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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1335 - ver ahora
Transcripción completa

La venganza se disfruta fría.

Por eso debo dejar que mi esposo y su hijo vivan en paz,

hasta que sea el momento oportuno y yo decida otra cosa.

Aquí la tiene... la reliquia, eminencia.

¿Usté qué cree?

Esto parece un hueso de cocido. Te lo dije.

Mi relación con Anabel no avanza ni un milímetro.

¿Has perdido el cariño por ella? -No.

Sigo tan enamorado de ella como el primer día.

Es ella, cada vez está más distante.

Vamos a grabar un disco con todas mis canciones de éxito.

¡Eso es una noticia estupenda!

Le avisaron de que ese medicamento tardaría en hacer efecto.

Sí, pero temo que en ella no sea efectivo,

de hecho, creo que está acelerando la enfermedad.

"Y ahora, hijo mío,

debo hablarte del principal motivo de esta carta".

"Tu hijo, Miguel...":

Estoy convencido de que no sabes la verdad de lo que ocurrió

cuando íbamos a casarnos. -¿Cómo puedes ser tan caradura?

¿Me vas a negar que tú asesinaste a Carlos Armijo?

¿Has estado creyendo eso todos estos años?

Por Dios, Aurelio, no hace falta ser una mujer muy mal pensada

para suponerlo, para creerlo. -No es cierto.

¿A qué viene negarlo? -Porque no es verdad.

Yo nada tuve que ver con la muerte de Carlos Armijo.

Has estado engañada.

No solo eres un embustero,

te comportas también como un miserable.

Déjame que me explique.

Me tienes que dar la oportunidad

de defenderme de las falsas acusaciones.

En adelante, mantente alejado de mí. -¿Por qué?

¿Estás impartiendo justicia por tu cuenta?

No voy a permitir que vuelvas a manipularme.

No voy a permitir que rompas mi corazón otra vez.

Anabel, no fui yo quien te manipuló.

Tienes que escucharme.

Anabel,...

te han engañado,

pero yo nunca he querido manipularte ni mentirte.

(Sintonía de "Acacias 38")

Le agradezco infinito su invitación, señora.

Es un placer merendar con usted.

No nos veíamos desde que nos casó a Felipe y a mí,

y guardo muy buen recuerdo de usted

y de la forma en que ofició la ceremonia.

El placer es mutuo.

Por fortuna, ahora que ayudará a nuestro párroco,

podremos vernos más a menudo.

Eso espero.

Siempre que usted cumpla con sus obligaciones de buena cristiana

y acuda a menudo a la parroquia.

Tengo múltiples ocupaciones

y no siempre soy dueña de mi tiempo,

por eso no puedo prometerle una asistencia asidua.

Sin embargo, que soy una buena cristiana no está en duda:

esta tarde, antes de que se marche recibirá un donativo

que se lo demostrará.

Los necesitados del barrio se lo agradecerán.

Y yo también, claro.

Y dígame, don Hilario,

¿está usted contento con sus feligreses?

Mucho.

No digo que la parroquia no tenga problemas, al contrario,

se pasan muchas calamidades,

pero también es verdad que hay vecinos que, como usted,

nos ayudan con generosidad.

¿Otros donantes?

Antiguos y nuevos.

Hoy mismo, un caballero, conocido suyo, por lo que dijo,

se presentó en la sacristía y nos ofreció una dádiva

que yo calificaría de... espléndida.

¿Conocido mío? Sí.

Quizá algo más por la forma que tenía de hablar de usted.

¿Don Aurelio Quesada?

El mismo.

Un joven prudente y religioso en extremo.

Cierto,

prudente y muy religioso.

Mujeres y hombres como ustedes son los que mantienen unida

a la parroquia, a la comunidad.

Porque lo que yo digo,

diferencias sociales las hay y las habrá,

pero ustedes saben cómo allanarlas, y lo hacen.

Cierto.

Ténganos en cuenta en sus oraciones.

Lo hago, no lo dude, siempre.

Quizá no seamos de darnos golpes en el pecho, pero contribuimos.

No lo olvide.

No lo haré, descuide.

El Señor me ha concedido una memoria de elefante.

(Puerta)

Si me disculpa...

¿Hay alguien más en la casa? -¿Qué quiere usted?

Hablar.

Hable.

Don Marcos está en su despacho, no nos molestará.

Lo que vamos a tratar es un asunto muy delicado, Soledad.

Hay cosas de usté que no nos ha dicho.

¿Por qué lo dice?

Vamos, Soledad, que yo no nací ayer.

No sé lo que le habrán contado, pero...

Nadie ha tenido que contarme nada,

yo lo vi todo.

Y lo escuché también.

No sé de qué está hablando.

Del discursillo de esta mañana en el quiosco.

Todo el mundo se hace cruces de lo mucho que sabe de la guerra,

de Europa y de lo que no está escrito.

Di mi opinión.

Una opinión muy bien fundada.

