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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1352 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

¿Natalia Quesada, has dicho?

Semanas antes de su muerte,

no dejó de recibir las visitas de la señorita.

¿Te importaría responder a las preguntas de un detective

sobre lo que me has contado?

Lo que usted ordene.

He quedado con mis compañeros, pasaremos la noche estudiando.

Tengo parné de sobra.

Hoy nos vamos a correr una juerga de campeonato.

Mi noviazgo con Anabel ha terminado.

Pero le advierto

que no voy a consentir que le cause el menor prejuicio.

¿Acaso está en su mano? -Ya me encargaré de que sea así.

Me quedo a su cargo.

Mi padre le perdonará mi marcha.

Sé que la tiene en la más alta consideración.

He hecho mal entrometiéndome. Nunca debí atreverme.

Pero no tema, no volveré a intentar nada.

Hoy mismo me marcharé al pueblo.

¿Es verdad que Marcelina entro en el convento pa camelarse a Remigio?

Adiós, Jacinto.

Nunca pensé que un simple sombrero le haría, no sé,

olvidar sus resquemores de esa manera.

¿Le contamos la verdad, que el sombrero se lo enviaste tú?

No, claro que no.

Con cuidado, si no queremos ser descubiertos.

(EN ITALIANO)

-"Sigue fuera".

(EN ITALIANO)

Se llama Fausto.

Era mi compañero de viaje.

Siempre ha estado en el centro de mis pensamientos.

Y siempre lo estará.

¿Jacinto?

¿Jacinto?

¿Estás por ahí?

¡Jacinto!

¿Qué haces ahí, limpiar las escaleras?

¿Qué hace? ¡Leche, que casi me da un pasmo!

¿Qué mira tan embobao?

Es que nunca estás donde tienes que estar.

He ido al plomero a por una pieza pa un arreglo.

A ver si se cree que me pagan por pegar la hebra.

No me digas por qué te pagan, que trabajé de portero unos añitos.

Dígame, ¿qué quiere?

Ha vuelto a llamar la Marcelina. ¿Y?

La tienes preocupada.

Hace días que te dejó recado de que la llamases

y no le has hecho ni caso.

Está empezando a pensar que te has cansado de ella.

¿Eso le ha dicho mi cordera?

Palabra por palabra.

Con lo que yo la quiero...

Pues ya la podías llamar.

Es que no dejo de pensar en lo que

se traían entre manos Marcelina y el Sacristán.

Seguro que no fue pa tanto, hombre.

No sé si fue pa tanto o pa menos,

pero clarito que lo dejó Indalecia.

Me voy a trabajar, que tengo cosas que hacer.

Aquí me deja. Ya le cierro la puerta al señor marqués.

# Por amor cayó rendida.

# Por amor cayó embrujá

# de un brioso sacarreno

# al que llaman capitán.

# De un brioso sacarreno

# al que llaman capitán.

# Es mujer salá y donosa

# del principio al final.

# No hay otra tan retrechera

# como la Encarna Vidal.

# No hay otra tan retrechera

# como la Encarna Vidal. #

Ole, ole los caracoles, qué arte que tiene mi tía Bellita.

Ole. -Ignacio, ¿cuánto tiempo llevas ahí?

Poco, tita, que si me hirieran de muerte,

que fuera escuchando su voz hasta quedarme sin aliento.

Qué cosas más macabras dices, chiquillo.

Igualita que mi hermana, siempre con la muerte en la boca.

Oye,...

anda que no vas tú elegante ni na a las clases.

¿Elegante? Elegante hasta la muerte, tita.

Y dale con los muertos...

Eso sí, bien descansaíto sí que vas, qué menuda siesta te has echado,

que ni pa almorzar te has despertado.

Por eso les quería pedir disculpas.

Ayer tuve un día horroroso y pinta que la cosa hoy va a ser igual.

Ya sé que esta es su casa

sus normas, su orden, y por eso le pido perdón.

Bueno, tú tranquilo, que no tienes que disculparte de nada.

Con el esfuerzo que estás haciendo, ¿te voy a pedir orden?

Tu estudia, que es lo tuyo, y no te preocupes de na más.

¿De verdad lo dice, tita?

Que sí, que no va a haber médico más guapo ni pinturero en la ciudad.

¿Tú te has visto lo guapo y lo elegante que vas?

Tita, que me saca los colores.

Señorito, le he preparao un bocadillo para que se lo lleve.

