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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1413 - Ver ahora
Transcripción completa

Estoy deseando conocerla.

¿Por qué no vienen a cenar a mi casa usted y su esposo?

No tenemos nada.

Bueno, esta casa. Gracias. Y un localito pequeño en el centro.

¿Solo un localito en el centro?

Es bonito y apañado, pero como es pequeño, deja poco.

Rodrigo... -Mi marido.

El mayor interés de don Aurelio es que nadie conozca nada de Rodrigo,

de ahí que finjamos que tú estás casada conmigo.

Encantado. Soy Jacinto, el sacrificado portero de la finca.

Pa servirle.

Me ha parecido ver algo familiar en la nueva cocinera.

Luzdivina.

En cuanto ruede un poco, haremos de ella una cocinera excelente.

Se parece mucho a Sara.

¿Por qué no quieres que Valeria y yo nos relacionemos?

El problema no es tu empleado, ella es el problema.

¿Qué me ocultas? ¿Quién es esa Valeria?

Veo que ni siquiera puedes contestarme.

¿Tanto miedo te da hacerlo?

No es miedo, sino hastío.

Comprende que me aburran ya tu injustificados celos.

Para que me provocaras celos,

tendrías que valer e importarme mucho más de lo que lo haces.

Entonces ¿a qué viene tal empeño con Valeria?

A que no me gusta que me tomen por tonta.

Nunca lo he hecho, así que no te comportes tú como tal.

Mi empeño en ese matrimonio es por asuntos económicos.

David es un valioso elemento en mis operaciones,

como lo fue durante la guerra.

Para ser tan valioso,

es la primera vez que te oí nombrarlo.

No tienes por qué estar al tanto de todos mis movimientos.

Valeria, su esposa, tampoco sabe de sus actividades.

Cosa que espero que siga así.

Me sorprende que dudes de mi discreción.

Sé muy bien guardar un secreto,

siempre y cuando me convenga guardarlo, claro está.

Pues este te conviene, tenlo por seguro.

Ya comprobarás en la cena que no preguntaré nada

sobre vuestras actividades. Seré la anfitriona perfecta.

Es decir, ¿que sigues empeñada en dar esa cena?

Por supuesto, no veo motivo para anularlo.

Espero que Valeria acepte la invitación.

¿Quién se habrá creído que es para tardar tanto en contestarme?

(Sintonía de "Acacias 38")

Pase, Fabiana, pase.

Lolita.

He venido en cuanto he podido cerrar la manteque...

¿Qué ha pasao aquí? -Fátima se ha marchao de la casa.

Pues sí que le ha aguantao la muchacha,

cada día le duran menos.

Calle, que eso no es to.

Antes de irse, ha decidido llevarse recuerdos.

¿Cómo, qué estás diciendo?

Que le ha robao a don Felipe.

No puede ser verdad. Esa muchacha no era una ladrona.

Habrá descubierto su vocación ahora.

Es una ratera experimentada, Fabiana.

¿Echa en falta algo más, aparte del parné?

Acabo de mirar mis cosas con más detenimiento,

y no encuentro mis gemelos de oro,

piezas de ropa y...

joyas de Celia que guardaba de recuerdo.

Santo Dios.

¡¿Cómo se le ocurre traer gentuza a mi casa?!

Disculpe, pero hubiese puesto la mano en el fuego por ella.

¡Pues te hubieras quemado!

Aún me cuesta creer que sea un ladrona.

¿Qué más pruebas necesitas?

Casi me deja en paños menores.

Quizás, en algún momento, tuvo miedo de perder...

¡Ni se te ocurra justificarla!

Voy a denunciarla.

Y no solo me va a devolver todo lo que se ha llevado,

¡se pudrirá en la cárcel!

Al menos, en la cárcel no le faltará el pan.

Disculpe, no quiero contradecirle,

pero es que uste nunca ha tenido necesidad.

Fátima parecía buena mujer y necesitaba el trabajo.

Si robó es porque tenía miedo a quedarse en la calle de nuevo.

Eso ahora no importa.

Lo único de enjundia es encontrar una sustituta.

De eso nada, bastante habéis hecho ya.

Solo tratamos de ayudarle.

Empezad por desaparecer de mi casa.

¡¿No me habéis oído?! ¡Fuera de mi casa!

Será mejor que le hagamos caso.

Ya hablaremos luego.

De eso nada. ¡Fuera!

Dele más brío, Luzdivina,

que a este paso, se van a montar las claras por aburrimiento.

¿Mejor así?

Mucho mejor.

Si sigue aplicándose así, pronto llegará a ser una buena cocinera.

Ojalá.

¿Sabe, Marcelo?

He tenido ocasión de conocer a los sirvientes del altillo.

Son buena gente.

No tengo motivos para dudarlo. Apenas los he tratado.

¿Y no cree que debería hacerlo más?

Tengo la sensación de que agradecerían enormemente

que se pasase a compartir una comida siquiera con ellos.

