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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1337 - ver ahora
Transcripción completa

¿Han visto, a qué se parece mucho a don Armando?

¿Cómo no se va a parecer?, si es mi Armando en persona.

Por eso, te haré un favor, y no aceptaré tu dimisión.

A nuestros ávidos lectores les interesará

los terribles sucesos que ha tenido que sufrir los últimos tiempos.

Se terminó la entrevista.

¡Fuera de mi casa! -Doña...

¡Fuera de mi casa!

Es porque quiere seguir defendiendo a Natalia Quesada.

Y si defiende a esa mujer, es porque quiere algo de ella.

Es un pequeño detalle por la invitación a la embajada.

La luciré encantada.

Tu padre también estuvo involucrado.

Mientes.

Ambos acordaron que tú y yo nos casásemos,

a pesar de que, oficialmente, tu pretendiente fuese Carlos.

De modo, que... mi padre...

ordenó a sus esbirros que... solucionaran el problema.

Anabel, yo te adoro,

en contra de toda lógica y orgullo.

(BALBUCEA)

Antonio, Antonio, hijo, que se está muriendo.

Ey, ey, ey.

Parece que le cuesta respirar.

Ey, ey, Lola.

Será mejor que avisemos...

Ha abierto los ojos, ¿lo ha visto? -Sí.

Lola, cariño.

Cariño... Mi amor, soy yo, estoy aquí.

Ey, cariño.

Lola.

Gracias, gracias, Dios mío.

Gracias por escuchar mis plegarias.

¿Qué ha pasado?

Cariño, estás en casa, estás con tu familia.

¡Carmen, Carmen, ven rápido!

¿Qué pasa? ¡¿Qué pasa?!

No te imaginas el miedo que hemos pasado.

Lolita.

Lolita, hija.

Te has despertado.

Ay, qué alegría.

Ni te imaginas cómo esperábamos este milagro.

¿Tan malita estaba?

Creíamos que íbamos a perderte.

Deberíamos avisar cuanto antes a don Santiago

para que esté corriente. -Sí.

Hemos removido Roma con Santiago

para encontrar un remedio a tu enfermedad.

Entonces, ¿estoy curá del todo?

No exactamente.

El doctor te aplicó un tratamiento experimental.

Eso es.

Por eso queremos que te vea cuanto antes y evalúe tu estado

antes de que lancemos las campanas al vuelo.

Curada no sé,

pero tengo una gusa de mil demonios.

Me zamparía un par de chorizos de Cabrahígo.

No es broma.

Tengo más hambre que el perro de un ciego.

Desde luego, cariño, que eres única.

(Sintonía de "Acacias 38")

Tus palabras suenan tan sinceras...

Porque lo son.

El destino ha querido reencontrarnos por algo.

En nuestra mano está que nos quedemos o no.

Anabel, yo no...

yo no pretendo agobiarte ni quiero...

imponerte mi presencia.

Solamente me gustaría que dejaras de verme...

como un asesino desalmado,

¿será eso posible?

Aurelio, yo no sabía la verdad de la muerte de Carlos Armijo,

entiende mi confusión.

He sido una egoísta pensando en mí

mientras tú cargabas con tan terrible culpa.

No, comprende que no podía traicionar a mi padre.

Ahora solo deseo que podamos tratarnos

sin odio ni rencor.

Con eso me conformo.

Así será, Aurelio, te lo prometo.

Ahora he de marchar.

Aquí tiene otra tila bien calentita, señora, a ver si le calma.

Déjalas ahí,

que entre lo hirviendo que está y el sofoco que tengo,

voy a echar candela.

El mal rato que está pasando por culpa del hombre ese.

Su comportamiento no tiene perdón.

¡Hace falta ser impertinente y descarao!

Le vendría bien salir a tomar el aire.

Si quiere, yo la acompaño al paseo.

Que no, que no estoy yo pa encontrarme a nadie.

Pues cánteme la petenera esa que tanto me gusta,

la de "Al pie de un árbol sin fruto".

Qué fruto ni fruta.

Anda, calladita estás mejor, que me tienes estartá.

(Puerta)

¿A qué viene esta escandalera?

Se oyen los chillidos desde el quiosco.

Es por el escritor. -¿El escritor?

¿Ese? De escritor no tiene ni los andares.

¡Un chismoso maleducado

que ha venido a insultarme a mi propia casa!

¿Jaime Huertas te ha insultado? -No veas tú

¡cómo me ha faltado al respeto el muy sinvergüenza!

Pero si cuando me marché estabas la mar de ilusioná.