Di que sí, Alodia, que no es bueno darle al magín con la tripa vacía.

Lo siento, pero he quedao pa comer en la cantina de la universidad

con unos compañeros.

Bueno, aquí o allí,

pero tú come, que no quiero que digan que te mato de hambre.

Alodia, recoge un poquito esto.

Y tú... Ahí está. Que tengas un buen día.

Gracias. Adiós.

Bueno, Alodia.

Entonces, ¿no se va a llevar el bocadillo?

Anda, trae para acá,

¿cómo no me lo voy a llevar con el cariño que lo has preparado?

Me marcho, que tengo prisa. -Ignacio, espere.

Dime, Alodia.

Sus libros. Perdone, perdone.

Tenga.

Se lo iba a olvidar.

Un día de estos voy a perder la cabeza.

Madre mía. -Con Dios.

Con Dios.

No puedo más.

Tengo los pies destrozados de tanto caminar.

Querrás decir por ir de compras,

que habéis estado un buen rato de tiendas.

Culpa tuya por haber tardado tanto con ese cliente.

Rosina, no te metas con mi sobrino,

que si ha tardado, ha sido para bien.

Ese cliente es uno de los que más beneficios me reporta,

y gracias a ese dinero puedes tener estos caprichos.

¿Como tu camisa? -Solo faltaba.

La camisa se ve más bonita aquí que en la tienda.

¿No te parece? -Te dije que era preciosa, pero...

lástima que no esté bien acabada, fíjate en el pespunte.

¿Qué pasa, está mal?

Mal no, pero nada que ver con la confección de mi sombrero.

Lo mires por donde lo mires, es imposible encontrar un defecto.

Bueno, y el pañuelo es ideal,

y no me digas que si el pespunte o el hilo,

que nadie lo va a mirar de cerca. -Ya te dije que...

acertar con los complementos no es fácil.

El pañuelo es bonito y para usted de contar.

En cambio, el sombrero de mi Armando aúna todas las cualidades

que debe tener un complemento.

Si me disculpáis, voy a refrescarme un poco.

Liberto, no la soporto, siempre hablando de lo mismo.

Me sabe muy mal tener a mi tía en este engaño.

No podemos seguir así.

¿Por ella o por tener que aguantar su alardeos sobre Armando?

Por ella, Rosina, por ella.

¿No ves que hace el ridículo delante de todos?

Tenemos que contarle la verdad.

Tienes razón. Es que tanto presumir de Armando...

¿No has abierto más paquetes?

Tía,...

tenemos algo que decirle. -¿Sí?

Fuimos nosotros los que le enviamos el sombrero,

no Armando.

-¿Cómo?

Pues que la vimos tan hundida por el retrato

que salió en el diario, que no sabíamos cómo animarla.

-Claro.

Yo me volvería loca si viera a mi Liberto desposándose

con una princesa prusiana. -Estábamos tan preocupados

por su estado de ánimo,

que por eso decidimos darle esta sorpresa, para...

¿Para tratarme como una imbécil?

Lo que habéis hecho es una indecencia,

una tomadura de pelo cruel, de las peores.

¡Sois unos miserables!

¡Los dos!

¿Qué te parece?

Muy bien.

Estás deslumbrante con ese vestido.

Por eso me lo he puesto, para deslumbrar a Pierre Caron.

¿Y se puede saber dónde habéis quedado?

El todavía no lo sabe, pero yo sí.

Voy a un salón donde van a presentar un libro de un autor francés

y seguro que estará allí.

Eres muy astuta, hermana.

Me toparé casualmente con él y pasaremos una maravillosa velada.

Iba a desearte suerte, pero no te hace falta.

No me hace falta, pero gracias.

Con Dios. -Con Dios.

(Se cierra la puerta)

(Llaman)

¿Qué se habrá olvidado?

No esperaba su visita, pensaba que sería mi hermana.

Lamento haberle decepcionado.

Pase.

Veo que las noticias de mi cambio de domicilio corren por el barrio.

¿Qué quiere?

Don Marcos quiere verle,

si es posible, en esta casa, no en la suya.

¿Aquí?

Como ve, no estoy en condiciones para recibir visitas.

Puedo subir a la suya.

Él lo prefiere así.

Si a su señor no le importa reunirse entre cajas,

no tengo ningún problema con recibirlo aquí.

Vendrá esta tarde, si a usted no le importa.

