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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1379 - ver ahora
Transcripción completa

Bienvenido a la lucha obrera. Venceremos.

Aurelio le propuso verse en unas cuadras,

y... ella le dijo que no sabía si podía asistir.

¿Le dijo qué cuadras?

Por el cariño que le tengo y como le considero amigo,

le recomiendo que se aleje de ese mundillo,

está poniendo en peligro su carrera como abogado.

A La venta del moro, que me han dicho que hay buena mercancía.

Échate p'allá. -Dale.

¡Vamos!

¿Qué se traen entre manos estos dos?

Anabel ya no ocupa mis pensamientos, te lo aseguro.

Mañana tengo el día libre.

O la cumples o no haré el trabajo.

Está bien, habla.

Una cantidad muy alta. -¿Algo denunciable?

En la actual situación, no.

Ya sabe que aunque sea ilegal vender armas a los contendientes,

muchas empresas sin escrúpulos lo hacen.

Que no sé lo que hago.

Me siento muy feliz, amor mío.

¿Y tú? -Yo también.

Pero tenemos que estar más separados.

No, no te vayas, quédate un rato más conmigo.

Puede venir mi tita en cualquier momento.

No, por Dios, no vaya a vernos así, qué vergüenza.

Eres un mujerón, Alodia.

Me encanta verte de esa guisa.

No diga uste eso, que soy muy poca cosa.

No para mí.

Será porque me ve con buenos ojos.

Eso siempre.

Bueno...

Me da pena separarme de ti.

No seas empalagosa, chiquilla,

tú con tus cosas y yo con las mías.

Tranquila, lo volveremos a repetir.

Adiós.

¿Qué he hecho?

¿Cómo he podido ser tan tonta?

(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

"No ha pasao, pero sí ha pasao".

"Te has dejao burlar por el señorito Ignacio, como si lo viera".

-"Pero no to el mundo que dice que te quiere, lo hace".

"Lo sé yo y 20 millones más de criadas engañás y abandonás".

"Los señoritos quieren meterse bajo tu refajo,

y si te he visto no me acuerdo".

-"Y más tu señorito, que es un crápula".

(Puerta)

¿Qué has hecho, Alodia?

(Se cierra la puerta)

Buenos días.

Dame un vaso de agua, que vengo sofocada de la calle,

hace mucho calor para las fechas en las que estamos.

Enseguida se lo sirvo, señora.

Oye, chiquilla, ¿qué ha pasao aquí, hija?

Ni que te hubieras peleao con un pollo pa dejarlo sin cabeza.

Menudo pulso, estás pa vender panderetas.

¿Qué te ocurre?

No lo sé, señora, pero no me encuentro muy católica,

tengo hasta sudores.

Sí que tienes mala cara,

te falta hasta la color, hija.

Con su permiso, me subo al altillo pa descansar un poco.

Sí, anda, ve.

Ve y descansa, no te de un torozón.

Esta muchacha algunas veces tiene menos vida, que una flor de papel.

A saber qué tontería la importuna.

¿Se encuentra bien?

No.

Estoy muy lejos de estar bien.

¿Qué ha ocurrido?

¿Por qué tiene esa arma ahí?

Para utilizarla.

¿Ha disparado a alguien?

No.

Me ha faltado valor.

A pesar de lo que he visto en las cuadras de los Quesada.

¿Estaba allí Anabel? -Sí.

Mi hija ha vuelto a desobedecerme.

Pensaba que no la vigilaba...

y acudió al encuentro de Aurelio.

Se ha entregado a ese canalla como una vulgar ramera.

¿Sabe si ha llegado a más? -No lo sé.

No quise saber más.

Y me fui.

Hizo bien en marcharse.

Pero tal vez hubiera sido mejor quedarme

y haberles disparado a los dos. -No diga enormidades.

Es su hija.

Que está arrastrando mi nombre por el fango.

Pero no tardaré en ponerle remedio.

Está claro que no era la primera vez que se encontraban.

Lamento que se encuentre en esta tesitura.

Y entiendo tanto su dolor por este despecho...

Es...

inmensa...

la pena que siento por ella y por mí mismo.

No hay nada más doloroso...

que una hija pierda la honra...

con tu peor enemigo.

No.

Ha hecho bien en no tomarse la justicia por su mano.

Ya verá como tarde o temprano se soluciona y Anabel entra en razón.

Voy a poner fin a este asunto.

Anabel va a renunciar a cualquier trato con ese miserable,

tenlo por seguro.

Ojalá esto no se convierta en un drama.

Será lo que tenga que ser.

Ve a prepararme una infusión,

necesito templar los nervios.

Ahora mismo.

Sosiéguese y guarde esa arma, por favor.

No sufras por mí,...

sé bien lo que he de hacer.