De eso se aprovechó el muy malaje,

de mi buena fe y mi inocencia.

Cálmate, por Dios, que no me estoy enterando de na.

¡Todo esto me pasa a mí por buena,

que me fío de cualquiera, y claro, luego pasa lo que pasa!

Cuéntamelo tú, Alodia. -Es que yo...

¡Tú te callas!

¡Que pa eso soy yo la única afectada por ese mercenario!

Si nadie me lo explica, tendré que llamar al señor Huertas.

¡Uy, antes te corto la mano!

¡Ni libro ni libra,

ni Cristo que la fundó, ¿te has enterado?!

(CARRASPEA) Alto y claro.

Ea.

¡Mi vida es mía y no voy a decirle ni una palabra más

a ese cotilla malasombra!

¿No está tardando demasiado?

Hijo, tranquilízate y siéntate,

ya saldrá don Santiago cuando termine.

No se escucha nada.

¿Adónde vas? No vayas a molestarles encima,

que ha venido enseguida.

Ya, padre, pero tal vez necesite ayuda.

Para eso está Carmen con ellos.

Vuelve aquí, anda, siéntate.

Hijo, debemos de tener paciencia y fe en la curación de Lolita.

No pienso en otra cosa, padre.

Lo contrario sería clavarme el estoque, la puntilla y todo.

Doctor.

¿Qué ocurre?

¿Algo va mal?

No, no, no, no, todo lo contrario, señor Palacios.

La recuperación de su mujer es tan increíble,

que me lleva a creer en los milagros.

¿Ha oído, padre? -Sí, hijo, sí.

He explorado exhaustivamente a la paciente

y he de reconocer que su respuesta es más que sorprendente.

Gracias, doctor, gracias.

Aun así, habría que mantener el comedimiento y la ponderación.

¿A qué se refiere?

Su esposa debe cuidarse y seguir tomando la medicación específica,

aunque puedo confirmar que la recuperación es un hecho.

Pero ¿quiere decir que Lolita está curada?

Y sepa, que ella no es la única beneficiada,

sino todos los enfermos que estén en su misma situación.

Don Santiago,

quiero que acepte nuestro eterno agradecimiento.

El agradecimiento es mutuo, señor Palacios,

por haber tenido el coraje de aceptar este reto de la ciencia.

Sepa que tiene en esta familia admiradores incondicionales.

Espero que no se lo tomen tan a pecho como su esposa.

Se ha empeñado en enviarme una ristra de chorizos de su pueblo

y no ha aceptado un no por respuesta.

Ya. Cuando algo se le mete en la cabeza, es imposible echarla atrás.

Y tanto.

Débil aún y todo, ha escrito de su puño y letra

la dirección de mi domicilio.

Es un ciclón de mujer.

Cuídela mucho, diputado Palacios,

es usted muy afortunado de tenerla a su lado.

(ANTOÑITO SUSPIRA)

Señorita, ¿qué hace aquí a oscuras?

¿Está usted bien?

Imagino que sí.

Perdóneme, pero se me hace raro verle aquí de esta manera.

Necesitaba un poco de recogimiento para pensar a solas.

En ese caso, la dejo para no molestar.

No, no hace falta que se vaya.

Quédese, por favor.

Sabe que puede contar conmigo.

Soledad,...

acabo de darme cuenta de que estaba equivocada respecto a alguien.

Espero que esa revelación le ayude en el futuro.

De momento, he tomado decisiones que han cambiado mi propio destino.

Por eso dicen que el futuro está marcado por decisiones del pasado.

¿Dicen eso?

Es un refrán muy recurrente.

La sabiduría de los refranes es algo muy español.

Imagino que esa persona de la que habla forma parte de su pasado.

¿Se ha peleado con Natalia?

No, mi amiga Natalia no tiene nada qué ver.

Si no es Natalia y Miguel no forma parte de su pasado,

no se me ocurre quién puede ser.

Da igual, Soledad, no quiero seguir dándole vueltas al asunto.

No la molesto más.

Voy a preparar la mesa.

Jacinto, que alegría más grande,

me acabo de enterar que la Lolita se ha despertado.

¿Seguro? Mira que la gente habla por hablar.

Me lo ha dicho la mismísima Carmen, que están que no caben de alegría.

Normal, con lo malita que ha estado.

Se ha despertado con más hambre que Carracuca.

¿Quién es ese, uno de vuestro pueblo?

Pues no, no sé si era de allí. Yo creo que no, ¿no?