No.

Se lo diré.

Espere, no se vaya.

Necesito que me haga un favor. -¿Un favor?

-Ajá.

Se trata de una nota para Anabel.

¿Estuvo usted ayer con la señorita?

¿Con Anabel?

No, hace días que no la veo.

¿Querrá hacerme ese favor?

Por supuesto.

Ahora la escribo, será un momento.

Se llama Daniela Stabile,

es italiana, de madre española y padre italiano,

así que habla perfectamente el castellano.

Los idiomas son un valor en alza.

Poder comunicarte con personas de otros países te amplia horizontes

y negocios.

De momento, hemos añadido algunos platos italianos en la carta.

No vea la mano que tiene para la cocina.

Tu abuela ha tenido muy buen ojo contratándola.

Y eso que se presentaron muchos candidatos.

Sabina es capaz de encontrar una aguja en un pajar,

te lo digo yo, que llevo muchos años con ella.

Ahora se la presento, que acaba de empezar su turno de tarde

y juzga usted.

No. Mejor, espérame tú en la terraza.

¿No quiere que se la presente antes?

Prefiero hacerme una primera impresión de la muchacha sincera

y espontánea. -Como quiera.

Buenas tardes.

Muy buenas.

¿Qué desea tomar?

Si lo soy sincero, no lo tengo muy claro,

así que, agradecería su consejo.

Será un placer, eso sí, necesito alguna pista para saber asesorarle.

Me han dicho que hay determinadas bebidas

que son óptimas para ciertos estados de ánimo.

Así, es, una bebida bien elegida puede potenciar alegrías

o mitigar las penas.

En ese caso,

¿qué le serviría a un viejo fatigado e incrédulo?

Una grappa italiana o un aguardiente de orujo en su defecto.

Bueno... ¿Y a un joven decaído?

Pues un café corto y sin azúcar.

Entonces,

¿le sirvo uno para usted y otro para su nieto?

(RÍE) ¡Me ha pillado!

Que conste que al principio dudaba.

Sabina me había dicho que la nueva camarera era guapa y eficiente,

pero no mencionó su perspicacia e inteligencia.

Bienvenido a casa.

Gracias.

Mi nieto me ha comentado que es usted medio italiana.

Nacida en Sorrento, criada en Nápoles,

educada en Suiza y lanzada al mundo en España.

Una carta de presentación impresionante,

aunque mucho menos que su saber hacer.

(Puerta)

Qué hallazgo de muchacha, Miguel.

Veo que ya ha encandilado a mi abuelo.

Me he limitado a contestar sus preguntas.

Y con gran convencimiento, que conste.

Como siempre se ha dicho: "se non è vero è ben trovato".

Buenas tardes.

¿Mesa para dos?

Buenas tardes, don Felipe. Está en su casa. Tome asiento.

Daniela, ¿les tomas nota? -Sí.

No sé si es buena idea llevarle a mi tía el sombrero de vuelta.

Es solo una excusa para ver cómo está.

Su reacción me ha dejado muy mal cuerpo.

Yo tengo la culpa. No debí contarle la verdad.

Si pudiera dar marcha atrás...

No lo hiciste con mala intención, todo lo contrario, por protegerla.

Pero nos ha salido el tiro por la culata.

Y por mentirosos.

No te cebes, solo era una mentira piadosa para consolar a tu tía.

No es a mí a quien tienes que convencer, sino a mi tía.

Y como le has hablado, seguro que nos da con la puerta en las narices.

No adelantes acontecimientos,

ella nos conoce y sabe que nunca le haríamos ningún mal.

No me gustaría perder a mi tía por un asunto como este.

Buenas.

Hola, tía.

Íbamos hacia su casa para hablar con usted.

No hace falta, por eso estoy aquí.

Estoy profundamente arrepentida por la manera en que os hablé.

No merecíais mis palabras, ¿podréis perdonarme?

No hay nada que perdonar, ¿verdad, Liberto?

Por supuesto que no.

Su reacción fue la normal ante un engaño.

No, Liberto, fue desmedida. Lo lamento de corazón.

Sé que lo hicisteis movidos por el cariño y para no verme sufrir.

Se nos rompía el alma viéndote tan compungida por tu marido.

Hace falta ser tonta para no ver la realidad.

Mi marido no solo se ha casado con otra,

sino que ha salido retratado en todos los periódicos.

