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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1411 - ver ahora
Transcripción completa

Y recuerde una cosa que ya le dije,

Valeria es su esposa

solo en esta pantomima que hemos montado,

eso quiere decir que puede mirarla,

pero no se sobrepase ni un milímetro.

Esa posibilidad no se pasa por mi imaginación ni un segundo,

nunca me acercaría a Valeria con un fin que no sea protegerla.

Más le vale,

no está hecha la miel para la boca del asco.

Insisto en que sé cuál es mi lugar.

Charito, qué alegría verla.

¿Qué le parece si usted y yo nos tomamos una copa?

Estoy muy solo y seguro que usted me va a alegrar la tarde.

Si nos disculpa.

Estoy a la espera de sus órdenes, don Aurelio.

Sí, sí.

No puede figurarse con los tipos tan cargantes que tengo que lidiar.

(Sintonía de "Acacias 38")

Aquí tiene toda su correspondencia.

Recibe usted más cartas que un ministro.

Le vamos a tener que subir el precio de la habitación

por servicios de secretaría.

(RÍE) Tenga.

Buenas, Fabiana. -Hola, hija.

Qué tipo más raro.

Siempre está mandando y recibiendo cartas, pero nunca dice ni mu,

será que lo que tiene que hablar lo hace por escrito.

Un brazo daría yo por no tener que hablar con algunos.

¿Vienes de casa de don Felipe? -Sí, de ese infierno.

Ya te han vuelto a recibir con cajas destemplás.

A don Felipe no le va nada bien, Fabiana,

por eso le quiero pedir que le eche un ojo a Fátima

y le enseñe el oficio. -Claro que sí, eso está hecho.

Parece buena, pero aguantar a Felipe, ya es harina de otro costal.

Tú no te apures, que yo me encargo de convertir a esa muchacha

en una criada de las de marca mayor.

Con que no salga espantá, me doy por satisfecha.

Bueno, y que trabaje bien,

como lo hacíamos antes, respetando a nuestro señor

y sorda y muda a sus reproches.

No sé si va conseguir tanto de una mujer que no ha servido nunca.

Mejor es empezar de cero

y con una que no esté resabiá y tenga ganas de aprender.

Yo preferiría una que ya supiera de qué va la tarea

pa que no se asuste cuando tenga que aguantar desplantes de su señor.

De esas ya no quedan, mujer.

Las criadas de ahora son unas desvergonzadas,

lo primero que hacen es preguntar cuándo tienen las vacaciones.

Sí, que algunas tienen las manos más cuidadas que sus señoras.

Ya verás como con Fátima nos va de perlas.

Ojalá tenga razón, Fabiana. Esa casa necesita una criada ya.

Pierde cuidao, que ya la tienes.

Verás como Fátima aprenderá pronto.

No ves que la necesidad hace virtud y esa ella necesita el trabajo.

Y tanto, si estaba en la puerta de la iglesia muerta de hambre.

Claro que sí, si con tal de comer caliente te aprenden hasta el latín.

Me sabe mal aprovecharme de la necesidad de esa pobre desgraciada.

¿Por qué, mujer?

Le vas a dar un trabajo y enseñar un oficio

con el que no va a volver a pasar necesidades.

Visto así, la sacamos del arroyo.

Claro que sí.

Ella necesita un trabajo

y don Felipe una criada, déjate ya de remilgos.

(SUSPIRA) Y que no tenemos na mejor.

Bastantes problemas tengo con aguantar a mi suegro.

Un momentito,

no hables así de don Ramón.

Bastante te aguantó él a ti cuando lo precisaste.

Sí, Fabiana, tuvo mucha consideración,

hasta que faltó Carmen.

Ea. Pues entonces, tenle el respeto que se merece.

Madre, ¿me daría unas pesetas para comprar un libro de poesía?

Ya tienes muchos libros, puedes volver a leerlo.

Ya me los sé de memoria.

Pues ve a una biblioteca y pídelo prestado.

Hay una muy cerca de aquí.

Quiero leer a un autor muy joven, se llama Machado,

y no creo que allí lo tengan.

-"Autor joven".

Puedes leer a Góngora o a Garcilaso,

seguro que de esos hay un montón.

Te acompaño a la biblioteca,

verás cómo hay mucha poesía y muy buena.

Hay que ver lo agarrada que es Hortensia.

En casa siempre hemos sido muy parcos en el gastar.

¿Me lo dices en broma?

Tú te has llegado a comprar dos sombreros iguales.

Me gustaban mucho y quería tener uno de repuesto.

Tu hermana sí que es de la cofradía del puño cerrado,

que no se invita a nada.

Será que se lo gasta en limosnas. -¿Sí?

No la he visto soltar un real en la iglesia.

No sé ni cómo es su monedero.

Quizá no ha caído en convidarnos, es un poco despistada.

Creo que hay algo más.

No nos dice cuándo se va, no le da ni un capricho a su hija,

por no gastar zapatos, ni sale ni a pasear.

