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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1329 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Marcho a la mantequería.

Espera, hija.

Quiero decirte una cosa.

Estamos muy contentos de que te hayas reconciliado con mi hijo.

Supongo que has hecho un gran esfuerzo para perdonarle.

Por eso te lo queremos agradecer,

ver a la familia unida de nuevo es toda una alegría.

Pues sí, no ha sido nada fácil.

Me siento muy mal cuando recuerdo que mi marido...

se acercó a esa mujer, pero es momento de cerrar esa herida.

Estás siendo muy generosa con él y con todos.

No quiero pasarme el poco tiempo que me queda enfurruñá

por algo que no tiene importancia. -No digas eso,

todos vamos a seguir luchando para que te recuperes.

Has de ver como después de esto, te sientes mejor.

No se engañen, al igual que no lo hago yo.

Yo ya he aceptao mi destino,

lo mejor es que todos hagan lo mismo.

No digas esas cosas, no sabes lo que puede pasar,

todos estamos en manos de Dios.

Con el que me encontraré pronto, Carmen.

Todos nos tenemos que encontrar con él,

pero no tiene que ser tan pronto.

¿Qué te parece si me ocupo de dar de desayunar al niño?

Yo le preparo la papilla y me encargo de la mantequería.

No sufras por eso.

¿Por qué no te das un paseo? Eso siempre aclara las ideas.

Un poco de aire te vendría bien.

No se molesten, me siento bien.

No es ninguna molestia,

yo disfruto cada minuto que paso con mi nieto.

No te preocupes por nada, todo va a ir rodado.

Tómate tu tiempo.

Tienes que quitarte esas ideas de la cabeza,

porque no es menester que te amargues ahora

que te has arreglado con tu marido. Anda, toma.

Como si fuera tan fácil no amargarse.

(SUSPIRA)

Qué poquito me queda...

y qué triste va a ser.

¿Qué? ¿Cómo va la reforma del sótano?

Va, que ya es bastante.

Eh, pues aplíquese,

que el restaurante no puede estar cerrado por más tiempo.

Con lo bien que estaría yo disfrutando del dinero del atraco.

Íbamos a vivir como dos pachás tu abuela y yo.

Abuelo, no quiero volver a escuchar esas cosas.

Vale, descuida, que eso no pasará.

Lo que hay que hacer por el cariño a nuestros nietos.

Qué poco me gusta eso.

¿Qué sucede?

¿No habrás visto a un policía husmeando por aquí?

No, no es eso.

Es Natalia a la que he visto salir del 38,

seguro que ha ido a visitar a Anabel.

Parece que esas dos están estrechando su amistad, ¿no?

Eso parece.

No me gusta nada que Anabel esté en contacto con los Quesada.

Es normal que no te agrade, él es un arrogante y ella una libertina.

No, no son trigo limpio.

Miguel,

Aléjate de esos dos,

desde que llegaron al barrio, no han dejado de crear problemas.

Me agrada tenerlas en casa, aunque sea tan de buena mañana.

Siento decirle que esta no es una visita de cortesía,

tenemos que tratar temas de mucha enjundia.

Sea lo que sea, pueden sentarse.

¿Qué es lo que les preocupa? -Pues es que...

Venimos a hablar de Natalia.

Sí, no entendemos por qué se empeña en defender a esa joven.

¿Qué tiene que hacer esa pelandusca para que usted se dé cuenta

de que esa chica es una lianta? Hay que echarla del barrio.

Sí, esa joven no puede andar tan pancha

después de lo que le ha hecho a Lolita,

la pobre está languideciendo como una planta sin riego.

Señoras, me gustaría que pensaran por un momento

que pueden estar equivocadas.

¿Equivocada, yo? Escuche un segundo.

En esta sociedad,

las mujeres son siempre las culpables, y nunca las víctimas,

y los hombres pueden cometer la mayor de las felonías

y salir de rositas.

¿Está tratando de decirnos que Natalia es una víctima?

Es lo que pretendo.

Tanto Natalia como Lolita son víctimas de un hombre:

de Antoñito.

Él es el verdadero culpable.

Él engañó a su esposa

y quien sedujo a la joven Quesada.

Visto así...

Contéstenme a esta pregunta.

