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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1375 - ver ahora
Transcripción completa

Pronto encontrará a la persona, y al hombre,

que la cuide y la respete.

¿Usted cree que puedo encontrarlo?

Estoy seguro de ello.

Mi trabajo es examinar los contratos de la empresa.

Yo te voy a decir en qué consiste tu trabajo.

Es también ocuparte de mi hija. ¿Cómo la vas a controlar?

¿Cómo la vas a proteger de Aurelio? -Creo que se equivoca de persona.

¿Estás dispuesto a perderme?

-No quisiera tener que hacerlo. Pero, si esto sigue así,

no quiero permanecer junto a ti.

Pero ¿cómo puede pensar que Daniela es una espía de la policía?

Dice que desde que llegó

se está cerrando el círculo sobre nosotros.

Y cuando se le mete algo a tu abuela en la cabeza,

no hay quien se lo saque.

Le llamo porque quiero que nos veamos mañana mismo.

Le he adelantado mucho dinero

y necesito cerrar este asunto cuanto antes.

Mi socia no va a seducir a nadie.

No veo por qué no iba a hacerlo. Porque tú eres mía.

Quién me iba a decir que debajo de esa cara tan angelical

había tanta pasión.

Puede que tú tengas algo que ver.

Hay que reconocer que sabes seducir a los hombres.

¿Recuerdas cuando me dijiste que eras menos osada que yo?

(ASIENTE)

Fue el día en el que nos hicimos amantes.

Y sellamos nuestro pacto.

No soy tan osada como usted.

Pero también le admiro mucho.

¿Socios y algo más?

Socios

y algo más.

Juntos acabaremos con Marcos Bacigalupe.

No le dejaremos ni un céntimo en sus bolsillos.

La empresa será solo nuestra.

Celebraremos todos nuestros éxitos.

Juntos seremos invencibles.

Nunca llegué a creer aquella promesa tuya.

Pero debo confesar que te has revelado

como una amante fuera de lo común.

Estoy en tus manos.

Lo sé.

No es la primera vez que me lo reconoces.

(RÍEN)

Confío en que esto no ponga en peligro lo que tenemos en común.

Ni un ápice. Y no solo no cambiará nada,

sino que le dará cierto morbo a todo este asunto.

¿Tanto le importa?

Digamos que es la guinda del pastel.

He de confesar que me inquieta mucho

hasta dónde es capaz de llegar mi socia.

Socia...

y algo más.

Lo que sea menester.

Me encanta hacer negocios contigo.

El sentimiento es recíproco.

Y lo mejor de todo,

es que nadie tiene ni idea... de lo que preparamos.

Ni de lo que disfrutamos haciéndolo.

¿Llegarás hasta el final?

Te lo prometo.

¿Sigues dispuesto a llegar hasta el final?

¿Tú qué crees?

Mucha gente sufrirá

y puede que lleguemos a cobrarnos algunas vidas.

No me importa.

El mundo es de los audaces.

Audaz sí que eres.

Quiero el dinero. Todo.

Queremos lo mismo. Por eso somos socios.

Socios... y algo más.

Por mucho tiempo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Oye, échame una mano, ¿quieres?

Acércame la talega de la harina.

Ten.

¡La madre que te parió, Alodia,

que me has dado el azúcar en lugar de la harina!

¡Ay, Dios mío de mi vida! Menos mal que esto se puede quitar.

Tú no sabes la bronca que me hubiera echado mi señora.

Me culpa a mí de sus gorduras.

No.

No has podido ser tan tonta.

No ha pasado na, Casilda.

No ha pasado, pero sí ha pasado.

Tú te has dejado burlar por el señorito Ignacio.

Como si lo viera.

No me ha burlado ni na de eso, de verdad.

Alodia, por Dios,

traes una sonrisilla de lela que no puedes con ella.

¡Estás con la cabeza a pájaros!

A mí tú no me engañas. Yo he sido una mujer casada.

Que no ha pasado na.

Pero vamos, que tampoco sería tan raro, ¿no?

No sé, algún día podría pasar.

¡La madre del cordero!

¿No le parece intolerable?

Intolerable no sé si le parece,

que no conozco a don Miguel lo bastante,

pero sí lo suficiente para saber que no le ha hecho gracia.

El pan ha subido casi un 100 %. La manteca, cerca de un 60.

Mientras que los jornales se mantienen,

cuando no bajan.

Es imposible para los trabajadores vivir así.

De ahí que el descontento popular vaya creciendo día a día.

¿Desean algo para comer?

No, gracias.

Miguel,

¿estaría dispuesto a ayudar a esos trabajadores?

¿Cómo?

He venido a hacerle una propuesta

que bien podríamos llamar...

arriesgada.

Dígame.

Debo asegurarme de que todo lo que le cuente quedará entre nosotros.

La duda ofende.

Sabía que podía contar con usted.

Todos los sindicatos nos hemos puesto de acuerdo

para organizar una huelga la próxima semana.

¡Uh...! ¿Una huelga?

