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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1412 - ver ahora
Transcripción completa

¿Arruinada?

Pero Hortensia, ¿cómo que arruinada?

¿Cómo de arruinada?

¿Tú, sin un chavo?

Sí.

¿No eras tú la organizada, la sensata, la juiciosa

y yo la manirrota?

¡Esto es el acabose, el no va más!

¿Cuántas veces me has recriminado mis gastos,

que calificabas de extravagantes?

¡Y ahora eres tú la que se ve a la cuarta pregunta!

¡Manirrota, decías! ¡Será posible!

Tampoco exageres: manirrota para ti,

que para los demás, un poco tacaña.

¡Encima, ahora tengo que soportar lecciones de administración

de alguien que ha dilapidado su herencia.

¿Qué ha sido de la mitad que te tocó?

¡¿Así, se fue, qué?!

No con esa velocidad, pero sí, se fue.

¿Por qué te crees que hemos venido aquí?

¡Juraría que dijiste que a visitarnos!

No tengo ni para los gastos de la casa de Burgos.

¿La casa familiar?

¡La casa, puñetas! -¡Menos humos!

Perdón.

Bueno, ¿y qué? ¿Ahora qué? ¿Qué piensas hacer?

Confiaba en que, como gracias a Dios,

a Liberto y a ti os van las cosas bien,

pues podríais hacerme un préstamo.

¡No, no, no, tener que pagar yo por tu mala cabeza!

No hay otra solución.

Si no, Azucena y yo tendríamos que vivir aquí, no queda otra.

(LLORAN)

Eso es lo que hubiera hecho madre, llorar por mí.

Rosina, ¿qué te pasa? Me estás asustando.

(Sintonía de "Acacias 38")

Con Dios.

Valeria.

Me alegro de verla. ¿Va con prisa?

No, solo estaba dando un paseo.

En ese caso, me gustaría que me dedicara unos minutos.

Claro, por supuesto, estoy a su disposición.

Usted y yo tenemos que hablar de muchas cosas.

El otro día, cuando nos presentaron, no pudimos conocernos.

Estoy segura de que es usted una persona muy interesante.

Además de una virtuosa del piano.

He oído que domina tan complicado instrumento.

Le han informado mal,

soy una aficionada con cierta técnica y mucha dedicación.

A mí me apasionada el arte, y en especial, la música,

pero yo no he sido tocada por las musas,

puedo desafinar hasta tocando una pandereta.

Estoy deseando conocerla.

¿Por qué no vienen a cenar a mi casa usted y su esposo?

¿No será una molestia para ustedes?

De ninguna manera, será honor para nosotros tener su compañía.

El honor sería nuestro,

nos consta que son una de las familias más distinguidas

de Acacias.

Entonces, cuento con ustedes para la cena.

No, todavía no puedo confirmarlo. ¿Por qué no?

¿Tiene otros planes?

No, pero lo tengo que consultar con mi esposo.

Es un hombre muy ocupado, apenas tiene tiempo libre.

Haga un poder y convénzalo.

Yo también lo consultaré con mi esposo,

aunque estará encantado de recibirles.

Está bien, en cuanto sepa si podemos ir, le mando recado.

Espero verles.

Usted y yo tenemos muchas afinidades entre nosotras.

Los cuatro tendremos mucho de lo que hablar, se lo garantizo.

Me estás asustando. ¿Qué pasa?

Que era todo mentira.

¿El qué?

Casi todo.

¿Podrías ser más concreta?

Lo de Liberto y sus inmuebles.

¿Cómo que era mentira?

No nos queda nada.

Bueno, esta casa. Gracias.

Y un localito pequeño en el centro.

¿Solo un localito en el centro?

Es bonito y apañado, pero como es pequeño, deja poco.

(LLORA)

(LLORA)

No somos más tontas porque nos estorbaríamos en el podio.

(RÍE)

No sabía cómo decírtelo.

-Ya.

Me suena esa sensación.

(LLORAN)

¿Viejos recuerdos?

De cuando éramos una familia próspera.

Que no salga ni una palabra de aquí.

¿Se lo ha contado ya?

Ella tampoco se ha quedado manca.

-Ni una palabra delante de los vecinos.

Ni media.

¡Qué vergüenza, Señor, qué vergüenza!

(LLORAN)

¡Ay!

¿Qué sabes de doña Genoveva?

Poca cosa. Que es la mujer del señor Quesada, poco más.

¿Y qué opinas de ella?

-¿Ha pasado algo?

-No, nada, solo dime qué te parece.

Creo que es una mujer inteligente,

quizá un poco pagada de sí misma,

pero inteligente, astuta,

suspicaz, recela de todo el mundo.

Y me da en la nariz

que está acostumbrada a mangonear la vida de los demás.

¿Crees que está al tanto de nuestra relación?

Ahora sí que no me creo que no ha pasado nada.

Contéstame, por favor.

Dudo que lo sepa.

