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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1328 - ver ahora
Transcripción completa

Baje el arma o no respondo de mis actos.

¿Tan mala memoria tiene que ya no recuerda en qué bando estar?

No voy a andar en balde de médico en médico.

No quiero malgastar lo que me queda de vida así.

Dicen que me quieren,

pero acaban de echar por la borda mi vida en Acacias,

mi futuro sentimental y mi futuro profesional.

Gracias.

No recuerdo nada.

¿Está segura de que invité a ese canalla?

Ese canalla, como dice usted,

la atendió y se comportó como un perfecto caballero.

(LEE) "Fuera extranjeros y criollos de Acacias".

Usted conoce a gente influyente que podría apoyarme en esta campaña.

Arantxa, ¿me aceptarías por esposo?

O abandonan la delincuencia

o seré yo el que no vuelva a saber nada más de ustedes.

(LEE) "Fuera extranjeros y criollos de Acacias".

¿Quién demonios está repartiendo esto?

¿Adónde va?

¿Se puede saber qué pretendía hacer?

Poner en su sitio a esa tal Susana, que de señora no tiene nada.

¿Cómo?

Plantándome ante ella y diciéndole cuatro verdades a la cara.

Pase y siéntese.

¿No ve que tiene que seguir viviendo en este barrio?

¿Usted no vio la octavilla?

Susana dice que hay que expulsar a los extranjeros,

su última bobada, ¿cree que va a conseguir algo?

Hay otras vecinas que la apoyan.

No la apoya nadie.

Lo que pasa es que son más listas que usted.

En lugar de entrar al trapo, le siguen la corriente.

¿Y dejamos que siga con sus locuras?

Sí, porque son eso, locuras.

Hoy son los extranjeros,

mañana dirá que hay que pintar la Iglesia,

que hay que comprarle una peluca de rizos a la virgen...

Son bobadas para llenar el vacío de su vida.

Quizá tenga usted razón.

Claro que la tengo.

Natalia,...

tiene que darse cuenta de que está en Acacias, no en México.

Ya.

Su rival no es ni Pancho Villa ni Emiliano Zapata,

no es un ejército revolucionario, es una vieja aburrida.

Pero muy dañina. Bueno...

También la cicuta es dañina y no se combate con un pistolón.

Si quiere integrarse en el barrio, tendrá que ganarse a las señoras.

¿Hacerme su amiga?

Eso sería lo ideal,

pero quizá no haga falta,

bastará con que la respeten,

que no sean sus enemigas, sino sus aliadas cuando las necesite.

No lo voy a conseguir.

Si lo he conseguido yo...

Está bien.

¿Cómo lo hago?

Lo iremos viendo.

Pero sin enfrentarse a ellas a las primeras de cambio.

Eso ya lo he aprendido.

Y con mano izquierda. Poco más puedo decirle.

Iremos reaccionando a lo que vaya sucediendo

y lo conseguirá, igual que lo conseguí yo.

Y eso que a mí no me acusaban por ser extranjera,

me llamaban asesina, directamente.

¿Va a ayudarme?

Cuente conmigo.

(Sintonía de "Acacias 38")

No puedes pedirnos que abandonemos la delincuencia, así, de repente.

Es lo que hemos hecho toda la vida,

así hemos vivido y así hemos sacado adelante la familia.

Es nuestra forma de vida,

igual que otros son carpinteros o pescadores,

nosotros somos ladrones.

Lo de abandonar la delincuencia no es una sugerencia,

es una orden.

Miguel, no te das cuenta,

lo nuestro no es un simple oficio, es una vocación.

Hacemos lo que soñábamos desde niños.

Para mí fue una suerte encontrarme con tu abuelo

y ver que compartíamos los mismos sueños.

Hacer grandes robos,

pasar a la historia como los mejores ladrones.

¡Basta! Se acabó.

Está bien, te hacemos caso.

Dejamos de hacer grandes robos,

pero no nos vas a impedir que hagamos un trabajito alguna vez,

para matar el gusanillo. -Sí, algún banco pequeño.

¡No!

Han tenido suerte de no acabar en la cárcel.

Eso sí que no te lo consiento,

si no hemos ido a la cárcel, no ha sido por suerte.

Ha sido por hacer bien nuestro trabajo,

ser disciplinados y muy cuidadosos.

Somos unos artistas, no unos rateros de tres al cuarto.

A partir de ahora, van a ser un matrimonio

que dirige un buen restaurante en un barrio llamado Acacias.

No sé,...

no sé si lo vamos a conseguir.

Es muy fácil, es eso o la cárcel.

Yo mismo me encargaría de que los detuvieran.

No serías capaz.

Póngame a prueba.

No me lo creo.

Pero, a lo mejor, tienes razón...

y ha llegado el momento de retirarnos.

¿Estás segura de eso, Sabina?

(SUSPIRA) Roberto,...

ya no somos unos niños.

Hemos tenido una vida plena... y hemos triunfado en lo nuestro.

Eso es verdad.

Tenemos recuerdos como para llenar muchas tardes junto a la estufa

con unas castañas, para el resto de nuestra vida.

Como aquella vez en Alicante.

¿Sabes que tu abuela tuvo en sus manos un diamante

valorado en un millón de pesetas? -Ni lo sé ni me importa.

Pues es una historia muy graciosa.

