www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5665936
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1331 - ver ahora
Transcripción completa

En un rato vendrá otro médico,

espero que confirme el diagnóstico.

Pero, padre, ¿no me ve? Estoy prácticamente recuperada.

Y te creo.

Pero no me fío de nada que tenga que ver con los Quesada.

-Un favor, que cuando yo falte,

si mi marido...

sigue sintiendo algo por uste,...

le haga feliz. Piénseselo.

Como veía que querían tanto a Arantxa,

se me ocurrió parecerme a ella.

Te apreciamos mucho, Alodia, más de lo que te piensas.

Don Santiago Ramón y Cajal ha accedido a tratar a Lolita.

No puede estar en mejores manos, todo un premio Nobel.

La gran Bella del Campo va a grabar un disco en breve.

(Aplausos)

-"Tengo que contarte algo".

Algo que podría influir muy seriamente en tu vida.

¿Puedo sugerirle que tengamos un...

un momento

que sellara nuestra, digamos, asociación?

¿Tiene alguna predilección?

Abuela, dígame lo que me iba a decir,

que me está alarmando con su silencio.

(SUSPIRA) Miguel,...

ni siquiera sé por dónde empezar.

Es muy fácil, abuela, por el principio.

Por sus dudas, puedo ver que es algo de suma enjundia.

Verás, Miguel, hay algo...

que debes saber,... que tengo que contarte.

No puedes homenajear a tus padres

como te gustaría, porque tu abuelo...

Porque murieron en un naufragio.

Roberto, no te he oído entrar.

Ya me he dado cuenta.

Abuelo, la abuela me iba a contar algo referente a mis padres.

Ya lo he oído, pero yo acabo de hacerlo por ella.

¿Pretenden hacerme creer que algo que le costaba tanto decirme,

es algo que yo ya sabía?

No, Miguel, no, es...

que al morir en alta mar,

no...

no hay tumba que visitar

ni lugar donde poner unas simples flores.

Eso no era lo que me quería contar.

-Sí.

Algo me ocultan.

No, hijo, te equivocas, de verdad, te equivocas.

Es...

es la pena que me produce

el que no puedas homenajear a tus padres como te gustaría,

de verdad.

Te lo ruego, Miguel, no insistas.

Aunque hayan pasado ya 15 años,

la desaparición de tus padres sigue causándonos un hondo pesar,

tanto a tu abuela como a mí.

Nos duele la vida hablar de ello.

Está bien.

Pero al menos, contéstenme a una pregunta.

Tú dirás.

¿Estaban mis padres al tanto, como lo estoy yo ahora,

de a qué se dedicaban realmente?

¿Te refieres a nuestra carrera delictiva?

(ASIENTE)

De ninguna manera.

Nunca supieron nada de nuestros robos.

¿Es así, abuela?

¿Nunca sospecharon nada?

Bueno, quizás algo intuían, una ligera sospecha

de que podíamos llevar una doble vida, pero nada más.

Te lo aseguro, hijo.

Ya.

Bueno,...

serían los primeros en alegrarse de que hayan tomado el buen camino.

Sí, yo también estoy seguro.

(Sintonía de "Acacias 38")

No imaginas cómo me ha gustado verte cenar de nuevo con tanto apetito.

La verdad es que me encuentro mucho mejor, padre.

Poco a poco, me voy reponiendo. -Se ve a simple vista.

El color ha vuelto a tus mejillas.

Supongo que mi recuperación habrá calmado sus resquemores

hacia Aurelio.

El segundo médico confirmó palabra tras palabra,

el tratamiento del doctor que envió Aurelio.

Ya, muy bien, pero yo quería una segunda opinión, Anabel.

Entonces, ¿ya confía en que Aurelio no actuó con mala intención?

En lo que se refiere a Aurelio,

de mis labios nunca saldrá la palabra confianza.

Pero, bueno, estoy más tranquilo, sí,

después de que haya venido el médico.

(EXHALA)

Y...

hablando del médico,

te recuerdo que insistió en que siguieras guardando reposo.

¿Por qué no te vas a dormir pronto? Deberías descansar.

En un rato, Soledad te llevará un vaso de agua y el suero.

Seré obediente.

Que descanse, padre.

Por fin estamos a solas.

¿A "solas"?

Su hija está en la alcoba.

Lo suficientemente lejos para que no pueda oírnos ni vernos.

Soledad,...

no he dejado de pensar en ti ni un solo momento.

Pare.

Deténgase, señor, Anabel podría regresar en cualquier momento.