Yo solo sé que era uno que pasaba mucha hambre.

Las ganas que tengo de ver a Lolita y de darle un abrazo.

Normal. La contentura que tienen que tener los Palacios.

No quiero ser ceniza, pero yo me andaría con tiento,

por si sufre una recaída.

Indalecia, no querrás ser ceniza

pero lo estás siendo, y mucho.

Quien advierte, previene.

Déjate de dichos y festeja con nosotros. ¡Iepa-ia!

Jacinto, por Dios, que son las tantas.

Que no le frenes,

que la causa bien merece un grito borreguero.

Venga. -Di que sí, prima.

Esta va por Antoñito, qué contento tiene que estar.

¡Iepa-ia! -¡Iepa-ia!

(CON VOZ SUAVE) Iepa-ia.

Jacinto, ¿qué te pasa?

Que de pensar en la alegría de Antoñito,

pues... me ha recordao el tiempo que hace que no veo a mi Marcelina.

No te me amilanes ahora, Jacinto, por favor..

Me siento solo y desolado.

¿Cómo que solo y desolado? ¿No te cuido yo a cuerpo de rey?

Y muy requetebién que lo haces,

pero como la mujer de uno, no hay na.

Pues vaya.

Indalecia, que no es na personal. -Sí lo es, Jacinto.

No valoras mis esfuerzos y eso, duele.

Me bajo a la portería...

a guardarte la ropa pa que no se te arrugue.

Aunque tú no lo aprecies.

Ah, no, no, ni caso.

La que me ha caído con esta mujer, prima.

Pues sí.

Miguel, menudas horas.

Estaba preocupada.

Se me ha ido el santo al cielo.

¿Ha cenado ya?

Sí, pero te he apartado un poco de tortilla.

Toma asiento y te la sirvo.

Lo siento, abuela. Necesitaba poner en orden mis ideas

y me he ido a dar un paseo.

Bueno. ¿Quieres un poco de agua?

No, gracias, así estoy bien.

¿Y... qué cosas son esas

que se te olvida hasta la hora de la cena?

Cosas mías.

Cosas tuyas.

Sí, sobre si terminar mi tesis de ladrones de guante blanco.

Aun a riesgo de que salieran a la luz detalles bochornosos.

Pues sí que te pone tristón el asunto.

Yo que tú, me olvidaba de la tesis, total, trabajo no te falta.

Eso nunca se sabe.

¿Tu preocupación no tendrá que ver con la empresa

de don Marcos Bacigalupe?

No, abuela, todo va bien en el trabajo.

¿Ni tampoco con su hija?

Deje de elucubrar, por favor.

Miguel, te conozco como si te hubiera parido

y sé que te ocurre algo.

Es tarde y estoy cansado, eso es lo que me pasa, nada más.

A mí no me la das. He visto la cara que traías.

Tú no eres así. -¿Ah, no?

No. -¿Y cómo soy?

Pues...

eres un muchacho alegre,

amoroso,

servicial...

y con mucha ilusión en todo lo que te propones.

Me da a mí que tiene una visión equivocada de mi persona.

¿No te vas a terminar la tortilla? -No tengo más hambre.

Estoy cansado. -Miguel,

¿no confías en mí?

¿Debería?

Le recuerdo que llevan años mintiéndome.

Bueno, nunca lo pretendimos, es que...

Por favor, abuela,

no se justifique.

Si de verdad me quiere ayudar, haga una cosa.

Deje de interrogarme hasta que ordene mis ideas.

(Suenan las campanas)

No sabía que el Ateneo tenía unos jardines tan bonitos.

¿Crees que podría venir yo sola?

No, es solo para socios.

Tengo una reunión con un empresario y, créeme, preferiría tenerla aquí.

Me ha sorprendido verte por la avenida,

¿qué se te ha perdido por aquí?

Iba a la embajada a confirmar mi asistencia a la recepción.

Imagino que tú ya lo habrás hecho.

¿"Recepción"?

No tengo noticias de eso.

Lo sabes, así que no juegues conmigo.

Te digo la verdad, es la primera vez que lo oigo.

¿No te llegó la invitación de la embajada de Italia?

No he recibido ninguna carta.

La enviaron por mediación de nuestro padre,

me temo que la tuya se ha debido de extraviar.

A no ser que, don Salustiano, solo quiera que asista

su amantísima hija.

¿Y por qué iba a querer eso?

La desesperación por casarte con un millonario

y deshacerse de ti de una vez.

Si ese es el objetivo, no me disgusta el plan.

Es preferible que no te acompañe, así tendrás más éxito.

