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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1406 - ver ahora
Transcripción completa

Piénsate bien lo del homenaje.

Está bien.

Haremos el homenaje.

Hablo con mi suegro y que sea lo que Dios quiera.

¿No llegabas mañana?

Sí, pero me he dicho, con las ganas que tendrán mi hermana

y el muchacho de verme, no voy a hacerles esperar más.

¿Va a volver de verdad mi padre?

En cuanto se recupere de la desgracia que sufrió.

Me gustaría contar contigo para el homenaje a las víctimas

que plantean en el barrio.

Cuenta conmigo, para tocar el piano o lo que sea.

¿Cuándo les va a decir que no hemos venido para unos días,

que nos vamos a quedar más tiempo?

Ya lo sabrán en su debido momento.

Tú calla, no vayas a meter la pata.

¿No les va a contar el motivo de nuestro viaje?

Lo sabrán cuando corresponda.

Tenías que haberte marchado a Cabrahígo con tu hijo

y dejarme a mí aquí solo.

Yo no voy a cambiar el recuerdo de mi hijo

y de mi esposa por una placa.

Se acabaron las infidelidades.

Ya te lo he dicho una vez, sabes que no aviso dos veces.

Espero que te haya quedado meridianamente claro.

No te voy a permitir ningún desliz.

¿No sé qué ha cambiado para que emplees ese tono conmigo?

No quiero que me dejes en ridículo delante de mis conocidos.

Puedo ser muy discreto si me lo pides adecuadamente.

Aurelio, no se trata de discreción,

se trata de que no tengas ninguna aventura.

Querida,... eso que me estás pidiendo es un imposible,

deberías de saberlo.

No te lo pido, te lo exijo.

No estás en condiciones de exigir nada,

tú vas a estar en segundo plano, como hiciste en mi tierra.

No empieces una guerra que no puedes ganar.

Yo tengo mis apetencias y debo satisfacerlas.

Sabes que puedo ser muy insistente.

¿Por qué?

La pasión entre nosotros hace tiempo que acabó.

pero juntos podemos seguir teniendo poder y dinero.

¿Vamos a echar a perder todo eso?

Porque no quiero que me pierdan el respeto

ni que piensen que soy otra pobre mujer engañada por su esposo.

Yo no te estoy engañando, las cartas están sobre la mesa.

¿Y si yo no acepto esta situación?

Créeme, tendrías mucho que perder.

Enfrentarnos nos destruiría.

Tal vez sea lo mejor.

Sabes que no puedo permitirlo.

Tomaría medidas,

fuesen las que fuesen.

¿Me estás amenazando?

No.

Te estoy diciendo que seguiré protegiendo mis intereses

a toda costa.

Eso podemos hacerlo los dos.

No esperaba...

que fueras una persona tan conservadora,

la vida avanza,

los tiempos cambian, no puedes pedirme que esté siempre a tu vera.

Hay muchas mujeres por ahí, y algunas me están esperando.

Compréndelo, no es un asunto personal.

Aurelio, ya te he dicho lo que quiero,

concédemelo o no sé cómo acabará lo nuestro.

No, lo nuestro no puede acabar,

tenemos demasiados secretos en común,

no podemos permitírnoslo.

Estás muy seguro de ti mismo.

Siempre me ha ido muy bien así... y tú no lo vas a cambiar ahora.

Seguiré haciendo lo que me venga en gana.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Pasos)

Esta maleta es pa usted.

Si me quiere perder de vista, la llena

y si te he visto no me acuerdo. ¿Me estás echando de esta casa?

¿Te parece que merezco semejante trato?

Esa misma pregunta se la puedo hacer yo.

Yo no tengo intención de echarte de aquí.

Ya. ¿No me ha dicho que me vaya al pueblo con mi hijo?

No me has entendido bien. Le he entendido perfectamente,

por eso, le estoy pagando con la misma moneda.

-"Sabes que tengo razón".

Vivir, dejar vivir...

y amasar dinero a espuertas, esa es mi propuesta.

La otra opción es enfrentarnos y destruirnos el uno al otro.

Tú tienes la última palabra, querida esposa.

Está bien, tendré que aceptar.

Pero más te vale ser muy discreto y no ponerme en ridículo.

Nadie debe saber de tus escarceos.

De lo contrario, la paz terminará.

Cuenta con ello.

Hay mucho que ganar y mucho que perder,

todo depende de nosotros.

"Entonces ¿piensas que lo mejor es que cada uno siga su camino?".

Algo hay que hacer, esto no es vida.

Y aparte de la pena que guarda esta casa,

se está convirtiendo en un infierno. Y no es de extrañar, Lolita,

la vida nos ha golpeado muy duramente,

hemos vivido la peor de las tragedias posibles.

Y por eso intento hacerle la vida una pizca más agradable.

Intento mitigar con cuidados y cariño su malestar,

¡su constante irritación! Es cierto...

que te esfuerzas para que la casa vaya bien.

Eso no te lo niego. Pero no me lo agradece.

Y para colmo, me dice que me marche.

Quizá tendría que haberlo hecho,

dejarle aquí, cociéndose en su propio rencor.

Estás a tiempo. Yo no te he pedido que te quedes.

Pero su hijo sí.