Me pides demasiado.

Soy incapaz... de contener mi deseo.

Tendrá que hacerlo.

Seguro que encontramos el momento, señor.

Yo también le he echado de menos.

(Suenan las campanas en Acacias)

No veía el momento de ir a comprar el diario.

¿Dicen algo de la rueda de prensa?

Pues claro, no podía ser de otra forma.

Mira, mira, le dedican muchas páginas, y en sitios destacados.

La noticia de que va a sacar nuevo disco ha calado hondo.

Yo de usted no estaría tan orgulloso,

que la señora parece enfadada por eso.

Estás muy equivocada, Alodia, no estoy enfadada, estoy furiosa.

¿Ya te has levantado, sol de mi vida?

Chist. Ten cuidado, Jose,

que este sol te va a abrasar hasta dejar de ti solo cenizas.

¿Se puede saber en qué estabas pensando

a la hora de meterme en semejante embolado?

En tu bien, ¿en qué quieres que piense?

Por mi bien, otra vez, ten la boca cerrada, malaje.

¿Habrase visto mayor desfachatez

que aprovechar la reunión con los plumillas para anunciar

a traición? ¿Has perdido el oremus?

No. Al contrario, nunca he estado más cuerdo.

Mira, todos los diarios de España se hacen eco de la noticia.

Mira.

Peor me lo pones, mayor será el ridículo cuando no haya disco.

De ninguna manera.

Ahora estás en boca de todos,

y ya no por el dichoso acosador,

es por la expectación que ha despertado el anuncio de tu vuelta.

Cante el que voy a dar.

¿Cómo pretendes que saque un disco

si no tengo ni una canción nueva que interpretar ni ánimo para hacerlo?

Si no hay canciones, se componen.

Que los maestros y letristas del mundillo de la copla te rifan,

y pronto estarán llamando a tu puerta ya mismo.

Y si no tienes ánimo, te animas.

Y si no tengo marido porque lo he asesinado, me busco otro.

Pero ¿no te das cuenta de que tus admiradores

van a esperar ese disco con los brazos y las billeteras abiertas

tras el exitazo del anterior?

Eso es cierto, señora. Ya me han preguntado varias criadas.

¿Lo ves?

¿No querrás defraudar a tus admiradores tras haberlo anunciado?

Yo lo que no quería era convocar esa puñetera rueda de prensa.

¿Por qué demonios te haría caso?

Mujer, pero...

Mira, desayuna un poquito,

ea, seguro que después lo ves todo de otro color.

¿No quieres una magdalena?

(SUSURRA)

Carmen,...

deja de limpiar y tómate un café conmigo.

Ramón, que ya me he tomado uno.

Estoy tan nerviosa por la entrevista de Antoñito con Ramón y Cajal,

que no soy capaz de estarme quieta un segundo.

Yo también estoy con el alma en vilo.

Ese sabio es la última esperanza de Lolita.

Ojalá encuentre cura para ella.

Y que sea pronto, porque...

mucho me temo que ya ha tirado la toalla.

¿Tú crees?

Después de lo que ha sucedido, sí, no me cabe duda.

Ramón,...

debes saber...

que, ayer mismo quiso ver a Natalia Quesada.

¿A Natalia?

¿Para qué?

¿Acaso quería cantarle las cuarenta?

Ojalá hubiese sido para eso.

Le rogó que...

cuando ella falte, hiciera feliz a tu hijo.

Dios santo.

Se me erizan los cabellos al escucharte.

Lolita ya solo piensa en dejarlo todo atado.

¿Y cree que mi hijo va a ser feliz cuando ella no esté?

Pero si mi hijo no se imagina su vida sin ella.

Y la verdad es que yo tampoco.

Lolita es la luz de esta casa.

Dios quiera que esta pesadilla no se convierta en realidad.

Yo rezo todos los días porque así sea.

De hecho, luego iré...

a la iglesia a hacer una ofrenda.

Haces bien, Carmen.

A ver si tú, con tus oraciones y mi hijo rogándole a la ciencia,

conseguís que las dos fuerzas se junten

y Ramón y Cajal le dé una buena noticia a mi hijo.

No llores.

No llores.

Tenemos que ser fuertes.

Sobre todo, por ellos.

(Puerta)

Ahí viene Lolita.

Disimulemos nuestra pena delante de ella.

(LOLITA TARAREA UNA NANA)

¿Y Moncho?

Dormidito está.

Le estaba cantando por si me escucha en sueños.