No sé si sería conveniente.

Arden en deseos de conocer a un verdadero mayordomo.

Tienen tantas cosas que aprender de usted.

Si tanta curiosidad tienen,

buenas escuelas hay donde aprender el oficio.

Es verdad...

-No quiero confraternizar con el servicio.

Un mayordomo no es un criado ni tampoco un señor.

Vivimos en un estadio intermedio, y así es como debe ser.

¿Y no se siente muy solo en ese estadio intermedio?

Suba un día al altillo.

Nada tiene que perder.

Ten cuidado, que no se note la sisa.

Deja de interrumpirme, Rosina.

Solo pretendo ayudar.

Tenerte tan encima, está muy lejos de hacerlo.

Sé bien lo que hago.

La tarea hay que hacerla sin prisa y con tiento.

¿Te has dado cuenta de los remiendos que lleva la ropa de Azucena?

La verdad es que no.

Pues no tiene blusa ni falda, que no lleve alguno.

Así que te has convertido en una experta.

La necesidad obliga.

Hermana, comprendo lo duro que es estar

en tal situación con una hija casadera.

Lo es, Rosina.

Por eso decidí venir aquí,

para que nadie se percatara de nuestra situación.

Y, de paso, poder vivir con más desahogo.

Pobre. Saliste de Málaga para caer en Malagón.

Esperemos al menos que la distancia haga

que la niña no pierda a su pretendiente.

Es un estupendo partido, un chico de muy buena familia.

Entonces, Hortensia,

hay que evitar que descubra vuestra necesidad y salga espantado.

Que Azucena no viva nuestros apuros. -Sí.

(Puerta)

A las buenas noches. -Buenas noches.

Y quita esa sonrisa, que los pobres deberían tener prohibido sonreír.

Tengo motivos para hacerlo, querida. He estado haciendo números.

Sí eran de nuestras finanzas, habrás terminado pronto.

Poco dinero tenemos que sumar.

Déjale que se explique.

Después de revisar nuestra situación financiera,

no está tan mal, podría ser peor.

Claro, podríamos estar pidiendo en la puerta de la iglesia.

Si mantenemos el nivel de gasto que tenemos ahora,

podremos ir sacando cabeza.

¿De verdad lo crees?

Completamente.

Los réditos del local que tenemos alquilado

y la finca de los Rubio, nos darán al final de año un respiro.

(RÍEN)

Si nos manejamos con sobriedad,

podremos ahorrar un dinero que nos permita hacer alguna inversión.

Tengo buen ojo para comprar inmuebles y sacarles provecho.

Cualquiera lo diría.

Pero, entonces ¿tendremos que estar mucho más así?

Solo por un tiempo, cariño. Ten paciencia.

Veremos la luz al final del túnel.

No hay nada mejor que empezar el día que mojando pan con achicoria.

No creas, prima, sería mejor si en vez de pan

fuesen churros, y en lugar de achicoria, un chocolate.

Arrea, Jacinto, eso sería desayuno de marqués.

Confórmate con lo que tienes. Lo importante es que no falte.

Luzdivina tiene razón.

¿Soy bienvenido para desayunar con ustedes?

Pa chasco que sí. -Supongo.

¡Cuánto honor, don Marcelo! Siéntese en mi silla.

No será necesario, Jacinto.

Cogeré otra silla.

Disculpe que no tenemos lo que usted acostumbra a desayunar.

Apenas tenemos un chusco de pan y achicoria.

Más que suficiente.

Cuando uno ha desayunado el rancho del Ejército español,

no hay nada que no sea un manjar.

Pues hale, sírvase usted mismo, don Marcelo.

Antes, permitidme que bendiga la mesa.

Así lo hago siempre antes de tomar bocado.

Ah.

Santo Dios,

te damos gracias por estos alimentos que brindas a estos hombres

y mujeres de buena voluntad.

Que nos den las fuerzas precisas

para servir a nuestros señores con humildad y respeto.

Que nuestro sudor sea muestra del amor que te profesamos.

Amén. -Amén.

Amén. -Qué bien habla.

Lo que yo te decía...

Aquí tienen, señores.

Gracias.

Espero que lo disfruten.

Bueno, tal vez podríamos haber conseguido alguna mejora...

Arrea, Fabiana, qué cara de sueño traes.

Más pareces precisar tú un café que nuestros clientes.

Así es, Servando, no he pegao ojo en toda la noche.

Ya te noté inquieta en el catre esta noche.

¿Sigues dándole vueltas a la mollera

por lo del robo a don Felipe? ¿Cómo no iba a hacerlo?

Fui yo quien le metió a la ladrona en casa.

Tú solamente diste trabajo a una muchacha que viste necesitada.

No sabías que te iba a salir rana.

Ya me advirtió Lolita que no le parecía buena idea.

Fabiana...

Lo hiciste con la mejor de las intenciones.

No te culpes por eso.

