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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 548 - ver ahora
Transcripción completa

Sepa que hoy mismo voy a contarles a todos los vecinos

que su esposa murió a manos de la esposa de su amante.

-No puedes demostrar nada, nadie te creerá.

-Puede ser.

Pero sí escucharán a Remedios.

Está a tiempo de detenerme, coronel. Tan solo

tiene que decirme la verdad sobre Elvira.

-Estoy harto de tus ridículas amenazas.

Haz lo que quieras, pero déjame en paz.

"Le agradecemos todo lo que ha hecho por ella".

Úrsula,

soy yo, Teresa.

Dígame la verdad,

¿no recuerda nada?

"Según Celia, tu antigua amiga Teresa,"

anda algo delicada.

Fíjate que hasta ha ido a visitar a una curandera del barrio.

¿Y esa curandera? Desconocía que teníamos una en las cercanías.

La valenciana le dicen.

-"Cuando hablé con ella, parecía decidida".

-Pues está claro que te ha engañado.

-Eso...

-¿O qué?

-Pues que quizá alguien la haya hecho desistir.

Por eso el coronel no se presentó,

sabía que su secreto no corría peligro.

Dejemos que Pablo sea el encargado de negociar con el relojero suizo,

pero no le dejemos solo, acudamos también a esa reunión.

-Ah, claro, sí, sí.

De este modo, si Pablo mete la pata,

podremos intervenir para solucionar el desaguisado.

Está muerta.

"Dígame quién la envenenó". -"Ca..."

Cayetana.

-"Por cierto,"

aún no me ha dicho usted su nombre.

Cayetana de la Serna.

Ahora es usted la que ha palidecido.

Ya veo,

le resulta familiar mi nombre.

Pueden retirar el cadáver. Trasládenlo a la morgue

de Santa Isabel y que le hagan los estudios.

Me dicen que fueron ustedes los que vieron el cadáver.

-Así es. Pero nosotros ni lo hemos tocado ni nada, eh.

-¿Y la conocían?

-Sí, sí. Se llama...

Se llamaba Remedios. Era una bailaora que actuaba

en tablaos flamencos y cafés cantantes.

Yo había pactado

encontrarme con ella.

-¿Ven lo irregular que es

que la encuentren las dos personas que saben quién es?

-¿No estará insinuando

que nosotros...? -Yo no insinúo nada, investigo.

No haga gala de tener la piel tan fina, Sr. Ferrero.

He dicho lo que he dicho, que me resulta irregular.

De ustedes depende que eso cambie.

-En verdad, Víctor no la conocía,

solo me acompañaba. Yo la he reconocido.

-Y dígame, ¿a qué se debía su cita con la bailaora?

-La intención era...

que le contara a todos los vecinos quién es Arturo Valverde.

-Y me dirá que fue él quien la mató.

Un coronel mata a una bailaora.

Es una buena historia para un periódico de sucesos.

-No tengo pruebas que lo demuestren, pero estoy convencido.

-¿Qué tiene la calle Acacias que provoca estas obsesiones?

Mauro San Emeterio está obsesionado con Cayetana Sotelo Ruz,

Cayetana con Teresa Sierra,

Simón Gayarre con el coronel Valverde

y el coronel Valverde, al parecer, con una bailaora.

-Vamos, tiene que creerme. -¿Debo creer a un hombre

que ha sido detenido por agredir a otro

y ahora le acusa de asesinato? Vaya indignidad de policía sería.

-Cuando sepa todo lo que me iba contar esa mujer,

estará convencido de que digo la verdad.

-Pues tendrá que contármelo en comisaría.

-¿Me está deteniendo?

-No, le pido que me acompañe a comisaría

para que un agente levante acta de lo que hablamos

y quede constancia por escrito. Joven,

acusa de asesinato a un miembro destacado de la sociedad,

un coronel retirado del ejército español.

-¡Un canalla, eso es! -No me tiente, señor Gayarre.

Tuve firmada la orden para meterle en un calabozo

y me quedé con las ganas.

-Simón, por favor, tente.

-Comete un error, comisario.

-Querer saber la verdad nunca lo es.

Y no se considere detenido, tan solo invitado a explicarme todo

con detenimiento.

-Está bien, está bien.

Iré cuando usted desee. Aunque haría mejor

en detener al coronel Valverde. -Si es culpable,

será detenido. Delo por hecho.

Y ahora, perdónenme,

quiero estar presente en la autopsia.

Señores...

Simón, templa.

Templa, que la ira

es mala consejera.

-Alguien debe pararle los pies al coronel.

Lo hago para averiguar el paradero de Elvira.

Todo lo que haga será por amor.

-¿Qué hacemos para demostrarte que Elvira ha muerto?

-Murió en el naufragio, Simón.

-Nada ni nadie podrá demostrármelo.

No lo siento así en mi corazón.

Me han dicho que has estado aquí todo el rato.

-Sí.

-Este despacho es un buen lugar para estudiar.

-Es un sitio silencioso y la silla es cómoda.

-¿Qué, cómo va? ¿Te centras?

-A ratos. Me distraigo con el vuelo de una mosca.

-Tienes que concentrarte.

Mira, cuando la cabeza se te vaya, trata de tomar notas.

Así ya verás como vuelves a la materia.

-Yo no tengo hábito de estudio como tú.

¿Tú te acuerdas de cuando te enseñaba a leer en la pérgola?

Entonces no te veías ni capaz de leerte un libro entero,

y fíjate ahora.

-Poco he cambiado, cariño.

-¿Que no? Eso no es verdad.

