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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1341 - ver ahora
Transcripción completa

¿No te estará haciendo tilín la Indalecia?

¡Usté desbarra, Servando! Yo...

No voy a firmar el libro. No quiero más mentiras.

¿Y quién lo va a firmar?

El libro es suyo y usted se lleva el mérito.

¿Don Antoñito no puede mirar a otra hembra que no sea la Lola?

Antoñito se ha comprometido a trabajar en casa,

a colaborar con los cuidados de Moncho...

Hasta...

ejercer el débito conyugal siempre que Lolita lo demande.

¡Esta Lola es mucha Lola!

¿Vas a reconocer lo que sientes por mi hermano?

Siempre estuve enamorada de él.

Desde niña.

¿Has visto el sobre con el sello de Austria?

Estaba con los demás. -Estaba, ya no está.

Esta es una falta grave, la correspondencia es sagrada.

Encuéntrala, es muy importante.

Señor.

¿Qué están haciendo?

Padre, ¿qué está sucediendo aquí?

Anabel, yo... -Termine de desatarme, señor.

Me falta el aire.

Ayúdame, hija.

Ha sufrido un desmayo.

¡Rápido!

Menos mal que has llegado, ya no sabía qué hacer.

Ayúdeme, padre, tendámosla en el diván.

(SOLEDAD RESPIRA AGITADA)

Tranquila, Soledad. Tome aire y expúlselo.

Así, muy bien.

Cuando entré me la encontré así.

¿Qué hace ahí quieto? Traiga agua.

Soledad, ¿está bien?

Voy a la cocina a por agua.

(SOLEDAD RESPIRA MÁS CALMADA)

Tranquila.

(EXHALA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Veamos qué tienes que contarle al botarate de tu amigo Liberto.

Ya que no tienes la consideración de escribirme,

tendré que leer la correspondencia ajena.

"Querido, Liberto".

"Por fin tengo ocasión de escribirle estas líneas

desde un hotel de Viena

mientras el mundo a mi alrededor se desmorona".

"Si la guerra parecía segura,

nunca imaginé que las tensiones explotarían justo a mi llegada".

"Me queda el consuelo de haber llegado a tiempo

para poder reunirme con mi amado hijo".

Disfruta de su compañía,

no sé por cuánto tiempo podrás hacerlo.

"No dejan de sorprenderme

las ironías que nos brinda la vida".

"He salido de una guerra, la que libraba...

con Genoveva, para meterme en otra".

"Aunque he de confesarle, que puestos a elegir

entre librar una guerra u otra,

no tengo ninguna duda en escoger esta".

"Ni los más sanguinarios ejércitos se pueden comparar a estar

condenado a vivir al lado de esa horrible mujer

y ser víctima de sus manipulaciones y sus engaños".

"Diga lo que diga la justicia,

no dudo de que se trata de una asesina sin escrúpulos,

una demente peligrosa a la altura de la afortunadamente desaparecida

Úrsula".

"Por fortuna,

todo lo que tiene que ver con ese repugnante demonio

ya forma parte de mi pasado".

"Tan solo me queda el recuerdo de su horrible presencia,

la repugnancia...".

Tienes razón, Felipe,

esa Genoveva que te amaba ha quedado en el pasado.

No te haces una idea de lo que te espera.

(SUSPIRA)

Hola, Miguel. Buenas, abuela.

Parece satisfecha.

(RÍE) Tengo motivos.

Por fin hemos terminado la reforma, ya está todo limpio.

Ya veo que tú no estás tan satisfecho.

¿Sigues molesto conmigo?

No, abuela.

Pero, preferiría dejar ya a un lado ese condenado asunto.

No puedo seguir hablando de Anabel durante toda mi vida.

Bueno, ¿y del abuelo, seguimos sin tener noticias?

Alguna tengo, pero no la que esperaba,

aún tardará unos días en volver.

Lamento escucharlo,

pensaba que estaría a punto de regresar.

Yo también lo siento, entre otras cosas, porque precisaba de su ayuda.

Hemos decidido no retrasar la reapertura del negocio.

Mañana mismo abrimos las puertas el restaurante.

¿Mañana? ¿Tanto va a tardar el abuelo que no puede esperarle?

Bueno, el local ya está arreglado,

y limpio, no tiene sentido posponerlo más.

No comprendo que puede estar reteniéndolo tanto.

Ya conoces a tu abuelo,

se toma su tiempo para todo.

Pero no temas, que una se basta y se sobra

para hacer frente a la apertura.

Eso no lo dudo.

¿Ha convocado a los vecinos para la inauguración?

Apenas le queda tiempo.

Descuida, que he recurrido al mejor vehículo posible

para que a todos llegue la nueva.

Pasquines en la calle o un anuncio en la prensa.

Quita,

mucho más efectivo y barato.

He recurrido a un par de vecinas.

Conociendo como corren las noticias en estas calles, ya lo sabrán todos.

Nunca dudes del poder del chismorreo.

