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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1357 - ver ahora
Transcripción completa

¿Está uste casado con la princesa prusiana, sí o no?

Todo no fue más que un paripé

para salvarle la vida a ella y a su familia.

¿Hasta dónde está dispuesta a llegar

para que don Marcos le venda parte de sus acciones?

Llegaré hasta donde sea preciso.

-"¿Dónde está mi sobrino?".

-"En la facultad. Tenía clase".

"Iba a quedarse en la biblioteca estudiando".

-"Ya me dirás cómo pretende estudiar si se ha dejado los libros".

En este templo del saber es donde Ignacio Quiroga

pasa el tiempo estudiando.

-(SUSANA) "Siempre llevaré a Acacias conmigo, siempre".

"Siempre".

"Jamás os olvidaré, a ninguno".

"Pero...

una nueva vida nos aguarda en América".

(JACINTO) "Soledad, al fin la encuentro."

"Ha llegado un paquete para uste".

-Fausto Salazar.

Aurelio, jamás he amado a otro hombre como te he amado a ti.

He soñado tanto con este momento.

Y yo,

pero el destino no nos lo ha puesto fácil.

Te amo desde que tenías coletas.

Recuerdo las margaritas que me regalabas cuando era niña.

Decías que sería tu esposa y que me llevarías cabalgando hasta el altar.

Siempre he sabido lo que quería.

Nadie podrá separarnos de nuevo.

¿Ni tu padre?

Nunca le perdonaré todo el tiempo que nos han hecho perder.

La vida es corta y única.

No quiero malgastar ni un segundo más separado de ti.

Eres tan hermosa...

He de partir.

No quiero despertar sospechas de mi padre.

No, quédate conmigo.

Ahora no, Aurelio.

Está bien.

No te has ido y ya te estoy echando de menos.

No dejaré de pensar en ti hasta que te vuelva a tener.

Prometo avisarte cuando se presente la ocasión.

(EXHALA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Era tararear los primeros compases,

y el director de la discográfica arrancarse sin equivocarse ni na.

¿Me estás escuchando, Jose? -Que sí, reina mora.

A ver si puedo echar una ojeada al diario,

que ni tiempo he tenido.

Mira. (LEE) "Taxistas de París

trasladan a más de seis mil reservistas

al campo de batalla junto al río Marne".

Las cosas de los franceses.

Esto es clase, lo demás, tontería.

Qué fatiguita de guerra,

¿es que no puedes hablar de otra cosa?

¿Eh? Ah, pues como no te lea la cartelera, difícil me lo pones.

Me voy a recoger, que mañana he quedado con Huertas

para dar los últimos coletazos de la biografía.

¿Habéis terminado ya?

Nos queda el final.

Ya sabes, cómo se me ocurrió la canción del Iepa-iá.

¿Y lo del malaje argentino, se lo piensas contar?

Mañana lo decidiré.

A ver si tengo cuerpo de contarle mi paso fugaz al otro mundo.

No tardes, que no cojo el sueño hasta sentirte cerca.

¿Se ha retirado ya la señora?

Ahora mismito.

Si no desea nada más, me subo al altillo.

Espera.

Antes quería preguntarte unas cosillas sobre Ignacio.

Usted dirá.

¿A qué hora suele irse a la universidad?

Eso depende del día.

Hoy, por ejemplo.

¿Hoy?

Se ha marchao a las ocho de la tarde,

pero le he oído decir que mañana se iría a las cinco.

Sí que es variado el horario vespertino.

Siempre le guardo algo de cena para cuando vuelve de estudiar.

¿Te lo ha pedido él?

No ha hecho falta, que una lo hace con gusto.

Pero la señora me encargó que estuviera pendiente

pa que no le falte de nada.

¿Algo más, señor? -Nada más.

Puedes retirarte.

Buenas noches. -Buenas noches.

(Suenan las campanas en Acacias)

Recién salidos del horno.

Huelen que alimentan esos bollos.

Y mejor han de saber con este chocolate.

Gracias por querer compartir mesa conmigo.

El placer es mío,

que por algo es usted uno de mis clientes más distinguidos.

Aprecio mucho su establecimiento... por lo que significó para Felicia.

Tanto Sabina como yo, hacemos lo mejor

por continuar con el legado de doña Felicia.

El Nuevo Siglo XX ha ganado mucho con las reformas

y las nuevas adquisiciones.

De eso se trata, de mejorar el negocio heredado.

Usted, amigo, no solo alimenta mi estómago,

sino también mi conversación.

Me siento en confianza con usted.

La sensación es mutua, don Marcos.

Y cuénteme,

¿a qué se debió su ausencia en las últimas semanas?

Bueno, tenía un viaje pendiente

para solucionar ciertos asuntos del pasado.