¿Adónde quieres llegar? -A ninguna parte,

pero es muy extraño que una persona que presume de su posición económica

se comporte de esta forma, por muy tacaña que sea.

Ah. Bellita, Alodia.

Hoy no han estado en el rezo del rosario.

Estábamos muy ocupadas con ciertos asuntos.

Usted no para nunca. -Menos de lo que me gustaría.

Mañana reinauguran el restaurante y no podré acudir

porque tengo un compromiso con mi Jose.

Nosotros tampoco podremos, tenemos compromisos.

No hay ninguna prisa, ya iremos en otro momento.

No sé qué interés tienen en ir a ese sitio.

Yo me podría pasar mañana, pero no me apetece nada.

Tenemos que ayudar a los comerciantes del barrio,

es de ser buen vecinos.

Yo tengo curiosidad por ver lo que han cambiado esta vez.

Seguro que lo han mejorado mucho.

Lo dudo, esa gente no tiene gusto.

Yo me niego a acudir a un sitio tan vulgar y tan poco acorde

con nuestro nivel.

Soy la señora de un médico,

no podemos dejarnos ver en esos sitios.

Claro, no se puede arriesgar a manchar la reputación de su marido.

Don Ignacio en un tugurio... ¿Dónde se ha visto eso?

Buenas. -Buenas.

(CARRASPEA)

Escuchadme, muchachas.

Quiero que me echéis una mano y que cuidéis de Fátima,

que es nueva en estos menesteres del servicio.

No se preocupe, Fabiana, que la trataremos fetén.

Bueno, yo voy a tratar de enseñar a esa chiquilla,

pero una buena criada para un señor tan exigente,

no se hace de un día para otro. -Malo será que no aprenda.

Yo no quiero ser agorera,

pero a esa zagala le falta de todo para atender una casa decente.

Por no tener, no tiene ni dientes.

Ni me imagino la cara de Marcelo cuando la vea.

Ese Marcelo no es quién para venir aquí a sacar faltas a nadie.

No se amostace, Fabiana,

pero cualquiera que sepa de qué va esto,

verá que la muchacha no entiende de na.

Y menos para meterse en casa de un señor que vive solo y amargado.

Si al menos tuviera una señora que le dijera por dónde ir,

la cosa tendría mejor apaño.

Hágase a la idea, la chica no sabe ni cocinar un huevo frito.

Por eso os estoy pidiendo toda la ayuda que me podáis dar.

¡Estoy harto de que nadie me haga caso en esta casa!

¡¿Tan difícil es que me escuchen?!

Ya está regañando otra vez.

Si no estábamos hablando alto.

Qué pejiguero es el abogao.

Chist.

Me da que esto no es por nosotras,

esta bronca va pa Fátima.

¡Estulta, descuidada, vas a acabar con toda la casa!

¡Vete fuera de mi vista, inútil! Sí, la regañina es pa ella.

¿No sería mejor localizar a Gerardo y convencerle para que vuelva?

El apaño de Fátima no tiene pinta de funcionar

por los gritos que le mete.

Claro que va a funcionar, no seas agorera.

¡Endriago, maldita seas,

vas a pagar todo lo que rompas con esas pezuñas que tienes por manos!

Con la ayuda de Dios.

Y la de la virgen y todos los santos,

que el milagro de Lourdes al lado de esto se va a quedar en na.

La tarea que tienen aquí.

¡Deja eso! ¡Fuera de mi casa, fuera!

(Suenan las campanas en Acacias)

En una limpieza general, no debe de quedar ni un rincón por barrer,

ni un mueble sin encerrar,

ni una plata que no brille hasta deslumbrar.

¿Esta alacena ha sido ya limpiada?

Paren un momento y vengan las dos aquí.

Un mueble no está limpio

si queda la menor partícula de porquería,

ya sea en la parte que está a la vista

como en lo que permanece oculto.

No voy a consentir que me tomen el pelo.

No sé dónde han servido antes,

pero el nivel de excelencia que reclamo para este hogar es máximo.

Si no se creen capaces de limpiar como Dios manda,

es mejor que salgan ahora mismo por la puerta.

Si vuelvo a encontrar una falta tan terrible como esta,

las dos serán despedidas. ¿Esté claro?

Muy bien, pueden volver al trabajo.

Y recuerden,

una mota de polvo en una lámpara o una gota en el suelo

supondrá su despido.

Esta es una casa civilizada y limpia,

aquí la suciedad es intolerable,

aunque tengamos que estar limpiando todo el día.

¿Necesita algo de ayuda en la cocina?

No, no, está... está todo bien.

Ya la he limpiado a conciencia, no encontrará ni una miga, se lo juro.

No hace falta que me lo jure,

sé que es usted responsable de su trabajo.

El caso es que necesito más cebollas para el guiso de hoy

y no encuentro en la despensa.

¿Da su permiso para que salga a comprar?

Por supuesto que sí,

puede salir a comprar siempre que lo precise.

Es más, la voy a acompañar al mercado,

no conoce dónde están los puestos que venden el mejor género,

y para esta casa solo queremos lo mejor.