Es su nana favorita.

Lo sé.

A mí también me gusta escucharte cantársela.

Carmen,

¿podría hacerme un favor?

Ya sabes que sí, dime.

¿Podría preguntarle a los Domínguez

cómo se graba un disco de esos de gramófono?

¿Y si cuesta mucho parné?

¿Por qué quieres saberlo?

Me gustaría grabarme para dejarle mi voz

en un disco de esos a mi Monchito.

Así podría recordarme...

y escuchar mi nana cuando quiera.

No será necesario,

tú misma se la vas a poder cantar todos los días de su vida,

incluso cuando tu hijo sea un hombre hecho y derecho.

Ojalá eso fuera posible, suegro.

Lo será, hija.

Te vas a curar, seguro.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

¿Dígame?

¿Una conferencia desde Austria?

Sí, claro que la acepto.

Señor Cuevas,

¿está ya en Viena?

Ajá.

Felipe se ha reunido con su hijo.

No, de momento no haga nada más.

Aguarde mis instrucciones.

Y, sobre todo, no les pierda de vista.

Gracias.

Estabas equivocado, Jose,

desayunar no ha aplacado mi furia.

Quizás tengas que desayunar dos veces.

Ni diez docenas harán que olvide lo que has hecho.

¿No me vas a perdonar, cariño mío?

¿No ves que todo lo he hecho es por tu bien?

Si así fuera, habrías empezado por decírmelo

y no haber actuado a mis espaldas.

Pensaba que si te avisaba, te negarías.

A la vista está que no andabas desencaminado.

Bien me conoces. -Por eso,

porque te conozco muy bien lo he hecho.

No quiero que te atenace ninguna tristeza ni inseguridad

tras el episodio tan amargo que has vivido.

Eres la mejor y lo tienes que demostrar como bien sabes,

cantando, bailando y triunfando.

¿No es así, amor mío? -Pues nones.

No me embrolles con tu palabrería, que tienes un piquito de oro.

Estoy furiosa,

no me vas a convencer tan fácilmente.

Tiene a la señora contentísima.

Descuida,

que ya se irá dando cuenta de qué es lo que más le conviene.

Uno siempre ha cuidado de su carrera.

Sí, señor, y de toda ella.

No sé qué sería de doña Bellita sin usted.

La bodega está quedando como nueva,

casi mejor que al principio, ¿no te parece?

Hombre...

¿Qué pasa, que no me vas a dirigir la palabra?

Mira, que me he dejado la piel limpiando.

Y se nota.

Lo has hecho estupendamente, no como otras cosas.

¿Qué pasa? ¿Sigues molesto por lo de Miguel?

¿Te extraña?

No llego a aparecer a tiempo y lo hubieses estropeado todo.

Ya, Roberto, pero yo creo que le deberíamos haber dicho...

No trates de justificarte, que no tienes excusa alguna.

¿Cómo puedes ser tan floja, Sabina?

Has estado a punto de revelarle a nuestro nieto

el secreto mejor guardado de la familia.

Quizás llegó el momento de que deje de serlo.

Si ha llegado la hora de la verdad para Miguel,

debería serlo en todos los aspectos. -No en todos.

Miguel no debe saberlo bajo ninguna circunstancia.

¡Llevamos años ocultándoselo y así debe seguir siendo, Sabina!

Roberto, Miguel tiene derecho a saber

que no es huérfano como él pensaba,

que sus padres están vivitos y coleando.

¿Tú qué pretendes, que su vida salte por los aires?

Y también la nuestra, todo sea dicho.

¿Acaso no lo ha hecho ya, Roberto?

Miguel ya sabe quién son sus abuelos.

Ahora debería saber la verdad sobre sus padres.

¡Nunca, Sabina, nunca!

¿Y bien, qué le parece?

¿Estará satisfecho por la compra de la mina?

¿Cómo no estarlo? El contrato es perfecto.

Le felicito.

Pero me hubiese gustado que me hubiese avisado de su regreso.

Y también un par de términos que no entiendo de su viaje.

Mire, Aurelio, no crea ni por un segundo

que nuestra sociedad me obliga a darle cualquier tipo

de explicación de mi comportamiento. -Lamento disentir,

y menos, en cuitas de tanta enjundia.

Bueno... Está bien, acabemos ya con esto.

¿Qué necesita saber, concretamente, qué le tiene tan disgustado?

Pues mire, principalmente,

no entiendo por qué tuvo que ir usted en persona a Oviedo,

cuando sería Miguel Olmedo.