Póngame con el 3-4-5-9.

Soy yo, Marcos.

Tenemos que vernos lo antes posible.

Sí, es urgente.

(Suenan las campanas)

¿Tan graves han sido los disturbios esta noche?

Eso tengo entendido, sí. -Algún vecino me ha comentado,

pero no ha sabido decirme lo que había pasado.

Ya se lo puede imaginar.

Carreras, incendios, barricadas por parte de los huelguistas

y palos por parte de la policía.

Seguro que se habrá empleado.

En cuanto a la violencia, van a la par los unos y los otros.

Ya me advirtió Alberto sobre este asunto.

¿Ah, sí? Pues creo que lo peor está por llegar.

Pase.

Gracias.

Ahora hay una manifestación en la ciudad convocada por los sindicatos,

esperemos que no se repitan los altercados.

No apostaría ni un real por ello.

Los ánimos están muy caldeados.

Ya, ni yo tampoco, la verdad.

Miguel.

Con usted quería yo hablar.

-"¿Estamos solos?".

Sí, no hay nadie en casa.

He enviado a mi hija y a la criada a hacer recados por ahí.

Mejor, las paredes oyen.

Y mi experiencia profesional no me permite fiarme de nadie.

Le comprendo.

Yo me fio más de la criada que de mi propia hija.

Pero eso no viene al caso. Siéntese, por favor.

Cuénteme, ¿cuál es el motivo de la reunión?

Quiero saber si hay novedades sobre el mancebo de la droguería

que acusó a Natalia Quesada, y que al parecer, fue falso.

¿Ha conseguido que confiese quién le sobornó

para que dijera tal mentira? -Lo he intentado,

pero el muy desgraciado se resiste a decir la verdad.

Ya. Bueno, supongo que tendrá usted otros recursos para hacerle hablar.

Así es.

He hurgado en su pasado para ver si encontraba algo turbio.

¿Y no ha conseguido nada?

Nada.

Está más limpio que un recién nacido,

ni un solo antecedente en las fichas policiales.

Tal vez tenga que ser usted...

más expeditivo, ya me entiende.

No.

No voy a utilizar la violencia para hacer que cante.

No lo hice cuando era policía y no lo voy a hacer como investigador.

Venga, no me venga con escrúpulos. -Es lo que hay.

Le tenía a usted por un hombre más bragado.

Pero mire,

por suerte, tengo un método infalible

para sacar la verdad a relucir y sin hacer el menor daño a nadie.

¿Y cuál es ese método revolucionario?

Dinero.

Si ese pollo se vendió una vez, se venderá de nuevo,

solo hay que poner delante un cantidad mayor que la anterior.

¿Qué es lo que quiere que haga?

Bien sencillo,... cite a ese tipejo

y ofrézcale una buena suma de dinero.

Estoy dispuesto a pagar lo que sea.

Aquí tiene este cheque.

Con esto tendrá más que suficiente.

Vaya,...

con esta cantidad puedo hacer hablar a la dama de Elche.

Por eso no le voy a perdonar ninguna excusa,

quiero resultados ya.

Estará contento con el resultado de las revueltas.

Lo estaré si se consiguen las reclamaciones.

¿Sabe lo que está pasando en el centro?

¿Por qué no nos sentamos y nos tranquilizamos?

Está nervioso -Tengo motivos.

Se están produciendo más detenciones ¡y hay más heridos en ambos bandos!

Es de suponer que las detenciones son solo de obreros.

No me venga con demagogia barata.

¡Lo podríamos haber evitado si me hubiera contado sus planes!

¡No soy un delator,

y como ya sabe, estoy del lado de los obreros!

Ninguna ideología se puede sustentar en la violencia.

¿Se refiere a los que luchan por un salario digno

o a los que tratan de reprimirles?

La policía solo trata de restaurar el orden público,

si alguien está delinquiendo, son los que están detenidos.

Eso lo tendrá que decidir un juez.

Alberto y yo vamos a pasarnos por las comisarías

prestando atención a los detenidos. Se lo digo otra vez,

esos hombres y mujeres buscan defender sus derechos.

¡La anarquía y el desorden no son derechos, son amenazas!

Ninguno de los manifestantes busca eso,

¡se trata de justica elemental!

De verdad, Miguel,

me está demostrando que es usted un botarate

que se deja llevar por lo que escribieron cuatro tarados

hace muchos años.

Mejor eso que ser un intransigente sin entrañas como usted.

Caballeros, compórtense.

En fin, después de escuchar tan lamentables palabras,

me temo que este día marcará un antes

y un después en nuestra amistad.

Muy bien.

Será como guste.

Felipe. ¿Puedo pasar?

Gracias por venir, me anima mucho su compañía.

Está usted tan hermosa como siempre.