Antes apenas podías leer una frase de corrido.

Y ahora,

estás metido en el estudio de un tratado de economía.

-Sí, del cual no entiendo nada. -Nada a la primera,

pero a poco, lo irás haciendo.

Venga, te ayudo a repasar. -No, no, no, no, cariño.

Vamos a dejar esto por unos minutos, eh.

Quiero que me cuentes cómo fue el paseo con tu madre.

-¿Qué? ¿Ha presumido mucho de hija?

-Ya la conoces.

Ha leído la carta de la reina a medio barrio.

Me ha sacado hasta los colores. -Está muy orgullosa de ti.

Como yo.

La verdad es que, a pesar de las faltas,

de que mi hermana no esté, de perder a mi madre,

pues... la vida me ha dado más de lo que esperaba.

Te ha puesto en mi camino.

-Ay, gracias, mi amor.

Si yo de ti me lo creo,

pero de mi madre...

Mi madre no está orgullosa de mí, mi madre está orgullosa de sí misma

por haber parido a una hija así. -No seas mala.

(Puerta)

Tu madre sí, es como es, pero te admira mucho.

Como yo y todos los que te conocen.

-Me vas a acabar sacando tú también los colores.

-¿Interrumpo algo?

Vengo de La Deliciosa.

Doña Rosina leía la carta de la reina a unas señoras.

-¿Qué?

Ay, qué bochorno.

-Me he acordado mucho de don Maximiliano.

Me lo imaginaba sentado en una mesa de la chocolatería

mirando a doña Rosina con una sonrisa en la cara.

Orgulloso de su hija a más no poder.

-Sí.

Lo que más me gustó de escribir el discurso a la reina

fue poder reivindicar su memoria.

Mi padre era un buen hombre,

aunque la vida no le tratara como debía.

-Y una de las personas más afables de este barrio.

No hay nadie que no le recuerde con cariño.

¿Qué tal va el estudio, Pablo?

-Bien, bien.

Bueno, no me entra nada en el cogollo, la verdad.

-Si Leonor nos lo permite, haremos un cosa:

salir a dar un paseo.

Vamos a trabajar en las partes prácticas:

enfocar los temas, negociaciones...

-Sería un honor para mí. Sí, sí. -Claro.

El consejo de don Felipe te ayudará.

-Sí. -Hazle mucho caso, eh.

-Vamos. Te ayudará a despejar la mente.

Con Dios. -Con Dios.

(Puerta cerrándose)

Úrsula, tiene que hablar.

No me creo que no pueda hacerlo.

No me creo nada de usted.

Sé que está fingiendo.

Agua.

Agua.

No sé si debería.

Si yo fuera la que estuviera tumbada y usted en pie,

no me daría agua, ni un pedazo de pan.

Siento no ser tan canalla.

Es lo que merecería.

¿Y ahora?

¿No va a hablar?

Cayetana.

Ya sé que fue Cayetana,

lo que quiero saber es cómo, con qué.

Cayetana...

Cayetana...

Traigo el medicamento.

¿Está seguro el médico de que funcionará?

No, seguro no.

Dice que así, a ciegas, sin saber el veneno,

no puede afirmar nada.

Eso si en verdad ha sido intoxicada con veneno.

¿Y qué otra cosa iba a ser? Y más con Cayetana.

Me niego a creer en maldiciones y en ahogamientos.

Veamos el remedio.

Dice el médico que es muy fuerte, que solo puede tomar tres gotas

disueltas en un poco de agua.

Dame.

¿Solo tres? Sí, tres.

Estoy segura de que Úrsula nos daría seis.

No dudaría en matarnos.

No somos como ella.

Y creo que nos equivocamos, Mauro.

Pero... está bien.

Tres.

Aunque siga sin contarnos nada.

Y sepa que no creo que hagamos bien en salvarle la vida

hasta que nos cuente todo lo que sabe sobre Cayetana.

Y ni siquiera entonces.

Mi amor, ven.

Ven.

¿Por qué tanta dureza, mi amor?

Porque no me creo nada de ella, sé que está fingiendo.

Se está muriendo. No le quedan hálitos para fingimiento.

Solo para que su corazón siga latiendo.

Nuestra única oportunidad es que se ponga bien.

Si quisiera vengarse de Cayetana, sacaría fuerzas para darnos armas.

Vamos a esperar a ver si hace efecto el medicamento.

Ojalá le haga resucitar,

ojalá hable de una vez por todas.

Estoy aprendiendo mucho más

con los ejemplos que me pone que con los libros.

El paseo de ayer me sirvió más que unas horas ante un mamotreto.

-Cada actividad tiene su valor. Con los libros alcanzas conocimiento,

y hablando con gente con experiencia, la pericia.

Pero volvamos a lo nuestro.

Ayer hablamos del saludo, de cómo llegar a negociaciones,

como atraer al adversario.

-No he dejado de pensarlo en toda la noche.

-Muy bien, pero el adversario participa,

te lo he dicho mil veces.

Lo primero es entenderlo para saber cómo respira.

Muchas veces no preguntan lo que llevamos preparado.

En ese caso, hay que utilizar la flexibilidad.

Hay que utilizar el conocimiento humano, saber lo que quiere,

escucharlo

y dárselo. -Espere, espere. ¡Eh, eh!

¿Dónde vas, ladrón? -Se le llevan la fruta.

-Y tú esperarás a los guardias. ¡No queremos ladrones

en este barrio! -Flexibilidad.

Reacciona ante lo que no esperamos.

Intenta entender al chiquillo.

Haz que te prometa que no lo volverá a hacer.