Acordamos que sería nuestro abogado quien se desplazaría

para la firma del contrato.

Lo impidieron causas de fuerza mayor.

Vaya, qué curioso, la misma respuesta que me dio Olmedo.

Si ya sabía la respuesta, no sé para qué me pregunta.

Porque no me dio confianza, al igual que ahora.

Parece una respuesta para salir del paso, para no contestarme.

Y yo no comprendo por qué le molesta tanto

que fuera yo a resolver la venta.

Le ha venido muy bien mi ausencia, ¿no?

No le comprendo.

Me comprende perfectamente.

Tardó unas horas en aprovecharse de mi marcha para ver a mi hija.

Lamento profundamente...

que en lugar de agradecerme mis atenciones hacia Anabel,

me reproche mi acercamiento.

Ya le habrá dicho su hija lo atento que fui.

Cuando ella enfermó, yo le busqué atención médica.

Sí, me lo ha contado mi criada.

Y no un médico cualquiera, sino el de la embajada mexicana,

de quien supongo, usted no desconfiará, claro.

Mire, don Marcos, soy un caballero y estimo mucho a Anabel.

No hay mala intención por mi parte.

Si hay algo de lo que usted carece, es de eso, de ser un caballero.

Si entra en mi casa,

será estrictamente por motivos empresariales.

Nada tiene que buscar con mi hija. ¡¿Le ha quedado claro?!

(ASIENTE)

Qué alegría nos ha dado verla de nuevo en los papeles.

Y, en esta ocasión, con tan buenas noticias.

Qué callado se tenía lo de su nuevo disco.

No sabíamos nada.

No me extraña, la verdad es que yo tampoco.

Pues es el momento exacto para hacerlo,

está en boca de todos.

Ha demostrado ser un águila aprovechando este momento.

¿Ustedes creen?

Doña Bellita.

Disculpen que las interrumpa, pero no quería perder la ocasión

para agradecerle a doña Bellita que me haya alegrao el día.

Ah.

No hay de qué, más que nada porque, que yo sepa, no he hecho nada.

¿Cómo que no, señora?

¿Le parece poco anunciar nuevo disco?

Veo que también ha leído el diario.

Una servidora y toda Acacias.

Indalecia me ha contao que se han vendido todos los periódicos

porque el barrio entero está pendiente.

Mira qué bien.

Todos esperábamos ese disco muy ansiosos, señora.

Yo creo que nuestros vecinos están más interesados

en el anuncio de su disco,

que con especular sobre quién atentó contra Francisco Fernando.

-¿El archiduque?

¿Y ese archiduque de dónde ha salido?

¿No sabe quién es?

No tengo el gusto.

Bellita, por Dios, ¿en qué mundo vive?

¿No se ha enterado que toda Europa está a punto de entrar en guerra?

Han asesinado a los herederos del Imperio austrohúngaro.

Hoy se cumple exactamente un mes de la noticia,

vamos, que no son noticias frescas.

Como se nota que estaba escondida, pero escondida...

Algo le había oído comentar a Jose,

pero pa asesinatos estaba yo.

A mí la política ni me va ni me viene.

Pachasco que sí, señora,

que uste es una artista de los pies a la cabeza.

Su vida es su arte

sin que nada más le importe.

Mujer, tampoco es eso.

No lo niegue, señora.

Su alma está centrada en la música,

en los sentimientos

y, por eso, todos esperábamos su nuevo disco con tanta ansia,

para borrar

de nuestra mente las penas mientras lo escuchamos.

Arrea, Fabiana, qué bonito te ha quedado eso.

Y no he exagerao ni una miaja.

Tenga por seguro que ese disco será un éxito.

En tiempo oscuros se precisa

más que nunca de su arte.

¿Quién me iba a decir a mí que añoraría tanto al sereno?

Es verdad,

el bueno de Cesáreo se hace querer.

Y han sido muchos años juntos, hemos vivido muchas cosas.

(RÍE) Eso sí,

lo hemos terminado por todo lo alto, en el cabaré.

(CHISTA) Calle, que las paredes tienen oídos.

No te preocupes por eso, Jacinto. Ya.

Por que Fabiana no le dijo nada a Arantxa,

que si no, se lía gorda.

Se hubiese enterado hasta mi Marcelina.

Venga ya.

Reunión de pastores, oveja muerta.

¿Qué hacen ahí tan calladitos?

Na que te importe, Indalecia.

Que me importe o no, ya lo decidirá una servidora cuando se entere.

