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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1350 - ver ahora
Transcripción completa

Su abuela me comentó que vieron en Bolonia,

tal vez hayan estado en Suiza. -¿Por qué lo pregunta?

Las hay peores.

Las hay peores. Algunas van a buscarlos a las iglesias.

Indalecia, por favor.

Ramón, mal van las cosas cuando prefieres estar con Virgilio

hablando del color de las nueves, a pasar la tarde con tu esposa.

Un hombre no puede sacrificar la vida de su hija solo por dinero.

Tu padre lo hizo.

Se les ha caído un ángel del cielo.

Ándese con ojo, que el único ángel caído del cielo es el diablo,

y yo puedo convertirme en uno si un cliente se pasa.

¿Se puede saber qué ha dicho la Indalecia que te tiene tan mohíno?

Que Marcelina, de moza, coqueteaba con todo bicho viviente,

y en especial, con el sacristán.

¿Qué te han contado?

Que usted y Salustiano Quesada

pactaron el asesinato del que era mi prometido.

Ustedes mataron a Carlos Armijo. ¿Se atreve a negarlo?

¿No va a saludarle?

No es necesario.

En algunos matrimonios basta una mirada para decírselo todo.

Felipe. Don Liberto.

Bienvenido, Felipe.

Me alegro de verte sano y salvo.

Preferiría no tener que lidiar con tu hipocresía.

Imagina que no me has visto.

Imposible.

Al fin puedo estar tranquila,

he rezado para que llegaras sin daño de esas tierras en guerra.

Me sorprende que Dios pierda el tiempo en escucharte.

Suponía que tú no estarías tan contento de verme,

y ha quedado confirmado. Lo lamento.

¿Se puede saber por qué se molesta en montar esta escena?

No engañará a nadie. Vaya,

parece que la presencia de su amigo le da a usted valor.

No le viene mal.

Ya, ya.

Haces muy bien en contener a tu fiero guardaespaldas, Felipe.

Ya hablaremos a solas tú y yo.

Amigo.

Bueno, ¿entonces? Todo bien.

¿Tano? Muy mayor. ¿Qué tal por aquí?

Han pasado muchas cosas, le tengo que contar.

¿Le ayudo? Por favor, ¿nos echa una mano?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cómo has podido creer esa infamia?

Conteste, no es tan difícil,

¿ordenó usted la muerte de Carlos, sí o no?

¿Por qué iba a hacer tal cosa? -¡Padre, que no soy estúpida!

No lo eres, pero te has dejado embaucar por los Quesada.

¡La muerte de Carlos le venía bien

para llegar a un arreglo con don Salustiano!

¿Me crees de la misma calaña que Salustiano?

No se haga el corderito ahora.

¡Usted arregló mi boda para saldar deudas!

¿También lo va a negar,

también es un invento de ellos?

Arreglé tu boda, sí.

Por dinero.

Anabel, el acuerdo incluía la liquidación

de gran parte de mi deuda con don Salustiano.

Y mi compromiso con Carlos impedía la componenda.

Yo ni siquiera sabía que te habías comprometido con Carlos.

Eso no es fácil de creer.

Anabel, por el amor de Dios,

siempre estuviste enamorada de Aurelio.

¿No?

Yo solo te facilité el camino...

y evité que cometieras un tremendo error.

Carlos solo era un cazadotes.

y un botarate, Anabel. -¿Y quién es usted,...

el dios que decide sobre los demás?

¿Y tú? ¿Tú no?

Tú no decides nunca nada, ¿verdad?

Como eres la niña consentida que no quiere enterarse de la realidad.

No te preguntabas tantas cosas cuando vivíamos a cuerpo de rey.

¿Te importaba de dónde venía el dinero?

Luego asume que cometió disparates

para seguir con ese tren de vida.

No, disparates no.

Yo solo negocié tu dote con Salustiano,

hasta ahí llega mi culpa.

Siempre en el convencimiento de que te satisfaría casarte con Aurelio.

Pues ya vio usted que no.

Eso no podía saberlo, Anabel.

Solo sabía que querías a Aurelio, que suspirabas por él desde niña.

Y negociando con los Quesada tu boda,

mataba dos pájaros de un tiro.

Por un lado, a ti te hacía feliz,

y por otro lado... -Arreglaba usted sus deudas.

Me vendió, padre. -¡No hables así!

¡Hice lo mejor para nosotros!

¡Habría sido un loco de no haber negociado con Salustiano!

¡Se trataba de nuestra supervivencia!

¡Es usted como él! -¿Y tú no?

No te escuché protestar cuando te daba todos los caprichos,

cuando presumías en bailes y ceremonias,

y te rondaban los mejores partidos.

¡No me puedes reprochar nada! ¡A mí, no!

¡Siempre he estado a tu disposición, nunca te ha faltado de nada!

Un padre no debe ser solo un proveedor de dinero.

¡Yo no he sido solo eso para ti!

¡Siempre me has tenido a tu lado, en las buenas y en las malas!

