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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1435 . Ver ahora
Transcripción completa

¡Aurelio!

Pero ¿qué está haciendo? -¡Protegerla!

-"Cuando llegamos a casa no estaba".

"Dejó una nota diciendo que cenaría fuera y un tren pa Moncho".

-"Vamos, que no ha habido reencuentro".

-"Y el niño preguntando por el abuelo".

David se ensañó con usted de mala manera.

Ese desgraciado no sabe bien lo qué acaba de hacer.

Si tanto te preocupo, ayúdame a encontrar a mi esposo.

Eso es lo único que no puedo hacer.

Necesito saber dónde está.

Han terminado las obras del local y los inquilinos vuelven a ocuparlo.

Parece que las cosas remontan.

Quiero regalarle esto, para implorar su perdón.

Iremos retirando la medicación progresivamente,

hasta comprobar que puede seguir adelante sin ella.

Tú eres la única mujer de mi vida. Créeme.

¿Por qué tendría que creerte? -Porque te amo con toda mi alma.

Conozco a mi esposo y sé que puede comportarse como una bestia.

Mancillar a una mujer indefensa es intolerable,

menos mal que David supo pararlo a tiempo.

Valeria, lo siento mucho.

No soy capaz de adivinar qué pretende.

Nada, no pretendo nada. ¿Qué podría querer de usted?

No lo sé.

Tiene dinero, una vida agradable,

todo lo que se puede desear.

Así es, lo tengo todo.

Y si me ofrezco a ayudarla, no es con vistas a conseguir nada.

¿Entonces?

¿Me creería si le hablo de solidaridad entre mujeres?

Me cuesta. Pues no lo descarte.

Estoy segura de que en el futuro se dará más entre nosotras.

Pero quizá, en este momento no sea lo más importante.

¿Me puede decir ya los motivos por los que ha venido?

Sí. Siéntese.

Aurelio es mi esposo.

Me avergüenza lo que ha intentado hacer.

Le puede parecer absurdo,

pero me siento responsable en alguna medida.

El único responsable es él. Sí.

Pero yo no he sabido mantenerlo pegado a mí,

es justo que trate de evitar que otras mujeres lo padezcan.

Yo no hice nada para atraerlo.

Claro que no, no era necesario,

Aurelio es un hombre indómito, de sangre caliente.

Cuando llegó al barrio se fijó en mí, y ahora, en usted.

No fuimos las primeras ni seremos las últimas.

Desgraciadamente.

Pero le aseguro que me encargaré personalmente

de que no vuelva a importunarla de esa manera.

¿Y lo logrará? Confíe en mí.

Solo yo puedo evitarlo.

Y soy la única que puede ayudarla a volver junto a su esposo.

¿Sabe dónde está Rodrigo?

Todavía no,

pero voy a mover cielo y tierra para encontrarlo y traerlo.

No la creeré hasta no tenerlo ante mí.

Tengo muchos contactos.

Daré con él, esté donde esté.

Hágalo y contará con mi eterno agradecimiento.

(Sintonía de "Acacias 38")

Pase. Siéntese y le traigo un vaso de agua.

Sí.

No se preocupe por mí.

Un vaso de agua no se lo negaría a nadie, y menos a usted.

Gracias. -No hay de qué.

¿Se encuentra mejor?

No sé qué habrá sido, solo una bajada de tensión.

Cuesta creerlo, da la impresión de que tiene usted salud de roble.

Bueno, también los robles se caen en las tormentas fuertes.

El cielo está azul.

Ya, pero hay muchos tipos de tormentas.

Y yo acabo de sufrir una interior.

Ya.

Sí, al verla jugando con Moncho.

De repente, me ha parecido ver en ustedes a mi esposa y a mi hijo

jugando en esa misma calle y se me aceleró el corazón.

¿Nunca le ha pasado?

Sí.

Una vez iba caminando por la calle del Olmo

y me paré a ver un escaparate, y entonces, en el reflejo

vi a Antoñito.

¿Una aparición? -No.

Era un hombre moreno,

alto y con un traje muy parecido al de mi esposo.

Supongo que estamos destinados a sufrir las ausencias.

Pero debemos seguir viviendo por los que quedan,

ahí está mi Moncho.

Él no se merece que yo siga encerrada en el pasado.

Le llevé al obrador de los chocolates exóticos.

¿Le gustó?

Disfrutó como un indio. Le he traído un regalo.

¿A mí?

Bueno, usté me dio las invitaciones,

se lo ha ganao con creces.

Chocolate con leche, me dijeron que era el mejor.

Lolita, me gusta mucho el chocolate.

No pienso dejar ni la muestra.

¿Quiere? -No, no,

eso es para que lo disfrute cuando más le apetezca.

Muy bien, pues lo guardaré para la noche,

tomaré una onza justo antes de irme a dormir.