Yo no sé los demás,

pero servidora no se chupa el dedo.

Usté sabe más de lo que aparenta.

Yo me fijo en las cosas,

y ya le dije que me gusta escuchar a mis señores,

no veo que haya que hacer un caso de mis ansias de conocimiento.

Eso no es lo que no me gusta.

Usté puede tener todos los afanes que quiera,

incluso ser la más instruida de todas,

pero no nos la dé con queso, Soledad.

En el altillo somos una familia,...

y entre los familiares no nos engañamos.

Yo no lo he hecho.

¡A otro perro con ese hueso!

Para empezar, no es usté lo que dice ser.

¿Ah, no?

¿Y qué digo?

Pues que es usté una criada.

Y de eso, na de na.

¿Estaría yo aquí doblando el lomo por cuatro perras si no fuera así?

Quizá ahora sí lo sea, pero no fue siempre así.

Hábleme de su vida, Soledad,

de lo que ha pasao o dejao de pasar.

Y dígamelo ahora.

Ya.

¿Quién es usté, Soledad?

¿Quién es usté?

Dígamelo.

Dígamelo.

Soledad.

¿Quién eres, Soledad?

(RÍE)

¿Qué nos ocultas, Soledad?

(RÍE)

Soledad.

Soledad.

Discúlpeme.

Discúlpeme, señor, me he quedado dormida.

Tranquila, mujer, pasa en las mejores familias.

He tenido una pesadilla.

¿De veras?

¿No habrá sido conmigo?

Eres inquietante.

No me puedo resistir a tu atractivo,...

a tu embrujo.

Ahora no.

¿Por qué?

Tengo que trabajar,

No pienso recriminarte nada.

Démonos prisa, Anabel estará al caer.

Vaya con Dios, don Hilario. -Queden ustedes con Él.

Ha sido una conversación muy gratificante.

Igualmente, don Hilario.

Tenga cuidado con el sobre,

que hay mucho malandrín suelto estos días.

Descuide, que enseguida lo pondré a buen recaudo.

Hasta más ver.

No hace falta que me acompañen, sé el camino.

Con Dios.

Con Dios.

Un cura de los que se las saben todas y de trato amable.

También buen conversador

y, sobre todo, amigo de sus amigos, ya me entiende.

Un gran aliado si sabes llegarle al corazón.

Y a su bolsillo.

No da usted puntada sin hilo.

¿Hay algo más estúpido que coser sin hilo?

¿Recuerda que ayer me dijo que en algún momento

debería corresponder a su amabilidad para conmigo?

Naturalmente.

Pues quizá haya llegado ese momento y pueda serle útil en algo.

Soy toda oídos.

Estoy dispuesta a invitarla a la fiesta de la Embajada de Italia.

Es una gran ocasión para conocer a los miembros del cuerpo diplomático

de todos los países.

Es estupendo.

No lo habría dicho delante del cura, pero hay que tener amigos

hasta en el infierno.

¿Me acompañará entonces?

Desde luego.

Aunque cuando hablamos, yo no hablaba de este tipo de favores

sino otros de mayor enjundia.

Ah.

Bueno, que yo siempre procuraré satisfacer

siempre que esté en mi mano. Estoy segura de ello.

No me malinterprete, la fiesta en la embajada tiene su valor,

y más ahora, en tiempos de guerra. Y además, lo pasaremos de maravilla.

¡Claro que sí! -"Eres un misterio para mí".

Me resulta imposible resistirme a tus encantos.

Sin embargo, cuando vivía mi esposa,

nunca pensé en ti como... mujer.

Espero que eso no lo considere un cumplido.

Lo es, aunque no lo parezca.

Me has hechizado. -¿Un bebedizo de amor?

Algo así.

No. -Sí.

Solo...

intento complacer a mi señor.

Pero tú disfrutas, ¿no?

Claro que sí.

(Puerta)

Señorita, ¿qué tal su paseo?

Bien. Dígale a mi padre que no cenaré, estoy cansada.

Me voy a la cama.

(Puerta)

Ramón,...

si no quieres desayunar, tómate al menos un café.

¿Te sirvo? -(ASIENTE)

¿Te pongo el azúcar? -Sí.

¿Qué tal le has dado la papilla a Moncho?

Bien, se ha quedado dormido en cuanto ha terminado.

Para mí que no descansa por las noches todo lo que debe.

¿Se ha levantado Antoñito?

Sí, le he visto entrar en la habitación de Lolita.

Tampoco ha dormido muy bien esta noche.

Le he visto pasear por la casa dos o tres veces.

Entonces, tú tampoco has dormido.

Mira, ahí viene.

¿Te sirvo café?

Sí. -Está recién hecho.

Gracias.

No soporto verla así.

Ya te avisó don Santiago.

Lo sé, pero no me imaginé que fuera tan descorazonador.

Su cuerpo agradecerá estos días de descanso.

¿Usted cree que está usted descansado?

Estamos seguros de que es lo previsto.

Perdone mi tono, Carmen.

