi marido,
ha cogido lo que tenía más cerca.
-Por dios, Alodia, con tu marido se limitaba a trabajar,
y lo de que vive con don Felipe,
es algo que cuentan las muchachas del altillo.
Nada firme, en definitiva. -¿Ah, no?
¿Y su incompetencia profesional?
Hija, es la única enfermera que le ha durado a Felipe
más de una semana. -Mi marido es tajante.
Si fuera por él, estaría despedida y sin buenos informes.
Es por lo que no pierde el empleo.
Pero, bueno, yo creo que don Felipe la mantiene por otras razones,
sí, algo más sucio...
Alodia, eso ni siquiera lo dicen las muchachas del altillo.
¿Y usted qué piensa de que su antiguo marido
se lleve tan bien con una empleada?
Algo debe de doler.
Pues hace usted pero que muy requetebién.
"¿Doña Genoveva?".
Esa aguanta carros y carretas.
Mala hierba nunca muere.
Don Marcelo también parece preocupado,
y eso que la conoce bien.
Ahora es él quien le prepara las infusiones
para que se le asiente el cuerpo.
Don Marcelo la puede mimar cuanto quiera,
pero tu señora pasará por encima de sus vahídos,
como ha pasao por encima de to lo que se le ha puesto por delante.
¿Ha estado enferma muchas veces?
Más bien, ha hecho enfermar a todo el que se cruzaba en sus planes.
Hija, ni que fuera el Sacamantecas.
Por ahí, por ahí anda la cosa, Luzdivina.
Parece que es la peste, mucha gente muere a su alrededor.
Y de algunas de esas muertes le han acusado a ella también.
¿De verdad, o son chismes de la gente?
De verdá de la buena. Mira...
Pa ahorrarte tiempo y no ir más allá,
te diré que se apioló a una muy buena amiga mía,
a Marcia, y solo por ser el gran amor de don Felipe.
Ave María purísima.
Es una bruja,
es una sindiós, no siente cariño por nadie
ni compasión por los muertos.
Te digo más,
si se atraganta, que sea de verdá y la espiche bien espichá.
No me parece de recibo que aprovechen los ratos de ocio
para calumniar a los señores.
Agradecidas deberían de estar de que les den trabajo
y no les dejen morir de hambre en una esquina.
Yo ya me marchaba.
Y usted también,
a servir y a callar, que ese es su oficio y condición.
Luego reclamarán el jornal como si se lo hubieran ganao.
El jornal...
El jornal y el cielo me los tengo ganaos de largo.
Con Dios.
"Que la espiché bien espichá".
Pequeña pero matona, la buena de Casilda.
"¿Has comprado entradas para la zarzuela?".
Quería llevarte al ballet, pero no había ninguna función.
Prometo llevarte a un espectáculo de danza en cuanto allá uno.
De acuerdo.
Está en una cita con otro. -Ni lo pienses, peor para ella.
Azucena. Azucena.
Voy a preguntártelo sin rencores ni altanerías.
Solo quiero una respuesta sincera.
¿Por qué aceptaste mi invitación si tenías una cita con otro hombre?
¿Y por qué te crees tú con derecho de pedirme explicaciones?
No pido explicaciones sobre tu acompañante,
sino de por qué me humillaste aceptando una invitación
y luego dándome plantón.
Creo que al menos merezco saber eso.
Guillermo, vine aquí para darte explicaciones,
pero no te encontré esperándome, al contrario,
parecía que me habías olvidado mientras reías con Claudia.
¡Claudia, otra vez Claudia!
¡Eso digo yo!
No tengo nada con Claudia, ya te lo he dicho,
pero, sea como sea y creas lo que creas,
yo no te di plantón.
Estaba aquí, podrías haberme dicho algo.
¿Pelear con Claudia por ti? ¿Tú quién te has creído,
Felipe el Hermoso? -No te he pedido que...
Da igual. No has contestado a mi pregunta.
¿Por qué aceptaste mi invitación si no pensabas venir?
¡Sí que quería ir!
¡Mi madre y mi tía me obligaron a pasear con el plomo ese que viste!
¿Más plomo que yo, verdad? -Por ahí andáis.
Pero no hay mal que por bien no venga.