A ver, ¿quién te protegió y te sacó de la ciudad

cuando plantaste a Aurelio en el altar?

¿Cómo te atreves a pedirme cuentas ahora?

Cuidado, eh.

Tened cuidadito.

-Ha sido estupendo. Esto hay que repetirlo.

Cuídate tú también. -Venga.

Vaya, Alodia, ¿no me digas que vienes de picos pardos?

No, señorito, ni se me pasa por la cabeza.

Pues mal hecho, hay que darse un lujo de vez en cuando.

Salgo a pasear los domingos con alguna de las otras chachas.

¿Y no vais nunca a bailar?

Cuando hay fiesta mayor o verbena en verano.

Eres una buena niña.

Muchas gracias, señorito. -¿Te recoges ya?

Voy para el altillo, sí. -Venga, que te acompaño.

¿Y usted de dónde venía?

¿Yo? De dar una vuelta con unos amigos.

Sí, ya los he visto.

Ay, ¿no me digas que te han escandalizado sus pintas?

No soy quién para opinar de sus amigos.

¡Di la verdad!

¿Te han parecido unos juerguistas impenitentes?

Parecían un poco bohemios, sí.

Pues ya ves, las apariencias engañan.

¿No son unos señoritos calaveras?

Qué más quisieran ellos que tener posibles para eso.

Son estudiantes como yo, compañeros de la facultad.

Son dos de los mejores estudiantes, y pronto serán médicos afamados.

Si usted lo dice.

Lo digo yo y el soberano claustro de la facultad.

Son el futuro de la medicina en España

y, probablemente, del mundo entero, Alodia.

Para eso habrá que estudiar un montón, ¿no?

Dejarnos las pestañas, los codos

y, si me apuras, la vida.

Se pasan el día encima de los libros.

No sabes lo que me ha costado convencerles para dar un paseo.

Ya, pero yo hubiera dicho que iban algo piripis.

¡Ay, los misterios de la percepción humana!

Te equivocas, Alodia.

Están tan empeñados con los libros, que ni tiempo de asearse tienen.

Lo que son las cosas.

Tiene que ser muy difícil la carrara de Medicina, ¿no?

La ciencia más difícil y comprometida, sí.

Se trata de vidas humanas,

¿sabes? -Mucha responsabilidad.

Por eso hay que echarle tantas horas.

Nos pasamos toda la juventud entre tratados de anatomía.

De ahí que coma usted tan bien, para no flaquear.

¡Ole! ¡Ole, ole, Alodia!

Muy buena percepción.

¿Sabes lo primero que se aprende en la carrera?

¿El qué?

Que para que esto funcione, antes tiene que funcionar esto.

No se preocupe, que las pillo al vuelo.

Vamos a casa de los señores y le caliento las albóndigas.

Eres un ángel, Alodia.

Te agradezco lo de las albóndigas

y tus atenciones diarias, pero no subo a la casa todavía.

Tengo unas cosas que hacer. -¿A estas horas?

Antes de estudiar, sí. Me pasaré la noche estudiando.

Después nos vemos.

Sí.

¿He dicho algo que le haya molestado?

No lo sé.

(Suenan las campanas)

¿A qué te gusta, Monchito? ¿Sí?

Eres muy guapo.

A ver...

Cabrahígo.

Tienes que aprender a decirlo, cariño.

Monchito, creo que la Carmen está muy callá hoy.

Días que tiene una.

Cuéntemelo, mujer, que pa eso estamos.

Se me pasará.

Antes se le pasará si lo larga.

¿Es por mi suegro?

Lolita,... le quiero,

tú lo sabes. -Casi mejor que uste.

Le quiero mucho, pero a él no parece importarle.

¡Ande ya!

Si besa el suelo por donde pisa.

No, Lolita, lo besaba.

Ahora parece que casi ni repara en mí.

Está cada día más distante.

Bueno, eso cuando está.

Esa copla me suena. -El trabajo y to eso, ¿no?

(ASIENTE)

El trabajo, el Ateneo, los amigos...

Ahora mismo se ha bajado a desayunar con ellos.

Apenas me ha mirado al darme los buenos días y se ha ido.

A veces, los amigos son una murga, qué me va uste a decir. Sí.

No es que pretenda separarle de sus amigos

o impedirle sus tertulias, ni el trabajo,

pero antes, cuando nos casamos, también tenía otras ocupaciones

y yo no me sentía dada de lado.

¿Pa tanto es? -Hombre,...

como que me siento un mueble más de la casa.

No exagere.

Los mimitos del principio,

de la luna de miel, como si dijéramos,

no duran pa siempre, eso es bien sabido.

Ya, pero duele.

Y en la actitud de Ramón hacia mí hay algo más.

No es que se hayan acabado los mimos,

es como si nunca los hubiera habido.

Puede que sean los tiempos,

no los hemos pasao buenos en esta familia últimamente.

Tienes razón.