¿Puedo... hacerle una pregunta?

Claro.

¿Cómo se comportó don Ramón con el niño?

Mi suegro me lleva de disgusto en disgusto.

Lo ha estado evitando desde que llegó.

Le recuerda mucho a Antoñito.

Y a mí.

Pero es un niño, y no podemos tratarlo

como si el espíritu de su padre le sobrevolara.

Lolita, tenga paciencia.

Se me acaba.

He sido muy comprensiva con él, pero todo tiene un límite.

Vamos a hacer una cosa,

¿y si mañana le acompaño en el paseo con Moncho?

Sé que no puedo pasar por su abuelo, pero podemos pasarlo bien.

Sí, Saoret, me has escuchado bien, dos mil kilos de naranjas,

y tienen que estar en dos días para enviarlas a Cuenca.

Ya sé que es mucho trabajo, si hace falta, contrata a un par de hombres,

pero no quiero que nos retrasemos,

el cliente es importante y espero grandes pedidos de él.

De acuerdo, mañana te llamo y me lo confirmas.

Hasta mañana.

¿Cómo está Saoret?

No sé, supongo que bien.

¿No hablabas con él?

Sí, hablaba con él, pero de trabajo, como hacemos siempre.

Qué seco eres, hijo.

¿Desde cuándo trabajas con ese hombre, 20 años?

Así es, 20 años.

Y siempre nos ha ido bien así.

Sé que puedo confiar en él, y le pago en consecuencia.

No hace falta más. -Muy bien.

Al menos, los negocios van bien, ¿no?

Siempre pueden ir mejor, pero sí, van bien, sería injusto quejarse.

No te quejes.

Me voy a correos, que tengo que poner unos telegramas.

Ay, pobre,

afortunado en los negocios, desdichado en amores.

Abuela. -Pasa, que no hay moros en la costa.

Tu padre se ha ido a correos.

¿Cómo voy? -Más bonito que un san Luis.

Imposible que una muchacha no caiga enamorada a tus pies.

Ojalá fuera tan fácil como cambiarse de chaqueta y atusarse el flequillo.

Tú sé sincero,

no quieras aparentar alguien que no eres, y ya está.

Que Azucena es muy guapa, pero tú no lo eres menos.

Le diré que mi abuela dice que soy el hombre más guapo del barrio.

Sí, porque lo eres.

oye, ¿y esos zapatos?

¿Qué les pasa? No les has sacado brillo.

Venga, tira para adentro.

A sacarles brillo. Hasta que me pueda mirar en ellos.

Azucena, estás preciosa.

Bueno, bueno, no exageres. -No exagero ni una miaja.

Cuidado cuando salgas a la calle,

te van a seguir los hombres como moscones.

Bueno, con uno me basta.

¿El que yo creo?

El que tú crees. Pero no eches las campanas al vuelo,

que solo he aceptado ir con él a ver una zarzuela.

Por algo se empieza.

Tu madre y su padre se van a tener que aguantar.

No corras tanto,

que si he aceptado es porque ya tenía las entradas compradas.

Paso a paso se llega lejos.

-Buenas.

Pero, bueno, qué elegante estás.

Azucena.

-¿Elegante? No, como cualquier otro día. Pensaba dar un paseo.

Cambio de planes.

Viene de camino un pretendiente.

Un hijo de los Morales Tierraseca, nada menos.

Y así de bien vestida, le vas a causar una impresión inmejorable.

Qué suerte.

Pero yo no quiero conocer a ese joven.

Los Morales Tierraseca tienen fincas enormes,

tierras por toda España.

Pues si tan secas tienen sus tierras,

que se dediquen a regarlas.

Casilda, no necesitamos de tu ingenio.

Rafael Morales Tierraseca es un joven muy atractivo,

y dicen que es uno de los solteros de oro de la Corte.

No te puedes negar.

De acuerdo.

Pero hoy no estoy preparada.

Quizás mañana, o pasado. Mejor pasado.

No se le puede cambiar una cita a un Tierraseca.

No sabes lo solicitado que está.

Todas las mozas casaderas de la ciudad hacen cola para conocerlo.

Además, debe estar al llegar.

Menos mal que te has arreglado así de bien.

(Pasos)

Hace tiempo que perdí la esperanza de que hicieras nada inteligente,

pero esto ha rebasado todos los límites.

Ten cuidado con lo que dices.

¿Vas a violentarme también a mí, como a esa pobre chica?

Yo no he hecho eso.

No sé qué es peor, que lo hayas hecho

o que trates de negarlo como un niño que ha hecho una travesura.

Estás yendo demasiado lejos.

Yo no he forzado a esa maldita pianista,

ella no ha dejado de insinuarse ni un solo día.

Y cuando ha llegado la hora de la verdad, ha dado un paso atrás.

Eres patético.