¿Por qué a los varones se les permite caer en sus tentaciones,

mientras se culpabiliza a las mujeres?

Porque los hombres tienen un impulso irrefrenable,

y somos nosotras las que tenemos que mantenernos

en los límites que marca la moral.

Culpabilizarle a ella es lo fácil, pero no es justo.

Créanme, he tratado a Natalia,

y no es la mujer fatal que todos dicen.

¿Está segura?

Completamente.

De hecho, está muy arrepentida;

se ha confesado con el párroco

y le ha escrito una carta a Lolita rogando su perdón.

Si ella puede perdonarla, nosotras no somos quien para criticar.

No fue usted tan indulgente cuando Marcia se acercaba a Felipe.

Lo sé,... y me arrepiento.

Ahora me doy cuenta de que Marcia no tenía la culpa de lo que pasó.

Fue Felipe el que nos engañó a las dos.

Igual que Antoñito.

Por eso me atrevo a opinar sobre este asunto,

porque yo he pasado por algo muy parecido

a lo que está pasando Lolita.

Quizá tenga razón y no es tan culpable como pensamos,

tendremos que reconsiderar este asunto.

¿No tendrá algo de picar mientras lo hacemos?

Claro, voy a por un té y unas pastas.

Anabel...

No creo que estés obrando adecuadamente,

relacionarte con esa chica no te puede traer nada bueno.

Puedo recibir las visitas que me parezcan oportunas.

Tanto de Natalia, como de Aurelio.

¿También ha venido a visitarte ese engreído?

Sí, Aurelio me ha visitado varias veces para interesarse por mí.

¿Qué está ocurriendo aquí?

¿Le estás viendo a mis espaldas?

Acaso,...

¿tenéis algo?

Miguel, no me gusta nada lo que estás insinuando.

No has contestado a mi pregunta. -No lo pienso hacer.

Tus celos están totalmente injustificado,

te exijo que te retractes.

Eres muy injusto conmigo.

Ni siquiera has notado que estoy enferma.

¿Qué es lo que te ocurre?

Sufrí un desvanecimiento y me encuentro muy débil.

Pero tú ni me has mirado,

has entrado como un elefante en una cacharrería

y me has acusado de engañarte.

¡Estoy harta de tus celos y tu desconfianza!

Yo no te oculto nada.

Lamento haber sido tan insensible.

No debería haber dudado de ti.

Claro que no,

si alguien tiene motivos para la desconfianza soy yo.

¿Por qué no estás con mi padre?

¿Por qué has anulado ese viaje?

Lamento mucho mi comportamiento.

¿No me vas a contar por qué no estás en Asturias?

Es... una larga historia,

pero prefiero empezar por el principio.

¿Qué es eso de que estás enferma?

Póngame un café muy cargado, a ver si consigo abrir los ojos,

que no me ha dado tiempo ni a meterme en el jergón.

Un momento, un momento.

Sí, pero y lo bien que lo pasamos...

En mi vida había visto yo cosa igual.

No sé qué decirle, a partir de cierta hora, no me acuerdo de nada.

No sé ni dónde dejamos a Cesáreo.

Estará todavía planchando la oreja.

Si el hombre no paró de bailar toda la noche con las parisinas.

(RÍEN)

A las buenas. -Buenas.

(SERVANDO SE QUEJA) (JACINTO CHISTA)

Bueno, Soledad nos ha citao aquí, ¿saben pa qué?

Yo no sé para qué, no lo sé, pero si hablar un poquito más bajo,

también te oigo.

Es que tengo la cabeza como un bombo.

A saber qué ha estado haciendo.

Muchísimas gracias por venir. ¿Y doña Fabiana?

Quiero que escuche lo que vengo a decir.

No, no, no. Mi socia está de visita en casa de Lolita.

Ya vendrá, pero ¿qué ocurre?

Vengo a dar la cara por los Bacigalupe.

Después de lo que sucedió ayer entre las vecinas y doña Natalia,

temo que nos metan en el mismo saco.

Yo no creo que sean iguales aunque vengan del mismo sitio.

-Y no lo son.

Os puedo asegurar que don Marcos y Anabel

son personas buenas y respetuosas.