-(RÍE) Sí, sí.

¿Y los trabajadores del restaurante, ya los ha organizado?

Bueno, eso ya me preocupa más, Miguel.

Estoy metida en un embrollo muy gordo.

¿Por qué?

Bueno, desconocía que dos de nuestros camareros y un pinche

se habían buscado otra colocación en el impasse de las reformas,

tanto la simulada como la real.

Voy a necesitar de tu ayuda.

¿Pretende que trabaje como camarero? -No.

Lo que quiero es que me ayudes a contratarlos.

He recurrido a mis contactos para que me aconsejaran candidatos.

Tengo concertadas las entrevistas de aquí a un rato.

¿Y en qué puedo ayudar?

Cuatro ojos ven más que dos.

Quédate...

y me ayudas a elegir al candidato más adecuado.

¿Sí, Miguel? -Está bien, abuela.

Muchas gracias.

-Rosina y Susana se quedaron de piedra

cuando les puse al día de las condiciones

que Lolita había impuesto a Antoñito.

Conociendo la discreción de nuestras dos vecinas,

ya debe de estar al tanto media España.

Ya, Ramón, pero no pude hacer otra cosa,

ya estaban dispuestas a tacharlo ante todos de maleducado.

Si han entrado en la mantequería y me han acorralado.

Te comprendo,

yo tuve que hacer lo mismo con Jacinto, Fabiana y Casilda.

El pobre Jacinto creía que Antoñito había extraviado algo de sumo valor

y, por eso andaba con la mirada en el suelo.

Ramón, esto es de locos.

A saber que estarán pensado nuestros vecinos

de esa peculiar forma que tiene Antoñito de comportarse.

Afortunadamente,

ni en el Congreso ni en el Partido Conservador abundan las mujeres,

porque si no, la carrera política de Antoñito correría un grave riesgo.

Pues yo creo que si hubiese más mujeres, nos iría mejor.

¿Ya ha despertado de su siesta mi nieto?

Sí, voy a darle su paseo vespertino.

Antes habrá que darle la merienda.

Ya la ha tomado, y también se la he llevado a Lolita a su cama.

Y no te olvides de los pañales...

Carmen, pañales cambiados.

Voy rápido a ese paseo que luego quería encerrarme en el despacho

a terminar un discurso que voy a pronunciar ante los diputados.

¿No prefieres prepararlo en el Congreso como acostumbras?

No, Lolita prefiere que no vaya por allí,

salvo a las sesiones parlamentarias y lo que sea imprescindible.

Y yo quiero complacerla, así que... En fin, con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

¿Has escuchado, Carmen?

Poniendo a la familia por delante de todo.

Este no parece mi hijo, me lo han cambiado por otro.

No, Ramón, no, ¿sabes lo que pasa?,

que ha madurado.

¡Ay, invento del demonio!

No tiene respeto. -¿Está loco?

¿No tiene ojos en la cara? -Lo siento, no lo he visto.

Ni ha mirado ni nada.

Alodia, ¿qué está pasando ahí?

Na, señora, lo coches, que son muy peligrosos.

Ay, mucho mejor nos iría sin coches.

Y esto, bien lo sabe Dios.

Por cierto, no sabe lo tranquila que me he quedado.

Ya se ha solucionao el asunto del libro.

La autobiografía de mi señora pasa a ser biografía.

Vaya,

pues... ya me dirás qué diferencia hay entre una y otra.

Una autobiografía la escribe el susodicho,

aquel que cuenta su vida,

y biografía la puede escribir cualquiera.

Ah. ¿Incluida una servidora?

Sí, cualquiera que sepa de letras, se entiende.

¿Y qué más te da que lo escriba tu señora o Perico el de los palotes?

No es lo mismo, que lo de los negros no me parecía decente,

no es bueno andar con engaños.

¿Qué? -Yo me entiendo.

(SUSPIRA)

Bueno, sea como sea, estoy deseando que pongan ese libro a la venta.

Ya encontraré a alguien que me lea el libro de cabo a rabo.

Yo sola, tardaría horas en pasar de la primera página.

Y Alodia, hazme caso, hija,

menos salfumán y más libros.

Oiga,...

¿ha visto a ese muchacho?

Es muy apuesto.

Y muy guapo.

No le esperaba. -¿No se alegra de mi visita?

No es nada personal, pero no estoy de muy buen humor.

¿Por algún motivo? -Ninguno que le interese.

Dejémoslo en que he tenido una tarde un poco acontecida.

Le aseguro que lo que vengo a decirle le va a alegrar el humor.

Pase.

Permiso.

Tome asiento. -Gracias.

Lo que le traigo es el precontrato para la adquisición

de una industria textil en Cataluña.

¿Textil?

¿Qué se supone que vamos a confeccionar?

¿No lo adivina?

Uniformes militares.

Nuestro vecinos europeos los van a precisar por miles.

Parece muy seguro de que nos los encargarán a nosotros.