-¿Y eso de qué serviría?

-Pablo, tú hazlo.

-Mira...

has robado un caja de frutas del señor Eusebio.

Eusebio es una persona honrada,

viene todos los días a vendernos frutas y verduras.

Tú no le estabas robando una caja de frutas,

le estabas robando la vida de sus hijos.

¿Por qué? ¿Eh? ¿Por qué?

Mira, si fuera por mí,

te llevaban al calabozo. Una noche allí

te enseñaría a no robar a la gente honrada.

Pero don Felipe quiere que prometas que no lo vas a volver a hacer.

Mira, si tenías hambre,

podías haber ido a la iglesia. Incluso te habrían dado trabajo,

eres fuerte y joven.

Incluso en el mercado te hubieran dado empleo.

Todo es mejor que robar.

Nada,

que ni siente ni padece.

Como no le dé dos bofetones... Pero no va a hablar.

-Toma, dale esto y déjale que se marche.

-¿Pero qué dice? -Hazlo.

Ten.

Ten.

Que no te vuelva a ver por el barrio. Fuera.

-¿Qué te dije ayer

que era lo más importante? Lo repetí doce veces.

Y hace un rato, te lo volví a decir. -Entender al cliente.

-¿Qué parte no entiendes?

-He entendido perfectamente. -Has estado argumentando.

Tratando de hacer

que te prometiera algo sin darte cuenta que era sordomudo.

No has pensado en lo que tenías enfrente,

sino en lo que había dentro de tu cabeza.

-¿Era sordo?

-Como una tapia.

Y mudo.

-Lo siento. No... no me he dado cuenta.

Solo pensaba en lo que usted me ordenó.

-Pablo,

si haces eso con el cliente, se irá de rositas.

Una cosa es lo que tú quieres, que es venderle el oro,

y otra es lo que él quiere, que es un acuerdo beneficioso.

En algún lugar los dos deseos se encuentran,

y es allí donde tienes que estar atento.

Anda,

volvamos a lo nuestro.

Les agradezco de mil amores la visita.

-Susana, sabíamos que estabas mustia.

Es normal, es un disgusto tras otro.

-Como para no estar con el ánimo por el suelo.

Vaya bochorno el de ayer entre estas cuatro paredes,

y vaya la idea de Simón.

Convocar a todos los vecinos para una quimera que, al final,

quedó en nada.

-Hay que entender a Simón. Está siendo todo muy duro.

Amaba tanto a Elvira... -Y no es de extrañar.

Perder así a la persona con la que ibas a pasar tu vida

te hace perder la cabeza.

-No digo yo

que no haya locura, pero hay que recuperar la cordura.

Los tiempos modernos

no esperan a nadie. -Simón ya no es un niño

y debe adaptarse

a los cambios y a los obstáculos que nos pone la vida.

-Ramón,

no digas eso. Ya lo hemos hablado y sabes que no estoy de acuerdo.

Los tiempos cambian, pero las personas

somos las de siempre. -Dices no estar de acuerdo,

pero, en el fondo, lo estás.

Estamos creando a un generación que ha tenido la vida regalada.

-Bueno, ya está con sus teorías, padre.

-Muy a mi pesar,

estoy de acuerdo con tu padre.

Ahora tenéis de todo.

En nuestra infancia, era mucho más difícil conseguir

una muñeca de trapo.

-Eso en lo material, por no hablar de las enseñanzas

de la vida y las responsabilidades.

Yo lo siento por ese joven,

por Simón,

¿pero quién no ha perdido personas importantes en su vida?

-¿Pero perder a la mujer a la que amas? Eso es muy duro.

-Y un padre, un hermano, un amigo.

Los jóvenes de ahora lo tienen todo tan fácil que piensan

que las penalidades de la vida

tienen pasarles de lado, Y la vida no es eso, Trini.

-Es usted la alegría de la Huerta. -María Luisa,

un poco de respeto por tu padre.

-Deje, deje, doña Susana,

que la vida ya se encargará de mostrarles quién tiene la razón.

-Bueno, lo mejor será

que dejemos de hablar de desgracias y demos un tiento a este bizcocho.

¿Alguien quiere?

-Yo solo digo que...

que deberíamos seguir siendo comprensivos con Simón, pese a todo.

-Es dueño de su sufrimiento, pero debería olvidar al coronel.

¿A qué vino lo de ayer?

Traer a un persona para destruir su reputación.

-Alguien que tampoco vino.

-Debería usted dejar de proteger a Simón, doña Susana.

Lo único que está consiguiendo es que cierre los ojos a la vida.

-Tal vez tengan razón, no digo que no.

Tal vez debería volver

a hablar con él y... dejárselo claro.

Hasta darle un ultimátum.

-Susana, sabemos que lo estás haciendo lo mejor que puedes

y que vas más allá de donde te corresponde.

Al fin y al cabo, Simón no es nada tuyo.

Esperemos que esta disputa

pase cuanto antes y Elvira pueda descansar en paz.

No sé.

Pelirrojo.

A ver.

Ay, sí, yo creo que este color

puede quedarme bien.

Tengo que preguntarle a Liberto si le gustaría.

Salina era pelirroja, ¿no?

¿Qué tal?

Usted,

tráigame los pedidos de la pérfida. Y usted, Morales,

quiero aquí un baúl repleto de billetes.

Mi esposo y yo nos vamos de viaje. Y usted, despedido.

Por no decirme hoy lo guapa que estoy.

Ay, tengo que montarme

un despacho en casa, es la mar de divertido. Qué fácil.

¡Anda!