Podrían confundirme con tu prometido.

(SONRÍE)

En realidad, no iré sola.

Genoveva Salmerón vendrá conmigo.

¿También la han invitado?

No, le he pedido yo que me acompañe.

¿Te parece mal? -No, no, no, todo lo contrario.

Me gusta tu acercamiento hacia Genoveva.

Puedes aprender mucho de esa mujer.

¿No te parece mal que no te hayan invitado y que vaya con Genoveva?

Será porque veo el lado positivo de las cosas.

-¿Y eso?

La vida es muy corta e irrepetible, no podemos desperdiciar el tiempo.

Los negocios no te ponen de tan buen humor.

Es algo personal, ¿verdad?

¿Quién es?

(RÍE) No insistas, no pienso contarte nada.

No importa, lo averiguaré por mis propios medios.

He de marchar a la reunión.

Aurelio.

Estoy preocupada por Anabel.

¿Le ocurre algo?

Somos amigas y le tengo mucho aprecio,

por favor, no le hagas daño.

No juegues con ella.

Descuida,...

no se me ocurriría tocarla.

Es una ensaimada recién hecha.

La he comprado en la confitería de productos mallorquines del centro.

Acabo de desayunar, pero la probaré en la merienda.

Gracias, Miguel.

¿Está tu padre en casa?

Me gustaría hablar con él algunos asuntos de la empresa.

Salió bien temprano para hacer unas gestiones en la sucursal bancaria.

Prefiere acudir a primera hora para evitar esperas.

Seguro que sin agobios le atienden mejor.

Supongo.

Quería disculparme por mis palabras de ayer.

Estuviste muy desafortunado culpándome de ocultarte cosas.

No fui muy galante,... lo siento.

Bueno, yo también estuve un poco brusca.

Te amo, Anabel,

y no soporto estar a malas contigo.

A mí tampoco me gusta.

Espero no haberte amargado el día de ayer.

Confío en que salieras a la calle después de mi visita.

Poco iba a solucionar quedándome en casa.

Salir a dar un paseo te ayudaría a olvidar nuestro desencuentro.

Imagino que sí.

¿Y adónde fuiste?

¿Cómo que a dónde fui?

¿Paseaste por los Jardines del Príncipe

o preferiste alargarte hasta el centro?

Te he dicho que salí a pasear, ¿qué más te da por dónde?

Reconoce que no es lo mismo un sitio que otro.

¿Se puede saber a qué viene este interrogatorio?

Solo trato de entablar una conversación, nada más.

¿A esto llamas conversación? -Sí.

Pero veo que tú no estás por la labor, así que tranquila,

quizás en otro momento estés más locuaz y comunicativa.

Dile a tu padre que he estado aquí.

No he podido pegar ojo

pensando en la boda del duque checoslovaco.

Que tu marido se case con otra es razón para quitarte el sueño.

Rosina.

Tía, no tenemos ninguna certeza de que sea Armando, solo que se parece.

Se parece mucho.

Le he estado dando vueltas a eso del gemelo,

pero es engañarme a mí misma. Ay, Dios mío.

Qué disgusto más grande.

Por favor, no se acongoje, piense en su salud,

que ayer casi le da un jamacuco.

Cómo para no dármelo. ¿Cómo ha podido Armando hacerme esto?

No se preocupe. Aún no tenemos la certeza de que sea él.

Sinvergüenza. Casarse, y con una princesa, nada más y nada menos

Por eso no daba señales de vida

y mandaba esos infamantes telegramas de despedida.

Mancillada y humillada ¡por un sátrapa!

Susana, lo que tienes que hacer... -Lo que tiene que hacer es calmarse

y no perder los nervios, así no consigue nada, solo crisparse más.

-Ah, ¿y quién me dice a mí

que no estaba ya casado cuando se casó conmigo,

igual que ha hecho ahora casándose con otra?

A ver,... en vez de dar vueltas a eso,

¿por qué no piensa en una opción más razonable?

¿Existe esa opción?

Sí, sí que existe, Rosina.

Teniendo en cuenta la profesión de Armando,

puede que esté en una misión secreta.

¿Secreta? Y tan secreta.

Puede que esté adoptando una identidad falsa

para vaya usted a saber qué propósito.

Y ya puestos,

¿quién nos asegura que Armando ya era una falsa identidad falsa

en su momento?

Cariño, te agradecería que no colaboraras.

Pues pensándolo bien,

no es nada descabellado.

Descabellado no es.

Armando siempre me hablaba de agentes con varias personalidades.

