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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1339 - ver ahora
Transcripción completa

Quiero que rompamos nuestra relación.

¿Vas a iniciar una relación con él?

A partir de ahora, eso no es asunto tuyo.

Admiro mucho a doña Bella.

Voy a pedirle disculpas.

Será mejor que deje pasar el tiempo o puede ganarse un mordisco.

Lo mismo es una estratagema

que forma parte de la misión que le encargaron.

-¿Casarse?

Le he dicho a Rosina y a mi tía que lo nieguen hasta el final.

El mundo no se acaba en esa moza.

Seguro que vas a encontrar a otra mil veces mejor que ella.

Don Marcos me ha pedido que los lleve a una iglesia lejana,

no quiere ver a la gente con ropa de su mujer.

Que las lleves tú, es distinto.

Es como aprovechar algo que se iba a tirar.

El matrimonio es un contrato,

y el nuestro ya no valía, así que he hecho otro.

Supongo que podré discutir algunas de las cláusulas.

Ni se discute ni se negocia.

Mis días trabajando para Aurelio han terminado.

También trabajas para mí. -Mi renuncia es irrevocable.

La verdad es que va espectacular. -Ajá.

-Y Natalia también, la verdad.

Adelante.

He de reconocer que esos italianos saben organizar una recepción.

Parece que le han deslumbrado.

Sí, nunca he estado en una fiesta tan elegante,

y eso que en mi país también organizamos buenos bailes.

Pase.

Supongo que se han esmerado en la preparación de este evento,

en estos casos y en los tiempos en los que vivimos,

se busca impresionar a posibles aliados.

Pues conmigo lo han conseguido.

Quizás haya contribuido el interés de algunos invitados por usted.

No puedo quejarme,

han sido muy agradables esos diplomáticos conmigo,

es su trabajo, claro.

Créame, lo hacían con mucho gusto.

Todos competían por llamar su atención,

ha sido la sensación de la fiesta.

No creo que sea para tanto,

usted también ha estado rodeada de caballeros en más de una ocasión.

Es posible,

pero en mi caso era más cortesía que un interés verdadero.

Peca usted de modesta,

reconozca que hemos estado deslumbrantes.

Tiene razón, no hemos pasado desapercibidas.

Viéndola a usted esta noche, me he dado cuenta

de que no es consciente de lo fácil que le resultaría tener a sus pies

a muchos de esos caballeros.

No se crea,

me hago una idea de lo que puedo llegar a conseguir.

(Truenos)

Menuda tormenta. Será mejor que se quede. Siéntese.

Así me puede contar si se ha fijado en alguno de esos caballeros

en concreto.

El encargado de negocios de la embajada francesa

me ha resultado muy... interesante.

¿Pierre Caron?

El mismo. Muy atractivo, ¿no le parece?

Sí.

Pero no debería fiarse de los hombres franceses,

todo lo que tienen de románticos, lo tienen de liantes,

y más ahora, que se preparan para la guerra.

No sé qué tiene que ver el coquetear con un francés y la guerra.

Mucho, con cualquier excusa podrían acusarla a usted

de ser espía de los alemanes.

Creo que exagera un poco. Jamás me metería en semejante lío.

Créame, los tiempos que nos están tocando vivir

van a ser cada vez más convulsos.

Pues a mí, el tal Pierre me pareció un hombre encantador,

muy ajeno a esas conspiraciones de las que me habla,

ha estado toda la noche pendiente de mí.

No sea ingenua, Natalia,

en un primer momento no va a mostrar sus verdaderas intenciones.

Lo sé, pero no entiendo su temor,

si llegara a pasar algo entre nosotros,

supongo que no trataríamos asuntos susceptibles de espionaje.

Un hombre con tal de impresionar a su amante,

es capaz de desvelar los peores secretos

y traicionar a su patria.

De hecho,

y si se le pide en el momento oportuno,

hasta profanar la tumba de su propia madre.

(Truenos)

Por eso, le pido que sea reflexiva

y reserve sus encantos para el momento oportuno,

no vaya a ser que estos se vuelvan en su contra.

Tiene usted razón. Trataré de seguir sus consejos.

Pero ¿ha visto qué mirada tan profunda,

qué porte tan elegante?

Todavía le queda tanto por aprender...

(RÍEN)

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Ha visto la buena mañana que hace, padre?

¿No sé qué tiene de buena?

Ha llovido toda la noche y viene un frío que cala los huesos.

El agua en el campo significa bonanza,

y el aire limpia las calles de pestilencias,

no sé de qué se queja.

Tú estás tan contento, que hasta te parecería fetén

que las calles se cubrieran con metro y medio de nieve.

Y cómo no me lo va a parecer, padre,

mi esposa mejora por minutos y me ha perdonado la falta que tuve.

Volvemos a ser una familia como Dios manda.

Está muy bien que te alegres por tu esposa,

pero te recomiendo que huyas del optimismo excesivo.

No entiendo los peros que me está poniendo.

Quiero decirte, que el movimiento de demuestra andando

y que Lolita tardará un tiempo en perdonarte lo que hiciste.

Que no, padre, le aseguro que está todo solucionado, se acabó.

Lo estará cuando demuestres el amor conyugal que Lolita se merece

y te olvides de veleidades con Natalia Quesada.