Pero si este...

este es el niño que adoptaron, ¿no?

¿Seguirá en Inglaterra?

Claro, por eso no lo veo. ¿Cómo se llamaba? ¿Tino? ¿Tano?

¿Marquitos?

-Buenas tardes.

¿Hay alguien en casa?

-Sí, señora.

Está doña Rosina en su despacho.

Ah, querida,

es que estoy pensando en montar uno en mi casa.

-¿Te hace falta?

-Bueno, para los asuntos del yacimiento.

A ver si crees que los negocios funcionan solos.

¿Te has comprado algo? A ver. ¿Qué es?

(Cristales rotos)

¡Ay!

Lo siento.

-¡Ah!

Menos mal que ha sido solo el cristal.

-Ah.

¿Pero esto no estaba en el cajón?

-Sí.

-Pues si estaba en el cajón,

era para que no estuviera a la vista.

¿Por qué has mirado en mis cajones? -Porque... porque...

necesitaba una pluma.

-Hay media docena de plumas

sobre la mesa.

(Puerta)

Lo siento, Celia, he sido una...

cotilla, una entrometida.

-Voy a tener que echar llaves por toda la casa.

-Rosina, doña Celia,

traigo buenas noticias.

-Dígame que las ratas de su casa han sido exterminadas.

-¿Y cómo lo sabe? -No lo sé,

lo deseo.

-Ah, pues sí.

Sí. De hecho, vengo de hablar con los fumigadores.

Solo falta limpiar los productos,

para que no nos envenenemos nosotros, claro está.

Y, si todo va bien, mañana estamos en casa.

-¡Ay, gracias al cielo!

Voy a ver si llevo a arreglar el retrato.

¿Te ha ocurrido algo con Celia?

-No, nada. Ya sabes que está un poco mal

de los nervios. Liberto...

¿te gustaría de pelirrojo?

-¡Uh!

(Puerta cerrándose)

¿Qué haces, Casilda?

-Hija, Lola.

Ya me ves, aquí, todo el día fregando.

Ya podían inventar

un cachivache que lo hiciera por nosotras.

-¿Una máquina para fregar? Qué idea peregrina.

-Pues sí. Eso sí que sería un invento, la friegaplatos.

No como el tren a vapor. -Para eso tendría que haber

mujeres inventoras, que somos quien fregamos.

Mientras que inventen los hombres, olvídate.

Que a los señores les preocupan más las máquinas de volar.

Dicen que ya la hay.

-Ay, pues que no cuenten conmigo. Servidora no quiere caerse.

-Ay, pues a mí no me importaba volar

y ver los mundos desde arriba. Poco detalle se me iba a perder.

A vista de águila real.

-Que no, Lola, que yo voto por la máquina friegaplatos.

Sí, friegaplatos y vasos también.

Vamos, en estos días de tantas fiestas y bailes

nos iba a dar la vida.

Bueno, a seguir con la existencia

que nos ha tocado. -Ea.

Oye, Lola, una cosa.

¿Qué has hecho con lo que te quedó de la tarta?

"Ende luego", que hay que ver.

Menuda receta "criaturera".

Lo digo por las ganas de hacer criaturas

que te entran. -A la basura ha ido.

No la vuelvo a hacer ahí me maten. Qué correrías.

-No me hagas pasar más vergüenza de la que ya tengo.

Hombre, tampoco fui tan descarada, ¿no?

Que don Ramón y la "señá" Trini

se apañen en su alcoba.

Que eso es sagrado y es secreto

en un matrimonio.

-El problema no fuiste ni tú ni ellos.

-¿No me digas más que alguien más tomó de la tarta?

-Sí. Y le hizo el doble de efecto, se puso como un verraco.

-El Servando. -¡Uy!

Ojalá. Que ese mucho ruido y pocas nueces.

Peor.

-Pues no sé, no sé, no me imagino a don Felipe ni a Víctor.

-Frío, frío.

-El coronel.

-Uy. -Bueno, ese menos.

Despliega una caballería contra la pobre moza.

-No te enteras.

El señorito Antoñito.

Se lo comió y me miró ahí,

como si estuviera en paños menores. Y diciéndome que era una diosa

del Olimpo. -Jesús, María y José.

Hay que ver, eh. -Ya.

-Llegas a hacer una tarta de dos pisos y hay un aquelarre

que no hay quien lo pare. Y yo con Martín

por esos mundos de Dios, a dos velas. -Si lo coges, lo "escamurcias".

-Ya te digo.

Lo que no sé yo

es cómo te resististe a don Antoñito.

-Con los puños.

(Puerta abriéndose)

-¿Se puede?

Ay, Lolita,

menos mal que te encuentro,

me tienes que arreglar los pantalones.

-Bueno.

-Pues es que... Que la Lola está muy "ocupá".

Pero bueno, don Antoñito,

que yo puedo ayudarle, tengo buena mano.

-No, no. Que me tiene que coger alfileres

en la entrepierna y tengo más confianza.

Que la zona es de aúpa.

¿Les apetece una taza de té,

un café?

No tenemos tiempo, doña Cayetana. Hay trabajo por hacer.

Es una pena. Todo sería más fácil si pudiéramos

charlar tranquilamente. Pero les agradezco

que hayan acudido a mi llamada.

-Diga qué desea para seguir con nuestras ocupaciones.

Me gustaría saber cuál es el estado de lo de Úrsula.

Me parece lamentable

que no hayan avanzado nada.

-¿Fue nombrada ministra de gobernación

y no me llegó la circular?

El ministro es la única persona en España

a la que doy cuenta de mis actos. Es irónico, comisario.