Me pidió que le cuidara, pero todo tiene un límite.

Y Ahora me dice que me vaya de casa.

De la casa de nuestra familia. ¡No, de mi casa!

¿Olvida que yo ya vivía aquí cuando Carmen y usted se mudaron?

No. Pero fuiste tú quien insistió en que nos quedáramos.

¡Me parece inoportuno que saques eso a colación!

No voy a permitir que se haga la víctima.

Váyase si quiere y vuelva cuando sea más agradecido.

Ese es el respeto que me tienes.

Ni por mi edad ni por el parentesco que nos une

deberías tratarme de esta guisa.

Póngase como quiera.

O me pide perdón o se va con viento fresco.

Le doy un tiempo pa pensarlo, pero no mucho.

Si tiene frío, le puedo prestar mi chaqueta.

No quiero que usted se constipe y luego me culpe a mí.

Yo nunca haría tal cosa. ¿Le ha gustado la película?

Un montón, ese Buster Keaton es la monda.

¿Cómo se les ocurrirán esas cosas?

Será que tienen más imaginación que nosotros,

aunque yo tengo un rato.

Le agradezco mucho que me haya convidado al cinematógrafo.

Lo he pasado de guinda.

Soy yo el que está agradecido, casi siempre rechaza mis invitaciones.

Alguna vez tenía que decir que sí. -Me alegro,

porque quería animarle después de lo que pasó con don Felipe.

Ya.

Me montó un buen escarnio, y eso que solo me quería disculpar.

Ha de entender que don Felipe está desquiciado

y que muchas veces pierde el control de sus nervios.

Debe de ser muy difícil convivir con él.

Yo ya estoy acostumbrado,

pero hay veces que me hace perder la paciencia,

sobre todo, cuando el maltrato es hacia otra persona.

Ya. Nadie se merece ser tratado de forma tan agria.

Le agradezco lo que se preocupa por él.

Mire, aunque don Felipe se haya convertido en un ogro,

para mí sigue siendo una persona muy querida,

y lo que usted hace por él es digno de admiración.

¿Le puedo hacer una confesión?

Claro, las que quiera.

Pero para esos menesteres, suelen ser mejor los curas.

Quiero que sepa que...

si sigo en casa del abogado,

es en buena parte por usted.

Será mejor que no empiece con esas cosas.

Si he aceptado su invitación al cinematógrafo,

ha sido por pasar un buen rato, no porque le quiera dar alas.

Lo sé. Pero no por ello puedo dejar de estar enamorado de usted.

Yo solo pretendo ofrecerle mi amor

con la esperanza de que con el tiempo llegue a apreciarlo.

Me cuesta mucho decirle esto,

pero mis sentimientos no van a cambiar ni pasando cien años.

Permítame preguntarle por qué.

Gerardo, yo le aprecio muchísimo como amigo,

y disfruto mucho de su compañía nos divertimos juntos, sí,

pero... veo muy difícil que pueda haber algo.

No tengo ninguna prisa, tal vez en algún momento cambie de opinión.

Eso no va a pasar.

Me cuesta ser desabrida, pero lo mejor que puede hacer...

es dejar de perder el tiempo por mí.

Está bien.

No voy a insistir más, no quiero importunarla.

Vengo con un sofoco...

He ido a la cocina y la criada no está.

Normal, es su tarde libre.

Pues yo preciso de una infusión antes de irme a dormir.

Tendrá que preparársela usted

o esperar a mañana por la mañana cuando regrese Casilda.

¡Qué disparate!

La criada de asueto y la casa sin atender.

Algún día tendrá que descansar Casilda.

Será que tiene mucha tarea.

Una casa como esta precisa tener servicio las 24 horas del día.

Casilda debería de estar disponible

hasta que el último de los señores se haya acostado.

¿Usted cree?

No es que lo crea, está claro como el agua.

Pero mi hermana no ha sido dura con esa chiquilla

y se le ha subido a las barbas.

No soy de la misma opinión, Rosina siempre ha...

No, te equivocas,

por vuestra indolencia, la criada hace lo que le viene en gana.

Con Maximiliano era algo más formal,

pero ahora, se ha puesto el mundo por montera

y hace lo que le da la gana, y vosotros tan contentos.

Piense lo que quiera, pero tengo que terminar de echar unos números.

¿Cómo van esos números?

¿Marchan bien las inversiones? -Sí, gracias.

¿Seguís teniendo ese montón de inmuebles?

Antes erais dueños de media ciudad.

Sí, pero eran otros tiempos.

Ahora... el mercado ha cambiado y es mejor tener menos propiedades.

Vamos, que tenéis menos pisos.

-Pero... mucho mejor situados, Hortensia.

Sí, pero eso quiere decir que habéis tenido que vender

parte de vuestros inmuebles.

Ya me estoy oliendo que no os marchan muy bien las cosas.

Al contrario, has entendido mal a Liberto.

Lo que ocurre es que no nos gusta presumir de posesiones.

Ya sabes que la gente es muy envidiosa.

Entonces ¿os va bien?

Mejor que nunca.

Liberto es un lince para las inversiones.

Donde pone el ojo, empieza a brotar dinero.

Eso es bueno saberlo.

Ahora está pensando en invertir en una empresa cárnica.