El seductor ha fracasado, pobrecillo.

No has dejado de rondarla desde que llegamos al barrio:

tus regalos y mentiras.

Cállate.

Menos mal que David te ha enseñado lo que debe hacer un hombre:

defender a una dama que está siendo atacada y ultrajada.

Genoveva, que no respondo.

¿Qué se siente un subordinado te para los pies?

David va a pagar por lo que ha hecho.

Una gran idea, si quieres que las sospechas recaigan sobre ti.

Siempre supe que tenías mal corazón, pero buena cabeza.

Me equivoqué. ¿Y qué se supone que debo hacer?

De momento, y mientras tengas la cara marcada,

abstenerte de salir a la calle para evitar los comentarios.

Tengo que encontrar a Rodrigo Lluch.

Ya has demostrado que eres incapaz, de eso me voy a encargar yo.

Valeria no volverá a confiar en ti. Y no la culpo.

¿Y en ti sí? Todavía no, pero lo hará.

Yo sé cómo ganarme a esa mosquita muerta

y cómo soslayar todos tus errores.

No estoy dispuesta a perder el dinero de la patente

del gas de Lluch, así que apártate del asunto.

Y otra cosa.

Te advertí que no me humillaras con tus aventuras,

y que lo hayas intentado por la fuerza, solo empeora las cosas.

Entre tú y yo se ha acabado cualquier intimidad, ¿entendido?

No la deseo.

Mejor para ti,

si lo intentas, la fotografía del asesinato de Anabel

terminará ante el juez. Es el último aviso.

¿Qué, mejor así?

Mucho mejor, dónde va a parar.

La elegancia empieza siempre en los zapatos, apréndelo.

Un caballero nunca lleva los zapatos sucios.

No sabía que entendiera de estos temas.

Uy, sabe más el diablo por viejo que por diablo.

Y otra cosa muy importante, ser puntual.

Sí. Deséeme suerte.

Pues claro, toda la del mundo. Para esto y para todo lo que hagas.

¿Guillermo Sacristán? -Sí, soy yo.

Una nota para usted.

Gracias. Tenga.

Gracias.

¿Qué, qué pasa?

Es de Azucena. Le ha surgido un compromiso y no puede venir conmigo.

(SUSPIRA)

Ya sé yo qué compromiso es ese.

¿Una cita con otro hombre? -Ni lo pienses, peor para ella.

Y la lleva del brazo.

Que disfrute del señoritingo ese, que tú también vas a disfrutar.

No sé cómo, abuela. -¿Cómo?

Tienes dos entradas, aprovéchalas.

Como no se venga usted conmigo.

Me encantaría, pero no, no seré yo quien te acompañe.

¿No me has hablado de otra chica de la academia que se llama Claudia?

Sí. -Llámala ahora mismo.

A Azucena no le gustaría.

Lo que piense Azucena no nos importa.

Que sepa lo que se está perdiendo. Llama a Claudia.

Solo queda media hora para que empiece.

A Claudia no le daría tiempo a prepararse.

Bueno, pues démosle tiempo para que se ponga bien guapa,

que sea una rival a la altura de Azucena.

Vete a cambiar las entradas de la zarzuela para mañana.

A lo mejor, mañana puede venir Azucena.

Que no, Azucena se ha perdido lo de la zarzuela.

Venga, llama a Claudia.

Venga.

(Puerta)

Buenas noches, Gálvez.

Aquí tiene, la lleve de la habitación.

Hala, a dormir acurrucadito y calentito ahí. (RÍE)

El mozo es bien resalao.

Es clavadito al padre cuando era niño.

No sé decirle, yo ya le conocí crecido.

Y jugaba a las canicas... Era un hacha.

Pues habrá que enseñarle a Moncho a jugar.

A mí no había quien me ganara.

Los niños en los pueblos nacen ya aprendidos.

Eso es verdad.

A veces, echo de menos el pueblo,

y mis ovejas.

Hablando de ovejas, me he acordado cuando nació Moncho.

Menos mal que yo había ayudado a parir a muchas ovejas,

que si no, muero del susto.

Todavía me acuerdo cuando le eché una mano a Lolita en el parto.

¿Qué dice? No fue usted, fui yo.

¿Estás seguro? Claro que estoy seguro.

Usté quiere adjudicarse mi hazaña.

No sé, como he ayudado a tantas mujeres a parir,

ya pierdo la cuenta.

Usted nunca ha ayudado en un parto.

¿Qué sabrás de mi vida y de lo que he hecho yo?

Que, por cierto, digo yo que ya va siendo hora de que nos repartamos

la propina de don Ignacio.

¿Cómo que "repartamos"?

Que si no llega a ser por mí, la carta se la das a Alodia.

Y tengo claro que no era de una paciente, sino de una amante.

Bueno, eso no lo sabemos seguro.