Y con el acuerdo de todas las organizaciones.

Eso sí es histórico.

La mayoría de las veces priman los intereses particulares.

Supongo que si el paro va adelante, habrá problemas de orden público.

Es la única manera de que nos escuchen los patronos y el gobierno.

Ya, pero...

habrá detenidos, heridos e incluso muertos.

Los compañeros son conscientes.

Son hombres y mujeres decididos y firmes en sus convicciones.

No se echarán atrás.

Saben que las mejoras solo se consiguen con sacrificios.

Entre los que se encuentra la cárcel y...

puede que por muchos años.

Precisamente por eso estoy aquí. -¿Por la represión?

Detendrán a muchos en los tajos y en las calles

y la reacción aprovechará para acusar a los dirigentes

de los cargos más graves que se les ocurran.

Necesitamos abogados que presten asistencia a las comisarías.

-Cuente conmigo.

-Espere, Miguel. No he terminado.

Los abogados que reclutemos tendrán que impedir

que se cometan abusos con los detenidos.

Evitar que sean torturados.

Vamos, que hay que mojarse.

¡Felipe!

Me ha pillado usted completamente desprevenida.

Discúlpeme por presentarme sin avisar.

Ha sido un impulso.

Debo decirle que está usted hermosa.

Gracias.

Pase, por favor.

¿Quiere sentarse?

No, gracias.

Aún no sé el tiempo que me voy a quedar.

Seguramente poco.

Iba camino de visitar a un cliente

y he decidido subir a ver cómo se encontraba hoy.

¿Quiere tomar un café, un té?

No, gracias.

Prefiero charlar un rato con usted.

Insisto, siéntese conmigo.

Bueno,

aún no me ha dicho cómo está.

¿Cómo va su recuperación?

Pues cada vez mejor,

con más ganas de hacer cosas.

Normal en una mujer de su edad.

¿"De su edad"?

Ni que fuera usted Matusalén.

(RÍE)

Si tiene tantas ganas de salir y divertirse,

avíseme cuando esté totalmente recuperada.

La llevaré a dar un paseo por la ribera del río.

Fíjese usted que no está muy lejos el río.

Tiene razón.

No hay mucho misterio ni mucho exotismo en nuestro río.

No, no, ni aventura.

Tampoco, estoy completamente de acuerdo.

Le voy a hacer una promesa.

Si supera la prueba del riachuelo,

la llevaré a navegar por el Mediterráneo.

¿Tiene usted un barco en el Mediterráneo?

Bueno, sería en un bote y me lo prestarían unos amigos.

Yo solo pongo el mar.

Me encantaría navegar con usted.

Hemos congeniado muy bien usted y yo,

¿no cree?

Así es.

Supe que seríamos amigos,

buenos amigos,

desde la cena que me ofreció usted.

Creo que Miguel y Daniela también lo notaron.

Sí, me sorprendió que Miguel colaborara.

Creía que me tenía entre ceja y ceja.

Que me odiaba, vamos.

Como es tan íntimo de Antoñito...

Me tiene mucho aprecio.

Soy como su mentor ahora que ha empezado a ejercer.

Bueno, aunque Miguel haya cedido,

la gente en general, los vecinos,

no creo que vean con buenos ojos nuestra relación...

de amistad.

A mí me consideran poco más que una perdida

y usted tiene fama de mujeriego.

Sin contar que está casado.

Y nada más y nada menos que con Genoveva,

a la que todo el mundo teme.

Para colmo.

Verá, Natalia,

supongo que sabe que entre Genoveva y yo

solo existe el odio más absoluto.

Y que,

algún día,

nuestro matrimonio se romperá.

Con la Iglesia y con sus plazos hemos topado, ¿no?

Llegará algún día.

Aunque entendería perfectamente que usted

no quisiera seguir cultivando nuestra amistad

mientras esté casado.

No, no, no. No.

Nadie puede escoger mis amistades.

Eso es lo único que le pido.

Que...

que nos contemos nuestras alegrías

y nuestras penas.

Que nos sigamos conociendo.

Poco a poco.

Sin precipitarnos.

¿Quiere que le confiese

algo muy íntimo?

Sí, sí.

De eso estamos hablando, ¿no?

De confiar el uno en el otro.

Hay dos razones por las que,

de momento,

prefiero no seguir adelante.

La primera, porque la pasión

siempre ha terminado por romper mis relaciones.

Y la segunda,

porque no quiero hacerle daño.

Ni quiero que se lo hagan por estar conmigo.

No quiero comprometer su futuro.

Ni, eventualmente,

el que podríamos tener juntos.

Prefiero esperar.

¿Y sabe por qué?

Porque usted me gusta, Natalia.

Me gusta de verdad.

Como persona y...

y como mujer.

Yo siento lo mismo.

Nada me haría más feliz que...

que ir despacio.

Lo que tenga que venir

vendrá.

Debo irme.

Lo lamento.

Con Dios.

Le acompaño a la puerta.

¿Adónde vas?

¿A qué viene esa pregunta?