Hemos sufrido por ti, por Antoñito...

Pero yo no le he reprochado nada.

Esperaba que eso nos uniera más,

que se diera cuenta de lo mucho y bueno que tenemos como matrimonio.

Lo sabe, creo yo.

Pero a veces, los Palacios pecan una miaja de egoístas.

Mira, Lolita, puede que sea su esposa, pero ya no soy su compañera.

¡Tengo una idea!

¿Por qué no baja y desayuna con él?

Y le invita a dar un paseo. -No, no.

No quiero arruinarle un momento tan importante.

Mujer, ¿importante un desayuno con los señores?

¡Ande que es uste remirá!

Baja y se planta allí, que la importante es uste.

¿No lo sabes, no?

Ha vuelto don Felipe y están festejando su regreso.

Ha sido un viaje largo, pero sin incidencias,

tal y como están las cosas. No es poco, no. Mire, don Ramón.

Amigo Ramón.

Creía que se le había olvidado el camino de vuelta.

Siéntese con nosotros. Doy fe de ello.

Cuando alguien preguntaba por usted, don Ramón siempre decía:

"Átale un hilo a la pata a don Felipe".

(RÍEN)

Exagera, pero es cierto que nos tenía usted preocupado.

-Esperábamos que nos informara sobre su regreso

y como no llegaban noticias...

Ya me lo han comentado, y me sorprende.

Hace dos semanas que escribí a Liberto anunciando mi llegada.

La carta de marras.

Sí.

-Jacinto la vio y la puso con el resto del correo.

Y al poco, había desaparecido. Creímos que la había extraviado.

Alguien la robó. Alguien no, Genoveva.

Por eso no se sorprendió al verme.

Quizá también, por eso estaba como esperándole.

Para decirme lo mucho que había rezado por mí.

La muy... bruja.

Perdóneme, pero ya tendremos tiempo de hablar de Genoveva.

Y para ajustarle las cuentas.

Ahora preferiría que nos diera noticias del mundo.

¿Cómo está su hijo Tano? Bien.

Bien. Todo un idealista.

He sabido que pasó unos días en París

y que pudo visitar a mis hijas. Sí. Fue un placer. Están bien.

Son fuertes y no parecen atemorizadas por la guerra.

María Luisa me dio regalos para su sobrino Moncho

y dulces franceses para toda la familia.

Y Víctor envía unos regalos para su abuela.

Ya ve qué cumplidos, incluso en guerra.

¿Cree usted que los alemanes llegarán hasta París?

El avance imperial sobre Bélgica y Luxemburgo no es un buen presagio.

En París se teme el asedio.

-Aquí solo llegan noticias confusas,

pero parece que los alemanes han tomado zonas industriales francesas.

También dicen que el Ejército británico

ya está desplegado. Así es.

Los próximos días serán cruciales.

Esperemos que los aliados obliguen al Ejército alemán a retirarse.

¿No ha querido volver Tano con usted?

Me temo que está pensando en alistarse como médico.

No me lo ha dicho así, pero le conozco.

Ojalá volvieran pronto todos:

Tano, mis hijas, mi yerno...

Juliana y Leandro...

Bienvenido, don Felipe. Es un placer tenerle entre nosotros.

Un placer estar aquí. Siéntate con nosotros.

Es un honor, señores.

Dígame, ¿piensa retomar su actividad profesional?

Aunque no tenga excusa, disculpen la tardanza.

No, estás perdonada...

Daniela. Su nombre es Daniela.

Una agradable novedad.

No solo es camarera,

también domina la cocina italiana.

¿Cómo que la domina?

La tiene domada, como a una jaca de Jerez.

Felipe Álvarez-Hermoso.

¡Ah, don Felipe! Ya había oído hablar de usted.

Y muy bien.

Me alegro que esté de vuelta. ¿Van a desayunar?

Deja de mirarme. -No me has contestado.

Te he dicho que no

mi hija no quería hablar conmigo de ti ni de nada relacionado.

¿Y por qué me hizo salir de la casa?

Y de muy malos modos.

No quiero ofenderte,

pero quizá te estás metiendo demasiado en sus asuntos,

y Anabel ha terminado por cansarse.

Si es así, es injusta,

solo trataba de ayudarle con sus cuitas porque la aprecio

y parecía que tenía en cuenta mis consejos.

Pues ha cambiado. -Eso es lo que me preocupa.

¿En qué he podido molestarla?

¿No se habrá enterado de lo nuestro?

Que no tiene nada que ver contigo.

¿Y a ti qué te reprocha?

Todo.

So parece. -Si te desvives por ella.

Son los Quesada.

La están envenenando.

¿Contra ti? ¿Y qué le dicen?

No es de tu incumbencia.

Tú en tu sitio

y nos irá mejor a todos.

Como usted quiera.

¿Más café?

# Que dejará de quererte.

# Tu madre, que me dijo un día

# que dejara de quererte. #

Parece que en cuanto marcho de casa te cambia el humor.