Tú te la pierdes.

Para mí, son ustedes los nuevos propietarios del Nuevo Siglo XX.

Y usted, abuela,

una cocinera magnífica.

Pues sí.

Sí que se me da bien.

Roberto,...

¿y si hacemos caso a nuestro nieto y nos jubilamos?

¿Sin una despedida por todo lo alto?

Sin despedidas.

Está bien.

Pero porque me lo pide tu abuela, no porque lo digas tú.

¿Sin rencores?

(SONRÍE) Sin rencores.

¡Ay, Miguel!

Y ahora, vamos para arriba

que me van a invitar a un buen chocolate.

Sí.

Así que, Moncho, yo soy tu abuelo, como ya sabes.

Y tu abuela se llama Carmen,

pero no es la biológica, la madre de tu padre se llamaba Lourdes.

Pero no te voy a hablar de ella, porque no tengo buen recuerdo.

De quien sí te voy a hablar, es de tu madre,

pocas veces te vas a encontrar en la vida con una mujer

más valiente, generosa y entregada como ella.

(Puerta)

Lamentablemente, vas a poder disfrutar poco de ella,

porque está muy malita,

pero no te preocupes, porque siempre que quieras,

me podrás preguntar por ella.

Entre todos intentaremos que no la eches de menos.

Padre,...

no le hable a Moncho como si Lolita ya no estuviera.

Hijo,...

tenemos que enfrentarnos a la realidad,

no podemos evadirnos de ella.

Hasta la misma Lolita lo asume.

Si algo que he aprendido de usted,

es que... no hay que dejar de luchar hasta el final.

Es verdad,...

te lo he dicho muchas veces cuando nos enfrentábamos a un negocio,

pero...

esto es distinto, es mucho más grande.

Bueno,...

cuanto más grande sea el problema, más grande debe ser la lucha.

Yo voy a agotar todas las opciones.

¿Las hay?

Sí, sí las hay.

Por pequeño que sea el resquicio, no dejaré de luchar.

No pienso permitir que...

que mi niño precioso se quede sin su madre. ¿Eh?

-Ojalá tengas suerte, hijo.

-La tendré, padre, la tendré.

Conseguiremos salvar a Lolita, ¿a qué sí, pequeñajo?

Adiós.

Adiós, padre. -Adiós.

Ya ves, Moncho, este es tu padre, Antoñito.

Ha cambiado mucho con los años.

Ahora es más atrevido y más valiente que este león,

no como tu abuelo, que ya se está haciendo viejo.

(OLISQUEA)

Uy, uy, uy.

Me parece que mientras tu abuelo te hablaba de la vida,

tú estabas en otras cosas.

Voy a tener que llamar a la abuela Carmen.

Carmen.

Carmen, ven, por favor.

Comer, comerás gloria.

(MONCHO SONRÍE)

Pa nosotros es una felicidad enorme, Arantxa.

Y para mí.

Lo que siento es que no esté aquí mi Cinta con su chiquilla.

Triunfando en la Argentina que anda, ¿quién nos lo iba a decir?

Y yo sin verlo,

con lo que he sufrido por esa "lotsagabeak".

¿Usted la entiende, Cesáreo? -Nada,

pero ya haré por aprender su lengua.

Quería decir: esa desvergonzada. -Ya ves tú,

y dice "lotsa" no sé qué.

Muy difícil me parece aprender esa lengua, amigo.

Por amor se aprende. -Ah, sí.

Arantxa, jamón cortado por mí.

Uy. Pero ¿qué hace cortando jamón? ¿No está la criada?

Vamos, Arantxa,

que ya sabes que en mi tierra no hemos echado todavía los dientes

y ya sabemos cortar jamón y pelar langostinos.

Cómo echo de menos preparar el aperitivo en esta casa.

Cesáreo, el aperitivo en esta casa es sagrado.

La comida más importante, y el que diga otra cosa, miente.

Y Bellita, la que mejor corta el jamón.

-Ole.

¿Y Alodia no está? -Tenía que hacer un recado.

¿Un recado? -Sí.

¿A estas horas?

Raro, ¿no?

¿Y qué, cocina bien?

Ay, Arantxa, como los ángeles.

Jesús, ¿mejor que yo?

(RÍE) -Anda ya.

Alodia cocina como los ángeles, y tú, como los arcángeles.

Lo que tengo que aprender de usted.

De mi marido no aprendas nada, que ha cogido todas las mañas.

Ya sabes cómo son los toreros.

(RÍEN)

Más apropiado que ahora, imposible,

que en el caserío cuidaré de las vacas.

Pero las mías son lecheras, Cesáreo. -Un animal muy noble.

Yo, acabar cuidando vacas, con lo que me he reído del bueno de Jacinto

y de sus ovejas. Pero por amor,

cuidar vacas, de agricultor o de leñador, lo que haga falta.

Uy. Eso lo tengo que ver yo.

¿Cortando troncos con los chicos del pueblo?

Ahí sí que va usted a sufrir, Cesáreo,

que en esa tierra, los mozos salen más fuertes que el vinagre.

(RÍEN)

Bueno, basta ya de hablar de vacas y de troncos.

Niña, ¿y la boda para cuándo?

En cuanto lleguemos a Bilbao,

delante de la Virgen de Begoña.

¿Y el vestido?