El pasado.

El pasado...

Lo bueno y lo malo que hacemos en el pasado,

siempre nos acaba dando alcance.

Yo no lo hubiera dicho mejor.

Noto cierta melancolía en sus palabras.

Verá, don Roberto,...

hay un asunto que me inquieta mucho.

¿Algo relacionado con sus negocios?

¿Promete guardarme el secreto?

La discreción es un valor fundamental en un restaurador.

Se trata de la muerte de Felicia.

No murió por causas naturales,

sino por un envenenamiento.

¿Cómo?

Solicité una autopsia en su momento,

y hace unos días recibí el resultado.

No sabía de sus dudas respecto a las causas del fallecimiento.

Nunca me convenció la explicación de un paro cardiaco,

así que, he puesto en marcha una investigación.

Pero... ¿quién podría querer matar a Felicia?

Por lo que sé, era muy querida en el barrio.

Felicia no tenía enemigos, pero yo sí.

Qué mejor manera de atacarme que eliminando a mi esposa.

Ya le dije que el pasado siempre regresa.

Cierto.

Y esta vez seré yo quien salde la cuenta que tengo pendiente.

Jugaré esa antigua partida y la ganaré de una vez por todas.

¿Cree que don Liberto y su señora se dignarán a venir?

Rosina no se lo perdería por nada del mundo.

Lástima que no esté doña Susana.

Sin ella, la recepción no será lo mismo.

No nos faltarán invitados dispuestos a criticar nuestra casa.

No. Ahí radica el encanto de nuestros vecinos,

son capaces de despellejarte sin perder la sonrisa.

¿Invito a los Palacios?

¿Sería capaz?

¿Por qué no?

Aunque sin el diputado Palacios en la ciudad, no sería lo mismo.

Qué buena armonía veo aquí.

Estamos preparando una fiesta de inauguración de la nueva casa.

No sabía que pretendías hacer una.

Genoveva me está ayudando con los invitados. ¿Quieres verlo?

Me parece una pésima idea y una pérdida de tiempo.

Es costumbre en el barrio, que los recién llegados

se den a conocer con una pequeña fiesta.

Todos saben quiénes somos,

no necesitamos de ninguna fiesta para darnos a conocer.

Eres un aguafiestas, hermano.

Me hacía ilusión recibir en nuestra casa.

No seas ingenua,

¿crees que alguien se va a dignar a participar

en una fiesta organizada por ti? ¿Por qué le ayuda?

Pensé que no quería que la relacionaran con nosotros.

Todo tiene una explicación.

Ah. ¿Y esa es...?

Usted cree que nadie va a asistir a la inauguración, ¿cierto?

Apostaría mi mano derecha. Hace bien,

porque ni siquiera yo misma asistiré a la recepción.

No entiendo nada.

Quedamos en que debíamos mantener las apariencias,

así que su deber es invitar a los vecinos,

otra cosa es que ellos decidan si venir.

Es una estrategia, Aurelio, ¿no lo ves?

¿Qué están tramando?

Yo también me alegro de hablar contigo, primo.

Recuerdos a la familia.

¿Qué te ha dicho Leandro?

Afortunadamente, estaba al tanto de la marcha de mi tía.

Ella le telefoneó.

Le habrá parecido una locura descomunal, ¿no?

Habrá puesto el grito en el cielo, con lo lejos que está Nueva York.

Me ha parecido entender que no estaba al tanto de la falsa boda.

¿Leandro no sabía que Armando se había retratado con una princesa?

Ni que esa boda era parte de una misión diplomática.

Tu tía solo cuenta lo que le interesa.

Lo importante es que mi tía está junto a su esposo, feliz.

Pero a Leandro le habrá dado un soponcio con esta historia.

No te creas, que hasta le ha parecido divertida.

Con lo mal que lo pasamos nosotros.

Por eso se ha disculpado, mujer.

Poco más podía hacer.

Perdonen los señores, es que tenía que guardar esa sopera ahí.

¿Es verdad que don Armando se casó con una princesa?

Eso no es asunto de tu incumbencia.

Servando tenía razón cuando vio el retrato en el periódico.

Efectivamente,

aquel hombre era Armando, pero era una boda falsa,

todo formaba parte de una misión, un paripé.

Claro, entiendo. Pero ¿sabe uste si ese paripé siguió por la noche?

¡Pero bueno, ¿qué estás diciendo?!

Yo solamente estoy preguntando

si ese matrimonio se llegó a consumar.

Basta ya de impertinencias.

Vuelve a la cocina y no salgas de allí.

Que sí, me voy.

Cálmate un poco, Rosina.

Casilda solo preguntaba curiosidad.

Una chismosa, es lo que es.

Cariño.