¿Verdad, mi amor?

Sí, nos vamos a forrar haciendo salchichas.

Mejor me voy a la cocina a terminar mis cuentas.

¿No se habrá enfadado tu marido por mis preguntas?

No tiene por qué, puedes preguntar lo que te plazca,

para eso somos familia.

Se ha ido haciendo fu, como el gato.

Ya sabes cómo son los genios, un poco venáticos.

¿Tu marido es un genio? -Por supuesto.

Es un genio de los negocios, Hortensia.

Ni te imaginas lo que puede cavilar esa cabeza

para que ganemos una sola peseta.

(Suenan las campanas en Acacias)

De pucheros y satenes

no andamos mal,

pero nos faltan cubiertos y cambiar esta perola.

También necesito cuchillos, espumaderas y cazos pequeños.

Además de la carne, el pescado, huevos, aceite, verduras...

¿Y no sería mejor que se apuntara todo eso?

Se le van a olvidar cosas y va a hacer varios viajes en balde.

No me hace falta, tengo una memoria de elefante,

me acuerdo hasta de la corbata que llevaba tu abuelo cuando le conocí.

Ya, pero los años pasan para todos y, también para usted.

¿Me estás llamando vieja? -"¿Vieja?".

No, por favor.

Pero si se apunta todo en una libreta, volverá con toda la compra.

No hay mejor libreta que mi cabeza,

y como voy a salir ahora mismo,

no me voy a dejar nada en el tintero.

Eso espero, si quiere que inauguremos mañana.

Inauguramos mañana, en cuanto regrese, me meto en la cocina.

Muy buenas. -Buenas.

¿Cómo les va, vecinos?

¿Ya van teniendo esto apañao?

Vamos un poco apurados,

pero creo que llegamos.

Tenemos que llegar, que esto cerrado, no da dinero.

Si necesitan que les eche una mano, pueden contar conmigo.

Se lo agradecemos, pero nos apañamos solos.

Solo me faltan un par de cacharos y ya podré encender los fogones.

¿Y ya tienen pensado lo que van a servir de comer?

Sí, el menú va a ser bien sencillo. Cosas de toda la vida:

sopa de picadillo, huevos fritos con chistorra,

guiso de carne con garbanzos y patatas...

Sí que van a hacer ustedes un buen cambio, sí.

En época de doña Felicia se servían platos de alto postín.

Bueno, tampoco es mala idea,

pero nosotros nos inclinamos más por productos de calidad,

nada de experimentos.

Y veo que le están dando un nuevo aire al restaurante.

Sí. Más parece una taberna o tasca, que un restaurante finolis.

Exacto, eso es lo que buscamos. ¿A usted, qué le parece?

No sé qué decirle,

los señores de por aquí están muy chapaos a la antigua,

y no sé si les va a parecer poca cosa el cambio que propone.

Bueno, si comen bien,

les dará igual el color de las paredes

o el grabado de los platos.

Eso sin duda, aunque algunos son un poco tiquismiquis.

Uy, pues esos no nos interesan.

Bueno, que lo ve todo bien.

Sí, más o menos.

¿Lo ves, Guillermo?

A Fabiana le convencen los cambios que estamos haciendo.

Estás muy callado esta mañana.

Será que prefiero no hablar a tener que discutir.

¿Vas a reprocharme algo?

¿Para qué?

Tratar ciertos asuntos con usted es como predicar en el desierto.

Te has levantado muy picajoso.

He decidido que de ahora en adelante me voy a limitar

a hacer mi trabajo.

Si esperas una disculpa, siéntate, nunca va a llegar.

No la esperaba... ni la necesito para cumplir con mis obligaciones.

Mejor así,

manteniendo la distancia.

(Puerta)

¿Quién vendrá a molestar? Ya podría hacer menos ruido.

Tómese sus pastillas. ¡Déjate de tonterías y ve a abrir!

No soporto tanto escándalo.

Con su permiso, don Felipe.

Quería comentarle algo. No, no.

No es buen momento, Lolita.

Ven otro día, dentro de una semana o dos.

Solo será un minuto.

¿Qué es tan importante que no puede esperar?

¿Me deja que le cuente o no?

Está bien, habla.

Van a hacer un acto de inauguración en la plaza...

y le van a poner el nombre de mi marido,

Antonio Palacios. ¿Qué opina al respecto?

¿Qué voy a opinar?

Me parece muy bien que se homenajee a tu esposo,

es lo mínimo que se puede hacer.

Puedes contar conmigo para lo que sea menester.

¿Estaría dispuesto a acudir al acto

y decir unas palabras en memoria de su amigo?

Puedo intentarlo.

Su...

su memoria estará siempre en mi corazón.

Reconozco que no pensaba que se lo tomará tan bien.

A veces tengo que poner de mi parte para...

demostrar mi voluntad de cambiar.

Todos estamos deseando que salga adelante.

Lo agradezco.

Aunque no lo demuestre.

No entiendo porque el señor Quesada no se ha reunido con nosotros.

No seas impaciente, todo llegará.

Está tardando, nos deberíamos haber visto justo al llegar al barrio.

No me parece raro que nos haga esperar,

por un lado, está el cansancio de tan largo viaje

y, por otro, las obligaciones que tiene don Aurelio.