La diplomacia es lo que tiene, nada es lo que parece.

Entonces,...

¿de verdad creéis que Armando no me ha engañado?

¡Por supuesto! -¡Por supuesto!

Señora, ¿quiere un poco de pantxineta con un cafelito?

Pa cafelitos estoy yo.

Bueno, pues a palo seco.

Lo he hecho con la receta que me dio Arantxa.

Ponle la pantxineta en un platito y verás cómo se anima,

y hasta te pide un paseo pa aligerar el buche.

¿Me estás llamando gorda?

¿Yo?

Que me parta un rayo si te he llamado eso, ¿verdad?

Yo no he escuchao na.

Templa, cariño, no vayamos a tenerla,

que esto ya está pasando de castaño oscuro.

Pa oscuro, el Negro ese preguntón. ¡Qué berrinche tengo, Jose!

Estás sacando los pies del tiesto,

ese hombre solo hacía su trabajo.

¿Preguntar impertinencias es hacer su trabajo?

Si va a escribir sobre ti, qué menos que saber los detalles de tu vida.

Eso no es lo que hablamos.

¡Iba a contarle solo lo yo quería que saliera, nada más!

Parece que no te das cuenta de que quién eres,

la gran Bella del Campo, una gloria nacional.

¿Cómo no va a querer tu público saber todo sobre ti?

Que esperen sentaos, no pienso airear ciertos asuntos de mi vida,

y menos, con ese escritor.

Trabaja para nosotros, y lo que escriba será por tu bien.

¡Que no, Jose, que no le voy a servir en bandeja mis miserias

pa que las ponga en un libro y las lean todos!

¿Y qué más da que la gente lo lea?

No hay artista más grande que la que empieza desde abajo.

Muy duros fueron mis comienzos, que una vez arriba,

también tuve muchos sinsabores,

¡como para recordarlos y entrar en detalles!

¿Y por eso vas a ocultárselo a tus admiradores?

Ahorrárselos, querrás decir, ¿no?

A nadie le deseo yo los sinsabores que pasé cuando ese chalao

se encaprichó conmigo.

Y mucho menos, que la quieran envenenar a una con té moruno.

Bueno, tranquila, mujer.

Que mira que ha pasado tiempo, Jose, y na.

Yo hablaré con Jaime Huertas

y le pediré una explicación

antes de tomar una decisión en firme, ¿eh?

(BELLITA LLORA)

Señor Palacios.

Miguel, me pilla cargado de embutidos para mi esposa.

Entonces, ¿es cierto que está mejor?

Sí. Despertó ayer por la tarde tras un gran letargo.

Lo primero que ha pedido es embutido de su pueblo.

Dicen que el apetito es salud.

Eso es, sí. Desde luego, es un milagro.

El mismo Ramón y Cajal ha confirmado que la recuperación es un hecho.

No sabe cuánto me alegro.

Mi más sincera enhorabuena. -Gracias, amigo.

¿Y usted qué, va todo bien?

Bueno, digamos que no estoy pasando por un buen momento.

¿Y eso?

Se trata de Anabel.

Ayer la vi con Aurelio Quesada y...

Bueno...

Puede desahogarse conmigo si lo necesita.

Puede confiar en mí.

Hay actitudes que no caben a confusión.

Anabel y Aurelio estaban tonteando.

¿Está seguro?

Ojalá estuviera equivocado.

¿Sabe lo que haría yo si fuera usted?

Hablaría con Anabel directamente,

en primera persona, sin intermediarios.

Ya lo he hecho, o al menos, lo he intentado.

Le di la oportunidad de ser franca conmigo,

pero prefirió salirse por la tangente.

Bueno, a mí no me parece un problema.

Si las cosas son como parecen,

yo le recomiendo que lo corte todo de cuajo.

Considere esta casualidad como una oportunidad

y no como una desgracia. -No le entiendo.

Es usted muy joven, querido amigo,

pero la vida le enseñará que es mejor un pequeño desengaño,

que no sufrir por un amor no correspondido.

Es fácil decirlo, pero... -Sí,

pero difícil aplicárselo, lo sé,

pero... la vida es bella y hay que gozar de ella lo máximo posible,

se lo aseguro

Y para empezar,

tome, este chorizo para usted.

Ya me dirá que le parece.

Ánimo.

Con Dios.

Otro que no.

Lo que te digo, media hora para hacer un solitario.

Nada.

Un cuatro.

Pase, pase, Jacinto.

¿No podía esperar al final de la jornada para enseñarme eso?