Ni la nombre,

que se me revuelven las tripas solo de escuchar su nombre.

Lo hago para que nunca olvides

que puedes volver a caer en la tentación.

Que no, padre, que no.

Después de todo lo que ha pasado,

tengo muy presente lo mucho que me juego.

Eso espero, porque perder a tu familia

es lo peor que podría pasarte.

No, no. Voy a poner toda la carne en el asador para que eso no suceda.

Estoy convencido de que se lo debo a Lolita,

bueno, y a la bonita historia de amor que hemos tenido siempre.

Indudablemente, tu esposa está siendo muy generosa al perdonarte.

Yo no diría yo tanto como generosa.

¿Estás haciendo de menos la oportunidad de una reconciliación?

Por supuesto que no, yo le estoy muy agradecido por ser tan compresiva.

¿Y por qué dices de que no es generosa?

Padre, pues que para que ella pueda perdonarme,

me ha hecho... firmar un contrato.

El matrimonio ya es bastante contrato.

Sí, pero ella busca más garantías.

¿"Más garantías"?

Ni que fueras un reloj de bolsillo.

Me parece un poco fuera de lugar. -Ya.

Eso pienso yo, pero ya sabe lo cabezota que es.

O acepto todas sus condiciones

o no vuelvo a compartir lecho hasta que las ranas críen pelo.

Mira, tampoco me parece mal, así te mantiene a raya.

Sí, la verdad, porque no se crea que es un asunto baladí,

el contrato es bastante leonino.

¿Tanto te pide?

Mírelo y júzguelo usted mismo.

Lea, lea, a ver qué le parecen las condiciones.

Sobre todo, esa.

¿Estás dispuesto a firmar esto?

¿Qué quiere que le diga, padre? A la fuerza ahorcan.

Le he traído los pestiños que venden en la plaza.

Gracias, son mis favoritos.

Hoy me he levantado temprano y he aprovechado para ir a comprarlos.

La verdad es que me ha dado una alegría, ando un poco mustia.

¿Y eso? ¿No se encuentra usted bien?

No, solo estoy un poco triste.

¿Le puedo preguntar por qué?

Da igual, no tiene importancia,

no merece la pena hablar de ello.

Estoy segura de que le irá bien contármelo.

He roto mi relación con Miguel,

todo ha terminado entre nosotros.

No sabe cuánto lamento escuchar eso, señorita.

No me ha quedado otro remedio,

ha resultado ser demasiado celoso y aprensivo,

trataba de fiscalizar todos mis actos.

Eso es muy inconveniente en una pareja.

¿Le importa que me siente?

Por favor.

Los celos son muy malos consejeros.

Se lo digo por experiencia.

Sí, llega a hacerse insoportable.

Al principio pensaba que Miguel era un buen pretendiente para mí,

de hecho, le sigo queriendo.

Pero querer no es suficiente, hay que amar,

amar mucho para querer pasar el resto tu vida con la otra persona.

¿No es cierto?

Lamentablemente, a Miguel le sobraba la pasión que a mí me faltaba.

No me diga más señorita,

poco tenían que hacer juntos entonces.

Esto es lo mejor para nosotros.

De haber seguido, el dolor de la ruptura sería mayor.

Lo último que deseo es hacerle daño.

Es indudable que ha obrado de la forma más noble posible.

Sí, supongo que sí.

Aunque no por ello deje de sentir cierta pena.

No quiero echar más leña al fuego, pero debe saber que Miguel

ha renunciado a su cargo como abogado de la empresa de su padre.

Espero no ser la causa de esa renuncia.

No, no se apure,

la causa son las desavenencias que tenía con don Aurelio.

¿A qué desavenencias se refiere?

¿No puede contarme más?

No lo sé.

Sé que estaban enfrentados en algunos asuntos.

Yo nunca me que querido meter en los negocios de mi padre,

pero tengo que reconocer que me intriga saber a qué se dedica

la sociedad que tiene con Aurelio.

¿Usted no sabe nada?

No, señorita, lo siento.

No me mienta. Algo habrá escuchado.

Señorita, ¿por quién me toma?

Yo no ando escuchando a los señores.

No lo dudo, pero algo habrá oído,

aunque haya sido sin querer.

Vamos, dígame.

Sé que mi padre anda muy interesado

en las noticias que llegan del resto de Europa.

¿Sabe si esos asuntos tienen que ver con la guerra?

A los hombres de negocios les interesan esos asuntos,

y supongo que pueden interferir en sus decisiones,

pero no lo sé, señorita, solo soy la criada.

Buenas. -A las buenas.

Ya es mala suerte que se cuele una paloma,

pero que se alivie encima de la alhacena,

eso ya es mala intención, maldito bicho.

Mujer, sigue frotando, que tiene que salir toda esa porquería.

Esto no sale por más que le doy.

Que sí, es que no te estás esmerando.

Dale bien.

Y cuidado con la falda, no sea que la pises y te caigas

que te das un morrón de órdago. -Es verdad,

como me he quitao los zapatos pa subir,

me puedo tropezar con el dobladillo.

(TOSE)

Jacinto, ¿y esas toses?

Pues que me he comío una almendra y se me ha quedao la cascarilla.