Antes de hacer ningún movimiento,

he movido mis contactos para que no quede duda de ello.

Todos vamos a ganar mucho con esta operación.

Lo lamento, pero es muy arriesgado.

La compra de esa empresa requiere una inversión demasiada elevada.

A ver, no todas nuestras operaciones

van a ser tan económicas como la adquisición de la mina asturiana.

Eso lo hicimos justo a tiempo, antes de que todo estallara.

En tal caso, habrá que esperar a otro momento más favorable.

Ya no hay más momentos.

Todos saben lo ventajoso que resulta invertir en la guerra.

Insisto, es muy arriesgado. -A mayor riesgo, mayor premio.

No siempre se cumple esa regla.

Si la empresa es tan rentable,

¿por qué los dueños van a vender justo ahora?

Sencillo, porque ni tienen nuestros recursos para soportar los gastos,

ni han sabido gestionar la empresa,

y no tienen los contactos que disfruta un Quesada.

No es bueno poner todos los huevos en la misma cesta.

Lo perderíamos todo si sale mal.

Yo no... acabo de entender

a qué viene este temor tan repentino, don Marcos.

¿Acaso no tiene la liquidez que dice tener?

Al parecer, pronto tendremos competencia de nuevo,

mañana abren el restaurante.

Y yo que me alegro.

En na nos perjudica,

ni compartimos clientes ni ofrecemos el mismo servicio.

Porque usted no me hace caso.

Yo habría convertido la recepción de la pensión

en un restaurante de alto copete.

No te ondula, pa que una se siguiera deslomando a faenar.

Que en conociéndole, seguiría sin dar palo al agua.

No, señora, no,

porque yo me dedicaría a recibir a nuestros distinguidos clientes,

y les daría conversación, charla, tertulia.

Lo dicho, a seguir viviendo la gran vida.

Menos lobos, Servando,

y confórmese con lo que ha ganao

con el sudor de mi frente, que no es poco.

Fabiana, está usté aquí. -Otro lumbreras.

Se ve que al menos no eres ciego. ¿Qué querías Jacinto?

Eh... Na, na...

Na. -¿Cómo que na? Algo será.

Y visto lo visto, no quiere que yo me entere.

No sufra, que voy a seguir arreglando los cuartos.

Mejor no saber qué nueva tontá se traen entre manos.

Hay que ver qué avispá que es la Fabiana.

Se ha dao cuenta que quería hablar con usté.

Con lo disimulado que eres, para no percatarse.

Servando, preciso de su ayuda,

debe ayudarme a enfrentarme a los demonios que me comen por dentro.

¿Acaso te has empachado? No es eso.

La Indalecia, que va a peor, que he soñado con ella.

Un mal sueño, claro.

No, no, nada de eso, muy, muy bueno.

¿Cómo que muy bueno?

(RIENDO) Ah, un sueño de los de...

¡Chist!

Estoy rompiendo mis votos con Marcelina,

traicionando lo que más quiero. Hombre, mientras sea en sueños...

Y de pensamiento,

que se me van los ojos tras la Indalecia cada vez que pasa

a mi lao.

Que uno es muy ardiente.

Jacinto, tú lo que eres, es un guarro.

¿Qué hacía usté pa serle fiel a Paciencia cuando estaba en Cuba?

¿Cómo se controlaba?

Procuraba que no se me fueran los ojos tras la primera falda.

Comportándome como un caballero español,

por supuesto.

Y no haciendo caso a mis más oscuros instintos.

Lástima que no pueda decir lo mismo de la Paciencia.

Estoy desesperado.

Debo borrar de mi mollera esas imágenes, esos pensamientos impuros.

También es mala suerte,

para una vez que tienes un pensamiento en esa cabeza hueca,

tenía que ser pecaminoso.

¿Y qué hago, Servando, qué hago?

Pues... No sé, déjame que piense.

Algo se me ocurrirá.

Dese prisa, por favor.

Estoy descuidando mi trabajo.

He perdío una carta de don Felipe.

¿Cómo, Jacinto? ¡¿Has perdido una carta?!

¡Pero bueno, una cosa es engañar a tu mujer...!

¡Chist! No me mandes, callar, hombre.

Pero el deber, el primer deber, el primer mandamiento de un portero

es no descuidar el correo.

Es que esto es el acabose, de verdad.

Perdón.

Pero ¿cómo que ha desaparecido? Eso no es posible.

Posible o no, es lo que es. La carta de Felipe se ha esfumado,

se la ha tragado la tierra sin explicación .

Debe seguir en poder del cartero.

Quizás lo comentó con Jacinto pero no llegó a entregársela.

Según Jacinto, tuvo el sobre en sus manos.

¿Y qué hizo con él? ¿Comérselo? -Él tampoco se lo explica.

Yo qué sé.

Tal vez tengas razón y la carta siga en manos del cartero.

Ya se lo preguntarás cuando le veas.

La carta no es la única novedad que hemos tenido esta tarde.

Cuando tú estabas fuera, Sabina vino a verme.