No seas engreído, que no eres la salsa de todos los platos.

Pero sí el motivo de muchas de tus amarguras.

Mira que te gusta hacerte de menos.

De muchas no, de todas.

Me siento un hombre influyente. -En mi vida, el que más.

Gracias, reina mora.

Estoy dándole vueltas a las canciones del disco.

Ah, creía que ya tenías una lista que te contentaba.

Lo dudo, Jose.

La única canción que entra sí o sí, es "Encarna Vidal".

Qué bonito pasodoble.

Porque sé que te embelesa, la tengo fija.

Y casi, casi seguro entra también "Isla de mis amores".

Si algún día se me olvida decirte te quiero por la mañana,

tararea cualquiera de las dos y me arrastraré hasta ti.

¡Bobo!

Es la verdad.

Si quieres lo confieso ante la cofradía del Cristo entera.

¿Qué habría hecho yo sin ti?

Hubieras triunfado igualmente.

No. -Igualmente no.

Peor me hubiera ido a mí,

no me imagino la vida, ¡una vida entera!

sin tus besos.

¡Espera, que ya tengo otra que va seguro!

"Labios prohibidos". -Sí. ¿Cómo lo has sabido?

Inspiración.

¿Cuándo empiezas a ensayar para la grabación?

Piano, piano, que todavía no he terminado de contar mi biografía,

y eso agota.

No me lo creo, ¿Bella del Campo cansada?

Entonces, se habrá cansao el mundo entero.

Los años, que no perdonan.

Anda ya, ni se notan.

Muy buenas.

¿Molesto?

¿Cómo va a molestar el sobrino más apuesto

de Despeñaperros p'abajo? -Y del estrecho p'arriba.

¿No te sientas? -Tengo algo de prisa.

¿Te preocupa algo?

No, qué va, que estudio tanto, que se me va el santo al cielo.

Tengo que hacer unos recados. Vuelvo luego.

-A este chico le pasa algo.

No me lo ha parecido.

Porque solo miras tu propio ombligo.

Y el tuyo también.

Déjate de zalamerías, que tienes menos pesquis,

que un atún de la Zahara. -Calla ya. No voy a discutir.

Me voy a la habitación a leer un rato.

Lleva usted razón, señora, al señorito Ignacio le pasa algo.

¿A que sí? Lo nota cualquiera que tenga ojos en la cara.

¿Qué llevas ahí? ¿Tu alma?

Echa un tufo que ni Satanás en uno de sus días malos.

Es la basura. -Aclarao entonces.

Déjame, que no quiero más líos.

¿Me vas a negar el saludo?

Mira, Indalecia,

yo soy un hombre simple,

y na más que quiero una vida simple como yo.

Si dudo de mi esposa, me duele aquí dentro

y, además, no doy pie con bola, lo que no se me cae lo tiro.

¿Y tengo yo la culpa de tus calamidades?

Una miaja sí.

Si te hubieras callado, yo no estaría escamao con mi Marcelina.

¿Te cuida bien?

Contéstame solo a eso.

Sí.

Me cuida bien.

Me cuidará cuando vuelva de Barcelona.

Y lo hará tan bien como siempre.

Escucha, Indalecia,

tú también me has cuidao bien

y te has portao requetebién cuando yo más lo necesitaba.

Y te estoy agradecío. -Mal se nota.

Pero es que quiero a Marcelina, Indalecia, la quiero.

Tiene suerte la condená.

Espera.

¿Pa qué? -Pa hablar.

Eres un sin seso.

El callejón se llenará de vecinos protestando

por que alguien ha tirao muertos a la basura.

Y como venga mi madre, la tenemos.

Solo una cosa.

¿Es verdá lo que dijiste de lo ligera que era Marcelina de moza

y lo del lío con el tal Remigio?

¿Qué importará si es verdá o un cuento chino?

Tú lo has dicho, no me voy a meter más entre vosotros.

Solo quería saber si estás bien atendido.

¿Qué más te dará?

Me da,...

me da,...

porque te aprecio.

Y mucho.

Alza la testuz, hombre, que tienes razones pa ello.

¿Y de trabajo, cómo andas?

Me voy apañando.

No pareces convencido.

Renuncié a la asesoría legal de la compañía de don Marcos.

¿Por razones económicas o de conciencia?

Prefiero no hablar de eso. Secreto profesional.

Eso es darle una buena lección a un entrometido.

Perdóneme. No, no, no.

Soy yo quién te ha puesto en un compromiso.

¿Sigues llevando el litigio de Camino?

Los denunciantes, la familia Pontones aprieta cada vez más.

Con los Pontones hemos topado, que diría Cervantes.

No les faltarán buenos abogados.

Los mejores.

Míralo por el lado bueno,

litigar con ellos será el mejor aprendizaje que puedas tener.

¿Los boxeadores le llaman aprendizaje al primer KO?

¿Tan mal pinta?

La cabeza de su equipo de abogados es Rómulo Aristigueza.