Yo no quiero molestarle, ya tiene mucho trabajo.

Por eso no se apure, puedo hacerlo más tarde.

Considero más importante acompañarla,

si no le parece mal.

Faltaría más, estoy muy agradecida por su ayuda.

Vaya a por el capazo, ahora salimos.

(Piano)

(SUSPIRA)

¿No te gusta?

Yo no entiendo de música, pero me has emocionado mucho.

¿Lo encuentras adecuado para el acto en memoria de su marido?

Me parece precioso.

Gracias por ayudarme con la inauguración.

Si no te gusta, dímelo sin compromiso.

No es la música lo que me tiene revuelta.

Son los recuerdos de esos momentos, ¿no?

Sí.

Fue el peor momento de mi vida.

Tú también fuiste victima de aquel atentado.

Ese día perdí a mi marido y...

todo aquello que pasó es lo que...

me ha obligado a vivir separada de Moncho.

Ese día lo perdí todo.

Mira, puede que no me creas, pero...

puedo figurarme lo que has sentido al perder a seres tan queridos.

Valeria, tú estás felizmente casada,

no sé si sabes lo que es esto.

Tienes razón, no lo sé.

Estoy como... sobrepasada.

Vivir lejos de mi hijo, sacar adelante la mantequería,

atender las rentas de mi suegro, bregar con él,

cuidar a todos...

Es un trabajo que me está destrozando.

Y bueno, que nadie me cuida a mí. -Eh.

Cuenta conmigo, considérame tu amiga.

Gracias por tu ayuda.

De seguir así, voy a perder el oremus.

No, eso no es verdad, eres demasiado fuerte,

han sido cinco años terribles y sigues en pie.

Ya. Pero a un precio muy alto.

Ya me empiezan a faltar las fuerzas.

Trata de recomponerte.

¿Qué sientes de verdad hacia tu suegro?

(RESOPLA) Muchas cosas.

Pero sobre todo, agradecimiento,

en los primeros meses, él fue mi único sustento, me ayudó mucho.

Sin él no sé qué habría hecho, alguna locura.

Puede que no haga mucho que le conozco,

pero Ramón es un buen hombre.

Ahora me entra una duda,

tal vez sea yo la desagradecida con él.

Piensa que él ha pasado un trance horrible,

no hay nada peor para un padre que perder a un hijo.

Ya. Igual ha estado tan pendiente de mí,

que no ha podido vivir su duelo por Carmen y Antoñito.

A veces soy muy borrica.

No, no, no te sientas culpable.

El único responsable de lo que os ocurre es el que puso la bomba.

Pues sí.

Tengo que reconocerle su ayuda

y pedirle perdón por las disputas que hemos tenido.

Me parece muy noble.

Eso no lo voy a decir, pero... tenemos que reconciliarnos.

Empieza por abrirle tu corazón.

No va a ser fácil.

Pero bueno, lo intentaré.

Al final, vas a resultar ser una buena amiga.

Deje los cubiertos,

por mucho que los toque, no van a entrar antes los clientes.

Llevamos un rato abiertos y aquí no se presenta ni el Tato.

Le dije que ha puesto la comida muy temprano.

Se nos va a pasar el arroz, no entiendo por qué no entra nadie.

Un poco raro sí que es,

y eso que la paella tiene una pinta suculenta.

A este paso, nos la tenemos que comer nosotros dos.

Pues menudo atracón, ¿no? Ha de ver cómo entra alguien.

Más nos vale, hijo,

porque me jorobaría que todo este esfuerzo fuera en balde.

Buenas. -Buenas.

Muy buenas.

¿Qué, cómo va la reapertura, vecina?

Muy mal, ya lo ve, no entra nadie, y eso que la comida es gratis.

¿Es gratis? ¿Se puede comer todo lo que se quiera?

Lo que le apetezca, en la cocina hay más paellas.

Ah, bien.

Con mesura, Servando, no te vayas a poner enfermo de un atracón.

Fabiana, no comprendo lo que pasa, seguimos igual que antes.

Será que la gente lo ve igual.

Anda que no hemos hecho cambios.

la cocina, los almacenes, los manteles y la vajilla nueva.

O esto cambia o va a ser un desastre.

Deles un poco de tiempo, mujer, a ver si la gente se anima a entrar.

No, Fabiana,

yo no puedo esperar más, tengo que hacer algo.

Yo voy a conseguir que la gente entre, aunque sea a rastras.

Señor, pase a degustar la maravillosa paella

de nuestra nueva arrocería.

Hoy es gratis.

Señora, tenemos la auténtica paella de la huerta valenciana.

Hoy, degustación gratis.

Me parece que su abuela está perdiendo el seso.

No, siempre ha sido igual de tozuda.

Señor, tenemos arroz para todos,

y sin pagar un real. Anímese.

Podríamos probar, a mí el arroz siempre me ha gustado.

Ya le diremos a la criada que no lo prepare un día.

No sé si le saldrá bien, Maruxiña es más de pulpo, querida.