Eso que dice Casilda de que Armando y la princesa...

Desde luego, Rosina, no cambias.

Y luego dices que Casilda es chismosa.

Madame.

Me ha encantado el hotel Metz, eso sin contar lo bien que he dormido.

Dirás con lo poco que has dormido, ha sido una noche memorable.

No seas bobo, que me vas a sonrojar.

Eso pretendo.

Ya sabes que me encanta ver el rubor de tus mejillas.

Ten cuidado con tanto halago, no vayas a acostumbrarme.

¿Te apetece un café? -Me apeteces tú.

Anda, siéntate conmigo.

Espero que entierres el hacha de guerra de una vez.

Eso depende de ti, creía que te había quedado claro.

Sí, mujer, lo tengo claro, no te pongas seria ahora.

Las cosas no pueden volver a ser como antes.

Entiéndeme, Ramón.

Te prometo que nunca más voy a dejarte desatendida

ni relegada por nada, ni por los negocios.

Da gracias a que no soy tan peleona que tu nuera, si no...

He de reconocer que los hombres de esta casa somos muy afortunados

con nuestras mujeres.

Sí.

Pero... te recuerdo que en las nuevas condiciones,

queda implícito Lolita y su trabajo en la mantequería.

Cierto, no puedo cargarte con la ayuda a Lolita y con Moncho.

Vaya, veo que te has aprendido bien la lección.

Ahora solo queda que Antoñito regrese sano y salvo.

Y una cosa más, Ramón. -Tú dirás.

Ya sabes que no soy una mujer de quedarse parada,

que no se me caen los anillos si tengo que hacer cualquier tarea.

Me gustaría hacer algo más que atender la casa.

Pensaba que el asunto de peinar a señoras a domicilio era provisional.

Me da igual trabajar de peluquera o de cualquier otra cosa,

pero sí que necesito hacer algo más.

Y ya sé...

que la idea de que trabaje por mi cuenta no te agrada,

pero piensa en mí.

Voy a darte yo otra idea.

¿Y si abres un negocio propio?

¿Mi propio negocio, de qué?

De lo que quieras.

Tú pondrás el trabajo y yo el capital procedente de mis rentas.

No necesitamos más.

¿Qué te parece?

(RÍE)

¿Qué me va a parecer?

(Ruido de platos rotos)

Fausto Salazar.

Soledad, ¿está bien? -Sí.

Perdón. Perdóneme, estaba pensando en mis cosas...

Perdón.

Lo siento. Cuidado.

Se la ve muy contenta.

¿Tanto se me nota?

No me gustaría que mi padre se percatara.

¿Y eso, por qué?

Ayer tuve un encuentro con Aurelio bastante premonitorio.

Y todo gracias a usted,

por hacer de mensajera y darme cobertura.

Tenga cuidado, ya sabe lo que opina su padre de su amistad con Aurelio.

Él no tiene ni idea de cómo es Aurelio.

Lo juzga sin conocerlo. -¿Y usted sí lo conoce?

Tiene un corazón que no le cabe en el pecho.

Si le hubiera escuchado, me entendería.

Es un hombre tan especial...

¿Usted nunca ha sentido algo parecido por un hombre?

Eso son cosas de chiquillos.

No me venga con esas, Soledad,

seguro que hay alguien por ahí que le hace suspirar.

Y no me refiero a cuando era joven, sino ahora mismo.

¿Ahora mismo?

Alguien cercano a su edad o quizás mayor.

¿Quiere que le diga la verdad?

Yo le he confiado mi secreto.

Hace muchos años sí tuve un gran amor.

Sabía que había alguien. ¿Y cómo era?

Era muy atractivo

y tenía un magnetismo imposible de evitar.

Cerraba los ojos y notaba su presencia.

¿Y qué fue de él?

Resultó ser un monstruo

del que tuve que huir para que no me devorara.

¡Cuánto lo siento, Soledad!

No volví a verle nunca más.

Y justo, cuando... ya pensé que no me iba a enamorar nunca,

apareció otro hombre.

¿Y mejor con ese hombre?

Es... viudo, rico....

Y sé que me tiene cariño, pero no está enamorado de mí.

¿Cómo sabe que no le ama?

Porque esas cosas se saben, Anabel.

Soy un mero entretenimiento.

Lo lamento, Soledad.

Ojalá pudiera cambiar las cosas.

Ojalá.

Es el castigo que tenemos que pagar las mujeres

por obedecer solo a nuestro corazón.

Solo ha pasado un día y ya echo de menos a Susana.

Su nos ha dejado bastante desconcertados.

Piensen, que en estos momentos, Nueva York es una ciudad segura.

¿Alguna novedad sobre su hijo Tano? No, aunque ya me dijo

que la correspondencia no iba a ser tan fluida.