Qué susto, ya pensaba que te ibas a poner malo.

¿Qué, sale o no sale?

Sí, pero me va costando. Mójame bien este trapo.

Parece que va saliendo,

pero me estoy poniendo perdida con la porquería de la paloma,

luego me voy a tener que lavar entera.

Po eso no te apures,

que te calentamos agua y te das un baño con la palangana.

A mí no me gusta bañarme así,

yo prefiero en el pueblo, que tenemos allí una poza

que está la mar de escondida,

donde vamos las mozas y nos bañamos en cueros.

Eso es pa vernos a todas ahí,

saltando y salpicándose con las carnes al aire. (RÍE)

-Arrea,

y seguro que algún mozo lo sabe y os ve a escondidas.

Claro que lo saben,

a ver cómo te crees que se consigue novio en el pueblo.

¡Ay, que me he desgraciao la mano!

Pero Jacinto, ¿qué te pasa?

Que me se ha escapao el destornillador.

Esto hay que curarlo,

no sea que se infecte. -¡Quita, quita, quita!

Hasta sangre.

Me bajo a la portería a curarme. Que tengo muchas cosas que hacer.

Hasta luego.

¿Qué le pasa a este hombre?

No quiere que le curemos,

se deja el arreglo a medias y la herramienta tirá.

pa mí que estaba temblando.

-No me extraña.

Yo sé bien lo que le pasa.

Cuéntamelo, que no me entero de la misa la media.

Ya me he dao yo cuenta de que mi primo lleva un tiempo muy extraño.

Los días pasan y está desquiciao por la ausencia de Marcelina,

ni más, ni menos. -Es verdad.

Hay que ver lo que quiere este hombre a su esposa,

está pasando las de Caín.

De eso no tengas dudas.

Algo habrá que hacer por él.

¿Volvemos al trabajo?

Qué remedio.

-"No me parece pa tanto lo que te pido, paloma mía".

Lo es, ese pollo me parece un atorrante.

Tan solo tienes que escucharle.

No, no y no, Jaime Huerta me sacó de mis casillas.

Es posible, pero el hombre quiere venir a verte pa disculparse.

Me resultó muy molesto hablar con él,

no paraba de hacer preguntas indiscretas.

No te lo niego,

pero ya habrá aprendido qué temas tocar y qué temas dejar pasar.

Claro. Ay, pero ¿quieres pararte?

Me estoy mareando con tanta vuelta.

Me sacó de quicio.

El pobre hombre solo trataba de hacer su trabajo,

sus preguntas no tenían mala intención.

Yo no estaría tan segura.

Ay, lucero,

si se quiere escribir una biografía, habrá que preguntar por su pasado.

Pero eso no le da derecho a ser un impertinente.

Ese solo buscaba carnaza,

drama para sus lectores, y de eso hay poco en mi vida,

y de lo poco que hay, menos es lo que quiero contar.

Di que sí.

Contra el vicio de preguntar, la virtud de quedarse callada

o responder lo que te dé la gana.

Entonces, ¿le puedo contar lo que quiera?

Claro. Mientras que sea cierto, sí.

Las preguntas no son indiscretas,

de serlo, son las respuestas, y eso está en tu mano.

¿Qué me dices?

¿Puede venir o no puede venir?

Buenos días, señoras.

Ah, buenas.

¿Qué novedades trae el periódico?

Muchas y de todos los colores.

Dedican casi una página a la recepción de ayer en la embajada.

Según la lista de asistentes,

tuvo que ser una fiesta de categoría:

diplomáticos, aristócratas,

hasta un cardenal había, lo más granado de la sociedad.

No sé qué haces contándoselo a Genoveva,

ella estuvo allí y nos puede dar información de primera mano.

Sí que fue un evento memorable,

todo el que es alguien en la ciudad estaba allí.

¿Pudo averiguar algo sobre mi esposo?

Siento decirle que no,

no encontré a nadie que conociera a Armando Caballero,

y pregunté a muchas personas.

Bueno, gracias por intentarlo.

¿Cuéntenos, sirvieron muchas exquisiteces?

La verdad es que no probé bocado,

no está bien que una señora se atiborre,

por muy buenas que sean las viandas.

Yo habría acabado con los canapés de caviar,

si es que los hubiera. Claro que los había,

de eso y otras muchas cosas.

Desde que estaba casada con Alfredo

no iba a un evento de tanto relumbrón.

¿Felipe no frecuentaba esos ambientes?

No, ni por asomo.

Mi marido apenas se relacionaba con cuatro pelagatos de barrio,

sin despreciar a nadie.

No es ningún desprecio,

yo estoy muy bien como estoy.

Ya quisieran muchos marqueses vivir como vivimos mi Liberto y yo.

Por supuesto, ustedes son la aristocracia de estas calles,

pero no pueden comparar lo gris que era todo lo que rodeaba a mi esposo

con el mundo brillante que disfrutaba del brazo de banquero.

Ya. Es posible que haya alguna diferencia.

Yo no lo veo tan claro.

No se engañe, doña Susana.

Alfredo pertenecía al gran mundo,

allí donde se toman las decisiones y se manejan los hilos.

Sí.

Pero eso le queda muy lejos.

No se crea,

la recepción de la embajada me ha hecho ver que es ese gran mundo

al que yo pertenezco, y pretendo volver.