Si fuera de una paciente, no te habría dado la propina.

Que no, que deberíamos repartirla.

Y porque soy generoso,

que yo merezco las tres cuartas partes, y tú una.

Don Ignacio me dio el dinero a mí, y es mío.

Eso ya... (CARRASPEA)

Llego en el momento oportuno.

Venía a preguntar por esa propina.

Me han dicho que ha sido generosa.

Bueno... Esto es, esto es...

esto es una costumbre que siempre han tenido los médicos

con los porteros.

Sí, vamos a ver, y como yo fui portero del 38,

pues le estaba hablando a mi amigo Jacinto

de que sería justo compartir la propina.

Eso, el pago habitual.

¿Y puedo saber por qué se da ese pago?

Esto...

Esto es una cosa que viene ya de los ancestros, sí.

Viene de lejos, sí.

¿Cuáles son las dos profesiones más importantes de la sociedad?

La de médico y la de portero,

uno te cuida el cuerpo y el otro cuida el edificio.

También están los curas, que cuidan de las almas,

pero esos se quedan con el dinero del cepillo y no comparten.

Como veo que están ocupados hablando de profesiones, yo les dejo.

Que descansen. Buenas noches.

Buenas noches.

La...

Servando, no me he creído ni una palabra.

Oiga, pues de verdad,

que se me caiga el techo encima si le he mentido.

(Suena el timbre)

(Suena el timbre)

(Suena el timbre)

Pero ¿quién toca el timbre a estas horas?

(Suena el timbre)

Es de casa de don Felipe.

A ver si ha pasao algo.

Voy a avisar a Dori, es el timbre de don Felipe.

¿Qué ocurre?

Dori, el timbre de tu señor. -¿A estas horas?

A lo mejor se encuentra mal.

Me pongo algo por encima y bajo.

Espera, toma mi chal.

Si quieres, te acompaño. -No, no, voy sola.

Si necesito algo, vuelvo a llamar y bajas.

Ay, mis llaves.

(Suena el timbre)

(Suena el timbre)

(Suena el timbre)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(Puerta)

¿Qué ocurre?

¿Por qué ha tardado tanto? Estaba durmiendo. ¿Qué pasa?

Me ahogo. Me ahogo.

Respire, respire. Respire profundamente.

Estoy aquí, no pasa nada, ¿de acuerdo? Respire.

Eso es.

Muy bien.

¿Está mejor?

Siento angustia, me duele el pecho.

Lo mejor será que vuelva a la cama. Le ayudo.

No, no puedo moverme.

No puedo moverme.

Iré a buscar ayuda. No.

No quiero que nadie me vea así.

De acuerdo, no se preocupe, yo me quedo con usted.

Me quedaré con usted el tiempo que haga falta,

pero tiene que respirar.

Eso es.

Eso es, así.

Tranquilo.

Lolita. ¿Cierras?

Si quieres algo, estás a tiempo.

¿Seguro? No quiero incomodarte. Pasa, mujer.

Eres una de mis clientas favoritas. Dime.

Unas naranjas de zumo. Con tres o cuatro es bastante.

Te vas a llevar las más dulces que hay.

Son de los de los Sacristán, de Valencia,

mejores que las naranjas de la China.

Que para cuatro naranjas, te las regalo.

Muchas gracias.

Valeria, no quiero ser indiscreta,

pero si necesitas un hombro para apoyarse...

Cuento con el tuyo.

Supongo que te has enterado de que David durmió en la pensión.

Se ha enterado todo el barrio. Este no es lugar pa secretos.

No pasamos por un buen momento.

Veremos en qué queda todo.

Los matrimonios tienen sus altibajos.

Ya verás cómo se arregla. -Que sea lo que Dios quiera.

¿Cómo es que cierras hoy?

Me voy a dar un paseo con mi hijo Moncho.

Ahí está.

Hace tanto tiempo que no nos vemos, que hoy me quiero resarcir.

Haces bien. Mira, ahí viene.

Moncho, cariño.

Os digo una cosa, es la última vez

que invitamos a desayunar a Monchito.

Exagerado.

Es más barato comprarle un traje a medida que darle de comer.

Es mentira, madre,

el señor Servando ha comido el doble de bizcocho que yo.

A ver, Fabiana. ¿Cuál de los dos tiene razón?

Yo solo sé que hice un bizcocho enorme enorme enorme,

y, cuando volví de la cocina, solo quedaban migas.

Culpa de Monchito.

Yo solo me he comido un cachito así,

y porque estaba cansao de tocar la guitarra.

¿Estás aprendiendo a tocar la guitarra, Moncho?

Buah, Servando se cree que la guitarra es un tambor,

solo me enseña a darle golpes. La leche.

Yo no sé tocar la guitarra, pero si un día te apetece tocar el piano,

te subes conmigo a casa.