Por eso, os pido que no sigáis las prédicas de doña Susana,

(CHISTAN) -Mira, Soledad.

nadie pone en duda lo que dices de tus señores,

pero de los otros dos no queremos saber nada,

que uno es un chuleta y la otra una fresca.

Eso no es asunto vuestro,

las cosas de los señores, que las resuelvan entre ellos.

¡Y un cuerno!

-(CHISTAN) -¡Lolita es de los nuestros

y es la que está saliendo más perjudicada.

Di que sí Casilda, que la Natalia esa es una sinvergüenza.

-(ASIENTE) -No entendéis lo que os digo.

Soledad, pero... -No, sí que lo entendemos.

(HABLAN LAS TRES A LA VEZ) -(CHISTAN)

Silencio, silencio, hombre,

¿no estáis viendo que...

me va a estallar la cabeza

con todo este guirigay?

Que sí, que sí, es muy razonable lo que dice Soledad.

Avisaré a mi socia, y...

así podremos evitar una de mayores

y apaciguaremos a todos, ¿qué os parece, bien?

Pues ahora humo, humo, que cada uno tiene que hacer sus quehaceres.

(JACINTO CHASCA LA LENGUA) Venga, venga.

Y la puerta, la puerta.

Despacito.

¡Dios!

Miguel.

¿Qué tienes? Se te ve muy afligido.

He vuelto a discutir con Anabel por culpa de Aurelio.

Oh.

Se me rompe el corazón al verte de esta guisa.

¿Te merece la pena estar con una mujer con la que discutes tanto?

Supongo que sí.

El amor que siento por ella...

hace que se me olviden pronto los sinsabores que me crea.

No hay una rosa que no tenga sus espinas.

Yo me buscaría otra flor,

no sé si será buen negocio ese que te traes con esta chica,

pero solo tú puedes saberlo.

¿Qué le has dicho a tu novia

para justificar que no te has ido de viaje?

Lo mismo que a su padre:

que el abuelo estaba indispuesto y quería quedarme para cuidarlo.

Es una buena excusa, tu abuelo necesita que le cures.

Ahora tengan cuidado y no tiren por tierra la historia si les preguntan.

No temas por eso,

estamos acostumbrados a mantener una mentira,

es lo primero que se aprende en nuestro negocio.

Abuela.

Dime, hijo.

Me tiene que prometer que no volverán a robar.

Por favor.

Ya te he dicho que se acabaron los delitos.

Pero si te quedas más tranquilo, te lo puedo prometer.

A cambio, me tienes que asegurar que no vas a sufrir más por Anabel,

es una caprichosa que no se merece tus desvelos.

Para mi desgracia, no sé si voy a poder hacerlo,

pero...

trataré de no dejarme llevar por unos celos que son injustificados.

A lo mejor no lo son tanto.

¿Qué?

Nada, cariño, que eres la cosa más bonita del mundo.

Bueno.

¿Dónde estuvieron anoche?

(DUDAN) En la... En...

En un concierto de órgano en la catedral

y a tomar un chocolate con churros.

¡Y un jamón!

Esas ojeras son de haberse corrido una juerga de órdago a la grande.

Tienes razón, lo del concierto es mentira,

estuvimos en una tasca celebrando mi próxima boda.

Pero una hora, no más. Eh...

No le creo ni una palabra.

Jacinto ha llegao a la portería cuando clareaba,

y tropezándose con los muebles. -¡Qué dices, mujer!

La claridad que veías sería la de las farolas,

y si he tropezao es porque dejas las cosas por medio.

Si sigues con la ropa de anoche.

¡Como se entere mi prima que su marido se ha ido de juerga

con los amigotes, se va liar aquí la segunda batalla de san Quintín!

¿Qué es eso de que os habéis ido de picos pardos?

No, no, no. -No, no para nada.

No hemos estado en ningún sitio de mala nota.

Servando, de usted me fio menos, que de uno del que no me fio nada.

Cesáreo, cuéntame qué pasó anoche, con pelos y señales.

A ver, a ver.

Es verdad que estuvieron en una taberna,

pero aquí estaban antes de la medianoche,

lo que ocurre es que nos pusimos a contar batallitas

de este barrio y nos dieron las tantas.

Bueno, si lo dice usted, Fabiana...

En su palabra confío como en la del rey.