¿Qué quería?

Informarme que mañana mismo abrirán de nuevo el restaurante.

Qué buena noticia.

El barrio no era el mismo con el restaurante cerrado.

Ha tenido la amabilidad de invitarnos a la reapertura

y, de paso, pedirme que corriera la voz entre los vecinos.

¿Y esa sonrisa?

Sonrío de lo inteligente que es Sabina.

Sabiendo lo chismosa que eres, te ha usado como bando.

¡¿Ahora me llamas chismosa?!

(Puerta)

¡Casilda, la puerta! ¿Cómo que chismosa?

No te pongas así.

Sabes que tienes un don propagando noticias.

¿Sí? Ya verás cómo se enteran todos de que te has ganado un sopapo.

(Puerta)

Yo voy, Casilda.

Ay, cariño, lamento haber venido sin avisar.

No se disculpe, ha llegado a tiempo de evitar que me golpeen.

¿Cómo te encuentras, querida?

Algo más tranquila.

Todo el mundo habla de la reapertura del restaurante,

parece que han olvidado un poco el asunto de mi esposo.

¿Ves como no soy la única chismosa?

Alguien más ha propagado la noticia.

¿Se puede saber de qué diantres habláis?

De nada importante.

No sabes cómo me alegro que estés mejor.

Armando se pondrá en contacto contigo y se aclarará todo.

Ay, Natalia, estoy tan confundida.

No sé si mis ojos me engañaron o, si de verdad,

no pasaba nada reprobable y Soledad se había mareado.

Mujer, eso es lo que te aseguraron.

Ya.

Pero mi padre estaba muy extraño, nervioso.

¿Y qué quieres? Casi se le cae la criada redonda al suelo.

¿Al suelo o al lecho?

(RÍE)

No te rías, que el asunto no tiene ninguna gracia.

No quiero ni pensar que Soledad se haya estado ganando mi confianza

con un objetivo oculto: mi padre.

¿Puede ser tan traidora?

No, no creo.

¿La consideras buena persona?

No, querida, ni confío ni dejo de confiar.

No se fijaría en esa cualquiera. Es demasiado poca cosa para él.

Puedes estar segura.

Vaya, no sabía que eras una experta en mi padre,

y que conocías tan bien sus gustos.

Mujer, lo digo por su difunta esposa, Felicia.

¿Por qué si no?

Natalia, te conozco,...

¿me ocultas algo?

Pues claro que no.

¿Qué insinúas?

No, nada.

Últimamente, veo fantasmas por todas partes.

Eso es todo.

¿No quiere quedarse a cenar?

No, gracias. Prefiero irme ya, que luego se me hace tarde.

Ya nos vemos mañana en la reapertura del Nuevo siglo XX.

¿Qué te pasa ahora?

¿Sigues enfadada por lo de chismosa?

No, lo que me molesta es que de verdad me consideres así.

Es la única explicación para que me ocultes lo que sabes.

No sé de qué hablas.

¡Verde y con asas!

Cuando hablábamos de Armando, te cambió la cara,

tú sabes algo que desconocemos.

Qué bien me conoces.

Si tú también me conocieras a mí,

me contarías lo que sabes, por la cuenta que te trae.

Está bien.

Sin que mi tía lo supiera,

he estado investigando en el Ateneo sobre tan feo asunto.

Ah, ¿y qué has descubierto?

Pues

que la princesa prusiana de Holbein-Tiessen

está viviendo en París.

Eso tampoco significa nada. -Rosina, no he terminado.

Según la prensa, mantiene una relación con un diplomático español.

Arrea, ¿y tú crees que ese diplomático es Armando?

Ay, Armando...

De caballero solo tiene el apellido.

Y bien, ¿qué le parece?

Qué tenía usted razón.

Los números son muy alentadores.

Le dije que podía confiar en mí.

Adquirir esa industria textil es un negocio seguro.

Querido Aurelio, yo no confío ni en usted ni en nadie.

Entonces, ¿por qué está tan satisfecha?

Porque sí confío en los asesores a los que encargué

que revisaran la información que me dio sobre la empresa.

¿Eso es un sí?

¿Va a intervenir en su compra?

¿Cree que invito a mi mesa a cualquiera?

Vamos al comedor.

Vamos a celebrar la formalización de nuestra sociedad como se merece.

Ah.

Ese es su sitio.

Ya le he allanado el camino con don Marcos.

Está al tanto de mi interés por la industria textil.

¿Algún problema?

Sí, me disgusta que haya puesto en marcha el plan

antes de conocer mi respuesta.

Como mujer inteligente que es, ya sabía cuál sería.

No iba a dejar pasar tal oportunidad.

La próxima vez no presuponga tanto,

y espere a que yo le dé permiso.

Descuide, lo tendré en cuenta.

No volverá a suceder.

Yo ya he hecho mi parte, ahora es su turno.

Mañana mismo iré a ver a Marcos Bacigalupe.