La fotografía tampoco era muy clara.

Por Dios, Rosina,

supe que era Armando desde la primera vez que la vi.

Otra cosa es... que me resistiera a creerlo.

Menuda imbécil.

No soy más que una vieja patética

que ha querido aferrarse a una ilusión etérea e imposible.

Tía, por Dios, no se ensañe.

No, me lo merezco por ilusa y por tonta.

A mi edad...

¿Ese es el sombrero?

Sí. -Pues me lo llevo, si no os importa.

Adiós.

Felipe, ¿qué le trae por estas calles?

Vengo de tratar unos asuntos con un antiguo cliente.

A estas horas en la terraza se está muy bien.

Sí, aunque hemos preferido estar dentro para que no nos molestaran.

No sé si habrá visto a mi esposa.

Llevo sin verla desde la hora de comer

y no sé dónde ha podido meterse. Desde donde yo he podido ver,

la terraza ha estado muy tranquila. No he visto a señoras allí.

(EXHALA)

¿Le ocurre algo?

Me da que su desaparición no es fortuita.

Don Ramón, ¿han tenido algún desencuentro?

No exactamente.

Pero creo que no me va a dar la oportunidad de deshacer el entuerto.

Seguro que se ha entretenido con sus amigas dando un paseo.

Esperemos que así sea.

De todas formas, voy a los Jardines del Príncipe

por si suena la flauta. Si no da con ella,

habrá ejercitado las piernas. A más ver, don Felipe.

Con Dios.

¿Has recibido mi citación para la causa por nulidad?

La he recibido.

Nada ni nada me va a impedir que siga adelante, te lo advierto.

Y yo te advierto que no pienso mover un dedo para impedir

que un tribunal deshaga nuestro infortunado matrimonio.

Me sorprende tu buena voluntad,

seguro que esconde alguna maldad de las tuyas.

Si hay alguien que ha actuado con maldad aquí, ese eres tú.

Ahora resulta que eres un ángel de la caridad.

No. Te diré lo que soy.

Soy víctima de tu desamor,

de tu desprecio y de tu infidelidad y, sobre todo,

de tu falta de consideración hacia la criatura que estaba esperando...

Eso es lo que soy.

No sigas, que me vas a hacer llorar.

No imaginas cuánto deseo quitarme esta losa de nuestro matrimonio.

En eso estamos los dos de acuerdo.

Yo también estoy deseando borrarte de un plumazo de mi vida

y eso solo es posible con una nulidad eclesiástica.

El abogado eres tú, ya sabes qué hacer, agiliza el proceso.

Sé perfectamente cómo hacer mi trabajo, aunque desgraciadamente,

en estos casos interfieren intereses ajenos

a mis competencias.

Mis relaciones con la Iglesia están en su mejor momento

y yo también he dado pasos en el proceso.

De eso quería hablarte.

Dime dónde y cuándo y acudiré presto para que me pongas al día.

Te espero mañana en mi casa a las 11.

Te acuerdas de dónde está, ¿no?

Perfectamente. Bien.

(Llaman)

Hombre, vecino. Pase, le estaba esperando.

Me sorprendió ver a su criada en mi recién estrenada casa.

Debe tratarse de un asunto urgente de nuestro negocio, ¿no es así?

Debería hacer que se trague la lengua,

ya que no es capaz de controlarla.

No sé a qué se refiere.

¿No fue usted quien le reveló a Anabel

la verdad de la muerte de Armijo?

-"Tienes que decirme la verdad".

¿Nuestros padres acordaron la muerte de Carlos?

¿De dónde has sacado eso? -Tu hermana me lo confesó.

Como desees.

Preferiría que pensaras que la responsabilidad de todo

la tuvo mi padre.

Pero, no es la verdad.

Continúa.

Marcos había contraído unas deudas

que no podía asumir,

así que, mi padre se ofreció a ayudarlo.

Es de suponer que no lo hizo a cambio de nada.

Por supuesto que no, le puso una condición,

tú y yo teníamos que unirnos en santo matrimonio.

Y Carlos Armijo era un problema.

Un inconveniente...

que se podía eliminar.

No puede ser.

Es demasiado terrible.

Un hombre no puede sacrificar la vida de su hija solo por dinero.

-"Tu padre lo hizo".

Efectivamente, yo se lo dije.

Tenía derecho a saberlo y alguien tenía que hacerlo.

A otro perro con ese hueso.