El que llevó mi madre.

¿Y usted?

El uniforme de gala del ilustre cuerpo de serenos,

lo vestiré por última vez.

Ay, Jose, qué emoción.

Deberíamos de repetir nuestra boda. -¿Qué?

(ASIENTE)

Como tú quieras, cariño, como tú quieras.

Que yo repito el día más feliz de mi vida las veces que haga falta.

Muy bien, pues brindemos por eso. -Vamos.

Salud. -Chinchín.

(Suenan las copas al chocarse)

Ahí está.

¿Miguel?

No le esperaba tan pronto de vuelta de Asturias.

¿Cerró el negocio?

Ah, sí. -Sí.

Finalmente, no viajé a Asturias.

¿Acaso no fueron esas mis órdenes?

Es un negocio que usted se empeñó en desbaratar,

lo menos que podía hacer, era cerrarlo con fortuna.

Fue don Marcos en persona quien se desplazó. ¿No lo sabía?

-Sí, lo sabía. Hoy he recibido un telegrama de mi socio

diciéndome que había cerrado el contrato.

Entonces, ¿por qué me lo pregunta?

Para ver si me decía la verdad o trataba de ocultármela.

Nunca haría eso. -No use nunca la palabra "nunca",

es demasiado categórica,

y puede que se arrepienta de haberla usado.

Y, entonces, ¿a cuento de qué desobedeció mis órdenes?

Un contratiempo familiar, un problema con mis abuelos.

Espero que se encuentren bien de salud.

Perfectamente.

Pero sigo sin saber cuál es el problema,

fue don Marcos quien se desplazó.

Nunca se lo agradeceré lo suficiente.

Ha vuelto a usar la palabra "nunca".

No creo que vaya a arrepentirme.

Le voy a decir lo que no va a volver a hacer nunca,

desobedecer mis órdenes.

(SONRÍE)

Mire, don Aurelio,

soy su abogado, y sí, defiendo sus intereses, pero...

No me venga con palabrería de leguleyo.

Usted no está en la empresa por sus conocimientos de leyes,

sino por otras causas más mundanas.

¿Qué quiere decir con eso?

Piénselo.

Y recuerde, nunca vuelva a desobedecerme.

Vaya a encargarse de sus labores y trate de ganarse el sueldo.

Ha sido un sereno magnífico, Cesáreo,

el mejor desde que vivo en Acacias.

Eso son palabras mayores,

que don Ramón lleva aquí desde el siglo pasado.

Es un honor, habrá conocido usted a muchos serenos.

Sí, muchos.

Son ya muchos años, Cesáreo,

mejor no digo cuántos,

porque entonces me acuerdo de la edad que tengo.

Con todos mis respetos, está usted hecho un pimpollo, don Ramón.

¿"Pimpollo"?

Me arrepiento de haberle dicho que ha sido el mejor sereno.

En mi nombre y en el de mi familia, le deseo un buen viaje

y la mejor de las suertes en su matrimonio.

Suerte ha sido conocer a Arantxa y poder casarme con ella.

Iepa-ia.

¿Qué te pasa, Jacinto?

Que me ponen triste las despedidas.

Pero si no eres tú el que se va. -Ya,

pero pienso que si un día me voy,

vendrán ustedes también a despedirse de mí,

y eso hace que se me caigan las lágrimas.

Pues cuando tú te vayas, habrá un discurso para ti,

pero ahora es el momento de tu amigo Cesáreo.

Sí. Poco más nos queda por decirte,

solo estrecharte la mano,

y decirte que si vuelves por la ciudad,

no dudes en visitarnos.

Llevaré a las buenas gentes de Acacias en mi corazón.

Con Dios, Cesáreo, que vamos a acabar todos llorando.

Con Dios. -Con Dios.

¿Y qué, no le da pena marcharse?

Sí, pero me da más alegría irme con Arantxa y casarme con ella.

Iepa-ia.

No crea que no sé lo que es,

yo haría lo que fuera por que mi Marcelina estuviera a mi lao.

Ya verás como viene pronto.

Cuando la veas, despídete de mi parte.

Lo haré.

No solo le van a echar de menos los señores, nosotros también.

Bueno, y yo a vosotros,

pero es difícil resistirse a la llamada del amor.

Ay...

¿No se me recibe aquí con jolgorio?

¿Qué haces aquí?

Que no iba a dejar yo a este hombretón solo.

Voy a dejar la maleta

y a fregar el chiscón, seguro que no lo has fregao ni una vez.

(CESÁREO SE RÍE)

"Iepa-ia".

¿Qué es eso tan urgente que quiere tratar conmigo?

Don Marcos ha terminado en Asturias.

Ya lo sabía, pero gracias por la información.

El caso es que regresará en breve. -¿Y?

Quería pedirle que no le informara de lo sucedido ayer,

cuando le amenacé, señor.

¿Y por qué no iba a hacerlo?

Como usted dijo, fue un error,...

no debí acusarle

de querer abusar de Anabel, señor.

Fue una grave ofensa.

No soy un arrastracueros de esos con los que usted trata.

Lo sé, señor.

Le pido que no le diga nada a don Marcos,

el señor me despedirá.

De acuerdo, no lo haré.

Pero... no le saldrá gratis.

Ya imagino.

Quiero su ayuda.