Lástima que no utilice parte de esa capacidad mental

para proteger a los ciudadanos.

Vámonos, Felipe. -Comisario, por favor, cálmese.

Las inquinas personales no llevan a nada.

Entiendo la preocupación de Cayetana por el caso.

Hasta que no se detenga a Úrsula, quedará en entredicho

su participación en lo de Tirso. Gracias.

Por fin un poco de sensatez.

-Como usted bien sabe, no hay indicios

de doña Úrsula. De haberlos tenido, estaría detenida.

¿Y no los tiene Mauro?

¿Insinúa que puede ocultarnos algo? Comisario,

¿aún no ve que ese hombre tiene un desequilibrio mental y moral

y que solo actúa en beneficio de las ideas

de su perturbada mente? -Por favor,

si quiere acusar de algo a Mauro, hágalo,

pero no deje caer medias verdades.

Creo que Mauro sabe dónde está Úrsula.

¿Tiene algún dato que corrobore la acusación,

algo que sostenga su sospecha?

¿No tiene usted esas pruebas, Felipe?

-No las ocultaría, desde luego.

Ya veremos.

Solo me gustaría que supieran que, si van en su búsqueda,

deberían tener listas sus armas para ser usadas.

Nunca se sabe el último derrote del toro antes de morir.

Y Úrsula es de los bravos.

La cantidad de oro de nuestro yacimiento

garantiza que podremos suministrarle oro

para su fábrica durante los próximos

123 años.

-Pablo, no creo que el relojero suizo

quiera firmar un contrato durante tanto tiempo.

-¿Y el precio?

-Nuestros costes de extracción

son un 3,4 por 100

más caros que las minas de Sudáfrica,

pero... el transporte a Suiza

es inferior. Eso quiere decir

que la "lonza" saldría... -Onza, Pablo, onza.

-Eso, eso, la... la onza saldría

22 céntimos más barata.

-Bien.

Y si nuestros precios son más baratos,

¿por qué hablamos del coste

de extracción? -Pues...

porque no podemos mentir, ¿no?

-Bueno, eso es discutible.

En los negocios se puede mentir.

Aquí no entran los mandamientos, solo los beneficios.

De cualquier manera, no te pido

que mientas al relojero suizo, solo te pido que le des nada más

que la información útil.

Si somos más baratos, lo somos.

-Bueno, ¿y la calidad del producto?

-¿La calidad del oro?

No sé.

¿Oro puro?

¿Pero hay calidades?

-Yo tampoco entiendo mucho de esto,

pero tendrás que hablarle de quilates,

ductilidad y demás. -Puedo aprenderlo, me da tiempo.

-No, no, no hace falta, no es necesario.

Flexibilidad, Pablo, flexibilidad. ¿No te lo dice don Felipe?

-Sí. 100 veces.

-Si el cliente te pide

que le hables de la calidad, le envuelves con tus palabras.

Le dices: "¿Cuál va a ser? Pues la mejor".

Que con nuestro oro va a poder fabricar los relojes

más bellos del mundo,

que cinco de los mejores relojeros suizos ya lo utilizan.

-Eso, eso es muy buena idea. Sí, sí, sí.

-No hace falta que anotes nada. Lo que hace falta

es que entiendas el concepto.

Mira, ¿sabes qué... qué podemos hacer?

Lo mejor será

que nosotros te acompañemos a la reunión y que me dejes a mí

que sea el que haga la exposición, aprenderás sobre la marcha.

Si necesito algún dato en concreto, tú me lo das de inmediato.

-Pero eso es...

como retirarme la confianza.

-No te lo tomes así, es es como ponerte

una red para que no te despeñes la primera vez que te subes

a un trapecio.

-Mejor que vayas a informarte

sobre los datos de la calidad del oro.

-Como mande.

Voy a hablar con los encargados del yacimiento.

Con su permiso.

Ay, lo recita todo como un loro.

Solo hace eso, lo dice de carrerilla,

nada más.

-Lo mejor será que se mantenga en silencio durante la reunión.

Ya haré yo

de agente comercial.

-Sé que usted lo hará de maravilla, don Ramón,

pero temo por él, que fracase y le cueste recuperarse.

Recuerdo el drama que supuso para él dejar de montar a caballo.

Casi se lleva a mi niña por delante

con su depresión.

-Entiendo su buen corazón para querer ayudarle,

doña Rosina, pero nos estamos jugando nuestros cuartos.

Y ante eso

no hay compasión, ni familia ni amigos.

-Eso sí.

"Pater noster qui es in caelis, sanctificetur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum".

(Puerta)

"In nomine Patris, et Filii

et Spiritus Sancti".

Coronel...

¿Dónde va?

¿Qué es lo que quiere?

-¿Sabe lo que ha hecho ese malnacido de Gayarre?

-Respete esta casa.

-¿Sabe lo que ha hecho?

-No grite, le van a oír todos.

-Pues déjeme ver a ese miserable. -Le advierto

que Simón no se encuentra en casa.

-Pues ya vendrá.

-No voy a permitir

que su presencia suponga ningún peligro para él.

-Ese joven es un peligro para sí mismo, para usted y para todos,

una bomba a punto de estallar. Se llevará todo por delante.

-¿Ah, sí? ¿Y qué ha hecho? -¿De verdad no lo sabe?

Ha ido a comisaría acusándome del asesinato de una mujer.

-¿Qué? -Se ha vuelto loco.

Ya ni en prisión, debería estar encerrado en un manicomio.

Y no me moveré de aquí hasta que hable con él.