Dios quiera que se mantenga a salvo.

Quien debe estar fuera de peligro es Antoñito, ¿no?

Ayer me comunicaron el final de su misión diplomática en África

y su regreso a casa.

Seguro que tendrá anécdotas que contarnos.

Sí, aunque yo prefiero las que le está contando Bellita a su biógrafo.

Estoy deseando comprar el libro para leerlas.

Hay que reconocer que la gracia de Bellita relatando sus recuerdos

es inimitable.

El esfuerzo que pone en sus proyectos

la hacen merecedora sus éxitos. -Por cierto, Ramón.

esta mañana me pareció verle con un bolsa de equipaje.

-Así es.

Carmen y yo pasamos la noche en el hotel Metz.

Buen, Ramón, uno de los mejores de la ciudad.

Sin duda.

El confort y el lujo de las habitaciones es impecable.

-Por no mencionar la excelente carta de su restaurante.

Nos sirvieron una cena a base de platos de caza.

La perdiz escabechada estaba deliciosa.

¿Y a qué ese dispendio?

¿Tienen problemas en su inmueble que les impida dormir allí?

En absoluto, todo está bien en casa.

Mejor que nunca.

No entiendo la excentricidad de pernoctar sin razón ninguna.

Rosina, por favor, no seas insistente.

-Buenas tardes, señores.

Es una suerte encontrarles a todos aquí reunidos.

-Si quiere unirse...

No, la mesa es muy pequeña

y no vamos a molestar a Sabina pidiéndola otra.

No hace falta, Rosina.

En realidad, solo quería invitarles a la inauguración de mi nueva casa.

Sí, nos había comentado doña Rosina que se han mudado al 38.

Así es.

Por eso hemos organizado un ágape de bienvenida.

Tengo entendido que es costumbre. -Es una costumbre no escrita,

pero costumbre a fin de cuentas.

Será una recepción modesta,

pero me gustaría que acudieran todos.

Espero que este silencio sea una confirmación.

Le agradecemos su invitación, trasládeselo a su hermano.

Espero verles allí a todos.

Les enviaré una nota con la hora del ágape.

¿De verdad piensan ustedes asistir?

# Aunque pobres y remendados

# sin más luz que la del sol,

# no te pedimos dinero, niña, pedimos amor. #

Servando.

Muchas gracias. Caballero.

Le he estado dando vueltas a eso de la tuna

y no acabo de verlo claro.

Jacinto, qué poquitas miras tienes

para conquista de las féminas.

Vale, si fuera más ducho, no le pediría consejo.

A ver, si es que, la tuna,

es el medio más romántico para conquistar

y reconquistar a una moza.

Si usted lo dice... Lo digo yo y cualquiera.

¿Qué moza no se deshace por un coro de tunos cantando?

La verdad es que a Marcelina la música le gusta.

Claro, por eso mismo, para sorprenderla cuando vuelva.

A Marcelina, si no se le da contentura, se pone revirá.

Para eso estaré yo ahí,

para estar al quite por si metas la pata.

Pero ¿usted sabe algo de tunos? No, pero siempre me han gustado.

Ayudándote, me quito la espinita, que siempre he querido ser tunero.

¿Y por qué no se hace tuno y le encargó unas canciones

para Marcelina?

Porque tu lo que quieres es reconquistar a tu mujer,

y para eso, hay que meterse en el fango con todas las de la ley.

A ver si el fango termina ahogándome.

Imagínate esa mujer escuchando un coro de voces varoniles,

te va a querer pa toda la vida. Olvídate ya de eso.

Me cuesta imaginármelo, ¿sabe?

No veo qué hace un pastor de ovejas en una tuna.

Jacinto, tú ya no eres un pastor. Ni estudiante.

Servando, que la juventud, la dejamos años atrás.

Vamos a ver, la juventud va en el espíritu,

que no es una cuestión de años.

(CARRASPEA)

Uy, ¿qué hablan ustedes de años?

De champiñones.

No, es que el cultivo de champiñones cada año varía.

¿Verdad, Jacinto? Mismamente.

Ahora que lo dicen, voy a comprar en el mercado unos pocos,

que siempre alegran los platos como guarnición.

(RÍEN)

A más ver.

(RESOPLA) Menos mal.

Toma, coge esto.

# Aunque pobres y remendados sin más luz que la del sol,

# no pedimos dinero, niña, pedimos amor.

# Aunque pobres y remendados sin más luz que la del sol,

# no pedimos dinero, niña, pedimos amor. #

(Guitarra española)

Esta va aquí.

Vámonos.

¿Qué? ¿Os plantáis?

Sujétame el cigarro, que le voy a enseñar a esta gente

cómo se juega.