¿Y qué tengo que hacer? -Ya lo sabrá.

¿Está dispuesta?

Lo estoy.

¿Vacas? -Sí, vacas.

En el caserío hay algunas, y con mis ahorros compraremos más.

No, no, no, no, ovejas, hágame caso,

la oveja es un animal más noble.

He dicho vacas, y serán vacas. No voy a estar persiguiendo ovejas.

Ovejas. -No, no, no.

He visto a Indalecia hace un momento.

Dice que ha vuelto para cuidarme.

Esa quiere algo, me darás la razón.

Me da igual lo que diga la Indalencia.

(CHISTA)

¿Eh?

La Nuit. Sí. Un café cabaré.

¿Y eso qué es? Un lugar donde van caballeros,

como nosotros, a ver bailar a señoritas ligeras de ropa.

¿Han oído hablar de las despedidas de soltero?

No.

Al parecer, es una costumbre importada de América.

El novio se va de francachela con los amigos

unos días antes de casarse.

Y nosotros vamos a celebrar la despedida de Cesáreo en La Nuit.

Yo no tengo que despedirme de nada, que estoy muy feliz con Arantxa.

Pero una despedida de soltero sin novio no tiene gracia.

Si Arantxa se entera

de que he ido a ver a señoras ligeras de ropa,

me cuelga del roble más alto.

Y en su tierra hay robles más altos que un edificio.

Ella no tiene por qué enterarse.

No voy a empezar mi relación con mentiras.

Pues yo sí que me apunto,

que Indalecia vea que no me puede controlar.

Así se habla.

Cesáreo, no le imaginaba a usted tan cobarde.

Que yo no soy cobarde. Yo hago lo que me da la gana.

Yo me encargo de preparar la expedición secreta.

Nadie se enterará de la despedida de soltero de nuestro sereno.

¡Iepa-ia!

Arantxa, no sabe cómo me alegro

de que haya decidido volver a amigarse con Cesáreo.

El hombre lo quería ocultar,

pero andaba como alma en pena desde que se separó de usted.

Pues como yo en mi tierra, no se crea,

que me acordaba de él, mañana, tarde y noche.

Estoy segura de que van a ser muy felices.

Dios le oiga.

Perdóneme una pregunta personal. -Dime.

¿Han pensado ustedes en si van a tener familia?

Pues no lo hemos hablado todavía, pero...

ya no somos unos chiquillos.

Ahora, si Dios nos quiere dar descendencia, bienvenida sea.

No me imagino a Cesáreo de padre.

Uy, yo al revés.

Me lo imagino perfectamente, creo que sería un padrazo...

Y hablando de niños,

pobre Moncho, ¿no?

Pues sí.

Una desgracia lo que le pasa a Lolita y a los Palacios.

¿Ha ido a saludarla?

Sí, he estado con ella. La he visto muy entera.

Me imagino que lo peor irá por dentro, ¿verdad?

Lolita es un roble por fuera, pero...

Como todas, Fabiana.

¿Quién soporta pensar que va a dejar a su hijo solo en el mundo?

Y eso que le ha tocado una familia de las que ya no quedan.

Estoy segura de que Carmen será abuela, madre

maestra y lo que haga falta.

Y ellos también saben que yo estoy aquí para...

lo que me necesiten.

Fabiana, siempre lo he pensao, ¿qué sería del barrio sin usted?

Quite, quite, que yo solo echo una mano donde se me necesita,

nada más.

La dejo, que le voy a hacer una visita a doña Bellita.

Muy bien. Vaya usted con Dios.

Muy bien. Hasta luego, Fabiana.

Con Dios.

Eh, eh, eh, eh, contigo quería hablar yo.

¿Es que he hecho algo mal?

¿Te parece normal que la señora tenga que servir

cuando hay visitas en casa?

Tuvo que preparar el aperitivo doña Bellita.

Y encima, el aperitivo, que es como una religión para ellos.

Es que yo... Ni es que ni nada,

tu obligación como doncella es servir a los señores,

¿o crees que he estado yo más de 20 años sin cometer una falta

para tener que ver a la señora sirviendo el aperitivo?

¡Jesús!

Y haz el favor de planchar un poquito el mandil, ¿eh? ¡Agur!

Lo primero es conseguir una bomba de agua.

Si no lo hubieras inundado...

Si no lo hubiera inundado, a saber dónde estarían ustedes,

en Pernambuco.

No nos tira aquello, teníamos pensado ir a Constantinopla.

Pues eso, en Constantinopla o en la cárcel,

que era lo que se merecían.

Con mucha alegría nombras tú la cárcel en casa de unos ladrones.

Exladrones, que les quede claro,

exladrones.

¿Seguimos?

Seguimos. -Muy bien.

Pues, bomba de agua y a tapiar el túnel.

¿Tapiarlo?

Con lo que costó hacerlo.

No nos puedes pedir que lo tapiemos, si es una obra de arte.

¿Para qué lo quieren?

La caja fuerte está ahí, no se la van a llevar...

Puede que algún día necesitemos el dinero.

Para tu boda, por ejemplo.

A ver,

¿No hemos quedado en que a partir de ahora

se van a ganar la vida honradamente?

¿Siempre?

Sí, siempre.

Eso es mucho tiempo.

Se han comprometido, ¿o es que van a faltar a su palabra?