Lolita, nuestros vecinos se dividían

entre los que pensaban que Antoñito había perdido el oremus,

y solo podía mirar al suelo,

y los que le trataban de grosero.

(RÍE)

La verdad es que el pobre las está pasando morás.

Yo no pensaba que iba a cumplir todo lo que le pedía.

No ha sido así.

Lolita, que te quiere con locura.

Hija, al menos podrías aflojar en esa parte del contrato.

Yo entiendo tus razones, pero

pero la citada condición

me parece cruel,

inhumana y hasta peligrosa.

Sí, Lolita.

A Antoñito lo van a tomar por un orate,

o peor, acabará por estrellarse con alguna farola.

O cayéndose a una zanja de obras. -Está bien, está bien,

me lo pensaré.

Lo mismo le quito la prohibición en vista de su buen comportamiento.

Ea, hablando del rey de Roma.

Parece que no se ha caído en ninguna zanja.

(Puerta)

Buenas. -Buenas.

¿Cómo estás?

¿Qué haces aquí que no estás en la cama?

Sencillo, estoy harta de esa cama.

Y, bueno, cada día me encuentro con más fuerzas.

¿En serio? -(ASIENTE)

He pensado que, a lo mejor,

para celebrarlo y solo si te encuentras con fuerzas de verdad,

podríamos ir mañana a celebrarlo al restaurante de los Olmedo.

Vuelven a abrir, ¿no? -Mañana mismo.

Es una buena idea. Así apoyamos a nuestra vecina.

Y tienes razón, hay mucho que celebrar.

No solo la salud de Lolita,

sino que la paz vuelve a reinar en esta familia.

Cuidado, Antoñito, que eso no está en el contrato.

Es un poco solo.

No está.

Muchas gracias por venir. En caso de ser elegido,

nos pondremos en contacto con usted de inmediato.

Y tan de inmediato, tendría que incorporarse mañana mismo.

En cualquier caso, le avisaremos. Muchas gracias.

Este era el último.

Por fortuna.

Estoy ya cansada de tantas entrevistas.

Ni tenemos tiempo de ver a más candidatos.

Hay que avisar ya a los elegidos. Y mire las horas que se han hecho.

Tendremos que elegir a los mejores. -Bueno,

o, al menos, a los que estén disponibles para mañana.

En el caso del pinche, está claro, solo se ha presentado uno.

Queda contratado.

Y de los camareros,

a mí me ha gustado este último... -Sí.

...y el segundo.

-Ah, sí, vale. Estoy de acuerdo.

Iré tras el último. -Muy bien.

-No le habrá dado tiempo a alejarse.

¿Se puede?

Lo lamento, pero el restaurante está cerrado.

Ya veo, pero no vengo a cenar, sino a buscar trabajo.

He oído que andaban buscando camareros.

Y no la han engañado. -Pero llega tarde.

Ya hemos terminado con las entrevistas.

Lástima.

Parecía un lugar agradable para trabajar.

No saben cuánto lamento haber llegado tarde.

En fin,...

les deseo todo lo mejor. No les molesto más.

Aguarde un momento.

Supongo que no habrá ningún problema

en hacer una entrevista más,

¿no es así, abuela?

No, claro que no. -¡Cuánto se lo agradezco!

Miguel, deberíamos empezar con la entrevista.

La inauguración es mañana, no dentro de una semana.

Claro.

Daniela Stabile.

-¿Stabile? No parece un apellido español.

No solo no lo parece, tampoco lo es. Nací en Sorrento, Italia.

Qué bello país.

-Sí, y al parecer, también son bellas sus gentes.

Eh... No tiene acento extranjero.

Mi padre era italiano, pero mi madre española.

Ella me enseñó el idioma.

¿Y tiene experiencia como camarera?

-Y más importante aún, ¿está casada o comprometida?

¿Qué tiene que ver eso con el trabajo?

-Nada en absoluto. Simplemente tenía curiosidad.

-En ese caso, puedo responderle que no.

No tengo compromiso ni aquí ni en Italia.

Cuánto me alegro, así podrá dedicarse al trabajo

con mucho más interés, ¿verdad, Miguel?

-Sí, claro.

Pero no me ha respondido a mi pregunta

sobre sus anteriores trabajos. -¿Y quién quiere entretenerse ahora

con las referencias? Ya veo que es justo la camarera que necesitamos.

Está contratada. ¿Tendría algún problema

en empezar mañana mismo? -Claro que no.

-Estupendo.

(Campanas)

(VOZ BAJA) Jacinto. (CHISTA)

¿Estás tú solo? Sí.

¿Has arreglado ya lo de la carta de don Felipe a don Liberto?

Qué va. No he pegado ojo en toda la noche pensando en ello.

Claro, si es que no me extraña. Lo que me extraña es que todavía

tengas ganas de desayunar habiendo cometido tamaña falta.

Ya, pero ha venido usted a arreglarlo.

¡Oiga, que era mi última magdalena!