Pero debo reconocer que la encuentro un poco decaída.

¿Me equivoco?

Puede que esté lánguida últimamente.

Ya lo creo, apenas sale de casa.

Es difícil coincidir con usted.

Ahora que estamos juntos, no es tan complicado.

No, no lo es.

Me encanta venir de visita, pero estoy preocupado por usted.

¿No le estará aquejando algún mal?

No sufra por mí, me encuentro perfectamente.

Entonces, ¿por qué ese interés en esconderse de todo el mundo?

A pesar de las apariencias, yo soy una muchacha muy hogareña,

hay temporadas en las que lo que más me apetece es estar en casa

tranquila y sosegadamente.

Algo me dice que no está siendo sincera conmigo.

¿De quién se esconde y por qué?

¿Piensa que le estoy mintiendo?

Simplemente, que no me está contando toda la verdad.

Me duele su desconfianza.

No se trata de eso,

si le increpo es porque me preocupo por usted.

¿Hay alguien o algo que provoque su melancolía?

No le busque tres pies al gato, yo solo quiero estar en casa.

¿Y no hay nada más?

No.

En ese caso, me gustaría invitarla a dar un paseo esta tarde.

Me encantaría, pero... Le advierto...

que no voy a aceptar ninguna excusa.

¿Quiere que piense que le aburro o que me quiere dar largas?

No, estaría muy equivocado si piensa de esa guisa.

Su compañía es lo que más aprecio en estos momentos.

En ese caso, nada debe impedir que nos veamos.

Ardo en deseos de llevar a una joven tan bella del brazo.

Nos veremos esta tarde en la terraza del restaurante.

De acuerdo.

Contaré los minutos que faltan para nuestro encuentro.

Será una tarde memorable, se lo aseguro.

¡Miguel!

¡Miguel! -¿Qué pasa?

Se le ve agitado.

Y tanto, no he parado de correr en toda la mañana.

Vengo a buscarle, necesito su ayuda. -¿Qué he de hacer?

Venga a la comisaría.

Tenemos que pasar a la acción. -Espere. ¿Hay muchos detenidos?

Docenas. Y precisan de asistencia legal.

¿Qué ocurre?

Hay muchos detenidos, tengo que marcharme.

Prométeme que tendrás cuidado.

¡Miguel, vamos!

Vamos.

(Gritos y alboroto)

-¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

Esta tarde he quedado para pasear con Felipe.

No he podido evitarlo.

No me gusta mucho.

Preferiría que no salieras de casa, puede ser peligroso.

No he podido evitarlo, ha sido muy insistente.

No pude negarme. Y sé el riego que corro.

No se apure,

nosotros no dejaremos que le pase nada.

Al menos, estaremos pendientes de ti.

Es buena idea que retomes tu falso romance con Felipe,

le tenía muy abandonado.

Es cierto, pero...

no podía salir, el miedo a Caron o a don Marcos

me atenaza, y son demasiados enemigos.

Insisto en que se sosiegue,

nos tiene a nosotros.

No lo dudo, pero...

no dejo de pensar en lo que podrían hacerme cualquiera de los dos.

Marcos es un hombre cruel y vengativo,

y Caron tiene detrás la fuerza de todo un estado.

Créame, no tiene nada que temer.

Por mucho que me lo repita, no voy a dejar de sentirme desprotegida.

No se lo digo gratuitamente, tenemos un plan.

¿Un plan? ¿Qué plan?

De momento, es mejor que no sepa nada.

Basta con que confíe en nosotros y mantenga la calma.

No sé si podré hacerlo.

Voy a por agua, tengo la garganta seca.

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general! -¡Vamos!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Ya, ya, ya! ¡Silencio, silencio!

¡No permitiré que haya altercados en mi barrio!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Por favor! ¡Silencio!

¡Si queréis pan y justicia,

volved a vuestras casas y a vuestros trabajos!

Soy el diputado Antonio Palacios,

y os prometo que mi partido tendrá en cuenta

vuestras reclamaciones, siempre que no uséis la violencia.

-¡No le hagáis caso, es un reaccionario!

¡Está vendido al patrón!

¡Justicia social, revuelta general!

¡Por favor, ya!

¡Pero ¿no os dais cuenta...?! ¡Ya!

¡Así solo conseguís más detenciones y más heridos!

¡Estas no son formas de conseguir el progreso!

¡Pan y libertad, salario legal!

-¡Se acabó!

-¡Pan y libertad, salario legal!

(Silbato)

¡Pan y libertad, salario legal! -¡Vamos, corred!

(Gritos y alboroto)

¡Corred! -¡Vamos, camaradas, corred!

(Silbato)

(Silbato)

(Silbato)

¡Don Antoñito, don Antoñito, ¿está uste bien?!

Levántese.