¿No me digas?

Fue compañero mío en la facultad.

Es un hombre solvente y concienzudo.

Te entiendo.

Es un rival difícil para cualquiera.

Y más desde que no tiene escrúpulos con sus clientes.

¿Ha cruzado la línea?

Eso dicen.

Pero solo hay que ver cómo defiende a los Pontones.

Si ganara sería como un latrocinio.

La herencia corresponde a Camino sin discusión.

Estoy de acuerdo.

Si me necesitas, puedes contar conmigo como asesor.

Se metería usted en un lío de mil demonios.

Para eso estudié. Pura vocación.

Gracias.

Será un honor contar con su asesoría en esta pelea

que será muy larga, me temo.

Nada sienta mejor que una victoria tras una larga batalla.

¿Se les ofrece algo más?

No, gracias.

Ha sido una mañana de grata conversación,

pero me tengo que marchar.

La cuenta, por favor. ¡Ni se le ocurra, Daniela!

Le parecerá que soy muy tiquismiquis,

pero la cuenta tengo que traerla, se ponga usted como se ponga.

Pago yo. Ni caso, Daniela.

Por favor.

Don Felipe, me temo que le voy a hacer un feo,

pero tengo que obedecer a los dueños, me va el empleo en ello.

Está bien, no he venido aquí a pelear contra los elementos.

Pues todos contentos.

Eso sí, la propina corre de mi cuenta.

Muchas gracias, señor. Si me disculpan.

Lista y guapa.

Una joya.

Le acompaño.

Es una preciosidad de yegua. -Me costó encontrarla.

Y de poco te ha servido. -Eso está por ver.

¿Ahora pecas de ingenuo?

Conociendo a Anabel y su pasión por los caballos,

me extraña que te ha dicho que no,

pero lo ha hecho, ha rechazado tu regalo.

Te concedo que no lo ha aceptado. Ahora, rechazarlo tampoco.

Tendrás que esforzarte para que cambie de opinión.

¿A Anabel? Parece mentira que no la conozcas.

Caerá por su propio peso.

Con Anabel no hay que esforzarse, sino tener paciencia.

Será contigo. -¿Y de quién estamos hablando?

Con paciencia, caerá como fruta madura, dulce y jugosa.

No sé si eres un cerdo o un cursi.

¿La has visto hoy? -No.

No ha salido de casa,

y ella jamás se pierde su paseo matutino.

Como era de prever.

La pendencia con su santo padre debió ser descomunal.

Todo va según lo previsto.

Tampoco he visto a Genoveva.

Estará liada con el regreso de su esposo.

¿Felipe ha regresado?

¿Te afecta?

¿A mí? ¿Felipe Álvarez-Hermoso?

Como una pulga a un elefante.

Por mí, para por nuestros negocios,

que ese caballero venga, vaya o vuelva

no tiene la más mínima influencia.

Al contrario que Anabel.

Anabel es nuestra arma secreta.

Pronto veremos cómo terminó la trifulca con Marcos.

¿Vas a ir a verla?

Sería más placentero, pero no.

Será su padre quien me llame a capítulo.

Me citará para una reunión de negocios,

y el primer punto del día será echarme en cara

haber emponzoñado a su hija.

Me lo imagino, pero tu defensa será fácil.

Solo le hemos contado la verdad, nada de ponzoña.

Anabel es una víctima de su padre.

Todos somos víctimas de nuestros padres,

pero les debemos respeto

mientras sean los cabezas de familia.

Mire que no me cuesta una miaja hacerle la cama ahora mismo.

De verdad que no es necesario, Fabiana.

¿Está seguro que le van a tratar bien allí?

Segurísimo.

Es un hotel cómodo y céntrico. Me atenderán como corresponde.

¿Y hasta cuándo piensa quedarse?

Hasta que recupere el piso o encuentre una nueva,

usted no se preocupe.

Mire, ni no se lo digo yo, reviento.

Me sabe mal que no haya contao con nosotros pa alojarse.

Le hubiéramos tratao a cuerpo de rey.

Lo sé, Fabiana, lo sé.

¿Y entonces?

No quiero ser un incordio para nadie.

Me ofende usted. ¿Un incordio?

A mí, por lo menos, no me hubiera causado uste ningún problema.

Incordio o algo peor.

Todo depende de cómo se tomé Genoveva que me alojaran.

Cuando me quedé en casa de Liberto antes de marchar,

Genoveva puso en peligro su matrimonio.

Porque doña Rosina no quería estar a mal con ella.

Todo el mundo se amilana con su esposa o lo que sea.

Pero yo tengo ya muchos años

y he pasao por demasiadas cosas

como pa acobardarme por mu señorona que sea ella.

Fabiana,...

eso le honra.

Pero no me honraría a mí exponerla a las represalias de esa bruja.

Como uste quiera.

Eso sí, que no me entere yo

que pasa uste calamidades o soledad,

porque entonces sí que me oye.