No, lo hemos prometido y lo vamos a cumplir.

Muy bien.

Pues bomba de agua y tapiar el túnel.

Hay que remozar el local

para que los vecinos no se pregunten

qué han estado haciendo mientras el restaurante estaba cerrado.

Bueno,

pero no podemos gastarnos mucho.

Una reforma buena,

bonita y barata.

¿No?

No me vengan con esas,

que tienen el dinero de un montón de atracos guardado.

¿Me lo van a negar?

Ya, pero ese dinero es para nuestra jubilación.

Sí, y para la reforma del local.

Está bien,

pero ya que nos metemos en gastos,

quiero el mejor restaurante de la ciudad.

¡Ja! Ya está tu abuelo con sus delirios de grandeza.

Será que nos ha ido mal.

Mira lo que te voy a decir... -¡Basta!

Veremos el presupuesto y decidiremos lo que hay que hacer.

Señorita, han traído esto para usted.

¿Son de Miguel?

¿Cómo se ha enterado de que estoy enferma?

No son de don Miguel,

son del señor Quesada. -¿De Aurelio?

Está esperando fuera para saber si puede entrar a visitarla.

No sé. ¿Qué hago?

Usted decide, pero con ese ramo...

Claro, soy una maleducada. Hágale pasar.

Sí, señorita.

Anabel, ¿cómo te encuentras?

Mucho mejor, gracias.

Siéntate.

Ah, gracias por las flores, son preciosas.

Ni la mitad que tú, no te hacen honor.

¿Ha venido el médico? -Sí, esta mañana.

¿Qué te ha dicho?

Que lo ocurrido fue un síncope motivado por una bajada de tensión.

Pero lo cierto es que no me acuerdo de nada.

¿De nada?

De nada.

De hecho, no sé ni qué hacíamos ambos aquí.

¿Hice algo inapropiado?

No, no, no, nada de eso.

Yo te hice una visita social,

nos habíamos encontrado en la calle y me habías invitado.

¿Tampoco te acuerdas de eso?

Tampoco me acuerdo.

Temo que se me hayan olvidado más cosas.

Qué vergüenza.

No, no tienes de qué preocuparte,

delante de mí no hiciste nada

de lo que arrepentirte o avergonzarte.

Menos mal.

Solo tengo brumas en la cabeza.

Si quieres, te ayudo a disiparlas

y te cuento todo lo que tratamos.

¿Harías eso por mí?

(ASIENTE)

Voy a pedirle a Soledad que nos sirva el té.

(Suena la campanilla)

Tengan. Es que tengo razón,

los extranjeros están tomando el barrio y toda la patria.

Pueden repartirlas a la salida de misa.

Estas están convencidas.

¡Qué bien! Vamos a tomar un café con pastas.

No insistas, Rosina, vamos a seguir con el reparto.

Mira, ahí viene Genoveva.

Buenas tardes, señoras. Veo que siguen con sus octavillas.

Sé que no se quiere apuntar a nuestra cruzada, pero hace mal,

lo nuestro es un sacrificio por salvar el barrio.

Creo que no tienen razón.

Ah, pues yo pienso lo mismo, no estoy muy segura.

Algunos nos tomarán por locas,

pero no pararemos hasta que el barrio deje de estar invadido.

Pero ¿no ven que hay vecinos con un comportamiento ejemplar

y son extranjeros?

¿Quiénes?

Los Bacigalupe, por ejemplo.

Inquilinos.

Eso es verdad,

otra cosa sería que fueran propietarios.

Inquilinos, propietarios, ¿qué más dará?

Sí que da, Genoveva,

los inquilinos van y vienen, no se preocupan por el barrio.

En cualquier caso, don Marcos es español.

No lo será tanto cuando se asocia con esos, con los Quesada.

Demasiado tiempo viviendo en las Américas.

Doña Susana, los Quesada son una familia tradicional mexicana,

con raíces españolas, y muy poderosa.

Dicen que tienen tierras del tamaño de media España.

Pues que vuelvan a sus tierras, aquí no son bienvenidos.

Y sobre todo, la hija, Natalia, la que menos.

Es un error,...

Natalia es una joven muy educada y encantadora.

Pero no ha aprendido a relacionarse con mujeres de clase alta.

Si quiere aprender, que vaya a la escuela.

Rosina, ¿qué te parece si vamos a ver a la marquesa?,

ella seguro que nos apoya.

Adiós, Genoveva. Adiós, señoras.

Entonces, ¿yo te invité a venir a casa?

Sí.

Ya sabes que tu padre y yo somos socios,

y para que los negocios vayan bien, tenemos que tener buena relación,

así que decidimos olvidar rencillas anteriores.

¿Y yo estaba colaborando?

En efecto.

Tú y yo siempre nos hemos llevado bien.

Nuestros problemas han venido por nuestras familias.

Bueno, no solo de nuestras familias.

Alguna discrepancia que hayamos tenido,

pero... la podríamos haber solucionado entre nosotros.

No sé.

Pero sígueme contando.

El caso es que estaba siendo una merienda muy entretenida.

¿Sabes de qué hablamos?

¿De qué?

¿Te acuerdas del poni que tenía mi padre en su finca?

Manchado,

nunca se me olvidará.

Pues hablábamos de Manchado,

y de los baños en el río,

y de cuando aprendimos a bailar el vals.