Por cierto, ¿no dijo don Ignacio que iba a traer a otro enfermero

para don Felipe? Sí.

Justamente, le he dejao en la casa con él.

Nos ha presentao a un tal Prudencio,

entrará a trabajar hoy mismo. Ojalá dure más de un día.

No me seas agorero.

Esperemos que tenga más paciencia que Gerardo.

Sacos de paciencia le hacen falta.

Y sobre todo, para que te desentiendas tú de este tema.

No, con eso no cuentes.

Mientras el hombre se adapta,

Lolita y una servidora seguiremos echando una mano.

Es importante que todo vaya rodado,

si no queremos que haga mutis por el foro a las primeras de cambio.

Sí, tienes razón.

Buenos días, don Ramón.

Tome asiento, por favor. Ahora le sirvo el desayuno.

¿Precisas ayuda? No, no, vete a hacer tus cosas.

Además, quiero tener unas palabras con él.

Bueno. Ten cuidao con no importunarle, que ya lo conoces.

Sí.

Aprovecharé pa ir a por el capazo y me voy al mercao a comprar.

Estoy muy orgullosa de ti.

Venga.

Ya está bien, Casilda, ¿por qué no dejas de mirarme?

¿Tengo monos en la cara?

¿Qué? ¿Qué es lo quieres preguntarme?

Prefiero pensar que es eso y no que te has vuelto tonta.

Mire, señora, que no quiero molestarla a usted.

Buena intención, pero tarde, llevas años haciéndolo.

¿Qué sucede?

Me gustaría saber cómo van las cosas en la casa.

Ya lo sabes de sobra, entre mal y muy mal.

Ya. Pero hicieron una reunión y me quitaron de en medio

pa que no me enterase.

Vaya, ya veo que sirvió de poco.

Será mejor que esté al tanto de todo o empezaré a imaginarme cosas.

Está bien, te lo contaré todo,

aunque sea para que me dejes tranquila.

Mi hermana y mi sobrina se van a quedar una temporada aquí.

Madre del amor hermoso,

me va a costar seguir fingiendo con ellas en la casa.

Descuida, no hace falta. Están al tanto de todo.

¿De todo? ¿Saben que somos más pobres que las ratas?

¡Casilda!

Ya sabes que prefiero decir

que estamos pasando dificultades económicas.

"Dificultades económicas".

Bueno, pues me alegro.

A mí se me da muy mal fingir.

Lo sé, lo que aún no he descubierto es qué se te da bien.

Se acabó lo de despilfarrar en el mercado.

Ellas saben que se servirá en la mesa lo que buenamente podamos.

Me alegro entonces de que se queden.

Aunque su hermana es muy pesada.

Cuidado, Casilda, no olvides que es mi hermana,

para criticarla, me basto yo sola.

Sin embargo, le diré que su sobrina es un amor.

Parece que te ha oído. Por ahí llega, ¿no?

Azucena, querida,

qué satisfecha pareces, ¿no?

No podría ser de otra forma.

Me he apuntado a una academia de baile.

¿Una academia de baile? ¿Y cómo era por dentro?

Con Dios, señores. Muchas gracias.

Aquí tiene, don Ramón,

el bizcocho y su té que tanto le gusta.

Te lo agradezco, Servando.

Y te lo agradecería más si me dejaras tomarlo en paz.

Sí. ¿Puedo preguntarle algo, don Ramón?

¿Serviría de algo que me negara?

Don Ramón, que ya me conoce desde hace la intemerata, sabe que no.

Ya me lo temía yo.

¿Cómo van las cosas entre don Felipe y usted?

Servando, ¿cómo te lo diría de forma agradable?

Eso a ti no te importa.

Pensaba que me lo iba a decir de una forma agradable.

Lo he hecho. Se me ocurrían otras formas más agradables.

Mire, es que tenemos motivos para estar preocupados.

Se acerca el día de la inauguración de la Plaza Antonio Palacios

y don Felipe está más irascible.

La culpa de eso la tiene Lolita,

no debería haberle pedido que hablará en el acto.

Si Lolita se lo pidió a don Felipe

es porque creía que le iba a hacer bien al abogado.

Lolita no para de ocuparse de usted y de don Felipe.

Se ocupa del negocio,

está ahora mismo ocupada con todos los trámites del acto,

y encima, lleva la economía de dos casas.

Si tan agobiada está,

puede empezar por olvidarse de mí, que yo no le he pedido nada.

Vamos a ver, vamos a ver, don Ramón,

Lolita lo hace gustosamente, son ustedes familia.

Y perdone que le diga, pero debería poner todo de su parte

para que la convivencia fuera mejor.

Perdonado quedas, te agradezco el consejo.

Ahora, si no te importa, déjame desayunar tranquilo.

Y no te metas más donde no te llaman.

(RESOPLA)

¿Lo ves, Casilda? Es muy sencillo.

Sí, claro.