Sepa uste que aquí siempre tendrá su casa.

Agradecido.

No, no, la casa invita.

Gracias. A más ver.

Fabiana.

¿Puedo hablar con usted?

Pasad y sentaos.

¿A quién se lo dices? -Al sombrero y a ti.

¡Ah, te has fijado! -Sí, me fijé ayer.

¿Has dormido con él puesto?

No creas que no noto tu sarcasmo,

pero me encanta y no me importa repetir modelo.

He venido a confirmar si es cierto que don Felipe ha regresado.

Sí. Liberto ha estado desayunando con él.

Ah, ¿y cómo le ha ido? -Agridulce.

Ha visto al chico, claro, pero le duele que no haya vuelto con él.

Tano quiere presentarse como médico voluntario.

¡Ave María purísima! En una guerra que ni nos va ni nos viene.

A él le afectará más.

Eso pasa por mandar a los hijos al extranjero,

solo aprenden lo peor de cada tribu. -Te voy a alegrar el día.

Víctor te ha mandado un regalo por Felipe.

Ay, mi nieto siempre me tiene presente.

Como tú a él en tus oraciones. -¿Qué me ha mandado?

No lo sé, aunque espero que sea un sombrero y así los alternes.

Hoy estás que no hay quien te aguante.

Me voy a ver si alcanzo a don Felipe y me cuenta de los míos.

A lo mejor, Leandro también me ha mandado algo, una carta.

¿Me esperas y salgo contigo?

¿Y que te vean con nosotros?

Que era una broma.

Rellena con algo de verdad.

Te vas a hartar de verme con este sombrero

porque es la única manera de llevar a Armando conmigo.

(Se cierra la puerta)

¿Has estado escuchando? -Ajá.

No estoy segura de haber obrado bien.

Es que no has obrado bien.

Me da tanta pena...

Me gustaría que no me lo tuvieran en cuenta.

Entre nosotras, entre todas,

digo, no puede haber embustes, Soledad.

Lo entiendo.

No, no sé si lo entiende.

Los señores pueden tener sus más y sus menos entre ellos,

que cada uno se defiende por sí mismo.

Pero nosotras no,

nosotras, cuando nos vienen mal dadas,

nos necesitamos las unas a otras, por supervivencia más que na.

Nunca le he hecho nada malo a ninguna compañera

y he intentado ayudar en lo posible.

No digo yo que no,

pero pa estar unidas,

hay que confiar en las demás, y mentir, joroba.

No volverá a pasar.

Mejor que calle a que cuente bolas.

Le tengo que decir lo que tengo en el buche.

No les mentiré más,

pero es muy duro que todo el mundo sepa mi vida y milagros.

Las demás tienen derecho a saber con quién viven,

a saber que es uste persona de fiar.

Y uste también tiene ese mismo derecho sobre las otras.

Está bien, seré más abierta.

Eso espero.

Comprenda que tengo que proteger a las chicas.

Lo entiendo perfectamente. No habrá más dobleces.

Todas sabrán que soy de fiar. -Amén.

(RESOPLA)

Fíjate,

no me digas por qué, pero sabía que estabas aquí.

Indalecia, soy un mozo casao.

Eso yo no lo puedo remediar.

No digo que lo remedies, pero grábalo en la mollera.

Ya, ya lo tenía apuntao.

Pues déjame en paz.

¿Y por qué no me miras?

Porque ya te he visto demasiao.

Mírame como mirabas a tus ovejas.

Eres más pesá que la campana de la iglesia mayor.

No te he visto. Te he mirao, pero no te he visto.

Y eso lo mantengo ante el juez que me mande a la horca.

Un mozo como tú, por mu casao que esté,

no se merece tanto desvelo y desazón.

Déjame, que me duele la cabeza.

¿De dura? -No, de que me da vueltas.

Eso es por quedarte aquí dándole cuerda a las penas.

¿Por qué no damos un paseo por la orilla del río y me las cuentas?

Ya las sabes, me las contaste tú.

Marcelina mariposeando con todos, y sobre to, con el Remigio.

Mi mundo se descacharró cuando me enteré.

¡Déjalo ya, Indalecia! -No puedes enfangarte en el dolor.

¿Has hablao con ella? -No.

No sé qué decirle. No quiero disgustarla.

Si se amostaza, es capaz de no querer que durmamos juntos.

O de no volver.

Un hombre no se merece tanto sufrimiento.

¿Y qué hago?

Te lo quitas de la cabeza.

Déjame a mí,

que te limpio la sesera en menos que canta un gallo.

-¡Que no, rediez! -Solo un paseo de nada.

-Sigo queriendo a Marcelina, puede que más que nunca.

-Pero si no puede ser, no puede ser.

Y tampoco es la única hembra de este mundo.

Para mí sí.

-Eres un desagradecío. -Lo que me faltaba.

-Hacerme ese desprecio a mí, que te he cuidao como naide.

Y yo cuidaba a mis ovejas y ninguna me pidió mi mano.