Es que ver a Lolita así

en esas circunstancias y tan vulnerable,

me hace pensar que está esperando la muerte.

Ni se te ocurra hablar así.

Tienes que tranquilizarte, hijo.

Lo sé, padre.

¿Vas a ir Congreso?

(NIEGA) -Pues haces mal.

Los debates sobre la guerra son muy animados,

a cara de perro, eso sí, pero muy animados.

O ve a buscar a Miguel Olmedo y acudís a la iglesia hoy también.

Sería inútil.

No tengo la cabeza ni para iglesias ni para debates

ni para nada que no tenga que ver con...

con Lolita.

Haz un esfuerzo,

ni ella ni tú ganáis nada dejándote llevar por tu desconsuelo.

He llegado a pensar que me equivoqué acudiendo a don Ramón y Cajal.

No digas eso, hijo.

Don Santiago era nuestra última esperanza.

A lo mejor hemos precipitado su muerte.

Don Santiago, además de una eminencia,

es una bellísima persona;

jamás hubiera inyectado a Lolita un medicamento

que acelerara su fallecimiento.

A lo mejor, lo que hemos conseguido es que pase sus últimos días

sumida en un sueño continuo.

A lo mejor los podría haber aprovechado acunando a su hijo

o hablando conmigo. -Don Santiago

se comprometió a visitar a Lolita de nuevo

para vigilar su evolución.

Cuando venga, le preguntas tus dudas, verás cómo te las disipa.

Dijo que vendría, pero aquí no está.

Tal vez sabe que no tiene sentido visitarla durante los primeros...

(Puerta)

Muy buenas, Fabiana. -Muy buenas, Bellita.

Vaya día que hace, ¿eh? -Radiante.

Voy a ver si lo aprovecho dando un garbeo.

Diga usté que sí.

Le diría que la acompañaba si no tuviera tanta faena ahí dentro.

Bueno, dígame, ¿cómo va ese disco?

¡Ay, el disco de mis pesares!

Al final, después de todas las vicisitudes,

creo que va p'adelante, como los de Alicante.

Mire usté que me alegro.

¿Era el que juntaba todas sus canciones?

Ese, el recopilatorio.

Aunque no todas mis canciones,

solo las que más éxito me han dado, tanto en España como en América.

Aún así, deben ser la tira de ellas.

Algunas son, sí, unas cuantas.

Eso es muy bueno.

Significa que ha aguantao usté muchos años en el oficio.

Unos cuantos han sido sí.

Y los que te rondaré, morena.

Pues con todo y ser muchas las canciones,

dicen los de la compañía de los discos

que prefieren sacar el recopilatorio,

antes que otro con canciones nuevas,

porque dice que la gente sigue tarareando mis tonadillas.

Para saber eso no hace falta que lo digan los de la compañía,

basta con ir a los lavaderos y escuchar a las mujeres.

Siempre hay una con una canción suya en la boca.

Ole. Eso me honra.

Se lo diré a los jefes y se pondrán tan contentos.

Piensan hacer una gran campaña de publicidad.

Quizá incluyan los lavaderos

entre los lugares donde promocionar el disco.

No solo los lavaderos,

quien dice los lavaderos dice los mercaos,

los caños de agua y los sitios donde las mujeres laboran y cantan.

¡Señora, señora! -Templa, muchacha, respira.

Es que me han dicho que es urgente.

Entonces, ahógate y no nos enteraremos nunca.

A ver, ya.

Ea, pues ahora, habla.

Han llamado de una editorial y dicen que es urgente.

¿Una editorial? -Sí.

¿De libros? -(ASIENTE)

¿Una editorial de libros me llama a mí?

Sí.

Y tan urgente,

que parecía que les fuera la vida en ello.

Han insistido tanto en hablar con usted o con su marido,

que he tenido que bajar corriendo pa buscarla a usté.

¿Está esperando al teléfono?

No, no, señora,

han dicho que llamaban otra vez en 15 minutos.

Raro me parece, pero qué se le va a hacer.

Ea, pues vamos pa casa y que me digan lo que quieren.

Hasta más ver, Fabiana.

Hasta más ver. Y que sean buenas noticias.

Y que tú lo veas, guapa. Vámonos.

Bien.

Las constantes vitales de esta joven madre se mantienen estables,

dentro de la media de los enfermos en su estado comatoso, claro.

¿Eso es bueno o malo?

Ni el corazón

ni el sistema respiratorio presentan síntomas de fatiga

y agotamiento.

Eso sí que es bueno.

No diría yo lo contrario.

Pues si no lo dice usted...

La sanación no es una ciencia exacta.

Ya, pero... se va a curar, ¿no?

El cuerpo humano, y sobre todo el cerebro,

tienen la maldita costumbre de meter siempre en problemas

a los médicos.

En más problemas mete a los enfermos.

Eso es muy cierto.

Muy bien traído, joven.