¿Puedo, madre? -Claro que sí,

pero hoy no, que nos vamos de paseo.

Mira, ahí viene don Fidel.

Yo me voy, que pasen un buen día. A más ver.

Y nosotros también.

Disfruta del día, hija.

Muchas gracias.

Vamos, que hay que llevar las sábanas a lavar.

¿Y desayunar? También.

Muy buenas.

Buenas. -Buenas.

¿Qué, preparado para un día de aventuras?

¿Aventuras? Siempre. -¿Sí?

¿Has montado alguna vez en barca? -No.

Pues será lo primero que hagamos. Vamos, en marcha.

-Bien.

No sé a qué hora fue, porque no tengo reloj,

pero estábamos todas en el quinto sueño,

serían las tres de la mañana.

Pobre don Felipe.

¿Y no sabes qué pasó?

No, porque bajó Dori y cuando volvió, yo ya estaba dormida.

Y esta mañana, ha sucedido al contrario,

Dori estaba dormida, así que no me ha podido contar.

Bueno, si volvió a dormir, es que no fue nada grave.

Ay, ojalá. En cuanto sepas algo, nos lo cuentas, Casilda.

Por supuesto, señora.

Me voy a por el café.

La culpa de todo la tiene el gobierno.

¿De qué Felipe se pusiera malo anoche?

Si no hubieran puesto la bomba, Felipe no estaría como está.

Ahí te doy la razón. Malditas bombas.

Buenos días. -Buenos días.

No sabes lo que le pasó anoche a don Felipe.

Ha estado a punto de morirse.

¿Por qué? ¿Qué le pasó?

Todavía no sabemos, pero algo grave. -Quizá del corazón o del hígado.

¿Están hablando sin saber?

Sin saber no, seguro que es algo grave.

Pero ya nos contarán.

Sí.

He estado pensando en la cita de ayer con Rafael Morales Tierraseca.

¿Te gustó? -No hay familia mejor,

su madre es amiga de la reina, con eso te digo todo.

No quiero que me vuelvan a organizar una encerrona como esa.

Pero si era un encanto.

Ha quedado con todas las chicas casaderas de la ciudad.

Un plomo es lo que era.

No me extraña que haya quedado con todas, ninguna le soporta.

Ya les digo, no pienso quedar ni con él ni con ningún otro.

¿Y qué te vas a quedar, para vestir santos?

Si me caso, decido yo.

Hermana, la que te espera,

esta acaba como mi hija, igualita que Leonor,

en Lisboa y siendo una bohemia.

Mi prima Leonor tiene tres hijas,

y es una escritora de éxito y es feliz.

Una bohemia es lo que es tu prima Leonor.

Lo que les decía,

no quiero que me organicen ningún encuentro a ciegas.

¡Ya veremos!

Señoras, les traigo el café. -Ya era hora.

Azucena, ¿hoy vas a clase de piano?

Sí, después de desayunar.

Pues intenta averiguar qué pasó entre David y Valeria.

No. No pienso hacer de espía para ustedes dos.

-Ten hijas para esto.

¡Vámonos, Rosina, vámonos!

Vamos a ver a doña Bellita, que debe sentirse sola sin Alodia.

¿"Sola" dice? En la gloria debe de estar.

Casilda, esa boca. A ver cuándo aprendes a callarte.

(Puerta cerrándose)

¿Le pongo café? Se han marchado sin tomarlo.

De tú, Casilda, que ya no están.

De tú, sí, de tú.

Estoy avergonzada con el plantón que le di a Guillermo.

Ni para el restaurante pude mirar.

Natural.

Azucena, habla con él y explícaselo.

Seguro que el muchacho lo entiende.

Sí.

Buenos días, don Ramón. Bueno días.

¿Viene a la mantequería?

Sí, a comprar leche.

Pues está cerrada.

Mi nuera se ha cogido el día libre para irse de paseo.

Si es por eso, me alegro. Le vendrá bien despejar la mente.

Ya, ya me imaginaba que usted estaría de acuerdo con ella.

Voy a subir a ver a don Felipe.

Ahora no va a poder atenderle.

Va a ser mejor que vaya en otro momento. Esta tarde.

¿Y eso?

Ha pasado mala noche y está descansando.

Pero ¿se encuentra bien? Sí.

Anoche sufrió una crisis.

Algo normal en un proceso como el suyo, pero se ha recuperado.

¿Le ha visto don Ignacio?

No es necesario, le repito que don Felipe ya está bien.

Pero don Ignacio es su doctor. Le insisto en que no es necesario.

Soy enfermera, si lo considerara oportuno, le habría llamado.

Me han dicho que su nieto está en el barrio.

¿Contento de tenerlo en casa?

Sí, claro.

No parecen las palabras entusiastas de un abuelo

que se reencuentra con su nieto tanto tiempo después.

Es que no ha habido tal reencuentro.