Será solo un momento,

que no es plato de buen gusto verlo tan arrugado en la portería.

¿Y qué me va enseñar, una plancha pa desarrugarme?

Mucho mejor. Mire.

¿Qué hay debajo de ese paño?

Le he preparado a Jacinto

uno de los bizcochos que más le gustan.

Leche, pues se agradece el detalle.

Tiene una pinta para chuparse los dedos.

(CHASCA LA LENGUA) Aire.

No se vaya a caer y lo vaya a espachurrar.

¿Y cuál es el motivo de este agasajo?

Casilda me ha contado que anda muy melancólico

pensando en su Marcelina.

Aunque, servidora ya se había percatao, que conste.

¿Tanto se me nota?

Pues sí.

Se le ve to mohíno por las esquinas, Jacinto,

¿a qué sí, Servando?

¿Eh? Sí, sí, sí.

Bueno, a ver si este bizcocho me ayuda a paliar esta penita.

Desde luego, está hecho con mucho amor y cariño.

Justo lo que me daba la Marcelina.

En fin,

les dejo, que tengo las habitaciones de la pensión por arreglar.

(FABIANA CARRASPEA)

No, no, no, yo enseguida estoy ahí.

Ya.

Ya me conozco yo sus enseguidas.

Hay que ver cómo te mima Fabiana.

Sí, es una mujer muy atenta.

Lo que pasa que,

si te lo comes tú solo, igual te da un empacho.

Tienes razón.

¿Cree que la Indalecia querrá un cacho?

Indalecia es como un pajarillo, a ella le sobra con una esquinita.

Otra cosa es que... quiera compartirlo conmigo.

¿Con uste?

Venga, coja un trozo. (RÍE)

Pues sí. Ahí está.

No llevas tú bien lo de la ausencia de tu mujer, ¿verdad?

Ni se lo imagina. La echo de menos a todas horas.

Sobre todo, a la hora de comer.

Se equivoca.

Cuando más la añoro es... por las noches.

(RÍE) Anda que...

Que la Marcelina y yo... No quiero entrar en detalles.

Pues ándate con cuidado con eso,

ten cuidado, que las tentaciones son muy malas

y luego vienen los malos pensamientos.

Por la cuenta que me trae, así lo haré.

Venga, corte el bizcocho ya. Sí, sí, estoy en ello.

Ahí. (RÍEN)

Ahí está.

Ahí, ahí, ahí.

Ahora voy.

Ahí está.

Hala. Oiga, que el bizcocho es mío.

Es verdad, pa ti dos trozos.

Ahí los tienes.

Hala. ¡Eh, eh!

Soledad.

-¿Sí, señor?

Dígame.

Me preocupa mi hija.

¿No la has notado hoy muy extraña?

No sabría decirle.

Conozco bien a Anabel y está muy preocupada.

Anoche estaba muy taciturna.

La encontré en el comedor en penumbra.

¿Y qué hacía? -Nada en especial.

Me dijo que buscaba recogimiento.

Recogimiento. -Intenté indagar,

pero no quiso entrar en detalles.

Temo que caiga enferma. Las preocupaciones muchas veces

se ensañan con la salud.

Esta mañana recibió la visita de Miguel.

Por lo que sé, no están muy bien.

Ya. ¿Y a qué se debe tanto distanciamiento?

No lo sé, señor.

A ver si Anabel se encuentra más receptiva

y puedo descubrir algo.

Te agradecería que me informaras.

En fin. Ah, otra cosa, Soledad.

Quería pedirte

que te hicieras cargo de las prendas y los objetos personales de Felicia.

He hablado con Camino, su hija, y no está interesada en nada.

¿Y no prefieres hacerlo tú? -No.

No tengo estómago para enfrentarme a las cosas de mi difunta mujer.

No.

Encárgate tú.

No te preocupes, lo haré.

Gracias.

Me estoy empezando a acostumbrar a estas visitas sorpresa.

Confío que la costumbre no le reste emoción.

Eso depende de usted.

Dígame si esta se debe a algo concreto

o es una simple visita de cortesía.

¿Desde cuándo la cortesía está reñida con cuestiones prácticas?

Como, por ejemplo, no sé.

Poder disfrutar de su belleza durante unos instantes.

No sé qué es lo que pretende, pero ya le digo

que no va por buen camino.

Yo, en cambio, creo que no voy nada desencaminado.

A todas nos gustan los halagos,

pero a mí no va a ganarme con lisonjas huecas y vacías.

Entonces, dígame cómo.