¿Eh?

¿Qué andan ocultando?

Nada, no ocultamos nada,

tan solo estábamos recordando a nuestro querido compadre Cesáreo.

Mire que miente mal, Servando, y eso que practica lo suyo.

Desde la calle los he visto cuchicheando.

Vete a vender periódicos, que está muy feo espiar a los demás.

Ya los he vendío todos, hasta la edición de esta tarde, na de na.

Pues vete a vender flores, que Marcelina te envío por algo.

Sí, pa tenerte vigilao, que una no se fía de ti.

En fin,

será mejor que vuelva pal quiosco.

Ya me enteraré yo de qué está pasando aquí.

La leche.

Ya puedes tener cuidado con la Indalecia,

no se le escapa una. Es peor que un perro guardián.

¿Será verdá que la Marcelina la ha mandao pa vigilarme?

(RÍE) Sí, hombre, sí,

pa quitarte de encima a tus admiradoras,

no te amuela. Oiga, ¿de qué se ríe?

Mi Marcelina tiene motivos para ponerse celosa,

que uno es un pollo bien plantao que afina el yepaia como nadie.

Se lo demuestro. No, no, no,

guárdate tu yepaia pa cuando venga tu esposa.

¿Le apetece que demos un paseo? -Sí, por supuesto.

Lo primero, le estoy muy agradecido por haberme recibido,

entiendo que alguien de su categoría estará muy ocupado.

Descuide, tan solo espero poder resultarle de alguna utilidad.

Si usted no puede ayudarme, nadie más podrá hacerlo.

Reconozco que es mi última esperanza.

Mis colegas me han puesto en antecedentes

de la enfermedad que padece su esposa.

¿Ha podido ver los resultados de las pruebas?

Sí, las he estudiado con sumo detenimiento.

Verá,...

la dolencia de su esposa es muy grave, casi definitiva.

Sí, sí, soy plenamente consciente.

¿Está informado de que en el extranjero

se está trabajando en un tratamiento eficaz

para este tipo de dolencias tras los fracasos anteriores?

Sí, me reuní con el doctor Ramos,

él me habló de ese tratamiento experimental en Alemania.

Conozco bien a mi colega, el doctor Ramos.

Pero los estudios en Alemania están en una fase experimental,

aún lejos de obtener resultados plenamente satisfactorios.

Yo no me refería a esos.

¿Ah, no? -No.

Estoy al tanto de la labor de un grupo de médicos franceses

que han realizado otro estudio, este sí, en una fase ya avanzada,

que por desgracia,

las pruebas con humanos no se han iniciado

y no disponen de un medicamento específico

y que esté aprobado por las autoridades sanitarias.

Aun así, sus palabras me han brindado cierta esperanza.

He de ser sincero con usted,

la enfermedad de su esposa está muy avanzada.

No sé si tiene sentido tratar de ponerse en contacto

con los médicos franceses.

Yo, le pido, por favor, que haga lo que esté en su mano.

Necesito que salve la vida de mi esposa.

Estimado amigo, créame, lo siento en el alma,

pero yo no hago milagros, solo soy un hombre de ciencia.

Soledad, ¿puede hacer el favor de venir un momento?

Sí, claro. Dígame.

¿Le importaría retocarme el peinado?

Por supuesto. Siéntese aquí.

Permítame que le diga que no le hace falta,

está usted preciosa.

Me alegra mucho verla tan recuperada,

arreglada y lista para salir.

Mi padre me ha animado.

¿Su padre? -Sí.

Cree que me vendrá bien tomar un poco el aire y distraerme.

Ha sido tan amable, que me ha dado dinero

para que fuera de compras.

Creo que tiene razón y me vendrá bien salir.

Han sido demasiados días de encierro.

Pasear con Natalia por los almacenes será la mejor medicina.

¿Y esa cara tan seria, Soledad?

¿No le parece conveniente que salga de casa?

No, no, creo que su padre tiene razón,

y le vendrá muy bien ese paseo.

Ya está. No haga esperar a su amiga Natalia.

Cuando vuelva, tendrá preparada su cena favorita.

Gracias, Soledad, me mima demasiado.

Con Dios. -Con Dios.

(Puerta)

¿Ha marchado ya Anabel?

Por lo que me ha dicho,

parece que ha querido quitársela de encima mandándola lejos.

No andas desencaminada. -¿Por qué lo ha hecho?

No me lo diga.

Quiere quedarse a solas conmigo.

De nuevo aciertas.