¿Y ese golpe? Por esa brecha se le ven los sesos.

No ha sido para tanto. -Siéntese, no vaya a caerse.

Que no, que ha sido un rasguño.

Si está sangrando más que un gorrino.

¡Ya, que se acabó!

(RESOPLA)

-"¿Qué vamos a hacer ahora?".

Me preocupa lo que pueda pasarle.

Lo primero es mantener la calma y seguir con lo que hemos planeado.

Tenemos que adelantarlo todo,

cuanto antes actuemos, menos peligro puede correr.

Está bien, hablaré con Cuevas para que actúe hoy mismo.

Si Natalia sale a pasear por el barrio,

será el momento perfecto para que ocurra delante de todos.

Sí, es una buena ocasión.

Espero que no corra ningún peligro.

No tiene por qué, todo está bien planeado.

¿Por qué no le contamos lo que va a suceder?

Es mejor mantenerla al margen.

Es fundamental que los vecinos crean lo que está pasando,

si ella lo sabe, no se sorprendería y podría generar dudas.

Sí, va a ser una sorpresa para ella y para todo el mundo.

Todo va a salir bien.

Espero que Cuevas y sus hombres cumplan lo pactado...

o se las verán conmigo.

"No es el ramo más bonito del mundo, pero sí el más sincero".

Las he cogido con mis manos.

Eso es lo que lo convierte en el más bello.

Has cambiado, antes no eras tan romántico.

Solo hay una cosa que hace cambiar a un hombre, el amor.

"Anabel, ¿me harías el hombre más feliz del mundo"

convirtiéndote en mi esposa?

Señorita, parece que se le ha ido el santo al cielo.

Tengo que confesarle que no dejo de pensar en cierta persona.

Es de suponer que se trata de don Aurelio.

¿Está muy enamorada de él?

Sí, mucho, estar junto a él me llena de felicidad.

Me figuro que haría lo que fuera por él.

Supongo que sí.

Cuénteme.

¿Cómo la trata?

Me temo que eso me lo guardaré para mí.

Le agradezco que me cubriera tras la visita de Aurelio.

No hay de qué. Puede contar con mi confianza.

Le soy tan leal como si fuera su mejor amiga.

Es una suerte tenerla en casa.

Mi mayor interés es que sean felices.

Para nada quiero disgustar a su padre.

Sé que no va a aceptar esta relación.

Lo sé, está cegado con eso.

Pero anímese,

con el tiempo terminará claudicando

y dará su bendición a esta relación.

No le quedará otra.

El amor que sentimos es auténtico

y no pienso renunciar a él pase lo que pase.

En ese caso, antes o después, entrará en razón.

Estoy segura.

Rezo por que no se equivoque.

Vamos a estar las dos juntas, no se preocupe.

Gracias, Soledad.

(Jaleo y alboroto)

¡Vamos, corred, corred!

(Silbato)

Está el vecindario en vilo por los disturbios.

Sí. La situación es muy grave,

pero hay que reconocer que los huelguistas tienen razón.

Hay familias que se matan a trabajar y no tienen que llevarse a la boca.

¿Sabe lo mucho que ha subido el precio del pan?

Suerte que no le escuche su hijo. -Calle,

no me lo recuerde, que menudo susto nos dio cuando llegó a casa

como si fuera un herido de la guerra de Marruecos.

¿Está restablecido?

Más o menos.

Le dieron un buen golpe, pero, afortunadamente,

no creo que haya hemorragias internas ni nada por el estilo.

Me alegro que no tenga nada de enjundia.

Él está bien, al menos físicamente,

pero por dentro está furioso.

Está más dolido en su orgullo y en sus convicciones

que en las magulladuras.

Pues que le pasen a uno por encima no es poca cosa.

La suya fue una reacción muy irreflexiva,

no se puede dar un discurso a esos exaltados.

No era el momento ni el lugar para detener a esa gente.

Lo que temo es que se radicalice más

y en vez de apagar el fuego, eche más leña.

Señores, qué bien que les encuentro.

Tengo que tratar con ustedes un asunto de importancia capital.

Se han recrudecido los disturbios. -¿Hay más heridos?

¿Qué heridos ni que niño muerto?

Yo vengo a hablarles del concurso del Churro va de Navilla del Rio.

¿De qué puñetas nos está hablando?

Del famoso concurso, vengo a proponerles que se unan al equipo

para tan noble disciplina.

Pero ¿eso no es un juego de niños?

No, qué va, puede ser de lo más competitivo.

Y no me extrañaría

que se incluyera en los próximos Juegos Olímpicos.

A mí eso del Salto del churro me suena a masa frita.

Que no, que es un asunto muy serio, don Ramón.