Con este malentendido sé quién eres de verdad,
un picaflor con la cara más dura que el acueducto de Segovia.
El típico tarambana que corteja a dos muchachas a la vez.
¡No es verdad! -Cuéntaselo al cura,
que tiene la obligación de escucharte.
Y mucha suerte con Claudia.
Te vas mañana, cariño.
Y sin que el abuelo te haya hecho cuatro cucamonas.
(EXHALA)
Te quiere, ¿sabes?
Te quiere y mucho.
Quiero que te quedes un poco más conmigo,
Yo sé que te estás criando feliz en Cabrahígo, ¿y quién no?
Un poco asalvajao, pero feliz.
Seguro que ya has subío al campanario
pa tirarle caca de paloma al cura cuando pasa por debajo.
Cómo te echo de menos, cariño.
Cuánto te voy a echar de menos.
Pero sabes que nos tienes aquí al abuelo y a mí,
y que te queremos mucho.
Volveremos a ser una familia.
¿Cómo?
Pues como hacen todas las familias.
Hoy me aguanto yo, mañana te aguantas tú,
(Puerta cerrándose)
Te llamas como tu abuelo por algo,
y debes sentirte muy orgulloso de ello.
No te ha estrujao como quería,
pero es tu abuelo..., es el padre de tu padre.
Y el hombre más bueno del mundo.
Se agarrota cuando te ve porque le recuerdas a Antoñito,
a su hijo,
a tu padre, cariño.
Se lo arrancaron muy pronto. Y eso puede con él.
Pero se le pasará, ya verás.
Y volverá a abrazarte como cuando eras pequeño, más pequeño.
Tenías que ver los achuchones que te daba.
Cuando se le quite ese odio,
volveremos a ser una familia, los tres.
Y nos querremos mucho.
Ya verás, cariño. Algún día.
(Suenan las campanas)
Te estarás preguntando por qué me he empeñado
en que tú y yo desayunáramos fuera de casa.
Sí, sí que me lo pregunto, sí.
Tenemos que hablar de cosas importantes,
en privado, de hombre a hombre.
Hay comportamientos que no se pueden consentir,
que, aunque privadas, muy privadas, privadísimas,
pero afectan al honor de la familia entera.
Yo pensaba callar porque Alodia y tú os marchasteis,
pero como habéis vuelto, no tengo más remedio que decírtelo.
Mira, Ignacio... -Tito, un segundo.
Está David. David, ¿le gustaría tomarse algo con nosotros?
Buenos días, señores.
Si me lo pide así, cómo no, aunque llevo prisa.
Y yo. En breve tendré que ir al hospital.
Póngale un cafelito, haga el favor.
Espero que pronto puedan arreglarse los problemas
por los que atraviesa su matrimonio.
No entiendo cómo está usted enterado del asunto.
En este barrio no se pueden tener secretos.
Perdone si le he parecido impertinente y metomentodo,
pero sé por experiencia propia lo que es pasar la noche en la pensión
de manera obligada, y le ofrezco la posibilidad
de aliviar su conciencia con los amigos.
-"Me preguntaba adónde habría ido usted".
¿Quiere más café?
En primer lugar, don Ramón.
Luego, Lolita, Liberto, Casilda...
Muy bien.
Luego siguen, Jose y Rosina.
Y después, Bellita, Jacinto...
Muy bien. Gracias por cumplimentar la lista.
Ahora, dígame,
¿cuándo fue la última vez que les manifestó su aprecio
a estas personas?
¿Y cuándo fue la última vez que discutió con ellos?
¿Comprende?
No hay de qué.
¿Quién será el siguiente o la siguiente?
Podría aprovechar y hablar con el abuelo del muchacho.
¿Lo ve? Es usted un hombre bueno.
Y valiente.
(Puerta)
Adelante. -Buenos días.
-Traigo esta nota. -Muchas gracias.
A las buenas. Hace una mañana estupenda, deberíais salir.
Luego, quizá.
¿Qué le pasa? -No lo sé.
Creía que estaba mustia por nuestra situación,
pero no le interesa lo que tengas que contar.
Cosas de jovencitas, supongo.
Pero a mí sí que me interesa. ¿Hay novedades?