Estos son especialista. Vamos a probarlo.

Me niego a entrar en un sitio tan vulgar.

Dicen que lo han cambiado, ahora es de maravilla.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Sigamos con el paseo.

¿Saben si de la pensión bajará algún señor,

les ha dicho algo alguna criada?

Solo Casilda.

Algo me dejó caer de que su señora tenía cosas que hacer

y no sabía si iba a venir.

¿Y su hermana y su sobrina?

Ellas van a su aire, con ellas no cuente.

Echa ahí...

Y deduzco que Casilda tampoco podrá venir.

Ella quería bajar, se lo aseguro,

pero teme que doña Rosina le dé una regañina,

por perder el tiempo.

Pues le voy a apartar un plato y cuando la vea se lo ofrezco.

¿Sí? Pues espere sentado,

o rece para que el arroz no se le pase.

En ese caso, le invitaré a una paella recién hecha.

O al arroz que ella prefiera.

Doña Rosina pondrá el grito en el cielo si se entera.

Será nuestro secreto.

¿Qué? Ya.

(Graznidos)

Me da mucho apuro que lleve usted el capazo,

eso le corresponde a la cocinera, no al mayordomo.

Para mí no supone peso.

Yo también puedo cargar, tengo costumbre.

Es posible, pero me tengo por un caballero

y me sentiría mal caminando a su lado

mientras lleva un capazo tan lleno.

Me sigue pareciendo incorrecto.

¿Qué dirían los señores si nos ven o mis compañeras del servicio?

Pueden decir lo que quieran.

Una cosa es cómo nos comportemos en la casa,

y otra muy distinta,

lo que hagamos cuando estemos fuera de ella.

Pero yo creo que... -Ya está bien de protestar.

La insistencia en vano conduce a la melancolía

y yo no quiero verla decaída.

No tengo la menor duda de que es todo un caballero.

Y por eso me gustaría hacerle una pregunta,

si no es demasiada indiscreción.

Pregúnteme lo que quiera.

¿Siempre ha sido mayordomo?

No, antes que eso fui soldado.

¿Cómo eligió un oficio tan distinto al de las armas?

Al licenciarme, intenté hacer fortuna en México,

pero la suerte no me acompañó,

así que termine al servicio de una familia de riquísimos criollos.

¿Los Quesada? -No, otros señores.

Allí aprendí el oficio...

al lado de un mayordomo británico llamado James,

al que Dios tenga en su gloria.

¿Cómo entro al servicio de don Aurelio?

Su padre me contrató y cuando don Salustiano Quesada falleció,

don Aurelio me ofreció que siguiera vinculado a su casa.

¿Y su propia familia?

¿Tiene esposa...?

No, nunca me he casado ni he tenido descendencia,

pero eso carece de interés.

Eso depende... -Démonos prisa,

los dos tenemos tarea y se nos está haciendo tarde.

¡Ni a posta se pueden hacer las cosas tan mal!

¡¿A quién se le ocurre echar sal al azucarero?!

Dios mío, pero ¿qué ocurre?

Se escuchan las voces desde la escalera de servicio.

Me ha servido el café con sal en lugar de azúcar.

Anda, muchacha, ve a la cocina.

Perdóneme, don Felipe, pero no puede tratar a la muchacha de esa forma.

Quiero que se marche de casa inmediatamente.

Lo próximo puede ser echar matarratas en un guiso.

¡Y no hagas tanto ruido!

La pobre está perdida, don Felipe,

yo le ruego que le dé usted otra oportunidad,

estoy segura de que irá mejorando.

Claro que va a mejorar, porque empeorar es imposible,

pero yo no tengo ni tiempo ni ganas de esperar a que eso pase.

Al menos, limpiará bien la casa.

Lo que no rompe en pedazos, que suele ser casi todo lo que toca.

Es nefasta para cualquier tarea de la casa.

Si le parece bien,

la dejamos un tiempo en la cocina ayudándome en lo más básico.

¿Y qué ganamos con eso?

Que usted no note nada malo en el servicio

y yo pueda ir enseñando a la muchacha.

Yo misma me voy a ocupar de que esté bien atendido.

¿De qué nos sirve tenerla si lo vas a hacer tú todo?

Para cuando yo no esté,

tenga usted a quien recurrir si se le presenta alguna urgencia.

¡Le he dicho que no!

Esa mujer no es de ayuda, más bien un peligro.

Le ruego que se haga usted cargo, señor,

ni Lolita ni yo podemos estar aquí permanentemente,

nosotras también tenemos nuestros negocios,

le pido que coopere un poco.

Yo no os he pedido ayuda a ninguna de las dos.

Pero nosotras se la vamos a dar igualmente.

Yo me encargaré de tener su casa atendida

y Fátima no le molestará más, se lo prometo.

Eso sí,

yo le pediría a usted... un poco de su parte.

Fabiana,

si has venido aquí a decirme cómo debo comportarme,

es mejor que te marches con viento fresco,

no soy un niño al que puedas regañar.