En fin, con Dios, señoras. Sí.

Le he traído estas flores...

para pedirle disculpas

y con la esperanza de que podamos reconciliarnos.

Siento mucho mi torpeza.

Tienes que reconocer que son unos claveles preciosos.

Bueno, no están mal, déjalos en la mesa.

Le aseguro... que no era mi intención contrariarla.

Soy un gran admirador de su arte,

para mí es usted la reina del cante.

Más que la reina, la emperatriz.

Sí, sí, sí.

Lo único que busco, si me permite escribir su historia,

es mostrar el lado humano de la que es un ídolo para nosotros.

Está bien, siéntese.

Acepto sus disculpas

y estoy dispuesta a olvidar el incidente y hacer las paces.

Estupendo, podemos continuar. -Un momento, no corra tanto.

Si seguimos con el libro, tiene que ser con una condición.

Usted dirá.

No quiero que se incluya nada truculento ni morboso.

En mi vida ha habido episodios muy desagradables

que ni quiero rememorar ni le importan a nadie.

¿Está claro? -Sí, como el agua.

Pero comprenda que yo soy un escritor a sueldo de una editorial,

no puedo tomar una decisión tan drástica como la que me pide.

No sé si llegaremos a entendernos entonces.

Piense que nos está privando de lo más sabroso de su historia,

sin ello, el libro carecerá de interés.

En ese caso, lo mejor será que nos olvidemos del asunto.

Me veo en la obligación de advertirle...

que esa decisión...

puede traerle consecuencias muy desagradables con la editorial.

Tendré que correr ese riesgo.

Así me lo ha confirmado su hija,

la relación con Miguel Olmedo está acabada.

Lo sospechaba.

He citado al muchacho esta mañana, estará al llegar.

Iré a preparar un café. -Soledad,...

¿crees que hay alguna posibilidad de que se reconcilien?

¿Le gustaría que así fuera? -Sí, claro.

Anabel siempre ha sido una muchacha complicada y caprichosa,

pero últimamente, ha estado una temporada más tranquila,

y justamente ha coincidido con el noviazgo con Miguel.

Por lo que yo sé, eso la ha sosegado.

Además, tanto Miguel como sus abuelos

me parecen unas personas muy simpáticas.

Me gustaría que se reconciliasen.

Lamento decírselo, pero lo veo muy improbable.

Tengo la sensación de que esta relación está acabada.

Sé por experiencia que no puedo entrometerme

en los sentimientos de mi hija,

porque siempre hace lo contrario de lo que le pido.

(Puerta)

Ve a abrir, debe ser Miguel.

Estamos todos locos de contentos por la recuperación de Lolita.

Es cierto, tengo que felicitarles,

hubo momentos en que todos nos temimos lo peor.

Es que ha sido un milagro. Pero de la ciencia, Servando.

Tener como médico a Ramón y Cajal es lo que ha salvado a Lolita.

Lo que no pueda ese hombre no lo puede nadie, ¿eh?

En un par de días, tenemos a Lolita

atendiendo en la tienda ya.

A ver, a ver, agradezco mucho su entusiasmo,

pero tenemos que ir con pies de plomo,

hasta que no termine el tratamiento, no podemos darla por curada.

No lo veo yo así.

Pues antes sí que lo veía usted así.

Pues donde dije digo, digo Diego.

Toda precaución es loable,

pero mi nuera se está recuperando en un tiempo record.

Le recuerdo que sigue postrada en la cama.

Puede que físicamente no esté restablecida del todo,

pero anímicamente está más mejor que nunca,

a los contratos me remito.

Padre, sea un poquito más discreto.

Bueno, aquí lo importante es que Lolita

es fuerte como una roca berroqueña y no hay rayo que la parta.

Y con su permiso, voy a seguir con mis números.

¿Qué contratos son esos?

Son tonterías de mi esposa, nada con importancia.

Yo no estaría tan seguro.

¿No me lo van a contar o qué?

Estamos en confianza, señores.

Lolita me ha hecho firmar un documento

para hacer efectiva la reconciliación.

¿Un documento?

Sí, una especie de contrato en el que figuran unas condiciones

para volver a ser una pareja normal.

No quiero entrar en detalles,

pero algunas condiciones de mi nuera son de órdago a la grande.

Yo no es por quitarle méritos al premio nobel,

pero Lolita es una fuerza bruta de la naturaleza.

Las de Cabrahígo siempre lo son,

pero con tu mujer se tuvo que romper el molde.

Lolita es de rompe y rasga,

pero es una maravilla verla sana,

aunque sea mandando. -Claro que sí.

Brindo por ello.

Por la salud de Lolita y por toda su familia.

Siento ser tan tajante, don Marcos, pero ya se lo dije,

mi dimisión es irrevocable.

Miguel,...

contar con tu asesoramiento legal nos ha sido de mucha ayuda.

Pueden contratar a otro abogado.

Sin duda, pero no sería lo mismo,

reconozco que te he cogido mucho aprecio.

Le agradezco lo atento que siempre ha sido conmigo.

Estoy en deuda con usted.

Por eso te voy a pedir que sigas atendiendo a Camino

en el litigio por la herencia de su marido.