Eres más tonto que Abundio, que fue a vendimiar y llevó uvas de postre.

Estoy tonto por ella.

Tú eres una buena mujer, no digo que no,

pero yo sigo enamorao de Marcelina, y más que nunca.

(EXHALA)

¡Soledad!

¡Soledad, ¿quieres venir un momento?!

¡Será posible!

¿Es que no me escucha nadie en esta casa,

¡ni siquiera el servicio?!

¡Soledad!

¿Se puede saber qué haces?

Me marcho.

¿Adónde? -Lejos.

Pero ¿te has vuelto loca? -Lo que no sé es cómo sigo cuerda.

No quiero vivir con una familia que se sostiene con mentiras.

Anabel,...

te han mangoneado, ¿no te das cuenta?

¿No se cansa de echarle la culpa a los Quesada?

Ya no soy una niña,

no puede tapar sus errores acusando siempre a los mismos.

Devuelve esa maleta a tu habitación.

Usted ha perdido toda autoridad sobre mí.

Sigo siendo tu padre y tu deber es obedecerme.

No mientras no reconozca que mintió, mientras no asuma la verdad.

Me marcho.

Cuando pida perdón por sus errores, volveré.

Anabel, no me obligues a hacer lo que no quiero.

No le tengo miedo.

Ve a tu cuarto, deshaz la maleta

y no salgas hasta que yo te dé permiso.

¿Cree que así lo arregla todo?

Cuando te permita salir,

no volverás a tratarte con los Quesada bajo ningún concepto.

¿O qué?

O te recluiré, pero no en casa.

No me pongas a prueba porque lo haré, Anabel.

¡Vuelve a tu cuarto!

Ignacio.

¿Estás ahí? Me ha dicho Alodia que has vuelto.

¡Aquí estoy, tita!

Vaya, veo que Alodia no te deja pasar gusa.

Me trata de maravilla.

Lástima que no tenga apetito.

¿Sin gazuza a tu edad y dándole a la mollera todo el santo día?

Algo tiene que pasarte. -Nada que usted no sepa.

Los estudios, que requieren mucha responsabilidad.

Pero no se preocupe usted. Bueno.

¿Y quién va a preocuparse si no, eminencia?

Solo me faltaba

darle a usted dolores de cabeza con lo que está haciendo por mí.

¿Qué estoy haciendo, bobo? Nada.

Al menos, nada que no hiciera una tía carnal.

Ahí está lo gordo,

usted me acoge y me soporta cuando no se lleva con mi madre.

¿Eso es de agradecer o no es de agradecer?

La sangre es la sangre por mal que uno se lleve.

Olvídate de los bretes entre tu madre y yo,

son cosillas entre hermanas que a ti no te alcanzan.

Sí, pero me gustaría agradecérselo de alguna manera.

Y puedes hacerlo.

Hinca los codos, estudia,

saca la carrera,

cuélgate al cuello un aparato de esos de escuchar

hasta los latíos, y yo me daré por satisfecha.

Una cosa es que no te comas el bocadillo

y otra es que sufras por cuitas más graves, que es lo que parece.

Que no, tita, que no es nada.

Eso ya me lo has dicho antes, ahora quiero la verdad,

clara y tintineante como el agua.

Es usted una artista, no hay más que escucharla.

Cuando termines de dar jabón largas por esa boca, vamos.

Pues son los estudios.

¡Te han expulsao, como si lo viera!

¡Ay, Jesús, María y José, que no llegarás ni a camillero

de la plaza de toros! -¡Que no!

¿Por quién me ha tomado?

Si te han expulsao, por el hijo de mi hermana.

No. Soy uno de los mejores alumnos de la facultad.

¿Y dónde está el problema entonces?

Verá usted,

tras las matrículas de honor que saqué en Sevilla,

solo me quedan un par de años aquí y querría acabarlos cuanto antes

y matricularme en todas asignaturas posibles.

Pues lo haces, siempre que no fenezcas en el intento, claro.

Sí.

Y no vas a fenecer,

por tu capacidad, dedicación y perseverancia.

Sí, tita, pero es que...

Vamos a hacer una cosa, vamos a dejarlo aquí.

No va a cargar uste con mis problemas.

(CHISTA) Siéntate.

Te digo y te repito que tus problemas son los míos.

Me da mucha vergüenza.

Con vergüenza no se cruza el río.

Venga, suéltalo.

Pues que tengo que trabajar.

Las matrículas cuestan un dinero, que sinceramente,

ni tengo ni espero, la verdad.

¿Solo es cuestión de dinero?

¿Qué va a ser si no?, la historia de siempre.

Ea. Pues problema solucionado.

Ahora, eso sí, como me suspendas,

vas al hospital, sí, pero como escalabrao y no como galeno.

Yo no he suspendido jamás, tita, jamás.

Ay, este muchacho.

¿Tendrás bastante?

¡Sí, claro, tía!

Es usted de lo que no hay,

generosa y valiente, como el Tempranillo,...