¿Cómo que lo dudas? Es la esposa del señor Quesada.

Sería normal que la tuviera al tanto,

y más, si vivimos en una de sus propiedades y en su mismo edificio.

Que el señor Quesada le hubiera contado algo significaría

que le ha tenido que hablar también de tu marido.

¿Y qué?

Don Aurelio no se lo ha dicho a nadie.

Rodrigo... -Mi marido.

El mayor interés de don Aurelio es que nadie conozca nada de Rodrigo,

de ahí que finjamos que tú estás casada conmigo.

¿Me vas a contar a qué viene ese interés por la señora Quesada

y lo que sabe y deja de saber? -Me ha parado por la calle.

¿Y eso?

Dice... que soy una mujer interesante

y le gustaría que hiciéramos amistad.

No lo digas así, podría ser verdad.

¡Por el amor de dios, David! -Eres muy interesante.

No creo que para Genoveva haya alguien interesante excepto ella.

Parece que necesite una corte a su alrededor.

Nos ha invitado a cenar en su casa. -¿A nosotros? ¿A los dos?

Dice que tenemos mucho de lo que hablar.

¿Qué le has dicho?

Que eras un hombre muy ocupado y que te lo consultaría

antes de aceptar su invitación. -Bien, Valeria.

Lo hablaré con el señor Quesada.

Es una iniciativa de ella

y estoy casi seguro de que no se lo ha consultado.

Anda, serénate, mujer. Tampoco ha sido la primera vez.

Pero sí la última, Fabiana, que es la que más duele.

Cuéntanos, anda.

Le di palique pa ver si hacíamos las paces

y podíamos hablar, sin regañar.

Bien hecho.

Me acordé de lo que me dijo uste:

que él me ayudó después del atentao.

Y es verdad. -Sí.

Y... le dije que sin él

no hubiera podido sobreponerme a la muerte de Antoñito,

que me hubiera hundido,

que en esos primeros meses, él me dio la vida.

¿Le pediste perdón?

Por las disputas que habíamos tenido.

Bueno, pues ahí te has portado, ¿ves?

Igual como ahora no se está comportando don Ramón,

en su momento se portó.

¿Y eso no le ha tranquilizao un poco?

Al principio, parecía que iba bien.

No es tan fiero el león como lo pintan.

Es fiero cuando le sale la fiera de dentro.

Que le hablé del homenaje, de la inauguración de la plaza,

y del discurso en recuerdo de las víctimas,

y ahí saltó la fiera.

Y os peleasteis.

(ASIENTE)

Yo no quiero más.

No me quiero pelear más con él,

ni yo tengo fuerzas ni a él le sobran.

Ya.

¿Y por eso estás aquí? Sí.

Quiero dormir aquí y no encontrármelo más,

Otra vez, vuelta la burra al prado.

Pues eso va a ser que no, fíjate.

¿Quién eres tú pa decir eso? Ahora no importa quién sea yo,

importa quién es Lolita,

una viuda de un diputado nada más y nada menos.

Y una viuda que se precie,

no puede andar durmiendo un día aquí y otro allí.

Eso lo tendrá que decidir ella.

No, y yo, que me he ganado el derecho a la palabra,

que para eso fui yo su padrino de boda.

¿No decías que me elegiste porque era como un padre para ti?

(ASIENTE) Pues ya está.

Va siendo hora de que se note la paternidad.

Y esta noche te vas a tu casa y te dejas de tonterías.

Ay, mi niña...

Algo de razón sí que lleva.

Así es que, tómate la tila con nosotros,

te relajas, te sosiegas y te quitas la maldad esa

que llevas en el corazón. Venga.

Hala.

Don Felipe ha echado a Fátima con unos gritos...

Estaba hecho un energúmeno. Yo nunca le había visto así.

¿Y dónde está Fátima ahora?

En el altillo, llorando la pobrecita.

¡La madre que le trajo al mundo! Voy para allá.

Deje, que yo me ocupo de este entuerto.

Pues sí, buena estás tú.

Sales de Málaga y te metes en Malagón.

Hay que convencer a Fátima para que no se vaya.

Vamos, Casilda. -"Isofacto".

La Lolita va a perder la cabeza si sigue así con don Ramón.

Solo le faltaba echarse a la espalda también al abogado.

Puf...

A ver, muy bien no fue la primera clase de solfeo,

pero yo no me achico.

He dicho que seré una pianista reconocida y lo seré.

-Di que sí, que solo se cae el que tropieza.

"Solo se cae el que tropieza", dice.

No pretendía ser gracioso, tita.

Pero lo has sido, sobrino.

Se dice que lo importante no es el tropiezo, sino levantarse.

Quiere decir que... -Si sé lo que quiere decir.

Ha sido un lapsus, mi vida.

Si se te da mal el solfeo, insistes,

y a aporrear el piano hasta que nos deslumbres.

Ya, cariño, pero todas las cosas llevan su orden.