Salgo a pasear todos los días a estas horas.

¿Con Miguel?

¿Como me dijiste ayer?

No me trates como a un imbécil.

Me imagino con quién pasas esos ratos de paseo.

Anabel, si no pones freno a tus andanzas,

esto va a acabar en tragedia.

No me digas después que no te lo advertí.

Pero cojan otro bollo, no sean tímidas.

Están muy esponjosos.

Los hace Casilda con una receta mía.

Sí, sí, si están deliciosos,

pero me va a perdonar porque yo ya no puedo más.

A mí sí que me siguen llamando

y me cuesta no contestar, no se crea.

Pero debo resistir,

que pronto empezaré a salir en público

para ver si sé vender discos.

¿Y hoy no graba?

Más tarde.

Han tenido no sé qué de un contratiempo

con los aparatos.

Bueno, he oído que la cosa va bien.

Vamos, que está usted satisfecha.

¡Más que satisfecha!

El repertorio ha sido muy elogiado por músicos y entendidos.

Y mi interpretación también, ¿eh?

Ahora, las grabaciones, hija, me tienen baldadita.

Pues ahora que lo dice...

No quería sacar el tema por no ofenderla,

pero ya que lo hace usted...

Últimamente la noto como cansada.

-¿Mala color? -Sí.

¡Uy, esas bolsas en los ojos!

¡Tremendas, Bellita!

¡Y qué color nazareno!

¡Ay, Rosina, qué exagerada que es usted!

No, no, no, déjela, déjela, si es que me las empolvo.

Pues no lo haga y duerma más y mejor.

(RÍE) Dígaselo usted a mi José,

que entre arranques y ronquidos me tiene despierta hasta las tantas.

Pues mire, Lolita y yo vendemos en la mantequería

un preparado que es prodigioso.

Te da fuerza y te da energía.

No soy yo partidaria de mejunjes raritos.

-No, ni yo tampoco, pero esto no es nada raro, ¿eh?

Vamos, que yo lo tomo y...

aguanto el día mucho mejor, ¿eh?

Siendo así y con su recomendación,

ahora bajo donde Lolita y que me las despache, ¿eh?

Bueno, y ya que voy a empezar a cuidarme un poquito más,

también me puedo permitir otro pecadillo.

Y usted también, ¿eh?

¡Venga, Carmen, peque!

¡Ande!

Venga, va.

(RÍE)

Su limonada.

Gracias.

Me va a decir que me meta en mis asuntos,

pero se le ve preocupado desde lejos.

Creo que tenemos la confianza suficiente

como para hablarnos sin tapujos.

No me pasa nada.

¿No será que lo que le ocurre a sus abuelos

es tan grave como para no hablar del tema?

He acertado de casualidad.

No.

No ha acertado.

O no del todo.

Mis abuelos tienen sus preocupaciones

y yo tengo otras.

Preocupaciones propias.

Las que le ha traído su amigo Alberto.

En parte sí.

La lucha sindical es justa, de eso no cabe duda.

Y me gustaría poder defender a los trabajadores.

Parece arriesgado en lo económico.

Por no hablar de los problemas que le va a traer a usted la policía.

No he dicho que sí.

Me he comprometido a defender a Marcos Bacigalupe

para que medre en una empresa inmoral.

Que yo sepa, no le han puesto ninguna pistola en la sien.

No.

Pero es posible que me haya dejado llevar

por un sentimiento falso

de responsabilidad hacia Anabel.

¿Sigue enamorado de ella?

No.

Eso se acabó.

¿Entonces?

No tengo ningún compromiso de ningún tipo con ella.

Es como...

una obligación moral.

Y que no puedo rechazar a su padre.

Don Marcos es mayorcito y capaz de buscarse otro abogado.

¿Me aconseja que sea el letrado de los sindicalistas?

No he dicho eso.

A lo que me refiero es que usted

quiere poner una vela a Dios y otra al diablo.

A los obreros y a los patrones.

Pero escúcheme bien,

no va a conseguir contentar a todo el mundo.

De hecho, va a terminar por defraudar a ambas partes.

Lo dice con conocimiento de causa.

Bueno,

alguna vez me he visto en una situación similar.

Tiene usted un aspecto envidiable, Natalia.

¿De veras?

(ASIENTE) Radiante, lozana.

La encuentro totalmente recuperada.

Y no me refiero solo a físicamente.

Se le nota a usted, no sé,

ilusionada.

Si se refiere a que me gusta cómo estoy ejecutando su encargo,

sí lo estoy.

¿Nos sentamos?

Se estará preguntando usted por qué la he mandado llamar.

Supongo para que le cuente

las novedades con Felipe.

Supone bien.

Genoveva,

quizás el desarrollo de los acontecimientos

va a ser un poco más lento

de lo que esperábamos.

¿Se le resiste?

No sé muy bien cómo explicarlo,

pero que le atraigo no hay duda.

¿Entonces qué es lo que le frena?

Felipe nunca ha sido muy reflexivo a la hora de seducir a mujeres.

Habrá cambiado, no sé.