¿Podrás seguir con ese encargo sin que tu conciencia sufra por ello?

No sé qué decirle, no pensaba continuar con ese encargo.

No veo por qué no puedes hacerlo,

los asuntos de mi hijastra no tienen nada que ver

con mis negocios con los Quesada.

Y por supuesto,

te mantendré el sueldo mientras duren las gestiones.

Está bien, me haré cargo de eso.

Yo también le tengo mucho aprecio

y le prometo que no voy a traicionar su confianza.

Antes de que te marches, Miguel, me gustaría hacerte una pregunta.

¿Tu dimisión

tiene que ver con la ruptura sentimental con mi hija?

Es posible que tenga que ver con la decisión que he tomado.

Lamento que sea así,

me agradaba tenerte como pretendiente de mi hija.

Se lo agradezco, pero no teníamos otra opción.

Permiso.

Sí, Soledad.

Antes de irme, me gustaría prevenirle sobre Aurelio.

Me consta que sabe usted con quién se juega los cuartos,

pero quiero que sepa que ese tipo ronda a su hija.

¿A mi hija?

Te agradezco la información.

Soledad, acompañe a don Miguel a la puerta.

Con Dios, don Marcos. -Con Dios.

No es eso lo que me han comentado los vecinos,

según ellos, sus garbanzos son manteca pura.

Madre mía,

esto está manga por hombro.

Casi mejor se lo voy a servir abajo, en la bodega.

Acompáñeme, pase.

Sí.

(SOPLA)

Madre mía.

No se apure, tenemos una mesa en la bodega.

Enseguida se la preparo y le sirvo. Siéntese, siéntese.

Me parece que esta mesa ya la tiene ocupada.

Dichosos pintores...

¡Son más vagos que un perro viejo!

¡Pero ¿qué despropósito es este?!

¡¿Es que no tenéis sangre en la venas?!

¡Quiero que deis la segunda mano de pintura al comedor,

que hace dos días que tenía que estar acabado!

Va usted a ver, Sabina. -¡Arreando, que es gerundio!

Estos no se aplican porque piensan que se pueden aprovecharse

de una mujer indefensa. -No tan indefensa,

que vaya meneo le pegó a los muchachos.

Yo creo que corta me he quedado. (RESOPLA)

Espero que este incidente no le haya quitado el apetito.

No se apure, yo me como su cocido aunque empiece un bombardeo.

Espero no decepcionarle.

Seguro que estará delicioso.

Pues tome asiento, enseguida vengo.

Menudo genio se gasta la abuelita. (RÍE)

La fiesta fue de ensueño,

solo tienes que ver la repercusión que ha tenido en la prensa.

Ya me he dado cuenta,

se habla más del evento, que de la guerra en Europa.

Genoveva es toda una señora,

como brillaba en esos salones,

tenía a todos los caballeros locos, claro que no tanto como yo.

En pocas palabras, lo pasasteis de fábula.

Sí, fue muy divertido, no te voy a engañar.

La próxima vez, tienes que venir con nosotras,

es una buena ocasión para encontrar pretendientes.

No, no creo que asista.

¿Por qué? Ya te digo que la recepción fue muy entretenida.

Ni me fío de Genoveva ni estoy por la labor de buscar pretendiente.

Anabel, has roto con Miguel.

Sí, así es.

¿Cómo te has enterado?

Escuche a Miguel hablando con su abuela sobre ti.

Hablando muy mal, por cierto.

A esa vieja bruja no hay que convencerla de lo mala que soy,

me puso una cruz desde el primer momento que me vio con su nieto.

Me sorprende lo bien que te estás tomando esto.

Pero algo tiene que escocerte

romper una relación que parecía tan firme.

Tengo la conciencia tranquila,

alejarme de Miguel era lo mejor que podía hacer.

Podías haberle dado otra oportunidad.

Eso es pan para hoy y hambre para mañana.

Si continuaba mi noviazgo con él, le iba a hacer sufrir sin remedio.

Anabel,

¿qué te ha empujado a tomar esta decisión tan tajante?

Nada en concreto,

han sido... un cúmulo de cosas.

¿No tendrá Aurelio mucho que ver en lo que te está pasando?

¿Cómo se te ocurre semejante disparate?

Se me ocurre porque te conozco muy bien, desde que teníamos siete años,

y ya entonces estabas enamorada de mi hermano.

Te ruego que no sigas por ahí, no quiero remover ciertos recuerdos.

Dime la verdad.

¿Sigues enamorada de él?

Pero ¿qué haces, alma de cántaro?

¿Cómo se te ocurre ponerte de esa guisa?

Me tendré que lavar en algún sitio,

que de limpiar el altillo me he puesto perdía.

Hasta me miraban mal los clientes del quiosco.

Y tienes que hacerlo aquí, que se te ven todas las carnes,

y que uno no es de piedra.

No seas melindroso,

si somos medio primos.

Pero ya sabes lo que se dice:

cuanto más prima más se arrima, y si es prima hermana, con más gana.

Qué cosas se te ocurren, pa mí que eres un pícaro de cuidao.

¿Un pícaro, yo? Si soy más simple que el asa de un cubo.

No me creo na, tú eres de los que la matan callando.

Seguro que a mi prima la tienes muy satisfecha.