Nunca pensé que supieras coser.

Me he criado entre las monjas.

Sé coser,

bordar,

planchar, cocinar...

Para eso se supone que se educa a las niñas, ¿no?

No me lo eches en cara.

Yo defiendo que una mujer es tan capaz como un hombre.

Nos quedan más de 100 años para que eso se reconozca.

Y ni así.

Seguro que en el siglo XXI todavía

habrá muchos que pienses que es inferior.

¿Llegará el mundo al siglo XXI?

Si lo ha hecho hasta el XX, no hay motivos para que no lo haga.

¿Hablaste con Méndez y con Felipe?

Sí.

No hay peligro de que se presenten de improviso.

Les dije que necesitabas descansar.

Han estado en casa de Cayetana.

Me ha contado que está preocupada por el paradero de Úrsula.

Teme que Úrsula hable y cuente todo lo que sabe.

Con lo bien que se ha portado Felipe con nosotros...

me incomoda que le mientras. Ya.

Si viniera aquí y descubriera a Úrsula,

perdería la confianza en ti. Ya lo sé. Me sabe mal mentirle,

pero... creo que aún no podemos desvelar esto.

¿Y servirá de algo tenerla aquí y ayudarla?

Lo que hagamos puede servirnos o se puede volver en nuestra contra.

Esperemos que sea para bien.

Un poco de agua, por favor.

Parece que el medicamento hizo efecto.

Voy yo. No, no. Voy yo, voy yo.

Sabré hacerme con ella.

Es una casa "mu" lujosa,

de reina.

Ya le dije que me convenía ayudarme.

Puede sacar más de mí siendo mi amiga que mi enemiga.

No me interesa el parné,

solo atender a mis pacientes.

¿Quiere tomar algo, un té?

Solo que me diga

qué es lo que pretende de mí.

Claro. Siéntese, por favor.

Me da miedo romper

alguna cosa en un lugar tan "refinao".

No me sé comportar en lugares así.

Los objetos siempre son sustituibles.

Las personas, en cambio, no se cambian.

Siéntese, por favor.

Las personas siempre valen mucho más que cualquier objeto.

Casi todas.

Algunas hay que no tienen ningún valor.

Y ese es el caso de Úrsula.

Nada lamentaría su muerte, la verdad.

Creo que el mundo sería mejor

sin ella. Todos somos hijos de Dios.

Unos más que otros.

Los hay que son emisarios del maligno.

Me dijo usted que no le interesaba el dinero, ¿verdad?

Lo guardaré. No lo guarde

tan aprisa.

Si llegamos a ser amigas,

la cantidad sería mucho mayor.

No, no puedo traicionar a doña Teresa.

Ella confió en mí. Y si se llevó a Úrsula,

sus motivos tendría. No. Traicionarla no, claro que no.

¿Pero y protegerla?

¿Podría usted proteger a Teresa?

Piense que es muy frágil,

inocente.

No me pareció que necesitara protección.

Y va contra mis principios

desvelar el mal del que trataba doña Teresa.

Esa información no está en venta,

me la quedo "pa" mí.

Se resiste usted porque no conoce a la mujer que se llevó con ella.

Úrsula Dicenta.

En mala hora le salvó la vida.

Lo haría por cualquier cristiano.

Aún está a tiempo de remediar su error.

Antes le hablaba de emisarios del maligno, pero...

Úrsula es el mismísimo diablo.

La conozco desde niña. Nunca me lo pareció.

Solo me pareció una mujer a las puertas de la muerte.

Y también me pareció

que doña Teresa

solo quería ayudarla, ¿no es así?

¿Sabe qué hay más peligroso

que alguien malvado?

Alguien incauto.

Sus presuntos malos actos a veces son más peligrosos

que las arteras maniobras de un canalla.

Y Teresa me odia.

Sus motivos tendrá, que no se odia por "na".

Teresa se deja llevar

por las maledicencias, usted no haga lo mismo.

Por favor, escúcheme

y luego decida lo que quiere hacer.

Conocí a Úrsula siendo una niña.

La contrataron para educarme,

pero lo que ella entendía por educación

dista mucho de lo que una madre quiere para una hija.

Le podría contar muchos de sus castigos,

pero siempre me viene a la mente uno de ellos.

Comer tierra.

Masticarla.

¿Lo ha hecho alguna vez?

No se lo recomiendo.

Ese era el castigo favorito de Úrsula,

pero le podría contar más,

muchos más.

(Puerta abriéndose)

Ahí está.

-Por favor, don Arturo, se lo ruego,

me ha prometido que se comportaría de una manera civilizada.

No quiero escándalos.

-Depende de ese sinvergüenza que me comporte

como un caballero o como un villano.

-Qué sorpresa.

Nos ocurre como a doña Rosina,

se nos está llenando la casa de ratas.

Quizá los exterminadores que limpiaron la suya

sigan aún por el barrio. -Simón,

contente. -Eres muy ingenioso, Gayarre,

y manejas bien la mentira. -¿Qué hace aquí?

¿Cree que por estar aquí no le daré su merecido?

-Basta, Simón.

Don Arturo viene a hablar contigo.

Y tú le vas a escuchar. -Y si después quieres

que salgamos fuera a solucionar esto, lo hacemos.

-En honor a usted, doña Susana,

le escucharé.

-Has ido a comisaría acusándome de la muerte de Remedios.

¿Te has vuelto loco?

¿Has perdido la poca cabeza y decencia que te quedaba?

-Usted la mató para evitar que contara lo que sabía sobre usted.