Eso sí que no se me olvida: un, dos, tres, un dos tres...

Por favor, qué patoso era.

Tú eras mejor que yo.

Mucho mejor.

¿Y fue ahí cuando me desmayé?

Justo en ese momento, sí.

Te reías como ahora.

De hecho,... me recuerda tanto a ese instante,

que temo que te vuelvas a desmayar.

No digas eso, quiera Dios que no.

La verdad es que no recuerdo nada de lo que me estás contando.

Pues eso fue lo que pasó. Quizá se me olvida algún detalle.

Ah, estuvimos hablando de la época en la escuela.

Bueno, yo estaba en la escuela, a ti te empezaba a crecer el bigote.

(RÍE)

¿Te acuerdas... de lo que decía mi padre?

Decía... (CARRASPEA)

"Aurelio...". (RÍE)

Decía:

"Aurelio, quítate eso del labio,

que parece una carrera de hormigas ciegas".

(RÍEN)

Qué recuerdos.

Los que pueden tener dos viejos amigos.

¿Ha dado resultado?

No,... culpa es de la sastra,

es más terca que una mula.

¿Cuál es la sastra?

Doña Susana, la rubia.

Se me olvida que llevas poco tiempo en el barrio.

Las otras le siguen la corriente,

pero ella sí se cree eso de "extranjeros fuera de Acacias".

Entonces, no me van a aceptar.

No motu proprio,...

tendremos que forzarlas.

¿Y cómo vamos a hacer eso?

Pasando a la acción.

Todo el mundo tiene un pasado, a veces muy oscuro.

¿Doña Susana también?

Doña Susana, como todos.

A ver si va a ser ella la que tiene que marcharse.

¿Y la otra?

Doña Rosina no importa,

si cae una, caen las dos.

Usted limitase a hacer lo que yo le diga.

(ASIENTE)

Aquí tienes. Me alegro tenerte de vuelta.

Pa servirle a usted.

Ya sé los periódicos que le gustan, yo se los guardo.

Claro, así lo hacía yo con Marcelina.

Mejor que ella le voy a tratar, don Liberto.

Me conformo con que sea igual.

Con Dios, Indalecia. -Con Dios.

Don Liberto, a usted le estaba yo buscando.

Pues aquí estoy.

¿Qué le parece a usted cazar amazonas en su propio territorio?

Servando, no sé de qué me hablas. No, no.

Pescar sirenas en las aguas donde ellas nadan.

Servando, si quieres decirme algo, lánzate,

directamente, sin circunloquios, que me pierdo.

Le hacía más ducho en el idioma de la noche.

No tengo la tarde para adivinanzas, ¿qué quieres?

Hemos pensado en hacerle una despedida a Cesáreo

antes de que se vaya con su esposa.

No era tan complicado, ¿eh? ¿Dónde, en la pensión?

No. Chist.

Una cosa solo masculina, nada más.

Me parece que ya sé por dónde vas.

"Baile de bellas señoritas ligeras de ropas: amazonas,

sirenas...". ¿Ahora me entiende?

Sí. ¿Y quieres que os acompañe? Claro. Se lo va a pasar en grande.

Y no solo yo. ¿Sabes quién se lo va a pasar bien cuando se entere?

Mi esposa.

Rosina, ¿la conoces?

¡No!

No, no... Pero don Liberto,

doña Rosina no tiene por qué enterarse de nada de esto.

¿Has sabido de algo de lo que no se haya enterado el barrio alguna vez?

Esto es distinto. No es distinto,

es exactamente igual.

Que paséis muy bien, pero no contéis conmigo.

Me da pena que se lo pierda.

Tranquilo, que a mí no me da ninguna pena.

Con Dios, Servando. Con Dios, don Liberto.

(CARRASPEA)

¿Adónde no quiere acompañarles don Liberto?

¡Oiga, uste es una entrometida!

¡Está muy feo meterse en las charlas ajenas!

Qué mujer más metomentodo.

A las buenas, Carmen.

Muy buenas.

(CASILDA SUSPIRA)

Entrar aquí y no ver a Lolita,

me hace un nudo el corazón y otro en la garganta.

A todas nos pasa.

Y no lo decimos por quedar bien ante usted, Carmen,

que ya sabe que a Lolita la tenemos en muy alta estima.

Lo sé, Fabiana. Lolita es muy especial.

Cuando llegó al barrio, yo la llamaba la giganta,

y ahora está tan chafá, que ni alta me parece.

Es una giganta porque tiene el corazón como un tranvía de grande.

Bien que lo saben.

Carmen, no hemos venido de visita,

hemos venido para ofrecernos.

¿Para qué?

Pa lo que haga falta:

pa cuidar a Monchito, pa acompañar a la Lola,

pa ayudar en la casa o atender en la mantequería.

Lo hemos hablao entre todas las criadas,

y hasta las nuevas están dispuestas.

-Y rezar, rezamos por ella

todos los días,

pero si podemos ayudar, mejor que mejor.

Sé que todas lo haríais, no necesito que me lo digáis.

¿Cuándo las del altillo hemos dejado olvidada a una de las nuestras?

En el fondo, Lolita y yo

sentimos que seguimos perteneciendo al altillo.

Diga uste que sí.

Ustedes son señoras porque se casaron con los Palacios,

pero en el fondo, son como nosotras.