Eh... Sí, supongo.

Ella siempre está dispuesta pa lo que se tercie.

No es de extrañar,...

teniendo a su vera a un hombretón como tú.

Tienes que estar pasándolo fatal sin tener a tu mujer cerca.

Sí, la verdad es que se la echa de menos.

Es natural,

tienes ciertas necesidades que atender,

como todos,

pero yo puedo ayudarte.

No, no, Indalencia, que si se entera Marcelina me escogorcia.

Yo no se lo voy a decir... y tú tampoco.

¿Qué ha pasao?

¡Ay!

Ay, Dios mío.

Pero ¿qué es lo que he hecho?

Pero yo soy un truhán, un malnacido, ¡soy un sátiro!

Perdóname, mi Marcelina mi corazón,

soy un desgraciado.

Pero ¿cómo he podido, Marcelina? Marcelina, perdóname.

¿Qué he hecho? Marcelina.

Jacinto, ¿qué te pasa? ¿Qué son esas voces?

Se oyen en la escalera.

¿Qué habéis escuchao?

Na, que llamabas a mi prima.

Venga, dinos qué te ocurre, nos has asustao.

Estás to sudao y temblando.

A ver si vas a tener la gripe.

No, no, quita, que estoy bien.

Que he tenido un mal sueño.

Ya ha tenido que ser malo, que estás descompuesto.

¿Y si catas estas galletas que he preparao pa animarte?

No, no me entra na en el cuerpo.

Pa mí que va a ser la gripe.

Cada vez que te miro, te pones colorao.

Pero pasa de estar colorao a ponerse blanco como la leche,

es como los lagartos que cambian de color.

¡Dejad de agobiarme!

Estoy bien, me voy a echar un rato a ver si se me pasa el susto.

¿Quieres que llene de agua la palangana

y te ponga unas compresas en la frente?, eso te alivia.

¡Aparta de mí ese instrumento del demonio!

Arrea, este hombre va a peor.

Muy buenas, don Miguel. -Buenas, doña Carmen.

Adelante, pase. -Muchas gracias.

Traigo este ramo, es para Lolita.

Qué flores tan bonitas, muchas gracias.

Antoñito, mira lo que ha traído Miguel para Lolita.

No es nada, es un pequeño detalle.

Un detalle que se agradece mucho,

aunque conociendo a mi esposa,

seguro preferiría una ristra de chorizos.

(RÍE)

Lo tendré en cuenta para la próxima. -No le haga caso,

las flores son más adecuadas y más bonitas.

Se las daremos en cuanto se despierte de la siesta.

Si me disculpan, voy a buscar un jarrón para ponerlas en agua.

Les dejo solos. -Muchas gracias, Carmen.

Gracias.

Bueno, siéntese y cuénteme cómo le va todo.

No creo que de verdad quiera escucharlo.

Desahóguese conmigo, Miguel, que para eso están los amigos.

Mi ruptura con Anabel es un hecho consumado,

al igual que mi renuncia como abogado en la empresa de su padre.

¡Vaya!

Siento mucho escuchar ambas noticias.

No se apure, tanto una como la otra eran inevitables.

En ese caso, lo que ha de hacer es mirar hacia el futuro,

que con su edad y su preparación va a ser de lo más brillante.

Es suficiente con que sea un poco mejor que en este momento.

De eso no tenga duda.

Encontrará un empleo mejor pagado y de más interés que el que deja.

Eso no me preocupa,

es la ruptura... lo que me entristece.

Bueno, mezclar trabajo y amor nunca es buena idea.

Lo mejor que podía hacer es alejarse de los Bacigalupe.

Ya, pero... ahora no tengo ninguna de las dos cosas.

Bueno, en el plano sentimental, le digo lo mismo que en el laboral,

encontrará una alternativa mejor.

No creo que sea tan fácil,

me siento desilusionado,...

no sé si llegaré a superar esta ruptura.

Eso es, amigo, porque la herida está muy reciente,

pero cicatrizará.

Recuperará las ganas de vivir. -No lo creo.

Me siento... estafado por Anabel

y no concibo mi vida sin ella.

Su desprecio ha calado muy hondo en mi corazón.

Lo siento mucho, pero...

verá como con el tiempo todo esto le parece una chiquillada.

Ojalá sea cierto.

Agradezco sus palabras.

Dios quiera que lo de la editorial salga bien,

el señor Huertas se ha marchado bien disgustado.

Ya se le pasará,

es mejor ponerse una vez colorado que ciento amarillo.

Mientras no se enfurruñen los que van a sacar el libro, todo irá bien.

De eso no te preocupes, mi José es muy persuasivo,

es capaz de venderle sardinas a un pescador.

Sí, que el señor tiene mucha labia,

seguro que les convence de que pa medio libro, mejor no sacar na.

Pues eso, muerto el perro se acabó la rabia.

(Puerta)

Buenas tardes. -Aquí en la cocina, niño.

Alodia, ponme un vaso de agua,

a ver si se me pasa el sofoco que traigo.

No me digas que ha ido mal.

Peor que mal, el editor está que trina.

Pues se tendrá que aguantar,

que yo no pienso permitir que cuenten mis intimidades

por ganar cuatro pesetas.

Es algo más que eso.