Es sencillo pa quien no le importe esmorrarse contra el suelo.

¿Cómo consigue hacerlo tan fácil?

Es cuestión de práctica.

A mí eso me parece brujería.

Mire...

Mira, di Dios quisiera que caminásemos de esa forma,

en vez de piernas nos hubiese dado unos zancos.

Lo haces a las mil maravillas.

Gracias, Casilda.

Por fortuna, la profesora de la academia opinaba de forma parecida.

Me ha puesto en el curso más avanzado.

Arrea, a este paso , terminarás quitándole el puesto.

Tampoco exageres.

No lo hago ni una pizca.

Una sabe apreciar el talento,

aunque en mí no haya ni una miga de eso.

No, Casilda.

¿Sabes? Me recuerdas mucho a mi señorita Leonor.

A ella también le corría el arte por las venas.

Aunque se le diera con la pluma, en lugar de con el baile.

¿La echas de menos, verdad?

Pachasco que sí. Una barbaridad.

Puedo decir que no solo éramos señorita y criada,

sino amigas, casi hermanas.

Sé que tú y yo nos llevaremos muy bien.

Aunque no pueda ganarme un hueco tan grande en tu corazón

como el que dejó Leonor.

Señorita, ¿está bien? Parece que algo te ha entristecío.

Sí, perdona.

Me ha venido a la memoria la carta que he recibido de mi prometido.

Vaya novio tienes que se te pone esa cara de mohína

recordando sus cartas.

Casilda, no sé si serán impresiones mías,

pero en sus líneas lo he notado algo frío.

No hagas caso.

Los hombres no son como nosotras,

les cuesta hablar de sus sentimientos,

y si es por carta, doblemente.

Sí, quizás sea eso.

¿Sabes qué puedes hacer?

¿Por qué no le escribes unas líneas de lo más cariñosas?

Ya verás como poco a poco, se va animando a seguirlas.

Sí, sí, sí, Casilda, es una muy buena idea.

Le escribiré una carta

y le diré que me he apuntado a una academia

y que me encantaría que viniera a visitarme.

Gracias, Casilda.

(Suenan las campanas de la iglesia)

Con cuánta devoción se te veía rezar hoy, Alodia.

Pedía paciencia y mano izquierda al enfermero

que Ignacio ha encontrado pa don Felipe.

La va a necesitar. Y si no le da mano izquierda,

que le conceda piernas lentas para salir pitando.

¿Se ha incorporado ya a su servicio?

Esta misma mañana.

Mi pobre Ignacio se desvive por sus pacientes,

sobre todo, si son amigos o vecinos.

Es de alabar que sea así, porque Felipe precisa de cuidados y ayuda.

Sí. Y ni Lolita, ni Ramón, ni Fabiana han sabido dársela.

Desde que se fue Gerardo, parecía abandonado a su suerte.

Ha sido mi esposo el que lo ha resuelto todo,

buscando a alguien adecuado e imponiéndose

para que don Felipe aceptase a un enfermero en su casa.

No le habrá resultado sencillo. Mira que es tozudo.

Y además... -Alodia,

no está bien que le pongas todas las medallas a Ignacio

y desprecies lo que han hecho los demás por Felipe,

que no ha sido poco.

¿Qué les parece si seguimos esta conversación en el Nuevo Siglo XX?

Yo convido.

Se lo agradezco, pero ese lugar no termina de ser de mi agrado.

Ya sabe que nosotras frecuentamos otro tipo de restaurantes.

Deberían darle una nueva oportunidad.

Ya verán como no se arrepienten.

Ayer mismo comimos allí y estaba todo exquisito.

Tanto como exquisito, no estuvo mal del to.

¿Que no estuvo mal?

Si no dejaste ni un grano de arroz en tu plato.

Por no parecer maleducada, Bellita.

-Nosotras tampoco queremos hacerle un feo, Bellita.

Vamos a tomar algo.

¿Vamos? -Vamos.

Anda, hija.

Pero qué alegría verlas, señoras.

Tomen asiento.

Dejen que las convide a un suflé que acabo de preparar.

Acaba de decir mi palabra favorita, Inma.

¿Y cuál es, Rosina, suflé o convidar?

Parece que tenía razón, Bellita, el restaurante tiene ya otro aire.

A mí, Inma me sigue pareciendo demasiado campechana

para un local de postín.

Me acaba de quitar las palabras de la boca.

Pues haga el favor de no devolvérselas,

que muda estás más guapa.

Comprendo que no sea de su agrado, se ha convertido en toda una señora.

Por cierto, ¿qué tal van sus clases de música con nuestra nueva vecina?

Ayer la oímos cantar.

Me temo que no van a oírme mucho más.

¿Cómo es posible, abandona tan pronto?

No tengo otro remedio.

Estaba muy ilusionada con las clases,

pero me he dado cuenta de que puedo perjudicar mis delicadas manos

de tanto aporrear teclas. -(RÍEN)

Ella se las ha cuidado mucho siempre.