¿No le gustaría ir a ver

la maravillosa pedanía de Naveros del Río:

La Navilla del Rio, es más pequeña, pero no menos gloriosa.

Déjate de frivolidades, Servando.

Lo que es serio es lo que está pasando a nuestro alrededor

y no las fiestuchas de un pueblo perdido de la mano de Dios.

Qué "fiestucha", no, no, no.

Esto es un concurso milenario

de antes de que llegaran los romanos a España.

Y si ganamos la justa lid,

bueno, seremos recompensados...

con la banda churrera y nuestro peso en castañas.

Ya está bien, Servando. Seamos serios, por favor.

¿Crees que vamos a estar dando saltos unos encima de los otros

por esos campos donde Cristo perdió las tres voces?

¿No les gustaría a ustedes ser condecorados

por el alcalde pedáneo de Navilla del Río?

Yo declino ese honor.

¿Y usted don Ramón?

Yo, en casa,

con Lolita y las tonterías de Cabrahígo tengo suficiente,

así que, a otro perro con ese hueso.

Pero... Pero ¿no se lo van a pensar mejor?

Servando, no necesito ni un segundo de reflexión para decirte que nones.

Buen día.

Ay...

Vaya, Servando,

siento que los señores le hayan dado calabazas con lo del concurso.

No puedo entender que unos señores tan cultos,

pueden rechazar con esa alegría una tradición tan milenaria.

No se me amostace, que ya encontrará quien les sustituya.

Ya, pero... no va a ser tan fácil,

yo contaba con la agilidad de don Liberto

y la astucia de don Ramón.

Es que... el Churro va no es pa pusilánimes, ¿eh?, es que...

Buenas, Ramón, ¿cómo estamos? -Ignacio, ¿cómo estás?

Muy bien, muy bien, ahí vamos.

¿Adónde va tan apurada?

Déjeme en paz.

Si nos ven hablando, voy a meterme en problemas.

Le estoy saludando.

Y poniendo en peligro mi misión, así que humo.

No se ponga tan farruca, me da que tiene asuntos que ocultar.

Ni entiendo lo que dice ni tengo tiempo para sus sandeces.

He preguntado a mis antiguos compañeros de la policía

y nadie me ha sabido dar cuentas de usted

ni de su misión secreta en el restaurante.

¿No será usted una aficionada...

o... acaso una farsante?

A lo mejor es que usted es un detective de pacotilla

sin contactos de enjundia. Está muy mal informado.

No, no ponga en duda mis fuentes.

Me parece que le voy conociendo,

es un pobre desgraciado que disfruta entorpeciendo misiones importantes

por puro resentimiento.

Si es así, yo misma me encargaré de que le den un buen escarmiento.

-Sí, por supuesto, director,

es imprescindible que el artículo salga lo antes posible.

Claro, si es en primera plana, mejor que mejor.

Por supuesto, que aparezca mi firma,

no soy yo de esconderme en el anonimato.

Perfecto. Muchas gracias.

Padre, el director de "El Noticiero"

me asegura que mi artículo saldrá en la edición de mañana.

¿No crees que es muy pronto?

Tal vez deberías pensar en la situación

y reescribir este artículo. -No pienso cambiar ni una coma.

Esta es mi respuesta a los agitadores y violentos

que han puesto al país en jaque. ¿Le parece mal?

Me parece una soflama conservadora y fanática contra los revoltosos,

que confunde churras con merinas,

que está repleta de gravísimas acusaciones

y que no hará sino aumentar este conflicto.

Es que es usted muy blando, padre.

No se trata de ser blando, se trata de que este conflicto

solo se va a resolver apelando a la razón,

¡y no a la fuerza!

Lo que yo pido es circular por la calle tranquilamente, padre.

¿O quiere que esto termine como la Semana Trágica de Barcelona?

Eso no lo puede desear nadie en su sano juicio.

¡No podemos transigir con el desorden,

y hay que terminar con esto! -Hijo mío,

las reivindicaciones de los huelguistas son justas.

Esas personas trabajan y viven en condiciones miserables,

y solo reclaman un poco de dignidad para ellos y pan para sus hijos.

Pues que reivindiquen lo que quieran, pero en sus casas.

¿Crees que alguien les haría caso si reclaman con esa tibieza?

¡Está justificando la violencia que casi me manda al cementerio!

Es cierto que te han dado un buen golpe,

pero no tenemos que lamentar una desgracia.

Para mí sí ha sido una desgracia.

¡Hay que tener mano dura, punto! -Antonio,

si la única respuesta que recibe esa gente

son golpes y detenciones, esto terminará muy mal.

Que termine como tenga que terminar, padre,

pero el orden debe prevalecer.

Espero no llegar a verlo, pero como esto siga así,

este país va a terminar con sus hijos enfrentados

en un auténtico baño de sangre.