¡Y quítate los zapatos al entrar en mi casa!

¿O es que hablo para sordas?

Casilda, ¿vas para el mercado a estas horas?

Sí, hoy voy de cabeza.

He perdido el tiempo catando la paella pa doña Hortensia,

que ahora se le han antojado unos boquerones, y voy a comprarlos.

Espero que no te regañen por mi culpa.

No, no, no se preocupe usted.

Si tienen que esperar un poco, que esperen,

mi madre también esperó lo suyo para que yo naciera.

Debes de tener mucho trabajo en esa casa,

ahora también tienes a su hermana y a su hija.

A todo se acostumbra una.

¿No te vuelven loca las nuevas inquilinas?

Doña Hortensia tiene pinta de ser muy exigente.

Y no se equivoca usted,

me pide cambiarle las sábanas casi a diario,

me pide infusiones, tentempiés a todas horas,

como en un hotel.

La hija te da un descanso, ¿no? Me dijiste que no era tan severa.

No, la verdad es que la muchacha es un encanto.

¿No te vuelve loca con sus encargos?

¡Quia, que no!

Ella con su lectura y sus paseos tiene el día hecho,

y me da gusto conversar con ella.

¿Tiene mucha conversación? -Mucha.

Y muy amena, me pasaría horas escuchándola hablar.

Esa idea me hacía.

A mí me ha dejao de piedra,

conociendo a la madre y a la tía, me esperaba que fuera otra sargenta,

pero de eso na.

Ahora,

no se hace a la idea de lo atorrantes

que pueden ser,

lo que no se le ocurre a la una se le ocurre a la otra.

No te entretengo ni un minuto más, que te van a echar en falta.

Pues sí,

y cualquiera aguanta a esas dos piando por unos boquerones.

Con Dios. -Con Dios, Casilda.

No corras tanto, chiquilla, que no te van a cerrar las tiendas.

No sé yo, como me sigan entreteniendo,

no llevo los boquerones para la cenar.

Ah.

El nieto de doña Inma te tiene mucho interés.

¿Qué dice usted?

Estábamos charlando sobre lo mucho que faena servidora.

También te invitó a probar el arroz de su abuela.

Claro, buscan gente que cate sus platos

y hable bien de ellos.

O a lo mejor también está buscando agradarte.

¿Agradarme? ¿Qué quiere usted decir?

Yo nada. Venga, que no te quiero entretener. Aire.

A la tienda.

A ver si hacen bien la argamasa, que eso no es para solar,

es para poner adoquines.

¿Está todo al gusto de los señores?

Sí, especialmente la comida, estaba todo en su punto.

Le daré la enhorabuena a la cocinera,

le agradará saber que le ha gustado.

Haga lo que le parezca. Puede retirarse.

¿Te has enterado del homenaje a las víctimas del atentado?

Algo he oído.

¿Qué te parece?

Que el ayuntamiento debería gastar mejor su dinero.

¿No te agrada que se conmemore a los que perecieron ese día?

Ya han pasado cinco años,

casi nadie recuerda el suceso.

Algunos perdieron a sus seres queridos.

Muy bien, pues que sean ellos los que corran el gasto.

Yo prefiero que cambien las farolas, para que se vea mejor,

que por la noche vamos a tientas.

Me parece una forma demasiado fría de verlo.

El muerto al hoyo y el vivo al bollo,

eso es lo que dice el refrán

y lo que piensa todo el mundo, salvo los beatos.

No creo que Lolita o Ramón lo sean,

ellos perdieron a Antoñito y a Carmen,

es lógico que esto les afecte de por vida.

No me cabe la menor duda,

pero que su pena la alivien ellos con su dinero,

no con el que aporto yo con mis impuestos.

También murió ese día Anabel, tu esposa.

Angelitos al cielo.

Ya sé lo poco que te importa,

pero deberías disimular ante nuestros vecinos.

-"¿Qué está pasando, Aurelio?".

Anabel, créeme que lo siento.

¿Qué te sucede?

¿Qué sientes?

Es de suponer que la muerte de su padre te impresiono más,

por ese motivo, tu hermana Natalia...

No, no.

No sigas por ahí,

no quiero escucharlo.

Ten por seguro que tengo presente diariamente que perdí a mi hermana.

Yo también la recuerdo con afecto.

-"Descuide, Natalia,"

creo que no vamos a compartir celda mucho tiempo.

¿Quién es? ¿Cómo sabe mi nombre?

Me envía doña Genoveva Salmerón.

¿Genoveva? -Sí.

Le manda recuerdos y un presente.

Nos importe o no los que murieron ese día,

pienso que debemos ir al homenaje.

No queremos llamar la atención del vecindario.

Está bien, haré un poder

y fingiré que me importa algo el recuerdo de esa gente.

Recuérdame que me ponga una corbata negra.

Al final, solo han entrado cuatro gatos.

Por lo menos, alguien ha probado la comida.

Sí, los dueños de la pensión y una criada,

con esos no sacamos adelante el negocio.