Permítame... -No hace falta que continúes,

sé lo que me vas a decir.

Pero...

poco me importa la moral y el decoro

y el luto por mi viuda.

Felicia, por desgracia, ya no está entre nosotros.

Temple, señor, no pierda la cabeza.

Estoy loco por ti.

No puedo esperar ni un segundo más.

Buenas tardes, Servando. ¿Has visto a Antoñito o a Ramón?

Creo que don Antoñito había quedado con un científico de renombre.

Así es, con Ramón y Cajal.

Pensé que era con uno, no con dos.

Es que es... Es igual.

Quería saber cómo había ido el encuentro

y saber de Lolita.

Acérquese a la mantequería,

seguro que Carmen la está atendiendo y podrá darle razones.

Eso mismo pensaba yo, Servando, pero está cerrada.

Y tampoco he visto a don Ramón en todo el día

Estoy preocupado.

Algo raro está pasando.

Fíjese, con las malas noticias que hay en el periódico

sobre el enfrentamiento entre Austria-Hungría y Serbia,

pensé que tendría el salón repleto de caballeros.

Y Ramón el primero.

Efectivamente. Pues ya ve, estoy más solo que la una.

Ya veo, Servando, ya veo.

Si ve a los Palacios, dígales que les busco.

Aguarde un suspiro. ¿Por qué tamaña prisa?

Deje que le convide a un café.

Muy generoso estás hoy.

A la fuerza ahorcan, todo sea por ver un poco de movimiento.

Le voy a ofrecer una mezcla nueva que me han traído,

que le va a agradar.

Ay, Liberto, aquí te encuentro.

¿Va todo bien? Parece alterada.

Ojalá solo lo pareciera.

Siéntese conmigo. Siéntese y cuénteme.

¿Has tenido noticias de Felipe desde Austria?

No, pero habrá llegado a su destino sin problemas, ¿por qué?

Acabo de recibir telegrama de Armando.

Me alegro, hace tiempo que no tenía noticias suyas.

Las que he recibido ahora

no son especialmente tranquilizadoras.

Se trata de un mensaje muy breve, parece una despedida.

¿Está segura de eso?

Puedes leerlo tú mismo.

(LEE) "Espero que estés bien".

"Susana, siempre te llevaré conmigo".

¿Es o no es una despedida?

Seguro que mi esposo tiene información privilegiada.

Sabe que la guerra en Europa va a estallar y teme morir.

Por eso se despide de mí. Tiene que ser eso.

Les agradezco de corazón su visita.

Arrea, Lolita, déjate de formalidades,

que nosotras también estábamos deseando verte, mujer.

Tienes buen aspecto.

Sé que eso no es verdá, Casilda,

pero se agradece.

Eso sí, hoy me encuentro más fuerte.

Pachasco que sí, no hay más que verte la cara.

Ya, dejemos de hablar de una servidora.

Tan solo queremos animarte, Lola.

Y lo hacéis con vuestra presencia.

Que tú, para mí, eres como una hermana, Casilda.

Y uste, Fabiana, como a una madre.

Y nosotras también te queremos con toda nuestra alma, hija.

Lo sé.

Por eso, les pido que dejen de hablar de enfermedad y de muerte.

Quiero escuchar chismorreos y cuitas bien alegres.

Pues no pides poca cosa, que eso no abunda en Acacias.

Ay, tampoco es eso, Casilda.

Olvidas que hace na despedimos al Cesáreo y Arantxa.

Eso es bien cierto,

se marcharon to enamoraos pa las Vascongadas.

Y mira, incluso organizamos una boda de mentirijilla pa ellos. (RÍE)

Y tanto que era de mentirijilla, como que Servando era el sacerdote.

Tenías que haber visto

el beso que se dieron la Arantxa y el Cesáreo,

y eso, que al principio, la vasca le dijo que nones.

Ya sabes que Arantxa es mucha Arantxa.

Algo me habían contao.

Vinieron a despedirse.

Ellos son muy buena gente.

Quiera Dios que sean muy dichosos.

Que na les separe ya.

Ay, escucha, que esa no es la única buena nueva que traemos.

No sé si te habrás enterao de que Bellita del Campo

ha anunciao un nuevo disco.

Más bien, lo ha anunciao su esposo.

Según me contó la Alodia,

la diva está de uñas con don Jose.

Bueno, sea como sea,

lo único que importa es que ella nos siga regalando su arte.

Diga que sí, Fabiana.

Ojalá pueda escuchar ese disco.