Gracias.

Si os necesito, os lo haré saber.

Hágalo, Carmen, hágalo, que ya sabe que...

que nosotras no hablamos por hablar.

Lo sé.

(SUSPIRA)

Habrá un milagro,

ya lo verán,

la Lola se lo merece.

Estoy desesperado, no sé cuántas cartas he enviado al extranjero,

bueno, o telefonemas a toda España.

No encuentro a ningún médico

que me dé la más mínima esperanza con Lolita.

Solo le puedo decir una cosa,

que no desista.

Me encantaría poder ayudarle de otra forma,...

pero... no se me ocurre nada.

No se preocupe,

si solo con desahogarme, a mí ya me alivia.

Pues para eso me tiene cuando quiera,

para tomar un café y olvidar los problemas unos minutos.

¿Y qué,... va a volver a su casa?

Todavía no, Lolita sigue sin pedirme que lo haga.

Perdóneme que se lo diga, pero...

su esposa es una mujer de armas tomar.

¿"De armas tomar"?

Ella sola sería capaz de ganar una guerra a los franceses,

rusos, alemanes, austrohúngaros, y con un cuchillo de mantequilla.

O con un tirachinas,

que dice que así es como echaron a los franceses de su pueblo.

Don Antoñito.

¿Alguna novedad de su esposa?

No, no, todavía nada.

Mi padre, don Salustiano Quesada,

me ha prometido informarse sobre los mejores médicos mexicanos.

En cuanto disponga de ese informe, se lo hago llegar.

Agradecido.

Cuente con ello.

¿Todo bien, Miguel?

Todo bien.

Precisamente, vengo de visitar a su prometida.

Ah, perdón, ¿ya no lo es? -Eso no es asunto suyo.

O tal vez sí, quizá sí que lo sea en un futuro.

Con mis respetos, señores.

Lo mataría con mis propias manos.

Sí, conozco esa sensación,

pero no hay que caer en sus provocaciones.

No sé qué pretende con Anabel.

No debería dudar de ella.

Usted me daba esperanzas con Lolita, y yo lo hago con Anabel.

Por lo poco que he hablado con ella, me parece encantadora.

Debería solucionar los problemas que tenga con ella.

Me gustaría saber cómo.

Hable, Miguel, hable con ella,

y hágalo con el corazón en la mano.

Da igual que sean españolas, mexicanas o del Congo Belga,

el problema es que muchas veces no decimos lo que sentimos.

(Motor de coche)

Espero que no nos vea, Lolita, no sé qué decirle.

Ni yo. Supongo que desearle que se mejore.

Es que no va a mejorar.

Creo que Antoñito está moviendo Roma con Santiago

para encontrar un médico, pero no hay manera.

Pues algo le tenemos que decir,

que siempre ha sido muy buena vecina, aunque llegara como criada.

Con los años se ha convertido en una de nosotras.

Casi en una de nosotras.

Lo mejor será preguntar por el niño.

Pues prepárate, que nos ha visto.

Buenas tardes.

Buenas. ¿Qué tal está Moncho?

Qué grande está. -sí.

Me pueden preguntar por mi enfermedad,

que ya he visto que la gente lo evita.

¿Cómo estás?

Igual que ayer, con un pie en la tumba.

No digas eso, Lolita, que me dan escalofríos...

Ea, es lo que hay,

nacer, vivir y morir cuando nos toca.

O como decimos en Cabrahígo:

naces, paces y yaces.

En ese pueblo vais al grano. -Siempre.

(LOLITA CHASCA LA LENGUA)

¿Qué le pasa, está malo? -(MONCHO LLORA)

Está sano como una manzana, pero quiere merendar.

Ea, a más ver. -(ROSINA SE RÍE) Sí.

(MONCHO LLORA)

Parece que lo lleva bien.

La procesión va por dentro, seguro.

Nosotras a lo nuestro.

A ver si convencemos a Fabiana.

No veo por la labor a Fabiana.

Es nuestro modo de persuadir a las criadas. Vamos.

Arantxa ha tenido suerte de encontrar a Cesáreo,

ya no es una niña.

Él sí que ha tenido suerte,

no hay mujer que valga más que Arantxa.

Eso es verdad.

Han tenido suerte los dos.

¿Qué les vamos a regalar por la boda?

No lo sé.

Tal vez la medalla de la Virgen del Rocío.

¿La de tu madre? -Esa misma.

¿Y te vas a deshacer de ella? No se la diste ni a tu hija.

¿Pa quién mejor que pa Arantxa?

Ha habido momentos en nuestras vidas,

que ella ha sido mucho más que una criada, una hermana pa mí.

Una hermana, una amiga, una confidente.

Por muchos años que pasen,

no volveremos a tener una criada como ella.

¿Y cómo cocinaba?

(RÍEN) Y no solo las cosas de nuestra tierra.

A mí me acabó aficionando a las comidas de la tierra de ella,

que si los pimientos rellenos, ¿te acuerdas?

El bacalao al pil pil.

Y no te olvides de las cocochas, eso era bocato di cardinale.

La vamos a echar mucho de menos.

(Ruido)

A ver si ella prepara el gazpacho y el ajo blanco mejor que yo.

Oye, ¿y a esta qué le pasa?