Señoras. -Muy buenas.

Buenas.

Canastos, señora Inma,

cómo me alegra ver la terraza casi toda llena de clientes.

Sí.

Hasta parece haberse ganado a nuestras vecinas.

Eso parece.

Nunca lo hubiese logrado sin su ayuda y sus consejos.

Fabiana, le aseguro que nunca lo olvidaré.

Déjese, que no.

Así que, al final, la tal Fátima resultó tener la mano muy larga.

De una mano no, de las dos,

que también faltan cosas en el altillo.

¿En el altillo?

Como no se llevara las musarañas. -Algo más encontró la desgraciada.

El reloj de cuco,

los ahorros de una criada que no los guardaba bajo llave,

y bueno, el mantón que me regaló mi Martín.

Casilda, ¿tu mantón?

Cuánto lo lamento, sé que tenía un gran valor sentimental.

Así es, Lola.

Pero el recuerdo de mi Martín lo llevo en el corazón

y nunca podrán robármelo.

Más se perdió en Cuba.

Es una pena saber que hemos tenido a una ladrona entre nosotras.

Díselo a la seña Fabiana.

Tiene un disgusto enorme por haber confiao en ella.

¿Qué le habrá llevao a robar con tanta desvergüenza?

El miedo, por el nuevo enfermero.

Se vería de patitas en la calle con una mano delante y la otra detrás.

Sí, algo así debió pasar por su cabeza.

Pero no es razón pa robar. No la hubiésemos dejao en la calle.

La hubiese metido en la mantequería.

Tonta ella por no darse cuenta de que había dado con buena gente.

Sí. Y mírala ahora, como la coja la policía,

da con sus huesos en la cárcel. -Eso si no lo hace don Felipe antes.

El hombre está tan indignao, que es capaz de salir en su busca.

Muy buenas.

Buenas. ¿Le pongo alguna cosita?

No quiero nada.

Quería decirte que Prudencio ya está instalado.

Ya sabe lo que tiene que hacer con la medicación y las curas.

Gracias, me quedo más tranquila.

Es un buen profesional, no habrá ningún problema.

Me temo que eso no va a depender de él, sino de don Felipe.

¿Qué tal aguante tiene Prudencio?

Es un buen profesional.

Mientras Felipe lo trate con respeto, no habrá problema.

Marcho al hospital. -A más ver.

¿"Respeto"?

Yo creo que don Felipe ha olvidado el significado de tal palabro.

Aquí va a haber problemas, Casilda. Y no muy tarde.

(Graznidos)

Valeria ya ha aceptado la invitación para la cena en su casa.

Contaba con ello,

Genoveva acostumbra a salirse con la suya.

Debemos tener la máxima discreción con mi esposa,

estará atenta a cualquier detalle.

Tampoco nos conviene que se relacionen entre ellas.

Deben mantener las distancias.

Descuide, somos muy conscientes de ello.

Hemos preparado bien nuestros papeles, nada puede fallar.

Eso espero, nos jugamos mucho.

Genoveva sabe que trabaja para mí, pero eso es todo.

Y así seguirá siendo.

Valeria también está convencida de que es lo mejor.

Puede confiar en mí. -Lo hago.

Pero mi esposa es un perro de presa.

En fin, ya nos veremos esta noche.

Valeria, te hacía en casa.

He salido a comprar un postre para la cena de esta noche.

No quería aparecer con las manos vacías.

¿Qué has comprado?

¿Acaso lo dudas?

Religiosas, tus pasteles favoritos.

O al menos, lo serán esta noche.

Qué considerada ha sido siempre mi esposa.

Acabo de ver a Aurelio,

está preocupado porque no sepamos mantener la mentira

frente a Genoveva.

No debe preocuparse, saldremos del paso.

Lo que disgusta es haber perdido las entradas para la ópera

por esta estúpida cena. -No, Valeria, no las has perdido.

He adquirido otras para la semana próxima.

Iremos juntos a ver Aída.

Te lo agradezco. -No lo hagas,

es parte de mis obligaciones tenerte entretenida.

Ya, sí.

Ya sé que no lo haces por aprecio ni por generosidad.

No hacía falta dejarlo tan claro.

Señorita, no ha tomado bocado.

No tengo ganas, Maruxiña.

Haga un poder, que tampoco comío nada en la comida.

No me entra na.

Acabará enfermando.

(Puerta)

Ve a ver quién es, haz el favor.

Servando pregunta por usted, señora.

Con su permiso.

Le he traído los últimos números

de "Damas Elegantes" y "Señoras de Hoy".

Se lo agradezco, Servando.

Luego le bajará Maruxiña lo que le debo y una buena propina.

Ahora, si me disculpa,

me voy a mi alcoba.

Por Dios, sí que está mustia tu señora, parece una alma en pena.

¿Qué tripa se le ha roto?