Lo que sí que sé es que,

por muy fascinado que esté, no se entregará.

Es más, ni siquiera me apremiará

para que nuestra relación avance.

Entonces no se está empleando usted a fondo.

¡Por supuesto que sí!

Me muestro enamorada, rendida a sus encantos,

incluso sometida.

Pero él insiste en que quiere ir más lento.

Felipe siempre ha sido incapaz de resistirse a sus impulsos.

¡Al contrario!

Su seña de identidad es el arrebato, la vehemencia

y, por qué no decirlo, la lujuria.

Serán los años. No.

Los hombres como él se reafirman con la edad.

Sus pocas inhibiciones ceden

y a menudo se ven envueltos

en situaciones incómodas y ridículas.

Le diré lo que vamos a hacer.

Reorganizaremos nuestra estrategia

en función a este nuevo Felipe renacido.

Haré lo que usted me pida.

Sabe que su hermano quiere que engatuse a Pierre Carron.

Pero usted me dijo

que hablaría con Aurelio para disuadirle.

Déjeme terminar.

Creo que si lo hacemos bien,

podríamos matar dos pájaros de un tiro.

No pienso quedar con el tal Pierre.

Escúcheme bien.

Será una especie de atajo

para llegar hasta Felipe con más brío, con más seguridad,

con mayor eficacia

en el éxito de la seducción.

¿Qué quiere que haga?

Piénselo bien.

Podría darle celos a Felipe.

No quiero hacer eso.

¿Por qué no?

El francés es galante y seductor.

Felipe se afrentaría si sabe que le prefiere a él.

Y, casi con total seguridad, le incitaría a entregarse a usted.

No.

Voy a acabar dudando de usted y de su compromiso.

Al final Aurelio va a tener razón.

¿Sobre qué?

Él está convencido

de que se está enamorando de mi marido.

Eso no es cierto.

Natalia, se lo advertí.

Le dije que se andara con mucho ojo.

Le dije que Felipe era un maestro

en las artes del amor y de la seducción.

No me ha seducido.

Usted no me conoce.

Su Felipe no me turba lo más mínimo.

Entonces le resultará muy sencillo seguir mis instrucciones.

Le diré lo que vamos a hacer.

Va usted a enviarle una carta de agradecimiento

a Pierre Carron.

Le dirá que las flores le encantaron

y le invitará a su casa.

Será una velada muy agradable.

Servando,

aquí tiene usted,

un café como le gusta a usted.

Quite, quite eso de ahí.

Con su leche

y su azúcar.

A ver si se nos anima una miaja, hombre.

No sé yo si el abatimiento y la melancolía

se quitan con un café,

por mucha nata que tenga la leche.

(SUSPIRA)

No digo yo que el café sea mano de santo,

pero algo hará, ¿no?

Y yo se lo he hecho con to el cariño del mundo.

Ya, pero es que el agravio ha sido muy gordo, Fabiana.

Servando,

yo no lo he agraviado, ¿eh?

No, ya lo sé.

Usted no sería capaz de hacerme

lo que me han hecho don Liberto y el Jacinto.

Usted no sería capaz de sacarme una fotografía

en un disco mal encarado.

Tampoco ellos lo han hecho aposta, hombre.

No es una pintura.

Es una foto y las fotos sacan lo que hay.

Eso, hala, ya lo ha arreglado usted.

Bueno, Servando, a ver,

lo pasado, pasado está, hombre.

Lo que importa es el disco.

Y, sobre todo, cómo entona usted.

A nadie le importa cómo entona un adefesio

que encima está mirando pa un lado, que parece...

Se le ve media cara pa Aranda de Duero.

¡Hombre, que no!

¿Qué?

Me está obligando a que se lo diga, ¿no?

¿El qué?

Pues que de adefesio, na de na, ¿eh?

Que bien hermoso y agraciado que ha salido usted.

¿De verdad cree eso?

Palabrita del niño Jesús.

Vaya, hombre.

Pues me voy a tomar el cafetito.

¿Se quiere usted creer que esos dos me han hecho dudar de mi apostura?

¡"Iepa-iá"!

Aquí los traigo, bien calentitos.

¿El qué? ¿Los discos?

-Sí. -A ver.

Déjeme uno, hombre.

Nos han dado cuatro, bueno, casi media docena.

Uno pa don Liberto, otro para usted, Servando,

el mío y el que le he enviado ahí a la Marcelina.

-Servando, ¿qué?

¿Ni siquiera le va a echar una ojeadita, hombre?

Vamos, antes me saco los ojos con la cucharilla

y me corto las venas con el mango.

¡Pero si ha salido la mar de resalao!

¿Quién?

¡Servando!

¿Quién va a ser, chorlito?

¿Lo dice usted de verdad?

Que me castigue Dios si miento.

Vamos, casi mejor que al natural.

¡Mire, mire!

De eso nada.

La fotografía no miente.

Si uno es galano,

es galano y no cabe duda.

Vamos, qué gran invento esto de la fotografía, ¿eh?