Pero puede que le digan a otra gente lo bueno que estaba todo.

No te engañes, eso no va a ser suficiente.

Los vecinos se van a quedar sin probar mis arroces.

Ha de ver como poco a poco van entrando.

Pues mejor que sea rápido.

Yo ya no puedo aguantar más, con el cambio de imagen

me he gastado todo lo que teníamos de reserva.

O esto arranca pronto o vamos a tener que cerrar.

Confiemos en que va a cambiar nuestra suerte.

La gente se dará cuenta de que su comida es de rechupete.

Bueno. Pero la vida continúa.

Guillermo, quiero que retomes tus clases,

ya has perdido bastante tiempo ayudándome.

Iré a la escuela a ver los horarios

y veré cómo recupero la materia perdida.

Eso es. Y ponte al día cuanto antes.

Siento mucho haberte entretenido.

Abuela, estar con usted siempre será mejor que cualquier clase.

Con un poco de tesón, alcanzo a mis compañeros en un tris.

Ole.

¿Me las llevo?

Con permiso.

Don Guillermo, ¿me permite una pregunta?

Si es de mecánica o de arroces, las que quiera.

Esto, me... ¿A usted qué le parece Casilda?

Pues no se trata de una cosa ni de la otra,

pero le respondo.

Me parece una mujer encantadora. Ya, ya, ya pensaba yo eso, sí.

¿Por qué me lo pregunta? Por nada,

por nada.

Que...

¿Qué tal la degustación de sus arroces, ha venido más gente?

No, solo ustedes y Casilda, un fracaso, vamos.

Parece mentira que no haya venido más gente,

con lo rica que estaba la paella. Eso solo lo saben ustedes tres.

El resto del barrio no sabe lo que se pierde.

Ya. ¿Y sabe usted si ha sobrado mucha?

Toda la que quiera.

Le digo a mi abuela que le prepare una ración para mañana.

No, para hoy, para hoy, que hay muertes repentinas.

No, y además, si acaso, ya voy yo a ver.

Claro que sí.

Hay que ver lo que traga este señor.

(Piano)

Sí alguna vez tengo una esposa, no me importaría que tocara el piano.

Te puede servir igual un gramófono.

No, nada es comparable a escuchar la música al natural,

los gramófonos terminarán cayendo en el olvido, te lo aseguro.

En eso estamos de acuerdo.

Y es raro, es la primera vez que coincidimos en algo.

Y tal vez no sea la última.

Tengo una sorpresa que espero sea de tu agrado.

No se me ocurre qué puede ser,

nuestros gustos son completamente opuestos.

Es cierto,... pero creo que empiezo a conocerte.

Son dos entradas para la ópera.

¿Para una representación de Aida?

Me encanta la música de Verdi.

Como siempre te estás quejando de que estás encerrada en el barrio...

Y es la verdad.

El teatro está en el centro,

podremos pasear y disfrutar de un buen café.

Espero que esto te anime un poco.

Sí.

Me vendrá bien distraerme de las amarguras de los últimos tiempos.

Me alegro que te guste la idea.

nos vendrá bien a los dos romper con esta rutina.

Es muy buena idea, pero...

¿a don Aurelio le gustará esta excursión?

Yo soy el responsable de tu seguridad

y no te perderé de vista ni un momento.

¿Y no temes la reacción de tu jefe?

No necesitamos un permiso especial del señor Quesada

para cada paso que queramos dar.

Muy bien. Te lo agradezco de corazón.

No sabía que te gustara la ópera.

Yo tampoco.

Será la primera vez que vaya a un espectáculo semejante.

Si me duermo, espero que me despiertes

antes de que empiece a roncar. -(RÍE)

Te aseguro que eso no va a pasar,

has elegido una de las obras más conmovedoras de Verdi.

No te vas a aburrir.

Y si es así, lo daré por bien empleado,

es muy infrecuente escucharte reír.

Esta impostura en la que vivimos no se presta a muchas alegrías,...

por eso, te agradezco el detalle.

Voy a ver qué puedo ponerme para una ocasión tan especial.

(RESOPLA)

Creo que he terminado con todas las reservas de bicarbonato

que teníamos.

No me extraña,

si te has comido media cosecha de arroz de la Albufera.

Como que no he catado una paella mejor.

Lástima que tú seas casi el único.

¿Siguen igual?

Desde que estoy mirando, no ha entrado ni un alma.

Eso no hay negocio que lo aguante.

Doña Inma me ha contado que está anulando pedidos,

al carnicero, al pescadero y a todo quisqui,

no le dan salida a nada, Servando, a nada.

Me da coraje que nuestros vecinos sean tan obtusos,

cuando ahí se come mejor de lo que han comido en su vida.

Yo me siento un poco culpable de todo esto.

¿Tú, por qué?

Solo has aconsejado lo mejor posible a esos pobres.

Ya, pero se ve que lo he hecho con muy mala maña.

Se han gastado un montón de dinero en las reformas que les propuse

y, ahora no tienen ni para aguantar una semana.