Y no creo que complacerte con su presencia sea una prioridad para él.

Yo no necesito que nadie me complazca,

lo que preciso es información sobre el paradero de mi esposo.

Don Aurelio nos llamará y te proporcionará

toda la información que tenga sobre tu esposo.

Espero que sea así. -No lo dudes.

Y no olvides que tu esposo está en una situación muy complicada

y que don Aurelio os ha salvado la vida a los dos.

Sí, lo sé. Y estáis sacando buena tajada de ello.

Podemos separar nuestros caminos si es eso lo que deseas.

No, ya sé que no tengo otra opción.

En ese caso, muéstrate más agradecida y menos rebelde.

Disgustar al señor Quesada no sería una buena estrategia.

Eh. ¿Qué tal, pareja? Qué mañana fresquita.

¿Cómo les trata el barrio?

Ahora mismo salimos de misa.

Eso está muy bien, pero no se lo cuenten a mi esposa, Fabiana,

porque se molesta por mi falta de apego a los asuntos eclesiásticos.

Pero como yo digo siempre:

"La misa y el pimiento son de poco alimento".

Cada uno es libre de tener sus creencias.

Ahí le ha dado.

Yo soy muy creyente, pero no dispongo de un rato

para dedicarlo a esos menesteres, la pensión me quita todo el tiempo.

Seguro que se lo disculparán

a la hora de dar cuentas ante el Altísimo.

No sería de buen cristiano dejar el peso del negocio a su esposa.

Eso mismo digo yo.

Al fin y al cabo, si uno lo piensa bien,

que yo no vaya a misa es como un acto de caridad,

que soy casi casi como un santo.

Disculpe, tenemos muchas cosas que hacer y se nos hace tarde.

Seguiremos con esta conversación en otro momento.

Cuando quieran, hablamos de teología o de cualquier otro tema.

Lo tendremos muy en cuenta. (RÍE)

(SUSPIRA)

Son más majos que las pesetas.

¿Todavía están así?

Venga, que no puedo abrir mañana con todo esto por medio.

Venga, eso.

Con cuidado, cuidado con el escalón.

Eso es.

(SUSPIRA)

Muy buenas. ¿Se puede pasar?

Por supuesto, pero el restaurante no está abierto.

Ya nos lo figurábamos.

Veníamos a presentarnos

y a preguntar cuándo tienen pensado inaugurar.

Queríamos hacerlo mañana,

pero depende de que estos zotes terminen su trabajo.

Pasen, por favor. -Gracias.

¿Son vecinas del barrio? -Sí, del 38.

Mi nombre es Bellita, y ella es la mujer de mi sobrino, Alodia.

Encantada de conocerlas. Espero verlas a menudo por aquí.

Si la comida es aceptable, puede que nos tenga de clientas.

Estoy segura de que así será.

Perdone que se lo diga, pero su cara me suena.

¿No será usted la cantante Bellita del Campo?

Digo, la misma, pero ya no soy tan famosa.

Ya empieza a ser raro que me reconozcan.

¿Qué dice? Si es usted más famosa que Cristóbal Colón.

La artista más grande de la copla española.

¡Qué ilusión me hace tenerle de vecina!

No es para tanto, solo soy una más.

Bueno, pero de relumbrón.

Usted va a tener mesa reservada siempre que quiera.

Qué ilusión tener a una artista tan grande de vecina.

Me da a mí que nos va a tener a toda la familia aquí comiendo

un día sí y otro también.

No sé si a mi esposo, el doctor Quiroga,

le va a parecer bien que comamos en este local.

No sé qué pega le puede poner.

Porque esto, antes era un restaurante de postín,

y ahora solo parece una taberna.

Bueno, queríamos darle un aire más sencillo, más campechano.

He visto parajes más lujosos.

Eh... No se apure,

es que la mujer de mi sobrino se ha vuelto muy exigente.

Seguro que le encanta.

Eso espero, hemos puesto mucha ilusión en esta empresa.

Algunas veces no basta con eso, también hay que tener buen gusto.

Es una lástima no haberla tenido antes aquí para asesorarnos.

Seguro que la inauguración les va de perlas,

el sitio es original, y si la comida es de calidad, triunfan seguro.

Mañana lo sabremos.

Por supuesto, está usted invitada, y su sobrina también.

Bueno, no sabemos si vamos a... -Claro que sí, podremos venir.

Muchísimas gracias. Encantada.

Vamos a comprar una revista. -Adiós. Igualmente. Adiós.

Vecinos y conciudadanos.

Estamos aquí reunidos...

para conmemorar un desastre.

Todos perdimos algo... en ese cruel atentado:

una esposa,...

un padre,...

un amigo...

Algo había cambiado para siempre... en nuestros corazones.

La barbarie y la sinrazón...

se adueñaron de nuestras calles.

Se podían ver...

los cuerpos destrozados...

¡Señora!

(Gritos)

...los miembros, los miembros...

(SOLLOZA)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Sosiéguese, Felipe, trate de respirar más despacio.

No puedo.

Esas imágenes no se van de mi cabeza.

Todo eso pasó, se encuentra en casa, tranquilo.

Me veo allí caminando entre los cadáveres...