No entiendo.

Quiero a mi nieto, como no podía ser de otra forma,

pero no tengo ánimo

como para tratarlo como un abuelo debería hacerlo.

Me recuerda tanto a mi hijo.

Es normal que usted eche de menos a su hijo, don Ramón.

Pero piense en su nieto, él se ha quedado sin padre.

Debería usted suplirlo en lo que pueda.

No soy capaz.

Piense en qué pierden los dos,

usted como abuelo y Moncho como nieto.

¿Quién mejor que usted para ser la figura en la que recrear a un padre?

Quizá tenga usted razón.

Anímese, los dos lo agradecerán.

(Música de piano)

(Música de piano)

¿Te pasa algo hoy?

Estoy un poco espesa, ¿no? -Sí.

Y me extraña, con los avances que haces en cada clase.

hoy pareces haber retrocedido. ¿Algún problema?

-Sí.

Le va a parecer una bobada.

Ayer tenía un plan que se me chafó por culpa de mi madre y mi tía,

que me organizaron un encuentro con un pretendiente.

Vaya. ¿Y te gustó mucho?

No, no, todo lo contrario,

era uno de los hombres más aburridos que he conocido.

Pero el problema fue el plan que se me chafó.

Ahora entiendo tu distracción.

Para tocar el piano hay que tener los cinco sentidos en ello.

¿Los cinco? -Sí.

¿Hasta el olfato? -Sí.

Hasta el olfato.

¿A usted también le ocurre?

¿Toca mal cuando algo le preocupa?

Claro que sí.

Hoy, por ejemplo, sería un desastre.

-Ya.

En el barrio comentan que...

su esposo y usted tienen... problemas.

Creo que es el barrio con más cotillas

por metro cuadrado de España.

Perdone, no quería cotillear.

No, no, no, te preocupes, no lo decía por ti.

Es verdad que discutimos, pero nada importante,

una riña doméstica que se nos fue de las manos.

¿Solo eso? -Sí, sí.

Desgraciadamente, en todos los matrimonios hay diferencias.

Ya lo verás cuando te cases.

Vamos a retomar la clase. Olvídate de tus planes,

de los chafados y de los no deseados.

Vamos, a por ello.

(Música de piano)

¿Qué ocurre?

Tengo que hablar con usted, es importante.

No deberíamos vernos así.

No lo haría si no fuera un asunto de vida o muerte.

¿De "vida o muerte"?

Debe abandonar Acacias o su vida no valdrá nada.

Si es por Aurelio, no le tengo miedo.

Eso es un error.

Está rabioso por lo que ocurrió y se va a vengar, se lo aseguro.

Bien. Le estaré esperando.

No diga disparates.

Tiene que marcharse, yo cuidaré de Valeria.

Lo único que necesita Valeria es que aparezca Rodrigo Lluch.

Yo me voy a encargar de buscarlo y encontrarlo.

¿Necesita dinero?

No, no.

David, hágame caso,

nadie es cobarde por poner a resguardo su vida.

Váyase hoy mismo.

Está bien. Está bien, me iré.

Me hubiera gustado que nuestros caminos se cruzaran

en otras circunstancias.

Cualquiera sabe lo que puede pasar en el futuro.

Adiós, Genoveva.

Servando. ¿Se lo puede creer?

Mi esposa quiere que barra la acera como si fuera un barrendero.

Quería pedirle un favor. Claro, lo que mande.

¿Me podría guardar las maletas un tiempo, ya vendré a por ellas?

Esperaba que me dijera que había hecho las paces con doña Valeria

y que subiera las maletas a su casa.

Muchas gracias, ya le avisaré.

Muchas gracias. Con Dios.

Aquí tiene el café. Tome.

Llevaba meses sin tomarlo a esta hora.

A esta hora estaba Alodia,

y por no escucharla, me quedaba sin cafelito.

No sea malo, señor.

¿Que no sea malo? Que no nos oiga mi esposa,

pero no me vas a decir que no hemos ganado en paz con su mudanza.

Contaba los días para que se fueran,

cuando dijo que tenía que volver a pintar el piso nuevo,

casi me pongo a llorar.

Y yo, me habría ido a pintarlo yo mismo.

Mira, tanta gloria tenga en su casa nueva, como paz ha dejado en esta.

Y usted que lo diga.

Espero que no estéis criticando a Alodia.

¿Qué? Qué cosas tiene mi faraona.

Todo lo contrario, decíamos que se la echa de menos.

Todo será acostumbrarnos, pero la casa se nota vacía sin ella.

Tampoco hay que exagerar, que no hay quien la aguante.

(Puerta)

Voy.

Escucha, niño. Ya que le hemos regalado la guitarra a Moncho,

podías enseñarle a tocar un poco.

¿Yo?

Si tú dices que era un guitarrista muy malo.