Mujer, tú lo has hecho con la mejor intención,

no tienes culpa de nada.

Ya. De buenas intenciones está empedrao el infierno, Servando.

Tenemos que pensar en algo pa ayudarles.

Se me ocurre que les podríamos prestar algunos duros

para que salgan del bache.

Eso sería una solución.

Esa es una solución muy buena para ellos, pero mala para nosotros.

Hay que pensar otra cosa, quita, quita.

A ver...

Es...

¡La leche, no se me ocurre nada!

Pues mira, a mí sí.

Servando, estarás de acuerdo conmigo,

que no hemos comido mejor arroz con bacalao en la vida.

Que era paella. -Buenas tardes.

Buenas. Muy buenas, don Jose.

No, no, no, y qué cazuela de arroz, bien, bien rico,

y unas tajadas de bacalao... Por Dios.

Un cafelito, Servando. Sí, señor.

¿Habláis de arroz con bacalao, de ese caldoso que hacen en Málaga?

Ese mismo, don Jose, ese mismo,

no vea usted lo bien que lo prepara doña Imna,

todavía nos estamos chupando los dedos.

Hace años que no me como yo un plato de ese guiso en condiciones.

Pues no lo va a comer mejor que en el Nuevo Siglo XX,

como preparan los arroces, todos, ¿eh? De fábula.

Tomo nota.

¿Qué haces?

Yo no te he pedido un café.

Pero a mí se me ha antojado convidarle.

¿Le parece mal?

Don Ramón, me gustaría que habláramos sosegadamente.

Para eso, siempre me encontrarás dispuesto.

¿Qué quieres decirme?

Lo primero, reconocer todo lo que ha hecho por mí estos años.

Desde que me casé con su hijo,

usted ha sido como un padre para mí,

y no se lo he dicho.

Para mí ha sido muy difícil seguir adelante.

De no ser por usted, no sé cómo habría salido del pozo

en el que me metí cuando murió Antoñito.

Nunca lo voy a olvidar.

Yo siempre intenté ayudarte.

Y bien que lo consiguió.

Es de ley que se lo reconozca, y se lo agradezco.

¿Y lo segundo?

Pedirle perdón...

por todas las disputas que hemos tenido.

Usted es mi familia, y a la familia hay que cuidarla.

Siempre te he querido como a una hija...

y reconozco los esfuerzos que haces a diario

para que yo me sienta a gusto.

También yo te debo una disculpa.

Debemos dejar atrás nuestro mal humor

y tantas disputas, ¿qué le parece?

Llevo todo el día fijándome, y es verdad,

Hortensia no se rasca el bolsillo ni para pagar un barquillo.

Eso ya te lo dije yo.

O se ha pensado que somos unos panolis o está a dos velas.

No digas enormidades, eso no.

Mi hermana se quedó con la mitad de la herencia

y la ha administrado mejor que yo. No puede andar mal de dinero.

Es de las que no se ponen el reloj para no dar ni la hora.

No hagas bromas.

Me tiene muy preocupada.

Ah, ya sé, lo mismo le deben dinero y no dispone de efectivo.

¿Por qué no se lo preguntas directamente?

A lo mejor es algo serio.

Es que tiene muy mal pronto, lo mismo se ofende.

Eso no sería tan malo,

a ver si se enfada y se vuelve a su casa a escape.

No se lo puedo soltar a bocajarro,

tengo que preguntárselo de forma indirecta.

Está bien, Rosina, hazlo como quieras,

pero hazlo, ¿de acuerdo?

Ahora, con permiso, voy a ver si Casilda me prepara un café.

¿Os ocurre algo al muchacho y a ti?

Te veo muy mala cara.

Hay otra cosa que quiero decirle,9 pero si me promete no enfadarse.

No debería de hacerlo después de lo que hemos hablado.

Es sobre la inauguración de la plaza.

Sospechaba que se trataba de eso.

Me gustaría hablar en el acto, en memoria de Antoñito,

de Carmen y todos los que murieron ese día.

Me parece muy bien que lo hagas si ese es tu gusto.

Pero más me gustaría que lo hiciera usted, en recuerdo de su hijo.

No, de ninguna manera.

No quiero seguir llorando.

Ahora les toca sufrir a los culpables de aquella infamia.

Cinco años después siguen sin recibir el escarmiento que merecen,

ese es el único homenaje que concibo para mi esposa y mi hijo.

Ese odio y ese deseo de venganza es lo que le está consumiendo,

lo que no le dejar seguir adelante.

Te equivocas, Lolita, no es que no pueda avanzar, es que no quiero.

Me niego a aceptar que esos asesinos no sean castigados,

eso es lo único que me mantiene en pie.

Me gustaría comprenderle, pero no puedo,

el rencor no será la solución para afrontar lo que nos queda de vida.

Lo sé, Lolita, lo sé,

pero a mí no me queda nada,

yo también dejé este mundo ese día.

¿No me vas a contar qué es lo que os preocupa?