No puede seguir con esto. Le preparo un calmante.

No, tengo que seguir,

me he comprometido con Lolita.

No puede redactar... ¡He dicho que puedo seguir!

¡No está en condiciones de seguir con esto!

¿Por qué no me acompaña a su cuarto

y descansa un poco?

Sí.

Sí, tiene razón.

No... No puedo seguir con esto, no puedo.

No puedo.

(LLORA)

Le agradezco mucho que haya tenido a bien traerme a este lugar.

En algún sitio teníamos que vernos.

Es fascinante este sitio.

Bueno, no es más que un club privado donde poder tener reuniones...

de cualquier tipo.

(Música)

(Música)

¡Eh! No se distraiga.

Perdóneme, es la falta de costumbre.

¿Qué me puede contar sobre Valeria, nuestra hermosa pianista?

Parece que se ha adaptado con facilidad a las rutinas del barrio.

Es una mujer muy sociable.

Ya cuenta con algunas amigas

y se mueve como si llevara media vida viviendo en Acacias.

Eso está muy bien, puede que tenga que pasar un tiempo allí.

¿Me puede decir cuánto tiempo debemos quedarnos?

Tendremos que actuar pronto. -No sea usted curioso,

ya le informaré en su momento. -Perdone, no quería extralimitarme.

Si no quiere volver a equivocarse,

tenga siempre presente esta máxima: las preguntas las hago yo.

¿Está claro? -Claro está.

Muy bien.

¿Qué tal lleva Valeria el papel de ser su esposa?

Sin problemas de puertas afuera,

todos piensan que somos un matrimonio modelo.

Pero cuando llegamos a nuestro piso, es otro cantar.

¿Dentro de casa le da problemas?

No, pero está ansiosa por recibir noticias de su marido.

Si me permite decirlo, don Aurelio,

debería hablar con ella para sosegarla.

No le pago para oír sus consejos. -Lo sé,

pero temo que se nos vaya de las manos.

Para eso le he contratado,

para que sea su protector y guardián.

Esa labor no la descuido ni un instante,

pero ella está muy desasosegada por lo que pueda pasar su marido.

Su esposo es asunto mío.

Preocúpese de hacer su trabajo

y yo me encargaré del resto del plan.

Lo que el señor Quesada disponga. -Eso es lo que quiero oír.

(Música)

¿No está Casilda? -Ha subido al altillo a planchar.

¿Y te ha dejado a ti a cargo de la cocina?

He venido a echar mis cuentas.

Para eso tienes el salón,

estas son las dependencias del servicio.

Los señores tenemos que mantenernos a cierta distancia de ellos.

¿Hasta cuándo vas a seguir con esas zarandajas?

Deja de engañar a tu hermana y a ti misma, nuestra realidad es otra.

Que solo nos importa a nosotros.

A ver si Casilda,

que he comprado ternera y quiero que la haga para comer.

¿Has dicho ternera? Eso es mucho gasto.

No quiero que mi hermana piense que solo comemos garbanzos.

¡Ponte la chaqueta!

Por favor, déjate de fantasías

y dile a Hortensia que no nadamos en la abundancia,

ni siquiera chapoteamos. -¿Y quedar como una pordiosera?

¡Eso nunca, ni hablar!

Si no te dieras tanto pote,

podríamos pedirle algo prestado para invertir en la empresa de carnes.

Que no, Liberto. No creo que nos lo prestase,

y de ser así, tendríamos que pagar muchos intereses.

No sé por qué sigas mintiéndole.

O le cuentas la verdad o le pongo yo al día.

¡No! A menos que quieras dormir en el sofá.

Si tuvieras la cabeza más dura, serías una estatua.

¿Qué os ocurre?

Me ha parecido escucharos discutir.

No. Serán los vecinos de abajo, por el patio se oye todo lo que hablan.

Querida, ¿qué tal las habitaciones que os hemos preparado?

Bien. Estamos muy cómodas.

Pero me gustaría que las colchas fuesen beige o blanco,

no ese color azul tan... neoburgués.

"Neoburgués".

Siempre te ha gustado el azul. Te gusta el azul, ¿no?

Sí, pero no me gusta ese azul.

Soy más de colores clásicos,

como los que había en casa de nuestros padres o los de aquí.

Pues no son baratas las colchas.

No te preocupes, querida,

si no te gustan,

las podemos dejar para trapos y comprar unas nuevas.

¿Te gusta la ternera?

Sí. Me aburre un poco, porque la comemos tan a menudo.

Vamos, querida.

¿Cómo se encuentra, amigo mío?

¿Cómo va de ánimos hoy?

No le voy a engañar,

no me siento muy católico

y hoy no parece que vaya a cambiar la racha.

Ya vendrán tiempos mejores.

No lo creo.

Últimamente, discuto con todos los que están a mi alrededor.

No estoy bien.

No quiero aumentar su desazón,

pero tengo que comentarle que Genoveva ha regresado al barrio.

No lo sabía.

Pero, sinceramente, esa noticia no me da frío ni calor.

Si le sirve de consuelo, a mí me pasa lo mismo.

La mayoría de las personas que me rodean me resultan indiferentes

y si alguna me importa, termino discutiendo con ella.

Deberíamos aplacar nuestra pena,...

solo nos lleva al mal humor.