Prefiero regalarle una muleta y le enseño a torear.

Ni se te ocurra, que eso es muy peligroso.

Lo que le falta a Lolita, que se ponga delante de un toro.

Pero...

Doña Bellita.

¿Qué te pasa?

He discutido con Ignacio.

¿Y eso? Anda, pasa y siéntate.

Esa casa es horrorosa y él me obliga a vivir allí.

¿Cómo que la casa es horrorosa?

Horrorosa, fría y fea.

Y ese color...

Pero si es el color que tú pediste.

Dos veces la tuvieron que pintar.

Pues no me gusta el color. Y el salón es diminuto.

(Puerta)

Voy.

Pero si es casi tan grande como este.

Exacto, casi tan grande, pero no tan grande.

No es señorial, es un piso de quiero y no puedo.

Ya será menos, chiquilla.

Eso habrá sido la primera impresión.

Seguro que con el paso de los días lo ves con otros ojos,

más señorial, como tú dices.

Me agobio con un piso tan feo y pequeño, y eso no cambia.

(Puerta cerrándose)

Muy buenas. -Muy buenas, sobrino.

Me imaginaba que estabas aquí.

Pues sí, en esta casa, que es amplia y elegante.

no como el cuchitril ese.

¿"Cuchitril"? Ha costado una fortuna.

Y la obra ha sido como la de El Escorial.

Te he dejado escoger lo que has querido.

¿Me vas a echar la culpa a mí? -Está bien, ¿y qué quieres?

Quiero reformarla y ampliar el salón.

Y me quedo yo sin mi despacho.

¿Para qué quieres despacho tú ahora? Eres un egoísta.

Ya está. Que sí, que sí, que tiro el despacho y lo que sea.

Mañana llamo a los obreros.

Pero digo, si no es mucha indiscreción,

a lo mejor, recolocando los muebles, parece más grande el salón.

Que no, Maruja. -Maruxiña.

¿Eso quiere decir que os volvéis a instalar en esta casa?

No, nos vamos a un hotel.

No, de eso nada,

mi sobrino no duerme en un hotel teniendo la casa de su tía.

Os volvéis aquí el tiempo que haga falta.

Tu tía tiene razón, Ignacio.

Dónde vamos a estar mejor que aquí, ¿no?

Espero que Guillermo no esté enfadado conmigo.

Lo mismo lo está, pero no te preocupes,

en cuanto le pidas disculpas, se le pasa.

Ojalá.

Azucena, no le digas la verdad,

no le digas que estuviste con un pretendiente.

Casilda, a mí eso de mentir no me va.

Bueno.

Me marcho pa la mantequería,

que ahí estará la Lolita con Monchito.

Mucha suerte.

Muchas gracias.

-Señorita Azucena.

Tengo unas cartas para don Liberto, ¿se las doy?

Luego, luego me las da, que voy con prisa.

Será solo un momento. -Luego.

Las cartas de don Liberto.

Si son para don Liberto, se las das a él.

Perdón, me he sentado un momento y me he quedado dormida.

No se preocupe, anoche no durmió mucho.

Yo también me he echado una buena siesta.

Le prepararé un té y unas pastas.

Tranquila, no hace falta correr.

Siéntese y descanse un rato más.

No se desviva

por un caso perdido como el mío.

No debía hablar así de usted mismo.

La crisis de anoche.

Yo mismo me siento ridículo.

Soy una carga.

No lo es.

No es ninguna carga, tampoco es ridículo.

¿Y qué soy?

Es usted una persona que ha sufrido y debe volver a la normalidad.

Y para eso, no bastan las medicinas que le da el doctor.

Pero tiene que confiar en mí.

Confío en usted.

Pero no sé si tengo cura posible.

Entonces, debe hacerme caso.

Quiero que vaya a darse un baño caliente.

Es lo mejor para relajarse.

¿Un baño?

Sí, algo tan sencillo y placentero como un buen baño.

Está bien.

Usted manda y yo obedezco.

(Música de piano)

(Música de piano)

No, por favor, por favor. -Sí, que sí.

Sabes exactamente lo que va a pasar.

He venido buscando algo y lo voy a conseguir.

Así que, tranquilízate. -No.

(Puerta)

¿Quién anda ahí?

Soy yo, Valeria. Soy yo.

¿Qué te pasa?

¿Ha vuelto Aurelio? -No, no.

Ayer vino doña Genoveva,

me aseguró que Aurelio no volvería a molestarme.

¿Confías en ella?

No, claro que no.

Pero no tengo alternativa.

Llevo todo el día pensando en eso.

Sé que Aurelio tratará de vengarse de mí.

De vengarse de ti y de seguir acosándome a mí.

Solo nos queda una opción, Valeria.

(VALERIA LLORA)

¿Cuál?