Con todo el problema de Lolita,

yo... no estoy para repartir octavillas.

Es por el bien del barrio, Carmen.

¿Echar a los extranjeros por el bien del barrio?

No estoy de acuerdo, doña Susana.

El bien del barrio sería que todos viviésemos en paz.

¿Acaso te olvidas de los sinsabores

que la mexicana le ha hecho pasar a tu familia?

La mexicana y Antoñito, que dos no pelean si uno no quiere.

En eso lleva razón Carmen, Susana.

La culpa también fue de Antoñito, tanto monta, monta tanto.

Es una criolla, con una de aquí no habría pasado.

Pasaría lo mismo, que mujeres desvergonzadas

las hay en todos los países y de todas las razas.

Igual que virtuosas.

¿Van a querer algo?

Ah...

Perdón.

¿Me ha mandado llamar, señora?

Para que nos ayudes a repartir octavillas.

¿Otra vez, señora?

Ya sabe que yo siempre ando muy liada de trabajo.

Te necesitamos para convencer a las criadas.

Toma, cógelas.

¿Van a seguir con eso de los extranjeros?

Sí, hasta que os vayáis del barrio.

¿Se le olvida que usted tiene un pasado?

¿Quiere que se lo recuerde? -¡¿Qué dices, descarada?!

Me ha oído. ¿Quiere que hablemos de ello?

¿Y usted, Fabiana?

¿También con lo mismo? ¿También quiere echarnos?

Con la seña Fabiana no se meta. ¡Robamaridos!

¡Hipócritas, son todas unas hipócritas!

¡¿Nadie le va a decir nada a esta descarada?!

¿Qué hace? ¡Ya está bien!

¿Qué está haciendo? (GRITA)

Pero ¿qué está haciendo esta loca? Señoras, por favor.

Pero ¿qué hace? Un poco de clase, por favor.

¿Es que se van a pelear como carreteros?

¡Es una maleducada!

Venga conmigo, Natalia.

(DOÑA SUSANA) ¡Fuera!

Quedará seco en una noche.

Cuando lo tapie, comenzaremos con la reforma,

así no levantaremos sospechas.

Si mis señores quieren que cambie pa contentarles, lo haré.

Voy a ser más áspera con ellos que una lija.

Te prometo que voy a hacer lo imposible para salvarte,

para salvarte y para que me perdones.

La venganza en frío es más reconfortante.

Tiene razón.

Le agradezco su ayuda.

Una se ha levantao antes del amanecer pa hacer la colada,

comprar la leche y limpiar los cristales,

así que no estoy para bromas.

¿Qué mosca le ha picao?

Venimos a hablar de Natalia.

Pues sí, no entendemos...

por qué se empeña en defender a esa joven.

Aurelio me ha visitado para interesarse por mí.

¿Qué está ocurriendo aquí, Anabel?

¿Le estás viendo a mis espaldas?

¿Acaso... tenéis algo?

Como se entere mi prima que su marido se ha ido de juerga,

se va a liar aquí la segunda batalla de San Quintín.

¿Qué es eso de que habéis estado de picos pardos?

No olvido que el voto de Antoñito fue en mi contra

y... quiero hacérselo pagar.

Cuando Lolita fallezca, Antoñito quedará hecho un pelele.

No tenga duda, podrá hacer lo que quiera con él.

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Acacias 38 - Capítulo 1328

14 sep 2020

La enfermedad de Lolita es incurable y las criadas se apiadan de su antigua compañera mientras Antoñito lucha por encontrar a algún doctor que tenga cura para el mal de su mujer.
Los Olmedo aceptan dejar la delincuencia y arrancan con un plan para retomar la actividad del restaurante con la ayuda de su nieto Miguel, que sufre con las insinuaciones de Aurelio. Anabel se recupera de la droga suministrada por el militar mexicano, quien en una visita le cuenta una historia diferente sobre su vahído y la muchacha parece creerle.
Cesáreo, feliz por su futuro junto a Arantxa, pone orden en sus cosas para marchar junto con ella al País Vasco. Indalecia regresa al barrio de improviso mientras Servando planifica una noche “de hombres” para despedir al sereno antes de su boda.
Genoveva apadrina a Natalia y le aconseja sobre cómo sobrevivir en el barrio. Pero un duro encuentro en la calle entre Carmen y la criolla pone de manifiesto la difícil labor que tiene por delante.

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Añadir comentario ↓

  1. Pilar Méndez

    No he podido dejar de mirar al bebé mientras le enfocaban...para comérselo.

    15 sep 2020
  2. Victoria

    Preciosa escena la de D. Ramón hablando con su nieto, ese bebé es una ricura, además es increíble cómo se queda mirando a su abuelo como si entendiera lo que le está diciendo. Me ha encantado volver a ver y disfrutar de Arantxa, es una pena que se haya marchado, es fantástica hasta cuando le riñe a Alodia. No me gusta el personaje de Aurelio pero, si tenemos en cuenta que ya han habido demasiadas "malas", no está mal que se "equilibre" la cosa. Sigo esperando que la Ciencia obre un milagro con Lolita, son ya demasiados los personajes atractivos que nos han "dejado", por favor, no sigan. Espero que, como se acerca una guerra, a Felipe no le "suceda nada" en Viena porque yo sigo esperando "ya" que vuelva.

    14 sep 2020