Eso es exactamente lo que me pasa con Lolita.

Intento no discutir con ella, pero siempre acabamos peleando.

Tiene que tratar de llevarse bien con ella,

es lo poco que le queda de su familia.

Créame que lo intento, pero ella se empeña

en no comprender la pena que me embarga.

Yo también me siento incomprendido,

pero podría hacer algo para facilitar nuestra convivencia.

Los dos anhelamos estar solos,

pero ni podemos ni sabemos manejar la soledad.

A mí me duele hacer daño a los que tengo a mi lado,

pero... la rabia me puede y termino explotando.

Me resulta igual.

No puedo evitar la confrontación,

yo diría que hasta la necesito para aplacar mi rabia.

Me gustaría pensar que algún día no será así.

No lo creo.

Yo soy incapaz ni de escribir un discurso.

¿Un discurso? ¿Es que piensa hablar en público?

Me lo ha pedido Lolita.

Que escriba unas palabras y que las diga en...

la inauguración de la plaza de su hijo.

¿Qué es este despropósito?

¿En qué lío le ha metido Lolita?

(Suenan las campanas de la iglesia)

Es un detalle que la señora Quesada

haya encargado una misa por las víctimas del atentado.

Sí. Fue toda una tragedia.

Perdimos a vecinos muy queridos ese día.

Ya lo sé, salió en la prensa.

También han pedido por el suegro de Genoveva.

Parece ser que falleció en México.

La señora puede disponer de la fortuna de los Quesada,

que no debe ser pequeña.

A ti te daría igual, con tu patrimonio tienes de sobra.

Señoras,

cómo me alegro de volver a estar entre ustedes.

Lástima que no haya podido venir Lolita.

Está atareada con la tienda.

Sí.

Genoveva, le presento a mi hermana Hortensia.

Encantada de conocerla. Espero verla por aquí.

Será un placer charlar con una mujer tan elegante como usted.

Será una buena compañía para mi hija.

Claro.

¿Cómo ha ido su estancia en México?

Bellita, ha sido un viaje fantástico.

Lástima que su suegro falleciera.

Sí, fue una desgracia tremenda, la verdad.

Pero nos queda el consuelo de que pudimos despedirnos de él.

No tenía conocimiento de que Lolita le había pedido semejante cosa.

Cuanto más lo intento, más me bloqueo.

Escribir ese discurso me enfrenta a todos mis fantasmas.

Lolita no debió pedirle que se enfrentara usted a ese esfuerzo,

es demasiado grande para usted.

Ojalá pueda seguir adelante con ese discurso

y leer esas palabras en público.

Le ruego que no lo haga.

A los muertos hay que dejarle tranquilos.

Lolita no tiene derecho a pedirle que se someta a semejante suplicio.

Si los papanatas de gobernantes que tenemos quieren homenajes,

¡que los organicen ellos!

No creo que Lolita lo haga para contentar a los políticos.

Hablaré con ella para que le exima de este compromiso,

atenta contra su salud.

No, Ramón, no lo haga.

Intentaré... escribir ese discurso.

Me armaré de valor para bajar a la calle.

Usted verá.

Yo, desde luego,

no expondría mi salud ni por Lolita

ni por una pandilla de políticos blandengues.

¿Y cómo ha marchado todo?

Poca cosa. Las cosas siguen casi igual.

Lolita se llevo a su pequeño al pueblo, Felipe...

Doña Rosina, por favor, no continúe.

Para mí, Felipe también murió el día del atentado.

Como usted ha preguntado...

Pero me refería a otras cosas, a noticias más alegres,

a si hay caras nuevas por el barrio.

Como esa mujer que se acerca. ¿De quién se trata?

Me gustaría conocerla. Eso tiene solución.

Valeria, venga un momento, por favor.

-¿En qué puedo ayudarles?

Le presento a doña Genoveva, una de las damas más influyentes.

Es un placer. Igualmente.

No haga caso a doña Rosina, es una exagerada.

Pues no miento si le digo que Valeria es una gran pianista

y, aunque lleve poco tiempo aquí, es una buena vecina.

Se van a llevar muy bien. Estoy segura de ello.

¿Marcelo, durmió o no durmió en el altillo?

No lo sé. Pa mí que no. Se lo preguntaré a Casilda.

Hazlo, que tengo interés en saberlo.

Si va a dormir al altillo,

tendré que arreglar las ventanas,

me sabe mal que don Marcelo pase frío.

¿Todavía sigues con esa tontada de tratar de don a un criado?

Me sale solo, le veo tan estirao...

Pues a mí me llamas por mi nombre y yo soy propietario de un negocio.

Cómo va a comparar.

Don Marcelo tiene una planta que ya quisiera uste.

Te lo advierto, yo he sido medio torero.

Si usted no sabe ni pa monosabio.

Además, Marcelo es un hombre mayor, merece un respeto.

Me parece muy feo que te hayas vuelto tan pelota.

¿Yo? Sí, sí, sí.

Las criadas se pasan el invierno muertas por los sabañones,

y no has hecho nada para remediarlo.

Y algunas eran bien añosas ya. -Sí, como la Agustina.

¿Qué habrá sido de ella? ¡No me cambies de tema,

que te veo venir de lejos!