Sí, traigo novedades, sí.
¿Alguna solución?
Ayer estuve hablando con Pascual Sacristán.
¿El naranjero?
No le pedí nada, no tuve la suficiente confianza para hacerlo,
pero él mismo se ofreció.
Aunque no te lo creas, fue él.
¿Que no me crea el qué? Si no me has dicho nada.
Me ofreció dinero, en metálico,
para pagar las deudas de la finca de Burgos.
¡No! ¿De veras?
Sí. Pascual es un hombre muy generoso.
No podemos aceptar el dinero de ese hortelano.
¿Ya estamos otra vez?
No lo digo porque sea un destripaterrones.
Esa gente rural es muy astuta.
Seguro que te ha pedido intereses.
¿A que sí? -Te equivocas.
Han sido todo facilidades.
Te lo creas o no, ese hombre es un caballero.
Que no, Liberto, seguro que cuando estemos confiados
nos sale con alguna barrabasada, seguro.
Con esa actitud, no solo estás desconfiando de Pascual,
también de mí, que he sido quien ha tratado con él.
No, no, no.
¿No ves que es la única solución que tenemos?
Piénsalo,
es lo único que podemos hacer para conservar este piso.
Buenas.
No se me amostace, Servando, que no vengo a tratar asuntos del gremio.
Quiero usar su teléfono, ¿puedo?
Hace más ruidos que una feria.
Estoy esperando que vengan a arreglarlo.
¿Saoret? Soy yo.
Me ha llamado el cliente de Cuenca preguntando por el pedido.
¡Ah, molt be!
Si ya ha llegado, me quedo tranquilo.
Era muy importante que ese cliente quedara satisfecho.
Porque él será la llave que nos traiga más pedidos de allí.
Sí, muchos más, es un empresario de categoría.
Claro, hombre, claro.
Contrataremos más peones, muchos más,
en cuanto el negocio se expanda
y lleguemos a la mayoría de las provincias.
Pronto, Saoret, muy pronto.
Venga, adiós.
Diles a todos que estoy muy contento con su faena.
Hasta luego.
¿Qué se debe?
Gracias.
En ello estamos.
Así era, hasta que empezamos a abrir mercado.
Fue con mucho esfuerzo,
pero ahora, nuestras naranjas gozan de merecida fama
en parte del país. Y es solo el principio.
Esperamos hacerlo muy pronto.
Podría, ya lo creo que podría, claro,
pero tendría que ser un pedido muy grande, si no, no merece la pena.
¿Por qué lo pregunta?
¿Conoce a algún empresario interesado en comprar naranjas?
Cuando usted disponga, me lo presenta y hablamos.
En fin, si se decide usted, ya sabe dónde estoy.
Que tenga un día. Y gracias por lo del teléfono.
Servando, que no ha salido a barrer la acera.
Se le echa de menos.
Uy, ¿y a qué tal dispendio?
¿Un negocio, de qué?
Maldita sea.
Qué apagón más inoportuno.
Muy oportuno aquel corte de luz.
Le permitió robar esa carta.
Es un delito muy serio.
La correspondencia es sagrada.
Me limito a cumplir con mi deber.
No podría hacer otra cosa aunque quisiera.
No sé hacer nada más.
Quizá es que nunca habíamos hablado con tanta franqueza.
No puede tratar igual al padre que al hijo.
Don Aurelio es mucho más moderado que don Salustiano.
Es voluble, caprichoso,
pero no es tan salvaje como su padre.
Eso sí, es mucho más negligente en los negocios.
Eso es verdad.
¿Me permite decirle que lo sospechaba?
Soy un superviviente, señora.
Obedecerle ahora a usted es algo que nos beneficiará a todos.
Quizá de usted dependa la prosperidad
de lo que queda de la familia Quesada.
Esta es la nueva llave del mueble que hubo que reparar
después de que usted hurtara la correspondencia por primera vez.
Y esta es toda la correspondencia que fue robada
de la casa de Rodrigo Lluch en Barcelona.
¿Cree ahora la señora que podría confiar en mi lealtad?
(Teléfono)
¿Diga?
Sí, he recibido la nota.
Estoy bien, pero preferiría que fuéramos más precavidas.