No será culpa nuestra. -No se trata de culpas,

se trata de que no llegue tan aciago momento.

En nombre de la paz,

te ruego que no contribuyas a ese tremendo disparate

y retires este artículo antes de que llegue a las rotativas.

Lo siento pero no, padre.

Mi artículo saldrá publicado y no hay más que hablar.

(EXHALA)

Qué tiempos tan negros se avecinan.

Buenas, Alodia. ¿Has visto a Jacinto?

Espabila, muchacha, que estás en la nubes.

¿Quería algo, Fabiana?

Vaya, además de distraída, sorda.

¿Has visto a Jacinto?

Está por ahí detrás arreglando una gotera.

Como no arreglen este techo, un día se nos cae y tenemos una desgracia,

las vigas son de cuando reinaba Carolo.

Bueno, ¿y qué haces tú aquí a estas horas y así vestida?

¿No deberías de estar en casa de tus señores?

Los señores no me necesitaban y me he subido a descansar un rato.

¿A estas horas ya libre? Eso no te lo crees ni tú.

No te tenía yo a ti por una gandula.

Como que no lo soy, seña Fabiana.

¿Qué mosca le habrá picado a esta?

Hola, seña Fabiana. -Muy buenas, Jacinto.

¿Qué, ya ha terminao uste la chapuza?

Más o menos.

Ya no hay gotera, al menos hasta las próximas lluvias.

Pues yo le andaba buscando a uste.

Si es pa que le arregle algo, pídaselo a Servando,

que luego me dice que le quito el trabajo,

como si a él le gustara hacerlo.

Es para pedirle un favor, pero no de ese tipo.

Verá, Servando anda desesperao buscando gente

que participe en el concurso del pueblo ese.

No me extraña. Eso del Churro va es muy extraño,

y hay que viajar mu lejos.

Sí, el asunto no tiene mucho sentido,

pero ya sabe cómo es Servando con las cosas de su terruño.

En fin, que tiene que ayudarle.

No sé cómo.

Buscando gente para su equipo.

Hoy se lo ha dicho a don Ramón y a don Liberto

y se han marchado haciendo fu, como el gato.

Normal.

No me imagino a dos señores rebajándose a esas simplezas.

Pues habrá que encontrar a otros que sí lo hagan.

No se me ocurre quién.

Será mejor dejarlo pasar y esperar a que se le olvide a Servando.

Como está triste con to esto,

no da pie con bola en la pensión y ya me tiene loca.

Fabiana, está uste aquí.

¿Sabe dónde hemos metido el café?

No lo encuentro y la gente me está pidiendo café solo y con leche.

Ay, hombre de Dios.

¿Dónde va a estar?

Junto a la cafetera, hombre, donde siempre.

Ah, sí, qué despiste. ¿Cómo no habré caído?

Me pego unos paseos más tontos...

¿Ve lo que le digo? -Espere, Servando.

Anime esa cara, que le voy a ayudar a reclutar gente

para el Churro va.

Vamos a hacer un equipo mejor que el del Athletic.

¿De verdad vas a hacer eso? Sí.

Se van a enterar esos de La Navilla del Rio,

les vamos a dar una paliza

de las que se escriben en los libros de historia.

Vamos, que tenemos que reclutar gente.

Venga, vamos, suelta eso. Vamos, que llegamos tarde.

Menudo socio tengo, es igualito que un niño chico.

(SUSPIRA)

Eh, vamos.

-Digo yo que podíamos parar a tomar un refrigerio.

-Estaría bien, no todo es trabajar.

Tengo la boca como un zapato.

-Aquí mismo, para aquí mismo. -Quieto.

-¿Aquí mismo? -Aquí mismo.

-Eh, quieto. -Eh.

Quieto aquí, Febrín. -Quieto.

-Eso es, mi niño guapo.

-Venga, vamos. -Vamos.

Febrín.

Mi niño guapo. -Muy bien, músico.

Oye, que digo yo que igual esta noche

podríamos celebrar lo bien que marcha el negocio.

¿Lo dices en serio? -Sí.

¿Sí? -Sí.

Conozco un cabaret donde hay una muchacha de muy buen ver

y de buen tocar también.

Me parece bien si son de esas que van ligeras de ropa.

Y por lo visto, te enseñan hasta las rodillas.

¡Buah!

A ver qué llevan estos dos en el carro.

Que lo disfruten estos dos cristianos.

(Risas)

A ver, ¿qué has traído? -Pues te he traído...

un bocata de queso.

Y tengo... -Poca cosa.

-...un bocata de chorizo. ¿Cuál quieres?

Chorizo.

Pues venga, toma el de queso. (RÍE)

Florencio.

¿Qué demonios es esto?

No puedo dejar de pensar en Miguel.