Y me pongo manos a la obra. Déjese de rodeos

y dígame a qué ha venido.

¿Qué pretende acompañando a mi hermana a la recepción

de la embajada italiana?

Natalia ha tenido un gran detalle invitándome y a mí me encantan

ese tipo de recepciones.

No, no. No me creo que su presencia allí

sea por algo tan banal.

Haga lo que haga allí, ya le digo que siempre

buscaré nuestro interés común.

No tiene nada de lo que preocuparse.

Le aseguro que no estoy preocupado en absoluto.

No lo parece por su curiosidad.

Es una lástima que usted no haya sido invitado al evento.

Yo no necesito a mi hermana para que me inviten a ninguna embajada.

Parece olvidar que soy el primogénito

de una de las familias más acaudaladas de México.

Y es sirve para que se me abran todas las puertas.

Las de las embajadas también.

En ese caso, ¿por qué no se anima y viene?

Me encantaría verle allí.

Porque ni me apetece ni me conviene.

Tengo entre manos un negocio y no quiero que me alíen con nadie.

Está bien.

Aclarados todos estos términos, le propongo rebajar la tensión.

Por algo, somos socios, ¿no? Por supuesto.

Perfecto entonces.

Y ya que está usted aquí,

podríamos cerrar cierto asunto que tenemos pendiente.

Será todo un placer.

¿Cuándo pasaremos a la acción con Marcos Bacigalupe?

¿Y esa carita?

¿No le ha sentado bien el paseo?

No, no es eso.

La ayudará sacar a la luz lo que le inquieta.

Ordenar sus ideas.

¿Sabe lo que podría hacer para ayudarme?

Pídame lo que quiera.

Daría lo que fuera por un chocolate con picatostes.

Estoy hambrienta.

No se hable más. Enseguida se lo preparo.

Si no le importa, le acompaño a la cocina.

Verla cocinar apartará los malos pensamientos de mi cabeza.

Por supuesto. ¿Vamos?

Venga, acábate el chorizo que queda.

No puedo más. Pero dame tiempo.

Daré cuenta de él.

Bueno, me lo llevo a la cocina. En cuanto quieras más, me lo dices

y te lo traigo otra vez encantado.

Todavía no me creo que estés recuperándote.

No sé, creo que soy el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.

No sé, no existen plegarias suficientes para agradecer

tanto milagro.

Sé que la ciencia ha tenido buena culpa de ello, pero...

creo que la fe ha dado el empujón que tanto necesitábamos

y, como es de bien nacido ser agradecidos,

yo me he propuesto rezar varios rosarios cada día.

Quién te ha visto y quién te ve, Antonio Palacios.

Todo es poco para agradecérselo al Altísimo.

Todavía me quedan hoy un par de rosarios que rezar.

¿Te importaría en otra habitación?

¿Y no será más lógico

que recemos aquí los dos juntos?

Deja eso.

He estado pensando.

Hasta que mejore, deberíamos dormir en camas separadas.

Hasta entonces,

preferiría que lo hicieras en el sofá.

Creo que soy de más utilidad aquí, Lola.

Yo no me voy a mover de esta silla.

Solo quiero velar tu sueño. -No.

Es mejor quedarme sola.

No eres la única que ha sufrido mucho

con todo este proceso

y ya no sé cómo repetírtelo de lo arrepentido que estoy

de lo que sucedió.

No insistas, te lo suplico.

Como quieras.

Verte recuperada es razón suficiente para que nada empañe tu bienestar.

Gracias.

Poder volver a esta casa es la mejor de las noticias.

Anabel.

Anabel, yo te adoro.

En contra de toda lógica y orgullo.

Te he dicho que salí a pasear. ¿Qué más te da por dónde?

No es lo mismo un sitio que otro.

¿Se puede saber por qué este interrogatorio?

Solo trato de conversar, nada más.

¿A esto le llamas tú conversación? -Sí.

Pero veo que tú no estás por la labor.

Usted es muy joven, querido amigo.

La vida le enseñará que es mejor un pequeño desengaño

que no sufrir por un amor no correspondido.

Ahora he de marchar.

Eres una cobarde y una mentirosa.

Miguel... ¿De qué hablas?

Ayer por la tarde te vi con Aurelio Quesada.

¿Creías que no sabría que te veías con un hombre tan despreciable?

Miguel, no es... -Deja de tratarme

como a un imbécil.

Me has engañado este tiempo delante de mis narices.

Yo no te he engañado. -¡Mientes!

Deja de tratarme como a un pelele de feria.