¿Le gusta soñar con la Indalecia? Nanay, que el miedo a hacerlo,

me ha impedido coger el sueño. Bueno.

Y que no me perdonaría volver a engañar a Marcelina,

aunque fuera de ese modo. (CARRASPEA)

Además, lo que es peor, que a la Indalecia ahora le ha dado

por hacerme cataplasmas y friegas y se pasa el día buscándome,

tocándome, masajeándome... ¡Vamos, un sindiós!

¡Quita de ahí, hombre!

Pues ten cuidadito, que al final, vas a caer en la tentación.

¡Yo eso nunca! No, el Señor me salve.

Más que nada, porque la Marcelina me arrancaría la piel a tiras,

que menuda es ella. Menos mal que estoy aquí

para echarte una mano. Sí, para comerse mi desayuno.

No, no, para solventar y sacar a esa bestia que llevas dentro.

¿Cómo? (CARRASPEA)

Vamos a ver, aunque eres más bruto que un arado,

eres un hombre y tienes tus impulsos.

Pues esos, hay que cortarlos.

¿Cómo que cortarlos? No, quite,

que prefiero seguir siendo el mismo y esculcándome en el altillo.

No, me refiero a cortar los impulsos.

Ah. Espera.

Te he traído unas hojas de castaño de Naveros del Río.

Esto te lo haces en infusión y te quedas manso como un buey.

No sé yo, ¿eh?

¿Y si me quedo manso para siempre y, cuando venga la Marcelina,

ya no hay fiesta? ¡Que no, hombre!

El efecto es temporal. ¿O es que acaso no te fías de mí?

¿De verdad quiere que le conteste? Bueno. ¡Uy!

Hombre, Jacinto... -¡Ay!

Aquí estás escondido. -Y visto lo visto,

tendré que esforzarme más.

-Te alegrará saber que he preparado torrijas

para cenar todos. -Ah...

-¿Sabes si por el altillo hay canela?

-Pues no sé. Mira por ahí.

-A ver si está con las especias.

(MASCULLA)

Vaya calentando agua, que voy a hacerme esa infusión.

Que salga el sol por Antequera.

Hasta el tallo es sustancia. Hasta el tallo. Ahí, ahí.

Señor, tiene visita.

Doña Genoveva, no la esperaba.

Siéntese, por favor. ¿Desea tomar algún refrigerio?

No, no le entretendré mucho. Me esperan en la inauguración

del restaurante. Yo también he sido invitado,

pero por desgracia, tengo algunos asuntos que atender

y me van a impedir asistir.

Soledad, retírese, por favor.

Tome asiento.

Y bien,

¿en qué puedo servirle?

Verá,

llevo tiempo queriendo venir a hacerle una consulta comercial.

El estallido de la guerra me obliga a hacerlo

con cierta premura. Son tiempos muy convulsos, sí.

Y sospecho que también de lo más provechosos.

En su día me dijo que no sería mal recibida

en su sociedad.

Sin duda, ese momento ha llegado.

Estoy segura de que su empresa y, ahora más que nunca,

es un negocio prometedor y de futuro.

Le agradezco la confianza que me muestra,

pero debo advertirle que, aunque la guerra pueda favorecer

las ganancias, también aumenta los riesgos.

Podría perder todo cuanto aporte a nuestra sociedad

si las circunstancias no fueran favorables.

El desarrollo y la duración de la guerra europea

son del todo imprevisibles. Yo le agradezco su consejo.

Yo me veo obligado a dárselo.

No me gustaría que una dama a la que aprecio

y que además es mi vecina, pudiera perder todo su patrimonio

por mi culpa. Descuide,

no me dan miedo los riesgos, más bien al contrario.

Quien no apuesta, no gana. Arriesgada política.

No lo es tanto cuando uno no se juega

todo lo que tiene y, por fortuna, yo tengo fondos suficientes

para invertir lo que queda en comprar parte de sus acciones.

Siendo así,

lo tendré en cuenta.

Permítame que me lo piense y le daré cumplida respuesta.

Por supuesto.

Sigue actuando usted como un hombre precavido.

Sí le pediría que no se demore mucho en su respuesta.

Tengo cierta urgencia por invertir

y mi paciencia no es eterna.

Acompañe a doña Genoveva a la puerta.

Con Dios, don Marcos. Con Dios.

(Pájaros)

Tranquila, abuela.

Estoy seguro de que todo saldrá a pedir de boca.

-Eso espero, Miguel.

Ojalá el nuevo pinche haya sabido preparar bien

los canapés.

Y los camareros respondan como esperamos.

-No tema. He visto a Daniela y parecía arreglárselas

a las mil maravillas.

¿Y esa sonrisa a qué se debe? -Nada, cosas mías.

Por ahí vienen los primeros invitados.

-Muy buenas. Buenas. Buenas.

Enhorabuena, doña Sabina. Estábamos todos deseando

ver abiertas de nuevo las puertas de su negocio.