A mí me pasa lo mismo,

hoy no paraba de equivocarme con los platos de los nervios que tengo.

Espero que esté bien.

¿No ha sabido nada de él?

Lo mismo que tú,

que iba de comisaría en comisaría atendiendo a los detenidos.

Mal día para andar por esos lares,

los ánimos están muy revueltos. -Sí, y tanto,

se expone a llevarse un porrazo por parte de algún policía

que no distinga entre manifestantes y letrados,

o a tener un grave enfrentamiento con algún comisario o algún juez.

Es a lo que le conduce su idealismo.

Que ya se podía haber despertado en momentos menos comprometidos.

Me temo que de esos vamos tener pocos.

Esta situación no se arregla de un día para otro.

Nos ha tocado vivir tiempos convulsos.

¿Y a quién no? En todas las épocas cuecen habas.

Sí, pero ya le podía haber dado a mi nieto por defender

a potentados o a grandes señores.

Será una causa menos noble,

pero se gana mucho más dinero y se vive más tranquilo.

No veo a don Miguel tratando con esas gentes,

tiene demasiado buen carácter.

Oh, estoy hasta el moño de esta maldita bodega.

Ya sabemos de quién no lo ha sacado.

-(SABINA ESTORNUDA)

Tanto polvo me hace estornudar como una posesa.

Tenga cuidado, no vaya a ponerse mala.

Hay cosas aquí que me ponen mucho más enferma que el polvo.

Estoy derrengada, pero feliz como una colegiala de vacaciones.

Es la satisfacción del trabajo acabado.

Digo. Y bien hecho.

Estoy muy contenta con las canciones.

Aunque no creo que pueda cantar ni una nota más.

Este disco se va a vender como rosquillas en un día de feria.

Has estado sublime, gitana.

El Chico Ortega y el Niño de la Cruz no se han quedado atrás,

sin ellos, no habría sido lo mismo.

Estas grabaciones van a marcar un antes y un después

en la canción española.

Ya estás con grandilocuencias,

lo importante es que ha quedado fetén

y que mis seguidores van a poder disfrutar de mis canciones.

Le has dao un buen repaso a tu carrera.

Es un bonito broche para toda una larga carrera.

Chist, que ya ha terminado. -De eso nada.

Te quedan a ti muchas canciones por cantar

y muchos aplausos que recibir, si todavía eres un pimpollo.

Digo, a puntito de secarse.

Ya empiezo a ser más vieja que el hilo negro.

No digas bobadas.

Alodia, trae algo para picar, que tenemos que recuperar fuerzas.

Parece que no está.

¿Cómo no va a estar a estas horas con toda la tarea que tiene?

¡Alodia!

¡Ignacio! ¿No hay nadie en la casa?

Por lo visto nos han dejado solos.

¡Qué lástima!

Yo quería tomar algo para celebrar tus triunfos,

los pasados y los futuros.

Se me ocurre ahora que no hay nadie, otra forma de celebrarlo.

¿Sin infusiones ni nada?

Anda, que yo pa animarme solo necesito a mi hombre.

Vamos. (RÍE)

Cuidado con el esternocleidomastoideo.

¡Anda! -Eso dice tu sobrino.

(RÍEN)

¿Nos vas a explicar o no nos vas a explicar

a qué ha venido ese desaire?

Por mí encantada, pero lo mismo a alguien le escuece.

Diga lo que tenga que decir,

es mejor que esas cosas no se queden dentro.

También estoy preocupada por Miguel, pero no por las manifestaciones.

Me inquieta que pueda caer en manos de esta mala mujer.

Por favor, Sabina, compórtate. -No quiero.

¡Daniela trata de sacar provecho de nuestro nieto!

Se equivoca, mi interés no tiene nada que ver con el dinero.

¡Y un cuerno! ¡Tú no tienes donde caerte muerta

y él es un abogado de éxito

y el heredero de nuestros ahorros, que no son pocos!

Las fulanas como tú tienen un nombre.

Ya está bien, Sabina, estás sacando los pies del tiesto.

No estoy diciendo nada que no sea cierto.

Esta es una buscavidas, ¡yo la tengo muy calada!

¡A mí no me ha faltado nunca de nada!

¡Mi familia es tan buena como la que más!

¿En qué quedamos?

¿No decías que tu familia ya había emigrado a España

porque tu madre era de aquí?

¿O eso es otra de tus mentiras?

Me entendería usted mal. -Oh.

Mi familia sigue allí.

Si me disculpan, voy a atender la terraza.

¿Qué te parece tu camarera?

-¿Qué me va a parecer? Que oculta algo,

al menos, en lo que respecta a su origen.

Ya no sé si es italiana, suiza o española.

Cualquiera sabe.

Lo que si te puedo asegurar es que es una embustera,

¡y para colmo, nos quiere meter entre rejas!