Mujer, qué cosas dices.

-Ea, ea, ea.

¿Qué más cosas me pueden contar? ¿Cómo va la vida por el altillo?

Poca novedá.

Bueno, yo echo mucho de menos a la Marcelina.

Es que, Indalecia, su prima,

no termina de ser santo de tu devoción, ¿no es así, Casilda?

No se equivoca uste, seña Fabiana.

Al menos, la Alodia me alegra los días.

¿Sabes, Lola?

El altillo nunca fue el mismo desde que te fuiste.

En eso coinciden todos.

Fueron muy buenos tiempos,... lo echo de menos.

(RÍE) ¡Ay!

¿Os acordáis?

Trabajábamos como mulas,

pero también sabíamos disfrutar de los buenos momentos.

Quía, seña Fabiana, no hable en pasao,

que yo sigo faenando como una mula.

Y si no lo hago, ya se encarga doña Rosina de que lo haga.

Lola.

Lolita.

Lolita, ¿estás bien?

No.

Dinos algo, que nos estás asustando.

¡Ay!

Esta niña se está ahogando. Que se está ahogando.

Hija, Lolita.

Casilda, no te quedes ahí como un pasmarote, ¡corre!

¡Ve a buscar ayuda! ¡Corre, busca ayuda!

¡Seña Carmen, seña Carmen! -Hija, ya.

(LOLITA SE QUEJA Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

Ya, ya, ya, ya.

Hemos vuelto mucho antes de lo que esperaba.

No es raro,

nunca te he visto elegir con mayor rapidez lo que deseabas.

Es la primera vez que tú regresas de compras

con las manos vacías, al menos que yo recuerde.

No tenía ánimos para comprarme nada, Anabel.

Ya lo he podido comprobar.

A ti te pasa algo,

y debe de ser grave para evitar que te encapriches ni de un pañuelo.

¿No me lo vas a contar?

No tiene mayor importancia.

Seguro que, poco a poco, me voy animando.

Yo no lo diría tan convencida.

Sea lo que sea lo que te sucede, te noto demasiado mustia.

Miguel.

Anabel.

Natalia.

¿Venís de compras?

Qué observador.

Bueno, os dejo solos,

no quiero interrumpir tan agradable y fluida conversación.

Aguarda, te acompaño.

No es necesario. -Insisto,

pero antes acompáñame a dejar los paquetes en casa.

Perdóname, Miguel,

ya seguiremos hablando en otro momento.

Claro, sin problema.

¿"Venís de compras"? Seré estúpido.

Tienes ante ti, auténticas joyas de la canción española, Alodia.

Diga usted que sí, señor.

En estos discos, mi Bellita desplegó todo su arte.

Por eso se han vendido a miles por el mundo.

Están llenos de duende en cada uno de sus surcos.

Se le ve muy orgulloso de ellos.

No es para menos.

Quiero pensar que en todos ellos he puesto mi granito de arena.

Apoyándola,

alentándola a interpretar como solo ella sabe,

recordándole el origen de cada canción

para inspirarla para grabar.

No lo dudo. Y seguro que ella también lo cree.

No. Bueno... Quiero decir que...

ella nunca se ha percatado de mi labor constante.

Pero eso es injusto. -Injusto o no,

así seguirá siendo.

Nunca le he echado en cara mi ayuda.

A veces,

a veces he pensado que soy un tonto por animarla

una y otra vez a seguir y seguir

y que no abandonara nunca su carrera.

No diga eso, señor. -Es la verdad, Alodia.

Mira si no ahora, como la he disgustado.

Me tendría que haber callado.

A ver, sí que es cierto que la señora está un poco enfadá,

ya lo ha visto con sus propios ojos.

Te juro que esa no era mi intención.

Yo solo trataba de ayudarla, una vez más.

(BELLITA CARRASPEA)

Mi amor, no te habíamos oído.

¿Llevas mucho allí?

No, Jose, acabo de llegar.

Lo he pensado bien, lo he pensado bien,

voy a hablar con todos los diarios, uno a uno,

y me disculparé por mis palabras en la entrevista.

Te juro por lo más sagrado que desharé

el entuerto que yo he creado.

Avisaré a todos de que no habrá disco ni na de na.

Jose, escúchame,...

nunca más me inmiscuiré en tus asuntos profesionales.

Aunque crea que es algo bueno para ti, pero...

Yo, yo... -Jose,

por favor, cállate de una santa vez,

que cuando te embalas eres peor que un sacamuelas.

Mejor así.