No me trago esa repentina defensa de la verdad.

Es un ingenuo si piensa que su hija iba a estar siempre

ajena a la verdad.

No. Tarde o temprano se iba a enterar.

¿Y tenía que ser precisamente ahora que los negocios nos iban bien

y había paz entre ambas familias?

Para usted es sencillo decirlo, pero ¿y yo?

Estoy harto de cargar con un crimen que acordaron usted y mi padre.

Es un indeseable desagradecido.

Si decidimos quitarnos de en medio a Carlos Armijo,

fue para dejarle vía libre con mi hija.

Yo amaba a Anabel, no necesita de su ayuda para conquistarla.

No me haga reír.

Si ni siquiera fue capaz de llevarla al altar.

En vez de acusarme,

debería agradecerme que le librara de un rival

sin tener que ensuciarse las manos.

Jamás les pedí que mataran a Carlos Armijo.

No hizo falta, su padre tomó las riendas del asunto.

Y usted lo ejecutó como un vil asesino.

¡Era la única opción ante la falta de agallas del niño!

Cuidado, está poniendo en duda mi hombría.

¡Si ese matrimonio no se celebró, fue por culpa suya!

¡Su padre y yo se lo pusimos en bandeja y usted la dejó escapar!

¡Eso no es dudar de su hombría, es negarla!

No es capaz de repetirme eso.

¿Por qué ha tardado tanto en un viaje

que no le tendría que haber llevado más de dos días?

Está bien, te lo contaré, pero de esto, ni una palabra a tu abuela.

-"Pienso mucho en mi tía".

Pobre, menudo berrinche se ha llevado.

-Se ha levado dos,

el primero, cuando le hemos dicho que el sombrero

no se lo envió Armando,

y el segundo, cuando nos pidió disculpas por su reacción.

Las noches son pa dormir, no pa a andar de picos pardos.

¿De picos pardos?

Vengo de casa de un compañero de estudiar.

Si huele a avino que tira de espaldas.

Se lo digo confidencialmente,

parece que la muerte de doña Felicia no fue tan natural como se pensó.

¿Cómo?

Pudo ser envenenada. Es lo que dice el informe forense.

De don Aurelio Quesada.

¿Qué hace?

Si se la entrego, no quiero que le diga a nadie que se la he dado yo.

Su esposa se ha ido hace na.

Pero si le traigo un regalo. -Espero que no sea tarde.

-¿Sabe a quién me recuerda Roberto? -¿A quién?

A mi abuelo Napolitano. -Tienes que hablarme de él.

Esto es para la seis. Voy a ver cómo van las cosas en la cocina.

Me recuerda a mi abuelo,

pero mi abuelo no era un sinvergüenza.

El señorito es familia de unos señores y tú eres una criada.

Más te vale no salir trasquilá.

Pero ¿qué dice? Que no, que no.

Está bien, pero prométeme que no te vas a meter en líos, Alodia.

Jacinto, ¿no tuviste suficiente

con la que se lió con la carta de don Liberto?

¿Es para mí?

Es de Indalecia.

Necesito un favor.

Es algo para lo que confío plenamente en usted

y no en cualquiera.

Pídalo sin miedo, haré lo que me pida.

-"Es usted un canalla"

y su hija lo acabará sabiendo.

Vamos a acabar de una vez con esta discusión.

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Acacias 38 - Capítulo 1352 (Parte 2)

22 oct 2020

Marcos al descubrir la fuga de Anabel no duda en cambiar las cerraduras para evitar que se vuelva a escapar. Aurelio, con la ayuda de Soledad, esquiva las medidas de Marcos para hacerle llegar una nota a la joven criolla.

Roberto regresa a Acacias y es recibido por Sabina y Miguel, que no acalla su curiosidad por las razones que han llevado a su abuelo a tardar tanto en regresar.

Genoveva, tras la vuelta de Felipe de París, le convoca para una entrevista en su casa, pero ¿con qué finalidad?

Liberto y Rosina sufren al ver la ilusión de Susana con el sombrero que cree que le envió Armando y deciden contarle la verdad, que ellos se lo compraron.

Alodia sabe que Jose tiene razón al desconfiar de Ignacio y sus noches de "estudio", pero no es capaz de delatar al joven sobrino de Bellita.

Marcos enfrenta a Aurelio ¿por qué le desveló a Anabel que él estaba detrás del asesinato de Carlos?

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