Don Santiago,...

se trata de mi esposa,

y es el peor lance por el que hemos pasado en esta vida,

así que, por favor, dígame que se va a curar.

Ojalá pudiera hacerlo, pero es lo que le digo.

Ya, ya, lo de la ciencia exacta.

Las caza usted al vuelo, se nota que es diputado en Cortes.

Verá,... que el sistema circulatorio

y respiratorio no den síntomas de fatiga,

significa que la paciente tolera bien el tratamiento.

Y significa que se va a curar, ¿por qué le cuesta tanto decirlo?

He de precisar, que puede curar o llegar a curar.

En otros términos, que esta vez,

el cuerpo y el cerebro de la joven

han decidido no meternos en problemas ni a ella ni a mí.

Ya. Poco a poco.

No meternos en problemas todavía.

Supongo que solo nos queda esperar. -Eso siempre.

Ya conoce usted el dicho:

la esperanza es lo último que se pierde.

Eso le corresponde más a los sacerdotes que a los doctores.

Lamentablemente, cuando de estados comatosos se trata,

la medicina no ha llegado a conocer toda la verdad,

ni una cuarta parte,

apurando, un 10, un 15 % a lo sumo.

Reconocerá que nos son datos muy tranquilizadores.

Que más querríamos los científicos

que poder ofrecer garantías absolutas.

Vamos, que poco más se puede hacer.

No, no, no, yo no he dicho eso.

Todavía.

Insisto: es usted rápido.

Sí hay algo que podemos hacer,

y es, incrementar el tratamiento.

¿No será peligroso?

¿Qué entendemos por el concepto "experimental"?

Pues que vamos conociendo los resultados paso a paso.

Ya.

Imagino que habrá sopesado los pros y los contras.

Por supuesto.

Me gustaría su consentimiento para administrar una nueva dosis.

Sí, sí, lo tiene usted.

Diputado,

no es usted responsable de todos los males del mundo,

ni siquiera de los que afectan a su señora.

La naturaleza nos juega muy malas terribles pasadas,

pero no por ello debemos sentirnos culpables.

Con su permiso.

En conclusión, ese Quesada es lo que en México llamarían

un gallito de pelea, y en España, un chuleta perdonavidas.

Exagera usted porque sabe que Anabel es mi novia.

Ve fantasmas donde no los hay.

En absoluto, muchacho.

Vi lo que vi.

Hablaron primero en buenos términos pero, al final,

Anabel acabó medio llorosa.

Y no, no me daría buena espina aunque no fuera tu novia.

¿Qué explicación se le ocurre?

Siempre he mantenido que tanto ella como él tenían un pasado oscuro.

Pero ahora creo que...

podrían seguir teniendo algo.

¿Aurelio se puso agresivo?

En ningún momento.

Eso es lo extraño del asunto.

Eso sí, Anabel reaccionó de manera excesiva.

Y eso solo pasa cuando hay algo más allá de la conversación.

De modo que parecía una pelea de enamorados.

Ni más ni menos.

Comprenderás que tenía que decírtelo.

No creo en esa interpretación.

Tiene que haber otra explicación para el lance.

¿Adónde vas? -¿Adónde cree usted?

A pedirle cuentas a Aurelio por hacer llorar a mi novia.

Estoy en mi derecho. -¡Espera, no hagas una insensatez!

Perdone, abuela, que llevo prisa.

Pero bueno,

¿qué pasa?

Cata el queso, pastor, que está de toma pan y moja.

(NIEGA) Tú te lo pierdes.

Lo que voy a perder es mi condición de cordero de Dios.

¿Sigues con lo de la excomunión? ¡Toma no! Como pa olvidarlo.

Si me excomulgan, Marcelina me mata,

y si la excomulgan a ella, me despelleja antes.

Te lo estás tomando muy a pecho.

Que no, que le digo que ese cura me tiene entre ceja y ceja.

Vamos a ver, puede ser que no le caigas bien al cura,

de hecho, tú no caes bien a mucha gente,

pero yo no creo que haya sido una amenaza lo de excomulgarte,

habrá sido una advertencia más que una amenaza.

¿Y sabe usté explicarle la diferencia a Marcelina?

Porque yo no sé hacerlo.

¡Albricias, Jacinto, que traigo buenas nuevas!

Que se han empezado a zurrar en Europa

y estás vendiendo más periódicos. Usté siempre hablando de parné.

El dinero es buen tema de conversación.

Son buenas noticias pal Jacinto.

He hablao con el párroco, primo.

Le he llorao, y dice que no tienes que preocuparte.

¿No me excomulga? -Dice que te lo merecías,

pero sabe que eres buen cristiano y que lo hiciste pa ayudar a Lolita.

¡Por los clavos de Cristo, me he salvao!

Tú sigue blasfemando y ya verás.

Eso sí, don Hilario dice que su perdón no te va a salir gratis.

Pues si espera un donativo,

vuelvo a estar en manos de la Inquisición, que no tengo un real.

Don Hilario ya ha previsto eso y no pide na en metálico.