¡Sí, señor, un gran invento!

Oiga, ¿adónde va?

A la barbería,

para que me sigan cultivando mi empaque y mi gallardía.

-¡Hala! -Vaya con cuidado, ¿eh?

No vaya a hacer muchos destrozos con las damas.

(RESOPLA)

Menos mal que se le convence con muy poco, ¿eh?

No estaba yo muy convencida, no,

porque la verdad es que...

mal sí que ha salido un poco, ¿eh?

Es que de donde no hay no se puede sacar, señora Fabiana.

Don Liberto y usted

no han tenido ninguna consideración con él.

Por lo menos podrían haberle tenido en cuenta la opinión.

Él no se merece esta faena.

¡Quite!

(Relinchos)

(RESPIRA AGITADA)

(Llaman a la puerta)

¡Felipe! No le esperaba.

Discúlpeme por molestarla.

Creo que esta mañana me he dejado una carpeta con unos documentos.

Sí, es cierto, pase.

Cuando me di cuenta, le fui a buscar,

pero ya no le alcancé. Bueno, mejor así.

Así he tenido la necesidad de venir y volver a verla.

¿Se encuentra bien?

Esta mañana parecía...

más vivaz.

No es nada.

Puede que el atentado le esté pasando factura.

Olvídelo.

Pero sí que quería hablarle del atentado.

He estado pensando y no me parece bien

dejar que usted persista en el error.

¿Qué error?

No fue Genoveva quien lo ordenó, como usted cree.

El instigador fue don Marcos.

No me cabe la menor duda.

¿Puedo preguntarle

por qué ha llegado a esa conclusión?

Hay ciertos hechos del pasado que usted desconoce

y que le acusan con fuerza.

Las rencillas entre las dos familias.

No solo.

Hay más.

Pero le pido que confíe en mí

porque ni puedo ni quiero hablar de ello.

En cualquier caso,

¿por qué don Marcos iba a reaccionar ahora

a algo que pasó ya hace mucho tiempo?

Porque a la acusación del pasado se le suma otra en el presente.

Don Marcos cree que fui yo quien mató a Felicia.

¿Por qué?

Lo que importa es que volverá a intentarlo.

Felipe, tengo miedo.

Eh,

tranquila.

Estoy aquí.

Bueno, pues esto por aquí y ya está.

Los chorizos ahí no se ven na, Carmen.

Cámbiemelo por el queso.

-Pero ¿qué más da? Si se ve igual.

-Que sí. -Bueno, hija, aquí.

Magnífica idea esa de exhibir los productos ante el público.

Hay que llamar la atención de los clientes, ¿eh?

¿Verdad que sí? Claro.

El que no llora no mama.

Hay que gritar la mercancía a los cuatro vientos.

A riesgo de que nos llamen verduleras.

Modernas, pero verduleras.

Y a mucha honra, Carmen.

No han acudido a misa hoy, ¿no?

No lo he hecho para avergonzarlas, no se preocupen.

Es que esta mañana estuve hablando con el párroco

y me preguntó por Antoñito.

La verdad, vi al hombre muy decepcionado.

Decía que no había recibido el artículo semanal

con las consignas que le arrebatan.

Si el cura quiere arrebatos, que le dé al tintorro.

¡Lolita!

Perdóneme, pero es que estoy del sayo hasta el moño.

Mire usted, es que...

don Hilario estuvo aquí comentando lo mismo,

que echaba de menos

la literatura tremendista de Antoñito.

Como si la Iglesia y la patria se fueran a derrumbar o poco menos

sin la pluma de mi marido.

¿Qué va a hacer Antoñito entonces? ¿Quedarse en la retaguardia?

¡Dios lo quiera!

No sé si dejará de escribir del to,

pero un poco menos sí, eso seguro.

Mi marido se ha dado cuenta

que con esos artículos solo nos podían traer desgracias.

No se crean que no siento alivio.

Desde luego, artículos y consignas tan incendiarias

excitan el ánimo de cualquiera sin necesidad.

Pues mire,

recuérdeselo usted si lo ve,

porque a mí me da en la nariz que va a volver a las andadas.

¿Y eso por qué?

Porque Antoñito cree que eso suyo es una cruzada,

una carga que le ha impuesto Dios,

una misión divina que consta

en proclamar las verdades a los cuatro vientos.

Yo de eso no entiendo na.

Lo que sí que sé es que el cura le anima

y mi Antoñito le cree

como si este hablara con Dios por un teléfono o algo así.

Lo único que quiere nuestro Señor se supone que es que sus hombres

se preocupen de la paz y la felicidad de sus familias.

Ya.

Don Liberto,

se va a llevar unos pimienticos de Cabrahígo picantes

que esto pa doña Rosina seguro que le va bien.

Muy bien, Lolita, muchas gracias. Lo único que ahora mismo no llevo...

-Yo se lo apunto. -Ya luego mando a Casilda.

Con Dios.

Adiós.

Yo también tuve mis dudas

y le pregunté a Miguel.