Estoy bien, no tiene de qué preocuparte.
Sí, él confía en mí y hará lo que yo le diga, no se preocupe.
Es... una vieja amiga.
Espero que no le moleste que reciba aquí llamadas personales.
¿Preocupada? No, ni mucho menos.
Es solo que llevábamos mucho sin hablar.
¿Quiere merendar?
Por fin vamos a poder hablar con un poco de tranquilidad.
Creía que ya habíamos hablado esta mañana en el desayuno.
Tú mismo has impedido esa charla
cuando has llamado a David para que se uniera a nosotros.
Siempre ve usted intenciones ocultas.
Siempre no, solo cuando las hay.
Es usted un desconfiado, pero aquí me tiene, a su entera disposición,
como siempre. -Y no voy a perder la oportunidad.
¿Por qué le diste a Jacinto una propina tan abultada
cuando os fuisteis de Acacias?
Lo que me faltaba,
que ahora me recrimine mi generosidad
con los subalternos.
Mira, he tenido unas parrafadas con el portero y con Servando
sobre el asunto,
y la única conclusión posible
es que hay algo raro en tanta largueza por tu parte.
¿Y qué puede haber de raro?
¿Eso qué era, una recompensa por un favor secreto?
Y cuando digo secreto, sabes muy bien a qué me estoy refiriendo.
No se le escapa una.
Ya he visto mucho.
Le di una propina a Jacinto...
Por un favor de faldas, ¿no?
Un favor...
Como que ha salvado mi matrimonio.
Claro. Una mujer te amenazaba, como si lo viera.
Fueron solo unas semanas, nada permanente.
Pero ella se volvió agobiante, cansina...
Sí, algo así.
Te voy a hablar muy clarito.
No soy quién para meterme en tu vida
ni en cómo gobiernas tu matrimonio.
Allá tú.
Pero me vas a asegurar que no habrá más infidelidades
mientras sigáis viviendo en casa de tu tía.
Se lo prometo.
Fue un desliz.
Y se terminó. No volverá a suceder.
Mira, no voy a decir que no te crea, te creo.
Sé que ahora estás hablando con el corazón en la mano.
Pero, por mi conocimiento de la naturaleza humana,
sé también que esos deslices suelen convertirse en hábito, en costumbre.
Nunca más. Ya he salido bien escaldado de esta.
Espero que esa quemazón te dure.
Así será.
Ignacio, acompañemos a Bellita a ver cómo van las obras de la mansión.
No es una mansión, mi vida.
Tú me entiendes.
Venga. -¿Vienes tú, torero?
¿Yo? Donde haga falta
con tal de hacer el paseíllo a tu vera.
Y a vosotros, os invito a merendar por el centro
en cuanto supervisemos las dichosas obras.
Vámonos.
¿No meriendas?
No sé por qué preguntas si tú tampoco tienes apetito,
con lo que eres.
Saldremos de esta, Hortensia.
¿Sin perder la finca de los abuelos?
Yo también puedo perder este piso.
Y sería una pena,
pero debes reconocer que sería por culpa de tu marido,
no ha estado a la altura.
No digas eso, Hortensia, ha hecho todo lo que ha podido.
Lo digo sin ánimo de discutir,
solo constatando una verdad como un templo.
Te olvidas del administrador,
que es quien se ha fugado y nos ha hecho el agujero.
Llovía sobre mojado.
No discutamos entre nosotras, Hortensia.
Los abuelos, padre y madre no nos lo perdonarían.
Tampoco nos perdonarán que perdamos la finca.
Con lo que nos encomendaron que protegiéramos
y defendiéramos el patrimonio familiar...
No, Hortensia, no.
¿Y así se lo vamos a pagar?
Que...
O la finca o el piso.
La finca o el piso.
Hola, Liberto. Os dejo solos.
No me ha llamado "muchacho". -(RÍE)
Parece que se está haciendo cargo de la gravedad del asunto.
¿No le has dicho nada de la oferta de Pascual?
Vaya.
Eso quiere decir que no estás por la labor, ¿no?
Es la única salida que tenemos.
De perdidos al río.
Dile que sí a Pascual.
No te tortures, cariño.
Es lo mejor que podemos hacer.