¡No eres más que una frívola, una farsante y desgraciada mentirosa!

No sabes de lo que hablas. -En eso tienes razón.

No lo sé. No tengo ni la menor idea.

Aurelio y yo hablábamos de asuntos muy graves del pasado.

Te juro que no hay nada que puedas reprocharme.

Y mucho menos que me hables como lo estás haciendo.

Yo solo sé lo que tú me has contado.

Son tus evasivas las que han alimentado mi desconfianza.

En su momento, te expliqué por qué no me casé con Aurelio.

Y poco más, Anabel. Poco más.

Lo poco que sé de ese hombre lo sé por el presente,

y te aseguro que es de los peores que conocí.

Cálmate y no hables sin saber.

¿Que no hable sin saber?

Aurelio Quesada es un hipócrita

que disfruta mirando al resto con desprecio.

Aurelio no es así. Tú no le conoces.

Ahí tienes razón. No le conozco tan bien como tú.

Aunque nos criáramos juntos, te aseguro que Aurelio

es un auténtico desconocido para mí. -No hace falta que le defiendas.

Me hablarías de otra manera si supieras lo que me confesó

cuando nos viste.

Muy bien. Si así es,...

te rogaría que me dieras la información que cambiará

mi concepto de él.

No sé, no sé por dónde empezar.

Que me expliques de una vez lo que te traes con él.

¿Te acostaste con él

antes del matrimonio como hiciste conmigo?

Miguel, por favor, para.

Pararé cuando me contestes lo que has descubierto de Aurelio.

Creo que tengo derecho a saber lo que tienes con ese infame.

No sé por qué le llamas así. -Solo puede haber una explicación:

que ya te haya seducido.

Cuando salga a la calle, veré a Natalia

y eso... me va a traer recuerdos.

-Sabes perfectamente que esa mujer no significa nada para mí.

Eso tendrás que demostrármelo.

Tenemos toda la vida por delante, ¿no?

-"Carta de Camino, la hija de Felicia".

-"Me pidieron escribir"

una biografía que se vendiera bien y claro, eso no se consigue

si son todo nubes de algodón.

Antes de ser una artista conocida en el mundo entero, fue pescadera.

Sí, sí, sí. Eso me lo contó sin problemas.

¿Y entonces? ¿Qué fue lo que no le contó?

-No comenté

la dichosa fotografía de la boda con nadie. No nos interesa

que corran los comentarios, ¿estamos?

No lo saben muchos.

-¿Te pasa algo o no te pasa algo?

-A mí lo que me gusta es estar detrás de mi mostrador.

Reponer fuerzas es lo que tienes que hacer para no recaer.

Si la enfermedad es mala,

la recaída es aún peor.

¿Te vas a quedar ese conjunto? -No.

Don Marcos me ha pedido que lo dejara en una iglesia lejana.

No quiere ver a la gente con la ropa de su mujer.

Se referirá a que no quiere ver sus ropas llevándolas

cualquier menesterosa, pero que las lleves tú es distinto.

¿Distinto?

¿Distinto por qué?

En todas las casas tenemos lo nuestro.

Yo he tenido la visita de un periodista impertinente

metiéndose en mi vida. Lolita tiene lo de su esposo.

Susana, lo del suyo.

¿Lo del mío? No sé a qué se refiere.

-Miguel, ¿qué ha pasado?

-Un desastre, abuela.

Un desastre.

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Acacias 38 - Capítulo 1337

28 sep 2020

¡Lolita despierta en la cama del hospital! ¡Y con buen apetito! Ramón y Cajal corrobora la recuperación de la mujer. Antoñito no puede ser más feliz, pero ella marca distancias: una cosa es que le haya perdonado y otra que haya olvidado.

La historia de Aurelio, que le exculpa de la muerte de Carlos Armijo, cala en Anabel. Soledad, por mandato de Marcos, indaga en el cambio de humor de la muchacha sin mucho éxito.

Bellita no soporta a Jaime Huertas, el escritor en la sombra de sus memorias. Jose acata los deseos de su esposa y va a comunicar a la editorial que no va a haber libro.

Susana entre la sorpresa y la indignación por la noticia de la boda del Duque de Swarowski, su Armando.

Aurelio mira con reticencia la buena relación entre Genoveva y su hermana, sabe que la señora no da puntada sin hilo y teme que pueda perjudicarles.

Miguel, al tanto de la conversación entre Aurelio y Anabel, pide cuentas a la muchacha. Y todo deriva en una fuerte discusión que promete ser el fin de su relación.

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