Quiere que le encoles los bancos rotos de la iglesia.

¿Y son muchos?

Un puñao.

Que los dé por encolaos.

Corro a decirle que hay trato.

Oye, ¿y no te has preguntado

por qué Indalecia se porta tan bien contigo?

No malmeta usté,

que ya le dije una vez que no van por ahí los tiros.

Se porta bien porque sabe el disgusto que tendría Marcelina

si nos echan de la Iglesia, o del rebaño del Señor.

Vaya, que es eso.

Roberto,...

sé que vas a alegar que eran otros tiempos

y otras circunstancias, pero...

creo que no lo hemos hecho bien con Miguel, ni mucho menos.

Hicimos lo que creímos más conveniente.

Debimos contarle la verdad sobre sus padres,

y luego, ayudarle,

para que se enfrentara a la vida aun llevando esa carga.

¿Y qué hubiéramos ganado, él y nosotros?

Él habría vivido con la verdad

y nosotros no estaríamos obligados a confesársela.

¡Eh, espera, espera! No estamos obligados a nada, cuidao.

Sí que lo estamos.

Al menos, yo lo estoy.

¿Y qué dirán sus padres si se lo contamos?

¿No has pensado en eso?

Ahí le pido a nuestro hijo permiso para contarle la verdad a Miguel,

que sus padres están presos por ladrones.

Ya conoces a Miguel, ¿crees que podrá vivir con eso?

Tendrá que hacerlo.

Me siento tan responsable por la situación de uno y de los otros.

¡Eh, eh, haya calma!

Primero: no tenemos la culpa de que esos dos se dejaran pillar.

Y segundo: si no le contamos nada a Miguel,

fue porque sus padres así nos lo pidieron.

Si hubiéramos alejado de la delincuencia a nuestro hijo,

como lo hicimos con Miguel, nada de esto hubiera sucedido.

Nosotros, Roberto, nosotros teníamos que habernos dado cuenta

de que nuestro hijo era un inepto para el robo.

Un torpe,

un zote de la cabeza a los pies, vamos.

¡Señor Quesada!

¿Es a mí? -Creo que me debe una explicación.

¿Por qué motivo?

Las causas son varias, pero todas relacionadas con lo mismo.

Con Anabel, claro. -Con mi novia, sí.

Debe explicarme el por qué de sus visitas no requeridas

y, sobre todo, las razones que le llevaron a hacerle llorar.

¿Quién le ha ido con el chisme? Ella no ha sido.

¿No lo niega usted?

No tengo que negarle o afirmarle nada.

¿Quién se ha creído que es?

Para mí, solo es un empleado de mi compañía.

Empleado o no, soy el novio de Anabel.

Si ni siquiera están comprometidos.

Eso es cuestión de tiempo.

No.

Si lo fuera, usted conocería cosas de su pasado.

Y viendo las cosas que me pregunta, no sabe de la misa la media.

No tiene ni idea de quién fue ella fue en México.

¡No voy a tolerar que me trate usted así!

Quíteme la zarpa de encima. -¿O qué?

O se quedará sin ella.

¡Aurelio!

Menos mal que te alcanzo.

Podrías haberme avisado para que te acompañara en tu paseo.

Nos vemos más tarde en casa del señor Bacigalupe.

Antes o después de la reunión formal de la compañía,

tendré el gusto de aclararle todos los asuntos que tenemos pendientes.

Vamos.

(RÍE) Ya le digo, una gran noticia.

A mí me parece de perlas.

No corra usted,

que antes tengo que consultarlo con la interesada.

Claro que es mi señora, por eso tengo que consultarlo.

En cuanto tenga la respuesta de mi adorable esposa

le llamaré para informarle.

Cuanto antes. Que sí, qué sí.

No lo dude usted.

Ea. A usted, a usted. Muchas gracias.

¡Qué ansias el tío, oye! -¿Qué quiere de mí ese afanoso?

Por lo visto,

es íntimo amigo del dueño de la compañía discográfica.

Te he dicho que qué quiere, no que me cuentes su biografía.

Hija mía, era para darle un poco de suspense.

En fin,...

se ha enterado de que sacabas disco y se ha puesto a cavilar el tío.

¿En qué?

Sé que me quieres una jartá,

pero tú sabes que yo no tengo nada que ver con libros.

Como mucho, sacarán mi nombre en una enciclopedia.

Eso seguro, señora. ¿No sale Agustina de Aragón?

Pues usted con más razón.

Lo que quiere el librero...

El editor. -Lo que sea.

Quiere aprovechar el tirón del disco,

la popularidad que te traerá.

Me la renovará. Mi popularidad me la renovará.

Bien dicho, señora.

Eso, que quiere aprovechar esa popularidad

para sacar cuartos con un libro.

Estarás en el candelero.

¿Te cuento su propuesta o no?

Sí, lo antes posible.

Quiere publicar tus memorias.

¿No es una buena noticia?