Pero no,

los Olmedo no planean ninguna fuga.

Lástima,

porque la huida nos los pondría en bandeja.

Sería como una confesión

y cualquier juez ordenaría su arresto.

O se escaparían.

Han demostrado en numerosas ocasiones

la capacidad que tienen para desaparecer sin dejar rastro.

Esta vez lo tienen más difícil,

por no decir imposible.

Aunque ellos no lo sospechan,

la policía de Suiza detectó la cédula falsa

que Roberto utilizó en su último viaje a Suiza.

¿Cómo han podido identificarla?

Fue la misma que utilizó para entrar en el cárcel

a ver a su hijo y su nuera.

Gracias.

¿Lo sabe la policía española?

Se lo comunicó oficialmente la fiscalía suiza.

Lo que no hemos podido establecer

es la relación entre Roberto y la cédula.

¿Cómo es eso?

Bueno,

sabemos que un tal Marco Antonio no sé qué

entró en el cárcel a ver al recluso Olmedo,

pero no podemos probar que fuera Roberto.

Entiendo.

No te desanimes.

Hemos dado un gran paso.

Ahora no podrá salir de España.

Al menos, no por un paso fronterizo.

Ya te he dicho que no planea ninguna fuga.

¿Qué crees que piensan hacer?

No lo sé.

Son impredecibles.

Quizás por eso han conseguido eludir a la policía de media Europa.

Miguel intenta convencerles para que se entreguen,

pero no creo que lo consiga.

Están nerviosos,

pero no han entrado en pánico.

Es porque están seguros que no tenemos pruebas contundentes.

Pero caerán.

Confía en ello.

O por tu trabajo o por un error, caerán.

¿Qué quieres que haga?

Tenemos que probar que los Olmedo estaban haciendo un butrón

para desvalijar la sucursal vecina.

No va a ser posible.

Sabina sospecha de mí, se comporta como un perro guardián.

Vigila la bodega, sobre todo si estoy yo ahí.

Inténtalo con el abuelo.

Es astuto.

Sospecharía de cualquier cosa que yo hiciese.

Entonces,

no tienes más remedio que atacar por el flanco más débil.

¿Miguel?

No puedo manipularle para que traicione a sus abuelos.

Son lo que más quiere en este mundo.

¿Te estás escuchando?

Hablas de esa familia como si te importaran.

Te he hecho una evaluación de riesgos objetiva.

Y yo he pesado esos riesgos.

Aplícate con el muchacho,

es donde tienes más posibilidades.

A no ser que ese cariño te...

Lo haré.

Haré lo que haga falta para atrapar a los Olmedo.

No vuelvas a dudarlo.

¿Qué hacéis aquí?

Siéntate.

No me voy a sentar.

Vaya humos.

No te pongas arisca y tengamos la fiesta en paz.

¡Largaos!

¿No me habéis escuchado?

¡Largaos de aquí!

No tenemos prisa,

pero cuando se te pase el enfado, tenemos que hablar.

No hay nada de qué hablar. ¡Largo!

Mira, tú puedes hacer lo que quieras,

pero yo no pienso meterme en más berenjenales.

Ni que una tuviera que ir detrás de todas las insensatas

que se quieren tirar por un barranco.

¡Ay, seña Fabiana, por Dios,

que no se quiere tirar por un barranco!

Solamente se hace ilusiones con su señorito.

Lo mismo da.

Las dos cosas terminan peor que mal.

Por favor, seña Fabiana,

usted siempre ha sido como una madre pa nosotras.

Mira, Casilda,

no vengas a meterme culpa, que partimos peras.

¿No he hablado yo ya más de una vez con la dichosa Alodia?

Sí, seña Fabiana.

¿Y no le he dicho también que consentir al señorito

viene antes que perder la faena y verse con los huesos en la calle?

Que sí, que sí.

Pues ya no sé qué más hacer.

La que quiere escuchar escucha

y la que no quiere escuchar termina conociendo mundo

y puede que hasta preñá.

Si lo sé, seña Fabiana.

Pero no podemos dejarla a su aire.

Se va a perder.

¡Alodia! Alodia, vente pa acá.

Ven, solo será un momento.

Dime,

que tengo que subir agua pa lavar la ropa del señorito Ignacio,

que como la de la fuente es menos salobre,

pues se queda to más suave.

Ya, ya.

Tú sigue mimándolo que verás ya con la moneda que te paga.

No me paga na.

Lo hago por gusto.

¡Ay!

¡Si es que de donde no hay, no se puede sacar!

Lo que la seña Fabiana quiere decir es que no te lo va a agradecer.

¿Usted qué sabe?

Ella sabe más que los ratones coloraos.

Alodia, haz el favor de hacerle caso.

¿Pa qué? ¿Pa enemistarme con el señorito? No.

Eso sería si la función terminara bien.

¿Es que acaso yo no tengo derecho a que alguien me quiera?

Claro que lo tienes, Alodia.

Como todo el mundo.

Pero no todo el mundo que te dice que te quiere

lo hace, hija.