Menos mal, Cesáreo,

porque si no, habríamos tenido un berrinche de los buenos.

¿Qué haces aquí sentada?

Estaba hablando con nuestro nieto.

Tiene problemas con su novia.

Lo de esa chica no termina de marchar.

Normal, nuestro nieto es un encanto,

pero ella es una frívola,

y su historia con Aurelio viene de lejos.

Sí. -Me da mucho coraje

que juegue así con los sentimientos de Miguel.

No creo que debas preocuparte, Sabina,

él es un hombre hecho y derecho,

sabrá cómo resolver estos problemas si llega el caso.

Te veo muy optimista.

Bueno, es lo que toca,

si vamos a iniciar una nueva vida,

mejor será que lo hagamos con buen talante.

En cuanto saquemos el agua del túnel,

pondremos punto final a nuestras correrías como ladrones.

¿Estás dispuesta a hacerlo?

A la fuerza ahorcan.

Y mientras esté a tu lado,

soy capaz de cualquier cosa,

hasta de ser honrada.

Aquí está el té,

si lo quieren con leche, se aguantan, que ya no queda.

¿Puedes traer unas pastas?

¿Qué le pasa a la chiquilla? No se la ve muy contenta.

Lleva unos días que está más agria, que un kilo de limones.

(RÍE) Bueno, ya se le pasará.

Le confieso que estaba en un sinvivir

desde que uste me dijo que Bellita estaba amenazada por ese admirador.

El precio de la fama a veces es muy alto.

Lo sé.

Pero no he podido evitar recordar a Margarita

cuando intento acabar con su vida.

Por eso le pido, don Jose,

que cuide mucho, mucho de ella.

Te agradezco mucho que te preocupes por ella,

ya sabes que yo daría mi vida por defenderla.

Lo sé. Y usted sabe que la quiero con locura.

Están un poco rancias, pero son las que tenemos.

Ah, no te preocupes, mujer,

si yo ya me tenía que ir, Idoya.

Alodia.

Eso, eso.

(RESOPLA)

Don Jose,...

quiero decirle que ha sido un orgullo y un honor

trabajar con ustedes en esta casa,

y que nunca habrá otra artista como Bellita,

y eso el público lo sabe.

¿Sabes lo que te deseo?

Que seas tan feliz con tu sereno, como yo lo he sido con Bellita.

Ojalá.

Aquí siempre tendrás tu casa.

"Eskerrik asko", don Jose. Agur.

Cuídate.

(SUSPIRA)

Le agradezco que me haya acompañado en este viaje por el centro,

estoy muy apesadumbrado por lo que está ocurriendo con mi nuera.

Ya sabe que puede contar con mi apoyo y con el de mi esposa.

Los amigos han de estar a las duras y a las maduras.

Don Ramón,

quería comentarle, que...

si lo desea, puede contar con nuestra ayuda económica,

no nos gustaría que Lolita

no recibiera un tratamiento por esa causa.

Se lo agradezco de corazón, amigo Liberto,

pero el tratamiento experimental solo se administra en Alemania,

y dadas las circunstancias, dudo mucho que se pueda hacer allí.

Buenas.

Vengo loco de contento.

Acabo de reunirme con el ministro de Instrucción Pública.

¿Al que llevabas persiguiendo unos días?

El mismo.

Después de mucho esperar, he podido contarle el caso de Lolita

y se ha comprometido a presentarme al mismísimo Ramón y Cajal.

¿Te vas a reunir con el premio Nobel?

Eso es.

Si un médico del prestigio de Ramón y Cajal acepta el caso de Lolita,

los alemanes van a poder probar sus medicamentos en ella.

Hijo mío, por fin vemos un rayo de esperanza.

Anabel.

Padre. -Hola, hija.

¿Ya está de vuelta?

Sí. -Eh... ¿Qué tal le ha ido todo?

Eh, bien, bien, bien.

Ha sido un viaje muy fructífero. ¿Y tú cómo estás?

Bien, salvo por un pequeño desvanecimiento que tuve,

nada de importancia.

El médico me ha recetado un preparado y me siento mejor.

¿Estuviste mucho tiempo sin conocimiento?

Bueno, no lo puedo precisar,

pero Aurelio cuido de mí

hasta que recuperé la razón.