Fue por eso, ¿no es cierto? Fui un imbécil, lo reconozco,

fui imbécil, fui muy torpe al advertirle de lo que iba a hacer,

al decirle que Remedios se lo iba a contar a todos.

-Se lo he dicho antes a doña Susana y te lo repito a ti:

deberías estar encerrado en un manicomio.

-Nada va a evitar que se sepa la verdad.

Todos sabrán la relación que tuvo con la muerte de su esposa,

la madre de Elvira.

Mató a Remedios antes de que lo contara en público, sí, pero...

a mí ya me lo había contado todo.

-Haz lo que quieras, cuenta lo que quieras.

Todos saben que no eres más que un enfermo.

Dígame dónde está Elvira

y le prometo que callaré para siempre.

-Elvira está muerta.

Es mi hija y está muerta.

Te aseguro que la tengo más en mi pensamiento que tú.

Solo eres un demente.

-La encontraré.

Le aseguro que la voy a encontrar.

Doña Susana, yo a usted la respeto y la aprecio, me crea o no.

-No, no le creo.

-Da igual, la aprecio, aunque no entiendo por qué le ayuda.

Por eso le voy a decir que tenga mucho cuidado con él.

Sus facultades mentales están perturbadas y es peligroso.

Para mí, para él mismo,

para usted.

Me voy.

No olvide que se lo he advertido.

Poco a poco.

No queremos que ahora se atragante.

Gracias.

Tenía la garganta seca.

Como si se me fuera a cerrar para siempre.

Veo que está mucho mejor.

No sé.

Es como...

como si hubiera muerto

y ahora hubiera vuelto a la vida.

Más agua, por favor.

¿He estado muchos día así?

Bastantes.

Aquí llegó ayer, pero antes estuvo varios días

en ese estado.

¿No recuerda nada?

Apenas nada.

Solo imágenes sueltas.

Una casa de aperos,

un camino en el campo,

una mujer mayor.

Y un ángel.

Un ángel que me cuidaba y...

y que me impidió morir.

Todo lo demás lo irá recordando por sí misma.

El ángel era ella.

Teresa.

Yo no lo llamaría así.

Solo he sido la persona que la cuidó estos últimos días.

Me limité a seguir

las instrucciones del doctor al pie de la letra.

Supongo que debo estarle agradecida.

No estaría de más.

Pero no es su bienestar el que procuraba,

no le tengo el menor aprecio.

Eso lo recuerdo perfectamente.

Lo único que quiero es que me cuente la verdad de lo ocurrido.

Y podría seguirle contando mucho más,

desde simples malos tratos a asesinatos.

Y le aseguro que ni le miento ni le exagero.

Así que he estado tratando

a una asesina. No solo eso,

le ha salvado usted la vida.

Será responsable de sus futuros desatinos.

¡Jesús, María y José!

Pero no se preocupe,

Dios es justo y siempre nos da

una segunda oportunidad. Hay pecado, pero también penitencia y perdón.

Siempre estamos a tiempo de redimir

los actos de maldad.

¿Qué hago? El "pasao", "pasao" está.

Úrsula es una mujer muy peligrosa y podría cometer una locura.

Quién sabe si está tan mal como aparenta,

quién sabe si alguna vez lo ha estado.

No respondió a mis hierbas, que me las conozco.

Quizá sufrió mal de ojo.

Hay que evitar que le haga algo a Teresa.

Esa infeliz no se lo merece.

El hombre que está con ella la protegerá.

Era un hombre cabal, su prometido me parecía.

No. Ese hombre no es bueno para nada.

Y Teresa está demasiado obsesionada con el odio

hacia mí. Es presa fácil para una hidra como Úrsula.

Podemos hablar

con la Policía. Usted es una señora principal.

El comisario atenderá

su denuncia. No. Teresa está demasiado ciega.

Se interpondría entre la Policía y Úrsula.

Sería capaz de morir

por ella.

Entonces...

Hay que robar la llave de la habitación de la pensión,

dársela a la Policía.

Ellos entrarán de noche, mientras duerman.

Y Úrsula será detenida

sin que se de cuenta de lo que sucede.

¿Robar la llave cómo?

Lo hará usted.

Será su manera de redimirse.

Voy a decirle a Casilda que vaya preparando las maletas.

-¡Uy!

No pareces muy ilusionada con la idea de volver a casa.

Si es por las ratas, despreocúpate, el exterminio ha sido absoluto.

-Claro que estoy ilusionada, claro que quiero regresar.

Me hace mucha ilusión.

Estoy cansada de vivir de acá para allá, como si fuéramos nómadas

o gitanos.

Además, he "requetecomprobado" que ninguna me agradece

que haya querido mejorar su estilo de vida.

-¿No será porque te inmiscuyes

con un poquito de exceso en sus cosas?

-"Plánchamela".

Y rapidito, que sabes que llevo prisa.

-¿Cómo?

-Pues comiendo.

¿Qué te pasa, Lolita? Parece que te ha dado un aire.

-Un aire le va a dar a usted por ir medio en cueros.

-¿La coges? -Anda, venga.

-"A la muy distinguida súbdita de su Majestad, doña Leonor Hidalgo".

"Aunque nada place más a su Majestad que disponer de la ocasión

de felicitarla a usted por su locuaz

y espléndido discurso...". -¡Ay No me lo creo.

La mismísima reina

deshaciéndose en halagos con mi hija. Por favor, hija,

dime que enmarcaremos en plata la misiva. Y al recibidor.

-"En esta ocasión,

nuestros deseos van más allá del mero agradecimiento".