Señora, podrá contarle a todo el mundo sus idas y venidas,

sus éxitos y sus fracasos...

Fracasos no he tenido ninguno. -¡Claro que no!

No, no, no, no.

Vamos a ver, tus dudas,

lo que has tenido que trabajar pa lograr el éxito,

tus esfuerzos por mantenerte en la cima.

Bueno, y podrías sacar los trapos sucios de alguna de tus rivales.

Se va a inflar a vender libros. -Libros no, Alodia, memorias.

Mis memorias. -¡Llámalo como quieras!

Es una oportunidad para que conozcan

los sacrificios que hemos hecho para llegar donde estamos.

Zoquete,

¿tú no has pensao que las memorias solo las escriben los viejos?

¿Eh?

Porque son los que tienen más.

¿Me estás llamando anciana?

Vivida, que es diferente.

Yo no soy escritora, soy cantante. -La mejor, señora.

Me lo has quitao de la boca.

Soy cantaora, un juglar, como si dijéramos,

y canto canciones.

Todo lo que tengo que decir, lo digo con mi música.

Pero tu público quiere conocerte.

En eso confía el editor.

Casi que prefiero que se queden con las ganas.

Seguir siendo un poco misteriosa para ellos.

Eso no se lleva nada, señora. -¡Pues que no se lleve!

Mi vida es un asunto privado, íntimo, no quiero airearla.

O sea, que vas a decirles que no.

(NIEGA Y CHASCA LA LENGUA)

Vas a decírselo tú, campeón.

De memorias nada, que yo tengo menos que una cría de quince años.

Doña Susana,

¿cómo se encuentra hoy?

Ah, pues muy preocupada, claro,

por la guerra y por mis seres queridos.

Imagínese que, quitando a Liberto,

el resto de mi familia vive por esas Europas de Dios.

Sí que es para agobiarse, sí. Mis nervios sufren una barbaridad.

No sé qué sería de mí sin el consuelo de la iglesia

y de don Hilario, que también tiene mérito, también.

Ya lo creo,

siempre pensando en los demás el señor párroco.

Dios le ha elegido. Y que lo diga.

Y ha conseguido quitarle a usted, perdone que lo diga así,

esa obsesión que tenía con los extranjeros.

Siguen sin gustarme, pero es cuestión de prioridades.

Ahora me caen peor los aliados, son los culpables de la guerra.

Y también son extranjeros.

Ya, pero son otra cosa.

Ya.

¿Sabe que me han invitado a una fiesta en la Embajada de Italia?

¡Qué suerte!

Italia es germanófila, no aliada.

Sí, pero no se lo decía por eso, sino para pedirle ayuda

como esposa de un diplomático.

Cuente con ello.

El caso es que me gustaría llevarle un detallito al embajador,

y usted podría ayudarme con su conocimiento en estos ambientes.

Haremos que usted quede bien.

Lo primero que debo saber es si le ha invitado el embajador.

No, todavía no.

El embajador en persona me invitará en la próxima.

Pues estoy pensando que para introducirle

en ese mundo tan complejo de la diplomacia,

podría yo acompañarle a la fiesta.

Verá, doña Susana, en esta ocasión, yo acompaño a Natalia Quesada.

Ella es quien me ha invitado.

Natalia Quesada. Ajá.

¿Ve cómo tenía yo razón? ¿Sobre qué?

Hay que llevarse bien con los Quesada,

por muy extranjeros y mexicanos que sean,

son una familia poderosa a ambos lados del charco.

Se lo dije en su momento.

Ellos sí podrían haberla invitado.

Sí que me lo dijo, sí que me lo dijo.

Es precisamente, con motivo de la guerra, que les he convocado.

La guerra es una máquina de gasto, de consumo.

Los países beligerantes se verán necesitados

de todo tipo de mercancías.

Mercancías que no podrán producir por sí mismos

como consecuencia de las hostilidades.

Espero que no se refiera a armamento y munición.

Ya quedó claro que...

Por supuesto que demandarán armamento y munición,

pero también metales y caucho

para el transporte, y combustibles,

como carbón y petróleo.

Y textiles, para el inmenso gasto en uniformes,

y cuero para el calzado, alimentos... ¿Sigo?

Productos que podríamos comprar en la América española y aquí

y revender a precio de oro.

Me alegro que haya captado la idea con esa precisión,

pero le recuerdo, socio,

que América ya no es española, hispana como mucho.

El caso es que, no somos los únicos que pretenden ser intermediarios.

La competencia será feroz en los mercados,

y solo los pendejos y los cobardes se andarán con remilgos.

La guerra es nuestra oportunidad para enriquecernos más.

¿No se dan cuenta de que esto es inmoral?

Este qué es, ¿pendejo o cobarde?

¿Cómo dice?

Que si es pendejo o cobarde, que elija.

No toleraré que me insulte.

Aunque ya arreglaremos esto, tranquilo.

Miguel, le ruego que en esta mesa se ciña a asuntos empresariales.