Primero hay que dominar el do, re, mí,

y luego, aplicarse a un instrumento.

Sí, tita, pero Alodia tiene talento para saltar etapas.

Gracias, cariño.

Gracias a ti, pero es la verdad, mi vida.

-Lo sé.

Por eso he pensado en comprarme un piano.

(RÍE NERVIOSO) ¿Un piano?

¿Cómo te vas a comprar un piano?

Sí, un piano de cola.

Puede ser que lo necesites, no digo yo que no.

Pero poco a poco, una cosa es saltar etapas,

y otra cosa es saltarse la carrera entera.

Lo quiero ahora, mi amor.

¿Quién dijo miedo? -¿"Ahora"?

¿No querrás que tu mujercita tenga que practicar

con unas teclas pintadas en la mesa de la cocina?

No, no, no, no.

Pues dicho y hecho.

Si a Bellita no le importa, mañana lo encargo,

que lo traigan y ya nos lo llevaremos cuando terminen la obra.

¿Pretendes traer un piano de cola aquí?

Quedará monísimo en el salón.

Es de lo más señorial tener un piano de cola en el salón.

Madre, vamos a estar más estrechos que un berberecho en su concha.

Tendré que poner de perfil la mesa.

¿Quién te ha dado permiso

pa meterte en una conversación de señores?

Como si se compra una trainera y la mete en el dormitorio.

Bueno, bueno, tengamos la fiesta en paz.

Ya hablaremos del piano después de la cena.

En cuanto venga Jose cenamos, que estoy canina.

Mirad, ya está aquí.

Venga, pues vamos a sentarnos

y sirve cuando puedas, Maruxiña.

Mientras se pueda, que cuando venga el piano, a saber.

Muy buenas, familia.

-Muy buenas.

Tenemos que ir al restaurante.

Dicen que hacen un arroz con bacalao que quita el sentido.

Eso no lo pienso consentir.

Una señora no debe dejarse ver en según qué lugares.

Antes era un restaurante de postín

y ahora es una tabernucha de mala muerte.

Pues no, no, te has quedado obsoleta, Alodia.

Le han dado la vuelta a la tortilla.

Ahora es de nuevo un restaurante refinado y elegante.

Anda, así que es verdad, ¿no?

Algo me habían dicho. -Claro.

A mí no me parece mal comer mañana un arroz con bacalao.

A mí se me está haciendo la boca agua, vamos.

Que no te escuche Maruxiña, que es muy sentía.

Ya veo que soy minoría.

Pero nos van a dar de comer rancho,

que es lo único que esa mujer sabe hacer.

¿Habla usted de mí?

No, no, no, hablamos de que mañana iremos a comer a un restaurante.

Tendrás la mañana descansada.

Mira, ese es mi primo, el portero de la finca.

¡Jacinto! Te presento a la nueva.

-Ah. -La nueva eres tú.

Encantado. Soy Jacinto, el sacrificado portero de la finca.

Pa servirle. -(JACINTO RÍE)

No, no, aquí no servimos, aquí nos ayudamos.

Era una manera de hablar, ¿a que sí?

En mi pueblo también se dice lo de "servirle a uste".

Aquí se han perdido las costumbres.

Una costumbre de arrastraos.

Bueno, es igual. Escucha, ¿cómo te llevas con don Marcelo?

Muy bien.

Ha sido él quien me ha elegido.

Es un gran hombre, ¿verdad?

A mí me impone muchísimo, más que un general con mando en plaza.

O más. -Sí, pa qué negarlo.

Me sabe mal que no haya querido subirse al altillo.

Subirse sí ha subido,

pero pa coger el mejor cuarto y usarlo de trastero.

Si los señores le dejan una alcoba en la casa,

tonto sería si quisiera dormir entre corrientes de aire.

Pero tú si eso, se lo comentas, así como si nada:

"bla bla bla".

A mí me haría mucha ilusión que subiera un día a desayunar

con la clase de tropa. -(CASILDA RÍE) "Desayunar".

Si nosotros somos muy poca cosa pa su excelencia.

¿Cómo se va a rebajar a desayunar

unas tristes sopas de pan con los criados en el altillo?

¿Te quieres creer que ha puesto un candao en su habitación?

¿Se cree que somos ladrones?

Yo de todo eso no sé nada, claro,

pero me extraña que don Marcelo les haga de menos.

A mí me ha parecido un hombre serio, sí,

de firmes convicciones, pero muy llano al mismo tiempo.

¿"Llano"?

¿"Llano"?

Si es más estirao que don Rodrigo en la horca.

La prensa pa los del principal, Jacinto.

Servando Gallo, propietario.

Luzdivina Suárez Rebollo, para servir.

Cuando no aguante más a ese mayordomo engreído

que le ha tocado,

ahí tiene la pensión donde podrá llorar

todo lo que le plazca por una módica consumición.

No es tan insoportable como parece.

Esperen a conocerlo un poco mejor antes de juzgarle.