¿Cómo iba yo a engañarle con lo espabilao que es usted?

Oiga,...

¿ha visto? Ya casi tienen montado el negocio.

Ya.

No me termina de convencer esa gente.

Todos los que han cogido ese restaurante

han resultado ser una cosa diferente a lo que dicen.

¿Cree que ocultan algo?

Vamos a tantearle y así salimos de dudas.

¿Guillermo, puede usted acercarse un momentito?

¿Cómo les va?

Estoy atareadísimo, tenemos que tener todo listo para mañana

y no dejan de salir composturas.

Claro. Claro.

Nada, una tontería.

Estaba aquí con mi amigo Jacinto,

y nada, nos sonaba que su familia viene de Levante, ¿verdad?

Así es, de Aldaya, a un paso de Valencia.

Y allí, ¿cómo se ganaban la vida?

Mi abuelo tenía unas tierras de naranjos que heredó mi padre,

y él sigue con el negocio.

¿Y cuánto tarda en crecer un naranjo?

Siete años, más o menos. ¿Y cuántas naranjas hay?

Querrá decir, cuántas naranjas da. También, sí.

Dándose muy bien, unas 400.

Hala. Hala.

Yo no ando muy ducho en esos temas, lo mío es más la mecánica.

¿A qué tantas preguntas? ¿Quieren poner un huerto?

No, no. No, no, no, es simple curiosidad.

(RÍEN NERVIOSOS)

Pues nada,

con su permiso, voy a seguir trabajando.

(RÍEN NERVIOSOS)

¿Qué, ya se ha quedado contento? Ha respondido sin dudar.

De verdad, qué atrevida es la ignorancia.

¿Sabemos si nos ha dicho la verdad?

Si ninguno de los dos sabemos sobre ese tema.

Pero...

tú deja que yo investigue, que yo ya...

No me puedo creer que no tengamos ni una revista de moda en la casa.

Bellita siempre ha sido muy española,

en el cantar, en el vestir,

en las copitas de anís y en el ir a los toros también.

Me tendré que apañar con esto, aunque de francés no tenga na.

¿Y qué perra te ha dado con la moda?

He estado con doña Genoveva y me admira lo bien que viste.

Ella dice que lo mejor es lo francés.

Será en la ropa,

porque en quesos y vinos, no tenemos nada que envidiarles.

Ignacio, ¿crees que soy tan elegante como esta maniquí?

Sí, Alodia, hija, sí. Muy bien.

Me tendré que esforzar para superar a las del barrio en elegancia.

Le va a costar, ¿eh?

Lo digo porque con eso se nace

y, doña Genoveva tiene elegancia para regalar.

Qué borrica eres, con comprar ropa cara ya está todo arreglado.

Yo también puedo ir tan peripuesta como ella.

¿Y tú, qué, no dices na?

¿Piensas que ella es mejor que yo?

Claro que no, mi vida, chiquilla.

Tú derrochas elegancia. Guapa, que eres muy guapa.

¿De verdad lo crees?

Claro que sí, mi vida.

¿Lo ves, estulta? Mejor que te quedes callada.

(RESOPLA)

Maruxiña, Maruxiña,

ten cuidado con la señora y procura no picharla.

Maruxiña, que luego lo pago yo.

Menudo genio se gasta su señora.

Quiero decir que doña Alodia tiene un carácter fuerte.

"Carácter".

(Puerta)

Permíteme.

¿Qué tal te ha ido en la tienda?

Bien, como siempre, vendiendo lentejas y garbanzos.

Al menos, has estado entretenida.

¿Se ha pensado lo que hablamos? ¿Se va a disculpar?

Por favor.

He estado recapacitando,

y pienso que tenemos que ser más mesurados

en nuestras conversaciones,

no podemos tener disputas tan violentas.

Y también, tener cuidado con lo que vamos diciendo por ahí.

¿A qué se refiere?

No te lo tomes a mal,

pero creo que no deberías haber hablado con Felipe.

Le he pedido que se acuerde de un amigo que ya no está,

no veo qué hay de malo.

Me podías haber consultado antes. Ya sabes lo que pienso de ese acto.

Respeto su opinión, pero es mi marido,

y hago lo que me venga en gana. Muy bien.

Sigue con tu cabezonería, pero no hagas sufrir a la gente.

Lo que le has pedido a Felipe le está haciendo daño.

O no, lo mismo le sirve pa echar el rencor que lleva dentro.

¡Y un cuerno!

Felipe está completamente hundido desde que se lo pediste,

le he visto peor que nunca, y todo por tu culpa.

Yo solo quiero que no se olvide a los muertos.

No es esa la manera,

con leyes y acción política

es como podemos preservar su memoria.

La política es la que nos ha llevado a esta desgracia, ni me la nombre.

Te guste o no, es el único camino. ¡Ya está bien!

Esto...

se ha acabado.

(Se cierra la puerta)

Está mañana he conocido a la esposa de don Aurelio

y me ha dado mala espina.

Me ha resultado más falsa que una peseta de madera.

No te falta intuición con las personas.

Yo no la conozco, pero por aquí tiene una fama terrible.

He escuchado más o menos lo mismo.

No entiendo como el señor Quesada se casó con semejante individua.