-De acuerdo.

El tráfico que propone el señor Quesada es inmoral

y, en el caso del armamento y la munición, también es ilegal.

Los tratados internacionales...

-Pero vamos a ver,

que somos una empresa, no la Cruz Roja.

Nuestro objetivo, y por tanto, nuestro deber,

es emplear nuestros recursos para ganar dinero,

cuanto más mejor.

Pues como abogado,

ese no es el consejo que doy a esta junta de propietarios.

Tenga cuidado, señor Olmedo,

impedir que obtengamos beneficios sería obstaculizar directamente

la buena labor de esta compañía.

Quizá deba plantearme si es o no un buen consejero.

¿Me he explicado?

-Perfectamente,

aunque esta toma de decisiones se han de aprobar por mayoría.

¿Qué opina usted, don Marcos?

Muy buenas, Jacinto. -Muy buenas.

Que no les amenacen nunca a ustedes con la excomunión.

Librarse de ella es peor que cargar a hombros con dos ovejas preñás.

Has encolado muchos bancos en la iglesia, ¿eh?

Lo de los bancos era lo de menos.

Ese cura es más astuto que un zorro hambriento.

Quería que le colgara unos cuadros de vírgenes

y mover todos los santos del calendario.

Rediez, lo que pesan los santos.

Como siga blasfemando, se verá en otra peor.

Ya se lo he dicho yo hace un rato, pero nada.

A Dios rogando y con el mazo dando.

Ay, deje de quejarse, Jacinto,

que la fe se demuestra trabajando y no traficando con huesos.

Servando, termine usté de colocar esto, haga el favor.

Ahora mismo.

Y encima, el cura todo el rato detrás de mí, "chucurrú, chucurrú".

Mire, a partir de ahora, los santos y vírgenes, solo en estampitas.

Y harás muy bien. Si quieres te encargo

unas estampitas de la Virgen de Naveros

que me traen en mi cargamento de castañas.

A ver qué pone de nuevas las noticias de...

¡No puede ser!

¿Qué?

A ver, a ver...

¿No te recuerda el gachó del retrato a alguien del barrio?

Se parece mucho a... Que se parece mucho no,

que es clavadito a don Armando.

Don Armando Caballero, diplomático y esposo de doña Susana.

Pues será él. Pero si esto es una foto de boda.

"Checoslovaco, duque...

de Swarowskys...

se ha casado con la princesa prusiana

de...

Holbein-Tiessen".

Uy, uy, uy.

Ahí hay tomate.

Has tardado mucho para comentarles mi negativa.

¿Ha negociado usted con ellos?

Me han hecho una nueva proposición. -No habrá memorias.

¿Ves como no soy tan vieja como para eso?

Estaban de acuerdo en que lo de memorias era un poco pretencioso.

Un insulto.

¿Y no van a publicar nada? -Sí, sí.

Como estás en un momento tan bueno de tu carrera,

creen que una biografía tendría tanto éxito como las memorias o más.

¿Biografía hasta ahora?

No, desde tus comienzos hasta que alcanzaste la cima.

Mira, eso va teniendo más sentido.

Pero yo no puedo escribir mi biografía,

si lo hiciera, serían unas memorias. -Descuida, está todo pensao.

La escribirá un negro.

¿Y eso por qué?

Mira, no me gusta que señalen a la gente por su color,

aunque sea para darle trabajo. -No.

Vamos, vaya.

Muchas gracias por todo, don Santiago.

Tanto por los calmantes,

como por las continuas visitas para ver cómo evoluciona Lola.

No hay de qué.

Como le iba diciendo,

no pierdan la esperanza,

por mucho que impresione verla dormida, ausente día tras día.

Doctor, sobre la duración del coma no se puede aventurar nada, ¿verdad?

De firme no.

Ya se lo he dicho a su yerno,

tanto lo mejor como lo peor podría suceder,

pero en mi opinión, el desenlace no se hará esperar.

Bueno. Sea como sea,

muchas gracias, ha hecho usted todo lo posible.

Ya me hubiera gustado hacer algo más,

pero lo cierto es que la vida de doña Lolita

está en manos del destino

o de la providencia, de acuerdo con las creencias de cada uno.

Siento no poder ser más preciso.

Avísenme si hay alguna novedad.

(Timbre)

Si me disculpan.

Le acompaño, no puedo entretenerme más.

Don Hilario, no le esperábamos. Pase.

Lo dicho, doctor, una vez más,

muchas gracias por todo lo que ha hecho.

Con su permiso.

No sé.

No creo que nadie gane nada

removiendo un pasado que no podemos cambiar.

Me niego a ninguna otra componenda.

Si nuestro hijo responde a esa carta dándonos su consentimiento,

le contaré todo a Miguel, sin ahorrar detalles.

Ya. ¿Y si no contesta?

Date cuenta que en la cárcel, censuran las cartas.

Quizá no les guste a los carceleros

que le contemos a nadie hazañas de ladrones.