¿Vamos o no vamos?

¿Quién habla?

Buah.

Escalera real de color. ¿Cómo os habéis quedao?

Un día se te acabará la suerte. -Si es que soy imbatible, imbatible.

Sigue repartiendo, anda.

Déjame el cigarrito, guapa.

Muchas gracias. ¿Tenéis alguno fuego?

¿Eh?

¿Nadie tiene fósforo pa el campeón?

Muchas gracias.

¿Qué?

(TOSE)

¿Qué pasa, tito?

Por lo que veo, en este aula no hay pupitres, ni pizarra,

pero sí hay serrín en el suelo mucho vino peleón.

Deje que le explique, tío, por favor.

-¿Explicarme el qué, caradura?

¿El qué?

¿Que te pasas las tardes de burlanga jugando a la brisca,

al tute o al matute?

Tito, jugaba al póker.

Al póker estamos jugando.

Qué casualidad que me haya pillado

celebrando el cumpleaños de un amigo.

Siéntese, le invito a una copita.

No te pases de listo conmigo, gandul.

Te espero en la calle. -Pero tito...

No.

Y no tardes.

(Puerta)

Señorita, alguien ha venido a verla.

¿A mí?

Espero no interrumpir nada.

Aurelio, tú aquí.

Llevo todo el día pensando en ti.

Yo también deseaba verte, por eso he venido.

Qué locura que estés aquí, ¿y si estuviera mi padre?

Sabía que no estaba.

Pero podría aparecer en cualquier momento.

No se demoren.

Vigilaré la escalera.

Gracias, Soledad.

Un beso más como este y me dejarás sin aliento.

¿No lo deseabas tanto como yo?

¿Tú qué crees?

Tus besos me dan la vida.

¿No sé cómo he podido estar tanto tiempo sin ellos?

Porque somos unos supervivientes.

Pero no voy a estar ni un segundo más separado de ti.

Quédate siempre conmigo.

Vivir sin ti, no es vivir.

Cada minuto que paso sin ti es un suplicio.

Abrázame, mi amor. Quiero sentirte cerca.

Tienes que irte. -Aún tenemos tiempo.

Cuanto más tiempo estemos juntos, más difícil será separarnos.

Soledad vigila, ella nos avisará.

No quiero ni imaginar qué pasaría si mi padre nos viera.

Te deseo tanto, que me cuesta parar.

A mí me ocurre lo mismo,

por eso quiero verte de nuevo lejos de aquí.

¿Qué propones?

Podemos encontrarnos en el cruce que hay en el camino a los establos.

¿Cómo sé qué acudirás y no me darás plantón?

Te prometo que estaré allí.

Soledad me cubrirá y nada me detendrá.

Allí estaré.

¿Ha leído alguna vez la "Soli"? -No, ¿qué es?

En el diario de la Solidaridad Obrera,

el sindicato que nos hace la competencia a los de la UGT.

Nunca he oído hablar de él.

Debería echarle un ojo,

le puedo conseguir un ejemplar,

Gracias, pero no soy partidario de métodos anarquistas,

prefiero convencer con palabras, y no con hechos violentos.

Por eso me afilié a la UGT,

la desorganización del anarquismo es poco operativa

frente a los despidos y la reducción de salarios.

Eso mismo pienso yo.

Pero reconozca que, sin la presión anarquista,

las reclamaciones de la Semana Trágica no servirían.

Puede ser, pero tengo en alta estima la vida humana.

Y entre un obrero mal pagado y uno vivo,

prefiero al vivo.

Debería unirse a nosotros, Miguel.

Necesitamos gente que hable con la cabeza y no con el corazón.

Tampoco quiero que me tache de frío,

las injusticias pueden conmigo,

sean de la naturaleza que sean. -Estoy seguro que sí.

Eso sí, le advierto que los letrados no somos muy bien vistos

en el sindicato.

Por saber leer y escribir, nos consideran unos señoritos.

Son muchos años aguantando la tiranía de unos pocos

que se escudan bajo la impunidad de su clase social.

Yo no lo habría dicho mejor. Es usted un Séneca.

(RÍE)

Por cierto,

el otro día me dijo que estuvo asesorando

a unos trabajadores que llevaban meses sin cobrar, ¿cómo va eso?

Es un caso complicado.

Los patronos insisten en que jamás han mantenido una relación laboral

con ellos.

Pero habrá alguna manera de acreditarlo.

He de dar con algunos testigos dispuestos a declarar,

pero nuestra lucha está llena de obstáculos.

¿Hay muchos abogados en el sindicato?

No los suficientes.

Los juzgados no están preparados para dar voz a los obreros.

Si la justicia no es igual para todos,

no se puede llamar justicia.