Recoger nuestras cosas, coger lo imprescindible,

ir a la estación y coger el primer tren, vaya donde vaya.

¿Qué tal estaban los cardillos?

Tan rico como el de la tía Eusebia de Cabrahígo.

Pues claro. Y los sigue haciendo.

Fue ella quién me enseñó a hacerlos.

Y cuéntame,

¿te lo has pasado bien en las barcas con don Fidel?

Muy bien, todo el mundo está siendo muy amable conmigo.

Como tiene que ser, lo que te mereces.

Si es que te cojo y te...

Cómete las natillas, yo voy a recoger la cocina.

(Puerta)

Hola.

¿Es usted mi abuelo?

Sí.

Gracias por el tren.

Fue el que más me gustó de todos los regalos.

Le he hecho un dibujo, ¿quiere verlo?

Somos usted y yo en el tren que me ha regalado.

Muy bonito.

Si es que, Moncho es todo un artista.

Le voy a enseñar al abuelo los regalos que me han hecho.

Mañana,

mañana me los enseñas. Mañana.

Ahora...

Ahora, acábate las natillas, Antoñito.

Yo no me llamo Antoñito, ese era mi padre.

¿Qué le pasa al abuelo?

Ya te ha dicho, cariño, que mañana le enseñas tus regalos.

Estará cansadito. Anda.

¿Marcharnos? -Ni nosotros mismos sabríamos dónde.

Así será imposible que nos sigan.

Coger el primer tren,

a Bilbao, a Barcelona, a La Coruña, da lo mismo, Valeria.

No puedo.

Mi esposo no me encontraría.

Le buscaremos nosotros.

Investigaremos qué ocurrió, por qué desapareció.

Yo no me creo la versión de Aurelio Quesada.

¿Por qué?

¿Por qué quieres que me vaya contigo?

Sería un estorbo para ti.

Valeria, tengo miedo de que Aurelio tome represalias contra ti

y no estar aquí para protegerte.

Estabas dispuesto a irte solo.

No soy capaz de imaginarme una vida sin ti.

No puedo estar a tu lado y...

no decirte lo mucho que te deseo.

A mí me pasa lo mismo.

Quiero eliminar a Genoveva.

¿Ha pensado ya cómo quiere hacerlo?

-"Con veneno".

"Será usted quien se encargue de administrarle algo

que vaya acabando poco a poco con su vida".

"Y no deje ningún rastro".

Explícanos bien eso de que ha desaparecido el administrador.

Según me han comentado, ha estafado a más familias,

familias que eran clientes suyos.

Se ha marchado con el dinero recaudado.

-¿Y si le das una oportunidad a Claudia

y te olvidas de Azucena?

Puede que sea lo más sensato.

Les he dicho a los obreros que coloquen los tabiques en otro sitio.

-Lo que viene siendo, empezar la obra de nuevo.

Bueno, hijo, no te preocupes, os podéis quedar en esta casa

el tiempo que haga falta, que somos familia.

Por eso, hemos pensao

que podemos preparar una merienda en tu casa

para despedir a Moncho.

Que quieren ponerle fácil a mi suegro

que pase un rato con Moncho,

que ya es bastante que sea el hijo de Antoñito.

Tienes ese dinero, ¿verdad que lo tienes?

Eh...

No me queda ni una perra.

¿Te lo has gastado tú solo? Te has ido solo de chusma.

Creo que lo mejor que podemos hacer es vender este piso a ese tal Mañas.

Que nos dé lo que crea conveniente.

Haz lo que te parezca, no estaré por aquí.

Voy a marcharme de casa dos días. No.

No vas a marcharte así, tienes que contarme cuáles son tus planes.

No pienso hacerlo. Aurelio, ¿qué pasa?

La venganza que estás tramando no es contra David,

es contra mí.

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Acacias 38 - Capítulo 1435

24 feb 2021

Genoveva le asegura a Valeria que Aurelio no volverá a importunarla y que encontrará a Rodrigo. La señora de Quesada avisa a David de que su vida corre peligro. Debe irse de Acacias cuanto antes. David le propone a Valeria fugarse con él y¿ambos se besan con pasión.
En plena madrugada Felipe sufre una crisis. El abogado muestra su inseguridad ante Dori y ella anota sus reacciones en un misterioso cuaderno. Lolita, Fidel y Moncho salen de paseo. Ramón los ve de lejos y no le hace ninguna gracia.
Guillermo se prepara para su cita con Azucena. La joven está a punto de salir, pero Rosina y Hortensia tienen otros planes para ella: una cita con un pretendiente. Guillermo ve salir del portal a Azucena con su nuevo pretendiente. Así que éste decide invitar a Claudia.
Servando le pide a Jacinto que reparte el dinero que le dio Ignacio y Jose indaga sobre el asunto. Una inesperada sorpresa vuelva a casa de los Palacios: Ignacio y Alodia.

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