"Nos es gustoso

invitarla a usted en compañía de su esposo

a transcurrir un día en nuestro Alcázar segoviano".

-¡Madre del amor hermoso! -¡Por favor!

-"¿Crees en tu corazón"

que el coronel tuvo algo que ver con la muerte de esa Remedios?

-¿Todavía no le conoce?

¿De verdad, no le conoce, no le ha calado?

-Debe ser que no. Explícamelo tú, por favor.

-Sabe, como yo, que es un hombre capaz de todo.

-Si fuera así, vamos a ponernos en lo peor,

admitamos que es un bestia, si fuera así,

¿por qué habría de matar a Remedios?

-¿Quiere saberlo, madre?

¿De verdad quiere usted saberlo? Está bien.

Se lo diré, porque no estaría

más que diciendo la verdad.

Es más, no solo usted sabrá qué clase de tipejo

es Arturo Valverde. Mañana convocaré a los vecinos.

Sabrán de una condenada vez lo que el coronel guarda.

-"Pablo,"

con la verdad en la mano se convence a los demás.

No son pocos los juicios que he ganado así,

sin mucho conocimiento sobre la materia tratada.

-Yo no le doy mucho a la húmeda, pero no suelo mentir ni decir cosas

que no siento. -No tienes por qué.

Si te dejas llevar y expresas tus propias emociones,

llegarás a ser un gran conversador,

estoy seguro.

Vamos, confía en ti

y preséntate a esa reunión. Todo saldrá bien, ya verás.

"¿Por qué no la mató?".

Me necesitaba viva.

Le había hecho creer

que tenía pruebas

con las que la condenarían por la muerte de Tirso.

El pequeño. ¿Es eso cierto?

-"¿Dónde puede esconderse doña Úrsula?".

También yo trato de encontrarla sin éxito.

Claro, que no cuento con los recursos del cuerpo.

¿Y qué haría

si dispusiera de esos recursos? Hay un hotel

en los alrededores del puente de Los Lamentos.

Quizá se haya recogido allí.

Y tampoco estaría de más echar una ojeada

en la zona en que se levantaba la vieja casa

de los Sotelo Ruz. Úrsula la habitó durante mucho tiempo.

-"No es que dude"

de las buenas intenciones de la señora, pero apenas la conozco

a usted. Tampoco conoce usted a Úrsula.

Pues eso, aún así, no la conocía cuando me la trajeron.

Pero he pasado dos jornadas con ella, viendo como que si la diñaba,

que si no y... ¿Ha oído alguna vez lo de:

"Mala hierba nunca muere"?

Lo que la he oído es nombrarla a usted

una y otra vez y otra y otra.

"Cayetana, Cayetana".

Y la nombraba en las pesadillas,

en la congoja.

¿Se ha fijado usted en mí?

¿De verdad cree que puedo ser la pesadilla

de alguien?

Los lobos también pueden vestir lana de oveja.

Con Dios.

-"El doctor y los medicamentos"

han resultado eficientes.

Por primera vez en mucho tiempo

siento un poco de mejoría.

Quizá fuera preferible que se pudriera en el infierno.

No me desprecie usted así, Teresa.

Ahora...

mi ansia de venganza

es mucho mayor aún, si cabe,

que la de usted.

Le resultaré útil.

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Acacias 38 - Capítulo 548

29 jun 2017

La Valenciana le revela a Cayetana que Úrsula está con Teresa y Mauro. Cayetana intenta engañar a la curandera para que consiga las llaves de la pensión. Méndez investiga la muerte de Remedios. Simón le dice al inspector que tiene razones para pensar que Valverde está detrás de su muerte. Arturo se enfrenta a Simón cuando se entera de la acusación y le pide que se ocupe de sus propios asuntos. Pablo sigue con las tutorías de Felipe para llevar la venta del oro al fabricante suizo, pero cuando expone lo aprendido delante de Ramón y Rosina, éstos deciden acompañarle en la reunión hiriendo su orgullo. Liberto llega con una buena noticia: ya han acabado con la plaga de ratas y próximamente podrán volver a su casa.

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  1. Lorena

    Pablo enfadado porque no le daban el trabajo de negociar con el relojero y no tiene ni idea de como hacerlo. Eso no tiene ningún sentido. Por no mencionar los crímenes de Cayetana.

    01 jul 2017
  2. Adriana

    Por favor, que los guionistas de esta serie tengan un poco de respeto por la audiencia, los espectadores merecen reconocimiento a su inteligencia, su trama está rayando en la estupidez.

    01 jul 2017
  3. Amador Merced Rivera

    No me parece que a Anita los guionistas le pongan las cosas en bandeja de plata y a Mauro y a Teresa han pasado las del demonio para adelantar algo en contra de Anita.Esto no cuadra ni con una escuadra de carpintero,demasiados cabos sueltos.MEl comisario que pusieron por Mauro ese misma persona lo trajo German de la Serna al principio de la serie y ahora parece desconocer los malabares de Anita,mmmn cabo suelto, Arturo secuestro a su hija,mmmn cabo suelto, la muerte de Guadalupe,mmmn cabo suelto,la muerte de la monja por parte de Ursula,mmmn cabo suelto,del agente incubierto,la muerte causada por Felipe y Celia,mmmn y hay muchisimos mas factor comun Anita en todos los casos menos el de Felipe y Celia. Hay muchos muertos y nadie sabe nada de nada; se salio se salio hay que arreglar ese enturto por la credibilidad del serial. Vamos a ver que sucede con la comadrona.Ya el final y que venga la otray el titulo podria ser"Asesinos de la Gran Via" saludos

    30 jun 2017