Anda, bonita, ven, que te voy a enseñar el barrio.

¿Está usted lista?

¡Ay, hija, qué susto me has dado!

Susto debería darle comer a entre horas, que acabamos de desayunar.

Ya, pero si no pico algo, la mañana se me hace muy larga.

Pues, venga, vamos a distraernos.

¿Adónde?

A comprar mi piano.

¿No me diga que se le ha olvidado?

Sí, perdona, el dichoso piano.

Te dije en la cena que te acompañaría, ¿verdad?

No le eche la culpa ahora al moscatel.

Que no, que no, que nos vamos. Moscatel ni moscatel.

Muy buenas.

¿Se marchan? -Sí, nos marchábamos.

¿Por qué entras por la puerta de servicio?

Te he dicho que entres por la principal.

La costumbre, señora. Muchos años en la otra trinchera.

Siempre con los recuerdos.

Bueno, ¿qué querías?

Pedirle a don Ignacio que le eche un ojo a don Felipe.

¿Está peor?

Mejorar no mejora.

Alguien a quien él considere,

alguien con autoridad, como don Ignacio,

debe decirle que no puede estar solo, sin criada,

y que tiene que curarse el tajo de la pierna de cuando en cuando.

Mi marido está en una visita domiciliaria, no tardará.

Ahora nos tenemos que ir. -¿Podría aguardarlo aquí?

¡Pues claro! -¡De eso nada!

Nos quedamos con Fabiana.

¿Y mi piano, qué?

Chiquilla, que es un piano, Alodia,

que no un pescao que se vaya a poner malo

por comprarlo un poco más tarde.

Después tengo clase de solfeo, Bellita.

Pues iremos después de la clase, Alodia.

Hay tiempo para todo. Oye,

¿y a quién le daba gritos don Felipe ayer?

Se escuchaba desde aquí.

A Fátima, la chica que le hemos buscao.

Menudo chorreo que le cayó a la pobre.

Temíamos que el chorreo fuera para ti o para Lolita.

Y lo será un día de estos.

Nosotras nos lo hemos buscao por querer echarle una mano.

Pero bueno, to sea porque el hombre consiga al fin reposo.

¿Y podemos ayudar Alodia y yo en algo?

Hable por usted. Yo no le debo nada a don Felipe.

¿Acaso le debo yo algo?

Sabe perfectamente lo que quiero decir.

Felipe es insoportable,

por muchos paños calientes que se quieran poner.

Y más aún cuando grita como un condenado, ya lo he dicho.

Alodia, no hables así, hija.

Felipe es nuestro vecino y, por si fuera poco, amigo.

Por una vez, Alodia lleva razón.

A nosotras ni nos considera.

Hay que buscarle un enfermero como el que tenía antes, como Gerardo.

(Puerta)

Debe de ser Ignacio.

¿El jueves también?

También, señor.

A las doce, un empresario italiano.

Y a la una, un banquero escocés.

Sea.

Las servidumbres de ser rico, Marcelo, una lata.

La carga de trabajo era de prever cuando reunió usted

las fortunas de los Quesada y los Bacigalupe.

Un extenso patrimonio que no se administra solo.

Y si añadimos los ingentes beneficios obtenidos

durante la guerra europea, lo que obtiene usted es una bosta

a la que acuden todo tipo de chupópteros.

Lo que usted dice, señor, las servidumbres del capital.

¿Y qué tengo el viernes?

El obispo, a las diez y media. -¿Qué quiere ahora el obispo?

Haría bien en preguntándose qué no quiere.

¿Hemos terminado?

Por ahora, señor.

Espere un momento, Marcelo.

Me ha parecido ver algo familiar en la nueva cocinera.

Luzdivina.

En cuanto ruede un poco, haremos de ella una cocinera excelente.

No me cabe duda.

¿No lo ha notado usted?

¿El qué, señor? -Ese aire familiar.

Lo siento, no, señor.

No le creo. Salta a la vista.

Debo estar haciéndome mayor. La presbicia.

-"La presbicia". Se parece mucho a Sara, Marcelo.

¿De veras? No lo había...

Comprendo que a usted...

le cause mucho dolor hablar de su sobrina.

Tanto mi padre como yo, lamentamos la muerte

de una muchacha tan encantadora.

Me consta, señor.

Ojalá Luzdivina se parezca a ella en carácter y comportamiento.

Sara era un ángel.

Gracias, señor.

Espero que no le haya dado el empleo solo por ese parecido.

En absoluto, señor.

Retírese.

Señor, preferiría que no le comentara a doña Genoveva

la semejanza entre Luzdivina y Sara.

No me gusta mentirle a mi esposa,

ni siquiera me gusta no decirle toda la verdad.

Lo comprendo, señor.

Pero esta vez haré una excepción.

Supo usted guardar muchos secretos en mi juventud,

no está de más devolver favor por favor.