Y en nuestras manos está cambiar la historia de una forma pacífica.

Pues...

me gustaría contribuir a este cambio.

Puedo concertarle una cita con compañeros del sindicato

y que hablen con usted. -Pues...

sería un honor para mí escuchar de primera mano

sobre sus experiencias.

¿Desean tomar algo más?

Yo estoy bien, gracias.

Daniela, le quiero presentar a Alberto del Pozo, un amigo abogado.

Es un placer. -Lo mismo digo.

Yo tengo un poco de sed,

¿podría traernos una jarra de limonada?

Por supuesto, ahora mismo.

Una jarra de limonada fresquita para Miguel y su amigo.

Marchando pues.

Su nieto me ha presentado a su acompañante,

es abogado, como él.

Afortunada tú que se ha dignado a presentártelo.

Por cómo hablan, parecen buenos amigos.

Conociendo a mi nieto,

seguro que tratan más de asuntos de trabajo, que de la vida misma.

A veces es difícil distinguir una cosa de otra.

Ahí te doy toda la razón,... que el oficio hace el camino.

Y usted ha recorrido lo suyo.

Bueno, mis buenos kilómetros llevo a mis espaldas.

Sabina me comentó que han vivido en muchos países.

Demasiados, diría yo,

pero donde mejor se está es en la patria de uno.

Bueno, ahí tienes la limonada para mi nieto.

Qué rapidez.

Ya querrían muchos jóvenes tener su destreza.

¿Hay problemas con la pared de la bodega

o es que se ha agriado alguna botella?

La que se ha agriado soy yo, viendo las migas que haces

con Daniela.

No me digas que tienes celos de la camarera.

Te equivocas,

listo,

lo que me hace mala sangre es tu cercanía

en dos días que llevas aquí.

¿Y eso no son celos?

Tonta tendría que ser para estar encelada.

Otra cosa es que me escame tanto chiste y bromita.

¿Qué culpa tengo yo si le gustan mis historias?

¿Historias?

Roberto...

Por Dios, Sabina,

si tú has sido la primera en hablarme bien de ella,

que solo te ha faltado ponerla en un pedestal.

Porque es buena trabajadora, nada más.

Si yo opino lo mismo, sobre todo con los platos italianos

que hemos incluido en la carta del restaurante.

Oye, a ver, que yo me aclare,

¿son celos amorosos o celos culinarios?

Roberto, calladito, no quiero discutir.

(Puerta)

Siéntate, que me tienes contento.

Ahora que no está tu tía, me vas a contar de pe a pa,

a qué viene todo esto.

Ignacio,

¿ya ha vuelto usted de sus clases?

Alodia, vete a la cocina y no aparezcas

hasta que yo te lo diga.

¿A qué viene el cuento de estudiar medicina?

Deje que le explique.

Te calé na más entrar en mi casa.

Que uno ha sido cocinero antes de fraile.

Y un zorro joven no engaña a uno viejo,

por mucho que lo intente.

Dime,

¿con qué intenciones has venido a esta ciudad?

Además, de tomarnos por primos a mi esposa y a mí,

más que por tío. Venga.

Ya estás tardando en explicarte.

Tito, yo me volví del...

pueblo por un asuntillo que tuve con una mujer casada.

Ya sabe usted... -Yo no sé na,

que yo solo tengo ojos para mi señora esposa.

Sigue.

El caso es que el hombre se enteró y...

y me retó a duelo, con la mala suerte que el hombre se lastimó

y tuve que salir por patas de allí, tito.

Y así viniste a mi casa, como un prófugo de la justicia.

Solo en parte.

Vamos, que ni estudiante, ni medicina, ni na de na.

Claro que quiero acabar la carrera de Medicina,

¿cómo no la voy a querer acabar?

Vocación me sobra.

Te sobrará vocación, pero de esfuerzo te veo cortito.

Son las malas costumbres,

que se me agarran como una garrapata de campo y...

Por eso le pido que me dé una segunda oportunidad.

Sí, ¿pa que nos vuelvas a engañar?

Eso no va a volver a pasar.

Parrandero, fulero,

embustero y ¡pichabrava!

Vaya regalito que nos ha caído encima.

Desahóguese si quiere, pero apiádese de mí.

Si por mi fuera, te pondría ya mismo en la calle,

pero no quiero darle ese disgusto a tu tía,

que ella no tiene culpa de na. Pero esto no va a quedar así.

Algo pensaré.

Tanto pensar,

tanto pensar...

Anda ya, fartusco, que eres un fartusco.

Cada vez se parece más a Antoñito.

Como que es su padre. -No me refiero solo...

a los rasgos físicos, sino a los gestos, las miradas.

Las ganas que tengo de que Antoñito esté de vuelta.