Incluso estábamos considerando abrir nosotros

nuestro propio restaurante.

No, no, no le hagan caso.

Y su marido entonces no ha vuelto todavía, ¿no?

-Por desgracia no. Unos asuntos le retienen.

Doña Genoveva. Doña Susana. Gracias por venir.

-Descuide. No nos lo hubiéramos perdido

por nada del mundo.

Marcos Bacigalupe les envía saludos y sus mejores deseos.

Tenía unas cuitas ineludibles que atender.

Gracias.

Daniela.

-¿Un canapé, doña Susana? -¿Acaso me conoce?

-No tenía el placer, pero doña Sabina

me ha hablado con tanto detalle de sus más preciados clientes,

que es como si ya les conociera.

¿Doña Genoveva? No, muchas gracias.

Usted, por ejemplo, no me cabe duda de que se trata de don Servando.

¡Oh! ¿Cómo lo ha adivinado?

Daniela, trae unas copas.

Yo le ayudo.

-Por lo que se ve, ha encontrado usted

una joya de camarera.

Parece que he dado en el clavo con la muchacha.

Gracias.

Y...

no solo por su simpatía con los clientes.

Parece que el señorito Miguel no le quita ojo.

Ni ella a él.

Adiós, Anabel; hola, Daniela.

Me gustaría hacer un brindis por la reapertura

del restaurante Nuevo siglo XX. (TODOS) ¡Salud!

¿Aún siguen aquí? ¿Y dónde está doña Bellita?

En su cuarto, arreglándose.

Y lo dice tan tranquilo...

Deberían estar en la inauguración del restaurante.

Vaya a meterle prisa. -No, Alodia, eso se terminó.

He decidido tomármelo todo con más calma.

Se acabaron los sobresaltos en esta casa.

Ojalá Dios le oiga. -Ya he hecho de sufrir en exceso

a mi esposa con todo ese embrollo de la biografía.

Diga que sí,

que parecía que iba a terminar como el rosario de la aurora.

Ea, por eso mismo.

Me he hecho el firme propósito de vivir más tranquilo.

Y si llegamos tarde, pues que nos esperen.

Preveo que nos aguardan tiempos tranquilos, Alodia.

Vamos a sacar el libro y la colección de discos sin prisas

y con éxito seguro.

(Puerta)

Será alguno de sus vecinos.

¿Y a qué esperas, muchacha? Ábrele la puerta.

Voy.

¡Hombre! Muy buenos días.

¿Es esta la casa de Bellita del Campo?

¿Hablas mi idioma?

Sí, sí. Esta es la casa de su idioma.

Quiero decir que sí hablo su Bellita.

Mire, mejor pase, por favor.

Señor, este joven pregunta por doña Bellita.

Ah. ¿Con quién tengo el gusto de hablar?

Soy Ignacio Quiroga. Vengo de Sevilla.

Ea.

Ya estoy lista, José. La espera ha merecido la pena.

Uy, perdón. ¿Con quién hablas, José?

¿Usted es Bellita?

Yo soy Ignacio.

¿Ignacio dice?

Perdone, pero debe haber un error. Yo no le conozco de nada.

Sabía que no me iba a reconocer. No me ve desde que soy un bebé.

Yo soy el hijo de su hermana, de la Candelaria,

y del difunto Alonso Quiroga. Su sobrino, vamos.

¡Ay!

-Mi niña. -¡Ay, ay, ay! ¡Señora!

¡Chiquilla!

-¡Bellita!

¿Entonces ya se va, doña Susana? -Sí. Me apetece dar un paseo.

El día está muy soleado.

Es extraño que no haya venido doña Rosina.

Sí. Ella no suele perder la oportunidad de comer canapés gratis.

Si finalmente viene, hágame el favor de decirle

que me he ido. -Muy bien.

Con Dios. -Con Dios.

Yo también debo marchar. Le deseo la mejor de las suertes

en esta nueva etapa de su negocio. Tendrá en mí una clienta habitual.

Siempre que lo desee, aquí tendrá una mesa.

Muchas gracias. Con Dios. Con Dios.

¿Cómo? ¿Ustedes también se marchan? Pues a la fuerza y de los pelos.

No nos queda otra, doña Sabina.

Nos hemos dejado la pensión desatendida.

Si quieres, yo me quedo aquí en representación de los dos

un ratito, ¿eh? ¡Ande! Ande y tire para la pensión,

que no respondo. Bueno, nada.

Con Dios. Con Dios.

-Que ya casi se va apañando.

¿Quiere probar usted, listillo? -No, mejor la dejo a usted.

-¡Sabina!

Ay, disculpe mi tardanza y disculpe a mi marido.

Le ha surgido un imprevisto a última hora.

Quedan disculpados.

No se preocupe, llega a tiempo.

Los Domínguez y los Palacios todavía no han llegado.

Qué raro. Don Ramón es muy puntual.

Esperemos que no se deba a una recaída de Lolita.

Por Dios, no sea agorera. El crío les habrá entretenido.