Ni idea, pero no tocó ni la merienda.

Pues...

es una pena dejar esos dulces ahí.

Fíjate, fíjate que por hacerte un favor,

me los voy a zampar yo.

Eso sí, tráeme un chocolate, que el té me parece una sosería.

Ahí está. Venga, hasta luego.

Oye, para lo mal que te llevas con tu señora,

pareces muy afectada.

Razón no le falta.

Me parte el alma verla tan tristona.

Estaba tan ilusionada por las clases de música...

Hasta quería comprarse un piano.

¿Un piano?

Esto ya está apuntado, se lo paga a Lolita cuando esté ella.

Con Dios. -Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

¿Te quieres estar quieto?

Bueno, perdón.

¿Qué, ¿ya te has convencido de que Guillermo anda por tus huesos?

Sí, por mis huesos y por el resto.

Yo no quiero ser presumida, pero cada vez tengo menos duda.

Hoy mismo, cuando venía pa acá,

el pollo me salió al paso

pa contarme que estaba ilusionado de que el negocio despuntara.

Mujer, eso tampoco es muy amoroso.

Pero acuérdate de que también me convidó al arroz

pa que le hiciera promoción a mis señores.

A las buenas.

¿Y Lolita? Preciso fiambre pa los clientes de la pensión.

Ahora se lo sirvo yo, que Lolita ha salido.

¿Y adónde ha marchao?

¿No lo adivina uste?

La verdad es que hay pocas opciones.

¿O a atender a don Ramón o a atender a don Felipe?

A don Felipe, o pa ser exactos, a su nuevo enfermero.

Ya ha amenazado con marcharse con viento fresco.

Pues sí que ha tardao en hartarse.

Ha superado el récord.

Lolita ha ido a calmarlo y a poner paz.

Estaba dispuesta a doblar el jornal si se queda.

No hay parné en todo el mundo que pague aguantar a don Felipe.

Madre mía, con lo que era ese hombre.

Maldito sea ese atentado

que tantas víctimas dejó, tanto muertas como vivas.

Casi peor las vivas, seña Fabiana.

De seguir así, Lolita va a perder el oremus,

tiene muchas cosas encima.

Y por si tuviera poco, se acerca la inauguración de la plaza.

-Ella está preocupá,

no ha podido preparar el homenaje.

Lo sé, Casilda, lo sé,

ni siquiera ha podido decidir qué ponerse ni qué decir.

Tendríamos que ver la forma de ayudarla.

Quizás se me haya ocurrido algo.

Jacinto, apresúrate con los fiambres,

que tengo que ir a ver a a alguien.

Ya sabes, lo de siempre.

Los señores Expósito.

Pasen, pasen. Un placer recibirles en nuestra casa.

Les agradecemos nuevamente la invitación.

Han sido muy amables. -He traído un dulce para el postre.

No debería haberse molestado.

Nuestra nueva cocinera ha preparado un exquisito postre

acompañando al menú,

bajo la supervisión de nuestro mayordomo.

Se trata de unas religiosas, el dulce favorito de David.

Mi esposa me da siempre todos los caprichos.

Por mucho que lo intento, nunca me quedan tan bien

como las de las pastelerías.

No lo crean, a mí todo lo que me prepara Valeria me sabe a gloria.

Sea entonces bienvenido el dulce.

Marcelo dé orden de que lo sirvan junto al postre.

También me he permitido traerles un presente.

Era lo mínimo después de su amable invitación.

Entrégaselo, querido.

Ah.

Se trata de una grabación de un pianista muy virtuoso,

aunque desconocido,

pero... para mí, el mejor intérprete de Chopin.

Es una auténtica joya.

A Valeria le ha costado mucho encontrarlo.

Espero que se de su agrado.

Muchísimas gracias.

La música acompañará divinamente a los dulces, también franceses.

Chopin era polaco.

(RÍE)

¿A que es encantadora nuestra nueva vecina?

Desde luego.

Si los señores lo desean, pueden ir sentándose a la mesa.

¿Vamos?

Gracias, Marcelo.

Querida, este marrón glacé está delicioso.

Ya ni recordaba la última vez que pude saborearlo.

Ni yo. Por eso pensé que nos merecíamos un premio.

Señora, perdóneme uste,

pero le recuerdo que no estamos pa muchos dispendios.

¿Desde cuándo mis finanzas son asuntos

de los que opina el servicio?

Desde que el servicio, una servidora,

tiene que regatear en el mercao pa poder hacer la compra.

Hermana, eres demasiado blanda.

Si Casilda fuese mi criada, no se atrevería a hablarme de tal forma.

Se enteraría de lo que vale un peine.

-El precio podría saberlo,

otra cosa es que pudieras pagármelo.

¿Qué has dicho, Casilda?

¿Eh?

Nada, no he dicho na.

Que me voy a la cocina, que tengo muchas tareas que hacer.

No te hagas mala sangre.

Anda, coge otro marrón glacé, hermana.