Te conozco bien, hermana,

y sé que esa es la cara que pones cuando llevas mucho tiempo sin comer

o algo te desasosiega.

Verás, Liberto y yo estábamos...

hablando de asuntos familiares, asuntos que también te atañen a ti.

¿Qué tenéis que hablar de mí? -Nada malo.

Hace poco visité la sepultura de padre y madre

y me resulto muy triste.

¿Qué esperabas de un enterramiento?

Lo que te quiero decir es que la lápida se veía muy pobre,

sosa, ¿sabes?

Habría que enriquecerla,

adornarla, por eso había pensado

encargar un ángel de mármol para colocarlo en la base.

Si ese es tu capricho, yo no te voy a decir que no.

El problema es que es un gasto muy grande

y tendríamos que hacerlo entre las dos, claro.

(BALBUCEA)

¿Quieres que yo ponga dinero?

Sí.

Ya no puedo callármelo más,

no puedo hacer frente a ningún gasto.

(LLORA)

Estoy...

estoy arruinada, estoy arruinada.

Estoy deseando conocerla.

¿Por qué no vienen a cenar a mi casa su esposo y usted?

No tenemos nada, Hortensia. Bueno, esta casa. Ay, gracias.

Y un localito pequeño en el centro.

Pero ¿solo un localito en el centro?

Sí, pero es muy bonito y apañado. Pero al ser pequeño, deja poco.

Rodrigo... -Mi marido.

El mayor interés del señor Quesada

es que nadie conozca nada sobre Rodrigo.

De ahí que finjamos que tú estás casada conmigo.

No me quiero pelear más con él.

Ni yo tengo fuerzas ni a él le sobran.

Y por eso estás aquí. Pues sí.

Quiero dormir aquí y no verlo.

Primero hay que dominar el do, re, mi,

y luego, aplicarse con un instrumento.

Alodia tiene talento de sobra como para saltar etapas.

Por eso he pensado en comprarme un piano.

Encantado. Jacinto. -Luzdivina.

El portero de la finca. -Pa servirle a usted.

Me ha parecido ver algo familiar en la nueva cocinera.

Luzdivina.

En cuanto ruede un poco, haremos de ella una cocinera excelente.

Se parece mucho a Sara.

Vamos a cantar, que es más intuitivo y se le dará mejor.

Repita.

"Nio nio ni ni ni".

"Nio nio ni ni ni".

(DESAFINANDO) "Nio nio ni ni ni".

(DESAFINANDO) "Nio nio ni ni ni".

Es que no tenemos ni una mesa ocupada.

Ni una reserva, nada.

Nos hemos equivocado.

Y eso no es lo que más me duele.

Lo que más me duele es el dineral que se ha gastado tu padre

para acondicionar el local.

(CHASCA LA LENGUA)

Está claro que no podemos seguir haciendo como si no pasara nada.

Tenemos que decidir entre todos cómo solventar la situación.

Un momento, querido.

Fufú, como los gatos. ¡A la cocina!

¡¿No me escucháis?! ¡Largo de mi casa!

(CHISTA)

¡¿Quién te has creído que eres, imbécil?!

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Acacias 38 - Capítulo 1411

21 ene 2021

Aurelio le reclama obediencia absoluta a David y le advierte que no puede ver a Valeria con ojos de enamorado, a la vez que Genoveva decide invitar a Valeria a cenar a su casa.
Mientras tanto, Felipe tiene un altercado con su nueva criada, Fátima. Está dispuesto a echarla, pero Fabiana intercede para que no lo haga.
Rosina y Liberto se dan cuenta de que Hortensia nunca paga nada ni deja que Azucena lo haga, por lo que decide tender a su hermana una trampa para descubrir la verdad de su capital.
Por otra parte, Marcelo trata con severidad a las criadas. Luzdivina se da cuenta de ello y decide hacer algo para que en el altillo vean con otros ojos al mayordomo.
Inma reabre el Nuevo Siglo XX, pero ningún vecino entra el local. Su reapertura es todo un fracaso.

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  1. Victoria

    ¡Qué excelentes actores son Marc y Juanma!!!. Muy bonita la escena de Lolita y Ramón, parece que por fin han hecho las paces. Me gusta mucho el personaje de Valeria pero, Alodia se ha convertido en un personaje irritante, pijotero y sumamente desagradable. Desde que empezó el "salto temporal" y vi en qué condiciones físicas y mentales quedó Felipe y a Lolita queriendo ayudarle, tanto a él como a su suegro, recordé el momento en que esa mujer de Cabrahigo, fuerte, dispuesta y con agallas llegó a Acacias precisamente para cuidar a Felipe y cómo le cogía en brazos para ayudarle; éso me ha hecho pensar que, con el tiempo, Lolita va a acabar casándose con Felipe. Me gustaría muchísimo que éso sucediera porque Felipe no ha tenido suerte en el amor y con Lolita creo que sería feliz; Lolita es muy buena persona y también necesitará pasar página a tanto dolor y seguir viviendo feliz.

    22 ene 2021