Gracias, señor. -Y no se preocupe,

no volveré a hablar de este asunto,

ni siquiera con usted.

Solo quería saber cómo se encontraba usted.

Espero no haberle incomodado con mi visita.

No, claro que no.

A veces pierdo los nervios, lo sé,

incluso con quien no debo.

¿Soy yo de esos?

De esos pocos.

A veces no me lo ha parecido.

Lo sé, y lo siento.

Pero la culpa fue de ambos.

La convivencia no fue buena idea.

En eso estamos de acuerdo.

Pero usted sabe que... es de las pocas personas

que he soportado durante todos estos años.

Si nos enemistáramos, no me quedaría nadie.

Ha quedado claro, Felipe. Gracias.

Hablando de la vida, ¿qué tal la nueva criada?

Un desastre.

No sé por qué se empeñan en meterme extraños en casa.

(Puerta)

¡Fátima!

Sea quien sea, me va a oír.

Muy buenas.

Siento venir sin avisar.

La señora Fabiana está preocupada por su lesión.

Fabiana debe tener pocas obligaciones.

¿Le examino la herida?

¿Acaso puedo negarme?

(SE QUEJA)

Quítese los zapatos.

Buenas, don Ramón, que no le he dicho na.

Nos está volviendo locas a Lolita y a mí.

¿Don Felipe? Sí, señor.

¿No podría uste pedirle que trate a los demás

con un poco más de respeto? Se lo ruego.

Tenga la bondad de pasar.

Enseguida vendrá Alodia.

Siento no haberla podido convencer de que no ha nacido para solfear.

Es bueno interesarse por la música.

No es interés por la música, créame, es ansia por destacar.

Desde que se casó con mi sobrino,

se le han subido los humos más que a la chimenea de una fundición.

Quizá empiece así y, poco a poco, adquiriera sensibilidad.

¿"Poco a poco", dice?

Ella no conoce el concepto de la prudencia.

Se quiere comprar ya un piano de cola.

¿Cómo?

Sí, ríase, pero nos va a obligar a comer apretados

y en fila, como en un espeto de sardinas.

Quizá desista de la compra cuando vea que no avanza.

Que le digo yo que no.

Ella no sabe lo que es avanzar o retroceder.

Ella ya se ve sentada al piano.

De cola. -Sí, de cola.

Y como le parece tan señorial, que no ve más.

¿No podría convencerla de que Dios no la ha enviado

por los caminos de la música?

Perdone, Bellita, pero no tengo corazón para desilusionarla así.

Te dije que sirvieras el té en cuanto doña Valeria entrase.

Lo hubiese tenido listo

si no hubiese colocado las pastas por color.

-¿Te crees que las pastas se presentan de cualquier modo?

Anda, sirve, Maruja. -(SUSURRA) Maruxiña.

¡Pero ¿qué pastas?!

¿Cómo vas a solfear con la boca llena?

Lo pondrá todo lleno de migas.

Buenas, doña Valeria. -Buenas.

Yo tomaré solo agua. ¿Empezamos la clase?

Sí.

Deberían de haberme avisado antes.

La herida está supurando.

Fabiana no tiene la culpa.

Yo me quedé a cargo de don Felipe los primeros días

y no supe hacer bien las curas o no estuve pendiente.

Ya no sirven los lamentos. ¿Quién se encarga de la profilaxis?

Fabiana. ¿Yo?

No, no, no, yo no me encargo de eso, señor.

Se trata de la higiene de la herida.

¡Ah, entonces sí, yo!

Lo hace para quitarle trabajo a mi nuera.

Deberá limpiar la herida dos o tres veces al día.

¿Y eso cómo lo sabe una?

Si ve manchas rojas o amarillas en la venda,

usted levante el apósito y limpie.

¿Sabe qué es el apósito?

No.

La pomada y el algodón.

La pomada está en la mesita de noche.

Una vez limpie la herida,

le aplica la pomada y la tapa con la venda.

¿De acuerdo?

La herida no tiene muy buena pinta, don Felipe.

Debería contratar a un profesional.

Qué remedio.

Voy a preguntar a los profesionales del hospital,

a ver si hay alguien de confianza.

Vamos al principio otra vez, aquí.

Es un do.

Gracias.

¿Corchea?

No, semicorchea.

O sea, que lleva el palito.

¿Y eso significa que dura más o menos?

Ya aprenderá usted a leer con más agilidad.

Vamos a cantar, que es más intuitivo y se le da mejor.

Repita.

"Nio nio ni ni ni".

"Nio nio ni ni ni".

(DESAFINA) "Nio nio ni ni ni".

(DESAFINA) "Nio nio ni ni ni".

¿Así?

Vamos a probar con otra.

"Riiiiii".

(DESAFINA) "Riiiiii".

No ha dado ni una.

Hace eso con la gaita en mi pueblo

y se la meten por salva sea la parte.

No siempre es posible cumplir nuestros deseos.

Y ni siquiera a menudo.