¿Aurelio? ¿Aurelio estuvo aquí contigo?

Sí. Gracias a él no me ocurrió nada.

Eh...

Señorita, le traigo la medicina.

No le he escuchado entrar, señor.

Bienvenido a casa.

Me alegro que esté de vuelta.

Bueno, me voy a reposar a mi cuarto,

estoy algo fatigada.

La dejo al cuidado de mi hija, y cuando regreso,

descubro que Aurelio ha estado a solas con ella.

Soledad,

¿qué ha ocurrido durante mi ausencia?

Carmen, me muero y tengo que pensar en Moncho.

Tiene que echarme una mano, tengo que ver a Natalia Quesada.

Por cierto, me tendrán que hablar sobre mis padres,

mis recuerdos son tan vagos, que ni sé si son recuerdos.

Hemos sacado poco jugo a tu fallecimiento.

Ahora, a toro pasao, podemos convertir

ese incidente en una gran campaña de promoción.

¿Y cómo conseguiríamos eso?

Convocando a todos los plumillas de la ciudad a una reunión.

Dentro de un rato vendrá otro médico,

espero que confirme el diagnóstico.

No me fío de nada que tenga que ver con los Quesada,

y menos, de Aurelio.

Espero que esté mejor.

Cada día me arrepiento más... -No me encuentro mejor,

ni mucho menos, pero ahora la necesito.

¿A mí?

-¿Arreglaste eso que te preocupaba de tus abuelos?

Sí, sí. Espero compensarle el favor algún día.

Puede que no tengas que esperar para eso.

(INAUDIBLE)

Pero ¿a ti qué te pasa? Que no sé yo de qué pie cojeas.

La gran Bella del Campo va a grabar un disco en breve.

Ahí la tienen.

(Aplausos)

-"Hijo, tengo que contarte algo,"

algo que podría influir muy seriamente en tu vida.

Ha sido un mareo de na.

(Puerta)

Un mareíto de na. Cariño, ya va mamá.

Ya va mamá.

Lolita, hija.

Lolita, ¿estás bien? ¡Lolita!

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Acacias 38 - Capítulo 1329 (Parte 2)

16 sep 2020

Genoveva consigue cambiar la opinión del barrio respecto a Natalia y ambas mujeres prometen apoyarse mutuamente. Aurelio agradece a la señora el apoyo a su hermana.
El pronóstico de Lolita sigue siendo desesperanzador. Antoñito le pide que le perdone porque no podría vivir sabiendo que no cuenta con él. Aun así el joven Palacios no se rinde y busca la ayuda de Ramón y Cajal con la esperanza de que el Nobel salve la vida de su mujer.
Alodia sufre de celos al ver el cariño entre los Domínguez y Artanxa.
Miguel no pierde ojo del acercamiento entre su novia y los Quesada, y cuando lo habla con ella terminan discutiendo. Sabina teme que Anabel no haga bien a su nieto.

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  1. Sarah

    Totalmente de acuerdo,tdp para qué está. Por favor somos muchos Acacieros...¿¿

    17 sep 2020
  2. Emilio

    Me pregunto para qué está el Canal de TELEDEPORTE en TVE, cada año tenemos que soportar en la Primera (1) la pesadez de la Vuelta Ciclista a España y como este año, parece ser que la han pospuesto, teníamos que tragarnos el Tour de Francia; éso hace que retrasen los horarios de las series y a veces, hasta llegan a suprimir algún capítulo, para poder respetar los horarios de los programas que vienen a continuación de las mismas. Casi siempre, por no decir siempre, la más afectada de las series es ACACIAS 38, lo que motiva que, con tanto cambio, sus seguidores se llegan a perder capítulos por esa sin razón de tanto cambio horario. Antes al público que seguía una serie en TVE se le tenía un poco más de respeto.

    17 sep 2020
  3. Manolo

    El capítulo de hoy no es el 130, sino la segunda parte del 129. Han incluido también el comienzo del 130 en éste último. En fin, esto de las bicicletas me tiene harto. Que retransmitan las carreras en Teledeporte y nos dejen tranquilos a los que nos gustan las series, con tanto cortar los capítulos. Gracias.

    16 sep 2020