Jose, tú... te seguirás metiendo en lo que te dé la real gana.

Si soy alguien en la vida

es, en parte, gracias a ti. Bien lo sabe una.

Ninguno de esos discos hubiese sido lo mismo sin ti.

Te necesito,

y no solo como enamorada esposa,

también como artista.

¿Qué le decía, señor?

Sí, bueno,

y sobre ese disco que con tanto bombo has anunciao,

está bien, lo haré.

¿Estás segura de eso?

Sí, Jose.

No puede haber mejor momento.

Has tenido una idea estupenda, como acostumbras.

Grabaré ese disco

y será un éxito.

¿Estoy soñando?

Bueno, si es así,

espero que esto te despierte.

¿Qué? ¿Te has despertado ya?

Pues no, pues no.

¿Te puedes creer que estoy todavía un poco...?

Antonio, hijo, al fin regresas.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué están así?

Padre, por favor, diga algo.

¿Es Lolita?

¡Lola, cariño! -Espera, Antoñito.

A Lolita le ha dado un síncope y...

(LLORA)

¡Lolita!

¡Lolita!

Ya era hora, esgraciao,

tengo a la clientela preguntándome por el vespertino.

Será...

En siquiera se ha molestao en inventarse una excusa.

Agradecida.

Con Dios.

A las buenas.

Arrea.

¿Qué diantres está sucediendo?

Don Liberto, doña Susana.

¿Qué ocurre, Servando?

Miren lo que viene en la prensa.

Me lo ha prestado un huésped.

Lo sabía, lo sabía.

No es posible. -Dios mío.

Muy buenas, Indalencia.

¿Qué es esto? ¿A qué viene semejante agitación?

Mírelo usted mismo, don Aurelio.

Apunte esta fecha, Indalecia,

28 de julio de 1914.

Algo me dice que tardaremos en olvidarla.

Se acerca una gran desgracia, me lo advirtió Armando en su telegrama.

"Espero estés bien. Susana, siempre te llevaré conmigo".

A mí todo esto me parece algo premonitorio,

como si quisiera prevenirle de algo.

Mis contactos en Francia y en los Países Bajos están avisado.

Soledad.

¿Está ahí?

Traía unas pastas para acompañar el café.

¿Estaba escuchando desde el pasillo?

Creo que quedó claro.

¿Y si empieza a indagar y se da de bruces con la verdad?

Eso sería traumático.

Con el Hotel Intercontinental de Viena.

Quiero hablar con el señor Cuevas.

¿Cómo que no le localiza?

No sé cómo será el repertorio, con suerte,

estará en un par de meses.

¿Le dará tiempo a preparar todos los temas?

-"¿Recuerda que le hablé de un medicamento?".

Sí, el del equipo francés.

He de advertirles

que no ha sido probado en humanos.

Lo que Lolita quiere es curarse.

Pero necesito que sea ella quien dé la autorización

para emprender el tratamiento.

-"¿Que hablemos de Soledad?".

Está muy pendiente de mí.

Me refiero a la manera en que lo estaría una madre.

Soledad me ha preguntado por ella.

¿Te ha preguntado por tu madre?

Lola, por favor, ese tratamiento experimental

es nuestra última oportunidad.

No quiero pasar mis últimos días...

luchando contra lo inevitable.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1331

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1331

18 sep 2020

Miguel sigue indagando sobre el pasado de sus padres y Roberto evita que Sabina se vaya de la lengua. Así es como descubrimos ¡que los padres de Miguel siguen vivos!
Peor les va a Miguel y Anabel, que tras su última discusión intentan templar los ánimos sin ningún éxito ¿estará roto su romance?
Lolita afirma estar preparada para recibir la muerte… Pero Antoñito no se rinde, se reúne con el Dr. Ramón y Cajal, aunque el sabio no puede darle muchas esperanzas.
Genoveva no cesa en su persecución a Felipe y descubre gracias a sus espías que su marido ha llegado sano y salvo a Austria.
Bellita pide cuentas a Jose por anunciar por sorpresa el lanzamiento de un nuevo disco. Aunque la folclórica se anima cuando descubre la expectación que hay tras el anuncio entre las mujeres de Acacias.
El diario vespertino trae una noticia que hace temblar al barrio: se acaba de iniciar una guerra en Europa.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1331" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1331"
Programas completos (1384)

Los últimos 4.046 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

El administrador de la página ha decidido no mostrar los comentarios de este contenido en cumplimiento de las Normas de participación

comentarios.nopermitidos