¿Qué me trata de decir?

Que no tiene oído ni para la música ni para lo demás.

Mire, hay muchas, muchísimas personas que viven para música,

que la adoran, pero se limitan a escucharla.

Muchísimas.

Pues yo soy de esas, vivo por y para la música.

Las melodías me transportan,

los arreglos me conmueven y la música me llena, sí.

Es lo que digo, que es usted afortunada.

Usted escuche, disfrute, baile,

pero interpretar es un poco más complicado.

Sigo sin entender qué trata de decirme.

Mire...

¡A ver, hija, que tienes un oído enfrente del otro,

eso es lo que trata de decirte!

Hay gente que nace así, Alodia, eso no es ningún desdoro, mi alma.

¿Está usted de acuerdo con Bellita?

En la vida todo se puede lograr con tesón y práctica,

pero tendrá que poner muchísimo de su parte.

Muchísimo.

Demasiado, quizá.

Ya.

Tú, tú. -No, tú, tú.

Tú, tú. -Bueno, tanto insistir.

Todo exquisito, Genoveva, como no podía ser de otra manera.

Tiene usted un gusto impecable,

tanto en la comida como en la presentación.

No es para tanto.

Cuatro delicatesen de lo más corrientes,

elegidas pensando en ustedes, eso sí.

Lo del agua con burbujas es un hallazgo.

Es francesa, a los franceses les priva.

¡Por eso me recuerda tanto al champán! (RÍE)

¿Y su preciosa hija, doña Hortensia?

Esperaba que las acompañara.

Te dije que debería haber venido.

Nos estará esperando para comer.

No quise traerla para no abusar de su hospitalidad.

Me habría encantado recibirla.

Y a ella disfrutar de sus delicatesen.

Vamos,

que sé que en casa de doña Rosina disfrutan de lujos semejantes.

Por supuesto, como no podría ser de otra manera.

Dígale a su hija que la próxima vez no me haga el feo.

Me encantará disfrutar de su compañía.

Por lo que he podido ver, es una joven muy educada

además de bellísima. Sí.

Me volqué en su formación.

Los mejores profesores.

Algunos, incluso se quedaban fines de semana en la finca

para poder enseñarle mientras paseaban por los jardines.

¡Qué lejanos quedaban los problemas en aquel entonces!

¿Problemas?

Ahora que lo dice, sí que las noto algo desanimadas.

¿Nosotras? Pero ¿qué dice?

A la vista está que apetito no nos falta. (RÍE)

Era una forma de hablar.

Que nada tiene que ver con nuestras finanzas.

-No, eso no,

tenemos posesiones, propiedades... muchas, bastantes.

Por cierto, ¿han escuchado cantar en casa de Bellita?

(RÍEN)

Era esa tal Alodia. -Sí.

Aunque lo de cantar es bastante caritativo. (RÍE)

-Menos mal que han sido solo unos segundos,

no he oído nunca a nadie desafinar tanto.

(IMITA A ALODIA)

Eso no dice mucho de su profesora.

Tengo entendido que es una gran pianista.

Aunque cualquier sabe,

a esa mujer hay que sacarle las palabras con cucharón.

Sí que es muy hermética Valeria, sí.

Yo, al menos, sé muy poco sobre ella.

¿Conocen ustedes algo de sus orígenes o situación?

¿No?

Señora y señor, concédanse ustedes el capricho

de degustar un arroz con el sabor del Mediterráneo.

Tenemos arroz con bacalao, arroz del señoret, con conejo...

Has hecho lo que has podido, hijo.

No me puedo creer que no tengamos ni una sola mesa ocupada.

Nos hemos equivocado.

Y no es eso lo que me duele.

Peor es el dineral que se ha gastado tu padre en acondicionar el local

y poner en marcha el negocio.

(CHASCA LA LENGUA)

Buenas. -Buenas.

Buenas. -¿Vienen ustedes a almorzar?

¡Claro, mi alma! ¿Dónde íbamos a comer mejor?

Encantados de recibirles, señoras y caballeros.

Doña Bellita, ¿prefieren dentro o en la terraza?

El día no está muy frío y aquí da el sol, pero lo que ustedes digan.

En la terraza mismo.

Yo prefiero dentro.

Fuera es mejor, así vemos a la gente pasar.

Y ellos nos verán a nosotros, eso es lo malo.

Muchas gracias, muchas gracias.

Les cuento nuestras especialidades.

Hoy tenemos un arroz meloso que es como crema de suave.

No se moleste, señora, venimos a tiro hecho.

Diga usted.

-Nos han hablado muy bien de su arroz con bacalao.

El mejor que han probado ustedes nunca. Una delicia.

Como el arroz lleva su tiempo,

les sacaré unos entrantes y alguna sorpresa.

-Mucho doran aquí la píldora.

Traiga lo que usted quiera, que el cuerpo lo que necesita es alegría,

se lo dice un médico. -Nosotros comemos de todo.