¿No deberíamos dejar alguno para después de la cena?

Quita, que hay muertes repentinas.

(RÍEN)

(Puerta)

Ahí viene Liberto.

Si ve los marrón glacé, me va a regañar.

Quita, quita.

¿Qué hacéis? ¿Habéis escondido algo?

Qué tontunas dices. ¿De dónde vienes tan tarde?

Eh...

Rosina, traigo muy malas noticias.

¿Y no te las puedes guardar para ti, es necesario que yo las sepa?

Hay que acometer unas obras en el local que tenemos alquilado.

Nuestras buenas previsiones se han ido al garete.

¿No decías que no querías que te viera Liberto?

¿Has comprado marrón glacé?

Sí, y voy a comérmelos todos. Te doy uno.

Venga, que vas a estar un tiempo sin catarlos.

¿Qué sucede, que no le quitas ojo a ese muchacho?

Na, que no le dejo de dar vueltas a la mollera

a que pueda estar interesado en mi prima.

Bueno,...

deberías de estar contento, es buen mozo y con posibles,

joven, guapo...

Sería demasiado pa la Casilda.

Oye, lo mismo la Casilda al final se convierte en señora,

como Alodia.

Eso sí, que no se ponga tan tonta.

La verdad es que... es muy buen partido.

Y sobre todo, parece buen muchacho.

Entonces ¿por qué miras al joven con esa cara de avinagrado?

Por eso, porque es muy joven.

Pocos años tiene pa ser pretendiente de una viuda como la Casilda.

Mira, en eso no había caído. Es mucha diferencia de edad.

Casilda podría ser su madre.

No es por eso,

es que no me pega que tuviera un hijo tan alto y tan apuesto.

Últimamente, a mi prima le llueven los pretendientes,

acuérdese de Gerardo. No quiero que se haga mala fama.

No es mala fama, es sorpresa.

Claro, porque ¿qué tendrá esa pequeñaja pa atraerlos a todos?

En fin, te dejo, que tengo cosas que hacer en la pensión.

Y deja de buscarle tres pies al gato y alégrate por tu prima.

Guillermo.

A las buenas, Jacinto, ¿qué se le ofrece?

A ver, ¿a ti te hace tilín mi prima o qué?

No sé por qué tenemos que cargar nosotros con el coste de la obra.

Los inquilinos te lo pueden explicar.

Dicen que el local precisa de una reforma, está anticuado.

Tonterías, eso le da más solera a la tienda.

No tienen de qué quejarse, apenas les hemos subido la renta.

Eso no es cierto, se la hemos ido ajustando año tras año.

Por lo visto, no lo suficiente.

Son buenos pagadores, nunca hemos tenido problemas con ellos.

Mira, creo que lo mejor es darles el gusto.

De lo contrario, podemos perderlos.

Que se vayan, ya encontrareis otros inquilinos.

Sin afrontar antes la reforma, no lo veo tan claro.

Y será difícil encontrar inquilinos tan cumplidos.

¿Y cómo vamos a pagar la reforma?

No nos quedará otra que apretarnos el cinturón.

Y no te lo podrías apretar tú solo, que eres el único que lo lleva.

(Música de piano)

Estaba todo delicioso.

Apenas hemos podido terminar los postres.

Culpa de su esposo, casi no ha probado las religiosas,

y aseguraba que era su dulce predilecto.

No, Genoveva, échele la culpa a su cocinera

por servirnos antes tales majares.

Bueno.

Acompáñeme, Valeria,

me gustaría hablar con usted en detalle

de la espléndida pieza que está sonando.

Aprovechemos nosotros para conocernos mejor.

Estoy deseando saberlo todo sobre usted.

¿Por dónde quiere que empiece?

Por el principio.

Moncho, tesoro mío,

siento volver a la vida tan solo con escuchar tu voz.

Mamá te adora, ya lo sabes.

Dile a tu tío que te he enviado unos paquetes con ropa

y algún presentes.

De nada, cariño.

Te prometo que muy pronto iré a verte.

Te quiero. Un beso muy fuerte.

(Llaman)

Es que no ven que está cerrado. Seguro que es mi suegro,

que no ha visto que le dejé la cena hecha.

Fabiana.

Lolita, muchacha, ¿qué haces faenando a estas horas?

Acabo de hablar con Moncho.

Prefiero hacerlo aquí.

Que a don Ramón, en casa, parece que le irrita

escuchar la voz de su nieto.

¿Y usted?

Nada, solo quiero que veas a alguien.

Pasa, querida.

No te quedes ahí como un pasmarote.

Entra.

Buenas noches, Lolita.

Soy Marina,

la madre de María José.

Buenas. Perdone, estaba cerrao por asuntos familiares,

pero por ser una clienta conocida, la atenderé.

Quería un frasco de tónico. -Le ha gustado, ¿eh?

Deja el pelo bien sano y relumbrón.