Sus razones tendrá, y serán de peso.

Don Aurelio no es un hombre que se deje llevar por sentimentalismos.

Eso me importa poco.

Lo que quiero es que me dé noticias sobre el paradero de mi esposo.

No entiendo por qué no me dice algo sabiendo cómo estoy.

Todo llegará.

¿Sabe ese hombre lo difícil que es fingir que estoy casada con otro?

Lamento que lo pases tan mal,

pero es lo que toca hacer.

Sobre las decisiones de don Aurelio, poco te puedo decir.

Ten paciencia. -Se me está acabando.

Que no me dé noticias, me parece una crueldad por su parte.

Sus razones tendrá para no hacerlo.

Debes saber que si él no hace nada, seré yo la que actúe.

Será mejor que dejes ese tono, Valeria.

¿Has perdido el oremus?

¿Vas a acosar al hombre que salvó la vida de tu marido

y la tuya propia?

Solo pido que me diga lo que sabe.

¿Aunque eso pueda dar pistas a los que pretenden acabar contigo?

No creo que eso sea así.

¿Qué quieres, Valeria,

echar por tierra el trabajo de estos meses?

No lo olvides nunca,

Rodrigo y tú estáis en grave peligro.

¿Quién te crees que eres? -Quien te protege.

Hazlo cuando me ataquen.

Los que intentaron matar a tu marido están al acecho.

-"Estoy harto, doña Lolita," don Felipe es un tirano.

No puedo decirle cuánto más estaré a su lado.

Me estoy oliendo que a tu tía Rosina

no le marchan las cosas tan bien como trata de aparentar.

¿Qué cosas?

Se ha pasado usted.

No se trata de que coman para toda la semana.

Bueno, que sepan cómo serán las raciones en mi casa,

que de aquí no saldrá nadie con hambre.

Ha dicho Expósito, ¿verdad?

El caso es que me resulta familiar.

No por el apellido, claro, es más bien...

su cara, su porte... Nunca olvido una cara.

¿Y tu suegro, qué, desde cuándo falta?

Desde esta mañana.

Entré en su habitación y no ha dormido allí.

¿Y a ti, eso no te importa?

-No soy quién pero le aconsejo que mantenga las distancias con ella,

es peligrosa.

No está de más ser precavido. -Que tenga un buen día.

Ave María purísima.

Por un momento, he pensado...

que estábamos en un albergue de pordioseros.

No quieran saber cómo está Lolita. -¿Y eso?

El suegro, que le trae a maltraer.

No da señales de vida.

¿Todavía no ha aparecido? -No saben nada, ¿no?

Sé que David Expósito trabajó a tus órdenes durante la guerra,

no lo niegues.

¿Acechabas durante mis reuniones de negocios?

¿Qué te traes con él?

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Acacias 38 - Capítulo 1406

13 ene 2021

El matrimonio Quesada no va muy bien y ambos recapitulan las condiciones de su relación. David informa a Aurelio sobre Valeria. Se produce la presentación oficial entre Valeria y Genoveva. Valeria insiste en reclamar a Aurelio noticias sobre su marido.

Lolita da un ultimátum a Ramón: se disculpa o se va. La de Cabrahígo le plantea a Felipe lo del acto y él reacciona sorprendentemente receptivo. El abogado se pone en marcha para preparar el discurso para el acto. Ramón se entera de que Felipe va a participar y le pide que no se someta a esa presión y culpa a su nuera por el sufrimiento de Felipe y tienen una discusión definitiva.

Hortensia se interesa por los asuntos financieros de Liberto. Rosina maquilla la realidad, pero la Rubio está a punto de pillar a ella y a Liberto discutiendo por dinero.

Por fin se produce la cita entre Casilda y Gerardo y este se le declara por enésima vez. Fabiana se da cuenta de que Inma le va a dar un aire de tasca al negocio y duda que sea buena idea.

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  1. Martíviri

    Lo de Alodia tiene un dicho español muy sabio "no pidas a quién pidió ni sirvas a quién sirvió". Y lo de Rosina "dime de lo que presumes y te diré de lo que careces".

    pasado jueves
  2. Martíviri

    No me he enterado ¿qué ha pasado con el niño de Lolita?¿lo ha enviado a un internado a Cabrahigo para que salga político como el padre? Siempre igual, no se qué comen en Acacias, las parejas no tienen hijos y, si los tienen, desaparecen de "mocitos". En el caso de Moncho no han esperado ni al año de edad. Y Aurelio y Genoveva ¿no han tenido niños?¿ni Ignacio y Alodia? Pero es que la generación anterior: Rosina y Maximiliano: 1 hija; Ramón y Lourdes 2 hijos, bueeeeno; Ramón y Trini: 1 hija; Genoveva y Germán: 1 hija; Lolita y Antoñito: 1 hijo. ¿matrimonios con 1 ó 2 hijos a principio del S.XX? Es verdad que muchos hijos nacidos morían por enfermedades para las que no se tenía cura entonces, pero es que, en esta serie, las mujeres ni se quedan embarazadas.

    pasado jueves
  3. juan pardo

    felipe se quedara con lolita y la ex empleda de los dominguez se cree de la alta sociedad pobre tipeja

    pasado jueves