Será usted.

¿No estarían mejor dentro? -De eso nada.

En la terraza llamarán más la atención

y necesitamos que se fijen en nosotros.

(Música)

¿Dónde me ha dicho? Muchas gracias.

(Música)

-Y le digo al mariachi:

"Pero por Dios,

no deje de tocar todavía, que no tengo enamorada a la muchacha".

Lamento interrumpirle, don Aurelio.

Es urgente.

-(INAUDIBLE)

A ver, la muchacha volverá enseguida de empolvarse la nariz.

¿Qué es eso tan urgente que no puede esperar?

¿Valeria? -Hable.

Doña Genoveva nos ha invitado a cenar a su casa.

¿A Valeria y a usted?

Entiendo que no ha sido encargo suyo.

¿Han aceptado?

Valeria le dijo que me lo tenía que consultar.

Chica lista.

¿Qué debemos responder?

Sabía que Genoveva iba a meter las narices en el asunto.

Trataré de que anule la invitación, pero no será fácil.

Lo intentaré. -¿Y si le insiste a Valeria?

Pues que le dé largas.

Ya les diré yo si pueden aceptar o no.

Bien hecho. Muchas gracias.

Ahora, márchese.

Un gusto atenderle.

Les espero mañana. Mesa para cuatro.

Que tenga muy buen día. -Muchas gracias.

(DOÑA INMA SUSPIRA)

Guillermo, se han deshecho en alabanzas para mis arroces.

Han reservado mesa para mañana.

Nunca dudé de que sería así. Los Domínguez han abierto la veda.

Dios te oiga.

Bueno, hasta doña Alodia se ha ido encantada.

Ha dejado el plato limpio como una patena.

A pesar de sus reticencias. -A pesar de sus reticencias.

Señorita, ¿un día precioso día, ¿verdad?

A pesar de las fechas.

O bueno, gracias a las fechas. Un día precioso.

Sí, es verdad, un bonito día.

¿Cómo va la jornada?

Como la de ayer, la de anteayer y como irá la de mañana.

No estás para muchas bromas.

¿Usted pensaba hacérmelas?

No, mujer. Solo quería hablar un rato.

Ni que fuera yo la única que tiene lengua en este barrio.

Me voy, el deber me llama.

Con Dios.

Jacinto.

¿Qué, qué?

Pues va a tener razón Servando, el mecánico me anda a la zaga.

¡Pero si Gerardo se acaba de ir!

¿Qué tendrá que ver, cabezón?

Que yo no tenía nada con Gerardo. -Ah.

Es un poco jovencito para ti, ¿no?

¿Me estás llamando vieja?

No, no, no.

Le estoy llamando a él pipiolo, que no es lo mismo.

(JACINTO RÍE) Desde luego... -Sí.

¿Quién te lo iba a decir a ti en el pueblo?, toda una castigadora.

El muchacho es un ternasco.

Un pipiolo.

El amor no sabe de edades.

Al fin y al cabo, él es un hombre y yo una mujer.

Fíjate tú en doña Rosina,

¿cuántos años le saca a don Liberto,

al muchacho, como le llama doña Hortensia?

¿Cuántos?

No sé. -Mira, eso en comparación

con lo que yo le pueda sacar a este muchacho, no es nada.

Si tú lo dices.

(SUSPIRA)

No puedo más, Fabiana, me faltan manos pa atender a mi suegro,

preparar el homenaje y preocuparme por don Felipe.

Me hago cargo, hija,

a mí me pasa lo mismo.

Menuda le ha caído con lo de tener que hacerle las curas al ogro.

Bueno, no hables así de él, mujer.

¿Sabe cómo lleva el discurso del homenaje?

Bien. O mal.

No se puede saber, porque como se cabrea por todo...

Al parecer, tendrá más tiempo pa prepararlo,

esos obreros no terminan la obra ni p'atrás.

Llevan ya meses, ¿eh? -No llegaron para el aniversario

y, como sigan así,

la plaza se inaugura el año que viene si Dios lo tiene a bien.

No les metamos prisa, a ver si van a hacer una chapuza por achucharles.

Eso lo dices porque sufres menos las obras,

que nosotros que andamos entre la pensión y el quiosco,

estamos hasta la coronilla.

El caso es que la plaza quede que dé gloria verla.

Sí.

No hemos hablao de Fátima.

No sé qué hacer, hija.

De la herida no se puede encargar ella,

don Ignacio me lo ha explicao a mí porque ella no se entera.

Me veo cerrando la mantequería pa atenderle.

Tampoco es un crío, ¿eh?

Como si lo fuera.

¿Le dejamos que se vaya haciendo heridas poco a poco?

(RESOPLA)

No sé qué decirte.

Buenas tardes tengan.

Don Marcelo, qué gusto verle por aquí.

Y qué raro.

¿Qué le pongo?

No vengo a adquirir alimento alguno.