Estoy enamorada, Fabiana. ¿Qué quiere que haga?

Callarte y que él no se entere.

Pues no veo por qué.

Según los últimos hechos, el señorito me corresponde.

¡Ja!

¿Qué últimos hechos?

Na, no lo quiero decir, que me da vergüenza.

Ya, pero no te dio vergüenza hacerlo, ¿verdad?

¡Un momento!

¿De qué estamos hablando? Me estoy perdiendo.

Me ha besado. -(ESCANDALIZADA) ¿En la boca?

-Chist. Tú calla, Casilda.

Mira, muchacha, tú puede que te veas casada

y criando churumbeles para el señorito,

pero ya te digo yo que eso no va a ser así.

¿Y usted cómo lo sabe?

-Pues sí, lo sé yo y 20 millones más de criadas engañadas y abandonadas.

Los señoritos lo único que quieren es meterse bajo tu refajo

y luego si te he visto, no me acuerdo.

Y más el que te ha tocado, que es un crápula.

Se está reformando.

Está estudiando y va a ser un buen médico.

En ese momento se dará el dos,

si no lo hace antes.

Además, que no le voy a dar lo más sagrado que tengo.

Hasta el matrimonio, de eso ni hablar.

¡Anda, Alodia, a quién quieres engañar,

si ya te ha dado un ósculo!

Pero a ver, besos y caricias sí se podrá dar, ¿no? ¿O tampoco?

¡Ay, de verdad!

Y pensar que hubo un tiempo

en el que usabas toda esa fiereza al servicio de la causa.

Da que pensar, ¿eh?

No des un paso más.

Me gustas, Soledad.

Me gustas mucho.

Siempre envidiaba a Fausto cuando le veía contigo, ¿sabes?

No me hagas llorar, ¿quieres?

Tú sí que sabes entender a un hombre.

No, a vosotros no, ya no.

Porque te fuiste por el mal camino.

Yo creí que luchábamos para que cada uno siguiera su camino.

Eso será cuando acabemos

con los parásitos que nos chupan la sangre.

Mientras tanto,

a los que nos queda conciencia debemos luchar.

Y la lucha exige un mínimo de disciplina, ¿entiendes?

Puedes seguir predicando.

No te lo voy a impedir.

Pero a mí me dejas en paz.

Yo estoy fuera de todo esto, ¿me oyes?

Deja el cuchillo, Soledad.

¿Sabe Fausto que me estáis amenazando?

¿Amenazando?

Compañero, ¿tú crees que la estamos amenazando?

Ahora largaos.

Si nos ven juntos, empezarán a sospechar

y seré inútil

para vuestros planes.

Fausto te espera.

¡Chist!

¡Ah, don Marcos, qué casualidad!

A usted quería verle yo.

-Dígame.

Me gustaría hablar con usted seriamente de Miguel.

Sí, claro.

Le llevaría a mi casa para discutirlo,

pero me espera un amigo.

Ah, no, no, no se preocupe, que lo despachamos enseguida.

Verá, le agradezco

que le haya ofrecido de nuevo el trabajo, pero no quiero

que eso le suponga a mi nieto un enfrentamiento con los Quesada.

Como abogado mío,

tendrá que enfrentarse con mis enemigos.

Eso es.

Es un abogado, no un matón.

Y menos un pelele, aunque a usted se lo parezca

al haber utilizado el amor que sintió por su hija

para enredarle.

Es usted muy directo, amigo Roberto.

Pero me gusta.

Y no querría que perdiésemos nuestra amistad

por un malentendido.

No, tampoco sería plato de buen gusto para mí.

Bueno, ¿amigos?

Amigos.

¡Panoli!

Estoy reventada.

¡Menos mal!

Ya pensaba yo que los señores no iban a venir pa la cena.

El que algo quiere algo le cuesta.

A cambio de tanta fatiga, la grabación está quedando niquelada.

Pues entonces me alegro.

Por cierto, ha venido doña Carmen

pa darme unas hierbas que usted pidió o algo así.

Sí, que Lolita no tenía cuando me pasé por allí

y Carmen quedó encargada en traérmelas.

Y también me ha dicho

que se las tiene que tomar antes de las comidas.

¿Quiere que se las traiga?

Sí, por favor, muchas gracias.

¿Unas hierbas, niña?

No termina de gustarme

que te metas para el coleto mejunjes desconocidos.

Todavía me acuerdo de Margarita.

¡Uy! No me hables de Margarita que me pones mala, hijo.

Además, que ya Lolita y Carmen las tienen más que probadas.

¿Y si te afecta a la voz?

Peor será que me derrumbe un día y se acabó lo que se daba.

Aquí tiene, señora.

Tenga cuidado, que quema un poquillo.

¡Ea!

Pues que me sienten cuanto menos como a Carmen.

Voy a ir al cuarto a cambiarme los zapatos,

que me duelen los juanetes una barbaridad.

Alodia.

¿Cómo se está portando el sobrinísimo?

Como un caballero.

Y como un estudiante, claro.