Maldita sea.

Se me hace muy complicado verle.

No ha pasado ni un día desde que me llamó, y aquí me tiene.

No puede tener queja.

Según se mire, sus servicios no me resultan precisamente baratos.

Puede prescindir de ellos cuando quiera.

No se haga el ofendido y escúcheme.

Los planes que le conté sobre Natalia Quesada...

han de acelerarse, no pueden demorarse más.

¿Eso quiere decir que nos vamos a dejar de remilgos y pasar al ataque?

Eso es.

Cueste lo que cueste comprar las voluntades necesarias.

Voy a necesitar más dinero.

¿Le parece poco el que ya le he adelantado?

No es sencillo lo que me pide.

Está bien,...

dispondrá de más fondos.

Quiero darles una severa lección a los Quesada

y quiero hacerlo más pronto que tarde.

Se hará como pide,... pero... cuente con cierta demora.

Es un gusto verle otra vez tan animado.

Estoy muy contento con Natalia.

Y creo que la atracción es mutua. Espero que le vaya bien con ella.

Aunque le veo dudar.

¿No cree que sus sentimientos sean sinceros?

No, no es eso.

Creo que los sentimientos son correspondidos,

pero últimamente la noto decaída, apenas sale de casa.

Está a tiempo de ir a buscarla.

No quiero que piense que le estoy metiendo prisa.

En ese caso, puede esperarla en la puerta del restaurante.

Verle esperándola, tal vez le dé la seguridad que necesite

y le cuente lo que le ocurre.

Tiene razón. Gracias por sus consejos.

Con Dios. Con Dios.

-"No se enfade conmigo,"

si forzamos la situación, nos podemos encontrar

con que no tenemos los apoyos que necesitamos.

No quiero escuchar más excusas.

He puesto a su disposición una fortuna, tiene que actuar ya.

Le ruego que me comprenda, lo que me pide es imposible.

O hace lo que le pido, o hablo con los que le recomendaron

y recibirá un escarmiento que no olvidará nunca.

¿Lo ha entendido?

¿O necesita que se lo traduzcan?

No, no.

Lo he entendido a la perfección.

Me pondré en marcha inmediatamente.

(Motor de coche)

¡Natalia! ¡Eh, eh!

¿Qué ha dicho la policía? Nada, como de costumbre.

No creo que tenga noticias de los hechos.

¿Te duele?

No.

¿Se fía usted de ese mancebo de droguería?

Es avaricioso.

Por el dinero que le he prometido, dirá la verdad.

Quién compró el preparado que mató a Felicia.

Y quién le pagó para que dijera que fue Natalia.

Ambos nombres coincidirán, ya verá.

Voy a pensar seriamente acabar con ese policía asqueroso.

Ya no es policía.

Pero sigue actuando como si lo fuera,

lo que significa que lo lleva en la sangre.

Estaría mejor muerto.

-Deja de publicar barbaridades.

Cada vez que dejo de escribir en el periódico, reciben cartas

pidiendo que vuelva a hacerlo.

Muy bien. También es la última vez que voy a decirte esto.

Te estás exponiendo a Dios sabe qué.

-"Déjeme seguir husmeando, tengamos paciencia".

"Si hay algo que reprocharle a su sobrino, lo averiguaré".

Con Dios. -Con Dios.

Vamos a descubrir cuanto antes en qué anda metida la tal Daniela.

Si es que se llama así.

¿No crees que esconde algo?

De eso me has convencido.

La cantidad acordada.

Antes quiero escuchar el nombre de quien te encargó el compuesto

para envenenar a Felicia.

Y también el de la persona que te pidió que acusaras en falso

a Natalia Quesada.

Se lo contaré todo.

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Acacias 38 - Capítulo 1379

30 nov 2020

El Bacigalupe calma venganza y llama a un interlocutor, al que insta verse cuanto antes. También le propone a Méndez sobornar al mancebo para que revele quien la manipuló. Por su parte Natalia le cuenta su plan con Felipe a Genoveva, que le anima a salir y perseverar. Genoveva activará a Cuevas para que actúe esa misma tarde. Anabel se emociona con la pedida de Aurelio. Felipe evita el secuestro de Natalia.
Las noticias de la huelga llegan a Acacias y Antoñito le recrimina a Miguel habérselo ocultado. Alberto quiere que Miguel le acompañe a comisaría. Antoñito recibe una pedrada intentado disolver un piquete.
Ignacio se retira despreocupado tras su encuentro sexual con Alodia. A la criada se le viene el mundo encima al ser consciente de lo sucedido. Los señores rehúsan colaborar en la competición de Servando, y Fabiana se entristece por él. Méndez descubre lo que Ignacio y su amigo llevan en el carro.

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