Solo tengo una condición.
Mi hermana no debe saber de dónde viene el dinero.
¿Y qué le vamos a decir?,
que nos ha crecido en los árboles de los jardines?
Ya se nos ocurrirá algo.
Hazme caso.
Si se entera que el dinero viene del huertano, jamás lo aceptaría.
¿Cómo van sus desarreglos estomacales, señora?
Aun así, me atrevo a ofrecerle una tisana,
que viene bien para esas dolencias.
¿Va a venir usted a visitarme a Cabrahígo?
Lo podríamos pasar muy bien.
Aquí o allí, qué más da,
lo importante es que muy pronto volveremos a vivir juntos.
¿Me lo promete?
Te lo prometo, cariño.
Acuérdate que en el talego del coche llevas dos bocadillos,
uno de chorizo y otro de chocolate.
Me comeré primero el de chocolate.
Sería mejor al revés, pero como quieras.
No te olvides de compartir con Marita.
¿La mitad para cada uno?
La mitad para cada uno.
Que se me olvidaba.
¿Esta quién es?
La santa de los milagros.
¡Muy bien! La virgen de los Milagros.
Dile al cura que estoy muy contenta de cómo te enseña los santos.
¿Y a ti no se te olvida decirme nada?
No.
¿Seguro?
Madre, me gusta mucho su nuevo pelo.
Es que me tienes mucho cariño.
Venga, despídete de todos.
¿Y el abuelo?
Despídete de los amigos.
¿Van a venir a visitarme?
Cuidado que en Cabrahígo, a los forasteros los tiran al pilón.
Mejor venir en verano, que en invierno hace biruji.
En cuanto podamos, nos acercamos solo pa verte a ti.
Y nos llevamos el traje de baño.
¡Jacinto, iepaya!
Bueno, ya tendrás tiempo de aprenderlo, pero...
¡iepaya!
A ver. -¡Iepaya!
Ahí está.
Señor.
¡Abuelo!
Venga, Moncho, no se os vaya a echar la noche encima.
Marita, gracias por todo.
Llámame en cuanto lleguéis.
Te quiero, cariño. -Y yo.
Buen viaje.
No quiero hablar con usted ahora.
Muchas gracias por todo.
Deje que se le pase.
No sé qué te ha dicho, pero no la creas, intenta manipularte.
Genoveva es la última oportunidad de saber dónde está Rodrigo.
He hecho la transferencia, nuestras deudas están saldadas.
No vamos a perder la finca. -¿De dónde has sacado el dinero?
"¿Tan difícil es de entender que no quiero salir,
comer, ni respirar siquiera?".
Le dije que era una vieja amiga.
Antes no se lo dije, pero...
no es muy correcto escuchar conversaciones ajenas.
Me temo, señor, que pueda estar encinta.
Pero esto no cambia nada.
Debemos seguir adelante con el plan.
Lo más importante es que tiene un hijo casadero.
Y si quieres, podríamos concretar un encuentro con él.
Si es su deseo, se lo concedo.
Así como Rosina sí está al tanto de la ayuda que nos ha prestado,
no le hemos dicho nada a Hortensia.
¿No le han dicho que he sido yo quién les ha prestado el dinero?
-"Ha llegado el momento".
Quiero a David Expósito muerto mañana mismo, a más tardar.
Valeria acusa a David de haberle manipulado desde el primer momento y le exige que se marche. Con la excusa de los problemas de David, Jose pontifica sobre el matrimonio delante de Ignacio. Marcelo le promete a Genoveva ser su leal servidor y esta encuentra un dato crucial para encontrar a Rodrigo Llunch.
Llega una nota inquietante a casa de Felipe y éste sigue las instrucciones de Dori. El abogado sorprende a la enfermera hablando sobre él con una mujer. ¿Quién será?
Lolita y Ramón discuten por las ausencias de él. Lolita espera que al menos esté para despedir al niño.
Tras notar los nervios de Liberto Pascual sale a su encuentro y le ofrece una ayuda económica, pero Rosina se niega a aceptar la ayuda de Pascual, aunque finalmente lo hace con la condición de que Hortensia no se entere. Guillermo pide explicaciones a Azucena y acaba en discusión.