¿Adónde quieres llegar?

No me harás desistir. -Ni lo pretendo.

Oye, ¿qué te parece si vamos a pedir ese permiso en persona?

¿Viajar a Zúrich?

Sí. Podríamos usar las cédulas de identificación falsas

que todavía tenemos.

¿No te haría ilusión ser Cleopatra Pérez durante unas semanas?

La verdad es que hace dos años que no le visitamos.

Una eminencia don Santiago Ramón y Cajal.

Han hecho muy bien en acudir a él,

aunque la ciencia siempre ha necesitado de la fe.

Nosotros también rezamos, padre. -Muy bien.

Con las oraciones

y la ayuda de don Santiago, raro será que Lolita no se recupere.

¡Ánimo, señor diputado!

¿Rezamos, qué les parece?

Sí.

Creo en Dios Padre Todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra y en Jesucristo,

su único Hijo y Señor...

¿Viajar yo solo?

A ver, Roberto,

yo no seré Cleopatra Pérez, pero tú si puedes ser Marco Antonio.

Viaja a Suiza y convence a nuestro hijo.

Dile que la felicidad de Miguel está en juego.

A mí no me hará caso.

Le entregas mi carta, espero que sea suficiente.

Yo me quedaré para abrir el restaurante la semana que viene

como habíamos prometido.

De acuerdo, si además, necesitamos el dinero.

Qué tristes son los problemas de la gente honrada.

Nos acostumbraremos.

Ahora solo nos queda pensar qué le contamos a Miguel

para justificar tu ausencia.

Gracias por recibirme.

Necesitaba verle a solas.

Tú dirás.

Verá, don Marcos,

francamente, me he sentido desautorizado por usted,

como letrado y hasta como persona.

Sabe que lo que propone don Aurelio es de desaprensivos.

Miguel, es lo que harán las empresas mercantiles

de todo el mundo.

En eso caso, lo siento mucho, de veras,

presento mi dimisión.

No. No seas tan impulsivo.

Aprende a ser pragmático y adáptate a las circunstancias.

¿Y ceder ante don Aurelio?

Es mi socio, y en este caso tiene razón.

La guerra nos proporcionará pingües beneficios

y no podemos desaprovechar la oportunidad.

En eso caso, me reafirmo.

Mi conciencia no me permite seguir en esta compañía.

Considere mi dimisión formal.

No es negociable.

Cuando decidas dejar de comportarte

como un mozalbete inmaduro y repleto de inseguridades, dame aviso.

¿Ha olvidado las fobias que parecía compartir sobre los criollos?

Y no solo eso,

está encantado de tenerles como feligreses.

Tenía usted razón, Genoveva,

los donativos obran milagros.

¿Qué puedo hacer para que este pobre ángel se salve?

Resignarte, esperar...

y aceptar los designios del Señor.

¿Adónde va? Y lo más importante, ¿por qué motivo?

Voy a mi pueblo natal.

No me ha respondido a la segunda pregunta.

Últimamente están como el perro y el gato.

En mi opinión, ese muchacho es poca cosa para una mujer como Anabel.

Ay, José, ¿tendré que contar mis intimidades a ese hombre?

Le contarás lo que quieras contarle, y punto,

que pa eso es tu biografía, aunque vaya a escribirla otro.

¿A que se parece mucho a don Armando?

Cómo no se va a parecer, si es mi Armando en persona.

Es un pequeño detalle por la invitación a la embajada.

La luciré encantada.

Genoveva no da puntadas sin hilo, si me ha contado lo de la embajada,

es porque quiere seguir defendiendo a Natalia Quesada.

Y si defiende a esa mujer, es porque quiera algo de ella.

A nuestros ávidos lectores les interesará

los terribles sucesos que ha tenido que sufrir en los últimos tiempos.

Ha llegado la hora

de que hablemos sobre la muerte de Carlos Armijo.

Poco puedes decirme que yo no sepa.

Le arrebataron la vida a traición.

Y tengo delante de mí a su asesino. -No, te equivocas.

Yo no maté a Carlos.

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Acacias 38 - Capítulo 1335

24 sep 2020

La relación entre Miguel y Anabel sufre otra crisis cuando Roberto informa a su nieto de la extraña escena que presenció entre su novia y Aurelio. Miguel pide cuentas al mexicano y este más tarde le humilla en presencia de Marcos. El joven abogado presenta su dimisión.
El consejo de Genoveva a los Quesada para que donen dinero a la parroquia comienza a dar sus frutos y Natalia invita a la señora a una fiesta en la Embajada Italiana.
El temor del pasado de Soledad la atemoriza mientras se entrega en brazos de Marcos.
Antoñito pierde la paciencia al no haber mejoría en la salud de Lolita. Ramón y Cajal le suministra una nueva dosis y consuela como puede a la familia.
Una editorial ofrece escribir la biografía de Bellita para publicarse junto con el disco.
Roberto viajará a Suiza para ver a su hijo y a su nuera.

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