Su sobrino es todo un ejemplo de rectitud.

Me alegro.

Pero, como te dije, no le quites ojo por si acaso, ¿eh?

No me gustaría que nos toreara

aprovechando que estamos ocupados con el disco.

No se preocupe, que voy a estar muy pendiente de él.

Siempre es un placer verle, don Marcos.

Lo mismo digo, Monsieur Carron.

Ojalá todos mis empeños

me dieran tantas satisfacciones como este.

Bueno, es usted diplomático.

No creo que sus empeños le fastidien en exceso.

"Touché", "touché".

Pero permítame que insista.

A los placeres que da

dejarse seducir por la señorita Quesada

debo añadir su justo pago.

Es una bicoca.

No se arrepentirá.

La señorita Quesada quedará satisfecha.

Eso espero.

Nunca había pagado tanto antes de obtener beneficios.

Mis servicios lo valen.

Soy encargado de negocios de la embajada de Francia,

no un vulgar "gigoló".

Esto no cubrirá todo el servicio.

¿Cuánto más?

Si quiere que la señorita Quesada

se quede fuera de juego durante toda la guerra,

el triple.

La guerra lo complica todo.

Nadie lo sabe mejor que usted.

Y estoy comprometiendo a la embajada de Francia.

Eso tiene un precio.

Y no barato.

Está bien, Monsieur Carron.

París bien vale una misa.

Te doy mi palabra de que podrás juzgar a los Olmedo

por el atraco que cometieron hace 15 años en Suiza.

Tenemos que probar que los Olmedo estaban planeando derrumbar

la sucursal bancaria vecina al restaurante.

Cada vez me queda menos para conseguirlo.

Esta bella cartera

es la cartera de don Marcos.

¿Le has robado la cartera a mi jefe?

¿Alguna de las dos ha visto mi cartera?

¿No la lleva consigo?

Si fuese así, no andaría preguntando.

¿Cuándo la vio por última vez?

Tan solo le pido que no descarte encontrarse

pruebas amañadas contra Natalia

o algún testimonio incriminatorio fruto de algún soborno.

Ahora el que parece que está acusando alegremente es usted.

Méndez, estoy convencido de la inocencia de Natalia.

No dude ni un solo instante

de que los empresarios y los políticos

pactarán en contra de la masa obrera.

Pues, si es así,

las represalias contra los huelguistas

pueden ser terribles.

Precisamente por eso estoy aquí ahora, Miguel.

Debo saber cuanto antes

si está dispuesto a ayudarme en la asistencia letrada

de los trabajadores que sean detenidos.

Me alegra mucho verte ya recuperada del terrible atentado que sufriste.

La persona que quiso hacerte daño debe estar muy enfadada.

Ha fracasado de pleno.

Dios quiera que no lo vuelva a intentar.

Daniela,

¿le apetece salir esta noche a cenar?

Eso quiere decir que el negocio va sobre ruedas, ¿no?

En eso tienes razón.

Venga, vamos a funcionar, vamos a rellenar todos los sacos

y ya después vemos qué hacemos.

-Venga. -Venga, tira, tira.

Entonces le gustará saber

hay alguien muy interesado

en implicar a Natalia Quesada en el asesinato de su esposa.

¿Cómo dice?

A ver, Monchito. -(RÍE)

-Diputado Palacios.

Ya veremos si pronto no se te atraganta la risa.

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Acacias 38 - Capítulo 1375

24 nov 2020

Felipe y Natalia deciden ir poco a poco en su relación, pero comienzan a hablar de un futuro en común. Pero, Genoveva espolea a Natalia para dar celos a Felipe con Pierre Caron, algo que la joven Quesada no quiere hacer.
Por otra parte, Daniela acude a una cita con Roger, que la espolea para que utilice a Miguel y acorrale al matrimonio Olmedo. Mientras que Miguel recibe la visita de su amigo Alberto, que le informa sobre la convocatoria de una huelga y solicita su ayuda como abogado para defender a los trabajadores que acaben detenidos.
Por otro lado, Casilda descubre que Alodia e Ignacio se han besado, la criada junto a Fabiana la advierten sobre los señoritos y sus comportamientos. Tiene que tener cuidado con Ignacio.

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  1. Carmen

    Me está gustando esa especie de "entente cordiale" entre Servando y Fabiana, pero no así el acercamiento de Felipe a Natalia y es una pena porque, Felipe es un personaje muy atractivo y merece ser feliz pero, Natalia no va a ser la mujer que le ayude a serlo y eso que creo que ella se ha enamorado de él pero está muy manipulada por dos demonios que terminarán haciéndole daño. El personaje de Genoveva hace tiempo que dejó de interesarme, es muy previsible, siempre que aparece es más de lo mismo, resumiendo, si hubiera desaparecido no la echaría de menos. Al que echo muchísimo de menos es al principal miembro de la Familia Palacios: MONCHITO, ese niño es una preciosidad, una ricura y un "grandísimo actor natural", deberíamos poder disfrutar de él más frecuentemente.

    25 nov 2020