Me ha ofrecido el doble de lo que habíamos firmado,

y eso ya es un dinero.

Como si ponen todo el oro del mundo, he dicho que no y es que no.

Vuelve y se lo dices bien claro.

Sí, sí, no es tan sencilla la cosa.

Nos puede denunciar por incumplimiento de contrato

si no aceptamos esta última oferta.

Que me denuncie si quiere,

en mi pasado no escarba ningún plumilla.

Piénsalo bien, que es mucho dinero,

todo el que no vamos a cobrar

y otro tanto que tendremos que pagar como indemnización.

Señora, a lo mejor no es tan malo que la gente sepa

que en su vida no todo fueron flores y aplausos.

Para lo único que puede servir contarlo

es para que la gente te admire más todavía.

No, no y no.

Que no me da la real gana

de que saquen a la luz mis trapos sucios.

Si ese editor quiere guerra la va a tener.

A esa contienda vamos armados con palos, y ellos tienen cañones.

Es lo mismo.

¡A Bellita del Campo no la amilana nadie!

Si perdemos,... será con la cabeza bien alta.

Y los bolsillos bien vacíos.

¿No quieres pensártelo un poco?

No quieren conocer mi lado humano, ¿eh?

Pues les voy a enseñar cómo se las gasta

una mujer de raza cuando afila las uñas.

Nos vas a llevar a la ruina.

Me da igual.

¡Se van a enterar esa panda de cagatintas de lo que vale un peine!

¿Le pongo otro vaso de agua?

¿Otro? Me voy a embuchar.

Tráeme una copita de coñac, anda.

Um...

Estas porras, Carmen, me saben a gloria bendita.

Pensaba que no volvía a catarlas.

Ten cuidado, no te vayan a sentar mal.

Yo siempre he tenido un estómago de hierro,

lo que me sienta mal son las perrerías que hacen algunos.

Si lo dices por Antoñito,

ya he escuchado que le has puesto firme con no sé qué de un contrato.

Usté misma me dio la idea. -¿Qué?

Usté y doña Susana. Y yo la cacé al vuelo.

No. (NIEGA)

Yo no te hablado de zarandajas de esas.

Sí que lo ha hecho.

Fue cuando dijo que el matrimonio es un contrato,

y yo lo he afinao un poco.

¿Qué le has hecho firmar a Antoñito? -Na, cuatro cosas, mujer.

Ramón no ha entrado en detalles,

pero me ha dicho que era bien exigente.

Después de lo que me hizo, no me parece pa menos.

Ahí tienes toda la razón.

Claro.

Total, le he pedido que

no mire a ninguna mujer ni de lejos, y mucho menos, que tontee con ellas.

Eso no me parece mal, la fidelidad es muy importante.

Y que me tenga bien apañá.

Que me tenga bien atendida en lo que ya sabe.

Eso sí, cuando a una servidora le apetezca.

En eso no tendréis problemas, que estáis en la flor de la vida.

Por si acaso.

También le he pedido que se ocupe de los cuidados del niño,

preparar biberones, dar paseos, cambiarle pañales,

y to lo que se me ocurra.

Aunque Antoñito no le hace ascos a los cuidados de su retoño,

en eso te has pasado un poco. -Espérese, que aún queda más.

Le he dicho, que a partir de ahora,

me tiene que hacer regalos, claro que sí,

que tiene que ser galante,

que cada 15 días nos tiene que invitar a cenar.

Y todos los días a las ocho como muy tarde en casa.

¿Y si tiene una reunión en el Congreso?

Pues que se la cambien... o que deje la política.

Lo más importante pa él tiene que ser atender a su familia,

y to lo demás, va detrás,

incluido el alternar con los amigos.

¿Y dices que ha aceptado todo eso sin rechistar?

Y lo firmó de su puño y letra.

¿Le parece mal?

Hombre, no es que me parezca mal, es que...

lo encuentro un poco excesivo para que lo cumpla un hombre,

la mitad no aceptaría ni las comas de ese contrato.

Pues este ha pasao por el aro.

Y si quiere volver a nuestra alcoba,

más le vale cumplirlo, porque si no, puerta.

Bueno, no sé.

¿Tiene un momento el señor?

Ahora no, estoy muy ocupado.

Será solo un momento.

Es que no he podido resistirme a lucir ante usted así vestida.

¿He hecho mal?

No.

Estás esplendida.

Es un vestido muy elegante.

¿No lo reconoce?

No.

Era de su esposa.

Ah.

Ya. Pues te queda muy bien.

Mi intención era dejarlo en la parroquia,

pero pensé que no le iba a molestar que lo aprovechara.

Has hecho bien.

Le vas a sacar mucho partido.

¿Seguro que no le importa?

A mí, lo único que me importa ahora mismo,

es que delante de mí tengo a una mujer muy hermosa.

¿Puede repetir eso?

Eres una mujer muy hermosa.

Me encanta oírlo de tu boca.

Para tu información,

tu hija está de paseo con su amiga Natalia

y no volverá en toda la tarde.

Me parece una información de lo más interesante.

Y estamos solos,...

así que...

podemos hacer lo que nos plazca.

Solo hay una cosa que me guste más

que una mujer hermosa con un bonito vestido,...

¿Ah, sí?