Doña Genoveva me ha pedido que les avise

porque don Felipe no deja de gritar.

No es que a mi señora le importe gran cosa la salud del individuo,

pero no es forma de conducirse en una casa de vecinos.

Voy ahora mismo. -Fabiana,

si don Felipe está mal, prefiero ir yo a lidiar con él.

Bueno, hija, ve. Yo cierro la tienda y subo a echar una mano.

Agradecía.

Tenga buena tarde. -Igualmente, caballero.

No podemos seguir como si no pasara nada.

Tenemos que decidir cómo solventar la situación.

Un momento, querido.

¡Fu, fu, como el gato! ¡A la cocina, va!

Puedes continuar.

Ya he terminado, Rosina.

¿Has pensado algo?

Sí. Lo primero, que dejéis de obsesionaros con las apariencias.

Eso es muy fácil. Para ti.

Estoy de acuerdo con el tío Liberto.

No deberíamos engañar a los vecinos.

Como todas las soluciones sean esas...

Nos organizaremos.

Tenemos el local del centro, que nos deja buenas rentas.

Y tenemos la finca de Burgos, que también nos deja rentabilidad.

Menos mal que conservaste la finca.

De pura chiripa. -¡Tú cállate!

Precisamente, es mi turno de hablar.

Me gustaría seguir dando clases de ballet.

Esta muchacha no tiene conocimiento.

Trabajaré para pagármelas.

¡Me niego a que trabajes como si fueras una desheredada!

Pero es una desheredada.

¡Pero no lo sabe nadie! -¡Madre!

-Te entiendo, Azucena.

No me parecería mal que trabajaras, pero no será necesario.

Esta misma tarde te matricularemos en la mejor academia.

¿Podemos permitírnoslo?

Es lo mínimo que puedo hacer por mi sobrina.

Saldremos adelante.

Gracias. Estaba aporreando la puerta y que si quieres arroz.

Entrar es fácil. A ver ahora cómo se lo toma el señor.

¿Quién les ha dado permiso para molestarme?

Se oyen los gritos desde la calle. ¿Sois policías?

No haga esfuerzos... ¡Los que me da la gana!

Se le va a abrir la herida. ¿Qué más da?

Mis heridas están abiertas. ¿Qué importa una más?

Fuera de aquí.

No quiero volver a veros.

¡Ni a vosotros ni a nadie que venga a compadecerme!

¿No me escucháis? ¡Que os larguéis! (CHISTA)

¡¿Quién te has creído que eres, imbécil?!

Déjame con él. -¿Seguro?

¿No tiene uste vergüenza, Felipe?

Déjame en paz.

Estoy harto. ¿Harto, de qué?

¿De las personas que venimos a ayudarle y aguantamos sus insultos?

Fátima se ha marchado y se ha llevado todo lo que ha querido.

¿Cómo tengo que explicarte que esa mujer no significa nada para mí?

¿A cuál de ellas te refieres, querido?

Bueno, mira, basta ya.

¿A santo de qué has invitado a Valeria y David a cenar en casa?

¿Por qué no?

Son nuestros vecinos, es normal.

Y además, él es tu empleado.

Estoy segura de que ellos no se lo toman tan mal como tú.

Serían unos desagradecidos.

No es una buena idea, Genoveva.

¿Por qué?

Nos vendrá bien una charla distendida

con otro matrimonio bien avenido.

No quiero que nadie sepa que David trabaja para mí.

No lo sabrán. Insisto, es un matrimonio vecino.

¡No puede ser! ¡No insistas!

¿Qué necesidad tenemos de cenar con nadie?

¿Y qué necesidad tenemos de no alternar con nadie?

¿Por qué no quieres que Valeria y yo nos relacionemos?

El problema no es tu empleado,

ella es el problema.

¿Qué me ocultas? ¿Quién es esa Valeria?

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Acacias 38 - Capítulo 1412

22 ene 2021

Hortensia le reconoce a su hermana que no tiene dinero, está en completa bancarrota. Ante tal situación, Rosina también le dice la verdad a su hermana: ella también tiene problemas económicos.
Por otra parte, Valeria le informa a David que Genoveva los ha invitado a cenar en su casa. El joven se inquieta y va corriendo a informar a Aurelio.
Fabiana habla con Ignacio para que vaya a ver a Felipe y haga entrar en razón a Felipe: necesita ayuda médica. Mientras tanto, los Domínguez van a comer al Nuevo Siglo XX e Inma y Guillermo están encantados de atenderles.
Aurelio tiene unas palabras con Marcelo: la nueva cocinera Luzdivina se parece a su difunta sobrina.

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  1. Maria

    No entiendo los amores de Casida, Pablo estaba enamorado de Leonor. Con Martín no pudo disfrutar su matrimonio. Al Principe se lo espanta Rosina. Martinez así como llega se va. A Gerardo no le dá ni una posibilidad. Pero siente curiosidad por un muchachito que quiere ser amable?....

    25 ene 2021