Lo podríamos celebrar

repitiendo la inolvidable velada en el hotel Metz.

No me tientes, señor Palacios,

que no es bueno abusar de la buena vida.

¿Y eso quién lo dice? -Lo digo yo misma,

que no estaría bien esfumarnos justo el día que llega Antoñito.

Tienes razón, como siempre. -Claro.

Nieto, no mires.

(Puerta)

Da gusto verles recuperar el toque picantón a sus guisos.

No te hemos oído llegar.

No se azore, Carmen,

que yo también deseo que vuelva Antoñito

para recuperar el tiempo perdido.

(Teléfono)

Yo lo cojo.

¿Dígame?

Carmen, estoy pensando en qué hacerle de cenar a Antoñito

para darle la bienvenida.

¿Y por qué no le haces asado de cerdo?, que le encanta,

y no creo que en esos países lo cocinen,

por las cosas estas de la religión.

¿No me diga que los curas de allí se meten en esas cosas?

Hombre, pues claro, como los de aquí,

que en Cuaresma no se puede comer carne hasta que llega la Pascua.

Claro, claro.

Al final, no vamos a ser tan diferentes.

Sí, sí, muchas gracias, muchas gracias.

¿Ha pasado algo?

Eran del Ministerio de la Guerra.

Les acaban de dar parte de un accidente

de un político expedicionario,

cuyas iniciales responden a A. P. R.

Antoñito Palacios Ruzafa.

Ay, mi Antoñito.

Natalia.

Buenas.

Doña Rosina, no me diga que también viene de misa.

No, ya he ido esta mañana, ahora venía de dar un paseo.

Hace bien en aprovechar el fresco de la tarde.

Sí.

Lamento decirle que no podré asistir

a la fiesta de inauguración de su casa.

¿Y eso?

Pensaba que usted no se perdía ni una recepción.

Normalmente asisto a todas,

pero esta vez, nos ha surgido un imprevisto de última hora.

Espero que no sea nada grave.

No, grave no es, pero no nos lo podemos saltar.

Siendo así, quede usted excusada.

Desgraciadamente, no son los únicos que van a faltar.

En realidad, nadie nos ha confirmado hasta este momento.

Vaya, cuánto lo siento.

Quizás deberíamos haberles convocado con más tiempo.

Posiblemente, esa sea la razón, claro.

¿Y si lo retrasamos? ¿Cuándo le vendría a usted bien?

Es que no soy solo yo, también está Liberto,

es un hombre tan ocupado...

Pero vamos, mejor no contar con él si deciden posponerla.

Bueno, con Dios.

Don Felipe.

¿Cuento con su presencia para mi fiesta de inauguración?

Me encantaría, pero es posible que no pueda.

Tengo asuntos pendientes.

¿No me estará mintiendo para excusar su asistencia?

No se equivoque.

No necesito ponerle ninguna excusa, y mucho menos, mentirle.

Lo lamento, no quería molestarle.

Cuando lo sepa seguro, me lo confirma.

Con Dios.

(Puerta)

Pensé que ya no vendría. Pase.

Me ha costado salir sin que me viera Anabel.

¿Qué quiere?

Me estaba acordando del día en que le propuse unirse a mí.

Veo que ha reparado en que tengo cierto interés en su persona.

No me equivocaba al considerarla una mujer inteligente.

Pero, si me lo permite,

hay algo en lo que se ha equivocado.

¿Ah, sí?

¿En qué?

Sencillo, a la hora de elegir bando.

Pero, por fortuna,

ese es un error que tiene fácil solución.

Tan solo debe aceptar lo que voy a proponerle.

Temo que no termino de comprenderle. -Descuide, lo hará en seguida.

Sería muy conveniente...

para mí... tener ojos y oídos en esta casa.

Alguien... que me contará lo que aquí sucede.

¿Me está pidiendo que traicione a mi señor, es eso?

Sí, pero a cambio de un precio más que elevado.

¿Qué contesta?

Como ha podido comprobar, no se equivocó

al aceptar a ser mi cómplice en el cortejo a Anabel.

-"La señorita está con don Miguel Olmedo".

Ahora estén separados, pero volverán a estar juntos.

¿Usted ha visto a ese pisaverdes?

Un botarate soso y romántico

que tiene los días contados con Anabel.

A ella le gusta.

Ella es una veleta, hoy le gusta él y mañana cambia de opinión.

Siempre ha estado enamorada de mí.

Marcos Bacigalupe se dará cuenta

que soy la mejor opción para su hija.

¿Me está diciendo que Anabel está enamorada de usted...

y usted de ella, señor?

No la hacía tan romántica.

Es apenas una jovencita, casi una niña.

Para su tranquilidad,

su amor siempre ha sido correspondido.