En mi pueblo lo usan todas. Lo hace mi tío Feliciano.

Y uste tiene el pelo bien rebonico pa echarlo a perder.

¿A que te gusta el pelo de tu madre? -Sí.

Bien requeteguapo que eres tú también.

Señora, señora.

Señora, conteste. ¡Señora!

(Gritos)

Zagal, zagal, ¿estás bien?

Zagal, ¿me oyes? Zagal, ven aquí.

Ven aquí.

¡Ayuda!

¡Ayuda!

No sé si la recuerdas.

(ASIENTE)

Menos mal,

me dolía ya la cabeza de tanto piano.

Si hubieras escuchado a Valeria, apreciarías mejor la música.

Querido, por la forma en la que la mirabas,

dudo que fuese precisamente Chopin

quien ocupaba tus pensamientos.

No sé cómo has podido darte cuenta, estabas muy entretenida con David.

Tan solo me interesaba por su vida y su matrimonio.

No, no, no, era algo más que simple interés.

Ni la policía le hubiese sometido a un interrogatorio como ese.

Sé que esa pareja no es lo que aparenta.

¿Por qué?

¿Acaso no ha respondido David con seguridad a tus preguntas?

Sí, con demasiada,

como si ya lo tuviera aprendido.

Tal vez estaba nervioso por tu acoso.

(RÍE)

Nada comparado al que has sometido a su mujer.

Los pobres se han marchado nerviosos.

En fin, ya descubriré qué es lo que me ocultáis.

Pareces... muy segura de ti misma.

¿Por qué no habría de estarlo?

A fin de cuentas, siempre he sido más lista que tú.

De hecho, creo que ya he vivido demasiado tiempo a tu sombra.

Ha llegado el momento

de que vuelva a ponerme al frente de nuestros negocios.

¿Tienes alguna queja de cómo los he llevado?

No, has sido un buen aprendiz.

Pero sigues sin estar a mi altura.

Te recuerdo que eres mi esposa.

Tanto en México como en España, me debes obediencia.

Querido,... eso será de puertas para afuera.

Además, creo recordar que nunca te disgustó

que yo llevase la iniciativa.

No.

Querida, esa es una de tus mayores virtudes.

Déjame entonces que te recuerde el resto.

Reconoce que me estás ocultando algo.

Sabes que los secretos solo me gustan

cuando soy yo quien los guarda.

¿Me lo vas a contar o no?

Cuando terminen las obras del local,

volveremos a tener beneficios.

Pero hasta entonces,

habremos perdido nuestro colchón de seguridad.

Podemos pedir un préstamo.

¿No sería mejor decirle la verdad sobre mí?

No.

Implicaría contarle todo lo de los laboratorios de Barcelona.

¿Y qué tiene eso de malo?

Créame, cuanto menos gente sepa quién es Rodrigo, mucho mejor.

Me preocuparía más por su descubrimiento químico que por él.

En realidad, necesito que me guardes un secreto.

¿Un secreto?

Su hijo se merece ese homenaje, le guste o no.

Muy bien, de acuerdo.

Pero tú no me puedes obligar a que yo acuda, así que no insistas.

Precisamente ahora íbamos nosotros a comer al restaurante.

¿Nos acompañan?

Bueno, ¿qué, don Liberto, se animan o no se animan?

He venido para decirle que el acto de inauguración será en cuatro días.

¿Cuatro días?

Me lo han dicho esta mañana en el ayuntamiento.

Pero no...

No queda nada y... lo que he escrito no me gusta.

Yo sé lo que a usted le pasa, amigo.

Sí, no tiene por qué fingir.

Sí, sí.

Cómo me gustaría que Pascual estuviera aquí.

Para que viese que la inversión hecha no ha sido en balde.

Lo que tendría que hacer Pascual es llamar o mandar una carta.

No me gusta que hables así de tu padre, ya sabes cuánto ha sufrido.

¿Y por eso él nos puede hacer sufrir a nosotros?

Perfecto.

-"¿Ocurre algo, Lolita?".

Es una carta urgente del Partido Conservador.

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Acacias 38 - Capítulo 1413

25 ene 2021

Valeria y David se preparan para desempeñar sus papeles a la perfección en la casa en casa de Aurelio y Genoveva.

Mientras tanto, Felipe carga contra Lolita y Fabiana porque su nueva criada Fátima le ha robado en la casa.

Por otra parte, Luzdivina convence a Marcelo para que interactúe con los demás miembros del altillo de forma amistosa, a la vez que Inma y Guillermo se alegran al ver que los vecinos poco a poco comienzan a pasarse por el restaurante.

Liberto le propone a su familia actuar con sobriedad en unos meses para mejorar sus cuentas. Por su parte, Azucena se apunta a una academia de baile, a la vez que recibe una carta de su novio al que nota excesivamente frío.

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  1. Liliana

    Por favor cambien el peinado de Rossina, no le queda lindo!

    25 ene 2021