Madre mía.

que robaba a los ricos pa dárselo a los pobres.

Muchas gracias, de corazón.

Anda, zalamero, déjate de bandoleros

y termina esa carrera cuanto antes.

Serás el primer médico de la familia.

Un orgullo para nuestro apellido. -Quede tranquila, tita.

En un periquete me ve usted con la bata blanca

y con el chisme este pa oír los latidos.

Quizá le cuide hasta un resfriado.

Eres guapo y listo como lo fue tu padre,...

el sin par Alonso Quiroga.

Por él y por uste voy a cuidar a mis enfermos, de corazón.

Muchísimas gracias.

Muchas gracias.

Miguel,

si estuviera su abuela no le molestaría,

pero me han pedido un coñac y la botella se ha acabado.

¿Me deja que baje a la bodega a por otra?

Dígale al cliente que le sirves otro.

Viene todos los días y siempre pide el mismo.

Se enfadará.

Lo siento, Daniela, pero no está en mi mano.

Mi abuelo es un maniático con su bodega

y no le gusta que yo, o incluso su mujer, bajemos.

Bueno, como quiera.

Pero me parece una forma muy tonta de perder clientes.

De acuerdo, ya bajo yo.

Pero si mi abuelo me deshereda,

me plantaré en su casa y tendrá que alimentarme durante toda la vida.

Cuantas más cosas sé de su abuelo,

más impaciente me siento por conocerle.

No le defraudará, créame.

No, no ha sido solo por su impertinencia.

Su deslealtad es lo que más me ha dolido.

Es intolerable.

Tiene que ser castigada, Soledad,

y para eso, necesito tu ayuda.

¿Qué quiere que haga?

Evitar que salga.

Tiene prohibido poner los pies fuera de casa hasta nueva orden.

Señor, me odiará.

El respeto me lo debes a mí, no a ella.

Mientras yo esté en casa, asumiré mi responsabilidad,

pero mañana, por ejemplo, estaré fuera prácticamente todo el día.

De ti depende que Anabel cumpla el castigo.

Así no, Soledad.

No saldrá, señor.

Eso está mejor.

¿Me Puedo retirar?

No. Todavía no he terminado.

Soledad,...

necesito saber qué sucedió durante mi estancia en México.

Todo.

Especialmente,...

en lo que se refiere a mi esposa.

¿Qué hizo y con quien se vio Felicia?

No lo sé, señor,

no vi nada fuera de lo normal.

Recibió las visitas de algunas señoras del barrio... Lo normal.

Aunque...

No te calles, no te calles,

por mucho que creas que puede dolerme.

Será una tontería.

¿Qué?

Una persona sí vino a verla más que otras.

¿Quién?

Natalia Quesada.

¿Natalia Quesada has dicho?

Doña Felicia, semanas antes de su muerte no dejó de recibir su visita.

¿Qué podría querer tratar con ella?

No está bien prendarse de un hombre casao.

Peor está malmeter en un matrimonio tan bien avenido

como el de mi sobrina. -Eso es de ser mala pécora.

¡No se pase, que es mi hija!

Quería hablar con uste.

No puede salir.

Es lo que pienso hacer ahora mismo.

¿Sucede algo, señora? -Es por ese que está ahí sentado.

No le quites ojo, me da mala espina.

Su padre le ha pedido que no salga de casa,

y ella, como si oyera llover. -¿Y qué ha dicho el señor?

No ha vuelto.

Esperemos que su hija llegue antes.

¿Otro vaso de vino? -Sí, "grazie".

Tenemos que tener cuidado, no nos pueden descubrir.

Solo quiero saber una cosa.

¿Es verdad que Marcelina entró en el convento pa camelarse al cura?

Esta niña vale pa to. -No diga uste eso, señorito.

He quedado con los compañeros de la facultad

y vamos a estar toda la noche estudiando.

Guapa, ole con ole los caracoles.

Madre mía.

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Acacias 38 - Capítulo 1350

19 oct 2020

Felipe, recién llegado de París, tiene un encontronazo con Genoveva. Pero nada llega a ocurrir. El resto de los vecinos reciben con alegría a su amigo y Miguel le pide consejo profesional al abogado.
Marcos y Anabel discuten sobre la muerte de Carlos. Él niega cualquier implicación, pero no oculta que sí tenía un trato con Salustiano para casarla con Aurelio. Anabel responde y Marcos la castiga sin poder salir de la casa.
Ignacio pide a Alodia que le encubra tras encontrarlo en malas compañías. El estudiante de medicina está alicaído. Bellita se interesa por él y descubre que es por falta de dinero.
Marcelina sufre al pensar que su marido prefiere a Indalecia. Pero cuando escucha la bonita declaración de amor que le hace Jacinto se emociona.
Soledad habla con Marcos. En las semanas previas a la muerte de Felicia, Natalia Quesada pasaba mucho por la casa ¿Será ella la asesina de Felicia?

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