Estará haciendo usted una buena obra,

uniendo a dos enamorados a los que el destino separó injustamente.

¿Qué tengo que hacer?

Ya lo irá sabiendo conforme vengan los acontecimientos.

Por lo pronto,

lo que puede hacer es dejar en mal lugar

a Miguel Olmedo siempre que pueda, ¿de acuerdo?

Sí.

Muy bien.

Hoy me siento generoso,

no solamente no le diré nada a don Marcos,

sino que también voy a pagarle generosamente si todo sale bien.

Gracias.

Por fin ha llegado la hora de darle lo prometido.

Este es el pago por su buen servicio como alcahueta.

Pero, Ramón, ¿te han entregado algún documento

o lo que sea, algo?

Que sí, el mismo que nos leyeron por teléfono.

"El expedicionario A. P. R.

ha sufrido un accidente, se procede a trasladarlo en ambulancia".

Usted dirá lo que quiera, pero el amor...

no es la razón por la que no coge el dinero.

Tiene razón.

Sí hay otro motivo. -"No has dicho na, ¿no?"

Nada, no he dicho na.

Pero vaya con cuidao,

que no quiero que le manden de vuelta a su tierra.

Si me mandan, te llevo conmigo.

-"Te has arreglado tanto porque has quedado".

¿Con Aurelio Quesada?

Eso no te importa.

¿Hacías lo mismo cuando estabas conmigo?

¿Qué ha pasado con Ignacio? -Es un caradura de tomo y lomo.

Cuando se va de casa va a tugurios y cafetines

a gastarse el dinero en vino y farra.

La señorita Quesada,

que nos había invitado a la fiesta de inauguración de su casa.

¿Y eso por qué?

Por ser buena vecina.

Yo no quiero ser buena vecina.

Ni piense que mi marido va a ir a una fiesta en su casa.

Debería buscarse una mujer que lo merezca.

Daniela, ¿puedo pedirle un favor?

Lo que quiera.

Veo que es usted un hombre rígido.

De convicciones firmes, nada más que eso.

Don Felipe...

Le ruego, por favor, que no me toque.

Me ha dicho Jose que estabas en uno de los peores cafetines,

El Armiño.

Tita, pero yo soy nuevo,

no sabía que era un sitio con tan mala nota.

Y vuelta la mula al trigo.

Siempre nos dijeron... que el accidentado era A. P. R.

Claro, Antonio Palacios Ruzafa.

Pues no era mi hijo, era un tal Abelino Paredes Rodado,

un miembro de la expedición, que se ha roto una clavícula.

¿Y Antoñito? -Nadie lo sabe.

-"Me tiene que hablar de ese viudo del que se ha enamorado".

No sé por qué me dice eso.

Sí que lo sabe.

No hay nada de qué avergonzarse.

Soledad, espere.

Se trata de mi padre, ¿verdad?

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Acacias 38 - Capítulo 1357

29 oct 2020

Marcos cuenta a Roberto que Felicia fue envenenada mientras Méndez sigue su investigación con la información facilitada por Soledad. Anabel intenta que la criada le hable de la relación que mantiene con su padre, pero ella le cuenta de un antiguo amor.
Natalia y Genoveva preparan una fiesta para presentar su nueva vivienda, con la intención de que nadie del barrio acuda.
Jose descubre a Ignacio en una de sus jaranas y el joven estudiante le cuenta la verdad.
Los Palacios reciben una desoladora noticia, un diplomático que responde a las iniciales A. P. R. ha sufrido un grave accidente en el norte de África. ¿Qué le ha sucedido a Antoñito?
Servando tiene un plan para que Jacinto recupere a Marcelina: hacerse tunos.
Aurelio y Anabel tras pasar juntos la noche se juran amor eterno… Y descubrimos que Aurelio tenía un pacto con Soledad para conquistar a la joven criolla.

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Añadir comentario ↓

  1. María jose

    Por favor,no puedo seguir la serie si no es por aquí,podrían solucionar el problema,gracias

    pasado miércoles
  2. María jose

    Desde el capítulo 1357 no se ven ningún capitulo

    08 nov 2020
  3. Grace

    No se ve los capítulos de la última semana

    06 nov 2020
  4. Sarah

    No se ve en la tablet ningún capítulo a partir de este...Por favor solucionenlo

    03 nov 2020
  5. Acaciera

    Este capítulo no se puede ver, se para a los segundos de comenzar el resumen y aunque se avance manualmente minutos más alante, no se reproduce ¿Pueden solucionarlo, por favor?

    31 oct 2020
  6. Sarah

    No se ve¿¿

    30 oct 2020
  7. LUIS miguel fernandez fernandez

    No se ve el capítulo de hoy se queda parado

    29 oct 2020