Cuando una tiene hijos pequeños, es imposible llegar puntual

a cualquier sitio. -Bueno, ¿y Susana no está?

Sí, ha estado, pero se ha ido de paseo.

Qué aburrida.

-Disculpen el retraso.

A última hora ha habido que cambiarle los pañales

al pequeño. -Sí, ya saben ustedes

que, con críos pequeños, no se pueden cumplir horarios.

Lo que yo decía. -Descuiden.

Lo importante es que ya están aquí y que hayan traído con ustedes

a Lolita.

Ni se imaginan la alegría que me da

verla sana y salva con nosotros. -Se agradece, Sabina.

He vuelto a nacer.

Así que, tenemos mucho que celebrar.

¿Y a qué estamos esperando?

Ahora mismo voy a por unas botellas del mejor champán.

-Disculpen que les interrumpa, pero es que ha llegado

un telegrama urgente para usted, don Antoñito.

-¿Quién lo envía? -El Ministerio de Guerra.

¿Estás segura de que Anabel no sospecha nada?

Descuide, señor.

Anabel se creyó a pies juntillas mi supuesto malestar.

Me gustaría estar tan seguro. -Si tiene alguna duda,

acabará olvidándola. Me voy a ganar su confianza.

Eso sí, a partir de ahora hay que tener más cuidado.

No puede volver a ocurrir.

No me gustaría tener que volverle a mentir

de esa manera.

Parece que te molesta que salvara la situación.

Me sorprendió la facilidad con la que lo hiciste.

Parecías muy acostumbrada.

No pensé que me reprocharías esa habilidad.

¿Puedo confiar en alguien así? -¿Así?

¿Así cómo?

Yo esto lo hice por los dos

y no me parece justo que me lo reproches.

(Puerta)

Ve a abrir.

Gracias.

Un mozo ha traído este sobre lacrado.

¿Quién lo envía?

El doctor Severo Lambán.

¿No tienes nada que hacer en la cocina?

Por fin han llegado los resultados de la autopsia.

¡Dios mío, no puede ser!

(SUSPIRA)

Felicia murió envenenada...

¿Algún problema?

No, nada importante. Son los resultados sobre...

unas cefaleas que me aquejaban, pero que afortunadamente

han desaparecido.

He oído hablar tanto de usted, que no veía el momento

de conocerla. -Qué raro que no nos conociéramos, ¿no?

Se está retrasando mucho Antoñito. -Cada vez me da más mala espina

el telegrama que trajeron en plena reinauguración.

-Por la urgencia con la que llegó, no vaticina nada bueno.

Le he propuesto a Marcos Bacigalupe invertir en su sociedad.

¿Y? No me ha dicho ni que sí ni que no,

solo que se lo pensaría. ¿Quiere que le apriete las tuercas?

-Quería comentarte algo en relación con Genoveva.

Quizás ignores que la hermana de tu socio

la visita con frecuencia.

Qué grato verla tan recuperada.

Ha tenido que pasar usted por un calvario.

¿Cómo tiene tan poca vergüenza?

Te tienes que quitar a la Indalecia de la cabeza

y no encabritarte cuando pienses en ella.

Piensa en ella.

En el telegrama que he recibido de Jacks,

dice que pensaba que don Armando había regresado.

Al parecer, antes de partir, compró varios sombreros y vestidos.

Jacks pensó que eran regalos para mi tía.

¿Hay algo más?

Que creo que esos regalos

no eran para mi tía, sino para la princesa de Holbein-Tiessen.

Alodia, ¿qué te pareció Ignacio, el sobrino de la señora?

Muy apuesto y con muy buena planta.

-¿Qué habrá venido a hacer a la ciudad?

Acabas de decirme que siempre cierras el chiscón.

-Sí, pero pudo entrar alguien de la finca, algún conocido.

-O un vecino. -Ah, eso lo ha dicho usted, ¿eh?

No seré yo el que acuse a nadie de una cosa tan seria.

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Acacias 38 - Capítulo 1341

02 oct 2020

Soledad y Marcos fingen un ataque respiratorio de la criada para encubrirle a Anabel su relación.
Sabina intenta que su nieto para que no ahonde en el dolor de su ruptura con Anabel, y decide contratar a una guapa camarera italiana cuando descubre la química que tiene con Miguel. Ya con la reforma terminada ¡vuelve a abrir sus puertas el Nuevo Siglo XXI!
Aurelio y Marcos avanzan en los negocios a pesar de la ausencia de Miguel y de sus desacuerdos. Y descubrimos un pacto secreto entre Aurelio y Genoveva para atacar a Marcos.
Liberto recibe noticias de París: todo indica que Armando sí se ha casado con la princesa prusiana.
Llega al barrio un apuesto joven que resulta ser el sobrino de Bellita. Es tal la impresión de la mujer que se desmaya nada más verlo.
Marcos recibe por fin el informe de la autopsia de Felicia. En el que se desvela ¡que murió envenenada!

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