...(SUSURRA) una mujer hermosa sin él.

Bueno, pues solo tienes que hacer una cosa.

Me encanta que me sorprenda con estas visitas,

pero me hace gracia que cuando tiene una idea venga a contármela.

Si le molesto, me marcho. No, no se lo tome a mal.

Pase.

Y dígame qué le ocurre, me tiene intrigada.

Tengo una propuesta para usted que pienso que no debo demorar.

Me encanta su ímpetu, coronel.

¿Me va a tomar en serio o va a seguir con los requiebros?

No se amostace.

Me encanta que me sorprenda con proposiciones,

sobre todo, cuando no son del todo honestas.

Me lo tomaré como un cumplido,

sorprender a una dama inteligente y bella como usted es un placer.

Gracias, pero mejor vayamos al grano.

Considero que es usted una mujer inteligente y de mundo,

así que imagino que ya estará al corriente

de los vientos de guerra que azotan todo el continente.

No he dejado de leer la prensa.

Me interesa ese asunto,

especialmente, desde la declaración de la guerra

del Imperio austrohúngaro.

De hecho, y gracias a ciertos contactos,

quizá sepa cosas que usted ignora.

Sí.

Ya me contó mi hermana que, además de coquetear,

estuvo usted hablando con varias personas,

individuos que supongo le pasaron información de primear mano.

Eso es,

el tablero del juego europeo se tambalea,

Francia e Inglaterra no tardarán en entrar en este conflicto.

Por eso vengo a poner mi propuesta sobre la mesa.

Le escucho.

Ha llegado el momento de que usted invierta en mi empresa.

Pronto empezaremos a exportar combustible y materias primas

a los diversos países en litigio,

y las ganancias serán más que abundantes.

La guerra es una buena oportunidad para los decididos.

En efecto.

Y cuanto más capital tenga a mi disposición,

mayores beneficios obtendré.

Ya sabe que dispongo de unos cuantos miles de pesetas.

Por eso estoy aquí, para ofrecerme a doblar su dinero.

Doña Genoveva,...

ya sabe que es usted mi socia... preferente,...

y no me gustaría que perdiera esta oportunidad

sin llevarse su parte del pastel.

¿Qué me dice?

Es un negocio de oportunidad, de aquí te pillo aquí te mato,

y no pienso demorarme por usted.

Creo que todavía no me conoce bien,

no soporto que me presionen.

Antoñito, qué poco entusiasmado te veo.

Me tengo que ir al Congreso, que me están esperando, así que...

casi que me voy.

Qué poco cuajo.

Lo que no tiene es educación ni saber estar.

Le han amenazado con los tribunales, ¿no?

Si mi mujer no cuenta lo que ellos quieren.

Yo... podría indicarle un camino para que su esposa tuviera...

algo donde agarrarse.

"-Sí, también quiero limoná," también.

Ahora mismo los estrujo y les saco to el juguillo.

A ti no te estará haciendo tilín la Indalencia, ¿verdad?

Don Marcos podría romper vuestra sociedad

si sigues importunando a Anabel.

¿Por qué sabes que la importuno?

Ha roto su relación con Miguel Olmedo.

¿Qué le ha dicho a su hija? Llevaba una cara...

Le he pedido que lleve a la parroquia las cosas de Felicia.

¿No me dijo que lo hiciera yo? -Eh...

Para ti y para mí tengo otros planes.

-"Es sobre su marido".

¿Qué hay de cierto en la bigamia?

Parece mentira, padre, que usted de pábulo

a cualquier rumor maledicente que corre por el barrio.

La mentira va en contra de los mandamientos: "No mentirás".

Te vi venir de lejos, sabía cómo eras

¡y que le destrozarías! -¡Ha sido una ruptura hablada!

Apostaría que le has engañado con otro.

¡Basta, vieja loca!

He hablado con la embajada en París y no sueltan prenda.

Armando es un funcionario con una misión secreta,

pero por secreta que sea, nos deben de informar de su paradero.

¿Se ha rendido? -Nuestra relación nunca fue normal.

Tendré que pasar página.

¿Va a pasar página persiguiéndola por la calle, como estaba haciendo?

Lo de Miguel se veía venir. -¿Por qué?

¿Vas a reconocer después de tantos años lo que sientes por Aurelio?

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Acacias 38 - Capítulo 1339

30 sep 2020

Genoveva y Natalia regresan felices de la Embajada Italiana, las dos han sido el centro de la fiesta y en el barrio son la comidilla de todas las vecinas.
Gran sorpresa en la familia Palacios cuando leen el abusivo contrato que exige Lolita a Antoñito para recuperar su matrimonio. Pero el joven diputado está dispuesto a todo.
Marcos se entera gracias a Soledad de la ruptura entre Miguel y su hija. Acepta su renuncia, pero le pide que siga llevando el caso de la herencia de su hijastra Camino.
Jose prepara todo para la reconciliación entre Bellita y el escritor Jaime Huertas. Pero sus posturas son irreconciliables. Cuando lo va a comunicar a la editorial descubre que un incumplimiento de contrato puede terminar en los tribunales.
Genoveva sigue acercando posturas con los Quesada. Hasta el punto en el que Aurelio le ofrece una oportunidad irrechazable ¿por qué no se alían en los negocios?

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